Casos.
1. Caso Gonzalez y otras (“Campo algodonero”) Vs. México.
Se trata del emblemático caso de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera
Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez, más conocido como caso “Campo
Algodonero” en alusión al predio donde fueron hallados los restos humanos de las
víctimas, en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Son notorios y de todos conocidos los lamentables sucesos que han azotado dicha
región del país, los cuales han puesto de manifiesto la falta de cumplimiento del
deber de generar un ambiente seguro para la población, además de la existencia de
una visión generalizada de menosprecio y denegación de la dignidad de las mujeres,
así como una práctica gubernamental reiterada de desatención a la sensible
situación de las mujeres de la localidad, quienes además de haber sido objeto de
vejaciones, enfrentan la insensibilidad e irresponsabilidad de las autoridades. Así
llega ante la Corte Interamericana el presente asunto que pone de manifiesto estos
lamentables acontecimientos.
Claudia Ivette González, de 20 años de edad, fue reportada como desaparecida ante
las autoridades locales en octubre de 2001, pero sus familiares sólo recibieron de
éstas displicencia, desinterés, apatía e incluso una actitud grosera y agresiva.
Cuatro semanas después les fueron entregados sus restos, pero las investigaciones
siempre fueron superficiales, estuvieron infestadas de errores, se apreció una falta
de diligencia e incluso una aparente “fabricación de culpables”, lo que ha significado
un agravante a su dolor y la imposibilidad de conocer la verdad de los hechos y sus
perpetradores.
Esmeralda Herrera Monreal, de apenas 15 años de edad, fue reportada como
desaparecida en octubre de 2001, pero ninguna diligencia oficial fue realizada para
su localización, hasta que sus restos fueron encontrados, y, aún después las
gestiones de las autoridades, estuvieron plagadas de irregularidades,
inconsistencias y falta de interés, tanto por lo que hace a la identificación del
cadáver, como para la localización y procesamiento de los responsables, cosa que
aún no ha sucedido.
Laura Berenice Ramos, con sólo 17 años de edad, desapareció en septiembre de
2001 y fue encontrada muerta posteriormente. En situación muy similar a las
anteriores, los hechos fueron tomados negligente y despreocupadamente por las
autoridades, pocas actuaciones de investigación fueron realizadas, las cuales
además adolecieron de serias deficiencias, falta de acuciosidad y profesionalismo.
Los familiares de la víctima también fueron objeto de malos tratos, e incluso de
hostigamiento y persecución.
En los tres asuntos fue ostensible una actitud prejuiciosa de las autoridades
respecto de la conducta de las víctimas, y fue evidente la poca intención de
realizar las indagaciones pertinentes, en un primer momento para localizar a las
víctimas y posteriormente para el esclarecimiento de los hechos, situación que
ha prevalecido en el tiempo. En estas condiciones, la Comisión Interamericana,
previo el trámite correspondiente, somete el caso ante la Corte, misma que
consideró que México violó los derechos a la vida, integridad personal y libertad
personal de las tres jóvenes, en relación con la obligación general de garantía,
incumpliendo con su deber de investigar y de adoptar disposiciones de derecho
interno, así como sus derechos de acceso a la justicia, protección judicial y el
deber de no discriminación; también se transgredieron los derechos del niño de
Esmeralda Herrera y Laura Berenice Ramos, además del derecho a la integridad
personal de algunos familiares considerados también como víctimas.
Ahora bien, resulta imposible hablar de “Campo Algodonero” sin pensar en el tema
de género. Sin duda alguna, este caso constituye un parteaguas para la lucha de los
derechos de las mujeres, no sólo en México sino a nivel continental. El hecho de que
el tribunal interamericano haya condenado al Estado mexicano por sus acciones y
omisiones en este sentido, después de que numerosas instituciones, organizaciones
no gubernamentales y grupos sociales en general se pronunciaran sobre el patrón
de discriminación estructural y feminicidios en Ciudad Juárez, es de por sí una gran
contribución a la forma en que se ve este fenómeno, especialmente debido a que se
determinó que los acontecimientos entrañan homicidios por razones de género.
Esta sentencia destaca por la naturaleza especial de los derechos violados; es la
primera oportunidad en la que la Corte se pronuncia sobre el deber de no
discriminación, la obligación de actuar con diligencia para prevenir, investigar y
sancionar la violencia contra la mujer, así como la inclusión de normas de cualquier
índole para los mismos fi nes, con base en la Convención Belém do Pará;
determinándose además, de forma expresa, la propia competencia de la Corte para
conocer de peticiones sobre violaciones a esta convención, fijando criterios muy
importantes que tienen incidencia y aplicación a nivel continental al respecto.
Más allá de las reparaciones concretas que se determinaron en favor de las tres
víctimas antes señaladas, que por supuesto son trascendentales para ellas, una de
las cosas más destacables del caso es que tanto el análisis de los hechos, como la
propia sentencia y, por supuesto, la determinación de las medidas de reparación
están realizados desde la perspectiva de género, de manera que es sensible a la
problemática que se enfrenta.
Tampoco puede dejar de mencionarse la “vocación transformadora” de las
reparaciones, toda vez que la Corte reconoce que en este caso lo correcto no es el
restablecimiento de la situación anterior, pues esto sería simplemente volver al
estado de violación sistemática de los derechos de las mujeres. En este sentido se
pretende que las reparaciones tengan un efecto no sólo restitutivo sino también
correctivo, y por tanto borda sobre la necesidad de tomar medidas estructurales para
resolver el problema de origen, destacando por ejemplo el hecho de que deba
generarse un programa de educación dirigido a la población de Chihuahua, esto con
la fi nalidad de superar los estereotipos sobre el rol social de las mujeres y dejar
atrás los patrones de discriminación y violencia sistemáticos, así como evitar los
homicidios de mujeres por razones de género.
Lo anterior encuentra relación con otras reparaciones que van más allá de las
propias víctimas, para alcanzar efectos generales y consecuentemente tener
incidencias en muchas mujeres que han sufrido agravios en sus derechos; por
ejemplo, destaca la obligación de levantar un monumento en memoria de las
víctimas, el cual no se limita a Claudia Ivette, Esmeralda y Laura, que son las
demandantes, sino que se extiende a todas las mujeres víctimas de homicidio por
razones de género en Ciudad Juárez. Esto además se conjunta con las obligaciones
relativas a la estandarización de protocolos, manuales, criterios ministeriales de
investigación, servicios periciales y de impartición de justicia, con base en una
perspectiva de género; la adecuación del Protocolo Alba o la implementación de un
nuevo dispositivo relativo a las búsquedas de personas desaparecidas; la creación
de una página electrónica que deberá actualizarse permanentemente con
información personal de mujeres, jóvenes y niñas desaparecidas en Chihuahua
desde 1993; así como la creación o actualización de una base de datos que
contenga información personal de mujeres y niñas desaparecidas a nivel nacional.
Todo esto pone de manifiesto una de las características más trascendentes del
sistema interamericano, que es la fuerza expansiva de sus resoluciones, en tanto
que una de sus finalidades es sentar precedentes que sean aplicables a todo el
continente.
Por otra parte, cabe señalar que a pesar de no ser la primera sentencia condenatoria
a nuestro país, la naturaleza de las reparaciones en ella establecidas pusieron en
evidencia la falta de voluntad política para su acatamiento, además de que vino a
poner sobre la mesa el tema de las dificultades legales para el cumplimiento de las
resoluciones provenientes de procesos contenciosos ante la Corte Interamericana,
tema que trataremos un poco más adelante. En relación con su cumplimiento,
debemos señalar que aún falta mucho camino por andar, pues el reto es muy grande
y algunas de las reparaciones implican una verdadera movilización de diversas
autoridades, quedando pendiente temas de gran trascendencia como la
investigación de los hechos y sanción a los culpables, entre otras muchas; sin
embargo, deben destacarse algunos adelantos, como el hecho histórico de que se
incluyera una partida etiquetada en el presupuesto de egresos para el 2011
encaminada al pago de indemnizaciones derivadas de sentencias de la Corte
Interamericana, lo cual sin duda simplificó el trabajo de las autoridades al respecto,
entre otras.
2. Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantu vs. México.
En el presente apartado comentaremos dos casos autónomos que se tramitaron de
forma independiente ante la Corte, pero que dada su similitud en cuanto a los
hechos y derechos trasgredidos se analizan conjuntamente.
Inés Fernández es una mujer mexicana de la comunidad indígena Me’phaa en el
estado de Guerrero, quien fue víctima de violación, golpes y lesiones por miembros
del Ejército mexicano, en marzo de 2002. Los hechos fueron oportunamente
denunciados ante las autoridades civiles, quienes apenas hicieron caso de la
denuncia; posteriormente las actuaciones fueron remitidas al fuero militar para su
investigación, debido a la implicación de personal castrense. Dada la falta de debida
diligencia en la investigación y consecuentemente la falta de sanción a los
responsables, así como la participación de agentes militares, la extensión de la
jurisdicción militar, entre otras consideraciones, la Corte determinó que el Estado
mexicano es responsable por la violación de los derechos a la integridad personal, a
la dignidad y a la vida privada de Inés, del derecho a no ser objeto de injerencias
arbitrarias o abusivas en su domicilio, así como de los derechos a las garantías
judiciales y a la protección judicial, además de que incumplió el deber de abstenerse
de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y velar porque las
autoridades se comporten de conformidad con esta obligación, establecida en el
artículo 7.a de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer; igualmente violó algunos derechos a familiares, también
considerados como víctimas.
Por su parte, Valentina Rosendo también es una indígena Me’phaa, quien
igualmente fue objeto de violación, golpes y agresiones por efectivos del ejército
mexicano. En situación muy similar a la anterior, el aparato gubernamental falló al no
propiciar un ambiente seguro; además de que en lugar de apoyar a la víctima y
encaminar sus esfuerzos al esclarecimiento y sanción de los hechos, inmersos en
una visión poco garantista y totalmente despreocupada de las mujeres indígenas,
volvió tortuosa, dilatoria e inefi caz a la justicia, ya que las investigaciones, además
de ineficientes, pasaron del fuero civil al militar, sin que ninguno de ellos haya
enjuiciado a los culpables. Aquí la Corte determinó que el Estado es responsable por
la violación de los derechos a la integridad personal, a la dignidad, a la vida privada y
los derechos del niño de Valentina (toda vez que era menor de edad al momento de
los hechos); que incumplió el deber de abstenerse de cualquier acción o práctica de
violencia contra la mujer y velar porque las autoridades se comporten de
conformidad con esta obligación, establecida en el artículo 7.a de la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, y la
obligación de garantizar, sin discriminación, el derecho de acceso a la justicia,
además de violar el derecho a la integridad personal de la hija de Valentina, de
nombre Yenys Bernardino Sierra.
Ahora bien, los casos de Inés y Valentina tienen elementos muy importantes a
destacar. En primer lugar constituyen un claro ejemplo del elemento inspirador de
todo sistema de protección de derechos humanos; aquí se muestra la total fragilidad
de las víctimas frente a la omnipotencia y poderío del Estado y sus agentes. Se trata
de una triple condición de vulnerabilidad: son mujeres en situación económica
desfavorecida e indígenas que fueron agredidas y violentadas por elementos
militares de nuestro país, sin que el aparato gubernamental pudiera darles una
solución o resarcimiento, por lo que con valentía lucharon por sus derechos
encontrando protección en los órganos interamericanos.
Una cuestión que llama la atención en estos asuntos es el tema de la prueba ante el
sistema interamericano. Aquí la cuestión es que, como consecuencia de la falta de
acceso a la justicia e impunidad, a nivel doméstico nunca se llegó a una
determinación legal sobre la existencia de la violación cometida en perjuicio de Inés
y Valentina por los militares, sin embargo, en el proceso internacional se hace un
análisis desde una metodología distinta a la regularmente utilizada en los sistemas
procesales locales, se ocupa la herramienta de la perspectiva de género, se toman
en cuenta las debilidades de las víctimas, tales como el idioma, su condición de
vulnerabilidad, el trauma causado por los hechos, entre otros, de tal suerte que de la
valoración de todos los elementos en conjunto tiene por comprobados los hechos y
consecuentemente las transgresiones a sus derechos humanos.
En otro orden de ideas, hay que señalar que los casos de Inés y Valentina
permitieron a la Corte Interamericana seguir elaborando la doctrina del control
convencional, así como reiterar la excepcionalidad de la jurisdicción militar, en tanto
se condenó a reformar el artículo 57 del Código de Justicia Militar con los estándares
internacionales en la materia, y por su importancia destaca la obligación de adoptar
las reformas que sean necesarias para permitir que las personas afectadas por la
intervención del fuero militar cuenten con un recurso efectivo de impugnación de tal
competencia. Esto en adición al establecimiento de medidas de reparación de
carácter general y otras específicas para las víctimas.
Por otro lado, cabe comentar que en ambos asuntos —el gobierno mexicano solicitó
la interpretación de la sentencia— se dictaron las resoluciones correspondientes
(ambas del 15 de mayo de 2011), en las cuales se determinó desestimar las
solicitudes, en esencia porque, a criterio de la Corte, en realidad no se pretende
aclarar o precisar el contenido de algún punto resolutivo de la sentencia, ni
determinar el sentido del fallo por falta de claridad o precisión en sus puntos
resolutivos o sus consideraciones.
Finalmente, sobre el tema del cumplimiento de estas dos sentencias, con pena, debe
decirse que a pesar de haber transcurrido más de un año desde que se dictaron, no
se han dado avances significativos.
3. Jorge Castañeda Gutman vs México.
La primera sentencia condenatoria al Estado mexicano recae en el caso de Jorge
Castañeda Gutman, quien acudió en defensa de sus derechos político-electorales.
El señor Castañeda solicitó su registro ante el Instituto Federal Electoral como
candidato a la presidencia, sin embargo éste le fue negado debido a que se postuló
de forma independiente, sin ser apoyado por algún partido político. Ante la negativa
tuvo que explorar el mecanismo legal para recurrir ese fallo, que tuviera la capacidad
sufi ciente de analizar la constitucionalidad del Código Federal de Instituciones y
Procedimientos Electorales, sin encontrar alguna opción eficaz; es aquí donde
resulta el elemento más relevante del caso, toda vez que se llevó ante la justicia
interamericana una carencia del derecho procesal constitucional mexicano, esto es,
la ausencia de un mecanismo para hacer valer las violaciones a derechos
político-electorales de los ciudadanos en México, en donde fuera posible hacer el
planteamiento de la inconstitucionalidad de leyes aplicadas en un acto en particular,
y que pudiera ser efectivamente resuelto en sede jurisdiccional.
Cabe señalar que aun cuando hubo condena para el Estado mexicano, pues efectivamente
se estimó violado el derecho a la protección judicial, al momento de dictarse la sentencia ya
se había formalizado la denominada “reforma electoral de 2007”, en la cual se otorgó de
forma expresa al Tribunal Electoral la facultad de desaplicar leyes cuando las estime
inconstitucionales.
Sin embargo, persistió la ausencia a nivel secundario, por lo que se condenó a: completar la
adecuación de su derecho interno a la Convención, de tal forma que ajuste la legislación
secundaria y las normas que reglamentan el juicio de protección de los derechos del
ciudadano de acuerdo con lo previsto en la reforma constitucional de 13 de noviembre de
2007, de manera que mediante dicho recurso se garantice a los ciudadanos de forma efectiva
el cuestionamiento de la constitucionalidad de la regulación legal del derecho a ser elegido
[…].
A pesar de ser la primera sentencia condenatoria a México, tuvo una mesurada proyección e
impacto social y político, precisamente debido a la modificación constitucional indicada, la
cual mermó sus efectos, e igualmente tuvo incidencia sobre el tema del cumplimiento a nivel
interno, procediéndose a la publicación en el Diario Oficial de la Federación, el 2 de enero de
2009, y al pago de los gastos y costas. Cabe señalar que el 1o. de julio de 2009 la Corte
dictó resolución de supervisión de cumplimiento de sentencia, en la que acordó solicitar a
nuestro país un informe sobre las medidas de reparación antes indicadas, dado que no se ha
cumplido por completo.