SI SIENTES QUE ARDE TU ALMA
CUIDA EL AGUA
En un pequeño pueblo rodeado de montañas y ríos cristalinos, vivía un niño llamado
Lucas. Lucas amaba el agua más que nada en el mundo. Pasaba horas jugando
en el aroyo observando cómo las pequeñas piedras brillaban bajo la
superficie y cómo los peces nadaban felices en su hogar.
Un día, mientras exploraba una cueva cerca del río, Lucas encontró
una antigua fuente de agua. El agua corria con fuerza, y el sonido era
melodioso. Lucas decidió llevar a sus amigos al día siguiente para
mostrarles su descubrimiento. Sin embargo, al regresar, encontró la
fuente casi seca. Lucas se dio cuenta de que habían
estado usando el agua de manera irresponsable: dejaban la manguera
abierta mientras lavaban sus bicicletas y no cerraban el grifo al
cepillarse los dientes ni al lavarse las manos.
Lucas decidió que era hora de actuar. Reunió a sus amigos y les habló
sobre la importancia del agua, explicando cómo cada gota contaba.
Les contó cómo el agua era esencial no solo para jugar, sino también para
las plantas, los animales y, sobre todo, para la vida misma.
Sus amigos al entender la explicacion de Lucas, juntos
decidieron hacer un plan para cuidar el agua de su pueblo.
Primero, crearon carteles coloridos que colocaron por todo el pueblo,
recordando a todos que debían cerrar los grifos y no desperdiciar el
agua. Luego, organizaron una gran limpieza del arroyo, recogiendo basura
y asegurándose de que el agua fluyera libremente. También plantaron
árboles alrededor de la fuente, sabiendo que ayudarían a conservar
el agua y a mantener el ecosistema saludable.
Con el tiempo, los esfuerzos de Lucas y sus amigos comenzaron a dar frutos.
La fuente volvió a brotar con fuerza, y el arroyo se llenó de vida. Los habitantes
del pueblo, inspirados por la dedicación de los niños, comenzaron a adoptar
hábitos más sostenibles. Aprendieron a recolectar agua de lluvia y a usarla
para regar sus jardines.
Un día, mientras Lucas estaba cerca de la fuente, se dio cuenta de que había un
pequeño grupo de animales que se acercaban para beber. Sonrió, sabiendo que
su esfuerzo no solo había beneficiado a su comunidad, sino también a la
naturaleza que tanto amaba.
Desde entonces, el pueblo se convirtió en un ejemplo de cómo
cuidar el agua. Lucas y sus amigos continuaron promoviendo el respeto
por este recurso vital, recordando a todos que cada acción cuenta
y que, juntos, podían hacer una gran diferencia. Y así, el amor y el
cuidado por el agua se convirtieron en una parte fundamental de
la vida en el pueblo, asegurando que las futuras generaciones
también pudieran disfrutar de su belleza y vitalidad.