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Cuento Narciso

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NARCISO


Narciso era un joven muy guapo del que todas las doncella y
ninfas estaban perdidamente enamoradas. Él, presumido y
vanidoso, las rechazaba y despreciaba diciendo que eran poco
para él.
Entre las ninfas a las que Narciso había rechazado estaba Eco.
Ésta había sido castigada por Hera, la mujer del dios Zeus por
haberla distraído mientras este se iba de correrías con otras
mujeres.
Como castigo, había dejado de ser capaz de hablar con
normalidad. Tal sólo podía pronunciar las últimas palabras de
aquello que se le decía. Por eso hoy a ese fenómeno tan
divertido de ver cómo nuestra voz vuelve a nosotros de forma
repetida se le llama “eco”.
La cuestión es que, tras ser castigada por Hera, Eco se fue a
vivir solitaria a una cueva. Un día se paseaba por allí Narciso.
Eco le vio y sintió un amor inmenso. Como no podía hablar,
no se atrevió a acercarse a él.

A Narciso le gustaron mucho aquellos paisajes, así que


empezó a visitarlos con frecuencia. Eco siempre le esperaba
con impaciencia y cuando él llegaba permanecía escondida.
Un día sin querer hizo algo de ruido con unas ramas y Narciso
la descubrió.

-¿Qué haces aquí? ¿Por qué me sigues? -le preguntó Narciso.

Como Eco solo podía repetir las últimas palabras que se le


dirigían, sólo acertó a decir “me sigues, me sigues”. Narciso
empezó a reírse escandalosamente y más aún cuando se
enteró de que la ninfa estaba locamente enamorada de él.


Avergonzada y triste, Eco volvió a recluirse en su cueva. Lo
que no sabía Narciso es que Némesis, diosa griega de la
Justicia, había presenciado toda la escena. Decidió por lo
tanto vengar a Eco y a todas las otras doncellas y ninfas a las
que Narciso había menospreciado.

Un día de caza, Narciso sintió mucha sed y se acercó a beber


a un río. Allí vio su imagen reflejada por primera vez. Se
quedó pasmado por su propia belleza y se dio cuenta de lo
enamorado que estaba de sí mismo. Allí se quedó paralizado y
se lanzó al río y agua se ahogó en el agua tratando de
alcanzar su reflejo.
En ese mismo lugar donde Narciso terminó sus días víctima
de su prepotencia y su vanidad, apareció una hermosa flor a
la que hoy día conocemos por ese nombre, narciso.

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