La casa en la colina se convirtió en una obsesión para mí.
No podía
sacarme de la cabeza la imagen de la figura oscura, sus ojos brillando
con una luz fría y maligna. Cada noche, antes de dormir, veía su rostro
en mis pesadillas.
Un día, mientras conducía por la carretera, vi un letrero que anunciaba
una subasta de la casa en la colina. La curiosidad, mezclada con una
extraña sensación de atracción, me impulsó a asistir.
La casa estaba en ruinas, pero aún conservaba un aura de misterio y
oscuridad. Los demás asistentes a la subasta parecían más interesados
en la historia de la casa que en su valor real. Yo era el único que sentía
un escalofrío recorriéndome la columna vertebral.
Cuando la subasta llegó a su fin, me encontré como el nuevo propietario
de la casa en la colina. No estaba seguro de por qué lo había hecho,
pero sentía que tenía que descubrir la verdad sobre la figura oscura que
me había perseguido durante tanto tiempo.
Empecé a restaurar la casa, tratando de encontrar alguna pista sobre su
pasado. Descubrí un diario oculto en el ático, escrito por una mujer que
había vivido en la casa hace más de un siglo.
El diario contaba la historia de una tragedia familiar, de una mujer que
había perdido a su hijo en un accidente y que se había vuelto loca de
dolor. La mujer había muerto en la casa, y se decía que su espíritu
vagaba por sus habitaciones, buscando a su hijo perdido.
Mientras leía el diario, sentí un escalofrío recorriéndome la columna
vertebral. La historia de la mujer era inquietante, pero no explicaba la
figura oscura que me había perseguido.
Una noche, mientras trabajaba en la casa, escuché un ruido en la planta
baja. Me levanté y bajé las escaleras con cautela. La casa estaba oscura,
pero podía sentir una presencia en la sala de estar.
Me acerqué a la sala de estar y vi una figura oscura sentada en un sillón.
La figura se volvió hacia mí, y pude ver sus ojos brillando con una luz fría
y maligna.
"Te he estado esperando", dijo la figura, su voz era un susurro áspero y
frío.
Reconocí la voz. Era la misma que había escuchado en la puerta aquella
noche tormentosa.
La figura se levantó del sillón y se acercó a mí. Pude ver que estaba
cubierta de una sustancia viscosa y oscura que parecía sangre.
"Eres tú", dije, mi voz temblaba. "¿Por qué me has estado persiguiendo?"
La figura se rió, una risa fría y maligna.
"Te he estado esperando", dijo. "Te he estado esperando para que me
ayudes a encontrar a mi hijo."
En ese momento, comprendí. La figura oscura no era el fantasma de la
mujer, sino el espíritu de su hijo perdido. Había estado buscando a su
madre, y me había confundido con ella.
"No puedo ayudarte", dije. "Tu madre está muerta."
La figura se acercó más a mí, sus ojos brillando con una intensidad cada
vez mayor.
"No", dijo. "Ella está aquí. Ella está en esta casa."
La figura extendió una mano hacia mí, y pude ver que estaba cubierta
de una sustancia viscosa y oscura que parecía sangre.
"Ayúdame a encontrarla", dijo. "Ayúdame a encontrar a mi madre."
En ese momento, sentí un escalofrío que me recorrió los huesos. La
figura oscura no era un fantasma, sino una criatura de pura oscuridad. Y
yo había sido atrapado en su juego.
Esta segunda parte explora la obsesión del protagonista por la casa y su
búsqueda de la verdad. También introduce una nueva capa de misterio
al revelar que la figura oscura no es el fantasma de la mujer, sino el
espíritu de su hijo perdido.
Aquí hay algunas ideas para continuar la historia:
- El protagonista podría intentar ayudar al espíritu a encontrar a su
madre, pero se dará cuenta de que la madre está atrapada en la casa
por el espíritu del hijo.
- El protagonista podría descubrir que la casa está maldita, y que la
figura oscura es solo una parte de la maldición.
- El protagonista podría descubrir que la figura oscura no es un espíritu,
sino una entidad demoníaca que se alimenta del dolor y la
desesperación.
La historia podría terminar con el protagonista atrapado en la casa,
luchando por escapar de la figura oscura y la maldición que la rodea.