La Inquisición
La Inquisición
SÁENZ
Carrera: Historia.
Año: 2do.
Materia: Integración Areal II.
Docentes a cargo: Alejandro Simone y Esteban María Bonifacio Rossi.
Alumnos:
Agüero, Juan Cruz.
Díaz, Magali.
Fernández, Micaela.
Fuentes, Agustina.
Trabajo: Paper.
Fecha de entrega: 21/10/2020.
La inquisición… ¿Herramienta religiosa o de persecución política?
A partir de esta incógnita pretendemos analizar a través del trabajo realizado por distintos
autores, qué fue realmente el Tribunal del Santo Oficio, dando como final una conclusión sobre
nuestro pensamiento.
Por un lado, tenemos una visión negativa del proceso de la inquisición. En este caso,
hablaremos de la opinión que da el profesor Bartolomé Bennasar en un artículo periodístico,
dónde nos dice que la inquisición fue más que nada un medio de control social y político en
manos de una ideología religiosa, y que tanto el papel político como el religioso estuvieron a la
misma altura, ya que el tribunal de Santo Oficio estuvo estrechamente ligado al poder
monárquico, más que nada en el período de los siglos XV y XVII. Cuando devino el período de
la ilustración, se llegó a pensar que este tribunal y los actos que acometió era una mancha sobre
España, lo cual significaba además que era un impedimento para la unión en la Europa del
iluminismo.
Este autor en su último libro, “La Inquisición española”, procede a contar que, en
comparación con los tribunales de justicia civil, la inquisición ha torturado menos, pero que ésta,
generaba más temor entre la sociedad porque cualquier persona podía caer delante del tribunal,
aunque sea por una blasfemia. Además, que dentro del proceso al que se le denominó “Auto de
fe”, la memoria de la infamia significó la pérdida del honor y la ruina económica para el
condenado y toda su familia. Por esto podemos decir, que además de su gran influencia en el
plano político, también en el económico fue muy grave al afectar por completo al mundo de los
conversos, uno de los núcleos más importantes del momento.
Por otro lado, otros autores como Henri Hello, se apoyan en el hecho de que los herejes
fueron sometidos al bautismo por las leyes de la Iglesia como forma de prevención ante
posibilidad de ser un obstáculo para la fe u obstinarse a destruirla. Este autor postula que el
derecho eclesiástico, como autoridad pública tiene la facultad de castigar con pena capital a los
que dañan gravemente el bien general y, por ende, es conveniente que la pena de muerte sea
aplicada, incluso también a todos los que propaguen la herejía. Pero es importante reconocer que
estos principios van en contra de la Iglesia de Jesucristo. Por esta razón el juez eclesiástico se
abstiene de utilizar el derecho mencionado, pero si hacen uso de la represión ante factores del
desorden.
1
HELLO Henri, La verdad sobre la Inquisición, 1987, Buenos Aires, Argentina, ICTION, p15.
2
Crímenes juzgados, política y reacción social.
Introduciéndonos en las acciones ejecutadas por el Santo Oficio y por tanto, los
inquisidores, tomaremos en consideración lo sostenido por el autor Bethencourt: “El tribunal
sin apoyo del rey no podía ejercer actividades, ya que, las justicias sujetas al rey eran las que
ejecutaban las órdenes del Santo Oficio”.2 Es decir, que se fusiona siendo un ambigüedad
entre mecanismo religioso y político.
En el caso de España, el consejo era elegido por los monarcas pero a su vez, dicha
institución formaba parte de la Monarquía como instrumento. Como remarca el autor: “La
Inquisición, de hecho, se instala en palacios de la Corona, el rey interviene directamente a la
hora de resolver disputas de inmuebles con los órganos de la Iglesia y del Estado en favor del
tribunal y financia a la organización en períodos de crisis”3. Sumando a lo anteriormente
mencionado, también tenían la tarea de encargarse de los bienes confiscados en cuanto a la
percepción y gestión de estos. Agregando que el autor remarca con gran énfasis, que la
Inquisición fue un instrumento religioso pero a la vez político, estableciendo que es un sistema
dual, debido a que tiene raíces religiosas por las funciones que ejecuta pero en simultaneo es
un instrumento político, ya que, la elección de los funcionarios y ejecutores, además de la
administración de la organización formaba parte de la Monarquía.
Evocándonos a las acciones llevadas a cabo por el Tribunal, el autor resalta el siguiente
2
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp. 368.
3
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp. 370.
3
aspecto: “La persecución de las herejías es el rasgo característico común a todos los
tribunales de la Inquisición, rasgo que justifica su existencia”4. Esto explica el esfuerzo de la
Monarquía Española para erradicar no solo los crímenes de herejía, sino todo aquello que bajo
su concepción era inaceptable o dañino para la moral, ejemplos como la usura, la brujería,
entre otras. En cuanto a delimitación de los “crímenes” de herejía, desvíos y apostasía, no son
muy claros al igual que los límites geográficos. Se observan procesos oscuros, como bien
comenta Bethencourt, en su obra “La inquisición en la época moderna”, deduciendo un poco
restricción contra el hereje, así también dejando espacios a grandes escalas para relaciones
informales, encontrando la manera de la reducción mínima las maneras de evitar la acción de
la inquisición, refutándose siempre en la falta de documentos fundacionales de este tribunal.
Agregamos, según el autor: “El «Santo Oficio», que es ya un producto de esta nueva
coyuntura social y política, no hizo otra cosa que aprovechar y, lógicamente, ampliar la
implantación de la pureza de sangre como valor socialmente estructurador con el objetivo de
reforzar su papel de guardián del nuevo orden.”5 estableciendo entonces a partir del mismo, que
la Inquisición comenzó como un instrumento religioso que se fue deformando hasta ser utilizado
como instrumento político por los Reyes Católicos para imponer un mecanismo de control.
También se pone de manifiesto, cómo la organización formó parte de la monarquía siendo en un
punto independiente de la Curia Romana. De esta manera, proseguiremos a desarrollar como se
realizaban las persecuciones a las diferentes herejías consideradas fuera de lugar bajo la mirada
de la Corona, y cómo las mismas no se dieron de forma diplomática siendo que no eran casos
aislados.
4
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 373.
5
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp. 377.
4
Por esta razón, los actos realizados por el Tribunal y la Corona, fueron engendrando una
baja tolerancia a la quita de bienes económicos. Ante esto, el pueblo demostró su descontento y
su malestar. Existen 3 argumentos sobre los que se apoya el pueblo:
Prosiguiendo con las tareas realizadas en la Inquisición y más precisamente los inquisidores,
partimos de lo sostenido por los autores, Hello y Domínguez Ortiz, donde plantean que el
nombre de “Inquisidor” bajo el pontificado de Gregorio IX se distingue del obispo, investigador
y juez ordinario en materia de fe, dado que es un juez delegado de la Santa Sede para las causas
de herejía ¿Cuál fue la razón determinante de la institución de este Inquisidor? Que durante el
S. XIII la herejía era fuerte, organizada e influyente. En el caso de los católicos no herejes y los
infieles, también podían ser perseguidos por el Inquisidor a causa de faltas exteriores y sociales,
que tuviesen relación con la herejía.
A fines del siglo XV el judaísmo ya había echado profundas raíces en España, eran una
nación dentro de otra nación, con riquezas, influencia y puestos administrativos, lo que los
hacia altamente temibles. He ahí porqué, en 1480 a petición de Isabel de Castilla y Fernando
de Aragón se instituyó la nueva inquisición. Fue entonces la Inquisición del [Link] en España,
¿una creación eclesiástica o una creación de los reyes como instrumento de orden político?
Los inquisidores fueron empleados de la Iglesia, no del estado. Fundada en 1480, obtuvo
buenos resultados incluso hacia fines del siglo [Link], donde ya comprende al famoso
inquisidor Torquemada, que poseía poderes legislativos y judiciales muy amplios (nombrado
por el papa Sixto IV) y durante el reinado de Felipe II, considerada la época más sombría de la
inquisición.
Hello nos comenta que en su testamento la reina Isabel defendió la Inquisición como
“La obra capital de su reinado”. Pero contrarrestando con el autor en varios puntos, podemos
hacer foco a lo descripto por Antonio Domínguez Ortiz en su libro “El antiguo régimen: los
Reyes Católicos y los Austrias”, en el mismo se considera que los reyes católicos fueron el
aspecto más discutido de la época, por su actitud con las minorías religiosas y la Inquisición.
5
Durante su reinado se observaba un gran pluralismo religioso heredado de la Edad
Media. Ya en el año 1391 comenzaron las matanzas a los judíos, dado esto, hubo una
conversión masiva al catolicismo, fueron tanto el miedo como el interés los impulsores, pero
también lo fue la convicción, estos hechos sucedieron sobre todo en Toledo, Córdoba, Sevilla,
Jaen y Jeréz.
Según el autor, los Reyes Católicos protegieron a los judíos contra las iras populares,
brindándoles puestos administrativos y también expulsándolos del territorio. Se dice también
que los intereses de Fernando e Isabel eran distintos, los de la reina eran religiosos y los del
rey más bien políticos, haciendo referencia al “uso” de la Inquisición.
“[…] La reina Isabel no tuvo otro móvil que el religioso en esta cuestión. En cuanto a
las motivaciones de Fernando fueron más complejas; aunque no insensible a la pureza de la
fe, siempre predominaron en él los móviles políticos. Extendió leyes anti judaicas a la Corona
de Aragón, según la opinión más corriente, sólo por no quebrantar la unidad de acción y
mantener la paridad con Castilla; pero cuando vio que los conversos perseguidos se revolvían
contra él, que muchos especulaban con la llegada de Felipe el Hermoso y más tarde con la de
su nieto Carlos, se convirtió en su acérrimo enemigo, sin prejuicio de seguirse sirviendo de
aquellos que se le mantenían fieles.” 6
Así mismo, con ésta se llegó a la aniquilación de los falsos conversos, el antes
mencionado Torquemada, fue el primer Inquisidor General de Castilla y Aragón. La nueva
Inquisición persiguió al arzobispo de Granada, Talavera, por diferencias de principios, y fue
tomada como una maniobra del partido de Fernando contra el de Isabel.
Los que se arrepentían, antes de ser quemados eran estrangulados, este fue el caso de la
mayoría, muchos judíos huyeron… en Portugal fueron bautizados a la fuerza y vueltos a
España. Pero en 1499 se prohibió, bajo pena de muerte, la entrada de cualquier judío a España,
aunque dijeran que querían ser cristianos. Se temía que fuera una falsa conversión y altere el
orden religioso.
6
DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio, 1976, El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid, España,
Alianza S.A., p23.
6
“[…] Los castigos que la Inquisición aplicaba directamente solían ser: multas, cárcel,
azotes, destierro, galeras y obligación de llevar una vestidura infamante llamada sambenito.
El Derecho Canónico prohíbe a los sacerdotes infligir la pena de muerte; por eso en caso de
sentencia capital el reo era previamente relajado o entregado a la justicia secular para que
aplicara la pena prevista en las leyes a los herejes. A pesar de esta ficción legal, la
responsabilidad de la sentencia de muerte era de los inquisidores, pues los representantes de
la jurisdicción civil eran meros ejecutores de ella. Después de un auto público en que se leían
las sentencias, los condenados a la última pena eran conducidos al quemadero, situado en las
afueras de la población. Allí se agotaban todos los medios posibles para lograr su
retractación; los que se arrepentían eran estrangulados antes de entregar su cadáver a las
llamas. Parece que éste era el caso de la mayoría.”7
En el año 1501, los reyes dieron a elegir: expulsión o bautismo, 200.000 judíos se
perdieron de España, eran considerados cristianos bajo la “limpieza de sangre”, los estatutos
de esta fueron el mecanismo de discriminación legal hacia las minorías conversas, como antes
mencionamos, se temía que a pesar de haberse convertido sigan siendo una amenaza, dado que
podían practicar sus antiguas religiones en secreto. Los estatutos de limpieza de sangre
consistían en exigir a quien deseaba ingresar, ser descendiente de padres cristianos, o que
pudieran comprobar que descendían de un “cristiano viejo”, el problema principal fue que,
pese a cualquier requisito, se consideraba que ni el bautismo “lavaba” los pecados de los
individuos.
El auto de fe, la ceremonia que se convirtió en el símbolo de la intolerancia.
Vamos a exponer el caso del “Auto de fe”, proceso investigado y redactado por el autor
Francisco Bethencourt en su libro “La Inquisición en la época moderna”, como ejemplo que se
convirtió en uno de los hechos que fue escenario de cuestiones polémicas, especialmente por los
momentos de ejecución y memoria (generalmente infame).
Como todo proceso, el auto de fe, contiene dentro de sí una serie de actos, cada cual
contiene peculiaridades que resaltaremos a continuación:
7
DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio, 1976, El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid, España,
Alianza S.A., pp25,26.
7
La publicación: La realización del auto de fe, que es la presentación pública de los
condenados, comienza con el anuncio público de la realización de la ceremonia. Éste es el
momento principal, donde se realiza el edicto que debe publicarse con al menos ocho días de
anticipación de la realización de la ceremonia.
El Rey también recibía una invitación, lo que también significaba subordinación política y
jerárquica de la institución además de que la presencia regia en el espectáculo era un gran
soporte para las acciones del tribunal.
Puesta en escena: Según el autor, “«Auto de fe» significa literalmente «acto de fe», lo que
en la época que nos ocupa quiere decir efecto moral y representación (teatral) de la fe”.8
Los actores permanentes de la ceremonia son los inquisidores, que a su vez tienen el papel
de escenógrafos.
Las fechas y lugares son elementos importantes dentro de la escena del espectáculo. En el
caso de España, el elemento específico al que aluden las fechas de las ceremonias del auto
coincide con la fecha de fundación de los tribunales periféricos. En el caso de los espacios o
lugares, generalmente pululan entre la plaza central como, por ejemplo, las plazas mayores de
cada ciudad como Madrid o Valladolid, y la iglesia, ésta última suele participar como decorado
en el fondo del tablado en el que se desarrolla la ceremonia. A partir del siglo XVIII, se observan
cambios en relación a la elección de los lugares que tienen que ver con la reducción de las
celebraciones del auto de fe en lugares abiertos y el aumento de los mismos dentro de las
iglesias.
8
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 290.
8
La orientación del tablado, el soporte físico del rito, tiene en consideración la disposición
del lugar elegido, la jerarquía de los inmuebles y el punto de observación de los espectadores con
mayor importancia. En España se solía orientar el tablado en paralelo al palacio de referencia
para que permita la visión global del espectáculo al Rey o a las autoridades instaladas en el lado
noble. El tablado se fue perfeccionando a lo largo del siglo XVI, para poder distinguir tres partes
funcionales en su composición: la zona de los inquisidores, la zona de los condenados, y la zona
central donde estaba el altar de abjuración.
El tablado tenía distintas medidas, y era, sobre todo una construcción temporal que se
adaptaba a los distintos espacios, con una forma rectangular y una altura respetable, en forma de
anfiteatro lateral situada frente a condenados e inquisidores, para resaltar el carácter judicial de la
ceremonia y el papel de jueces desempeñado por los inquisidores. El lugar más alto, del lado
noble, estaba ocupado por los inquisidores, y el lado bajo, denominado lado infamante, estaba
destinado a los condenados, quienes se sentaban según la jerarquía de sus delitos, desde los
menos graves en la zona baja, hasta los más graves, situados encima.
Para los observadores exteriores, esta disposición debía resultar evidente: de un lado la
justicia, la pureza e inspiración divina; y del otro lado, la herejía, la impureza e inspiración
diabólica, separando entonces, inquisidores de condenados.
Las procesiones: Antes del espectáculo del auto de fe, se da la procesión de la cruz verde
(realizada una noche antes del acto), la procesión de los penitentes y condenados y la
movilización de los inquisidores (últimas dos repartidas en la mañana del día previsto).
El frente de la procesión era tema de disputa entre nobles, pero el núcleo central del cortejo
dónde se encuentra la cruz, era reservado a los dominicos y funcionarios de la inquisición.
9
trataban de obtener su arrepentimiento, esto no suponía suprimir la pena, sino que podía
modificar el tipo de ejecución. Los familiares tenían un papel importante en este cortejo porque
el condenado era acompañado por dos familiares del mismo nivel social. La cabeza de esta
procesión era ocupada por clérigos seculares organizados en torno al sacerdote que tenía en su
cargo a la parroquia principal de la ciudad. Los condenados, se organizaban según la jerarquía de
sus crímenes y los castigos que se les había establecido. Así, los menos graves estaban al frente y
los más graves atrás. Todos los condenados llevaban hábitos penitenciales denominados
“sambenitos”, que tenían inscriptos símbolos de reconciliación con la iglesia (La cruz roja de
San Andrés) o símbolos de condena (el retrato del acusado rodeado de llamas y grifos). Los
penitentes iban descalzos, con las cabezas descubiertas y una vela apagada en la mano. Los
relajados por su parte, llevaban una coroza que tenía pintada los mismos motivos de la túnica.
Esta cuestión de la vestimenta era necesaria, además, para que la población concentrada a lo
largo del recorrido, reconociera el tipo de pena infligido a los presos.
9
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 307.
10
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 308-309.
10
sermón de fe, al cual e sigue la lectura de un juramento colectivo en el que las autoridades
civiles, rey, nobles, religiosos y la población presente, le declaran apoyo al tribunal para
perseguir las herejías y excluir a los herejes de todos los cargos y oficios previstos. Luego de
esto, se lee la bula de Pío V, que confirma el apoyo del Papa al accionar del tribunal e impone
penas a quienes lo contradigan. Para finalizar, se da lugar a la lectura de las sentencias.
Desde el punto de vista del individuo, la herejía significa el rompimiento con Dios; la
detención y la investigación que se realizan sobre él recaerá en un período de marginación ya
que el acusado estará situado fuera de la comunidad bajo amenaza de excomunión; finalmente, la
abjuración significa reintegración del individuo en el seno de la iglesia y renovación de sus
compromisos con Dios.
La ejecución: Esta parte de la ejecución de los relajados se realiza luego del auto de fe,
bajo responsabilidad de las autoridades civiles y el control de los inquisidores. Esto tiene una
razón, y es que los inquisidores como clérigos y por prohibición del derecho canónico, no
pueden condenar a nadie a muerte. De aquí a que se relaje al excomulgado al brazo secular, que
11
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 317.
11
reconoce la autenticidad del proceso inquisitorial, acata sus resoluciones y, por ende, ordena la
ejecución.
El lugar en que se realizaba este acto era distinto del lugar en donde se realizaba el auto de
fe. Eran zonas en las que tradicionalmente se realizaban ejecuciones civiles, fuera de la ciudad,
cuyo motivo residía en no manchar ese espacio urbano delimitado y consagrado por la
comunidad.
Una vez definido el lugar, el alcalde de la ciudad tocaba el pecho de los relajados
señalando la salida de esa jurisdicción inquisitorial y haciendo entrega a la justicia secular, que
pasaba a tener la tutela de los presos. Luego, éstos eran llevados a una sala fuera del tablado del
auto de fe, dónde estaba el tribunal civil que les preguntaba en que religión querían morir para
terminar de formalizar la sentencia de ejecución.
Un aspecto fundamental de este proceso era la asistencia al condenado. Esto denotaba, por
un lado, que la severidad de la justicia podía intimidar cualquier creencia o práctica desviada
(fuera del catolicismo); y, por otro lado, el exponer al relajado mostraba el fracaso del tribunal y
los inquisidores, con la consecuente debilidad de la iglesia en el conducir el rebaño del señor y el
triunfo del demonio porque se perdía era un alma dentro de las fuerzas del mal. Por esto mismo,
eran inagotables los esfuerzos para lograr el arrepentimiento del condenado, con lo cual se
convocaba a varios religiosos (teólogos de varias órdenes) para que asistan día y noche a los
condenados, desde que se publica la sentencia hasta el momento de la ejecución. Estos religiosos
convocados intentaban persuadir de cualquier forma al condenado para garantizar una muerte
digna. Si lograban obtener el arrepentimiento del relajado, esto significaba resignación,
compatible con el ideal del cristianismo, y un éxito de la acción inquisitorial. Además, estos
teólogos que acompañaban a los condenados, contaban con una presión social muy grande. Los
espectadores, una gran masa de creyentes, vociferaban hasta el cansancio que las víctimas se
arrepintiesen.
12
que morían de esta forma encerrados dentro de aquellas imágenes” 12. “Alrededor de los cubos
preparados para la hoguera, en ocasiones, se construían balcones en madera que permitían una
mejor visión del espectáculo a los invitados ilustres (el rey, el virrey o los nobles). En ciertos
casos, se produce una intervención sorprendente a petición de las autoridades, como en el auto
de fe celebrado en Madrid en 1680, en el que el rey Carlos II tocó con la mano el haz de leña
con el que se debía encender la hoguera (siguiendo el ejemplo de lo que habría hecho el rey
Fernando III). Este ritual expresa el compromiso del rey en el castigo de los herejes”13.
Dentro de este espectáculo, el protagonista era quien sufría el suplicio. Así, el condenado,
con sus gesticulaciones y gritos de dolor, o en el caso contrario, la postura digna y la pasividad
en su rostro, impresionan a la multitud espectadora. Los verdugos tenían distintas acepciones. En
algunos lugares, quemaban primero la ropa o distintas partes del cuerpo del condenado para
romper la resistencia de esa postura.
Frente al cuerpo del condenado las actitudes son varias. Los inquisidores, consideran al
cuerpo del acusado como un recipiente indigno que fue instrumento de desviar el alma que
contenía, pero a su vez, es el medio de investigación y evidencia del hecho de la herejía (de aquí
que se utiliza la tortura en casos difíciles). Para la población espectadora, el cuerpo del
condenado manifiesta la lucha entre Dios y el demonio, y también es lugar que da espacio a que
se mezclen espíritu y materia. Frente a esto, el autor nos dice que “la circunstancia excepcional
de la muerte de los condenados los expone todavía más a las intersecciones entre el mundo de
los vivos y el mundo de los muertos, suponiéndose que su alma perturbada puede regresar para
buscar su cuerpo castigado y despreciado. De ahí las prácticas de hechicería con restos
mortales de los condenados o con la cuerda de la horca; de ahí la práctica de quemar el cuerpo
de los herejes, no sólo por homología entre las llamas terrestres y las llamas del Infierno, sino
también para borrar su presencia de la memoria de las gentes y para anular todos los puntos de
referencia, dificultando el regreso de su alma (lo que explica el que las cenizas se dispersasen
en el viento o en el agua)”.14
La memoria: “La memoria viva del auto de fe se mantenía a través del espectáculo de
aplicación de las penas menores que los inquisidores decidían (flagelación de los presos por las
autoridades civiles dos días después del auto en las vías públicas, uso obligatorio de los hábitos
penitenciales durante varios años, prisión en el colegio de la fe para el adoctrinamiento
12
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp. 325-326.
13
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 326-327.
14
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 327-328.
13
religioso de los reconciliados, etc.)”15. Esta memoria de corto plazo se corresponde con un
período de limpieza de los vicios y pecados que obtuvo el condenado perdonado. Éste se somete
a un proceso de reeducación y a la vez debía cumplir una etapa penitente con la que purgaba por
completo las ofensas cometidas. Todo este proceso no se da de forma rápida y concisa, sino que,
por el contrario, es una reintegración lenta.
A partir de este relato en particular sobre el “Auto de fe”, encontramos dentro de sí que
cosas pequeñas como la invitación al rey, el juramento de éste durante la celebración de la
ceremonia o la disposición de toda una estructura de tablado para que el monarca tuviese una
15
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 328.
16
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 332.
17
BETHENCOURT, F; 1995, La Inquisición en la época moderna, Madrid, España, Akal, pp 333-334.
14
visión más global del espectáculo, que el Tribunal de Santo Oficio tenía una gran ligazón con
respecto a la monarquía y ésta también se servía de aquel para mantener legitimidad en el poder
llevando al tribunal a cualquiera que cometiese hasta una blasfemia. A su vez, entendemos el
amarre religioso que la inquisición tenía. La presencia de obispos, clérigos, la lectura de las bulas
de Pío V durante la celebración denotando la aceptación por parte del Papa de las acciones del
tribunal, lo que también genera su matiz altamente religioso. Entonces, si tenemos en mano una
institución fiel a la monarquía y fiel a la religiosidad, tenemos un elemento político-religioso que
demuestra su accionar potenciado en el desarrollo del auto de fe y desemboca en actos de
ejecución y memoria de la infamia contra los condenados, para lo cual, no sólo fue una
herramienta para sostener la unidad religiosa y el poder centralizador, sino que también asumió
un papel de persecución.
15
Conclusión:
A partir del significado etimológico de la palabra hereje: “La palabra proviene del latín
haeretĭcus, que a su vez procede del griego αἱρετικός (hairetikós), que significa 'libre de elegir'.
Así, pues, en líneas generales, un hereje es una persona que asume la posibilidad de elegir
libremente seguir un dogma diferente del que le es impuesto por una doctrina, religión o
secta”,18 vemos cómo esta libertad de expresión era considerada una amenaza para la época. Por
lo tanto, las autoridades políticas y religiosas, para asegurar el control y el orden utilizaron como
instrumento el Tribunal del Santo Oficio.
A lo largo del trabajo se ha podido observar que tanto los intereses políticos como
religiosos, fueron un conjunto, pero a su vez se vieron atravesaron por varios conflictos; vemos
reflejado al Tribunal como un factor de poder disputado entre la monarquía y el papado. Con el
transcurso del tiempo, la organización se fue convirtiendo en una institución en sí misma, como
también una institución que formo parte de la corona y respondiendo a esta, con delegación
papal, siendo así que se utilizó no solo para erradicar las herejías sino también todo aquello
considerado inapropiado por los Reyes. De hecho, la monarquía tuvo un papel protagonista en la
financiación de la Inquisición, involucrándose en el arrebato de bienes y tierras de los
condenados, aumentando así su patrimonio.
18
"Hereje". En: [Link]. Disponible en: [Link] [en línea]
(Consultado: 1 de noviembre de 2020, 11:07 pm.)
16
violencia que podrían haberse evitado y lograr así su fin de una forma más diplomática. Podemos
establecer entonces, que la Inquisición fue un instrumento religioso con un desenlace político.
17
Bibliografía:
DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio, 1976, El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los
Austrias, Madrid, España, Alianza S.A., p23.
HELLO Henri, La verdad sobre la Inquisición, 1987, Buenos Aires, Argentina, ICTION,
pp. 13-114.
18