Estudio antropológico en torno a la prostitución
Elvira Villa Camarma
Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, España, Facultad de Letras
Resumen:
Este artículo pretende analizar el fenómeno de la prostitución femenina y las diferentes teorías y
enfoques que enfrentan este tema a través del estudio de la construcción sexual de la realidad.
Es decir, desde la perspectiva de la antropología crítica analizar cuál es la significación explícita
o implícita que otorga cada uno de estos discursos al cuerpo y la sexualidad de las mujeres y su
relación con la prostitución; partiendo del esquema: el cuerpo como fuente de producción, el
cuerpo como fuente de delito y el cuerpo como víctima y verdugo.
Palabras clave: Prostitución, sexualidad, políticas públicas, ciencia y poder.
Quienes se hayan interesado por el tema de la prostitución estarán ya familiarizados con las
principales teorías existentes, que perfilan las intervenciones que desde las políticas públicas
actúan sobre esta cuestión. Cada uno de los enfoques teóricos en torno a los que se articulan los
diferentes pensamientos ideológicos, entre ellos el feminismo, y la legislación de las diferentes
administraciones (prohibicionista, abolicionista, reglamentarista y laboralista), definen una forma
de entender el cuerpo y la sexualidad.
Acometeré el análisis de cada uno de estos sistemas ideológicos y legales recogiendo el discurso
que elaboran sus principales representantes y artífices. Más concretamente, siguiendo la
hipótesis de trabajo planteada en el cuadro 1, me centraré en analizar la significación que otorga
cada uno de estos discursos al cuerpo femenino (física/simbólicamente), y en especial la
sexualidad de la mujer (normalidad/anormalidad), y su relación con el tema propuesto
La figura de la prostituta (mala mujer) aparece enfrentada a la figura de la mujer virtuosa
(esposa fiel, madre abnegada). Esto produce un efecto embodiment [Juliano, D., 2002:52], una
corporización en que conductas socialmente determinadas se atribuyen a características físicas,
a la vez vistas como permanentes. En nuestra sociedad, cualquier tipo de contestación social por
parte de las mujeres es atribuida a excesos de su sexualidad, y por ello el insulto que suele
utilizarse para cualquier tipo de descontrol es el de "puta" para las mujeres y el de "hijo de puta"
para los hombres. De manera que una conducta puntual o una opción laboral se transforma en
un atributo permanente [ibid.:45–46]. Así, muchos estudios científicos (especialmente
biomédicos) analizarán a la prostituta como una identidad prefijada, más que como una situación
contingente; uniformando situaciones que no son uniformes.
Este discurso olvida la enorme diversidad de situaciones que se dan bajo el fenómeno
denominado prostitución, las cuales varían según género (femenina, masculina —homosexual,
heterosexual—, transexual), según el lugar de trabajo (calle, casas de citas o de contactos,
hoteles/plazas/clubes, casas de masajes, empresas de azafatas, turismo sexual, líneas
telefónicas, sex shop, servicios sexuales por favores personales, medios audiovisuales,
matrimonios por conveniencia o por un tiempo pactado), según procedencia (nacionales y no
nacionales).
En este tipo de construcción teórica, el Estado, a través de sus representantes de control
(políticos, creadores de opinión y científicos), actúa como salvaguarda de este orden moral
regulando un tipo de ética que castiga una mercantilización de cuerpo femenino con fines
sexuales, lo que genera en la praxis una mayor indefensión social y vulnerabilidad de las
mujeres.
El texto analiza la regulación de la prostitución a través de dos enfoques principales:
reglamentarismo y laboralismo.
Reglamentarismo: Reconoce la prostitución, imponiendo controles sociales, policiales y
sanitarios que a menudo vulneran los derechos de las trabajadoras. Países como Bélgica y
Grecia aplican este enfoque.
Laboralismo: Busca equiparar los derechos de las trabajadoras sexuales con los de
cualquier profesión, promoviendo su inclusión en el sistema laboral. Este enfoque es común
en Alemania y Holanda.
El texto enfatiza la importancia de escuchar a las trabajadoras sexuales, quienes defienden su
autonomía y el reconocimiento de su trabajo. También destaca la desigualdad de género en la
percepción de la prostitución y la necesidad de considerar a todos los actores involucrados,
incluidos clientes y empresarios.
El texto sostiene que la prostitución es una forma de esclavitud sexual y violencia de género, donde
las mujeres son consideradas víctimas de un sistema que limita sus decisiones debido a factores
como la pobreza y la marginación. Desde la perspectiva abolicionista, la prostitución nunca es una
elección verdaderamente libre, sino el resultado de la explotación y la coerción.
Este enfoque promueve la erradicación de la prostitución a través de medidas legales que penalizan
el tráfico y la explotación, sin castigar a las trabajadoras sexuales. A lo largo de la historia,
movimientos feministas han apoyado esta postura, argumentando que la regulación de la
prostitución perpetúa la desigualdad de género y la doble moral social.
En países como Suecia y España, se han implementado legislaciones abolicionistas que penalizan a
los clientes. Sin embargo, se critica que estas leyes a menudo incrementan la vulnerabilidad de las
trabajadoras y pueden resultar incoherentes con la realidad social. Por lo tanto, el texto concluye
que la prostitución es una manifestación de violencia que debe ser abordada desde una perspectiva
abolicionista, donde las trabajadoras son vistas como víctimas y no como delincuentes.