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Detección y Tratamiento del TEA

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Introducción

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) ha sufrido en los últimos años un incremento en
su diagnóstico. Esto puede ser debido a diversos factores tales como: cambios en los
criterios diagnósticos, prácticas de detección y diagnóstico, políticas de educación
especial, o disponibilidad de servicios y conocimiento del TEA (Marín et al., 2017). Se
trata de un trastorno que presenta una prevalencia del 1-2% en niños y niñas (Hill et al.,
2015), siendo cuatro veces más frecuente en ellos.
De esta forma se hace importante una detección precoz que nos posibilite actuar de
manera temprana para poder mejorar su pronóstico. Para ello contamos con instrumentos
como el M-CHAT que nos permite detectar signos tempranos del trastorno con una
sensibilidad de ,87. Se trata de un cuestionario de 23 ítems donde si se puntúa positivo
en 2 de los 5 ítems críticos o en 3 de los 23 ítems totales, se considera que existe riesgo
de padecer TEA.
Actualmente, no se conoce una causa del mismo siendo la etiología genética la más
fundamentada (Hervás et al., 2012). Así, un 10% de los casos de TEA estaría asociado a
causas sindrómicas, un 5% a alteraciones cromosómicas, un 5% a variaciones en el
número de copias de partes del genoma, y un 5% a variaciones genéticas penetrantes y
poco frecuentes en la población. Sin embargo, el 75% restante tendría un origen
multifactorial desconocido con factores ambientales modulando la expresión genética.
En cuanto a su definición, este se engloba dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo
que, según el DSM-5 (2013), son un grupo de afecciones que se inician en el período del
desarrollo produciendo déficits en el funcionamiento personal, social, académico u
ocupacional. Además, presentan frecuentemente comorbilidad entre ellos.
Concretamente, el TEA se caracteriza por déficits persistentes en la comunicación y la
interacción social en múltiples contextos, y por la presencia de patrones de
comportamiento, intereses o actividades de tipo restrictivo o repetitivo. Sus síntomas han
de estar presentes en las primeras etapas del desarrollo (12-24 meses de vida) y deben
suponer un deterioro clínicamente significativo en áreas del funcionamiento, no
explicándose mejor por una discapacidad intelectual o retraso global del desarrollo.
Existen así mismo tres especificadores de gravedad según el grado de apoyo que
requieran distinguiendo entre: grado 1 (necesita ayuda), grado 2 (necesita ayuda notable)
y grado 3 (necesita ayuda muy notable) (Tabla 1).

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Nivel de gravedad Comunicación social Comportamientos
restringidos y repetitivos

Grado 1 "Necesita ayuda" Sin ayuda in situ, las La inflexibilidad del


deficiencias de la comportamiento causa una
comunicación social interferencia significativa
causan problemas con el funcionamiento en
importantes. Dificultad para uno o más contextos.
iniciar interacciones Dificultad para alternar
sociales y ejemplos claros actividades. Los problemas
de respuestas atípicas o de organización y de
insatisfactorias a la planificación dificultan la
apertura social de las otras autonomía.
personas. Puede parecer
que tiene poco interés en
las interacciones sociales.
Por ejemplo, una persona
que es capaz de hablar con
frases completas y que
establece la comunicación,
pero cuya conversación
amplia con otras personas
falla y cuyos intentos de
hacer amigos son
excéntricos y
habitualmente no tienen
éxito.

Grado 2 "Necesita ayuda Deficiencias notables en La inflexibilidad del


notable" las aptitudes de comportamiento, la
comunicación social, verbal dificultad para hacer frente
y no verbal; problemas a los cambios y los otros
sociales obvios incluso con comportamientos
ayuda in situ; inicio limitado restringidos/repetitivos
de interacciones sociales, y resultan con frecuencia
respuestas reducidas o evidentes para el
anormales a la apertura observador casual e
social de otras personas. interfieren con el
Por ejemplo, una persona funcionamiento en diversos
que emite frases sencillas, contextos. Ansiedad y/o
cuya interacción se limita a dificultad para cambiar el
intereses especiales muy foco de la acción.
concretos y que tiene una
comunicación no verbal
muy excéntrica.

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Grado 3 "Necesita ayuda Las deficiencias graves de La inflexibilidad del
muy notable" las aptitudes de comportamiento, la
comunicación social, verbal extrema dificultad para
y no verbal, causan hacer frente a los cambios
alteraciones graves del y los otros
funcionamiento, un inicio comportamientos
muy limitado de restringidos/repetitivos
interacciones sociales y interfieren notablemente
una respuesta mínima a la con el funcionamiento en
apertura social de las otras todos los ámbitos.
personas. Por ejemplo, una Ansiedad intensa/dificultad
persona con pocas para cambiar el foco de la
palabras inteligibles, que acción.
raramente inicia una
interacción y que, cuando
lo hace, utiliza estrategias
inhabituales para cumplir
solamente con lo
necesario, y que
únicamente responde a las
aproximaciones sociales
muy directas.
Tabla 1. Niveles de gravedad del TEA según el DSM-5 (2013).

Además de estos niveles de gravedad existen otros especificadores que se deben tener
en cuenta para individualizar el diagnóstico (DSM-5, 2013). Estos son:
● Con o sin déficit intelectual acompañante.
● Con o sin deterioro del lenguaje acompañante.
● Asociado a una afección médica/genética o ambiental/adquirida conocida.
● Asociado a otro trastorno del neurodesarrollo, mental o del comportamiento.
● Con catatonía.
Respecto a la comorbilidad, este trastorno se puede relacionar con el trastorno de
ansiedad, el trastorno de depresión, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, el
trastorno de alimentación, la discapacidad intelectual, el trastorno del lenguaje, etc.
Además de lo mencionado, en el estudio de Crissien-Quiroz et el. (2017) se encontró que
niños con TEA de 4 a 12 años a los que se les administró la Batería Psicomotora de Da
Fonseca obtuvieron resultados con un nivel bajo en el equilibrio, la noción del cuerpo, la
estructuración espacio-temporal, y las praxias (global y fina). Así, se han observado
déficits en las habilidades motrices básicas encontrando déficits motores, alteraciones en
la coordinación, dificultades en el mantenimiento de la postura o en la motricidad fina y
gruesa, siendo estas limitaciones mayores en niveles de afectación del trastorno más

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altos. El deterioro de estas habilidades motrices dificultaría la participación en actividades
físicas grupales perdiendo así oportunidades de socialización (Kruger et al., 2019).
Como se ha comentado anteriormente, las dificultades en la comunicación social son una
de las áreas principalmente afectadas en las personas que presentan TEA. De esta
manera, resultaría necesario el uso de estrategias que nos permitan mejorar sus
habilidades sociales ya que ello podría resultar en una mejora de la calidad de vida.
Teniendo esto en cuenta, se han llevado a cabo estudios que han relacionado la actividad
física con la mejora de dichas habilidades utilizando diversidad de planteamientos, desde
la natación (Pan, 2010) hasta el uso de bicicletas (Ringenbach et al., 2015).
Siguiendo esta línea, en la revisión realizada por Hortal-Quesada y Sanchís-Sanchís
(2022) sobre el ejercicio físico se extrajo que la práctica de actividades y juegos que
fomentan la cooperación e interrelación parece ser la intervención más eficaz para
mejorar las habilidades sociales y comunicativas en el TEA. Por su parte, López-Díaz et
al. (2021) llevaron a cabo un estudio donde se encontró una mejora de las habilidades
motrices y sociales de niños con TEA a través del desarrollo de un programa deportivo
basado en la actividad física del fútbol. De esta forma, se puede concluir que
intervenciones que trabajan las habilidades motrices a través de la actividad física
producen una mejora en la competencia social así como en las habilidades motrices.
Además de este tipo de intervenciones, las Terapias Asistidas con Animales (TAA) nos
resultarían muy beneficiosas también, ya que mejoran las relaciones con el medio debido
a la atención que despiertan en niños y niñas con TEA, tal como menciona la Fundación
Affinity (2019). El vínculo que se genera con el animal sería el inicio para comenzar a
trabajar la comunicación, las relaciones y la apertura emocional, entrenando la motricidad
fina y gruesa, propiciando escenarios de socialización, y desarrollando habilidades
comunicativas.
Las TAA consisten en un tipo de intervención que se incluyen dentro de las
Intervenciones Asistidas con Animales (IAA) donde se incorpora al animal como parte
integral del proceso terapeútico, cuentan con unos objetivos definidos y están dirigidas
por un/a profesional de la salud (Martos-Montes et al., 2015), resultando así en un
instrumento de prevención, mantenimiento y/o mejora de la función o calidad de vida
(Arriaza et al., 2001).
Según Benedito-Monleón et al. (2017), estas intervenciones habrían de complementarse
con los tratamientos tradicionales. Además, su aplicación estaría limitada por la
aceptación y la tolerancia que la persona tenga hacia el animal. Así, como mencionan
Martos-Montes et al. (2015), se deben tener en cuenta una serie de requisitos
relacionados con:

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● Falta de alergia hacia el animal.
● No debe existir ninguna condición clínica o enfermedad que conlleve un riesgo.
● Ausencia de miedo hacia el animal.
En estas intervenciones participan cuatro tipos de actores durante el proceso
(Vásquez-Duque, 2021) donde se incluirían:
● El terapeuta: que evalúa, planifica y reevalúa las sesiones.
● La persona usuaria: que participa siguiendo las indicaciones del terapeuta.
● El guía: que evalúa, adiestra y se encarga de los cuidados del animal (salud,
descanso y atención).
● El animal: que aprende los ejercicios que se llevarán a cabo durante las
actividades.
Acerca de su origen, los primeros registros de utilización de animales en ambientes
terapéuticos datan del año 1953, cuando el perro de Boris Levinson se encontraba
presente durante las sesiones que realizaba con niños. Levinson comenzó a observar
como aquellos que eran más introvertidos perdían sus inhibiciones y miedos gracias a la
presencia del animal (Levinson, 1997). Además, se favorecía la comunicación
niño-terapeuta.
En España, se crea la Fundación Purina, actual Fundación Affinity, en 1987, comenzando
así a darse experiencias puntuales relacionadas con las IAA. Más adelante, en el año
1991, se empiezan a organizar congresos y editar publicaciones con el fin de fomentar la
investigación sobre la temática (Martos-Montes et al., 2015).
Sobre los beneficios que se han observado, en relación al TEA y el aspecto social, en la
revisión de Poveda-Gómez et al. (2021), por ejemplo, se obtienen unos resultados donde
demuestran que las IAA mejoran la comunicación verbal y no verbal, aumentan los
comportamientos sociales positivos y reducen los negativos, mejoran la calidad de las
interacciones sociales, y aumentan la motivación durante la realización de las sesiones,
entre otros.
Según mencionan Martos-Montes et al. (2015), el perro es el animal más solicitado para
el desarrollo de las IAA debido a su alta capacidad de aprendizaje, de socialización, y su
carácter alegre. Este ha de ser evaluado por un experto previa selección, debe tener una
adecuada socialización, y tener un entrenamiento específico. Además, hay que garantizar
la seguridad y el bienestar de los perros y las personas destinatarias de la intervención.
Las intervenciones realizadas con perros mejoran las habilidades y las relaciones
sociales, y reducen el estrés, los comportamientos negativos y la ansiedad. Estos
animales, además, ayudan a generar seguridad y confianza, crean entusiasmo y generan
motivación (Benedito-Monleón et al., 2017).

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Por otro lado, las Terapias Asistidas con Perros (Signes, 2009) ofrecen una serie de
ventajas frente a otros animales tales como:
● Es un estímulo multisensorial.
● Es un facilitador social.
● Sirve como objeto transicional.
● Es más accesible que otros animales.
● Se pueden trabajar cuatro áreas (física, cognitiva, emocional y social).
Otro animal que se utiliza mucho es el caballo, siendo la equinoterapia o hipoterapia
efectiva en rehabilitación de personas con alteraciones físicas siendo que facilita la
coordinación, la flexibilidad, el ritmo, el equilibrio, la marcha, y la ubicación
espacio-temporal. Además, se ha encontrado que el uso de caballos en este contexto
puede resultar útil en otros ámbitos terapéuticos como la integración social de niños con
TEA. Sin embargo, el animal que ha sido especialmente entrenado para participar en este
tipo de intervenciones es el perro (Martos-Montes et al., 2015), y es por ello que, el
objetivo de este proyecto consiste en trabajar las habilidades motrices en niños y niñas
con TEA a través de un programa deportivo en el que contemos con el perro como
recurso que nos permita propiciar entornos de socialización y desarrollo mejorando con
ello la calidad de vida.

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