El vínculo de apego en el proceso
de adopción
Attachment in the Adoption Process
María Redondo Catalina
Graduada en Psicología
Máster en Orientación y Mediación Familiar
Centro de Orientación Familiar de Burgos
maria_reca@[Link]
Resumen:
Resumen El apego es clave en el Abstract:
Abstract Attachment is key in peo-
desarrollo integral de las personas, y ple’s personal development. It deter-
condiciona cómo éstas van a afron- mines their relation with the envi-
tar distintas situaciones de su vida y a ronment and how they face every-
relacionarse con el entorno. Por eso, day difficulties. Therefore, it is im-
es importante establecer durante la portant to establish stable and posi-
infancia relaciones de apego lo más tive attachment relationships during
estables y positivas posible. El obje- childhood. The objective of this pro-
tivo de este trabajo ha sido revisar la ject is to review the existing bibliog-
bibliografía más actual acerca del raphy regarding the attachment in
apego en las familias con casos de families with adoption cases, with a
adopción, para entender mejor este focus on people’s personal experi-
proceso poniendo el foco en las viven- ences, to understand this adoption
cias personales de las mismas. Tras el process. After information analysis,
posterior análisis de la información the project shows that there is an
recogida, las conclusiones demues- added difficulty for those families
tran que las familias adoptivas pre- with an adopted member to create
sentan una mayor dificultad en bonding, which depends on the fam-
cuanto al establecimiento del apego, ily’s situation: Special adoption
que va a depender mucho de la situa- group cases, <1 year old child adop-
ción de la familia concreta: casos de tion, child’s background, future par-
adopción especial, casos de adopción ents’ expectations, training before
temprana, tipo de experiencias pre- the adoption, etc. It is key to under-
vias del menor, expectativas de los stand that the adoption process
padres y su preparación previa a la must be both ways, not only the par-
adopción, etc. Es importante matizar ents adopt a child, but the parents
que el proceso de adopción es mutuo, are adopted by the child too, mean-
no son los padres los que adoptan al ing that both parts should adapt to
niño, teniendo éste el deber de adap- each other. This makes the formali-
tarse a la familia, sino que también zation of the new family a process to
los padres “son adoptados” por el me- be developed together, establishing
nor y deben hacer su propio proceso
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MARÍA REDONDO CATALINA, El vínculo de apego en el proceso de adopción
de adaptación a las necesidades con- relationships that are as positive
cretas de este. Esto hace que la forma- and stable as possible.
ción de la nueva familia sea un ca- Key Words:
Words Adoption, Attachment,
mino que deben recorrer juntos y de Bond, Children, Parents, Family,
forma progresiva, tratando de esta- Parenting, Placement.
blecer vinculaciones lo más positivas
y estables posible.
Palabras clave:
clave adopción, apego,
vínculo, familia, hijos, padres, pro-
ceso.
1. Introducción
La información reflejada en este artículo responde a un trabajo
previo de investigación más amplio acerca del análisis comparativo
entre la vinculación de apego en familias con casos de adopción y la
misma vinculación en familias con hijos naturales. Con el artículo
pretendemos centrarnos más en el punto clave de la investigación,
que es la vinculación paterno-filial en los casos de adopción, para así
poder sacar a la luz las vivencias y procesos de este tipo de familias,
ya que incluso a día de hoy, esta situación se idealiza dando por he-
cho que el proceso de adaptación es más rápido y sencillo de lo que
puede llegar a ser si se analiza correctamente.
En cuanto a la metodología, explicar que los materiales emplea-
dos para realizar esta revisión han sido principalmente artículos de
investigación, publicados en revistas científicas. Además, se han con-
sultado manuales tanto físicos como electrónicos de la biblioteca de
la UPSA, así como los obtenidos dentro de las bases de datos. El cri-
terio principal seguido para elegir de entre estos los utilizados en la
revisión ha sido temático, ya que se pretendió analizar únicamente
los vínculos afectivos paterno y materno-filiales y el apego en casos
de adopción.
He considerado de vital importancia tratar este tema porque en-
cuentro que el tema de la adopción se trata mucho más a menudo
desde el punto de vista legislativo y jurídico que desde las vivencias
personales de aquellos que pasan por dicha situación, así como para
devolver la importancia al proceso psicológico de la formación de
una nueva familia.
Investigar los vínculos que se forman entre los padres y los hijos adop-
tivos puede ser imprescindible para entender qué sentimientos y procesos
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MARÍA REDONDO CATALINA, El vínculo de apego en el proceso de adopción
se generan en los progenitores; y para averiguar qué podemos hacer
desde el punto de vista profesional para atender a los problemas o necesi-
dades que se puedan generar en estas familias, en el caso de que en estas
familias se encuentren muchas dificultades en la vinculación y la vivencia
de la parentalidad” (Redondo, 2020, p. 15).
2. El vínculo de apego
Durante la infancia, es de vital importancia la manera en la que
se establecen vínculos entre los padres y los hijos, ya que va a afectar
directamente en el bienestar de los miembros de la familia y en su
correcto desarrollo dentro de este sistema. Bowlby y Montero (1972,
p. 71), indican que el bienestar sólo es posible si la relación entre los
miembros es continua. De entre todos los tipos de vinculación, voy a
centrarme en el vínculo de apego, que sería el vínculo filio-parental,
y que según Ortiz, Sánchez, Rebollo y Etxebarria (2014, p. 341), es
muy significativo, ya que se mantiene a lo largo de todo el ciclo vital
de una persona.
2.1. Formación y establecimiento del vínculo de apego
Ortiz, Sánchez, Rebollo y Etxebarria (2014), explican que el
vínculo del apego se establece a partir del octavo mes de vida del
bebé, y engloba tanto los sentimientos como también las conductas
y representaciones mentales del niño, que se van organizando en lo
que se conoce como sistema de la conducta de apego. El primer año
de vida del niño es clave, ya que de los 8 a los 12 meses ya aparece
en el niño la respuesta de ansiedad ante la separación de sus figuras
de apego, la activación de su sistema exploratorio en presencia de
las mismas, y además va desarrollando todo un plan de conductas
del menor encaminadas a buscar su cercanía y protección. Por su
parte, la investigación de Bowlby (1993) añade que hasta los 3 años,
este sistema de conducta continúa activándose con rapidez, pro-
puesta en la que coinciden numerosos investigadores posteriores.
Ortiz, Sánchez, Rebollo y Etxebarria (2014) exponen asimismo
que la vinculación de apego es resultado de la interacción entre dos
factores principales: la búsqueda de cuidados del niño y la conducta
de los padres de ofrecerle afecto y atención.
Si se enfoca la creación del vínculo de apego en los progenitores
o cuidadores, cabe destacar que el cuidado de los padres hacia los
niños es más que una programación biológica, siendo también una
tarea de búsqueda de transmisión de elementos socializadores para
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el desarrollo óptimo del niño, ya que los padres también se hacen
conscientes por experiencia personal de la importancia que ha te-
nido para ellos la interiorización de modelos, costumbres y valores
previos.
Bowlby (1993, p. 372), matiza la importancia de la sensibilidad de
la madre ante las señales del bebé para el establecimiento de un
apego estable y óptimo, y por otra parte, el hecho de que el niño ex-
perimente que sus interacciones sociales llevan a consecuencias
previsibles y que permiten realmente establecer una relación recí-
proca y armoniosa con la madre. Sin embargo, cuando solo se dan
en parte o hay descontento en la relación, el vínculo de afecto que se
desarrolla es más débil. Finalmente, si no se da prácticamente nin-
guna de las condiciones, pueden producirse graves problemas en la
interacción y el vínculo de afecto, entre ellas que se tarde un periodo
de tiempo mucho más extenso en desarrollar la conducta de apego
por parte del niño.
Esto ocurre también cuando se da el efecto de privación de la
figura de apego. En estudios realizados con niños que están institu-
cionalizados (internados, orfanatos, centros de menores, etc.), se
concluye que desde las primeras semanas, muchos niños muestran
el efecto perjudicial de la separación de la madre (Bowlby & Mon-
tero, 1972, p. 21), traducido en síntomas como la dificultad de sonreír
a un rostro humano, tener mal apetito, no aumentar de peso a pesar
de estar bien alimentado, dormir mal y no mostrar iniciativa alguna.
3. Adopción y apego
Benchuya y Vito (2005, p. 2) exponen que el proceso de ser pa-
dres realmente comienza cuando aparece el deseo de que exista un
hijo y por tanto se empieza a construir un ambiente y un lugar para
que esto ocurra. Este deseo de ambos progenitores se materializa
durante el periodo de embarazo y en el nacimiento del niño, pero
también responde a un legado, un “mandato familiar” que se recibe
desde la infancia (expectativas de sus padres, hermanos…). En la ma-
yor parte de los casos, las parejas o personas individuales que quie-
ren tener hijos lo consiguen mediante la vía biológica; sin embargo
en otros, bien por circunstancias de salud o motivos personales, la
opción elegida para cumplir este deseo de ser padre o madre es la
adopción.
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3.1. Padres adoptivos y motivaciones para la adopción
En el ámbito de la adopción, es común pensar que son los padres
los que acogen en su familia a un niño que ha vivido situaciones muy
duras y que necesita vivir en un ambiente que permita su desarrollo
y bienestar. Sin embargo, aunque este planteamiento es importante,
deja de lado la otra parte de la relación adoptiva: los padres.
Actualmente, se conoce que aproximadamente el 75% de los so-
licitantes de adopciones son personas que tienen dificultades para
tener hijos biológicos, dos tercios de ellos, con un diagnóstico médico
de esterilidad. Mirabent y Ricart (2012) afirman que esta situación
de duelo que presentan algunas familias ante la imposibilidad de te-
ner un hijo biológico, no está bien asimilada y superada en un gran
número de casos en el momento en que se solicita la adopción.
Grau, Mora y Associació CRIA (2005) exponen varios motivos
diferentes por el que se puede querer adoptar, además del deseo de
ser padres de una persona o pareja, entre los que se encuentran el
deseo de poder educar a alguien, de reparar pérdidas anteriores, el
deseo de paliar la pobreza en el mundo (es decir, unos intereses al-
truistas) y finalmente, el de evitar el dolor psíquico de la esterilidad.
Y es que, como defienden también Fernández y Fuentes (2004), en
las familias adoptivas los progenitores suelen generar expectativas
disfuncionales acerca de su propia percepción como padres, plante-
ándose si serán realmente capaces de educar y cuidar bien al niño,
y también sus rígidas expectativas sobre cómo debe ser el menor
(conducta, rasgos físicos, habilidades de socialización). Cuando llega
el hijo, estas expectativas pueden aparecer como un arma de doble
filo en la relación familiar, ya que para el niño, el hecho de recibir
de los padres respuestas incoherentes o de rechazo a sus demandas
reales, es una causa de que su desarrollo sea mucho más pobre emo-
cional y socialmente, lo que se conoce como “desarrollo detenido”.
Por su parte, Mirabent y Ricart (2012) manifiestan que, a la mo-
tivación de adoptar a un menor le afectan las experiencias, relacio-
nes familiares, relaciones de pareja, la educación y valores, etc., de
las personas que van a actuar como progenitores.
Por tanto, es de vital importancia que los solicitantes de adop-
ción sean conscientes de sus verdaderas motivaciones antes de
adoptar, ya que es frecuente que no se haya hecho un proceso pre-
vio de reflexión acerca de lo que conlleva querer optar por esta vía
para tener un hijo (Grau, Mora & Associació CRIA, 2005, p. 9).
Sin embargo, hay solicitantes de adopción que viven este pro-
ceso como una “carrera de obstáculos” y que consideran que la
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atención que reciben durante el mismo por parte de los equipos psi-
cosociales es más desmotivante que alentadora. “Después de varias
sesiones informativas, que parecen encaminadas a que tires la toa-
lla, y de realizar una serie de cursos, debes pasar una serie de exá-
menes psicológicos y físicos, y una evaluación de un trabajador so-
cial hasta obtener el certificado de idoneidad” (Arranz, 2019). Por
ello, se ve necesario el acompañamiento de los futuros padres, no
sólo teniendo en cuenta la parte más burocrática, sino también las
vivencias personales durante un proceso que, aun a día de hoy, es
largo y difícil. Es importante la presencia constante de un equipo
detrás de cada persona solicitante, valorando y acompañando el
proceso de espera del hijo adoptivo. También se han de valorar
tanto la información como la formación previa que se da a los pa-
dres en este proceso, ya que, en algunas situaciones, se llega al fenó-
meno del “niño devuelto”, lo que resulta doblemente perjudicial para
ambas partes de la relación adoptiva. “…hay familias adoptivas que
experimentan diverso grado de dificultades, con un número nada
despreciable que acaba teniendo la dramática experiencia de las
rupturas, con muy negativas consecuencias para todos los implica-
dos, particularmente los adoptados: lo que iba a ser para toda la vida
se interrumpe para siempre” (Simón, 2018).
La principal tarea de los padres adoptivos es la de asegurar una
vinculación estable y de cuidados con el niño, comprendiendo e inte-
grando sus vivencias anteriores de forma positiva y reforzando sus
habilidades parentales. Por tanto, la adopción puede ser la oportu-
nidad perfecta de que ese niño y los padres (como se ha dicho antes,
probablemente afectados por un duelo previo) puedan establecer
vínculos de apego reales, estables y duraderos, que permitan el desa-
rrollo óptimo de todos los miembros de la familia, pero sobre todo,
del menor, que creará una identidad sana.
3.2. El hijo adoptivo
La situación de adopción es un proceso, que va formándose pro-
gresivamente con la convivencia, la confianza, el mutuo conoci-
miento entre los padres y el/los niño/s. Autores como Mirabent y Ri-
cart (2012) defienden que es normal que la adaptación no sea inme-
diata desde el primer día.
Los menores adoptados descubren que sus formas de controlar
el entorno, aprendidas por experiencias previas, en esta situación
ya no sirven para calmar la ansiedad, creándoles una sensación de
indefensión. Por ello también es frecuente que muchos niños,
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durante las primeras semanas o meses después de la llegada a la
familia, presenten un comportamiento contradictorio: a veces se
“aferran” a uno de los padres, otras rechazan el contacto o mantie-
nen una actitud sometimiento, etc. (Grau, Mora & Associació CRIA,
2005).
En relación a las variables de los menores que pueden afectar a
su adaptación a la familia y a la creación de vínculos con los proge-
nitores, los estudios más actuales afirman que las experiencias vivi-
das por el niño antes de la adopción tienen realmente más impor-
tancia que la edad de éste (Rutter et al., 2000), ya que, además, la
duración y e intensidad de la negligencia o maltrato al niño correla-
cionan positivamente con la dificultad de adaptación de éste en el
nuevo entorno familiar. Sin embargo, resulta tranquilizador saber
que la adopción tiene un papel reparador de las experiencias nega-
tivas previas de los niños tanto en sus familias biológicas como en
las instituciones en las que hayan estado (Limiñana, Bueno & Alonso,
2010).
Para muchos padres adoptivos, es importante que el niño se pa-
rezca lo más posible a ellos y a las expectativas que se han ido
creado sobre el mismo, por eso manifiestan preferencias a la hora
de elegir la etnia, el sexo y otras características (Fernández & Fuen-
tes, 2004). Por eso, hay un grupo de menores que es importante tener
en cuenta de cara al análisis de las adopciones y adaptaciones que
requieren. Este conjunto de niños es el de los casos de adopciones
especiales, que comprenden los siguientes casos: niños dados en
adopción con edades a partir de los 6-8 años, los que presentan al-
guna disfuncionalidad o problemas de salud graves, los que perte-
necen a algún grupo étnico diferente al de su familia adoptiva, y
aquellos que se dan en adopción junto a algún hermano biológico
(Palacios & Sandoval, 1996).
En relación con la edad del menor, las investigaciones que se
han hecho muestran que la gran mayoría de los padres prefieren
adoptar niños lo más pequeños posible; en primer lugar, para vivir
todas las etapas del desarrollo del hijo como si fuera biológico; y en
segundo lugar, porque las probabilidades de que el menor haya su-
frido maltrato o recuerde su pasado son menores. Los padres adop-
tivos temen que el niño recuerde sus raíces y al hacerlo se despierte
en él la idea de buscar en un futuro esos “lazos de sangre” o de pre-
sentar rasgos de su familia biológica, creen que cuanto más pe-
queño sea más se minimiza esto y los hábitos se asemejan más a los
de la familia adoptiva (Fernández & Fuentes, 2004).
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En cuanto a las diferencias raciales o étnicas (otro de los grupos
de adopción especial), Pedro-Viejo (2012, p. 213) afirma que esta va-
riable no está relacionada de una manera relevante con la adapta-
ción del menor a la familia. También explica la dificultad que pueden
suponer las adopciones internacionales, sobre todo en cuanto a la
“socialización cultural” de los niños adoptados. Los padres adoptivos
deben ponerse en contacto con la cultura de origen de los menores
para mejorar su bienestar y sentido de pertenencia y por tanto cui-
dar su adaptación a la nueva familia y cultura.
Por otro lado, respecto a los menores con enfermedades cróni-
cas y/o discapacidad, se ha encontrado que, de entre las diferentes
discapacidades, los niños que mejor se adaptan al medio familiar
son los que tienen algún grado de discapacidad intelectual (Rosent-
hal y Groze, 1992). De todos modos, hay mucha diferencia entre los
padres adoptivos bien informados acerca de las características y ne-
cesidades concretas del menor (que consiguen una buena adapta-
ción y el establecimiento del vínculo) respecto a los padres menos
informados.
También se considera adopción especial al hecho de las adop-
ciones conjuntas de hermanos biológicos. Berástegui Pedro-Viejo
(2018) afirma que esta variable solo afecta incrementando mínima-
mente el riesgo de inadaptación a la familia adoptiva, pero no es
significativa, y que, sin embargo, en ocasiones, este tipo de adopción
parece ejercer como factor de protección ante la inadaptación. Au-
tores como Román (2010) llegan incluso a la conclusión de que los
menores de adopciones múltiples muestran menos inseguridad y
desorganización que los niños y niñas de adopciones simples, lo que
pone de manifiesto el papel protector de los hermanos mayores so-
bre el desarrollo emocional de los hermanos pequeños en la situa-
ción de adopción.
Molina (2002) afirma que las adopciones especiales son las que
mayores tasas de fracaso presentan pero la principal conclusión es
que no tiene por qué haber una mala adaptación familiar, aunque
hay diferencias en función del grupo (diferencias étnicas, mayor
edad, discapacidades o adopciones múltiples). Es muy importante
que la formación y preparación de los padres en estas situaciones
sea la más específica posible, conociendo qué factores del niño o su-
yos pueden dificultar una correcta adaptación. Un seguimiento con-
tinuo a manos de un equipo profesional actuaría como apoyo y po-
dría resultar muy beneficioso.
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3.3. Proceso de vinculación: apego en la adopción
Rosas, Gallardo y Angulo (2000) afirman que la mayoría de los
niños adoptados consiguen una buena adaptación a la familia. Ade-
más, los investigadores confirman que los niños adoptados más tar-
díamente suelen presentar un desarrollo más problemático que los
de adopción temprana y una menor probabilidad de establecer un
apego de tipo seguro, ya que su falta de vinculación estable durante
la infancia temprana afecta a todos los niveles de su persona, no sólo
la parte emocional, sino también la social y conductual.
Fernández y Fuentes (2004) exponen que, cuando la figura de
apego no responde a las necesidades y llamadas del niño, ese niño
va percibiendo el mundo como un contexto amenazador, conside-
rando cada pequeño cambio como una amenaza para él ante la que
está indefenso, por lo que necesitará un contexto de figuras de
apego que le cuiden y aporten seguridad para conseguir modificar
esta concepción del mundo. No obstante, Limiñana y Bueno (2011)
afirman que con estos niños y las familias se pueden realizar inter-
venciones que ayuden a restablecer la seguridad y la confianza en
nuevas figuras de apego y potenciando las habilidades y fortalezas
de todos, para conseguir la mayor reparación emocional de los me-
nores.
A pesar de todos los datos en contra, la investigación ha com-
probado que las dificultades de apego en la infancia no tienen por
qué significar dificultades en el futuro (Limiñana & Bueno, 2011).
Además, si las dificultades se manifestaran, pueden resolverse siem-
pre que el menor tenga la oportunidad de vincularse a nuevas figu-
ras de apego. Si se cubren sus necesidades básicas, y siente que
puede querer y a la vez es querido, el niño irá desarrollando el sen-
timiento de pertenencia a la familia y haciéndose consciente de que
la familia a su vez, le pertenece. Se reajusta a la nueva situación,
comenzando a conocer las rutinas, el espacio físico y las personas
con las que va a tener contacto de forma repetida.
Realmente, en la adopción no es solo el hijo el que se adopta,
sino que también los padres “son adoptados” por el niño. Por eso, el
proceso de adaptación es mutuo, y todos los miembros de la nueva
familia comienzan a conocerse entre sí, tratando de comprenderse
los unos a los otros. Benchuya y Vito (2005) afirman que cuando esto
funciona, es habitual que en un periodo corto de tiempo se esta-
blezca un vínculo fuerte de afecto, que es más notorio cuando el me-
nor comienza a dar muestras de vitalidad y se ve en él un cambio de
actitud.
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MARÍA REDONDO CATALINA, El vínculo de apego en el proceso de adopción
Para los padres, asumir el cuidado de un niño que no es recién
nacido (tiene como mínimo de diez a doce meses), desconocido para
ellos al principio, con un pasado generalmente negativo y con unas
actitudes difíciles de interpretar, supone una misión que implica mu-
chas dificultades y cansancio (Grau, Mora & Associació CRIA, 2005,
p. 7). Por esto es imprescindible la labor de equipos psicosociales que
formen y apoyen a los padres adoptivos.
4. Conclusiones y futuras líneas de investigación
Respondiendo al objetivo principal de este trabajo, que es el es-
tudio del vínculo de apego en las familias adoptivas, se pueden sacar
las siguientes conclusiones.
En primer lugar, el apego en las familias adoptivas suele llevar
un ritmo diferente al de las nucleares, aunque es verdad que de-
pende de qué tipo de familia adoptiva estemos hablando, ya que hay
tantas familias adoptivas como niños dados en adopción (Redondo,
2020).
Centrándonos en los padres, hay varias variables que influyen
en el establecimiento de este vínculo de apego. En primer lugar, las
expectativas que puedan haber generado acerca del menor, de sí
mismos como figuras parentales, sus experiencias previas (muchas
veces de duelo ante una infertilidad), etc. Por otro lado, hay muchos
temores por parte de los padres adoptivos ante la relación con los
hijos adoptados, tanto en el sentido emocional como en el educacio-
nal, de normas y pautas que se darán en la familia (Paulina, Fe-
rreira, Bobato & Becker, 2018). Valgañon (2016, p. 166) ha compro-
bado, por ejemplo, que las familias más funcionales y adaptativas
son más flexibles ante las actitudes y conductas del menor, respecto
a las más rígidas y autoritarias, y que esto ayuda a la creación de
una buena relación familiar,
Por todo ello, es necesario en este sentido brindar a los padres
adoptivos un apoyo preventivo por parte de un equipo profesional,
pero también posterior a la adopción, trabajando con ellos las difi-
cultades que se han encontrado o pueden encontrarse en el proceso
de crear y mantener vínculos afectivos de apego con los menores.
Los padres que viven esta situación tienen una necesidad muy
grande de sentirse comprendidos y escuchados, sobre todo por un
equipo profesional que entienda de ese ámbito y lo pueda tratar
desde un marco emocional y social (Redondo, 2020).
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MARÍA REDONDO CATALINA, El vínculo de apego en el proceso de adopción
Por otro lado, poniendo el foco en los hijos adoptivos, se dan va-
rias variables que afectan al establecimiento de un vínculo de apego
positivo. En primer lugar, la edad del menor adoptado. Por un lado,
los menores adoptados en adopción temprana son los que menos
problemas presentan a la hora de comenzar de nuevo a establecer
el apego con los nuevos padres, sobre todo si estos responden a sus
necesidades de afecto y cuidados, ya que la adopción temprana mi-
nimiza el riesgo de que el niño haya sufrido numerosas experiencias
negativas previas al momento de adopción. Además, es más fácil
que los padres se identifiquen con este niño o niña y le eduquen
como si fuera su hijo biológico (Hoksbergen, 1997). Por otro lado se
sitúan las familias que adoptan niños más mayores. Los expertos no
coinciden en la edad a partir de la cual considerar a un niño “ma-
yor”, pero sí en que es más probable que estos menores hayan su-
frido más experiencias negativas y hayan pasado por más variedad
de contextos, como el institucional, familias de acogida, etc. (Limi-
ñana, Bueno & Alonso, 2010). El apego en estos menores dependerá
tanto sus vivencias pasadas y capacidad de adaptación a un nuevo
entorno, como de las expectativas que en él hayan volcado los pa-
dres adoptivos y de la capacidad de estos de hacerle sentir que en la
familia es querido y atendido en función de sus necesidades, deján-
dole su espacio de asimilación (Benchuya & Vito, 2005).
En segundo lugar, el apego en los menores de los grupos de
adopciones especiales (aparte de la edad, menores con problemas
crónicos de salud, menores de adopciones múltiples y menores de
distinto grupo étnico), suelen tener más dificultades de cara a la vin-
culación, pero depende mucho de la situación y además, una vez se
establece, el menor mejora su desarrollo y los padres muestran ni-
veles muy altos de satisfacción.
El apego con los padres adoptivos está además relacionado con
el desarrollo cognitivo y con la adaptación conductual de los niños y
niñas (Garrido-Rojas, 2006). Por esto, la familia adoptiva es la mejor
solución de cara al desarrollo social y emocional óptimo de los me-
nores, siempre y cuando se dé un ambiente de seguridad y afecto.
Así, los niños podrán establecer estilos de apego seguros que ayuda-
rán a su recuperación emocional de las experiencias pasadas y les
enfocarán hacia un futuro adaptativo y lleno de oportunidades. En
general, el apego en la adopción ayuda a promover el desarrollo in-
tegral del menor, a saberse querido y aprender a querer y cuidar,
explorar el mundo que le rodea, vivir con confianza, etc., suponiendo
el punto básico de apoyo y la oportunidad de reedificar una vida
(Ortiz, Sánchez, Rebollo & Etxebarria, 2014). Para los padres
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MARÍA REDONDO CATALINA, El vínculo de apego en el proceso de adopción
adoptivos, supone una oportunidad de cuidar a uno o varios ni-
ños/as, sintiéndolos como propios, dejando atrás sus experiencias
negativas, y sacando a la luz todas las habilidades parentales para
apostar por dicho proyecto. Es decir, este proceso, si se cuida, es be-
neficioso para todas las personas del ámbito familiar.
Además de las conclusiones que se han mencionado, este estu-
dio ha ayudado a descubrir otras posibles líneas de investigación
dentro del ámbito del apego en la adopción, como pueden ser las
siguientes (Redondo, 2020):
– El análisis de los programas existentes de seguimiento en la
post-adopción, aspectos en los que se fijan, variables, carac-
terísticas y profesionales que desempeñan este tipo de ta-
reas.
– El diseño y planteamiento de nuevos tipos de seguimiento a
las familias adoptivas.
– La investigación acerca de cómo se da hasta ahora la forma-
ción previa a la adopción y qué tipo de equipos/profesiona-
les se encargan de ella.
– La comprobación de las entrevistas y estudios por los que
pasan los solicitantes de adopción y cómo se analizan sus
motivaciones.
– Nuevos estudios acerca de las adopciones especiales y su
comparación con el resto de casos de adopción.
– La investigación más exhaustiva de ciertos casos de adopcio-
nes especiales: discapacidades y niños adoptados junto a sus
hermanos biológicos (la mayor parte de estudios se centran
en los casos de niños mayores de 6 años, es decir, solo tiene
en cuenta la variable edad).
– El análisis de la situación de acogimiento familiar y el estu-
dio de la formación del apego en estas familias.
Referencias
Arranz, P. (2019). Adopciones: un camino cada vez más largo y más
complicado. El Mundo. Recuperado de [Link]
[Link]/.
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