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Críticas al vegetarianismo y su impacto ambiental

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HISTORIAS

El lado oscuro de los vegetarianos: ni más El director de El Mundo selecciona las


noticias de mayor interés para ti.

ecológicos ni más sanos


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COLLAGES: LUIS PAREJO

ISMAEL MARINERO @ismarmed Madrid

Actualizado Miércoles, 4 julio 2018 - 09:59

Ver 148 comentarios

«La capacidad de crecimiento de la


población es infinitamente mayor que la Así lo asegura Lierre Keith, autora de 'El mito
capacidad de la tierra para producir vegetariano', que sostiene que, frente a la creencia de
los veganos, la agricultura está haciendo un daño
alimentos para el hombre». Lo dijo un tal incalculable al planeta
Thomas Malthus allá por 1798. Según sus
"La agricultura es carnívora: lo que come son
cálculos, 1880 era la fecha estimada para ecosistemas y los ingiere enteros", explica la
escritoria, quien fue vegana 20 años... hasta que su
que la situación fuera insostenible. Pero no
dieta le pasó factura
tuvo en cuenta hambrunas ni guerras, que
Ni fertilizantes ni antibióticos: así es el granjero más
diezmaron la población mundial, ni el revolucionario del mundo
desarrollo exponencial de las revoluciones
industriales que estaban por llegar. Y, sin
embargo, esa guillotina sigue ahí, amenazando con cortarnos la cabeza por culpa de un
crecimiento que no parece conocer límites.

Esos límites existen y ya los hemos rebasado. Tal y como está montado el tinglado, en 2050
seremos cerca de 10.000 millones de habitantes en este maravilloso y loco planeta.
Según varios estudios, la producción de alimentos deberá crecer hasta un 50% para poder
satisfacer las demandas de la población. ¿Cómo podemos frenar antes de llegar a ese punto
de no retorno? Si, según la FAO, 815 millones de personas pasan hambre hoy en día,
¿cuántas morirán de inanición en 2050? Intentamos adentrarnos en este laberinto de datos,
predicciones catastrofistas, modas alimentarias y el poder omnímodo de la industria
alimentaria.

La solución mágica para mejorar la alimentación, la salud y combatir los daños que sufre el
medio ambiente reside en los vegetales. O eso afirman algunos. Era algo indudable para
Lierre Keith, escritora feminista y ecologista, autora de El mito vegetariano (Capitán Swing),
un libro a medio camino entre el diario personal, el ensayo y la llamada a las armas. Keith se
agarró a esa idea como algo irrefutable durante los 20 años que fue vegana, hasta que su
cuerpo dijo basta. Lo que ahora pretende poner en cuestión es la identidad construida en
torno al vegetarianismo, tratando de desmontar las razones morales, políticas y de salud
que esgrimen los veganos. No siempre lo consigue, pero al disparar contra todo y contra
todos provoca al menos un debate que se antoja necesario.

«La gente que más se preocupa por la destrucción medioambiental no entiende que son
parte del problema», explica por teléfono desde California. «Hasta que no comprendamos
qué es lo que está causando esa destrucción no seremos capaces de pararla. Estoy hablando
específicamente de la agricultura». La mayoría de veganos creen que su dieta a base de
vegetales es lo mejor que pueden hacer para detener el desastre ecológico. «Y están
completamente equivocados, no por sus valores, que son perfectamente válidos, sino
porque no entienden que la agricultura es la cosa más destructiva que los humanos le
han hecho al planeta», subraya.

Los veganos que esgrimen argumentos éticos para no comer animales se aferran a la idea
de que no participan en la muerte de ningún ser vivo. Sus manos no están manchadas de
sangre y, por tanto, su conciencia está tranquila. «Los monocultivos arrasan a los habitantes
originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra», afirma en el libro. «Es una
limpieza biológica, un biocidio. No es pacífico. No es sostenible. Y cada pequeña porción
de alimento está cargada de muerte». La agricultura industrial acaba con la riqueza del
suelo, desplaza y extingue especies, modifica los cauces de los ríos, los deseca y contamina:
«La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros».

Keith es consciente de que


hasta el 70% del grano que se
produce en el mundo está
“Los veganos no entienden que la
destinado al consumo animal,
agricultura es lo más destructivo que
una manera eficaz de engordar
los humanos le han hecho al
al ganado para producir carne planeta”
Lierre Keith, autora de 'El mito vegetariano'
barata pero no exenta de
riesgos y consecuencias
devastadoras. «Todo lo que
dicen sobre la ganadería industrial es verdad. Es una actividad cruel, despilfarradora y
destructiva». Pero, sostiene Keith, comerse una hamburguesa de tofu y una de ternera no
difiere tanto en cuanto al impacto que eso tiene en el medio ambiente y en la
biodiversidad.

PREGUNTA. ¿Es cierto que cuanta más carne comemos más huella de carbono tiene
nuestra alimentación?

RESPUESTA. El problema real es que sólo se tienen en cuenta los costes medioambientales
de la carne de ganadería industrial, que tiene una gigantesca huella de carbono porque está
alimentando a los animales erróneamente. Sobre todo se utiliza maíz, que contribuye
directamente al calentamiento global, porque todos sus fertilizantes están hechos a base de
petróleo y gas. Pero el maíz no es el alimento natural de los rumiantes, sino la hierba. En el
momento en el que pones de nuevo al ganado a comer pasto, recuperas un sistema
biológico que funciona a la perfección y que absorbe carbono en vez de liberarlo. El
problema no son los rumiantes, sino la dependencia del ser humano de los combustibles
fósiles.

Luis Ferreirim, portavoz de Agricultura de Greenpeace, está de acuerdo con Keith en que
«uno de los grandes problemas de la agricultura industrial es la uniformidad. Son cultivos
que generan una dependencia brutal de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, lo que provoca
desequilibrios ecológicos muy grandes. Eso tiene graves consecuencias sobre el medio
ambiente, desde la contaminación directa de suelos y agua, hasta poner en riesgo especies
tan fundamentales para la agricultura como los polinizadores».

Eso sí, Ferreirim prefiere poner el foco en el desperdicio alimentario: «La propia FAO asume
que la Revolución Verde, que se diseñó para incrementar de forma exponencial la
producción de alimentos, es un modelo agotado y nos ha dejado una herencia terrible. Ese
modelo productivista nos ha llevado a producir tal cantidad de cereales que al final estamos
tirando una tercera parte, un excedente con el que se podría alimentar a la población que
tendremos en 2050».

Chúpate ésa, Malthus.

La Revolución Verde de la que habla el portavoz de Greenpeace se inició a finales de los


años 60 y estaba basada en variedades de alto rendimiento de granos de cereales,
distribución de semillas híbridas, fertilizantes sintéticos y pesticidas. La iniciativa se vio
reforzada en EEUU, sostiene Keith, «por una política pública que defendía que todo el
mundo debía adoptar una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos. Fue un experimento
llevado a cabo con toda la población estadounidense. 50 años después, podemos decir que
todo lo que consiguieron fue hacernos más gordos, más enfermos y más estúpidos. Y no
son insultos, sino la descripción de una realidad. Es algo que nos ha destruido».

Ahora llegamos al otro caballo de batalla de la autora de El mito vegetariano, la principal


razón por la que se lanzó a escribir el libro: su deteriorada salud. Tras 20 años de dieta
vegana, desarrolló una enfermedad degenerativa articular (espondilosis) que la
acompañará el resto de su vida. A eso hay que sumarle episodios de hipoglucemia,
agotamiento, náuseas, ansiedad, depresión, desaparición de la regla... Síntomas que se
encarga de ligar a las deficiencias de su dieta en las páginas del libro.

PREGUNTA. ¿Culpa a la alimentación vegana de todas sus enfermedades?

RESPUESTA. Sí, porque todas mejoraron cuando dejé de serlo. Algunas desaparecieron por
completo, otras son permanentes, pero al menos sufro mucho menos dolor que antes. Para
mí no hay duda alguna: comer una dieta con presencia de grasas de animales que yo misma
crío ha hecho mi vida mejor y más sana. Es muy habitual que me escriban veganos y ex
veganos. Y muchos de ellos sufren exactamente los mismos problemas de salud que yo
tuve. Puedes darte cuenta de cuando una ideología anula la realidad física porque la gente
es capaz de hacer cosas terribles por un supuesto bien común. Algunos de ellos son
fanáticos, y aunque ven con sus propios ojos cómo se deteriora su salud y la de sus hijos,
siempre anteponen su ideología.

Para confrontar su versión,


consultamos la opinión de
Aitor Sánchez, dietista-
“La agricultura es carnívora: lo que
nutricionista del Centro de
come son ecosistemas y los ingiere
Alimentación Aleris y autor del
enteros. Es un biocidio. Cada
libro Mi dieta cojea (Ediciones pequeña porción de alimento está
Paidós). «Es posible tener una cargada de muerte ”
dieta vegana que no afecte a la
salud o que sea beneficiosa si
está bien planificada. ¿Cuál es el conflicto? Que mucha gente adopta esta dieta por su
cuenta y riesgo, como quien sigue una dieta omnívora mal diseñada y acaba con problemas
de salud como los que se ven en nuestro entorno».

En el día a día recibimos un bombardeo constante. Aliméntate a base de quinoa y aguacate


como si no hubiera un mañana (a pesar del impacto que eso pueda tener en los productores
locales). No te olvides del bífidus y los omega-3. Come menos carne y lácteos. Estos
consejos nos llegan de todas las fuentes posibles, algunas fiables, otras no tanto. ¿En quién
confiar? «Conviene dejarse guiar por el sentido común y el rigor científico, y eso a veces
no es nada fácil», apunta Sánchez. «Si no son gurús, te está intentando timar la industria
alimentaria, o puede que des con sanitarios desactualizados y con anuncios de televisión
que dicen barbaridades. Hay demasiados intereses privados de por medio. Los dietistas-
nutricionistas nos dedicamos a esto pero sucede, como en cualquier otra profesión, que el
hecho de serlo no te garantiza tener buenas pautas. Conviene fiarse de profesionales
actualizados, rigurosos e independientes».

Lierre Keith asume que las decisiones personales no van a transformar el ritmo vertiginoso
al que agotamos los recursos y la fertilidad del suelo. La catástrofe malthusiana sigue ahí,
acechando sobre nuestras cabezas. Lo que defiende, y en esto están de acuerdo los tres
entrevistados, es que la respuesta tiene que proceder de técnicas agrícolas que garanticen la
diversidad. La ganadería extensiva, el policultivo de plantas vivaces y el consumo de
proximidad son las armas más eficaces, según ellos, en esta lucha por la sostenibilidad del
planeta y sus habitantes.
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