*| _La Marca del Dragón_ |*
Shoto Todoroki miraba la imponente puerta de su habitación con una mezcla de furia
y desprecio. A sus doce años, el joven príncipe de Westfall ya se había ganado la
reputación de ser tan indomable como el dragón cuya sangre corría por sus venas.
Cuando el deseaba sus manos se volvían afiladas y letales, habían dejado cicatrices
en muchos de los sirvientes que osaron acercarse demasiado. Nadie en el castillo se
atrevía a mirarlo directamente a los ojos, temerosos de despertar su ira.
Desde su nacimiento, shoto había sido tratado como un parasito, incluso su madre,
la reina temía del inmenso poder que residía en su hijo. El linaje del dragón, una
bendición para el reino después de todo sería quien salvaria al reino de la
destrucción, pero a pesar de que debia ser algo bueno, para el joven príncipe se
había convertido en una maldición. En lugar de recibir el afecto y la guía que
necesitaba, fue abandonado a su suerte apenas nació, recibiendo el minimo contacto
que era cuando le daban la comida, tratado como una bestia enjaulada.
Aquella habitación era un reflejo de su propia alma: oscura, con vidrios rotos que
dejaban pasar corrientes frías y amenazantes. Las barras en la ventana bloqueaban
la vista completa del exterior, un recordatorio constante de su prisión. Shoto
solía aferrarse a ellas, deseando con todo su ser la libertad que le era negada. Su
cabello largo y sucio caía desordenadamente sobre su rostro, sus pies y manos
estaban cubiertos de mugre.
Aquel día, sin embargo, algo diferente estaba por suceder a diferencia de todos los
días. Había escuchado a los guardias susurrar sobre la llegada de un nuevo domador,
otro más en una larga lista de "salvadores" que habían fracasado en la tarea de
ganarse su confianza. Shoto estaba seguro de que este sería igual que los demás:
débil, temeroso y desesperado por controlar al príncipe antes de ser devorado por
sus garras.
Cuando el sonido de pasos se acercó, Shoto se escabulló rápidamente bajo una mesa,
su escondite improvisado en situaciones de emergencia. Su corazón latía con fuerza
mientras la puerta se abría lentamente, el nuevo domador era un hombre de mediana
edad vestido con las vestimentas tradicionales de los Regas, era casi como si fuera
parte de la familia real, algo molesto para el joven Todoroki de solo pensar que
fue mandado por aquellas verdaderas bestias, observando como entra en la habitación
con confianza. Tenía una presencia tranquila o confiable, casi serena, que
contrastaba con la tensión palpable en el aire.
Shoto observó con ojos llenos de desconfianza y enojo. Recordaba a la mucama que
una vez creyó que era su amiga solo para descubrir que hablaba a sus espaldas,
confesando su terror y su incapacidad para simular una sonrisa genuina hacia aquel
"mounstro". No quería volver a ser lastimado, no quería encariñarse con nadie más
si sabía que todas las personas que se le acercaban eran iguales... Falsas. Así
que, en un arrebato de furia, tomó un florero polvoriento que estaba arriba de
aquella mesa en la que estaba oculto y se lo lanzó apenas logro obtener el florero.
— _¡Aléjate de mí!_ —gritó Shoto, su voz resonando en la oscura habitación.
El florero se estrelló contra la pared cerca de la cabeza del hombre, tenia mas
fuerza que la persona promedio, lo que le hacia mas peligroso.
Los ojos heterocromaticos brillaban con una intensidad peligrosa, y sus garras se
flexionaron, listas para atacar si era necesario. El silencio se alargó, una
batalla de voluntades no verbal, no entendia que sucedia con aquel tipo, ya se
debia haber ido. ¿Por qué seguía de pie ese tonto?
La sonrisa que recibió de parte del contrario como si no le importara lo que decía,
logro desconcertar a Shoto. No había miedo en sus ojos, solo una mirada de que
aceptaba el nuevo reto y una determinación que el joven príncipe no había visto
antes.
<< _Seguro es actuación..._ >>
Desde tiempos inmemoriales los "Regas" y la familia real han coexistido en una
maravillosa armonia y dependecia mutua, si bien eran independientes entre si, se
necesitan y tenian intereses en común desarrollando asi una codependencia
Pero había una amenaza latente, un principe cuyo poder podria destruir todo el
reino sino lograba ser domado, los rumores anunciaba que su poder era inmensurable
y nadie podia domarlo
La desesperación del reino fue tal que el caso fue asigando a un regar especial el
cual era temido y odiado a la vez pero era tan letal, que muchos guerreros huían
con su mera presencia en especial por que los rumores decian que era una bestia en
combate
Asi que seria una combinación peculiar.. el temido principe heredero con el regar
más despiadado
Pero para alguien como Bakugo la situacion sonaba como un desafio que merecia su
atención, asi que se acerco a la alcoba real sin miedo, aunque parecia mas una
carcel
La "bienvenida" no fue la mejor pero eso no lo intimido, de hecho ver esas garras y
esa mirada solo le hizo que saber que un verdadero reto se avecinaba y no existia
nada mas estimulante
- No te han dicho que es descortés saludar asi, niño?
Dijo como si nada mientras empezaba a recorrer la habitación y negaba con la cabeza
- Tendremos que hacer algo contigo, un baño no esta de más.. aunque este lugar es
una porquería ¿no quieres salir?
Considero como una victoria que aquel niño le hablara
- ¿nunca haz salido de aqui?
Para alguien amante de la libertad eso sonaba una ofensa
- hagamos algo, tu te bañas y yo te enseñare algo nuevo
Bakugo no era alguien que actuaba sin motivo, confiaba en sus habilidades de
combate y sabia que seria muy arriesgado al aire libre asi como asi, asi que
tendria que tendria crear un lazo hasta que fuera adecuado
Asi que llamo a un sirviente para que trajiera todo lo necesario para un baño.
No podía evitar mirar confundido a aquel rubio que parecía totalmente tranquilo,
mirándolo molesto y ignorando sus primeros comentarios. Por qué hacia tantas
preguntas, ni el entendía que le sucedia a ese famoso domador.
No pensaba hablarle hasta escuchar aquella pregunta que si quería salir, claro que
quería salir, más que nada en el mundo.
— _Si... Quiero salir_—su siguiente pregunta solo nego con la cabeza un poco, no
quería llenarse de esperanza pero no podía evitarlo.
Frunció ligeramente el ceño ante la propuesta de bañarse, y su desagrado aumentó al
ver la llegada del sirviente. Se lanzó hacia él como si se tratara de una intrusión
en un área prohibida, logrando rasguñar el brazo del sirviente mientras lo
observaba con frialdad. Esto provocó que el sirviente se retirara sorprendido y
asustado.
— _¡Mis disculpas, señor Bakugo, pero sera mejor que buscara a otro sirviente! ¡No
estoy dispuesto a ayudar a ese monstruo!_ —dijo con temor antes de alejarse.
Sintió que el rubio se acercaba y le propino un rasguño similar al que él mismo
había infligido al sirviente. ¿Lo inusual? fue que el rubio no se marchó. El
pequeño dragón, sorprendido, lo miró con desconcierto. Y con ese suceso después
parecía que, al sentirse apenado por su comportamiento, el bicolor permitió que lo
llevaran a la ducha, aunque continuó mostrando resistencia poco después de eso. Sin
embargo, ¿tal vez había un progreso?
. . . .
Se había terminado de bañar y parecía un verdadero príncipe, y detrás de el estaba
Bakugo lleno de rasguños por la resistencia de Shoto, pero lo había logrado, estaba
bien bañado y con el pelo ya seco. Y así se separó automáticamente de el para
mirarlo de lejos.
— Yo... Quiero ver lo nuevo. —demando con una mirada hacia el rubio.
Como si fuera un regalo inesperado, la puerta se abrió, y el pequeño dragón se
preparó para salir. Sin embargo, al notar la entrada de otro sirviente, se detuvo y
retrocedió, desplegando de nuevo sus garras. El sirviente, al ver la amenaza, se
quedó inmóvil, habiendo llegado únicamente para entregar un mensaje al domador.
— Señor Bakugo... Tengo un mensaje de su majestad. Se le ha otorgado permiso para
que el joven príncipe vaya a donde desee, siempre y cuando usted lo acompañe... —el
sirviente hablo nervioso pero grande fue su sorpresa al observar el estado de las
heridas del domador.
— ¡Señor! Traeré algo de inmediato. Parece que esa cosa le ha causado muchas
heridas. —El sirviente habló con sinceridad, como si tales palabras sobre el
principe fueran una parte común de su rutina.
El dragón sintió una inesperada oleada de compasión. Era la primera vez que
experimentaba este sentimiento, quizás porque el rubio había mostrado amabilidad
después de un prolongado periodo de trato hostil. Aunque no entendía completamente
sus propios sentimientos, de apoco estaba comprendiendo algo sobre ellos. Observó
a Bakugo, esperando ver su reacción.
Aunque sabía que no debía mostrar emociones hacia aquellos relacionados con la
realeza, sentía una curiosidad genuina por conocer más sobre lo que el rubio había
prometido.
Para una persona como Bakugo La paciencia no era una virtud y mas al ver la
incompetencia de los sirvientes, asi que supo que deberia hacer todo el mismo
Sin importar los rasguños o lo ardua de la tarea, el jamás retrocederia asi que se
encargó de bañar y secar su cabello
- No es- ya se fue.. debes dejar que todos te vean como un monstruo no lo eres,
quizás algo volatil pero no un monstruo, los humanos lo son
Habian sufrido muchas heridas en el pasado incluso estuvo al borde de morir asi que
esto no era nada para el, asi que se sentó y abrio su bolso
- Tranquilo.. solo quiero sacar esto, tengo varias cosas pero pareces ser del tipo
que le gustaran los libros
Saque uno especial lleno de imagenes y textos
- Sabes leer? No? Te enseñare pero primero te contare la historia de un dragón
Tuvo que aguantar sus ganas de reir al ver como al inicio era algo reacio pero a
medida que leia se hiba acercando mas y más, hasta llegar a ver las imagenes
- No sabes que eso? Son las estrellas....
Por alguna razón, no podia evitar que su corazón se apretara al saber que ni
siquiera conocia las estrellas, asi que saco una especie de esposas
- Vamos a ver las estrellas, afuera pero debes usar eso.. tu y yo,
No dejaba de sorprenderle; parecía que no le importaba en absoluto. Cuando
finalmente le mostró el libro, observó el contenido con creciente curiosidad.
— _¿Qué es eso?_ —se preguntó en silencio.
Aunque sentía una curiosidad creciente, se esforzaba por no revelarla. Observó con
desdén desde una distancia prudente, acercándose gradualmente con cada página que
el rubio pasaba. Finalmente, se situó tan cerca que pudo ver las imágenes
claramente, y sus ojos se iluminaron.
— Estrellas... Me gustan —repitió en tono sereno, como si solo ver aquello le
levantara el ánimo.
Su expresión se tornó ligeramente inquieta al ver las esposas sostenidas por el
rubio. Era molesto enfrentarse a esa realidad nuevamente; aunque podía romperlas,
consumía mucha energía. Sin embargo, comprendía que debía portar esas esposas para
acompañar a Bakugo, sin lo cual no podría salir. Apretó los puños y asintió con
determinación. Si la única condición para poder salir era soportar las esposas y
estar juntos a Bakugo, no le importaba en absoluto.
Una hora después, el dragón se encontraba afuera, siguiendo al rubio con una mezcla
de incomodidad y resignación. Aunque las esposas restringían sus movimientos, había
algo en la experiencia que le resultaba sorprendentemente agradable. A pesar de la
brusquedad del rubio, el dragón no pudo evitar sonreír, disfrutando por primera vez
de una sensación de libertad que le había sido esquiva durante tanto tiempo.
El paisaje a su alrededor era una novedad para él, y la oportunidad de explorar
incluso bajo las limitaciones impuestas era un alivio. Aunque la situación no era
ideal, el dragón permitía que una sonrisa se formara en sus labios, apreciando cada
momento de esta inesperada libertad.
Shoto se detuvo en medio del jardín, observando el cielo mientras el sol comenzaba
su descenso. El día estaba cediendo paso a la noche, y Shoto permaneció inmóvil,
cautivado por el espectáculo que se desplegaba ante él. La luz dorada del sol,
ahora en su etapa final del ocaso, se desvanecía lentamente, dejando que el cielo
se tiñera de matices oscuros y profundos.
A medida que el sol se hundía en el horizonte, una esfera plateada comenzó a
emerger, iluminando el cielo con una suave luz. Shoto reconoció la luna, su
presencia tranquila y majestuosa anunciaba la llegada de la noche. No mucho
después, aparecieron las estrellas, dispersándose como joyas en el firmamento.
El cielo nocturno se llenó de destellos brillantes, cada estrella un pequeño faro
en la vasta oscuridad. Shoto contempló este espectáculo celestial con una mezcla de
asombro y tranquilidad. Era como si las estrellas fueran seres vivos, colgando en
el cielo para ofrecer su propia forma de consuelo y belleza.
El contraste entre la oscuridad creciente y la brillantez de las estrellas le
ofrecía una sensación de paz inesperada. Observó el fenómeno natural con atención,
dejando que el esplendor del cielo nocturno lo envolviera, mientras la serenidad de
la noche comenzaba a instaurarse, escuchando cada explicación de Bakugo.
Shoto observó de reojo a Bakugo mientras el hablaba con tranquilidad, dejando paso
a la luna y a las estrellas. Cuando sus miradas se encontraron, sintió una brisa de
incertidumbre en su interior. Volvió a mirar hacia el cielo, donde las estrellas
brillaban con intensidad, y se preguntó si quizás había cometido un error en lo que
había dicho anteriormente. Tal vez, solo tal vez, su percepción estaba cambiando.
— _Tonto..._—bufo con un suspiro luego de decirle eso.
> | 1 año y meses después...
Shoto estaba por cumplir 14 años, a lo cual había experimentado un notable
crecimiento, tanto físico como emocional. La habitación que una vez fue un refugio
sombrío ahora estaba iluminada por la luz natural que entraba a raudales por las
ventanas. Se había convertido en un espacio más vibrante y acogedor aunque seguían
las rejas que le impedían abrir las ventanas pero no le importaba mucho. Shoto, ya
más maduro, se levantó de la cama y se preparó para el día. Se vistió y se lavó con
rapidez, esperando pacientemente a Bakugo en la puerta de su habitación.
El domador después de todo, todo ese tiempo paso la noche en el mismo castillo que
el joven príncipe. Al notar que Bakugo aún no había salido de su habitación, Shoto
decidió tomar la iniciativa. Abrió la puerta con lentitud y entró en la habitación,
acercándose sigilosamente.
Al encontrar a Bakugo aún en la cama, Shoto se subió suavemente sobre él,
envolviendo su cuello con sus brazos en un abrazo afectuoso, no sabía si se hacia
el dormido pero disfrutaba de ese momento. Su expresión mostraba una mezcla de
afecto y alegria. Este gesto era una clara manifestación de la conexión que había
logrado hacer el rubio.
— _Bakugo... Despierta, quiero salir afuera_—le dice en su oido mientras observa su
rostro.
Los sirvientes ya no temían tanto a Shoto. La razón era evidente: cada vez que
Bakugo se acercaba a él, Shoto sonreía con la alegría inocente de un niño,
mostrando una faceta completamente diferente a la que exhibía en presencia de
otros. Fuera de la esfera de influencia de Bakugo, su actitud era marcadamente
fría, incluso hacia el rey, quien lo había visitado al notar el progreso en la
relación entre ambos hace unas cuantas semanas. Y durante el breve tiempo que el
monarca permaneció en su presencia, Shoto dejó claro su odio.
Bakugou jamás olvidaria aquel dia, en que logro sacar al dragón afuera, verlo
descubrir el mundo sería una de las cosas que lo reconfortarian.. en especial
aquella sonrisa
Al ver como las estrellas brillaban y el pequeño heredero parecía tan feliz y
bello, mientras era acompañado de las estrellas se prometio que lo protegería con
su alma entera..
Por que si algo estaba seguro era que Shouto Todoroki merecía ser feliz..
Asi que cuando los dias pasaron para convertirse en meses y luego un año, trabajo
arduamente para mejorar su vida, enseñarle el mundo, a defenderse y a ser solo un
niño
Aunque eso no era muy bien recibido por el rey, quien constantemente le mandaba
misiones para demostrar si aun era tan capaz de criar a su hijo
Bakugou estaba agotado cuando el pequelo entró pero al sentir que era abrazado
correspondio envolviendo sus brazos alrededor de su cintura
- Mocoso.. no deberias despertar a los mayores..podrian comerte como castigo
Su cercania era demasiada pero no le inmuto, en cambio llevo su mano hasta aquella
cicatriz para acariciarla con ternura y Shouto como un gatito apego mas su rostro a
su palma
- eres como un gatito.. eso suena bien ¿te gustaria una mascota?
Podrian ir a buscar una en lo que el completaba su nueva mision, le preguntaria al
inutil de Deku, pero Shouto lo aborrece apesar de que el peliverde siempre fue
amable
Quizas esta celoso..
Bakugou rió ante el pensamiento, era imposible que eso fuera asi.
— _Entonces no me molestaría que me comieras tú_—sus palabras eran completamente
sinceras mientras reía.
Y no podía evitar encantarle cuando lo acariciaba, queriendo mas de ese toque apoya
su cara en su mano.
— _¿Mm? ¿Un gato?_—ante la pregunta de querer una mascota asiente con entusiasmo.
— _¡Si quiero! ¿Ahora podemos irnos a buscarlo?_—escucha la puerta ser golpeada a
lo que se levanta para abrirla y ve a esa cabellera verde sonriéndole.
— _Hola kacchan- Oh.. Shoto ¡hola!_ —hablo animado Midoriya y con un golpe en seco
cerro la puerta el bicolor.
Y al darse la vuelta ve a Bakugo que lo atravesaba con la mirada y soltó un suspiro
para volver a abrir la puerta y irse detrás de Bakugo para quedarsele mirando a
Deku.
> | 15 minutos después.
Shoto se encontraba buscando a Bakugo, quien había desaparecido de su vista después
de indicarle que permaneciera esperando. No estaba seguro de si habían pasado cinco
minutos, pero sentía una creciente ansiedad. Para su mala fortuna, estaba Midoriya
junto a el.
Encontrándose en el bosque cercano al castillo, ya que Bakugo había mencionado que
allí le ofrecería la sorpresa. Aunque no tenía inconvenientes en esperar, no
comprendía la presencia del peliverde, frunciendo el ceño al encontrarse con su
mirada.
— _Solo vete, no podrías protegerte tu solo contra diez personas y quieres
protegerme a mi_—y al decir eso un mal presentimiento lo atravesó, sin escuchar lo
que sea que estuviera diciendole después.
Él confiaba en su capacidad para defenderse contra un ejército de 50 personas;
estaba seguro de ello. Su poder había aumentado considerablemente. Sin embargo, se
preguntaba sobre Bakugo. Sabía que Bakugo era fuerte, pero ¿qué sucedería si
intentaban atacarlo para llegar a él más rápidamente? Ya habían intentado algo
similar hace aproximadamente dos meses, y aunque había estado alerta en ese
momento, ahora no era así; había bajado la guardia.
— _Iré a buscarlo._
Aviso con un susurro y se adentró con rapidez en el bosque, reflexionando sobre su
relación con Bakugo ya que el era su domador y de alguna manera, estaban
vinculados, ya que descubrió que podía percibir su presencia dependiendo de la
distancia. Buscando cualquier indicio de su cercanía, intentando captar señales que
pudieran confirmar su ubicación.
. . .
Shoto corría a través del bosque, sus pies golpeando el suelo cubierto de hojas
secas, mientras su corazón latía con fuerza en su pecho. La luz del sol apenas
lograba filtrarse entre las copas de los árboles, creando sombras inquietantes que
parecían moverse a su alrededor. Cada respiración era un esfuerzo, su aliento se
volvía más agitado con cada paso que daba. El miedo se apoderaba de él, una
sensación helada que le decía que algo no estaba bien. ¿Dónde estaba Bakugo?
Mientras avanzaba, un aroma familiar llegó a su nariz, un olor que solo podía ser
de su amado. Sin pensarlo dos veces, se abrió paso entre los arbustos, las ramas
rasguñando su piel, pero no le importaba. Solo quería encontrarlo. Sin embargo, lo
que vio lo dejó helado.
Allí, en un claro del bosque, estaba Bakugo. Su cuerpo estaba cubierto de sangre, y
a su lado yacía un pequeño animal, su respiración entrecortada y dificultosa. Shoto
sintió que el mundo se detenía. Sus pasos se volvieron temblorosos, y sus ojos,
llenos de lágrimas, se abrieron de par en par ante la escena desgarradora.
Se acercó rápidamente, su corazón se rompía al ver a Bakugo en ese estado. Con
manos temblorosas, lo tomó entre sus brazos, intentando detener la sangre que
perdía.
— _Bakugo, por favor, despierta_— murmuró, su voz quebrada por la angustia.
— _No me dejes, por favor..._— las lágrimas caían por sus mejillas mientras
hablaba, su desesperación palpable en el aire.
Shoto sabía que debía actuar rápido, pero el miedo lo paralizaba. — _Estaré aquí
contigo, no te vayas..._
Shoto lo intentó todo. Con desesperación, ajustó la venda improvisada, intentando
detener la hemorragia, pero sabía en lo más profundo que sus esfuerzos eran en
vano. La sangre seguía fluyendo, manchando sus manos, el suelo, todo a su
alrededor. El peso de Bakugo en sus brazos se volvía más insoportable con cada
segundo que pasaba, no solo por el esfuerzo físico, sino por la realidad que
lentamente se hacía evidente.
Los ojos de Bakugo comenzaban a perder su brillo, su respiración se volvía cada vez
más débil, y Shoto sintió cómo el frío comenzaba a apoderarse de su corazón.
Se inclinó más cerca, abrazando a Bakugo con una fuerza desesperada, como si al
hacerlo pudiera evitar lo inevitable. Pero no había nada que pudiera hacer.
Lentamente, la vida se fue apagando en los ojos de Bakugo, hasta que, finalmente,
su cuerpo quedó inerte en los brazos de Shoto.
El mundo alrededor de Shoto se detuvo. El silencio del bosque se hizo abrumador,
roto solo por el sonido ahogado de su propio llanto. Las lágrimas corrían por su
rostro sin control, mientras la realidad de lo que acababa de suceder lo golpeaba
con la fuerza de un huracán. Bakugo estaba muerto. Y él, Shoto, no había podido
salvarlo.
Por lo que pareció una eternidad, Shoto permaneció inmóvil, sosteniendo el cuerpo
sin vida de Bakugo, incapaz de soltarlo, incapaz de aceptar lo que había sucedido.
El frío de la noche comenzó a descender, pero Shoto apenas lo sintió. Todo lo que
era, todo lo que había sentido, se desmoronó en ese claro del bosque, junto con la
vida de la persona que más le importaba.
---
> _Cuatro años después_
El bosque había sido reemplazado por un campo de batalla. Shoto, ahora con 18 años,
se encontraba en medio de la guerra, su mirada era la de alguien que había perdido
todo rastro de la calidez que alguna vez había tenido. Sus ojos, antes llenos de
vida y esperanza, eran ahora tan fríos como el hielo, tan afilados como la espada
que sostenía con firmeza.
El tiempo había endurecido su corazón, transformando el dolor y la desesperación en
una determinación implacable. La muerte de Bakugo había dejado una cicatriz
profunda en su alma, una herida que nunca sanó, pero que ahora se manifestaba en la
furia con la que luchaba en la guerra. Cada enemigo que caía ante su espada era una
forma de pagar la deuda que sentía, una forma de canalizar el dolor que lo había
consumido desde aquella fatídica noche en el bosque.
Con cada golpe de su espada, Shoto recordaba el rostro de Bakugo, su risa, su
fuerza, y la promesa silenciosa que había hecho en sus últimos momentos.
> Si alguien preguntaba de la historia luego de aquel suceso para el joven dragón
era simple... Después de la muerte de Bakugo, Shoto había perdido todo sentido de
dirección. El peso de su pérdida era tan abrumador que, durante días, vagó por el
bosque con el cuerpo inerte de Bakugo en sus brazos, como si negarse a soltarlo
pudiera de alguna manera revertir lo sucedido. El claro donde Bakugo había dado su
último suspiro se convirtió en el lugar que Shoto eligió para su descanso final.
Era el mismo lugar donde había sentido por primera vez que algo más que amistad los
unía, un lugar donde las flores silvestres florecían con vida y el cielo nocturno
se extendía como un manto infinito de estrellas.
Con manos temblorosas y el corazón hecho trizas, Shoto cavó la tumba con una mezcla
de desesperación y resignación. No había palabras suficientes para expresar lo que
sentía, así que guardó silencio mientras enterraba el cuerpo de Bakugo bajo la
tierra fría, el mismo suelo donde una vez habían compartido sus secretos, sus
risas, y sus promesas no dichas. Cuando terminó, Shoto colocó una simple piedra
como marcador, adornándola con las flores que recogió en el lugar, un tributo
humilde pero lleno de amor. No lloró más, sus lágrimas ya se habían agotado, pero
el vacío que lo invadió era tan profundo que casi podía sentirlo consumiéndolo.
Los días que siguieron estuvieron teñidos de una oscuridad impenetrable. Shoto
apenas comía, apenas hablaba, sus ojos antes vibrantes ahora reflejaban un abismo
insondable. La familia imperial, preocupada por su estado y temerosa de que se
desmoronara por completo, decidió actuar. Fue entonces cuando trajeron al hombre
que, a sus ojos, era la copia perfecta de Bakugo. La similitud era perturbadora: el
mismo cabello, la misma complexión, incluso un intento de imitar la actitud
desafiante que había caracterizado a Bakugo.
Shoto, en su estado emocionalmente devastado, casi cayó en la trampa. Durante un
momento de debilidad, se acercó al hombre, su corazón latiendo con una esperanza
desesperada. Se permitió por un segundo imaginar que tal vez, de alguna manera
imposible, Bakugo había regresado a él. Pero antes de entregarse a esa ilusión,
decidió hacerle una pregunta, una que solo Bakugo podría responder.
La respuesta que recibió fue equivocada, una falacia tan evidente que rompió la
fantasía en mil pedazos. La expresión de Shoto se congeló, y en un abrir y cerrar
de ojos, la calidez que había en sus ojos se convirtió en un frío aterrador. Con
una calma perturbadora, desenfundó su espada. Nadie en la habitación tuvo tiempo de
reaccionar antes de que la hoja de Shoto atravesara el aire y cortara la cabeza de
la copia. La verdad se reveló en la expresión vacía de esa imitación, un
recordatorio cruel de la desesperación que la familia imperial estaba dispuesta a
explotar.
Aquel acto de violencia marcó el comienzo de un patrón. Durante las semanas
siguientes, llegaron más y más copias, cada una afirmando ser el verdadero Bakugo,
pero todas enfrentaron el mismo destino. Shoto se volvió cada vez más insensible a
estos intentos, su esperanza se fue desmoronando lentamente hasta que lo único que
quedó fue la certeza de que Bakugo no volvería. En su corazón se formó una coraza
impenetrable, y la rabia que albergaba por aquellos que intentaban manipularlo se
transformó en una decisión final.
Shoto se enlistó en la guerra para escapar de la intriga palaciega, aunque quisiera
eliminarlos no podía aún, se sentia tan débil y asi se fue, llevando consigo a la
mascota que Bakugo cuido para el hasta el ultimo segundo. El campo de batalla era
el único lugar donde podía evitar las maquinaciones de la realeza, y donde podía
entregar su dolor a través de la espada. Durante los cuatro años que siguieron, se
convirtió en un guerrero implacable, conocido por su frialdad y su eficiencia. El
Shoto que una vez había sido lleno de esperanza y amor se había desvanecido,
dejando solo a un hombre endurecido por la pérdida y la traición.
A pesar de todo, las cartas de la familia imperial seguían llegando, pidiéndole que
vuelva. Y una de ellas, entregada por Deku, anunciaba que al final de la guerra,
sería recibido con una gran celebración para presentarlo oficialmente como el
heredero al trono. Shoto sabía que esto no era más que otro intento de controlarlo,
otra trampa para acorralarlo.
En la noche antes de la última batalla del día de mañana, Shoto se encontró solo en
el bosque a varios kilómetros lejos de su "hogar", mirando hacia el cielo
estrellado. De repente vio un pequeño destello, y le hizo sonreír, estaba seguro
que eso era una _estrella fugaz_. Un recuerdo lo invadió, Bakugo le explicaba con
una sonrisa que cada vez que viera aquella estrella fugaz no se olvidará en pedir
un deseo.
Sabia que tal vez nadie escuchará aquel deseo que siempre anhelaba pero aún así, no
pudo evitar hablar.
— _Tan solo deseo que vuelvas conmigo..._
El susurro se desvaneció en la brisa nocturna mientras segundos después Shoto
giraba sobre sus talones, para así acercarse a las viviendas temporales donde
descansaban los soldados.
<< _¿Que esperaba...? ¿Que cayera del cielo?_>> pensó con un suspiro de fastidio y
solo siguió su camino.
Fueron en busqueda del preciado gato, Bakugou ya tenia uno en mente pero nada lo
preparo para la travesia que ese suceso ocasionaria
Todas sus batallas jamás lo prepararon para ser traicionado por una persona en la
que confíaba y más al cual le guardaba un gran secreto, pero al parecer habian
secretos que habian que llevarse a la tumba
Dio batalla como siempre, pero proteger a un gato lo dejaba algo inestable, apesar
de que queria hacer todo lo posible para ganar y volver con Todoroki, el cansancio
y las lesiones que poseia debido a las numerosas misiones nocturnas dadas por el
rey, le jugaron muy en contra
Termino en el suelo desangrandose lentamente cuando por su desgracia Todoroki lo
encontro, queria decirle tantas cosas pero ni siquiera podia hablar por el corte en
la garganta
Ni siquiera podia juntar las fuerzas para abrir sus ojos y verlo aunque sea una vez
Solo pudo morir pensando en que haria lo que fuera para volver a su lado..
Y de alguna manera su deseo se cumplio, habia renacido.. un cuerpo diferente y unos
ojos color sangre, le costo años de preparación volver a recuperar sus habilidades
e incluso superlas..
Habia ansiado correr a ver a Todoroki, pero sabia bien que varios se habian hecho
pasar por el, asi que decidio que trabajaria duro en el campo de batalla, para
volver a su lado
Y demostrarle que era el, quizas un pelo rubio y ojos carmesi, pero seguia siendo
el..
Aunque ahora era menor que el principe logro abrirse camino e hizo algunas
amistades que le fueron útil, solo debia esperar a la ceremonia que se haria donde
seria presentado ante el príncipe
- me pregunto..cuanto haz cambiado..Shoto..
Se rumoraba que tenia una coraza que no dejaba que nadie se acercara pero el, lo
lograría..
Ese deseo lo llevo a acelerar su encuentro e ir hacia el campo de batalla
K: Katsuki.. estas seguro..
- No hay mejor manera, que volver a pelear juntos
Kirishima era al unico que le habia dicho la verdad, y asombrosamente le creyó
Se presentaron ante Midoriya aunque le parecía patetico que ahora el fuera el
numero 1, eso seria algo que tendria que arreglar
Escucho como era presentado, hasta que alguien llamo su atención... era Todoroki,
se veia tan distinto y era tan frío
M: Todoroki, el es-
- Puedo presentarme solo.. estupido deku
Susurro lo último pero no espero que el peliverde lo escuchara aunque no comento
nada
- Soy B..Katsuki, y estare en combate con usted
"Maldito mocoso.."
Como era de esperar Todoroki, ni siquiera le presto atención pero pudo ver a cierto
gato alli
- Hola.. bestia asesina
El gato no tardo en venir hacia él, y acariciarse contra él, aquello al menos logro
la atención del principe
- Con que asi se llama..aunque queda mejor bestia asesina.. a ella le gusta
En el pasado la nombro asi..pero era obvio que Todoroki jamás lo supo.. una
lastima, hubiera deseado ver su cara de felicidad al ver al gato.
.......
..
Shoto Todoroki estaba observando a los nuevos soldados. Cuando la silueta del nuevo
soldado se acercó, sintió una extraña perturbación en su interior. No era solo el
cabello rubio o los ojos carmesí que destacaban en aquel joven; había algo más,
algo profundo que resonaba en los rincones más oscuros de sus recuerdos.
Midoriya, con su habitual sentido del deber, trató de presentar al recién llegado,
pero fue interrumpido bruscamente. El tono arrogante del soldado era inconfundible,
una arrogancia que Shoto no había experimentado en años. Aunque el nombre que dio
no encajaba del todo —B... Katsuki—, algo en su forma de hablar, en su postura, le
resultaba peligrosamente familiar.
Cuando el gato, esa bestia asesina que había sido tan importante en el pasado, se
acercó al soldado con una confianza inusual, Shoto sintió un escalofrío recorrerle
la espalda. Aquel felino, que nunca se había mostrado amigable con nadie, parecía
reconocer a ese joven de una manera que no podía ser coincidencia.
Las palabras del soldado, "Con que así se llama... aunque queda mejor bestia
asesina... a ella le gusta," resonaron en la mente de Shoto, desatando un
torbellino de memorias que había tratado de enterrar. ¿Cómo era posible que alguien
supiera eso? ¿Cómo era posible que él, de todas las personas, pareciera conocer ese
detalle?
Shoto mantuvo su fachada fría, inmutable. No se permitió mostrar ninguna emoción,
aunque su mente estaba al borde del caos. Por un instante, sus ojos se cruzaron con
los del soldado, y lo que vio en ellos lo dejó descolocado. La determinación y el
desafío en esa mirada despertaron en él una sensación de vulnerabilidad que no
había sentido desde la pérdida que lo marcó profundamente.
La pregunta silenciosa en los ojos del soldado —"¿Cuánto has cambiado, Shoto?"—
quedó flotando en el aire. Shoto no respondió, no en ese momento. Pero sabía que la
batalla que se avecinaba no sería solo física; sería una lucha contra los fantasmas
del pasado que parecían haber regresado para atormentarlo.
No estaba preparado para enfrentar lo que ese encuentro podría desatar, pero sabía
que no tenía otra opción. Había hecho una promesa, una promesa que debía cumplir,
sin importar cuánto el pasado intentara arrastrarlo de nuevo hacia el dolor que
creía haber dejado atrás.