Comedia de sketches: "De broma y verdad"
Comedia de sketches: "De broma y verdad"
De verdad y de broma
Comedia de sketches
Jean-Pierre Martinez
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1 – La fiesta de los muertos
Una tumba, con un retrato del difunto y una placa que dice "En memoria de Jacky".
En el suelo, un periódico viejo. Dos personajes llegan uno tras otro, cada uno con
una maceta de flores, que colocan torpemente frente a la tumba. Parecen no
conocerse, y están visiblemente incómodos. Silencio.
Uno – Mis condolencias.
Dos – Gracias...
Uno – Usted es de la familia, supongo...
Dos – Eh... no, no exactamente. ¿Y usted?
Uno – Yo tampoco.
Miran a su alrededor para comprobar que están solos.
Dos – Quizás hemos llegado temprano.
Uno – Sí...
Dos – O tarde.
Uno – Es sorprendente que haya tan poca gente.
Dos – Sin embargo... era alguien muy apreciado.
Uno – Sí.
Dos – ¿Le conocía? Quiero decir... ¿le conocía bien?
Uno – No mucho, la verdad... ¿Y usted?
Dos – Yo tampoco. De hecho, le confieso que no sé muy bien qué hago aquí.
Uno – Eso es lo que solemos pensar cuando asistimos a un entierro, ¿no?
Dos – Sí... Venimos por compromiso y luego... terminamos preguntándonos qué
hacemos aquí.
Uno – Y pensar que me había jurado a mí mismo no asistir a ningún otro entierro.
Dos – Sí, yo también... Salvo al mío, claro.
Uno – Hemos hecho bien en venir... de lo contrario, no habría habido nadie.
Un momento de pausa.
Dos – Es muy triste...
Uno – No es una edad para morir, eso seguro.
Dos – ¿Qué edad tenía exactamente?
Uno – Exactamente... no lo sé. Pero no era tan mayor, ¿no? Al menos por su foto...
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Dos – Quizás es una foto antigua.
Uno – Puede ser... ¿Se ha dado cuenta? Cuando ponen una foto en una tumba,
generalmente eligen una del difunto cuando era joven y saludable.
Dos – Es cierto. Una foto de él antes de su enfermedad o... su accidente.
Uno – O... su decadencia.
Un momento de pausa.
Dos – Por cierto, ¿de qué murió exactamente?
Uno – Ah, no lo sé...
Dos – Lo que sabemos es que está muerto.
Uno – Es lo único que sabemos con certeza.
Silencio.
Dos – Sus flores son muy bonitas.
Uno – Las suyas también.
Dos – Son las mismas, ¿no?
Uno – Deben de ser del mismo sitio.
Dos – Sí...
Uno – Las encontré en una tumba, no muy lejos de aquí. No pensé en comprar flores,
así que... las cogí al pasar.
Dos – Ah, ya veo...
Uno – ¿Y usted?
Dos – Lo mismo. No tenía dinero... Las recogí de una tumba, un poco más allá.
Uno – Las flores se han vuelto tan caras hoy en día.
Dos – Además, el dueño original no se va a quejar a la policía.
La mirada del otro se posa en el periódico del suelo.
Uno – No sé qué hace aquí este periódico... Podrían haberlo recogido...
Levanta el periódico y mira la portada.
Dos – Este cementerio no está muy bien cuidado. No sé si hay un guardián.
Cualquiera puede robar flores de la tumba de un desconocido.
Uno – Qué curioso, aquí está su foto en la primera página...
Dos – ¿Su foto?
Uno – Hablan de su muerte...
Dos – ¿Y entonces? ¿Cómo murió?
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El otro lee el artículo.
Uno – Un choque múltiple, al parecer.
Dos – ¿Ah, sí...?
Uno – Tenía tres gramos de alcohol en la sangre, iba demasiado rápido, cruzó una
línea amarilla y chocó de frente con el coche que venía en sentido contrario.
Dos – Vaya, qué desastre.
Uno – El coche que venía justo detrás tampoco tuvo tiempo de frenar.
Dos – Varias víctimas, entonces...
Uno – Con él, suman tres.
Dos – Todo por culpa de un conductor imprudente...
Uno – Si lo hubiera sabido... no estoy seguro de que hubiera venido.
Dos – No, yo tampoco...
Uno – Pero, ¿teníamos otra opción?
Se miran con expresión enigmática. Nuevo silencio. Aparece un tercer personaje.
Dos – Ah... ahí viene alguien más.
Uno – La familia, probablemente.
El tercer personaje se acerca. Es el mismo cuyo retrato está en la tumba.
Dos – Debe ser su hermano, se parece un poco.
Tres – Hola... Gracias por estar aquí... Quiero decir...
Dos – No, no... Es lo mínimo.
Guardan un momento de silencio.
Tres – Espero que no me guarden mucho rencor...
Los otros dos intercambian una mirada desconcertada.
Uno – ¿Por qué íbamos a guardarle rencor? No fue usted quien lo mató, ¿verdad?
Tres – No, claro que no... Aunque, de alguna manera...
Uno – ¿Ah, sí...?
Tres – De todas formas, gracias por las flores.
Dos – No hay de qué, de verdad...
Uno – Es lo mínimo que podíamos hacer... (Pausa) Usted es... Quiero decir, era...
Dos – ¿Le conocía bien...?
El tercer personaje parece un poco sorprendido.
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Tres – Sí, se puede decir que sí.
Dos – Es una pena irse tan joven...
Tres – Sí...
Uno – Sin mencionar a las otras dos víctimas que no tenían nada que ver.
Dos – El alcohol al volante, qué plaga... Nunca se dirá lo suficiente...
Incómodos.
Tres – Bueno, ahora no podemos hacer nada al respecto, ¿así que para qué
lamentarnos? (Pausa) ¿Les sirvo algo?
Uno – ¿Perdón?
Tres – ¿Un refresco? ¿Una copita...?
Un momento de sorpresa.
Dos – Vale, una copita. Después de todo, nos levantará un poco el ánimo...
Tres – Y además, ahora, ¿qué arriesgamos?
El tercer personaje se aleja.
Uno – ¿Por qué no...? Se estila beber a la salud del difunto, ¿no?
Dos – Querrá decir en su memoria, claro. Porque beber a la salud de un muerto...
Uno – Sí, claro...
Dos – Y además, generalmente no se brinda directamente sobre su tumba, ¿verdad?
Uno – Creo que en México lo hacen, el Día de los Muertos.
Dos – Es verdad... pero no estamos en México.
Uno – Y tampoco es el Día de los Muertos.
Dos – ¿Está seguro?
Uno – ¿De qué?
Dos – De que no es el Día de los Muertos.
Uno – No lo sé...
Dos – En cualquier caso, no estamos en México... ¿O sí?
Silencio. El tercero regresa con tres copas de champán en una bandeja, que ofrece
con una gran sonrisa. En la otra mano sostiene una botella de champán que coloca
sobre la tumba.
Tres – Adelante, por favor...
Cada uno toma una copa.
Dos – Gracias.
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Todos parecen un poco incómodos.
Uno – Bueno, pues... a la memoria de... (Mirando la placa) Jacky.
Tres – Eso es.
Levantan las copas y las vacían.
Dos – Está bien fresco.
Uno – Sí, es bueno.
El segundo coge la botella y mira la etiqueta, intrigado.
Dos – La Veuve Clicquot...?
Tres – Aquí, las viudas ya no existen... En el cementerio, todas las parejas terminan
encontrándose tarde o temprano.
Uno – Claro...
Un momento de desconcierto. Vuelven a beber.
Tres – Sería aún mejor con unos canapés, ¿no?
Dos – No se moleste, nos quedamos de pie.
El tercero muestra una amplia sonrisa.
Tres – Ah, sí, no, me refería a canapés...
Dos – Sí, lo entendí... Estaba bromeando...
Tres – Voy a buscarlos...
El tercero sale otra vez, llevándose la bandeja.
Uno – Canapés... Es una locura, ¿no?
Dos – Sí...
Uno – ¿Qué quería decir con eso de la viuda?
Dos – No lo sé...
Uno – De todos modos, este entierro no está tan mal, ¿verdad?
Dos – Sí, parece más una barbacoa entre amigos.
Uno – Excepto que nadie se conoce.
Dos – No entendí bien quién era... Quiero decir, con respecto al difunto.
Nuevo silencio. Mira la tumba y el retrato.
Uno – Se parece un poco, ¿no?
Dos – Diría que se parece mucho...
Uno – ¿Cree que es él?
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Dos – ¿Cómo podría ser él? Está muerto...
Uno – No lo sé.
El tercero regresa con los canapés en una bandeja.
Tres – ¡Aquí están! Por favor, sírvanse...
Uno – Gracias.
Se sirven uno tras otro.
Dos – Creo que probaré este.
Uno – Sí, están muy buenos.
Dos – Y además, son originales estos canapés, en forma de...
Uno – En forma de ataúdes.
Tres – Pensé que para esta ocasión...
Dos – Sí...
Mastican sus canapés.
Uno – Esto da sed...
Tres – Voy a buscar a su hermana pequeña...
Dos – ¿Su hermana pequeña?
Tres – ¡Otra botella!
Uno – Ah, claro...
Se aleja nuevamente. Los otros miran el retrato.
Dos – Es él, ¿verdad?
Uno – Parece que sí.
Dos – Entonces, ¿no estaría muerto?
Un momento de pausa.
Uno – O entonces, es que nosotros también estamos muertos.
Dos – Sí...
Se miran incómodos.
Uno – Perdón, un momento... (Se aleja y vuelve) Esto es una locura...
Dos – ¿Qué pasa?
Uno – Ahí está la mía también...
Dos – ¿La suya?
Uno – Mi tumba.
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Dos – ¿Está seguro?
Uno – Mi nombre está grabado en la lápida.
Dos – Ah, claro...
Uno – Y también mi retrato. Cuando era joven...
Dos – ¿Cuál es?
El otro señala una tumba con el dedo.
Uno – Es la tumba de donde cogí esta maceta de flores. No me había dado cuenta...
Silencio.
Dos – En ese caso... seguramente esté la mía también.
Uno – Es posible... (Pausa) Entonces, esto no es... una despedida.
Dos – Más bien sería una bienvenida.
Uno – Por no decir una inauguración.
Silencio.
Dos – ¿Usted recuerda...?
Uno – ¿El qué?
Dos – Pues... Cómo morimos...
Uno – No estoy seguro, pero...
Coge el periódico y lo mira de nuevo.
Dos – ¿Qué pasa?
Uno – Hay una foto del accidente.
Dos – ¿Y qué?
Uno – Los coches son un montón de chatarra pero... me pregunto si no reconozco mi
Twingo roja ahí...
Dos – Déjeme ver... (Coge el periódico y mira) Ah, sí... yo no habría reconocido la
mía, pero... es mi matrícula.
Uno – Entonces en los coches de enfrente éramos nosotros...
Dos – Al parecer...
Un momento de pausa.
Uno – Y espera que le perdonemos con su champán...
Dos – Y sus aperitivos en forma de ataúdes.
Uno – Vaya morro...
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Dos – Lo voy a matar.
Uno – Ya está muerto.
Dos – Y nosotros también...
El tercero regresa, con una gran sonrisa y otra botella de champán en la mano.
Tres – ¿Les sirvo un poco más?
Los otros dos le lanzan una mirada asesina.
Negro.
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2 – La trampa
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Dos – Sin saberlo.
Uno – Al menos de forma inconsciente.
Dos – Bueno... ¿Y cuál es tu trampa, exactamente?
El otro saca de su bolsillo una ratonera y se la muestra.
Uno – Esto.
Dos – ¿Una ratonera?
Uno – Más grande, obviamente.
Dos – ¿Y la vas a construir tú?
Uno – Tampoco es una tecnología muy sofisticada, siempre que respetes las
proporciones.
Dos – Bueno...
Uno – Obviamente, habrá algunos gastos adicionales...
Dos – ¿Y cómo piensas atraerla? No será con queso, supongo...
Uno – Depende... ¿Qué tipo de ratita es?
Dos – Del tipo ratita de lujo, más bien.
Uno – En ese caso, habrá también un pequeño suplemento para el cebo.
Dos – Bueno... Mientras te encargues de deshacerte de ella.
Negro.
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3 – Una ratonera
Dos personajes, que parecen vagabundos pero que podrían llevar máscaras de
ratones, miran fijamente hacia delante.
Uno – ¿Ves ese queso, ahí?
Dos – No veo otra cosa desde hace rato.
Silencio.
Uno – ¿Por qué no nos hemos lanzado aún sobre él?
Dos – No lo sé. Desconfío.
Uno – Yo también.
Dos – Es demasiado bueno para ser verdad.
Uno – Ese queso está un poco demasiado fresco.
Dos – Parece que acaba de salir del frigorífico.
Uno – No se parece a los trozos de queso que encontramos en el suelo o en los cubos
de basura.
Dos – En los cubos, solo hay costras.
Silencio.
Uno – Y además, ¿qué es ese cacharro?
Dos – ¿Qué cacharro?
Uno – Ese trozo de queso, está puesto sobre una tablita.
Dos – Ah, sí... Estaba tan fascinado por el queso que no había visto la tablita.
Uno – Una pequeña tabla, con una barra de metal amarilla.
Dos – Amarilla como el oro.
Uno – Sí.
Dos – Brilla, es bonita.
Uno – ¿Qué podría ser?
Dos – ¿Una bandeja para queso?
Uno – Normalmente tenemos que conformarnos con las migas bajo la mesa, y ahora
nos lo ponen en bandeja.
Dos – ¿A qué estamos esperando para ir?
Uno – A la vez, no es muy grande ese trozo de queso. No hay para dos.
Dos – Sí...
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Uno – Venga, te lo dejo a ti.
Dos – No sé... ¿Y si fuera una trampa?
Uno – No vamos a dejarlo ahí, sería una pena.
Dos – Creo que me voy a dejar tentar.
Uno – Después de todo... solo se vive una vez.
Dos – Voy...
Negro.
Sonido seco de la trampa que se activa.
Luz.
Solo queda en escena el segundo personaje.
Uno – Sí, solo se vive una vez... Y a veces, ni siquiera mucho tiempo. Bueno... ahora
voy a poder quedarme con ese trozo de queso...
Negro.
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4 – El gato y el ratón
Dos personajes.
Uno – ¿Te acuerdas? Te dije que tenía un ratón en casa.
Dos – Sí.
Uno – Me aconsejaste que consiguiera un gato para deshacerme de él.
Dos – ¿Y entonces?
Uno – Funcionó. Ya no tengo ratón.
Dos – Genial.
Uno – Sí. (Silencio) Pero, ¿cómo me deshago del gato ahora?
Negro.
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5 – El oro y la plata
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Uno – Lingotes de oro.
Dos – Así que con tu plata, vas a comprar oro.
Uno – Es más sólido que los cuadros, ¿no? O incluso que el mármol. El oro es
indestructible.
Dos – Sí, pero los cuadros o las esculturas, puedes mirarlos.
Uno – Los lingotes también los puedes mirar.
Dos – ¿De verdad?
Uno – Nunca he visto lingotes de oro en la realidad. Si los tuviera, seguro que me
gustaría mirarlos.
Dos – Sí...
Uno – Si tú tuvieras lingotes, ¿no te gustaría mirarlos?
Dos – Sí, seguramente...
Uno – Sí... Lingotes, ¿por qué no...?
Dos – Bueno... podrías dar algo de tu plata.
Uno – ¿Dar? ¿A quién?
Dos – No sé... A los que tienen menos que tú.
Un momento de pausa.
Uno – ¿Tú tienes menos plata que yo?
Dos – No lo sé.
Uno – Creo que voy a comprar lingotes.
Dos – Vale.
Uno – Si quieres, los podrás mirar conmigo.
Dos – Gracias.
Negro.
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6 – Desaparición
Un personaje entra. Mira a su alrededor, un poco perdido. Luego, empieza a llorar.
Otro personaje aparece.
Uno – ¿Pero qué pasa? ¿Qué le ocurre?
Dos – He perdido a mi mujer...
Uno – Lo siento mucho. Mi más sentido pésame.
El otro deja de llorar de inmediato.
Dos – No, pero no está muerta.
Uno – Ah, ¿no...?
Dos – Es solo que... estaba probándome unos zapatos, ella estaba a mi lado y... al
instante siguiente, había desaparecido.
Uno – Vale, entonces... ha perdido a su mujer.
Dos – Sí, eso es lo que le decía.
Uno – Pero sigue viva.
Dos – Sí, bueno, creo...
Uno – Motivo de más para no llorar.
Dos – Sí, pero... estaba a mi lado y... al instante siguiente, había desaparecido.
Uno – ¡No se ha desvanecido en el aire! La gente no desaparece así como así.
Dos – ¡Ya se lo dije! Ella estaba a mi lado y...
Uno – Al instante siguiente, había desaparecido... Sí, ya lo he entendido.
El otro mira a su alrededor, completamente desconcertado.
Dos – Desaparecida... Ha desaparecido...
Uno – La encontraremos, no se preocupe... ¿Quiere que le acompañe a la recepción?
Seguro que aceptarán pasar un mensaje.
Dos – ¿Qué tipo de mensaje?
Uno – ¿Cómo se llama usted?
Dos – Antonio.
Uno – Algo así como... el pequeño Antonio espera a su mujer en la recepción.
Dos – O tal vez, ha decidido dejarme.
Uno – ¿Cuánto tiempo llevan casados?
Dos – Treinta años.
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Uno – ¿Y después de treinta años, de repente, así, decide dejarle? En medio de un
supermercado, lo abandona ahí y se va con el carrito.
Dos – ¡Dios mío, el carrito, es verdad! ¡También ha desaparecido...!
Uno – ¿Estaba vacío o lleno?
Dos – Vacío, creo.
Uno – En ese caso, seguramente no ha ido muy lejos... ¿Cuáles fueron las últimas
palabras que su mujer le dijo?
Dos – Déjeme pensar... Ah, sí, ya me acuerdo. Me dijo exactamente: nos vemos en la
sección de congelados.
Uno – En ese caso, debería considerar otra posibilidad.
Dos – ¿Cuál?
Uno – Que le esté esperando en la sección de congelados.
Dos – ¿Cree que sí?
Uno – No veo a una mujer dejar a su marido después de treinta años de matrimonio y
decirle como despedida: nos vemos en la sección de congelados. Sin tener la
intención de ir allí...
Dos – Tiene razón, voy a ir a ver. ¡Gracias! ¡Gracias, de verdad...!
Se dispone a salir. Entonces se escucha un mensaje en off.
Voz en off – La pequeña Juanita espera a su marido en la sección de bricolaje.
Dos – ¿Cree que podría ser ella?
Uno – ¿Cómo se llama su mujer?
Dos – Juanita.
Uno – Debería ir a ver...
El otro se va, pero vuelve de inmediato.
Dos – ¿Dónde está la sección de bricolaje?
Uno – Le acompaño...
Negro.
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7 – Evasión
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Uno – Qué tontería lo que dices... De todas formas, fuera del agua, los peces se
asfixian y mueren.
Dos – Sí... Me siento como un pez fuera del agua.
Uno – Terminamos en la cárcel porque no estábamos adaptados a la vida en sociedad.
¿Crees que después de treinta años en prisión estaremos más adaptados que antes?
Dos – Simplemente no tomamos las decisiones correctas. ¿Qué querías ser tú cuando
eras niño?
Uno – Cuando jugábamos a policías y ladrones, siempre quería ser policía. No sé
dónde me equivoqué. ¿Y tú?
Dos – Yo quería ser astrofísico. Pero era demasiado tonto.
Uno – ¿Qué es eso de astrofísico?
Dos – Las estrellas, los planetas, todo eso.
Uno – Ah, claro... La astrología, ¿no? ¿De qué signo eres tú?
Dos – Piscis.
Uno – Ah, ya veo...
Dos – ¿Qué piensas tú? ¿Crees que estamos solos en el universo?
Uno – De todas formas, estamos solos en el mundo. Así que, ¿qué más da si hay
marcianos o no?
Dos – Nos dieron cadena perpetua. Una invasión extraterrestre es lo único que podría
salvarnos, ¿no?
Uno – Sí.
Dos – En la Revolución francesa, tomaron la Bastilla y liberaron a los prisioneros.
Uno – ¿Entonces ese es tu plan de evasión?
Dos – ¿Tienes otro?
Uno – Tienes razón, los marcianos son la única esperanza que nos queda.
Dos – Lamentablemente, todavía no he encontrado la forma de contactar con ellos.
Un momento de pausa.
Uno – Y suponiendo que existan los marcianos, y que consigas enviarles un mensaje.
¿Qué les dirías para convencerlos de que vengan a liberarnos?
Dos – No lo sé... ¿Tienes alguna idea tú?
Uno – Depende... Según tú, los extraterrestres, ¿están del lado de los policías o de los
ladrones?
Negro.
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8 – ¿Qué tal?
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9 – Autenticación
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Dos – ¡Claro! ¿Dónde tengo la cabeza? A ver, ¿dónde habré dejado el sello del
ayuntamiento...?
Uno – Está ahí, justo al lado de usted.
Dos – Ah, sí, es cierto... Entonces, la almohadilla... (Entinta el sello) Y listo... Espero
que haya puesto suficiente tinta... Ya sabe cómo es esto con los sellos. O no pones
suficiente tinta y es ilegible, o pones demasiada y se corre. ¿Qué prefiere?
Uno – ¿Qué prefiero?
Dos – ¿Prefiere que sea ilegible o que se corra?
Uno – Si realmente hay que elegir... prefiero que se corra un poco.
Dos – Haré lo mejor que pueda... (Entinta de nuevo el sello y se prepara para sellar
el documento con aire concentrado, pero en el último momento detiene su gesto)
Pero espere un momento...
Uno – ¿Qué pasa?
Dos – Después de todo... ¿qué me prueba que realmente es usted?
Uno – ¿Perdón?
Dos – Estoy aquí para autenticar esta firma, ¿no es así?
Uno – Sí.
Dos – ¿Qué me asegura que la persona que tengo delante es realmente la mencionada
en este poder?
Uno – Acabo de darle mi carnet de identidad...
Dos – Claro... Tiene razón...
Uno – Bien.
El otro se dispone a poner el sello.
Dos – Espere un momento...
Uno – ¿Qué pasa ahora?
Dos – ¿Qué me asegura que la persona que tengo delante es realmente la mencionada
en este carnet de identidad?
Uno – Pues porque... soy yo quien se lo ha dado.
Dos – Podría haberlo robado.
Uno – Porque la firma que acabo de poner en este poder es la misma que la que
aparece en mi carnet de identidad.
Dos – Podría haber falsificado esa firma. Además, entre nosotros, no parece muy
difícil de imitar.
El otro comienza a dudar.
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Uno – Tiene razón... En realidad, eso no prueba nada...
Dos – No, claro que no.
Uno – Pero entonces... ¿qué puedo hacer para demostrarle que... soy realmente Juan
Pablo Ramírez?
Dos – Ni siquiera eso lo probaría.
Uno – ¿Cómo es eso?
Dos – Podría ser un homónimo.
Uno – ¿Un homónimo?
Dos – Admítalo, Juan Pablo Ramírez... no debe de haber solo uno.
Desafortunadamente...
Uno – Claro...
Dos – ¿Cómo saber si es el correcto?
Uno – Yo mismo estoy empezando a dudar de mí...
Dos – Entonces, ¿cómo lo resolvemos?
Uno – ¿Las huellas dactilares?
Dos – Puede suceder que dos personas tengan exactamente las mismas huellas
dactilares.
Uno – ¿De verdad?
Dos – Es raro, pero es posible.
Uno – ¿Qué probabilidad hay?
Dos – Una entre 64 mil millones.
Uno – No somos 64 mil millones en este planeta.
Dos – En este planeta, no, pero si hubiera otros seres humanos, en otros planetas.
Uno – Ya veo... Entonces, para mi poder, ¿nada que hacer...?
Dos – ¿Sabe qué?
Uno – ¿Qué?
Dos – Me cae usted simpático.
Uno – ¿De verdad?
Dos – Sí... Tiene usted cara de buen tipo.
Uno – ¿Y entonces?
Dos – Le voy a dar el beneficio de la duda. (Sella el documento, lo firma y se lo
entrega al otro) ¡Aquí tiene, señor Ramírez!
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Uno – ¡Gracias por su confianza! No sé cómo agradecérselo.
Toma el documento y le echa un vistazo.
Dos – ¿Algún problema?
Uno – Eh... ¿está seguro de que es el sello del ayuntamiento?
Dos – ¿Insinúa que podría... no ser quien digo ser?
Uno – No, pero...
Dos – ¿Ahora es usted quien duda de mi identidad?
Uno – Podría haberse equivocado de sello.
Dos – ¿De sello?
Uno – Este no es el sello del ayuntamiento.
Dos – Déjeme ver... (Toma el documento y le echa un vistazo) Tiene razón, no es el
sello del ayuntamiento.
Uno – ¿Está seguro de que es usted empleado del ayuntamiento?
Dos – ¿Seguro...? No. De hecho... casi diría que estoy más seguro de lo contrario.
Uno – ¿No es usted empleado del ayuntamiento?
Dos – No.
Uno – Pero entonces... si yo no soy quien digo ser, y usted tampoco, ¿quiénes somos?
Dos – Ser o no ser, esa es la cuestión... Pero para responderla, le aconsejo que vaya
justo enfrente.
Uno – ¿Enfrente? ¿Y por qué?
Dos – Porque ahí es donde está la oficina del ayuntamiento.
Uno – ¿Y aquí qué es entonces?
Dos – Aquí es una autoescuela.
Uno – Ya entiendo lo que quiere decir...
Duda en irse.
Dos – ¿Algún otro problema, señor Ramírez?
Uno – Se lo dije... (Mostrando el documento) No tenía copia...
Negro.
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10 – Zoquetes
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Dos (leyendo) – Sin combustible. Solicitamos autorización para repostar hidrógeno
en su planeta... para poder continuar nuestro viaje.
Uno – ¿Sin combustible?
Dos – Vamos, que se han quedado secos.
Uno – Para poder continuar su viaje... ¿En resumen, nos ven como una gasolinera?
Dos – Eso parece.
Uno – ¿Y entonces... no tienen intención de aprovechar para conocernos mejor?
El otro revisa su pantalla.
Dos – Por lo visto... solo quieren repostar.
Consternación.
Uno – Ahora que hemos descifrado el código, podemos comunicarnos con ellos, ¿no?
Dos – Sí, supongo.
Uno – En ese caso... pregunte a nuestros visitantes del espacio cuál es el objetivo
exacto de su viaje.
El otro teclea algo en su móvil.
Dos – Enviado.
Silencio. Se miran ansiosos. Nuevo sonido que anuncia la llegada de una respuesta.
El segundo mira su pantalla.
Uno – ¿Entonces? ¿Cuál es el objetivo de esta misión de exploración? Si no es para
conocernos a nosotros...
Dos (leyendo) – Se trata de averiguar si, aparte de ellos, existe en el universo alguna
forma de vida inteligente.
Uno – ¿Una forma de vida inteligente?
Dos – Una forma de vida inteligente...
Uno – ¿Y nosotros, qué?
Dos – Me temo que solo hay una respuesta posible a esa pregunta.
Uno – Me imagino cuál es...
Dos – Nos consideran unos zoquetes completos.
Se miran consternados.
Negro.
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11 – El mapa
Un personaje está allí, mirando con perplejidad el mapa que tiene en la mano. Otro
personaje llega. El primero le interpela.
Uno – Disculpe... ¿Es usted de por aquí?
Dos – Depende. ¿De qué lugar exactamente?
Uno – No, quiero decir... no sé si es usted de esta zona.
Dos – ¿Sí...?
Uno – Porque yo no soy de aquí y... estoy un poco desorientado.
Dos – Desorientado...
Uno – Un poco perdido, si prefiere.
Dos – ¿En qué puedo ayudarle?
Uno – Pues... me gustaría saber dónde estoy, simplemente. ¿Sabe dónde estamos?
Dos – Sí.
Uno – ¿Y puede decirme dónde estoy?
Dos – De acuerdo... (Mira a su alrededor) Pues está, más o menos... entre ese árbol,
allí, y yo.
Uno – ¿Perdón?
Dos – O si lo prefiere, está... justo bajo el sol, ya que es mediodía, y como estamos en
primavera, sobre estas primaveras que está pisoteando.
Uno – Sí, ya veo pero... lo que quiero saber es dónde estoy... en este mapa.
Dos – Ah, perdón, disculpe. Su mapa, claro... Déjeme verlo...
El otro le pasa el mapa, un poco desconfiado. El segundo lo examina atentamente.
Uno – ¿Y bien?
Dos – No veo nada... No, no está en este mapa...
Uno – ¿No?
El otro vuelve a mirar el mapa.
Dos – No, se lo aseguro. (Mostrándole el mapa) Mire, no aparece en él. Las
primaveras tampoco, por cierto. Si estuviera en este mapa, lo veríamos, ¿no?
Uno – Pero no es posible. No pude haberme alejado tanto. Hasta el punto de no
aparecer en el mapa.
Dos – A veces se cruzan los límites sin darse cuenta.
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Uno – Entonces... ¿dónde puedo estar?
Un momento.
Dos – Entonces, usted es alguien que todavía se está buscando.
Uno – ¿Cómo dice?
Dos – Cuando uno se pregunta dónde está, es porque se está buscando, ¿no?
Uno – Muchas gracias por su ayuda. Creo que ahora estoy más perdido que antes de
encontrarme con usted.
Dos – Está perdido porque se busca en un mapa, en lugar de buscarse donde
realmente se encuentra.
Uno – ¿Ah, sí? ¿Y dónde estoy exactamente?
Dos – Está donde está, simplemente. Aquí.
Uno – El problema no es saber dónde estoy, sino saber en qué dirección debo ir para
encontrar lo que busco.
Dos – ¿Y qué es lo que busca?
Uno – Mi coche.
Dos – ¿Para ir a dónde?
Uno – Para volver a casa.
Dos – Le aconsejo que acampe aquí.
Uno – ¿Acampar? ¡Pero no tengo tienda de campaña! Además, tengo cosas que
hacer...
Dos – ¿Qué cosas, por ejemplo?
Uno – No sé... Tengo que ir a trabajar.
Dos – ¿Trabajar? ¿Para qué? ¿Para pagar el crédito de su coche?
El otro parece un poco abatido.
Uno – O para comprar otro, si no consigo encontrar el mío... Tiene razón, al final,
quizá deba dormir aquí, al raso.
Dos – Las noches son suaves en esta temporada...
Uno – Entonces, ¿usted también está perdido?
Dos – Por decirlo así... Yo también lo estaba. Como usted. Vine a perderme aquí. En
este rincón olvidado... Al final me encontré a mí mismo. Y ahora, soy de aquí, como
se suele decir.
Uno – Sí, bueno, yo preferiría no echar raíces aquí...
El otro lo mira con una expresión perpleja.
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Dos – Su coche, ¿es un Twingo de color rojo?
Uno – Sí.
Dos – Está justo detrás de usted, en el aparcamiento que hay al otro lado del camino.
Uno – ¿De verdad? ¡Muchísimas gracias, me ha salvado la vida!
Dos – ¿Usted cree?
Uno – Pero entre nosotros, podría habérmelo dicho antes...
Dos – Ahora, al menos, sabe dónde está... Tenga, le devuelvo su mapa.
Negro.
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12 – Las primaveras
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El autor
Nacido en 1955 en Auvers-sur-Oise, Jean-Pierre Martinez sube primero a las tablas
como baterista en varias bandas de rock, antes de convertirse en semiólogo
publicitario. Luego fue guionista de televisión y volvió al escenario como
dramaturgo. Escribió un centenar de guiones para la pequeña pantalla y más de cien
comedias para el teatro, algunas de las cuales ya son clásicos (Viernes 13 o Strip
Poker). Actualmente es uno de los autores contemporáneos más interpretados en
Francia y en los países francófonos. Por otra parte, varias de sus piezas, traducidas al
español y al inglés, están regularmente en cartelera en Estados Unidos y América
Latina.
Para los aficionados o los profesionales que buscan un texto para montar, Jean-Pierre
Martinez ha optado por ofrecer sus piezas como descarga gratuita desde su sitio La
Comédiathèque ([Link]). No obstante, toda representación pública está
sujeta a autorización ante la SACD.
Para aquellos que sólo deseen leer estas obras o que prefieran trabajar el texto a partir
de un formato libro tradicional, se puede pedir una edición en papel de pago en el
sitio The Book Edition o Amazon a un precio equivalente al coste de fotocopia de
este fichero.
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Comedias de Jean-Pierre Martinez traducidas en español
Comedias para 2 Comedias para 5 o 6
Cara o Cruz Atasco en el Camino del Cementerio
Cuidado frágil Bien está lo que mal empieza
El Joker Patis y Castigo
El Último Cartucho El Rey de los Idiotas
Ella y El El Sorteo del Presidente
Encuentro en el andén Flagrante delirio
EuroStar Nochebuena en la comisaría
La Corda Pronóstico Reservado
La ventana de enfrente Sin flores ni coronas
Los Náufragos del Costa Mucho
Ni siquiera muerto Comedias para 7 o más
Nochevieja en la morgue A corazón abierto
Preliminares Bar Manolo
Zona de Turbulencias Batas blancas y humor negro
¡Bienvenidos a bordo!
Comedias para 3 Como una película de Navidad…
13 y Martes Crisis y Castigo
Crash Zone Dedicatoria especial
Cuidado frágil El infierno son los vecinos
El Contrato El pueblo más cutre de España
Ménage à 3 El Sorteo del Presidente
Plagio Error de la funeraria a tu favor
Por debajo de la mesa Jaque Mate
Un breve instante de eternidad La función no está cancelada
Un pequeño asesinato sin consecuencias Los Flamencos
Un pequeño paso para una mujer, un salto hacia Había una vez un barco chiquitito
atrás para la Humanidad… Milagro en el Convento de Santa María-Juana
Nicotina
Comedias para 4 Nochebuena en la comisaría
Amores a Ciegas No siempre la música amansa a la fieras
Apenas un instante antes del fin del mundo Prehistorias grotescas
Cama y Desayuno
Patis y Castigo
Cuarentena Comedias de sainetes (sketches)
Cuatro Estrellas A corazón abierto
Denominación de Origen no Controlada Aviso de paso
Después de nosotros el diluvio Breves de Escena
El contracto Breves del Tiempo Perdido
El cuco ¡Demasiado es demasiado!
El olor del dinero Ella y El, Monólogo Interactivo
El yerno ideal Escenas callejeras
Foto de Familia La Barra
Gay friendly Memorias de una maleta
¿Hay algún autor en la sala? Muertos de la Risa
¿Hay algún critico en la sala?
Las Pirámides
Los Turistas Monólogos
Regreso a la escena Como un pez en el aire
Strip Póker Happy Dogs
Un Ataúd para Dos
Un Matrimonio de cada dos
Una Noche infernal
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Todas las piezas de Jean-Pierre Martinez son libremente descargables desde el sitio
[Link]
Este texto está protegido por las leyes relativas a los derechos de propiedad intelectual.
Toda falsificación es punible con condena de
hasta 300.000 euros y tres años de prisión.
ISBN 978-2-38602-259-3
© La Comédiathèque
Obra descargable gratuitamente.
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