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1-La Narrativa Anterior A 1936

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LA NARRATIVA ANTERIOR A 1936

1. Introducción
2. Intentos renovadores

2.1. Generación del 98


2.2. Autores de la Generación del 98
2.2.1. Miguel de Unamuno
2.2.2. Valle Inclán
2.2.3. Pío Baroja
2.2.3.1. Biografía
2.2.3.2. Características de su novela
2.2.3.3. Obra narrativa. Estudio de El árbol de la ciencia
2.2.3.4. Ensayo
2
LA NARRATIVA ANTERIOR A 1936

1. Introducción

Cuando hablamos de la narrativa anterior a 1936 nos referimos a un conjunto


heterogéneo de escritores que engloba tanto a los supervivientes del Realismo y el
Naturalismo triunfantes en la segunda mitad del siglo anterior (Galdós, Vicente Blasco
Ibáñez) como a los novelistas de la generación del 98 y el Modernismo, sin olvidarnos de
los novecentistas (Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró), los hijos de las Vanguardias
(Ramón Gómez de la Serna y Benjamín Jarnés)1. También habría que hablar,
especialmente, de Ramón José Sender, cuya producción narrativa, de calidad y
profundidad, tiene ya lugar antes de la guerra, periodo en el que publicó unas cuantas
novelas significativas bastante renovadoras.2 Sin embargo, aquí nos vamos a
circunscribir a los autores de la denominada generación del 98, por ser los que durante
este periodo tuvieron una mayor importancia al ser los primeros que de un modo
consciente decidieron romper con la estética realista o naturalista, al dejar de lado las
narraciones que se limitaban a retratar la sociedad y al entregarse a la creación de una
novela con mucho de ensayo en la que se reflejaran los temas que les preocupaban. Las
novelas La voluntad, de Azorín, Camino de perfección de Pío Baroja, Amor y pedagogía
de Unamuno y Sonata de otoño de Valle Inclán, publicadas en 1902, inician este deseo
de alejamiento del Realismo. Entre los autores europeos que también representaron este
deseo están F.Kafka, J.Joyce y M.Proust.

2.- Intentos renovadores

2.1. Generación del 98


A partir del desastre colonial -la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas-, surge
la conciencia de la pobreza, la miseria, la injusticia social, la desidia económica y política,
etc, y con ello la urgente necesidad de un cambio en la estructura del poder, pues la
Restauración (el régimen vigente) no satisfacía a nadie.
Ante esta situación aparece un grupo de escritores que, movidos por sus ideas
revolucionarias, escribe el “Manifiesto de los tres” (1901), firmado por Azorín, Ramiro de

1
Aquí habría que recordar también a Wenceslao Fernández Flórez, que emplea un humorismo crítico y
pesimista, y Eduardo Zamacois y Felipe Trigo, cultivadores de la novela erótica.
2
Dada su importancia, alcance y trascendencia tanto en el espacio como en el tiempo, se trata de un autor al
que dedicaremos el siguiente tema de la narrativa española de posguerra.
3
Maeztu y Pío Baroja. En él denuncian la realidad del país, la desorientación de la
juventud, la falta de valores... y muestran “un deseo común de mejorar la vida de los
miserables”. La solución estaba en crear una conciencia social que pusiera al descubierto
todas las miserias y buscara soluciones.
Pero el “grupo de los tres” dura poco. No encuentran la acogida que esperaban y
el sentimiento de impotencia les hace abandonar. El fracaso de la acción (se limitaron a
ofrecer una respuesta meramente filosófica y abstracta a los problemas reales de
España, y consideraron que el cambio espiritual precede a todo cambio social, es decir,
el país sólo podía salir de su estancamiento político, social y económico si previamente
se producía un cambio en la mentalidad española) les conduce hacia el idealismo y hacia
posturas políticas cada vez más conservadores –Azorín y Maeztu abandonan sus ideas
socialistas-. El problema de España continúa preocupándoles, pero ahora su interés se
centra en la renovación espiritual del país.
Estos autores, a los que más tarde se les unirán Unamuno, Antonio Machado y
Valle Inclán, coinciden en ideología y estética. Les influyen las filosofías de
Schopenhauer, Kierkegaard o Nietzsche que les dan una visión pesimista del mundo.
Sus temas predilectos son:
el problema de España: en un principio eran partidarios de “europeizar” España
(Unamuno), pero a partir de 1905 intentan solucionar los problemas buscando la
esencia de nuestro país –los valores permanentes, las ideas y creencias-. Vieron
en Castilla la esencia de España, mostraron interés por el paisaje, la historia y la
literatura. Investigaron en la historia del pueblo –la intrahistoria- para descubrir
los valores o las raíces de los problemas presentes y recuperan a los escritores de
siempre, como Gonzalo de Berceo, Jorge Manrique, Arcipreste de Hita…
las preocupaciones existenciales y religiosas: el sentido de la vida, la muerte, el
tiempo, Dios.

La estética de la prosa del 98 se enfrenta a la anteriormente vista en el Realismo y


en el Naturalismo.
Se utiliza un estilo antirretórico, natural.
Se introducen arcaísmos y palabras en desuso.
La novela se centra en un solo personaje (que es el que expresa las ideas del
autor y es el que nos presta sus ojos para que miremos cómo es la vida). La
percepción sustituye a la acción: el protagonista ofrece su “visión del mundo”. El
proceso de cambio se produce en la mentalidad del protagonista, no en los
sucesos externos. (El árbol de la ciencia de Pío Baroja)
4
La acción deja protagonismo a los diálogos y a las discusiones. En alguna ocasión
puede desaparecer el narrador y este hace hablar a los personajes (Unamuno).
Todo lo anteriormente dicho explica que de la mano de este grupo de escritores viniera
el auge del ensayo y del periodismo, cauces apropiados para el desarrollo de sus ideas, y
la modernización de los géneros tradicionales; por ejemplo, las nivolas de Unamuno,
mezcla de reflexión y relato.

2.2. Autores de la Generación del 98

2.2.1. Miguel de Unamuno


La visión desolada de España y la búsqueda del sentido de la vida humana son los
dos ejes temáticos en torno a los cuales giran todos sus escritos. La aportación más
notoria de Unamuno a la teoría de la novela se manifiesta en la renovación de la técnica
narrativa, en la creación de lo que él llama “nivola”, que se caracteriza porque son
novelas con escasa acción y descripción en las que dominan los diálogos y los monólogos
interiores del personaje principal. Esta técnica, junto con la introducción del monólogo
interior, empieza a aplicarla en Niebla (1914), donde trata el problema del ser y del
existir y la relación personaje-autor (ser creado y creador), y la continúa en La tía Tula
(1921), símbolo de la aceptación de la soledad interior, y en San Manuel Bueno, mártir
(1930), donde narra la historia de un cura rural que ha perdido la fe, pero sigue
ejerciendo su magisterio. Anteriormente, Unamuno ya había escrito Paz en la guerra
(1897), análisis intrahistórico de la guerra carlista, y Amor y pedagogía (1902), sátira
del cientifismo del XIX.
Unamuno es, además, un gran ensayista. La preocupación por España se aprecia
en ensayos como En torno al casticismo (1895) y Por tierras de España y Portugal
(1911). En ellos analiza la esencia del alma española y desarrolla el concepto de
“intrahistoria”, es decir, la historia cotidiana y diaria de los miles y miles de ciudadanos
que también forman parte de la vida real del país y que no es recogida por los tratados
al uso.
Su trayectoria espiritual puede seguirse a través de ensayos como Vida de don
Quijote y Sancho (1905), Del sentimiento trágico de la vida (1913), y La agonía del
cristianismo (1925). En ellos expone su punto de vista sobre la condición humana y
llega a la conclusión de que hay dos hechos irreductibles: la conciencia de la propia
existencia y el miedo a la no existencia. El hombre siente terror ante la nada y su
máxima aspiración es existir eternamente. Ello le lleva, de manera irracional y casi
instintiva, a aceptar la religión como una necesidad que lo conduce hacia la inmortalidad.
5
Se produce de inmediato el conflicto entre razón y fe, pues mientras la razón niega la
inmortalidad del alma, la fe proclama su inmortalidad.

2.2.2. Valle Inclán


Tiene dos etapas de producción. La primera supone su etapa modernista y en
ella se encuentran Las sonatas, en las que se recogen las aventuras y amores del
marqués de Bradomín. Su prosa es rítmica y llena de efectos sensoriales. La segunda
etapa responde al “esperpento” y se caracteriza por la continua deformación de la
realidad y la ridiculización de los propios personajes. En esta etapa se encuentran sus
obras más importantes como son Tirano Banderas o El ruedo ibérico. En la primera trata
el tema de la degradación del ser humano a causa de la tiranía del dictador; en ella creó
una nueva lengua: unió rasgos del español de ultramar con el castellano peninsular. En
El ruedo ibérico se observa una violenta sátira política de la España de Isabel II. Aparece
aquí el personaje colectivo: el héroe principal de la novela no puede ser un individuo sino
un grupo social. Su estilo es desgarrado, agrio, acentúa lo deforme y lo absurdo, con
una prosa de cuidada elaboración.

2.2.3. Pío Baroja


2.2.3.1. Biografía
Pío Baroja nació en San Sebastián en 1872. Durante su juventud, su familia se
trasladó a Pamplona, Madrid y Valencia, donde Baroja acabó la carrera de Medicina.
Durante un tiempo ejerció de médico en su ciudad natal, pero en 1895 se le presentó la
oportunidad de regentar la panadería de su tía en Madrid y marchó a la capital, pero se
cansó muy pronto y se dedicó de lleno a escribir. En la capital entró a formar parte de
los círculos literarios del momento y se dedicó a escribir artículos para los periódicos. Se
presentó a las elecciones de 1909 y 1918 como miembro del partido Liberal Radical,
pero salió derrotado en ambas. En 1934 fue elegido miembro de la Real Academia
Española. Durante la guerra civil fue arrestado por las tropas nacionalistas y, una vez
liberado, se exilió a Francia, hasta que la ocupación alemana le obligó a regresar a
España. Murió en Madrid en 1956.
Baroja fue un espíritu independiente, dotado de un temperamento inquieto y
rebelde. Su inconformismo le llevó a adoptar una permanente actitud crítica y de
6
3
protesta contra los defectos de la sociedad. El pesimismo vital de Schopenhauer y la
concepción de la vida de Nietzsche, como lucha y afirmación de la voluntad individual,
influyeron de forma decisiva en su pensamiento. Al igual que los escritores de su época,
la preocupación por España es constante y en sus obras aparecen críticas despiadadas
contra la situación del país.

2.2.3.2. Características de su novela


Quizá uno de los aspectos más interesantes de su aportación literaria reside en su
teoría sobre la novela. Es una pieza literaria en la que cabe absolutamente todo. No
ha de extrañar, pues, encontrar en sus textos reflexiones filosóficas, confesiones
políticas, humorismo, aventuras y duras críticas sociales.
En cuanto a la técnica de construir una novela afirma que la espontaneidad y la
observación son claves. La realidad inmediata le proporciona una serie de escenarios,
personajes e impresiones, que combinados, formarán el entramado inicial de lo que
después se convertirá en una novela.
Las novelas de Baroja giran en torno a la evolución existencial de un solo personaje,
el protagonista de la obra, y junto a él aparecen otros personajes, amigos o
parientes, que aportan datos acerca del personaje central, cuyo carácter se forjará
siempre a partir de su propio comportamiento y de las informaciones
complementarias. La angustia vital que destilan los personajes barojianos no es más
que la angustia e impotencia social del propio autor. Baroja vierte en los personajes
sus propias preocupaciones filosóficas, religiosas y políticas. En sus reflexiones sobre
la construcción de la novela, Baroja no sólo defiende la tesis de que los personajes
son un desdoblamiento del propio autor, sino que éste tiene derecho a intervenir
vivamente en la novela. Baroja ha sido calificado de misógino, anticlerical y
anarquista. Esa triple clasificación moral, religiosa y política se refleja en sus
personajes novelescos. Los personajes femeninos de sus novelas no son nunca
atractivos. Son mujeres que acompañan al protagonista en su deambular por la vida,
pero no presentan una fuerza espiritual interior y, en ocasiones, ni siquiera llegan a
entender al protagonista masculino. Además, si alguna de ellas llega a tener un papel
relevante, siempre falla en el último momento. El amplio repertorio de curas y
anarquistas muestra su interés por el tema religioso y político.

3
Arthur Schopenhauer (1788-1860) defiende en su obra El mundo como voluntad y representación la enorme
subjetividad que impregna todas las percepciones humanas. Según él, la razón sólo es capaz de captar los
aspectos fenoménicos, las apariencias de las cosas. Afirma que la esencia del mundo es la voluntad, que
engendra lucha permanente, dolor y angustia. El ser humano ha de elegir entre reafirmarse en ella y, por tanto,
vivir en la angustia, o aniquilarse ascéticamente y alcanzar la «ataraxia», una especie de nirvana espiritual.
7
La estructura narrativa central es simple, sin subtemas o complejidades internas, y la
falta de conflictos externos se subsana por medio de frecuentes diálogos,
descripciones de lugares e historias particulares, a veces complejas, de los
personajes secundarios.
Su estilo, breve, claro y preciso, contrasta claramente con la prolijidad retórica de la
generación literaria anterior. Las descripciones son rápidas. Bien puede hablarse de
técnica impresionista —mediante breves pinceladas el autor presenta ante el lector
aquello que le interesa—.

2.2.3.3. Obra narrativa


En la obra narrativa de Baroja encontramos tres etapas:
1ª: 1900-1912. Se tarta de una época vitalista, representada en seres que buscan
sentido a la existencia en la vida misma o en la acción.
2ª: 1913-1936. Decae el vitalismo, perdura el rechazo social y se refugia en la Historia.
3ª: 1937-1956. Pierde la audacia de sus ataques sociales.
Entre los títulos más significativos de su producción destacan:
Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901). Esta novela es un
retrato de la vida bohemia de la capital, encarnada en una serie de personajes
excéntricos que malviven de su ingenio: pillos, ilusos, haraganes y bohemios desfilan
por las páginas de la novela.
Camino de perfección (1902). La novela relata la evolución espiritual de Fernando y
la lucha continua por superar los obstáculos que se presentan en su camino. Marcado
por una infancia sin amor paterno y obligado a realizar los estudios de Medicina,
Fernando decide dar un giro a su vida y convertirse en pintor. Las malas experiencias
amorosas lo conducen al misticismo. Son continuas sus cavilaciones acerca del amor
humano y divino.
César o nada (1910). Presenta la sociedad española como una conspiración de
individuos mediocres para reprimir a los hombres de talento.
Memorias de un hombre de acción. Formada por 22 novelas, relata la vida de
Eugenio Avinareta, conspirador, liberal, espía y agitador político, implicado en las
pugnas entre liberales y progresistas. Se reconstruye parte de la historia de España:
las guerras de la Independencia y carlistas, los tumultos y sublevaciones de la época
de Fernando VII e Isabel II.

Además de estas novelas, Baroja escribió las siguientes trilogías:


La lucha por la vida. El personaje central, Manuel Alcázar, es el motivo que permite
describir los diferentes ambientes del Madrid de principios de siglo: la casa de
8
huéspedes, la zapatería del señor Ignacio, la tahona y la trapería del señor Custodio
en La busca (1904); los negocios ilegales, el mundo del hampa e incluso la cárcel en
Mala hierba (1904) y los ambientes republicanos y anarquistas en Aurora roja (1905)
Tierra vasca, formada por La casa de Aizgorri (1900), que presenta la degeneración
de la familia Aizgorri, la lucha de clases y el triunfo del progreso; El mayorazgo de
Labraz (1903): el autor cuenta su visita a Labraz y el encuentro con los ancianos del
pueblo. Uno de ellos le invita a ir a su casa y allí le entrega un legajo donde se relata
la historia de Labraz y Zalacaín el aventurero (1909): Martín Zalacaín ha tenido que
abrirse paso solo en la vida. Es un héroe clásico que lucha continuamente contra la
adversidad y el destino. Su tragedia es amar a tres mujeres y encontrarse en un
mísero pueblo azotado por las guerras carlistas.
La raza. La dama errante (1909) es María, hija de un anarquista que se ve
involucrado en el atentado contra la vida del rey Alfonso XIII. Padre e hija se ven
obligados a salir de España. En La ciudad de la niebla (1909), Londres, los fugitivos
intentan rehacer sus vidas. Su padre se casa con una sudamericana, y María regresa
a España para casarse con su primo. La tercera obra que forma parte de esta trilogía
es El árbol de la ciencia (1911), donde Andrés Hurtado, incapaz de adaptarse a la
sociedad, acaba suicidándose.
El árbol de la ciencia responde a las características de las novelas de “formación
de un personaje”, ya que cuenta la vida de un personaje llamado Andrés Hurtado,
perdido en el mundo y sufriendo constantes desengaños. Sin embargo, el hecho de que
tenga una sentido existencial la acerca a la “novela filosófica o de ideas”. Andrés se
muestra escéptico en lo religioso, al igual que Baroja. Los conflictos existenciales del
personaje no hallan respuestas en la cultura ni en la ciencia. Al contrario: la inteligencia
y la ciencia no hacen sino agudizar el dolor de vivir. Así lo confirman los filósofos a los
que alude Andrés para explicar su decepción y pesimismo. Influye Schopenhauer, del
que proceden algunas explicaciones de la vida dadas en el libro. De Darwin se menciona
la idea de la lucha por la supervivencia. En el terreno social no corre mejor suerte: tanto
su estancia en Alcolea donde comienza a trabajar, como su vuelta a Madrid le producen
angustia y malestar. Deriva hacia un absoluto pesimismo político, se aísla cada vez más
y adopta una postura pasiva en busca de una paz desencantada (es la abulia del 98).
Alcanzará provisionalmente la paz tras su matrimonio con Lulú. Pero pronto le atenazará
la angustia por la muerte de su hijo y de su mujer, definitivo desengaño que lleva a
Andrés al suicidio.
Por otra parte, los personajes, encargados en la mayoría de las ocasiones con
sus diálogos de hacer llegar al lector todas estas ideas, cuando son principales (Andrés,
Lulú,..) Baroja utiliza la técnica de caracterización paulatina: se van definiendo poco a
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poco, en situación, por su comportamiento, por sus reflexiones, por contraste con otros
personajes, etc. Además son tipos que evolucionan. En los personajes secundarios
(Venancia, Villasús), la figura se nos da hecha de una vez por todas, la mayor parte de
las veces con rasgos satíricos, aunque en ocasiones impregnados de ternura o de
compasión. Es importante el uso de los adjetivos que muestran desdén para crear
rechazo y desagrado. En ocasiones no se describe al personaje en sí sino la reacción que
produce en el protagonista.
Los paisajes son presentados como meras impresiones (técnica impresionista) y
descritos con la mayor economía posible sin acudir a las descripciones pormenorizadas.
Estas descripciones sirven para crear efecto de distanciamiento, para interrumpir la
tensión.
La realidad es retratada de forma que los personajes y ambientes constituyan
un mosaico de la vida española de la época. Se refleja la falta de cultura nacional, las
miserias y lacras sociales. Se critica la insolidaridad de la gente del mundo rural
(Alcolea) y la ineptitud de los políticos. En cuanto a la ciudad, escoge Madrid y la
describe envuelta en una miseria que contrasta con la despreocupación de las clases
más acomodadas.
Otro aspecto importante es la estructura de la novela: la obra se puede dividir
en dos ciclos o “etapas de la vida del protagonista” separados por un intermedio
reflexivo (Parte IV, “Inquisiciones”).
Estilísticamente, la obra se caracteriza por párrafos breves, una naturalidad
expresiva y una utilización cuidada de los registros lingüísticos para definir los diferentes
ambientes. En conclusión, se puede decir que El árbol de la ciencia es una típica novela
del 98 tanto desde un punto de vista temático como formal.

2.2.3.4. Ensayo
Baroja escribió a lo largo de su vida numerosos artículos periodísticos y ensayos.
Algunos de ellos quedan agrupados en:
Juventud, egolatría (1917). De carácter autobiográfico y temas muy diversos:
rememoración de escenas de la infancia, sucesos políticos, personalidades políticas e
intelectuales, la religión, el anarquismo, la patria, estilos e inclinaciones literarios, el
pasado ilustre de sus antepasados, su estancia en Valencia, sus relaciones con los
noventayochistas.
Las horas solitarias (1918). Abandona las informaciones autobiográficas para
adentrarse en temas como el estado de algunas ciudades de España (Córdoba,
Málaga, San Sebastián, Bilbao), la literatura, la filosofía, la religión, el arte, la labor
de novelista y la interpretación de Feuerbach, Bergson y Menéndez Pelayo.
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En La caverna del humorismo (1918) esboza su propia teoría del humor.
Desarrolla la relación entre humorismo y civilización, y llega a la conclusión de que el
descubrimiento del humor lo hizo Cervantes con el Quijote. Inglaterra, España y
Rusia han conseguido los mayores aciertos en este campo. También intenta buscar
las raíces del humor y su relación con sentimientos como el rencor, la fantasía, la
voluntad o la antropología.

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