TEMA XI: TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DE LA SOCIEDAD Y SOBRE EL ESTADO.
1.- Introducción: Cuando se habla, en Sociología, de "interiorización" se dice que ésta se produce cuando el
individuo hace suyas y acata las normas y costumbres de su grupo. Esta aceptación se puede conseguir
mediante el aspecto coercitivo que suele acompañar al cumplimiento de esas normas, pero adquiere un valor
mayor cuando esa aceptación se produce en virtud del reconocimiento de que quien da esas normas y pide su
cumplimiento lo hace "legitimamente", esto es, cuando reconocemos en él autoridad para hacerlo.
La legitimidad tiene que ver, pues, con la capacidad que reconocemos a alguien, persona o grupo, para imponer
normas. Y esta legitimidad se plantea de forma problemática, pero absolutamente imprescindible, en el caso de
la institución política. Establecer la legitimidad de una autoridad política o determinar los criterios en que ésta
debe apoyarse ha sido objeto de discusión a lo largo de la historia y ha constituido una parte importante de la
reflexión filosófica y, más recientemente, de la Ciencia Política.
2.- Teorías sobre el origen de la sociedad: Que el ser humano vive en grupos sociales y que depende de ellos
de manera fundamental salta a la vista. Ante ello cabe preguntarse por la causa de este hecho, cabe
preguntarse por la causa que hace que los seres humanos vivamos en sociedad... Ante esta cuestión
fundamental pueden darse dos respuestas: podría ser que si vivimos socialmente es porque así lo reclama
nuestra constitución natural, o podría ser que lo hagamos porque así lo hemos decidido por acuerdo,
conveniencia o imposición en algún momento. La primera de las respuestas defiende el origen natural a nuestra
vida social; la segunda, en cambio, es partidaria del carácter artificial o convencional de la misma. Pasemos al
estudio detallado de cada una de estas respuestas.
2.1.- El Naturalismo social: Según esta teoría la causa principal de la existencia de la sociedad (y de la política)
está en la propia naturaleza humana. Según sus partidarios, los seres humanos somos constitutivamente
sociales, somos sociales por naturaleza, es decir: porque hay algo en nuestra naturaleza o constitución que nos
impulsa a querer vivir junto con otros seres humanos. Desde esta perspectiva la vida en sociedad es algo
absolutamente necesario, imprescindible, para el ser humano.
El máximo defensor de esta posición fue Aristóteles (384-322 a. C.), quien definió al ser humano como un
"animal político". Para Aristóteles, vivir en sociedad es una tendencia innata del ser humano, de forma que sólo
puede lograr la perfección y la felicidad en sociedad, no pudiendo conseguir tales cosas en el aislamiento o en la
soledad (formas de vida antinaturales en el caso humano). Además, la vida en comunidad se concreta en 2i tres
formas fundamentales de agrupación: la familia, la aldea y el Estado.
El Estado es la forma de agrupación fundamental. Y aunque es cierto que físicamente el individuo precede al
Estado y que, en el tiempo, el individuo, la familia o la aldea son anteriores al Estado, sin embargo todas esas
instancias desembocan finalmente en él al no bastarse a sí mismas para satisfacer las necesidades del
ciudadano (administración, trabajo, comercio, defensa...), por lo que el Estado termina por convertirse en la
representación más clara y perfecta de la sociabilidad humana.
Aristóteles no concibe el Estado como una limitación para el hombre; al contrario, en la pertenencia del hombre
al Estado encuentra aquél su plenitud, pues es dentro de él donde se moraliza, se humaniza y se convierte en
ciudadano, pudiendo así participar en el gobierno del propio Estado. Y el Estado no puede sino tener como
finalidad la felicidad de sus ciudadanos, que se alcanzará cuando éstos gobiernen sus vidas por la razón y la
virtud.
2.2.- El Contractualismo social: Según esta teoría, también llamada Convencionalismo social, la / naturaleza
crea al ser humano libre, egoísta y no vinculado por lazos sociales, de forma que la vida social sólo es explicable
mediante la libre voluntad humana, expresada a través de un pacto o contrato hecho entre sus miembros. Los
dos contractualistas más destacados han sido T. Hobbes y J.J. Rousseau, quienes mantendrán posiciones
completamente opuestas. Pasemos a su estudio.
A) Thomas Hobbes: Hobbes (1588-1679) parte de la hipótesis de que la vida de los seres
humanos en estado de naturaleza (antes de constituir la sociedad), al no haber ningún tipo de derecho que
pusiera límite a sus apetencias y deseos, se caracterizaba por el dominio del egoísmo y el triunfo de la violencia,
lo que provocó un estado de guerra permanente. En definitiva, Hobbes parte de una visión pesimista del ser
humano, recogida en aquella famosa frase suya: "El hombre es un lobo para el hombre"
Para Hobbes fue ese estado de guerra generalizado lo que llevó a los seres humanos a la necesidad de hacer
un pacto salvador, creando una entidad abstracta que hiciese posible la convivencia, tal entidad es el Estado. Y,
en su opinión, ese pacto social conlleva la renuncia por parte de los individuos a sus derechos y libertades. Con
la vida en sociedad los individuos pierden sus derechos naturales, para pasar todos ellos al Estado,
a la naturaleza ge cuyir la adelida que su as, sol an estada le te, andari de todas. Y elrntiqu
la paz y el bien común.
B) Jean Jacques Rousseau: Rousseau (1712-1778) partió también de la hipótesis de la vida
humana en el estado de naturaleza (resocial), pero -contra Hobbes- partirá de una visión optimista del hombre.
Para Rousseau los seres humanos en estado de naturaleza son buenos, libres, iguales y, en última instancia,
felices. Reconoce que lo más natural y original del hombre es la insociabilidad y el egoísmo, pero que estos
sentimientos nada tenían que ver con la maldad, sino más bien con la pura supervivencia, y que en todo caso
estaban acompañados también con otro sentimiento de piedad o de simpatía, entendido como la capacidad de
identificarse con el dolor ajeno.
Para Rousseau la sociedad se formó como resultado de un primer pacto o contrato hecho entre los seres
humanos, obligados por la progresiva complejidad de la vida y la aparición de la propiedad privada. Pero ese
primer pacto no se realizó de forma correcta, pues se basó en la desigualdad entre unos seres humanos y otros.
De esta forma, desde el momento mismo de su creación, la sociedad ha seguido un camino incorrecto y puede
decirse que ella ha sido la causante de todo lo negativo que hay en el ser humano: la vida en esta sociedad ha
corrompido la bondad inicial del hombre y lo ha llevado a la infelicidad, al promover valores basados en la
competitividad, la rivalidad, la desigualdad, la insolidaridad, la envidia o el afán de poder.
Pero Rousseau es realista y sabe que, a estas alturas de la historia, volver al estado de naturaleza es ya
imposible. De lo que se trataría ahora sería de construir un nuevo modelo social que permita ser felices de
nuevo a los seres humanos. Y eso sólo será posible mediante un nuevo pacto o contrato social. Este nuevo
contrato social exige que los individuos renuncien voluntariamente a una parte de su libertad, creando una
autoridad que, respetando los derechos, haga cumplir los deberes de los ciudadanos. Este nuevo contrato social
deberá tratar de reproducir, en la medida de lo posible, las condiciones iniciales del estado de naturaleza, para
lo que deberá basarse en la libertad, en la igualdad y en la participación directa de los ciudadanos en los
asuntos comunes. La unidad social se expresa, de esta forma, en la voluntad general, que deberá ser aceptada
por todos.
3.- El poder político y su legitimación: Uno de los requisitos de funcionamiento de toda sociedad es un cierto
grado de organización. En efecto, toda sociedad aparece como un entramado de fines o metas comunes para
cuya consecución resulta indispensable una diferenciación de los participantes en relación al poder, que en el
caso de la institución política es sinónimo de autoridad.
Las instituciones políticas se encargan de distribuir el poder en la sociedad y constituyen el máximo organismo
de control social, el Estado. Así, el sociólogo alemán. Max Weber (1864-1920) definía al Estado... como "una
comunidad humana que reclama con éxito el uso legítimo de la fuerza dentro de un territorio determinado". El
poder del Estado supone la existencia de alguien que se ocupa de organizar con mandatos y prohibiciones la
vida y la convivencia de los ciudadanos, al menos en aquellos aspectos que tienen una repercusión social, y a
esta autoridad es a lo que se llama gobierno.
Una de las prerrogativas características del Estado es la soberanía, entendida como no sometimiento a ninguna
otra autoridad. Esta soberanía tiene tanto una vertiente externa, no sometimiento a una potencia o autoridad
externa de otro Estado que limite la independencia territorial, como una vertiente interna, el Estado se reserva el
monopolio de la coacción en su territorio, de forma que sólo puede ser ejercida legítimamente en su nombre o
con su permiso. Para ello se vale de instituciones como el ejército, las aduanas, la policía, etc. Cualquier otro
ejercicio de fuerza será considerado ilegítimo y el Estado tenderá a eliminarlo (bandas armadas,
insurrecciones...) porque, de no lograrlo, fracasará como tal, pudiendo dar lugar a que la fuerza opositora se
haga cargo del propio gobierno del Estado (como sucede en el caso de una revolución).
Otra cuestión sería el modo como se establece y legitima el alcance y contenido de esa autoridad.
Según Max Weber podrían distinguirse al menos tres tipos distintos de dominación:
La dominación carismática: es la más antigua y justifica la autoridad en la fuerza; desde
este punto de vista, los seres humanos somos todos diferentes y no todos estamos igualmente capacitados, por
lo que deberían ser los más fuertes o los mejor dotados quienes tendrían que dirigir la sociedad. Así es como se
termina creando la figura de un líder, en quien se ponen una serie de atributos magníficos: cualidades
sobrenaturales, facultades mágicas, heroismo, dotes intelectuales o de oratoria... Los tipos más representativos
son el profeta, el héroe y el demagogo. El que manda es el "caudillo" y quien obedece es el "apóstol". Aquí
suelen
encuadrarse los gobiernos totalitarios.
La dominación tradicional: propia de la Edad Media y la Edad Moderna, justifica la
autoridad en la voluntad divina; Dios es quien, desde su infinita sabiduría, establece quiénes deben gobernar en
este mundo, encomendando esa tarea a personas especialmente bondadosas o santas, que respetan las
costumbres heredadas y establecen leyes justas (los reyes). Quien ordena es el "señor" y quienes obedecen
son los "súbditos" Se obedece a la persona cuya dignidad queda consagrada por la tradición, en un acto de
fidelidad. Un ejemplo de este tipo de dominación podría encontrarse en el Absolutismo Monárquico.
La dominación legal-racional: propia de los últimos siglos de la historia, la autoridad
se justifica en la voluntad de la mayoría; en este caso no se obedece realmente a personas concretas, Sino a
reglas establecidas racionalmente y convertidas en leyes, que siempre están abiertas a la posibilidad de ser
modificadas.
Quienes ostentan la autoridad son los "gobernantes" y quienes no son los "gobernados" , pero los primeros
gobiernan con el consentimiento de los segundos, de forma delegada, para prestar un servicio a la comunidad,
estando su autoridad y competencias establecidas y limitadas por ley. A este tipo de autoridad pertenece la
organización del Estado democrático actual o del municipio.
Y volviendo a la cuestión arriba planteada, sobre el modo de establecer y legitimar la autoridad política, muchos
piensan que responder a esta cuestión no es tarea exclusiva de la Política, sino también asunto de la Etica, y
que el ejercicio de esa soberanía debe tener como condiciones y límites el respeto de la voluntad de la mayoría
y del derecho establecido, así como la consecución del bien común, para impedir que la autoridad se convierta
en dominación y el Estado en aparato represor. En esta dirección, hoy dia se piensa que la verdadera
legitimidad de un Estado sólo puede estar en la aceptación ciudadana de las normas impuestas por el poder
político, normas recogidas en Constituciones que sean libre expresión de la soberanía popular.
Y en este sentido, sólo la dominación legal-racional podría ser considerada como forma legítima de dominación.
4.- Teorías sobre el Estado: A partir de todo lo que llevamos dicho, podemos definir el Estado como una forma
de organización política (por tanto compuesta por gobernantes y gobernados) que preside la vida de una
comunidad humana, vinculada a un territorio, y en la que se establece un sistema para regir las relaciones entre
las personas. Los tres elementos que configuran la realidad política son, pues, el individuo, la sociedad y el
Estado; y, como es fácil imaginar, las relaciones entre dichos elementos se han concebido, a lo largo de la
historia, de modo muy diverso.
4.1.- Las concepciones políticas del mundo clásico: Los primeros atisbos de la constitución de una
Ciencia Política podemos encontrarlos ya en la Grecia clásica, con la presentación de algunos de sus conceptos
fundamentales, así como de las formas posibles de gobierno. En Grecia esas relaciones entre individuo,
sociedad y Estado se conciben esencialmente desde la noción de armonía: el bien de la sociedad y su Estado
debe coincidir con el de los ciudadanos que integran aquélla. Y entre todas destacan las aportaciones hechas
por
Platón y por Aristóteles.
A) Platón: Según Platón (427-347 a: C:) los seres humanos tienden a vivir en sociedad por -
inclinación de su propia naturaleza; defendió, por tanto, una visión naturalista de la vida social. Pero Platón no
estaba satisfecho con la forma de organizar la vida social y política de su tiempo, por lo que se propuso poner en
práctica su diseño de un nuevo Estado ideal.
Tomando como referencia las necesidades humanas, propuso una sociedad dividida en tres clases: la de los
productores (la clase encargada de producir los bienes necesarios para la vida, debe regular su vida por la virtud
de la templanza), la de los guardianes (encargados de defender el Estado en caso de conflictos internos o
externos, debe caracterizarles la fortaleza) y, finalmente, la clase superior, la de los gobernantes (encargados de
dirigir el Estado, su virtud característica ha de ser la prudencia). Y para Platón un Estado funcionará bien cuando
los individuos de cada clase social se dediquen a la actividad que les corresponde en cada caso, entendiendo la
justicia como la armonía entre esas tres clases sociales citadas.
¿Y quiénes son los que deben gobernar? Para Platón la respuesta es obvia: deben gobernar los mejores, los
más sabios, en definitiva, los filósofos. Para Platón la mejor forma posible de gobierno y la única realmente justa
es la Aristocracia, el gobierno de los mejores, que Platón identifica con los filósofos.
B) Aristóteles: Aristóteles (384-322 a. C.) definió al ser humano como un animal social o
político por naturaleza, hecho que recalcó muy frecuentemente en sus obras y que le han convertido en el
máximo defensor del Naturalismo social.
Aristóteles concibe el Estado como la mayor y mejor forma de agrupación social y, más en concreto, como una
comunidad de ciudadanos u hombres libres que participan en la administración pública. Aristóteles ya no hablará
de una forma concreta de gobierno como de la mejor posible entre todas las demás, sino de formas legítimas o
ilegítimas de ejercerlo. En este sentido, tomó un doble criterio de clasificación, el número de gobernantes y la
consideración del bien común, siendo este último el que permitía diferenciar, a su vez, entre formas legítimas e
ilegítimas de gobierno. Así es como diferenció seis formas posibles de gobierno, tres de ellas dirigidas al bien
común (y por ello legítimas), y sus tres correspondientes desviaciones, dirigidas por intereses particulares. Las
tres formas de gobierno legítimas son: la Monarquía (gobierno legítimo de uno solo), la Aristocracia (gobierno
legítimo de unos pocos) y la República (gobierno legítimo de muchos). Y sus tres desviaciones correspondientes
son: la Tiranía (gobierno ilegítimo de uno solo), la Oligarquía (gobierno
ilegítimo de unos pocos) y la Demagogia (gobierno ilegítimo de muchos). 4.2.- El pensamiento político en la
Edad Media: El pensamiento político medieval estuvo profundamente
marcado por la obra de S. Agustín (354-430).
S. Agustín piensa también que el hombre es sociable por naturaleza, si bien la sociedad es ahora concebida
como fruto del mandato divino de crecer y multiplicarse. Así, lo primero será la familia, seguida por la ciudad y,
por último, la sociedad política o el Estado, cuya finalidad es también implantar la justicia (de la que la paz es
ingrediente esencial). La diferencia está en el enfoque cristiano que ahora se da a la justicia, pues para
S. Agustín la sociedad política se halla inmersa en una lucha entre la "Ciudad celeste", integrada por los
hombres buenos que cumplen la voluntad de Dios, y la "Ciudad terrena", integrada por los hombres perversos
que anteponen el amor a sí mismos al amor a Dios. Bajo estas premisas la historia política de la humanidad se
define como el esfuerzo por someter la segunda de las ciudades a la primera.
En su obra "La Giudad de Dios" Agustín de Hipona ve en la Iglesia la representación de la Ciudad celeste: y al
Estado en representación de la Ciudad terrena, aunque sin identificarlos de modo absoluto, pues en la Iglesia
puede haber cristianos pecadores que, por tanto, no pertenecen a la Ciudad de Dios, y también puede haber
paganos (no cristianos) que, por su comportamiento virtuoso, sí pertenezcan a ella. Este filósofo cristiano
legitima así la supeditación del Estado a la Iglesia, depositaria del sumo bien. Para S. Agustín, la Iglesia tiene el
deber de tutelar al Estado y la sociedad civil, sirviéndoles de guía y ejemplo. Por su parte, el Estado debe
atenerse a las directrices de la Iglesia, sometimiento que garantizará su bien y, por consiguiente, la legitimidad
de su poder.
4.3.- Las concepciones del Estado en la Modernidad: La forma de organización política más común entre los
siglos XVI y XVIII fue la Monarquía Absoluta, que supuso la concentración de todos los poderes en manos de
una sola persona, el monarca. Esta forma de gobierno tuvo sus defensores y sus detractores.
Entre los defensores del Absolutismo Monárquico destacan Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes, que
pasamos a estudiar brevemente.
A) Maquiavelo: En su obra "El príncipe" Maquiavelo (1469-1527) pretende dar una serie de
consejos útiles para el futuro gobernante del Estado. Maquiavelo no es un teórico de las formas de gobierno sino
un observador de los hechos, en los que intenta encontrar las leyes de una acción política eficaz al margen de
presupuestos morales o religiosos. Para Maquiavelo la política cuenta con un principio de racionalidad propio,
según el cual el único fin de la política es el poder, que no se legitima más que en sí mismo; el objetivo supremo
del gobernante no puede ser otro que conseguir el poder y mantenerlo. Y para ello el gobernante no ha de
dudar, si fuese necesario, de conculcar los derechos de sus súbditos, justificando tal acción en las razones:de
Estado. El gobernante, si quiere mantenerse en el poder, deberá regir el Estado con mano de hierro y valerse de
todos los poderes que tiene a su disposición, entre los que destacan dos: el terror, que permite manipular las
conductas (el gobernante debe ser más temido que amado), y la religión, que permite manipular las conciencias.
Así, contra S. Agustín, la Religión se supedita a los intereses de la Política.
B) Hobbes: En una pregunta anterior vimos ya que defendió una posición contractualista a la
hora de explicar el origen de la sociedad, adoptando una visión profundamente pesimista sobre el ser humano.
Y en base a la naturaleza egoísta y violenta de los seres humanos determinó que sólo un Estado fuerte,
autoritario, podría llegar a garantizar la paz y el bien común. De esta forma, Hobbes (1588-1679), al igual que
antes
Maquiavelo, está proponiendo una justificación racional del Absolutismo Monárquico.
El Estado es representado por Hobbes simbólicamente mediante la forma de un monstruo del Antiguo
Testamento: el "Leviatán". ¿Qué ofrece el Leviatán a los ciudadanos? Les ofrece un soberano y, como la
potestad del soberano es legislar, también les proporciona justicia, que no es más que el conjunto de leyes que
emanan de aquél. Las leyes para cumplir bien su función deben ser pocas, públicas, claras y equitativas; y,
además, no pueden someter la voluntad del monarca, puesto que al ser él su promulgador, queda fuera de su
alcance. Para Hobbes lo que legitima a un Estado es su eficacia y, lógicamente, del carácter absoluto que para
él presenta el poder estatal se deduce la subordinación de la Iglesia al Estado.
Dando por concluido de esta forma el estudio de los defensores del Absolutismo Monárquico, hemos de decir
que éste inició su decadencia con la Ilustración, movimiento cultural del siglo XVIII que, basándose en los
ideales de libertad, igualdad y fraternidad, supuso un ataque directo contra toda forma de gobierno absolutista,
al destacar la importancia del individuo y la igualdad entre los humanos, frente al despotismo del monarca y la
desigualdad de los estamentos sociales. Y entre los pensadores críticos con el Absolutismo Monárquico
destacan Montesquieu (Charles-Louis de Secondat) y Jean Jacques Rousseau, que pasamos a estudiar
brevemente.
A) Montesquieu: En su obra "El espíritu de las leyes", Montesquieu (1689-1755) formuló su
teoría de la separación de poderes dentro del Estado. Se declara partidario de una forma de gobierno
monárquica, pero limitando los poderes del rey, para lo cual propone separar y hacer recaer sobre personas
distintas los tres principales poderes del Estado: legislativo (encargado de elaborar las leyes), ejecutivo
(encargado de hacer cumplir las leyes) y judicial (encargado de sancionar a quienes no cumplen las leyes).
Contra las posiciones de Maquiavelo y Hobbes, se puede observar aquí un claro intento por limitar el poder
absoluto de
los monarcas.
B) Rousseau: Vimos ya en una pregunta anterior que defendió una posición contractualista a la
hora de explicar el origen de la sociedad, adoptando una visión optimista en torno al ser humano. En su opinión,
el ser humano es bueno por naturaleza, siendo la vida en sociedad la que lo corrompe y le hace infeliz. Para
volver a una forma de vida que permita a los seres humanos ser de nuevo felices es preciso la realización de un
nuevo pacto o contrato social.
En su obra "El contrato social' Rousseau (1712-1778) rechaza el Absolutismo, afirmando que carece de
justificación legítima, pues su único fundamento es la fuerza, y la fuerza no es en ningún caso legítima entre
seres humanos. El único fundamento legítimo posible de la sociedad sólo puede estar en un pacto entre seres
humanos lecho en condiciones de libertad e igualdad. Así, una vez reunidos los individuos libres — y en
condiciones de igualdad, el problema es determinar la forma que ha de tener la sociedad en la que viven y las
leyes que van a ordenarla. Para ello cada individuo deberá desprenderse voluntariamente de una parte de sus
derechos particulares para entregárselos a la comunidad de asociados. Y este acto no supone una auténtica
pérdida de la libertad, porque cada miembro de la sociedad es al mismo tiempo legislador y legislado, no
obedece otras leyes que las que se da a sí mismo como miembro de una voluntad común.
En el contrato social cada uno cede sus intereses particulares en favor del interés común, que se manifiesta a
través de la voluntad de la mayoría. En este nuevo orden social que Rousseau propone debe actuarse, pues,
conforme a la voluntad de la mayoría, que no siempre coincidirá con la de todos los particulares;
en estos casos, los particulares tendrán el derecho de disentir, pero la obligación de acatar.
De lo dicho se deduce que, según Rousseau, el único que puede detentar la soberanía legítima de una sociedad
es el conjunto de los ciudadanos que quieren darse y vivir bajo unas leyes, para lo que sacrifican sus intereses
particulares a la voluntad general; en otras palabras, el pueblo es el único que puede ser considerado como
verdadero o legítimo soberano. Y esta idea de que la soberanía reside en el pueblo resuelve el problema de la
relación entre autoridad y libertad: libertad no significa no estar sometido a ninguna ley, sino someterse a la ley
que cada uno se da a sí mismo como parte integrante de una voluntad general.
A partir de todo lo expuesto, puede verse claramente cómo Rousseau fue uno de los más destacados
defensores de la instauración de formas de organización políticas democráticas de la Modernidad.
4.4.- Las corrientes políticas contemporáneas: En el siglo XIX se extiende por Occidente la Revolución Industrial,
propiciada por el desarrollo científico-técnico, el auge del colonialismo europeo y una organización económica
liberal (guiada por la libre competencia, la búsqueda del beneficio y la no intervención del Estado en asuntos
económicos). Según las doctrinas liberales, la libre competencia habría de llevar a un equilibrio en el reparto de
la riqueza. Pero la puesta en práctica de sistemas económicos de corte liberal demostró que eso no era así. Por
el contrario, mientras este sistema propiciaba el enriquecimiento rápido de algunos empresarios y comerciantes,
conducía a la inmensa mayoría de la población a una vida miserable y a soportar condiciones laborales brutales.
Frente a este estado de cosas surgieron las organizaciones obreras y las doctrinas políticas de corte reformista
y revolucionario... Veamos a continuación, aunque sea brevemente, las más destacadas propuestas políticas
que se han dado a partir del siglo XIX.
A) El Anarquismo: El Anarquismo vino a dudar tanto de la legitimidad como de la eficacia
del Estado, por lo que propusieron su supresión. Así, ante quienes justifican la legitimidad del Estado en el
consentimiento contractual de sus miembros, los anarquistas preguntan cuándo, cómo y quiénes firmaron ese
contrato, y que ocurre con los que no quieren someterse a el. Y en cuanto a la eficacia del Estado en cuanto
encargado de cumplir las tareas socialmente necesarias, afirman que muchas de las tareas que el Estado
realiza sólo son necesarias para el mantenimiento del mismo Estado, por lo que, si éste desapareciera, también
desaparecerían las necesidades que genera.
Además de cuestionar su legitimidad y gestión, el Anarquismo denuncia que el Estado introduce imposiciones
que atentan contra las libertades individuales, lo que provoca la degradación de la convivencia.
El Anarquismo ve en la moralización de la vida social la alternativa al Estado. Sus valores más queridos son la
libertad y la moralidad, y la repulsa al Estado se convierte en un deber moral.
Y ¿cómo organizar la vida social? La respuesta más extendida es la ofrecida por el Anarquismo Colectivista,
según la cual el Estado debe ser sustituido por una confederación libre de comunidades rurales y urbanas.
Los teóricos más destacados de la solución anarquista fueron Pierre Joseph Proudhon (1809-1865) y
Mijail Alexander Bakunin (1814-1876).
B) El Comunismo: Antes de su aparición y expresión más ortodoxa a través de la obra de Karl
Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), hubo interesantes intentos reformistas de corte socialista.
Estos intentos fueron rechazados por Marx y Engels, quienes los calificaron de "Socialismos utópicos", pasando
a defender una posición mucho más radical en la defensa de los intereses de la clase trabajadora, una visión
calificada de "Socialismo científico" que terminó por imponerse. Así, cuando hoy día se emplea el término
"Comunismo" en el campo político suele ser para referirse al Marxismo.
Marx parte de una profunda crítica a la sociedad de su tiempo, denunciando la situación de profunda miseria en
la que vivía la inmensa mayoría de la población (los trabajadores o proletarios), mientras que una diminuta
minoría vivía en la opulencia (los patronos o burgueses). Esta desigualdad económica es consecuencia de un
sistema de producción totalmente injusto y deshumanizador, el sistema económico capitalista. En este sistema
los burgueses son los dueños del capital y de los medios de producción, y a la hora de producir bienes
necesarios para la vida alquilan la fuerza de los trabajadores, pero al hacerlo los burgueses explotan
despiadadamente a los trabajadores, pues les expropian aquellos bienes que producen y se los apropian. A
cambio, pagan a los trabajadores sueldos muy inferiores a lo que luego esos productos valen en el mercado.
Esa diferencia, ese benefício (que es un robo a los trabajadores), permite a los burgueses vivir sin trabajar y
enriquecerse a costa de los proletarios.
Esta situación económica, profundamente injusta, ha estado en realidad presente a lo largo de toda la historia
(regímenes esclavistas en la Antigüedad, relaciones de servidumbre en la Edad Media y explotación capitalista
en la Modernidad), y ha provocado siempre la lucha social entre estas dos clases enfrentadas, explotadores y
explotados. Además, quienes tienen el poder económico (el capital, el dinero), tienen también los demás
poderes, entre ellos el político y el ideológico. Y, en este sentido, la clase dirigente se encarga de introducir e
imponer (de forma oculta) ideas en la sociedad que den una imagen falseada y deformada de la realidad y de
las verdaderas condiciones en las que se vive. Y esto lo hacen para justificar las diferencias existentes y poder
continuar con la forma de vida existente.
Pero esta forma de organización social, política y económica impuesta por las sociedades clasistas no es algo
natural ni inevitable, sino una forma posible de organizar la sociedad entre otras posibles. Y puesto que la
organización social propia de la economía capitalista es profundamente injusta y deshumanizadora, se trata de
cambiarla por otro modelo diferente, más justo y humano. Marx propone una nueva sociedad en la que se
supriman las tremendas desigualdades económicas existentes mediante la distribución y el reparto igualitario de
la riqueza entre sus componentes, una nueva sociedad donde los medios de producción no estén en manos
privadas sino públicas, una nueva sociedad en la que no existan dos clases sociales enfrentadas y en la que las
relaciones de explotación se sustituyan por relaciones de colaboración, una nueva sociedad en la que la
injusticia se sustituya por la justicia... Sólo en estas condiciones podrá el ser = humano ser verdaderamente libre
y convivir en una sociedad caracterizada por las relaciones de fraternidad entre...
sus componentes.
Desgraciadamente, las clases dirigentes se opondrán a la pérdida de sus privilegios y harán todo lo posible para
que este nuevo modelo social y económico, comunitario o comunista, no se imponga. Por lo que, para Marx, la
revolución aparece como el único remedio posible para cambiar el orden existente.
La revolución de 1917 que convirtió a Rusia en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (y la oleada de
revoluciones que le siguieron en el Este de Europa, China, Cuba, etc.) se hizo, supuestamente, siguiendo los
planteamientos de Marx y Engels. Tras la toma del poder, los partidos comunistas socializaron los medios de
producción y eliminaron la propiedad privada; pero también suprimieron las libertades (que ellos llamaban
despectivamente "burguesas") conquistadas tras las revoluciones liberales, tales como la libertad de opinión, de
asociación, de prensa, etc., e impusieron un control ideológico y económico total de la sociedad. Esto provocó a
la larga el colapso y el derrumbe del sistema comunista en la U.R.S.S. y en la mayor parte de los países que lo
habían adoptado.
Además, contra la ortodoxia marxista que veía en la Democracia un sistema político corrompido, al servicio de
los capitalistas, y contra los experimentos comunistas del siglo XX a que antes nos hemos referido, en la Europa
occidental apareció como alternativa la Socialdemocracia, un sistema político que, desde la aceptación de la
Democracia, defiende posiciones reformistas de corte socialista, tales como la participación de la clase
trabajadora en la organización política de los Estados y la aplicación de medidas de ayuda social a los más
necesitados. Entre los teóricos más destacados de la Socialdemocracia pueden citarse a Ferdinand Lassalle
(1825-1864) y a Eduard Berstein (1850-1932).
C) Los Totalitarismos: Otro de los intentos de reconciliar los intereses individuales y los
colectivos ha sido el protagonizado por el Totalitarismo del siglo XX en sus diversas acepciones, tales como el
Nazismo alemán, el Fascismo italiano o el Franquismo español. Los Totalitarismos se presentaron como
solución a las insuficiencias que, a su juicio, presenta el Estado liberal y que podrían resumirse en dos: por una
parte, en el ámbito de la legitimación el Liberalismo habla de individuos abstractos e inexistentes, pues no hay
individuos autónomos que se asocian contractualmente, sino individuos que forman parte de una comunidad
históricamente objetiva a la que pertenecen y a la que se deben (la nación); por otra parte, en el ámbito de la
gestión, el Liberalismo es ineficaz, pues los individuos actúan en aras del bien propio y en detrimento del bien
común.
Con esta información Define, rigurosamente, los siguientes conceptos:
⁃ Estado
⁃ Anarquismo
⁃ Aristocracia
⁃ Democracia
⁃ Socialdemocracia
⁃ Constitución
2.- Diferencia los siguientes conceptos:
A) Naturalismo y Contractualismo social.
B) Contractualismo de Hobbes y de Rousseau.
C) Poder legislativo, ejecutivo y judicial.
D) Monarquía Constitucional y República.
3.- Expón tu opinión razonada en torno a las siguientes cuestiones (en unas cinco líneas en cada caso):
A)
Propuesta política de Platón.
B)
Propuesta política de Maquiavelo.
C)
Los Totalitarismos.
D) La Democracia.