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Síndrome de Intestino Irritable: Guía 2020

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MES SALUDIGESTIVO: SÍNDROME DE INTESTINO IRRITABLE (SII) EN 2020

Esquema

1.- Introducción

2.- Concepto

3.- Causas

4.- Sintomatología

5.- Diagnóstico

6.- Tratamiento

7.- Novedades en el tratamiento del SII-diarrea: Xiloglucano

8.- Conclusiones

Autoría:

Dr. Javier Romero. Experto de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD)

1
1.- Introducción

El Síndrome de Intestino Irritable (SII) es un trastorno funcional digestivo


crónico y benigno, que se caracteriza clínicamente por la asociación de hinchazón,
dolor/molestias abdominales y alteraciones en el hábito deposicional que puede variar
desde estreñimiento, diarrea o ambos.

Es una patología muy frecuente, pues se estima que puede padecerla hasta el
10-15% de la población y representa el 25% de las visitas a una consulta de Digestivo.

El SII no predispone ni comporta una mayor probabilidad de padecer cáncer,


enfermedad inflamatoria intestinal ni disminuye la supervivencia. No obstante, puede
tener un impacto significativo en la calidad de vida de quienes lo padecen y su
abordaje condiciona un coste muy relevante para el sistema sanitario.

A continuación, se ofrece información de interés sobre síntomas, diagnóstico,


tratamiento y recomendaciones para el SII.

2.- Concepto

El SII, más conocido como “colon irritable”, es un trastorno funcional crónico y


benigno del tubo digestivo. Sus síntomas principales son el dolor o molestia
abdominal, la hinchazón y la alteración del hábito intestinal (estreñimiento y/o diarrea).

El SII es el trastorno gastrointestinal más frecuentemente diagnosticado y la


segunda causa de absentismo laboral tras el resfriado común. Entre el 10-15% de la
población experimentan síntomas de SII a lo largo de su vida, aunque sólo un 15% de
los afectados consultan a un médico por ello.

La naturaleza crónica del SII y el reto que supone controlar sus síntomas puede
ser frustrante tanto para los pacientes como para los médicos. Sin embargo,
disponemos de tratamientos y terapias que les pueden ayudar consiguiendo mejorar
su calidad de vida.

3.- Causas

A día de hoy no se conoce con exactitud su causa, involucrándose diversas


teorías:

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* ¿Es un trastorno de la motilidad del colon? Existen diversas teorías que
sugieren que el SII está causado por contracciones anómalas del colon y del intestino
delgado (de ahí el término colon espástico, que ha sido utilizado a veces para describir
el SII). Contracciones vigorosas del intestino pueden causar calambres, que se tratan
con antiespasmódicos y fibra (ambos ayudarían a regular las contracciones del colon).
Sin embargo, las contracciones anormales no explicarían el SII en todos los pacientes,
y no está claro si las contracciones son un síntoma o la causa del desorden.

* ¿Puede desencadenarse tras una gastroenteritis? Algunos pacientes


desarrollan SII tras una infección gastrointestinal grave (por ejemplo, Salmonella,
Campylobacter, Shigella o virus). Se desconoce cómo la infección es capaz de
desencadenar el desarrollo de SII; si bien, la mayoría de los pacientes con SII no
tienen historia de infección previa.

Un meta-análisis y revisión sistemática reciente resalta que más del 10% de los
pacientes con enteritis infecciosa desarrollaron SII con posterioridad, con un riesgo 4
veces mayor que en individuos sin este antecedente. Especialmente era más
frecuente en mujeres con enteritis grave, pacientes con distrés psicológico y aquellos
con pauta de antibióticos durante el proceso infeccioso.

* ¿El estrés y la ansiedad pueden provocarlo o empeorarlo? Las personas con


SII que visitan al médico por este motivo tienen más probabilidad de sufrir ansiedad y
estrés que aquellas que no consultan. El estrés y la ansiedad pueden afectar al
intestino; así, es probable que el estrés y la ansiedad empeoren los síntomas. Sin
embargo, es importante resaltar que pueden modular la percepción de los síntomas
pero no parecen ser la causa de esta patología.

* ¿Puede una intolerancia alimentaria provocar un SII? Las intolerancias


alimentarias son comunes en pacientes con SII, alimentando la posibilidad de que se
deba a una alergia o sensibilidad alimentaria. Esta teoría ha sido difícil de probar. La
mejor forma de detectar una asociación entre los síntomas del SII y la sensibilidad
alimentaria es eliminar ciertos grupos de alimentos sistemáticamente (este proceso se
denomina dieta de eliminación), que solamente se recomienda bajo supervisión
médica o de un dietista-nutricionista. La eliminación de alimentos de la dieta sin
supervisión puede desembocar en déficits nutricionales. Además, restricciones
dietéticas innecesarias pueden incluso empeorar la calidad de vida del paciente.
Existen numerosos alimentos que se sabe pueden causar síntomas que simulan o
agravan el SII, incluidos derivados lácteos (que contienen lactosa), legumbres y

3
vegetales como brócoli, coliflor, coles de Bruselas y repollo. Estos productos aumentan
el gas intestinal, pudiendo causar calambres.

En definitiva, a día de hoy, podemos afirmar que el SII no se produce por


ninguna alergia o intolerancia, por lo que nunca debe suprimirse ningún alimento ni
realizar ninguna dieta estricta sin supervisión médica.

* ¿Pueden estar mis síntomas provocados por una mayor sensibilidad de mi


intestino al gas? Muchos investigadores creen que el SII está causado por un
incremento de la sensibilidad visceral (de los órganos internos) a sensaciones
normales. Esta teoría propone que los nervios del intestino poseen una hiperactividad
en los pacientes con SII, por lo que cantidades normales de gas o movimientos
intestinales son percibidos por los pacientes con SII como excesivos y dolorosos. Así,
algunos pacientes con SII grave mejoran cuando son tratados con medicamentos que
disminuyen la percepción del dolor en el intestino.

4.- Sintomatología

El síntoma principal del SII es el dolor abdominal acompañado de cambios en


la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones, presentando episodios de diarrea,
estreñimiento o ambos.

Es un trastorno crónico, que se caracteriza por períodos de exacerbación que


alternan con períodos de remisión de los síntomas. Su prevalencia se sitúa en un 10-
15%, es más habitual en adultos jóvenes y empieza a disminuir a partir de los 50 años.

El dolor abdominal puede ser difuso o localizado en hemiabdomen inferior, de


moderada intensidad, que se alivia tras la defecación, respeta el sueño y suele
relacionarse su comienzo con la ingesta de algún alimento.

Para facilitar el diagnóstico del SII se han desarrollado unos criterios


diagnósticos: los criterios de Roma IV. Estos criterios consisten en:

a) Presencia de dolor abdominal recurrente, como media, al menos un día a la


semana en los últimos tres meses relacionado con dos o más de los siguientes
criterios:
- Se relaciona con la defecación.
- Se asocia a un cambio en la frecuencia de las deposiciones.
- Se asocia a un cambio en la forma (apariencia) de las deposiciones.
b) Las molestias deben estar presentes durante los últimos 3 meses y haber
comenzado un mínimo de 6 meses antes del diagnóstico.

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Existen 4 tipos de SII según el hábito deposicional:

- SII con estreñimiento.


- SII con diarrea.
- SII mixto (combina estreñimiento y diarrea).
- SII no tipificado (alteración que no logramos incluir en los grupos
anteriores).

Es importante tener en cuenta que, a lo largo de la evolución de la enfermedad,


se puede cambiar de subtipo de SII.

Además de los síntomas incluidos en los criterios de Roma IV, el paciente con
SII puede presentar: distensión abdominal, moco en las heces, tenesmo rectal
(sensación de no quedarse satisfecho tras la defecación) o escapes de las heces
(incontinencia fecal), dolor anal, saciedad precoz al comer, náuseas, vómitos, dolor
torácico y flatulencias. Con una frecuencia elevada, los síntomas empeoran tras
alteraciones psicológicas como ansiedad, depresión, angustia y eventos estresantes.
Existen otros síntomas extraintestinales que pueden acompañar al SII como reglas
dolorosas, dolor de cabeza, molestias al orinar, dolores musculares y óseos y
cansancio.

5.- Diagnóstico

El diagnóstico del SII se basa en la presencia de criterios clínicos (comentados


previamente) y en la ausencia de anormalidades en las pruebas complementarias
practicadas (analítica, exploraciones radiológicas o endoscópicas).

Existen determinados signos o síntomas de “alarma” que obligan a


reconsiderar el diagnóstico de SII:

• Cambio súbito en el ritmo deposicional en un paciente mayor de 50 años.


• Presencia de síntomas nocturnos.
• Fiebre.
• Diarrea continua y/o liquida.
• Presencia de sangre en las heces.
• Anemia.
• Pérdida de peso no intencionada.
• Dolor abdominal muy intenso.
• Historia familiar o personal de cáncer de colon o enfermedad inflamatoria
intestinal.

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Generalmente, en ausencia de dichos signos o síntomas de “alarma”, en un
paciente menor de 45-50 años, no es necesario realizar pruebas radiológicas o
endoscópicas para establecer el diagnóstico.

6.- Tratamiento

Actualmente, no existe un tratamiento único, idóneo ni curativo para el SII,


debiendo insistirse en que se trata de un proceso funcional y crónico. No existen
productos ni terapias milagrosas que eliminen esta entidad.

En muchos casos, el conocer que se trata de una patología benigna y que no


predispone a otras enfermedades ni a cáncer ayuda a los pacientes a afrontar su
patología y tratamiento con mayor serenidad.

En este sentido, es fundamental una buena anamnesis y una correcta empatía


entre médico y paciente, lo cual mejorará la adhesión al tratamiento y la evolución
clínica de los mismos.

El tratamiento debe combinar siempre adecuados hábitos higiénico-dietéticos


con un tratamiento farmacológico dirigido y, por tanto, debe sustentarse en los
siguientes 3 pilares:

a) Actuación en hábitos de vida:

* Estilo de vida ordenado y equilibrado.

* Se debe evitar el consumo de tabaco y alcohol.

* No existen alimentos prohibidos o malos. Cada persona debe identificar que


alimentos le sientan peor y reducirlos o eliminarlos. Como norma general, alimentos
como las especias, la cafeína, los picantes, las grasas, formadores de gas o comidas
muy condimentadas deben evitarse. Es recomendable beber agua y tomar frutas y
verduras, sin excederse. No se deben realizar dietas de exclusión, es decir, eliminar
alimentos como la lactosa, el gluten, etc. Su gastroenterólogo ya habrá contemplado
esta posibilidad durante el proceso diagnóstico y si lo considera oportuno realizará los
test apropiados para llegar a confirmarlo o excluirlo. La alimentación debería ser lo
más variada posible.

* Es importante realizar cuatro-cinco comidas al día y tomarse tiempo para


realizarlas, al menos 20 minutos.

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* Del mismo modo, es importante tomarse tiempo para defecar. Acudir siempre
que se tenga deseo, no reprimirlo. Acudir al baño de forma tranquila, tomarse tiempo,
aunque no en exceso y, a ser posible, en un ambiente relajado.

* Es aconsejable realizar 30-45 minutos de actividad física adecuada a la


condición de cada persona. Este hecho, ya conocido para patologías que afectan al
aparato cardiovascular, es igual de beneficioso para nuestro aparato digestivo, no solo
al ayudar a mejorar su motilidad sino por los beneficios del ejercicio a nivel del sistema
nervioso central y la neurotransmisión.

* Es beneficioso evitar las situaciones estresantes o, si no es posible, cambiar


la forma de enfrentarse a ellas para minimizar su impacto en nuestra salud.

b) Recomendaciones dietéticas:

* Los objetivos del tratamiento nutricional son asegurar la ingesta adecuada de


nutrientes, individualizar la dieta según el patrón gastrointestinal específico del SII y
explicar la posible influencia de los alimentos en el tratamiento de los síntomas.

* Hay pocos datos científicos que apoyen la restricción de alimentos concretos.


Pueden tolerase mal las comidas copiosas y ciertos alimentos, como cantidades
excesivas de grasas, cafeína, lactosa, fructosa, sorbitol y alcohol.

* Por tanto, se dan las siguientes recomendaciones, no sin antes aclarar que el
tratamiento dietético debe ser individualizado para cada paciente y sujeto a revisiones
frecuentes por su gastroenterólogo.

* Recomendaciones generales:

- Realice comidas pequeñas y frecuentes.

- Coma a un ritmo relajado y en horarios regulares.

- Evite el estreñimiento, pero incremente el contenido de fibra y


proporcionalmente el de líquidos no gaseosos en la dieta de modo progresivo.

- Haga ejercicio físico regularmente.

- Realice actividades relajantes y sociales.

- Identifique la sensibilidad a distintos alimentos y excluya solamente


aquellos que no tolere.

- Marcar horarios para comer e ir al WC

* Recomendaciones específicas:

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- Moderar el consumo de fibra insoluble y potencie el consumo de fibra
soluble (en forma de gomas, pectinas y mucílagos). Se puede hacer con la ayuda
de los alimentos como el dulce de membrillo o la manzana, aunque también se
recomienda tomar diariamente suplementos alimentarios de este tipo de fibras.

- Evitar los alimentos ricos en grasas, las frutas cítricas y las espinacas
para disminuir el efecto laxante producido por las sales biliares (bilis) en el
colon.

- Eliminar el consumo de sorbitol (un edulcorante), los alimentos o


especies picantes, el gas (en las bebidas), el café y el té.

- Eliminar la lactosa si no se tolera.

- Beber al menos dos litros de agua al día. Es muy importante garantizar


la hidratación adecuada cuando hay diarrea. Se recomienda beber agua o
infusiones suaves (que no tienen ningún efecto laxante). Además, un aporte
suficiente de líquidos también ayuda a combatir el estreñimiento.

En la Tabla 1 se detalla una orientación para la selección de alimentos, aunque


como ya se ha comentado previamente, en cada caso de debe individualizar.

* Dietas bajas en FODMAP: En los últimos años, se ha propuesto el posible


beneficio de las dietas pobres en fructo-oligo-di-y monosacáridos y azúcares
polialcoholes (FODMAP) fermentables. La dieta pobre en FODMAP limita aquellos
alimentos que contienen fructosa, lactosa, oligosacáridos con fructosa y galactosa
(fructanos y galactanos), y azúcares alcohólicos (sorbitol, manitol, xilitol, y maltitol).

Los FODMAP se absorben poco en el intestino delgado, son muy osmóticos y


las bacterias lo fermentan rápidamente. Una dieta baja en FODMAP por comida ha
demostrado, a corto plazo, que reduce los síntomas gastrointestinales en pacientes
con SII, principalmente dolor a y distensión abdominal, Sin embargo, aún no está bien
definido el punto de corte de las cantidades aceptables de FODMAP y no se sabe si su
empleo a largo plazo es superior a las dietas convencionales para el SII.

Los datos iniciales eran muy alentadores en cuando a su beneficio en el


tratamiento del SII, aunque en los últimos trabajos se han publicado datos con
resultados que difieren de los anteriores, por lo que aún está por definir su verdadero
papel.

Sin embargo, un reciente meta-análisis concluye que no existe evidencia para


recomendar una dieta sin gluten estos pacientes y una muy baja evidencia para

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considerar el empleo de dietas bajas en FODMAP para reducir los síntomas de
pacientes con SII.

La Tabla 2 muestra los alimentos que contienen mayores cantidades de


FODMAP.

c) Abordaje medicamentoso o farmacológico:

Existe multitud de fármacos que su gastroenterólogo le irá indicando según los


síntomas que presente. En general debe tenerse en cuenta que se trata de un
tratamiento mixto atendiendo a los síntomas predominantes: dolor, diarrea y
estreñimiento.

* Fibra: Existen diversos tipos de fibra, la soluble (Ispagula, Psilio) y la insoluble


(salvado de trigo). En varios estudios, se valoraba los efectos de las distintas fibras en
el SII, apreciando que la fibra soluble mejoraba la sintomatología, excepto la distensión
y el dolor abdominal. La fibra insoluble no demostró una mejoría significativa.

* Laxantes: Se utilizan en los casos con predominio de estreñimiento. Son


útiles, aunque con limitaciones.

* Antidiarreicos: Son fármacos que se emplean en los casos que predomina la


diarrea. Dentro de este grupo tenemos fármacos con la loperamida, la codeína y las
resinas de intercambio iónico. No existe evidencia de su utilidad al no tratarse de un
proceso agudo sino crónico.

* Espasmolíticos: Son fármacos que actúan sobre la fibra muscular lisa del tubo
digestivo, inhibiendo su motilidad. Suelen mejorar el dolor abdominal en un alto
porcentaje de pacientes. No presentan utilidad en los casos de estreñimiento.

* Agonistas de los receptores de serotonina 5HT4: Estos medicamentos


estimulan la motilidad intestinal y reducen la sensibilidad visceral; por lo tanto, mejoran
el tránsito intestinal y el dolor. Estarían indicados en casos de estreñimiento que no
responde a otras medidas. Se han investigado múltiples moléculas, la mayoría de ellas
se han dejado de usar o se ha restringido su uso por los efectos adversos, sobre todo
a nivel cardiovascular. Actualmente, tenemos comercializada la Prucaloprida, que se
emplea en casos muy seleccionados.

* Linaclotida: Es un péptido que se une a los receptores de guanilato ciclasa C


del intestino. Esto provoca una reducción de la sensibilidad intestinal, reduciendo el
dolor abdominal y aumentando la cantidad de líquido que se produce a nivel intestinal
y bloqueando su absorción, con lo que mejora el tránsito intestinal. Se usa en los

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casos con estreñimiento moderado o grave sin respuesta a tratamiento previos. Tiene
muy buen perfil de seguridad.

* Antidepresivos: Se han usado no para regular el estado de ánimo, sino por su


mecanismo de acción a nivel intestinal. Existen dos grupos, los antidepresivos
tricíclicos, como la Amitriptilina; y los ISRS, más modernos y mejor perfil de seguridad,
entre ellos destaca la Paroxetina. Estos medicamentos regulan la sensibilidad visceral
y favorecen la motilidad, siendo eficaces en mejorar los síntomas en pacientes con SII,
aunque los estudios disponibles son muy heterogéneos.

* Probióticos: Estos fármacos parecen desarrollar un rol importante al modular


las alteraciones en la composición de la microbiota intestinal asociados al SII,
especialmente cuando se utilizan fármacos con múltiples cepas y durante un período
de tiempo superior a 8 semanas. Sin embargo, aunque de forma global parece que
mejoran los síntomas, principalmente el meteorismo y la distensión abdominal, su
verdadero papel aún no están totalmente demostrado.

* Antibióticos: Rifaximina, antibiótico de elección en la prevención de episodios


de diverticulitis aguda y de encefalopatía hepática en pacientes cirróticos, parece tener
una moderada eficacia en la mejoría de los síntomas de pacientes con SII y sin
predominio de estreñimiento.

7.- Novedades en el tratamiento del SII-Diarrea: Xiloglucano

En los últimos tiempos, el conocimiento de la barrera mucosa gastrointestinal


ha permitido el desarrollo de terapéuticas novedosas que persiguen normalizar la
permeabilidad intestinal.

Así, los productos con Xiloglucano ayudan a reestablecer la función intestinal


en pacientes con diarrea crónica o recidivante, disbacteriosis o tras infecciones o
hipersensibilidad intestinal, mejorando los síntomas asociados, sin efectos sistémicos.

La asociación de Xiloglucano y proteínas vegetales reticuladas protege la


permeabilidad de las uniones intercelulares estrechas provocada por las bacterias e
inflamación, ejerciendo un efecto de barrera, favoreciendo una mayor biodisponibilidad
de Xiloglucano y prolongando su efecto protector.

El Xiloglucano forma una barrera similar al moco sobre las células epiteliales,
restaurando la pérdida de moco causada y evitando la adhesión y la proliferación
bacteriana. Así, presenta una propiedad mucoprotectora que evita la entrada de
agentes nocivos causantes de la reacción inflamatoria.

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El Xiloglucano, con proteínas vegetales y xilo-oligosacáridos, beneficia a la
microbiota intestinal e incrementa la cantidad de bifidobacterias y reduce de esta forma
la frecuencia de las heces, el dolor abdominal, la flatulencia y los vómitos.

En definitiva, en adultos con SII-diarrea, Xiloglucano es un tratamiento


innovador sin efecto sistémico con mecanismo de acción dual, que protege y
restablece la funcionalidad de la barrera mucosa y mejora la composición de la
microbiota, aumentando las tasas de remisión clínica y mejorando la calidad de vida
de los pacientes.

8.- Conclusiones
El SII es un trastorno funcional digestivo crónico y benigno, que se caracteriza
por la asociación de hinchazón, dolor/molestias abdominales y alteraciones en el
hábito deposicional que puede variar desde estreñimiento, diarrea o ambos.

Es importante resaltar que no predispone a cáncer ni a enfermedad inflamatoria


intestinal o a otra patología digestiva.

Su diagnóstico conlleva la presencia de ciertos criterios clínicos, no siendo


necesario en la mayoría de los pacientes sin signos o síntomas de “alarma” la
realización de pruebas radiológicas o endoscópicas.

En su abordaje es fundamental una relación de empatía médico-paciente.

Su tratamiento implica la combinaciones de medidas de estilo de vida,


dietéticas y farmacológicas encaminadas a los síntomas fundamentales,
desempeñando los fármacos normalizadores de la permeabilidad intestinal un papel
clave y novedoso en el SII con predominio de diarrea.

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Tablas anexas

Tabla 1: Recomendaciones dietéticas (siempre es necesario individualizar y tras


consejo de su gastroenterólogo) en pacientes con SII:

ALIMENTOS A
RECOMENDACIÓN ALIMENTOS EVITAR O
ALIMENTOS
GENERAL ACONSEJADOS DISMINUIR SU
CONSUMO

yogures naturales En caso de


edulcorados sin intolerancia:
Probar tolerancia a la
trozos, queso fresco, Productos lácteos
Lácteos lactosa, eliminándola de la
quesos semicurados, que contengan
dieta si no se tolera
cuajada y leche sin lactosa.
lactosa
Requesón o ricota

Carnes magras de
ternera y cerdo
(solomillo, lomo) Embutidos
Jamón cocido Patés
Carnes, Seleccionar preferentemente
pescados y carnes con poco contenido Jamón serrano Cerdo graso,
huevos graso desgrasado cordero, carne
grasa y ahumada,
Pollo sin piel y
vísceras, bacon,
conejo
salchichas.
Pescado blanco y
huevos

Pasta italiana

Arroz
Cereales integrales
Cereales, Evitar alimentos formadores
Patatas y sus derivados
legumbres de gas y ricos en fibra
insoluble Pan blanco, Legumbres
y tubérculos
biscotes enteras
Avena

12
Cebada
Legumbres sin piel
(en purés
tamizados)

Verduras muy
fibrosas y
flatulentas
Moderar el consumo de fibra Vegetales en
(alcachofa,
insoluble y potenciar el de la general, teniendo en
Verduras y espárragos,
soluble cuenta las que
pimientos, coles,
hortalizas recomendamos
Evitar alimentos pimientos, apio,
evitar
formadores de gas pepino, berenjena,
puerro, cebolla,
rábanos, etc.)

Zumos ó néctar de
Elegir las frutas más fruta
pobres en azúcares y
Disminuir el consumo de más ricas en Frutas cítricas
Frutas fructosa y evitar frutas pectinas como: (especialmente
formadoras gas manzana, ciruelas, naranja)
pera …
Frutas flatulentas
como higo y
melón

Aceite de oliva Fritos, mantequilla,


virgen y aceite de mayonesa,
Grasas
semillas con margarina, frutos
moderación secos.

Miel y azúcar con


moderación

Probar tolerancia a los Repostería casera


y con poco aceite y Bollería y repostería
Azúcares y alimentos relacionados con
sin lactosa en industrial
dulces alergias alimentaria como el
chocolate cantidad Galletas integrales
moderada.
Galletas tipo
“María”

Beber al menos dos litros de Agua, infusiones Bebidas gaseosas,


Bebidas agua al día. Garantizar y suaves como la tila y alcohólicas como la
aumentar la hidratación la maría luisa (que cerveza, caldos
cuando hay descomposición no tienen ningún grasos, así como las

13
o diarreas efecto laxante), bebidas excitantes y
caldos vegetales muy frías.

Sal, hierbas Evitar especias


Condimentos
aromáticas, etc.. picantes e irritantes

Tabla 2: Alimentos que contienen mayores cantidades de FODMAP y que podrían


reducirse en pacientes con SII:

Autoría:

Dr. Javier Romero. Experto de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD)

14
Bibliografía recomendada:

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