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Comunicación corporal -kinésica, proxémica-

Antonio Muñoz Carrión


Universidad Complutense de Madrid

La especificidad de las expresiones corporales

Dentro del ámbito de los estudios de comunicación, se ha configurado desde hace varias décadas una nueva
especialidad que se ha centrado en el análisis del cuerpo y de sus aditamentos como fuente de expresiones dirigidas a
usos comunicativos. Conviene señalar que uno de los factores que desde el punto de vista teórico más han intervenido a
la hora de potenciar esta especialidad ha sido la necesidad de abordar rigurosamente el plano de la metacomunicación.
Para analizar las comunicaciones que recurren a las lenguas naturales, existen una multiplicidad de modelos,
generalmente procedentes de la lingüística,-que se plantean el estudio del plano de la significación. Sin embargo, la
pregunta es ¿cómo puede abordarse el plano del sentido? Es factible determinar las sintaxis y semánticas que rigen en
las expresiones verbales; lo dificultoso es identificar el sentido con el que debe ser entendida la significación de dichas
expresiones verbales. Por ejemplo, cuando le digo que no la voy a querer más, estoy utilizando la lengua
monosémicamente; transmito un mensaje que, en principio, no ofrece dudas. La lengua natural, está en disposición de
digitalizar la comunicación en una gran parte de las situaciones en que se usa. Sin embargo, en los procesos de
interacción comunicativa, ese mensaje de estructura lingüística, cuando es enunciado en un acto de interacción, se
presenta siempre calificado por expresiones comunicativas de naturaleza no verbal. La significación del mensaje verbal
es puntuada por el sentido producido mediante expresiones no verbales. Es decir, la significación de la comunicación
digital deberá ser entendida a partir del sentido que se indique desde el nivel analógico de la comunicación, es decir,
desde el plano metacomunicativo. Así pues, el significado de « te odio» puntuado con una cálida sonrisa puede invertir
su sentido. Desde esta perspectiva cabe integrar en un mismo proyecto el estudio de las expresiones codificadas
lingüísticamente y el de aquéllas que responden a otras formas de codificación; por lo tanto cabe distinguir dos niveles
lógicos distintos: el de la comunicación verbal, de naturaleza digital y el de la comunicación no verbal, de naturaleza
analógica. La segunda se sitúa en un nivel lógico superior que la primera, desde el momento en que determina el
sentido con el que debe ser entendida aquélla. Aquí sólo se va a tratar la segunda de ellas, es decir, la que suele
denominarse CNV.
Cuando se habla de CNV es necesario señalar que, por una parte, la naturaleza de sus expresiones tiene unas
características específicas que la diferencian de la comunicación codificada mediante lenguas naturales, pero por otra,
el modelo de análisis que estudia a ambas es el mismo. En cualquier tipo de comunicación se presenta una serie de
componentes que pueden ser analizados con un mismo modelo; toda comunicación se carac
teriza por exigir la relación entre dos o más «actores» mediante procedimientos expresivos. Por ejemplo, un actor
genera un tipo de expresiones que es percibida por otro actor; estas expresiones designan algún objeto de referencia,
que es representado mentalmente, con un sentido determinado, por el actor destinatario. Es decir, son las expresiones
las que designan a los objetos de referencia de la comunicación. Tan expresiones son los sonidos producidos con las
cuerdas vocales en el habla, como los gestos o las posturas que los acompañan. Tanta capacidad evocadora tienen las
palabras, como pueden tener las expresiones faciales o los gestos con las manos. Por esta razón, la CNV debe ser
estudiada con el mismo modelo de análisis con el que se abordan los demás procedimientos físicos de interacción que
recurren al intercambio de expresiones.
En efecto, toda expresión se produce tras la modificación de una materia mediante la aplicación de una energía; la
expresión constituye, pues, desde el punto de vista físico, una alteración y desde el punto de vista comunicativo, un
cambio de estado perceptible por alguien. Estos cambios de estado son los que designan, por analogía, las diversas
actitudes, emociones, etc., que se desea comunicar. Desde esta perspectiva, es necesario señalar como característica
intrínseca de las CNV que la expresividad kinésica es una manifestación que constituye una continuidad con respecto a
aquello a lo que. se refiere. Expresión y referencia forman parte de un mismo proceso en el que únicamente intervienen,
como mediadoras, las constricciones filogenéticas y las culturales.

El cuerpo como «nivel cero» de la comunicación

En los comportamientos comunicativos que recurren a las expresiones corporales no existe un «nivel cero» de la
comunicación, ya que en la interacción social resulta imposible el que se pueda evitar el proceso de atribución de los
demás. Es decir, el cuerpo, en su propia desnudez y en sus movimientos elementales, es percibido siempre dentro de
modelos culturales de representación de lo bello, lo feo, lo sano, lo débil, lo fuerte, etc. Cada una de estas atribuciones
determina a su vez a etras situadas en lo que podrían constituir categorías lógicas diferentes, de entre las cuales en el
campo de la comunicación interesa especialmente la axiológica. De esta forma, la materia básica de la CNV, que es el
propio cuerpo, se convierte en una carga heredada y parcialmente inevitable para el actor que lo encarna. El inicio de
toda interacción comunicativa cara a cara está condicionado por la información que atribuyen los actores interactuantes
a sus respectivos cuerpos, posturas, gestos y que cada cultura ha determinado a lo largo de su desarrollo. Desde esta
perspectiva, las posibilidades comunicativas que se abren en el plano kinésico pueden reducirse a dos: o bien se
generan expresiones (gestos, posturas) a partir de las capacidades funcionales del organismo del actor y de los hábitos
culturales, o bien se resaltan o se ocultan artificialmente los caracteres fisionómicos y constitucionales -en cada
situación, de manera que dicho cuerpo pueda liberarse de la atribución que de él se hace desde los patrones culturales
al uso. La primera de estas posibilidades conduce a los estudios que desde la ciencia social se han llevado a cabo
acerca de las dimensiones kinésicas y proxémicas de la comunicación. La segunda es la que ha otorgado un valor
comunicativo a los diferentes aditamentos y formas de ornamentación existentes en cada cultura y momento histórico.
La primera de estas posibilidades, que es la que nos interesa en este artículo, remite al uso comunicativo del cuerpo,
mientras que la segunda remite al uso de otros objetos en el marco de los ritos y especialmente en relación con la moda.
La kinésica y sus tendencias

1. Existen aproximaciones al estudio del cuerpo desde la fisionomía, la psiquiatría y la psico-patología que han
resultado innovadoras a lo largo de la primera mitad de este siglo, y que, en ocasiones, han sido fuente de inspiración de
trabajos posteriores sobre la CNV. Estos trabajos se han centrado sobre la personalidad, a la que relacionan
fundamentalmente con el tipo constitucional. Uno de los autores que más han insistido en esta perspectiva ha sido E.
Kretschmer, quien distinguió entre «pícnicos-ciclotímicos», «asténicos-esquizotímicos» y «atléticos-epileptoides». La
biotipología, que es la disciplina por la que cabe atribuir aptitudes y carácter determinado a los diferentes tipos
constitucionales, se preocupó inicialmente por medir el cuerpo (cráneo, musculatura, peso, talla, etc.), tal y como venían
haciendo los antropólogos desde el siglo pasado. Posteriormente se orientó hacia la endocrinología, los grupos
sanguíneos y la electroencefalografía. Otras clasificaciones similares fueron realizadas también en el primer tercio de
siglo por Sheldon y por Sigaud.
Otro trabajo clásico es el de Allport y Vernon, quienes estudian igualmente la personalidad, pero esta vez determinada
por el estilo expresivo de los sujetos. Tanto FrommReichmann como Deutsch y Murphy reinciden igualmente en la
expresión de la personalidad, aunque desde variables más próximas a la kinésica, como son la postura, los movimientos
corporales y el tono de voz.
Sin embargo, estas investigaciones no pueden considerarse específicamente comunicacionales, en la medida en la que
se basan en datos clínicos y no se plantean como objetivo primordial la identificación sistemática de los códigos usados
en la comunicación corporal y sus formas sociales de uso.
2. Si por una parte la antropología física ha sido una de las disciplinas pioneras en el estudio del cuerpo, salvando
excepciones como la obra de A. Leroi-Gourhan, solamente la antropología social y cultural y la sociología han vinculado
el estudio de la gestualidad y de la plasticidad corporal al plano de la significación y al del simbolismo, estableciendo con
ello un nivel de análisis pertinente para abordar la comunicación. Dejando a un lado los intentos de J.-M. Gerando y sus
coetáneos por descubrir, en 1800, los «lenguajes de acción» derivados de los diversos tipos de gestos de los pueblos
salvajes, la mayor parte de los antropológos contemporáneos han coincidido en señalar a la cultura como mediadora en
el aprendizaje de los gestos, posturas, destrezas expresivas, rituales y todos los demás comportamientos utilizados en
el marco de interacciones comunicativas. M. Mauss es uno de los representantes clásicos de esta posición, pues
considera las expresiones no verbales como lenguajes que deben ser usados con un carácter obligatorio y social (1921).
E. Sapir, que es quizás el investigador más enigmático en este tema, en 1927 refiriéndose a la gestualidad señala que
«reaccionamos como si siguiéramos un cógido secreto y complicado, que no está escrito en ninguna parte que no es
conocido por nadie, pero sí entendido por todos» y que no depende de causas orgánicas sino que se aprende
socialmente. Precisamente Sapir influiría mucho después y de una forma decisiva sobre todos los teóricos de la
comunicación pertenecientes o relacionados con la Escuela de Palo Alto. D. Efrón, alumno de F. Boas, realizó su tesis
doctoral (1941) comparando, con una sistematicidad extrema para la época, los gestos de los judíos y de los italianos en
dos momentos y lugares distintos: Europa y Estados Unidos. Efrón demostró la falsedad de la teoría racial de los gestos
y destacó una vez más la importancia de los procesos de enculturización en la expresión kinésica. En 1940, O.
Klineberg, a partir de numerosos datos etnográficos, señaló que « la expresión emocional debe considerarse, no
simplemente como resultado espontáneo de procesos fisiológicos internos, sino también como un medio de
comunicación social, o sea como un lenguaje»; así pues, ni se necesita sentir una emoción para expresarla ni tienen que
expresarse todas las emociones que se sienten. Más radical todavía es el antropólogo W. Labarre quien, ya en 1947, e
influido también por Sapir, se plantea el estudio de los gestos no como actos instintivos, sino a partir de sus bases
culturales, y señala que dichos códigos «tienen que aprenderse como cualquier sistema arbitrario, inventado,
simbólico».
En el grupo de los sociológos existen numerosas aportaciones que exigirían una atención particular, si bien desde las
observaciones de G. Tarde sobre los procesos de imitación (1890), sus trabajos en este ámbito han derivado
frecuentemente a una macrokinésica que se ha fijado sobre todo en los ceremoniales cotidianos. Una contribución
decisiva, aunque nunca reconocida, se debe a J.L. Moreno quien, aparte de las finalidades dramatúrgicas y
psicoanalíticas de sus investigaciones (1918-20), estableció una serie de conceptos muy operativos en el campo de la
comunicación no verbal y de sus relaciones con la expresión de la energía, que más tarde influirían notablemente sobre
Reich; también estudió la proximidad en la escena, sentando bases para la que posteriormente se llamaría ciencia de la
proxémica y que desarrollaría Hall. El autor más representativo de todos los que actualmente siguen trabajando desde la
perspectiva sociodramática es E. Goffman. Entre los temas más seductores y actuales dentro del campo sociológico
está el análisis de los usos que la sociedad le asigna al cuerpo; estos trabajos se vienen realizando en la última década
por el grupo «Actes de la Recherche en Sciences Sociales» de París.
3. La tendencia considerada más importante, fructífera y más específicamente comunicativa es curiosamente la de los
investigadores que desde disciplinas diferentes y con intereses contrapuestos, han recurrido en diferente medida a
modelos procedentes del behaviorismo. Estos investigadores, que tienen en común el incidir sobre el tema desde la
perspectiva de la microkinésica, pueden dividirse en dos grandes grupos: el primero sería el de aquellos. que tienen
formación antropológica y se han relacionado o pertenecen al llamado Colegio Invisible (Escuela de Palo Alto) y el
segundo estaría integrado por los behavioristas más ortodoxos, generalmente psicólogos de formación; los primeros se
caracterizan por estudiar la comunicación corporal en su entorno socio-cultural, dando especial relieve al contexto; los
segundos estudian casos individuales o grupales en el seno de laboratorios y tras experimentos artificiales. Los
investigadores pertenecientes al primer grupo estarían por lo general más interesados por un estudio interactivo y
comunicacional y, generalmente, con técnicas estructuralistas y bajo una concepción sistémica; los pertenecientes al
segundo grupo se limitan a correlacionar actitudes con índices manifestados en comportamientos no verbales.
Los representantes más destacables de la primera tendencia son A. Scheflen y R.L. Birdwhistell, el creador de la ciencia
de la kinésica. Quizás podría incluirse en esta tendencia psicólogos como Ogston y Condon.
Schefien apenas distingue entre comportamiento y comunicación. Todo comportamiento está incluido, para este autor,
en una «presentación» comunicativa. La «presentación» es el conjunto de los pequeños gestos y de los cambios
posturales de una persona dentro de una situación comunicativa; estos repertorios de «posiciones» que configuran la
denominada «presentación» son estudiados individualmente. Schefien no insiste en el estudio de las estructuras
subyacentes ni en el de los códigos implícitos compartidos por los actores de la comunicación; sin embargo, sí se
preocupa por descubrir las jerarquías que dentro del sistema del comportamiento se establecen entre los distintos
elementos de la gestualidad. Birdwhistell estudia la expresión corporal relacionando sentido y uso. Este autor recurrió a
la lingüística para aproximarse al cuerpo; en la actualidad la ha abandonado, si bien, a partir de ella, había desarrollado
una metodología estructural de análisis mediante la que identifica la progresiva articulación de los movimientos
corporales mínimos, es decir, aquellos que no tienen sentido por sí mismos, y que para adquirirlo en una determinada
cultura deben aparecer configurando unidades complejas de un nivel superior.
Ogston y especialmente Condon se han planteado el estudio de la sincronía rítmica que cada individuo aprende a lo
largo de su desarrollo ontogenético. Los estudios de Condon resultan sumamente interesantes en los procesos de
comunicación cara a cara. Tras medir las actividades eléctricas de los cerebros de dos individuos que hablan, este
investigador ha demostrado que cada uno de ellos tiene su propio ritmo y que en el proceso de comunicación surge un
tercer ritmo común, generándose así una sincronía interaccional entre ambos, que lleva a las curvas de los
encefalogramas de los sujetos a superponerse, al margen de cuál sea el que habla o el que escucha.
El segundo grupo está representado fundamentalmente por P. Ekman, W.V. riesen y A. Mehrabian. Estos autores se
oponen enérgicamente a las tendencias antropológicas descritas en apartados anteriores, acusándolas de falta de rigor
en los planteamientos teóricos y en los instrumentos de medida; asimismo, el estudio de la gestualidad en sus propios
contextos es considerado por los psicólogos behavioristas una fuente de errores, desde el momento en que no se
pueden controlar todas las variables ni las posibles respuestas experimentales. Ekman y Friesen se interesan por los
actos corporales no verbales, definiéndolos a partir de su uso en condiciones concretas, de su origen, según la forma en
que han sido aprendidos y según el procedimiento de codificación. Estos autores han realizado una clasificación, ya
clásica, según la cual existen cinco categorías de comportamiento no verbal: reguladores, ilustradores, emblemas,
adaptadores y expresiones afectivas. Es precisamente en esta última categoría en donde -más han polemizado con los
antropólogos. Estos autores están influidos en este tema de la expresión de las emociones por Ch. Darwin, y
especialmente por su obra La expresión de las emociones en los animales y en el hombre (1872), en donde se afirma
que las expresiones faciales desempeñaron funciones prácticas en algún momento de la evolución y, se reproducen
posteriormente cada vez que aparecen situaciones similares a las que las originaron. Uno de los introductores más
destacables de esta tesis en el ámbito de la comunicación fue el psicólogo social S. Asch, en 1952, para quien expresión
corporal y emoción, lejos de estar articuladas culturalmente, como señalan los antropólogos citadog, «constituyen partes
integrantes del mismo .proceso; ambas consisten en respuestas del ~sino ante condiciones dadas. La parte expresiva
de la emocion es en general la forma visible de la experiencia emocional y refleja su contenido y dinámica». En el ámbito
de la antropología, las teorías de Darwin sobre este respecto han tenido su eco, por ejemplo, en I. Eibl-Eibesfeldt y en el
de la sociología en E.0. Wilson.
Además de Ekman y Friesen, cabe destacar en este apartado a A. Mehrabian, quien relaciona las posturas corporales
con grados de intimidad y de relajamiento.
4. No puede dejarse de mencionar en un breve esquema de aproximación al estudio de la expresión corporal, como el
que intento realizar, los estudios que está llevando a cabo la psicología evolutiva, en la medida en la que los problemas
comunicacionales derivados del desarrollo corporal en el niño han interesado progresivamente a los psicólogos. Temas
como la interacción comunicativa del niño con la madre a través del cuerpo, con los compañeros en medios escolares,
en los juegos, o los problemas derivados del aprendizaje de los sordomudos, despiertan cada vez más interés en los
psicólogos, si bien, ya H. Wallon o J. Piaget se interesaron por las bases teóricas de estos temas en el primer tercio de
este siglo. Una de las propuestas más atractivas dentro del campo de la comunicación gestual infantil la encontramos en
los trabajos de H. Montagner.
Desde una perspectiva diferente y con unos objetivos de análisis muy lejanos a los de la psicología evoll&iva, hay que
destacar también la aproximación semiótica al cuerpo. Cabe destacar la diferenciación entre significación y
comunicación y entre significación e inferencia realizada por U. Eco. Asimismo resulta atractiva aunque idealista la
propuesta de A.J. Greimas sobre las posibilidades de una semiótica natural. M. Foucault relacionó el cuerpo, que
considera como un archivo, con las ideologías y existen, asimismo, otras muchas aproximaciones y autores que han
realizado aportaciones interesantes desde sus respectivas disciplinas; sin embargo, aunque el tema es lo
suficientemente delimitable como para investigar dichas aportaciones en su conjunto, todavía no existe un trabajo
general que las incluya a todas, ni tan siquiera criterios de clasificación que permitan estudiar dichas aportaciones con
una cierta coherencia.

La proxémica

Dentro de este apartado hay que incluir el territorio personal y la orientación del cuerpo en las interacciones cara a cara
o en pequenos grupos. Es necesario retener que el estudio de esta variable sólo puede ser realizado en relación con las
aproximaciones de la kinesia.
La proxémica es la disciplina que estudia el uso del espacio en las culturas y los procedimientos de delimitación
territorial de naturaleza comunicativa, que son la mayoría. La preocupación por el estudio del espacio comunicacional
procede de la Etología, en donde se han desarrollado las investigaciones más importantes sobre la territorialidad. En lo
concerniente a este tema, ha sido fácil pasar del comportamiento animal al humano porque tanto los animales como el
hombre tienen en común la noción de «territorio», en la medida en la que necesitan indiscriminadamente un lugar para
desarrollar sus necesidades primarias e interactivas, delimitado por señales olfativas, auditivas, visuales, etc., que están
sometidas a una dinámica comunicacional. Ha sido E.T. Hall, como ya he indicado, el que ha llevado con más
sistematicidad y profundidad las categorías de análisis del espacio al ámbito de la cultura. Los diferentes grupos de toda
cultura semantizan el espacio, dotando de significación sus formas de ocupación. En las culturas humanas se
segmentan dichos espacios en unidades diferenciadas y discretas que funcionan como signos y que en otras ocasiones
son usadas para configurar pensamientos simbólicos.
Existen otros investí adores que deben ser mencionados por haber realizado trabajos ya clásicos sobre el uso y la
percepción del espacio, si bien desde una perspectiva más psicológica que socioantropológica como la de Hall. Entre
estos investigadores cabe destacar a R. Sommer que se ha preocupado por el estudio de la orientación entre los
individuos que se comunican dentro de contextos cerrados muy determinados. A. Moles, ha enfocado el tema desde la
perspectiva de la percepción del entorno; Spiegel y Machotka han investigado las zonas definidas por los movimientos
de los miembros corporales y el acceso a las mismas en interacciones cara a cara. M. Knapp y A. Mehrabian han
estudiado por separado los componentes del entorno y la adaptación del individuo a los mismos. M. Argyle ha estudiado
en laboratorio una variable que se sitúa entre la kinésica y la proxémica, se trata de la orientación de la mirada, que para
él está relacionada con la pauta del lenguaje, con la intimidad, con la proximidad física entre los comunicantes, etc. Por
último existe una serie de trabajos que se vienen realizando sobre la representación del espacio en culturas muy
localizadas, y que se han plasmado en monografías antropológicas sobre comunidades o en áreas más genéricas, como
el Mediterráneo.

Comunicación corporal e interacción

Tal y como se ha visto, son numerosos y diversos los intereses que se tienen sobre el cuerpo como base para la
comunicación; existen otros investigadores y corrientes que no han podido ni siquiera ser citados por problema de
espacio. Sin embargo, en general, cada autor se ha preocupado de uno o de varios aspectos de la expresividad
corporal; una gran mayoría de las investigaciónes seleccionan, por ejemplo, la expresión facial, o los gestos con las
manos y estudian todas las posibilidades comunicativas del miembro corporal que corresponda en una o varias
situaciones. Desde Ruesch y Kees hasta Cook o Argyle, pasando por el propio Schefen y otros muchos, han realizado
diversas clasificaciones que, con mayor o menor fortuna, partían de una disección del cuerpo humano, como si se
tratara de estudiar anatomía. Sólo algunos de ellos aprendieron que la expresividad corporal es ¡cónico-analógica y que,
salvo en casos excepcionales, como el análisis de los emblemas corporales, esta expresividad no puede ser
descompuesta para identificar en su seno unidades discretas. La mayor parte de los investigadores se han consagrado
al estudio de un aspecto aislado y a veces descontextualizado. Las divisiones realizadas casi siempre incluyen los
mismos elementos: expresión facial, configuración física, aditamentos y adornos, posturas corporales, movimientos del
tronco, gestos con las manos, contacto corporal, comportamiento táctil, proximidad física, comportamiento olfativo,
orientación, dirección de la mirada, movimientos oculares, dilatación de las pupilas, aspectos paralingüísticos, etc. Las
investigaciones que se han amparado, sin embargo, en la línea teórica de G. Bateson, han recurrido igualmente a
elementos de la microkinésica, pero en el marco del análisis sistémico. Tanto Bateson, Birdwhistell, como otros
colaboradores, han analizado con exhaustividad cada secuencia de interacción filmada, pero asignando la misma
pertinencia a los elementos observables que se modificaban a lo largo del proceso interactivo como a aquellos otros que
estaban ausentes, cuando en ese contexto interactivo podían ser esperados.
Esta perspectiva de análisis microgrupal puede ser trasladada al análisis macrogrupal, a partir de los conceptos
desarrollados por E.T. Hall, que caracteriza a las culturas como de «contexto bajo» y de «contexto alto». En las de
contexto bajo, la información se encontraría en los mensajes verbales, digitalizada; sin embargo, en las de contexto alto,
los mensajes digitalizados bajo el cógido de las lenguas naturales u otros, no serían relevantes, sino que la información
y el sentido que hay que atribuir a la misma estaría en el propio contexto, en las relaciones humanas, en las formas no
verbales de comunicación, etc. Desde esta perspectiva ya no cabe concebilo el análisis comunicacional como el estudio
de los mensajes discretos que se transmiten entre actores diferenciados, sino que el objeto nuevo de estudio será el tipo
de vinculo o lazo multicanal que posibilita una «participación», entendida tanto en el sentido místico de L. Lévy-Bruhl,
como en el sentido sistematizado de Birdwhistell. Para este último autor «un individuo no comunica, sino que toma parte
en una comunicación de la que resulta un elemento» participa de ella y entra y sale de la misma, siguiendo el modelo de
la partitura musical, como un violín entra y sale de la melodía orquestal cuando se ejecuta una sinfonía.

Bibliografía

ASCH, S., Psicología Social (1952), Buenos Aires, EUDEBA, 1972.


BATESON, G., Pasos hacia una ecología de la mente, Buenos Aires, C. Lohlé, 1976.
BIRDWHISTELL, R.L., El lenguaje de la expresión corporal, Barcelona, G. Gil¡, 1979.
EFRÓN, D., Gesto, raza y cultura (1941), Buenos Aires, Nueva Visión, 1970.
EKMAN, P. y FRIESEN, W., «Origen, uso y codificación: Bases para cinco categorías de conducta no verbal», en Verón,
Lenguaje y comunicación social, Buenos Aires, Nueva Visión, 1976.
GOFFMANN, E., Relaciones en público, Madrid, Alianza, 1979.
HALL, E.T., La dimensión oculta, Madrid, IEAL, 1973.
-, Más allá de la cultura Barcelona, G. Gili, 1978.
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KLINEBERG, O., Psicología Social (1940), México, FCE, 1975.
LABARRE, W., «The Cultural Basis of Emotions and Gestores», Journal of Personality, vol. XVI.
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1971.
MOLES A. y ROHMER, M., Psicología del espacio, Madrid, Aguilera, 1973.
Moxerro, J.L., Théátre de la spontanéité (1918- 20), París, EPI, 1984.
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SCHEFLEN, A., «Sistemas de comunicación humana», en [Link]., La nueva comunicación, Barcelona, Kairós, 1984.
SOMMER, R., Espacio y comportamiento individual, Madrid, IEAL, 1974.
TARDE, G., Les lote de fimitation, París, 1890, 3.a ed. revisada y aumentada, 1900.
Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Unidad I
Tema 3
Semiótica no verbal

Semiótica del Espacio

Este texto lo puede encontrar en: [Link]

¿Qué es la Semiótica?
Hoy en Arquinétpolis hablaremos acerca de teoría de la Arquitectura. En concreto acerca de
la semiótica en la Arquitectura y su importancia. Pero, antes de entrar en materia primero
debemos conocer de dónde proviene o qué significa la palabra “semiótica”.
Semiótica es la ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la
comunicación entre los individuos, sus modos de recepción y funcionamiento. De esta
manera podemos decir que la semiótica de la Arquitectura estudia los símbolos y el lenguaje
arquitectónico que los edificios manifiestan o quieren transmitir.
Cuando diseñamos por lo general lo hacemos pensando en un concepto que en ese
momento nosotros somos los únicos que conocemos. Pero que, a través de nuestra obra
queremos dar a conocer y entender a los usuarios y al público en general.
Otras veces podemos desarrollar un lenguaje arquitectónico inconscientemente y en
algunos casos dar el mensaje equivocado al cliente o al usuario.
Semiótica en la Arquitectura
Un elemento de la Arquitectura que es muy evidente y fácil de reconocer “psicología del
color”. En ella mediante los colores podemos transmitir sensaciones o emociones en los
espacios.
La semiótica estudia todo ello y no solamente de forma cromática podemos transmitir estas
emociones. Podemos hacerlo con la calidad del espacio mismo, con la forma que lo delimita
o incluso con algún objeto.
Existen múltiples maneras de comunicar el lenguaje arquitectónico. Incluso hasta con la
iluminación podemos hacerlo, con juegos de luces y sombras o con la iluminación artificial.
Muchas veces la identidad o “el estilo” de un Arquitecto está dominado por estos signos y
por su forma de transmitir un lenguaje arquitectónico que sea capaz de identificarlo en todas
sus obras, realmente esta cualidad la podemos trabajar y mejorar desde la propia
experiencia, el trabajo y la práctica.

Ximena Grijalva Calero


1
Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Lenguaje Arquitectónico en la semiótica


El factor histórico también es importante en el lenguaje arquitectónico ya que cada obra está
ligada directamente con un lugar y con un tiempo determinado así como con los
componentes de su cultura e idiosincrasia.
Por ejemplo: No podemos hacer un análisis semiótico de una catedral gótica sin haber
estudiado y conocido el estilo de vida de la época. Así como sus creencias.
Podemos encontrarnos con mensajes y con lenguajes arquitectónicos totalmente distintos si
analizamos la misma obra en el espacio de tiempo en el que fue construido y hacemos otro
análisis desde la actualidad y el tiempo presente.
Materiales de construcción y el lenguaje arquitectónico
Otro punto a considerar es el de la obra vista en su conjunto. Cada detalle y cada espacio
puede transmitirnos una sensación, una emoción o estimular un sentido. Sin embargo estos
espacios son piezas que al final en su conjunto deben transmitir otro mensaje global para la
persona que visita el lugar.
Los materiales utilizados en la construcción también podemos usarlos para comunicar un
mensaje al igual que con los acabados.
El significado y lenguaje arquitectónico de una obra constituye en si su valor. No el valor
económico o patrimonial sino su valor cultural y artístico, si nuestra obra cumple con esta
cualidad dejará de ser una simple construcción para convertirse en arte que es capaz de
transmitir emociones y sensaciones.
Es por ello que la Arquitectura es considerada una de las bellas artes.

Ximena Grijalva Calero


2
Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Unidad I
Tema 3
Semiótica no verbal

Semiótica del Color

Este texto lo puede encontrar en: [Link]


color/semiotica-del-color

En un sentido general, toda comunicación se da a través de signos y en estos términos, el


lenguaje del color es aquél cuyos signos son cromáticos. Los colores son elementos
comunicantes o signos: elementos que en la actualidad son de suma importancia para la
comunicación de masas, sin olvidar con esto el uso que desde antiguas épocas se ha hecho
de ellos en las diferentes religiones, en la magia, la vestimenta, etc.

Pero no podemos hablar de signo sin antes hablar de semiótica: la semiótica, como
disciplina que se encuentra en la base del sistema cognitivo humano, permite analizar los
elementos de la comunicación audiovisual, la cual no sólo ayuda al estudio de los signos o
elementos que integran un mensaje, sino que además establece también una relación entre
esos elementos de significación y los procesos culturales.

Por su parte Charles Morris1, utiliza una concepción triádica del signo:

 La dimensión sintáctica: Donde se consideran las relaciones de los signos entre sí.
 La dimensión semántica: Donde se consideran las relaciones de los signos con los
objetos representados.
 La dimensión pragmática: Donde se consideran las relaciones de los signos con los
intérpretes.

En los estudios en el nivel sintáctico –donde se requiere la identificación de las unidades


elementales, sus reglas de transformación y organización y sus leyes de combinación para
formar unidades mayores con sentido “gramatical”– es donde la parte física de la teoría del
color alcanza sus mayores logros. Aquí podemos considerar los numerosos sistemas de
orden de color desarrollados, las variables para la identificación y definición de todos los
colores posibles (desde el punto de vista netamente físico), las leyes de combinaciones e
interacciones de los colores, las armonías cromáticas y cada aspecto que hace posible
hablar de la percepción del color.

En la dimensión de la semántica –donde los signos son considerados en su capacidad para


representar o significar otras cosas, para transmitir información o conceptos que están más
allá de los signos en si mismos– se han hecho también numerosos trabajos en el campo del

Ximena Grijalva Calero


1
Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

color. Aquí se exploran las relaciones entre colores y los objetos que estos puedan
representar, los códigos y asociaciones establecidas mediante los colores, y las
maneras en que los significados del color cambian según el contexto de aparición y en
relación a factores humanos tales como cultura, edad, sexo, etc.

Por ejemplo, cuando vemos una botella con bebida cola en su interior, con etiqueta roja y
blanca, aunque no aparezca la marca del producto, automáticamente adquiere un
significado por parte de quien la observa, asociando los colores a la marca reconocida
mundialmente Coca-Cola. Así también, si vemos una paloma no tiene ningún significado en
general, pero si vemos una representación de una paloma blanca, adquiere el significado de
paloma de la paz.

También han sido investigados algunos de los aspectos de la dimensión pragmática del
color. En este caso se toman en cuenta las relaciones que existen entre los signos
cromáticos y sus intérpretes o usuarios. Entre los temas que se consideran en este ámbito
están las reglas por las cuales los colores son utilizados como signos, el funcionamiento del
color en el ambiente natural y cultural, la sinestesia producida por el color, la influencia del
color en la conducta.

La semiótica del color, es decir, la parte de sentido que éste aporta a una imagen o un
diseño, es función de dos componentes: el grado de iconicidad cromática (correspondencia
relativa entre el color y la forma y con la realidad representada) y la psicología de los
colores, o sea, lo que la imagen en su conjunto evoca además de lo que representa: la
intimidad de un interior, la luminosidad dorada de un atardecer, por ejemplo, donde cada
elemento representado tiene su propio color que lo identifica: el cielo, las hojas, etc. Pero el
conjunto posee una atmósfera, una tonalidad o expresividad que está por encima de los
colores particulares de las cosas y vincula la imagen a sentimientos y emociones.

Las interpretaciones y significados del color, que han sido utilizadas y fomentadas
conscientemente, se encuentran en toda expresión humana, como en la heráldica, el arte, la
vestimenta, etc. Este simbolismo se establece de manera intuitiva al relacionar el parentesco
con la naturaleza. Pero a su vez, cambia de acuerdo con las diferentes culturas, grupos
humanos, e incluso entre personas de un mismo grupo. Esto permite que para un mismo
color existan significados duales y en algunos casos opuestos: por ejemplo, en el mismo
objeto, una cinta, solo el color nos otorga diferentes significados. La cinta roja representa la
lucha contra el SIDA, la cinta negra representa la lucha contra la violencia, y la cinta blanca
representa la lucha contra la violencia contra la mujer.

Ximena Grijalva Calero


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Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Unidad I
Tema 3
Semiótica no verbal

Paralingüística

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La idea de paralingüística alude a la parte de la comunicación humana que trasciende


al uso del lenguaje verbal. La paralingüística está dada por indicios, señales y aspectos
que sirven para contextualizar o que insinúan interpretaciones de la información.

El tono de la voz, las pausas al hablar y el modo de controlar la respiración, por ejemplo, son
elementos paralingüísticos. A partir de estas cuestiones, el mensaje adquiere diferentes
características, más allá de las palabras utilizadas específicamente para su producción.

Lo paralingüístico, también conocido como paraverbal, permite dar distintos matices al


sentido de lo verbal. Los especialistas reconocen en este conjunto a los modificadores
fónicos, los silencios, las pausas, los elementos cuasi-léxicos y los indicadores sonoros que
reflejan una reacción emocional o fisiológica.

Tomemos el caso de la voz. El tono, la intensidad y el timbre, por mencionar algunos rasgos
físicos del sonido, pueden revelar el estado de ánimo del hablante. La elección de
determinados elementos paralingüísticos de este tipo le puede permitir a una persona
expresar su sorpresa o su felicidad.

La risa o un suspiro, en tanto, también inciden en el mensaje. En algunos casos, estos


signos se emiten de manera inconsciente, aunque pueden ser usados adrede por el
individuo.

En el terreno de la paralingüística entran los gemidos, los ronquidos y otros sonidos. En una
charla, un individuo puede expresar “Mmm” para transmitir una duda o para asentir, de
acuerdo a cómo emita ese ruido.

Además de los ruidos y sonidos mencionados en el párrafo anterior, la paralingüística


reconoce los siguientes: llanto, grito, tos, bostezo, jadeo y carraspeo. Por otro lado, la forma
en la que el individuo controle su respiración y la articulación de sus sonidos también influye
en la información que el receptor pueda extraer de su mensaje.

Ximena Grijalva Calero


1
Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Estos datos que llegan del otro lado del proceso de comunicación hacen referencia a
diferentes aspectos de su persona, como ser su estado anímico y ciertos rasgos culturales
que su interlocutor puede analizar para saber más acerca de él sin tener la necesidad de
hacerle preguntas directas.

Es importante tener en cuenta que ciertos componentes de la paralingüística son comunes a


las muchas culturas, pero otras son específicos de determinados grupos. Por eso, en
algunos contextos comunicativos, puede no resultar útiles.

El volumen de la voz es uno de los factores más importantes de la comunicación. Cabe


señalar que el término más adecuado para describir esta propiedad del sonido es en
realidad intensidad, ya que el volumen es la magnitud de la superficie que logra ocupar al
ser proyectado, el tamaño natural que está ligado al órgano o instrumento que lo produce, y
no tiene una conexión directa con la «fuerza». De todos modos, la mayoría de la gente ajena
al mundo de la música los usa de manera indistinta.

La paralingüística nos dice que no podemos usar el mismo volumen en


cualquier conversación, sino que debemos adecuarlo para evitar que nuestro mensaje se
vea impregnado de información involuntaria. Por ejemplo, al hablar con un volumen alto
podemos indicarle al interlocutor el deseo de dominarlo, de ubicarnos por encima de él en la
jerarquía de la relación; si no deseamos esto, entonces debemos procurar mantenerlo al
mismo nivel que el otro.

Lo contrario ocurre al usar un volumen bajo: esto es muy común en las personas con
problemas de autoestima, ya que indica sumisión o la intención de que no lo oigan por creer
que no tienen nada interesante que decir. La forma en la que usemos la voz también puede
repercutir en el respeto que mostremos a nuestro receptor, tanto si usamos un volumen alto
como uno bajo, una razón más para cuidar este aspecto de la comunicación.

Ximena Grijalva Calero


2
Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Unidad I
Tema 3
Semiótica no verbal

Vestimenta

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vestuario/

El significado de la ropa es esencial en cualquier creación de una imagen. Estéticamente


puede lucir impecable; sin embargo, siempre existe un mensaje poderoso que está detrás
de esa parte visual que sin duda es muy importante. En imagen física lo llamamos de
manera elegante “semiótica del vestuario”. Coloquialmente sería el significado o simbolismo
que tiene la ropa y tiene implicaciones importantes en la percepción que tenemos de la
persona.

Para muestra basta un botón: la carátula de “The Beatles » Abbey Road”. Posiblemente
muchos no sepan de los rumores que desprendió esta imagen, pero la realidad es que
muchos llegaron a creer que Paul McCartney había muerto. ¿La razón? La manera en que
estaban vestidos los integrantes del cuarteto de Liverpool.

Para empezar, vienen todos en fila como si fuera un cortejo fúnebre y si analizamos la
vestimenta de cada uno de ellos hace sentido la conclusión:

 John Lennon vestido de traje blanco → Predicador.


 Ringo Starr portando color negro → Amigo del difunto y vestido de luto.
 Paul McCartney descalzo y con el paso al revés → Creencia en otras religiones que
incineraban a sus difuntos sin zapatos.
 George Harrison portando camisa y pantalones de mezclilla → Enterrador.

Este ejemplo muestra como la ropa comunica muchas cosas. No quiero meterme al mensaje
que el resto de la comunicación no verbal envía porque no es el objetivo de este post. Sin
embargo, sí nos deja ver que aunque no queramos comunicar algo, SIEMPRE lo estamos
haciendo y que de manera sutil, la ropa envía mensajes muy poderosos a nuestras
audiencias.

Recuerda que la imagen es relativa basada en 3 premisas: la esencia, el objetivo que tengas
y las necesidades de tu audiencia. Aunque seas la misma persona, no puedes vestirte igual
cuando vas a dar una conferencia con adolescentes, que cuando lo harás con directores.

Ximena Grijalva Calero


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Universidad Central del Ecuador
Facultad de Comunicación Social

Ahí la importancia de entender que la ropa, combinaciones, texturas, telas, colores,


accesorios, tiene un simbolismo determinado que marcará el momento y lugar para usarlos.

Por eso la próxima vez que te vistas no sólo te preguntes: ¿cómo me veo?, también ¿qué
quiero proyectar?

Ximena Grijalva Calero


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