Subsecretaría de Maestrías y Carreras de Especialización
Secretaría de Estudios Avanzados
CARÁTULA DE PRESENTACIÓN DE TRABAJO
FECHA: 30 / 03/2019
ALUMNO/A: María Cristina Portero
DNI: 18.337.813
MAIL: mariacristinaportero@[Link]
CARRERA/MAESTRIA: Maestría En Comunicación Y Cultura
COHORTE: 2018
MATERIA: Teorías de la cultura y la comunicación
DOCENTE/S: Prof. Alejandro Kaufman
FECHA LÍMITE DE ENTREGA: 30 /03/2019
PRÓRROGA SOLICITADA: SI FECHA DE SOLICITUD: 30 /10 /2018
PRÓRROGA OTORGADA: SI NUEVO PLAZO ESTABLECIDO: 30 /03 /2019
Introducción
El presente trabajo apunta a formar parte de la tesis de Maestría, cuyo título
provisorio es Repensando la desinstitucionalización religiosa: creencia, disidencia,
pertenencia. El caso de estudiantes de la Universidad Católica Argentina.
La UCA se caracteriza por ser un dispositivo (Agamben, 2014) bifronte: lo
institucional religioso y lo institucional académico comportan una unidad no exenta de
fuertes tensiones. En las líneas que siguen reflexionaremos, en primer lugar, sobre las
maneras en que la forma-Iglesia modela a la institución; en segundo lugar, sobre el
modo de legitimación del saber (Lyotard, 1987) que caracteriza el perfil de la
Universidad; en tercer lugar, sobre el vínculo entre el sujeto (Touraine, 2005) y la
institución.
Iglesia: dispositivo religioso y metarrelato
Según Clifford Geertz (2000:89), una religión es
un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, penetrantes y
duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones
de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de
efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único.
Estas estructuras culturales, tienen una doble función: por un lado, revisten de
sentido al mundo mediante la elaboración de una forma conceptual de la realidad
(“modelos de”); por otro lado, suscitan estados anímicos y motivaciones que orientan la
acción (“modelos para”). Lo religioso apunta directamente al problema de la
significación: el ser humano, adaptable a casi cualquier condición, no puede sin
embargo permanecer en el caos; experimentar el mundo y la vida como un absurdo le
produce el mayor horror. El extrañamiento que le producen el desconcierto, el
sufrimiento y la paradoja moral debe ser conjurado mediante el símbolo que restituye el
cosmos. Por eso dirá Geertz que “lo que hace socialmente a la religión tan poderosa, por
lo menos con frecuencia, es esta manera de colocar hechos próximos dentro de
conceptos últimos” (p.114).
Pero la eficacia de los recursos simbólicos religiosos radica en que
concomitantemente a la concepción analítica de lo real, suscitan disposiciones anímicas
y axiológicas. Los estados de ánimo y motivaciones dan sentido de dirección y
constituyen la inclinación a realizar ciertos actos y experimentar ciertos sentimientos. El
símbolo refiere un estatuto ontológico a un estatuto normativo: ethos y cosmovisión
quedan anudados en la síntesis simbólica. Según Algranti (2013:41) “creer implica
situarse […] respecto de un entramado de relaciones y su definición fuerte de ‹lo real›”
El rito, como acto concreto de observancia religiosa, será el ámbito en que se refuercen
mutuamente, por la potencia de la experiencia de evidencia apodíctica de la práctica
ritual. Lo sagrado instituye una suerte de “membrana” a través de la cual lo divino y lo
humano se interpenetran, con el efecto de que la realidad queda transformada. Hay sin
embargo una magnitud escalar en la creencia religiosa, variable según las culturas,
contextos, y los mismos individuos; no es igual la intensidad de creencia a lo largo de
los diversos ciclos vitales, ni aún del individuo que recién ha participado activamente de
una práctica ritual, en relación con él mismo en el desenvolvimiento de sus tareas
cotidianas: “Nadie cree como creemos que creen los fanáticos. Se cree siempre un poco,
algo, con dudas” (Semán 2013:19).
Sin embargo, según Geertz, lo que fundamenta la práctica religiosa no es el
‘problema de la significación’; éste conmociona y suscita la pregunta, como también lo
hace el sentido de la belleza, o una deslumbrante percepción del poder; inducen y son su
más importante campo de aplicación, pero no son su base. El fundamento de la religión
se encuentra en la previa aceptación de la autoridad: “justificamos una creencia
religiosa como un todo al referirla a la autoridad. Aceptamos la autoridad porque la
descubrimos en algún punto del mundo en el cual le rendimos culto, en el cual
aceptamos el poder de algo que no somos nosotros mismos” (p.105). Hay una prioridad
de la aceptación del criterio de autoridad respecto del sentido de revelación: “Quien
quiere saber, debe primero creer”.
En el Proyecto Institucional 2018-2022 de la UCA, encontramos que “la
Universidad Católica es una institución de la Iglesia orientada a articular las verdades de
la razón conceptual con el sentido divino de la vida humana a la luz del Evangelio de
Jesucristo, el Verbo de Dios en quien está la Vida que es la Luz de los hombres (cfr. Jn
1,4), y del Magisterio. De este modo adquiere nuevos conocimientos integrándolos en
una mirada cristiana del hombre, del mundo y de la sociedad”1. En cuanto a las líneas de
acción referentes a su identidad y misión, leemos en la primera: “Contemplar,
1
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testimoniar y anunciar el Evangelio de Jesús de Nazareth y a través del encuentro con la
Persona que da un nuevo horizonte a la vida suscitar la adhesión a ella, ya que el
Evangelio es capaz de iluminar toda situación humana, y atraer por su verdad y
belleza”. Si acordamos con Agamben (2014:18) en que un dispositivo es “cualquier
cosa que de algún modo tenga la capacidad de capturar, orientar, determinar,
interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los
discursos de los seres vivientes”, claramente este modo en que la institución religiosa se
viabiliza en el sistema educativo lo es.
Sin embargo, lo institucional religioso experimenta fuertes tensiones,
especialmente en lo relativo al magisterio moral. La fuerte polarización en el debate por
la despenalización y legalización del aborto permitió visibilizar un fenómeno del cual,
en virtud de su extensión, dan cuenta incluso algunos documentos de la Iglesia desde
fines de los años ‘60: la de católicos/as con adscripción eclesial formal y subjetiva que
sin embargo rechazan aspectos diversos del corpus doctrinal, entre ellos los referentes a
moral sexual, derechos sexuales y de género. Fenómeno habitualmente opaco ya que se
tramita en el ámbito privado y en el del acompañamiento pastoral personal, implica no
pocos desacoplamientos entre el nivel de la estructura jerárquico-magisterial y el de la
representación simbólica de los fieles encarnada en opciones vitales concretas.
La Universidad Católica Argentina, como institución confesional, asumió sin
ambages una postura contraria a la ley en cuestión. Sin embargo, en el trabajo diario en
las aulas quedaba claro, tanto en comentarios -sobre todo de alumnas- como en el gesto
de portar el característico pañuelo verde, que había al interior de la institución profundas
disidencias respecto de la postura oficial. En esos meses fue habitual escuchar en las
salas de profesores comentarios que denotaban perplejidad al constatar la extensión de
dicho desacuerdo.
Cabe entonces reflexionar en torno al eje creencia-disidencia-pertenencia. Los
derechos sexuales y reproductivos, por estar ligados a una dimensión clave de la vida
cotidiana y la identidad, constituyen un punto crítico para analizar los cruces entre lo
institucional como dispositivo de autoridad, lo institucional como patrón simbólico y
actitudinal, y la emergencia del sujeto (Touraine, 2005). Los/as alumnos/as que
confrontan la postura oficial sobre el aborto – así como puntos variados del magisterio
moral- ¿coinciden mayoritariamente con el sector de aquellos/as que se autoidentifican
como “no creyentes”? ¿Se solapan con el grupo que se declara “creyente no
practicante”? ¿Son creyentes y practicantes pero impugnan la autoridad de Iglesia en
temas morales? Si es así ¿la impugnación refiere a algunos puntos o en bloque? Dado
que, según Geertz “la fuente de su vitalidad moral estriba en la fidelidad con que la
religión expresa la naturaleza fundamental de la realidad” (p.118) ¿Esta desautorización
se extiende a contenidos de fe propiamente teológicos? ¿Se acepta la autoridad de la
Iglesia para algunos campos y no para otros? En ése caso ¿qué determina el clivaje?
¿Cómo se gestionan, en el caso de los creyentes, las disidencias? Si, siguiendo al autor,
“los símbolos sagrados refieren pues una ontología y una cosmología a una estética y a
una moral; su fuerza peculiar procede de su presunta capacidad para identificar hecho
con valor en el plano más fundamental, su capacidad de dar a lo que de otra manera
sería meramente efectivo una dimensión normativa general” (p.119), entonces analizar
qué profunda es la fractura entre lo normativo y la concepción general de ‘lo realmente
real’, cuáles son sus alcances y qué la determina, serán preguntas fundamentales a
responder en la investigación para la elaboración de la tesis.
Pero lo institucional religioso experimenta tensiones también con lo institucional
académico, con lo que guarda una relación ambivalente: al tiempo que legitima los
saberes acordes con la cosmovisión que postula, no puede sustraerse al modo de
legitimación del saber propio de la posmodernidad (Lyotard, 1987): la performatividad.
Y mientras leíamos más arriba como primera línea de acción del Proyecto Institucional
anunciar el Evangelio de Jesús para suscitar la adhesión a su persona, se reducen
paulatinamente las horas de clase de teología ya que alargan los plazos de cursada y
tornan la oferta académica menos competitiva.
Lo institucional académico: legitimidades plegadas
Lo religioso comporta una vocación de totalidad que se proyecta en la noción de
saber y verdad: “Fiel al valioso modelo de sus orígenes, la Universidad desea ejercitar
una fecunda comunicación de un saber universal a partir del encuentro entre profesores
y estudiantes abiertos al esplendor de la verdad, que atrae como bien y brilla como
belleza. Esto constituye el corazón de nuestra identidad” (p.4). Los enunciados en torno
a la integración y en contra de visiones fragmentarias son recurrentes en el citado PI:
“La UCA quiere desarrollar a través de sus actividades un humanismo pleno, que
renueve nuestra fe en la integración de la persona, de la comunidad universitaria, de las
instituciones, de la sociedad y de los saberes, para trascender visiones fragmentarias”
(p.5). La integración también se busca en relación a los distintos saberes, de modo de
brindar una perspectiva multidimensional de la realidad y la persona; considero útil
reponer este extenso texto:
La UCA debe prestar una atención fundamental a la formación integral de la
persona humana, que es anterior a su cualificación profesional. Hoy es evidente
la necesidad de una auténtica hermenéutica evangélica para comprender mejor la
vida, el mundo y los hombres; no se trata de una síntesis sino de una atmósfera
espiritual de búsqueda que implica una integración del saber. En la integración
del saber se pueden distinguir dos dimensiones. La primera tiene que ver con la
relación entre disciplinas que dialogan a partir de una temática en común en base
a los complejos problemas contemporáneos. La segunda dimensión lleva a la
anterior a su plenitud de sentido. Es la integración que se da en la profundidad
del saber y de la vida, cuando el ser humano se quiere pensar a fondo a sí
mismo en relación con los demás, con la naturaleza y con Dios. Son las
cuestiones últimas –o primeras– que subyacen en cualquier disciplina e inspiran
el ejercicio de un diálogo con los saberes surgidos de la vida y de la fe. En la
intersección de estas dos dimensiones juegan un papel mediador las diversas
disciplinas de lo humano. La Universidad se manifiesta como ámbito en el cual
docentes, investigadores y estudiantes buscan la verdad dialogando acerca de lo
humano, abiertos a los problemas de la cultura, intentando percibir cómo se
articulan vitalmente esas cuestiones con el propio saber y con el bien común de
la sociedad. Esto es más urgente en la época actual que se caracteriza por una
gran atomización de los saberes. Es la cultura la que va adquiriendo la impronta
de lo fragmentario y unidimensional, generando una visión y una vivencia
reductivas de lo humano que, progresivamente, nos aproximan a la
deshumanización. La integración del saber es un proceso. En esa tarea la
Universidad se hace promotora de una cultura humanista que trascienda aquellas
posturas que reducen al hombre a la máquina, a lo animal y a la cosa. (p.6)
De modo que una primera legitimación del saber en la institución académica se
da por su ordenación a las cuestiones últimas, por su integración en un saber universal
que pone en diálogo la vida y la fe, y rechaza lo fragmentario y unidimensional.
Considerando este proyecto institucional en el cual el lenguaje de la denotación
se ordena a un principio original, y el lenguaje de la prescripción refiere todo a un ideal,
podría sugerirse que la legitimación del saber en la UCA recoge la herencia del relato
especulativo de la Bildung de la academia del idealismo alemán (Cfr. Lyotard 1987:63-
71), cuyo fin es la producción de un sujeto legítimo, que reúne ese principio y ese ideal
en una única Idea. Dice Lyotard que “la especulación es el nombre que aquí lleva el
discurso sobre la legitimación del saber científico. Las Escuelas son funcionales; la
universidad es especulativa, es decir, filosófica” (p.66). Llama la atención que, en la
descripción de los diversos pasos de trabajo interdisciplinario que convocó la
elaboración del proyecto que citamos, se refiere a una última etapa en la que
“finalmente se constituyó un grupo de trabajo revisor integrado por los Decanos de las
Facultades de Ciencias Económicas, Sociales, Derecho, Ingeniería y Ciencias Agrarias
con la supervisión del Decano de la Facultad de Filosofía y Letras” (p.3).
Pero, como plantean Algranti-Mosqueira-Setton (2018:111) en las instituciones
hay un “proceso continuo de reajuste entre lo instituyente y lo instituido. Las
mediaciones institucionales actualizan modelos históricos de selección, omisión y realce
de las formas emergentes que desde las prácticas de los actores disputan o amplían su
definición de la realidad”. Y esto, que puede observarse en el ámbito tratado más arriba
de las disidencias en torno al Magisterio moral, también presenta un correlato en la
definición del perfil del saber legítimo: la performatividad, como categoría clave del
saber de la posmodernidad, se solapa con las legitimidades antes mencionadas
(ordenamiento a causas últimas y relato especulativo) originando facetas distintivas en
la figura institucional. De este modo, coexisten en los distintos discursos -tanto
documentos como materiales audiovisuales de promoción2- líneas de enunciación que
hacen foco en la metáfora de lo “sólido” (formación sólida, valores sólidos), la “visión
integral” y la “formación en valores”, junto con aquellas que enfatizan la salida laboral,
la flexibilidad, la eficacia de la formación recibida (en la posterior capacidad de
“resolver problemas” y “afrontar desafíos” en la vida profesional), la eficacia de los
vínculos intra-académicos (ej. Tutorías para resolver dificultades, consejos oportunos
respecto de desarrollo profesional).
Puede también observarse que la perspectiva de totalidad, propia del metarrelato
religioso y del especulativo, coadyuva a la legitimidad del perfil performativo, en tanto
sustenta una visión de sistema -de lo real en general y de la sociedad en particular- en el
cual la entidad universitaria debe fungir como subsistema funcional a esa totalidad. Sin
2
Como ejemplo, puede consultarse el video promocional de la carrera de Economía en
[Link]
embargo, como veíamos más arriba, esta colaboración no es recíproca: la misma
exigencia de performatividad pone en cuestión una actividad que se vincula con el nudo
de la identidad y misión institucional; el “problema” que implica la carga horaria de
clases de teología en relación a la competitividad respecto de otras instituciones.
En síntesis, las tres fuentes de legitimidad analizadas – el metarrelato religioso
como articulador general, el relato especulativo con fines de Bildung y constitución de
un sujeto legítimo, y la performatividad y su objetivo de optimización de actuaciones,
coexisten y se articulan no sin tensiones en la totalidad de discursos y praxis de la UCA.
La institución invisible: dispositivo y sujeto
Cuando Gilles Deleuze (1990) caracteriza a los dispositivos foucaultianos,
recurre a la metáfora geométrica de líneas, curvas, espacio, para indicar vectores de
fuerza que articulan de forma variable saber, poder, y subjetividad. Dirá que los
dispositivos son “máquinas para hacer ver y para hacer hablar”.
En primer lugar, encontramos las curvas de visibilidad, líneas de luz cuya
función no es iluminar objetos preexistentes sino constituirlos, de modo que cada figura
es variable e inseparable del dispositivo que la constituye. El régimen de luz del
dispositivo religioso que configura a la UCA compone un mundo esencialmente
ordenado y bueno, sostenido por la providencia divina, en el cual todos los elementos o
partes deben integrarse armoniosamente para la consecución de un télos de plenitud y
felicidad.
Este saber se construye y comunica mediante líneas de enunciación que
articulan “un saber universal”, “la verdad”, “la totalidad”, “la integración”, “el hombre”,
“la sociedad”.
Aparecen también las líneas de fuerzas, vinculadas a la dimensión del poder y la
performatividad. Valgan como ejemplo las “líneas de acción” referentes a la “política de
recursos económicos” del Proyecto Institucional que analizamos, en las cuales se
determina entre otras cosas “desarrollar una gestión estratégica de la calidad y
consolidar procesos de evaluación de impacto teniendo en cuenta el nivel de
satisfacción de alumnos y graduados, así como su inserción en el medio laboral” y
“explorar las posibilidades de obtener recursos provenientes del Estado: investigación,
mecenazgos y licitaciones”, como también la imagen institucional adornada con
“graduados notables” (doce de los cuales conforman o conformaron la actual gestión de
gobierno).
Siguiendo con Deleuze, los dispositivos se caracterizan también por líneas de
subjetivación, las cuales son “un proceso… la producción de subjetividad de un
dispositivo: una línea de subjetivación debe hacerse en la medida en que el dispositivo
lo deje o lo haga posible. Es hasta una línea de fuga. Escapa a las líneas anteriores, se
escapa. El sí-mismo no es ni un saber ni un poder. Es un proceso de individuación que
tiene que ver con grupos o personas y que se sustrae a las relaciones de fuerzas
establecidas como saberes constituidos: es una especie de plusvalía. No es seguro que
todo dispositivo lo implique” (p.157). Es por eso que “en la medida en que escapan de
las dimensiones de saber y de poder, las líneas de subjetivación parecen especialmente
capaces de trazar caminos de creación que no cesan de abortar, pero tampoco de ser
reanudados, modificados, hasta llegar a la ruptura del antiguo dispositivo” (p.159). En el
caso que analizamos, las disidencias -evidentes o no- en materia de Magisterio moral -el
“desacato silencioso”- dan cuenta de este proceso creativo de individuación. Así se
expresaba un profesor en la lección inaugural de ciclo lectivo 2008-2009 de la
Universidad de Navarra3:
Es una cuestión que, como bien se conoce, por aquel entonces4 se planteaba más
o menos abiertamente y que ha dado lugar a un proceso, que, años más tarde, la
encíclica Veritatis splendor5, en referencia a la década de los noventa, describirá
como “una nueva situación dentro de la comunidad cristiana”. No sólo es que las
conductas no se acomoden a la doctrina del Evangelio o se contesten algunas de
las enseñanzas morales de la Iglesia. La novedad radica sobre todo en el hecho
de que “se pone en tela de juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio
moral” de la Iglesia. Como manifestaciones de esta situación, Veritatis splendor
señala, entre otras, que “se opina que el Magisterio no debe intervenir en
cuestiones morales más que para ‘exhortar a las conciencias’ y ‘proponer
valores’ en los que cada uno basará después autónomamente sus decisiones y
opciones de vida. (…) Está también difundida la opinión que pone en duda el
nexo intrínseco e indivisible entre fe y moral, como si sólo en relación con la fe
se deban decidir la pertenencia a la Iglesia y su unidad interna, mientras que se
3
Confesional católica, perteneciente al Opus Dei.
4
Se refiere al momento de publicación de la Encíclica Humanae Vitae por Pablo VI, en 1968.
5
Escrita por Juan Pablo II, publicada en 1993.
podría tolerar en el ámbito moral un pluralismo de opiniones y de
comportamientos dejados al juicio de la conciencia individual o a la diversidad
de condiciones sociales y culturales”. Lo que se cuestiona es la autoridad o
competencia de la Iglesia (del Magisterio de la Iglesia) en el terreno moral. Y
derivadamente la naturaleza de la Teología, particularmente de la Teología
Moral6”.
La noción de sujeto que presenta Alain Touraine (2005) parece especialmente
apropiada para analizar este proceso, por el cual “el sujeto se forma en la voluntad de
escapar a las fuerzas, reglas y poderes que nos impiden ser nosotros mismos” (p.129), y
es “lo que explica, por ejemplo, la fuerza de resistencia de tantos católicos a las
decisiones del papa actual en materia de moral privada”7 (p.137). En un fragmento más
extenso, plantea el autor:
Actualmente, nuestra moral es cada vez menos social. Recela cada vez más de
las leyes de la sociedad, de los discursos del poder, de los prejuicios con los que
cada grupo protege su superioridad o su diferencia. Lo que busca cada uno de
nosotros, en medio de los acontecimientos en que está inmerso, es construir su
vida individual, con su diferencia con relación a todos los demás y su capacidad
de dar un sentido general a cada acontecimiento particular. Esta búsqueda no
podría ser la de una identidad, puesto que cada vez más estamos compuestos de
fragmentos de identidades diferentes. No puede ser más que la búsqueda del
derecho de ser el autor, el sujeto de la propia existencia y de la propia capacidad
de resistir a todo lo que nos priva de ello y hace incoherente nuestra vida”
(p.134).
La emergencia del sujeto en los términos mencionados es lo que está generando
las líneas de ruptura del dispositivo eclesial, y lo que determina en última instancia el
clivaje entre aquellos enunciados y visibilidades que pueden permanecer en el ámbito de
lo sedimentado y estratificado, y aquello que se suscita en clave de actualización y
creatividad.
Sin embargo, en la descripción de Touraine, las ‘leyes’ y los ‘discursos’ hacen
referencia, en nuestro caso, al nivel oficial-burocrático eclesial. Pero ¿eso es ‘toda’ la
institución? En el primer apartado de este trabajo analizamos la religión como una
6
Recuperable en [Link]
7
Por la fecha de publicación del libro, se entiende que se refiere a Benedicto XVI.
Gestalt de cosmovisión, motivaciones y estados de ánimo. Según George Mead
(1972:234) “una institución, después de todo, no es más que una organización de
actitudes que todos llevamos adentro, las actitudes organizadas de los otros, que
controlan y determinan la conducta”. El símbolo religioso entonces tiene la función de
provocar respuestas compartidas, que se expresan en la forma de actos, gestos y estados
de ánimo.
De modo que cuando Touraine refiriéndose al sujeto habla de “construir su vida
individual, con su diferencia con relación a todos los demás” cabe preguntarse: ¿cuánto
hay en esta “su vida” y “su diferencia” de motivaciones, concepciones generales y
estados de ánimo ampliamente compartidos, con contornos bastante precisos e
identificables, narrables y visualizables? De ser así, lo instituido permanece, aunque
reconfigurado y en constante situación agonística con lo instituyente. El sujeto obra
entonces como una red (¿dispositivo- sujeto?) que ‘deja pasar’ aquellos elementos que
le aportan sentido y permiten su despliegue y manifestación, y rechaza aquellos que le
resultan ajenos. La extrinsecidad de la norma es lo que primeramente es rechazado,
previamente a su contenido categorial. Pero eso no implica que no existan amplias
zonas de sedimentación de concepciones, motivaciones y estados de ánimo
perfectamente asimilables a la institución de donde originalmente emanan. Será
entonces el objetivo de la investigación para la tesis el adentrarse en la complejidad del
fenómeno, desde la perspectiva de que “las instituciones son mayoritariamente
invisibles”, están “constantemente haciéndose”, “producen síntesis y reducen
complejidad”, y “participan de las formas de dominación de la sociedad” (Algranti-
Mosqueira-Setton:112).
Conclusión
Repensar la teoría de la desinstitucionalización religiosa supone abandonar una
concepción reificada de lo institucional, centrada en lo oficial-burocrático, y ubicar la
lente analítica en su dinamismo, multidimensionalidad y fracturas internas. Procesos de
internalización y resignificación creativa bien pueden ser en la actualidad la forma de
inscripción de lo institucional, antes centrada en la sanción de lo normativo extrínseco.
De este modo, si bien puede postularse una “sustitución de un tipo de instituciones por
otro; las que imponen reglas y normas son reemplazadas por aquellas cuyo objetivo es
proteger y reforzar a los individuos y las colectividades que tratan de constituirse como
sujetos” (Touraine:131), también puede suponerse la pervivencia de ese ethos y esa
cosmovisión característicos en formas resignificadas autónomamente por un sujeto que
– aunque nunca llega a identificarse completamente consigo mismo- busca sentido,
despliegue, y manifestación.
Lista de referencias bibliográficas
Agamben, Giorgio. ¿Qué es un dispositivo?, Anagrama, 2015, pp. 7-26.
Deleuze, Gilles. “¿Qué es un dispositivo?” en Michel Foucault, filósofo, Gedisa,
Barcelona, 1990, pp. 155-163.
Geertz, Clifford. “La religión como sistema cultural” en La interpretación de las
culturas. Gedisa, Barcelona, 2000, pp. 87-139.
Lyotard, J.F. La condición posmoderna, Ediciones Cátedra S.A., Madrid, 1987.
Touraine, Alain. Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy, Paidós,
Barcelona, 2005, pp. 63-179.
VVAA. La industria del creer. Sociología de las mercancías religiosas, Biblos, Buenos
Aires, 2013, pp. 13-44.
VVAA. “Instituir lo sagrado: Observaciones para la comprensión del hecho
institucional en contextos religiosos” en La Institución como proceso: Configuraciones
de lo religioso en las sociedades contemporáneas, Revista Sociedad y Religión N°50,
Vol XXVIII (2018), pp. 108-115, recuperable en
[Link]