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Influencia andaluza en el español americano

Variación y variedad del español de América. Tema 1

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TEMA 1

La génesis del español americano: las bases de la teoría andaluza y los


orígenes regionales de los colonos españoles (1 página)
Las teorías andalucistas responden a los rasgos comunes del español de
América, tales como el seseo o el yeísmo, con el andaluz, así como la hegemonía
comercial sevillana durante la empresa colonial. Se ha denominado español atlántico a
los dialectos que abarcan el sur de España, las Islas Canarias y gran parte de
Hispanoamérica. Los defensores de esta teoría argumentan que los andaluces
predominaban en número durante la formación del español de América y que los
inmigrantes solían convivir con los marineros un tiempo, lo que les permitía conocer
término náuticos como botar o amarrar. Por otro lado, el arcaísmo del español de
América podía deberse al aislamiento de algunas zonas durante el periodo colonial.
En los orígenes regionales de los colonos españoles, la mayoría fueron andaluces
y castellanos en la primera inmigración y prácticamente durante todo el periodo
colonial. Sin embargo, los andaluces no fueron demográficamente dominantes. Los
primeros conquistadores, como Ponce de León o Cortés, fueron castellanos y
extremeños. El componente andaluz ganó importancia con el establecimiento del
comercio regular con España que provocó un contacto lingüístico, incluso con zonas
remotas de las costas de Venezuela o Colombia.
La génesis del español americano: la influencia andaluza y la distinción
entre tierras altas y puertos
En Hispanoamérica los rasgos fonéticos andaluces se concentran en las zonas
costeras que abarcan las costas caribeñas, la costa oeste de Sudamérica y en menor
medida el Río de la Plata. Estos rasgos suponen una reducción de las consonantes a final
de sílaba, sobre todo /s/, /r/ y /d/ con la frecuente velarización de /n/ a final de palabra,
así como el yeísmo y el seseo. Estos rasgos se deben al contacto social y lingüístico con
Andalucía y las Islas Canarias.
En zonas del interior, las influencias lingüísticas españolas regionales estuvieron
más diversificadas. En Bogotá, México o Quito tenían contacto con personal militar o
clerical procedente de Castilla, pero no era un contacto tan intenso como el de
Andalucía y los puertos. El personal administrativo no fue un porcentaje tan
predominante y los colonos de tierras altas procedían de todas las regiones de España.
Lo demuestran los patrones lingüísticos que no reflejan rasgos específicos castellanos,
como la fricativa interdental [θ], la uvular [χ] o la conservación de vosotros. El español
americano de las tierras altas, excepto en el mantenimiento de las consonantes a final de
sílaba, presenta numerosas diferencias internas entre ellos. Por lo que se concluye que
los dialectos que surgieron por defecto fueron fruto de la nivelación dialectal y las
influencias localizadas.
La génesis del español americano: la delimitación del periodo de formación
del español de América
Las bases del español de América se consolidaron en el siglo XVI. El
denominado periodo antillano fue decisivo para la historia lingüística de
Hispanoamérica, cuando España consolidó sus asentamientos en La Española y Cuba e
hizo expediciones hacia América Central y del Sur. El influjo andaluz fue decisivo en
las primeras décadas del siglo XVI y los que llegaron posteriormente también se verían
influenciados por esos rasgos llevándose esa forma de habla hacia otras zonas. En los
inicios los colonos de Santo Domingo y Cuba gozaban de cierto prestigio lingüístico,
pero pronto quedarían eclipsados por los dialectos regionales y sociales de las diversas
regiones de la Península Ibérica. El español fue evolucionando y el español de América
adoptó las principales innovaciones lingüísticas que se produjeron en España hasta
finales del siglo XVII, aunque otras zonas siguieron absorbiendo otros cambios hasta
que se formó una identidad criolla. También afectaron las alteraciones demográficas en
la evolución de los dialectos regionales. Por ejemplo, en la República Dominicana, la
presencia africana desvió el habla local de los patrones panhispánicos. Asimismo, las
zonas rurales de Hispanoamérica adoptan los rasgos lingüísticos de las ciudades
vecinas.
La génesis del español americano: presencia de rasgos meridionales,
castellanos y vascos en el español de América
La presencia de rasgos meridionales se debe a la contribución de Andalucía y las
Islas Canarias con la colonización del Nuevo Mundo. La presencia de andaluces fue
predominante, incluso se ha hablado de una matriz sevillana. Según Lapesa y Frago, a
finales del siglo XV están presentes todos los rasgos meridionales que caracterizan al
español atlántico (el debilitamiento de la /s/ implosiva, la pérdida de /d/ intervocálica, la
neutralización de líquidas implosivas, por ejemplo). Además del seseo (mantenido en
toda Hispanoamérica) en las zonas costeras se han observado rasgos meriodionales
como el vocalismo fuerte, debilitación, aspiración o pérdida de /s/ implosiva, tendencia
a eliminar la oposición de /l/ y /r/ en posición implosiva silábica, con resultado de /r/, /l/
o la aspiración de la fricativa velar sorda, así como el yeísmo.
Como rasgos castellano-meridional se observa el uso de /s/ dorsodental, la
preservación de la /f-/ inicial y la pronunciación velarizada de /n/. Por otro lado,
procedente de un porcentaje de castellanos, vascos y asturianos se observa la
pronunciación rehilada de las vibrantes y el grupo /tr/, el leísmo del Paraguay o la
contribución del seseo predorsal de los vascos al desarrollo del seseo-ceceo.
Definición del español atlántico. Evolución conceptual y metodológica del
concepto: propuestas de Lapesa y Menéndez Pidal
El español atlántico puede definirse como el superdialecto del español que
engloba las modalidades americanas (zonas costeras e insulares) y modalidades
peninsulares (Andalucía) e insulares (Canarias) que tienen en común una serie de rasgos
fonéticos y morfosintácticos que justifican su configuración como bloque dialectal
hispánico, frente al bloque dialectal español que engloba el español castellano, las
modalidades americanas, continentales e interiores en su mayoría que comparten unos
rasgos distintos (salvo el rasgo del seseo).
Lapesa, desde la perspectiva que incluía toda la geografía hispanoamericana
dentro de este concepto, describía las características fonéticas y morfosintácticas del
español atlántico: seseo, abandono de la forma vosotros, distinción entre le solo para el
CI y lo para el CD, yeísmo, aspiración de la -s final de sílaba, igualación de líquidas; y
proponía la dicotomía español castellano / español atlántico (andaluz, canario y todo el
español de América).
Menéndez Pidal trató con rigor los límites geográficos de la influencia de los
primeros colonizadores andaluces y canarios. Describió un mapa lingüístico del español
de América elaborado en torno a dos grandes áreas dialectales: área de flota y área de
las cortes virreinales. La primera estaría constituida por los territorios insulares y las
zonas costeras de la totalidad de la América hispánica, a la que llegaban la flota de
Sevilla y Cádiz durante la época colonial. En esta área de flota triunfarían los rasgos
meridionales. Esto contrasta con una variedad de lengua más conservadora donde no
llegaban las flotas y corresponde a zonas interiores como México, América Central y
Sur. Además, el mayor contacto con los centros urbanos del Nuevo Mundo con la corte
madrileña habría provocado que las cortes virreinales mantuviera un español menos
dialectal, más cortesano. Como fenómenos relevantes a las zonas costeras señalaba la
aspiración o pérdida de /s/ implosiva, la aspiración de la fricativa velar sorda, el yeísmo
o la pérdida de la consonante sonora intervocálica /d/.
Definición del español atlántico. Evolución conceptual y metodológica del
concepto: propuesta de Montes Giraldo
El español atlántico puede definirse como el superdialecto del español que
engloba las modalidades americanas (zonas costeras e insulares) y modalidades
peninsulares (Andalucía) e insulares (Canarias) que tienen en común una serie de rasgos
fonéticos y morfosintácticos que justifican su configuración como bloque dialectal
hispánico, frente al bloque dialectal español que engloba el español castellano, las
modalidades americanas, continentales e interiores en su mayoría que comparten unos
rasgos distintos (salvo el rasgo del seseo).
Montes Giraldo propone la denominación de supierdialecto A y superdialecto B.
El superdialecto B abarcaría las zonas americanas de la flota y el español meridional de
la Península (andaluz, murciano y sur extremeño) y el de Canarias. El A englobaría
América, los territorios de la administración y las áreas septentrionales del castellano en
España. Este autor parte del concepto de español atlántico, aunque lo denomina español
periférico-insular. La totalidad del español americano no pertenece al superdialecto B,
solo las zonas costeras, y las caribeñas pero no las del interior.

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