Oración inicial
Canto
1ª ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Nos unimos, Señor, a tu entrega. Somos conscientes de que, la nuestra, no
siempre es generosa y muchas veces limitada. Nuestros compromisos, en muchos
casos, son puntuales, pero no constantes; fogosos pero poco consistentes. A
veces duran menos que un suspiro y otros cesan cuando brotan las primeras
contradicciones. Te damos gracias, Señor, porque nuestro hacer está
fundamentado en la fe firme en tu resurrección. Ayúdanos a entregarnos con más
decisión, valor y coraje. Sólo estando unidos a Ti, como el sarmiento a la vid,
podremos fructificar y cambiar el mundo. Ayúdanos, Señor, a tener experiencia de
tu resurrección, de tu paso entre nosotros, del inmenso amor que nos tienes.
¿Por qué estoy en ocasiones sin brillo de vida en mis ojos y encerrado en mí
mismo?
2ª ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz camino del calvario
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Nos quejamos frecuentemente de las dificultades pero, en cambio, solemos ser
poco agradecidos con tantos regalos que recibimos de Ti a través de la
comunidad. Nos asustan, Señor, las cruces: la cruz de la enfermedad o del
rechazo social; la cruz de la soledad o la cruz del fracaso. El mundo, Jesús,
intenta eliminar la cruz, diseñar una fisonomía cultural sin aquello que ha sido y
sigue siendo el signo por excelencia del amor y de la pasión por conquistar y
renovar a toda la humanidad. ¿Nos dejas, Señor, acompañarte cargando y
soportando un poco el peso de tu cruz?
¿Por qué quiero sólo disfrutar de lo bueno de la comunidad y no soy fuertes ante
las contrariedades, abrazando mi cruz?
3ª ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Caen muchos edificios, se tambalean algunos cimientos de la sociedad de hoy.
Vivimos, en más de una ocasión, sometidos a unos dictados que nos alejan de los
auténticos valores que nos ofrece el evangelio.
¿Soy más feliz así? ¿Por qué tanto desencanto a veces? ¿Por qué, teniendo
tanto, sigo vagando, cayendo, buscando, errando….y a veces confundido sin
saber por qué ni cómo? ¿Por qué tengo tanto miedo a conocerte, amarte y
seguirte?
4ª ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su santísima Madre
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Sólo por amor y desde el amor entendemos la entrega apasionada y colosal de
Jesús. “Dime lo qué harás por mí y te diré lo qué me quieres” dice un viejo
proverbio. A unos metros de distancia, María, se detiene para contemplar, animar
y penetrar con su mirada a Aquel que un día lo recibió en sus brazos en el silencio
de Belén. El amor lo trajo silenciosamente en una noche estrellada y, hoy, de
nuevo el amor lo arrastra, lo empuja fuera del seno y protección de una Madre
para que culmine por amor, su aventura en una cruz. Gracias, María. Dos amores
se cruzan en nuestro camino del día a día: el amor de Cristo y tu amor de Madre.
¿Qué papel desempeña María en mi seguimiento y encuentro con Jesús? ¿He
colocado a María en algún lugar de mi vida vocacional?
5ª ESTACIÓN: Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Cristo nos necesita. Pudiéndolo hacer todo…nos da una oportunidad: en su cruz
hay un hueco para cada uno de sus amigos. Lo que no hagamos ¿quién lo hará
por nosotros? Cirineo no es quien lleva a disgusto y a la fuerza las cargas y las
dificultades de los demás. Cirineo es aquel que sabe mirar por encima de sí
mismo y ser solidario con tantas personas y situaciones que reclaman nuestra
presencia como cristianos. Como el buen samaritano tenemos que abrir nuestros
ojos a la realidad que nos acecha. Existen muchas situaciones que podemos
mejorar. ¿Desde dónde? Desde nuestra seguridad en Jesús: Él es nuestra roca.
La causa de nuestro amor. El manantial del agua que ofrecemos al que nos la
solicita.
¿Procuro aliviar sufrimientos, ayudar a mis hermanos? ¿o miro hacia otro lado
cuando reclaman mi mano?
6ª ESTACIÓN: La Verónica enjuga el rostro de Jesús
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Ojala, Señor, fuésemos tu rostro ante el mundo. La cara afable que se presentase
en situaciones difíciles o de sufrimiento. Existen, Jesús, multitud de imágenes en
nuestro mundo que nos conmueven y que nos hacen pensar que “algo no funciona
bien hoy y aquí” cuando, tantas personas, reclaman atención, delicadeza o
dignidad. Te damos las gracias, Señor, porque al vestirte de pobreza y de
humildad nos indicas el camino que hemos de emprender para encontrarnos
contigo. Que también nosotros, como la Verónica, descubramos tu rostro en
nuestras fatigas y noches oscuras, en los acontecimientos en los que
aparentemente nos encontremos derrotados o fracasados.
¿Limpio el rostro de la Iglesia y de la Orden con mi compromiso firme y recio?
¿Doy la cara por ellas? ¿Las amo?
7ª ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
No es débil quien cae, sino, fuerte y grande, quien se levanta. Nuestras
respuestas a muchas situaciones anómalas que se dan en nuestra vida están en
Ti, Jesús. Caemos en el pesimismo y Tú nos dices: “Yo soy la fuente de agua
viva”. Nos desplomamos en la desesperanza y Tú nos recuerdas: “Yo soy el
Camino”. Nos sumergimos en la mentira y Tú nos señalas: “Yo soy la Verdad”.
Nos confundimos en la oscuridad y Tú nos apuntas: “Yo soy la Luz”. Tú, Señor, no
quieres héroes debajo de la cruz. No quieres seguidores arrastrados por el suelo.
Pero deseas que, llegando esas situaciones de caídas y tropezones, sepamos
alargar nuestra mano –como Tú lo hiciste con la tuya‐ ante tantos amigos y
hermanos nuestros que viven arrojados en la infelicidad, en el peso de una vida
insoportable.
¿Soy fuerte en los momentos de dificultades? ¿Me agarro al poder de la oración?
8ª ESTACIÓN: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
¡No lloréis! Nos dice el Señor. Nos cuesta expresar nuestros sentimientos más
sensibles. Parece como si el mundo escondiera esa faceta del ser humano: ser
compasivo. Jesús, camino de la cruz, vuelve los ojos hacia unas mujeres. Hoy, de
nuevo, los gira hacia nosotros. ¿Qué buscáis? ¿Qué habláis? ¿Qué deseáis? En
el fondo estamos tan metidos en la espiral de las prisas y de lo artificial, de lo
superficial y divertido que nos hallamos aturdidos y desconcertados por la
charlatanería y palabrería de nuestro mundo, incluso en nuestra comunidad, por
promesas que son falsas propuestas. No es que lloremos, Jesús, es que no
sabemos ya ni porqué llorar. ¡Son tantos los motivos tristes que sacuden las
entrañas de nuestro vivir cotidiano!
¿Expreso nuestros sentimientos en comunidad? ¿Permito que otros se expresen
en la comunidad son atacarlos o burlarme?
9ª ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Tres veces fuiste tentado por el maligno en el desierto; tres veces fuiste negado
por Pedro; tres veces has caído, Señor, siendo zarandeado por la humanidad a la
que – con el peso de tu cruz‐ quieres salvar. Tres días, Señor, caerás hasta el
fondo del sepulcro. Pero, de esa oscuridad, y al tercer día resucitarás. Has caído
Señor porque sabes que las caídas no son lo fundamental. Que lo esencial son las
alzadas, los ojos que miran por encima del madero buscando respuestas en la
eternidad, en un Dios que – viéndote humillado como ya te contempló en Belén‐
saldrá fiador en tu rescate final. Nos admira, Jesús, tu fidelidad y tu constancia.
Nos conmueve, Señor, tu rostro en tierra. Nos asombran, Señor, tus motivaciones
para seguir adelante: razones del corazón, convicciones profundas, sentido de tu
misión. Lo haces sin alfombras que amortigüen tus golpes; sin aplausos que
animen tu cortejo…..hasta sin amigos que hagan más llevadera tu pasión. ¡Tus
caídas, Señor, harán menos fuertes las nuestras!
¿Defiendo mis ideales cristianos aunque ello me traiga incomprensiones?
¿Acompaño a mi hermano en sus caídas o más bien lo hago caer más?
10ª ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Nos preocupa la buena imagen. A veces podemos llegar a pensar que estamos en
el mundo de Alicia en el país de las maravillas. Y, la realidad, no es esa. El
hombre se enfrenta a su propia desnudez. Hemos desnudado la vida de su valor
supremo. Hemos arrancado su bienestar con excusas del “todo vale a costa de lo
que sea”. Hemos descalzado su felicidad con escaparates artificiales y al alcance
de cualquier edad. Hemos desabrigado el cuerpo de la humanidad, disfrazándolo
con trajes de plástico. Jesús que murió totalmente despojado de todo, lo hizo
revestido de dignidad y de ideales, de gozo interno y de honor. Pidamos al Señor
que nadie nos arranque la túnica del “sí” a la vida. Del “sí” a la familia. Del “sí” a la
cruz y a Dios. Del “sí” a los valores eternos que son fuente de seguridad y de paz.
¿Revisto o desnudo con los valores del evangelio a mi comunidad?
11ª ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Mirando a la cruz, mirando a Cristo, parece como si fuera condenado por el mundo
y por el mismo Dios. ¿Dónde están los que tanto se aprovecharon de su amistad y
de sus milagros? ¿Dónde se esconde Aquel que, en las entrañas de María Virgen,
se hizo presente para hacerse visible por Jesús en Navidad? En la cruz no es
clavado solo Jesús: es clavado también el Hijo de Dios. Y, en esa cruz, Jesús
firma la última página de su vida escrita con las letras de la fidelidad, misión
cumplida y entrega confiada al Padre. No estamos acostumbrados a ser clavados
por nuestros ideales. Preferimos renunciar a ellos antes que ser atacados o
señalados por defenderlos. Pero, un día, también el Señor nos preguntará sobre
nuestra valentía. Si fuimos capaces de soportar algún clavo por causa de nuestra
fe.
¿Soy valiente y entusiasta por la causa del Evangelio? ¿Lo silencio o lo proclamo
con mi vida?
12ª ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Nos asustan las soledades en los momentos más decisivos de nuestra vida. En
aquellos instantes en los que, una voz amiga, la hubiéramos deseado más que
nada en el mundo. Jesús grita a Dios. ¿Dónde está Aquel que tantas veces le
habló en su misión? Pero, más allá de esa orfandad, Jesús confía: “Dios mío, Dios
mío….” Por encima del desgarro que producen los clavos, está un corazón que
permanece en íntegra comunión con el Padre. Muere Jesús en la cruz, pero con
su muerte, morirán muchas cosas viejas y nacerán otras nuevas. Hoy como el
oficial romano, pagano, al pie de la cruz hacemos acto de fe: “Verdaderamente es
el Hijo de Dios”. Muere Jesús pero, el Señor, presenta al hombre un horizonte
lleno de vida y de esperanza. En la cruz, no yace Jesús, asistimos a la ruina de la
muerte y al nacimiento de la resurrección. No existe un derrotado ni mucho
menos. Nuestra fe, arraigada en Cristo, nos hace exclamar lo mismo que Jesús:
“Verán al que traspasaron”.
¿A qué debo morir para resucitar a la vida de Cristo, a qué debo morir para
seguirle como agustino recoleto?
13ª ESTACIÓN: Jesús es colocado en brazos de la Virgen María
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
En esta estación, aunque no lo dicen los evangelios, nuestra tradición cristiana ha
querido poner a la Virgen con sus brazos abiertos estrechando el cuerpo de Jesús
muerto por el sufrimiento y el dolor. Son manos, las de la Virgen, las que
permanecieron fieles y amorosas antes y después de que Jesús cerrará los ojos al
mundo. Son manos, las de la Virgen las que agarrándose al madero por no poder
fundirse con las de Cristo, se abrían hacia el cielo esperando respuestas; sin
reproches pero esperando de Dios….la última palabra. Son manos, las de la
Virgen, las que mirándose a sí mismas recordaban que 33 años atrás por primera
vez se habían estremecido al acoger a un Niño que hoy, siendo joven, se ha
ofrecido de nuevo y por amor en el pesebre de la cruz. Son manos, las de la
Virgen, las que buscando, saben que no pueden hacer otra cosa sino orar,
guardar silencio y confiar en Aquel que, Jesús, antes de cerrar los ojos exclamó:
“En tus manos Padre encomiendo mi espíritu”.
¿Pongo mis proyectos e ilusiones en los brazos de la Virgen María? ¿Acepto el
dolor de cada día, como María, siendo consciente de que éste me santifica? ¿O
solo vivo muy cómodo con todo lo que la Orden me proporciona?
14ª ESTACIÓN: Jesús es sepultado
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos…
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador.
Nuestra fe no está edificada ni cimentada en una sepultura. Más bien al contrario:
es en el triunfo sobre la muerte, por la resurrección de Jesús, donde nuestra fe
tiene el color de la esperanza y el brillo de la eternidad. Jesús nos dijo en más de
una ocasión que, para vivir, hay que saber morir. Que si el grano de trigo no moría
no podía dar fruto…..era totalmente infecundo. En cuántos momentos, cuando
comprobamos que nuestros esfuerzos no son recompensados, nos echamos atrás
por nuestro desazón o cansancio. El Señor, al descender a la noche oscura de la
muerte, nos invita a no perder la esperanza. A esperarle cuando, de nuevo, se
levante en vida por siempre y para siempre. Mientras tanto aquí estamos nosotros:
somos los amigos de Jesús. Aguardamos su vuelta definitiva. Que nunca puedan
más las dificultades que nuestra capacidad para hacerles frente con la luz y la
fuerza de la fe.
¿Soy hombre con esperanza? ¿Soy consciente de que Dios recompensará mi
siembra por un mundo mejor? ¿Creo que Jesús resucitó de veras, que es el
fundamento de nuestra fe, o solo creo de la Iglesia lo que quiero?