Personaje
Autor: Gerardo Alonso Escamilla García
¿Así no fue como pasó?
Nadie puede saber cómo pasó. Nada puede siquiera imaginar lo que pasó.
El telón, se cierra, las luces, se apagan.
Te come el silencio.
¿Quién soy? ¿Quién eres tú? ¿Quién eres tú para venir a juzgarme? ¿Quién eres tú para
sentarte ahí sin hacer nada? La función ya se acabó, puedes irte. Aquí ya no va a pasar nada.
¿Quién soy? Yo era la entropía en carne y hueso. Yo era Wajdi Mouawad y su nostalgia
reflexiva, yo era Hugo Arrevillaga confeccionando una catarsis. Yo era un estudiante, y me
llamaba Gerardo. Solamente Gerardo. Del personaje que fui, solo queda una sombra, un
espacio vacío, un especial ¿Qué fue lo que pasó? Que solo queda una sombra, un escenario
vacío, un espectral. ¿Qué fue lo que pasó?
El teatro pasó. Los actores y sus métodos; “Artistas”. Son como parásitos del aplauso, ¿no? Y
todo tiene que tratarse sobre ellos, su transformación, su entrega, su sufrimiento. ¡Esto! ¡Tú
quieres ver esto! ¡Tú quieres que esto exista! Aunque sea por un momento, tú quieres que
esto exista. Historias vienen y van: “El mar es mi amigo”. “General Santa Anna, si me hace el
favor” “Un instante nada más, señor presidente”, “No me digáis tan gran traición de Isabella”,
“Digo, sé que era obvio que El Discurso del Rey iba a ganar el Oscar”.
El teatro pasó. Los dramaturgos. Quieren decirlo todo y terminan diciendo nada. Y los
directores siempre tan ocupados con sus propuestas, con sus procesos, con la poética y la
provocación “Porque todo tiene que tener un mensaje. El discurso tiene que ir más allá de la
anécdota, del hecho teatral. La puesta, tiene que dialogar con la realidad que existe allá
afuera”. Pero a ti no te interesa lo que existe allá afuera. Tú no vienes al teatro a que te den
lecciones. ¿O te gusta que te digan lo que tienes que hacer?
¿Yo? Yo siempre estoy aquí ¿Qué quiero? Lo mismo que tú. ¿De donde vengo? De todas
partes. Me duelen los pies. Me duele el peso de tantas ideas. Me duele el silencio entre cada
función Me duele la soledad. El teatro hace preguntas que no tienen respuesta. El teatro es
cruel.
Ah, pero alguien dijo “¡Hagamos teatro! ¡Hagamos arte! ¡Pongámonos a actuar en barrios!
¡Narraturgia! ¡Transversalidad! ¡Teatro postdramático! De Tracy Letts a Yazmina Reza. De
Chejov. De Margules. De Stanislavsky. De Mario Cantú Toscano a Alberto Villareal. Del musical
de la escuela a la muestra nacional. Y que un suicida me redacte el texto, para que duela. Y
diré muchas groserías, para que impacte. Y hablaré en voz grave de asuntos importantes.
Desnudo en el proscenio, uno siempre está desnudo en el proscenio.
¿Y por qué?
Porque según los más recientes estudios de neuroestética, el cerebro humano pasa por una
serie de procesos químicos y fisiológicos durante la exposición a una obra de arte. El
espectador promedio tiene un mecanismo de percepción que se estudia desde una posición
filosófica, metafísica, ontológica. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué pasa aquí, cuando esto se
enciende? ¿Qué pasa aquí, cuando se apaga?
La inexistencia; eso pasa. El teatro es memoria y la memoria es efímera. La inexistencia, eso
pasa. Cada lágrima, cada gota de sudor, cada rechazo. Tú te levantas, tú te vas a tu casa, te
preparas la cena, te acuestas… y esto muere. Tú te inspiras, tú disfrutas, tú te enamoras, tú
continúas… y esto muere. Esto termina. Esto se olvida.
El telón, se cierra. Las luces, se apagan. Te come el silencio. El telón se cierra. Las luces, se
apagan. Te come el silencio.
Así no fue como pasó.