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Una Vecina Infernal

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Una Vecina Infernal

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Rating: Not Rated


Archive Warning: Choose Not To Use Archive Warnings
Category: F/F
Fandom: Supergirl (TV 2015)
Relationship: Kara Danvers/Lena Luthor
Character: Lena Luthor, Kara Danvers, Lillian Luthor, Winn Schott Jr., Mon-El
(Supergirl TV 2015), James "Jimmy" Olsen, Lionel Luthor, Samantha
"Sam" Arias, Eliza Danvers, Jeremiah Danvers
Additional Tags: Kara Danvers Has a Penis, Alternate Universe - No Powers, bad
neighbor, Bad Kara Danvers, Neighbor from hell, Nerd Lena Luthor,
Teachers, Bad influence Kara Danvers, Endgame Kara Danvers/Lena
Luthor, Comedy, Kara Danvers Loves Food, Lena Luthor Loves Kara
Danvers, Eventual Happy Ending, Shy Lena Luthor, Kara Danvers G!P,
Enemies to Friends to Lovers
Series: Part 1 of Vecina Infernal
Stats: Published: 2020-05-11 Chapters: 29/29 Words: 71354

Una Vecina Infernal


by gemmestealer24

Summary

Harta de ser la pusilánime más grande del mundo, Lena decide que las cosas van a cambiar
empezando por la enervante vecina que tiene mucho encanto, pero no suficiente
compostura. Lo que no esperaba era ser succionada hacia su mundo, pero Lena tiene un
plan de juego y no se permitirá olvidar lo que la chica mala de al lado es capaz de hacer.

Lo último que Kara esperaba era que su tímida vecina se lanzara sobre ella hecha Rambo
por unas flores arruinadas. Después de que decide acogerla bajo su protección no puede
evitar notar que ella encaja perfectamente en su vida. Ahora lo único que queda es
convencerla de que se trata de algo más que un juego.

Notes

Había posteado esta historia en wattpad pero se borró con mi anterior perfil así que he
decidido mudarme definitivamente a esta plataforma, aclarando que la historia no es mía
pero la leí hace bastante tiempo en una adaptación con las chicas de t.A.T.u que me encantó
mucho y que espero les guste también, se reirán bastante eso se los puedo asegurar.
El título original del libro es Playing For Keeps de R. L. Mathewson pertenece a la saga
Neighbors From Hell que básicamente se traduce como Vecinos infernales o algo parecido.
Capítulo 1

Capítulo 1

—¡Oh, no, no, no, no, no! —murmuró Lena con incredulidad mientras observaba a sus tulipanes
color rosa, blanco y amarillo ser arrancados brutalmente de la tierra.

Se alejó del escritorio de la computadora y salió enfurecida hacia la puerta principal. Ella iba a
matarlo, esta vez no había duda de ello.

Después de cinco largos años de tonterías juveniles la rubia por fin había llegado demasiado lejos.
Su compañera de habitación no había sido siquiera capaz de molestarla tanto, incluso cuando pasó
por su período de seis meses sin bañarse o usar desodorante para “salvar el planeta”.

Hace cinco años había estado orgullosa de comprar su primera casa a la madura edad de
veinticuatro años. Había trabajado fuertemente para comprar su casa de ensueño, un rancho de un
nivel con dos recámaras. La experiencia de ser propietaria de su casa era mejor que cualquier cosa
que pudiera haber imaginado.

Pasó incontables horas eligiendo la combinación perfecta de colores para cada habitación,
limpiando, organizando y asistiendo a cada venta de garaje en un radio de 48 kilómetros, tratando
de transformar la madera y el yeso en un verdadero hogar.

Nada de ese trabajo podría incluso comenzar a compararse con las incontables horas que pasó con
su césped y jardín. Con innumerables ampollas, cortes, picaduras de abeja y dolores de espalda,
ella convirtió su aburrido patio en un paraíso.

Su alegría duró cuatro meses.

Fue entonces cuando ella se mudó a la casa de al lado. Al principio estaba emocionada de tener una
vecina, una que no era anciana y bueno, malhumorada.

Todo su placer terminó en el momento en que conoció a Kara Danvers.

Durante los primeros diez minutos de su llegada se había apoyado en su buzón de correo,
derramado envolturas de comida rápida desde su auto en la propiedad de ella, la cual rápidamente
se desplazó sobre su inmaculado césped y orinó en el viejo y grande árbol de roble en su jardín
delantero con una tímida sonrisa y un encogimiento de hombros en su horrorizada dirección.

La mujer era una bárbara.

Por los siguientes cinco años, la rubia volvió su pintoresca vida una pesadilla. No estaba segura de
cómo una persona lograba tomar tanto control sobre su felicidad, pero la rubia lo hizo.

Con los años ella trató con municiones de paintball decorando la ropa colgada en su tendedero y al
lado de su casa, música fuerte, fiestas, dos veces encontró gente desnuda tratando de trepar la cerca
para bañarse desnudos en su piscina, borrachos jugando baloncesto a las tres de la mañana,
mujeres lanzando ataques histéricos en su césped delantero y a veces en el de ella cuando la idiota
se negaba a salir y tratar con ellas.

Lo que lo hacía peor era que ambas trabajaban en la misma escuela secundaria privada, en el
mismo departamento, en aulas y plazas de aparcamiento contiguas.

No pasó mucho tiempo para que ella convirtiera su trabajo y casa de ensueño en una pesadilla. En
el trabajo tenía que tratar con sus constantes “prestamos” de cosas de su espacio como papel,
lápices, libros y hasta su escritorio una vez.

Kara parecía creer que era la persona más encantadora en la tierra y no tenía ningún problema en
utilizarlo para salirse con la suya, dejándola a ella con trabajo adicional y responsabilidades
mientras que la idiota llegaba a ser la despreocupada maestra.

No le tomó mucho tiempo darse cuenta de que tendría que aguantarse eso en el trabajo. No había
forma de que a su edad pudiera conseguir un trabajo mejor. Había tenido suerte al aterrizar en este.

Así que la única opción que le quedaba era mudarse.

Después del primer año trató de vender su casa, sin éxito.

Cada vez que un posible comprador estaba alrededor ella los espantaba sólo por ser Kara.
Abandonó la idea de vender su casa durante los siguientes dos años y la retomó de nuevo el año
pasado, cuando Kara agarró un palo de golf y le disparó a tres de sus ventanas.

Después de que logró ahuyentar a quince posibles compradores por salir a recoger el correo en sus
calzoncillos y top, o con un ataque particularmente memorable de rabia cuando lanzó su
computadora por la ventana acompañado de un fuerte estruendo, y por supuesto, el cuidado o la
falta del mismo de su propiedad.

Su césped estaba cubierto de garranchuelo (Un tipo de hierba anual que aparece en verano, La
hierba se arraiga y es obstinada puede ser difícil de suprimir cuando coloniza, y tiende a abrumar
una especie nativa con un patrón agresivo para esparcir semillas y un hábito de crecimiento rápido)
y malas hierbas. Kara sólo le pagaba al chico del barrio por cortarlo una vez al mes. El resto del
tiempo era el hábitat elegido por las pequeñas criaturas del bosque.

La casa necesitaba un serio trabajo de pintura, o al menos una limpieza por todas las virutas de
pintura que habían caído al suelo durante los años. Si Kara personalmente no asustaba a alguien al
salir, su casa hacia el trabajo.

Ella renunció a su sueño de mudarse cinco meses atrás y se conformó orando porque Kara se
mudara pronto, muy pronto.

Ahora Kara iba tras sus bebés.

Esto no sucedería.

Ya era suficiente.

En los últimos cinco años se había mordido la lengua, con demasiado miedo para quejarse.

Siempre había sido así, incluso cuando era una niña.

Siempre fue la tímida y tranquila chica con su nariz enterrada en un libro, esperando que nadie la
notara. No era tanto que no fuera una persona muy social, lo era. Tenía más que ver con el hecho
de que era una enorme gallina.

Cuando los otros niños la acosaban o zarandeaban, ella se encogía, incapaz de lidiar con la
confrontación. Esa mala costumbre la siguió hasta la edad adulta.
Se hacía peor con las personas atractivas como Kara. Su cabello rubio, ojos azules océano y una
cincelada belleza que la ponía nerviosa. Simplemente no era buena tratando con las personas.

Echaba un buen vistazo a alguien que estaba siendo particularmente idiota y ella se convertía en
una idiota lloriqueante. Las personas agresivas apestan y realmente apesta que ella nunca
aprendiera a lidiar con ellos.

Cuando atrapó a su compañera de cuarto robando sus papeles, comida y dinero.

¿Qué hizo?

Evitó su habitación hasta después de las dos de la mañana, cuando sabía que Ángel estaría dormida
y luego salió rápidamente de allí antes de que ella se despertara por la mañana. Lo mismo podría
decirse cuando las pocas parejas que se las arregló para tener en los últimos años se aprovechaban
de ella.

En vez de echarlos a la acera como debería haber hecho, se retrajo en sí misma, sabiendo que
eventualmente se aburrirían y seguirían adelante.

Sí, era una gallina.

Esa era la única razón por la qué Kara Danvers había llegado tan lejos con su comportamiento
durante los últimos cinco años.

Ya no más.

Las flores eran el colmo.

Su abuela le había dado los bulbos de su propio jardín cuando compró la casa y ella las amaba.

Divisó la manguera enrollada y tomó una decisión fácil.

Esto terminaba aquí y ahora.

Los días de ser la pusilánime más grande del mundo habían terminado.

—¡Qué demonios!

Kara saltó a sus pies cuando un torrente de agua helada le golpeó.

No sabía lo que esperaba ver, pero ciertamente no era a su tímida vecina y compañera de trabajo
apuntándole con su muy larga manguera.

Claramente había perdido su maldita razón.

—Aléjate de mis tulipanes —le ordenó con un tono de autoridad.

Kara realmente no pudo evitar sonreírle.

Se veía muy linda allí de pie con su largo cabello color ébano recogido en una cola de caballo
torcida, los ojos verdes llenos de fuego ocultos detrás de grandes gafas dándole un aspecto
adorable y por supuesto su remera negra bastante apretada con la palabra “Nerd” escrita a través de
su pecho de un tamaño muy decente que hacía su look más bien caliente.

Sus ojos se posaron en los un poco pequeños, pero lindos shorts que revelaban unas cortas, pero
muy bonitas y curveadas piernas ligeramente bronceadas, muy lindas por cierto.
Por supuesto sabía que su silenciosa vecina era impresionante.

Fue lo primero que notó en la pelinegra el día que se mudó. Lo segundo fue que era una mujer muy
tímida, muy nerviosa, y que se asustaba fácilmente. Todavía se avergonzaba al pensar de nuevo en
ese día.

Después de cinco horas en la carretera y tres gigantes bebidas estaba necesitando


desesperadamente un baño. Lamentablemente la agente inmobiliaria no había dejado las llaves
donde dijo que lo haría y tuvo que tomar una decisión en una fracción de segundo, orinarse en sus
pantalones o regar el árbol.

Al final el árbol consiguió una saludable cantidad de soda reciclada.

Ella ni siquiera le había dado la oportunidad de explicarse o disculparse. Su rostro enrojeció antes
de que prácticamente corriera a su casa.

A partir de entonces la evitó a toda costa.

Si saludaba con la mano o decía “Hola” Lena murmuraría algo o le ignoraría. Si ella o uno de sus
estúpidos amigos rompía algo en su propiedad, Lena no decía una palabra.

Si fuera una idiota podría haberse salido fácilmente de eso sin pagar por todas las ventanas rotas o
las sábanas manchas de paintball, pero él no era un imbécil tan grande.

Aprendió que Lena nunca hablaría por sí misma, así que tan pronto como las cosas se salían de
control hacía una llamada y reemplazaba todo lo que ella había jodido.

Simplemente lo haría sentir como un idiota aún más grande el tomar ventaja de la situación.

Siempre le molestó que Lena nunca hablara.

No podía recordar cuándo le había desagrado a alguien tan rápida e intensamente antes en su vida.
No importaba lo que Kara hiciera, Lena no se molestaba en hablar con ella.

Demonios, ella misma se habría pateado el culo hace años, o al menos llamado a los policías,
como el resto de vecinos hacían o presentado una queja con el director, como muchos de sus otros
compañeros de trabajo lo habían hecho.

Infiernos, Lena ni siquiera firmaba ninguna de esas numerosas peticiones que al resto del barrio le
gustaba darle cada pocos meses.

Kara revisaba todas y cada una de ellas.

No era como si estuviera siendo deliberadamente una imbécil. Simplemente era algo que venía
naturalmente a ella. Todos la entendían y aceptaban.

Probablemente porque a pesar de que era una idiota, era una idiota simpática... la mayoría del
tiempo.

Tan feliz como estaba de qué Lena finalmente saliera de su trono a hablar con ella, también estaba
enojada por ser empapada hasta los huesos en su camisa y bermudas color caqui preferidas en un
clima de veintiún grados. Al parecer, no se movió lo suficientemente rápido porque ella lo roció de
nuevo.

—¿Estás malditamente loca? —demandó.


Lena hizo un gesto con la manguera para que ella diera un paso atrás.

—Aléjate de mi jardín... ahora.

—¿Tu jardín? —preguntó Kara con incredulidad.

—¡Sí, mi jardín! —Otro cortó chorro—. ¡Planté estas flores hace cinco años, antes de que te
mudaras!

Kara se pasó frustrada los dedos por su desordenado cabello.

—¡Entonces debiste haber comprobado las malditas líneas de propiedad antes de que perdieras tu
tiempo! —espetó.

Sus ojos se estrecharon hacia ella.

—¡El jardín es de mi propiedad!

—No lo creo, cariño. Ve y revisa tu escritura, si no me crees. Este jardín está cien por ciento en mi
propiedad —dijo con dureza. Señaló los sesenta y un centímetros de espacio que separaban sus
casas, donde el jardín continuaba hasta que llegaba a la gran valla de madera que comenzaba en la
esquina de su casa y seguía hacia la parte de atrás, separando sus patios traseros—. Tienes trece
centímetros de la pared de tu casa hacia fuera. ¡Tu propiedad termina 5 centímetros antes de mi
jardín! Esa es la razón por la que esa pequeña y estúpida valla de madera blanca comienza desde tu
casa, en lugar de en el otro lado del jardín.

Vio como Lena observaba el pequeño espacio que separaba sus casas. Quien sea que construyó sus
casas era un verdadero imbécil. Los dos dormitorios principales se construyeron a menos de
sesenta y un centímetros. Sin embargo, había más de nueve metros de espacio entre cada casa y las
casas de los otros vecinos.

No había ninguna privacidad por la forma en que fueron diseñadas las casas idénticas.

Kara no tenía más remedio que colocar su cama directamente en la ventana y por lo que podía ver
Lena tampoco. Tomar el dormitorio más pequeño estaba fuera de cuestión.

Su cama nunca cabría en él.

Se sentía extraña durmiendo a menos de sesenta y un centímetros de distancia de una mujer que le
consideraba peor que la basura. Durante el verano, ambas se negaron a abrir sus ventanas hasta el
calor se hizo opresivo, dejándoles sin otra elección, y mucho menos a tener sexo en público, y
tener relaciones sexuales en su habitación definitivamente se sentiría como una actuación pública.

No importaba cuántas veces intentara recordarse que se encontraban en casas separadas y


separadas por algo más que un estúpido y pequeño jardín de flores, ella no se atrevía a llevar a una
mujer a su cama.

No es que lo hiciera normalmente.

Kara nunca invitaba a una mujer a su casa.

Esa era una de sus reglas en el top diez de citas. La única ocasión en que venían a su casa era para
quejarse cuando ella seguía adelante y eso lo hacían desde el exterior.

Nunca en toda su vida adulta había compartido una cama con una mujer.
Era demasiada intimidad y enviaba el mensaje equivocado.

Las pocas veces que cometió el error de relajarse en la cama de una mujer después de un rapidito,
resultó ser un grave error. Querían mimos y siempre hacían preguntas que le hacían encogerse,
“¿Qué estás pensando?”, “¿Me amas?”, “¿A dónde crees que va esto?”, “¿Estás tan feliz como
yo?”, “¿Por qué sigues llamándome por el nombre de mi hermana?”, o su favorito personal “Me
pregunto cómo se verán nuestros bebés”.

No, el sexo era mejor tenerlo en la casa de una mujer, en un cuarto de hotel, o mejor aún en el
asiento trasero de un auto.

Gracias a Dios su vecina parecía compartir la misma actitud. Odiaba la idea de despertar con los
sonidos de un hombre gruñendo y gimiendo.

Con su suerte se podrían filtrar los sonidos en su sueño y terminaría teniendo un sueño no tan gay.

Afortunadamente eso nunca sucedió, de lo contrario, ella estaría durmiendo en su sofá.

No era como si su hermosa vecina estuviera sin atención masculina. Había visto varios perdedores
olfateando a su alrededor en los últimos cinco años. Ella estaba fácilmente fuera de su liga, por lo
menos físicamente. Personalidad sabia, bien incluso desde lejos podía decir que todos eran
imbéciles.

Ella no era una princesa, en ninguna forma, pero se encontró dispuesta a derribar de un golpe a
algunos de ellos en los últimos años por la forma en que la trataban. Ellos nunca la golpearon, de lo
contrario habría matado a los hijos de puta. No estaba a favor de golpear a una mujer, sin importa
qué. A veces sentía como si la estuvieran usando, o no la trataban correctamente. No sabía por qué
le importaba, sólo lo hacía.

(DPA: Demostraciones Públicas de Afecto.)

Lena miró la cerca y entonces la longitud restante del jardín.

Suspiró profundamente.

—Bien. Si cometí un error, lo siento. Reemplacé el último jardín con los tulipanes.

Kara asintió con alivio, alegre de que estuviera resuelto. Las malditas flores se largarían y no en un
momento demasiado pronto. No podía pasar otra noche como la noche anterior.

Además, se le estaba acabando la maicena.

—Simplemente voy a mover las flores a mis trece centímetros de espacio — anunció ella.

Sus ojos se ampliaron con ese anuncio.

—¡El infierno que lo harás!


Capítulo 2

Capítulo 2

Los ojos de Lena se ampliaron con total incredulidad cuando Kara se lanzó de nuevo sobre las
plantas, destrozándolas como un hombre poseído.

—¡Detente! —gritó.

Kata la ignoró y continuó extrayendo los tulipanes del suelo, asegurándose de que los malditos
bulbos vinieran con ellos. Los lanzó lejos en su propiedad así ella no podía poner sus manos sobre
ellos para volver a plantarlos.

Lena apretó la boquilla, enviando una ráfaga completa de agua fría sobre la rubia.

Aun así, continuó rompiendo su jardín.

—¡Para! ¡Por favor, detente! —exclamó.

Kara sólo desaceleró cuando llegó al estrecho espacio entre sus casas.

La rubia tuvo que mover sus hombros para poder entrar en el apretado

espacio. Afortunadamente ella renunció a seguir mojándole. Podría ser abril, pero estaban en
Nueva Inglaterra y eso significaba un radiante sol con una brisa fría. Su cuerpo se estremeció
violentamente cuando se inclinó hacia delante para agarrar un puñado de tulipanes.

De repente algo lo sujetó alrededor de sus tobillos.

—¿Qué demonios...? ¡omph! —La rubia fue sacada de balance, aterrizando primero de cara en el
espeso lodo que ella había creado con su pequeña crisis de agua.

Antes de que pudiera levantarse, ella se arrastró sobre su espalda hasta llegar a esas malditas flores.

Lena utilizó su pequeño marco como ventaja. Después rápidamente trepó sobre Kara y comenzó a
desenterrar tantos tulipanes con sus manos como le fue posible apoyándolos suavemente, pero
rápidamente, contra el lado de su casa.

—¡Deja de hacer eso! —exigió la rubia mientras se inclinaba sobre Lena para agarrar sus manos.

—¡Suéltame! —le espetó ella, cavando más rápido.

—¡Lo haría, si no estuvieras en mi maldita propiedad!

Lena echó hacia atrás un codo para moverle.

Maldiciendo en voz baja Kara se presionó aún más hasta que el cuerpo de ella estaba acurrucado
firmemente debajo del suyo. Lena se congeló inmediatamente debajo de Kara. Tomando ventaja de
su sorprendida reacción, la rubia agarró tantas flores como pudo.

—¡Dije que te quites, no que me aplastes! —aclaró ella.


Era lo único que podía hacer para controlar su respiración. Iba a hiperventilar y a desmayarse. No
había duda sobre ello. ¡Una mujer grande y fornida estaba encima de ella!

Sus sentidos entraron en sobrecarga mientras trataba de enfocar. Pero todo en lo que podía pensar
era en la sensación de su fuerte y duro estómago siendo presionado contra su espalda.

De repente un escalofrío se disparó a través de su cuerpo, y nada tenía que ver con el agua que se
filtraba a través de su ropa.

Entonces la realización fue captada. ¡Una mujer muy grande estaba encima de ella!

—Más te vale que eso no sea lo que creo que es —silbó ella entre los apretados dientes.

—No lo es. —Lo era—. No te adules a ti misma, amor. —Le espetó la rubia, tratando de no gemir
o frotarse contra ella.

Estaba un poco sorprendida. No es que nunca tuviera un problema para que se levantara.

No lo tenía.

Por supuesto que en estos días su interés en el sexo había decaído un poco. Infiernos, no podía
recordar la última vez que tuvo sexo, lo que en sí mismoera patético.

Kara hizo un intento a medias para retirar más flores.

Eso pareció distraerla lo suficiente como para que su pequeño y coqueto culo se acurrucara contra
su regazo. Sus ojos se cerraron mientras frotaba su cara contra el cuello de ella e inhalaba
lentamente.

Lena no pareció darse cuenta así que lo hizo otra vez. La rubia juraría por su vida que ella olía a
moras y crema.

Era condenadamente tentadora.

Ella gimió con irritación.

—No sé cuál es tu problema. Cometí un error al plantarlas en tu propiedad. Sólo déjame moverlas
unos pocos centímetros y todo se resolverá.

Eso le sacó de su aturdimiento.

—¡No! —Kara llegó junto a ella y comenzó a arrancar las flores.

Lena maldijo en voz baja mientras se arrastraba por debajo de la rubia para salvar las flores que
pudiera.

Kara simplemente la siguió, asumiendo la misma posición cada vez y frustrándola completamente.

—¡Estás siendo una idiota! ¡Sólo quiero mis bulbos! —dijo, tratando de no llorar. Se trataba de los
bulbos de su abuela. Su abuelo los había comprado para ella después de la guerra para festejar el
éxito de su primer negocio.

—¡No, no vas a plantarlos aquí! ¡No pueden quedarse! —dijo, cavando más rápido.

—¿Por qué? —exigió ella, cada vez más y más cerca de llorar de frustración—. ¡No te entiendo!
No haces nada con tu propiedad en absoluto. ¿Por qué te importa si hay una cama de flores aquí o
unos centímetros más allá? ¡No te están lastimando!

—¡Al infierno que no! —espetó, pensando en todos los puntos en su espalda y cuello que aún
latían.

Lena se mofó.

—Son sólo flores. ¿Qué podrían hacer para irritarte a este nivel? —Ella oyó un zumbido pasar
junto a su oído y distraídamente agitó una mano.

—¡Abejas! —dijo Kara, tratando de retroceder, pero no podía.

Su gran cuerpo estaba atrapado entre sus casas.

—Sí, es una abeja —dijo ella lentamente, como si estuviera hablando con una niña.

Kara gimió mientras intentaba girar su enorme cuerpo para liberarse. Cuando eso no funcionó,
intentó empujar hacia atrás. Su brazo serpenteó alrededor de su cintura, tratando de tirar de Lena
junto con ella.

—Oye, quita tus manos...

—¡Es un jodido nido y nosotros simplemente lo perturbamos! —gritó.

Los ojos de Lena salieron disparados hacia adelante y luego se ampliaron.

Efectivamente, sesenta centímetros frente a ella el final de lo que parecía ser un muy grande nido
en la tierra estaba ahora sobresaliendo de la tierra gracias a las flores que ellos arrancaron.
Avispones amarillos comenzaron a agitarse por encima del nido. No pasaría mucho tiempo antes
de que descendieran sobre ellos.

—¡Muévete!

—¡No puedo!

Lena apretó los dientes mientras se estrellaba de nuevo lo más fuerte que pudo contra la rubia. Kara
gimió bajo en su oído, pero no dejó de intentar retroceder. La pelinegra se movió hacia adelante y
golpeó de nuevo, y otra vez.

Cada vez fue recibida con un gemido y ganaba unos pocos centímetros.

—¡Una vez más! —rechinó la rubia.

La pelinegra se movió hacia adelante y esta vez cuando golpeó de nuevo, empujó uno de los
hombros de la rubia, haciéndola desplazar.

Kara utilizó el impulso para tirar de ellos y retroceder varios centímetros. Mantuvo su brazo
serpenteando alrededor de la cintura de ella mientras se arrastraban lejos del nido.

—¡Están enojadas! —exclamó Lena.

—¡Mierda! —Kara miró frenéticamente alrededor, buscando un lugar seguro.

—¡Mi casa! —dijo ella, gesticulando violentamente hacia su puerta.

—Buena idea —dijo mientras corría hacia la casa, arrastrándola.


El zumbido se volvió más y más fuerte mientras el enjambre comenzaba a girar a su alrededor.

Una vez llegaron a la puerta principal Kara la abrió, aliviada de que ella la hubiera dejado sin
seguro, y corrieron al interior, cerrando la puerta de un golpe detrás de ellos.

—¡Abejas! —gritó Lena, señalando las que los habían seguido al interior.

Rápidamente la rubia la soltó y agarró dos revistas de una pequeña pila sobre una mesa de café y le
lanzó una a ella. Sin decir una palabra enrollaron las revistas y empezaron a atacar a la docena o
algo así de abejas que lograron seguirlos dentro.

Ninguna de las dos habló hasta que la última abeja fue aplastada.

—Cinco noches... seguidas... de... picaduras —soltó Kara mientras intentaba recobrar el aliento.

—¿Sabías que había avispones y aun así arrancaste las flores? —preguntó ella con incredulidad.

Su abuela le había enseñado bien.

Un nido en la tierra no era algo con lo que meterse. Podrían ser tan pequeñas como una pila o una
moneda de un centavo o de varios metros de largo.

Kara hizo un gesto en dirección a su casa.

—Intentaba matarlos.

La pelinegra sacudió la cabeza en incredulidad.

¿Kara sabía que había un nido y no le había dicho?

—¿Por qué no me dijiste que había un nido? Sabes que trabajo en el jardín —dijo, esforzándose
por mantener su tono uniforme. ¡Podría haberlos matado!

—¡Lo hice!

—¡No, no lo hiciste!

La rubia levantó las manos.

—¡He estado intentando decírtelo por las últimas semanas, pero cada vez que me acercaba a ti,
salías corriendo!

Lena abrió la boca para discutir, pero la cerró rápidamente y parpadeó. Sí, eso realmente sonaba
como algo que ella haría en cuanto a lo que la rubia se refería.

—Oh —dijo finalmente.

—Sí, oh —espetó Kara. Se asomó por la ventana y gimió—. Todavía están agitadas.

Lena suspiró.

—Van a ser un problema durante unas horas. Tenemos que llamar a un exterminador.

Hombre, Kara se estaba congelando. Estaba empapada hasta los huesos y no parecía que fuera a
ser capaz de ir a su casa en cualquier momento pronto para cambiarse.

Normalmente se hubiera desvestido hasta quedar en calzoncillos, pero su vecina ya era muy
asustadiza a su alrededor. No quería darle a la pobrecita una apoplejía. Bajó la mirada al muy
limpio y obviamente bien cuidado piso de madera y se estremeció.

—Mierda, tal vez debería salir por la parte de atrás y secarme —dijo mientras levantaba los ojos
para ver la cocina contigua.

Sus cejas se alzaron mientras veía las ventanas oscurecerse.

—No creo que vaya a ser posible por un tiempo —dijo Lena suavemente mientras frotaba su frente
—. Por qué no tomas una ducha y voy a ver si puedo encontrar algo que puedas ponerte. Mientras
estás tomando la ducha voy a llamar a un exterminador.

—Si estás segura —dijo, con la esperanza de que ella no cambiara de opinión.

Se le estaban congelando las pelotas.

Joder, en este punto apretaría su culo en un vestido para calentarse.

Lena asintió distraídamente mientras observaba el enjambre de abejas alrededor de su patio trasero.

—Sí, déjame te muestro dónde está el baño.

Diez minutos después los temblores finalmente se detuvieron y él realmente estaba disfrutando de
su ducha. Nunca en su vida el agua caliente se había sentido tan bien.

Esta era sin duda la mejor ducha.

No dolía que su tímida vecina compartiera su pequeño aprecio por las cosas más simples en la vida
como una barra normal de jabón y nada de esa costosa mierda excesivamente perfumada que nunca
enjabonaba correctamente y siempre sacaban erupciones en su piel.

Tampoco hacía daño que el baño pareciera un cuarto de baño y no estuviera cubierto de la cabeza a
los pies de encaje y maquillaje.

Se trataba de un baño, uno que alguien podría utilizar cómodamente sin tener que preocuparse.

Ella justo estaba poniéndose la camiseta que ella le había dejado cuando escuchó su grito:

— ¡No! ¡No lo hagas!

Kara estaba fuera del cuarto de baño en menos de un segundo, corriendo hacia ella lista para matar
a cualquier bastardo que estuviera tratando de lastimarla.

Se acercó, patinando hasta detenerse frente a ella.

Lena sonrió dulcemente cuando dijo:

—Dios, te amo.

Sus cejas casi se dispararon a través del nacimiento del cabello mientras su corazón latía con
fuerza.

Mierda, esto era peor de lo que pensaba.

La pelinegra no la había estado evitando todos estos años porque fuera tímida. No, estaba
perdidamente enamorada de él.
Mierda.

Esto era raro, sobre todo porque estaba atascada aquí hasta que un exterminador pudiera venir.

Ahora ella esperaba que fuera pronto.

Muy pronto.

Abrió la boca para decir algo sólo para encontrarse a sí misma siendo despachada con un gesto
impaciente por una cuchara de madera cubierta de masa. La rubia retrocedió con el ceño fruncido,
con miedo de conseguir masa sobre ella, preguntándose cuál era el problema con la mujer
profesando su amor por él un instante y espantándola al siguiente.

—Nunca te atravieses entre el hombre que amo y yo —le dijo, sacándola de sus pensamientos.

Kara siguió su mirada y se rió entre dientes.

—¿Derek Jeter?

Ella frunció el ceño como si cuestionar su amor por el hombre fuera estúpido.

No pudo evitar sonreír.

Maldita sea.

¿Cómo se había perdido esto?

Lena tenía un televisor enorme. Más grande incluso que el suyo y eso era realmente mucho desde
que su televisión era la única cosa en la que derrochaba dinero.

—Esta es una TV muy grande para una mujer tan pequeña —dijo en broma.

—Bueno, ¿cómo se supone voy a ver mis juegos y sentirme como si estuviera allí? —respondió
ella— Además, de esta forma puedo ver mejor a mi futuro esposo.

—¿Él lo sabe? —preguntó, mirándola de nuevo.

Lena frunció su adorable rostro.

—Todavía no, pero puedo esperar —dijo con una sonrisa que hizo que su rostro pasara de
absolutamente adorable y dulce a desgarradoramente hermoso en menos de diez segundos.

Maldición.

La rubia movió sus pies torpemente por un momento mientras la pelinegra observaba el juego con
gran atención.

—¿Eres un fan de los Medias Rojas? —preguntó Lwna de repente.

—¡Infiernos no! —dijo, insultado por la pregunta.

Kara podía vivir en el territorio de los Medias Rojas, pero eso no significa que fuera una bastarda
traidora.

Los Yankees fueron su primer amor y serían el último.

Lena suspiró con evidente alivio.


—Gracias a Dios. —Le envió al juego una última mirada de deseo antes de regresar a su mostrador
en la cocina donde la rubia notó con una sonrisa que ella tenía una pequeña pantalla plana con el
juego.

Esta mujer realmente amaba a sus Yankees, o por lo menos uno en particular.

¿Qué diablos pasaba con esta mujer y Derek Jeter?

Se tomó un momento para mirar alrededor de la casa.

Las malditas abejas todavía cubrían todas las ventanas, pero su atención estaba en otra parte. Las
paredes estaban cubiertas con objetos de los Yankees.

No estaba muy sorprendida cuando vio una foto firmada de Derek Jeter encima de la televisión.

—Parece que estamos atrapadas aquí adentro hasta que oscurezca —dijo Lena, tirando de su
atención de nuevo hacia la cocina—. El exterminador dijo que tendría que esperar hasta que el nido
se calmara. Eso ocurrirá cuando el sol se esconda. Él vendrá, los rociará y quitará la colmena si
puede.

Kara pasó sus dedos por su cabello húmedo y suspiró.

—Supongo que estás atascada conmigo por un rato.

Lena se encogió de hombros.

—Está bien. Hay un buen juego de modo que debería ayudar a pasar el tiempo.

—Cierto —estuvo de acuerdo.

—Estoy haciendo pizza casera. Espero que no te importe. Planeaba pedir pizza hoy para el juego,
pero con las abejas y todo... —arrastró las palabras, encogiéndose de hombros.

—No, eso suena genial. Lamento que me estoy entrometiendo —dijo la rubia, sintiéndose como
una idiota.

Esta mujer pasó los últimos cinco años evitándola y ahora ella se veía obligado a estar con ella por
la madre naturaleza.

—No es problema —dijo y Kara tuvo la sensación de que estaba mintiendo.

A la pelinegra nunca le había gustado estar cerca de ella antes. Cada vez que estaba demasiado
cerca en el trabajo o se sentaba a su lado, encontraba una excusa para moverse. Ahora se veía
obligada a tenerlo en su casa. Esto no podía hacerla muy feliz.

Sus ojos se desviaron lejos del televisor cuando ella suspiró pensativa.

Nuevamente su atención estaba en otro lugar en este momento.

—¿Cerveza?

—¿Qué? —preguntó la rubia un poco confundida.

—Cerveza —dijo la pelinegra, gesticulando hacia la nevera sin quitar sus ojos del televisor.

—Oh —dijo con una sonrisa mientras rescataba dos botellas.


Kara le dio una y la pelinegra la tomó murmurando un gracias, y luego unas pocas palabras
escogidas para uno de los jugadores.

Kara se inclinó hacia atrás y observó el espectáculo.

No realmente el juego, sino a Lena que cocinó y despotricó.

Pronto llegó a ser obvio que, si las verduras querían ser cortadas y no mutiladas cada vez que ella
no estaba de acuerdo con una jugada, ella tenía que hacerlo.

Por las próximas seis horas ellas cocinaron, vieron el juego, rieron, maldijeron y le gritaron a la
televisión, comieron y entraron en una pelea que duró una hora con el exterminador por la insana
cantidad que quería cobrarles, antes de que el argumento cambiara al juego.

Al final de la noche Lena pareció haber salido completamente de su caparazón alrededor de ella y
consideró lo afortunada que era de tener otra camarada. Alguien que realmente conocía las
estadísticas sin arruinarlo o tener que buscarlas.

No como varios de sus amigos que no mencionaría.

No dolía que ella fuera increíblemente caliente.

Eso era sólo un extra.

Un buen extra, pero un extra, no obstante de su nueva camarada.


Capítulo 3

Capítulo 3

—¿Este es el 32 de Long Point Road? —preguntó el fornido hombre de baja estatura que olía
como si se hubiera bañado con un galón de colonia barata y ajo, mientras bajaba de un golpe del
Taurus estacionado en la entrada de Lena.

Normalmente Kara o simplemente ignoraría al imbécil o le daría una rápida inclinación de cabeza
y seguiría ocupándose de sus propios asuntos mientras sacaba el barril de cerveza de su asiento
trasero, pero hoy no.

Hoy le iba a hacer a su normalmente tímida vecina y compañera de trabajo un favor.

Después de ayer estaba bastante segura de que esto no la iba a cabrear y enviarla de vuelta a
esconderse.

Bueno, tal vez no estaba cien por ciento segura, pero simplemente no podía evitarlo, en especial
cuando el idiota empujó un condón en su bolsillo y le dio un guiño conspiratorio a Kara.

Al carajo.

En ese momento no le importaba si esto la enviaba corriendo por las colinas y hacía que Lena
pidiera una orden de restricción en su contra, Kara se libraría de este idiota.

—No estás aquí por Lena, ¿cierto? —preguntó, sacando el barril y colocándolo en el suelo.

El hombre frunció el ceño.

—Sí, ¿por qué?

Kara hizo una demostración encogiéndose de hombros mientras observaba rápidamente hacia la
casa de Lena como si estuviera asegurándose de que ella no estaba mirando.

—Realmente no creo que sea tan buena idea —murmuró Kara.

—¿Por qué no?

La rubia le dio al hombre una mirada de “¿estás bromeando?” y tuvo que abstenerse de reír cuando
el hombre se movió nerviosamente.

—Seguramente ya sabes... —dijo, dejando deliberadamente sus palabras a la deriva.

—No, mi amigo me organizó una cita con ella —dijo, lanzando una mirada nerviosa hacia la casa
de Lena.

¿La cortina acababa de moverse?

Kara se frotó la parte posterior del cuello, suspirando fatigosamente.

—Realmente no me corresponde, pero no estoy segura que eso sea una idea tan buena.
—¿Qué? —El hombre prácticamente lloriqueó.

Después de una pausa, sacudió su cabeza.

—Lo siento, pero realmente no me gusta hablar de ello. Sólo puedo decirte que realmente necesitas
tener cuidado. —Le dio al hombre una mirada significativa cuando subrayó—. Mucho cuidado.

Los ojos del hombre se ensancharon mientras su boca caía abierta. Dio varios pasos hacia atrás,
lanzando miradas nerviosas hacia la casa de Lena.

Cuando llegó a su auto, dijo:

—Eh, de repente acabo de recordar que se supone tengo que estar en otro lugar. —Con eso
prácticamente saltó en su coche y se alejó a toda velocidad.

Kara se rió entre dientes mientras se dirigía a la puerta de entrada de Lena.

Llamó a la puerta y no estaba demasiado sorprendido un momento después, cuando no hubo


respuesta. Empujó a un lado su decepción y llamó otra vez.

Simplemente genial.

Parecía que la noche anterior había sido un golpe de suerte y su tímida vecina estaba allí para
quedarse. Realmente le gustó pasar tiempo con Lena ayer por la noche, más de lo que creyó
posible. Sintiéndose como una idiota se dirigió de regresó a su casa y al barril.

Una fuerte tos húmeda y áspera lo hizo detenerse a mitad del pequeño camino de entrada.

La puerta se abrió lentamente mientras Lena decía:

—Siento que me tomara tanto tiempo... —otra tos seca— responder... — otra tos— a la... —tos—
puerta. Pero el doctor dijo que seguía siendo... —varios carraspeos fuertes e inquietantes más tarde
—, contagiosa, así que yo... Oh, solo eres tú —dijo Lena con un suspiro alivio.

Sus labios temblaron cuando notó su atuendo.

En la cabeza tenía uno de los más feos sombreros de punto color verde vómito, que alguna vez
haya visto. Su raída bata demasiado grande era peor, pero la gran bola arrugada de pañuelos en su
mano era un buen toque.

No había duda en su mente de que ella estaba fingiendo. Teniendo en cuenta que él anoche estaba
con ella y ella había sido la imagen de la salud. Justo ahora se veía bastante bien, solo con esas
ropas desaliñadas, andrajosas y muy grandes.

—Amo el sombrero —dijo, sonriendo mientras caminaba hacia ella.

Riendo, Lena se quitó el censurable sombrero y se lo arrojó. La rubia lo atrapo antes de que
golpeara su cara.

—¿De qué se trata todo esto? —Hizo un gesto hacia su atuendo con el sombrero.

—Nada —dijo rápidamente.

—Parece un repelente de citas para mí.

Con una expresión inocente en sus ojos ella dijo:


—No tengo ni idea de que estás hablando. Estoy enferma —tos—, muy enferma. —Y sólo para
respaldar su historia sorbió por la nariz.

Era triste, adorable, pero triste.

No pudo evitar rodar los ojos y reírse.

—Es simplemente triste que no puedas admitir que estabas plantando al amor de tu vida. Pero, por
mucho que me gustaría escuchar tu pequeña y triste negación me temo que tengo que irme ya que
estás enferma y todo.

—Lo estoy —enfatizó—. Realmente enferma. Podría muy bien estar muriendo mientras hablamos
—dijo la pelinegra mientras empujaba sus lindos lentes de nuevo hacia arriba de su nariz.

Con un encogimiento de hombros Kara dio un paso atrás hacia su casa.

—Es una maldita lástima porque esperaba que vinieras a mi fiesta hoy, pero ya que estás enferma...

Ella presionó el dorso de la mano contra su frente.

—Hmmm, ¿Sabes qué? Estoy mejor. ¿A qué hora es la fiesta? —preguntó con la más linda, tímida
y pequeña sonrisa que él nunca había visto.

—A las ocho, pequeña farsante —dijo, riéndose cuando ella dejó escapar un chillido emocionado y
corrió de vuelta a su casa.

Tal vez no fuera una idea tan buena, pensó Lena mientras permanecía de pie en el umbral de Kara
con un plato de brownies.

Con un gemido interior se reprendió a sí misma por ser una idiota.

¿Qué tipo de friki lleva brownies a un reventón?

Bueno, Lena estaba asumiendo que esto era un reventón puesto que había presenciado un
comportamiento bastante aterrador durante los años en las pequeñas fiestas de su vecina, y nunca
fue testigo de ese mismo comportamiento en cualquier fiesta o reunión, en la que alguna vez ella
haya estado.

Algunas de las cosas que había oído y visto la habían asustado, pero parte de ello la había
intrigado. No es que alguna vez lo fuera a admitir, pero en más de una ocasión se había preguntado
cómo sería ir a una fiesta de Kara, razón por la cual ella había saltado a la primera oportunidad
hoy.

Las fiestas de Kara tenían que ser el equivalente a las fiestas que los niños populares de la
secundaria solían hacer y a las que de alguna manera olvidaban invitar a Lena, pero ahora estaba a
punto de rectificar todo eso.

Tal vez no, pensó, mordiendo su labio ansiosamente mientras bajaba la mirada al plato rebosante
de brownies. Ella iba a parecer tan estúpida al traer brownies a un reventón.

Pensando que probablemente nadie escuchó su golpe por encima de la música a todo volumen,
decidió que una rápida parada en una tienda de envasados era lo apropiado.

Estaba a punto de hacer su escape cuando la puerta se abrió.

—¿Qué quieres? —exigió una mujer mirándola.


Lena frunció el ceño mientras rápidamente notaba el elegante cabello negro de la mujer, los
perfectos rasgos retocados por un maquillaje impecable y el vestido asesinamente corto y decidió
que estaba severamente mal vestida para la fiesta en sus pantalones vaqueros y su camiseta de
manga larga de los Yankees color rosa claro.

Lena abrió la boca para inventar una excusar así podría irse, sabiendo que era algo que ella no
podía manejar cuando la mujer soltó un bufido.

—Eres la vecina —dijo la mujer, sonando divertida—. ¿Qué quieres? — Sus ojos se estrecharon
sobre el plato en las manos de Lena.

—Yo sólo...

—Sam, ¿quién es? —La voz de Kara provenía de algún lugar detrás de la mujer que al parecer se
llamaba Sam.

Sam puso los ojos en blanco.

—Es sólo tu vecina que vino a traer brownies. —Ella alargó la mano para tomar el plato de Lena
—. Simplemente voy a tomarlos así ella puede ir...

—¿Brownies? —dijo Kara, de repente llenando la puerta, causando que Sam tropezara hacia atrás
y fuera del camino.

—¡Oye! —espetó Sam, pero Kara no pareció escucharla.

Sus ojos estaban pegados al plato.

—¿Esos son... —dijo, tragando notablemente—, brownies cubiertos de glaseado de mantequilla de


maní?

¿Acababa la rubia de gimotear?

—Son brownies con trozos de chocolate dulce y glaseado de mantequilla de maní —aclaró ella
automáticamente cuando sus ojos se cruzaron con la mirada asesina que Sam estaba enviando en su
camino.

Se disponía a entregarle el plato a Kara y salir cuando todo en ella se quedó inmóvil.

Después de la noche anterior ella estaba harta de ser presionada e intimidada. Estaba enferma de
perderse las cosas porque tenía demasiado miedo de hacer algo al respecto.

Era una mujer adulta, maldita sea, y si quería ir a su primer reventón entonces lo iba a hacer y se
iba a divertir haciéndolo. Incluso si eso la mataba y a juzgar por la mirada que Sam estaba
enviando en su dirección era una buena posibilidad.

—Déjame tomar esto de tus manos así puedes coger una cerveza —dijo Kara, tomando el plato de
ella, bajando la mirada hacia él amorosamente mientras entraba en el interior de la casa, dejando
que Lena le siguiera.

—¡Oye, esos se ven bien! ¿Puedo tener uno? —preguntó un hombre que ella había visto cientos de
veces alrededor de la casa de Kara, extendiendo la mano para tomar uno.

—¡Simplemente retrocede! ¡Ella los trajo para mí, idiota! —soltó Kara.

Lena automáticamente dio un ansioso paso hacia atrás, por temor a quedar atrapada en medio de
una pelea que definitivamente estaba a punto de suceder.

Pero en lugar de gritarle a Kara o enojarse, como ella había visto hacer a un montón de chicos en
bares por menos que eso, el hombre sólo rodó los ojos y dirigió su atención a ella.

—Hola, mi nombre es Winn —dijo, tendiéndole la mano.

Después de sólo una ligera vacilación, que esperaba él no hubiera notado, ella dio un paso adelante
y estrechó su mano.

—Lena.

—Lena, es un placer conocerte —dijo con una sonrisa encantadora—. Disculpa la rudeza de mi
amiga, apenas aprendió a caminar erguida el año pasado —dijo secamente, ganando una suave
sonrisa de ella y de casi todos a su alrededor.

Kara le lanzó una mirada desagradable antes de dirigirse hacia la cocina, asegurándose de fulminar
con la mirada a cualquiera que se acercara a tocar los brownies.

Winn hizo un gesto hacia la cocina.

—Hay pizza, patatas fritas y un montón de bebidas allí, siempre y cuando Kara no llegue primero,
un juego de voleibol sucediendo en el patio trasero y por supuesto videojuegos en el salón hasta
que el partido empiece. Siéntete como en casa —dijo con una sonrisa.

—Gracias —murmuró ella, tomando detalle de todo.

¿Esto era?

Se preguntó mientras se adentraba en la relajada fiesta. Algo debió haberse mostrado en su cara,
porque unos segundos más tarde Winn se inclinó.

—¿Esperabas Animal House(Como se titula la cinta en EEUU. No es más que una sucesión de
locuras perpetradas por los integrantes de la Delta House mientras que el “malvado” decano
Wormer, en alianza con la fraternidad de ricos, la Omega House, trata de encontrar excusas para
expulsar a todos los integrantes de la fraternidad de la universidad. La maravilla, es que no
necesita nada más que eso para convertirse en una verdadera joya del cine de humor)?—
preguntó riéndose.

—¡No! —dijo rápidamente, demasiado rápido.

La pelinegra de hecho había estado esperando algo por el estilo. Claramente no había imaginado
nada de esto.

Esto definitivamente lo podía manejar.

Él se rió.

—Ven adentro conmigo así puedo presentarte a mi esposa —dijo Winn, sonriendo—. Prometo que
pasaras un buen rato.

Por primera vez desde que entro aquí ella pensó que podría encajar con los amigos de Kara.

—¿Quién es la hermosura que está pateando el culo de James?

Sin levantar la mirada de su plato cargado con pizza, dijo:


—Sam. —Por lo menos esperaba que fuera Sam.

Su comportamiento pegajoso lo estaba molestando un poco y no se había perdido el acto de perra


que le hizo a Lena o las miradas desagradables que le había estado enviando toda la noche a su
pequeña y tímida vecina.

Sabía que cuando la vio dirigiéndose a su casa antes, debería haberla echado.

—No, la cosita linda con las gafas.

Frunciendo el ceño, Kara levantó la mirada y siguió los ojos de Mike hacia el sofá donde Lena
estaba sentada al lado de James, jugando en la Xbox.

—Ella es mi vecina —dijo, sin gustarle ni un poco la expresión en la cara Mike.

—¿Ella está aquí con alguien? —preguntó Mike, sin quitar sus ojos de Lena.

—No.

—Bien —dijo Mike, mirando hacia atrás por encima de su hombro, sonriendo—. Ni siquiera me
molestaré en utilizar tu habitación puesto que podemos ir hasta la de ella.

Kara suspiró pesadamente.

Parecía que iba a tener que salvar a Lena de dos cretinos en un día.

Mike se volvió para mirarle.

—¿Por qué fue eso?

—¿Qué? —preguntó Kara inocentemente.

—Ese pequeño suspiro que acabas de hacer —dijo Mike, gesticulando perezosamente hacia ella.

—Nada —dijo encogiéndose de hombros, volviendo su atención a acumular comida en su plato—.


Simplemente no pensé que estuvieras en eso, eso es todo.

—¿En qué? —exigió Mike, sonando un poco inseguro.

Considerando la reputación del hombre probablemente no había mucho en lo que ella no estuviera,
y por eso Kara decidió que él no se acercaría a su pequeña y tímida vecina.

Le tomó cinco años conseguir que Lena saliera de su caparazón.

No iba a dejar que este imbécil la enviara de vuelta allí para siempre.

—Simplemente olvida que dije algo —dijo Kara, tomando una gaseosa fría de una nevera portátil
en el piso.

—Pero...

—No quiero meterme en eso —dijo Kara, interrumpiéndolo. Se movió un paso por delante del
hombre sólo para hacer una pausa—. Sólo... simplemente asegúrate de que ella tome su
medicación y deberías estar seguro, quiero decir bien. —Kara rápidamente se alejó antes de estallar
en carcajadas ante la expresión horrorizada de su amigo.
Maldición, eso se sintió bien.

Debería haber hecho esto hace años, cuando vio al primer imbécil olfateando alrededor de Lena.

¿Esto le convertía en su guardián?

Reflexionó sobre esa idea mientras se acercaba hasta el sofá y empujaba a James, así podría
sentarse junto a su nuevo y pequeño proyecto.

Eso estaba bien para ella, decidió, porque para el momento en que terminara con Lena, estaría
viviendo una vida mucho más entretenida y libre de idiotas.
Capítulo 4

Capítulo 4

Lena respiró profundamente y dijo:

—Soy gay.

—¿Eres gay? —repitió el tipo desagradable que había estado husmeando a su alrededor y
molestándola totalmente durante los últimos diez minutos en la fila—. ¿Estás segura?

Reprimió la risa.

El tipo parecía verdaderamente molesto.

Ella odiaba sacar la tarjeta gay, sobre todo porque no lo era, pero a veces no tenía otra opción.

Si él hubiera sido agradable cuando estaba coqueteando con ella habría declinado cortésmente,
pero no, tenía que ser un cerdo completo todo el tiempo.

Realmente usó la vieja línea, “Ese vestido se ve muy bien en ti, pero se vería incluso mejor
arrugado en el suelo de mi dormitorio en la mañana”.

Sí.

Era verdaderamente triste, especialmente porque estaban en una cafetería y eran apenas las 7:30 de
la mañana.

Entre comentarios sucios, apretujones y miradas a sus pechos, ella estaba empezando a ponerse un
poco irritada. Además, su olor corporal estaba revolviendo su estómago. Si no necesitara una dosis
de cafeína tan desesperadamente se hubiera ido, pero la necesitaba y no podía irse o estaba bastante
segura de que moriría.

Kara y algunos de los chicos se habían quedado hasta tarde la noche anterior, viendo el partido y
desde que terminó en extras y ella era una fan dedicada permaneció despierta hasta las dos de la
mañana y por supuesto tenía que terminar viendo el juego final.

Con apenas cuatro horas de sueño allí estaba prácticamente siendo manoseada por el tipo del
poster para desodorante.

Después de tres semanas todavía era curioso cómo pasó de estar totalmente intimidada por su
vecina a pensar en la rubia como un enorme oso de peluche.

Se sentía tonta por su comportamiento.

Kara podría ser un dolor en el culo, pero era un dolor muy agradable en el culo. Todavía tomaba
“prestadas” las cosas de su clase, excepto que ahora dejaba notas graciosas que la hacían reír hasta
las lágrimas, asustando totalmente a sus estudiantes.

No podía dejar de preguntarse cuantas buenas amistades había perdido a través de los años debido
a su timidez. Por supuesto, parte de ello se debía a que, después de años construyendo sus defensas
había estado juzgando a las personas como Kara un poco duramente.

La rubia todavía era un poco salvaje y una ridícula coqueta, pero también era dulce.
La trataba como su amiga.

En realidad, era algo muy agradable ser tratada como uno de los chicos. Una vez dicho, aunque a
veces las primeras impresiones eran acertadas, como con su problema actual.

—Sí, estoy segura.

Él se quedó pensativo por un momento.

—Bueno, crees que ustedes dos querrían...

—No —dijo con firmeza.

—Pero que si...

—No.

—Vamos, no me dejaste terminar. Tengo esta cámara...

—No.

—Sería divertido...

—No.

—Pero que si...

—Ella dijo que no —respondió Kara mientras entraba en la fila y pasaba su brazo alrededor de sus
hombros, de esa perezosa manera suya.

—¡Oye! ¡Pensé que dijiste que eras gay! —dijo el hombre acusadoramente.

Sin titubear, Kara dijo:

— Lo es. Yo sólo soy su perra.

El hombre envió una mirada fulminante al brazo de Kara y luego a ella.

Envió otra mirada a Kara y ella se dio cuenta de que el hombre estaba decidiendo si quería
presionar más.

Basado en la pequeña estatura del hombre y el cuerpo musculoso de Kara, él sabiamente decidió
dejarlo pasar.

—Entonces, ¿qué me vas a comprar esta mañana? —le preguntó la pelinegra a Kara.

La rubia se burló.

—¿Yo? ¿Por qué estoy comprando?

—Porque te ayude a ganarle cincuenta dólares a Brian anoche.

Rodó sus ojos.

—Yo habría ganado sin tu ayuda.

—Uh huh —dijo distraídamente, dando un paso hasta el mostrador para hacer su pedido.
Añadió un bollo con chips de chocolate, sabiendo que Kara se lo iba a robar.

Parecía tener una cosa por robar su comida.

—Lo haría. No necesito tu ayuda, sabes —dijo la rubia con más firmeza.

Lena agarró su orden mientras que la rubia estaba esperando la suya, y se dirigió hacia la puerta.

—Nos vemos.

—¡Gané esa apuesta por mi cuenta! —gritó tras ella, haciéndola sonreír.

A veces parecía una niña grande.

Era algo lindo.

Kara reprimió una sonrisa mientras observaba a Lena decirle al Director Jenkins que ella no podía
ser chaperona en el baile de esta noche.

Un mes atrás, su pequeña y tímida amiga simplemente habría mirado su café y asentido con la
cabeza sin importar cuáles fueran sus planes. Ahora, le decía al hombre no, firmemente pero con
suavidad.

La rubia tomo algo de orgullo por eso.

Era gracias a ella después de todo. Llevó un poco de trabajo, pero Lena iba bastante bien.

¿Quién hubiera sabido que había una pequeña tigresa debajo de toda esa ternura?

Kara seguro no, pero era agradable ver que se defendía por una vez.

El personal puede quejarse de sus métodos y su relación fácil con los niños, pero al menos ella
nunca actuó contra una mujer como Lena y se aprovechó de ella convirtiéndola en la chaperona de
esto o la organizadora de aquello.

—Pero, Lena, realmente necesitamos que seas la chaperona. John tiene entradas para un juego esta
noche.

—Lo siento Tom, pero ya tengo planes esta noche. Realmente deseo poder ayudar, pero no puedo
romper mis planes en el último minuto. Me entiendes — dijo educadamente, pero con firmeza.

Claramente la autoestima de la pelinegra estaba aumentando y hacia el conjunto aún mejor, y Kara
no era la única en notar eso. Otros profesores le mostraban más respeto y los hombres la estaban
definitivamente notando.

Oh, la rubia tomaba un ciento por ciento de crédito por su pequeña protegida. Sí, ella era la ama.
Probablemente era hora de que usara su grandeza para bien.

Vio la mesa donde Lena dejo su café y panecillos así como tres hombres más, perdedores en su
opinión, quienes observaron el asiento al lado de ella. Sin ninguna vacilación la paso más allá de
ellos y se sentó en la mesa de ella, ganando miradas asesinas de los otros hombres.

Muy mal.

En su opinión si alguien no tenía las bolas para hacer un movimiento no merecía a la mujer
deseaba. No es que ella deseara a Lena.
No lo hacía.

Lena era su amiga y se estaba convirtiendo en uno de sus “mejores amigos”.

No, lo que ella deseaba era el panecillo caliente con chips de chocolate y mantequilla extra que le
vio comprar antes.

La rubia suspiró alegremente mientras pescaba el panecillo de la bolsa.

—¿Cuándo aprenderá? —murmuró Kara mientras preparaba su panecillo recién conseguido.

—Por favor, sírvete —dijo Lena secamente mientras se sentaba y añadía un poco de azúcar a su
café.

—Gracias, creo que lo haré —dijo alegremente mientras cubría con más mantequilla el panecillo.

—¿Cuáles son estos increíbles planes que tienes para esta noche? — preguntó él entre mordiscos.

—Una cita —dijo.

—Supongo que eso significa que es el fin de nuestra historia de amor —dijo con un puchero.

—Supongo que sí.

—Estoy dolida.

—Sobrevivirás... con terapia por supuesto —dijo con un guiño y una sonrisa.

—¿Es otro perdedor?

Ella desvió la vista y murmuró algo.

—Lo siento no hablo entre dientes —dijo al tiempo que observaba el panecillo de manzana y
almendra con cobertura streusel que ella acababa de sacar de la bolsa.

Joder, ¿cómo se había perdido ese delicioso y pequeño bocado?

Su mano parecía tener vida propia, ya que se deslizó hacia ese pequeño y sabroso regalo.

Con un suspiro, las manos de Lena descendieron para proteger su panecillo.

—¡Contrólate! —siseó la pelinegra mientras desprendía un trozo pequeño y se lo comía.

Los ojos de la rubia volvieron al panecillo.

Sabía que estaba haciendo pucheros cuando Lena rodó sus ojos y siguió comiendo.

Maldita sea, ¿dónde estaba el amor?

Ella era una mujer hambrienta.

Con un suspiro abrió su bolsa y sacó uno de sus tres rollos de café y comenzó a comer al mismo
tiempo que continuaba con sus ojos en el panecillo.

—Eres patética —murmuró Lena rodando los ojos.

Empujó la última mitad de su panecillo hacia la rubia. Con una enorme sonrisa Kara abrió su boca
y lo saboreó.

Era realmente tan bueno como parecía.

—Entonces, ¿qué es lo que no quieres que yo sepa, mi pequeño saltamontes? —preguntó,


revolviendo su café.

La última cita que ella había tenido era con un perdedor en su opinión, al menos y en realidad ¿no
era eso lo único que importaba?

El perdedor no era digno de toda su obra.

Tenían que trabajar hasta que Lena saliera con personas que ella aprobara.

Alguien genial con una cabaña en New Hampshire para viajar de pesca o una casa en Florida le
haría a ella muy feliz.

Realmente podía ir a pescar a alta mar en el invierno.

—¡Deja de llamarme así! —susurró suavemente Lena—. Por enésima vez no soy Daniel San ni tú
el Sr. Miyagi.

Kara simplemente se encogió de hombros.

—Si eso es lo que quieres creer...

—Lo es y lo hago.

—¿Si pudiera conseguir la atención de ustedes antes de que vayan a clases? —dijo Jenkins,
sosteniendo su portapapeles para llamar la atención de todos en la sala de descanso de profesores
—. Necesitamos un voluntario más para el baile de esta noche —dijo, lanzando una mirada
esperanzadora en dirección a Lena.

—Encerar mano derecha... quitar cera mano izquierda( Es una frase de karate kid y hace referencia
al movimiento que se hace al quitar la cera, y hace referencia a masturbarse) ... —susurró Kara,
ganándose un poco delicado resoplido de Lena.

—¿Dijo algo, señorita Luthor? —pregunto Jenkins a Lena, llamando la atención de todos sobre
ella.

Kara se inclinó en su asiento y miró a Lena mientras un rubor se arrastraba por su linda carita.

Ella empujó nerviosamente sus gafas por su nariz.

Ah, parece que su protegida aún odia llamar la atención sobre sí misma.

Bueno, ella tendría que acostumbrarse si iban a ser amigos, puesto que la rubia tenía la bastante
mala costumbre de llamar la atención sobre sí mismo casi en todas partes a donde iba.

—Sí, señorita Luthor, ¿tiene algo que decir? —le preguntó Kara en tono divertido.

Ella le disparó una mirada entrecerrada antes de girarse para mirar a Jenkins.

La mirada se había ido sólo para ser reemplazada por una sonrisa algo dulce e inocente. Estaba tan
concentrado en su sonrisa, que estuvo a punto de perderse lo que ella dijo.
—No, Sr. Jenkins, no era yo. La Srta. Danvers se estaba ofreciendo para ser chaperón esta noche
—dijo alegremente.

—¿Qué? —dijo la rubia, demasiado tarde.

Jenkins le sonrió.

—Bueno, ¡eso es excelente! Muy bien. Asegúrese de que estar aquí a las siete en punto y quedarse
hasta las once. Gracias, Srta. Danvers —dijo Jenkins.

No pasó desapercibido para Kara que el hombre no se molestó en confirmar con ella y que
prácticamente corrió fuera de la habitación antes de que Kara pudiera negarse.

Su atención se dirigió inmediatamente a la pequeña traidora.

—Tu maldita traidora —jadeó la rubia.

Su sonrisa pasó de inocente a malvada en menos de un segundo.

—Diviértete en el baile. —Se levantó y colocó sus manos juntas frente a ella como si estuviera
orando y se inclinó.

Listilla.

Le traicionó.

Joder eso dolía.

No pudo evitar sonreír.

Ella realmente estaba saliendo demasiado bien.

—¡Oh Dios mío, lo amo! —La chica, Cindy o algo así, se lamentó en voz alta, haciendo que Kara
se moviera nerviosamente.

Nunca había tratado bien con las emociones, especialmente las emociones femeninas.

La rubia miró a su alrededor nerviosamente y soltó un suspiro de alivio cuando vio a un pequeño
grupo de chicas rodear a la muchacha.

—¡Él es un idiota! —dijo una de ellas.

—¡¡¡No digas eso!!! ¡Lo amo! —gritó Cindy.

—Oh, sé que lo haces. Él no es lo suficientemente bueno para ti —dijo una chica un poco gordita
mientras ponía su brazo alrededor de la niña.

Bien.

Todo iba muy bien. Podía volver a ser chaperón de un montón de adolescentes hormonales
impulsados por música horrible.

Sí, realmente iba a matar a Lena.

La rubia se apartó.

—¿Srta. Danvers, por qué me haría él esto a mí? —exigió la muchacha.


Se quedó paralizada a medio paso y miró a su alrededor con nerviosismo, con la esperanza de que
otro Srta. Danvers estuviera cerca y se dispusiera a soportar esto.

No hubo suerte.

Se aclaró la garganta.

—¿Qué hizo exactamente?

Ella se mofó de Kara, con una mirada de total incredulidad, que le dijo que pensaba que debía ser
muy consciente de todo en la vida de ella.

Teniendo en cuenta que nunca había prestado mucha atención a la vida de ninguna mujer, ella
estaba en un maldito y duro despertar.

Afortunadamente, una de sus amigas tuvo compasión de la rubia.

—Marc Griswold. Comieron en la misma mesa dos veces en las últimas dos semanas, le habló en
la sala de estudio y le pidió prestadas sus notas. Ahora está aquí con ella —dijo con tal aversión
que él no pudo evitar seguir su mirada.

Vio a Marc bailando con una morena muy guapa. Su nombre recordó, era Janie.

Era una muchacha inteligente y divertida como el infierno.

Si la memoria le servía correctamente, Marc había estado enamorado de la chica por los dos
últimos años. El pobrecito que normalmente estaba tan seguro de sí mismo y relajado se volvía un
tonto tartamudo cuando la chica estaba alrededor. Se había estado preguntando cuando el chico iba
a reunir el coraje para finalmente invitarla a salir.

—Hmmm, bien por él —murmuró, ganando un suspiro colectivo de indignación.

—¿Cómo ha podido, Srta. Danvers? —chilló la chica aún más fuerte, haciéndolo estremecer.

Oh, realmente iba a matar a Lena por esta mierda.

—Lo pase muy bien —dijo Jonathan, probablemente por décima vez.

Lena se obligó a sonreír y por supuesto a mentir.

—Yo también —dijo, con la esperanza de que él no pidiera detalles de lo que ella encontró
agradable, porque realmente sería difícil encontrar algo bueno de esta noche, excepto, por supuesto,
que era agradable que estuviera terminando.

Esta era absolutamente la muy última vez que salía con cualquier hombre que Sam, una de sus más
antiguas y queridas amigas, sugiriera.

Uno pensaría que después de que Sam le cuadrara una cita con un taxidermista, habría aprendido
su lección, al parecer no, porque de alguna manera accedió a salir con este perdedor.

No empezó mal.

De hecho, él llego a tiempo y pensó que era algo lindo de una manera ingenua. Era alto, un poco
delgado, pero aun así, parecía agradable.

Sus ropas estaban limpias y olía bien. La primera pista de que algo no estaba bien ocurrió cuando
llegaron al restaurante.

Fue entonces cuando su madre llamó por primera vez. Sí, la primera vez desde que llegaron allí,
hubo más de una llamada de su madre.

De hecho, durante su cita de cuatro horas, que duro tanto tiempo porque él se tomó mucho tiempo
comiendo, ella llamó un total de veintitrés veces. Sí, estaba muy segura de que era su madre desde
que él se sentó en la mesa cuando tomó las llamadas y el altavoz de su teléfono era bastante
ruidoso.

Los motivos de las llamadas oscilaban entre, que lo extrañaba, quería saber cuándo llegaría a casa
y si comería lo que ella había cocinado, le recordó limpiar su habitación mañana, y su favorita
personal, quería saber si estaba todavía con ”ella”.

A juzgar por su tono y la cantidad de llamadas, su mamá no estaba muy feliz de que su pequeño
niño estuviera en una cita.

Puesto que su pequeño niño tenía treinta y cinco años y según él nunca había vivido por su cuenta.

¿Por qué lo haría cuando vivía con su mejor amiga?

Refiriéndose a su querida mamita. Por supuesto él pasó un buen rato quejándose de lo injusta que
podría ser su madre.

¿Quién hubiera sabido que un hombre de treinta cinco años podía ser castigado por no recoger sus
calcetines sucios?

Ella ciertamente no.

No podía esperar a llegar a su casa, ponerse un par de pantalones vaqueros, una camiseta y tener
una buena risa sobre esto con Kara.

Eso por supuesto sólo si Kara le había perdonado su pequeña broma de antes.

De ahí el gran trozo de pastel de chocolate con glaseado de mantequilla de maní en el contenedor
que llevaba. Kara era una bebé grande, pero una bebé grande que podía comprase con comida.

—Bueno, aquí estamos —dijo brillantemente mientras señalaba su camino.

—Ha sido divertido. Gracias —dijo rápidamente mientras prácticamente corría fuera del auto.

—Esta es una casa muy bonita —dijo él cerca, demasiado cerca. Lena miró hacia atrás y se tragó la
maldición que amenaza con dejar sus labios. E

l hombre la estaba siguiendo a la puerta.

Quería llorar, de verdad, quería.

¿Cuándo pondría fin a esta pesadilla?

Se acercó a su puerta y ensayó otra falsa sonrisa en su rostro.

—Bueno, gracias otra vez.

—De nada —dijo él dándole una tímida sonrisa antes de inclinarse para besarla. Afortunadamente
lo vio venir y volvió la cabeza a tiempo para recibir un beso algo húmedo en la meLyraa.
EW....

Apenas se abstuvo de limpiar su cara.

Tenía que enjuagar eso en cuestión de minutos con una ducha de agua caliente.

—Oops. Lo siento —murmuró él mientras se inclinarse para darle otro beso.

Más rápido de lo que ella creía que fuera posible, había abierto la puerta.

Ella tropezó hacia atrás salvándose de más baba.

—Bueno, ha sido agradable pero...

—¿Puedo tomar una taza de café? —preguntó él ansiosamente y por supuesto tuvo que añadir—.
Me puedo quedar hasta tan tarde como yo quiera esta noche. —Oh, ella sabía que estaba
mintiendo.

Alguien iba a estar en muchos problemas al llegar a casa.

Mentalmente le chasqueó la lengua.

Abrió la boca para rechazarlo educadamente cuando comenzaron los gritos.

—¡Ayúdenme!

Lena saltó. ¿Qué diablos? Sonaba como si Kara estuviera justo en su casa.

—¡Ayúdenme, por favor! ¡Alguien que por favor me ayude! ¿Por qué no me ayuda alguien?

—¿Qué es eso? —preguntó Jonathan nerviosamente.

Lena no se detuvo para responder.

Ella corrió en dirección a los gritos.

¿Su habitación?

Abrió la puerta y casi tropezó mientras se detenía a un metro y medio de distancia dentro del cuarto
lo que la ponía justo frente a su cama.

—¿Qué diablos...? —Jonathan se detuvo detrás de ella.

—¡Oh, gracias a Dios estás aquí, Lena! —dijo Kara, sonando feliz para ser alguien que estaba
atado a su cama, con sólo un par de calzoncillos—. Sé que dijiste que te excita saber que estoy
atada a tu cama esperándote, pero realmente tengo que usar el baño y estirar las piernas antes de
que comencemos... —Su voz se apagó cuando vio a Jonathan.

Kara suspiró dramáticamente.

—Pensé que acordamos que me dirías con antelación antes de agregar a alguien más a nuestra
cama. —Rodando los ojos, dijo—: Está bien esta vez. Por suerte para ti creo que tenemos un
montón de lubricante. —Miró pensativamente a Jonathan quien todavía estaba mirando a Kara
mudamente—. Espero que no seas un gritón. El último chico gritaba como un desaforado cada vez
que yo...
—Están enfermas —exclamó Jonathan, interrumpiendo a Kara—. Aléjate de mí, y no intentes
llamarme tampoco. ¡Le voy a contar a mi madre sobre ti!

Lena no escatimó ni un vistazo hacia Jonathan mientras miraba a la rubia que estaba con una
sonrisa grande y engreída atado a su cama.

Fue vagamente consciente de su puerta principal siendo cerrada de golpe y el sonido de neumáticos
saliendo de su camino de entrada.

—¿Es eso para mí? —preguntó Kara, mirando intencionadamente el envase de polietileno en sus
manos.

—Mmmhmm —dijo ella mientras caminaba alrededor de la cama y colocaba el recipiente en su


pecho y lo abría.

La rubia no se perdió cuando sus ojos se ampliaron con placer.

—Es...

—Glaseado de mantequilla de maní, sí. —Terminó por Kara.

La vecina lamió sus labios mientras miraba fijamente el enorme postre.

—Eres la mejor, siempre. Desátame así puedo abastecerme —dijo distraídamente mientras
continuaba mirando fijamente la torta, probablemente tratando de decidir qué extremo iba a atacar
primero.

—¿No puedes desatarte?

—No.

—¿Tú misma hiciste esto?

—Sí. Ahora el pastel, mujer.

—Uh huh... —Ella caminó lejos de la cama y se dirigió al baño.

—Espera, ¿adónde vas?

—Sólo estoy buscando algo para desatarte.

—Apúrate.

—Claro que sí —dijo ella, alegre de que la rubia no pudiera ver su malvada sonrisa.
Capítulo 5

Capítulo 5

—¡Dije que te callaras! —espetó Kara mientras robaba la pelota de Winn, su viejo amigo, y la
lanzaba al aro de básquetbol.

Winn limpió las lágrimas de sus meLyraas mientras luchaba por dejar de reír.

Falló miserablemente y cayó de rodillas cuando no fue capaz de seguir de pie.

—¡Cállate!

—¡No puedo... no puedo... creer... que ella... afeitara... tus piernas! —dijo Winn entre jadeos y
risas.

Bastardo.

Afortunadamente llevaba una camiseta y su top para cubrir su ahora lampiño torso.

Oh, ella iba a pagar por esto.

—¡También se comió mi pastel! —dijo Kara, lo que en su cabeza era la más seria traición.

Ni siquiera le dejó lamer la cuchara para limpiarla y la rubia había preguntado, varias veces.

Maldita bromista.

Ese pastel había olido tan bien.

Su estómago sonaba solo de pensar en ello.

—Amiga, para alguien tan obsesionada con la comida eres afortunada de no ser gorda —dijo Winn
mientras continuaba luchando por controlar su risa.

Afortunadamente el castaño ahora era capaz de estar de pie así Kara podía patear su trasero en este
juego.

—No es suerte. Tengo un metabolismo acelerado y ejercito —dijo, lanzando otro disparo.

—¿Cuánto tiempo te mantuvo atada?

Kara lanzó una mirada hacia el hombre.

—No sé por qué encuentras esto tan gracioso. Se supone que eres mi mejor amigo. Debería
indignarte que alguien tome ventaja así de mí. ¿Dónde está tu lealtad?

Winn abruptamente dejó de reírse y arqueó una ceja.

—Tú contrataste dos stripers en mi fiesta de soltero para luego hacerme un depilado brasileño
cuando estaba desmayado.

Kara se rió.
Oh, esa ciertamente había sido una buena noche.

De hecho, la rubia estaba bastante segura que tenía fotos alrededor en algún sitio en su casa.
Durante toda la ceremonia Winn había luchado en el altar mientras intentaba disimuladamente
rascarse.

De lo que escuchó a su esposa le había encantado tanto que andaba detrás de él para que se le
hiciera otra vez. Decir que Winn estaba reacio de permitir que cera caliente estuviera cerca de sus
bienes era quedarse corto.

—Nada de lo que puedas quejarte será peor de lo que tú has hecho a alguien en todos estos años.
De hecho, creo que Lena es ahora mi heroína.

—Ella está muerta para mí —dijo la rubia con un resoplido.

—Uh huh —dijo Winn, robando la pelota y haciendo un tiro de mierda.

—¿Qué se supone que significa eso? —demandó Kara, tomando la pelota de regreso.

Winn se encogió de hombros.

—Solo parece que ella te gusta.

—Claro que me gusta —dijo él fácilmente antes de añadir—, cuando no está traicionándome es mi
amiga.

—Es una amiga muy caliente de una manera muy linda diría yo —agregó Winn.

—También es eso —dijo Kara, rebotando la pelota—. Es agradable tener algo para entretener la
vista. —Miró a Winn—. No te mataría arreglarte un poco si vas a estar en mi presencia.

—Sí, intentaré hacer eso —dijo Winn secamente.

—Ve que puedas hacerlo.

Después de unos minutos jugando, Winn preguntó:

—Así que, ¿está pasando algo entre tú y Lena?

Kara apenas logró sostener la risa.

—¡Vamos! Ella es mi amiga. ¡No la veo de esa manera!

—Uh huh.

—No lo hago.

—Seguro.

Kara empujó la pelota hacia Winn.

—¿Qué demonios se supone que eso significa?

Winn se encogió de hombros mientras hacia otro tiro.

—Nada. Solo noté como la miras a veces.


—¿Oh? Ilumíname. ¿Cómo la miro?

Winn bajó la mirada hacia la pelota mientras la había rebotar una, dos veces,

y luego miró hacia arriba.

—Como si quisieras devorarla de arriba a abajo y matarías a cualquiera que se interponga en tu


camino.

Kara soltó un bufido. Luego por si acaso resopló otra vez.

—No, no lo hago.

—Sí, lo haces.

—Todo está en tu cabeza.

—Como tú digas —dijo Winn fácilmente, enojando más a Kara.

Ella no quería a Lena. No la miraba de ninguna manera especial. La pelinegra era su amiga, su
compañera, su “amigo” y no la veía como un bocado sabroso que quería devorar.

Está bien, sí Lena era caliente y esos lentes la hacían ver completamente adorable y la rubia notó
que tenía piernas realmente lindas y grandes pechos que estaba segura sostendrían su cabeza muy
bien, pero ¿quién no notaría eso?

La pelinegra también era bajita lo que hacía que fuera protectora con ella, y a le gustaba poner su
brazo alrededor de ella porque se sentía bien contra su lado y encajaba perfectamente bajo su
brazo.

¿Y qué?

No significaba nada más que amistad.

—Oh, aquí viene ahora el objeto de tus deseos —dijo Winn, riéndose.

—¡Cállate! —espetó Kara antes de girar su atención hacia Lena que estaba en su nueva blusa de
seda verde y una falda oscura. Parecía como si fuera a trabajar, no a pasar el rato un domingo.

La pelinegra sostenía un plato con aluminio frente a ella.

—Luces bien. ¿A dónde vas? —pregunto Winn.

Lena suspiró:

— Barbacoa.

Ambos estaban boquiabiertos mientras la miraban.

—¿Vas a una barbacoa así? —pregunto Winn.

¿Quién iba a una barbacoa así?

¿Qué pasaba con los pantalones vaqueros y una camiseta o una camiseta de tirantes? Ellos
claramente todavía tenían mucho en lo que trabajar.

—Barbacoa familiar, no pregunten —dijo Lena antes de girar su atención hacia la rubia—.
¿Todavía estás molesta conmigo?

Kara gruñó antes de alejarse.

—Oh, ¡Vamos! ¡Eventualmente te liberé! —La rubia la apartó sin mirar atrás—¡Vamos! Ese pastel
no era la mitad de sabroso de como lucía. ¡Me dejóincómodamente llena! —gritó Lena, ganándose
una risa de Winn y un segundo saludo de un dedo de Kara.

—¿Qué tienes ahí? —preguntó Winn.

Lena suspiró mientras retiraba el papel aluminio, revelando galletas con chispas de chocolate.

—Hice estás para la bebé grande, así dejaría su pequeño berrinche.

—Vaya, ¡esas lucen realmente bien! ¿Puede tomar una?

Lena se encogió de hombros.

—Seguro, ya que la bebé no quiere una.

Winn tomó una galleta y la llevó hacia su boca. Estaba a centímetros cuando una larga mano la
agarró.

Kara le quitó el plato antes de enviarle a Winn una mirada asesina.

—¡Como te atreves a tocar mis galletas, bastardo! —dijo Kara con disgusto antes de reventar una
galleta en su boca y dirigirse de regreso a su casa.

—Maldición, esas también lucían bien —se quejó Winn.

Lena suspiró.

—No te preocupes tengo un segundo plato en mi mesa. —Las palabras apenas estaban fuera de su
boca cuando Kara abruptamente cambió de curso y se dirigió a la casa de ella.

—Bueno, habían —dijo ella, viendo a Kara caminar hacia su casa como si ella fuera la dueña. Un
minuto después camino fuera de su casa, cargando ambos platos y el galón de leche que tenía en el
refrigerador. Se dirigió de regreso a su casa, pero no antes de mirar a Winn—. Bastardo ladrón de
galletas. —Ellos la escucharon murmurar.

Winn puso los ojos en blanco, riéndose.

—Y las personas se preguntan cómo perdí peso teniéndola a ella como compañera de cuarto en la
universidad.

Lena sólo se río mientras cerraba su casa y se dirigía a su auto. Por un momento olvidó el infierno
que le esperaba.

Ignoró la mirada de los aparca autos mientras manejaba alrededor de la mansión de sus padres y
estacionaba su propio auto. Trató de no poner los ojos en blanco, pero simplemente no pudo
evitarlo.

Dejen a sus padres ser exagerados en una barbacoa familiar.

Por qué se molestaban, nunca lo sabría. No era como si el resto de su familia no supiera que eran
ricos. Tampoco era como que si el resto de la familia no fuera también rica.
Siempre estaban tratando de probar que eran los mejores y más ricos. Algo patético si le
preguntabas a ella, nadie lo hacía por supuesto. Sólo se esperaba que ella apareciera en funciones
familiares, actuara perfecto y mordiera su lengua.

Síp, esto iba a ser tan divertido.

Por las siguientes cuatro horas, y ese fue el tiempo que su madre le dijo que absolutamente debía
quedarse o lanzaría un berrinche de todos los berrinches, Lena iba a tener que soportar miradas de
lástima por su estado civil, estado sin hijos, trabajo y por cómo se veía.

Síp, eso iba a ser grandioso.

Simplemente grandioso.

¿Por qué su maldito auto fiable no se apagaba en el camino hacia acá o mejor aún se le acababa la
gasolina dejándola a merced de la vida salvaje que la atacaría y la salvaría de este infierno?

¿Era realmente mucho pedir?

Pasó una mano sobre su camisa para alisarla mientras se acercaba a la puerta principal. Antes de
que pudiera tocar la puerta fue abierta. Jameson, su arrogante mayordomo desde hace diez años,
miraba desagradablemente bajo su nariz hacia ella.

—Su madre la esperaba hace media hora, señorita Luthor —dijo él con un resoplido. No se le
había escapado que él llamaba a sus hermanas por su primer nombre e incluso sonreía cuando lo
hacía.

Ella no iba a quedarse aquí de pie y discutir con él hombre.

—¿Dónde está ella?

Otro resoplido.

—La señora está en el patio trasero. Está muy exhausta. Ha estado trabajando día y noche en esta
barbacoa. ¡Estaba levantada antes del amanecer y no ha descansado desde entonces!

—Uh huh —dijo Lena ausentemente mientras caminaba pasando a un montón de personas que no
conocía.

Gracioso como las barbacoas familiares en su familia significaban traer a todos los que ellos
quisieran impresionar o con los que quisieran codearse. Parecía que ella era la única que no había
traído a su séquito.

Tenía amigos que realmente le importaban y podía haberlos traído, pero bueno, era porque
realmente le importaban que no podía infligir este ataque sobre ellos.

—Lena, ¡qué lindo verte! —dijo su primo Jacob—. Deberías venir al viñedo este verano y quedarte
en mi nueva casa de campo. Es fabulosa, ¡te encantará! —lo dijo lo suficientemente alto para atraer
la atención hacia sí mismo.

Ella no tenía duda que era para el beneficio de la multitud alrededor de él considerando que la
odiaba absolutamente. Quizás tenía algo que ver con ella poniendo crema depilatoria en su champú
cuando eran niños.

Ah, lo que sea.


Simplemente le dio esa sonrisa falsa que su madre le había metido en la cabeza y se dirigió al patio
trasero donde encontró a su madre trabajando duro en saborear un Martini y cotilleando con sus
hermanas, unas pocas tías, y su abuela dormitando en una silla de ruedas a unos metros de distancia
bajo su propia sombrilla.

Su padre, cuñados y varios tíos, primos y hombres que no reconocía estaban sentados en el extremo
opuesto del gran patio de ladrillos que se extendía por toda la longitud de la mansión.

En el césped, proveedores de comida profesionales estaban haciendo la barbacoa en grandes


parrillas de gas mientras que otros colocaban la comida en las mesas y sillas alrededor de las mesas
que ahora cubrían una pequeña porción del patio trasero de diez acres.

No le sorprendió que no hubiera niños en la barbacoa familiar y sugerir traer un niño aquí pondría
a su madre de mal humor. Su madre era definitivamente una reina social, ¿madre y abuela?

Ni siquiera un poco.

Apenas estuvo ahí durante sus infancias. Por qué hacerlo cuando podía pagar a alguien era el lema
de su madre.

Las niñeras y sirvientas la criaron a ella y a sus hermanos hasta la edad de diez años cuando cada
una de ellas en turnos fue todo un año a un internado privado. A partir de entonces fue obvio que
sólo eran huéspedes en esta casa.

Algunos podrían pensar que era una educación patética y hasta cierto punto estaría de acuerdo.
Puesto que sólo veían a los niños como un accesorio realmente no tenían nada que ver con
tenerlos. Habría sido una horrible infancia si sus abuelos no hubieran comprado una casa cerca de
la escuela la primera semana y llevaron a Lena a vivir con ellos.

Gracias a sus abuelos tuvo una maravillosa infancia. Le encantaba la vida que sus abuelos le
habían dado, que es una de las razones por las que a los dieciocho se hizo cargo de su vida y
decidió seguir sus propios sueños en lugar de seguir los pasos de su familia.

—¡Oh, Lena! ¡Ahí estás, querida! —dijo su madre alegremente.

¿Estaba tratando de sonreír?

Sí, parecía que se había puesto Botox una vez más. Toda su cara se veía completamente congelada.

—Hola, madre —dijo, dándole a su madre un casi beso en la meLyraa mientras ella le daba uno.

—¡Toma asiento, querida! —Su madre gesticuló al asiento a su lado.

Sus hermanas Martha y Rose le dieron sonrisas mientras cogían vasos o se ahuecaban el pelo en un
intento por lucir cualquier nueva baratija que sus esposos, o más probable las secretarias de sus
esposos, les habían comprado.

—Es tan bueno verte, Lena —dijo Rose con una sonrisa fría mientras sacudía su pulsera de
diamantes.

—Es bueno verte también. Rose. ¿Cómo están tus hijos? —preguntó Lena.

Rose le dio una mirada bastante sosa.

—¿Cómo voy a saberlo?


Lena abrió la boca para señalar que de hecho eran sus hijos, pero decidió no hacerlo.

Martha se inclinó intentando parecer discreta. El hecho de que levantara la voz arruinó el efecto de
alguna forma.

—¡Pobrecita! Veo que la dieta no ha funcionado —Hizo un mohín—. ¿Te han dejado otra vez? —
Negó con la cabeza como si no hubiera ninguna consecuencia y sacó una tarjeta de negocios que
probablemente tenía preparada para este momento—. Aquí está el nombre de un buen médico que
hace maravillas con la eliminación de grasa y cirugía cosmética.

Todavía sonriendo Lena aceptó la tarjeta.

Ya que había perdido unos cuantos kilos en el último par de semanas y no se consideraba a sí
misma gorda, especialmente porque su estómago era plano, sabía que su hermana estaba señalando
como siempre delicadamente que Lena no estaba delgada como un palito como el resto de ellas.
Pechos planos y parecer esquelética estaba de moda aparentemente. Ya que ella nunca se vería
como ellas o lo querría, simplemente dejó la tarjeta de negocios en la mesa.

No tenía ningún problema con cómo se veía.

Estaba cómoda con sus curvas.

De hecho, tenía el mismo tipo de cuerpo que su abuela cuando era más joven. La misma fuera de
combate en la silla de ruedas y a la que todo el mundo aquí, menos ella, temían molestar.

Podía ser un pequeño demonio con el que tratar.

Todos la miraban por encima del hombro por sus modales de clase media olvidando que fueron su
trabajo duro y sacrificios lo que hicieron a la familia lo que hoy es.

—Sabes, pueden reducir esas cosas hoy en día —dijo Rose desagradablemente, sacando a Lena de
sus pensamientos.

—¿Qué cosas? —preguntó Lena, distraída por uno de sus primos mirando a la abuela como un
buitre.

No tenía ninguna duda de que estaba contando sus respiraciones.

Infiernos, el pequeño cabrón estaba articulando las palabras. Estas personas eran patéticas.

—Tus pechos, querida. Son... bueno... son muy de clase baja. Te hacen parecer una camarera o
algo así —dijo su tía con simpatía.

—Creo que te verías genial con menos... curvas. —añadió Rose.

Sonrisa.

—Lo tendré en cuenta, gracias. Ahora si me disculpan.

—¡Oh espera, querida! —dijo su madre, sujetando su mano—. Quería preguntarte cómo iba tu
pequeño pasatiempo.

Su pequeño pasatiempo quería decir su trabajo. Sonrisa.

—Va muy bien. Gracias por preguntar. Tendremos el descanso de verano en dos meses. Estoy
pensando en viajar, o alquilar una cabaña en New Hampshire por un par de semanas.
—Honestamente, querida, no sé por qué lo haces. Si estás tan decidida a trabajar deberías volver a
la escuela y conseguir un título de verdad en derecho o en medicina como tu padre. ¿Es porque
estás tratando de encontrar pareja? — preguntó su madre en tono esperanzado.

Sonrisa.

—No. No estoy buscando establecerme. Me gusta lo que hago.

La respuesta de su madre fue fruncir el ceño, bueno pareció como si estuviera intentando fruncir el
ceño.

En realidad, todo el mundo el mundo en la mesa estaba frunciendo el ceño ahora. No podían
entender por qué trabajaba ya que ninguno de ellos había trabajado un día en sus vidas.

Personalmente pensaba que el grupo entero estaba bastante mimado y se preguntaba por qué había
venido aquí en primer lugar.

Entonces lo recordó.

Vino aquí por la abuela. No podía dejar la abuela con estos buitres y no dolía que la abuela la
amenazaba con ponerla sobre su rodilla y azotarla si no se presentaba.

—¡Cariño! —dijo su padre, con una sonrisa enorme. Se inclinó y le besó ambas meLyraas. Sonrisa
—. Feliz Cumpleaños, cariño. Siento que sea con un par de semanas de retraso —dijo tímidamente.

—Gracias, papá —dijo, cogiendo su tarjeta de cumpleaños.

Sonrisa.

Su cumpleaños había sido hace cinco meses.

Sí, toda su familia lo había olvidado, bueno excepto la abuela por supuesto.

La llamó a las cinco de la mañana, despertando a Lena en su cumpleaños, exigiendo que Lena
debería meter algo de sentido en sus padres. Lena la calmó y le dio las gracias por el regalo que le
había enviado el día anterior.

Al día siguiente fue y la vio.

Sus viejas niñeras le enviaron tarjetas de cumpleaños y regalos. Sus amigos le hicieron

—¡No puedo creer que mi pequeña bebé ya tenga veinticinco! —dijo.

—Lo sé —Ella no podía creerlo tampoco ya que tenía veintinueve, pero eh ¿si querían hacerla más
joven quién era ella para discutir?

—¡Tiene veintinueve años, estúpido! —dijo la abuela—. Cumplió veintinueve en diciembre.


Cómo crié estúpidos se me escapa —se quejó la abuela.

Sonrisa.

—Gracias papá, está bien.

Su sonrisa vaciló y por primera vez en su vida él realmente parecía abochornado y avergonzado.

—Voy a llamarte más tarde esta semana —dijo firmemente.


—Papá, está bien —dijo ella, dejándolo libre de culpa.

—No, no lo está —dijo antes de forzar una falsa sonrisa y se volvió para responder a alguien
llamándole.

—Honestamente, Lena. No hay necesidad de crear tal drama por tonterías —dijo su madre,
tratando de salvar su reputación. Todo el mundo envió miradas compasivas a su madre y ojos en
blanco a Lena como si fuera culpa de Lena por simplemente vivir.

Sonrisa.

—Perdonen, si me disculpan —dijo, tomando su tarjeta con ella y metiéndola en su bolso. Se


acercó a su abuela y se sentó.

La abuela resopló.

—No sé por qué soportas tales tonterías.

—Está bien.

—¡Como el infierno que lo está!

Por primera vez desde que llegó dejó escapar una sonrisa real.

—Lilian, ¿qué vamos a comer hoy? —exigió la abuela a la madre de Lena, su menos favorita
nuera.

Su madre sonrió, bueno intentó sonreír.

—Tenemos salmón con hojas de espinacas asadas, una ensalada de patatas molidas sin grasa y
algunas delicias de soja francesas sin grasa y sin harina que están simplemente para morirse.

Los ojos de la abuela se entrecerraron peligrosamente mientras su mano fue por el bastón.

Lena discretamente apartó el bastón de su abuela.

—¡Oye, eso es mío! —espetó la abuela mientras Lena ponía el bastón junto a su silla, lejos de la
abuela mientras se frotaba el dorso de la mano.

Maldita sea, la abuela agarraba fuerte.

—Compórtate —siseó Lena, haciendo que la abuela sonriera. De todos los hijos y nietos Lena era
la única que trataba a la abuela como a un ser humano y no como una vieja responsabilidad con la
que se habían quedado atascados.

La abuela volvió su atención a Deborah.

—Quiero una hamburguesa, un perrito caliente y un poco de verdadera ensalada de patatas.

—Queridísima madre, ¡simplemente no tenemos eso aquí! —dijo como si la sola idea de tener esos
alimentos básicos en su casa fuera algo inaudito.

La abuela la miró por un momento más antes de volver su atención a Lena.

—¿Tú?
—¿Yo qué?

—Tú tienes esas cosas en tu casa, ¿no?

Lena asintió.

—Sí. —De hecho su congelador y su despensa estaban llenos hasta el tope con alimentos básicos
para barbacoas ya que vivía para la comida de barbacoa en verano, probablemente tenía algo que
ver con que la abuela la hubiera criado.

La mujer simplemente vivía para la comida de barbacoa.

—Bien —dijo la abuela firmemente mientras gesticulaba a Chris, su ayudante. El hombre acababa
de entrar en sus cincuentas, pero seguía trabajando duro para cuidar de la abuela—. Vamos, Chris.

Chris asintió y se acercó obedientemente y empezó a empujar a la abuela por la casa. Sin mirar
atrás la abuela dijo:

— ¡Vamos, Lena!

Lena se levantó.

—¿A dónde?

—A tu casa. ¿A dónde sino? Ahora ven antes de que los parásitos intenten colarse en nuestra
fiesta.

Lena escondió su sonrisa mientras obedientemente seguía a su abuela por la puerta. No era de
extrañar que adorara totalmente a la anciana.
Capítulo 6

Capítulo 6

—Tengo hambre —refunfuñó Kara mientras miraba fijamente los platos vacíos sobre su mesita de
café.

Winn gruñó:

— Prácticamente te comiste ambos platos. ¿Cómo demonios tienes hambre?

Kara se encogió de hombros y se recostó en la silla para mirar el partido.

—Simplemente la tengo. ¡Déjame de paz, soy una chica en crecimiento, maldición!

—Sí, una chica en crecimiento de treinta años —murmuró Winn.

—¡Sigo creciendo así que cierra la maldita boca y aliméntame!

—¡Pide algo y deja de quejarte! —espetó Winn.

—Tú ordena algo. Estoy muy débil para moverme.

Winn puso sus ojos en blanco.

—No sé cómo Lena te ha soportado las últimas semanas. Yo ya te habría matado.

—Lena me adora —dijo con un resoplido.

—Sí, bien —dijo Winn, riendo—. Esa es la razón por la que sale con alguien más y te molesta,
sólo para reírse de ti.

—Exactamente.

Winn le echo un vistazo.

—Realmente estás jodida, ¿verdad?

—Probablemente —dijo Kara despreocupada.

—Eso pensé.

Un golpe suave en la puerta les llamó la atención.

Winn se estremeció.

—No es otra de tus novias viniendo en busca de venganza, ¿verdad?

Kara puso los ojos en blanco mientras se ponía de pie de un salto.

—Creo que llamar a cualquiera de ellas “mi novia” es un poco [Link]ía que te
atuvieras a referirte a ellas como “las mujeres que acordaron pasar un buen momento sin ataduras
que realmente me cabrearon cuando me cansé y las dejé por alguien más ardiente.”
—Vaya, eso es difícil de pronunciar —murmuró Winn—. Y sorprendentemente ninguna de ellas te
ha matado todavía.

—Cierto, no crees —estuvo de acuerdo Kara.

Kara abrió la puerta, sabiendo que ninguna de sus enojadas ex-amantes estaría allí. Había pasado
ya un tiempo desde que llevó a una mujer a su cama y hasta donde sabía, todas las anteriores
mujeres ya le habían dejado en paz.

Así que, al menos por ahora ella era buena.

Parada en la puerta estaba Lena en un lindo par de pantalones vaqueros cortos y una remera sin
mangas. Su cabello estaba tirado hacia atrás en un desordenado moño suelto y algunas hebras se
escapaban y jugueteaban en su nuca.

No molestaba que esas gafas la hicieran parecer como un sexy ratoncito de biblioteca.

La pelinegra sonrió dulcemente.

—¡Me alegra tanto que estés aquí! —La rubia no pudo contener la sonrisa ante esa declaración.

Tal vez era el momento de perdonarla.

Era bastante divertido después de todo y esas galletas fueron malditamente buenas, por no
mencionar que la sonrisa que le estaba dando le hacía bastante feliz.

—Winn, ¿crees que podrías echarme una mano? Puedo necesitar la ayuda de alguien por unos
cuantos minutos.

Su mandíbula cayó.

Pudo escuchar a Winn intentando sofocar la risa.

—Si necesitas a alguien, ¡estoy aquí mismo! —espetó la rubia.

Lena parpadeó y luego volvió a parpadear.

—Oh, lo siento, no pensé en ti. Necesito a alguien con músculos y tú... — Sus palabras se fueron
silenciando a la vez que miraba por encima de ella y luego se encogía de hombros—. Bueno, ya
sabes —dijo inocentemente.

—¿Sé qué? —exigió.

Lena le ignoró y volvió a enfocarse en Winn.

—¿Crees que puedas echarme una mano? Voy a tener compañía y no puedo sacar la parrilla. Es
pesada.

Winn se rió entre dientes mientras llegaba a la puerta.

—Seguro. Estaba por irme a casa, pero puedo echarte una mano ya que aquí no hay nadie lo
bastante fuerte como para ayudarte —dijo, sonando divertido con un brillo en los ojos.

—¡Demonios si lo harás! —dijo Kara a la vez que agarraba el brazo de Lena y prácticamente la
arrastraba hacia su casa.
La pelinegra le lanzó un guiño sobre el hombro a Winn, quien se estaba riendo y sacudiendo la
cabeza con incredulidad.

Winn caminó hacia su auto mientras Kara le daba a Lena un sermón sobre su fuerza y algo sobre
ser una mala saltamontes, fuera lo que demonios fuera que eso significara.

Volvió a mirar hacia atrás para atrapar a Jackson dándole una mirada apreciativa al trasero de Lena
sin interrumpir su sermón. Su amiga podría no saberlo aún, pero conoció a su pareja ideal en esa
damita.

Si alguna mujer podría poner a Kara de rodillas, era esa mujer.

—Eso no alcanza —se burló Kara cuando Lena intentó guardar el paquete de hamburguesas
congeladas y las salchichas.

—Seremos sólo tres. ¿Cuánta comida crees que necesitamos? —le preguntó mientras trataba de
esquivarle para guardar los alimentos.

Kara le robó los paquetes y sacó más comida.

—¿Qué demonios? — La rubia se encogió de hombros. —Tengo hambre.

—No estás invitada.

—¿Desde cuándo necesito invitación? —preguntó mientras duplicaba la cantidad de salchichas en


el plato. —¿Tres semanas y ya has sentado precedentes? Por cinco años contemplé el homicidio.

Kara simplemente se encogió de hombros.

Lena gruñó.

La rubia sonrió, haciendo que las rodillas de ella temblaran.

Maldita.

—¿Dime quién vendrá? No puede ser cualquiera de tus amigos porque no te importaría si
estuviera aquí ya que todos piensan que soy una imbécil y a ti te encanta que me fastidien.

Ella suspiró.

—Eso me entretiene.

—Como debería. Soy una chica muy divertida —dijo con una sonrisa mientras robaba un bocado
de la ensalada de patatas que ella había hecho ayer. Había considerado llevarla hoy, pero sabía
muy bien cómo sería recibida y decidió dejarla aquí. —Maldición, está bueno, mujer —
prácticamente gruñó.

—Me alegra que te guste —dijo casualmente, pero en verdad era muy agradable tener a alguien a
quien cocinarle de vez en cuando. Sus amigas, que estaban haciendo dietas constantemente la
fulminaban con la mirada cada vez que les ofrecía galletas u otros productos horneados.

Parecía que Kara no conocía comida que no le gustara.

Le sorprendía realmente que no estuviera gorda.

—¿Y?
—¿Y qué?

—Y, ¿dime por qué te quedaste menos de una hora en una barbacoa sólo para tener una propia?
¿La comida era un asco o algo así? —preguntó mientras furtivamente mordía otro poco de
ensalada antes de que Lena la regresara a la nevera—. ¿O hubo una confrontación familiar?

—Es complicado —dijo ella finalmente.

—¿Qué hay de complicado en una barbacoa familiar?

—Sólo déjalo. Mi abuela va a venir con su ayudante. En realidad, ya debería estar aquí, pero
conociéndola se detuvo en la tienda para conseguir todo lo que le encanta.

Las cejas de la rubia se alzaron.

—¿Va a venir tu abuela? Creía que nadie de tu familia venía a visitarte.

La pelinegra le sonrió tímidamente.

—¿Has estado espiándome?

—En realidad no. Sólo noté cosas. Soy una persona observadora después de todo.

—Bueno, mi abuela viene aquí varias veces al año. Por lo general la invito a venir cuando sé que
estarás fuera de la ciudad.

—¿Temes que te avergüence? —le preguntó burlonamente.

—Nop. Temo que pueda matarte.

—Por favor, ella me amará. Todas las mujeres me aman y me desean—dijo sinceramente.

Lena rió suavemente.

—Me alegra que seas tan humilde.

—Esa soy yo —dijo mientras Lena empezaba a cargar los brazos de la rubia con platos de comida
para llevar a la parrilla—. Entonces, mencionaste invitarla. Supongo que eres cercana a ella.

—Lo soy. Ella me crió de vez en cuando hasta que tuve diez y luego me crió a tiempo completo —
dijo la pelinegra, abriendo la puerta de tela metálica para Kara—. De todos modos, decidí
acortar mi visita a la casa de mis padres hoy.

—¿Por qué?

—Porque le dije que lo hiciera. Esa es la razón —dijo la voz cortante de una mujer.

Kara alzó la vista para ver a una anciana en silla de ruedas siendo empujada hacia ellas por un
hombre de cabello gris.

Por la mirada del hombre, era el ayudante de la abuela de Haley o el cuidador.

—¿Eres la novia de mi Lee? —exigió la abuela.

Vaya, era una mujer sin sentido común.

Como Lena, una vez que estaba fuera del cascarón por supuesto.
Lena sintió su cara arder mientras esperaba que la tierra se abriera debajo de ella y la arrastrara
debajo.

Rogaba porque fuera algo parecido a eso.

—No, abue, ella no es mi novia. Es mi amiga de al lado.

Los ojos de la abuela se entrecerraron sobre Kara.

Lena estuvo a punto de decirle a su abuela que se detuviera.

Esa mirada había hecho que muchos amigos y prospectos corrieran despavoridos, pero para su
completa sorpresa la rubia no se acobardó.

Kara extendió la mano y estrechó la de ella.

—Mi nombre es Kara Danvers. Soy la vecina del infierno.

Los labios de la abuela se crisparon, ella miró a su acompañante.

—Chris, sé amable y ve por los artículos que compramos.

—Sí, señora —dijo, dejando a la abuela con ellas.

Le envió a Lena una sonrisa antes de alejarse apresurado.

Sin dudas estaba esperando que la abuela acabara con Kara.

Diablos, eso era exactamente lo que ella estaba esperando.

—También trabaja con mi nieta, Srta. Danvers. ¿No es correcto?

Sin preguntar Kara empujó a la abuela con cuidado hasta la mesa y trabó la silla.

—Síp, hago de la vida de ella un infierno viviente también allí.

—Suena orgullosa —notó la abuela.

Kara caminó hasta la parrilla y empezó a colocar la carne encima.

—Lo estoy —dijo, sonriendo.

La abuela hizo algo que sólo había escuchado cuando estaban solo ellas dos.

Rió.

Fue suave y musical e inmediatamente trajo a su mente recuerdos de una infancia feliz haciéndola
sonreír en respuesta.

Kara la vio y le guiñó un ojo.

—Me agradas—anunció la abuela.

—Gracias, Sra...

—Puedes llamarme abue —dijo en un tono que le dejó saber que no toleraría que la llamara de otra
manera.
Lena se sentó allí sorprendida.

Era la única que tenía permitido llamarla abue.

El resto de sus nietos la llamaban abuela cuando empezaban a aprenderlo de sus padres.

—Bien, entonces es abue —dijo Kara con una sonrisa fácil.

Vaya, la mujer realmente tenía una habilidad con las mujeres.

Chris salió de la casa, sin duda acababa de poner allí una enorme cantidad de alimentos que no
tenía nada que ver con la barbacoa.

Esa era una de las maneras astutas de la abuela para ayudarla ya que ella se negaba a aceptar la
ayuda financiera de su familia.

La abuela tenía sus métodos.

—Lamento interrumpir, señora, parece que algunos de los invitados de la barbacoa nos han
seguido hasta acá —dijo Chris suavemente.

—¿Quiénes? —preguntó Lena.

—Sus primos y unos cuantos tíos. Creo que una o sus dos hermanas, Srta. Lena —dijo Chris.

La abuela ondeó una mano desdeñosa hacia la parte delantera de la casa.

—Bueno, ellos pueden irse porque no hay suficiente comida —dijo a pesar de ni siquiera haber
mirado la parrilla.

—Puedo poner más si lo desean —ofreció Kara.

—¡No! —dijeron Haley y la abuela al unísono, sorprendiendo a Kara.

Chris carraspeó.

—Son bastante insistentes en unirse, señora.

—Diles que se vayan o los quitaré de mi testamento mañana mismo —dijo la abuela firmemente.

Chris ocultó su sonrisa mientras se daba la vuelta para hacerlo.

Kara les dio una mirada curiosa antes de encogerse de hombros.

Al parecer, a la rubia realmente no le importaba mucho como para molestarse, lo cual era algo
bueno para Lena.

Ella se había ganado la vida y no quería a nadie pensando diferente. Todos sus amigos sabían que
provenía de un hogar adinerado y a ninguno de ellos les importaba. Era solo Lena para ellos y
planeaba mantenerlo de esa manera.

—¿Qué piensas del regalo de cumpleaños de tu padre, Lee? —preguntó la abuela.

Kara frunció el ceño.

—¿Me perdí tu cumpleaños?


—Fue hace meses —dijo Lena con un encogimiento de hombros.

—¿Acaba de recordarlo hoy? —preguntó Kara incrédula.

—No es gran cosa—dijo Haley, dándole una sonrisa tirante.

La rubia se rió.

—Si tú lo dices.

—Lo digo.

—Bien.

—Bien

—Ah, ¿niñas? ¿Si puedo interrumpir? Lena, ¿has mirado el regalo? —preguntó la abuela.

—Todavía no —No había apuro.

Ella ya sabía lo que era, ya que su padre pensaba que, si tenía veinticinco, sería una tarjeta sin
firmar con veinticinco billetes de cien dentro.

—Bueno, ve a buscarlo —dijo la abuela.

Con un suspiro fue dentro de la casa, poniendo los ojos en blanco ante las bolsas de comestibles
repletas que cubrían los mostradores de su cocina y a mesa y sacó el sobre de su bolso.

Lo llevó afuera y se sentó con él.

—¡Bueno, ábrelo! —dijo la abuela.

—¿Por qué estás tan ansiosa de que abra este regalo? —preguntó Lena con sospecha. —Porque yo
fui la que le sugirió el regalo —dijo con un ondeo desdeñoso de la mano.

Lena se mordió el labio para no llorar.

No sólo su padre se había olvidado de su cumpleaños, sino que la abuela había sido quien se lo
recordó finalmente y probablemente ordenó su regalo. Abrió la tarjeta y no se sorprendió de ver
que no estaba firmada.

Sorpresa, sorpresa.

Sus ojos se movieron hacia el regalo y se quedaron fijos allí.

Pasó un minuto completo antes de que empezara nuevamente a respirar.

Otros diez segundos y ella estuvo de pie y rodeó la mesa, abrazando a su abuela y besándola.

—¡Eres la mejor, siempre! —dijo Haley entre besos.

La abuela rió.

—Me alegra que te guste. Quería dártelos, pero eres tan malditamente obstinada sobre que nadie te
ayude, que utilicé la estupidez de tu padre. Ahora tienes que aceptarlos —dijo la abuela con un
firme asentimiento.
Kara se puso de pie y dio vuelta a las hamburguesas antes de agregar las salchichas.

Y dio vuelta a tiempo para ver a Lena saltando arriba y abajo y riéndose como una adolescente.

—Bueno, no me dejes en suspenso —dijo, ganando un fuerte chillido de parte de la pelinegra.

Al parecer ella estaba más allá de las palabras así que empujó la tarjeta en sus manos.

La rubia bajó la mirada.

Parpadeó.

Parpadeó nuevamente antes de desplomarse en la silla.

¿Acababa de hacerse pis?

Ah, ¿a quién le importaba?

Estaba sujetando cuatro entradas para los Yankees vs Los Medias Rojas en el estadio Yankee para
este viernes y sin duda eran los mejores asientos del estadio.

Sus ojos fueron de Lena a las entradas y volvieron nuevamente antes de tomar una decisión de una
fracción de segundo y echarse a correr.

No hizo más que un metro y medio antes de que su pequeña saltamontes le derribara al suelo y
arrancara la tarjeta de sus manos.

Escupió la hierba fuera de su boca.

—Bien. Puedes venir conmigo supongo —dijo, ganándose un rodillazo en las costillas.
Capítulo 7

Capítulo 7

—¡Te amo, Derek!

Kara intentó arrastrar a Lena de vuelta a su asiento, pero ella peleó contra la rubia con uñas y
dientes.

—¡Te amo, Derek!

—¡Él lo sabe, mujer! Lo ha sabido desde la primera entrada. Deja que el hombre se concentre —
dijo, finalmente arreglándoselas para arrastrarla treinta centímetros cuando ese bastardo de Derek
Jeter saludó a Lena con la mano.

Eso acabó con todo. La pelinegra intentó liberarse y correr hacia el campo.

Intentando no dejarla caer mientras estallaba en risas, reajustó su asidero y tiró de Lena hacia atrás
hasta que estuvo sentada en su regazo. Mantuvo un brazo alrededor de su cintura mientras
recuperaba su cerveza de manos de Winn.

El hombre le lanzó otra sonrisa triunfante.

Durante tres días Kara había provocado al hombre con dos entradas extras. Ya sabía que iba a ir.
Había un entendimiento tácito entre Lena y ella.

Si ella intentaba irse sin la rubia, le quemaría la casa, así de simple.

Éste era un juego de los Yankees y los Medias Rojas, por el amor de Dios.

Al tercer día de burlas el pequeño bastardo traidor había hecho que su esposa llamara a Lena.

Pequeño soplón.

Como los amigos de Lena odiaban todo lo que tuviera que ver con cualquier deporte, invitó a Winn
y a otro amigo suyo, Mike. Mike era un buen amigo y tenía un obvio enamoramiento con Lena,
uno en el que ella no parecía interesada.

Eso estaba bien para la rubia porque no creía que Mike fuera lo suficientemente bueno para su
pequeña y dulce saltamontes.

—¡Vamos! ¡Él estaba a salvo! ¡Saca la cabeza de tu trasero y presta atención! —gritó Lena
mientras rebotaba en su regazo, desesperada por la libertad, para sin duda arrancarle la cabeza al
árbitro.

De acuerdo, pensó Kara, riendo por lo bajo, quizás dulce era demasiado.

Su pequeño saltamontes era un pequeño petardo.

—Cálmate antes de que nos echen del estadio —dijo él, riendo.

La pelinegra resopló y cruzó los brazos sobre su pecho a la vez que se apoyaba contra la rubia.
—Bastardos tramposos —murmuró ella.

—¿Porque están ganando? —preguntó Kara, sabiendo la respuesta de antemano.

—¡Sí!

—Relájate y te compraré un dedo de espuma ―dijo la rubia, distraídamente acariciándole el


estómago con el pulgar mientras la pelinegra lo pensaba.

Hoy vestía una camiseta rosa sin mangas y ajustada y un sweater abierto de los Yankees y un par
de shorts que le daban a él y a cada tipo un vistazo de esas doradas bellezas.

—Ya tengo un dedo de espuma en casa —señaló ella hoscamente.

—¿Entonces qué le gustaría a mi pequeña saltamontes? —preguntó, resistiendo la necesidad de


posar un beso en su espalda.

Lena le fulminó con la mirada sobre el hombro.

—No voy a llamarte Sr. Miyagi, lo sabes.

—Sí lo harás, pero eso no es importante en este momento. ¿Qué quieres? — preguntó a la vez que
sus ojos caían en sus pequeños labios que hacían un mohín.

¿Qué demonios?

Apartó la vista a tiempo para ver la sucia mirada de Mike y la sonrisa de Winn.

Haley le robó la cerveza y bebió un sorbo.

Se la devolvió con una mueca.

—Está caliente.

—Bueno, me tomó más de veinte minutos arrastrarte de vuelta hasta aquí antes de que pudieras
saltar el muro —señaló.

—Como sea, estás arruinando mi destino —dijo la pelinegra mientras se ponía de pie.

Kara la dejó ir a regañadientes, pero estaba lista para lanzarse sobre ella y arrastrarla de vuelta si
era necesario.

A juzgar por las miradas que les estaban dando los guardias de seguridad alrededor de ellos,
también estaban preparados.

Maldición, su pequeño saltamontes estaba enorgulleciéndolo.

Ociosamente se preguntó si sería capaz de causar un disturbio.

—¿A dónde vas? —preguntó, queriendo que se volviera a sentar.

Había estado cómodo, maldición.

Lena puso los ojos en blanco.

—No voy a empezar un disturbio ni nada. Tengo que usar el baño y quiero una bebida fría.
—Oh —dijo, poniéndose de pie al mismo tiempo que Mike. Kara fulminó a Mike con la mirada,
pero el hombre le ignoró y se puso de pie de un salto.

—¿Quieres algo de compañía? —preguntó Mike, dándole a Lena su mejor sonrisa.

Lena rio suavemente.

—No, estaré bien.

Mike se sentó de mala gana.

Los dos la observaron irse mientras Winn se sentaba allí con una expresión arrogante.

Se sentaron en silencio por unos minutos antes de que Kara hablara.

—Ni siquiera lo pienses —dijo firmemente.

Mike resopló.

—Sólo porque tú creas que Lena te pertenece no significa que hables por ella.

Kara tomó un sorbo de su bebida, asintiendo lentamente antes de poner el vaso en su rodilla.

—¿Qué hay de esto, entonces? Te conozco y no hay una maldita manera de que un imbécil como
tú se acerqué a ella.

—Entonces, déjame entender esto. Soy lo suficientemente bueno para ser tu amigo, ¿pero no para
salir con Lena?

—Exactamente. Me alegra que nos entendamos.

—¿Por qué es eso exactamente? ¿No te gusta la idea de que otro tipo entre y la consiga primero?

—Porque duermes con cualquiera, no te importa ninguna de las mujeres con las que te acuestas, y
las tratas a todas como mierda. No voy permitir que le hagas nada de eso a Lena. Ella se merece a
un buen tipo.

—¿Oh, como tú? —Mitch resopló—. Tratas a las mujeres peor que yo.

Kara apenas contuvo su enojo.

—No, no yo. No estoy interesada en ella de esa manera. Es una amiga, nada más.

—Sí, claro. Sigue diciéndote eso, amiga. Cualquier persona con dos ojos que funcionen puede
decir que estás preparándote para atacar.

—Eso es mierda y lo sabes. Si la quisiera ya la hubiera tenido —dijo la rubia a través de los dientes
apretados.

—Sí, como que sea —murmuró Mike—. Es una mujer adulta. Si quiere salir conmigo, puede
hacerlo. No tienes opinión en el asunto.

—Lo veremos —dijo, sabiendo que si Mike intentada algo lo molería a golpes.

—¿Veremos qué? —preguntó Lena mientras se apretujaba para entrar a la pequeña fila, haciendo
equilibro con su cerveza y una bandeja llena de comida en sus brazos.
—Si los Yankees pueden recuperar el control de este juego —digo Kara suavemente.

—Lo harán —dijo Lena firmemente. Kara tuvo la extraña sensación de que, si no era así, ella
golpearía a alguien.

Se sentó junto a ella. La rubia puso su cerveza caliente como la orina en el piso y tomó la suya
mientras ella acomodaba la bandeja en su regazo. Tomó un sorbo de la cerveza fría mientras ella
tomaba un bocado de su hot dog con lechuga fermentada.

Cerró los ojos y saboreó.

—Esto está reamente bueno. —Casi gimió de deleite.

—Dame un bocado —dijo la rubia.

Lena asintió distraídamente mientras miraba el juego. Le ofreció el hot dog.

Kara le dio un mordisco.

Mientras masticaba se recostó hacia atrás en su asiento y no pudo dejar de sonreír mientras Mike le
fruncía el ceño.

Durante los próximos diez minutos Kara le sostuvo la cerveza para que ella bebiera mientras Lena
le ofrecía comida.

Kara ni siquiera estaba segura de que ella se diera cuenta de lo que estaban haciendo.

Su foco parecía estar en el juego.

Cuando su cerveza se acabó, la pelinegra la dejó a un lado y se volvió para buscar otro expendedor
de cerveza.

—¡Oh, mierda! —gritó Winn mientras se ponía de pie de un salto al mismo tiempo que Mike.

La rubia se volvió a tiempo para ver a Lena ponerse de pie de un salto y luego subirse al asiento.

Estirando la mano mientras murmuraba, “¡Oh no, oh no, oh no!”.

Se puso de pie en el mismo momento en que algo blanco golpeaba las manos de la pelinegra.

La sostuvo con todas sus fuerzas mientras perdía el equilibrio por el impacto de la pelota y varios
hombres intentaban sacársela.

Antes de que la rubia pudiera alejar de un empujón a los bastardos, Lena estaba saltando en su
asiento mientras abrazaba la pelota contra su pecho.

Su sonrisa era embriagadora cuando lo miró y orgullosamente le mostró la pelota.

—¡Mira!

La rubia unió las manos en un gesto de plegaria y se inclinó ligeramente.

—Muy bien, saltamontes. —Se enderezó a tiempo para tomarla en brazos.

La hizo girar mientras la pelinegra se abrazaba apretadamente a su cuello.

—¡No puedo creer que la haya atrapado!


—¡Lo hiciste genial! ―dijo la rubia, besándole la meLyraa.

La acción fue tan repentina que le tomó por sorpresa.

Cuidadosamente puso a una muy feliz Lena en el piso. Ella se sentó, todavía sonriendo mientras
abrazaba la pelota.

Después de unos minutos ella dijo su nombre apretadamente.

—¿Sí?

—Creo que me rompí la mano —lloriqueó.

—¿Segura de que no quieres ir con nosotros? —preguntó Mike, dándole una mirada de cachorrito.

Lena se obligó a sonreír.

Le gustaba Mike, no tanto como Kara, pero no veía que eso fuera más allá de una amistad.

Mike se había estado poniendo persistente durante la semana anterior.

Se estaba poniendo algo molesto.

Ella levantó la mano y el paquete de hielo.

—Lo lamento. Creo que voy a ir a relajarme. Ustedes vayan a divertirse. Vayan a los clubes o
bares o lo que sea que ustedes hagan. Sin duda Kara querrá ver el show.

Mientras los otros hombres reían, Kara le sacó la lengua. Lena miró hacia la recepción.

—Ah, chicos, ¿recordaron registrarse antes?

Kara lo descartó con un movimiento de la mano.

—Tenemos una habitación reservada con la tarjeta de crédito. Estará aquí cuando regresemos.

Lena no pensaba que fuera así.

Los hoteles usualmente tenían una tendencia a entregar cuartos cuando los que los tenían no
aparecían, y como eran las nueve no tenía esperanzas de que el cuarto que ellos habían reservado
todavía estuviera disponible.

No dijo nada sabiendo que sonaría mandona y estaba cansada de ser la que se preocupaba. No
quería molestar a los chicos y arruinar su diversión.

—De acuerdo, diviértanse, chicos —dijo antes de ir hacia el elevador.

—¡Lena! ¡Espera! —exclamó Mike.

Ella casi gimió.

—¿Qué sucede? —le preguntó, sintiendo su paciencia deshacerse.

Él se encogió de hombros.

—Iba a preguntarte si querías compañía. Sé que te debe doler la mano así que pensé en hacerte
compañía —dijo con una sonrisa encantadora que probablemente funcionaba en más que todo
mujeres.

Sus ojos se movieron más allá de él para ver a Winn tomar a Kara por el brazo y retenerle.

¿Qué demonios sucedía?

Sacudió la cabeza mentalmente y se concentró en Mike.

—Eso es realmente dulce, pero estaré bien. Sólo voy a mirar una película y me iré a la cama. Te
veré mañana. —No le dio la oportunidad de responder antes de irse a su habitación.

Podría no tener el mejor historial en lo que respectaba a citas, pero conocía los mujeriegos cuando
los veía y Mike era definitivamente un mujeriego.

No le gustaba ser sólo otra marca en la cama de alguien.

Unos minutos después estaba cerrando la puerta de su habitación de hotel.

Fue hacia la primera cama doble y buscó una aspirina en su bolso.

La mano le latía como loca.

Cuando no pudo encontrar ninguna, llamó al servicio de habitación pidiendo una botella y un
helado grande.

Veinte minutos después estaba cómodamente sentada en un baño de burbujas mientras comía un
decadente helado con salsa de chocolate caliente. Su mente vagó hacia Kara y lo bien que se había
sentido el tenerle sosteniéndola la mayor parte del día.

Luego se recordó que eran sólo amigas y se obligó a ponerse más lista.

Nunca nada iba a suceder entre ellas.

Kara era una amiga, una amiga realmente buena y no arruinaría eso por nada del mundo.

La amistad era una de las cosas que ella más valoraba en el mundo y no se arriesgaría a perderla.

No valía la pena.

Además, ella probablemente estaría con alguna tonta ahora.

La idea le revolvió el estómago.

Dejó su helado a medio comer en el piso y gimió.

A veces la amistad apestaba, pensó mientras se hundía en el agua para poder dejar salir un grito
frustrado.
Capítulo 8

Capítulo 8

—¡Vamos, chicos! Volvamos. ¡Esas mujeres eran ardientes! —dijo Mike por enésima vez desde
que habían dejado el club.

—No —dijeron Winn y Kara a la vez.

Mike dejó escapar un suspiro frustrado a medida que entraban en el vestíbulo del hotel.

—Sé por qué Winn no quiere, está casado, pero ¿por qué tú no?

Se encogió de hombros.

—Simplemente no quiero. ¿Eso te parece bien?

—Toda la noche rechazaste a las chicas. ¿Qué demonios te pasa? —exigió Mike.

—Nada —murmuró.

No estaba de humor para esta conversación o para Mike. Toda la noche resistió la urgencia de
pegarle un puñetazo al idiota. Cuando no estaba pensando en pegarle un puñetazo, se estaba
pateando a sí mismo por dejar a Lena.

Debería haberse quedado y cuidado de ella. Ella fue lo bastante genial como llevarles a ver un gran
juego y la abandonaron como un montón de bastardos malagradecidos.

Además, si iba a ser honesta, probablemente habría pasado un mejor rato con ella solo sentados
viendo una película que yendo a un club y tener a un montón de mujeres frotándose sobre ella.

—Problemas, chicos —dijo Winn cuando volvía hacia ellos desde la recepción.

—¿Qué pasa? —preguntó la rubia.

—Cedieron nuestra habitación porque no nos registramos y ya no hay más habitaciones


disponibles.

—Mierda.

—Síp.

—Oye, ¿a dónde vas? —le preguntó Kara a la espalda en retirada de Mike.

Mike se detuvo y le dio una mirada de “duh”.

—No tenemos cuarto. Voy a volver al club a encontrar un cuerpo caliente y una cama por esta
noche.

Ese hijo de puta.

Había estado intentando meterse entre las piernas de Lena por una semana y no se detendría.
Ahora estaba intentando echarse un polvo por una cama.

Kara no tenía dudas de que mañana volvería a olfatear alrededor de Lena.

—¿Vienes o qué? —exigió Mike.

Sacudió la cabeza con disgusto.

—No, ve a divertirte. Me voy a la cama.

—Como quieras —murmuró Mike a la vez que se dirigía a la salida.

Kara empujó a Winn.

—Vamos a pedir piedad.

Winn pareció aliviado a la vez que asintió con la cabeza y le hizo un gesto a Kara para que liderara
el camino.

Subieron a la habitación de Lena y golpearon.

Luego de unos cuantos minutos volvieron a golpear.

Finalmente, la puerta se abrió revelando a una Lena con ojos soñolientos.

—¿Qué pasa? —preguntó ella, intentando sofocar un bostezo.

—Cedieron nuestra habitación —dijo la rubia con un mohín.

La pelinegra puso sus ojos en blanco.

—Bueno, duh, no se registraron esta tarde.

—No tienes que restregarlo en nuestras narices.

—Eso no es restregarlo en sus narices, créeme. Si lo estuviera haciendo te daría una pequeña risa
malvada y cerraría la puerta en tu cara.

—Buen punto —dijo, hacienda una mueca, mientras esperaba que no fuera a hacer justamente eso.

Estaba agotads y no tenía ganas de pelear con Winn por el asiento trasero del auto.

—Entonces, ¿qué quieren?

—¿Piedad?

Lena puso los ojos en blanco.

—¿Quieren dormir acá? No hay suficiente espacio para nosotros cuatro.

Obviamente ella no había notado la ausencia de Mike.

—Mikr se fue a otra parte por esta noche. Somos sólo Winn y yo.

Algo en su expresión cambió.

¿Estaba molesta de que Mike no estuviera aquí?


La idea lo molestó más de lo que quiso admitir.

—Muy bien, muchachos. Vamos, entren —murmuró mientras regresaba a la primera cama.

Kara por supuesto se tomó su tiempo para notar la linda y pequeña remera sin mangas y los
pantaloncitos de algodón a juego que abrazaban su redondo trasero bastante bien.

Lena se subió a la cama y se dejó caer debajo de las mantas.

Obviamente estaba lista para ir a dormir y no iba a darles a ellos un segundo pensamiento.

—Ah, ¿Lena? —dijo Winn vacilante.

—¿Qué? Por favor, díganme que no me necesitan para cepillarse los dientes y que los arrope —
murmuró en la almohada.

—Ah, no —dijo Winn, sonriendo—. ¿Está bien si duermo en calzoncillos? No

quiero hacerte sentir incómoda.

Ella ondeó una mano hacia él sin mirar.

—Haz lo que quieras.

—Bien, buenas noches —dijo Winn, dirigiéndose al baño.

Kara miró alrededor de la habitación, notando solo dos camas y ningún otro mueble salvo una silla
y se encogió de hombros.

Se quitó la remera, los pantalones y los zapatos y empezó a subirse a la cama con Lena.

La mano de ella se levantó en un movimiento para detenerlo.

—Espera ahí, amiga —dijo, dándose la vuelta para encararle. Señaló a la otra cama—. Ten una
buena noche.

Kara frunció el ceño ante la sugerencia.

—No puedes esperar que durmamos juntos.

—Síp.

—Nop —dijo la rubia, subiendo a la cama rápidamente y desplomándose sobre su estómago.

La pelinegra le empujó, bueno, lo intentó de todas maneras. La rubia la sobrepasaba en peso


después de todo.

—Fuera.

—No.

—No vas a dormir en la misma cama que yo.

—Sí, lo haré. A menos que estés planeando dormir con Winn y no creo que quieras eso. Su esposa
te pateará el trasero.

Lena gruñó.
Kara sonrió.

—Mira, me quedaré en mi lado y tú en el tuyo. Ambas dormiremos.

Problema resuelto.

—De ninguna manera.

—¿Tienes miedo de no ser capaz de quitar tus manos de mí? —bromeó la rubia.

Lena puso sus ojos en blanco y cayó de nuevo sobre la almohada.

—Bien, pero sólo para que lo sepas, todo lo que venga a este lado será cortado.

—Debidamente anotado —dijo Kara, acurrucándose más profundo en la cama.

—Oh, y si roncas te mataré mientras duermes —murmuró.

—Igualmente.

—Ah, ¿chicos? —dijo Winn.

Lena enterró la cara más profundamente en el calor mientras intentaba bloquear a Winn y a la luz
del sol entrando en la habitación.

—Vete —murmuró ella.

—Tengo hambre. Vamos a agarrar algo de desayuno —dijo Winn un poco más alto esta vez,
obteniendo un gemido del cálido colchón de ella.

—Vete a la mierda. Estamos durmiendo —murmuró Kara mientras tiraba de Lena más cerca.

Sorprendentemente ella fue voluntariamente.

Su cabeza descansaba sobre el pecho de la rubia bajo su barbilla, el brazo de la pelinegra yacía a lo
largo de su estómago, y una pierna estaba lanzada por encima de una de las de Kara.

Lena se sentía tan bien en sus brazos.

Nunca había sostenido así a una mujer, nunca se acurrucó con una sin importar si pasaban toda la
noche juntos en la cama de ella.

Normalmente cuando una mujer intentaba acurrucarse, Kara se sentía acorralada e irritada.

Con Lena se sentía cómoda, relajada, e incluso contenta.

Se sentía como si perteneciera con ella.

No iba a pensar demasiado con respecto a ello en ese momento.

—Si no fueras el mejor colchón que jamás he tenido te patearía el trasero por moverte hacia mi
lado —murmuró Lena contra su pecho.

—En realidad, están en el centro —señaló Winn.

—¿Por qué sigue aquí? Sueño —se quejó adorablemente Lena.


Cerrando los ojos, la rubia ondeó una mano hacia la puerta.

—Ve a comer con Mike o algo. Estaremos levantadas en un rato.

Winn suspiró infeliz.

—Bien.

Un momento más tarde la puerta estaba cerrada y ambas estaban de vuelta a la deriva en un
profundo y hermoso sueño.

—Estúpida almohada —murmuró Lena, intentando golpear su una vez cómoda almohada hasta la
sumisión.

Anoche había sido la peor noche de sueño que había pasado. Pasó toda la noche revolviéndose,
dando vueltas e intentando ponerse cómoda sólo para finalmente quedarse dormida en un sueño
inquieto alrededor de las cinco de esta mañana.

Ahora parecía como si estuviera por repetir la función.

Le echó un vistazo a la alarma y gimió.

Era casi las dos de la mañana.

Enterró la cara en la almohada y gritó.

¡Esto apestaba!

Estaba tan cansada.

Todo el día se mantuvo ocupada con calificando pruebas y tareas, e incluso limpió su casa,
pensando que en el momento en que se fuera a la cama estaría demasiado cansada para otra cosa
que no fuera dormir.

Parecía que ese plan estaba fallando miserablemente.

—Tan cansada... —casi lloriqueó.

Maldita Kara.

De alguna manera ella había destruido el sueño para ella.

Nunca había dormido en la misma cama con alguien antes.

Seguro, se había acurrucado con unos cuantos novios frente a la televisión luego de una pesada
sesión de besuqueo, pero siempre se sintió incómoda.

Con Kara se sintió tan bien.

Fue mil veces más cómodo que su cama o edredón.

¿Cómo se suponía que debía sentirse cómoda en una almohada sobre un colchón luego de dormir
en sus brazos?

No podía.

No existía manera de que fuera capaz de conseguir lograr trabajar mañana con menos de dos horas
de sueño en veinticuatro horas, pero no podía llamar para faltar porque estaban preparándose para
los finales.

—Hazte a un lado —dijo Kara, asustándola.

Lena pegó un brinco, intentando recuperar el aliento mientras observaba a Kara alzar la pantalla de
la ventana y saltar en su habitación.

Cerró la pantalla detrás de ella y se acostó en la cama.

Todavía jadeando, la pelinegra aspiró aire y dijo:

—¿Qué demonios te pasa? ¡Acabas de asustarme!

—Mira, mujer, no sé lo que hiciste, pero no he sido capaz de dormir desde que volvimos de Nueva
York. Estoy cansada, irritable y todo lo que quiero es dormir algo así que acurrúcate conmigo o me
ayudas, o te mataré —espetó Kara.

—Vaya, estás irritable —murmuró.

—Es tu culpa.

—Como sea.

—Vamos —dijo la rubia, estirando sus brazos, expectante. Cuando la pelinegra dudó, la rubia
meneó los dedos—. Sabes que lo quieres.

—Sólo por esta noche —aclaró ella.

Kara asintió rápidamente.

—Sólo por esta noche. Ahora, vamos, estoy gruñona.

—No lo he notado —dijo secamente, pero hizo lo que le pidió.

Lena estaba demasiado cansada para hacer otra cosa en ese momento.

No tomó demasiado tiempo para que el latido del corazón de Kara la arrullara en un sueño
profundo y tranquilo.

La alarma sonó despertando a Lena de un sueño profundo y cómodo.

En lugar de sentirse asustadiza y atacar el despertador después de conseguir sólo cinco horas de
sueño, se sintió extrañamente bien descansada.

Kara bostezó mientras se sentaba y apagaba la alarma.

Se frotó los ojos y se dio la vuelta para levantar la pantalla.

—Nos vemos en el trabajo —murmuró la rubia.

—Está bien —dijo ella, poniéndose de pie—. Este fue un asunto de una sola vez —dijo más para
recordárselo más a sí misma que a Kara.

Rápidamente podía volverse dependiente de la comodidad y la calidez que él ofrecía y eso no era
una buena idea con un sujeto como Kara.
La rubia le dio una de sus desequilibrantes sonrisas.

—Por supuesto. Fue un acuerdo de una sola vez.


Capítulo 9

Capítulo 9

Lunes por la noche

10:35 P.M.

Lena rodó hacia su lado, mirando hacia la pared y preguntándose si debería tragarse su orgullo y
pedirle a Kara que viniera a dormir con ella.

¿Eso la convertía en una puta del sueño?

En este momento estaba dispuesta a suplicar.

Tal y como ella temía se había vuelto adicta al cuerpo de Kara.

Gracias a Dios nunca tuvieron sexo.

Ella odiaría pensar lo mal que la adicción sería entonces.

Sintió como la cama se hundía detrás de ella antes de que un fuerte brazo se enroscara alrededor de
su cintura, atrayendo su espalda a un cuerpo fuerte y caliente.

La atractiva esencia de Kara la envolvió tan fuertemente como lo hizo su cuerpo. Su trasero estaba
ahuecado por su pelvis. La rubia estaba dura otra vez, pero como de costumbre, no hizo ningún
movimiento hacia ella.

Simplemente era la reacción de su cuerpo al estar presionado contra una mujer, al igual que el de
ella porque estaba en manos de un hombre fuerte. Ni le importaba lo suficiente para comentar o
actuar.

En cuestión de minutos estaban dormidas.

Martes por la noche

11.30 P.M.

—Ese fue un gran partido y una cena realmente genial —dijo Lyra, la esposa de Winn.

Winn robó otro brownie del plato y gimió mientras asentía con la cabeza en acuerdo.

Alargó la mano hacia otro brownie sólo para encontrar que el plato se había ido y que Kara estaba
mirándolo.

—Bastardo ladrón de brownies —murmuro mientras se alejaba hacia la encimera de la cocina de


Lena.

Los tres observaron con humor como Kara colocaba los brownies en una bolsa con cierre grande,
que sin duda planeaba llevar con ella al trabajo en la mañana.
A medio camino de transferir los brownies se volvió para mirar a Winn y pronunció las palabras
“Bastardo ladrón”, antes de regresar a la tarea en mano.

—De todos modos —dijo Lena, llamando la atención de Winn y Lyra lejos del inquietante amor
de Kara por los productos horneados de ella—. Fue un placer tenerlos aquí chicos.

—Sí, ustedes van a venir la semana que viene, ¿no? —preguntó Lyra mientras fruncía el ceño
hacia su esposo, quien levantó el último trozo de brownie, pero no se lo comió.

Sus ojos estaban fijos en Kara.

Ambas mujeres vieron como Kara se daba la vuelta. Winn hizo un gran espectáculo poniendo el
brownie en su boca. Cerró los ojos como si fuera lo mejor que hubiera comido y gimió.

—Ese fue un brownie malditamente bueno —dijo finalmente Winn.

—¡Tú, bastardo traidor! —exclamó Kara.

—Te voy a llevar una bandeja entera llena de brownies la próxima semana, Winn —dijo Lena,
sabiendo que eso apartaría su mirada de Winn.

—Traidora —murmuró Kara mientras cariñosamente acariciaba la bolsa de brownies.

—No es justo que ella no esté gorda —dijo Lyra.

Lena tuvo que asentir en acuerdo.

La mujer consumió tres porciones de lasaña esta noche, una ensalada y una tonelada de pan de ajo
sin mencionar una docena de brownies y galletas. Con su porción de la lasaña y dos brownies ella
probablemente iba a ganar cinco libras.

A veces la vida simplemente no era justa.

Dijeron sus buenas noches y acompañaron a Winn y Lyra a la puerta. La pelinegra apagó la luz de
la cocina sabiendo que Kara apagaría la luz de la sala. Sin embargo, ninguna de las dos habló de
los arreglos para dormir y no sabía cómo tocar el tema.

Así que en su lugar ella en voz baja dio las buenas noches, puso los ojos en blanco cuando Kara
murmuró “Te amo” a sus brownies y se dirigió a su cuarto de baño.

Después de una ducha rápida Lena se puso una pequeña camiseta y bragas.

Bostezando, entró en su habitación y no estaba sorprendida al encontrar a Kara sobre su estómago,


usando nada más que unos calzoncillos y su top en medio de su cama.

Lena apagó las luces y se arrastró a la cama.

Puso su rostro sobre el hombro de la rubia mientras su mano descansaba sobre su otro hombro y su
pierna entrelazada con la de Kara. En cuestión de segundos sintió a la rubia relajarse y quedarse
dormida.

Miércoles por la Noche

10:45 P.M.
Kara se sentía cansada hasta los huesos mientras estacionaba en su camino entrada.

Esperó hasta que Lena se detuvo en su camino de entrada antes de salir.

Había sido un día muy largo y a juzgar por el pequeño y adorable gemido que Lena hizo cuando
salió de su coche ella también lo sentía.

—Estoy tan cansada —murmuró ella.

Kara bostezó ruidosamente.

—Esa fue una reunión de padres y maestros para los registros —dijo.

—Demasiado drama. ¿Quién hubiera sabido que los padres de los niños ricos y mimados que
estaban fallando podrían llegar a ser tan malditamente dramáticos? Tuve a una mujer sollozando
histéricamente porque su hijo tenía una B en lugar de una A.

La rubia se rió.

—Me ofrecieron una mamada para convertir una D en un A.

La cara de Lena se torció graciosamente.

—¿Una mujer se ofreció para hacerte una mamada durante la noche de padres y maestros?

—No, un hombre. Parece que el tipo está bastante desesperado por conseguir que su hijo entre a
Harvard.

Lena se rió suavemente.

—Obviamente. —Bostezó ruidosamente—. Me voy a la cama. Buenas noches.

—Yo también. Buenas noches —dijo la rubia mientras caminaban a lo largo del pequeño trozo de
césped entre sus propiedades.

Justo antes de que Lena girara a la derecha puso su brazo alrededor de sus hombros y la dirigió
hacia su casa.

Durante las últimas tres noches había dormido en la casa de ella. No era que extrañara su cama.

Quería ver si la cama hacia la diferencia o si era Lena.

Además, Kara la había estado imaginando en su cama todo el día. Cada vez que se volvían
sexuales obligó a su mente a salir de la cuneta. Se estaba volviendo más y más difícil a medida que
pasaba el tiempo.

Nunca había tenido una amiga antes y este nivel de intimidad era nuevo y un poco aterrador para
ella.

Kara se hizo una promesa hoy.

La llevaría a su cama y si no dormía tan bien como lo hacía en la cama de la pelinegra o en la


cama del hotel, saldría y compraría una cama a juego y el problema se resolvería.

Si todavía dormía como una bebé con ella, entonces... bueno, realmente no quería pensar en eso
todavía.
Estaba bastante segura de que parte del problema era el sexo.

Tal vez debería salir y echar un polvo, y luego ver si dormía tan bien con Lena acurrucada toda la
noche.

Parte de ella estaba asustada de que eso no hiciera una maldita diferencia. Lena se estaba
convirtiendo rápidamente en su mundo y por alguna extraña razón eso estaba bien con ella, de ahí
la razón por la que estaba acojonada.

No dijeron nada mientras caminaban a la casa de Kara. Se dio cuenta de que la pelinegra estaba
nerviosa.

Diablos, ella misma estaba nerviosa.

Nunca había tenido una mujer en su cama. No importaba que no hubiera sexo involucrado. Este era
un gran paso para ella. Ni siquiera sabía si podría tolerar tener a Lena en su cama.

Cada vez que el pánico comenzaba a emerger lo empujaba hacia abajo. Sabía que si no podía
manejarlo podría inventar alguna excusa y volverían a la cama de Lena.

Con esto en mente la llevó a su habitación.

Ninguna habló cuando la rubia le pasó una de sus viejas camisetas favoritas.

Lena le dio una tímida sonrisa y desapareció en su cuarto de baño.

Se quitó sus zapatos y esperó a que ella saliera. Escuchó su ducha ser encendida y apretó los
dientes cuando una oleada de lujuria se vertió sobre él.

Frunció el ceño a la carpa un poco incómoda en sus pantalones.

—Deja de causar problemas. —Por supuesto, no le escuchó.

Nunca lo hacía en lo que concierne a Lena.

Ella misma se repetía que eventualmente su cuerpo llegaría a aceptar que Lena era sola una amiga.

—Todo tuyo —dijo Lena suavemente mientras salía del baño diez minutos más tarde con su
camiseta.

El dobladillo de la camisa terminaba justo por encima de la rodilla, dando la ilusión de que ella no
lleva nada debajo.

Tragó saliva.

Duro.

La rubia asintió con la cabeza inexpresivamente y anduvo más allá de ella hasta el baño donde
procedió a tomar una ducha fría.

Mientras se secaba vio sus pequeñas gafas dobladas sobre el mostrador del lavabo. Las recogió y
sonrió mientras las regresaba a su lugar.

Parecía que pertenecían allí.

La luz de la habitación ya estaba apagada cuando salió del cuarto de baño.


El torrente de luz de la calle iluminaba a Lena. Ella yacía sobre su espalda en el lado derecho de la
cama esperándolo.

Caminó a su lado de la cama y levantó las sábanas. Sin una palabra trepó a la cama y lentamente se
colocó encima de la pelinegra de manera que su bajo vientre descansaba entre sus piernas,
manteniendo la errante erección lejos de ella lo mejor que pudo.

Lena abrió más las piernas para acunarle.

Kara puso su cabeza entre los pechos de la pelinegra y cerró los ojos soltando un suspiro de
satisfacción.

Se sentía tan bien, tan correcto.

Después de dudarlo un momento la sintió moverse. No estaba segura de si estaba a punto de


empujarle o golpearle. La rubia se estaba tomando libertades en su arreglo para dormir, pero no
podía evitarlo.

La necesitaba desesperadamente.

En lugar de empujarle lejos, Lena envolvió un brazo alrededor de sus hombros mientras pasaba
suavemente sus dedos por su cabello.

Así fue como Kara se quedó dormida, siendo acunada por la mujer en la que más confiaba y por la
que más se preocupaba en todo el mundo.

Era absolutamente perfecto.


Capítulo 10

Capítulo 10

—¡No! ¡No voy y no me puedes obligar! —dijo Lena mientras apretaba su agarre sobre el borde
del fregadero de la cocina.

—Lena...

—¡No voy!

Kara intentó no sonreír mientras colocaba su mano sobre el pequeño y redondo trasero de Lena,
pero falló miserablemente.

La pelinegra se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué demonios estás haciendo? —exigió mientras trataba de alejarse de su mano.

—Si no sueltas ese fregadero y llevas tu culo al coche en treinta segundos no me dejas con ninguna
otra elección excepto nalguearte —dijo, disfrutando el tener su mano en el trasero de Lena más de
lo que debería, pero ella claramente lo dejaba con muy pocas opciones en la materia.

Seguro, la rubia fácilmente podía recogerla y tirarla sobre su hombro, pero ¿dónde estaba la
diversión en eso?

—No lo harías —dijo ella a través de los dientes apretados, mirándolo por encima su hombro.

Kara apretó su trasero.

Lena jadeó, saltando lejos de la rubia y corrió hacia la puerta.

—¡Bastarda! —gritó por encima de su hombro antes de abrir la puerta de un tirón y salir.

Kara la siguió a un ritmo pausado, silbando alegremente, medio esperando que ella se negara a ir
una media docena de veces más antes de que la metiera en el auto.

Salió de su casa, cerrando la puerta detrás de sí y casi gimió con decepción cuando la vio
esperándolo en el auto.

Maldición.

Allí iban sus planes para su trasero.

Se subió en el asiento del pasajero y le envió una enorme sonrisa, sabiendo que eso la fastidiaría.

Lena entornó los ojos hacia la rubia antes de apartar la mirada murmurando toda clase de cosas
desagradables sobre su virilidad que simplemente decidió ignorar.

—Vas a tener que pagar por esto —prometió.

—Lena...
—Púdrete en el infierno, bastarda traidora —silbó ella.

Kara no pudo evitar reírse.

—Es sólo una cena familiar. Realmente no entiendo por qué eso tiene a mi pequeño saltamontes
toda irritada.

—Te odio —escupió ella.

—Tú me amas —dijo, encendiendo la radio.

—Odio. Te odio.

—Uh huh —dijo distraídamente, buscando la estación de radio favorita de la pelinegra, esperando
que eso calmara a la pequeña demonio.

Desde esta mañana cuando su abuela le había llamado pidiéndole que se uniera a la familia de ella
en una cena esta noche, Lena había estado en el borde.

No estaba segura de si Lena estaba enojada porque su abuela le había llamado antes que a ella o
qué.

Todo lo que sabía era que cuando Lena escuchó que su abuela le había invitado a unirse a ellos en
la cena se volvió un poco loca.

No había importado que estuvieran haciendo fila en la panadería.

Lena había saltado e intentó arrebatar el teléfono de su mano.

Había estado demasiado sorprendido y sin duda riendo mientras la pelinegra intentaba taclearla
como para pensarlo mucho.

Naturalmente le sorprendió que su abuela no estuviera estupefacta al escuchar a su nieta gritar todo
tipo de amenazas violentas contra su persona.

Kara realmente no sabía qué demonios estaba pasando, pero a ella le gustaba la abuela de Lena y
no quería decepcionarla diciéndole que no, entonces por supuesto aceptó la invitación e intentó no
hacer una mueca de dolor cuando

Lena pateó su espinilla.

Desde ese momento había estado realmente enojada con ella. La pelinegra había ordenado los
últimos cuatro buñuelos de manzana sabiendo que ella esperaba los buñuelos de manzana todos los
viernes y no le ofreció ni uno.

Peor aún, regaló sus deliciosas golosinas durante la reunión de la mañana.

Ella pasó toda la reunión mirando a los bastardos comiéndose sus buñuelos.

Sólo empeoró después de eso.

Durante su almuerzo no sólo se negó a comer con ella, sino que de alguna manera logró robar su
almuerzo y echarlo a la basura, y se aseguró de que no hubiera deliciosos dulces en el refrigerador
del personal para que pudiera robar.

Cuando fue a comprar el almuerzo en la cafetería de estudiantes descubrió otra encantadora


sorpresa.

De alguna manera Lena se había llevado su billetera.

Al final del día había estado tan enojada y hambrienta que decidió que la pelinegra iría esta noche
quisiera o no.

Cuando llegó a casa no estaba demasiado sorprendida al descubrir que Lena se había atrincherado
en su habitación. Eso estaba más que bien con ella.

Le dio suficiente tiempo para recuperar su fuerza.

Después de devorar todo en el refrigerador de ella, irrumpió en su habitación.

Había puesto una buena pelea, pero finalmente se las arregló para arrastrarla a la sala donde fingió
lastimarse el tobillo. Cuando la soltó para revisarla la empujó haciéndole caer de lleno sobre su
trasero, y se marchó hacia la puerta de atrás. Llegó hasta el fregadero de la cocina antes de que la
rubia estuviera encima de ella.

—¿Sigues enojada conmigo? —preguntó mientras giraba hacia el estacionamiento del Harrington,
el restaurante de cinco estrellas donde la familia de ella estaba cenando esta noche.

Estaba contenta de finalmente haber encontrado su billetera durante su pequeña pelea, puesto que
esta comida iba a probablemente darle a su tarjeta de crédito un exceso.

Lena suspiró pesadamente, moviéndose para mirarlo.

—No, sólo no quiero hacer esto.

—¿De veras? No lo sabía —dijo secamente.

—Lo siento mucho —dijo Lena, mientras ella se detenía detrás de una pequeña línea de autos de
lujo.

Se encogió de hombros, pensando que la pelinegra se estaba disculpando por casi matarla de
hambre.

Eso le recordó que tendrían que pasar por la tienda de comestibles después de esto así podría
volver a llenar su nevera o si no Lena iba a estar muy molesta cuando descubriera que solo la dejó
con tres huevos, un frasco de aceitunas y un yogur caducado de chica que él nunca tocaría ni con
una cuchara de tres metros.

—Lo siento si te hice daño —dijo Lena, sonando seria.

Tuvo que reprimir una sonrisa ante el pensamiento de su pequeña saltamontes pateando su trasero.

—Yo, ah —Kara apenas logró evitar reírse—. Sobreviviré.

La pelinegra asintió majestuosamente.

—Lo sé. Me contuve.

—Y realmente aprecio eso.

—Sabes que vas a morir de hambre aquí, ¿cierto? Incluso yo tengo que conducir al Burger King
después de venir aquí —señaló Lena desesperadamente mientras Kara la arrastraba fuera de la
seguridad del auto.

Kara simplemente suspiró, preguntándose si ella realmente le conocía en absoluto.

Como si la perspectiva de comer dos cenas lo molestara.

Puf, Por favor.

—Bien —dijo Lena, dándole una pequeña sonrisa astuta mientras se levantaba, y enderezaba su
camisa lila y su falda oscura—. Si me llevas a casa ahora mismo te prometo —dijo en un tono
sensual, aproximándose hasta pasar sus dedos por la corbata—, que cumpliré todas y cada una de
las fantasías sexuales que alguna vez hayas tenido y algunas que no sabías fueran posibles.

Con un suspiro aburrido la rubia simplemente agarró su brazo y suavemente tiró de ella hacia la
entrada principal, ignorando los aparca autos mientras ellos se ahogaban con sus lenguas.

Si ella pensara por un segundo que Lena lo decía en serio, habría arrastrado su trasero de nuevo al
auto e iría a la farmacia más cercana todo mientras tenía su mano metida en la falda.

No es que realmente quisiera hacer eso.

Mucho.

—¡P... pero te estoy ofreciendo sexo! ¡Mucho y mucho sexo! —susurró con urgencia Lena
mientras entraban en un exuberante vestíbulo.

—Habrías tenido más suerte si me hubieras ofrecido un pastel de carne, mi pequeña saltamontes —
le informó, capturando su brazo mientras ella trataba de hacer otro escape.

Lena exhaló pesadamente cuando empujó sus gafas por su nariz.

—Te iba a ofrecer eso también. — Lena le dio una sonrisa esperanzada—. ¿Y si volvemos a casa y
cocino...?

—Demasiado tarde, mi pequeño saltamontes. Además, no tienes nada en la nevera para cocinar de
todos modos.

Lena frunció el ceño hacia ella.

—Pero si apenas fui de compras el otro día.

—Tenía hambre —dijo simplemente, ignorando su pequeña y adorable mirada.

—Mejor que no hayas tocado el último pedazo del pastel de calabaza —le advirtió.

Kara tuvo que reírse de eso.

—Fue lo primero que tomé —le informó a medida que se acercaban al podio de la anfitriona.

Lena le envió una mirada que prometía todo tipo de venganza.

Donde Kara podía comer casi cualquier cosa, y frecuentemente lo hacía, su pequeño saltamontes
era una adicta al pastel de calabaza.

—¡Bienvenidos al Harrington! Mi nombre es ElizaLucy, ¿En qué puedo servirles? —les preguntó
la mujer a ambas mientras le enviaba a Kara una invitadora miraba haciéndole saber que ella
podría conseguir algo más que aperitivos esta noche.

La rubia bajó la mirada a Lena, preguntándose si ella captó la mirada y que pensaba, no es que
quisiera que estuviera celosa ni nada.

Tuvo que sonreír cuando vio a Lena mirando con nostalgia la señal de salida.

—No será tan malo —dijo, tomando su mano en la suya, sobre todo para impedir que escapara otra
vez.

—Sí, lo será —suspiró ella patéticamente.

Kara dirigió su atención a la mujer que ahora estaba frunciendo el ceño infelizmente ante sus
manos entrelazadas.

—Estamos invitadas para la reunión de los Luthor con reservaciones a las seis —dijo, apretando su
agarre sobre la mano de Lena cuando sintió que ella intentaba alejarse.

—Por aquí —dijo la mujer con una sonrisa tensa.

A medida que seguían a la mujer a través de una sala ricamente amueblada, Kara no podía dejar de
preguntarse por qué Lena salía con perdedores cuando claramente estaba acostumbra a algo mucho
mejor.

Había visto algunos de los perdedores con los que había salido durante los años y dudaba que ellos
sacaran su billetera para mucho más que Denny’s e incluso entonces sólo si tenían un cupón.

Lena debería estar saliendo con alguien que estuviera dispuesto a reventarse el trasero sólo para
demostrarle cuánto significaba ella para él. Tendría que trabajar en eso con ella, pero más adelante.
Ahora tenía que centrarse en arrastrarla a su lado.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Kara, sonriendo mientras le echaba un vistazo.

—Nada —dijo rápidamente mientras trataba de moverse discretamente de manera que Kara la
estuviera bloqueando del lado izquierdo.

—No parece nada —indicó Kara, acelerando el paso, probablemente para molestarla.

—No es nada —escupió ella entre dientes apretados mientras se apresuraba de nuevo a seguir el
ritmo de Kara, girando un poco a la derecha para que su cuerpo entero estuviera bloqueado por el
cuerpo enorme de Kara.

Lena se atrevió a echar un vistazo desde detrás de la espalda Kara y casi lloró de frustración cuando
se encontró con un par de ojos oscuros ahumados con los que ella estaba muy familiarizada.

Le envió una amable sonrisa e hizo todo lo posible por ignorar la mirada determinada que él envió
en su dirección.

—¿Quién es ése? —le preguntó Kara mientras continuaban siguiendo a la anfitriona por los
espaciosos pasillos y alrededor de las grandes mesas que rodeaban la pequeña pista de baile.

—Nadie —mintió ella.

Esta noche iba a ser bastante difícil.

No quería entrar en el drama del ex novio que todavía tomaba su negativa a dormir juntos como un
reto, uno que Jack parecía empeñado en ganar sin importar cuántos años pasaran. El hombre era un
playboy auto titulado y realmente creía que podría tener a cualquier mujer que quería.

Él no siempre había sido así. Cuando empezaron a salir a los quince años él había sido tímido,
dulce y con los pies en la tierra. No fue sino hasta su último año cuando su piel se aclaró, ganó
algunos músculos y por supuesto heredó alrededor de 30 millones de dólares de su abuela que
empezó a cambiar.

Pasó de ser el chico dulce con el que ella podría ver películas de Indiana Jones al tipo que la
engañó con cualquier rubia tonta que pudiera encontrar.

Cuando lo confrontó él lo negó todo hasta que finalmente se vino abajo y le echó toda la culpa a
ella. Se despidieron como amigos, más o menos y desde entonces cada vez que la veía hacía su
mejor esfuerzo por meterla en su cama.

La última vez que se toparon, él había abandonado a su prometida dos días antes de la boda para
perseguirla.

Su desesperación por meterla en su cama no tenía nada que ver con el amor. Tenía que ver con el
hecho de que ella era, según él, la única mujer que alguna vez le había dicho que no.

Haría cualquier cosa por meterla en su cama.

Ella realmente no necesitaba esto esta noche.

Tenía suficiente con lo que lidiar.

No estaba con ganas de ser avergonzada y menospreciada frente a Kara.

Aunque esto no estaría en sus diez mejores cosas favoritas por hacer una noche de viernes, a Lena
le habría estado encantada de llegar esta noche para hacerle compañía a su abuela y hacer su mejor
esfuerzo por ignorar todas sus sutiles humillaciones, pero no podía soportar la idea de Kara siendo
testigo de lo poco que realmente ella significaba para su familia.

—Sr. Luthor, el resto de su grupo ha llegado —dijo ElizaLucy, sonriendo cortésmente mientras se
detenía frente a la gran mesa redonda donde sus padres, hermanas y sus maridos se sentaban.

Lena frunció el ceño cuando no vio a su abuela.

—Muchas gracias —dijo Kara, ignorando la invitadora mirada que la mujer le enviaba,
sorprendiendo a Lena.

Su desinterés en todas las mujeres que prácticamente se lanzaban sobre ella cuando salían siempre
la sorprendía.

No era en realidad una playboy, pensó ella mientras se obligaba a sonreírle a su familia.

—Lena, cariño —dijo su padre mientras se ponía de pie. Sus ojos se dirigieron a Kara antes de
atraerla a un abrazo y darle un rápido beso en la mejilla—. Ha pasado mucho tiempo, cariño. Te he
echado de menos.

La pelinegra apenas se detuvo a si misma de sugerirle que podía tomar el teléfono si la extrañaba
tanto, pero se contuvo.

No le dejaría saber lo mucho que la lastimaba que no la llamara como había prometido.
De todos modos era su culpa.

Debería haberlo sabido mejor.

—Esta es mi amiga, Kara Danvers —dijo, señalando a Kara quien le tendió la mano a su padre.

—Es un placer conocerlo, señor —dijo Kara educadamente.

Su padre estrechó la mano de ella, dándole una mirada curiosa.

—Es un placer conocer a una de las amigas de Lena.

Lena apenas se detuvo de hacer una mueca de dolor cuando se dio cuenta de que Kara era la
primera amiga que alguna vez había invitado a conocer a su familia desde que estaba en la escuela.

El hecho de llevar a Kara iba a ser un problema, especialmente si pensaban que estaban saliendo.

—¿Papá? —dijo Lena, atrayendo su atención antes de que se sentara.

—¿Sí, querida? —preguntó, lanzando otra mirada curiosa a Kara.

—¿Dónde está la abuela?

Él frunció el ceño hacia ella.

—¿No te llamó?

—No, ¿por qué? —preguntó, ya teniendo un mal presentimiento de adónde iba esto.

—Llamó temprano para decir que tú y tu amiga —dijo, dándole a Kara otra de esas miradas
curiosas que Lena conocía demasiado bien—, iban a acompañarnos esta noche, pero que ella
recordó que ya tenía planes para esta noche.

Lena sólo apostaba a que sí.


Capítulo 11

Capítulo 11

—Kara, esta es mi hermana Rose —dijo Lena, gesticulando hacia la mujer con el pelo recogido en
un moño muy apretado que parecía doloroso.

Ella le ofreció su mano delicadamente.

La tomó suavemente, no porque se sintiera honrada o abrumada al conocerla, simplemente tenía


miedo de romper su larga y delgada mano.

Tan discretamente como pudo, miró rápidamente a las otras dos mujeres en el grupo y rápidamente
notó que las tres eran altas, delgadas, muy flacas, y más planas que un chico de diez años.

Aunque eran mujeres atractivas en sí mismas, no tenían esa cosa como su pequeño saltamontes.

Unos minutos más tarde, cuando conoció a Martha la otra hermana de Lena y los maridos de
ambas mujeres, John y Edward, le presentaron a la madre de Lena, que parecía molesta.

Tardó un minuto en darse cuenta que ella estaba tratando de sonreír.

Botox.

Debería haberlo sabido, pensó mientras se acercaba y estrechaba la mano de la mujer tan
suavemente como lo había hecho con sus hijas. Se había encontrado con esa expresión en
innumerables ocasiones durante las reuniones de padres y maestros.

Cuando se sentó junto a Lena, quien estaba echando humo adorablemente, la rubia no pudo dejar
de notar que John, el marido de Rose tenía los ojos puestos en el culo de una camarera y
permanecían allí mientras la mujer se movía alrededor de la mesa al lado de ellos.

Rose parecía ser ajena a esto mientras fruncía el ceño en dirección a Lena.

Los ojos de Kara se desplazaron a las otras dos mujeres para encontrarlos haciendo lo mismo.

Su padre estaba mirando en su dirección, lo que era comprensible, y Edward estaba bebiendo su
vino mientras miraba fijamente el generoso escote de Lena.

Lena parecía ser inconsciente del escrutinio de su cuñado a sus senos mientras jugueteaba con un
panecillo.

—Cariño —susurró su hermana Rose, atrayendo la atención de todos—. ¿De verdad crees que
deberías estar comiendo eso? —Miró intencionadamente el bollo con el que Lena estaba
jugueteando.

Ante el ceño confundido de Kara ella farfulló:

— Carbohidratos.

Lena murmuró algo suavemente mientras depositaba su rollo, no muy suavemente, en el plato.
¿Pensaba ella que Lena debía hacer dieta?

Kara no pudo evitar pasar sus ojos sobre la pequeña figura curvilínea de Lena, deteniéndose en
todos sus lugares favoritos.

No es que realmente necesitara hacerlo, sabía a ciencia cierta que el estómago de Lena era plano.

Pero, maldita sea si los carbohidratos eran los responsables de esas curvas entonces ella se
aseguraría de mantener sus gabinetes surtidos con...

—Srta. Danvers —dijo el Sr. Luthor secamente, atrayendo su atención.

Mierda.

A juzgar por la expresión del hombre no estaba demasiado contento con la inspección de Kara a su
hija.

No es que pudiera culparlo.

Si tuviera una hija, lo que no sucedería en un futuro próximo, y luciera como Lena, ella la
encerraría y la custodiaría con una escopeta.

—¿A qué se dedica, Srta. Danvers? —preguntó el Sr. Luthor, tomando un sorbo de su vino.

—Enseño historia en la Preparatoria Latin Scribe —respondió, observando todas las expresiones
de disgusto del resto de la familia de Lena ante dicho anuncio.

No es que fuera una ídola, pero realmente ¿necesitan actuar como si hubiera dicho que recogía
mierda de caballo con sus manos para ganarse la vida?

El Sr. Luthor le dio un guiño de aprobación.

—Esa es una muy buena escuela. Varios de los hijos mis clientes asisten allí. —Volvió su atención
a Lena—. Tal vez deberías pensar en solicitar un puesto allí, Lena.

Antes de que Kara pudiera abrir la boca y preguntarle a él de qué demonios estaba hablando, Lena
sonrió firmemente y dijo:

— Es una gran idea, papá. Enviaré mi currículum la semana que viene.

—Creo que es una jugada inteligente —dijo su padre, ajeno al profundo rubor que se extendía
sobre la cara de Lena mientras una vez más desviaba la mirada hacia la servilleta.

—¿No debe tener ella una licenciatura especial para enseñar a niños de secundaria? —exigió
Martha en tono aburrido lo que prácticamente daba a entender que en realidad no le importaba—.
Es profesora de preescolar, ¿no? Realmente no creo que vayan a contratarla para enseñar a
adolescentes.

—Me ocuparé de eso mañana —dijo Lena, sin molestarse en levantar la vista de la servilleta.

¿Qué demonios estaba pasando?

Esto tenía que ser una puta broma, pensó mientras se recostaba en su asiento y discretamente
buscaba alrededor del costoso decorado las cámaras ocultas.

Simplemente no había forma de que su dulce y pequeño saltamontes proviniera de una familia tan
fría.

—Si estás pensando en regresar a la universidad, tal vez deberías buscar una carrera real —dijo la
Sra. Luthor, enviándole una sonrisa de disculpa que realmente le decía que le importaba muy poco
si acababa de insultarla—. Estoy segura de que tu padre estaría más que feliz de pagar por la
Facultad de derecho o la Facultad de medicina.

—Por supuesto —dijo su padre distraídamente mientras comprobaba su agenda electrónica—. Sólo
asegúrate de enviarle a mi secretaria la factura de la matrícula, como la última vez que asististe.

La mano de Lena se quedó inmóvil a mitad de camino a su vaso de agua y Kara tuvo que fruncir el
ceño.

Sabía por los alardes de la abuela que Lena tuvo que tener tres trabajos para pagarse la universidad
y que se rehusó absolutamente a cualquier ayuda de su familia.

Nunca lo entendió hasta ahora.

—Quizás debería aplicar a dondequiera que asistió la Srta. Danvers si quiere enseñar en la escuela
secundaria. ¿A qué universidad asistió usted, señorita Danvers? —pregunto la Sra. Luthor mientras
enviaba un pequeño saludo a alguien en otra mesa.

—Harvard —dijo, mirando alrededor de la mesa y tomando nota de las expresiones aburridas.

Esta cena familiar era como ninguna que alguna vez hubiera experimentado. Estaba acostumbrada
a abundantes comidas llenas de expresiones de cálida bienvenida y con peleas cada dos segundos.

Esta cena era fría y clínica, y no podía dejar de pensar que Lena no pertenecía aquí.

Ella era cálida, dulce y llena de vida.

El Sr. Luthor sonrió.

—Un compañero —dijo, sosteniendo su copa en señal de saludo—. Su padre no será Richard
Danvers, ¿verdad? Él y yo asistimos a la Facultad de derecho juntos. Un hombre brillante.

Kara tomó un sorbo de su agua y negó con la cabeza.

—No, el nombre de mi padre es Jeremiah. Es dueño de una empresa de construcción en Midvale.

El Sr. Luthor frunció el ceño ligeramente.

—Bueno, supongo que a la empresa de su padre le va bastante bien si él pudo permitirse el lujo de
enviarlo a Harvard.

—Sí, va bien, pero en realidad asistí con una beca de fútbol —dijo Kara, sin sorprenderse cuando
la expresión del Sr. Luthor volvió a ser de desaprobación.

Como estudiante becada había sido tratado un poco mejor que el personal de empleados. Había
recibido agradecimientos, regalos y palmadas en la espalda, cuando anotó un touchdown.

Cuando no anotaba touchdowns se esperaba que trabajara duro e hiciera todo lo que se le decía sin
quejarse.

No esperaban mucho de ella académicamente. Dudaba incluso de que esperaran que asistiera a
clase, pero lo había hecho. Trabajó duramente para graduarse un año y medio antes, enojando a los
egresados.

Habían estado empeñados en hacerle jugar sin descanso los cuatro años, pero no le importó. Se
aseguró definitivamente de obtener su educación tan rápido como pudo, ya que sabía que si se
jodía en el campo de fútbol y no podía jugar más, ellos no dudarían en sacar su culo por la puerta.

—Creo que ella debería pensar en sentar cabeza. —Rose, al menos pensó que la que estaba junto a
él era Rose, dijo, haciéndolo sudar.

Cristo, por las miradas que ellos habían estado enviando en su dirección desde que se sentó era
obvio que todos pensaban que él era su novio.

¿Realmente pensaban que ella le trajo porque estaban siendo serias?

¿Ella, casada y con hijos?

Infiernos no.

Tal vez debería sólo...

—Estoy segura de que Edward puede pensar en varias personas que estarían interesadas en nuestra
Lena —sugirió Rose.

—Creo que es una excelente idea —aceptó el Sr. Luthor con entusiasmo.

Espera, ¿qué?

—John probablemente conoce a algunas otras personas que estarían interesadas también. ¿No
John? —preguntó Martha.

John apartó la vista del trasero de otra mesera y asintió con la cabeza.

—Estoy seguro de que puedo pensar en varias personas a las que les encantaría conocerla. —Tan
pronto como respondió, sus ojos estaban en trasero de otra mujer.

¿Era ella la única que se dio cuenta de que había sido insultada aquí?

Esto era una mierda.

Ella era un gran partido.

Un montón de mujeres, para su horror, querían casarse con ella.

Estaba a punto de decirles eso cuando algo llamó su atención.

Un pequeño resoplido de risa.

Se giró y miro a Lena mientras se sacudía riéndose silenciosamente.

Ellos irrespetaban su persona y ¿Lena se estaba riendo de ella?

¿Qué diablos?

—¿Lena querida, estás bien? —preguntó la Sra. Luthor.

Lena parecía que solamente podía asentir.


—¡Oh, acabo de tener una maravillosa idea! —Martha, Rose o quién diablos fuera dijo con
entusiasmo—. Jack está aquí. ¿Por qué no le invitamos a unirse a nosotros? Tú sabes lo mucho que
quiere a Lena.

¿Quién demonios era Jack?

Kara se preguntó mientras seguía los ojos del señor Luthor a la mesa que habían pasado antes, y
aterrizó en el castaño bastardo que le sonreía a Lena.

Tenía el cabello oscuro perfecto, una cara promedio y vestía un traje caro a medida, que tal vez
costaba más que toda la ropa de Kara junta.

Cuando el hombre envió una cálida sonrisa en dirección a Lena, decidió que odiaba al bastardo.

—Déjame conseguir una mesera para pedirle que nos acompañe —dijo el Sr. Luthor, gesticulando
hacia un camarero.

A juzgar por la sonrisa presumida de Jack, él sabía exactamente que estaba sucediendo.

—No, papá, está bien —dijo Lena, todo el humor se había ido mientras el obvio terror se hacía
cargo—. Él parece ocupado.

—Tonterías —dijo la Sra. Luthor—-. Sabes que Jack siempre encuentra tiempo para ti. Es un
hombre tan dulce. Por mi vida, no entiendo por qué terminaste las cosas con él.

—Si me hubieras escuchado, estarías casada hace años, asentada y no perderías tu tiempo en
insensatas actividades —agregó Sra. Luthor, haciendo que la mandíbula de Kara se tensara.

—Ella nunca encontrara algo mejor que Jack. Eso es seguro —dijo Martha, enviándole una mirada
aburrida antes de volver su atención hacia Jack.

—No estoy interesada en Jack —dijo Lena rápidamente, viendo como caminaba el camarero hacia
su padre—. Papá, yo...

El Sr. Luthor hizo caso omiso de sus preocupaciones.

—Creo que esto es lo mejor para ti, Lena —dijo antes de darle a el camarero el mensaje para Jack.

La rubia se dio cuenta de que Lena realmente no quería que Jack se uniera a ellos.

Ese conocimiento le apaciguó un poco.

Sólo un poco.

Estas personas eran los snobs más grandes que había conocido en su vida y no sólo porque le veían
por encima del hombro, sino porque miraban por encima del hombro a Lena.

Ella no se merecía nada de esto.

—Papá, me gustaría que no hubieras hecho eso —dijo Lena cuando el camarero se alejó—. No
estoy interesada en Jack. Te lo he dicho antes.

—No estaría de más que le des otra oportunidad, cariño —dijo la Sra. Luthor.

En serio, ¿alguno de ellos incluso consideraba que ella era la cita de Lena?
No es que lo fuera, pero aun así era jodidamente insultante.

Si Lena no fuera una de sus mejores amigas, consideraría hacer algo para decirle a su familia que
se fuera al infierno, pero no podía o la pelinegra dejaría de cocinar para ella y no estaba dispuesta a
arriesgarse.

Las cosas qué podría hacer su pequeño saltamontes con una galleta con chispas de chocolate...

Kara empujó su silla hacia atrás.

Decirle a su familia que se fuera no podría ser una opción, pero eso no significaba que no pudiera
rescatar a su pequeño saltamontes.

Tomó su mano en la suya mientras se ponía de pie, no le pasaron desapercibidas las miradas sucias
que su familia envió a sus manos entrelazadas y suavemente tiró de Lena a sus pies.

—¿Bailas conmigo? —preguntó suavemente, asintiendo con la cabeza hacia la pequeña pista de
baile llena de una media docena de parejas.

Sus ojos se dirigieron de nuevo a su familia y se agrandaron cuando vieron a Jack rumbo en su
dirección.

—Me encantaría —dijo, prácticamente arrastrándolo fuera de la mesa.

Cuando Kara la tomó en sus brazos, ella se sintió relajada por primera vez en una hora.

—¿Quieres contarme sobre él? —preguntó Kara, experto en eludir las otras parejas en la pequeña
pista de baile.

Mordiéndose el labio inferior con nerviosismo, observó a Jack tomar el asiento desocupado de
Kara.

Le dijo algo a su padre y ambos se volvieron hacia ellos.

—Fue mi novio de la secundaria. Rompimos cuando estábamos en el último año.

—¿Y él quiere continuar donde lo dejaron? —conjeturó Kara.

—No —dijo Lena, distraídamente tamborileando sus dedos contra su hombro—. Quiere
perfeccionar su récord.

Ante el ceño de Kara ella se encogió de hombros.

—Me negué a dormir con él.

Sintió los músculos del hombro de Kara tensarse mientras entrecerraba los ojos primero hacia ella,
luego hacia Jack antes de observarla de nuevo.

—¿Cómo puedes estar tan segura de que eso es todo lo que quiere?

—Me lo dijo —dijo Lena simplemente—. No está interesado en nada más que añadir otra muesca
a su cinturón.

—¡Qué idiota! —murmuró Kara, ganando unos jadeos de las mujeres a su alrededor.

Lena se dio cuenta que se estaba conteniendo a duras penas para no rodar los ojos.
Tanto como odiaba estar aquí esta noche, y Dios odiaba estar aquí esta noche, tenía que admitir
que era bueno no estar totalmente sola.

Estar aquí con Kara hacia casi tolerable esta noche.

Incluso había logrado hacerla reír, no a propósito por supuesto, pero había sido incapaz de parar de
reír al ver su expresión sorprendida cuando su familia lo descartó tan fácilmente.

El trato de su familia hacia la rubia la había enojado más que la forma en que la habían tratado a
ella.

Simplemente debería irse.

Era obvio que realmente no las querían aquí y no estaba a punto de pasar las próximas dos horas
obligando a Jack a quitar discretamente su mano de su pierna o tratando de ignorar las
insinuaciones sexuales que susurraba en su oído.

Además, realmente no quería sentarse alrededor por otro minuto mientras trataban tan
horriblemente a Kara.

Era una buena amiga y merecía un trato mejor que ese, especialmente desde que había sido más
que amable con ellos sin importar lo desagradable que fueran con ella.

Ambas se giraron a tiempo para ver a Jack levantarse y dirigirse en su dirección. Genial.

Esta noche estaba a punto de empeorar.

Kara le sonrió con esa sexy sonrisa suya mientras se inclinaba y le susurraba:

—Vamos a largarnos de aquí.

Realmente era la mejor amiga, decidió Lena mientras hacían su escape.


Capítulo 12

Capítulo 12

—Lo siento, Srta. Danvers —murmuró rápidamente Eric, uno de sus normalmente mejores
alumnos, mientras apartaba los ojos de mirada asesina de Kara.

Durante las últimas tres semanas había estado desquitándose con todos.

Su fachada, normalmente despreocupada, ahora había desaparecido.

No tenía ningún sentido.

Había estado recibiendo el mejor sueño de su vida y Lena se había convertido rápidamente en la
persona más importante en su vida. No podía imaginarse vivir sin ella.

No quería.

No importa lo que hiciera durante el día, por la noche estaban juntos. No de la manera en que le
gustaría, pero todavía podía encontrar la paz al final de un largo día.

Hace dos semanas renunciaron a salir corriendo de la cama de la otra para ir a ducharse y
cambiarse de ropa en la mañana. Ahora ella tenía artículos de aseo en el baño de ella con un poco
de espacio en su closet, armario y mesa y ella tenía lo mismo en su casa.

Era raro, pero probablemente no tan raro como dos mejores amigos que dormían juntos, pero ni
siquiera se daban un beso.

Era como si estuvieran viviendo juntas, pero alternando de una casa a la otra.

Pasaban mucho tiempo juntas, pero también pasaban mucho tiempo solas o con amigos.

Cuando estaba lejos de ella, se preguntaba qué estaba haciendo y pensando. Varias veces tuvo que
impedirse llamarla para averiguarlo. Lo único que estaba salvando su cordura era saber que ella no
estaba saliendo con alguien más.

No sabía cómo se sentiría al respecto.

A juzgar por las ganas de golpear con su puño un muro cada vez que pensaba en ella y alguien
más, no era bueno.

Otra ovación alegre salió de la puerta de al lado.

Apretó la mandíbula firmemente mientras se centraba en los quince alumnos de su clase de


Honores de historia de [Link]. Éste era su bloque de estudio de dos horas para repasar el material
para el examen final de mañana y solo habían pasado diez minutos y ya quería estrangular hasta a
el último de ellos.

Tiró sus papeles en su escritorio con disgusto, haciendo que sus alumnos se movieran alrededor
nerviosamente en sus uniformes diseñados para la escuela.

—No entiendo esto. ¡Hemos revisado este material durante todo el año y ninguno de ustedes tiene
ni idea de qué diablos estamos hablando! —Su voz se alzó, haciendo que las chicas lucieran a
punto de llorar.

Otro ensordecedor aplauso vino de al lado, llamando su atención de nuevo a la mujer que estaba
siempre en su mente.

Clavó los dedos en su cabello y se paseó por el piso.

Estaba tan tensa en este momento, tan cerca de romperse.

Un suave golpe vino de la puerta que conectaba a su aula con la de Lena.

Lena asomó la cabeza, sonriendo.

Esa sonrisa fue como un bálsamo para su alma, al instante lo relajó.

—¿Sí? —le preguntó en un tono mucho más suave del que había estado usando con los chicos.

Lena mordisqueó nerviosamente su labio.

—Srta. Danvers, me preguntaba si podría pedirle a usted y a sus estudiantes un enorme favor.
Necesito un poco de ayuda preparando a mis chicos para su prueba de mañana y puesto que ambas
clases están estudiando el mismo material, tenía la esperanza de que no le importara venir aquí y
darme una mano.

—Sí, por supuesto. —Se encontró respondiendo inmediatamente.

¿Quién diablos podía decirle que no a alguien tan adorable?

Ella empujó sus lentes arriba de su nariz y sonrió otra vez estando malditamente cerca de hacer que
sus rodillas se doblaran.

—¡Excelente! —dijo brillantemente, abriendo la puerta aún más ampliamente—. ¿Por qué no
vienen sus chicos aquí? —La pelinegra se volvió para mirar a su clase. —Bien, pandilla de
bribones, ¡hagan algo de espacio!

Kara agarró el paquete de exámenes de repaso que hizo el fin de semana y la siguió.

Mientras caminaba más allá de Lena, no pudo evitar agarrar su mano y darle un apretón.

Si alguno de los chicos lo vio, inteligentemente mantuvieron la boca cerrada.

Vio cómo sus estudiantes llenaron los asientos vacíos del salón de clases de ella.

Seguían disparándole miradas nerviosas.

Sin duda estaban esperando que empezara a gritar otra vez.

Pocos podían imaginar que su pequeño saltamontes la mantenía conectada a tierra.

Lena brincó sobre la mesa y cruzó una hermosa pierna sobre la otra, llamando la atención de cada
chico.

La rubia tuvo que detenerse a sí misma de matar a los pequeños bastardos en ese momento.

Su pequeña saltamontes parecía ajena a la atención que atraía mientras extendía la mano y agarraba
una bolsa de papel grande.

Hizo una pequeña mueca cuando la cogió y la puso sobre su regazo. La pelinegra lo sostuvo en
alto, agarrando un paquete grande con la otra mano.

Kara no esperó una invitación.

Se sentó en la mesa justo al lado de ella.

—Muy bien, chicos, para aquellos de ustedes que se acaban de unirse a nosotros estamos teniendo
un examen de repaso. Cada uno tomará un turno para hacerles una pregunta. Si saben la respuesta
obtendrán un premio —dijo ella.

Vio cómo sus estudiantes visiblemente se relajaban.

Kara no creía que fuera por el premio, sino por el indulto de su temperamento.

Curiosa por el premio se inclinó y abrió la boca.

¿Cómo se atrevía a ocultar estos de ella?

Le envió una mirada, ganando uno de sus exasperados rodamientos de ojos.

Metió la mano en la bolsa sólo para recibir un manotazo en la mano.

¿Cómo es que ella se atrevía?

—Puedes tener uno después de que cinco de tus alumnos respondan correctamente a una pregunta
—le informó ella.

Kara les lanzó una mirada mordaz a sus alumnos, haciéndoles saber que debían responder
correctamente y rápido si querían vivir.

La mujer tenía una bolsa enorme, probablemente veinte libras, de Kisses de Hershey’s y mini tazas
de mantequilla de maní de Reese y ella estaría condenada si no recibía, por lo menos, quince libras
de esos.

Al diablo con los niños.

¿Realmente necesitan educación más de lo que ella necesitaba chocolate?

Todos tenían fondos fiduciarios.

Podrían salir con una educación de décimo grado.

Ella por otra parte necesita el maldito chocolate.

Una vez que sus cinco estudiantes contestaran sus preguntas correctamente él atacaría esa bolsa sin
importar las consecuencias.

—Bien, chicos, primera pregunta —anunció Lena mientras miraba su paquete— ¿Quién fue el
primer presidente de Estados Unidos?

Cada mano en la sala se levantó.

Kara bufó.
—¿Estás tratando de regalar mi chocolate? Hazlos esforzarse.

Lena aleatoriamente seleccionó un estudiante, uno de los suyos y lanzó un Kiss.

A medida que hacía las preguntas se hacían más difíciles.

Nueve preguntas más tarde la rubia estaba pacientemente esperando que uno de sus estudiantes,
John, respondiera una de las preguntas de Lena.

—Fue en mil ochocientos sesenta... —el chico se calló mientras pensaba. Kara iba a reprobar al
niño si no podía responder la pregunta.

No porque reflejaba pobremente sus habilidades de enseñanza, sino porque ésta era la quinta
pregunta y, ¡ella quería chocolate!

Mientras que Lena estaba mirando al chico esperando por la respuesta, Kara discretamente levantó
cuatro dedos.

—Mil ochocientos sesenta y cuatro —respondió John rápidamente, tratando de no mirar a Kara.

—Muy bien —dijo Lena, lanzando a John una taza de mantequilla de maní.

—Oye, ¡eso no es justo! —lloró Cindy o cuál diablos fuera el nombre de la chica del baile. La
rubia debería de haber sabido que la brujita buscaría venganza—. ¡La Srta. Danvers le dijo la
respuesta!

—No seas mezquina. John respondió la pregunta correctamente —dijo, tendiendo la mano por el
chocolate que le debían.

Lena le miró atentamente mientras ella le daba su expresión más inocente.

—¿Acabas de hacer trampa para así poder conseguir el chocolate?

Hizo todo lo posible por lucir insultada.

—¿Yo haría eso? —demandó ella.

La pelinegra rodó los ojos y le entregó un enorme puñado de chocolates.

—Esto debería evitar que hicieras trampa por un tiempo.

—Tú podrías pensar eso, ¿no es cierto? —dijo la rubia, desenvolviendo sus golosinas mientras
Cindy o quién diablos fuera, fruncía el ceño hacia ella.

La ignoró.

Se comió el chocolate entre las preguntas de la clase. Sólo se detuvo para estirar su mano hacia
atrás y tomar la botella de agua de Lena para bajar el chocolate.

Mientras que se sentaron allí cadera con cadera haciendo preguntas, la rubia extendió la mano por
detrás y casualmente froto en círculos la parte baja de la espalada de Lena.

Casi gimió cuando sintió su temblor.

En el exterior ella estaba fresca y relajada.


Se reía con los niños y nunca tuvo problemas siguiendo con sus preguntas.

Solo dejó de frotar su espalda cuando ella le dio más chocolate, lo que ocurrió cuando le sorprendió
haciendo trampas.

La campana del almuerzo sonó.

Lena levanto una mano.

—Muy bien, chicos. Han estudiado duro todo el año. Quiero que vayan a casa, repasen y luego
quiero que se relajen. Esto es solo una prueba, chicos. Simplemente recuérdenlo y les irá bien.
Todos acuérdense que quien gane una calificación buena de por lo menos ochenta, se unirá a mí la
semana que viene en el último día de clases y haremos nuestra propia fiesta de helado.

Kara observó a Lena.

Primero el chocolate y ahora el helado.

¿Qué otra cosa estaba ocultándole?

Levantó la mano para evitar que todos salieran.

—Lo mismo va para mi clase —dijo.

—Copión —murmuró Lena.

—Malditamente correcto —dijo la rubia mientras saludaba a los estudiantes que salían.

Ellas se levantaron y se fueron mientras Kara alargaba la mano y agarraba la bolsa de Lena.

La coloco en su regazo y comenzó serpentear alejándose.

Lena le quito la bolsa y la dejó caer en un cajón de su escritorio, cerrándolo con llave.

La rubia rodó sus ojos.

—Sí, porque crees que eso me va a detener.

—Compórtate. Si queda algo para el final del día podrás tener más —dijo Lena mientras guardaba
sus cosas. Hizo una pausa en la puerta e intentó parecer severa cuando dijo—: ese chocolate es
mejor que este ahí después del almuerzo, señora.

—Por supuesto —aceptó fácilmente.

Lena le lanzó una última mirada de advertencia antes de dirigirse hacia la cafetería para el
almuerzo.

Kara estaría justo detrás de ella, ya que tenían el mismo horario.

Solo tenía que hacer una cosa antes de eso.

Después de asegurarse de que la pelinegra se había ido, se arrodilló y tomó la cerradura con dos
clips que encontró en su escritorio. Segundos después la cerradura hizo clic y robó el botín, se
dirigió a su salón, suspirando.

¿Cuándo aprendería ella?


—Todavía no entiendo tu problema —dijo Sam.

Lena frunció el ceño a través del reservado a su amiga.

—¿Qué es lo no que entiendes? De alguna manera me las arreglé para encontrarme a mí misma en
una relación seria sin la relación.

—Eso suena... diferente —dijo Sam. Tras una breve pausa Sam le preguntó—: ¿Qué diablos
quieres decir? Pensé que tú y Kara eran sólo amigas.

—¡Lo somos! Es solo que... —Suspiró pesadamente mientras jugueteaba con la etiqueta de la
cerveza—. Ella ya no sale con nadie más. Ni siquiera muestra ningún interés en otra mujer.
Cuando salimos aleja a las mujeres diciéndole que no está interesada.

—Bueno, eso es dulce...

—Cuando los chicos se me acercan, pone su brazo a mí alrededor y les da miradas que los asustan
totalmente. Anoche, cuando estábamos con Mike en el cine, un tipo en la fila estaba demasiado
cerca de mí y Kara se metió en una pelea a gritos con el hombre.

—Ella solo está siendo protector...

—Me trata como a su novia. Siempre está tocándome y abrazándome. Dormimos en la misma
cama todas las noches. ¡Intentamos dormir en posiciones como si fueran posiciones sexuales! —
susurró en voz baja, esperando que la ruidosa música de la rocola bloqueara su voz al resto de los
clientes de la barra.

—¿Y no te gusta nada de esto? —adivinó Sam.

—¿Gustarme? ¡Me encanta! Pero quiero más. Dios, no puedo dejar de pensar en ella y tenerla tan
cerca, pero no lo suficientemente cerca me está matando. Soy tan patética —murmuró ella
tristemente.

—¿Lo sabe?

—No. Si lo hiciera, ya habría dado un paso atrás. No quiere una novia. Ella quiere una amiga, una
hermana.

—No suena de esa manera para mí.

—Créeme. No hay ninguna posibilidad en el infierno de que Kara Danvers vaya a cambiar su
forma de ser por mí.

—Bueno, no, si no le das una oportunidad no lo hará. — Sam se extendió y tomó su mano—. Estás
enamorada de ella, ¿no?

Lena limpió sus ojos.

—Hablemos de otra cosa.

—Bien —suspiró Sam. Agitó la pequeña pajita roja de su ginger ale y miró alrededor de la barra—.
Hay un montón de chicos muy lindos aquí esta noche.

Lena siguió la mirada de su amiga y asintió en acuerdo.

Había un montón de chicos guapos aquí esta noche. Eso provocó otra interesante pregunta. Si
decidiera salir con alguien y llevarle a casa, ¿se enojaría Kara?

Si empezaba a salir con alguien, no podría dormir en la misma cama con Kara. No sería justo y
haría las cosas aún más raras.

El hecho de que no quería que nadie más, excepto Kara, la sostuviera, no ayudaba en nada.

Gimió internamente.

Esta noche era sobre relajarse después de un largo día de exámenes. No estaba aquí para andar en
la luna pensando en Kara Danvers.

Esta noche estaba aquí para tomarse unos tragos, jugar una partida de billar, y relajarse.

—Ah, Lena, tal vez deberíamos irnos a otro lugar. ¿Por qué no alquilamos una película,
conseguimos algo de pizza y vamos a mi casa? —preguntó Sam, sonando nerviosa.

Lena frunció el ceño.

—Hemos estado esperando una hora por la mesa de billar y somos las próximas. Además no he
terminado mi cerveza. ¿Qué ocurre?

Sam miró su bebida y mordisqueó su labio por un momento.

Parecía a punto de llorar.

—¿Sam? —dijo Lena suavemente.

Sam sacudió la cabeza y sollozó ligeramente, pero no levantó la vista.

Sonoras carcajadas atrajeron la atención de Lena hacia la puerta. Sus ojos se estrecharon
peligrosamente.

—Ese hijo de puta —siseó ella.

—Lena, por favor no vayas a hacer gran cosa de esto. Simplemente vámonos...

Lena ya estaba de pie y se dirigió hacia el pequeño grupo cerca del bar. Se abrió paso a través del
grupo hasta que estuvo cara a cara con el ex prometido de Sam y la voluptuosa rubia acurrucada a
su lado.

Soltó un bufido.

Ni siquiera era la misma por la que dejó a Sam.

Era patético.

Realmente deseaba haberle dicho hace años cuan perdedor era él.

—¿Qué demonios quieres? —Ted prácticamente se mofó.

Ella se encogió de hombros.

—No mucho. Me preguntaba si te van crecer algunas bolas y vas a ayudar a Sam. Te acuerdas de
Sam, ¿no? ¿La mujer con la que saliste durante cuatro años, engañaste constantemente, le pediste
casarte y luego preñaste antes de dejarla por una desnudista? Bueno, me estaba preguntando si
planeas la manutención a corto plazo y ayudar a Sam con las facturas médicas de este embarazo.
Simplemente pensaba que sería bueno si ella pudiera permitirse el lujo de mantener a su niño con
pañales y fórmula. En cierto modo es divertido creo.

La mujer bajo su brazo se sobresaltó y se apartó de él con abierto disgusto.

—¿Embarazaste a una mujer y la dejaste? ¡Qué idiota! —dijo antes de alejarse y mostrarle el dedo
medio. Sus amigos se rieron de él. Ted la fulminó con la mirada.

Ted gruño.

—¡Tú, estúpida perra! ¡Estoy tan harto de ti arruinando mi vida! Sam aceptó nuestra ruptura,
¿cuándo diablos lo vas a hacer tú? No quiero nada con esa perra fea de pecho plano o su mocoso de
mierda y, ¡déjenme en paz! Y si estás tan preocupada con la mierda de los pañales, entonces
cómpralos tú, ¡perra!

—Escucha tú...

—Lena, ¡por favor! —declaró Sam, repentinamente a su lado, mientras intentaba alejar a Lena—.
¡Vámonos!

—¡Ya está! Tienes que decirle que meta su cabeza en sus putos problemas —dijo Ted, empujando
duro a Sam en el hombro para resaltar su punto.

—Oh, no, ¡no lo hiciste hijo de puta! —dijo Lena justo antes de que lanzara sus puños de peluche
hacia el bastardo.
Capítulo 13

Capítulo 13

—¿Cortarían los dos la mierda? Estamos aquí para tener una noche de diversión, no un concurso
de meadas —les dijo Winn a los dos hombres mirándose entre sí. Miró al cielo y suspiró—, esto es
malditamente ridículo.

—Ella es el que está siendo una imbécil —dijo Mike, empujando a Kara.

Kara lo empujó en respuesta, más duro, enviando a su amigo hacia una camioneta estacionada.
Señaló con el dedo a Mike.

—Mantente lejos de ella de una puta vez.

—Oh, vete a la mierda, santurrón imbécil. No la quieres, pero no quieres que nadie más la tenga.
¡No es tu propiedad!

Kara sintió su mandíbula tensarse con más fuerza.

—¿Qué vas a hacer cuando empiece a salir con alguien más? ¿Huh, chica dura? — Mike le empujó
—. Algún día pronto esta pequeña amistad suya no será suficiente para ella, va a ir a alguien más y
no la tendrás más. ¿Ya has pensado en eso? —bufó Mike— Ella es una mujer hermosa, divertida,
dulce. ¡Muchas personas ajustarían su tuerca por una chica como ella!

Kara sintió que toda la sangre se drenaba fuera de su cara.

Permaneció allí mientras la realidad de las palabras de Mike le golpeaba duro.

Un día, Lena estaría con otro hombre con el que hablaría, vería los partidos, o simplemente se
sentarían en absoluto silencio pacífico mientras trabajaban o comían, y lo peor de todo sería otro
hombre sosteniendo a Lena en sus brazos por la noche.

—Mierda... —jadeó.

—Oh, bien, ¡lo arruinaste! ¿Estás contenta ahora? —exigió Winn—. Vamos, amiga, vamos a
conseguir arreglarte con una cerveza fría y un plato de alitas de pollo. ¿Cómo te suena eso? ¿Te
parece bien?

Aturdida, Kara asintió.

Winn frunció el ceño hacia Mike que parecía conmocionado profundamente por la reacción de
Kara.

Sin duda, el hombre probablemente esperaba un buen juego de empujones y un par de ataques.

Que Kara hubiera quedado repentinamente tranquila era absolutamente aterrador.

—¡Espero que estés feliz! —Winn le gritó a Mike—. ¡Lo arruinaste!

—Estaba enojado.... no sabía.... yo... —Él se encogió de hombros mientras ayudaba a Winn a
dirigir a un muy entumecido Kara dentro del bar—. Mira, lo siento. Sólo pensaba que ella no creía
que fuera lo suficientemente bueno para ella. Mierda. No me di cuenta de que...

Sus palabras se cortaron cuando Winn sacudió la cabeza.

Mike miró a Kara y asintió. La mujer claramente no estaba preparada para oír nada de esto. Kara
no era consciente de que sus amigos estuvieran hablando.

No podía concentrarse más allá de la idea de otra persona tocando a Lena.

Su Lena.

—¡Por favor, detente! —gritaba una mujer mientras ellos empujaban dentro a un Kara todavía
terriblemente tranquilo.

Divisaron una mujer alta que se veía increíblemente familiar siendo retenida por dos mujeres que
estaban tratando de calmarla mientras miraban nerviosamente a un pequeño grupo de hombres.

De repente, el grupo se separó.

Los tres se quedaron en estado de shock mientras Lena golpeaba, bueno una especie de bofetada
con los puños de una manera tipo molino, a un hombre corpulento que parecía más enojado por su
ataque que realmente herido.

—¡No se te ocurra tocarla otra vez! —gritó Lena mientras continuaba su raro ataque ridículo.

—¡Cállate, perra! —dijo el hombre, empujando lejos a Lena.

La pelinegra se tambaleó hacia atrás y cayó al suelo, con fuerza.

Kara vio rojo mientras todo a su alrededor se borraba en una neblina mientras él se centraba en el
hombre que acaba de poner sus manos sobre Lena.

Sin decir palabra, se acercó al hijo de puta y le dio un puñetazo en la cara, enviándolo a golpear su
espalda contra el bar.

El hombre se inclinó en agonía, ahuecando su nariz.

—¡Me rompiste la nariz, imbécil!

—Si alguna vez le pones otro dedo encima, te mataré. ¿Me entiendes? — Prometió él con furia
apenas contenida.

El hombre intentó fulminarle con la mirada y se estremeció.

Finalmente asintió.

—Bien —dijo lentamente, dando la vuelta—. ¡Whoa! —jadeó mientras su pequeño saltamontes se
topó con ella mientras intentaba reanudar su pequeño lindo ataque.

—¡Lena! —dijo, tratando de sacarla de eso.

Ella no le hizo caso, tratando de pegarle al hombre o lo que fuera que estuviera haciendo.

Con un suspiro de exasperación la echó a su hombro y se dirigió hacia la puerta.

—¡Tienes suerte, Ted! ¡La próxima vez te patearé el trasero! —gritó.


Kara le dio una palmadita condescendiente a su trasero.

—Estoy segura de que lo tienes temblando en sus calzoncillos, mi pequeño saltamontes. No hay
necesidad de asustarlo.

La pelinegra se agarró de la cintura de sus vaqueros para ayudarse a empujarse a sí misma de modo
de poder mirar al hijo de puta.

—¡Voy azotar tu trasero! ¡La próxima vez no me voy a contener!

—¡Dile que cuide su espalda! —sugirió Mike, riendo.

Kara casi rodó los ojos cuando Lena hizo precisamente eso.

Soltó un suspiro cansado.

—Vayamos a tu casa antes de que hagas que el hombre se orine encima.

—Tienes suerte, sinvergüenza —gritó ella, haciéndole sonreír.

Era tan malditamente linda.

Lena gruñó y pateó las mantas apartándolas de ellos.

—¿Vas patear el trasero de la sábana también? ¿Debería correr a un lugar seguro? —preguntó
Kara, reprimiendo una sonrisa enorme que amenazaba con revelarse.

—¡Hace calor! —dijo en una pequeña linda voz quejumbrosa—. Y deja de burlarte de mí.
Absolutamente pateé traseros esta noche —dijo ella con desdén—. Puede ser que incluso me
prohíban entrar al bar después de esta noche.

La rubia parpadeó.

—¿Por qué?

Se dejó caer de espaldas lejos de la rubia.

—¿Cómo que por qué? ¡Empecé una pelea!

—¿En serio? ¿Cuándo?

—¿Qué quieres decir con cuándo? Tú estabas allí. ¡Me viste patear un trasero!

—¿Esa cosa que estabas haciendo con tus manos? —Lena asintió con la cabeza—. Pensé que
estabas teniendo un ataque de algún tipo.

La pelinegra abrió la boca y le dio un empujón juguetón.

—¡Idiota! Pateé completamente su trasero y podría patear tu trasero.

Kara la miró por un momento antes de echarse a reír.

La cama se sacudió mientras reía, probablemente más de lo que nunca se había reído en toda su
vida.

Las lágrimas corrían por su rostro mientras se agarraba su costado porque comenzaba a sentir un
calambre.
—¡Oye! ¡Deja de reírte de mí! ¡Soy una gran amenaza, maldita sea! —Su tono serio lo hizo reír
más fuerte. Maldita sea, ella realmente lo estaba matando—. ¡Sigue así y te voy a patear el trasero
con mis puños de furia!

De alguna manera se las arregló para reír más.

Realmente no creía que fuera posible, pero lo hizo.

—¡Ya está bien! —espetó Lena.

Se incorporó y rápidamente se sentó a horcajadas en sus caderas y atrapó sus brazos.

Lena trató de fijar sus brazos a los lados de su cabeza.

Su risa se hizo más controlada ya que rápidamente volvió a la superficie con Lena y se dio la
vuelta, sujetándola debajo de ella.

No se molestó en fijar sus manos abajo.

Realmente, ¿qué sentido tenía?

La había visto en acción después de todo.

—Muy bien, mi pequeño saltamontes, patea mi trasero. Estoy lista —dijo, sonriendo.

Kara se aseguró de mantener sus caderas elevadas.

No tenía sentido torturarse a sí misma, sobre todo porque la pelinegra sólo llevaba una pequeña
camiseta y bragas de algodón color rosa.

Lena comenzó a presionarle el pecho, tratando de empujarle. Cuando eso no funcionó trató de darle
una patada y la rubia pensó que ella estaba tratando de darle un buen viejo retorcijón indio en su
brazo.

Era muy triste.

—Vamos, mi pequeño saltamontes, estoy listo en cualquier momento que tú lo estés. Muéstrame
algo de esa furia.

Lena empujó y tiró con más fuerza, pero aun así no se movió.

—En serio, estoy lista cuando tú lo estés —dijo él, sonriéndole.

La pelinegra gimió en voz alta mientras aumentó sus intentos. Aun así, Lena no pudo

moverla.

No pudo evitar burlarse de ella.

Era tan condenadamente linda.

—Oh, ¿se está cansando mi pequeño saltamontes? ¿Adónde se ha ido toda esa furia? Vamos,
déjame ver esos movimientos...

Lena cortó sus palabras con un beso, sorprendiéndola jodidamente.

Fue un suave roce rápido de labios, pero la golpeó hasta los huesos.
Lena dejó caer la cabeza sobre la almohada, mirándola fijamente mientras se mordía su labio
inferior con nerviosismo.

Kara se cernió sobre ella, jadeando en busca de aire lo que no tenía nada que ver con la risa.

Ese beso... ese beso inocente, dulce, le pegó más duro que cualquier sesión de besos que había
tenido en su vida.

—¿Kara? —El susurro roto de Lena atrajo su atención de nuevo a sus labios.

Esto había terminado.

Iba a salir de la cama, disculparse con ella, caminar de vuelta a su casa y poner un poco de
distancia entre ellos.

Kara no era bueno para ella.

Trataba a las mujeres como una mierda y no tenía ni idea de cómo tratar a alguien tan especial
como Lena.

Se merecía a alguien que le diera todo su mundo.

Alguien que se hiciera cargo de ella, la abrazara y amara.

Y ella no era esa persona.

—Lena, yo...

Sus palabras se interrumpieron en un gemido cuando la boca de Lena cubrió la suya de nuevo.

La pelinegra rozó sus labios contra los suyos en forma tentadora.

Todo su cuerpo se puso rígido cuando se obligó a no responder.

No podía hacerle esto a ella. Por mucho que le dolería a ambas, Kara no podía ceder ante ella.

Su cuerpo se estremeció con la necesidad de besarla de nuevo y bajar su cuerpo sobre ella, pero de
alguna manera encontró la fuerza para luchar contra ello.

La rubia no estaba correspondiendo a su beso.

Allí, tenía su respuesta. Sólo tenía que ir y darle un beso para averiguarlo. No podía preguntarle
como una persona normal.

Ahora, no sólo probablemente acababa de arruinar todo entre ellas, sino también estaba
horriblemente avergonzada.

Maravilloso.

Simplemente y jodidamente maravilloso.

Sintió que las lágrimas ardieron en sus ojos.

Kara no iba a verla llorar.


Se negaba a dejarle ver lo mucho que esto le dolía.

—Disculpa —murmuró en voz baja, rompiendo el beso y empujando su pecho.

Kara no luchó esta vez.

Se alejó de ella.

Estaba tan cerca de derrumbarse.

Saltó de la cama y se dirigió a la puerta del dormitorio.

No se preocupó por su ropa o cualquier otra cosa en este momento.

Sólo tenía que salir de allí.

—¡Lena! —dijo Kara tras ella—. ¡Hablemos de esto!

Lo último que ella quería hacer era hablar de esto.

Salió corriendo hacia la puerta y cruzó el patio hasta su puerta. Apenas capaz de ver a través de las
lágrimas que ahora fluían libremente por su rostro mientras buscaba la llave escondida bajo el
escalón de la entrada y entraba en su casa.

Cerró la puerta y corrió a su habitación para bloquear su ventana y cerrar las cortinas de un tirón, a
sabiendas de que Kara simplemente entraría por la ventana por ella y trataría de bromear para salir
de esto.

La pelinegra no quería bromear sobre esto.

¡Esto dolía!

Su corazón estaba roto y acababa de perder a la mejor amiga que había tenido por su propia
estupidez.

Un sollozo se escapó y luego otro, hasta que lloró incontrolablemente.

Se dejó caer en el borde de la cama y se cubrió el rostro con las manos mientras lo dejaba salir.

Estaba demasiado cansada para seguir luchando.

Un cálido aliento le hizo cosquillas en las manos al mismo tiempo que fuertes dedos suavemente
apartaron sus manos hacia abajo.

Lena desvió el rostro para que así no tuviera que enfrentarse a Kara de rodillas delante de ella.

Simplemente no podía.

—¿Me vas a mirar? —preguntó él en voz baja.

Se mordió el labio y negó con la cabeza.

—No soy... Lena, simplemente no soy lo suficientemente buena para ti. ¿Entiendes lo que digo?

Lena se encogió de hombros, deseando que llegara al punto rápidamente y se fuera.

Al momento, ella no confiaba en sí misma para abrir la boca, temiendo que acabara
avergonzándose más.

—Eres demasiado buena para mí, mi pequeño saltamontes —dijo la rubia en voz baja mientras
apoyaba su frente en el hueco de su cuello—. Puedes conseguir algo mucho mejor que yo, sin
siquiera intentarlo, Lena. Muchísimo mejor.

Su voz bajó mientras continuaba y parecía como si estuviera dolida, pero ella no dijo nada.

—Eres amable, inteligente, divertida, tienes el corazón más grande que cualquier persona que he
conocido y eres dulce. Dios, eres tan dulce. —Deslizó sus manos por sus costados y las frotó
suavemente hacia arriba y hacia abajo.

Su respiración se hizo más rápida contra su piel y Lena no quiso nada más que envolver sus brazos
alrededor de ella y abrazarla una vez más, pero no podía hacerlo.

No podía soportar que la rubia la apartara de nuevo.

—¿Sabes cuán dulce eres, mi pequeño saltamontes? —Su voz se tornó ronca a medida que sus
manos se movían más abajo a sus caderas y se deslizaban de vuelta hasta que sus pulgares rozaron
debajo de sus pechos y luego de nuevo hacia abajo.

Le dio un beso en el cuello casi como si no pudiera evitarlo. Un gemido de dolor se le escapó
cuando lo hizo.

—Debería salir de aquí, no volver nunca y permitirte seguir y conocer a alguien agradable que te
dé todo lo que te mereces en la vida. —La rubia presionó otro beso en su cuello y ella apenas
contuvo un gemido.

Sus manos se deslizaron por sus costados y esta vez cuando se movieron de vuelta arriba estaban
por debajo de su camisa.

Grandes manos cálidas se deslizaron hasta sus costados sólo para detenerse justo debajo de sus
pechos. Dudaron por un segundo allí antes de continuar su viaje hacia abajo.

Kara continuó besando su cuello casi con desesperación.

La próxima vez que sus manos se movieron hasta arriba pasó sus pulgares a lo largo de la parte
inferior de sus pechos y gimió.

La cabeza de Lena cayó hacia atrás mientras sus manos se cerraron en puños en el edredón.

Todavía no había hablado, pero por otras razones ahora.

La pelinegra temía que si hablaba lo atravesaría, y Kara se daría cuenta de lo que estaba haciendo y
la dejaría.

El cielo la ayudara, pero la rubia la tenía demasiado desesperada para correr el riesgo.

—Tengo que irme. —Kara presionó un beso con la boca abierta en su cuello y suavemente chupó
mientras sus manos se movían más arriba sólo para rozar tentativamente sobre sus duros pezones.
Gimieron al unísono—. Es lo que tengo que hacer... lo um... lo um... —Sus manos se deslizaron de
nuevo esta vez apretando suavemente antes de volver hacia abajo. —Yo um, no debería quererte...
no debería... me importas mucho, mi pequeño saltamontes. Es por eso que debería... debería —
gimió ruidoso y bajo—, eres tan dulce.
Lena decidió que era suficiente.

Obviamente Kara la quería tanto como ella quería a la rubia, bueno, al menos esperaba que lo
hiciera.

Tomando una respiración profunda fortificante, se echó hacia atrás, desplazando la boca de su
cuello.

Pareció aturdida, mientras trataba de averiguar lo que pasaba.

Lena le sostuvo la mirada mientras se agachaba y agarraba el dobladillo de su camisa.

Con la esperanza de que no estuviera equivocada acerca de la rubia, la jaló hacia arriba, se la sacó
y la tiró al suelo.

Kara se quedó helada.

Sus manos se detuvieron en sus caderas mientras su mandíbula se tensaba con fuerza.

Clavó los ojos en los de ella y la pelinegra tuvo que contener una sonrisa mientras Kara se
esforzaba por no mirar hacia abajo.

Perdió la batalla varias veces.

La rubia tomó aire reverente cuando permitió que sus ojos vagaran a sus pechos.

Murmuró algo acerca de no ser un santo antes de mirar de nuevo hacia arriba. Kara estudió su cara
durante un largo momento.

—Sabes que podrías conseguir algo mejor que yo, ¿verdad?

Lena puso los ojos en blanco y le dedicó una floja sonrisa.

—Bueno, duh.

—Mientras estemos en la misma página —murmuró la rubia antes de que su boca descendiera
sobre la de ella.
Capítulo 14

Capítulo 14

Ninguna de las fantasías que había tenido sobre su pequeña saltamontes se acercó a la realidad. Sus
labios eran llenos y cálidos contra los de ella mientras se movía sobre ellos en un beso hambriento.

La rubia le dio una oportunidad.

Demonios, la dejó correr fuera de su casa en nada más que sus bragas y una camiseta muy corta.

Tendría que hablar con ella sobre su exhibicionismo, pero más tarde... mucho más tarde. Ahora
mismo estaba ocupada pasando sus manos sobre los pechos más perfectos en la creación.

Eran grandes, pero no tan grandes.

Ellos simplemente eran perfectos para sus manos.

Lena gimió y Kara atacó, deslizando su lengua dentro del cálido cielo que ella llamaba boca.

Su lengua salió a jugar y deslizarse contra la de él, haciéndolo gruñir en su boca.

Las manos de ella se deslizaron por su pecho cubierto por su top, enviándole olas de placer a través
de su cuerpo.

Kara había soñado con Lena tocándole.

Amaba la manera que pasaba sus dedos a través de su cabello en la noche cuando se sostenían la
una a la otra.

Había fantaseado con ella pasando sus dedos sobre el resto de su cuerpo.

Con un último profundo beso la rubia movió su boca abajo a lo largo de su mandíbula y pasó la
lengua por su cuello y entre sus pechos.

Sus manos nunca dejando de tocar.

Agarró un pecho y lo sostuvo hacia su boca como un ofrecimiento. Corrió su lengua alrededor de
un gran, duro pezón, ganándose el gemido más erótico que jamás hubiera escuchado de una mujer
antes de chuparlo entre sus labios.

Liberó el pezón con un ruidoso pop y cambó su atención al siguiente.

Después de un momento sus manos se deslizaron bajando por su estómago donde agarró sus
bragas.

Lena no vaciló y alzó sus caderas.

Su pequeña saltamontes era una buena chica.

Empujó sus bragas mientras besaba su camino hacia abajo.


Cuando se habían ido, Kara gentilmente la empujó de espaldas hacia la cama y movió su boca de
un muslo interno al otro.

—Me pregunto si eres tan dulce como te imagino, Lena —dijo la rubia, besando su muslo antes de
abrir más sus piernas.

Incluso en la débil luz de la habitación él podía ver su sexo claramente.

Los rosados labios estaban hinchados por la excitación y cortos rizos estaban empapados,
haciéndolo lamerse sus labios con anticipación.

Kara presionó un beso provocador cerca de su punto.

—¿Eres dulce, Lena? ¿Hmmm?

Su respuesta fue un gemido.

—Apuesto que eres más dulce que la miel —murmuró la rubia mientras se inclinaba y pasaba su
lengua entre los hinchados labios rosados en una larga lamida.

Cerró sus ojos mientras gemía profundamente.

Más dulce.

Mucho más dulce de lo que imaginaba.

Las caderas de Lena se dispararon fuera del borde de la cama, pero estaba la rubia lista para eso.

Agarró sus pies y los colocó sobre sus hombros.

Usando sus pulgares, la extendió abriéndola más y casi se vino por la vista.

Con sus pulgares extendió el líquido caliente transparente sobre su pequeña protuberancia.

Lena gimió.

—¿Te gusta eso? —preguntó Kara con una voz ronca—. Entonces te encantara esto.

La rubia corrió la punta de su lengua alrededor de la pequeña protuberancia, con cuidado de no


tocarla.

Lena se retorció bajo sus manos tratando de encontrar su alivio.

Kara deslizó dos dedos dentro de ella, pero cambió a uno cuando se dio cuenta cuán apretada
estaba.

Estaba feliz de no ser la única que no había tenido sexo en un tiempo.

La quería desesperadamente para ella.

Finalmente corrió su lengua sobre su sensible pequeña protuberancia, ganándose un gemido


entonces lo hizo otra vez y otra vez mientras lentamente deslizaba su dedo dentro y fuera de ella.

Kara tuvo que cerrar sus ojos.

Estaba muy cerca de venirse y la pelinegra ni siquiera le había tocado.


Rezó para no avergonzarse a sí misma esta noche.

Había planeado estar dentro de ella la mayor parte de la noche.

Su vagina estaba apretándose alrededor de sus dedos como una tenaza. La rubia chupó su clítoris
con sus labios mientras movía su lengua sobre Lena.

—Kara... Kara... —se quejó ella diciendo su nombre suavemente—. ¡Kara! —gritó su nombre
mientras su cuerpo palpitaba fuerte alrededor de su dedo.

La rubia esperó hasta que ella yació sobre la cama jadeando antes de alejarse y lentamente lamer
sus labios y dedos para limpiarlos.

Se inclinó y la besó.

—Condón —dijo Kara a través de dientes apretados.

Estaba al borde de correrse.

Nunca antes en su vida había estado tan excitada.

Quería follarla en cada posición imaginable y otras que estaba segura que eran físicamente
imposibles, pero estaba dispuesto a intentarlas.

Sintió a Lena moverse debajo de ella.

Fue tan rápido que casi no lo notó.

Antes de que pudiera preguntar que estaba mal la pelinegra le empujó.

Mierda.

Ella todavía estaba molesta por lo de antes.

—Lena, Yo... mierda —gimió fuerte, bueno gritó realmente, mientras Lena en un rápido
movimiento tiraba de sus bóxer hacia abajo y le tomaba en su caliente y mojada boca.

Kara apoyó sus manos sobre sus hombros mientras ella la trabajaba.

La pelinegra tomó la punta de su polla dentro de su boca con un movimiento experto que casi hizo
a sus ojos voltearse. Tomó sus genitales con una mano, rodándolos alrededor de sus manos
haciéndolo gemir y sacudirse.

La rubia se forzó a sí misma a estar quieta así no la lastimaría.

Lena encontró sus ojos cuando lo tomó lentamente y fue más allá del punto que otra mujer jamás
había logrado.

Kara gimoteó.

Su cabeza cayó hacia atrás mientras Lena lo tomaba todo hasta su garganta.

Nunca se había sentido así, tan bien, tan completa.

Su pequeña saltamontes tenía un lado secreto.

Un lado que con mucho gusto planeaba explorar.


Se preguntaba qué más podía hacer y quién le había enseñado.

Rabia surgió a través de ella con sólo imaginarla haciendo esto con alguien más y rápidamente
empujó esos pensamientos lejos con la ayuda de Lena.

Ella era fantástica.

Durante varios minutos sonidos de succión y gemidos llenaron la pequeña habitación, haciéndole
más difícil a Kara contenerse.

Estaba tan malditamente cerca.

Demonios, fácilmente podría haberse corrido cien veces para este momento, pero estaba
desesperado de seguir con esto.

Se sentía tan bien... tan malditamente bien.

Finalmente, no podía contenerse más.

La rubia le dio una palmadita a ella sobre el hombro, la señal universal de advertencia, y empezó a
alejarse cuando Lena apretó su cadera con su mano libre y le mantuvo en su lugar mientras
duplicaba sus esfuerzos.

—Lena, nena, me voy a ¡correr! —gimió la última palabra ruidosamente mientras todo su cuerpo
convulsionaba y su polla se endurecía más allá de la creencia y estalló en su dulce boca.

Lena no perdió el ritmo mientras lo seguía chupando.

Ella realmente era increíble.

Jadeando por aire, se apartó tomando una respiración profunda mientras se deslizaba fuera de su
lengua.

Perezosamente empujó hacia abajo su ropa interior y subió a la cama con Lena.

La pelinegra lamió sus labios, haciéndola gemir.

Se inclinó y la besó, mezclando sus sabores.

Mientras se besaban poco a poco se movieron arriba de la cama. Una vez que la cabeza de Lena
golpeó la almohada Kara se acostó en su lado y la acercó a ella.

Tan bien como se sentía simplemente sostenerla en sus brazos todas estas semanas, se sentía mejor
tenerla en sus brazos desnuda.

Sorprendentemente no tenía nada que ver con sexo.

Amaba sentir su cálida piel contra la de ella y sentir su latido mientras lo arrullaba hasta un
profundo sueño.

—¡Mierda! —escuchó Lena a Kara gritar mientras algo se estrellaba en la otra habitación.

Por el sonido de ello la rubia acababa de derribar su pila de libros en la mesa del pasillo, otra vez.

Lena se inclinó contra la encimera de la cocina, mordisqueando una pieza de tostada mientras
miraba a Kara tropezar dentro.
Su cabello todavía estaba mojado y todavía estaba arreglando con torpeza su ropa. Sus zapatos sin
amarrar, sus pantalones abiertos, su camisa estaba medio abotonada y estaba pasando un mal rato
intentando abonotarla.

La miró acusadoramente mientras hacía un rápido trabajo con su ropa.

—No me despertaste.

Lena puso los ojos en blanco mientras pinchaba un trozo de salchicha con su tenedor.

—Sí te desperté. Tres veces de hecho. Cada vez me lanzabas algo y volvías a dormir.

Kara la miró boquiabierta.

—¿Y te rendiste? Conoces la rutina, mujer. Tienes que seguir con ello hasta que me vea obligado a
salir de la cama para conseguir algo para tirarte. —Sus ojos se estrecharon peligrosamente hacia el
gran desayuno frente a ella.

—¿Y has comido sin mí? —preguntó con escandalizada indignación.

Comer era sagrado para Kara, probablemente porque le gustaba robar comida de su plato cuando
todavía estaba caliente.

Cualquier otra mañana se habría asegurado de que se levantara de inmediato.

Disfrutaba de sus tranquilas mañanas juntas antes de que se enfrentaran a sus cargos hormonales.

Pero esta mañana no quería darle la oportunidad de terminar lo que habían empezado la noche
anterior.

Por mucho que ella quisiera, necesitara, dar el siguiente paso con la rubia estaba asustada. Kara era
una persona con experiencia y expectativas y ella era... bueno, a falta de una palabra mejor, una
gallina.

Era afortunada por ser la hija menor de la familia no sólo porque sus abuelos la acogieron, sino
porque fue capaz de ver desde una edad muy joven como eran tratadas sus hermanas y primas
mayores por sus intereses amoroso.

Iban y venían de sus vidas convirtiéndolas en idiotas babeantes.

Había conocido a más de una mujer en los últimos años que pensaban que el sexo significaba amor
para ellos sólo para ver su corazón roto al final.

Podría parecer anticuado, pero sólo planeaba dormir con una persona en su vida, con quien pasaría
el resto de su vida.

Salió en citas con el paso de los años y manejaba sus “necesidades” de otras maneras, pero nunca
corrió el riesgo con cualquiera con quienes había salido.

Dado que nunca se enamoró había sido fácil, pero con Kara iba a ser difícil.

Sabía sin lugar a dudas que estaba enamorada de ella y que por lo menos se preocupaba por ella
profundamente, tan profundamente como una playboy como ella podía.

Lena no tenía ilusiones sobre el tipo de persona que Kara había sido en el pasado.
Nunca había tenido una relación seria y nunca se preocupó por ninguna mujer con la que había
estado.

A pesar de que había cambiado mucho e incluso había madurado el último par de meses ella no era
una de esas mujeres delirantes que pensaban que podía cambiar a alguien.

Kara muy bien podría ser la persona que la haría romper la regla de una sola persona en su vida,
porque sabía sin ninguna duda que nunca se casaría con ella.

Podría ser capaz de manejar una relación exclusiva con ella, pero ¿por cuánto tiempo?

Sabía que tarde o temprano se aburriría y pasaría a la siguiente chica.

Dolería muchísimo, pero sabía que iba a venir.

Así que, eso la dejaba con una decisión muy importante que tomar.

¿Correría el riesgo y se entregaría a Kara, esperando que su corazón no se hiciera pedazos


completamente cuando él pasara página, o lo mantendría en el nivel físico en el que estaba
cómoda?

Lo único que la detenía era el arrepentimiento que sabía que sentiría en un año a partir de ahora
cuando otra mujer viniera gritando y golpeando a su puerta en medio de la noche.

Vio como Kara terminaba de vestirse.

Durante todo el tiempo frunciéndole el ceño o mirando con nostalgia hacia la pila de waffles,
tostadas, huevos, tocino y salchichas.

Por supuesto había cocinado esto para la rubia, y lo sabía en algún nivel, pero era Kara y ella se
tomaba su comida en serio.

Demasiado en serio, pero ese era un trabajo para el Doctor Phil, no para ella.

Cuando terminó de vestirse arrojó su bolso sobre su hombro, cogió la botella de sirope y empapó
los waffles. Cogió un tenedor y el plato y se dirigió a la puerta, dejándola para que pusiera los ojos
en blanco y lo siguiera.

Mientras ella conducía comían.

Por cada dos bocados que la rubia tomaba le daba uno, lo que funcionaba para ella ya que no se
necesitaba mucho para llenarla.

Secretamente le encantaba cuando hacían cosas de este tipo, sobre todo cuando Kara la cuidaba.

Era tan dulce.

Se aseguraba de que recibiera el mejor trozo de tocino o bocado de salchicha y siempre se


aseguraba de untar dos veces su bocado de waffle en el sirope, sabiendo lo mucho que le gustaba.

Para el momento en que se detuvieron en el estacionamiento del personal habían terminado y el


plato estaba en el asiento trasero en la gran toalla de playa que ella había puesto ahí para
momentos como éste.

Se sentaron ahí por un momento y observaron cómo los autobuses y los autos llegaban al frente del
edificio.
Se le ocurrió que de repente estaba nerviosa.

Después de anoche pensó que la incomodidad sería lo primero esta mañana, otra razón por la que
dejó la cama temprano.

En su lugar saltaron directas a su rutina normal relajada. Ahora que la comida no estaba y estaban
sentados ahí estaba muy nerviosa.

¿Se arrepentía Kara de lo que hicieron?

¿Estaba a punto de recibir el discurso de que no quería nada serio?

¿Se molestaría cuando se enterara de que no dormiría con ella como varios amantes antes lo habían
hecho?

¡Maldita sea!

¿Qué cosa demoledora diría?

—Tienes sirope en tu labio.

Vale, no alteraba la vida exactamente.

Se lamió los labios.

—¿Se ha ido?

—No.

Se limpió la boca con los dedos.

—¿Y ahora?

La rubia suspiró.

—Veo que voy a tener que manejar esto. —Se inclinó rápidamente y rozó sus labios contra los de
ella.

Contuvo el aliento mientras Kara pasaba su lengua por su labio inferior.

—Tan dulce, mi pequeño saltamontes —susurró la rubia contra sus labios. Rozó sus labios contra
los suyos otra vez—. Sé por qué te has ido de la cama temprano esta mañana y por qué te has
asegurado de que tuviera muy poco tiempo para hacer algo más que prepararme para trabajar.

Presionó otro beso contra sus labios mientras tomaba su mano en las suyas.

—Lo siento por ser una idiota anoche y casi cometer el mayor error de mi vida. Tenía miedo de
hacerte daño. Sé lo que soy y también sé que mereces a alguien que pueda mimarte y llevarte a
todos los bonitos lugares que tú te mereces. Yo...

—Kara, no me importan esas cosas —dije suavemente.

Negó con la cabeza tercamente.

—No significa que no las merezcas, pero si me das una oportunidad para compensar mi pasada
estupidez, y no estoy hablando sólo sobre contigo, prometo que haré todo lo que pueda para
hacerte feliz.

—Kara...

—Quiero intentar esto. Tú y yo, quiero decir. Sé que lo más probable es que lo joderé a lo largo del
camino y querrás cortar mi cuello, pero quiero intentarlo. Haré lo mejor que pueda para no hacerte
daño.

Lena sonrió, sabiendo que era lo mejor que podía esperar de ella.

Apreciaba su honestidad y sabía que si iban a intentar que esto funcionara entonces tenía que ser
honesta con Kara, al menos sobre el alcance de su relación.

Tal vez no le guste estar con una mujer con la que el sexo, bueno, el coito no estaba involucrado.

Le dio a su mano un pequeño apretón.

—Kara, si vamos a intentar esto entonces me gustaría tomarme las cosas con calma. —La rubia
frunció el ceño—. Lo que quiero decir es que nada más allá del nivel en el que estuvimos anoche.
—Apretó su labio entre sus dientes—. Lo que quiero decir es que nada de sexo real.

La rubia entrecerró los ojos hacia ella.

—Pero, ¿todavía dormirás desnuda conmigo y me dejarás hacerte otras cien cosas malas? —
preguntó en un tono serio.

—Sí.

Kara rozó sus labios contra los de ella otra vez y se alejó unos centímetros para mirarla a los ojos.

—¿Y todavía cocinarás para mí y me llamarás Maestra?

Sus labios temblaron.

—Sí a cocinar y ni una oportunidad en el infierno a lo otro.

La rubia suspiró con cansancio.

—Bien, ¿qué tal Señora y Maestra?

—Uh... no.

—¿Dios?

—Nop.

—¿Mi vasalla?

—Espera... no.

Le dedicó una de sus sonrisas ladeadas.

—Te ganaré con el tiempo.

No estaba tan segura de que Kara se quedara el tiempo suficiente para cumplir esa promesa, pero
por la oportunidad de estar con la rubia incluso aunque fuera por poco tiempo estaba dispuesta a
correr el riesgo.
Capítulo 15

Capítulo 15

—Odio esto. ¿Por qué tuvimos que venir aquí? —dijo Siobhan en un tono altanero mientras miraba
alrededor de un gran carnaval con disgusto evidente—. Si hubiera sabido que íbamos a venir aquí,
me habría quedado en casa. Dios, ¿has oído hablar de un restaurante? Ahí es donde debería estar
comiendo, no algo en una barra como un patán. —Se apartó el largo cabello sobre su hombro.

Kara miró a Mike que tenía la mandíbula apretada.

El hombre no parecía feliz y Kara no lo culpaba ni un poco. Si hubiera sabido que ella iba a
reaccionar así por ir a un carnaval, jamás lo habría sugerido, o al menos no la habría traído.

Personalmente, ella amaba los carnavales y parques temáticos. No podía pasar por uno sin
detenerse por una delicia frita y algunos paseos.

Mike era de la misma manera, y por eso estaban allí.

Habían venido a pasar un buen rato.

Y en su lugar, se quedaban escuchando a esta puta y quejona mujer.

Ella había comenzado tan pronto como había escuchado de los planes para la noche.

Tan pronto como lo descubrió, se plantó y exigió un buen restaurante y bebidas.

Había estado en la minoría y se le ofreció un viaje a casa.

Se negó.

Kara no tenía duda de que había decidido venir para hacer de sus vidas un infierno viviente por no
lanzarse a satisfacer sus demandas.

—Podemos subir a los carros chocones o a la rueda de la fortuna — comenzó a sugerir Mike.

Ella cruzó los brazos sobre su pecho y miró, solo miró al hombre. Mike maldijo por lo bajo.

Volvió su fría mirada hacia él, y no se molestó en ocultar sus ojos en blanco.

Esto era ridículo.

De ninguna manera iba dejarla arruinar su buen momento.

—¡Kara!

Se dio la vuelta y su ceño desapareció al instante, reemplazado por una enorme sonrisa de
satisfacción.

Vio cómo su pequeño saltamontes caminaba rápidamente hacia ella, sonriendo de oreja a oreja.

Ella tenía un animal de peluche, una serpiente por lo que parecía, alrededor de su cuello, un
refresco grande en una mano y el otro brazo envuelto alrededor de una falsa espada, un oso de
peluche y sostenía la más larga pieza de masa frita que había visto alguna vez, la que estaba
generosamente cubierta con azúcar en polvo.

—¡Mira lo que gané! —dijo Lena, casi radiante de emoción.

Era difícil creer que alguien amara más estos lugares que ella y Mike, pero aparentemente Lena era
esa persona.

Cuando le había dicho a dónde iban a ir hoy, chilló con entusiasmo y se lanzó a sus brazos.

La rubia se rió tanto que casi la dejó caer.

Esta era su primera cita desde que se juntaron hace una semana y gracias a Dios había elegido bien.
Le hubiera gustado ser capaz de salir con ella mucho antes, pero ambos habían sido inundados con
dar los exámenes finales, corregirlos, y pasar las notas.

La escuela había terminado y ahora tenían un verano entero juntas.

—¡Esto es muy divertido! —dijo Lena, pareciendo ajena o simplemente sin importarle un comino
la actitud de la cita de Mike, sospechó lo segundo.

Su pequeño saltamontes no dejaría que las cosas le molestaran.

—¿De dónde sacaste todo esto? —preguntó Kara mientras se inclinaba para darle un beso y un
bocado a esa masa.

—Oh, um —Hizo un gesto con su bebida hacia la dirección de la que venía—, después de ir a los
carros chocones no pude resistirme al juego de baloncesto o de dardos, y entonces olí la masa frita
y... —Se encogió de hombros—. Supongo que me distraje.

—Pensé que sólo ibas a ir al baño. ¡Hemos estado aquí esperándote por más de media hora! —
Señaló la cita de Mike, Sue o Jude o cómo diablos se llamaba.

A juzgar por la expresión de Lena, había olvidado por completo el baño y sólo recordaba que se
había tenido que ir.

Eso fue confirmado unos segundos después cuando empujó su bebida, comida y ganancias en sus
brazos y los de Mike, y echó a correr.

Kara tomó un bocado de la masa y suspiró feliz.

No había duda de que tendría que ir en busca de su pequeño saltamontes en algunos minutos hasta
dar con ella cerca de algún juego o paseo, y llevarla al baño.

Mike bajó la mirada hacia sus brazos, frunció el ceño y miró las cosas que Kara estaba
sosteniendo.

—¿Cómo es que tienes la espada? Quiero la espada. —Extendió la mano para enganchar la
espada.

La quejona de Kara ahuyentó su mano con la masa.

—¡Mi espada!

—Idiota —murmuró Mike mientras miraba la espada.


Kara miró a su espada también y dio otro mordisco.

—Siempre podemos ir a ganar otra y tener una pelea de espadas.

—¡Genial! —dijo Mike.

Sí, ellos eran niños grandes cuando venían a los carnavales, ¿pero a quién le importaba?

—Yo no voy a ninguna parte —dijo la cita de Mike, con la intención de arruinar su buen
momento.

Mike se encogió de hombros.

—Bueno, entonces ten buena noche.

Lena aumentó su puchero.

Kara de rió entre dientes.

—No me importa. No vas a recuperarlo.

—¡Eso no es justo! ¡Estás molesto porque pateé traseros!

Mike se frotó el hombro mientras miraba a Lena.

Ella se mordió el labio, dio un paso atrás y se metió debajo del brazo de Kara.

La rubia la atrajo más cerca y besó la parte superior de su cabeza.

—Bien, conserva la espada. No me importa —dijo ella con voz malhumorada.

Mike murmuró algo y suspiró profundamente.

—¿Quieres ir a los carros chocones de nuevo? —Mike preguntó con una simple sonrisa.

Nunca había visto a su amigo perdonar a nadie tan rápido antes, pero claro, Lena tenía eso que
afectaba a todos.

Era tan malditamente difícil estar enojado con la pelinegra. Ella era tan condenadamente linda para
su propio bien.

—Supongo que podríamos hacerlo —dijo, tirando ya de Kara hacia las tarjetas de los chocones—.
Si insistes en ello.

Kara miró hacia atrás, justo a tiempo para atrapar a Mike mirando de reojo el trasero de Lena.

—Eso fue muy divertido —dijo Lena soñadoramente mientras se quitaba los zapatos.

—Estuvo bien —murmuró Kara.

En las últimas cuatro horas, Kara había estado inusualmente tranquila.

No parecía hacer mucho más que mirar a Mike.

Un par de veces, ella había pensado que iba a matar al hombre.

No estaba segura de lo que se había perdido o si incluso debiera involucrarse.


Unos minutos después estaban desnudos y arrastrándose bajo las sábanas de Kara.

Fue entonces que realmente la asustó.

No inició ningún beso o toqueteo.

De hecho, ni siquiera le había mirado los pechos y Kara siempre lo hacía.

Siempre.

Eran como imanes para sus ojos.

Ahora estaba tendida de espaldas con los brazos detrás de la cabeza.

No hizo ningún movimiento para acercarse a ella o apretarla contra su cuerpo.

Realmente estaba empezando a asustarla ahora.

La pelinegra rodó sobre su estómago y le observó por un momento.

—¿Estás bien? —preguntó finalmente.

Kara se encogió de hombros.

—¿Por qué no estaría bien?

—Estás callada.

—Simplemente no tengo ganas de hablar.

—¿Quieres que me vaya a casa?

Vaciló antes de contestar.

—No.

—¿Entonces qué quieres?

—Nada. Solo quiero recostarme aquí.

—Así que, solo quieres recostarte ahí y nada está mal —dijo ella, resumiéndolo.

—Sí.

Rodó los ojos.

Parecía que no tenía muchas opciones para involucrarse ahora.

Era eso o levantarse e irse porque no estaba dispuesta a quedarse aquí para otro momento de esto.

Antes de que pudiera detenerla, se levantó y montó a horcajadas sobre sus caderas.

Hizo otro descubrimiento sorprendente.

Kara no estaba dura.

Kara siempre estaba dura cuando estaban en la cama, la ducha, o besándose en el sofá, y todas esas
veces intermedias.

Estaba muy segura de que la mujer jamás tendría que preocuparse por necesitar Viagra.

La rubia no hizo ningún intento de empujarla, pero tampoco de mirarla.

—No voy a ir a ninguna parte hasta que me digas qué está mal —dijo en voz baja.

—Nada está mal.

—No me obligues a usar mis puños de furia para obtener una respuesta de ti —amenazó.

Sus labios se movieron, pero la rubia no dijo nada.

—Está bien, sólo quédate allí y ponte de mal humor, entonces. Me voy a casa —dijo ella,
moviéndose para bajarse de él.

Las manos de Kara salieron disparadas, deteniéndola, sujetando sus caderas.

La pelinegra arqueó una ceja expectante.

La rubia suspiró pesadamente.

—Tú me molestaste.

Bueno, eso fue totalmente inesperado... más o menos.

—Oye, dije que lo sentía por lo de golpear a Mike con la espada. ¿Cómo se supone que iba a saber
que la cosa dejaría un verdugón? —dijo ella a la defensiva.

—Eso no es de lo que estoy hablando. Eso no me molestó.

—¿Es porque patee tu trasero en el skee ball (Es un juego que cuenta con un carril y en el cual se
lanzan unas bolas para tratar de insertarlas en unos agujeros y ganar puntos)?

—¡No! Y ese juego está amañado de todos modos, así que no cuenta.

—Coorreectoo —dijo ella, alargando la palabra. Pensó en el resto de la noche y no podía entender
lo que había hecho—. Está bien, tú vas a tener que ayudarme con esto porque estoy quedándome
en blanco.

—¡Estoy enojado porque todos esos hombres se fijaron en ti y ni una vez les dijiste a ninguno de
ellos que se fuera a la mierda porque tenías una novia! —gritó la rubia.

Su cara se volvió inexpresiva.

Lena parpadeó una vez y luego otra vez.

Luego se echó a reír sin control.

—No es divertido —espetó él.

Eso sólo parecía hacerla reír más fuerte.

Todo el día en la feria, se había visto obligada a ver a los hombres notar a Lena.

Cada vez que ella sonreía o se reía, sonreían como si no pudieran evitarlo.
Cada vez que saltaba con entusiasmo, sus ojos se centraban en sus atractivos balanceándose.

Los atrapó observándola salir y enviándole sus miradas apreciativas. Mike, la rata hijo de puta,
como se le conoce ahora, abandonó completamente a su cita y se centró exclusivamente en Lena.

Esto sólo se puso peor cuando iban a la taberna de Joe.

El lugar era grande, acogedor y limpio, y hoy Joe puso un enorme buffet.

Así con todo lo que puedas comer de barbacoa y varias pantallas planas y cinco mesas de billar, el
lugar había estado lleno hasta el borde con hombres.

Cuando Lena fue a buscar comida ellas la rodearon, se ofrecían a llevar su plato, a conseguirle una
bebida, sentarse con ella, sacar su comida.

Cuando jugó al billar, y ella realmente apesta en el billar, pero está claro que le encanta, se
ofrecieron a "mostrarle" como jugar.

Dos chicos tuvieron las pelotas para enviar bebidas a su mesa mientras estaba con ella.

¡Varios, en realidad, tuvieron las pelotas para venir a coquetear con la pelinegra delante de ella!

Mike no fue de ayuda. Cuando no estaba tratando de recoger a alguna chica vagabunda en el bar,
estaba viendo a Lena y cayendo sobre ella como si no hubiera mañana.

El muy cabrón ni siquiera trató de ocultar sus miradas lascivas de Kara. ¿Qué clase de amistad es
esa?

De acuerdo, concedido, en el pasado, antes de Lena, ella había sido una completa idiota.

Abiertamente revisaba y caía sobre las novias de sus compañeros.

Si ella estaba fuera y le gustaba lo que veía, nunca dejaba que un novio le preocupara.

Pero eso no era excusa para lo que Mike estaba haciendo.

¡Esta era Lena!

¡Su Lena!

—Cariño, creo que tuviste mucho sol hoy —dijo Lena, una vez que se calmó.

—¡Deberías haber dicho algo!

La pelinegra rodó los ojos.

—En primer lugar, no tengo ni idea de qué demonios estás hablando. No creo que nadie estuviera
mirándome de manera diferente ni coqueteando. Sólo fueron muy amables.

La rubia soltó un bufido.

—En segundo lugar, incluso si lo estaban, y no era así, no sé por qué te estás quejando. No te oí
decir exactamente a cada mujer que estaba babeando por ti hoy que tenías una novia.

Otro resoplido.

—No me importan un bledo esas mujeres. Tengo lo que quiero —dijo Kara, masajeando
suavemente sus caderas.

Lena se inclinó y le dio un rápido beso en los labios antes de sentarse de nuevo.

—Exactamente. No noté a nadie más aparte de ti —dijo en voz baja mientras le pasaba las manos
sobre el pecho y el estómago.

La rubia rodó los ojos.

—Por supuesto que no. Soy impresionante.

—Me alegro de ver que eres humilde.

—Oye, podría haber dicho que era el epítome de la sensualidad, pero no lo hice. —Frunció los
labios hacia arriba, pensativa—. A pesar de que las dos sabemos que es verdad.

—¿Lo sabemos? —Lena arqueó una ceja.

—Sí, creo que ambas lo hacemos.

—Bien, lo que sea, siempre y cuando dejes de prestar atención a tus alucinaciones, entonces no me
importa.

La rubia la miró por un momento.

La expresión de su rostro era tímida y dulce mientras la pelinegra trazaba figuras en su estómago.

Realmente no sabía lo deseable que era.

Kara apostaría dinero a que no creía que los hombres se fijaban en ella y probablemente había roto
un centenar de corazones sin querer hasta este punto.

Era tan malditamente dulce e inocente, bueno excepto en la cama, por supuesto.

Allí era ansiosa e insaciable y emocionante.

Nunca pensó antes que jugar limpio podría ser tan agradable.

No tenía la menor duda de que el sexo con ella estaría alterando su vida.

—Eres tan hermosa, Lena —dijo en voz baja.

Había dicho eso a otras mujeres antes, pero nunca lo había dicho más en serio.

Ella era hermosa por dentro y por fuera.

Incluso en la tenue luz, la rubia podía verla ruborizarse y tímidamente evitar sus ojos.

—Gracias —murmuró ella en un tono inseguro.

Lena realmente no se daba cuenta de lo hermosa que era.

Eso la hacía aún más hermosa para ella.

Deslizó sus manos sobre su vientre plano y hacia arriba hasta que estaba palmeando sus pechos.

Pasó los pulgares sobre sus pezones, amando la manera en que ella se lamió los labios y arqueó la
espalda ante su agarre.

Lena comenzó a retorcerse sobre ella, haciéndole saber que podía sentir su cuerpo endurecerse. Le
gustaba la forma en que se veía, en que reaccionaba, amaba todo de ella.

Era la cosa más preciosa en el mundo para ella.

Tan hermosa, tan dulce, tan dada y demasiado buena para ella, pero era una bastarda egoísta y no
la dejaría ir.

Nunca.

Poco a poco, Kara masajeó sus pechos mientras jugaba con sus pezones, simplemente disfrutando
de la forma en que se lamía los labios, gemía y gimoteaba.

Su erección se presionó firmemente contra ella.

Su parte inferior acunada muy agradablemente y le gustaba la forma en que lo acariciaba mientras
se retorcía contra la rubia.

Podía sentirla mojarse contra su estómago.

—¿Quieres probar algo diferente? —preguntó con voz ronca.

Lena se lamió los labios lentamente, asintiendo con la cabeza mientras miraba hacia ella con una
expresión de confianza pura.

Eso la humilló.

—Espera —dijo la mientras la atrajo, besándola lentamente mientras les daba vuelta hasta quedar
encima de ella.

Profundizó el beso mientras levantaba sus rodillas hacia arriba y sobre sus hombros, inclinándola
hasta donde la necesitaba, dándole un mejor acceso a su caliente centro húmedo.

—Kara... —dijo nerviosamente.

—Shhh, no te preocupes. Sin penetración —dijo él contra su boca—. Sólo quiero que sientas lo
mucho que te quiero. —Se acomodó más firmemente entre sus piernas, asegurándose de que su
pene duro se anidara entre sus calientes pliegues húmedos.

Profundizó el beso mientras se retiraba y luego se deslizaba hacia adelante frotando la parte
inferior de su polla contra su caliente núcleo húmedo y clítoris.

Ellas gimieron el uno en la boca del otro mientras él seguía moviéndose contra ella.

Los gemidos de Lena resonaban en las paredes mientras Kara luchaba por controlarse.

Su cuerpo gritaba porque se arqueara hacia atrás y se estrellara dentro de la pelinegra, pero Lena
quería ir despacio. Ella haría cualquier cosa por Lena, incluso torturarse a sí misma con estar tan
cerca del premio y no ir por ella.

La pelinegra empuñó las manos en su cabello mientras lamía y chupaba su cuello. La rubia gimió
en voz alta, mientras se apretaba con más fuerza contra Lena y empujaba más duro.

El agarre de Lena en su cabello se apretó más, segundos antes de que comenzara a gritar su
nombre.

Esto provocó su propia liberación violenta.

—Lena... oh, Lena... yo... Oh dios, ¡Lena! —gritó la rubia, mientras su mente gritaba "Te amo" una
y otra vez hasta que le soltó las piernas y yació flácida encima de ella.

Mientras estaba buscando aire con dificultad se dio cuenta de algo.

Estaba en serios problemas.

Lena era su vida ahora.

Su mujer.

Su corazón.

Estaba muy jodida.


Capítulo 16

Capítulo 16

—¡Oh, Dios mío! ¡Deja de comer eso! —dijo Lena, tratando de no reírse y

fallando miserablemente.

Kara se metió el brownie de chocolate en la boca y le guiñó un ojo. Con un suspiro de exasperación
regresó al asiento trasero para fijar las envolturas de plástico en los platos de brownies, galletas y
pastelitos.

—Si sigues robando comida, no quedará nada para la comida al aire libre de tu familia —dijo ella,
sabiendo que no era una razón suficiente para que dejara de comer.

Estaba dispuesta a apostar que no había mucho que se interpusiera entre la rubia y los alimentos.

Kara volvió su atención de la carretera a hacer pucheros.

—Pero me encanta tu comida.

La pelinegra puso los ojos en blanco ante su patético intento.

—Uh huh.

—Bueno, al menos no estoy tocando la ensalada de papa. Realmente debes apreciar las pequeñas
cosas de la vida, mi pequeño saltamontes.

Lena se burló con incredulidad.

—La única razón por la que no lo estás engullendo es porque tengo eso y la ensalada de pasta en
una nevera portátil en el baúl cerrado con llave.

Sus cejas se alzaron.

—¿Hay ensalada de macarrones? ¿Por qué no se me informó de eso?

—Probablemente porque quería que por lo menos llegara a casa de tus padres antes de que lo
devoraras.

Kara negó con la cabeza suspirando.

—Tan poca confianza.

—Te comiste un cuenco entero de masa para galletas ayer cuando cometí el error de correr al
mercado sin esconderlo primero. En serio, pensé que estaría a salvo.

—Te equivocaste.

—Tu obsesión con la comida está empezando a asustarme —dijo con ironía.

—No es una obsesión. Soy una chica en crecimiento, demonios.


Lena levantó una ceja con incredulidad.

—Gracias a Dios que llegamos. Me muero de hambre —se quejó mientras aparcaba en el único
lugar vacío en la calle, que estaba justo al frente de una gran casa de estilo victoriano blanco con
ribete negro donde claramente se estaba dando una fiesta, a juzgar por la cantidad de personas que
caminaban alrededor de la propiedad.

Cargaron sus brazos con todos los platos.

Lena lo hizo y se dirigió a la puerta principal.

Kara pateó la puerta suavemente ya que sus manos estaban llenas.

La puerta fue abierta por una mujer mayor con el cabello un poco canoso.

Ella echó un vistazo a Kara y le sonrió.

—¡Es mi bebé! —anunció en voz alta a la multitud en la casa mientras tomó su cara y tiró de la
rubia hacia abajo para darle un sonoro beso en la mejilla.

Dio un paso atrás y vio a Lena.

Su expresión pasó de emocionada a aturdida en cuestión de segundos.

Kara sonrió tímidamente.

—Mamá, esta es mi novia, Lena Luthor. —Hizo un gesto con el plato de brownies—. Lena, esta es
mi madre, Eliza Danvers.

—Es muy agradable conocerla, señora Danvers —dijo Lena, sintiéndose un poco incómoda con su
madre de pie con la boca abierta y las manos demasiado llenas para ofrecerse a estrechar la mano
de la mujer.

No es que su madre parecía ser capaz de responder ni nada por el momento.

En realidad, Lena estaba empezando a preocuparse un poco.

—¿Novia? —espetó finalmente Eliza.

—Sí, ¿por qué suenas tan... —Kara comenzó a decir sólo para ser interrumpido por su madre.

Su madre giró la cabeza y le gritó a la casa.

—¡Jeremiah!

Lena lanzó una mirada nerviosa a Kara, quien estaba murmurando algo acerca de poner a su madre
en un asilo de ancianos donde sólo servirían gelatina verde.

Miró de nuevo a la puerta a tiempo para ver a un hombre mayor, quien era claramente el padre de
Kara por los rasgos casi idénticos, asomarse a la puerta.

Sonrió cuando vio a Kara.

—¿Qué está pasando?

—Mamá se está volviendo loca —dijo Kara—. ¿Hay alguna posibilidad de que entremos antes de
que los brazos de mi novia se caigan?

El hombre se sobresaltó notablemente y miró a Lena y luego hizo una expresión de sorpresa.

—¿Novia? —preguntó con clara incredulidad.

—¡Sí! ¡Novia! —espetó Kara, pero sus padres no parecían darse cuenta, ya que la miraban como si
no pudieran creer que tal persona existiera.

Para colmo sus brazos estaban empezando a sentirse como si estuvieran a punto de caerse.

—Ah, a punto de dejar caer los pastelitos —murmuró mientras trataba de reacomodar los tres
platos en sus brazos.

—Oh, lo siento —dijo Jeremiah, extendiendo la mano y aliviándola de los pastelitos mientras su
mujer cogió el plato de galletas de mantequilla de maní con trozos de chocolate.

Jeremiah miró de ella al plato en sus manos.

—¿Dónde compraste estas? Se ven bien —dijo mientras su mano experta se coló por debajo de la
envoltura del plástico.

Ah, de tal palo tal astilla, pensó Lena.

La pelinegra le echó una ojeada rápidamente.

El hombre estaba claramente en forma, una buena señal para Kara ya que el hombre no podía dejar
de comer.

—Yo los hice —dijo Lena, sintiéndose un poco avergonzada por la atención.

—¿Tú hiciste estos? —le preguntó Jeremiah con un pastelito en la mano.

La pelinegra asintió con la cabeza.

—Es una gran cocinera —anunció con orgullo Kara.

Jeremiah dio un gran mordisco, cerró los ojos e hizo un delicioso gemido. En cuestión de segundos
devoró el pastelito.

Él extendió la mano y cogió el segundo plato de pastelitos de Lena y se dirigió a la casa sin decir
palabra.

—¡Mis pastelitos! —lo oyeron decir bruscamente a alguien.

Lena apenas se contuvo de poner los ojos en blanco.

Definitivamente de tal palo tal astilla.

—¡Oye, viejo, las hizo para mí! —gritó Kara, pasando al lado de su madre para ir tras los
pastelitos, dejando a Lena con Eliza que seguía mirándola fijamente.

—Um —La pelinegra hizo un gesto hacia el auto—, tengo dos platos más de pastelitos. No pensé
que esos dos sobrevivirían al viaje hasta aquí —dijo ella, sintiéndose ridícula. Tal vez debería ir a
pasar el rato en el auto hasta después de que la fiesta terminara. Siete horas en un auto sin nada
que hacer sonaba mejor a que la miren boquiabierta.
Los ojos de Eliza se estrecharon sobre ella.

—¿Realmente eres su novia?

—Sí.

—¿Esto no es sólo un juego enfermo que esté jugando?

—Uh, no... ¿hay algo mal? —Estaba empezando a sentirme cohibida.

—Nada más que eres la primera mujer que alguna vez haya traído a casa y tendrás que perdonarme
si parezco un poco sorprendida. Por un momento pensé que el infierno se había congelado. —Ella
puso su brazo alrededor de los hombros de Lena como si fueran viejos amigas—. Ahora, vamos a
ir allí y dar la sorpresa de su vida a una docena de personas.

—Mamá —gruñó Kara en señal de advertencia.

Ella no le hizo caso.

Una vez más.

Se inclinó hacia adelante y trató de agarrar el álbum de fotos del regazo de Lena sólo para que su
mano fuera apartada por dos mujeres.

—¡Maldita sea, mamá! Esto se supone que es una barbacoa. ¿No deberías estar mezclándote y ser
una buena anfitriona o algo en lugar de estar sentada aquí y avergonzarme?

—¡Al diablo con la barbacoa! He esperado más de treinta años para que mi hija traiga a una mujer
a casa y no voy a ser rechazada. —Varias personas alrededor de su madre retrocedieron con
elegancia mientras ella sólo miraba.

—Ah, te ves tan linda...

—Naturalmente —dijo con un resoplido.

—... vestida con los vestidos de tu madre —dijo Lena con una pequeña sonrisa malévola.

La rubia clavó su mirada en ella.

La pelinegra simplemente sonrió dulcemente y volvió a las fotografías del infierno.

—¿Lena?

Ella le ignoró notablemente, y rió junto a su madre.

—¿Lena? ¿Quieres algo de comer?

—¿Huh? Oh, sí, podría comerme una hamburguesa y ensalada de patatas, gracias —dijo con
desdén antes de reír por algo que su madre señaló.

—Oh, eso suena bien. Tomaré lo mismo. Gracias cariño, oh, y tráenos otra soda ya que parece que
se nos acabaron —dijo Eliza señalando hacia las copas vacías sin quitar al vista del maldito álbum
de fotos que él estaba a punto de incinerar.

¿Dónde demonios estaba la adoración y el amor?


Su madre normalmente la estaría mimando.

Demonios, para este punto ya le estaría llevando su tercer plato de comida y bebida.

Y no olvidemos a Lena quien debería estar llenando un plato con comida para que él robe.

¿Qué estaba mal con su mujer?

Caminó hacia la cocina, donde la comida cubría cada rincón.

Mientras tomaba sus platos, su padre, quien se estaba lamiendo el glaseado de sus dedos, entró al
cuarto con dos de los tíos de Kara y tres de sus primos.

El bastardo escondió los pastelitos para no compartirlos.

Cuando Lena cometió el error de mencionar los dos platos restantes en el maletero del auto, ella
corrió por ellos con su padre por detrás.

El hombre en realidad la había derribado al piso, le robó las llaves y sus amados pastelitos.

—Esos sin duda fueron los mejores pastelitos que nunca he probado — anunció felizmente su
padre.

—Y no lo sabremos ya que no compartiste ninguno, bastardo egoísta —dijo el tío Chuck.

—Yo no comparto —dijo simplemente Jeremiah.

El hombre rodó los ojos.

—Entonces —dijo su primo Trevor mientras se apoyaba contra la pared, con sus brazos sobre su
enorme pecho—, ¿cuánto le pagaste?

—¿De qué demonios hablas? —preguntó colocando la salsa de tomate de nuevo en la encimera.

Su primo Nate contestó.

—A lo que se refiere es, ¿por qué está ella aquí? ¿Le pagaste? ¿Te debía un favor? Sólo nos
preguntábamos cómo te las arreglaste para traerla.

Comenzando a enojarse, apretó la salsa de tomate con un poco de fuerza más de la necesaria y
colocó una insana cantidad en ambas hamburguesas.

—Ella es mi novia, simple y llanamente —dijo.

—Uh, huh —dijo su padre con clara incredulidad.

Kara puso de un golpe la parte de arriba de la hamburguesa, obligando a la salsa de tomate a salirse
por los lados.

—¿Qué demonios quiere decir eso? ¿Por qué es tan difícil para ustedes bastardos creer que es mi
novia?

Se tomaron un momento para decirle exactamente por qué no creían que ella fuera su novia.

—Es demasiado linda.

—Demasiado dulce.
—En absoluto como las zorras con las que en general sales.

—No se comporta como las perras sin cerebro que encuentras en los clubes.

—No es una molestia.

—Además, está la cosa de que nunca hayas afirmado tener una novia antes, nunca nos hablaste de
ella, y nos diste a tu madre y a mí la sorpresa de nuestra vida cuando la presentaste antes. Así que
verás porqué estamos tan curiosos — terminó su padre con un encogimiento de hombros.

—Además, es claramente demasiado buena para ti —agregó el tío Mark sólo por si acaso—. Esa es
la principal razón por la que ninguno se cree esa historia de mierda.

Bueno, eso... dolía.

No es que pudiera discutir que Lena era demasiado buena para ella.

Lo era.

No había duda de eso.

Lo que en realidad dolía era que no le creyeran.

Era conocido por ser un imbécil, no un mentiroso.

Había una gran diferencia por lo que sabía.

Su madre eligió ese momento para entrar sonriendo.

Gracias a Dios.

Ella le pondría fin a este sin sentido.

—¿Necesitas ayuda con esas hamburguesas, cariño? —preguntó, frunciendo el ceño hacia la
hamburguesa que había convertido en un panqueque.

Chasqueó ligeramente la lengua, mientras tiraba las hamburguesas y comenzaba de nuevo.

—Me alegra de que estés aquí mamá.

Ella le sonrió cálidamente.

Mientras miraba a los hombres de su familia, le preguntó.

—¿Qué piensas de Lena?

Su sonrisa se amplió.

—Oh, es una chica tan dulce. Me alegra que la hayas traído. —Su sonrisa se volvió nostálgica—.
Sólo desearía que salieras con chicas como esas en vez de las chicas que conoces en los bares,
cariño. Una mujer como esa es justo lo que necesitas. Estoy segura de que si te enderezas podrías
conseguir una mujer como Lena algún...

Los hombres rieron.

Kara levantó una mano.


—Whoa, whoa, whoa, detente ahí un segundo. Traigo una mujer a casa, la presento como mi novia
y ¿me das una charla sobre cómo lograr que salga conmigo? ¿Es en serio?

Ella parpadeó.

—Bueno, sí. He oído sobre algunas de esas chicas con las que sales, amor, y mientras aprecio que
nunca hayas traído una a casa, realmente me gustaría verte con alguien. Sería lindo que
consideraras salir con Lena. Es una mujer muy agradable.

Se paso las manos por el cabello.

Esto era una locura.

¿Era esto lo que sucedía cuando alguien llevaba a casa una mujer para que conociera a su familia?

Estaba bastante seguro de que no.

Esto era peor que conocer a la familia de Lena.

—¿No deberías estar toda emocionada, e intentando empujarme al matrimonio y los nietos en este
punto? —preguntó no queriendo en realidad animar a su madre a eso, pero eso es lo que sucedió
cuando Winn trajo a Lyra a casa seis años atrás.

Eliza se vio pensativa por un momento.

—Sabes que probablemente lo haría si estuvieras saliendo con ella. Es una mujer muy linda y creo
que te haría mucho bien. —Sonrió—. ¿Estás pensando en invitarla a salir?

—¿Por qué demonios iba a invitar a salir a mi novia? Ella ya está saliendo conmigo. ¿Qué les
pasa?

Ella rodó los ojos y le palmeó el hombro juguetonamente.

—Oh, cariño, no tienes que seguir pretendiendo. Me alegra que tengas una amiga como Lena,
Todos piensan que es genial. —Se llevó los dedos a la barbilla—. Por supuesto, tu tía Ruth la ha
estado empujando hacia Jeff por los últimos diez minutos y Chris y David han estado intentando
invitarla a salir durante la última hora. Quiero decir, claramente es toda una captura. Lo que no
entiendo es...

Kara la cortó.

—¿Hombres de mi propia familia están tras mi novia?

—¿Están? Han estado tras tu amiga —aclaró su madre en un molesto tono, como si fuera ella
quien estuviera jugando.

En serio, ¿qué le pasaba a su familia?

¿Por qué era tan difícil creer que Lena era su novia?

—De hecho —dijo Trevor un poco tímido—, yo estaba por invitarla al cine y a cenar luego de la
fiesta.

La mandíbula de Kara cayó tan pesadamente, que se sorprendió de que no se le desprendiera.

Rápidamente se recuperó para amenazar a su primo.


—¡Te mantendrás alejado de mi novia! —dijo señalándolo. Volvió su dedo hacia el resto de su
familia—. Lo único que sé en este momento, es que los odio a todos.

Rodaron sus ojos.

Su dedo se detuvo frente a su padre.

Le estrechó los ojos al viejo.

—¡Y nunca más compartiré la comida de Lena contigo de nuevo!

Jeremiah jadeó.

—Pero... pero... pero...

Con eso salió de la cocina hecho una furia.

Agradecía que sus amigos estuvieran aquí para ella porque claramente su familia no lo estaba.

¿Era realmente tan difícil creer que pudiera conquistar a una mujer como Lena?
Capítulo 17

Capítulo 17

—Déjame aclarar esto —dijo Winn, poniendo su cerveza en el suelo entre sus pies—. ¿Llevaste a
Lena a conocer a tu familia sin ningún tipo de advertencia y te sorprendió que no creyeran que
ustedes dos estaban saliendo?

—¡Sí!

—Bueno, puedo ver el por qué no te creyeron —dijo Mike mientras agarraba otra cerveza de la
hielera.

—Oh, ¿y por qué es eso? —preguntó Kara quitándole a Mike la cerveza de las manos.

Mike gruñó algo, pero inteligentemente lo dejó ir. Tomó otra cerveza y la destapó.

—Bueno, ¿no estaba tu madre dando lata con que sentaras cabeza? — inquirió Winn.

—Sí, y pensarías que estaría feliz cuando llevé a Lena a casa.

Winn asintió.

—¿Y durante el último año no te ha estado amenazando con encontrarte a alguien?

—Sí, pero...

—¿Y cada vez que ibas para la cena, fiesta o barbacoa tu madre no tenía a varias mujeres a mano
para conocerte? —continuó Winn.

—Sí, pero...

—¿Tuvo a una mujer en la barbacoa para que la conocieras? —inquirió Mike.

—Cinco o seis supongo —dijo Kara encogiéndose de hombros.

En realidad, no había puesto atención a ninguna más que para escaparse de ellas cuando le estaban
buscando. Como cualquier otra vez que su madre trató de hacer de casamentera había escogido
mujeres necesitadas, más bien dependientes, que no tenían otros intereses más que ellas mismas y
encontrar pareja.

Sus dos amigos inhalaron bruscamente.

—Mierda.

—Eso debe haber cabreado a Lena —dijo Winn.

—No creo que tuviera tiempo para darse cuenta. No con la mitad de los hombres de mi familia
coqueteándole —dijo Kara apretando los dientes y hablando furiosamente.

—Eso es una mierda —dijo Mike.


Era bastante mierda.

Nadie lo escuchó.

Fue una de las fiestas más insoportables a las que había ido alguna vez. Cuando no estaba tratando
de escapar de alguna mujer dependiente realmente fastidiosa que su madre había invitado con el
único propósito de casarla estaba ocupada metiéndose en una discusión con cualquier bastardo de
su familia que estuviera preguntando el número de Lena.

Como en cualquier otro momento Lena no se daba cuenta de ello para nada.

Cada vez que la llevó a un lado aparte para hablar de ello sólo se rio hasta que las lágrimas bajaron
por sus mejillas.

Cuando regresaron a la habitación era obvio que había llorado y cada hombre le fulminó con la
mirada.

Se comportaron como si Lena necesitara que la protegieran de ella.

Debería haber sido dolorosamente obvio para todos en la habitación lo que sentía por Lena. No
hizo un secreto del hecho de que ella era su mundo, no es que alguien le creyera.

¿Por qué era tan difícil de creer que se había reformado por Lena?

No creía que hubiera alguna dificultad en ello. Incluso si no estuvo abrazándola constantemente,
poniendo su brazo alrededor de ella, tomándola de la mano o tratando de besarla se los dijo, ¿pero
eso había detenido a cualquiera de esos bastardos de tratar de ligársela?

—Probablemente tu familia pensó que llevaste a Lena como una trampa para conseguir que tu
madre dejara de acosarte con eso de sentar cabeza y para usarla como una excusa para evitar a esas
mujeres —señaló Mike.

Kara aplastó su lata de cerveza vacía y la lanzó al cubo en la esquina de su tarima.

Debería ser obvio para todos que había cambiado.

Demonios, hace un año hubiera tenido a Mike lanzando esa lata de cerveza al aire para que él
pudiera dispararle con su pistola de paintball.

¿A ninguno de sus amigos le parecía extraño no sólo que la lanzara al cubo sino que su tarima y
sus muebles de jardín también estuvieran limpios y reparados, su césped recién cortado y el interior
de su casa estaba limpio?

Esos eran cambios endemoniadamente grandes según su opinión.

—Eso es lo que estaba pensando —dijo Winn, lanzando su lata al cubo y errando.

Aterrizó en el césped recién cortado de Kara.

Kara furiosamente le hizo señas para que la levantara.

Poniendo los ojos en blanco Winn hizo justo eso.

—Como sea. El estar aquí sentados hablando de relaciones como si fuéramos un montón de
mujeres es verdaderamente aburrido —apuntó Mike—. Vámonos de aquí. —Se paró, esperando
que los otros dos hombres lo siguieran.
Winn y Kara se miraron el uno al otro, se encogieron de hombros y se pusieron de pie.

Qué demonios, no era como si ellos tuvieran algo mejor que hacer dado que Lyra estaba fuera con
un cliente y Lena estaba visitando ventas de garaje.

—Genial, vamos a los clubes de desnudistas —dijo Mike alegremente.

—Espera ahí, Skippy —señaló Kara, deteniéndose de golpe—. Esa mierda no va a pasar.

—¿Qué demonios quieres decir? —preguntó Mike, sonando como un niño malhumorado—.
Quiero ir a ver a chicas sexys desnudándose.

—También estoy fuera —anunció Winn, no es que fuera realmente necesario.

El hombre no había estado en un club de desnudistas desde que conoció a Lyra.

—Vamos, es martes. Es día de todas las alitas de pollo que puedas comer en el Club Hot Bunny.
Podemos ir ahí, llenarnos, y tener unos cuantos bailes privados. Podemos salir con Candy y Mandy
después de eso. ¿Qué es más divertido que el sexo con una bailarina exótica?

Por un momento Kara sólo podía ver estupefacta a su amigo. Mike hablaba en serio, realmente en
serio.

—¿Te has olvidado de algo? —le preguntó calmadamente, con más calma de la que sentía.

Mike parecía verdaderamente confundido cuando le preguntó:

—¿De qué?

—¡Tengo una novia! —soltó bruscamente Kara, perdiendo la paciencia con rapidez—. ¿Por qué
demonios querría pagarle a una mujer para que me muestre algo en lo que no estoy interesada
cuando estoy saliendo con Lena? ¿Y por qué demonios pensarías que querría engañar a mi novia?

Mike pareció incluso más confundido si fuera humanamente posible.

—¿Cómo es que la engañarías si no estás casada?

Winn y Kara sólo se quedaron viendo fijamente a Mike.

¿Qué demonios se suponía que respondiera a eso?

De hecho, le preocupaba que no hace un año hubiera estado del lado de Mike en esta discusión.

Eso era verdaderamente aterrador.

Demonios, hubiera sido el que iniciara esa discusión antes de Lena.

¡Vaya!.. ¡vaya!...

No era exactamente el mejor sentimiento del mundo descubrir cuán renombrado estúpido había
sido una vez.

En verdad había cambiado desde que conoció a Lena e impresionantemente para mejor.
Sorprendentemente no se sintió cabreada o asustada porque ella había sido capaz de suscitar esos
cambios en ella.
—¡Vamos, mujer! Ven conmigo. Será divertido —suplicó Mike.

Kara tomó una cerveza nueva y se dejó caer de nuevo en su silla.

—¿Qué demonios, Kara? —se quejó Mike.

Encogiéndose de hombros, Kara tomó un largó sorbo de su cerveza.

Mike cruzó los brazos obstinadamente mientras le fruncía el ceño a Kara.

—Nunca pensé que llegaría este día —dijo Mike con evidente repugnancia.

—Oh, ¿qué día es ese exactamente? —preguntó Kara mientras inclinaba la cabeza hacia atrás para
tomar un poco de sol.

Cualquier cosa era mejor que ver a una mujer adulta haciendo un mohín.

—El día en que Kara Danvers se volviera una dominada —anunció Mike, ganándose una risa entre
dientes de Winn.

Kara le lanzó una mirada asesina a Winn, pero el hombre le ignoró.

Concentró su atención en el pequeño bastardo que evidentemente estaba borracho o tal vez
drogado, quizás ambas.

Resopló.

—No estoy dominada —dijo. Dado que había hecho todo menos meterse en ese pequeño pedazo
de cielo (Juego de palabras, en el original Mike dice “pussy whipped” que traducido al español es
“dominada o que le tiene bajo su bota”. Pero “pussy” es coño en español y es por eso que Kara dice
que ha hecho todo menos meterse en ese pedazo de cielo) no pensó que el término se aplicara a
ella.

Las cosas que habían hecho juntas, le hicieron reprimir un gemido.

Le encantó lo que habían hecho y al mismo tiempo lo odió totalmente.

Tener a Lena, pero no tenerla era difícil como el infierno.

Por cualquier otra mujer simplemente se hubiera encogido de hombros por la regla de “no sexo
real” y se alejaría.

Pero por Lena no había nada que no haría.

Era el amor de su vida, su futuro y la mujer con la que planeaba pasar el resto de su vida.

Así que por el momento había apretado los dientes y luchado contra la necesidad de saltar sobre
ella cada vez que la veía.

Su pequeña saltamontes quería quedarse en el juego previo así que eso era exactamente lo que iba
a hacer.

Siempre y cuando siguiera haciendo esa cosa increíblemente erótica con su lengua y dientes a lo
largo de la cresta de su...

—Me sorprende que no esté jadeando tras ella ahora mismo —dijo Mike, arrancando a Kara de sus
pensamientos de Lena, desnuda, inclinándose...

Se movió incómodamente en su asiento tan discretamente como era posible.

—No pasamos juntas cada minuto del día —replicó Kara.

Mike se encogió de hombros.

—Más que nada.

—Bien, no estoy con ella ahora mismo, ¿cierto? —dijo Kara con brusquedad.

—Probablemente porque no te quería con ella —dijo Mike, agarrando otra cerveza—.
Probablemente se está cansando de ti.

Kara resopló.

Luego para asegurarse resopló de nuevo.

Su pequeña saltamontes no se estaba hartando de ella.

Estaba condenadamente segura de eso.

La adoraba completamente, la amaba.

Lo sabía incluso si la testaruda mujer no se lo había dicho todavía, pero lo haría.

Entonces le diría cuánto la amaba, pero sólo después de que Lena se lo dijera porque realmente no
quería sentirse como una idiota diciéndolo primero.

Nunca lo había dicho antes y no tenía ni la más remota idea de cómo comportarse al hacerlo ahora.

Así que, el plan seguro era esperar hasta que Lena lo dijera.

No tenía ni la más remota duda de que ella lo diría pronto dado que no había duda en su mente de
que la amaba.

No, la razón de que estuviera pasando el día con sus amigos hoy no era porque se estuviera
cansando de ella.

Era bastante simple.

Tenía prohibido durante un año ir con ella a las ventas de garaje para comprar cosas que pudiera
vender.

No es que le importara, no era así.

Sí parecía un poco injusto para la rubia eso es todo.

No es como si deliberadamente se complicara la vida para avergonzar a Lena.

Esas cosas sólo parecían pasarle a aquellos alrededor de la rubia.

La mayoría aceptaba ese pequeño hecho de la vida, pero eso no había detenido a Lena de
prohibírselo.

Le decías a una o seis personas que las cosas que trataban de vender en sus patios delanteros eran
mierda y de repente estaba excluido.

Bueno, eso y la caja de platos antiguos que rompió quizá tuvieron algo que ver con ello.

No sabía por qué el tipo estaba molesto.

Le dio los cincuenta dólares por ellos. Debería ser la rubia la que estuviera cabreada después de
todo fue ella quien se quedó sin cincuenta dólares por un juego de afeminados platos rotos.

—Apuesto a que Lena está fuera con otro tipo ahora mismo... ¡ay! ¿Qué demonios? —se quejó
Mike mientras se frotaba el que parecía un grave punto rojo en su frente que no había duda sería un
visible chichón en la mañana.

Winn suspiró mientras levantaba la lata de cerveza medio vacía de Kara que rodó hasta detenerse a
sus pies.

Vació el resto de la cerveza en el césped mientras sacudía la cabeza, incrédulo.

—Debiste haberlo previsto —le dijo a un enfurruñado Mike.

—¡Sólo estaba bromeando!

Winn se encogió de hombros.

—¡Eso es una mierda!

—No hables de mi pequeña saltamontes —dijo Kara sencillamente.

El hombre debería estar feliz de que todo lo que hizo fue lanzarle su cerveza.

Mike tomó un puñado de hielo del cubo y lo presionó contra su frente.

—Ni siquiera es tan hermosa —murmuró en voz baja para sí mismo.

Kara estuvo fuera de su silla y lanzándose contra el pequeño bastardo antes de que la última sílaba
saliera de su boca.

Winn siendo Winn, dejó caer su cerveza y saltó entre los dos segundos antes de que Kara hubiera
chocado contra él. Los tres cayeron de la tarima al suelo con Winn haciendo lo que podía para
evitar que una muy enojada Kara matara a Mike.

—¡Quítamelo de encima! —gritó Mike como una niña mientras trataba frenéticamente de alejarse
arrastrándose.

Con Winn sobre su espalda esforzándose todo lo posible por retenerlo, Kara se lanzó y se las
arregló para agarrar la pierna de Mike y proceder a arrastrar al hombre hacia ella para que pudiera
molerlo a golpes.

—¡Maldita sea, retráctate! —gritó Winn mientras luchaba por contener a Kara.

—¡Aaah! —gritó Mike mientras era arrastrado centímetro a centímetro hacia un futuro con un yeso
de cuerpo entero.

Trató en vano de hundir las uñas en el césped.

—¡No quise decirlo de ese modo! ¡Es sexy! ¡Terriblemente hermosa! ¡Sólo quería decir que has
salido con mujeres realmente hermosas antes y que nunca te has comportado así antes! ¡Oh, Dios
mío, no me mates! —Las palabras salieronvolando de la boca de Mike, terminando en un chillido
mientras Kara lo arrastraba debajo de ella y le daba la vuelta con un puño alzado y listo.

Mike sostuvo sus manos con las palmas hacia arriba tratando de conseguir que Kara se detuviera.

—¡Juro por Dios que no quise decir eso! ¡La amo! —Ante el gruñido de ira de Kara Mike se
apresuró a continuar—. ¡No de ese modo! ¡La quiero como una amiga! ¡Pienso que es genial! ¡Juro
que no quise decir eso!

—Te dije que no la provocaras con ella —gimió Winn mientras trataba de quitar a Kara de encima
del hombre, pero Kara pesaba más que él por unos buenos 14 kilos de músculo.

Miró a su amigo a través de los ojos entrecerrados mientras luchaba contra el deseo de molerlo a
golpes.

Este era uno de sus más viejos amigos y parte de la rubia sabía que el hombre sólo estaba
provocándola, pero no permitía que nadie hablara o tratara a su pequeña saltamontes con nada
excepto respeto.

Con apenas una furia controlada Kara respiró hondo antes de hablar.

—Dejemos esto claro de una vez por todas. —Ante el entusiasta asentimiento de Mike,
probablemente porque si Kara estaba hablando quería decir que no lo estaba moliendo a golpes,
continuó—. Lena es mi mundo —dijo, ignorando los sorprendidos ojos de Mike por el anuncio—.
Porque hemos sido amigos desde que teníamos cinco años voy a ignorar este pequeño acto de
estupidez. —Mike se relajó visiblemente con el anuncio—Siempre y cuando dejes de comerte con
los ojos el trasero de mi novia.

Mike frunció los labios, pensando en el ultimátum.

Después de un minuto dejó caer los brazos a los costados y suspiró:

—Preferiría que me patearan el trasero.


Capítulo 18

Capítulo 18

—¡Bebé, para! —dijo Lena, riéndose.

Kara abrazó su cintura con más fuerza, impidiéndole caminar lejos.

—Quédate en casa conmigo. Te extraño —dijo, dándole su mejor puchero.

Suavemente paso sus dedos por su cabello como a él le gustaba.

—Lo siento, cariño, pero no puedo retractarme otra vez. Le prometí a Sam y a las chicas que
definitivamente iría esta noche.

No había forma de que se permitiera a sí misma quedarse en casa esta noche.

La semana pasada había estado tan cerca de arruinar la sorpresa contándole.

Sabía que si se quedaba en casa esta noche la emoción la sobrepasaría y lo dejaría escapar, y todo
lo que había atravesado durante el mes pasado planificando esto estaría arruinado.

Por supuesto nada de esto hubiera sido posible sin la ayuda de su abuela.

Algunas veces Lena consideró darse por vencida cuando el dinero y ubicación eran un problema,
pero luego la abuela se ofreció a ayudarla.

La abuela encontró el lugar perfecto a más de la mitad del precio de cada sitio que Lena había
mirado.

Era la primera vez que Lena alguna vez había aceptado la ayuda de su abuela.

Siempre había sido importante para ella hacerlo por su cuenta sin el dinero e influencia de su
familia.

Por Kara se había tragado su orgullo y le había pedido a la abuela ayudar para encontrar la perfecta
cabaña para alquilar.

Todo iba a ser perfecto.

—¿No te importa que este de rodillas suplicándote? ¿Realmente vas a ser capaz de dejar a alguien
así de patético? —demandó en un tono malhumorado.

Lena rodó sus ojos mientras arrancaba suavemente sus brazos de alrededor de su cintura.

—Es sólo por un par de horas. Ni siquiera sabrás que me he ido —le prometió ella.

La rubia se sentó en cuclillas haciendo todo lo posible por lucir patética.

Hizo su mejor esfuerzo por no rodar sus ojos, otra vez.

Era tan malditamente lindo y dulce que no quisiera pasar una noche sin ella.
Esto era algo que nunca había esperado de Kara Danvers, una de muchas cosas en realidad.

Kara era tan dulce y atenta.

—¿Qué pasa si prometo hacerte una tanda de brownies mañana? — preguntó ella, decidida a
utilizar su amor por los productos horneados en su contra.

La rubia soltó un bufido de incredulidad mientras se ponía de pie.

—No soy una puta que puedes comprar con deliciosos productos horneados, mujer. ¿Cómo te
atreves a insultarme? —dijo con un resoplido mientras doblaba sus brazos sobre su pecho y hacia
su mejor mirada malhumorada.

—Bien —dijo Lena con un suspiro—. ¿Y si te prometo hacer mañana un gran plato de glaseado y
dejar que lo lamas de mí?

Tuvo que contener una sonrisa mientras Kara se movía ansiosamente y se lamía los labios pasando
sus ojos ávidamente por su cuerpo.

—¿Crema de mantequilla? —graznó.

—Mmmmhmm —dijo ella, caminando hacia él. Ahuecó la parte posterior de su cabeza y tiró
suavemente de él hacia abajo para un beso rápido—. Y si eres buena podría lamer un poco de ti —
dijo, amando la idea.

—Consigue tu propio tazón de glaseado. Yo no comparto —dijo simplemente, dándole un último


beso antes de salir por la puerta, silbando alegremente, sin duda pensando en el gran tazón de
glaseado que iba a devorar mañana.

Con una sonrisa, Lena agarró su pequeño bolso negro y salió por la puerta.

No estaba demasiado sorprendida al encontrar a Kara jugando baloncesto con Mike y Winn.

No es que alguna vez lo esperara, pero era bueno saber que Kara la elegía por encima de sus
amigos.

No era el tipo de mujer que espera la atención de alguien 24/7, pero era agradable saber que era de
ella si quería.

Lanzó un beso en su dirección y no pudo evitar reírse cuando Mike saltó frente a Kara para
atraparlo.

—¡Ese era mi beso, hijo de puta! —gritó Kara, colocando un fuerte asimiento en Mike y
tacleándolo hasta el suelo mientras que Winn suspiraba.

Realmente era adorable.

Tal vez le haría una gran tanda de brownies para acompañar ese plato de glaseado.

—¡Y deja de mirar su trasero! —le recriminó Kara.

***

—Oh Dios mío, no puedo creer que hayas venido —dijo Andrea, apoyándose en su silla mientras
observaba a Lena acercarse a la mesa.
—Probablemente está justo detrás de ella —señaló Sarah con una sonrisa.

—Ja, ja, muy divertido —dijo Lena, tomando el único asiento vacío en la mesa mientras sus cuatro
amigas y una mujer que ella no tenía absolutamente ninguna idea de quién era, le daban miradas de
complicidad.

Andrea hizo un gesto hacia la nueva mujer.

—Ésta es mi amiga, Kate. Kate, ella es Lena, la mujer de la que te hablé.

Frunciendo el ceño, Lena se estiró para estrechar la arreglada mano de la mujer.

No podía dejar de preguntarse qué había dicho Andrea sobre ella.

Afortunadamente, no tuvo que preguntárselo por mucho tiempo.

—Así que, ¿ésta es la mujer que puso a Kara Danvers de rodillas? — preguntó Kate, ladeando su
cabeza hacia un lado mientras pasaba un evaluador ojo sobre Lena.

Lena no se perdió la sacudida en los labios de la mujer cuando llegó a sus gafas.

Obviamente, la mujer pensaba que ella era poco.

A Lena no le importaba lo que la mujer pensaba.

No era la primera vez que alguien tenía dificultades creyendo que estaba con Kara y
probablemente no sería la última.

No se podía negar que no era el tipo usual de Kara.

No vivió al lado de la mujer durante cinco años sin aprender una cosa o dos.

Por supuesto nunca veía a las mujeres hasta después de que la rubia las botaba y estaban borrachas
gritando, pero era bastante fácil de adivinar su tipo.

A la vieja Kara, como le gustaba pensar de la Kara no tan dulce que solía conducirla a la locura, le
gustaban las mujeres que eran un anuncio ambulante y viviente de sexo.

Algo así como Kate, pensó Lena con un gemido interior.

Con su largo, perfecto y sedoso cabello azabache, maquillaje que la hacía lucir sensual y ropa que
era un poco demasiado apretada y mostraba demasiado, Kate podría ser un anuncio andante del
tipo de Kara.

A juzgar por la petulante sonrisa en el rostro de la mujer, había adivinado lo que Lena estaba
pensando.

—¿Cuánto han estado juntas ustedes dos? —le preguntó Kate casualmente, pero Lena no se perdió
el brillo calculador en sus ojos.

Antes de que pudiera decirle que no era de su incumbencia Andrea respondió por ella.

—Unos dos meses.

La mirada sorprendida de Kate fue gratificante.


Ella sabía que había durado con Kara más que ninguna otra mujer, sorprendentemente ya que
nunca habían tenido sexo.

Bueno, hizo unas mil y una diabluras con la rubia y mantuvo su interés por sus productos
horneados, pero eso no era ni aquí ni allá.

Estaba bastante segura de que realmente se preocupaba por ella, tal vez incluso la amaba.

Está bien, amor podría ser presionar a una mujer como Kara, pero estaba muy segura de que se
preocupaba por ella. Era siempre dulce con ella y parecía genuinamente feliz de verla. Sin olvidar
que él salía de su camino para pasar tiempo con ella.

No estaba completamente segura, pero no creía que la rubia hubiera hecho eso con nadie antes que
ella.

—Eso es bastante impresionante —murmuró Kate distraídamente.

Sam hizo caso omiso de su comentario, inclinándose más hacia Lena con un brillo de impío interés
en sus ojos.

—¿Y bien? —dijo con expectación.

Lena sólo pudo fruncir el ceño mientras miraba más allá de su amiga a la camarera.

De pronto tuvo la sensación de que la única manera de sobrevivir a esta noche de chicas era con
una gran cantidad de alcohol.

Ella miró hacia atrás y se sorprendió al encontrar a Lucy, Eve, y Jen inclinándose hacia ella con
expresiones similares.

—Bueno, ¿qué? —preguntó Lena, preguntándose si necesitaba empezar a hacerles pruebas de


drogas a sus amigas. Estaban seriamente asustándola.

Como una rodaron los ojos.

Fue seriamente espeluznante.

Apenas luchó con la necesidad de huir.

—¿Ya te has acostado con ella? —soltó Andrea con entusiasmo.

—Oh... eso —dijo, retorciéndose y sintiéndose un poco tímida—. Dormimos juntas todas las
noches —dijo, esperando que dejaran ir el tema, especialmente por la forma en que Kate la estaba
mirando.

Lucy resopló.

—Sabemos que duermen juntas todas las noches. ¡Lo que te estamos preguntando es si finalmente
tuviste sexo con la mujer!

Sus mejillas comenzaron a arder ante ese pequeño anuncio.

Kate parecía confundida.

—Acaba de decir que duerme con ella.


Andrea se inclinó en su silla, tomando un sorbo de su Martini.

—Lena no duerme con alguien a menos que esté enamorada de esa persona. ¿Cierto? —dijo, dando
a Lena una mirada incisiva.

¿Por qué había compartido ese pequeño dato hace tantos años en la universidad?

Oh, es cierto, había estado borracha.

Se retorció incómodamente en su asiento.

—Sólo quiero estar segura —murmuró ella patéticamente.

Kate se irguió, levantando su mano para detener a las amigas de Lena cuando abrieron sus bocas,
sin duda para otra de sus conferencias sobre sexo en el siglo XXI.

Ninguna de ellas entendía por qué quería esperar.

—¿Has mantenido a Kara Danvers interesada durante dos meses y aún no has tenido sexo con ella?
—preguntó, claramente tan sorprendida como sus amigas.

—Sí —dijo ella un poco a la defensiva—. Nuestra relación no es sobre sexo.

Kate se recostó de nuevo, dándole otra vez una mirada condescendiente.

—Claramente.

Lena abrió la boca para cantarle sus verdades a la mujer cuando Lucy la cortó.

—Oh, mira eso —dijo Lucy, gesticulando con su bebida rosa hacia la entrada del bar.

Todo el mundo miró y se rieron entre dientes y por una vez Lena se alegró de vivir en un pueblo
pequeño.

Kara la vio y saludó con la mano y luego, por supuesto, golpeó a Mike en la cabeza cuando el
hombre lanzó un beso hacia ella.

Rodando los ojos, Lena se levantó y agarró su bolso.

—Ya vuelvo —dijo, no muy segura de sí lo haría.

Realmente no tenía ganas de pasar una noche siendo acosada nuevamente por su virginidad.

—Uh huh —dijo Lucy.

—Por supuesto —dijo Andrea.

Lena no se molestó en discutir con ellas.

No estaba de humor.

Todo lo que quería hacer era acurrucarse con Kara mientras ella la alimentaba con sus alitas de
pollo.

¿Era mucho pedir?

La pelinegra se acercó a su mesa.


La rubia hizo una pausa en medio de su pedido cuando la vio.

Frunciendo el ceño, le pidió a la camarera que volviera en unos pocos minutos.

—¿Qué pasa mi pequeño saltamontes? —le preguntó, tirando de ella contra su costado.

—La noche de chicas apesta —murmuró patéticamente contra su hombro.

Kara echó a reír, presionando un beso en la cima de su cabeza.

—¿Quieres unirte a la noche de nosotros? —preguntó, sonando divertida.

Tras una breve pausa Lena preguntó:

—¿Tengo que tener un pene?

—Creo que podemos pasar por alto este requisito esta noche —dijo, riéndose.

—¿Me compras alitas de pollo? —murmuró ella, trazando círculos sobre su rodilla.

La rubia suspiró pesadamente.

—Si debo hacerlo.

—Es necesario —dijo solemnemente.

—Muy bien. ¿Algo más?

Sacudió su cabeza poniéndose de pie.

—No, solo eso —anunció ella, inclinándose para presionar un beso en su mejilla.

—Yo te pediré alitas de pollo si me besas —ofreció Mike—. De hecho, si besas mi... ¡Ow!
¡Maldición! —espetó, fulminando con la mirada a Winn.

Winn hizo un gesto hacia Kara con su cerveza.

—Ahorra tiempo de esta manera.

Riéndose y ya sintiéndose mejor, dio a Kara un último beso antes de ir al baño, donde, sin duda,
pasaría la mitad de la noche haciendo la fila.
Capítulo 19

Capítulo 19

—¿Acabas de gruñir? —preguntó Mike, riendo.

Kara arrancó sus ojos del trasero en retirada de su pequeña saltamontes y le frunció el ceño al
hombre.

—No. —Pero lo hizo. Oh maldición, lo hizo.

Había estado imaginándose quitándole el glaseado a Lena a lametazos de unas cien maneras
diferentes desde que ella se lo había ofrecido.

Lamer glaseado de una mujer era una simple fantasía y una que había soñado hacer por años, pero
no había encontrado a la mujer correcta con quién compartirlo.

No había ninguna duda de que podría haberle pedido a cualquiera de las incontables mujeres con
las que había dormido en el pasado que viviera con ella, esta pequeña fantasía pervertida antes,
pero nunca se sintió lo suficientemente cómoda con ninguna de ellas.

Con Lena...

No había nada sobre lo que no pudiera hablar con la mujer.

De hecho, le había mencionado esta fantasía apenas la semana pasada.

Después de que juguetonamente, lo tentara por al menos una hora sobre ello, juró que lo dejaría
lamer cualquier cosa que quisiera de su cuerpo.

En cualquier momento.

Treinta segundos después estaba luchando por meter sus malditas piernas en sus pantalones y
mentalmente haciendo una lista de compras cuando ella regresó a su habitación esbozando una
sonrisa y llevando puesto un bikini de crema batida.

Podía haberla derribado al suelo y quitado a lametazos cada condenado bocado cremoso antes de
echarse al hombro a su saltamontes que reía tontamente y llevado al refrigerador donde procedió a
ponerle todas las coberturas para helado que tenía para buen uso.

Dios, amaba a esa mujer.

—¿Disculpa? ¿Me recuerdas? —preguntó una hermosa mujer con sedoso cabello negro, sacándolo
de sus pensamientos.

Kara la miró y frunció el ceño.

No tenía ni idea de quién demonios era ella y a juzgar por la apreciativa mirada que Mike le estaba
lanzando a ella, a él le gustaría conocerla mejor.

—No, lo siento —dijo, tomando un sorbo de su cerveza.


Su coqueta sonrisa vaciló por un segundo, y después volvió con toda su fuerza.

Sin preguntar empujó la silla a su izquierda y se sentó, asegurándose de inclinarse hacia adelante lo
suficiente para darle una vista de su generoso escote.

Estiró la mano para recorrer su brazo con los dedos solo para encontrar que la rubia la apartaba.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó, sintiendo que todo su buen humor se esfumaba.

No había ninguna duda de que esta mujer había visto a Lena con ella hace apenas unos minutos.

Es curioso cómo había habido una vez en que encontraría el comportamiento agresivo de esta
mujer halagador y probablemente habría echado a su cita por ella, pero ahora estaba con Lena.

Le molestaba sin fin el que las mujeres miraran a su pequeña saltamontes una vez y la descartaran
como si no fuera nada.

—Bueno —dijo, prolongando la palabra mientras se movía en su silla, dándole un mejor vistazo de
sus pechos—, estaba allá con mis amigas y curiosamente tú eras el tema de conversación. Luego
repentinamente estabas aquí y no pude evitar sentir que el destino me estaba diciendo que tú y yo
deberíamos pasar una larga noche sin dormir en mi cama esta noche —dijo con voz ronca.

—Mierda —murmuró Mike, tomando un muy necesitado sorbo de cerveza.

—¿No estabas sentada con las amigas de Lena? —señaló Winn, sonando tan molesto como la
rubia se sentía.

Ella se encogió de hombros ante el comentario de Winn.

—Estoy sentada con mi amiga —enfatizó—. Nunca sería amiga de alguien tan fría como Lena.

Con ese anuncio los tres se rieron a carcajadas.

Lena era muchas cosas, ¿pero fría?

Diablos, no.

Todavía podía ser un poco débil, pero sólo porque de verdad se preocupaba por no herir los
sentimientos de otras personas.

Desde luego eso era algo en lo que necesitaban trabajar, pero estaba dispuesta a ignorarlo por
ahora.

La mujer le fulminó con la mirada mientras cruzaba los brazos por su abundante pecho, lanzándole
lo que probablemente era su mejor mirada de bruja.

—Me pregunto cómo te sentirías si descubrieras que están jugando contigo —dijo bruscamente.

—Oh, ¿y quién está jugando conmigo? —preguntó Kara, todavía riéndose.

—Lena —dijo.

—Ahora puedes irte —dijo él, indicándole con la cerveza que se fuera.

Maldición, las mujeres verdaderamente podían ser brujas sin corazón.


Hablando mal de su pequeña saltamontes por una oportunidad con ella, era bajo.

Comprensible, pero bajo.

Ella inclinó la cabeza a un lado, estudiándolo.

—Oh, ¿en serio? ¿No crees que esté jugando contigo?

—Nunca pasaría —le dijo, indicándole de nuevo que se fuera.

Incluso Mike se veía como si quisiera que se fuera y eso era decir algo.

Normalmente el hombre no era tan selectivo con sus compañeras de cama y para él querer que una
mujer fácil se fuera decía mucho sobre lo que sentía por Lena.

Kara supo que el hombre estaba comenzando a ver a Lena como una hermana sino, tendría que
abofetearlo.

—¿Entonces por qué no ha dormido contigo todavía? —preguntó ella, sonriendo con suficiencia.

Todo en ella se congeló con la pregunta.

Sus ojos giraron rápidamente hacia sus dos amigos para ver que ambos hombres estaban mirándole
fijamente, claramente sorprendidos.

—No tienes ni idea en absoluto de qué demonios estás hablando —dijo Kara bruscamente, tratando
de ignorar el temor que comenzaba a levantarse.

Habían estado juntas por dos meses y ni una vez la había presionado o cuestionado por su negativa
a dormir con ella. Incluso se contuvo durante esas veces en las que pensó que se moriría si no
entraba en ella.

Había asumido que sólo quería llevar las cosas con calma, asegurarse de que la rubia no iba a ser
una imbécil y la dejara cuando se cansara de ella.

De repente deseó haberle preguntado por qué no dormiría con ella la primera y única vez que sacó
el tema en lugar de sólo estar feliz porque le diera una oportunidad.

—¿Oh? Sucede que sé que no ha dormido contigo y no tiene planeado hacerlo. Está jugando
contigo ahora mismo. Según ella sólo no estás a la altura de sus estándares.

Mike lo tomó a risa.

—Encanto, ve a tratar de engañar a alguien más. No sabes una mierda de lo que estás hablando.

Levantó una ceja perfectamente depilada hacia él mientras se ponía de pie.

—¿No lo sé? Sé que no dormirá con ella porque no está enamorada de ella — anunció triunfante,
provocando que el aire en sus pulmones saliera volando —Cuando te canses de que jueguen
contigo llámame —dijo ella, empujando una servilleta doblada hacia la rubia.

Kara apenas fue consciente de lo que Mike y Winn le dijeron a ella o de que Mike tomaba la
servilleta y la rompía en mil pedazos.

Lena no la amaba.
—Kara, no te ves muy bien, mujer —dijo Mike, poniéndose de pie y sentándose en el asiento que
la bruja sin corazón acababa de desocupar. Tomó la jarra de cerveza y llenó el vaso de Kara—.
Toma un trago —dijo él, empujando el vaso hacia él hasta que no tuvo otra opción que hacer
justamente eso —Mira, no sé qué sandeces estaba escupiendo ella, pero sí sé que Lena te adora
completamente —dijo Mike con voz reconfortante, dándole un susto de muerte.

Mike no intentaría tranquilizarla a menos que fuera malo.

—Él está en lo cierto —coincidió Winn perfectamente—. Obviamente ella está tratando de
comenzar alguna mierda para Lena. Solo ignora sus estupideces.

No sabe de lo que habla.

Kara forzó una sonrisa.

—Quizá tengan razón.

Mike resopló.

—Por supuesto que estamos en lo cierto. Cualquiera que haya estado alrededor de ustedes dos los
últimos dos meses sabe que no pueden quitarse las manos de encima la una de la otra.

Pero no habían hecho el amor, pensó Kara amargamente.

Lena había hecho todo con ella excepto eso y ahora Kara tenía una sensación de que la razón detrás
de ello ya no era tan simple.

—¿Ordenaste alitas de pollo picantes? —preguntó Lena, envolviendo sus brazos alrededor de su
cuello y poniendo un dulce beso en su mejilla.

Winn le lanzó una mirada de “te lo dije” por encima de su cerveza.

—No, todavía no —dijo la rubia, bajando su cerveza para que pudiera tomar su mano en la suya.

Sus ojos salieron disparados más allá de Lena a la mesa de mujeres que estaban mirando en su
dirección y riendo.

Su mandíbula se apretó casi dolorosamente ante la idea de que Lena jugara con ella.

Por supuesto Lena era inconsciente de todo incluyendo el cambio en su humor.

—Bien, voy a ordenar algo en el bar entonces. Ahora regreso.

—Está bien —dijo Kara, incapaz de apartar los ojos de las mujeres riéndose de ella.

Mike y Winn deben haber seguido la dirección de su mirada.

—No le digan esto a Lena, pero la mayoría de sus amigas son unas brujas —dijo Mike, vaciando lo
último de la cerveza en su vaso.

Normalmente Kara estaría de acuerdo con eso, pero ahora mismo tenía un mal presentimiento de
que era el objeto de una broma.

En realidad, no podía evitar sentir que Lena podría haber estado jugando con ella todo este tiempo.

Solo había un modo de averiguarlo y esta noche tenía miedo de que consiguiera sus respuestas de
un modo u otro.

—No eches esto a perder —dijo Winn, sin duda interpretando correctamente la expresión de
determinación en su cara—. No sé qué está sucediendo entre Lena y tú, pero esas mujeres
claramente están queriendo joderla. Por favor no te jodas a ti misma en el proceso.

Kara no contestó de inmediato.

Vacío el resto de su vaso lentamente.

Finalmente, puso el vaso de nuevo en la mesa y se reclinó hacia atrás, permitiendo a sus ojos
buscar a su pequeña saltamontes.

Estaba en el bar riéndose por algo que M´gann, la cantinera, le dijo.

No sabía qué demonios haría si descubría que su pequeña saltamontes estaba jugando con ella, pero
esta noche iba a averiguarlo.
Capítulo 20

Capítulo 20

—¿Amor, estás bien?

Kara bajó la mirada para verla y le sonrió.

—Estoy bien —dijo, rodeándola con un brazo, apretándola firmemente contra ella mientras se
dirigían hacia la casa de ella.

La rubia abrió la puerta sin una palabra.

Lena lanzó su bolso en la mesita de café y se encaminó hacia su habitación más que lista para
quitarse sus tacones altos y su falda.

—¿Lena? —dijo Kara, deteniéndola.

Se inclinó contra la pared mientras se quitaba los zapatos.

—¿Sí?

Se pasó una mano por el cabello.

—Me... me preguntaba si querrías ir a nadar —dijo la rubia, pero Lena no pudo evitar sentir que no
era eso lo que había querido decir.

Desde que regresó del baño no pudo evitar darse cuenta de que Kara estaba comportándose
diferente.

Parecía realmente molesto, pero lo negaba cada vez que le preguntaba.

Sorpresivamente Mike y Winn fueron reservados al respecto.

De vez en cuando había visto a los dos hombres mandándoles miradas asesinas a sus amigas.

Más de una vez vio a sus amigas mirándolos y riéndose.

Sabía que era ridículo, pero no podía evitar sentirse un poco paranoica.

Probablemente no era nada.

—Nadar suena divertido —dijo ella, decidiendo que preferiría olvidarse de todo excepto de Kara
—. Te veré en la piscina en diez minutos.

—Está bien —dijo Kara, sonando un poco triste, al menos eso pensó ella.

Estaba siendo ridícula, decidió.

Quince minutos después cerraba las puertas corredizas detrás de ella mientras Kara salía a la
superficie.

Incluso en la tenue luz de la luna, Kara era hermosa.


Vio flexionarse los músculos de sus brazos mientras se pasaba los dedos por su cabello.

—El agua está genial —dijo Kara, haciéndole señas para que se uniera a ella.

Se quitó los lentes y deseó haber encendido las luces de afuera conforme su visión se atenuaba y se
volvía borrosa.

Tratando de no tropezar, caminó cautelosamente el metro y medio hasta la mesa del patio, y puso
sus lentes ahí.

Desafortunadamente para la pelinegra, el tiempo que le llevó bajar sus lentes no ayudó a que sus
ojos se adaptaran a la tenue luz.

No quería arruinar un romántico chapuzón de medianoche por ponerse a encender los reflectores,
pero tampoco creía que caerse de bruces fuera exactamente romántico.

¿Por qué no podía ser una candidata para cirugía láser de ojos?

Suspiró pesadamente mientras se daba la vuelta, completamente preparada para encender los
reflectores y arruinar otra velada romántica gracias a su pobre visión cuando unos fuertes brazos
húmedos la alzaron en brazos.

—No te preocupes, mi pequeño saltamontes, te tengo —susurró Kara, presionando un beso en su


frente.

—Quizás deberíamos encender las luces —refunfuñó ella tristemente—. No puedo ver nada —
admitió en voz baja, sintiendo que sus mejillas ardían de vergüenza.

Era sólo otro recordatorio de que no era sexy o deseable.

—No te preocupes, no dejaré que nada te pase —prometió Kara mientras la llevaba a la piscina y
la ayudaba a entrar en el agua tibia.

Mientras Kara descendía al interior de la piscina, ella se zambulló bajo el agua para humedecer su
cabello.

Cuando salió a la superficie tres metros más allá se echó el cabello hacia atrás y entrecerró los
ojos.

—¿Kara? —dijo, tratando de separarlo del resto de las tenues sombras.

En verdad no podía ver nada ahí afuera.

Quizás debería...

Un pequeño grito de sorpresa salió de ella cuando unos cálidos brazos se envolvieron a su alrededor
desde atrás. Kara rio suavemente entre dientes en su oído.

—¿Te asusté?

—No —mintió.

—Lo siento —dijo, depositando un beso en lo alto de su cabeza—. ¿Me perdonas?

Lena resopló enfurruñada.


—No.

—¿Y si te prometo no hacerlo de nuevo? —preguntó la rubia, sonando entretenida.

—Soltaría los puños de furia porque ambas sabemos que estarías mintiendo.

—No querríamos eso —rió entre dientes.

—No —inhaló—, no lo querríamos.

—¿Entonces quizás me dejes compensártelo con un beso? —dijo Kara, ya depositando húmedos
besos en su cuello.

Cerrando los ojos, inclinó la cabeza hacia atrás y hacia un lado para darle mejor acceso.

—Supongo que eso sería aceptable —dijo la pelinegra, reprimiendo un pequeño gemido de placer
cuando Kara recorrió sus caderas y sus muslos con las manos antes de subirlas de nuevo.

—Eso es muy amable de tu parte —susurró Kara con voz ronca, subiendo con su lengua por su
cuello, tomando su lóbulo en la boca y succionándolo.

Sus manos subieron rozando sus costados casi provocadoramente, deteniéndose justo bajo sus
senos antes de bajar deslizándose a sus caderas.

Lena estiró una mano hacia arriba y agarró su cabello mojado, tirando de la rubia hacia abajo para
el beso que le prometió.

Kara devoró su boca al contacto.

Su lengua empujó su camino hacia el interior de su boca y ella le dio la bienvenida, la succionó,
amando el modo en que la rubia gruñía con cada pequeño provocador lametón y succión.

Sintiéndose un poco osada, estiró su mano libre y deshizo el nudo frontal que mantenía cerrado el
top de su bikini.

Soltando su cabello se quitó el top con un encogimiento de hombros, dejándolo caer entre sus
cuerpos.

Sus pezones se endurecieron instantáneamente por la mezcla del agua, el aire frío y el deseo por
esta mujer.

Se sentía tan bien, pero necesitaba más.

Colocando sus manos en las suyas que seguían apoyadas en sus caderas, suavemente tiró de ellas
hacia arriba, deslizándolas por su húmedo cuerpo hasta que estuvieron donde ella las quería, las
necesitaba.

El largo gemido dolorido de Kara mandó escalofríos a través de su cuerpo.

Se arqueó en sus manos, amando el modo en el que sopesó sus pechos, los apretó y los acarició.

Cuando pasó sus palmas sobre sus endurecidos pezones ella succionó su lengua, haciéndolo gemir
con intensidad mientras sus manos se cerraban sobre sus pechos y los apretaba.

—Kara —murmuró desesperadamente contra su boca.


Necesitaba más.

La necesitaba a Kara.

La rubia rompió el beso y la giró en sus brazos.

Su boca se cerró de golpe en la de Lena mientras tiraba de ella contra la rubia.

La pelinegra amaba el modo en el que se sentía su cálido torso contra sus senos, pero amaba aún
más la sensación de su dura erección presionando contra ella.

Estiró la mano entre ellos y la ahuecó, deslizando sus dedos provocadoramente por su larga
longitud hasta que encontró la gran cabeza aterciopelada sobresaliendo por lo alto de su traje de
baño.

Ahuecó la gran cabeza mientras la rubia se entretenía en sus pechos, lamiendo, besando y
succionando cada centímetro de piel hasta que su lengua estuvo trazando círculos alrededor de su
pezón, haciéndolo endurecerse casi dolorosamente.

Sus manos subieron a jugar, agarrando cada seno y sosteniéndolo hacia su boca como una ofrenda.

El hecho de que Lena no podía ver lo que estaba haciendo sólo intensificaba todas y cada una de
las sensaciones que le provocaba.

Justo cuando pensó que se moriría si no tomaba su pezón en su boca se movió al otro pecho y
comenzó la tortura de nuevo.

—¡Kara! —chilló cuando finalmente la sacó de su miseria y tomó su muy sensibilizado pezón en la
boca.

Pellizcó y giró suavemente su otro pezón con los dedos.

Lena fue apenas consciente de que la estaba haciendo retroceder contra el lado de la piscina.

Kara mantuvo el pezón en su boca, succionándolo con fuerza mientras le quitaba la parte de abajo
del bikini.

Lena era incapaz de hacer algo más que aferrarse con fuerza a sus hombros mientras la llevaba a la
locura.

Su boca dejó su pezón con un fuerte plop.

—Necesito saborearte, mi pequeña saltamontes —dijo con voz ronca mientras la levantaba y la
sentaba con cuidado en el borde de la piscina—. Recuéstate.

Con cuidado, se recostó en el cemento frío.

Kara agarró la parte de atrás de sus rodillas y le abrió las piernas, separándolas ampliamente.

—Tan hermosa —dijo en voz baja.

Sintió su cálido aliento cosquilleando en su muslo antes de que depositara un beso justo debajo de
su rodilla.

Una fresca brisa corrió por entre sus piernas, provocando sus empapados labios.
No podía recordar estar así de excitada nunca antes o así de húmeda.

La deseaba.

Esta noche.

Ahora.

—Kara, por favor —suplicó, tratando de no retorcerse contra la implacable superficie de cemento.

—Shhh, está bien —murmuró Kara contra su pierna.

Depositó otro beso contra su muslo interior antes de bajar por su pierna con su húmeda lengua.

Evitó el lugar dónde ella más lo necesitaba para pasar su lengua justo por debajo de su ombligo
hacia su otra pierna.

—¡Por favor! —gimió, mientras otra brisa fresca excitaba su muy sensibilizada piel, haciéndola
retorcerse desesperadamente.

—Eso no es lo que quiero oír, mi pequeña saltamontes —murmuró Kara contra su muslo.

Hizo círculos con su húmeda lengua por su muslo interior antes de succionar suavemente el área.

Puso un suave beso contra la mata de suaves rizos entre sus piernas, ganándose un fuerte gemido.

—Tan húmeda —dijo, pasando la punta de su lengua entre sus pliegues—. Tan dulce.

Su lengua delineó su hendidura mientras colocaba sus rodillas sobre sus hombros.

Cuando sintió sus pulgares separar sus pliegues pasó sus dedos por su cabello, alentándole
suavemente.

Pasó la punta de su lengua alrededor de su pequeño botón sensible y alrededor de su centro en lo


que pareció una figura de ocho, asegurándose de no tocar los lugares que más anhelaban su toque.

Separó aún más las piernas en una silenciosa invitación, haciendo que Kara se riera entre dientes.

—¿Quieres más? —preguntó, depositando un delicioso beso en su clítoris.

—Mmhmm —Se las arregló para responder.

Hizo rápidos movimientos con su lengua sobre su sensible pequeño botón como recompensa.

Lena echó la cabeza hacia atrás, gimiendo con fuerza.

Sus dedos tomaron su cabello en un puño, animándola.

Contuvo el aliento cuando su lengua bajó a su centro y se deslizó dentro suavemente.

Su pulgar hizo círculos en su clítoris lentamente, usando sus jugos para intensificar cada toque.

Dentro y fuera su lengua se movió a un ritmo que la tuvo agarrando su cabello, jadeando, gimiendo
y medio gritando su nombre.

Su orgasmo la tomó desprevenida.


Un minuto estaba jadeando y al siguiente estaba ondulando sus caderas y gritando su nombre hasta
que estuvo ronca.

Kara depositó un rápido beso en su estómago.

—Ven aquí —dijo con firmeza.

Aun tratando de recuperar el aliento, Lena se sentó.

Kara se metió entre sus piernas, manteniéndolas separadas mientras se inclinaba y tomaba su boca
en un hambriento beso que le robó cualquier cordura que le hubiera quedado.

La pelinegra pasó sus manos por su cabello y hacía abajo por su espalda deteniéndose solo para
quitarle el traje de baño.

Tan pronto como su erección quedó libre se rindió con su traje de baño y le tomó en la mano.

Kara gimió largo y fuerte en su boca mientras Lena le quitaba su traje de baño, con cuidado de no
mover la mano.

Sin una palabra la rubia la levantó.

Lena envolvió las piernas a su alrededor, amando el modo en el que se sentía.

Se movió en sus brazos hasta que su dura erección estuvo presionada firmemente contra su húmedo
centro.

Kara agarró su trasero, provocando su hendidura con las puntas de sus dedos mientras los movía a
través del agua.

Lena estaba tan atrapada en lo que estaban haciendo que no se dio cuenta de que estaban fuera del
agua hasta que la rubia la colocó en un sillón.

Kara la soltó para medio arrodillarse en el sillón cerca de su rostro.

—Abre, amor —dijo, ocasionalmente acariciándose a sí misma, frotando la cabeza por sus labios.

Lena se inclinó y la tomó en su boca sin dudar.

Estiró la mano y con suavidad agarró sus firmes bolas mientras la rubia se agachaba y deslizaba
dos dedos dentro de ella.

—Eso es, mi pequeña saltamontes —la alentó con voz ronca.

La pelinegra amaba hacer esto por ella, amaba el modo en que la rubia se sentía, sabía y gemía.

Apartó su boca para que poder recorrer con la lengua su pene y provocar su hendidura.

Kara contuvo el aliento en un siseo cuando volvió a tomarlo en la boca, succionándolo con más
fuerza.

Lena iba a correrse pronto y estaba determinada a llevárselo con ella.

Añadió su otra mano, sabiendo cuánto le gustaba eso a la rubia mientras distraídamente cabalgaba
sus dedos.
Esto era tan bueno....

—No esta noche —dijo Kara repentinamente, apartándose.

—¿Qué? —preguntó aturdida cuando Kara se movió para yacer sobre ella.

Su confusión rápidamente se convirtió en placer mientras se frotaba a sí misma entre sus piernas.

Sonriendo, le jaló hacia abajo para un beso.

La besó sin prisa mientras se movía sobre ella.

Cuando sintió la dura cabeza aterciopelada de su erección excitar su centro jadeó en su boca.

—¿Te gusta eso? —preguntó Kara cuando provocaba sus pliegues.

—Sí —siseó cuando provocó su clítoris.

—¿Me deseas? —susurró contra su boca, colocando la punta de su erección contra su núcleo de
nuevo.

Esta vez empujó sus caderas suavemente, excitándola.

¿La deseaba?

Sí.

La amaba y toda esta espera la estaba matando.

Ya no importaba lo que deparaba el futuro.

Lo quería ahora.

—Sí. —La palabra apenas salió de su boca cuando Kara empujó hacia delante.

Con fuerza.

Un pequeño grito escapó de Lena mientras la rubia embestía completamente dentro de ella.

Apenas era consciente de los besos que le daba en el rostro o cómo la rodeaba con los brazos y la
abrazaba con fuerza.

Lo único que su mente registraba era el dolor de ser partida en dos.

Dolía demasiado.

Cerró los ojos con fuerza, esperando que mejorara.

No fue así. Kara siguió empujando dentro de ella, tomando sus gritos y la forma en que hundía sus
uñas en su espalda como un estímulo.

Justo cuando pensaba que no podría soportarlo más, Kara se quedó quieta sobre ella y gruñó.

Bueno, pensó cuando la besó con ternura en la frente, sabía que la primera vez iba a doler.

De hecho, probablemente no hubiera dolido si hubiera hablado con la rubia sobre esto antes de que
lo hicieran, pero habían estado sumergidas en el momento.
Era mejor de este modo, más romántico.

Le gustaba la idea de que su primera vez fuera resultado de estar fuera de control.

Está bien, había dolido... mucho, pero había terminado ahora y Lena estaba contenta.

Depositó un beso en su húmeda frente.

Kara se rio entre dientes, inclinándose para besar la punta de su nariz.

—Lo sabía —dijo, jadeando.

—¿Sabías qué? —preguntó confundida.

Rozó sus labios con los de Kara.

—Sabía que mentían cuando dijeron que no dormirías conmigo.


Capítulo 21

Capítulo 21

Kara no pudo evitar sonreír mientras miraba a su pequeño saltamontes.

No sólo había demostrado que Lena la amaba, sino que ése había sido el sexo más caliente de su
vida.

Había estado tan increíblemente caliente y húmeda y tan jodidamente apretada que casi había
explotado cuando la había penetrado.

Los últimos dos meses habían sido definitivamente dignos de la espera.

El sexo nunca se había sentido tan bien antes.

Sólo de pensar en lo bueno que era tenía a su pene endurecido por más.

—¡Suéltame! —dijo Lena, empujándola lejos.

Confundida como el infierno, Kara se alejó de ella.

—¿Qué va mal?

—¿Tuviste sexo conmigo porque alguien te dijo que no tendría sexo contigo? ¿Has tenido
relaciones sexuales para demostrar que alguien está equivocado? —Maldición casi gritó.

La rubia levantó las manos en forma de defensa, con la esperanza de calmarla, pero las dejó caer al
recordar que ella no podía ver.

—¡No es así!

—¿Oh? ¿Entonces nadie te dijo que no iba a dormir contigo?

Se pasó una mano por el cabello, preguntándose cómo había ido mal tan rápido.

—Mira —suspiró—, tal vez deberíamos ir adentro y hablar de esto.

—¿Ahora? ¿Ahora quieres hablar de esto? —preguntó Lena, tratando de caminar pasando junto a
ella y casi se cae a la piscina.

Kara rápidamente la atrapó.

Tan pronto como ella se mantuvo estable, apartó sus manos y caminó con cautela alrededor de la
piscina.

—¡No puedo creer que hayas hecho esto!

Eso lo tomó por sorpresa.

—¿Qué diablos quieres decir? ¿Cómo fue exactamente esto una sorpresa? Soy tu jodida novia
Lena. Esto tenía que suceder tarde o temprano con la forma en que íbamos la una a la otra.
—¡El hecho de que estamos saliendo no significaba que iba a dormir contigo! —dijo Lena
abruptamente.

Santa mierda...

Ellas habían estado en lo cierto.

—¿Nunca pensabas dormir conmigo? —preguntó, sin molestarse en ocultar lo enojada que estaba.

—¡Yo no estaba segura todavía! ¡Hasta hace diez minutos no me había hecho a la idea!

Kara rodeó la piscina justo mientras Lena encontraba sus gafas y se las ponía.

—¿Estabas jodidamente jugando conmigo? —exigió la rubia. Cuando Lena no respondió,


continuó. —Tus amigas tenían razón. ¡Estabas disfrutando mucho jugando conmigo! —gritó, por
primera vez desde que la conoció sin importarle que la hizo estremecerse—. ¿Presumiste que me
pusiste de rodillas y me mantuviste jadeante? ¿Era está la venganza por todas las tonterías que te
hice pasar a través de los años? ¿Incluso te importo un poco, o todo esto fue un jodido juego para
ti?

—¿Un juego? —preguntó Lena, secándose las lágrimas que Kara no dejaría que le afectaran.

¿Ella estaba molesta?

Demasiado jodidamente mal porque Kara estaba enojada.

Ella había jugado con la rubia.

—¿Tienes el coraje de gritarme cuando acabas de tomar mi virginidad para demostrar algo? —
preguntó Lena.

Se quedó helada.

¿Una virgen?

Lena había estado apretada, pero...

—Oh Dios mío —dijo con voz ronca.

—No sé con quién hablaste, bueno, tengo una idea de quién, pero dejaron fuera un elemento muy
importante. Me estaba guardando para la persona con quien pensé que pasaría el resto de mi vida.
Es por eso que no me acostaba contigo —dijo, claramente tratando de contener las lágrimas.

Mientras que toda la ira se drenaba de la rubia.

Extendió la mano para tirar de ella en sus brazos sólo para que sus manos fueran débilmente
manoteadas.

—¡Tú estabas tan ansiosa por demostrar algo que ni siquiera te detuviste a pensar en lo que estabas
haciendo!

—Nena —dijo, manteniendo su tono de voz suave—, si hubiera sabido que eras virgen lo habría
hecho de otra manera, pero no puedo arrepentirme de esto.

Tomó un aliento tranquilizador.


—Estoy enamorada de ti Lena. ¡Ay! —dijo que cuando su pequeño saltamontes le dio una patada
en la espinilla—. ¿Qué demonios fue eso? ¿Te dije que te amo y me atacas?

—¡Eso es por ser una idiota! ¿Esperas hasta arruinarlo para sacar la artillería pesada? ¿Qué te
parece decírmelo y hacer el amor conmigo porque me amas y no porque sentías que tenías algo
que demostrar?

La rubia asintió con la cabeza solemnemente mientras se acercaba a ella.

—Eso suena razonable. Vamos a entrar y voy a hacerlo bien.

—¿Estás loca? ¿Crees que voy a dejar que me toques después de lo que acaba de suceder?

—Lo siento mucho por esto —dijo Kara, alcanzándola de nuevo.

—¿En realidad pensabas que podría hacerte daño? Eso es peor que cualquier cosa que has hecho
aquí esta noche —dijo ella gesticulando hacia la piscina—. Debería haber sido más que evidente
que te amaba —murmuró, secándose frenéticamente las lágrimas que corrían por su rostro.

Kara sintió su corazón romperse mientras la miraba.

—Lena, lo siento mucho.

Lena ignoró su disculpa y no podía decir que realmente la culpara en este momento.

—Estabas tan ocupada tratando de demostrar que no estaba jugando que no pensaste.

—¿Qué estás...?

—Kara, no llevo control de natalidad y tú no usaste condón —dijo ella, interrumpiéndola.

—Oh mierda —murmuró.

Lo había jodido de tantas maneras esta noche que no estaba segura de por dónde empezar, pero
sabía cuál por una puta vez era la más importante.

—Oh mierda está bien —espetó Lena, abriendo la puerta corredera de cristal y entrando.

Nunca se había olvidado de ponerse un condón antes.

Ni una sola vez.

Se lamió los labios repentinamente secos.

—Lena, tenemos que hablar.

—Deberías haber pensado en eso antes —dijo ella, volviendo la espalda a la rubia.

—Lena, por favor no lo hagas.

—Sólo déjame sola, Kara —dijo ella, cerrando la puerta con llave.

La pelinegra simplemente estaba enojada, se dijo mientras esperaba a que volviera y le diera otro
pedazo de su mente.

La rubia lo había jodido a lo grande, pero ambas habían sabido desde el principio que
probablemente iba a hacer eso.
Después de unos minutos estaba segura de que se daría cuenta de que nunca realmente creyó que
podría hacerle daño.

La amaba.

Lena tenía que saber que ella no la amaría menos que confiara en ella.

Sólo necesitaba unos minutos para tranquilizarse.

Cuando unos minutos se convirtieron en treinta minutos se obligó a moverse.

Sólo necesitaba disculparse con ella.

Saltó por encima de la pequeña valla que separaba sus propiedades y se dirigió a su ventana más
que dispuesto a rogar y suplicar si eso es lo que necesitaba para conseguir que ella le escuchara,
cuando el sonido de sus sollozos le llamó la atención.

—¿Lena?

No hubo respuesta.

Se quedó allí preguntándose qué diablos tenía que hacer.

De repente meterse en su habitación y suplicarle no le pareció tan buena idea.

Lena necesitaba tiempo para pensar, probablemente más tiempo de lo que ella le había dado.

—Estaré en mi habitación cuando estés lista para hablar. Así que, sólo grita o llama cuando estés
lista —dijo la rubia en voz alta, sintiéndose como una idiota inútil y sin tener ni idea de qué carajo
hacer.

Se fue con la esperanza de que la pelinegra acudiera a ella cuando estuviera lista.

Lena pasó la mitad de la noche llorando y esperando a que Kara se arrastrara a través de la ventana
y la abrazara.

Cuando se dio cuenta de que eso no iba a suceder agarró una almohada y una manta y se dirigió al
sofá, incapaz de dormir en su propia cama sin Kara.

No podía creer lo mucho que esto duele.

Había sido una idiota al pensar que podía prepararse para este momento.

La pérdida de Kara era bastante dura, pero la forma en que la había lastimado...

En una noche al parecer había perdido tanto, a su mejor amiga, su novia, su virginidad y su
corazón.

Además de eso parecía que había perdido a algunas de sus amigas, lo que realmente le importaba
un bledo a decir verdad.

Había toda una razón tras el por qué ella seguía posponiendo la noche de chicas y tenía muy poco
que ver con Kara.

Ellas habían formado parte de la antigua vida de Lena, la versión fácil de convencerse a sí misma
en la que nunca hablaba por su cuenta y dejaba que otros la presionaran.
Hace unos meses, cuando empezaron a molestarla sobre Kara y le hicieron saber que no podían
creer que Kara se conformara con alguien como ella, debería haberlas sacado de su vida, pero
vaciló.

No le gustaba lastimar los sentimientos de nadie y al parecer Kara no sabía eso de ella.

¿Cómo podía haber pensado que iba a hacerle eso a él?

Ella sólo podía imaginar lo que Sam y su amiga Kate, bueno, sobre todo Kate, podrían haberle
dicho para molestarlo, pero lo que no podía entender es por qué no habló con ella primero.

La verdad es que era una conversación que deberían haber tenido en un principio, pero eso no es
excusa para su comportamiento.

Kara se propuso a seducirla a consecuencia de ser condenada.

No le importó si ella tenía sus razones para querer esperar o cómo se sentía en realidad.

Sólo se había preocupado de sí misma.

Lamentó no haberse dado cuenta de eso antes, sobre todo antes de la última noche.

Todos estos años perdidos, ¿y para qué?

Una experiencia horrible que nunca podría recuperar.

Sólo por eso nunca sería capaz de perdonar a Kara.

—Te quedaste sin huevos —gritó Kara.

—No me importa —dijo Kara, sin apartar los ojos de la puerta delantera de Lena.

Alrededor de las tres de la mañana se había dado cuenta que había jodido esta situación aún más
por no ir a ella.

Pasó las siguientes dos horas repasando cada momento de la noche anterior, tratando de averiguar
exactamente cuándo la había jodido y haciendo una lista.

Después de que se aseguró de que no había pasado por alto nada dobló la lista de tres páginas,
adelante y atrás, y se la metió en el bolsillo trasero y salió fuera esperando por Lena para que así
pudiera comenzar a pedir disculpas.

Contempló despertarla, pero entonces tendría algo más por lo que pedir disculpas, por lo que se
conformó con esperar en su escalón de entrada.

Hace media hora Mike decidió reunirse con ella después de que la viera esperando fuera de su
casa.

No le había tomado mucho tiempo al hombre para saber que su amiga la había jodido.

—¿Te vas a sentar aquí todo el día? —preguntó Mike, saliendo por la puerta principal—. Me
muero de hambre. Vamos a buscar algo para desayunar. Cuando volvamos, Lena estará despierta y
podrás ir a arrastrarte.

Kara tercamente negó con la cabeza.


—No me iré hasta que hable con ella. Además, no tengo hambre.

—Santo Cristo —murmuró Mike, santiguándose.

Ignoró a Mike y se centró en la puerta delantera de Lena.

Unos minutos más tarde se abrió y Lena salió a trompicones. Kara se puso de pie en cuestión de
segundos y se dirigió a ella.

En realidad, no estaba segura de cuánto tiempo más habría sido capaz de esperar antes de irrumpir
en su casa y rogar por su perdón.

—Lena, yo... —Se detuvo cuando vio la gran bolsa de lona que ella estaba medio cargando, medio
arrastrando—. ¿Qué está pasando?

Por primera vez en meses el rostro de Lena no se iluminó cuando lo vio. Ella empujó sus gafas por
la nariz y volvió a tirar de la bolsa.

—Me voy —dijo en tono triste.

—¿Por cuánto tiempo? —le preguntó Kara, sintiendo como todo su mundo se derrumbaba a su
alrededor.

—Una semana —dijo Lena, caminando junto a la rubia mientras arrastraba la maldita bolsa.

¿Una semana?

No, no podían estar separadas por una semana.

Eso era demasiado tiempo.

Una semana pensando en lo mal que la había jodido y lo mucho mejor que estaría Lena sin ella no
era lo que necesitaban.

Tenían que resolver esto aquí y ahora, para que pudiera seguir arrastrándose.

—No creo que sea una buena idea, Lena —dijo, levantando automáticamente la bolsa y
colocándola en el baúl abierto de su auto por ella cuando empezó a luchar para levantarla—. ¿Por
qué no vamos adentro y hablamos de esto?

Lena sacudió la cabeza con terquedad.

—No puedo. Si no voy, perderé unos mil dólares.

Hizo un gesto de desdén como si no fuera nada.

—Te los voy a reembolsar. Sólo quédate aquí y déjame explicarte lo de anoche.

—No hay nada que explicar, Kara —dijo Lena, sacudiendo la cabeza con tristeza—. Creo que es
mejor si terminamos las cosas ahora.

Sus palabras se sintieron como un puñetazo en el estómago.

—Sólo estás enojada, Lena. Tal vez... tal vez tengas razón. Tal vez sólo necesitas una semana para
pensar las cosas —dijo rápidamente, desesperada por hacer o decir algo que la hiciera volver de
nuevo—. Tómate una semana, piensa en ello. Ambas sabíamos que la iba a joder en algún
momento, mi pequeño saltamontes. Después de que pienses en ello te darás cuenta de que es todo
lo que era. Luego volverás aquí y me arrastraré y vamos a dejar atrás esto.

Ni siquiera podía mirarlo cuando dijo:

— Lo siento mucho, Kara.

Kara no podía moverse, apenas podía respirar cuando Lena se puso de puntillas y le dio un beso en
la mejilla.

—Lo siento —dijo ella, sonando a punto de llorar—. Siempre seremos amigas —dijo, entregando
el golpe mortal.
Capítulo 22

Capítulo 22

Lena apenas se contuvo de buscar a Kara cuando salió al exterior y vio que se había ido.

Fue lo mejor, se dijo a sí misma mientras lanzaba su pequeña mochila al maletero.

Lo cerró y caminó lentamente hacia el lado del conductor, esperando atrapar una última mirada de
su rubia.

A pesar de que siempre había sabido que no tenían futuro, no podía dejar de sentirse decepcionada.

Kara había renunciado a ella demasiado fácil.

Quizás era algo bueno que hubieran terminado entonces, se dijo.

Si se dio por vencida tan fácilmente, entonces no le importaba ella realmente y era mejor que lo
descubriera ahora.

Al menos es por eso, intentó decírselo a sí misma por las siguientes tres horas mientras conducía.

Cada cinco minutos revisaba para asegurarse que su teléfono aún funcionaba o se detenía de
llamarlo.

Sólo quería escuchar su voz.

Sabía que todo había terminado entre ellas, pero eso no significaba nada para su corazón.

Todo lo que quería hacer era detener el auto, acurrucarse en una bola y llorar, pero no se permitiría
liberarse, aún no.

Cuando llegara a la cabaña, entonces se permitiría romperse con privacidad y usaría la semana para
reparar su corazón.

Después de que terminara esta semana, en realidad no sabía qué iba a hacer.

Le había dicho que siempre serían amigas, pero verdaderamente no se creía capaz de verlo día tras
días y sobrevivir después de eso.

Peor aún, ¿qué haría cuando una mujer la despertara gritando el nombre de Kara después de que la
rubia la hiciera a un lado?

Lena no sería capaz de sobrevivir sabiendo que había estado con otra.

Durante la siguiente semana, cuando no estuviera llorando, o embriagándose hasta el olvido,


descubriría qué hacer con el trabajo y su casa.

Si las cosas llegaban a lo peor, podría rentarla y encontrar un apartamento aunque sólo fuera
temporal.

El trabajo sería otro tema.


En este momento trabajaba en una de las más prestigiosas escuelas del país, pero sabía que, si se
iba, lo más probable era que terminaría trabajando en una escuela pública por mucho menos
dinero.

Su retumbante estómago, afortunadamente, la sacó de sus pensamientos más bien deprimentes.

Tomó la siguiente salida de la autopista.

Diez minutos más tarde estaba de vuelta en la carretera y frunciendo el ceño a su compra, un jugo
de naranja extra grande, tres rollos de café, dos magdalenas y tres pasteles de manzana.

—Genial, me tiene entrenada —murmuró, haciendo rodar los ojos.

O bien tendría que salirse del hábito de ordenar para un pequeño ejército o se volvería gorda, pensó
con un suspiro.

Cogió uno de los rollos de café y dio un pequeño mordisco antes de ponerlo abajo y tomar un
sorbo de jugo.

Cuando una canción especialmente molesta sonó en la radio, pasó un minuto buscando una canción
decente. Cuando finalmente encontró una, cogió su rollo de café y frunció el ceño al producto de
panadería a medio comer.

Aparentemente, había comido más de lo que pensaba.

Genial, estaba comiendo por la depresión y no tenía duda de que sería tan grande como una casa
para cuando iniciara la temporada escolar en un par de semanas.

Dio un mordisco a su rollo de café, lo puso de nuevo en el asiento del acompañante y tomó su
ahora medio vacío jugo.

—¿Qué demonios? —murmuró, apartando los ojos de la carretera para ver la cantidad insana de
comida que había comprado.

¿Acaso no había comprado dos magdalenas y tres pasteles de manzana?

Ahora sólo había uno de cada uno.

Estaba comenzando a preguntarse si se estaba volviendo loca cuando una grande y bronceada
mano apareció de repente, asustándola como el infierno.

Dejó escapar un grito de sorpresa, tirando el volante a la derecha y casi estrellándose contra un
camión de remolque.

Le tomó un par de segundos antes de que su cerebro comenzara a funcionar de nuevo, y cuando lo
hizo, estrechó los ojos hacia la mano que estaba buscando ciegamente el jugo de naranja.

Mirando, estiró su mano y apretó el dorso de la mano.

Duro.

—¡Ay!

Lena dio un rápido vistazo al asiento de atrás y maldijo.

De alguna manera Kara se las había arreglado para doblar su enorme cuerpo en el piso de su auto
mediano y cubrirse con la toalla grande que ella guardaba allí.

—¿Qué demonios estás haciendo?

Kara suspiró pesadamente mientas se sacaba la toalla y luchaba para levantarse del piso.

Una vez estuvo sentada cómodamente en el asiento trasero, se inclinó y cogió su jugo de naranja.

—Tomar el desayuno. —Bebió un sorbo—. ¿Qué parece para ti?

—¿Por qué estás en mi auto? —demandó, mientras hacía lo que podía para mirarla y mantener la
conducción del auto en línea recta.

—¿Cómo más esperas que termináramos nuestra pelea? —preguntó, inclinándose hacia adelante
para agarrar el último pastel de manzana.

Dio un gran mordisco antes de sostenerlo en sus labios para que ella hiciera lo mismo.

Lena empujó su mano lejos.

—¿Qué diablos quieres decir con terminar nuestra pelea? Hemos terminado, Kara. Lo siento, pero
se acabó —dijo, tratando de mantener la calma.

—No, no lo hicimos.

—Sí, lo hicimos.

—No lo creo —dijo calmadamente, terminando el resto de pastel como si no tuviera ninguna
preocupación en el mundo.

—Por el amor de Dios, Kara, ¡te dejé! —le espetó, sintiendo el último hilo de paciencia romperse.

Alzó la vista hacia el espejo retrovisor cuando él no dijo nada por un minuto para encontrarlo con
el ceño fruncido.

Por último, negó con la cabeza.

—No, creo que habría recordado eso.

Su boca se abrió.

—De todos modos —continuó Kara como si no acabara de dejarla sin palabras con ese pequeño
anuncio—, después de nuestra conversación, me di cuenta de que planeaste una semana lejos para
nosotros y realmente no pude estar más de acuerdo. Una semana lejos es exactamente lo que
necesitamos para trabajar en nuestros problemas.

—Oh Dios mío —murmuró ella—, estás loca.

Otro encogimiento de hombros indiferente.

—Así que, ¿adónde vamos de todos modos? —preguntó Kara, poniéndose cómoda.

—Nosotros no vamos a ninguna parte. Te voy a dejar en la siguiente parada. Puedes hacer autostop
en tu camino de regreso a casa.

—Eso realmente no va a funcionar para mí —dijo Kara, dándole una sonrisa sexy cuando lo miró a
través del espejo.

Su agarre se tensó sobre el volante mientras oraba por paciencia.

—Kara, se acabó. Lo siento, pero tienes que aceptarlo.

—No, no lo creo —dijo con calma, irritándola aún más.

—Kara —dijo ella con firmeza.

—Lena —se burló en el mismo tono, haciendo sus labios temblar, ¡maldito sea!

La pelinegra suspiró pesadamente.

—Kara, realmente me lastimaste anoche. No creo que tú...

—Sé que verdaderamente la jodí, Lena, pero si recuerdas, te lo dije cuando empezamos, que lo más
probable era que iba a arruinar esto —dijo, interrumpiéndola.

—Sí, lo hiciste, Kara, y anoche demostraste más allá de toda duda que no eres capaz de estar en
una relación.

—No, anoche demostré que soy una maldita idiota —dijo con total naturalidad.

Lena no iba a discutir con eso, ya que había llegado a la misma conclusión después de escuchar lo
que pasó, pero eso no quería decir que había cambiado de opinión.

—Kara, terminamos —dijo ella en voz más baja.

La rubia soltó un bufido.

—No, no terminamos.

—¡Sí, terminamos! ¡Deja de decir eso!

—No, sólo estamos peleando. Tú me amas y lo sabes malditamente bien.

Abrió la boca para negarlo, pero no pudo.

La amaba.

Más que nada en este mundo, pero la había herido la noche anterior y no estaba tan segura de que
podía confiar en ella para no hacerlo de nuevo.

Cuando no dijo nada, Kara se acomodó de regreso en su asiento y dijo

—Voy contigo así que también puedes acostumbrarte a eso. Cuanto antes terminemos la pelea,
más rápido podremos pasar a la siguiente fase.

—¿Qué fase? —preguntó con cautela.

—Sexo de reconciliación —dijo, sonriendo enormemente mientras movía sus cejas.

—¿Qué estamos haciendo aquí? —preguntó mientras salía del auto, pero no lo hizo antes que
Lena.

No era una idiota después de todo.


Lena todavía estaba enojada con ella y probablemente, todavía estaba buscando una manera de
deshacerse de su trasero.

En retrospectiva, probablemente no debería haber hecho ese comentario del sexo de reconciliación.

La hora que ellas pasaron en el área de descanso había demostrado definitivamente eso.

La pelinegra había intentado todo lo que pudo para sacarla de su auto, pero la rubia se negó a
ceder.

Finalmente, cuando Lena estaba sin aliento y agotada por tratar de sacarla del auto, en un triste
intento, se dio por vencida, cerró la puerta y siguió sin hacerle caso durante las próximas dos horas.

—Necesito comestibles —murmuró la pelinegra infelizmente, echando otra mirada en su dirección.

Cuando sus ojos se dividieron entre el súper centro Wal-Mart y su auto, Kara sacó las llaves de su
mano.

—¡Oye! —Trató de quitárselas.

—Lo siento, mi pequeño saltamontes, no me estás abandonando en Wally World —dijo,


guardándose las llaves y dirigiéndose a la tienda, dejándola entre echar pestes de la rubia o
seguirla.

No se molestó en mirar hacia atrás ya que sabía que Lena no iba a ninguna parte.

Aunque Wal-Mart no sería su primera opción, esto solucionó un problema.

No tenía nada de ropa desde que había estado un poco apresurada para esconderse en el coche de
Lena, antes de que ella la viera.

Pero esto iba a funcionar bastante bien para ella y ya que podía oler la sal en el aire, sabía
exactamente qué comprar.

—Te odio —murmuró Lena, rabiando pasó junto a la rubia para tomar un carro.

—Me amas y me adoras —le informó mientras hábilmente le quitaba el carrito y se dirigía hacia el
departamento de ropa.

En el camino se detuvo en el departamento de mujeres cuando un pequeño bikini negro le llamó la


atención, y decidiendo que se vería muy bien en Lena, lo lanzó en el carrito, así como el rojo detrás
de este.

No estaba demasiado preocupada cuando Lena no la siguió.

Supuso que estaba en algún lugar en la tienda, tratando de calmarse o comprar un bate de béisbol
para golpear su culo hasta la sumisión.

Eso estaba bien.

Tenían toda una semana para trabajar en sus problemas tanto si ella quería como si no.

Era suya, llano y simple, y mientras más pronto se diera cuenta de que estarían juntas para siempre,
antes podría corregir el error que cometió anoche y mostrarle lo bien que podría ser entre ellas.

Después de que agarró los trajes de baño, ropa suficiente para la semana y unos pocos artículos de
tocador, se dirigió a la sección de comestibles.

Cuando vio el carro de Lena no pudo evitar resoplar con incredulidad.

¿De verdad pensaba que comprando porciones individuales de comida iba a alimentarlas durante
una semana?

Es evidente que su pelea había podrido su cerebro.

Se detuvo cerca de su carro ignorando su linda miradita y dejó todas sus cosas en su cesta.

—¡Oye! —dijo Lena, tratando de detenerla—. ¿Qué demonios estás haciendo?

—Necesito más espacio en mi carro para la comida —dijo simplemente.

Se dirigió a la sección de productos lácteos, esperando que no acabara por deshacerse de su mierda
para vengarse de ella.

Entonces, de nuevo, Lena debería saber que si lo hacía ella lo tomaría como una invitación a
caminar desnuda toda la semana.

—¿Por qué necesitas baño de burbujas? —preguntó mientras se acercaba a su lado frente a los
enfriadores de leche.

Kara colocó dos galones de leche en el carro.

—Es para ti —dijo en un tono que le hizo saber a la pelinegra que debería ser más que evidente.

A su pequeño saltamontes le encantaba tomar largos baños calientes de burbujas para relajarse, y
realmente necesitaba que se relajara si iba a convencerla de que la perdonara, y se olvidara de esa
tontería de la ruptura.

—Esta... bien —dijo ella lentamente, cogiendo una familiar caja de cartón negro—. ¿Y qué pasa
con estos? Un paquete de veinte y tamaño magnum nada menos, alguien piensa muy bien de sí
misma.

Suspirando, Kara se acercó y le arrebató la caja de condones de las manos.

—¿Sólo una caja? Pensé que había tomado tres —murmuró, haciendo gala de buscar en su carrito
por las otras. Finalmente, con un suspiro de resignación regresó la caja—. Recuérdame coger unas
cuantas más a la salida.

Con eso se dirigió a la sección de galletas, sabiendo que Lena definitivamente iba a seguirla esta
vez.

—¿Por qué demonios te lo recordaría? No vamos a necesitar una caja, ¡mucho menos tres!

Kara realmente no pudo evitar sonreír ante ese pequeño anuncio.

—Está bien —dijo, cogiendo la caja de condones y colocándola en el estante superior entre unos
higos y galletas de jalea—. Estaba esperando que dijeras eso.

El daño ya había sido hecho la noche anterior.

Por supuesto, si hubiera sido cualquier otra mujer, habría arrastrado su trasero a la sala de
emergencias por la píldora del día siguiente, pero con Lena, se sentía extrañamente tranquila
respecto a todo el asunto.

En realidad, se sentía un poco excitada ante la idea de ella teniendo a su hijo.

Hasta hace unas horas no había pensado mucho en las consecuencias de la noche pasada.

Había estado tan asustada porque había perdido a Lena para siempre, que realmente lo pensó poco,
pero una vez que se encontró metida en su pequeño escondite no había tenido mucho que hacer
salvo pensar.

Cuando se permitió considerar tener un niño, puede haberse asustado un poco.

Afortunadamente, Lena había estado reventando la radio así que probablemente no la oyó
hiperventilando.

Después de que por fin logró calmarse, se permitió pensar en Lena embarazada con su hijo.

Había estado un poco sorprendida cuando la idea no la asustó.

Pronto estaba imaginando niñas con traviesos ojos verdes y trenzas, pidiéndole jugar al té.

Por supuesto, traería comida de verdad a la fiesta.

Ninguno de esos pretendidos alimentos de mierda para sus niñas.

Para el momento en que Lena se había detenido para el desayuno, ella había estado más tranquila
acerca de todo.

Ya había decidido hacer caso omiso de esas tonterías de ruptura.

Era ridículo, y sabía que tarde o temprano Lena se daría cuenta, así que ellas podrían empezar a
trabajar en su equipo de béisbol de chicas.

—¿Lo estabas? —preguntó Lena, viéndose tan condenadamente confusa y adorable.

—Malditamente cierto —dijo la rubia, agarrando varios paquetes de galletas y arrojándolos en su


carrito—. Nada debe interponerse entre nosotros cuando estamos haciendo el amor —explicó,
amando la forma en que su pequeño rostro se puso rojo brillante.

—¡No vamos a hacer eso otra vez! —siseó ella en voz baja.

¿No hacerlo otra vez?

Por favor.

Si había una cosa que sabía sobre su pequeño saltamontes era que ella era tan insaciable en la cama
como la rubia.

La tendría en su lecho al final del día, garantizado.


Capítulo 23

Capítulo 23

—¿Puedo tener mis llaves de regreso? —le preguntó Lena, tendiéndole el mano expectante justo
mientras Kara colocaba la última bolsa en el asiento trasero.

—No —dijo la rubia, haciendo que la palabra se desplegara, dando un paso por delante de ella y
subiendo en el asiento del conductor.

Suspirando, Lena se metió en el lado del pasajero, sabiendo que era inútil discutir con ella y
realmente no tenía la energía.

Lo único que quería hacer era encontrar la cabaña, tomar un baño y dormir durante el próximo día
o dos.

Retiró la mano cuando Kara trató de sostenerla.

En lugar de argumentar la rubia actuaba como si nada pasara y se centró en las indicaciones
impresas.

Pasados unos minutos le tomó la mano de nuevo.

Después de dos minutos de un tira y jala, Lena se dio por vencida y le permitió tener su triste
pequeña victoria, mentalmente prometiéndose todo tipo de venganza cuando Kara sonrió con
suficiencia.

Estaba demasiado cansada para discutir así que se acomodó en el asiento de cuero fresco y trató de
no quedarse dormida.

Sus ojos se clavaron en el espejo retrovisor y se estrecharon contra la gran pila de bolsas de
supermercado.

Volvió su mirada hacia Kara.

—Espero que no esperes que cocine para ti. —Lena decidió que si la rubia hacía un puchero ante
aquel anuncio iba a romper los puños de furia en su trasero.

Kara negó con la cabeza.

—No tienes permiso cocinar esta semana —le dijo, sorprendiéndola completamente.

—¿Qué?

—Estás de vacaciones. No quiero que levantes un dedo —dijo, levantando sus manos entrelazadas
y presionando un dulce beso en la parte posterior de su mano.

Cuando sintió que se empezaba a derretir se recordó lo que la rubia hizo la última noche y por qué.

Después de un último intento inútil de tirar de su mano, Lena suspiró y se recostó en su asiento,
mirando mientras pasaban pequeñas casas, complejos de apartamentos, pequeños negocios.
Diez minutos después pasaron por un centro comercial y entraron en una pintoresca carretera
escénica que las llevó más allá de varios grandes hoteles a lo largo de la playa.

Lena estaba a punto de quedarse dormida cuando Kara dijo:

— Creo que esto es.

Se obligó a abrir los ojos y vio que se dirigían a varias pequeñas cabañas.

Un minuto más tarde estaban en el largo camino de entrada de una pequeña cabaña de un nivel.

—¿Tienes la llave? —le preguntó Kara, dejando el auto parqueado y apagándolo.

Reprimiendo un bostezo, la pelinegra asintió.

Sin decir palabra, se bajó del auto y caminó hasta el pasillo corto con conchas trituradas y entró en
la casa, decidiendo que se encargaría de Kara más tarde.

En este momento estaba demasiado cansada para hacer nada más que tomar un baño y una siesta.

Miró alrededor de la casa y observó que era más lindo que en las fotos que el agente de bienes
raíces de su abuela le envió.

Los muebles de mimbre en la sala de estar eran pequeños, pero parecían sorprendentemente
cómodos, observó mientras caminaba a través de la puerta abierta hacia la pequeña cocina-
comedor y miró por las puertas dobles de cristal.

Frunció el ceño mientras observaba el choque de las olas contra la playa de arena suave.

No había manera de que una cabaña en una playa privada sólo costara mil dólares de alquiler por
una semana.

—Maldita sea —maldijo Lena, pisando fuerte con el pie.

Una vez más, su abuela la había engañado.

Cuando Lena le preguntó a la abuela si su agente de bienes raíces podría mirar propiedades de
alquiler para ella, debería haber sabido que la abuela no sería capaz de evitar precipitarse y
encargarse de ello.

Nadie en su familia entendía por qué quería hacerlo por su cuenta, y mucho menos la abuela.

Lena sabía que su abuela tenía buenas intenciones y que estaba preocupada por ella, pero realmente
deseaba que dejara de tirar trucos como éste.

No había absolutamente ninguna duda en la mente de Lena de que su abuela había pagado más de
la mitad del precio del alquiler.

Bueno, no había nada que pudiera hacer al respecto ahora mismo.

Más importante aún, estaba demasiado malditamente cansada para estar enojada.

En algún momento de esta semana iría a la ciudad y preguntaría por ahí para saber lo que valía una
propiedad de alquiler en esta zona.

Entonces le enviaría a su abuela la diferencia.


—¿Estás segura de que este lugar sólo cuesta mil dólares? —le preguntó Kara, colocando una
docena de bolsas de comestibles en medio de la mesa.

Lena miró por encima del hombro y suspiró.

Un problema más con el que tratar.

Empujó sus gafas por la nariz y sacó su celular del bolsillo delantero.

—Mira, ¿por qué no llamas a uno de los chicos para que te recoja? —Se necesitarían unas cinco
horas para que alguien llegara aquí.

Esperaba dormir mientras llegaban por Kara.

—¿Por qué habría de hacerlo? —le preguntó mientras vaciaba las bolsas y empezaba a acomodar
la comida.

—Porque no te vas a quedar aquí —dijo sin rodeos.

Kara soltó un bufido.

—Lo digo en serio, Kara —dijo dando un paso adelante, bloqueándole de acomodar el helado.

La rubia simplemente la esquivó y lo guardó.

—No voy a ninguna parte, Lena.

—Mira —dijo, tomando una respiración profunda y calmada—, te voy a dar un paseo en este
momento a uno de los hoteles que pasamos por el camino. Puedes quedarte allí hasta que alguien
pueda venir a buscarte.

—Me voy a quedar aquí, Lena, hasta que resolvamos esto —dijo con firmeza.

—Tú no te vas a quedar aquí. Antes que nada, he pagado...

—Aquí —dijo Kara, interrumpiéndola, golpeando un cheque sobre la mesa de roble blanco de la
cocina—. Estoy pagando por la casa así que no debería haber ningún problema.

Kara era la única persona, además de su abuela, que conocía que aún llevaba cheques en su cartera.

Tomó el cheque y frunció el ceño cuando vio que la rubia tenía la intención de pagar el monto
total.

Sostuvo el cheque ante Kara.

—No voy a aceptar esto.

—Sí, lo harás —dijo simplemente mientras se dirigía de vuelta a la sala—. Si lo rompes, sólo
escribiré otro cuando lleguemos a casa.

Lena dobló el cheque y se lo metió en su bolsillo trasero.

Un argumento más para tener más tarde, pensó miserablemente.

En este momento estaba demasiado cansada para preocuparse.

Entró en la sala y se dirigió hacia el pequeño pasillo a la derecha, decidiendo que iría por sus
maletas después de su siesta, con la esperanza de que le daría energía para lidiar con estas
tonterías.

Se dirigió hacia la única puerta en el pasillo y casi tropezó con Kara cuando estaba saliendo.

—Lo siento —dijo, dando un paso a un lado para que pudiera entrar en la habitación.— Estaba
trayendo las maletas.

—Gracias —murmuró, sintiéndose más cansada de lo que podía recordar.

No había dormido para nada la noche anterior y la anterior a esa se había quedado hasta tarde
viendo películas y acurrucándose.

—Te ves cansada, bebé —dijo, extendiendo su mano para tocar su rostro, para luego dejarla caer
en el último segundo—. Mira —dijo, frotándose la parte posterior de su cuello—, por qué no te vas
a relajar. Podemos hablar de todo más tarde.

Estaba en la punta de su lengua decirle que no había nada de qué hablar, pero eso sólo comenzaría
una pelea, así que simplemente asintió, cerrando la puerta tras ella.

Miró el pequeño dormitorio y casi gimió.

Este lugar habría sido perfecto para una escapada romántica si Kara no hubiera ido y arruinado
todo.

Lanzó una mirada de anhelo hacia la cama antes de ir al baño. Aunque no quería otra cosa que
acurrucarse en la cama, desesperadamente necesitaba sumergirse en un baño caliente.

No importaba que tuviera que estar a treinta y dos grados en la pequeña cabaña.

Todavía estaba dolorida entre las piernas de la noche anterior y sabía que no sería capaz de dormir
hasta que tomara una aspirina y se sumergiera en un baño de agua caliente durante un tiempo.

Sólo era otro recordatorio de lo que había hecho anoche.

Todavía no podía creer que la había herido así.

A pesar del pasado defectuoso de citas de Kara, confiaba en ella, más que en nadie.

La rubia era la única persona que nunca se aprovechó de su tendencia de "umbrales".

Kara había sido amable, dulce y considerada con ella y nunca trató de manipularla para hacer algo
que no quería hacer.

Cuando estaban intimando, ni una sola vez la había presionado para obtener más de lo que ella
estaba dispuesta a darle.

Eso por sí solo la había hecho amarla aún más.

Demasiadas veces en su pasado sus anteriores parejas se habían salido de su camino para
coaccionarla para que diera un paso que no estaba lista para dar.

Cuando ella se negaba, trataban de hablarle dulcemente, manipularla, culparla, hasta que finalmente
se enojaban.

Más de alguno había terminado las cosas con ella cuando no iba a dormir con él.
Había sido llamada perra más veces de lo que quería recordar.

El hecho de que había sido sincera acerca de su nivel de comodidad sexual no le había importado.

Había habido varios hombres que pusieron fin a las cosas tan pronto como les dijo que no tendría
relaciones sexuales con ellos, pero otros pensaban que estaba mintiendo, burlándose de ellos, o
creándoles un desafío.

Cuando finalmente se daban cuenta de que no estaba mintiendo, terminaban las cosas, se volvían
fríos y crueles.

Algunos se habían quedado alrededor un poco más esperando que cambiara de opinión, pero nunca
lo hizo.

Eso hasta Kara.

Su reacción había sido cualquier cosa menos típica o esperada.

En lugar de discutir o cuestionarla, la rubia había aceptado fácilmente lo que le había dicho con
una sonrisa y un poco de broma.

Cada vez que intimaban se preparaba para que Kara la presionara a tener sexo, pero nunca lo hizo.

Ni una vez.

Incluso aquellos momentos en los que sabía que la rubia se estaba muriendo para tenerla, no lo
había hecho.

Había apretado los dientes y aceptado lo que le ofrecía, y fue por eso se sintió cómoda y lista para
hacer el amor con ella anoche.

Tomar el siguiente paso con Kara se había sentido tan natural anoche.

No fue sino hasta después de su pequeño anuncio que lamentaba lo que había hecho.

Kara lo hizo porque pensó que estaba jugando con ella sólo para terminar siendo ella misma con
quien terminó jugando.

Ayer por la noche la había manipulado a dormir con ella para probar algo y en realidad tenía las
pelotas para anunciarlo como si no fuera gran cosa.

Se limpió una lágrima.

Era algo muy importante para ella.

Había esperado toda su vida por la persona correcta y el momento adecuado sólo para ser utilizada
por quien pensó que se preocupaba por ella.

Kara dijo que la amaba anoche, pero en realidad no lo hacía.

No había duda de que la rubia se preocupaba por ella un poco, ¿pero amor?

No.

Lo de anoche demostraba más allá de toda duda que Kara no era capaz de amarla.
Si la amara no la habría tratado tan cruelmente.

La verdad era, que Kara era terca.

Fue la razón por la que se acostó con ella para demostrar algo, y la misma razón por la que se
escondió en su auto y estaba siendo testaruda acerca de esta ruptura.

Dudaba que alguna vez la hubieran dejado con anterioridad y probablemente no lo estaba
manejando bien.

A Kara le gusta tener la última palabra cuando se trataba de mujeres y tener a su tímida vecina
dejándola probablemente lastimó su ego.

No había absolutamente no ninguna duda en su mente de que si la aceptaba de vuelta, la dejaría en


cuestión de semanas, sólo para que pudiera ser la que tomara esa decisión.

Era mejor para todos que terminaran las cosas ahora.

De esta manera sólo estaría decepcionada de Kara y no la odiaría, aunque tal vez eso fuera lo mejor
también.

Se detuvo en la puerta del baño y suspiró pesadamente mientras veía el humeante baño de burbujas
que Kara había preparado en la bañera.

Incluso había puesto una toalla y su playera favorita para cambiarse después.

—Estúpida idiota —murmuró, una vez más impidiéndose a sí misma derretirse.

Sólo tenía que recordar que todo esto era un juego.


Capítulo 24

Capítulo 24

—Tú, maldita idiota.

Kara no podía discutir eso.

Realmente había estropeado todo y necesitaba desesperadamente encontrar una manera de


arreglarlo, es por eso que llamó a la artillería pesada.

Su padre.

—Dime que esta es una broma de mal gusto —dijo su padre con recelo.

—Ojalá pudiera, papá —dijo Kara, mirando por encima de su hombro a la pequeña cabaña
mientras caminaba por la orilla del agua.

Había estado paseando aquí afuera desde hace tres horas, tratando de averiguar qué demonios
debería hacer.

Finalmente llegó a la conclusión de que estaba hasta el cuello aquí y necesitaba a alguien con una
historia fascinante de cómo solucionar cagadas con mujeres y sólo se le ocurrió una persona.

Su papá lo arruinó con su mamá más veces de las que deberían ser humanamente posibles.

No es que él la engañara.

Ella simplemente lo mataría si alguna vez siquiera pensaba en eso.

No, su papá podría ser un bastardo arrogante y testarudo que llevaba a su madre al borde de la
locura innumerables veces durante los años.

—Veamos si lo entiendo, dejaste que una estúpida rubia de un bar te convenciera de que mi dulce y
pequeña Lena —dijo su padre, haciendo que la rubia sacudiera su cabeza con tristeza.

Lena logró tener a su padre en la palma de su mano con esos pastelitos y compró su amor eterno
con el pollo frito, la ensalada de papa y las galletas M&M.

La obsesión del hombre con la comida era realmente patética.

Gracias a Dios ella no tenía ese problema.

—¿...alguna vez hacer algo tan cruel? ¿Después sigues adelante y la cagas en vez de hablar con
ella? ¿Qué diablos está mal contigo? —su padre prácticamente gritó, haciendo que Kara sostuviera
el celular de Lena a varios metros de su oreja.

—Sé que metí la pata, papá —dijo Kara una vez que su papá dejó de gritar—. Mira, necesito ayuda
para saber cómo arreglarlo.

—No te mereces a mi Lena —dijo simplemente su padre.


Kara apenas se contuvo de poner sus ojos en blanco.

Su padre era un vendido por la comida.

—¿Se te ha ocurrido que, si no arreglo las cosas con Lena, ella nunca te hará ese pastel de crema
Boston que te prometió? —dijo él, sabiendo que la forma de llegar a su padre era amenazar su
comida.

Su comentario fue recibido con una corta pausa.

—Está bien, esto es lo que tienes que hacer —dijo su padre, ahora concentrado—: necesitas
retroceder y dejar de pedir disculpas.

Kara frunció el ceño.

—¿Dejar de pedir disculpas? —Eso no sonaba bien.

—Mmmm, no necesitas seguir recordándole lo gran idiota que eres. Ya lo sabe, créeme. Ahora
mismo, necesitas trabajar en estar ahí para ella. No la presiones. De hecho, te sugeriría que trabajes
en recordarle cuánto te preocupas por ella y qué tan buena eres para ella.

Asentí lentamente.

—Puedo hacer eso.

Su padre resopló con incredulidad.

—Si puedo —insistió Kara, prometiéndose que después de recuperar a Lena, haría que le hiciera un
pastel de crema Boston sólo para poder restregárselo en la cara al anciano.

—Sólo trata de no estropearlo, porque si me cuestas a Lena, voy a repudiarte —dijo su padre antes
de colgar.

Kara colocó el teléfono en su bolsillo y se dirigió de regreso a la cabaña, decidiendo que no había
momento como el presente para empezar.

Tenía que recordarle lo bien que estaban juntas y por qué la adoraba.

No debería ser tan difícil.

De hecho, estaba segura de que un pequeño problema iba a garantizar que no podía vivir sin ella.

Entró en la cocina justo cuando Lena entró a la habitación pisoteando con enojo y usando sólo su
remera de “Geek”.

Le lanzó una mirada con enojo y murmuró algo sobre sus pelotas que la rubia decidió ignorar
cuando ella se dirigió al refrigerador.

Agarró una gaseosa fría y la bebió mientras le fulminaba con la mirada.

Lucía exhausta, se dio cuenta mientras se apoyaba contra la mesa.

Tenía que dejar de sonreír.

Esto iba a ser tan fácil.


—¿No podías dormir? —preguntó casualmente, ya sabiendo la respuesta.

Lena le necesitaba y lo sabía malditamente bien.

Esta iba a ser la forma en que se quedaría cerca de ella mientras hacía su mejor intento para
convencerla de que la perdone.

Lena empujó hacia arriba los lentes sobre su nariz, tomó un trago de Coca y simplemente le mostró
el dedo corazón mientras salía de la habitación.

Genial.

Ya la estaba cagando, pensó, caminando detrás de ella.

Cerró la puerta de su habitación de un golpe en su cara.

Después de contar hasta diez, dos veces, golpeó la puerta.

—Vete.

Suspirando profundamente, abrió la puerta justo a tiempo para ver la del baño cerrarse de golpe.

Caminó hasta la cama y se sentó.

—Lena, yo...

—Mira, Kara, de verdad no puedo hacer esto contigo ahora mismo —dijo Lena, sin molestarse en
abrir la puerta para enfrentarlo, haciendo que Kara se preguntara si sus tendencias pusilánimes
habían regresado. Eso no sería bueno para ninguna de ellas. Necesitaba que lo enfrentara, no que
simplemente lo evitara—. Deja que termine de vestirme, después te llevaré a un hotel.

—No —dijo la rubia firmemente. No había ninguna manera en que se fuera.

Iban a solucionar esto le gustara o no, y tenía la sensación de que ella no quería.

—Bien —rechinó ella—. Entonces, yo me voy.

Oh, diablos no.

Si ella se iba ahora, no habría nada que la detuviera de dejar su trasero por su bien.

No había duda en su mente de que la pelinegra no pretendía llevarla a casa ahora, lo cual
significaba, que probablemente no llegaría hasta mañana en la tarde.

Para ese entonces, Lena podría estar en cualquier lugar haciendo su mejor esfuerzo para
convencerse de que podía hacerlo mejor, ella podía, pero ese no era el punto.

Kara no podía dejarla partir, no ahora, ni nunca.

Echó un rápido vistazo a la puerta antes de precipitarse hacia la pequeña mochila de Lena que a
ella le gustaba llamar bolso.

La revisó hasta que encontró lo que necesitaba.

Sin duda así sólo se iba a enojar más, pero a tiempos desesperados, medidas desesperadas.

Se guardó su billetera y rápidamente revisó sus pantalones usados, sacando el dinero que tenía en
el bolsillo de adelante y las llaves del auto antes de salir corriendo de la habitación.

Sólo le tomó un minuto encontrar el escondite perfecto, una de las decenas de canastas decorativas
que recubrían el techo.

No había forma de que Lena llegara ahí o la encontrara.

Después de un minuto, decidió agregar el celular.

Lo apagó, lo agregó a la pila y cubrió sus huellas.

Sabiendo que no había forma de que Lena la dejara hasta que solucionaran las cosas, Kara se relajó
por primera vez desde que todo esto empezó.

Caminó hasta la cocina sintiéndose segura de que su pequeño plan iba a funcionar.

Agarró un refresco frío del refrigerador, deseando que fuera una cerveza, y se dirigió a la playa.

Mientras que a su pequeño saltamontes no se le permitiera beber, entonces ella no bebería.

No es que realmente esperara que estuviera embarazada, pero no quería correr ningún riesgo.

Hasta que ella no estuviera segura de que no estaba embarazada de su hijo ni siquiera probaría una
gota de alcohol, lo cual iba a hacer que sea más difícil tratar con la rubia.

Aunque reconoció que ayudaría emborracharla, no estaba dispuesta a dañar a ningún supuesto bebé
o a que después Lena le tirara en cara que no sabía lo que estaba haciendo cuando la perdonó.

Para esto, la quería totalmente sobria, especialmente ya que la pelinegra probablemente encontraría
una forma de arreglar esto porque ella estaba bastante segura de que sólo conseguiría cagarla más.

—¡Cabrona! —escuchó gritar a Lena desde algún lugar tras la rubia.

La miró y sonrió, viéndola acercarse hecha una furia con sus pequeños puños balanceándose a su
lado.

Volvió a acomodarse los lentes, mirándola contra la brillante luz del sol.

—¿Qué hiciste, tú, cabrona? —demandó Lena, deteniéndose a medio metro de ella.

—¿Qué? —preguntó inocentemente, tomando un trago de refresco.

—¡Tú sabes qué! —espetó.

—Hmmm, de verdad no —murmuró, tratando de no sonreír cuando la pelinegra gruñó con


irritación.

—Mi billetera —masculló con los dientes apretados—. La necesito de regreso para poder irme.

—Entonces no la vas a conseguir —dijo la rubia, encogiéndose de hombros.

¿Pensó que la ayudaría a que lo deje?

Demonios, su pequeño saltamontes todavía tenía mucho que aprender.

—Bien —dijo entre diente—. Dame mi celular para que pueda llamar a alguien —demandó,
estirando su mano expectante.
—Lo siento, tampoco puedo hacer eso —dijo Kara, suspirando pesadamente.

De verdad, ¿no sabía nada de él?

—¿Qué hay de las llaves de mi auto? —preguntó, mirándola con cautela.

Frunció los labios pensando. Sería mejor para ellos si ella estaba limitada a la cabaña y al centro de
la ciudad a un kilómetro y medio por la carretera.

—No, lo siento, eso tampoco funcionará para mí.

—¡Esto es secuestro! —balbuceó con incredulidad.

—No, no lo es.

—¡Sí, lo es!

—Nop.

—¿Cómo diablos lo llamarías? —demandó la pelinegra, sacándole el refresco y terminándoselo.

—¿Una escapada romántica?

Lena soltó un bufido.

—Si realmente no quieres estar aquí, entonces ve adentro y usa el teléfono de la casa para llamar a
alguien —sugirió Kara inocentemente.

La pelinegra parecía a punto de estallar sus lindos puños de furia.

—Sabes muy bien que no sé ninguno de los números de teléfono de memoria —espetó.

Sí, la rubia sabía eso.

Lena, afortunadamente, dependía mucho de la tecnología.

Una vez que un número era agregado a su lista de contactos, nunca lo volvía a mirar.

Ese pedacito de información por lo general hacía que pusiera los ojos en blanco, pero ahora la
complacía inmensamente.

—Entonces, creo que estás atrapada aquí —dijo, reprimiendo una sonrisa.

Sus ojos se estrecharon peligrosamente hacia Kara.

—Entonces —dijo la rubia alegremente—, ¿quieres ir a nadar, de pesca? —Señaló una gran pared
de roca que se metía doscientos setenta metros en el océano—, ¿o tienes hambre? Puedo preparar
unas hamburguesas en muy poco tiempo.

Con una última mirada que prometía daño corporal, Lena salió corriendo de regreso a la cabaña.

Kara regresó a la cabaña sin molestarse en comprobar las puertas corredizas de cristal.

La pequeña sonrisa engreída de Lena le había dicho todo lo que necesitaba saber.

La había encerrado afuera.


La rubia le permitiría esta pequeña victoria, decidió mientras recogía su camisa del sillón, se la
ponía y se dirigía a la ciudad.

Probablemente, no había necesidad de decirle que ya había tomado las llaves de la cabaña.

Tendría que venir a ella, tarde o temprano.


Capítulo 25

Capítulo 25

Tres en punto de la mañana y Lena estaba cerca de llorar.

Estaba tan increíblemente cansada.

Su cabeza punzaba y se sentía enferma del estómago.

No había dormido en cinco días.

Ni siquiera un guiño.

Tristemente no tenía nada que ver con la cabaña.

La cama era firme, justo cómo le gustaba, el aire acondicionado funcionaba perfectamente
manteniendo la pequeña cabaña a una fría temperatura de veinte grados y el único ruido que se
escuchaba era el sonido de las olas golpeando contra la playa.

En realidad, deseaba que hubiera algo de lo que quejarse, porque eso significaría que irse a uno de
los hoteles atrás en el camino le proveería del sueño que su cuerpo necesitaba desesperadamente.

La razón por la que no podía dormir era bastante sencilla.

La bastarda que se rehusaba a irse sin importar cuántas veces le rogó, suplicó y amenazó era cien
por ciento responsable de este pequeño problema.

Ser así de dependiente de otra persona para dormir no era saludable ni normal, pero sin importar
cuántas veces trató de hacerle entender ese mensaje a su extenuado cuerpo no escuchaba.

Intentó de todo en los últimos tres días.

Al principio pensó que la relajación haría el truco, así que había tomado una docena de baños
calientes, leído unos libros e incluso un relajante paseo por la playa bajo la luz de la luna.

Cuando la relajación no funcionó trató con actividad vigorosa.

Nadó, hizo largas caminatas y limpió la cabaña de arriba abajo.

Absolutamente nada funcionó.

No había forma de que pudiera manejar otro día sin dormir, mucho menos los cuatros días que
Kara estaba determinada a estar al pendiente de ella.

Se sentó en la cama y pateó las sábanas para librarse de ellas.

Maldición.

Si iba a estar atrapada con Kara, entonces bien podría sacar algo de ello.

Abrió su puerta de par en par y caminó por el corto pasillo.


Kara le echó un vistazo y suspiró.

No estuvo muy sorprendida de encontrarla despierta.

Parecía que esta pequeña adicción iba en ambas direcciones, afortunadamente, porque si iba a
sufrir entonces la rubia también.

Reconoció que su incapacidad para dormir podría tener más que ver con las pequeñas sillas de
mimbre en las que estaba forzada a sentarse toda la noche.

—No sé qué hiciste, pero me arruinaste el sueño y dado que no me darás mis cosas de nuevo he
decidido que me permitirás el uso de tu cuerpo para dormir —aclaró, temiendo que tal vez la
malinterpretara—, hasta que regresemos a casa y pueda obtener una prescripción para pastillas
para dormir de mi doctor.

Kara simplemente la miró con ojos enrojecidos.

—Está bien —dijo ella con firmeza, asintiendo para ella misma—. Mueve tu trasero —dijo,
indicándole la habitación con la cabeza.

—No —dijo la rubia suavemente.

La pelinegra le entrecerró los ojos.

—No me hagas lastimarte, Kara. Estoy demasiado cansada para cualquier estupidez esta noche, así
que mueve el trasero.

Negó tercamente con la cabeza.

—No hasta que prometas pasar los últimos cuatro días conmigo.

—No.

Habían roto y la rubia de verdad necesitaba aceptar eso, en especial porque regresarían a trabajar
en dos semanas.

Lena no quería tener que lidiar con nada de esta tontería en el trabajo.

Kara necesitaba aceptar esto para que ambas pudieran continuar.

Ya era suficientemente duro estar cerca de la rubia y no ser capaz de tocarla.

La amaba demasiado y esto la estaba matando.

Lo mejor que podían hacer por ambas era dejarla ir ahora para que tuviera algún tiempo, incluso
unos días, para llorar por su relación.

Ya sabía que tendría que poner la casa en el mercado y buscar un nuevo empleo tan pronto como
regresara.

Después de esto sabía que nunca lograría estar en la misma habitación que Kara o mirarla pasearse
afuera sin sentir que su corazón se rompía.

Necesitaba poner tanta distancia entre ellas como pudiera si esperaba sobrevivir a esto.

—Nos quedan cuatro días, Lena. Si quieres dormir entonces me darás lo que quiero.
—Necesitas dormir tanto como yo —señaló ella.

Asintió en acuerdo.

—Estoy dispuesta a no dormir si es lo que se necesita.

—No vamos a volver —dijo ella, sintiéndose más exhausta de lo que había estado hace cinco
minutos.

—No estoy pidiendo eso, Lena. Estoy pidiendo un poco de tiempo real contigo.

—¿Esperas que crea eso?

—Sí —dijo la rubia, sonando tan exhausta como ella se sentía—. Sólo quiero tiempo contigo.

Lo consideró por un momento.

En este punto estaba dispuesta a soltar sus riñones si eso significaba dormir un poco.

—Bien —dijo lentamente—. Pero sólo tiempo. Sin besos, sexo o tocar.

Suspiró con evidente alivio mientras se ponía de pie.

—Eso está bien —dijo Kara, pasando a su lado y caminando a su habitación.

Lena le siguió, impaciente por dormir un poco finalmente.

—La ropa interior se queda puesta —anunció ella, mientras entraba en la habitación.

Kara se puso de nuevo su ropa interior de un tirón, probablemente demasiado cansado para discutir,
y se dejó caer en la cama.

Después de una leve vacilación, Lena se acostó y se acurrucó contra la rubia.

En cuestión de minutos sintió que su cuerpo se relajaba y empezaba a dormirse.

—¡Oh, por Dios, no! ¡Va a morderme! —chilló Lena, saltando hacia atrás cuando el pequeño
cangrejo se movió hacia ella.

Kara soltó una risita mientras veía a su pequeña saltamontes correr de puntillas, tratando de escapar
del pequeño cangrejo que en realidad sí parecía que se la tenía jurada.

Cada vez que Lena cambiaba de dirección también lo hacía el cangrejo.

Ahora, Kara podría muy fácilmente arreglar este pequeño problema por su pequeña saltamontes si
la cargaba en brazos, pero estaba siguiendo sus reglas.

Sólo tenía cuatro días para convencerla de que no podía vivir sin ella, y si eso significaba que tenía
que seguir sus reglas para pasar tiempo con ella entonces las seguiría al pie de la letra.

No iba a darle una razón para romper su acuerdo.

Era por eso que una hora antes cuando se levantó para encontrar a Lena acurrucada en sus brazos,
rápidamente saltó de la cama y se alejó de ella.

Pareció un poco confundida y dolida, y la rubia casi ignoró las reglas y la tomó en sus brazos, pero
se obligó a sí misma a mantener la cabeza en el juego.
Dijo buenos días y la dejó para que tomara una ducha, y no unírsele casi la había matado, y les
preparó el almuerzo.

Después de almorzar había necesitado un poco de incitación y cerca de una docena de recordatorios
de que prometió pasar los últimos cuatro días con ella.

Con un suspiro resignado lo siguió a la playa.

Por primera vez desde que arruinó sus flores un pesado e incómodo silencio surgió entre ellas.

Reprimió otra disculpa, recordando lo que su padre dijo, y caminó a su lado, tratando de descubrir
qué demonios debería decirle.

Desafortunadamente Lena parecía estar tan incómoda como ella.

Sabía que estaba a punto de sugerir que regresaran a casa de nuevo, cuando por suerte encontraron
al cangrejito empeñado en atacarla.

Ahora las dos reían, mirando las travesuras del cangrejito, el incómodo silencio olvidado.

—¡Kara! —gritó Lena cuando el cangrejo intentó coger sus dedos.

Suspirando, Kara se inclinó y cogió al cangrejito.

Lo levantó para que pudiera verlo a los pequeños ojos de insecto.

—Es algo lindo.

Lena hizo un adorable mohín.

—Si tú lo dices.

Se dio cuenta de que ella no hacía ningún intento de acercarse a mirarlo más de cerca.

De hecho, parecía como si estuviera tratando de apartarse discretamente.

Kara reprimió una sonrisa mientras se lo tendía.

La pelinegra chilló, saltando hacia atrás y casi cayó sobre su trasero en el océano.

—¡Aléjalo de mí!

—Oh, vamos, Lena. Sólo quiere un besito —dijo Kara, empujando el cangrejo hacia ella de nuevo
—. Sólo un besito.

Lena soltó una risita incluso mientras se escabullía del camino.

—¡Vamos, le gustas! —dijo Kara, riendo entre dientes mientras iba tras ella.

—¡Aléjate! —dijo Lena, riendo tan fuerte que tropezó varias veces, pero de algún modo se las
arregló para quitarse cuando el cangrejo invadía su espacio personal.

—¡Juro por Dios, voy a patearte el trasero por esto!

Lena dejó caer su libro cuando se colgó del brazo de Kara y trató de arrastrarla a la fuerza.

—¡Eso es publicidad falsa! —dijo Kara, regresando a la puerta por la que habían sido echadas
bruscamente hace diez minutos—. El letrero dice: “todo lo que pueda comer”.

Afortunadamente los últimos meses en compañía de Kara habían curado su problema de


avergonzarse fácilmente, de otro modo probablemente estaría poniéndose toda roja ahora mismo y
deseando que se abriera un hoyo en la tierra y la tragara entera mientras la gente se detenía para
mirarlos boquiabiertos.

—Estaban cerrando —señaló Lena suavemente.

—Esa no es excusa —dijo la rubia, fulminando con la mira al personal en espera que los miraba
nerviosamente desde detrás de las cortinas.

—Creo que se quedaron sin comida —dijo Lena, haciendo lo posible por no reírse cuando él hizo
un puchero.

—Bastardos —murmuró Kara.

—Vamos, te dejaré que me invites a una película tardía —dijo la pelinegra, tirando de su brazo.

Renuentemente, la rubia dejó que le mostrara el camino, sólo lanzando una ocasional mirada de
anhelo hacia el restaurante.

Lena hizo lo que pudo por no poner los ojos en blanco.

La mujer estaba demasiado obsesionada con la comida.

Conforme se ponían en la larga fila afuera del cine un pensamiento pasó por su mente.

—Nunca me llevaste al bufet de un restaurante en casa —señaló.

Ahora que pensaba en ello en realidad le sorprendía que no lo hubiera hecho.

Parecía el tipo perfecto de restaurante para Kara, demonios, para Kara y su padre.

Ambos adoraban la comida, lo que era probablemente el motivo por el que sus padres se detuvieran
en un solo niño.

Sólo el pensar en un montón de pequeñas Kara corriendo y comiendo fuera con sus padres y en
casa era aterrador.

Kara murmuró algo.

—¿Qué? —preguntó ella, apartando la vista de la lista de películas exhibiéndose.

—Dije, que me han vetado —refunfuñó infeliz—. Es todo política —aspiró.

—Ajá.... ¿y tu padre? —preguntó, ya teniendo la sensación de cuál iba a ser su respuesta.

—A él lo vetaron desde 1995 —dijo Kara con un encogimiento de hombros.

—Ya veo —dijo Lena, torciendo los labios.

—En dos años la banda en Las Vegas será levantada. Estamos planeando un gran viaje —dijo,
mirándola esperanzado.

Lena abrió la boca para recordarle que no iban a estar haciendo nada juntas en dos años cuando se
dio cuenta de lo que dijo.

—¿Has sido vetada en Las Vegas?

—No de Las Vegas, sólo de todos los buffets —dijo Kara con un encogimiento de hombros como
si no fuera la gran cosa.

—¿Todos los buffets? —quiso saber la pelinegra, incapaz de esconder su sorpresa.

Tenía que haber cientos de buffets en Las Vegas.

—Supongo que tuvieron una junta o algo así. Como dije antes, todo es política —dijo Kara
señalándole que avanzara en la fila.

Durante unos minutos estuvo demasiado atónita para decir algo.

Sabía que amaban la comida, pero vaya....

—¿Qué película quieres ver? —preguntó Kara, sacándola de sus aterradores pensamientos.

Lena rápidamente echó un vistazo a la lista, a punto de decirle a Kara que escogiera una cuando vio
una película que había estado esperando para ver durante un tiempo.

—¿Qué tal “Al Infierno y de regreso”? —sugirió.

Kara frunció el ceño.

—¿Aquella con Edward y Dana Pierce?

Lena asintió.

—Bien —dijo con poniendo los ojos en blanco exageradamente, ganándose una sonrisa de parte de
ella—. Una película para chicas será. —Compró los boletos y se encaminó hacia el puesto de
comida—. Sólo necesito algo para comer antes de desmayarme.

Estiró el brazo para tomar su mano, sólo para dejarla caer.

Su sonrisa se volvió educada mientras le hacía señas para que fuera delante de ella.

Lena forzó una sonrisa mientras se ponía delante de la rubia en la fila, recordándose a sí misma que
esto era exactamente lo que ella quería.

Quería regresar a ser amigas, incluso si era sólo por poco tiempo, así que Kara aceptando eso
inmediatamente era algo bueno, se dijo a sí misma.

Después de que compraron sus bocadillos, bueno los bocadillos de Kara porque ella todavía estaba
llena, encontraron dos asientos en el medio hacia el frente.

Afortunadamente los cortos ya se estaban exhibiendo así que Lena aprovechó la oportunidad para
poner su cabeza en orden.

Realmente tenía que detenerse a sí misma de desear que Kara la tocara, la abrazara y la besara.

Habían roto.

Por supuesto Kara lo aceptó y ella también debería hacerlo.


Era lo mejor sin importar cuánto la hacía querer llorar.
Capítulo 26

Capítulo 26

—No tienes que comprar la cena. Podía haber cocinado —señaló Lena mientras seguían a una
camarera a un reservado en el restaurante de estilo de los años cincuenta.

—No vas a mover un dedo mientras estás de vacaciones —indicó Kara otra vez.

Esta era otra cosa por la que iban a tener que discutir, pero más adelante.

En estos momentos estaba demasiado ocupada mostrándole a Lena lo mucho que se preocupaba
por ella.

Durante los dos últimos días estaba bastante segura de que Lena había comenzado a perdonarla.

A estas alturas ella probablemente se dio cuenta de que no deberían estar separadas.

Ahora todo lo que tenía que hacer era tratar de no embarrarla otra vez, no es que la rubia realmente
pensara que lo haría.

Había estado actuando como la amiga perfecta durante los últimos días.

Por la noche le permitía a la pelinegra decidir la posición en la que dormirían y en la mañana


saltaba fuera de la cama y tomaba una ducha muy fría o iba a nadar en el océano.

Luego pasaba el resto del día encontrando cosas divertidas que hacer y se guardaba sus manos para
sí misma.

Era más difícil de lo que se había imaginado, pero de alguna manera se las arregló para tratar a
Lena como una buena amiga.

No había duda en su mente de que ella estaba dispuesta a volver a como las cosas solían ser.

Jodidas gracias a Dios, porque la rubia no creía que pudiera durar otro día con esta mierda de la
amistad.

Lena era su pequeño saltamontes, simple y llanamente.

No poder tocarla y abrazarla estaba simplemente mal.

—¿Puedo conseguirles una bebida para empezar? —le preguntó la camarera, lanzándole una
mirada apreciativa.

—Tomaremos dos Coca-Cola, por favor —dijo, dirigiendo su atención al menú delante de ella.

No estaba dispuesta a hacer algo para alentar a la mujer.

En este momento necesitaba ser capaz de concentrar toda su energía en su pequeño saltamontes y
no en una camarera con una apretada camisa rosa dos tallas demasiado pequeña que esperaba
calentar su cama esta noche.
—Iré a traerlas ahora mismo —dijo con una voz seductora.

Kara le echó un vistazo a Lena, preguntándose si el obvio interés de la mesera le molestaba.

Si lo hizo, no lo demostró.

Al parecer, una vez más, Lena era demasiado ajena para notarlo, lo que probablemente era lo mejor
porque no podía soportar las mujeres celosas.

—Tengo que usar el baño. ¿Podrías ordenar por mí si ella vuelve antes que yo?

—Por supuesto —dijo Lena, sin molestarse en levantar la vista del menú. — ¿Qué quieres?

—Dos hamburguesas con queso —dijo la rubia, sin molestarse en decirle cómo las quería o sin
pedirle dos adicionales.

La pelinegra sabía lo que le gustaba.

Cinco minutos más tarde caminaba fuera del baño justo cuando su camarera terminaba de escribir
su orden.

La camarera levantó la vista de su cuaderno de notas y le sonrió.

Le dijo algo más a Lena antes de caminar a ella, sonriendo tímidamente todo el tiempo.

—Tu amiga —dijo, gesticulando hacia Lena, que los observaba con aburrido interés—, dijo que te
puede gustar la banda que está tocando en el TJ’s. Es una banda que toca música de Nickelback.
Dijo que me podrías recoger en dos horas después de que salga del trabajo, pero si me das quince
minutos probablemente podría conseguir la noche libre.

—¿Espera? ¿Qué? —preguntó Kara, confundido como el infierno—. ¿Te dijo que yo estaba
interesada?

—Mmmhmm —dijo la camarera, despreocupada de que ella estuviera claramente enojada.

—Disculpa —dijo firmemente, caminando a su alrededor.

—Iré a preguntar si puedo salir antes —anunció la camarera, sonando aturdida.

—No te molestes —lanzó Kara sobre su hombro.

Se acercó a Lena, puso las manos sobre la mesa y se inclinó hasta quedar prácticamente nariz a
nariz con ella.

—Dime que no acabas de intentar organizarme una cita con la camarera — soltó la rubia, tratando
de detenerse a sí misma de retorcer su pequeño cuello.

—No te organice una cita en sí, pero le dije que te podía gustar la banda y que estabas soltera —
dijo la pelinegra simplemente, empujando sus gafas encima de su nariz.

—¿Estoy soltera? —repitió, su voz sonaba a hueca.

—Sí —dijo Lena, moviendo su mirada hacia la izquierda y lejos de la rubia.

Lentamente se apartó de ella y se levantó.


Tragando saliva, le preguntó:

—¿Es lo que realmente quieres?

—Sí —dijo Lena sin la menor vacilación, haciendo todo de repente clarísimo.

Sacó dos billetes de veinte y las arrojó sobre la mesa.

—Vamos —dijo Kara, dirigiéndose hacia la puerta.

—¿A dónde vamos? —le preguntó Lena cuando la alcanzo.

—A casa.

—¿Kara? Kara, habla conmigo. Realmente me estás asustando.

Durante las últimas seis horas Kara había estado mortalmente tranquila.

Cuando dijo que se iban a casa en el restaurante Lena pensó que quería volver a la cabaña.

Sabía que no debería de haber alentado a esa camarera.

No quería y había estado a punto de informarle a la mujer lo que Kara había dicho cuándo se dio
cuenta que el ver a Kara con otra mujer podría ayudarle a superarla antes.

No tenía ni idea de esto la enojaría tanto de lo contrario no hubiera dicho nada, pero necesitaba
superarla antes de que finalmente el dolor la amenazara con llevarla a sus rodillas.

Lena la amaba mucho más de lo que debería haberse permitido a sí misma.

En lugar de responderle, Kara abrió la puerta del conductor de un tirón y abrió el maletero.

La pelinegra se bajó rápidamente del auto justo cuando las luces del sensor de movimiento en la
casa se encendieron.

—Por favor, háblame —dijo mientras la observaba agarrar las tres bolsas de ropa que había
comprado y dirigirse hacia su puerta. —¡Kara, no hagas esto! —dijo, incapaz de soportar la idea de
acabar las cosas de esta manera.

—¿Quieres hablar? —preguntó la rubia, girando lentamente para enfrentarle.

—Sí —dijo, aliviada de que le estuviera hablando por lo menos.

Tiró las bolsas a un lado y se acercó a ella.

—Bien. Hablemos, Lena —dijo en su cara—. Lo jodí, Lena. No debería haber dejado que una
zorra me vendiera una línea de mierda y debería haber hablado contigo, pero ¿sabes qué? Tú
también te equivocaste. Nunca te molestaste en decirme por qué no querías tener relaciones
sexuales —Cuando Lena abrió la boca para discutir la rubia habló sobre ella—, sé que pude
haberte preguntado mil veces, pero estaba muy malditamente feliz como para importarme. Quería
estar contigo, pase lo que pase. Te amé, Lena y pensaba que tú me amabas. Así que, cuando esa
mujer me dijo que tú no dormirías conmigo porque no me amabas me entró el pánico a lo grande e
hice algo que probablemente lamentaré por el resto de mi vida.

—¿Te arrepientes de dormir conmigo? —preguntó Lena, sintiendo que su corazón descendía.
—Sí, porque obviamente te lastimé esa noche y te dio la excusa que obviamente querías para
acabar las cosas —dijo, caminando lejos de ella mientras se pasaba las manos por el cabello en
señal de frustración.

—Yo no estaba buscando una excusa para acabar las cosas —farfulló la pelinegra, dando un paso
hacia ella.

—¡Mentiras!

—¡No! —gritó ella en respuesta—. ¡Tú eres la que pensó que te estaba jugando una mala pasada!
Eres la que tenía que demostrar...

—¡Oh, dame un jodido descanso! —gritó, provocando que ella saltara de nuevo—. Metí la pata,
Lena. Lo admito. Joder, lo admití justo cuando sucedió e incluso te dije cuando empezamos a salir
que lo más probablemente es que lo arruinaría. —Continuó la, sin darle una oportunidad de hablar
—. Estabas feliz de que lo arruinara. Te dio la excusa que necesitabas para dejarme.

—¡No, no lo estaba! ¡Me lastimaste, Kara! Deberías haber...

—Debería haber hecho cien cosas diferentes, pero ¿sabes qué, Lena? No lo hice. Lo arruiné, sí,
pero estás actuando como si me la pasara jodiendo contigo.

—¡Porque lo vas a hacer! —gritó ella, limpiando con enojo las lágrimas que se derramaban por sus
mejillas—. Ambas sabíamos que esto no iba a durar, ¡Kara! ¡Lo que hiciste lo demuestra!

—¿No iba a durar? ¡Maldita sea, te amaba! —gritó la rubia, cada vez más cerca—. ¡Quería pasar
el resto de mi vida contigo! Pero todo el tiempo que estaba pensando en una casa, matrimonio y los
niños tú solo estabas usándome.

—¡No te estaba usando! —gritó la pelinegra, empujándola hacia atrás.

—Entonces, ¿cómo diablos lo llamarías? —le preguntó, dejando que Lena le empujara otra vez—.
Era lo suficientemente buena para andar juntas, salir, acostarse, oh, espera, no lo era, ¿cierto? Lo
único que pensabas era que era buena para pasarlo bien.

—¡No puedo creer que te estés quejando! —dijo la pelinegra, apartando su cabello de su cara—.
¡Así es exactamente cómo tratas a las mujeres! ¡Simplemente estás enojada porque alguien te lo
hizo a ti!

—Nunca me he aprovechado de ninguna mujer. Todas sabían que no tenía nada que ofrecer, pero
tú —Movió la cabeza con disgusto—, me hiciste pensar que realmente te preocupabas por mí
cuando lo único que había era una perra buscando un buen rato.

Lena la abofeteó.

Duro.

—Eres una puta snob al igual que tu familia —dijo Kara fríamente.

—Te odio —siseo, ignorando el punzante dolor en su mano.

Lena no la había utilizado, lo sabía.

Había sido la única de ellas que entró en esta relación con la cabeza fría.

Kara podría pensar hoy que la amaba, pero sabía que eso iba a cambiar un día y ella no se iba a
sentir mal por escapar antes de que llegara ese día.

La rubia limpió una pequeña gota de sangre de su labio mientras la observaba.

—Viniste a mí para pasar un buen rato así que me voy a asegurar de que obtengas eso.

—Que...

La interrumpió con un firme beso.

Lena trató de retroceder, pero la rubia no lo permitió.

Ahueco la parte posterior de su cabeza, sosteniéndola contra ella mientras rozaba sus labios sobre
los de la pelinegra, coaccionándolos a cooperar.

Cuando pasó la punta de su lengua entre sus labios, exigiendo la entrada, fue incapaz de rechazarla.

Lena gimió cuando su caliente lengua se deslizó en su boca, deslizándose sobre la de ella, y luego
enredándose juntas.

Sus brazos se envolvieron alrededor de su cuello, halándola, incapaz de soportar la idea de estar
separados.

No importaba lo que Kara creía, no la había estado usando.

La amaba demasiado y a pesar de que sabía que acabaría lastimada al final, no había podido ser
capaz de pasar por alto la oportunidad de estar con la rubia.

Cuando la recogió en sus brazos, no peleó contra Kara.

No, agarró un puñado de su cabello, inclinó su cabeza y profundizó el beso.

Varios minutos más tarde estaban en su sala de estar y la rubia estaba pateando la puerta principal
para cerrarla.

La depositó sobre sus pies sólo para agarrar sus muslos y levantarla.

Lena envolvió sus piernas alrededor de su cintura, amando la manera en que la rubia agarró su culo
y la frotó contra su erección.

Liberó una mano de su cabello para estirarla entre ellas y tirar de la camiseta de Kara hacia arriba.

Kara giró en la sala, apoyándola contra la pared mientras estiraba su mano hacia atrás y tiraba de
su camiseta, sólo rompiendo el beso para quitársela.

La rubia siguió presionándola contra la pared mientras trabajaba para quitarle la blusa a ella.

Kara la levantó así podría lamer su camino hasta sus pechos.

Lena abrazó su cabeza contra su pecho mientras la rubia trazaba las copas con su lengua y gimió
cuando Kara succionó un duro pezón a través del fino encaje.

—Mmmm —gimió la pelinegra suavemente mientras Kara succionaba y amasaba sus pechos.

Sus caderas rodaron suavemente contra su vientre, buscando alivio.

Lena arqueó la espalda cuando sintió sus manos dejar sus pechos y moverse a su espalda.
En segundos tenía el sujetador desabrochado y su lengua corría sobre sus pechos, sacudiendo sus
duros pezones.

Lena lamió sus labios mientras se terminaba de quitar el sujetador.

Envolvió sus brazos alrededor de su cabeza, sosteniéndola contra ella mientras se inclinaba y
presionaba un beso en la parte superior de su cabeza.

Kara gimió mientras envolvía sus brazos alrededor de ella, manteniendo sus pechos donde quería,
la apartó de la pared y caminó por el pasillo completamente negro hasta el dormitorio.

De alguna manera se las arregló para entrar en el dormitorio sin tropezar.

La depositó en la cama.

Inclinándose sobre ella, corrió su caliente y húmeda lengua de un duro pezón a otro mientras
desabrochaba sus pantalones cortos.

Kara deslizó su mano por debajo de la cintura de sus pantalones cortos y bajo sus bragas.

La tomó en su mano, haciéndola retorcerse contra ella.

Con un último movimiento de su lengua contra su pezón, se sentó y la ayudó a salir de sus
pantalones y bragas, mientras que Lena se quitaba sus zapatillas.

Abrió los brazos hacia la rubia, esperando que regresara para un beso.

En la tenue luz de la luna la vio sacudir la cabeza.

—Rueda sobre tu estómago —dijo, ayudándola a girarse—. Sobre tus manos y rodillas —dijo Kara
suavemente. —Eso es —arrulló cuando ella hizo lo que le pidió.

Lena abrió la boca, sujetando el edredón con fuerza en sus manos, cuando sintió a Kara presionar
un húmedo beso en una mejilla y luego en otra.

Sin decir una palabra la pelinegra separó más sus piernas y arqueó la espalda.

La rubia continuó presionando besos en su espalda y trasero mientras deslizaba un dedo dentro de
ella.

Lena gimió, lamiendo sus labios.

Las pocas veces que habían jugado en esta posición había sido muy bueno.

Siempre la tomaba con fuerza con los dedos o la boca justo así, haciéndola gritar.

Una vez pasó su polla entre sus labios.

Cuando comprendió que Kara se estaba satisfaciendo así misma contra ella, llegó más fuerte de lo
que podía recordar.

Sólo el pensamiento de la rubia provocando sus pliegues con su polla la tenía cabalgando su dedo.

—¿Te gusta eso? —preguntó Kara, añadiendo otro dedo.

—Sí —gimió ella mientras se empujaba hacia adelante hasta que sólo la punta de su dedo quedaba
dentro en ella, entonces lentamente se deslizó hacia atrás, amando la forma en que la llenaba.

Le encantaba la forma en que se sentía, la forma en que la tocaba, la manera en que la volvía tan
loca de necesidad que en lo único que podía pensar era en tenerla, ella simplemente la amaba.

Durante la pasada semana había sido una estúpida y había estado tan malditamente asustada de que
Kara le hiciera daño algún día, que estuvo a punto de cometer el más estúpido error de su vida.

No la dejaría irse.

Ellas encajaban juntas.

En cierta medida siempre lo había sabido, pero había estado tan malditamente asustada que no lo
había visto.

Por primera vez se permitió imaginar el futuro que siempre pensó estaba fuera de su alcance.

Se imaginó durmiendo en los brazos de Kara cada noche por el resto de sus vidas, imagino
pequeños niños sonriendo cuando ella hacía galletas y niñas envolviendo a Kara alrededor de sus
pequeños dedos, y supo que nunca sería feliz sin la rubia.

—Entonces vas a amar esto —murmuró suavemente.

Lena lamió sus labios con anticipación cuando oyó el sonido de su cremallera siendo bajada.

Un segundo después sintió sus mulsos revestidos en jean presionarse contra la parte posterior de
sus piernas y su caliente vientre apretarse contra su espalda.

Kara lamió una línea desde su cuello a su oído, tomando el lóbulo de su oreja en su boca y
succionándolo suavemente mientras la punta de su erección se presionaba contra su centro.

—¿Recuerdas el día que estábamos en tu jardín? —susurró en su oído.

—Sí —se las arregló para decir.

—No tienes ni idea de lo mucho que quería tomarte ese día, justo así —dijo, deslizándose
lentamente dentro de ella.

—¡Oh Dios! —gritó Lena ante la sensación de ser llenada.

Afortunadamente no dolió como la última vez.

Se sentía tan bien ser colmada por la rubia de esta manera, tan correcto.

—Me he imaginado follándote de esta forma al menos una docena de veces desde ese día, mi
pequeño saltamontes. Creo que es lógico que esto finalice de la manera en que empezó, ¿no estás
de acuerdo?

—Kara, qué estas...

Kara cortó sus palabras con un empuje largo y profundo.

Este fue seguido de otro y luego otro.

Sus manos cubrieron las de Lena, sus dedos se enlazaron mientras la rubia la tomaba lentamente.
Sus bajos gemidos en su oído y la forma en que se frotaba contra su clítoris cada vez que se
deslizaba en ella la tenían gritando su liberación.

Kara gimió en su oído, minutos después sintió su caliente liberación dentro de ella.

Se sintió tan bien que desencadenó otro orgasmo.

Kara empujó suavemente hasta que sus brazos cedieron y la pelinegra se desplomó en la cama,
jadeando en busca de aliento.

De alguna manera se las arregló para voltear y darle lugar a Kara, pero la rubia no estaba allí.

Lena levantó la vista y la encontró tirando de su bragueta hacia arriba.

—¿Kara? —Se sentó lentamente.

La expresión herida en su rostro hizo doler su estómago.

Extendió la mano para coger su mano, sólo para encontrarla dando un paso atrás.

—Adiós, Lena —dijo suavemente.

—¿Kara? ¡Kara! —gritó Lena mientras la puerta del dormitorio se cerraba con un chasquido
siniestro detrás de la rubia.
Capítulo 27

Capítulo 27

—¿Kara? —dijo Lena, jadeando en busca de aliento.

—¿Lena? —dijo la última persona en la tierra que esperaría que llamara.

—¿Papá? —dijo Lena, sentándose en el brazo de su sofá y haciendo su mejor esfuerzo por calmar
su acelerado corazón.

Había estado afuera desyerbando su jardín e intentando salir adelante otro día sin llorar cuando
escuchó el timbre del teléfono.

Temiendo que fuera Kara, corrió a la casa desesperada por escuchar su voz.

Una semana completa y ni una palabra, y tampoco era por falta de esfuerzo.

Había llamado a su teléfono más de una docena de veces al día, le había enviado mensajes y había
acosado hasta el infierno a sus amigos y familiares buscándola.

Hasta el momento no había tenido suerte.

Nadie tenía idea de dónde diablos estaba.

Hasta ayer se había convencido a sí misma de que la rubia simplemente necesitaba tiempo y que
regresaría, pero eso fue antes de que la agente inmobiliaria, la misma agente de bienes raíces que
no había podido vender su casa, colocara un cartel de venta en el patio delantero.

Ahora Lena estaba desesperada por encontrarla.

Debía explicarle algunas cosas y probablemente arrastrarse.

Kara no fue quien lo arruinó.

Necesitaba que regresara aquí para poder solucionar las cosas antes de que fuera demasiado tarde.

—¿Tienes un momento? —preguntó su padre.

Frunciendo el ceño, verdaderamente confundida y sorprendida de que la llamara, Lena asintió


inexpresivamente, luego recordó que él no podía verla y respondido.

—Sí. ¿Qué pasa? —preguntó, preguntándose por qué no había hecho que su secretaria la llamara
para transmitirle cualquier mensaje que necesitara darle.

—Tu abuela me dijo que te tomaste unas vacaciones la semana pasada. ¿Cómo te fue? —preguntó
casualmente, pero Lena no podía dejar de sentir que había algo más.

No era propio de él interesarse realmente en su vida.

—Estuvo bien —dijo, con ganas de patear su propio trasero otra vez.
Podría haber sido genial si no hubiera reaccionado exageradamente en primer lugar.

Kara lo había jodido, pero no merecía el nivel de drama que ella había creado.

Si le hubiera hecho arrastrarse por unas horas podrían haber pasado un buen rato.

Diablos, era tan idiota.

—Escuché que Kara fue contigo —dijo él, seguido de una breve pausa expectante.

—Sí, Kara fue conmigo, papá. Te dije que éramos novias —dijo Lena, acercándose al ventanal y
mirando hacia fuera.

Sus ojos se volvieron ranuras mientras observaba a Bárbara, su ex-agente de bienes raíces, hacer un
gesto hacia una pareja de mediana edad para que la siguieran a casa de Kara.

—No es nada serio, espero —dijo, llamando la atención de Lena de nuevo a la conversación.

—¿Qué?

—Tú y Kara. Tu abuela dijo que era serio, pero no pienso que seas tan tonta como para
desperdiciar tu vida con una mujer como ésa —dijo su padre, dejándola en asombroso silencio.

Aunque a estas alturas uno pensaría que había muy poco que su familia pudiera decir o hacer para
conmocionarla.

—¿A qué te refieres con “una mujer como ésa”? —preguntó Lena, insultada en nombre de Kara.

Él dejó escapar un suspiro cansado.

—¿Lena, realmente necesitamos entrar en esto? Ambos sabemos que podrías hacerlo mucho mejor,
Lena.

—No, en realidad no podría, papá. Amo a Kara.

—Cariño, sé que crees amarlo ahora mismo, pero con el tiempo te darás cuenta... bueno, que no es
lo suficientemente buena para ti.

—¿Y por qué es eso, papá? —preguntó firmemente. Por primera vez en su vida no se molestó en
ocultarle lo que estaba sintiendo—. ¿Porque trabaja para ganarse la vida?

—Sabes que no tengo ningún problema con alguien que trabaja, Lena. Yo trabajo para ganarme la
vida —señaló.

—Entonces no entiendo el problema —mintió ella.

Sabía exactamente cuál era el problema de su familia desde el primer momento que pusieron sus
ojos en Kara.

—Ella no es una de nosotros, Lena. Nunca encajará. Seguramente te das cuenta de eso, cariño.
Cuando dejes de pretender ser alguien que no eres, te vas a dar cuenta de que Kara no se sostiene
ante nuestras expectativas para ti —dijo con dulzura.

Ella se rió sin humor.

—¿Oh, ahora tienes expectativas para mí? ¿No es esto conveniente? La única vez que muestras
preocupación por mí resulta ser cuando estás preocupado de que vaya a ensuciar la línea de sangre
y casarme con alguien que podría avergonzarte.

—Lena, eso es ridículo y lo sabes. Te amo y me preocupo muy profundamente por ti —juró él—.
Sólo estoy buscando lo mejor para ti, cariño. En unos años lo verás. Tal vez deberías darle a Jack
otra oportunidad para que los dos...

—¿Qué hago para ganarme la vida? —soltó ella entre dientes apretados, interrumpiéndolo.

—¿Perdón?

—Te pregunté si sabías qué hago para vivir —repitió.

—Manejas una guardería —dijo con tal convicción que incluso ella casi le creyó.

—Enseño historia en la secundaria Latin Scribe —le informó ella, tratando de no llorar.

No tenía absolutamente ninguna duda de que si le preguntaba en qué comités estaban Rose o
Martha él lo sabría, sobre todo porque eran un reflejo de él.

—Oh —dijo, sonando sorprendido—. Felicidades, cariño. ¿Por qué no me dijiste que conseguiste
el trabajo? Habríamos tenido una cena para celebrarlo.

Abrió la boca para recordarle que en realidad habían celebrado el trabajo ante la insistencia de su
abuela hace cinco años, pero ¿cuál era el punto?

Él nunca iba a cambiar y realmente nunca se iba a interesar en ella hasta que empezara a vivir la
vida que él quería.

Él habría empezado a darle su atención y su precioso tiempo si ella decidiera pedir un fondo
fiduciario, vivir de él y salir con hombres como Jack que encajarían.

No importaba que Jack fuera un bastardo infiel y que la dejaría tan pronto como durmiera con él.

Sus padres sólo se preocupaban por su imagen.

Era algo gracioso que su padre comenzara la vida compartiendo la habitación con sus dos
hermanos en una pequeña cabaña de dos dormitorios, o que sus padres trabajaran fuertemente para
que pudiera ir a la Universidad y así nunca tuviera que preocuparse por dinero.

Él había sido mimado y sabía que ese era el mayor arrepentimiento de la abuela en la vida.

—Conseguí el trabajo cuando cumplí los treinta hace dos semanas, — mintió Lena, preguntándose
si su padre lo había recordado esta vez.

Por supuesto no lo hizo.

—Oh, um, ¿recibiste mi tarjeta de cumpleaños? —preguntó, antes de cubrir el teléfono con la
mano para apagar los sonidos.

Le oyó mascullar a alguien, probablemente su secretaria, que le enviara inmediatamente su tarjeta


de cumpleaños.

Parecía que conseguiría tres mil dólares en pocos días, pensó con un encogimiento de hombros
interior.
Lo guardaría sin quejarse esta vez.

Ya tenía una idea de qué hacer con el dinero.

—Mira, cariño, la razón por la que estoy llamando es que tu madre va a dar una fiesta la semana
que viene y nos gustaría que vinieras —dijo él, no le sorprendió a Lena que su madre no se hubiera
molestado en llamarla.

Simplemente no valía la pena molestarse por eso.

—Pensaré en ello —dijo, no muy segura de querer que Kara volviera a pasar a través de esas
tonterías.

—Realmente te queremos allí. Jack está muy emocionado de volver a verte. ¿Sabes que ha
intentado llamarte, no? Creo que deberías darle otra oportunidad, Lena.

Puesto que Lena dudaba que su padre supiera que su precioso Jack le había estado llamando y
dejando mensajes ofreciéndose llevarla por un fin de semana y “pasar un buen rato probando que
su teoría de que ella era salvaje entre las sábanas era correcta” no se había tomado la molestia de
llamarlo.

Por otra parte, su padre probablemente sólo se reiría de ello ya que lo hacía alguien que él
aprobaba.

—No estoy interesada en él, papá —dijo Lena firmemente, esperando que simplemente lo dejara ir
—. Si puedo, llevaré a Kara.

—No es lo suficientemente bueno, cariño —dijo él sonando cansado.

—Entonces yo tampoco —dijo ella y colgó.

Echo un último vistazo a la pareja caminando hacia la casa de Kara antes de dirigirse a su equipo
de música y encenderlo.

Encontró una estación de metal pesado y le subió todo el volumen hasta que prácticamente pudo
sentir vibrar los cimientos de la casa.

Se quitó su camisa, se puso un bikini muy revelador, agarró una cerveza y botó la mitad antes de
dirigirse a su puerta.

Luego de prometerse mentalmente una aspirina para el dolor de cabeza que ya se estaba formando,
pegó una enorme sonrisa en su cara y abrió la puerta a tiempo para ver a la pareja y al agente
inmobiliario dando tumbos fuera de la casa de Kara con los oídos cubiertos.

Cuando miraron en su dirección, alzó su cerveza y dijo:

— ¿Quien está sediento?

—Si alguien tiene un problema con el nuevo sistema informático, comuníquese a mi oficina
inmediatamente —dijo el Director Jenkins, alcanzando su maletín—. Tengan un buen primer día,
todo el mundo.

Kara agarró el montón de folletos con los que Jenkins los había saturado y se dirigió a la puerta.

No estuvo demasiado sorprendida cuando Lena saltó delante de ella.


Ella era una cosita persistente.

Durante dos semanas había estado acosando a todos sus amigos y a sus padres, buscándola.

Nadie le decía dónde estaba, no porque estuvieran de su lado, oh diablos no.

Estaban todos en el equipo de Lena y se aseguraron malditamente bien de que lo supiera cuando se
las arreglaron para llamarla al teléfono.

Una semana atrás finalmente tuvo bastante y tiró el teléfono por la ventana del lado del conductor
en algún lugar de Nueva Jersey.

Cuando dejó a Lena hace dos semanas había estado al borde de un ataque de nervios.

Sabía que, si se hubiera quedado, regresaría a Lena sobre sus manos y rodillas, rogando por que le
diera una oportunidad y casi lo había hecho.

Lo único que le detuvo fue saber que Lena nunca la querría como ella quería.

—Has puesto tu casa a la venta —dijo acusadoramente, empujando sus gafas por su nariz mientras
lo miraba fijamente.

La rubia simplemente dio un paso alrededor de ella y salió de la sala de profesores.

Por supuesto, eso no detuvo a Lena.

En cuestión de segundos estaba caminando a su lado.

—Kara, necesitamos hablar.

—Creo que hemos dicho todo lo que teníamos que decir hace dos semanas, Lena.

—No, no, Kara. Te fuiste antes de que pudiera hablar contigo. Mira, ¿Quieres ir más despacio? —
preguntó la pelinegra, duplicando sus esfuerzos por seguirle el ritmo.

—No.

No quería hablar.

Joder, ni siquiera quería mirarla, pero no tenía otra elección en el asunto.

Hasta que vendiera su casa, estaría atrapado trabajando aquí y viéndola todos los días.

—Kara, realmente necesitamos hablar.

—No.

Lena de alguna manera se las arregló para darle alcance y saltar delante de ella, justo cuando
llegaba a su salón de clases.

Se pellizco el puente de su nariz y suspiró.

—Muévete.

—No —dijo ella obstinadamente.

Kara no tenía paciencia para esta mierda.


—Sal de mi camino, Lena.

Ella negó con la cabeza.

—Bien —dijo, mientras se alejaba de ella y se dirigía a su salón de clases, con la intención de
cortar a través de su salón.

—Quince personas han visto tu casa y ninguna oferta. ¿Eso es un poco gracioso, no? —le preguntó
Lena en un tono informal, deteniéndolo en seco.

Eso fue lo que su agente de bienes raíces le había dicho anoche por teléfono cuando llamó.

—¿De qué demonios estás hablando? —demandó, dando la vuelta para mirarla.

Lena hizo una demostración de examinar sus uñas.

—Sólo que es un poco raro que nadie haya hecho una oferta por tu casa, especialmente después de
todo el trabajo que has puesto en ella en los últimos meses. —Levantó la mirada de sus uñas,
dándole una sonrisa presumida.

—¿Y cómo sabes que nadie me ha hecho una oferta? —preguntó, estrechando sus ojos mientras
daba varios pasos hacia ella.

Sus cejas se arquearon adorablemente.

—¿Me lo dijo un pajarito?

—Uh huh —dijo, inclinando su cabeza hacia un lado para estudiarla—. ¿Y qué más te dijo ese
pajarito?

—Que no obtendrás una oferta por tu casa hasta que me des lo que quiero

—dijo firmemente. No había duda en su mente de lo que ella quería.

Amistad.

Por mucho que le encantaría ser capaz de permanecer en la vida de Lena y

asegurarse de que el cabrón con suerte que acabara con ella la cuidara, no podía.

No cuando sabía que él debía ser el hijo de puta con suerte al que se le permitiría

abrazarla, amarla y estar ahí para ella. Era su pequeño saltamontes.

—No puedo darte eso, Lena —dijo roncamente—. Ojalá pudiera, pero...

pero simplemente no puedo. Lo siento.

—Entonces no vas a vender tu casa —se limitó a decir ella, encogiéndose de hombros.

—Lo siento, Lena —dijo, caminando de nuevo a su puerta ahora sin protección.

—¡Última oportunidad, Kara! —gritó Lena desde la puerta principal.

Genial, pensó la rubia, sentándose en la silla de la cocina.

Esto era justo lo que necesitaba.


Ya era bastante malo verse obligada a sacar a Lena de su vida, algo que le iba a tomar un largo y
jodido tiempo superar, pero no necesitaba que la pelinegra se volviera toda sicópata con ella.

Lena era inteligente y racional.

Nunca realmente esperó que aterrizara en su puerta a las once de la noche, exigiendo hablar con
ella, como tantas mujeres antes que ella.

Al menos no sonaba borracha y no estaba gritando un montón de mierda a sus vecinos.

—Ya era hora —murmuró, frotando con sus manos su cara cuando no oyó nada después de cinco
minutos.

Aunque estaba alegre de que Lena se hubiera dado por vencida, no pudo evitar sentirse un poco
ofendida.

Mujeres con las que sólo había follado una o dos veces, eran mucho más persistentes y exigentes
que la mujer que decía que la amaba.

Por otra parte, Lena sólo la quería como a una buena amiga, una con la que al parecer había
querido tontear por un rato, pero, sin embargo, sólo una amiga.

La rubia supo durante todo el tiempo que estuvieron juntas que no era lo suficientemente bueno
para ella, pero nunca espero que Lena estuviera tan fácilmente de acuerdo con esa suposición.

Figúratelo, pensó agriamente, lanzando su lapicero rojo sobre una pila de ensayos que estaba
calificando, la única mujer que amaba la quería sólo como una amiga para follar.

Hace un año probablemente se habría sentido halagada de que su pequeña y tímida vecina la viera
como una semental.

Ahora sólo quería poner su puño a través de la pared.

Luchó contra un bostezo mientras recogía su lapicero y empezaba a revisar los ensayos de nuevo,
preguntándose qué demonios le había poseído para asignar un cuestionario y un ensayo el primer
día de clases.

Por supuesto, la respuesta era fácil.

Lena y, por supuesto, el nuevo profesor de Biología, Mark Armstrong, que no la dejó sola durante
todo el día, fueron los responsables de este simple acto de estupidez.

Kara había sido forzada a ver como Mark coqueteaba con su pequeño saltamontes.

Cuando a Lena se le había caído su libreta en el pasillo antes del primer período y se inclinó para
recogerla, le había tomado hasta la última onza de control impedirse a sí misma destrozar al
bastardo cuando lamió sus labios mientras observaba el pequeño y coqueto trasero de Lena
moverse.

Puesto que Kara necesita el trabajo y una buena referencia, se abstuvo de matar al bastardo y se
desquitó con sus alumnos, que ahora la odiaban.

No le importaba una mierda.

Lo único que le importaba era escapar del infierno con su cordura intacta y dudaba que fuera a
pasar si se veía obligada a ver cada día a Lena y observar como alguien más babeaba por ella.
Tendría que averiguar mañana con su agente de bienes raíces qué diablos estaba haciendo Lena
para espantar a la gente.

En este momento estaba demasiado malditamente cansada para pensar en las posibilidades.

No había podido dormir mucho en el último par de semanas, otra cosa que iba a tener que arreglar.

Se sintió empezar a dormitar cuando su cabeza cayó hacia adelante.

Esta vez no luchó contra ello.

—Despierta, Kara, —la dulce voz de Lena lo hizo gemir mientras abría lentamente los ojos—.
Buena chica —dijo, presionando un beso en su frente.

—¿Lena? —preguntó Kara atontada cuando sus ojos lentamente se centraron en su linda carita
sonriente.

—Mmmhmm —respondió Lena distraídamente mientras caminaba lentamente a su alrededor,


dejando que sus dedos se deslizaran sobre sus hombros.

Kara iba a cubrir un bostezo con su mano sólo para fruncir el ceño cuando se dio cuenta que tenía
las manos atrapadas detrás de ella y... sip, esposadas.

Movió los pies y suspiró al darse cuenta de que sus piernas también estaban atadas a la silla.

Genial.

Lena realmente se había desquiciado.

—Desátame —dijo, suspirando.

—No —dijo Lena haciendo explotar la palabra.

—Lena —advirtió a través de sus dientes apretados—. Desátame ahora mismo.

—Lo siento, simplemente no puedo hacerlo —dijo la pelinegra, deteniéndose frente a la rubia y
apoyándose en la mesa, sonriendo con dulzura.

Kara intentó tirar de sus brazos y piernas atadas sin suerte.

—¡Joder, desátame! ¡YA! —gritó.

—Lo siento. No puedo hacer eso —dijo ella simplemente, empujando sus gafas por su nariz.

—Lena, juro por Dios que si no me desatas...

—¿Por qué no empezamos? —preguntó brillantemente, interrumpiéndola.

Kara cerró los ojos, orando por una paciencia que estaba segura como el infierno que no tenía.

—Lena, se acabó. Debes aceptarlo y dejarme ir. Por favor — casi rogó.

Ella estaba matándola.

Perderla era la cosa más dura que jamás había experimentado.

Necesitaba que ella la dejara ir y así encontrar alguna manera de hacerle frente a la pérdida sin
volverse loca.

—No, no es así.

—Sí, sí lo es —dijo Kara, abriendo los ojos para encontrar a Lena estudiándola con la cabeza
inclinada hacia un lado.

—Sabes —dijo ella, apartándose de la mesa—, no luces muy cómoda.

—Es porque no lo estoy. Desátame, Lena —le espetó, tirando de las esposas de nuevo sin éxito.

Lena se arrodilló delante de ella, ignorando la mirada que envió en su dirección y colocó sus manos
sobre sus rodillas.

Kara observó cómo ella se lamía sus pequeños y carnosos labios y sonreía dulcemente.

—¿Me extrañaste? —preguntó mientras acariciaba suavemente sus rodillas.

—No —mintió.

La había echado demasiado de menos.

Esas dos semanas sin ella habían sido un infierno y uno que sabía que estaría reviviendo de nuevo
pronto.

—Bueno, yo te extrañé —murmuró la pelinegra suavemente, pasando sus manos sobre sus muslos
lentamente, casi distraídamente.

Kara sacudió su cabeza con pesar.

—Lena, nosotros no podemos ser amigas.

La pelinegra se encogió de hombros delicadamente.

—Lo sé —Dirigió sus manos hacia la parte interna de sus muslos, dejando que sus uñas la arañaran
ligeramente.

Kara contuvo el aliento mientras ella pasaba sus uñas todo el camino de vuelta a sus rodillas y
luego a sus muslos.

—No quiero que seamos amigas —dijo Lena, moviendo sus manos hacia arriba y sobre la camisa
que cubría su estómago y torso.

Tuvo que obligarse a concentrarse en la conversación y no en lo bien que se sentían sus manos
sobre ella.

—No voy a ser tu amiga para follar —espetó con furia.

A pesar de que sabía que debería aceptar felizmente cualquier cosa que Lena estuviera dispuesta a
darle, no podía.

Quería todo de ella.

—Eso no va a funcionar para mí tampoco —dijo ella, lentamente aflojando su corbata y


arrojándola lejos.
La miró a los ojos mientras sus pequeños dedos desabrochaban su camisa.

—Entonces ¿qué diablos quieres? —preguntó la rubia, tratando de no lamer sus labios de placer
cuando ella pasó las uñas provocativamente por sus pechos y estómago.

Cuando llegó a su ombligo, apoyó las manos contra él y las deslizó hacia arriba hasta que abrió su
camisa, dejando al descubierto su pecho ante sus ojos codiciosos.

Lena ignoró su pregunta, en cambio trazo suavemente con sus dedos sus músculos y pechos.

Cuando pasó los pulgares sobre sus planos pezones sintiéndolos a través de la tela de su top para
después levantar la prenda dejándolos al descubierto, la rubia que tuvo reprimir un siseo.

Lena le dio una sonrisa cómplice cuando se inclinó hacia adelante.

—¿Alguna vez te dije cuánto me encanta tu cuerpo? —preguntó suavemente contra su estómago
mientras presionaba un beso contra su piel.

Vio con sorpresa y placer como ella lamia un rastro desde su ombligo a su pico izquierdo.

Siseó cuando pasó su lengua húmeda y caliente sobre su pezón.

Su cabeza cayó de nuevo con un ruidoso gemido mientras Lena lamió su camino a la derecha y se
burló de su otro pezón.

Cuando movió su pequeña y malvada lengua sobre el plano pezón, su polla pasó de media asta a
acero en segundos.

Kara lamió sus labios mientras se desplazaba para hacer un poco de espacio en sus pantalones de
repente ajustados.

Las manos de Lena se deslizaron hacia sus muslos a medida que besaba y lamia su camino hacia su
cuello.

Cuando la pelinegra tiró del lóbulo de su oreja entre sus dientes, la rubia no pudo evitar gemir.

—¿Me extrañaste? —preguntó Lena mientras chupaba su oreja—. ¿Aunque sea un poco?

Cristo, la rubia no podía pensar, menos digamos responderle.

—Hmmm, ¿por qué no vemos qué más podemos hacer para ponerte... más cómoda, de acuerdo?
—preguntó Lena, sonriendo contra su cuello.

La rubia levantó la cabeza cuando la sintió alejarse de ella.

Jadeando, la observó sentarse en cuclillas mientras pasaba sus manos sobre sus muslos internos.

Cada vez que pasaba sus manos a centímetros de donde la necesitaba, Kara gemía en frustración.

—¡Joder! —jadeó cuando Lena se inclinó hacia delante y le dio un beso contra el bulto en sus
pantalones.

—Dime que me extrañaste —dijo Lena tranquilamente cuando se inclinó ligeramente hacia atrás y
pasó la mano sobre el bulto, aferrándolo ligeramente antes de alcanzar su cinturón.

Obstinadamente negó con la cabeza.


Por mucho que su cuerpo gritara por su toque, Kara no podía hacerlo.

Lena merecía estar con alguien que amara y que la hiciera feliz y, tanto como le dolía admitirlo, no
era ella.

—Detente.
Capítulo 28

Capítulo 28

—¡Detente! —le rogó Kara.

Lena terminó de aflojar su cinturón de un tirón, desabrochó su pantalón y bajo su cremallera antes
de que la rubia pudiera repetirlo.

Se echó hacia atrás, dejando sus pantalones abiertos y revelando la gran protuberancia escondida
sólo por sus boxers de color gris.

—Está bien —dijo con dulzura.

Kara respiró hondo y se relajó visiblemente.

La pelinegra sabía que la estaba presionando, pero no tenía ninguna opción.

Kara estaba siendo tan malditamente terca y no la escuchaba.

Mentalmente le chasqueó la lengua mientras se levantaba.

Si sólo se hubiera quedado alrededor unas dos semanas atrás, sabría exactamente lo mucho que la
quería y cuánto lamentaba haberle hecho daño.

No había ninguna duda en su mente que la había lastimado y se odiaba mucho por eso.

Meses atrás, cuando le dio la bienvenida a Kara en su vida había sido tan estúpida por pensar que
categorizar a las personas en pequeños grupos seguros la protegería.

Lo único que logró hacer fue herir a ambas y empujar a Kara lejos.

Cuando se dijo que jamás podría haber algo más con Kara había sido tan tonta y había estado tan
asustada de permitirse verdaderamente amarlo y esperar un futuro que se dijo a si misma que era
imposible.

Había sido tan condenadamente egoísta y lastimó a la persona que amaba.

Ahora Kara estaba sufriendo, y haciendo todo lo posible por cuidarla y protegerla.

Por mucho que calentara su corazón el saber que la rubia haría cualquier cosa por hacerla feliz,
incluso sufrir, en realidad estaba muy enojada.

Su obstinación simplemente estaba retrasando lo inevitable.

Utilizaría la furia de sus puños para meter algún sentido en la rubia, pero no quería hacerle daño.

Así que quedaba sólo una opción...

Reprimiendo una sonrisa, se levantó y se apoyó en la mesa de la cocina.

Nunca había hecho algo tan audaz en su vida, pero esto era por Kara.
No dolía que estuviera esposada y no pudiera detenerla.

—¿Estás segura de querer que me detenga? —preguntó tímidamente.

—Sí —susurró la rubia, todavía jadeando.

—Hmmm, entonces quizás ¿deberíamos simplemente hablar? —sugirió la pelinegra mientras salía
de sus tacones.

Los ojos de Kara se entrecerraron ante la acción mientras distraídamente asentía.

—Creo que deberíamos olvidarnos de ser amigas, Lena, e ir por caminos separados —dijo
levantando la mirada, pero sin encontrarse con sus ojos—. Una vez que mi casa esté vendida voy a
irme para siempre.

—Eso realmente no va a funcionar para mí —dijo Lena, levantando el brazo y lentamente


desabotonando su blusa de seda.

—¡Eso es jodidamente malo, Lena! He avanzado. Necesitas seguir adelante —espetó la rubia,
claramente tratando de no observar cuando la pelinegra reveló un sujetador de encaje negro.

—¿Has seguido adelante? —preguntó casualmente, quitándose suavemente su camisa.

—Sí —dijo sin ninguna vacilación.

—Ya veo —dijo Lena, reprimiendo una sonrisa cuando sus ojos prácticamente la devoraron.

Extendió la mano de nuevo y soltó los cierres de su falda, y vio como Kara siguió la falda cuando
esta chocó contra el suelo, vacilando ante las bragas negras a juego.

Lena salió de la falda y la pateó a un lado antes de reclinarse de nuevo sobre la mesa.

—Entonces —dijo, trazando la parte superior de su sujetador con la punta de su dedo—, ¿ya me
olvidaste?

—Sí.

—Supongo que esto significa que quieres que me vista y me vaya —dijo, sin tener ninguna
intención de irse hasta que fuera suyo.

Kara dudó, haciéndola sonreír.

—Sí.

—Eso es una maldita lástima —dijo Lena, llegando hasta entre sus pechos y deshaciendo el cierre
frontal.

Sostuvo las copas juntas mientras la estudiaba.

La rubia parecía no poder dejar de removerse en su silla o quitarle los ojos de encima.

—¿Qué? —preguntó Kara distraídamente.

—Bueno, ¿qué pasa si no quiero que se acabe? —preguntó ella, lentamente despegando cada copa,
revelando sus duros y apretados pezones.
Kara maldijo suavemente cuando dejó caer el sujetador al suelo.

—¿No te importa... —empezó a preguntar mientras separaba sus piernas para darle una mejor
visión de lo que esperaba por él—, si alguien más me toca?

Mientras observaba un músculo en su mandíbula apretarse y crisparse, distraídamente pasó las


puntas de los dedos de una mano sobre su pecho y estómago.

—No, no me importa —increpó la rubia con frialdad.

—¿En serio? —preguntó, girándose para poder inclinarse sobre la mesa y coger el recipiente de
Tupperware (una marca famosa de recipientes herméticos de plástico) que había traído consigo.

Miró sobre su hombro y refrenó una sonrisa cuando atrapó a Kara lamiendo sus labios con avidez
mientras sus ojos se deslizaban por su trasero.

—Supongo que entonces debo contarte que Mark, el nuevo profesor de Biología, me invitó a salir
mañana por la noche. A cenar en su casa —dijo despreocupadamente, haciendo estallar la parte
superior del recipiente mientras observaba su reacción.

Sus ojos volaron a los suyos y Lena no pudo evitar notar que todos los músculos de su cuello y
pecho se tensaron.

—No es de mi incumbencia —gruñó.

Cogió el cuenco, dio vuelta y se arrodilló delante de la rubia.

—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó, moviéndose nerviosamente.

Lena mordisqueó su labio inferior entre los dientes mientras ponía el recipiente en el piso.

Alargó la mano y haló sus boxers, liberando su erección que lucía algo rabiosa.

Resistió el impulso de pasar sus dedos sobre ella.

—Así, eso parece más cómodo —murmuró ella mientras cogía el recipiente de nuevo.

—Oh Dios... ¿es eso glaseado de crema de mantequilla? —le preguntó Kara en voz estrangulada.

—Mmmhmm —dijo, sumergiendo un dedo en la crema de mantequilla y haciendo un espectáculo


al lamerlo—. Mmmhmm. — Bañando su dedo en el delicioso glaseado otra vez—. Creo que te lo
debía —dijo, extendiendo la mano y untando glaseado sobre uno de sus pezones.

Kara soltó un suspiro cuando ella se inclinó y lo lamió.

—El trato fue que yo podía lamer un cuenco entero de ti —dijo Kara entre dientes apretados.

—Pero esto es mucho más divertido —dijo Lena, recogiendo más glaseado. Ella le dio una sonrisa
un poco astuta cuando se acercó y untó glaseado sobre la parte inferior de su duro pene—.
Muchísimo más divertido.

Kara gimió largo y sonoro ante el primer golpe de su lengua.

Cristo, era mucho más divertido de lo que se imaginaba.

Por supuesto, sería mucho más divertido lamerlo de sus pechos y de su pequeño y redondo trasero.
Vio como Lena trazada con su lengua su polla, poco a poco lamiendo el glaseado de crema de
mantequilla.

Debía detener esto.

No era justo dejarle creer que se quedaría, pero cuando Lena tomó la gruesa cabeza en su boca y
chupó duro, él no pudo hacer otra cosa más que gemir y jadear.

La pelinegra se tomó su tiempo lamiendo hasta limpiarlo, claramente disfrutando.

Finalmente, cuando había chupado todo el glaseado, soltó su polla con un fuerte pop.

Con un apretón suave movió su mano por su longitud.

—¿Te parecería bien que hiciera esto con alguien más? —preguntó.

Su respiración salió rápidamente cuando imaginó a su pequeño saltamontes haciendo esto a alguien
más.

No podía lidiar con eso.

Sabía que mataría a cualquiera que siquiera la tocara mucho menos esto.

A la mierda.

Lena era suya.

No le importaba si no la amaba de la manera en que ella lo hacía.

No importaba.

Kara haría más para compensárselo.

La mimaría y la mantendría en éxtasis orgásmico para que no se diera cuenta de que se estaba
asentando.

—Nadie más te tocara, Lena. NADIE.

—¿Qué hay de ti? —preguntó tímidamente, poniéndose de pie.

—Sólo yo —prometió mientras la pelinegra se contoneaba fuera de sus bragas.

Agarró algo de la mesa de la cocina y caminó a su alrededor.

Oyó el chasquido de las esposas cuando le librero cada mano y pie.

Cuando terminó arrojó la llave sobre la mesa y abandonó la sala dirigiéndose a su habitación.

Kara no perdió tiempo en sacarse sus pantalones y el resto de su ropa en trayecto del camino.

Entró en su habitación y casi suspiró satisfecha cuando vio a su pequeño saltamontes esperándola
en su cama.

Se acercó y trepó a la cama.

Sin una palabra la rubia tomo su pierna izquierda y presionó un suave beso en su pantorrilla antes
de colocarla de vuelta a un lado.
Hizo lo mismo con la otra pierna, exponiendo el cielo en la tierra.

Se inclinó y le dio un beso en los húmedos e inflamados labios, ganando un atractivo gemido.

—Sólo para que quede claro —dijo, corriendo la punta de la lengua entre su hendidura—, te vas a
casar conmigo.

—Sólo para que quede claro, decidí eso hace dos semanas —dijo Lena, ganándose una sonrisa
afligida de la rubia—. Estoy enamorada de ti, Kara —dijo suavemente, pasando sus dedos por su
cabello.

La rubia levantó sus ojos para mirarla.

—No estás enamorada de mí —de alguna manera se las arregló para decir.

Sabía que Lena no la amaba de la forma en que ella la amaba, pero se sentía como un puñetazo el
tener que decirlo en voz alta.

—¡Ay! —farfulló Kara—. ¿Por qué diablos fue eso? —demandó.

Lena suspiró pesadamente mientras liberaba el mechón de cabello que acababa de jalar y frotó
suavemente el punto de dolor que había creado.

—¿Cómo diablos puedes decir que no te quiero?

—¡Fácil! —espetó la rubia, alejándose de ella y sentándose sobre sus piernas.

Lena rápidamente se puso de rodillas y la miró a los ojos.

Bueno, lo mejor que podía, ya que se había quitado sus gafas.

La pinchó en el pecho con fuerza.

—¡Escúchame, amiga! Estoy perdidamente enamorada de ti y si piensas que vas molestarte otra
vez y escaparte de casarse conmigo, entonces ¡estás loca!

Se movió más cerca.

—¿Estoy enfadándome otra vez? —rugió la rubia prácticamente—. ¡No soy quien comenzó toda
esta mierda! —Agarró la parte posterior de su cuello y la sostuvo mientras se inclinaba más cerca
—. Pero puedo prometer que voy a ser la que lo arregle.

—¿Qué demonios significa eso? —preguntó ella, imitando su control sobre ella.

Atrayéndola más cerca.

—Eso significa, mi pequeño saltamontes —dijo, liberando su cuello bruscamente para poder llegar
más abajo y agarrar la parte posterior de sus muslos.

Con un rápido movimiento de sus muñecas la envió a caer sobre la cama.

Antes de que Lena pudiera lanzarse lejos, la rubia se estaba arrodillada entre sus piernas con su
erección aún dura y dolorosa a mano y pasándola por entre sus sensuales y mojados labios como
sabía que le gustaba.

La pelinegra se retorció contra ella casi con desesperación.


—No voy a darte una oportunidad para cambiar de decisión. ¡Nos casaremos este fin de semana y
se acabó! —gruñó, lamiendo sus labios cuando Lena frotó su húmedo coño mojado sobre su pene.

Su sonrisa en respuesta le robó el aliento.

Se veía tan hermosa.

Sabía que había jodido su propuesta, pero eso realmente no la desconcertaba ya que tenía una
tendencia a arruinar este tipo de cosas.

Además, no iba a pedirle que se casara con él. Habría sido jodidamente estúpido ya que le habría
dado una oportunidad de decir no.

Lena se iba a casar con ella pasara lo que pasara.

Era realmente la única manera de mantenerla segura, decidió mientras rodaba sus caderas y llevaba
la punta de su polla dentro de ella.

—¿Vas a hacerme el amor, o tengo que usar mis puños de furia? — preguntó ella, gimiendo.

Kara se inclinó y cubrió su cuerpo con el suyo.

—Definitivamente voy a hacerte el amor —dijo contra su cuello mientras rodaba sus caderas,
alimentándola con su polla.

Tomó su boca en un beso hambriento, enredando su lengua con la suya mientras empujaba
suavemente en la pelinegra, centímetro a centímetro.

Lena seguía siendo tan malditamente apretada, y se sentía tan jodidamente bien envuelta alrededor
de ella.

—Yo... yo... ¡oh Dios! —gimió Lena ruidosamente.

—¿Qué quieres, bebé? —preguntó Kara, sacando su pene casi completamente antes de deslizarse
dentro lentamente.

Kara gimió cuando la sensación de mil lenguas húmedas calientes lamió su polla.

—¡Te amo! —gritó cuando se enterró en ella.

La rubia apretó un beso en su hombro mientras continuaba moliéndose a sí misma

contra ella.

—También te amo —dijo, girando su cabeza para mirarla—. Más que a nada.

Lena empuñó su cabello y haló su boca hacia abajo hasta la suya.

La rubia estiró su mano entre ellas y deslizó su pulgar entre su coño y sobre su clítoris hinchado.

Lena gritó en su boca cuando la rubia aceleró su ritmo y frotó el nudo más duro y más rápido.

—Oh, joder —farfulló Kara mientras ella se ceñía con fuerza a su alrededor y la apretaba sin
piedad, dejándola sin aliento y haciéndola empujar en ella sin razón ni delicadeza.

Apenas era consciente de las uñas en su trasero o los pequeños y romos dientes que mordían su
hombro mientras la pelinegra gritaba su liberación.

Su clímax se produjo tan condenadamente duro y rápido que Kara no pudo contener su rugido de
éxtasis cuando Lena la exprimió hasta secarla.

Se desplomó contra la pelinegra, teniendo cuidado de mantener la mayor parte de su peso alejado.
Le dio un beso en su húmedo hombro.

—Para que sepas —dijo ella, jadeando tan fuerte como Kara—, la próxima vez que intentes
dejarme, voy a patear tu trasero.

Kara tuvo que enterrar su cara contra su hombro para evitar reír a carcajadas. Ella era tan
jodidamente linda.

—¡Deja de reírte de mí! Soy peligrosa ¡Maldición!

Kara presionó un suave beso en sus labios.

—No, tú eres mi dulce y pequeño saltamontes.


Epílogo

Epílogo

Diez años después...

—¡Pero, mamá, vamos a morir de hambre! —se quejó Cole, de nuevo, mientras se hundía en el
suelo, haciendo su mejor esfuerzo en lucir como si estuviera muriendo.

Por supuesto que Elizabeth o Liz de ocho años y Joshua de cinco años copiaron a su hermano
mayor, cayendo al suelo justo al lado de los pies de

Kara y esforzándose en hacer un mayor puchero que el otro.

Kara rió entre dientes mientras agregaba más hamburguesas y pollo a la gran parrilla de acero
inoxidable que había comprado e instalado ayer.

—¿No nos amas, mami? —preguntó Liz, agregando solo la correcta cantidad de labio tembloroso
mientras que Joshua lo exageraba.

Kara suspiró, lanzando más salchichas a la parrilla.

Iba a tener que trabajar en lucir patético con su hijo menor de nuevo, al parecer.

Un puchero de principiante como ese podría significar la diferencia entre Lena sintiéndose mal por
todos ellos y cocinar algo delicioso para callarlos o ella rodando los ojos e ignorándolos.

—Tengo tanta hambre, mami —dijo Joshua, usando la voz de bebé que sabía que sus padres
adoraban.

Kara bajó la mirada a sus hijos e hizo lo posible para no reír con sus exagerados pucheros.

Eran tan malditamente tiernos, pero eso era esperado ya que eran sus hijos.

Los tres obtuvieron su altura, cabello rubio y apetito, pero todos tenían los hermosos ojos
esmeralda de su madre, lindas narices pequeñas y la habilidad de iluminar una habitación con sus
sonrisas.

Frunciendo los labios con indecisión, buscó alrededor de su gran patio trasero a su pequeño
saltamontes.

Cuando no la encontró entre sus invitados dio un paso atrás e inclinó su cuello para ver a través de
las puertas deslizantes dobles de vidrio.

Vio a sus padres, unos pocos primos y tíos, pero ninguna pequeña saltamontes.

Cuando miró de vuelta a sus niños no estaba demasiado sorprendida en encontrarlos ya en sus pies,
luciendo listos para atacar.

Conocían la práctica después de todo.

—Tomen este plato —dijo ella, tomando un plato de la gran mesa de picnic que había establecido
como su estación de trabajo—, y vayan a esconderse. Asegúrense de compartir, porque si escucho
cualquier queja no haré esto de nuevo. —Lanzó otra mirada precavida sobre su hombro antes de
cargar el plato con tres grandes piernas de pollo a la barbacoa. —Luego de que hayan terminado
asegúrense de deshacerse de la evidencia y, Cole —dijo, mirando sobre su hombro a su hijo mayor
quien estaba lamiendo sus labios con hambre—, asegúrate de que tu hermano y hermana recuerden
limpiarse esta vez.

La última vez que sacaron comida a escondidas de una fiesta, Cole inocentemente se negó a comer
la torta de doble chocolate de cumpleaños.

Lena probablemente hubiera creído la historia si Liz y Joshua no hubieran estado cubiertos de pies
a cabeza en glaseado de chocolate.

Pero entonces no habría sido atrapada si los chicos no la hubieran delatado.

Le pasó el gran plato a Cole.

—Elijan un mejor punto esta vez —le advirtió Kara a su hijo.

Cole asintió.

—Podemos comer un poco de...

—¡Kara Danvers! —dijo su madre, atrayendo su atención hacia la casa.

Todos tragaron notablemente cuando vieron a Lena de pie junto a su madre con sus brazos
cruzados sobre su pecho y sus pequeñas y lindas cejas arqueadas.

—Por favor dime que no estás ya sacando comida a escondidas —dijo su pequeña saltamontes con
un cansado suspiro.

—No, por supuesto que no... ¡corran niños! ¡Corran! —gritó Kara aun cuando Cole salió corriendo
hacia el bosque con su hermano y hermana pisando sus talones.

Su madre dejó salir un largo suspiro de sufrimiento mientras caminaba hacia la mesa y recogía la
pequeña caja de toallitas de bebé y tres cajas de jugo de una de las grandes hieleras y se dirigía
hacia el bosque.

Kara le dio a Lena la sonrisa que todavía la hacía salvarse de facturas de estacionamiento y obtener
muestras gratis ilimitadas en la tienda de víveres.

Lena simplemente lo miró fijamente, empujando sus lentes hacia arriba de su nariz con un dedo.

—¿Te amo? —dijo Kara, intentando no reír mientras Lena trataba de verse severa y fallaba
miserablemente.

—Son mis pastelitos, ¡bastardos glotones! —Escucharon a su padre gritar desde la cocina.

Los labios de Lena temblaron mientras decía:

— Entre tú, los niños, y tu padre, no creo que vaya a haber suficiente comida para todos.

—Pero se estaban muriendo de hambre, mi pequeña saltamontes. Las pobres cosas apenas se
podían mover por el hambre —dijo la rubia, intentando verse y sonar inocente mientras se
acercaba a la parrilla para que no pudiera ver el plato de huesos de pollo que olvidó esconder.
—Esas pobres cosas le quitaron a Mike dos platos de barras de mantequilla de maní que Sam hizo,
hace veinte minutos —le informó Lena riendo.

—¿Ellos qué? —gritó Kara, provocando que todos alrededor de ellos saltaran.

La rubia los ignoró mientras volvía la mirada fulminante en la dirección en la que se dirigían sus
hijos.

El sentimiento de traición lo golpeó con fuerza.

No sólo habían timado al blando de corazón Mike quitándole los deliciosos horneados celestiales
que eran para ella, sino que fallaron en darle su habitual porción de la acción, cincuenta por ciento.

—Síp —dijo Lena, caminando a su lado para tomar una bebida fría de la hielera. Rodó sus ojos
cuando vio los huesos de pollo y apoyó su lindo pequeño trasero en el borde de la mesa de picnic
—. Tan pronto entró y bajó al bebé lo golpearon con “Te amo, Tío Mike” y abrazos y lo perdimos.

La mirada de Kara se movió hacia su mejor amigo que yacía en una silla con su esposa, Sam, la
mejor amiga de Lena, en su regazo mientras su bebé jugaba en la caja de arena cerca mientras sus
dos hijos mayores corrían alrededor con los otros niños jugando a la pinta (Juego en el que se tocan
para pasar de perseguidor ha perseguido).

Hace diez años Mike simplemente se habría burlado y molestado a los niños con los horneados
celestiales hasta que alguien lo golpeara en la cabeza y lo hiciera compartir, pero todo eso cambió
cuando Lena le pidió al bastardo un favor.

En ese entonces Sam era una luchadora madre soltera de un recién nacido y apenas estaba
sobreviviendo con menos de una hora de sueño por noche.

Como favor a Lena, después de mucha manipulación de parte de Lena, Mike a regañadientes se
ofreció para llevar algo de comida, comida para la bebe y pañales al pequeño departamento de
Sam.

Sam había abierto la puerta con el cabello desordenado, vómito seco en su ropa, luciendo exhausta
y sosteniendo un bebé chillando y Mike cayó con fuerza.

Casi de la noche a la mañana el viejo Mike se había ido y el nuevo hombre de corazón blando
orientado a la familia apareció.

Comenzó a pasar todo su tiempo libre ayudando a Sam, asegurándose de que obtuviera suficiente
descanso, y cuidando de la pequeña Ruby para sorpresa de todos.

Todos sabían que Sam se había enamorado con la misma fuerza que él, pero se contenía,
demasiado asustada de terminar herida de nuevo.

Tomó algo de tiempo, pero Mike eventualmente la ablandó y en casi un año estaban casados y
esperando a su segundo hijo.

—¿Nadie intentó detenerlos? —demandó Kara, volviendo su atención a su pequeña saltamontes,


quien estaba ayudando al hijo de Winn, Aaron a llenar un plato de comida.

Lena rió suavemente mientras enviaba al niño a su lugar.

—Todos estaban demasiado ocupados riendo.


—¡Esas eran mis barras de mantequilla de maní, mujer!

—Pero —dijo Lena con un inocente puchero—, las pobres cosas estaban muriendo de hambre.

—Te estás burlando de mí, ¿no? —preguntó la rubia, sus labios temblando mientras Lena
caminaba a sus brazos.

Kara puso un brazo alrededor de sus hombros y plantó un beso en la parte superior de su cabeza.

—Sí, sí, lo estoy —dijo Lena, sonando orgullosa mientras se acurrucaba más cerca.

La rubia la sostuvo por unos pocos minutos, simplemente disfrutando el tener a su pequeña
saltamontes en sus brazos antes de hacer la pregunta que odiaba hacer.

—¿Vinieron?

—No —murmuró contra su pecho.

Kara se inclinó hacia atrás y acunó su rostro en sus manos.

—Lo siento mucho, mi pequeña saltamontes —dijo suavemente, presionando un beso en su frente.

No había esperado realmente que aparecieran para celebrar su aniversario de diez años, pero lo
había esperado por el bien de Lena.

Sin importar cuántos años pasaban él todavía no podía quitarse la culpa que sentía cada vez que su
familia la decepcionaba.

Luego de que anunciaron su escapada, su familia se había puesto un poco histérica.

Habían gritado, despotricado, y rogado a Lena no desperdiciar su vida con una perdedora como
ella.

A ellos no les importó que Kara estuviera en la misma habitación en ese momento.

Finalmente, la abuela había puesto un final a la basura y comenzó a balancear ese bastón suyo.

Diez minutos después mientras el Sr. Luthor estaba frotando una adolorida rodilla escribió un
cheque a nombre de Kara por cien mil dólares y todo lo que tenía que hacer era alejarse de Lena.

Rechazar ese dinero había sido la decisión más fácil que había hecho alguna vez.

La rubia solo deseó que Lena y los niños no fueran los que sufrieran como resultado.

Ellos cortaron completamente a Lena y se negaron a tener nada que ver con los niños.

Kara sabía que hería a Lena, pero ella nunca dejaba que se mostrara.

Gracias a Dios la rubia tenía suficiente familia para más que compensar la pérdida.

—Está bien —dijo Lena, forzando una sonrisa.

—¡El infierno si lo está!

Ambas bajaron la mirada y sonrieron mientras la abuela los fulminaba con la mirada desde su
nueva silla de ruedas eléctrica.
Con un movimiento de su mano hizo gestos hacia Kara para cargarla.

Con una sonrisa la rubia hizo justo eso.

Que la abuela se haya mudado con ellas hace cinco años cuando Chris se retiró y terminaron de
construir esta casa había probablemente compensado la negligencia de su familia.

Lena y los niños amaban tenerla con ellos y la abuela amaba tener su propio departamento legal y
la libertad de acosarlos en cualquier momento que sintiera la necesidad surgiendo.

—No sé por qué continúas invitándolos, Lena —dijo la abuela, haciendo gestos para que Kara
agregara otra salchicha—. No te merecen.

Lena se encogió de hombros.

—No se sentiría bien si no lo hiciera.

La abuela le dio a Lena una sonrisa triste.

—Lo sé, niña.

—Aquí tienes, abuela —dijo Kara, poniendo el plato en una de las mesas que los chicos habían
puesto esa mañana.

Ella estiró su mano y le dio a la mano de Lena un apretón antes de manejar hacia la hielera y tomar
una cerveza fría.

Con un largo suspiro de sufrimiento, Kara le quitó la cerveza, ignoró su mirada asesina, y le pasó
una cerveza de raíz fría en su lugar.

Lena no pudo evitar sonreír mientras las dos se metían en una disputa por el derecho de la abuela a
tener una cerveza en una parrillada.

Kara le recordó que su doctor dijo nada de alcohol y la abuela le recordó a Kara que la pondría
sobre sus rodillas si no le daba la maldita cerveza.

Al final la abuela refunfuñó mientras iba a comer su comida con una coca fría.

Le lanzó a Kara una sonrisa cariñosa cuando la rubia no estaba mirando.

Cinco minutos después los niños estaban felizmente saliendo del bosque con una exhausta Eliza en
la retaguardia.

—¡Abuela! —dijeron con emoción como si no vieran a su tatarabuela cada día.

La abuela no se molestó en esconder su sonrisa complacida mientras los tres niños se sentaban con
ella y compartían su última aventura con ella.

Eliza tomó una cerveza y se dirigió a la piscina, murmurando algo acerca de necesitar unas
vacaciones.

Lena se apoyó contra Kara mientras él les daba vuelta a las hamburguesas.

—¿Estás bien, mi pequeña saltamontes?

La pelinegra envolvió sus brazos alrededor de su cintura y se acurrucó en su lado.


—Más que bien.

—Te amo, mi pequeña saltamontes —dijo la rubia, inclinándose hacia abajo para rozar sus labios
contra los de ella.

—Lo sé —dijo ella, sonriendo contra sus labios.

Kara se alejó para sonreírle.

—¿Lo sabes?

—Mmhmm —dijo la pelinegra, ausentemente mientras pasaba sus dedos a través de su cabello,
alisándolo hacia atrás.

—¿Mmhmm? —repitió Kara en respuesta, sonando entretenida—. Tú me amas y lo sabes muy


bien.

—Tal vez —dijo ella con un encogimiento de hombros.

—Tal vez deberías sólo admitir que estás loca por mí —dijo Kara, inclinándose para besarla de
nuevo.

—¿Y por qué querrías que hiciera eso? —preguntó Lena, todavía sonriendo.

—Porque este no es sólo un juego, mi pequeña saltamontes.

FIN

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