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Barioná: La lucha contra Roma

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“Barioná, el hijo del trueno” de Jean Paul Sartre.

PRIMER CUADRO.
PUBLICANO: ¡Señor administrador, bienvenido, bienvenido! Siéntese por favor.
¡Cuidado, señor, cuidado!
LELIUS: ¡¿Qué era?! *Gritando*
PUBLICANO: Una tarántula. Pero en esta época del año el frío las atonta.
LELIUS: Que salvajes tierra tienen arañas y escorpiones que podrían matar a un
hombre. Vaya que es difícil andar por aquí… y más con este maldito frío.
PUBLICANO: ¿Puedo ofrecerle un poco de aguardiente para que entre en calor?
LELIUS: Hum… No debemos aceptar nada de ustedes cuando estamos en
servicio pero supongo que nadie lo sabrá… *Toma* Excelente aguardiente.
PUBLICANO: Gracias, señor.
LELIUS: Bueno, a lo que vine, el censo...¡Uf…Es una idea grandiosa, pero hacerlo
en tu tierra es imposible, tu gente no sabe ni la fecha de su nacimiento… Tu
pueblo no es más que un pueblo de magos. Están acostumbrados a la solución
perezosa: como el Mesías ¡El que vendrá a arreglar todo y correrá a los romanos!
PUBLICANO: No hay nada que hacer.
LELIUS: Pues te diré, Roma aceptaria un Mesías escogido por nosotros, que
hiciera lo que le digamos. Por cierto ¿has convocado al jefe del pueblo?
PUBLICANO: No debe de tardar.
LELIUS: ¿Cuántos son en el pueblo?
PUBLICANO: Ochocientos. Pero tenemos más ancianos y nacen pocos niños.
LELIUS: ¿Cuántos impuestos recaudas?
PUBLICANO: Hay indigentes que no dan nada y los demás pagan sus diez
monedas. Es una miseria.
LELIUS: El procurador elevó el impuesto a quince monedas.
PUBLICANO: Quince monedas… Es… Es imposible.
LELIUS: Vamos, seguro que tienen más dinero de lo que dicen.
PUBLICANO: No digo que no…Pero ¡Quince! Me van a sacar los ojos.
LELIUS: He convocado al jefe de la aldea para comunicarle la decisión del
procurador. Será él quien dé la noticia. Tú te limitaras a recaudar los impuestos.
PUBLICANO: En ese caso… ¿Ha dicho 16 monedas no?
LELIUS: Quince.
PUBLICANO: Si, pero el otro es para mis gastos.
LELIUS: Ah… (Ríe) Tu jefe…¿Qué clase de persona es el jefe de la aldea?.. Se
llama Barioná, ¿No es así?
PUBLICANO: Si, Barioná.
LELIUS: Si, su cuñado vivía en Belén, fue acusado de robo…
PUBLICANO: Fue crucificado. La noticia nos llegó hace un mes.
LELIUS: Y, ¿Cómo se ha tomado la cosa el jefe?
PUBLICANO: No ha dicho nada.
LELIUS: Mala señal… ¿Qué clase de persona es el Barioná ése?
PUBLICANO: Duro de trato.
LELIUS: Me lo temía ¿Recibe dinero nuestro?
PUBLICANO: No quiere aceptar nada de Roma.
LELIUS: No nos quiere mucho, me imagino. Casado, ¿No es verdad? Y, ¿niños?
PUBLICANO: Quería, dicen, pero no tiene.
LELIUS: Tiene que tener un punto débil… ¿Las mujeres?... ¿Las
condecoraciones?... ¿No? En fin, ya veremos. *Bariona toca*
LELIUS: Esto va a ser duro. *Entra Barioná*
PUBLICANO: Buenos días, señor.
BARIONÁ: ¡Largo! No quiero estar en la misma habitación que tú. Mis respetos,
señor.____________________________________
LELIUS: Te saludo, gran jefe, y traigo el saludo del procurador. Me ha encargado
que te diga cuánto lamenta lo de tu cuñado.
BARIONÁ: Pensé que estaba de acuerdo con la condena de mi cuñado.
LELIUS: Te equivocas, pero ¿Qué podíamos hacer? Endurece tu corazón jefe y
sigue adelante por el bien de tu pueblo.
BARIONÁ: Por lo de mi cuñado he querido dejar mi cargo de jefe de pueblo, pero
los habitantes de este pueblo, me han rogado que siguiera al frente.
LELIUS: Has comprendido que un jefe debe poner los asuntos públicos por
delante de sus rencores personales.
BARIONÁ: No tengo rencor hacia Roma. Nunca les ha faltado mi ayuda y no
pienso retirarla.
LELIUS: ¿Quieres que te de ahora la oportunidad de probar que tu amistad por
Roma está tan viva como siempre?
BARIONÁ: Te escucho.
LELIUS: Roma está involucrada, en una larga y difícil guerra. Y agradecería una
ayuda a sus gastos de guerra.
BARIONÁ: ¿Quieren subir los impuestos? No podemos pagar más.
LELIUS: No se les pide más que un pequeño esfuerzo de dieciséis monedas.
BARIONÁ: ¡Dieciséis! Mire nuestro pueblo, sus habitantes son viejos ¿Ha
escuchado el grito de un niño desde que está aquí?
LELIUS: Soy muy sensible a lo que me dices y comprendo tus razones; pero,
¿Qué puedo hacer yo?
BARIONÁ: ¿Y si no pagamos el impuesto? ¿Vendrían los soldados a nuestro
pueblo como lo hicieron en Hebrón el año pasado? ¿Abusarian de nuestras
mujeres y se llevarían nuestros animales?
LELIUS: Tu eres quien puede evitarlo.
BARIONÁ: Voy a reunir al Consejo de Ancianos...le daré una pronta respuesta.
LELIUS: El procurador tendrá en cuenta sus dificultades actuales. Ten la
seguridad de que si podemos ayudarles lo haremos. Te saludo, gran jefe…
BARIONÁ: Mis respetos, señor. *Sale*.
LELIUS Cuanta obediencia, me da mala espina; este salvaje de ojos de fuego
medita un golpe bajo. ¡Levi! ¡Levi! (Entra el PUBLICANO) Dame un poco más de
tu aguardiente porque tengo que prepararme para grandes problemas.
TELÓN
SEGUNDO CUADRO.
SEGUNDO ANCIANO: La trompeta ha sonado. Pero ¿Para qué reunir el Consejo
cuando cuando el pueblo está en cenizas?
PRIMER ANCIANO: ¿Qué quieren de nosotros? ¿Para qué reunirnos? Cuando
era joven jamás me eché para atrás… pero hoy no sirvo de nada...
TERCER ANCIANO: ¿Para qué hacernos salir de nuestros agujeros donde nos
enterramos para morir como bestias enfermas?
SEGUNDO ANCIANO: Se dice que un romano ha llegado al pueblo y que se ha
alojado en casa de Leví, el publicano.
TERCER ANCIANO: ¿Qué quiere de nosotros? No tenemos dinero y seríamos
malos esclavos.
PRIMER ANCIANO: Aquí está Barioná, nuestro jefe. Es joven todavía, pero su
corazón está más arrugado que los nuestros._____________________________
BARIONÁ: ¡Compañeros míos! Un romano ha venido al pueblo, Roma está en
guerra y ha subido el impuesto a 16 monedas.
PRIMER ANCIANO: Barioná, no podemos pagar ese impuesto. Nuestros brazos
son débiles y nuestros animales revientan. No obedeceremos a Roma.
SEGUNDO ANCIANO: Entonces los soldados vendrán aquí a tomar tus corderos,
como hicieron en Hebrón el invierno pasado y te arrastrarán por los caminos…
PRIMER ANCIANO: Te has vendido a los romanos.
SEGUNDO ANCIANO: No me he vendido, pero soy menos estupido que tú y se
ver las cosas: cuando el enemigo es más fuerte hay que agachar la cabeza.
PRIMER ANCIANO: ¿Así de bajo hemos caído? Hasta aquí hemos cedido.
Iremos a tomar a ese romano a casa de Leví y le colgaremos.
SEGUNDO ANCIANO: Quieres rebelarte, tú que tienes menos fuerza que un niño.
Tu espada se caería de tu brazo y harías que nos masacraran a todos.
PRIMER ANCIANO: ¿Acaso he dicho que habría la guerra yo mismo? Todavía
hay entre nosotros algunos jóvenes.
SEGUNDO ANCIANO: ¿Quieres que ellos luchen por ti?
TERCER ANCIANO: ¡Silencio! Escuchemos a Barioná.
BARIONÁ: Pagaremos ese impuesto. ¡Pero después de nosotros nadie en este
pueblo lo pagará jamás!
PRIMER ANCIANO: ¿Cómo será eso posible?
BARIONÁ: No habrá nadie para pagarlo. Escuchen: cuando me contaron sobre la
muerte de mi cuñado, subí al monte; vi nuestro pueblo devastado y medite en mi
corazón. Y aunque nunca he salido de este pueblo conozco el mundo, el cruel
mundo…. En este mundo las personas como nosotros no ganan y lo peor que
podemos hacer es mantener la esperanza de que las cosas cambiarán...
SEGUNDO ANCIANO: ¡La mayor locura del mundo es la esperanza!
BARIONÁ: Tenemos que acostumbrar a nuestras almas a no esperar nada.
Abandonemos la esperanza compañeros, la dignidad del hombre está en no
esperar nada. Esta es mi decisión: no nos revelaremos. Pagaremos el impuesto
para que nuestras mujeres no sufran. Pero nuestro pueblo se vengara...no
haremos más niños...
PRIMER ANCIANO: ¿Qué? ¿No más niños?
BARIONÁ: No más niños. No tendremos más relaciones con nuestras mujeres. Y
dentro de unos años los últimos de nosotros estará muerto. No quedará nada de
nosotros en la tierra ni en la memoria de los hombres.
TERCER ANCIANO: ¿Es posible que pasemos el resto de nuestros días sin ver la
sonrisa de un niño, con el oscuro silencio espesándose a nuestro alrededor?
¿Para quién trabajaríamos? ¿Podremos vivir sin niños?
BARIONÁ: ¿Se lamentan? ¿Se atreverían, entonces, a crear vidas jóvenes con su
sangre podrida? ¿Quieren renovar con hombres nuevos la interminable agonía del
mundo? ¿Qué destino desean para nuestros futuros hijos? ¿Qué se queden aquí?
¿O que sean esclavos de los romanos? Obedecerán. Para que así los romanos no
tengan a quien reprimir. Repitan conmigo el juramento que voy a hacer: ante el
Dios de la Venganza y de la Cólera juro no engendrar nunca más. Y si falto a mi
juramento, que mi hijo nazca ciego, que sufra la lepra, que sea despreciado y que
me cause dolor. Repitan, judíos, repitan:
PRIMER ANCIANO: Ante el Dios de la Venganza y de la Cólera…
SARA:¡Paren!______________________________________________________
BARIONÁ: ¿Qué quieres, Sara?
SARA: ¡Paren!
BARIONÁ: ¿Qué pasa? ¡Habla!
SARA: Yo… Venía a anunciarte…, ¡Barioná!, me acabas de maldecir: has
maldecido mi vientre y el fruto de mi vientre.
BARIONÁ: ¿No querrás decir que…?
SARA: Sí. Estoy embarazada, Barioná. Venía a hacértelo saber, estoy
embarazada de ti.
BARIONÁ: ¡Sara!
SARA: Me has fecundado y hemos rezado juntos a Yahvé para que nos diera un
hijo. Y hoy que lo llevo dentro de mí y que nuestra unión ha sido por fin bendecida,
me rechazas y ofreces nuestro hijo a la muerte, Barioná, me has mentido. Ahora
veo que me mentías y que buscabas simplemente tu placer. Todas las alegrías
que mi cuerpo te ha dado, mis caricias, nuestros besos, nuestros abrazos, yo los
maldigo.
BARIONÁ: ¡Sara! No es verdad, no te he mentido. Quería un hijo. Pero hoy he
perdido la esperanza y la fe. Ve al hechicero, te dará unas hierbas para que
abortes.
SARA: Barioná, te lo suplico.
BARIONÁ: Sara, como señor de este pueblo he decidido que mi familia se
extinguirá conmigo. Ve. No hay vuelta atrás; este niño habría sufrido y te habría
maldecido.
SARA: Aunque tuviere la seguridad de que me traicionaría, de que él moriría en la
cruz como los ladrones y aunque me maldijera, incluso así, le traería al mundo.
BARIONÁ: Pero ¿Por qué? ¿Por qué?
SARA: No lo sé. Acepto todos los sufrimientos que va a padecer, aunque se que
yo los sentiré también en mi propia carne. No hay una espina en su camino que
pueda clavarse en su pie sin clavarse también en mi corazón.
BARIONÁ: ¿Y crees que su dolor será menor con tu llanto? Nadie podrá padecer
sus sufrimientos: para sufrir y para morir se está siempre solo. Incluso si
estuvieras al pie de su cruz, él estaría solo sufriendo su agonía. Es por tu alegría y
tú egoísmo por lo que le quieres dar a luz, no por la suya. No le amas lo suficiente.
SARA: Le amo ya, tal y como puede ser. A ti, te elegí entre todos, vine a ti porque
eras el más hermoso y el más fuerte. Pero aquel a quien espero no lo he elegido y,
sin embargo, lo espero. Le amo por adelantado, aunque sea feo, aunque sea
ciego. Aunque tu maldición lo cubra de lepra, amo por adelantado a este niño sin
nombre y sin cara, a mi niño.
BARIONÁ: Si le amas, ten compasión de él. Déjale dormir el sueño tranquilo de
los no nacidos. ¿Quieres darle un país esclavizado? ¿Por casa esta roca helada?
¿Por compañeros estos viejos amargados? ¿Y por familia nuestra familia
deshonrada?
SARA: Quiero darle también el sol y el aire fresco y las sombras violetas de las
montañas y la risa de las niñas. Te lo ruego, deja que nazca un niño, deja que el
mundo tenga, de nuevo, una oportunidad.
BARIONÁ: Es una trampa. Cada vez que se trae a un niño al mundo creemos que
le damos una oportunidad, y no es cierto. Todo está marcado de antemano. La
miseria, la desesperanza, la muerte; le esperan en cada esquina.
SARA: Barioná, estoy ante ti como una esclava ante su señor y te debo
obediencia. Sin embargo, sé que te equivocas y que haces mal. No conozco el
arte de la oratoria y no encontraría ni las palabras ni las razones que pudieran
confundirte. Pero en tu presencia tengo miedo: estás ahí, rebosante de orgullo y
de mala voluntad como un ángel rebelde, como el Ángel de la desesperación, pero
mi corazón no está contigo. *ENTRA LELIUS*.
LELIUS: Señora, señores.
ANCIANOS: El romano…
LELIUS: Permíteme, jefe, que apoye los argumentos de su esposa. La señora ha
comprendido que hay que considerar a la sociedad. Roma, está involucrada en
una guerra larga y en algún momento sus hijos tendrán que ayudarnos. Por eso es
necesario que sigan teniendo hijos...
SARA: Barioná, no es en absoluto lo que quería decir.
BARIONÁ: Lo sé. Sin embargo, este niño que tú quieres hacer que nazca es
como una nueva edición del mundo. A través de él todo el dolor volverá a existir...
¿Comprendes que egoísta sería traer nuevos seres a este mundo podrido? Tener
un niño es como decirle a Dios: “Señor, todo está bien y te doy gracias por haber
creado este mundo que nos tortura”. Mantén tus manos limpias, Sara, para que
puedas decir el día de tu muerte: no dejó a nadie detrás de mí para continuar el
sufrimiento humano. Vamos, ustedes, juren…
LELIUS: Yo impediré eso.
BARIONÁ: ¿Y cómo lo impedirás? ¿Nos meterás en prisión? Sería el medio más
seguro de separar al hombre de la mujer.
LELIUS: Voy a…
BARIONÁ: Ante el Dios de la Venganza y de la Cólera, juro que no engendraré.
ANCIANOS: Ante el Dios de la Venganza y de la Cólera, juro que no engendraré.
BARIONÁ: Y si faltase a mi juramento, que mi hijo nazca ciego.
ANCIANOS: Y si faltase a mi juramento, que mi hijo nazca ciego.
BARIONÁ: Que sea despreciado, y avergonzado, que me cause dolor...
ANCIANOS: Que sea despreciado y avergonzado, que me cause dolor...
BARIONÁ: ¡Ya está! Vayan y sean fieles a nuestro juramento.
SARA: ¿Y si, por el contrario, la voluntad de Dios fuera que tuviéramos niños?
BARIONÁ: Entonces, que envié una señal a su siervo. Pero que se dé prisa
porque mi corazón está cansado y es difícil salir de la desesperanza.
TELÓN
__________________________________________________________________
TERCER CUADRO
EL VIAJERO: ¡Buenas noches, muchachos!
SIMÓN: ¿Quién anda por ahí?
EL VIAJERO: Soy Pedro. Vengo de su pueblo.
SIMÓN: ¡Salud, compadre! La noche es tranquila, ¿no?
EL VIAJERO: Demasiado…hasta es extraño, no es una noche cualquiera.
SIMON: ¿Dices que vienes de Bethaur?
EL VIAJERO: Sí. Pasan cosas raras allí.
SIMÓN: ¡Siéntate y cuéntanos todo!
EL VIAJERO: Se trata de Barioná, nuestro jefe. Se ha dirigido a Dios y le ha
dicho: dame una señal antes del alba. Si no, prohibiré a mis hombres que tengan
relaciones con sus mujeres.
SIMÓN: Loco de remate. Seguro le han puesto los cuernos.
EL VIAJERO: ¡No!
SIMON: ¿Entonces?
EL VIAJERO: Parece que es una cuestión política.
SIMON: ¡Ah! Si es una cuestión política... se trata de una política muy triste. Yo no
hubiera nacido si mi padre hubiera seguido esa política.
EL VIAJERO: Eso es lo que quiere Barioná: impedir que nazcan niños.
SIMON: ¡Mmm! Bueno, si yo no hubiera nacido, lo sentiría en el alma. No todos
los días son buenos, pero: hay momentos que no son del todo malos. Mmm..
Barioná prohíbe a sus hombres que se acuesten con sus mujeres.
CAIFAS: Y, ¿con quién se van a acostar?
EL VIAJERO: Con nadie. Y eso también nos afecta. Pero bueno, me voy, que
Dios los guarde.
CAIFÁS: ¿No te bebes antes un traguito?
EL VIAJERO: ¡No! No sé lo que pasa esta noche en la montaña, pero quiero
darme prisa para llegar a casa ¡Buenas noches!
SIMON, CAIFAS Y PABLO: ¡Buenas noches!
CAIFÁS: ¿Vieron que traía cara de espanto?
SIMÓN: ¡Esta loco!
CAIFAS: Es posible que realmente haya visto algo.
SIMON: Sea lo que sea aquello que ha visto, espero que no llegue hasta aquí.
CAIFÁS: Los corderos estan inquietos esta noche.
PABLO: Y los perros están nerviosos. *Un silencio*.
CAIFÁS: No acabo de entenderlo: Barioná prohibiendo a los hombres que tengan
relaciones con sus mujeres. Ha debido cambiar mucho, era un famoso
conquistador. Y más de una de las mujeres de Bethaur debe de acordarse.
PABLO: Mal asunto para su mujer.
CAIFAS: Ya me gustaría que estuviera en mi cama mejor que en la del Trueno.
Ahora que lo pienso siempre me he preguntado por qué le dicen trueno.
SIMÓN: ¿Hablas enserio? Ni que no conoces su carácter, violento e inesperado
¡Oigan! Es verdad que hay en nuestro alrededor un olor que no es el nuestro.
CAIFÁS: Si es una noche extraña. Miren qué cerca están las estrellas, y, sin
embargo, la noche está oscura como boca de lobo.
PABLO: Hay noches como ésta. Parece que va a ocurrir algo, y finalmente nada...
SIMÓN: Huele raro, es este perfume, que me hace cosquillas en las narices. Es
más fuerte por momentos. Entonces, ¿creen que pasará algo esta noche?
CAIFÁS: ¡Chish...! ¡Cállate!
SIMON: ¿Qué pasa?
CAIFAS: Diría que no estamos solos. Siento como una presencia.
SIMON: Es una presencia que me da miedo pero me causa ternura tambien.
EL ÁNGEL: ¿Puedo calentarme un poco?
PABLO: ¡Ahhhhhhhh! ¿Quién eres?
EL ÁNGEL: Vengo de Hebrón, tengo frío.
CAIFAS: Caliéntate si quieres ¿Has percibido el olor?
EL ÁNGEL: ¿Qué olor?
CAIFÁS: Estás pálido como la muerte.
EL ANGEL: Estoy buscando a Simón, Pablo y Caifás. Son ustedes
PABLO: Sí.
CAIFAS: ¿De qué nos conoces?
PABLO: ¿Quieres algo de nosotros?
EL ÁNGEL: Tengo un mensaje.
SIMÓN: ¿Un mensaje?
EL ANGEL: Sí. Perdónenme. El camino es largo y ya no sé lo que iba a decirles.
Tengo frío. Siempre tengo frío.
SIMÓN: Es un pobre chiflado.
CAIFÁS: ¡Cállate! Y tú, danos tu mensaje.
EL ÁNGEL: ¿El mensaje? ¡Ah, sí, el mensaje! Es éste: despierten compañeros y
pónganse en marcha. Irán Bethaur y gritaran la buena nueva.
CAIFÁS: ¿Y cuál es?
EL ANGEL: Escuchen: es en Belén, en un establo hay una mujer acostada sobre
la paja...Los cielos se han vaciado, su calor se ha vaciado sobre la tierra y ha
dejado a los angeles con frio...¡Ah! ¡Qué frío tienen!
SIMON: Eso no tiene aspecto alguno de buena noticia.
CAIFÁS: ¡Cállate!
EL ÁNGEL: Su espíritu infinito y sagrado está prisionero en un cuerpo de niño.
Ahí está. Nuestro soberano ahora es simplemente un niño. Un niño que no sabe
hablar. Simón, Caifás, Pablo: Vayan a Bethaur y gritan por todas partes: ha nacido
el Mesías. Ha nacido en un establo, en Belén.
PABLO: ¿El Mesías?
EL ÁNGEL: Díganles: bajen a la ciudad de David para adorar a Cristo, su
Salvador. Le reconocerán así: encontrarán un niño pequeño en pañales y
acostado en un pesebre. Tú, Caifás, ve a buscar a Barioná, que sufre y tiene el
corazón lleno de hiel y dile: «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad»>.
PABLO: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
SIMON: Démonos prisa y saquemos de la cama a todos los habitantes de
Bethaur.
PABLO: ¿Y quién guardará nuestros corderos?
EL ÁNGEL: Yo los guardaré.
TODOS: El Mesías está entre nosotros. iHosanna! ¡Hosanna! *Salen
atropellándose*.
EL ÁNGEL: Tengo frío...
TELON

CUARTO CUADRO
PABLO: ¡Nos ha nacido el Mesías! El que nos prometieron los profetas, el Señor
de los judíos ha nacido.

CAIFÁS: Jerevhá, ven a conocer la buena noticia ¡Arriba! ¡Arriba Jerevhá!

JEREVHÁ: ¿Qué pasa? ¿Están locos? ¿Es que no puede uno dormir tranquilo?
Había dejado mis preocupaciones y estaba soñando que era joven.

TODOS: ¡Baja, Jerevhá, baja! Te traemos la buena nueva.

JEREVHÁ: ¡Ah!, son los pastores. ¿Qué vienen a hacer al pueblo y quién guarda
sus corderos?

CAIFÁS: Es Dios quien los guarda.

PABLO: ¡Baja! ¡Baja! Lo sabrás todo. Mientras, vamos a despertar a los demás.

SIMÓN: ¡Shalam! ¡Shalam!

SHALAM: Acabo de saltar de la cama y no veo nada. ¿Hay fuego?

SIMÓN: Baja, Shalam. Ven y únete a nosotros.

SHALAM: ¿Están locos para despertar a un hombre a estas horas?

SIMÓN: Shalam, ya no querrás dormir, correras por la montaña y recogeras flores.

SHALAM: ¡Qué tonterías dices! No hay flores en los riscos de las montañas.

SIMÓN: Las habrá. Te traemos la buena nueva ¡Baja! ¡Baja! Te lo contaremos


todo.

EL PUBLICANO: ¿Qué pasa? Nunca oigo gritos de alegría como éstos por la
calle. ¡Y eligen darlos el día en que tengo un romano en casa!

PABLO: Los romanos serán expulsados de Judea a patadas.

EL PUBLICANO: ¡Es la revolución! ¡Es la revolución!

LELIUS: (en pijama) ¿Qué está pasando?

EL PUBLICANO: ¡Es la revolución! ¡Es la revolución!

LELIUS: Judíos, sepan que el gobierno vengaría mi muerte...

CAIFÁS: ¡Cállate! No es hora de andar saldando cuentas. Hoy es el día del gozo.
Habitantes de Bethaur escuchen la buena nueva. El ángel nos ha dicho: “No
tengan miedo. Hoy, en Belén, les ha nacido el Salvador, Cristo, el Señor. Y esta es
la señal: encontraran un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

PRIMER ANCIANO: Es la respuesta del Señor a Barioná. Ha hecho que naciera


su propio hijo con un nacimiento como el nuestro. Es su respuesta para quienes
no quieran tener hijos.

SHALAM: Nuestras mujeres parirán hijos fuertes que alegrarán nuestra vejez.

PRIMER ANCIANO: Echaremos a los romanos y Judea reinará sobre el orbe.

SHALAM: ¡Los malvados recibirán su castigo y los buenos su recompensa!

CAIFÁS: Cantemos y bailemos porque la edad de oro ha llegado!

BARIONÁ (entra): ¡Perros! Ustedes solo son felices cuando se burlan de ustedes
Sus cantos me destrozan los oídos y sus danzas me hacen vomitar de asco.
LA MUCHEDUMBRE: ¡Barioná Cristo ha nacido!
BARIONÁ: ¿Cristo? ¡Pobres locos! ¡Pobres ciegos!
CAIFÁS: Barioná, el ángel me ha dicho que te busque y que te diga: “Paz en la
tierra a los hombres de buena voluntad”.
BARIONÁ: ¡Ah! ¡La buena voluntad! ¿Por qué no está aquí su ángel? Le
contestaría: no hay paz para mí en la tierra; ¿y si quiero ser un hombre de mala
voluntad? (LA MUCHEDUMBRE murmura)
CAIFÁS: ¡Ten cuidado Barioná! Dios te ha dado una señal y tú rehúsas
escucharla.
BARIONÁ: Aunque el Eterno me hubiese mostrado su rostro entre las nubes, me
negaría a escucharle porque soy libre, y contra un hombre libre, ni el mismo Dios
puede nada ¿De dónde sacan que me ha dado una señal? Apenas éstos han
contado su historia y les creen.
SIMÓN: Era un ángel.
BARIONÁ: ¿Por qué sabes que era un ángel? ¿Cómo era el ángel? ¿Tenía
grandes alas?
SIMÓN: Por el miedo que he tenido. Tenía aspecto normal. Y tenía frío.
BARIONÁ: Bonito enviado del cielo. ¿Y qué prueba les ha dado?
SIMÓN: No nos dio ningún tipo de prueba.
BARIONÁ: ¿Qué? ¿Ni siquiera un pequeño milagrito?
SIMÓN: No pensamos en pedirle ningún milagro. Nos dijo: vayan a Belén,
busquen el establo y encontrarán un niño envuelto en pañales.
BARIONÁ: Por el censo hay mucha gente en Belén. Les apuesto a que
encontrarán más de veinte recién nacidos en los pesebres. Sólo tienen que
escoger.
PABLO: Es verdad. *MURMULLOS*
BARIONÁ: ¿Y luego? ¿Qué hizo luego su ángel?
SIMÓN: Se fue.
BARIONÁ: ¿Desapareció entre las nubes?
SIMÓN: Se marchó andando.
BARIONÁ: ¡Ése es su ángel! ¿Basta que unos pastores borrachos se encuentren
en la montaña con un tonto que les miente para que se alegren?
PRIMER ANCIANO: ¡Ay, Barioná! ¡Hace tanto tiempo que lo esperamos!
BARIONÁ: ¿Y a quién esperan? A un rey poderoso... Y, ¿qué les ofrecen? Un
niño miserable en un establo ¡Bonito rey!
LA MUCHEDUMBRE: ¡Tiene razón! ¡Tiene razón!
BARIONÁ: Vuelvan a casa, buena gente, y en adelante tengan mas cuidado. El
Mesías no ha venido y no vendrá nunca.
JEREVHÁ: ¡Vamos, volvamos a casa! Tenemos todavía tiempo para echar una
cabezadita. Soñaré que soy feliz y rico. *La gente va abandonando la plaza*.
CAIFÁS: ¡Esperen! ¿Quién viene hacia aquí?
JEREVHÁ: Es un rey de Oriente, vestido de oro.
BALTASAR: Buenas gentes, ¿quién es el jefe?
BARIONÁ: Yo.
BALTASAR: ¿Estoy todavía lejos de Belén?
BARIONÁ: Está a veinte lenguas.
BALTASAR: Estoy contento de haber encontrado alguien que me pueda dar
indicaciones. Todos los pueblos cercanos están desiertos, sus habitantes han
partido para adorar a Cristo.
TODOS: ¿Cristo? Entonces, ¿es verdad? ¿Cristo ha nacido?
SARA: Dígannos que ha nacido y den calor a nuestro corazón. Ha nacido el divino
niño. ¡Hay una mujer que ha tenido esa suerte! ¡Ah, mujer, doblemente bendita!
BARIONÁ: ¿También tú, Sara? ¿también tú?
BALTASAR: ¡Cristo ha nacido! Vi su estrella elevarse en Oriente y la he seguido.
PRIMER ANCIANO: ¡Barioná, nos engañabas!
JEREVHÁ: Nos has mentido, querías que reventásemos mientras los otros
pueblos gozado de Nuestro Señor.
BARIONÁ: ¡Pobres idiotas! Le creen porque va revestido de oro.
SHALAM: ¿Y tu mujer? ¡Mírala! Y dinos si ella no cree también. La has engañado
como a nosotros.
PABLO: ¡Sigamos a los Magos! ¡Bajemos con ellos a Belén!
BARIONÁ: ¡No irán! Mientras yo sea su jefe, no irán.
BALTASAR: ¿Vas a impedir a tus hombres que vayan a adorar al Mesías?
BARIONÁ: Veo claro el juego de los ricos y de los reyes como tu. Engañan a los
pobres para que estén tranquilos. a mí no me engañaran. Habitantes de Bethaur,
no quiero ser su jefe, porque han dudado de mí. Pero se los repito por última vez:
miren a su desesperanza a la cara, porque la dignidad del hombre está en no
esperar nada.
BALTASAR: ¿Estás seguro de que no está más bien en su esperanza? No te
conozco, pero veo en tu cara que has sufrido y te has complacido en tu dolor. Tus
rasgos son nobles, pero tus ojos están medio cerrados y tus oídos también. Te
pareces a uno de esos dioses trágicos y sanguinarios que adoran los pueblos
paganos. Un ídolo huraño, ciego y sordo a las palabras de los hombres y que no
oye sino los consejos de su orgullo. Mírame: yo también he sufrido. Pero cuando
esta estrella nueva se ha elevado, he dejado todo sin dudarlo, y voy a adorar al
Mesías.
BARIONÁ: Está bien: ve a adorarle.
BALTASAR: ¿Cuál es tu nombre?
BARIONÁ: Barioná. ¿Y?
BALTASAR: Barioná, Cristo ha bajado a la tierra por ti. Por ti más que por
cualquier otro, porque tú sufres más que cualquier otro. El ángel no espera nada,
porque goza de la alegría que Dios le ha dado por adelantado. Y la piedra
tampoco espera nada, porque vive en un presente que no conoce. Pero cuando
Dios creó al hombre, le dio esperanza y preocupación pero no solo eso. Porque el
hombre, es siempre mucho más de lo que es. El hombre no es solo sufrimiento o
alegría. El hombre siempre espera más: un mañana, un dolor, lo que sea, pero
espera. La esperanza es lo mejor que tiene, ve a tu gente, la esperanza es lo
mejor de ellos mismos. Y tú quieres privarlos de ella... tú no quieres dejarles más
que el barro y el dolor… Has renunciado a la esperanza y quieres arrastrar a otros
contigo. Si haces eso ya no serás un hombre, Barioná. No serás más que una
piedra dura y negra en el camino.
BARIONÁ: Oye, viejo, tú chocheas.
BALTASAR: Barioná, es verdad que soy viejo y con la edad he visto el mal de la
tierra. Sin embargo, cuando he visto esa estrella en el cielo mi corazón ha vibrado
de alegría. Me hice como niño y me puse en camino porque quiero cumplir mi
deber de hombre, que es esperar. El que pierde la Esperanza, Barioná, ése será
expulsado de su pueblo, será maldito y las piedras del camino serán más duras
para él y los espinos más hirientes. La carga que lleve le resultará más pesada y
todas las desgracias le llegarán. Pero, para aquél que espera, todo serán sonrisas
y el mundo le será dado como un regalo. Ustedes, decidan si deben quedarse
aquí o quieren seguirme.
PABLO: Te seguimos. *Murmullo*
BARIONÁ: ¡Quietos! ¡No se vayan! Aún tengo algo que decir. Tú, Jerevhá, tú
fuiste antaño mi compañero y siempre creías en mi palabra.
JEREVHÁ: Déjame: nos has engañado.
BARIONÁ: Y tú, Anciano, tú eras siempre de mi opinión en los Consejos.
PRIMER ANCIANO: Entonces eras el jefe… Hoy no eres nadie. Déjame pasar.
BARIONÁ: ¡Bueno, márchense! Márchense, pobres locos. Ven, Sara, nos
quedaremos aquí, tú y yo, solos…
SARA: Barioná, voy a seguirles.
BARIONÁ: ¡Sara! (Silencio) Mi pueblo está muerto, mi familia deshonrada, mis
hombres me abandonan. Sara, es de ti de donde me ha venido el golpe más duro.
Entonces, ¿no me amas?
SARA: Te amo, Barioná. Pero compréndeme. Allí hay una mujer feliz y plena, una
madre que ha dado a luz por todas las madres y lo que ella me ha dado es como
un permiso: el permiso de traer a mi hijo al mundo. Quiero ver a esa madre feliz y
sagrada, quiero verla. Ella ha salvado a mi hijo. Nacerá, ahora lo sé. ¿Dónde?
Poco importa. Al borde de un camino o en un establo, como el suyo. Y sé también
que Dios está conmigo. (Tímidamente:) Barioná, ven con nosotros.
BARIONÁ: No, haz lo que quieras.
SARA: Entonces, ¡adiós!
BARIONÁ: (Silencio) Se han ido. Estamos solos, Señor, tú y yo. He conocido
muchos sufrimientos, pero ha hecho falta que viviese hasta este día para sentir el
sabor del abandono. Dios de los judíos, no oiras de mi una sola queja. Quiero vivir
mucho tiempo, abandonado sobre esta roca estéril: yo que nunca pedí nacer, yo
quiero ser tu remordimiento.
TELÓN

QUINTO CUADRO
BARIONÁ: ¡Un Dios que se transforma en hombre! ¡Que idiotez! No veo por que
querria ser un humano. Los dioses viven en el cielo ocupados en gozar y cuando
bajan lo hacen entre nubes y rayos.
LELIUS: Me alegro de verte, jefe. Puede que las diferencias políticas nos hayan
separado, pero, en este momento debemos apoyarnos.
BARIONÁ: Tu tienes a Leví, el publicano, para hacerte compañía.
LELIUS: Te vas a reír: el viejo Leví ha seguido a tus hombres llevándose mi asno.
Tendre que volver a pie. (BARIONÁ se ríe) Es muy cómico en efecto. Pero… ¿qué
piensas de todo esto, jefe?
BARIONÁ: Yo iba a hacerte la misma pregunta ¿Vas a continuar tu viaje?
LELIUS: No vale la pena, todos los pueblos en la montaña se han quedado vacíos
y están en Belén ¿No crees en este Mesías? Yo tengo ganas de ir a dar una vuelta
por ese establo. Nunca se sabe: ese Mago parecía tan convencido.
BARIONÁ: ¿Te dejaste impresionar por su apariencia?
LELIUS: En Roma tenemos un altar para los dioses desconocidos. Un Dios más
no puede hacer daño.
BARIONÁ: Si un Dios se hubiese hecho hombre por mí, le amaría, habría entre Él
un lazo de sangre, y no tendría vida suficiente para demostrarle mi
agradecimiento. Pero, ¿qué Dios sería lo suficientemente loco para eso? No el
nuestro. Siempre se ha mostrado más bien distante.
LELIUS: En Roma se dice que Júpiter toma forma humana cuando se fija en
alguna muchachita.
BARIONÁ: Un Dios-Hombre, Un Dios hecho de nuestra carne humillada, un Dios
que aceptase sufrir lo que yo sufro ahora… ¡Es una locura!
LELIUS: Yo iré a dar una vuelta por allí. Nunca se sabe. Además, nosotros dos
vamos a necesitar de los dioses porque tu has perdido el puesto y yo me juego el
mío.
BARIONÁ: Bien, márchate. ___________________________________________
EL HECHICERO: Los saludo, mis señores.
BARIONÁ: ¿No te has ido con los demás?
EL HECHICERO: Mis viejas piernas están demasiado débiles, mi señor.
LELIUS: ¿Quién es éste?
BARIONA: Nuestro hechicero.
LELIUS: Otro profeta.
EL HECHICERO: No soy un profeta ni estoy inspirado por los dioses.
LELIUS: Pues dinos quien es este Mesías que vacía todos los pueblos.
BARIONA: No quiero volver a oír hablar de ese Mesías.
LELIUS: Déjale, puede que nos de informes interesantes.
BARIONA: Como quieras.
LELIUS: Venga, cuenta tu historia. Y te dare esta bolsa si me gusta.
EL HECHICERO: Me esforzaré por hablarles del Mesías, Pero es preciso que
primero entre en trance. *BAILA* ¡Ya lo veo! Un niño en un establo.
LELIUS: ¿Y luego?
EL HECHICERO: Y luego, crece. Camina entre los hombres y les dice; yo soy el
Mesías. Se dirige sobre todo a los niños de los pobres.
LELIUS: ¿Les predica la rebelión?
EL HECHICERO: Les dice; << Dad al César lo que es del César>>.
LELIUS: Mira, eso me gusta mucho.
BARIONÁ: Y a mí no me gusta nada. Es un vendido.
EL HECHICERO: No recibe dinero de nadie. Vive modestamente. Hace algunos
pequeños milagros. Convierte el agua en vino en Caná. Resucita a un tal Lázaro.
LELIUS: ¿Algo más?
EL HECHICERO: Hay una historia con unos pececillos. Por lo que respecta los
milagros, eso es todo. Parece que los hace contra su voluntad.
BARIONÁ: ¿Y qué más?
EL HECHICERO: Dice: << El que quiera ganar su vida la perderá>>
LELIUS: Muy bien. Ese es un excelente mensaje para mandar gente a la guerra.
EL HECHICERO: Dice que el reino de su padre no está aquí abajo.
LELIUS: Perfecto, estimula la paciencia.
EL HECHICERO: Dice también que le es más fácil a un camello pasar por el ojo
de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos
LELIUS: Eso no está tan bien. Pero se lo perdono. A demás, lo esencial es que
deje a los ricos el reino de la tierra.
BARIONÁ: Y después. ¿qué pasa?
EL HECHICERO: Sufre y muere.
BARIONÁ: Como todo el mundo.
EL HECHICERO: Más que todo el mundo. Es arrestado, llevado al tribunal,
desnudado, flagelado, despreciado por todos y, al final, crucificado. La gente se
agolpa alrededor de su cruz y le DICE: <<Sálvate a ti mismo si eres el Rey de los
judíos. Y no se salva. Grita con una voz fuerte: << ¡Padre mío! ¡Padre mío! ¿Por
qué me has abandonado? <<. Y muere.
BARIONÁ: ¿Y muere? ¿El maravilloso Mesías? Hemos tenido otros y todos son
olvidados.
EL HECHICERO: ¡De este no se olvidarán! Veo una gran cantidad de naciones.
Llevan su palabra más allá de los mares hasta Roma y más lejos.
BARIONÁ: ¿Y qué es lo que les produce tanta alegría? ¿Su vida fracasada o su
muerte?
EL HECHICERO: Creo que es su muerte.
BARIONÁ: ¡Su muerte! (Agitado) No puedo creer que mis hombres terminaran
arrodillándose ante un esclavo muerto en la cruz. Venga, dale su bolsa y que
desaparezca. *Sale el hechicero
LELIUS: ¿De dónde o viene esta agitación?
BARIONÁ: Si mi pueblo cree en este mesías perdedor terminara por acabarse.
Esto me huele a plan de Roma ¿este Mesías es de los suyos? ¿Le paga Roma?
LELIUS: Teniendo en cuenta que apenas tiene doce horas de vida, como que
parece muy joven para que ya se haya vendido. Pero, ¿qué te sucede?
BARIONÁ: ¡No comprendes! Esperábamos un soldado y se nos envía un cordero
que nos predica la resignación y nos dice: <<Hagan como yo, mueran en su cruz,
sin quejarse… ¿Qué mi pueblo llegue a ser así? ¡Una nación de crucificados?
LELIUS: ¡Alto ahí! Has perdido tu sentido, jefe.
BARIONÁ: ¡Cállate! Necesito conservar en ellos la llama de la rebelión… ¡Mis
hombres! Me han abandonado y ya no soy su jefe. Pero haré esto por ustedes:
bajaré a Belén. Conozco los atajos, llegaré antes ¡Y matare a ese niño Rey de los
judíos! *Sale Barioná*.
LELIUS: Espera...
TELÓN.
________________________________________________________________
SEXTO CUADRO
LELIUS: Has corrido como fuego a través de las montañas.
BARIONÁ (para sí mismo): Hemos llegado antes que ellos. El asunto estará
arreglado en un momento.
LELIUS: ¿Qué harás?
BARIONÁ: Cuando lleguen, encontrarán un niño muerto.
LELIUS: ¿No te basta con haber querido matar a tu propio hijo?
BARIONÁ: ¿No es la muerte del Mesías lo que deben adorar? Pues bien, yo
adelanto esa muerte treinta años. Y le evito los dolores de la cruz ¡Que se
arrodillen ante él si así lo desean!
LELIUS: Te ahorraré mis discursos. Aplicaré el principio de mi jefe, el procurador:
deja a los judíos destrozarse entre ellos. Adiós. *Sale LELIUS*.
ESCENA II
MARCOS (con un farol): Hola buen hombre, ¿qué viene a hacer aquí?
BARIONÁ: ¿Es tu establo?
MARCOS: Sí
BARIONÁ: ¿Albergas a un hombre llamado José y a una mujer de nombre María?
MARCOS: Un hombre y una mujer duermen ahí, en efecto.
BARIONÁ: Busco a mis primos de Nazaret que debían venir aquí por el censo. La
mujer está en cinta, ¿a que sí?
MARCOS: Sí. Es una mujer muy joven, modesta y sonriente ¿Sabes que ha dado
a luz anoche?
BARIONÁ: ¿De verdad? ¿El niño ha nacido bien?
MARCOS: Es un pequeño muy hermoso ¡Cuánto le quieren! La madre, apenas
nacido el niño, lo lavó y lo puso sobre sus rodillas. Se nota que él la ama
profundamente, a ella y al niño… Debe ser hermoso ser padre, tambien muy
doloroso…mirar que tus hijos van a sufrir todo lo que uno ya ha sufrido. A puesto a
que tu como padre desearias convertir los dolores de tus hijos en exitos...
BARIONÁ: No lo sé. No tengo hijos.
MARCOS: Entonces eres como yo. Y me das pena. Nunca tendrás esa mirada
que él tiene…
BARIONÁ: ¿Quién eres tú? ¿Y por qué me hablas así?
MARCOS: Soy un ángel, Barioná, Soy tu ángel. No mates a ese niño.
BARIONÁ: ¡Vete!
MARCOS: Me voy. Nosotros, los ángeles, nada podemos contra la libertad del
hombre. Pero piensa en la mirada de José. *Sale.
ESCENA III
BARIONÁ: (Se escuchan cantos) Esos son los míos. Se hace tarde, esta será la
última proeza de Barioná: estrangular a un niño. No veo al niño pero veo al
hombre, a José. ¡Es verdad! ¡Cómo la mira a ella! ¡Con qué ojos! ¡Qué esperanza!
Y yo no traigo esperanza. Le causaria mucho dolor si me viesen asesinar a su
hijo…No he visto todavía a ese niño y ya sé que no voy a tocarle... no tendría que
haberme fijado antes en los ojos de su padre. Aquí están. No quiero que me
reconozcan. (Se tapa la cara).
CAIFÁS: Aquí está el establo. *Un largo silencio*.
SARA: El niño está ahí, en ese establo.
CAIFÁS: Entremos, arrodillémonos delante de él para adorarle
PABLO: Anunciemos a su madre que detrás de nosotros vienen los reyes magos.
SHALAM: Yo besaré sus mejillas.
CAIFÁS: Juntemos nuestros regalos. Yo le traigo leche de oveja en mi cántaro
PABLO: Yo dos grandes balas de lana que he esquilado de mis corderos.
PRIMER ANCIANO: Y yo esta vieja medalla de plata que ganó mi abuelo.
EL PUBLICANO: Y yo le daré el asno que me ha traído hasta aquí.
PRIMER ANCIANO: No te ha salido muy caro tu regalo, porque es el burro del
romano.
EL PUBLICANO: Al que viene a liberarnos de Roma, no le disgustará un asno
robado a los romanos.
PABLO: Y tú, Simón, ¿qué le regalarás a Nuestro Señor?
SIMÓN: No le regalo nada porque me ha cogido desprevenido, pero he
compuesto una canción... Mi dulce Jesús en tu fiesta...
LA MUCHEDUMBRE: ¡Ay! ¡Ay!
PRIMER ANCIANO: ¡Silencio! Entremos en orden. *Entran uno detrás de otro*.
BARIONÁ: Sara está ahí, con todos. Está pálida... No queda detrás de esos ojos
ni el más pequeño recuerdo de mí ¡Ah, si pudiera estar entre ellos sin que me
vieran! El espectáculo debe ser maravilloso; todos esos hombres duros
arrodillados delante de un niño. Han caído en una trampa y lo pagarán caro; pero,
tienen suerte de poder creer en un nuevo comienzo. ¡Ah, qué bonita mentira!
Daría mi mano derecha por poder creer en ella, aunque sólo fuese un instante.
*Entran LOS REYES MAGOS*.
ESCENA IV
BALTASAR: Barioná, ¡estás aquí! Sabía que te encontraría.
BARIONÁ: No he venido para adorar a su Cristo.
BALTASAR: Has venido para castigarte, te sientes abandonado por tus hombres.
Pero estos mismos hombres que te abandonaron lo abandonaran a él. Hoy le
cubren con regalos y ternura, pero todos le abandonaria ahora mismo si
conocieran el futuro. Les decepcionará, Barioná, les decepcionará a todos.
Esperan que expulse a los romanos, y los romanos no serán expulsados, que
haga crecer flores sobre las rocas, y la roca permanecerá estéril, que ponga fin al
sufrimiento humano, y dentro de dos mil años la humanidad sufrirá como lo hace
ahora.
BARIONÁ: Eso les he dicho.
BALTASAR: Lo sé. Y por eso te hablo a ti ahora, tú estás más cerca de Cristo que
todos ellos y tus oídos pueden recibir la verdadera buena nueva.
BARIONÁ: ¿Y cuál es esa buena nueva?
BALTASAR: Escucha: Cristo sufrirá en la carne porque es hombre. Pero es
también Dios y toda su divinidad está más allá del sufrimiento. Y nosotros, los
hombres, hechos a la imagen de Dios, estamos también más allá de nuestros
sufrimientos. Tú, Barioná, has sentido lastimas de ti y querías acostarte y solo
pensar en tu sufrimiento. Pero hoy, Cristo ha venido para redimirnos; ha venido
para sufrir y para enseñarnos cómo hay que tratar al sufrimiento.
Cristo viene a decirte que tu no eres tú sufrimiento. Hagas lo que hagas y lo
afrontes como lo afrontes, eres mas que tu sufrimiento. Cristo ha venido a
enseñarte que eres responsable ante ti de tu sufrimiento. Y si aceptas tu ración de
sufrimiento como el pan de cada día, entonces has ido más allá. Y todo lo que
está más allá de tu sufrimiento y preocupaciones, todo eso, te pertenece. Como
esta noche, el frío duro, las estrellas, todo eso y más ha venido a regalarte Cristo.
BARIONÁ: ¿Es eso lo que el Cristo nos ha venido a enseñar?
BALTASAR: Tengo también un mensaje para ti.
BARIONÁ: ¿Para mí?
BALTASAR: Cristo ha venido a decirte: deja nacer a tu hijo. Sufrirá, es verdad.
Pero eso no te incumbe. No te compadezcas de sus sufrimientos. Sólo él tendrá la
responsabilidad de tratar con ellos y de hacer lo que quiera, porque es libre. Me
decías hace un momento que Dios nada puede contra la libertad del hombre, y es
verdad. ¿Entonces? Una libertad nueva como la de tu hijo no puede ser detenida
ni siquiera por ti. Cristo ha nacido para todos los niños del mundo, Barioná, y cada
vez que un niño va a nacer, Cristo nacerá en él y por él, eternamente. Cristo viene
a decir a los ciegos, a los mutilados y a los prisioneros: no deben abstenerse de
tener niños. Porque incluso para los ciegos y para los prisioneros, y para los
mutilados, existe la alegría.
BARIONÁ: ¿Es todo lo que tenías que decirme?
BALTASAR: Sí.
BARIONÁ: Déjame solo, quiero meditar.
BALTASAR: ¡Hasta la vista Barioná, primer discípulo de Cristo...! *Sale*.
Escena VII
BARIONÁ: Debería entrar en ese establo y arrodillarme. Entrar, quedarme, de
rodillas en un rincón sombrío... Entonces el viento helado de medianoche y el
dominio infinito de esta noche sagrada me pertenecerían. Sería libre. Libre. Libre
contra Dios y para Dios, contra mí mismo y para mí mismo... (Da algunos pasos;
firmes al establo y todos salen corriendo). ¡Ah! ¡Qué duro resulta...! *GRITA*
PABLO: ¡Miren todos, aqui esta Barioná!
TELÓN

SEPTIMO CUADRO
EXTERNO: Las tropas romanas vienen por el sur y por el norte, hacia Belén.
PABLO: José debería huir por nuestras montañas. Allí estarían a salvo.
CAÍFAS: Imposible. Las tropas que vienen de Jerusalén llegarán allí antes que
nosotros.
PABLO: Necesitamos que ocurra un milagro…
CAIFÁS: No habrá milagros: el Mesías es todavía demasiado pequeño. Sonreirá
al hombre que se incline sobre su cuna para atravesarle el corazón.
SARA: ¡Mi niño, Dios mío, mi pequeño! Tú, a quien amé como si fuese su madre y
a quien adoraré como tu esclava. Eras mi niño y el destino de este hijo que
duerme en el fondo de mí. María está en el establo, todavía feliz y llena de
bendiciones, pero no se puede pedir que salves a su hijo porque aún no sospecha
nada. Señor, yo soy todas las madres y te digo: tómame a mí pero, Salva al Rey
de Judea, salva a tu hijo y salva también a nuestros pequeños. *Silencio*.
CAIFÁS: Tenías razón, Barioná. Todo ha salido y sigue saliendo mal. Apenas se
percibe una débil llama, los poderosos de la tierra la soplan para apagarla.
SHALAM: Entonces, ¿no era verdad que los naranjos iban a crecer en la cima de
las montañas y que no tendríamos que trabajar y que yo iba a rejuvenecer?
BARIONÁ: No, todo eso no era verdad.
CAIFÁS: ¿y no era verdad que la paz vendría a la tierra para los hombres de
buena voluntad?
BAIRONÁ: ¡Eso era verdad! ¡Si supieran hasta qué punto era verdad!
SHALAM: No comprendo lo que quieres decir. Pero sé que tenías razón cuando
nos exhortabas para que no tuviésemos más niños.
BARIONÁ: ¡Hombres de poca fe! Me han traicionado por el Mesías y miren cómo
al primer soplo del viento, traicionan al Mesías y vuelven a mí.
TODOS: Perdónanos, Barioná.
BARIONÁ: Entonces, ¿soy de nuevo su jefe?
TODOS: SÍ, sí.
BARIONÁ: ¿Ejecutaran mis órdenes ciegamente?
TODOS: Te lo juramos.
BARIONÁ: Entonces, escuchen mis órdenes: tú, Simón ve a prevenir a José y a
María. Diles que ensillen el asno de Lelius y que sigan el camino hasta el cruce.
Tú les guiarás. Harás que tomen el camino de las montañas.
PABLO: Pero Barioná, los romanos estarán antes que ellos en el cruce.
BARIONÁ: No, porque nosotros vamos a salir a su encuentro y haremos que
retrocedan.
PABLO: ¿Qué dices?
BARIONÁ: ¿No querían a su Cristo? Pues bien, ¿Quién podrá salvarle si no
nosotros?
CAIFÁS: Pero nos van a matar a todos. No tenemos más que bastones.
BAIRONÁ: Aten sus machetes a sus bastones y úsenlos como lanzas.
SHALAM: Nos masacrarán.
BARIONÁ: ¡Por supuesto que sí! Estoy seguro de que nos masacrarán a todos.
Pero escuchen. Ahora creo en su Cristo. Es verdad; Dios ha venido a la tierra. Y
en este momento reclama de nosotros este sacrificio.
PABLO: Barioná, tú, el escéptico, tú que te negaste a seguir a los Reyes Magos,
¿crees realmente que este Niño…?
BARIONÁ: En verdad, en verdad les digo: este niño es Cristo.
PABLO: Entonces, yo te sigo.
BARIONÁ: ¿Y ustedes, compañeros míos? A menudo echaban de menos las
sangrientas batallas de nuestra juventud. He aquí que vuelve el tiempo de
combatir ¿Se rehusarán al combate? ¿Preferirán morir de vejez?
TODOS: ¡No! ¡No! Te seguiremos, salvaremos a Cristo.
BARIONÁ: Recorran la ciudad y reunan todas las armas que puedan.__________
SARA: Barioná...
BARIONÁ: ¡Mi dulce Sara!
SARA: ¡Perdóname, Barioná!
BARIONÁ: No tengo nada que perdonarte. Cristo te llamaba y tú has ido hacia El.
Yo he seguido caminos más retorcidos. Pero hemos acabado por encontrarnos.
SARA: ¿De verdad quieres morir...? Cristo exige todo lo contrario, que vivamos...
BARIONÁ: No quiero morir. No tengo ninguna gana de morir. Quiero vivir y
disfrutar de este mundo que me ha sido descubierto, y ayudarte a educar a
nuestro hijo. Pero quiero impedir que maten a nuestro Mesías y estoy convencido
de que no tengo elección: no puedo defenderle más que dando mi vida.
SARA: Te quiero, Barioná.
BARIONÁ: ¡Sara! Sé que me quieres y sé también que quieres a tu futuro hijo
más todavía que a mí. Mi alma esta llena de alegria. Sara, vamos a separarnos sin
lágrimas. Al contrario, tienes que alegrarte, porque Cristo ha nacido y nuestro hijo
va a nacer.
SARA: No podré vivir sin ti...
BARIONÁ: ¡Todo lo contrario, Sara! Por nuestro hijo tienes que agarrarte a la vida
con avaricia, con rabia. Edúcale sin ocultarle nada de las miserias del mundo y
ármale contra ellas. Y te doy un mensaje para él.
Más tarde, cuando haya crecido, no enseguida, ni con la primera pena de amor, ni
a la primera decepción, mucho más tarde, cuando sienta su inmensa soledad y
abandono, cuando te hable de un cierto sabor a amargo en el fondo de su boca,
dile: «Tu padre sufrió todo eso que tú sufres ahora y murió en la alegría».
SARA: En la alegría...
BARIONÁ: ¡En la alegría! Soy libre, tengo mi destino en mis manos. Voy contra
los soldados de Herodes y Dios viene a mi lado. Adiós, mi dulce Sara. Levanta la
cabeza y sonríeme. Tenemos que ser dichosos: te quiero, Cristo ha nacido.
SARA: Seré dichosa…. Adiós, Barioná. *LA MUCHEDUMBRE entra de nuevo al
escenario y los sobre pasa mientras estan abrazados*._____________________
PABLO: Estamos listos para seguirte, Barioná.
TODOS: Estamos listos.
BARIONÁ: Compañeros míos, soldados de Cristo, tienen aspecto feroz y decidido
y sé que combatirán bien. Quiero que mueran en la alegría. Cristo ha nacido, mis
hombres, y van a realizar su destino. Van a morir como guerreros, como soñaban
en su juventud, van a morir por Dios. Vamos, beban un pequeño trago de vino, se
los permito, y marchemos contra los mercenarios, marchemos ebrios, pero no de
vino sino de Esperanza.
LA MUCHEDUMBRE: ¡Barioná! ¡Barioná! ¡Navidad! ¡Navidad!
BARIONA: Y ustedes, prisioneros, aquí termina nuestro acto de Navidad que ha
sido escrito para ustedes. Puede que más de uno entre ustedes haya sentido este
sabor amargo. Pero también para ustedes, en este día de Navidad y en todos los
demás días- ¡siempre habrá alegría! La alegria de Cristo.
FIN

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