LA EXPERIENCIA DE MARIA FERNANDA
Nací en la ciudad de Tacna en 2016, y mi
familia está formada por mi hermano
mayor Cristian, mi madre, mi padre y yo.
Desde pequeña, siempre me he sentido
rodeada de cariño y apoyo, pero cuando
tenía 3 años, todo cambió de manera
inesperada con la llegada de la pandemia
de COVID-19. Este evento afectó la vida
de todo el mundo, incluida la mía y la de
mi familia.
Durante ese difícil tiempo, mi familia
decidió ir a la sierra para visitar a mis
abuelitos. Aunque el viaje era
emocionante, me resultó agotador
porque era muy pequeña y no estaba
acostumbrada a viajar largas distancias.
A pesar de sentirme mal, mi mamá me
tranquilizó, y al final llegamos a la casa
de mis abuelos, donde, por precaución,
tuvimos que usar mascarillas y
desinfectarnos con alcohol. Fue triste no
poder abrazarlos, pero nos alegró
vernos.
aUna de las experiencias más felices
durante esa visita fue cuando mi abuelo
sacrificó un cordero en nuestro honor y mi
abuelita preparó un delicioso caldo que
disfrutamos en familia. No obstante, poco
después, mi abuelita se enfermó con tos y fiebre, lo que me llenó de
preocupación. Verla enferma me puso muy triste, pero una de mis tías le
compró medicinas y, afortunadamente, se recuperó. Nos quedamos un mes en
la sierra con mis abuelitos, disfrutando de su compañía, aunque la pandemia
seguía afectando al mundo.
Cuando volvimos a Tacna, las cosas no mejoraron. No podíamos salir de casa
por el riesgo de contagio, y tuve que adaptarme a estudiar de manera virtual.
Durante esos años, cuando tenía 3 y 4 años, no pude asistir al jardín de niños,
lo que me hacía sentir sola y extrañar la interacción con otros niños. Mis clases
eran virtuales, lo que me gustaba, pero también deseaba estar en un salón de
clases.
Al cumplir 5 años,
finalmente pude ir al
jardín "Esperanza
Martínez de López",
un lugar lleno de color
INICIAL y alegría. Allí conocí a
mi profesora Paty y a
mis compañeros de
clase, quienes se
convirtieron en mis
amigos. Mi profesora
me enseñó a pintar,
escribir y disfrutar del
aprendizaje, y fue una
etapa hermosa en mi
vida.
Al llegar a los 6 años, entré al primer grado, donde conocí a mi profesora Saida
Catunta. Ella fue muy buena conmigo, enseñándome a leer, sumar y restar.
También aprendí a competir con mis compañeros, aunque en un concurso no
logré ganar un diploma, lo que me puso un poco triste. Mis padres, sin
embargo, me animaron a seguir esforzándome.
Con el apoyo de mis padres y mi deseo de mejorar, cuando llegué a segundo
grado, me propuse ganar un diploma, y lo logré en un concurso sobre la
historia de Tacna. La profesora Milagros me entregó el diploma frente a toda la
clase, lo que me hizo sentir muy feliz y orgullosa. Mis padres también estaban
muy contentos y me felicitaron con mucho cariño, diciéndome que podía lograr
cualquier cosa si me esforzaba.
Hoy, mirando atrás, me siento agradecida por todas las experiencias, tanto las
buenas como las difíciles. La pandemia me enseñó mucho, y gracias al apoyo
de mi familia, he aprendido a ser fuerte y seguir adelante. Estoy feliz con lo que
he logrado y espero con emoción lo que el futuro me traerá.
GRACIAS POR LEER MI EXPERIENCIA DE VIDA