FAMILIA SOCIEDAD Y EDUCACIÓN
TEMA 1. FAMILIA Y EDUCACIÓN.
Manual de Martínez Dominguez, Gómez y Romero Iribas. Editorial Síntesis.
1. ¿Qué es educar? Las dimensiones del ser humano como sujeto que
desarrolla competencias, valores y emociones positivas con la
educación
1. Detrás de cada concepto de educación hay un concepto de ser humano, y para abordar la tarea educativa
de manera adecuada se requiere comprender suficientemente al ser humano.
2. Un rasgo esencial del aprendizaje humano, que lo diferencia del aprendizaje animal, es que los seres
humanos no solo aprendemos para adaptarnos y sobrevivir, sino que somos conscientes de lo que
aprendemos, y aspiramos a un aprendizaje que aporte respuestas a los grandes interrogantes de la vida.
Una visión pragmática de la educación que no se plantee de forma clara el porqué sino que ponga el foco
en mejorar los procesos, el cómo, podría degradar la visión del ser humano.
3. Esta preocupación la manifiesta la Unesco (2015, pp. 36-37) de forma clara y contundente y plantea el
debate sobre la educación más allá de la función utilitaria que cumple en el desarrollo económico:
A finales del siglo xx y comienzos del XXJ, han surgido críticas contra los humanismos, tanto antropocéntricos
como teocéntricos, por parte de posmodernistas, alguno(a)s feministas, ecologistas y, más recientemente,
quienes se consideran como transhumanistas o incluso posthumanistas, que defienden la selección biológica y
la mejora radical. Cada una de estas interpretaciones plantea cuestiones morales y éticas fundamentales, que
son a todas luces motivo de preocupación para la educación.
Desde los organismos supranacionales se nos invita a considerar una serie de principios éticos
universales que sirvan de fundamento integral para la finalidad y la organización de la educación para
todos.
4. Se trata de ofrecer un marco antropológico que permita a cada cual, desde su cultura, su religión, su
filosofía, etc, trabajar conjuntamente en procedimientos de aprendizaje que favorezcan la adquisición
del conocimiento adecuado y la formación de competencias con valores y emociones positivas al servicio
de nuestra humanidad común.(…)
5. Junto al dualismo y al monismo existe otra concepción del ser humano que lo considera a partir de tres
principios: el cuerpo, la mente y la apertura (soma, psique, pneuma). Estos tres principios no son tres
partes distintas del compuesto humano; son tres aspectos del ser humano que resumen todo su ser y
todas sus actividades. Un representante popular de esta concepción es Ortega y Gasset (1980), para
quien ''yo soy yo y mi circunstancia", "Mi circunstancia" no son "las circunstancias de mi vida”, sino la
circunstancia del yo: su apertura. Pues precisamente quien logra crecer en su apertura es capaz de
encontrar sentido a su vida en cualquier circunstancia (Frankl, 1991). En este punto, es pertinente hacer
una distinción entre mente y apertura, pues si bien forman una unidad íntimamente relacionada con el
cuerpo son dimensiones que se pueden distinguir.
6. De entrada, referimos a la apertura es decir que el ser humano es algo más que un compuesto de materia
y forma (cuerpo y mente) considerando la apertura como tercer principio del ser humano y que se
caracteriza por lo que habitamos y nos habita de forma imprescindible. Necesariamente, todo ser
humano está vinculado con su origen y con la realidad que habita; no se puede ser humano en el vacío;
el sí mismo siempre mantiene un vínculo con lo otro.
La mente puede considerarse una forma de apertura en la medida que nos permite abandonar mentalmente
el lugar en el que se está materialmente, o bien dirigirse a otro lugar sin abandonar el que ocupa en la realidad
físico-espacio-temporal, de manera que pueda estar simultáneamente en diversos lugares. Pero la apertura
como principio al que aquí nos referimos es mucho más que un salir mental: es un haber recibido de lo otro
para poder ser sí mismo, es un darse para ser más uno mismo y, a la vez, y es un recibir para llenarnos del tú,
con lo que poder ser más uno mismo, y contribuyendo con el tú para que pueda llegar a ser también más sí
mismo (Stein, 2008).
Se considera aquí la apertura como un elemento determinante de la configuración de la humanidad, pues
de esto depende que las personas formemos "falsos nosotros" o "nosotros maduros" (Künkel, Dickerson y
Berstein, 1982). El falso nosotros lo forman personas que encuentran su grandeza llenándose de lo de fuera.
Cuando un grupo-clase está compuesto por estudiantes que hacen crecer su interioridad nutriéndose de lo
de fuera, el bullying, por ejemplo, puede ser una de las consecuencias naturales, porque la supervivencia de
cada persona y cada subgrupo depende del canibalismo psicológico.
El "nosotros maduro" lo forman personas que encuentran su grandeza desplegándose hacia fuera, sin
devorar ni dejarse devorar. No es un salir hacia fuera como lo hacen un cazador o un vendedor, es un salir
para servir. Nos hacemos grandes haciendo grandes a los demás y nos enriquecemos interiormente
enriqueciendo el entorno. Así, el nosotros maduro [Link] una jungla en la que sobrevivir, sino un espacio
habitable en el que vivir con otros sujetos a los que encontrar y de sentidos que realizar (Frankl, 1991).
En esta distinción de planos nos situaremos para ordenar la diversidad de planteamientos pedagógicos y
comprender el total de mentalidades educativas. Si bien se asume aquí esta distinción de dimensiones,
podrían ser consideradas muchas otras que igualmente servirían para explicar al ser humano. Pero esta
parece la más directa a la hora de fundamentar la educación como desarrollo de competencias con valores
y emociones positivas.
7. Así como el cuerpo, la mente, la apertura son distinguibles en teoría, pero en la práctica se manifiestan
como una unidad, lo mismo ocurre con las competencias, los valores y las emociones positivas. En este
sentido las competencias, los valores y las emociones positivas se viven tanto con el cuerpo y con la
mente como con la apertura, y nunca se presentan aisladas. Pero, como abstracción, se puede considerar
la metáfora de la cámara fotográfica y decir que las emociones positivas son las tendencias que
desarrollamos cuando enfocarnos en el cuerpo; las competencias, las tendencias que desarrollamos
cuando enfocamos con la mente; y los valores, las tendencias que desarrollamos cuando enfocamos con
la apertura. Esta idea se plasma en la figura 1.2.
Emociones positívas Competencias Valores
Figura 1 .2. Educar es enseñar a enfocar la vida en todas sus dimensiones
8. Advertir a la vez la complejidad y la unidad del ser humano es relevante a la hora de educar (Medina
Rubio, García Aretio y Ruiz Corbella, 2008, pp. 65-66), porque atender al desarrollo personal implicará
“tener en cuenta y trabajar todas las dimensiones de la persona, tratando de que estas se desarrollen
armónicamente".
9. Tomando la explicación de Frankl (1991) al respecto de las dimensiones de los cuerpos y sus planos, se
aprecia de forma ilustrativa el papel primordial de considerar la apertura como dimensión imprescindible
que permite apreciar la unidad a pesar de la variedad de planos.
10. En la figura 1.3, consideremos al ser humano como el cilindro, a los mamíferos como el cono y al resto
de animales como el círculo. Si nos fijamos solo en la proyección del plano inferior podría parecer que el
ser humano y el resto de animales son prácticamente iguales. Si la comparación la realizamos en el plano
mental ya se aprecia la diferencia; sin embargo, el ser humano no es solo ese plano mental evolucionado,
un rectángulo que incluso parece contradictorio con el plano del cuerpo. Para poder comprender al ser
humano y proporcionarle una educación integral adecuada será imprescindible considerarle desde la
apertura con lo que se capta tal y como es en realidad. La apertura humana es trascendencia, esto es,
capacidad de salir de sí mismo y su mundo circundante (Uexküll, 1942) y proyectarse tanto hacia otras
cosas del mundo como hacia un "tú" más allá del “yo”.
Así, por ejemplo, la consideración del ser humano exclusivamente desde los gatos de la biología, la
neurociencia, la psicología o la filosofía resulta insuficiente porque nos permite verlo solo desde una de las
perspectivas que admite.
Aplicada al terreno educativo, esta explicación nos lleva a apreciar que, si se saca al ser humano de su
contexto y se le mira desde un punto de vista que solo tenga en cuenta dimensiones parciales, pero no su
totalidad (por ejemplo, atendiendo únicamente a sus sentimientos, a su inteligencia o a su capacidad social),
se puede extraer una idea equivocada del ser persona y confundirse a la hora de desarrollar la tarea
educativa. La educación requiere tener en cuenta todas las dimensiones de todos los humanos, buscando el
desarrollo integral de cada persona y el desarrollo sostenible de la sociedad.
Figura 1.3. Figuras diversas vistas desde todos los planos.
(adaptación de Frankl, 1991, p. 139)
Además de atender a todas las dimensiones humanas, conviene que la tarea educativa se dirija al
crecimiento armónico. Haciendo una comparación algo burda, se puede pensar en la persona corno una
banqueta de tres patas. Una banqueta de tres patas no cojea y tal vez por eso no llame la atención, pero si
ostensiblemente vamos dejando una pata más corta que las demás, iremos deslizándonos hacia el lado de
la pata más larga casi sin damos cuenta, y como en una pendiente resbaladiza, acabar en el suelo. Pero si
lograrnos que las tres patas estén más o menos a la misma altura, la banqueta se sostiene firme. De igual
forma conviene a la persona que su crecimiento sea armónico: si alguien destaca en sus valores, pero no es
competente, no podrá servir como desearía y si es competente pero no tiene buenos valores, con esas
competencias podrá hacer mucho daño al mundo, o si es competente y con valores, pero no posee
emociones positivas, los valores y las competencias se irán deteriorando,
11. Siguiendo la clasificación de Lersch (1966), que se adecua a la propuesta tridimensional que hemos
venido exponiendo, podemos considerar tres grupos de tendencias que deben ser armonizadas con la
educación de forma que la persona crezca en-unidad hacia su realización plena en el “nosotros
maduro”:
1. Las tendencias de la vitalidad, que son el impulso a la actividad, la inclinación al goce, la tendencia
sexual y el impulso vivencial. Están más directamente vinculadas al cuerpo como dimensión
biológica, en la que se requiere aprender a gestionar las sensaciones y emociones de forma positiva.
2. Las tendencias del yo individual, que comprenden el instinto de conservación, la tendencia a la
posesión de lo necesario para la expansión de la propia vida el deseo de poder, la necesidad de
estimación por parte de los demás, el afán vindicativo, el deseo de autoestima. Se encuentran más
directamente vinculadas a la mente como dimensión psicológica en la que se requiere el desarrollo
de competencias y empoderamiento personal.
3. Las tendencias transitivas, que son la tendencia a esta con otros (sociabilidad) y la de ser para los
otros, las tendencias creativas (creatividad), el deseo de saber, la tendencia amatoria, las tendencias
normativas y las tendencias trascendentes. Están más directamente vinculadas a la apertura como
dimensión noológica o espiritual en la que se requiere el desarrollo de los valores en acción.
12. Las tendencias humanas solo se armonizan si crecen, por lo que la educación puede bien entenderse
como ayudar a crecer. Corregir un desequilibrio no es tanto frenar o reprimir tendencias, sino elevarlas
unidas hacia la plenitud en la unidad de la persona. El perfeccionamiento de la persona implica el
desarrollo armónico de todas sus dimensiones.
13. Es más correcto hablar de desarrollo armónico que de desarrollo equilibrado, pues el equilibrio, como
tal, no es propio del ser humano, que está en constante crecimiento y tensión, tanto desde el punto de
vista existencial como físico y psíquico. “El ser humano, considerado en su radicalidad, no puede ser
considerado en equilibrio, asentado ya, sino intrínsecamente en tensión coexistencial" (Rodríguez
Sedano y Aguilera, 2011, p. 32).