En su texto, Enrique Dussel examina críticamente cómo la modernidad ha sido conceptualizada
desde una perspectiva eurocéntrica, que coloca a Europa como el origen y centro del
desarrollo histórico y cultural mundial. Dussel cuestiona esta narrativa tradicional,
argumentando que la modernidad no es un fenómeno exclusivamente europeo, sino un
proceso global que surgió a partir del encuentro —y a menudo del conflicto— entre Europa y
otras civilizaciones, especialmente durante el momento de la Conquista.
Eurocentrismo y Revisión Crítica de la Modernidad
Dussel define el eurocentrismo como una forma de pensamiento que asume que Europa es el
centro del mundo y que su historia, cultura y valores son universales. Esta perspectiva presenta
la historia de la modernidad como una línea recta de progreso que se inicia en Europa y luego
se extiende al resto del mundo. Dussel critica esta visión por su carácter excluyente, ya que
ignora y desvaloriza las contribuciones de otras culturas y civilizaciones.
Para Dussel, la modernidad comenzó no con el Renacimiento o la Ilustración en Europa, sino
con la conquista de América en 1492. Este evento marcó el inicio de un proceso en el cual
Europa se constituyó a sí misma como la civilización moderna al definir a los pueblos
Conquistados como "otros" a quienes se debía civilizar. La modernidad, desde esta perspectiva,
es inseparable de la colonialidad, un concepto que Dussel utiliza para describir la lógica de
dominación y explotación que acompañó a la expansión europea.
La Otredad y la Construcción de la Modernidad
Una parte central del argumento de Dussel es que la modernidad europea se construyó en
oposición a la "otredad" de los pueblos conquistados. Al posicionarse como civilizados,
racionales y avanzados, los europeos justificaron la explotación y la subyugación de las culturas
no europeas. Este proceso de "otredad" no solo sirvió para justificar la dominación, sino que
también fue fundamental para la autodefinición de Europa como el centro del mundo
moderno.
Dussel sostiene que, al ignorar la violencia y la explotación inherentes al proceso de conquista,
la narrativa eurocéntrica de la modernidad es incompleta e incluso engañosa. Propone, por
tanto, una reinterpretación de la modernidad que reconozca la contribución y la agencia de los
pueblos dominados, así como la interdependencia entre Europa y otras regiones del mundo.
Modernidad y Colonialidad
El concepto de colonialidad es fundamental en el análisis de Dussel. Mientras que la
modernidad suele ser celebrada por sus logros en términos de ciencia, tecnología y derechos
humanos, Dussel subraya que estos logros se han sustentado en la explotación y marginación
de los pueblos colonizados. La colonialidad del poder se refiere a las jerarquías raciales,
culturales y económicas que se establecieron durante la conquista y que continúan
estructurando el mundo contemporáneo.
Para Dussel, la modernidad no puede entenderse sin esta dimensión de colonialidad. La
narrativa tradicional de la modernidad debe ser revisada para incluir las historias y experiencias
de aquellos que fueron colonizados. De esta manera, propone una crítica decolonial de la
modernidad, que busca descentrar a Europa y reconocer la pluralidad de experiencias
históricas y culturales que han dado forma al mundo moderno.
Hacia una Modernidad Plural
En última instancia, Dussel aboga por una visión más inclusiva de la modernidad, que
reconozca las contribuciones de múltiples culturas y civilizaciones. Sugiere que una
comprensión más completa de la modernidad requiere una ruptura con el pensamiento
eurocéntrico y la adopción de una perspectiva más global que valora la diversidad y la
pluralidad.
La propuesta de Dussel es una modernidad transmoderna, que no rechaza los logros de la
modernidad europea, pero que insiste en la necesidad de superar sus limitaciones y su carácter
excluyente. Esta transmodernidad implicaría un diálogo intercultural que respete y celebre las
diferencias, buscando una civilización mundial más justa y equitativa.
Dussel desafía las concepciones tradicionales de la modernidad al señalar su base colonial y al
llamar a una reestructuración del pensamiento histórico que incorpore las experiencias y voces
de los pueblos colonizados. Al hacerlo, Dussel propone una nueva forma de entender la
modernidad que es más inclusiva, diversa y justa.