ACOSO ESCOLAR Y
RESOLUCIÓN DE
CONFLICTOS EN EL AULA
MÓDULO 10
“Acoso escolar: detección e intervención” http://www.csif.es/ 1
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MÓDULO CIBERACOSO
ÍNDICE DE CONTENIDOS
1. Introducción.
2. Ciberacoso o ciberbullying.
3. Clasificación de las agresiones electrónicas.
4. Elementos empleados en el ciberbullying.
5. Cómo detectar el ciberbullying.
6. Actuaciones en un centro educativo ante el ciberbullying.
7. Protocolo ante el ciberbullying.
8. Medidas preventivas para evitar el ciberbullying.
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“El ordenador nació para resolver problemas
que antes no existían”
Bill Gates
1. INTRODUCCIÓN
La especial afinidad que ha surgido entre menores y las nuevas
Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) está ampliamente
documentada: constituyen una generación de vanguardia en el uso de las TIC y
han sido denominados como nativos digitales, net-generation, generación
interactiva, etc, etc.
Lo que parece claro es que esta relación especial que mantienen nuestro
alumnado con la tecnología supone el acceso a múltiples oportunidades en todos
los ámbitos, al mismo tiempo que plantea nuevas situaciones que pueden ser
problemáticas para los menores. La alarma social se acrecienta cuando estos
riesgos son desconocidos para docentes y familias, que han crecido en un
contexto semidigital, en el mejor de los casos, o no digital en muchos otros.
En este campo, se pueden distinguir los riesgos pasivos del uso de la
tecnología de los riesgos activos. Se debe entender por riesgos pasivos aquellas
disfunciones que el uso de la tecnología implica, sin que curse necesariamente
la voluntad de los usuarios. Sufrir acoso virtual, ciberacoso o ciberbullying
(utilizaremos indistintamente cualquiera de los términos), entraría en esta
categoría, así como, por ejemplo, recibir mensajes obscenos o contactos no
deseados a través de Internet o del teléfono móvil. Por otro lado, los riesgos
activos hacen referencia a situaciones en las que disponer de una determinada
tecnología facilita que alguien desarrolle una pauta nociva, como puede ser
acosar a alguien, por ejemplo, a través de ella.
El ciberacoso es un fenómeno que preocupa por la relativa novedad que
supone en el comportamiento de nuestros adolescentes, con las consiguientes
dudas que pueden generar su abordaje y tratamiento. Entendemos por
ciberacoso el acoso de una persona a otra por medio de tecnologías interactivas.
Se trata de un tipo de comportamiento especialmente preocupante y las
noticias al respecto de situaciones relacionadas con esta forma de agresión a
las personas son cada vez más frecuentes en los medios de comunicación.
Desde el sistema educativo no podemos ser ajenos a este problema.
Recordemos que el maltrato entre iguales, además de los graves efectos que
puede producir sobre la salud física y psíquica de los jóvenes, afecta
notablemente a la habilidad de los escolares para progresar académica y
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socialmente en la escuela. La mayor parte de las veces genera desagradables
y tensas situaciones de convivencia. En sus formas más extremas, puede llegar
a generar denuncias y exigencias de responsabilidades legales contra los
agresores, por su papel activo, y sobre el colegio o instituto, por su
responsabilidad de vigilancia y custodia de los alumnos agredidos. De esta
forma, la gestión de esta compleja situación supone, para los propios docentes,
una variable muy importante en la generación de estrés percibido en la
realización de su trabajo.
En este sentido, es necesaria la comprensión de estas conductas y el
análisis de las múltiples variables que caracterizan el ciberacoso, con el fin de
favorecer una cultura de tolerancia cero hacia el maltrato, tanto en su concepto
tradicional como el llevado a cabo mediante las nuevas tecnologías. Saber
reconocer estas situaciones, adelantarse a ellas a través de estrategias
preventivas y finalmente actuar una vez que se ha identificado un caso de
ciberacoso es fundamental si pretendemos adaptarnos adecuadamente a las
nuevas necesidades formativas de los centros escolares.
Según el IV Informe de Prevención del Acoso Escolar en Centros
Educativos de la Fundación Mutua Madrileña referido al curso 2021-2022, el
8,2% del alumnado pensaba que alguien en su clase era víctima de
ciberbullying, 8,5% en primaria y 7,6% en secundaria.
Gráfico 1.
Percepción del alumnado, tanto de primaria como de secundaria, respecto a la existencia de
ciberbullying en sus clases.
Nota. Gráfico procedente del IV informe de prevención del Acoso Escolar en centros educativos
Fundación Mutua Madrileña 2022. Recuperado en https://www.fundacionmutua.es/accion-
social/jovenes/acoso-escolar/
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2. CIBERACOSO O CIBERBULLYING
El acoso digital surge por el rápido avance de las nuevas tecnologías de
la comunicación como internet, telefonía móvil, videojuegos, ordenadores,
tablets, etc. Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación han
promovido, sin proponérselo, una nueva forma de intimidación y de acoso entre
los adolescentes conocida como ciberacoso o ciberbullying. Se trata de una
conducta agresiva (incluye actuaciones de chantaje, vejaciones e insultos de
menores a otros menores) e intencional que se repite de forma frecuente en
el tiempo mediante el uso, por un individuo o grupo, de dispositivos
electrónicos sobre una víctima que no puede defenderse por sí misma
fácilmente (Smith et al., 2008).
En una definición más exhaustiva, la guía legal sobre ciberbullying y
grooming de INTECO indica que el ciberbullying supone difusión de información
lesiva o difamatoria en formato electrónico a través de medios de comunicación
como el correo electrónico, la mensajería instantánea, las redes sociales, la
mensajería de texto a través de teléfonos o dispositivos móviles o la publicación
de vídeos y fotografías en plataformas electrónicas de difusión de contenidos.
Es decir, entendemos por ciberbullying el acoso de una persona a otra por
medio de tecnologías interactivas. Delimitando un poco más esa definición,
es necesario detallar que el “ciberbullying es un tipo concreto de acoso en
la red aplicado en un contexto en el que únicamente están implicados
menores”.
La clave, en cualquier caso, es que se trata de una situación en que
acosador y víctima son menores: compañeros de colegio o instituto y personas
con las que se relacionan en la vida física.
Los criterios que caracterizan este tipo de conducta violenta son, al igual
que en las formas tradicionales de acoso escolar:
• La intencionalidad.
• La repetición de la conducta dañina.
• El desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima.
El ciberbullying, en suma, supone acosar en el contexto digital. O
aprovecharse de él para hacerlo diferente, expansivo, muy frecuentemente, más
virulento incluso. Pero no todo comportamiento irregular y poco deseable
(usando TIC) que tenga que ver con las complejas relaciones entre iguales
debe ser considerado como ciberbullying sin más. Este escenario de acoso
en la red desarrolla una vida propia, un escenario de manifestaciones peculiares
y exclusivas cuyas claves están descifrándose día a día: características
singulares de los acosadores, recorrido, impacto, difusión y duración de la
acción, repercusiones en las víctimas...
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En el contexto virtual “desaparece la barrera de la mirada del otro” y la
sensación de impunidad se hace hueco con fuerza. El desarrollo del fenómeno
a través de comunicaciones virtuales permite que el acoso en la red pueda
llevarse a efecto de una forma más sistemática y estable y, en ocasiones, incluso
anónima. Y las consecuencias pueden perpetuarse en el tiempo de forma
profunda. Por eso, entre otras consideraciones, es imprescindible actuar cuanto
antes, detener la situación que pueda estar produciéndose, evitar el punto más
cercano a las terminaciones nerviosas del sufrimiento.
Desde un punto de vista más práctico y aplicable a casos concretos, el
ciberbullying se caracteriza por los siguientes aspectos:
• Que la situación de acoso se dilate en el tiempo. Aquí quedan
excluidas las acciones puntuales. Sin restar importancia a estos sucesos,
que pueden tener serios efectos para el afectado y constituir un grave
delito, un hecho aislado no sería ciberacoso. Si bien un hecho aislado
podría no ser tasado como ciberbullying en sentido estricto, no es
infrecuente que una situación específica, dependiendo de su gravedad,
expansividad y repercusión, pueda acarrear daños de gran trascendencia
en las víctimas.
• Que la situación de acoso no cuente con elementos de índole sexual.
Si contara con elementos y connotaciones de carácter sexual la situación
se podría considerar sextorsión o grooming, si interviniera una persona
adulta en este último caso.
• Víctimas y personas acosadoras deben tener edades similares. Puede
evidenciarse cierta jerarquía de poder o prestigio social de la persona o
personas acosadoras respecto de su víctima, si bien esta característica
no se da en todos los casos.
• La intención de causar daño de modo explícito no está siempre
presente en los inicios de la acción agresora. No obstante, el daño
causado a un tercero utilizando dispositivos digitales multiplica de manera
notable los riesgos a los que se expone aquel en muy poco tiempo. El
impacto y recorrido de este tipo de acciones (sean claramente
intencionadas o derivadas de una broma sin aparente deseo de causar
perjuicio) es difícil de medir y cuantificar. La penetración lesiva de este
tipo de actos en el mundo virtual puede ser profunda.
• Que víctimas y acosadores tengan relación o contacto en el mundo
físico. Es necesario que ambas partes tengan algún tipo de relación
previa al inicio del acoso electrónico. Es frecuente que los episodios de
ciberbullying puedan estar ligados a situaciones de acoso en la vida real.
Comportamientos de exclusión y aislamiento en los espacios físicos
surgen como previos y, en ocasiones, añadidos, a las experiencias en
contextos virtuales. Con frecuencia, la situación de acoso comienza en el
mundo real, siendo el medio electrónico una segunda fase de la situación
de acoso. Sin embargo, cada vez son más frecuentes conductas
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claramente aisladas en el entorno de las tecnologías, sin paralelo alguno
en el entorno físico.
• Que el medio utilizado para llevar a cabo el acoso sea tecnológico.
En este sentido, puede tratarse de Internet y cualquiera de los servicios
asociados. Los medios a través de los cuales se produce el ciberbullying
son muy diversos, si bien incorporan los dispositivos tecnológicos de
mayor uso por parte de adolescentes y jóvenes en la actualidad:
mensajería instantánea, perfiles de redes sociales, teléfonos móviles
(mensajería instantánea, envío de fotografías o vídeos), juegos online a
través de videoconsola o en Internet, páginas personales, chats en
Internet, etc.
Aunque el ciberbullying puede ser considerado como una nueva
modalidad o subtipo del acoso, el uso de medios electrónicos para acometer las
agresiones hace que este tipo de acoso tenga unas características distintas y
propias.
• El anonimato de la persona agresora. La mayoría de las veces, la
persona agresora utiliza pseudónimos o nombres falsos para acosar a la
víctima. La ocultación de la identidad facilita, por una parte, la agresión e
impunidad de la persona agresora y, por otra, aumenta el potencial de
indefensión de la víctima.
• La rapidez de difusión. Las agresiones electrónicas pueden difundirse
muy rápidamente a un gran número de personas, que, a su vez, pueden
reproducirlas y reenviarlas un número indefinido de veces. Cuando
alguien cuelga una foto o un vídeo con la intención de herir a una persona,
la audiencia que puede ver ese material puede ser muy grande. En el
acoso tradicional, las personas espectadoras de las agresiones eran
grupos más pequeños. La capacidad potencial de las nuevas tecnologías
para llegar a infinitas audiencias y hacerse “viral” es una característica que
solo aparece en el ciberbullying en comparación a otro tipo de acoso.
• La vulnerabilidad de la víctima. Este tipo de acoso de carácter más
público que las agresiones tradicionales aumenta, además, el sentimiento
de vulnerabilidad de la víctima, que no se siente segura en ningún
momento ni lugar. A cada instante puede recibir mensajes y llamadas no
deseadas por el móvil. También, en todo momento, puede ser víctima de
agresiones en cualquier sitio de la red (redes sociales, programas de
mensajería instantánea, salas de chat, páginas web).
• En cualquier lugar y en cualquier momento. La movilidad y
conectividad de las nuevas tecnologías de la comunicación provoca que
se traspase los límites temporales y físicos que marcaban el acoso en la
escuela. Como se ha dicho, el hogar ya no es un refugio, ni incluso los
fines de semana ni los períodos vacacionales.
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• Imperecedero. El contenido digital usado en el acoso se almacena en los
sistemas electrónicos y no se pierde, perdura en el tiempo.
• La fuerza física o el tamaño no afecta. Como consecuencia del
anonimato, las personas acosadoras digitales no tienen que ser más
fuertes físicamente que sus víctimas.
• El acosador no marginal. En el bullying, las personas acosadorss suelen
tener malas relaciones con el profesorado mientras que en el acoso
digitales pueden tener buenas relaciones con ellos.
El Ciberbullying es un fenómeno que preocupa por la diversidad de sus
efectos en los diferentes contextos y planos en los que se gesta y nutre el
desarrollo personal y social: interpersonal, intrapersonal, intragrupal y contextual;
y, por supuesto, por las dudas que puede generar su abordaje y tratamiento.
3. CLASIFICACIÓN DE LAS AGRESIONES ELECTRÓNICAS
Respecto al tipo de agresiones electrónicas, Willard (2006, 2007) propone
una clasificación de las mismas según la conducta realizada por la persona
agresora. Las principales categorías son:
• Hostigamiento (Flaming). Envío y difusión de mensajes ofensivos o
vulgares.
• Persecución (Acoso online). Envío de mensajes amenazantes.
• Denigración. Difusión de rumores sobre la víctima.
• Violación de la intimidad. Difusión de secretos o imágenes de la víctima.
• Exclusión social. Exclusión deliberada de la víctima de grupos en la red.
• Suplantación de la identidad. Envío de mensajes maliciosos haciéndose
pasar por la víctima.
• Outing 1 . Enviar o colgar material sobre una persona que contenga
información sensible, privada o embarazosa, incluido respuestas de
mensajes privados o imágenes.
A las que podríamos sumar:
1El término “outing” se utilizó a finales del pasado siglo para hacer pública la homosexualidad de una persona, “salir del armario”.
En la actualidad hace referencia a cuando se hacen públicos datos de una persona (fotos, mensajes, etc) sin su consentimiento.
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• Happy Slapping. Este término hace referencia a una agresión
consistente en la grabación de una agresión, física, verbal o sexual hacia
una persona, que se difunde posteriormente a través de una web, red
social o mediante una conversación a través del teléfono móvil
(Whatsapp, Messenger, etc.). Lo que se percibe cómo un juego por parte
de la persona agresora es una grave forma de violencia física y
posteriormente online.
• Consumo involuntario de pornografía o violencia. Según indica el
estudio International Journal of Developmental and Educational
Psychology, en 2018, de los 284 adolescentes españoles encuestados
con edades comprendidas entre los 13 y los 17 años, “el 85,9% había
sufrido una exposición involuntaria a contenido sexual en Internet”. Al
contar con un acceso ilimitado a la red y la descarga de archivos de una
manera inocente, en ocasiones, pueden encontrarse con imágenes que
no buscaban.
• Ciberbaiting. Se conoce con este término el acoso al que los menores
someten a un docente.
• Phising. El término phishing procede del término en inglés "fishing"
(pesca) y hace referencia al acto de pescar usuarios mediante señuelos
cada vez más sofisticados y de este modo obtener información,
normalmente contraseñas.
Actualmente podemos añadir algunas prácticas que, sin ser agresiones
suponen un riesgo para los menores. La más conocida es el sharenting que
proviene de la fusión de share (compartir) y parenting (crianza), es la práctica
cada vez más habitual de madres y padres, en la que exponen pública y
constantemente la vida de sus hijas e hijos en la red. En principio, puede parecer
una costumbre inofensiva, pero debemos ser conscientes de las consecuencias
que puede tener para las vidas de las niñas y los niños.
4. ELEMENTOS EMPLEADOS EN EL CIBERBULLYING
Los principales medios tecnológicos a través de los cuales los menores
reciben, y pueden llevar a cabo, actos de acoso, son los siguientes:
• Uso de plataformas online de difusión de contenidos. Un gran
número de casos de acoso online se convierten en situaciones de riesgo
más grave para los menores, en la medida en que el medio empleado
para la difusión de información vejatoria o difamatoria lo constituyen las
plataformas online de difusión de contenidos que permiten la publicación
de vídeos o imágenes fijas y el visionado por millones de personas de
todo el mundo.
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Así, lo que en principio nace como una mera fotografía o vídeo alojados
en un dispositivo móvil pasa a ser difundido de forma masiva y mundial,
logrando que el efecto dañino buscado por el acosador conlleve un
mayor impacto.
• Uso de redes sociales. Con frecuencia, los menores emplean las redes
sociales como medio para intercambiar impresiones y comunicarse con
sus compañeros. El alto grado de difusión y “viralidad” de las redes
sociales, y la posibilidad de publicación de fotografías y vídeos por parte
de sus miembros, hacen que este tipo de plataformas resulte un nuevo
medio especialmente atractivo para las personas acosadoras.
• Medios de contacto electrónico. La mensajería instantánea, chats
públicos, foros de discusión y correo electrónico, son herramientas que
favorecen y facilitan las comunicaciones entre los menores, pero al
mismo tiempo constituyen un nuevo canal través del cual se pueden
recibir contenidos y mensajes susceptibles de constituir acoso.
• Teléfonos móviles multimedia. La aparición y difusión de teléfonos
móviles con cámara de fotos y vídeo ha constituido un canal que, en
manos de usuarios acosadores, ha supuesto un nuevo medio con el que
realizar actos de intimidación.
Si queremos ir un poco más allá y poner nombres a las aplicaciones que
utilizan diariamente nuestros jóvenes y que más nos encontramos cuando
hablamos de casos de ciberacoso debemos destacar WhatsApp (66,9%),
Instagram (53,1%) y TikTok (48,6%).
Gráfico 2.
Medios a través de los cuales el alumnado puede sufrir ciberbullying.
Nota. Gráfico procedente del IV informe de prevención del Acoso Escolar en centros educativos
Fundación Mutua Madrileña 2022. Recuperado en https://www.fundacionmutua.es/accion-
social/jovenes/acoso-escolar/
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5. CÓMO DETECTAR EL CIBERBULLYING
En la mayor parte de casos el alumnado víctima de ciberacoso, al igual
que ocurre en el acoso, no cuenta a su familia o profesorado lo que le está
sucediendo, por ello es muy importante conocer cómo puede manifestarse este
acoso en la forma de comportarse del menor. La detección de situaciones de
ciberacoso requiere de una serie de claves que nos permitan abordarlo en la
etapa más incipiente y con menos consecuencias para los implicados.
Conocer lo que es el ciberacoso no asegura su detección. Al igual que en
el acoso tradicional, una de las características que acompaña a los casos de
ciberacoso es la llamada ley del silencio. Por este motivo, es necesario contar
con una serie de indicadores que nos ayuden a contrarestar esta ley del silencio
y nos permitan identificar esas situaciones que podrían suponer un riesgo de
ciberacoso.
No existen personas, situaciones o circunstancias predestinadas a verse
implicadas en casos de ciberbullying, sino que debemos hablar de un conjunto
de factores de riesgo de implicación. Es decir, un conjunto de elementos
predictores del fenómeno, que nos permitirán identificar grupos de riesgo que
requerirán de una valoración posterior para constatar la existencia del
ciberbullying.
Indicadores de posible implicación como víctima o agresor
Son un conjunto de indicios y prácticas de riesgo que nos pueden llevar a
la conclusión de que hay o puede haber una implicación en un caso de
ciberbullying:
• Falta de supervisión por parte de la familia en el uso de internet.
• Falta de dialogo sobre lo que hace en internet.
• Pasar muchas horas conectado a internet o con el móvil.
• Contar con al menos una cuenta en una red social tipo TikTok, Facebook,
X(Twitter), Intagram, Myspace, Metroflog…
• Disponer de ordenador o dispositivo de acceso en su propia habitación o
en un lugar fuera del control parental.
• Se siente molesto por las interrupciones producidas en el uso del
ordenador u otros dispositivos cuando está conectado a internet.
• Tener la necesidad de estar siempre disponible en el móvil.
• Usar el móvil en el centro escolar.
• Considerar que la prohibición de uso del móvil o de acceso a internet es
uno de los peores castigos.
• Participar cada vez menos en actividades que impidan disponer del
acceso a internet o al teléfono móvil.
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• Normalizar el uso de la violencia y el abuso de poder bajo expresiones
como “son bromas”.
• Justificar la ley del silencio con expresiones como “son cosas nuestras”.
• Cambia de humor en situaciones sin acceso al móvil o a internet.
Comportamientos e indicadores de una posible víctima
Comportamientos y actitudes que podrían implicar convertirse en una
víctima del ciberacoso son:
• Pensar que internet es un lugar seguro.
• Utilizar la misma contraseña en varios programas, plataformas o servicios
de internet.
• Dar o colgar datos personales en la red.
• Dar contraseñas de programas, plataformas o servicios de internet a algún
amigo o amiga.
• Ser o haber sido víctima de acoso tradicional en la escuela.
• Haber intentado reunirse con personas a las que ha conocido a través de
internet.
• Haber intercambiado fotos o videos personales con personas que ha
conocido a través de internet.
• Intercambiar, de forma poco meditada, direcciones de correo electrónico o
mensajería instantánea.
• Aceptar como amigos en internet a personas que no conoce.
• Mostrar desgana o tristeza para realizar las actividades cotidianas.
• Manifestar cambios de humor repentinos.
• Sufrir deterioro de habilidades sociales, especialmente las asertivas, de
defensa de sus intereses y derechos.
• Tener tendencia al aislamiento.
• Poseer baja autoestima o muestras de inseguridad.
• Rechazar el hablar de situaciones de ciberbullying.
Comportamientos e indicadores de un posible agresor
Comportamientos y actitudes que podrían implicar convertirse en un
agresor en un caso de ciberbullying son:
• No poseer normas de uso de internet.
• Haberse hecho pasar por otra persona a través del móvil o internet.
• Tener escasa tolerancia a la frustración.
• Justificar situaciones de ciberbullying sufridas por otras personas.
• Mostrar o pasar fotos o videos que considera “graciosos” aunque sean
humillantes o desagradables para el protagonista del video.
• Haber intimidado o acosado a algún estudiante en la escuela.
• Justificar la violencia, especialmente la indirecta.
• Reducir las actividades que supongan no disponer de internet o el móvil.
• Mostrar actitudes de prepotencia, abuso de poder y de falta de respeto
hacia sus iguales.
• Falta de respeto hacia la autoridad de padres o docentes.
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• Actitud negativa hacia actividades cooperativas en las que se potencie la
colaboración y el reconocimiento de las cualidades de cada uno.
6. ACTUACIONES EN UN CENTRO EDUCATIVO ANTE
EL CIBERBULLYING
En la actualidad, el ciberacoso provoca un debate abierto sobre la
pertinencia de una intervención por parte los docentes y de la comunidad
educativa en su conjunto. ¿Ha de actuarse desde los equipos de docentes?
¿Cuál es el papel de los tutores docentes en este fenómeno de magnitud y
aristas crecientes? Sin perjuicio de la responsabilidad de control inherente a la
función educadora de los padres, los centros educativos deben incorporar
mecanismos de respuesta adecuados y eficaces a los nuevos comportamientos
de acoso detectados, siempre que afecten a su alumnado.
Datos obtenidos recientemente, a través de distintos informes e
investigaciones, nos dicen que el 85,2% del alumnado menciona que las
personas acosadoras son compañeros/as conocidos/as del centro escolar; más
de la mitad (53,9%) son estudiantes de la misma clase y un 31,3% de otras
clases o cursos.
Gráfico 3.
Relación entre el alumnado acusador y sus víctimas tanto en primaria como en secundaria.
Nota. Gráfico procedente del IV informe de prevención del Acoso Escolar en centros educativos
Fundación Mutua Madrileña 2022. Recuperado en https://www.fundacionmutua.es/accion-
social/jovenes/acoso-escolar/
Además, uno de cada cuatro alumnos/as (24,4%) reconoce haber
participado, sin darse cuenta, en una situación de acoso escolar o ciberacoso.
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Gráfico 4.
Participación involuntaria del alumnado en situaciones de bullying o ciberbullying.
Nota. Gráfico procedente del IV informe de prevención del Acoso Escolar en centros educativos
Fundación Mutua Madrileña 2022. Recuperado en https://www.fundacionmutua.es/accion-
social/jovenes/acoso-escolar/
Consecuentemente, cualquier miembro de la comunidad educativa que
tenga sospechas, considere la existencia de indicios razonables o tenga
conocimiento expreso de la existencia de una situación de ciberbullying tiene la
obligación de comunicarlo al Equipo Directivo del centro.
Igualmente, una situación de acoso continuado debe considerarse una
situación de riesgo (artículo 13 de la Ley Orgánica 1/1995, de 15 de enero, de
Protección Jurídica del Menor) y deberá ser comunicada a la Fiscalía de
Menores. El procedimiento lo articulará cada centro o administración, siendo
recomendable por escrito y primando en todas las actuaciones la
confidencialidad.
Tras la sospecha inicial será el tutor o tutora del alumnado implicado, en
colaboración con el equipo docente, el que se encargue de coordinar el proceso
de detección y de intervención. En el caso de ser necesaria la toma de medidas
cautelares, será el tutor o tutora quien las proponga al Equipo Directivo y a la
Comisión de Convivencia.
Ante un posible caso de ciberbullying, el centro educativo debe trabajar
en tres líneas simultáneas:
• Valoración.
• Comunicación.
• Acciones de Protección
Valoración
Ante la información de partida, el tutor o tutora debe establecer un proceso
de recogida de información que permita valoración del supuesto caso de
ciberbullying.
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La actuación debe ser comedida, pausada y ajustada a la
circunstancia. Debemos tener en cuenta que las consecuencias pueden ser
graves por lo que merece toda nuestra atención y contundencia, evitando
reacciones improvisadas y alarmistas.
En esta fase las fuentes de conocimiento deben buscarse en las personas
implicadas y sus familias. También serán de gran ayuda el equipo docente y el
orientador del centro.
Esta fase debe caracterizarse por la comprensión de la posible víctima.
Por este motivo se recomienda comenzar la fase de recogida de información por
la posible víctima, posteriormente con sus padres o tutores legales para luego
continuar con posibles alumnos conocedores de los hechos, el chico o chica que
estuviera provocando la victimización y finalmente los padres de estos últimos.
Se debe evitar la coincidencia de la parte acosadora y acosada en el lugar
de las entrevistas, así como la de sus padres.
En el encuentro con la víctima se debe procurar que:
• Analice lo sucedido y los pasos hasta llegar a esa situación.
Identifique tanto los hechos que ha padecido con la persona o personas
que lo han provocado.
• Señale las plataformas a través de las que se han producido los acosos,
los medios y las aplicaciones utilizadas.
• Ayude a localizar las posibles pruebas que se pudieran encontrar.
Insistiendo en que no es culpable por lo que le está sucediendo, se le debe
preguntar si le gustaría que se tomará alguna decisión en ese momento hasta
que se aclaren los hechos.
En la entrevista individual con la familia de la víctima se le debe indicar el
problema, los hechos que se investigan, las medidas que se han tomado hasta
ese momento y el procedimiento educativo y disciplinario que se inicia.
En la misma línea se deben realizar el resto de entrevistas con los
alumnos implicados y sus familias.
Esta fase finaliza con un breve informe por parte del tutor o tutora en el
que indica los datos más relevantes de la situación denunciada, valorando si hay
indicios suficientes para considerar la existencia de un caso de ciberbullying y
las acciones inmediatas que se deben lleva a cabo.
Comunicación
Cualquier sospecha de episodio de ciberbullying debe ser comunicada al
director y este a la Inspección Educativa de referencia, a la que se le hará llegar
tanto el informe del tutor o tutora como las medidas adoptadas hasta ese
momento desde el centro.
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Del mismo modo se informará a las familias del alumnado implicado,
favoreciendo la coordinación y comunicación entre las familias y el centro. En
todo momento, independientemente del rol de cada estudiante, nuestro objetivo
debe ser ayudar al alumnado a superar esta situación.
Los responsables de la comunicación pueden ser diferentes, en función
del destinatario. En el caso de las entrevistas con las familias es preferible que
sea el tutor o tutora dado que se conocen y se les presupone cierta relación. En
estas reuniones con las familias puede ser útil la presencia del orientador del
centro.
Acciones de protección
Durante el proceso de comunicación y valoración se estima necesario
tomar en consideración ciertas orientaciones psicoeducativas para el momento
en que se ha detectado un posible caso de ciberbullying. En estas situaciones lo
más importante es ofrecer apoyo y establecer los pasos de la intervención,
incluso previamente a la confirmación de la existencia del caso.
Estas medidas deberían estar recogidas en un Plan o Protocolo ante el
ciberbullying que, incluido en el Protocolo antiacoso, Normas de Convivencia o
Reglamento de Régimen Interno del centro, deberían contemplar:
a) Posibles actuaciones con la presunta víctima
b) Posibles actuaciones con el alumnado presunto agresor
c) Posibles actuaciones con el alumnado espectador o, en su caso, con el
grupo de la clase
d) Actuaciones con las familias
e) Actuaciones con el equipo docente
f) Actuaciones del equipo docente
g) Criterios de seguimiento y evaluación de las intervenciones
7. PROTOCOLO ANTE EL CIBERBULLYING
Como se ha indicado a lo largo de los módulos anteriores, todo centro
debe disponer de un marco para la acción en situaciones problemáticas, en el
caso que nos ocupa relacionadas con comportamientos inadecuados del
alumnado en materia de uso de dispositivos digitales. La intervención debe estar
tasada, pautada, medida y adecuadamente planificada. Siempre de manera que
aporte seguridad a los procesos de detección, y, sobre todo, de análisis y
valoración de las situaciones, toma de decisiones y configuración de procesos
de sensibilización y toma en consideración a partir de los hechos que hayan
podido acontecer.
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Para José María Avilés 2 , desde el punto de vista del centro escolar,
“aunque reconozcamos que cada uno de los actores de la comunidad educativa
tiene responsabilidades inherentes a su posición en ella, la verdadera
fuerza para luchar contra el ciberacoso está depositada en la
intención conjunta de esfuerzos de toda ella en conformar un «Proyecto
antiacoso» en el que primen:
• Una declaración institucional antiacoso en la comunidad educativa
que reconozca el rechazo frontal de todos los sectores educativos al
ciberbullying como forma de acoso. Esto supone reconocer que puede
intervenirse desde cualquier ámbito de la comunidad educativa
independientemente desde donde se produzcan los acosos, porque
suponen un atentado a la convivencia dentro del centro escolar.
• Reconocimiento que supone legitimación.
• Un compromiso de lealtad educativa por parte de los actores de la
comunidad educativa que persiga de forma efectiva compartir una misma
línea de acción. Remar en la misma dirección.
• Apoyar medidas restauradoras de las relaciones interpersonales más
allá de las medidas disciplinarias y punitivas que tendrán siempre un
carácter subsidiario si lo que queremos es buscar salidas educativas ante
los casos de ciberbullying.
• Situar al alumnado en el plano del protagonismo. Deben ser parte de
la salida y no el problema. Hacerles participar en estructuras de equipos
de ayuda o de cibermentores para ayudar a sus iguales a evitar, gestionar
mejor o erradicar las situaciones de abuso y ciberbullying.
• Disponer de herramientas institucionales reconocidas por la comunidad
educativa, como el “Proyecto antiacoso”, que permitan abordar los casos
de ciberbullying con respaldo de las partes.
• Organizar el centro educativo para luchar contra el abuso y el
ciberbullying.
• Tratar el tema del ciberbullying y los riesgos de las nuevas tecnologías
dentro del curriculum que el profesorado lleva a la práctica en la clase.
• Elaborar, asumir y practicar códigos saludables online y fomentar las
buenas prácticas entre el alumnado en sus relaciones interpersonales
virtuales.
2 Avilés Martínez, José María, psicólogo, profesor en la Universidad de Valladolid y en el IES Parquesol (Valladolid). De la Guía de
Intervención contra el Acoso INTECO. Octubre 2012.
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• Diseñar y llevar a la práctica un programa intencional y planificado de
educación moral en los ámbitos educativos en los que se maneja el menor
(escuela, familia, grupo de iguales, medios de comunicación).
• Fomentar la convivencia positiva en las relaciones interpersonales
virtuales en el marco de un Plan de Convivencia consensuado y a través
de una educación en valores.
En este sentido, Carlos Represa3 hace hincapié en la importancia de este
Protocolo de actuación para garantizar, en una primera fase, los siguientes
procesos:
a) Canal de comunicación. Cualquier miembro de la comunidad
educativa que tenga indicios razonables de que puede estar
produciéndose un caso de ciberacoso entre iguales pondrá esta
circunstancia en conocimiento de algún docente, preferentemente
el tutor o tutora, orientador/a o miembro del equipo directivo.
b) Gestión adecuada de la información. La información recibida
deberá ser analizada por el equipo directivo a la mayor brevedad,
con la colaboración del tutor/a y del orientador/a del centro y, en
su caso, el Servicio de Inspección del centro.
Asumida la necesidad de, en el marco de las Normas de Convivencia,
Organización y Funcionamiento, Reglamentos de régimen interno, Planes de
acción tutorial y Plan de Convivencia de los centros, la elaboración de un Plan o
Protocolo de actuación antiacoso. En este documento deberían considerarse al
menos los siguientes apartados:
a) Posibles actuaciones con la presunta víctima
• Proporcionar garantía de apoyo, protección y seguridad a la víctima
a través de una persona adulta del centro que el estudiante
considere de su confianza.
• Visualizar claramente el mensaje de combate del centro contra el
ciberbullying.
• Activar las estructuras de ayuda en el grupo de estudiantes que
conviven con él, haciendo que éstos se muestren contrarios a lo que
ha sucedido.
• Haciéndolos protagonistas y garantes de que el compromiso de
cese del ciberbullying por parte de la persona acosadora es real,
creíble y se mantiene en el tiempo.
• Indicarle que debe pedir ayuda. Disuadirle de que pedir ayuda no le
va a perjudicar y garantizarle la mayor discreción y confidencialidad.
Se deberá potenciar la confianza para que sienta que puede
comunicar cualquier experiencia que pudiera estar relacionada con
3Represa, Carlos, abogado especialista en derecho de nuevas tecnologías. De la Guís de Intervención contra el Acoso INTECO.
Octubre 2012.
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los contenidos del acoso que está recibiendo, dejando siempre muy
claro que éstos no justifican el acoso que está recibiendo.
• Realizar un análisis contextual de la situación de violencia para tener
en cuenta el momento en que se encuentra dicha situación:
Si está en las primeras fases: trabajo inmediato con la víctima
para que se sienta segura, mantenga o recupere su equilibrio
emocional, no se culpabilice, reduzca su nivel de estrés, no
haga generalizaciones y ni perjudique su autoestima.
Si está en fases posteriores, la víctima puede creerse culpable
de la agresión o manifestar cambios de conducta. En este caso
hay que valorar la posibilidad de apartarla del alumnado
agresor y tejer una red de protección afectiva a su alrededor.
Sin embargo, ha de tenerse en cuenta que las medidas de
protección que supongan establecer una separación física
entre la víctima y las personas agresoras o espectadoras
deben valorarse en extremo, teniendo siempre cuidado de no
generar la idea de que el/la agresor/a ha logrado su objetivo
estigmatizando aún más a la víctima.
• Trabajar la mejora de su autoestima.
• Realizar un entrenamiento en habilidades sociales: conductas de
autoprotección y asertividad; habilidades de trabajo en grupo,
desarrollo de destrezas para dejar de ser víctima sin ser agresor,
trabajar situaciones de role playing (simular situaciones reales).
• Si se considera necesario, derivar a servicios externos (Servicios
sociales, sanitarios o a ambos), o a otros servicios especializados.
En todo caso, si se trata de alumnos o alumnas menores de edad,
debe informarse a los progenitores o responsables legales.
b) Posibles actuaciones con el alumnado presunto agresor
• Intervenir inmediatamente ante las personas acosadoras
transmitiendo un mensaje nítido de tolerancia cero a cualquier
agresión.
• Organizar entrevistas individualizadas para:
o Concienciar de la gravedad del problema.
o Identificar conductas violentas.
o Analizar la causa de su actitud.
o Reflexionar y reconocer el daño causado.
o Trabajar la empatía y el razonamiento moral.
o Orientar hacia el cambio de actitud y a la reparación del daño.
o Promover la reparación o compensación de los daños
causados.
o Transmitir la idea de que las actuaciones negativas o
antisociales no se toleran ni van a resultar impunes.
• Poner en marcha programas de entrenamiento en habilidades
sociales.
• Promover programas de autocontrol de la agresividad.
• Aplicar medidas educativas y correctoras.
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c) Posibles actuaciones con el alumnado espectador o, en su caso, con
el grupo de la clase
• A través del Plan de acción tutorial, realizar actividades que
posibiliten el rechazo y la denuncia explícita de conductas violentas
en la convivencia entre iguales:
o Definir claramente los comportamientos que deben ser
denunciados.
o Definir claramente el papel que las personas espectadoras
juegan en estas situaciones. Analizar la diferencia entre la
conducta solidaria de denunciar la injusticia y el ser chivato
o chivata.
o Fomentar actitudes de desaprobación de estas conductas,
mediante sesiones de análisis, discusión y búsqueda de
respuestas alternativas.
o Debatir sobre la falsa seguridad que proporcionan las
pandillas y el aparente atractivo de las bandas.
• Implicar al alumnado en la creación de un marco protector,
preventivo y correctivo del aislamiento y la victimización.
o Desarrollar estrategias de ayuda entre iguales.
o Promover la intervención de alumnado mediador.
o Integrar a todo el alumnado en el grupo y desarrollo de
habilidades prosociales a través de trabajos cooperativos.
• Enseñar al alumnado a pedir ayuda, a superar el miedo a ser
calificados de chivatos o incluso a convertirse ellos mismos en
víctimas.
• Informar sobre la posibilidad y recursos existentes en el centro
para denunciar situaciones de intimidación, garantizando la
confidencialidad (teléfono amigo, buzón de sugerencias, comisión
de convivencia, comisión de resolución de conflictos...).
• Utilizar los sociogramas u otros instrumentos que considere el
centro para recoger información, aunque sea aproximativa, sobre
las relaciones internas del grupo.
El trabajo a nivel de grupo debe hacerse con mucha cautela. Durante el
período de crisis, si se trabaja en grupo, debe ponerse especial cuidado en que
no se relacione directamente la actividad con la situación que se está viviendo
(puede ser humillante para el alumnado acosado, al tiempo que aumenta el
carisma y la sensación de poder del acosador). No se debería personalizar en
ningún caso. Hay que tener en cuenta la manera en que pueden interpretarse
las actuaciones e intentar prever las consecuencias de cada actuación. Se debe
analizar cada paso dado. Siempre debe cuidarse de no significar a la víctima
ante el grupo ni exponerla a situaciones de riesgo. En ocasiones debe evitarse
tratar públicamente en el aula la situación de acoso de forma que la víctima
pueda sentirse aludida y experimentar vergüenza o humillación.
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d) Actuaciones con las familias
• Planificar cuidadosamente y concretar de forma clara los objetivos
de cada reunión. Reducir el número de interlocutores en las
entrevistas. No duplicar reuniones. Mostrar que se está tomando
el asunto muy en serio tranquiliza y da confianza a las familias.
• Trabajar con las familias por separado. Solo al final del proceso o
por razones muy fundamentadas se podrá trabajar con varias a la
vez. Evitar enfrentamientos.
• Que independientemente de la posición que ocupe nuestro hijo o
hija en los casos de ciberbullying (acosado/a, acosador/a, no
implicado/a) nuestro planteamiento con él debe ser siempre el que
mejor conforme su educación moral en un futuro, aunque ese
futuro no sea el inmediato. Estaremos incidiendo sobre la
educación moral de nuestro hijo/a con la postura que adoptemos.
• Subrayar que el objetivo no es solo que desaparezca la situación
conflictiva, sino que además el alumnado aprenda de la
experiencia: cambio de actitud, habilidades sociales…
• Mostrarse comprensivo/a con las familias. No culpabilizar. Sugerir
cambios o hacer propuestas con sutileza y respeto. Dejar bien
claro que el objetivo último es el bienestar y el desarrollo personal,
social y moral adecuado y de sus hijos e hijas.
• Levantar acta de todas las reuniones, indicando los objetivos de
la reunión, asistentes, conclusiones, propuestas….
• Informar a las familias de la situación de su hijo/a, nunca dar
información relativa a otro alumno/a.
• Informar de los pasos que se están dando por parte del centro.
e) Actuaciones con el equipo docente
• Acordar y unificar criterios de actuación.
• Apoyar y facilitar la labor del/la tutor/a,
• Evaluar mediante cuestionarios la naturaleza y magnitud del
fenómeno y diseñar estrategias de intervención concretas según el
caso.
f) Actuaciones del equipo docente
• Recordar la obligación de todo el profesorado de intervenir
inmediatamente ante cualquier situación de agresión o acoso que
detecten, de mostrar apoyo inmediato a la persona agredida y de
garantizar su protección, tanto dentro como fuera de las
instalaciones del centro.
• Mostrar una actitud abierta hacia las demandas e informaciones
que el alumnado pueda solicitar o proporcionar en relación a su
situación o a la de cualquier otro estudiante.
• Vigilancia específica y sistemática. Se debe estar alerta ante los
cambios de actitud del alumnado que puede estar sufriendo acoso
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(cambios de humor, actitudes de retraimiento, de soledad,
disminución en el rendimiento escolar…)
• Promover cauces para que el alumnado pueda hacer llegar la
información al/la tutor/a, profesores/as u otros miembros de la
Comunidad Escolar: Instalar buzones, proporcionar información
sobre direcciones de ayuda, etc.
• Promover la implicación del alumnado en la gestión de
determinados conflictos (organizar programas de alumnado
ayudante o mediador).
También es recomendable que en el Plan de Acción tutorial se
incluyan actuaciones encaminadas a hacer consciente al
alumnado de los posibles daños y las posibles consecuencias que
tiene el uso inadecuado de las Nuevas Tecnologías de la
Información y Comunicación, informándole de que algunas
actuaciones son delitos (suplantación de identidad, amenazas…).
Según el caso, la dirección del centro puede denunciarlo, si se
produce en sus dependencias, o bien orientar a las familias a
interponer denuncia policial cuando el ciberbullying se produce
desde los domicilios del alumnado o desde otros lugares.
g) Es importante establecer criterios de seguimiento y evaluación de las
intervenciones llevadas a cabo, así como aquellos indicadores del éxito
del proceso para decidir sobre la resolución satisfactoria de la situación.
8. MEDIDAS PREVENTIVAS PARA EVITAR EL CIBERBULLYING
Debemos partir de la premisa de que no podemos impedir a los menores
y adolescentes que utilicen las TIC (principalmente internet y telefonía móvil) si
no queremos abocarlos al llamado analfabetismo digital, pero siempre es
deseable que ese contacto se realice bajo supervisión paterna.
Lo interesante es educar al menor para que ni siquiera llegue a la que
denominábamos primera fase de contacto o acercamiento en el ciberacoso y si
ve algo extraño que tenga la suficiente confianza para acudir a sus padres y
contarles lo sucedido.
Para ello es muy importante que entre padres, madres e hijos haya una
buena relación y que los padres se involucren en el uso que hacen sus hijos
del ordenador e internet, informándoles de sus peligros, supervisando su
utilización, fijando unas reglas y horarios, controlando la seguridad del equipo y
estableciendo sistemas de control parental y filtrado para evitar que accedan a
contenidos inadecuados; asimismo, las familias también deben de estar alerta
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ante cualquier cambio repentino e inexplicable en el comportamiento de su hijo
o hija.
En cuanto a los menores, para evitar ser víctimas de ciberacoso, sería
extensible al grooming, deben:
- Tener especial cuidado en los chats, Messenger, redes sociales
frecuentadas por menores (Instagram, Tik Tok, Facebook, X...), ya que
los ciberacosadores frecuentan este tipo de servicios en busca de una
potencial víctima y deben tener mucho cuidado con las nuevas amistades
que se agreguen y no conocen personalmente, ya que a lo mejor no son
quienes dicen ser.
- El alumnado debe utilizar una identidad digital y ser cuidadoso con los
datos personales que introduce en sus perfiles, blog, foros...y sobre todo
un especial cuidado a la hora de publicar fotografías e imágenes.
- Es muy importante que se haga un uso responsable y seguro del móvil,
ordenador y de la webcam, teniendo en cuenta que lo que el menor ve
a través de su cámara web puede tratarse de un montaje y no ser en
realidad su interlocutor la persona atractiva que dice y parece ser. Debe
utilizarse la webcam únicamente con personas de máxima confianza y no
hacer delante de ella nada que no se hiciera en público. Se debe tener el
equipo libre de software malicioso para evitar activaciones remotas de la
cámara web, siendo una medida preventiva girarla hacía un ángulo
muerto cuando no la estemos utilizando o taparla, si va integrada en el
equipo.
- Comunicar inmediatamente a las familias cualquier situación de
riesgo en la que puedan estar incursos.
- Por último, en los centros escolares es muy importante que se den a los
alumnos charlas informativas con el fin de hacerles llegar los riesgos en
la utilización de las nuevas tecnologías, haciendo especial referencia al
ciberacoso.
A nivel familiar hay una serie de acciones preventivas que se pueden
llevar a cabo, todas ellas basadas en el diálogo y la transmisión de valores
básicos de comportamiento y convivencia. Destacamos:
1. Los padres y madres deben estar informados de los diferentes tipos de
acoso escolar y de las características o peculiaridades de cada uno de
ellos.
2. Deben informar a sus hijos e hijas sobre las formas de acoso y las
consecuencias que tienen sobre la persona acosada y el acosadora. No
obviar estos temas por ser potenciales fuentes de conflicto. Es mejor
hablar en familia. Ellos lo conocen, no tiene sentido ocultar una realidad.
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3. Deben informarles y prevenirles de los problemas que pueden generar
las relaciones establecidas a través de la red con gente desconocida,
así como dar información personal que pueda luego ser publicada.
4. En base a casos reales cercanos a los hijos e hijas, si los hay, comentar
a nivel familiar qué problemas acarrean y qué pautas de
comportamiento serían más correctas para, bien evitar el acoso, o bien
minimizar sus efectos.
5. Los padres y madres que son conscientes de que su hijo o hija tiene un
perfil candidato a ser acosado/a, deben tener una atención especial y
estar pendientes ante cualquier señal de alerta.
6. Siempre escuchar a los hijos e hijas, prestarles atención y orientarles en
todo aquello que les preocupa. Todo ello favorecerá su proceso de
maduración personal.
A nivel escolar también hay una tarea preventiva del acoso muy
importante. El profesorado permanece con los menores durante mucho tiempo,
los conoce, sabe el tipo de comportamiento que manifiesta cada uno de ellos y
cómo se relaciona con los demás. Puede detectar incipientes formas de acoso
en el aula y/o en las instalaciones del centro, comunicarlo a las familias e intentar
poner solución antes de que vaya más allá.
Pero, en el caso del ciberbullying el problema trasciende fuera del aula y
del centro y se escapa del control y seguimiento que pueda realizar el
profesorado. Por ese mismo motivo es tan importante informar y orientar a los
padres y madres, que son los que conviven con él y van a captar más
rápidamente posibles problemas de acoso digital.
Por supuesto la colaboración entre el centro y la familia debe estar siempre
presente. Normalmente el ciberbullying es una ‘ampliación’ del acoso en el
ámbito escolar y el trabajo conjunto va a ser decisivo tanto en la prevención
como en la detección y posibles vías de solución.
24
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Secundaria Obligatoria. Validación del cuestionario CIMEI y estudio de
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secundaria, respecto a la existencia de ciberbullying en sus clases. Fuente:
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bullying o ciberbullying. Fuente: Fundación Mutua Madrileña 2022. Recuperado
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