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Daños derivados al vehículo (daño material, lucro


cesante, pérdida de chance, daño punitivo, depreciación
del rodado, privación de uso). Competencia. Prescripción.

1
Comenzaremos este modulo acercándonos al concepto de daño.

ARTICULO 1737.-Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un


derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que
tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia
colectiva.

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Esto nos aproxima a la definición pura, pero lo interesante para nuestro
cliente y para nosotros, claro esta, son los siguientes dos artículos…

ARTÍCULO 1738. La indemnización comprende la pérdida o


disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el
beneficio económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de
su obtención y la pérdida de chances. Incluye especialmente las
consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la
víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones
espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su
proyecto de vida
2
Vayamos al comentario del articulo, gentileza SAIJ.

Introducción

Mientras que el art. 1737 CCyC nos da un concepto de daño jurídico, y lo


entiende como la lesión a un interés no reprobado por la ley, la norma en
análisis se refiere a las consecuencias resarcibles por la afectación de dicho
interés. A su vez, enuncia determinadas consecuencias resarcibles, que son
especialmente relevantes dado el bien afectado desde el punto de vista

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fáctico.

Interpretación

Previo a ingresar en el análisis particular de la norma en comentario es


preciso recordar que, si bien el daño resarcible lato sensu es la afectación de
un interés lícito, no puede perderse de vista que existe una homogeneidad
entre la sustancia del daño y su efecto o secuela. En efecto, si el interés
afectado es patrimonial, la consecuencia es entonces de la misma índole, y si
el interés vulnerado es moral, la consecuencia, por lo tanto, también lo ha de
ser. Entonces, el daño jurídico debe ser entendido como la ofensa a un
interés ajeno lícito, que provoca consecuencias (o alteraciones) desfavorables
en el patrimonio o en el espíritu. Esta última postura es la que ha adoptado 3
el CCyC. En efecto, mientras que el art. 1737 CCyC define al daño jurídico
como la lesión a un derecho o a un interés no reprobado por el ordenamiento
jurídico, el art. 1738 CCyC menciona al daño emergente y al lucro cesante —
esto es, las consecuencias resarcibles desde el punto de vista patrimonial—, y
también a las consecuencias de la lesión de los derechos personalísimos de la
víctima, que en puridad pueden ser tanto patrimoniales como
extrapatrimoniales. Por su parte, el art. 1741 CCyC —a cuyo comentario cabe
remitir— regula la indemnización de las consecuencias no patrimoniales. Es

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claro entonces que el Código sigue manteniendo la clasificación dual del daño,
que lo divide en patrimonial (o material) y moral (o extrapatrimonial), y no
admite ninguna otra categoría (lo cual, por otra parte, violaría el principio
lógico de tercero excluido, pues lo que no es patrimonial es extrapatrimonial,
y viceversa). La mención a la salud psicofísica, las afecciones espirituales
legítimas y las que resultan de la interferencia en el proyecto de vida no
implica entonces postular la existencia de “nuevos daños” (porque todas esas
son descripciones de posibles formas de nocividad desde el punto de vista del
bien sobre el que recae la lesión, es decir, en sentido fáctico o “naturalístico”,
no jurídico), sino enfatizar que la tutela se centra en la persona, y que la
violación de sus derechos personalísimos dará lugar a la reparación de las
consecuencias patrimoniales o extrapatrimoniales que de ella resulten.
4
El daño emergente

La norma en comentario se refiere en primer lugar al daño emergente, que


puede producirse tanto por la destrucción, deterioro o privación del uso o
goce de bienes materiales como por los gastos que, en razón del evento
dañoso, la víctima ha debido realizar. En ambos casos se produce un
detrimento o disminución del patrimonio del damnificado como consecuencia
del hecho que se analiza. (140) Es preciso tener en cuenta, sin embargo, que
cuando se resarce el daño emergente no se está indemnizando el valor del

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bien comprometido, sino el interés que aquel satisfacía en la esfera
patrimonial del damnificado, que puede o no coincidir con el valor objetivo
del bien en sí mismo. (141) Entre otros, se encuentran comprendidos en el
daño emergente los gastos de reparación o reposición de las cosas
menoscabadas como consecuencia del acto ilícito, los gastos médicos,
farmacéuticos y de transporte (a los cuales alude expresamente el art. 1746
CCyC), los gastos de tratamiento psicológico, etc.

El lucro cesante

El art. 1738 CCyC se refiere también al lucro cesante, es decir, a la


privación o frustración de un enriquecimiento patrimonial de la víctima.
Este ítem se presenta cuando el hecho ilícito impide al damnificado 5
obtener ciertos lucros o ganancias que se traducirían en un enriquecimiento
económico. (142) Es el cercenamiento de utilidades o beneficios materiales
susceptibles de apreciación pecuniaria, es decir, de algún enriquecimiento
valorable desde una óptica económica. (143) El art. 1738 CCyC requiere,
para que proceda el resarcimiento, que exista una probabilidad objetiva de
obtención del beneficio económico. Alude, en definitiva, a la certidumbre que
debe presentar el lucro cesante para ser resarcible. No se trata de una
cuestión sencilla pues, por definición, el daño se encuentra constituido por la
privación de una ganancia que no se obtuvo, es decir, por un hecho que no

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ocurrió ni va a suceder. Por ende, para probar la certeza del lucro cesante
solo es factible recurrir a la vía presuncional, pero eso no implica que el lucro
cesante sea un daño presunto. Por el contrario, es necesario que la víctima
aporte indicios precisos, graves y concordantes, que permitan presumir la
existencia del perjuicio cuyo resarcimiento se persigue. A esto alude la norma
en estudio cuando requiere que exista una “probabilidad objetiva” de obtener
el beneficio. Dentro de los diversos rubros que pueden quedar comprendidos
en el ámbito del lucro cesante tiene especial trascendencia la incapacidad
sobreviniente, que puede definirse como la inhabilidad o impedimento, o bien
la dificultad, apreciable en algún grado, para el ejercicio de las funciones
vitales. (144) Así, la incapacidad sobreviniente no es la lesión a la integridad
física de la persona, que no tiene un valor económico en sí misma, sino el
6
daño patrimonial consistente en la pérdida de utilidades futuras, o de la
posibilidad de realizar tareas económicamente mensurables, en función de
lo que la persona puede o no producir haciendo uso de dicha integridad. El
CCyC se refiere a este rubro específicamente en el art. 1746.

La pérdida de chance

Finalmente, el artículo en análisis se refiere al daño por pérdida de chance,


concepto que, si bien gozaba de un amplio predicamento por parte de la

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doctrina y la jurisprudencia, no había sido consagrado normativamente. Se
trata de un perjuicio autónomo, que surge cuando lo afectado por el hecho
ilícito es la frustración de la posibilidad actual y cierta con que cuenta la
víctima de que un acontecimiento futuro se produzca o no se produzca, sin
que pueda saberse con certeza si, de no haberse producido el hecho dañoso,
ese resultado esperado o temido habría efectivamente ocurrido. Ahora bien,
a diferencia de lo que ocurre con los conceptos antes enunciados (daño
emergente y lucro cesante), la pérdida de chance es un daño “fáctico” o
“naturalístico”, y no una consecuencia resarcible. Es decir, es el menoscabo
material, la privación de un bien (la chance) del cual se extraen las
consecuencias resarcibles, que pueden ser, por ende, tanto de naturaleza
patrimonial como extrapatrimonial. Por ejemplo, si un paciente fallece a
causa de la falta de atención en debido tiempo y forma de la patología que lo7
afecta —producto de la cual el enfermo únicamente tenía posibilidades de
sobrevivir—, las consecuencias resarcibles a favor de su cónyuge e hijos por
la omisión en que incurrieron los galenos que lo atendieron surgen de la
pérdida de chance de la víctima de obtener su curación. Respecto de los
damnificados indirectos, esa chance satisfacía tanto intereses patrimoniales
(seguir recibiendo aportes económicos de la víctima directa) como
espirituales (sobrevida de su padre y esposo), razón por la cual la privación
de aquel porcentaje de posibilidades produce consecuencias resarcibles en
ambas esferas. La valuación de esos perjuicios se practicará, entonces,

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mediante un procedimiento consistente en calcular el “resultado final”
(daños morales y patrimoniales que la muerte causa a los damnificados
indirectos, pero que no son resarcibles en tanto tales) y afectar ese valor al
porcentaje de chances (en el ejemplo, de sobrevida) con el que contaba el
damnificado directo.

La afectación de los derechos personalísimos de la víctima

En su segunda parte el art. 1738 CCyC pone el énfasis en el resarcimiento


de las consecuencias que emanan de la afectación de determinados bienes
jurídicos que merecen especial tutela, es decir, los derechos personalísimos
de la víctima. El texto menciona la integridad personal, la salud psicofísica,
las afecciones espirituales legítimas, y las que resultan de la interferencia 8
en el proyecto de vida. Como ya se ha dicho, todos estos constituyen daños
desde un punto de vista fáctico (no jurídico), y es por ello que el art. 1738
CCyC se refiere expresamente a que lo resarcible son las consecuencias
(patrimoniales o extrapatrimoniales) de su afectación. La mención de esos
derechos personalísimo no tiene, entonces, el propósito de abrir la puerta a
supuestos “nuevos daños” (como el llamado “daño al proyecto de vida”, que
carece de autonomía), sino simplemente el de ratificar la tutela preferente
que el Código otorga a la persona humana.

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Para resumir veamos un pequeño video gentileza de Aprender.

Ahora analizaremos el art. 1739, el cual nos habla de los requisitos


necesarios para que proceda el art. 1738
9
ARTÍCULO 1739. Requisitos Para la procedencia de la indemnización
debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y
subsistente. La pérdida de chance es indemnizable en la medida en
que su contingencia sea razonable y guarde una adecuada relación de
causalidad con el hecho generador.

Introducción

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El artículo en comentario establece los requisitos que debe reunir el
perjuicio para ser resarcible. Asimismo, se refiere expresamente a los
caracteres que deben configurarse para que proceda la reparación por
pérdida de una chance.

Interpretación

La norma en estudio se refiere a tres cuestiones que merecen un


tratamiento independiente. En primer lugar, menciona dos de los
requisitos del daño resarcible (certeza y subsistencia), y sugiere un
tercero (la personalidad del daño), mientras que el restante (la
afectación de intereses no prohibidos por el ordenamiento) se encuentra
mencionado en el art. 1737 CCyC. En segundo término, se refiere a 10
algunas de las clasificaciones posibles del daño —que se conectan, de todos
modos, con los mencionados requisitos—. Finalmente, regula los caracteres
que debe reunir el daño por pérdida de chance para que proceda el
resarcimiento.

Los presupuestos del daño resarcible


La certeza del daño

El principal presupuesto para que el daño sea resarcible es que sea cierto,

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es decir, que exista realmente y no se trate de un perjuicio meramente
eventual o hipotético. Así, el simple peligro o la sola amenaza o perspectiva
de daño —que puede eventualmente dar lugar a la tutela preventiva— no
es suficiente para tornarlo indemnizable. Tanto es así que, si se
indemnizara un perjuicio incierto y, finalmente, este no llegara a
consumarse, existiría un enriquecimiento sin causa por parte de la víctima.
Si hay certeza, poco importa que el daño sea actual o futuro, pues en ambos
casos procederá su reparación. También en la pérdida de chance se exige
certeza acerca de la existencia de un porcentaje de posibilidades de obtener
un beneficio o evitar un perjuicio, que se vio frustrado por la comisión del
hecho ilícito.

La subsistencia del daño 11


Para que sea resarcible, el perjuicio debe subsistir al momento de dictarse
la sentencia, pues nadie puede reclamar la reparación de un daño que ya ha
sido resarcido. Si el propio responsable es quien ha indemnizado el daño, su
obligación queda extinguida por pago, o por alguno de los otros modos de
extinción previstos en el ordenamiento jurídico. Si lo reparó un tercero (por
ejemplo, compañía de seguros), la deuda de responsabilidad subsiste —en
principio— respecto de este. Si, finalmente, el bien menoscabado (daño
fáctico, pero no jurídico) es reparado por la víctima, entonces el perjuicio
subsiste en su patrimonio, y debe ser resarcido.

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La personalidad del daño

El perjuicio, para ser resarcible, debe ser personal de quien reclama su


indemnización. Esto implica que únicamente la persona que sufrió el daño
(aquella cuyos intereses fueron lesionados mediante el hecho lesivo) puede
requerir su reparación, y resulta inadmisible reclamar a nombre propio la
reparación de daños ocasionados a terceros. Este presupuesto no se
encuentra mencionado expresamente en la norma en análisis, pero —
además de resultar evidente— se infiere de la referencia que ella realiza a
la reparación del perjuicio “directo o indirecto”. Tanto si quien reclama la
reparación es la víctima del hecho ilícito (damnificado directo) como si se
trata de un tercero que ve lesionado un interés propio como consecuencia de12
aquel (damnificado indirecto) la pretensión resarcitoria se refiere a la
vulneración de intereses propios o personales de quien demanda, lo que
excluye implícitamente el supuesto inverso.

La afectación de intereses no reprobados por el ordenamiento jurídico

Si bien no es menester que el hecho lesivo conculque un derecho subjetivo de


la víctima, se requiere al menos que el interés vulnerado sea lícito, es decir,
no reprobado por el ordenamiento jurídico (art. 1737 CCyC). Por ese motivo,

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no es reparable, por ejemplo, el lucro cesante sufrido por quien a raíz del
hecho se vio privado de ganancias derivadas de una actividad ilícita, o que
no contaba con la habilitación normativamente exigida.

Clasificaciones del daño previstas en el art. 1739 CCyC


Daño directo o indirecto

Si bien esta clasificación puede tener distintas acepciones, consideramos que


la norma parte del punto de vista de quienes son los legitimados activos
para reclamar el resarcimiento del perjuicio que se les ha ocasionado. En
consecuencia, es daño directo el que padece la víctima que sufrió el daño
“fáctico” (el sujeto pasivo del hecho ilícito), mientras que es daño indirecto el
que sufre otra persona par ricochet (de rebote), es decir, en aquellos casos en13
que el hecho ilícito lesiona intereses de terceros que, sin embargo, no han
sido sujetos pasivos de él. En los dos casos el daño es resarcible, con la
excepción de lo dispuesto en el art. 1741 CCyC para el daño moral, donde la
ley opera una restricción de la legitimación activa.

Actual o futuro

El art. 1739 CCyC establece expresamente que es reparable tanto el daño


actual como el futuro. El primero es aquel que, cronológicamente, ya se ha

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producido al momento del dictado de la sentencia, mientras que el daño
futuro es el que todavía no se ha producido, pero que ciertamente ocurrirá
luego de la decisión judicial (por ejemplo, si como consecuencia del hecho es
ineludible efectuar gastos de tratamiento futuro).

Los presupuestos de la reparación de la pérdida de chance

En su segunda parte la norma se refiere específicamente a los recaudos que


debe reunir la pérdida de chance para ser resarcible. En este sentido,
establece que este tipo de daño debe guardar una relación adecuada de
causalidad con el hecho ilícito. Esa previsión despeja todo tipo de duda en
cuanto a que el daño por pérdida de chance no constituye una herramienta
auxiliar para despejar la incertidumbre respecto del nexo causal. Por el 14
contrario, para que las consecuencias de este daño fáctico sean resarcibles es
preciso que exista una relación de causalidad adecuada entre el actuar del
agente y la pérdida de la oportunidad. Es que, en el caso del daño por pérdida
de chance, no existe relación causal entre el hecho ilícito y el suceso
(resultado final) que, en definitiva, se produce (por ejemplo, muerte del
paciente). Por el contrario, este resultado bien podría haber ocurrido, o —
según los casos— haberse evitado, si el hecho ilícito no hubiera tenido lugar.
Sin embargo, sí debe existir una relación de causalidad adecuada entre el
actuar del sindicado como responsable y la pérdida de la oportunidad en sí

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misma, es decir que la víctima debe estar en una situación en donde
únicamente tiene un porcentaje de chances de evitar la producción del
resultado final (por ejemplo, chances de sobrevida), y el hecho ilícito debe
hacerle perder esas chances (es, por ejemplo, el caso del médico que por
impericia omite detectar a tiempo una dolencia cuyo tratamiento oportuno
logra en cierto porcentaje de casos evitar la muerte). Por otra parte, el
artículo establece que el daño por pérdida de chance es indemnizable “... en la
medida en que su contingencia sea razonable”. Este apartado de la norma en
estudio se vincula con el hecho de que, para que las consecuencias que se
derivan de este tipo de daño sean resarcibles —y como ocurre con todo tipo de
daño—, la pérdida de la oportunidad debe constituir un daño cierto. Lo que
sucede es que, en la pérdida de chance, la certeza adquiere aristas
particulares. 15
En efecto, en todos los casos en que se encuentra involucrada la pérdida de
una chance, la víctima solo contaba con una posibilidad o probabilidad de
ver finalmente obtenida la ganancia o evitado el perjuicio. La principal
característica de este tipo de daño, entonces, es justamente que lo único que
existe es una posibilidad, pero no una certeza sobre la obtención del
resultado perseguido por el damnificado. El eventual beneficio que espera la
víctima puede o no ocurrir y, en definitiva, nunca se sabrá si se habría
producido de no mediar el evento dañoso. Pero la incertidumbre respecto de

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este eventual resultado no afecta la certeza de la chance, que se verifica a
través de la comprobación de la existencia de una oportunidad que, por el
accionar del agente, se ha visto perdida. Por el contrario, si la posibilidad no
existe (por ejemplo, si la enfermedad era fatal y el paciente no contaba con
la posibilidad de curarse), entonces el daño por pérdida de chance es
hipotético o eventual y, por ende, no resarcible, de conformidad con lo
establecido por la norma en comentario. Por consiguiente, debe entenderse
que la razonabilidad de la contingencia de la chance perdida no se refiere a
que ella sea estadísticamente importante, sino a que efectivamente haya
existido una posibilidad de evitar el perjuicio u obtener una ganancia.

16
En función de lo hasta aquí visto, la estrategia a adoptar dependerá
sustancialmente de lo que realmente podremos probar. De dicho análisis
se determinaran los rubros a reclamar. Es importante ser claros y
específicos a la hora de establecer rubros y destinatarios de la
indemnización. La casuística es innumerable, de allí que es muy complejo
ejemplificar. Pero tomemos el caso de condóminos. Para el caso donde un
matrimonio bajo régimen ganancial, participe en un siniestro y el reclamo
sea por daños al automotor, la indemnización será para ambos. Para el

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caso de lesiones, debe aclararse sin lugar a dudas quien seria el
beneficiario, dependiendo claro esta quien haya sido el lesionado.

Cada rubro reclamado deberá


tener un perfecto detalle de
porque se encuentra allí y
porque debe aplicarse al caso
en cuestión. Además deberá
acompañarse la
documentación pertinente
(fotografías, videos, pericias,
actas, facturas, etc.). No basta
citar jurisprudencia ya que 17
será desestimado
Daños al automotor-Rubros a reclamar

 Reparación de daños materiales


 Privación de uso por el tiempo que dure la reparación
 Lucro cesante (de corresponder)
 Perdida de chance (de corresponder)
 Desvalorización del rodado producto del siniestro.

Daños materiales

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El titular registral
El tenedor
Están legitimados para reclamar: El mero poseedor
El autorizado a conducir

Jurisprudencia sobre
legitimación Debe acompañarse
[Link] documentación probatoria
19/03/08/si-sos-poseedor-igual-cobras-
los-usuarios-de-los-automotores-pueden-
del Registro del automotor
ser-indemnizados-por-los-danos-al-
vehiculo-aunque-no-sean-titulares-
registrales/
18
Privación de uso

Debe ser cuantificado el dinero utilizado por la victima en otros medios de


transporte, ya que esta fue impedida en el uso de su vehículo a raíz del
siniestro. Solo debe mensurarse el reemplazo en la función que ejercía el
automotor siniestrado. Es decir, si se utilizaba el bien para ir y volver del
trabajo deberá percibir una indemnización por el gasto de transporte
efectuado en ese ítem.

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Jurisprudencia privación de uso
[Link]
privacion-de-uso-es-procedente-pues-el-vehiculo-sufrio-danos-por-la-caida-del-
arbol-y-fue-acreditado-que-las-reparaciones-tendrian-demora/

Lucro cesante

Las ganancias no percibidas por la victima mientras dure la reparación del


vehículo deben ser indemnizadas.

El extremo debe ser probado y hay que acreditarlo de la siguiente manera

 Debe probarse disminución notoria de ganancias (o inexistencia de ella) a


partir de la privación de uso del vehículo afectado. 19
 Debe probarse afectación del automotor a la actividad referida en la
demanda y/o actuaciones previas.
 Documental que acredite importes obtenidos como ganancia a través del
uso del rodado, antes del siniestro.
Jurisprudencia lucro cesante
[Link]
patrimonio/Nota/317/por-un-accidente-de-transito-le-pagaran-
lucro-cesante-a-una-mujer-que-se-desempenaba-como-ama-de-
casa

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Perdida de chance

Podemos definir a la “pérdida de chance”, como la perdida de


probabilidad de una ganancia o ayuda futura. Puede ejemplificarse la
diferencia con el lucro cesante –siguiendo a Matilde M Zavala de González-,
con el impedimento sufrido por un jugador profesional para desarrollar su
actividad, en que sin duda corresponderá el resarcimiento del lucro cesante,
y el mismo impedimento en caso del jugador amateur, pero con fundadas
oportunidades de arribar al nivel profesional. En esta última hipótesis, la
probabilidad de ganancia no es real como tal, sin para el caso de que hubiese
llegado a ser jugador profesional, es decir, si lo hubiese podido lograr.
Aunque la proyección de la perdida sea futura, debe tener visos de realidad
y no ser una hipótesis con sustento endeble. 20
Jurisprudencia perdida de chance
[Link]
9002

Desvalorización del rodado

El propietario tiene derecho a reclamar por vía judicial la reparación de este


rubro que podríamos definir como la pérdida de valor del vehículo que fue
reparado luego de una colisión.

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De acuerdo a máximas de razonabilidad y experiencia que manejan los Jueces
nacionales, un vehículo con un choque, aún, cuando sea perfectamente
reparable, sufre una depreciación.
La jurisprudencia entiende que la depreciación es la pérdida de valor del
automóvil como consecuencia misma del accidente o colisión sin perjuicio de
que el mismo haya sido reparado en forma.
Por más que el dueño cuide el vehículo y que el mismo no presente defectos a
simple vista, la experiencia demuestra que los vehículos chocados y reparados
valen menos que otros de la misma marca, modelo y año que no sufrieron
siniestro alguno.
Otras veces el siniestro disminuye la vida útil del rodado y su reparación
incide en el rendimiento por lo que siempre tendrá un precio menor.
Entonces, la desvalorización no solo afecta el valor de cambio del automóvil, 21
sino también su valor de uso.
Para probar la pérdida de valor debemos recurrir a la prueba pericial,
solicitando se designe como perito a un mecánico que pueda establecer en
que condiciones quedó el vehículo luego de la reparación.
También podemos recurrir a la prueba documental presentando facturas o
informes de los representantes de la marca del vehículo donde constan las
reparaciones efectuadas y los mantenimientos.
Jurisprudencia depreciación del rodado

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[Link]
indemnizarse-al-actor-por-los-danos-sufridos-en-su-vehiculo-el-
cual-fue-embestido-por-otro-que-se-encontraba-saliendo-de-un-
garaje-sin-el-debido-cuidado/

El daño punitivo

Por Federico Javier Fernández*

En el presente artículo me propongo repasar algunos aspectos relevantes de


la figura del daño punitivo. En doctrina, el daño punitivo ha sido definido
como “Sumas de dinero que los tribunales mandan a pagar a la víctima de
ciertos ilícitos, que se suman a las indemnizaciones por daños realmente
experimentados por el damnificado, que están destinados a punir graves 22
inconductas del demandado y a prevenir hechos similares en el futuro” . La
figura del daño punitivo se enmarca en la faz preventiva y punitiva del
derecho de daños . No forma parte de la indemnización que recibe el
consumidor que sufrió un perjuicio. Así, la aplicación en un caso concreto
tendrá la finalidad de sancionar al proveedor por haber incurrido en una
conducta que afecta en forma grave derechos de consumidores, y por otra
parte, prevenir la ocurrencia de hechos similares en el futuro. El daño
punitivo es un instituto extraño a nuestro derecho ya que tiene su origen en
del common law. Uno de los casos más emblemáticos en donde se aplicó fue

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en el precedente “Grimshaw vs. Ford Motors Co.”, a fines de los años 70. La
causa se inició a raíz de los daños sufridos por una familia como consecuencia
de un accidente de tránsito con un Ford Pinto en el que se conducían. La
automotriz tenía conocimiento que en determinado tipo de choques, y por
fallas en el diseño del automotor, este de incendiaba. Sin embargo para la
empresa era menos costoso afrontar las indemnizaciones de las víctimas que
tomar los recaudos para hacer seguro el automóvil. En un accidente de
tránsito, y a raíz de las falencias de diseño, murió una persona y otra resultó
gravemente herida. Por ello, en primera instancia se condenó a la compañía
automotriz a pagar la suma de ciento veinticinco millones de dólares en
concepto de punitive demages, suma que luego fue reducida a tres millones y
medio de dólares4 . En la legislación nacional, el daño punitivo está
23
contemplado en el artículo 52 bis de la Ley 24.240. Esta norma fue
incorporada por la Ley 26.361 del año 2008. El artículo 52 bis establece:
“Daño Punitivo. Al proveedor que no cumpla sus obligaciones legales o
contractuales con el consumidor, a instancia del damnificado, el juez podrá
aplicar una multa civil a favor del consumidor, la que se graduará en
función de la gravedad del hecho y demás circunstancias del caso,
independientemente de otras indemnizaciones que correspondan. Cuando
más de un proveedor sea responsable del incumplimiento responderán todos

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solidariamente ante el consumidor, sin perjuicio de las acciones de regreso
que les correspondan. La multa civil que se imponga no podrá superar el
máximo de la sanción de multa prevista en el artículo 47, inciso b) de esta
ley.” La redacción de la norma ha sido objeto de críticas toda vez que exige
como única condición de aplicación, la existencia de un incumplimiento de
las obligaciones por parte del proveedor, prescindiendo de la verificación de
un factor subjetivo de atribución o de que se haya causado o no un daño al
consumidor .
Sin perjuicio de ello, tanto la doctrina como la jurisprudencia señala dos
condiciones para la aplicación de la figura del daño punitivo: un requisito
subjetivo y otro objetivo. En relación al primero, cabe destacar que la
regulación que se incorporó a la Ley 24.240 no establece ninguna exigencia.
Sin embargo tanto la doctrina6 como la jurisprudencia, en general exigen.)… 24
la presencia de dolo directo o eventual o culpa grave o grosera negligencia. En
cuanto al requisito objetivo, se exige que el incumplimiento de las normas
legales o contractuales por parte del proveedor ocasione un daño o perjuicio al
consumidor . En relación al monto de la multa civil, la Ley 24.240 establece
que la misma debe ser determinada “en función de la gravedad del hecho y
demás circunstancias del caso, independientemente de otras indemnizaciones
que correspondan”. Asimismo, la Ley establece un límite de $ 5.000.000 para
la sanción, al prescribir que no podrá superar el máximo de la sanción de
multa prevista en el artículo 47, inciso b) de la misma Ley. Al respecto se ha

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precisado que este límite puede resultar bajo para algunos casos de daños
masivos, o en relación al giro empresario de algunas empresas. Ello sin tener
en cuenta los efectos de la inflación. Por último, y en relación a si el monto
debe ser objeto de la pretensión del actor o si corresponde al Juez fijarlo
independientemente de lo requerido por el actor, en un reciente fallo judicial
se dijo que: “Comparto, en este sentido, lo que elocuentemente ha señalado
Álvarez Larrondo: “Es claro que al no ser éste un rubro indemnizatorio sino
una sanción de carácter preventivo impuesta por el Magistrado interviniente,
el consumidor no puede ni debe mensurar dicho rubro, y de hacerlo, el Juez
en modo alguno quedará limitado por dicha petición” (Álvarez Larrondo,
Federico M:”Los daños punitivos y su paulatina y exitosa consolidación”, en
La Ley, 29/11/2010). En la misma línea, el Tercer Congreso Euroamericano de
25
Protección Jurídica de los Consumidores (Buenos Aires, 23 a 25 de
septiembre de 2010) ha despachado unánimemente por su comisión 5°
(“Principio de prevención. Daños punitivos”), de lege lata y de manera
unánime, que “El consumidor no debe mensurar el daño punitivo al tiempo
de su petición, por cuanto su imposición ha sido atribuida exclusivamente al
magistrado en cumplimiento de una manda constitucional (art. 42 C. Nac….)
* Abogado, Gerente Operativo Asuntos Jurídicos de la Dirección General de Defensa y Protección al Consumidor del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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[Link]
[Link]/doctrina/4210-dano-
punitivo

Competencia

26
En razón del territorio

Art. 5° CPCCN - La competencia se determinará por la


naturaleza de las pretensiones deducidas en la demanda y no por
las defensas opuestas por el demandado. Con excepción de los
casos de prórroga expresa o tácita, cuando procediere, y sin
perjuicio de las reglas especiales contenidas en este Código y en
otras leyes, será juez competente:

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4) En las acciones personales derivadas de delitos o cuasidelitos,
el lugar del hecho o el del domicilio del demandado, a elección del
actor.

En virtud de la ley de
seguros la
competencia puede
fijarse en la
jurisdicción del lugar
del hecho o de la sede
de la casa matriz de la
aseguradora (no 27
sucursal)
En razón de la materia

En CABA y Pcia de Buenos Aires corresponde al fuero civil patrimonial.


Cuando el Estado es parte interviene el fuero federal civil o contencioso
administrativo

Cuando una provincia es parte

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Interviene la justicia ordinaria civil y patrimonial

Cuando la Nación es parte

Intervienen los magistrados federales

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