CÓMO SE CONSTRUYE LA CONCIENCIA MORAL, SEGÚN LOS PRINCIPALES
ENFOQUES PSICOLÓGICOS
Desde siempre en las sociedades ha emergido la confusión de los términos de ética
y moral que están alrededor del sujeto moral, utilizándolos como igual. Pero la realidad
es que ambas se complementan, que una estudia a la otra, sin embargo, la ética tiene
una perspectiva más generalista de la moral, mientras que ésta se aplica en un marco
histórico, sociocultural, y personal determinado. Entonces, ¿qué supone la ética? y
¿qué supone la moral? La ética es el conjunto de normas, preceptos y saberes que
condicionan las acciones humanas. Al ser una ciencia que da sentido al obrar humano
es conocida también como filosofía moral, y es gracias a establecer principios de cómo
se debe ser o actuar está totalmente ligada a la reflexión moral. Por otro lado, la moral
es el conjunto de normas y valores que se transmiten de generación en generación.
Con el fin de orientar al buen obrar, a lo que se debe hacer, a ser justos y buenos. La
moral es el carácter que se forma ante la vida, la ética busca la reflexión sobre dicho
carácter.
Con lo expuesto anteriormente, se deja en claro lo que significa un término y otro.
Pero inevitablemente, se evidencia la controversia, el énfasis, lo minucioso y complejo
que es hablar del fenómeno moral. Paulatinamente, es verídico pensar ¿Cómo se
crean esos valores y normas que representa la moral, y que estudia la ética? o lo que
sería más exacto ¿Cuándo se crean? ¿A partir de qué momento se empieza a hablar
de moral en la persona? Es este punto donde entra en actuación otra ciencia que se ha
dedicado, en gran parte; a estudiar, analizar y evaluar el fenómeno de la moral: la
psicología, que a través sus ramas de estudio, ha instaurado y fundamentado diversas
teorías sobre el desarrollo moral, abordando la misma desde varios enfoques como el
sociologismo, donde sus autores más relevantes provienen del campo de la sociología;
el psicoanálisis, de Sigmund Freud; el conductismo, de B.F. Skinner; y el cognitivismo
de J. Piaget, del cual se desprende también el cognitivismo-evolucionismo de L.
Kohlberg.
Los aportes que ha dado la psicología a través de los mencionados enfoques,
permite comprender aun más dicho fenómeno según su desarrollo moral, el cual se
entiende como aquel proceso que se da en el sujeto a lo largo de su vida, donde se
constituyen sus valores, su conducta con relación a todo lo que compone su entorno.
Dicho proceso es influenciado por una serie de factores psicológicos, biológicos,
socioculturales que dan inicio a la creación de capacidades individuales, de la
conciencia moral que condiciona los actos morales. La psicología, se encarga de
estudiar cada factor o componente que crea esas capacidades o conciencia del sujeto
ético, es decir, estudia cómo surgen las nociones de lo que están bien y lo que está
mal, el porqué se piensa o se actúa de tal forma con respecto a la moral.
El primer enfoque, el sociologismo, parte desde el campo de la sociología, y concibe
a la moral como el resultado de procesos a través del cual el ser humano aprende, en
el trascurrir de su vida; y mediante los cuales se encuentra ligado a diversos elementos
socioculturales presentes en su medio o entorno, siendo absorbidos e integrados a la
personalidad del individuo por razón de las experiencias, los sucesos, así como
aspectos sociales. Por lo tanto, la moral se admite como socialización, evidenciando
moral y sociedad intrínsecamente relacionadas, y exponiendo una educación moral
como el medio para trasmitir valores éticos a sus integrantes, en pocas palabras,
mediante la aplicación de una educación moral por parte de las sociedades se fomenta
la adaptación a las normas morales de las mismas. Por ende, el fenómeno moral se
fundamenta o genera por determinadas condiciones sociales, siendo consecuencia de
restricciones sociales en la conducta.
Por consiguiente, se reconoce a la sociedad como absoluto moral, donde algunas
normas impartidas buscan ser transmitidas de una generación a otra, y los valores o
normas del sujeto son impuestos desde el exterior (moralidad externa). Dichas pautas
se consideran una obra colectiva que se recibe y se adapta, y donde no se es participe
al momento de elaborarlas, quedando la responsabilidad del individuo en formación,
limitada. Entonces, ¿qué parte le corresponde al sujeto en formación si no es participe
al momento de elaborar las normas que lo influencian?, Zapata (2000) respondió de la
siguiente manera: “la única tarea que corresponde a cada uno de los sujetos en
formación es averiguar la naturaleza y la necesidad de las normas sociales”. Es decir,
lo que ellas significan, la razón por la cual fueron hechas, y el porqué de su carácter
relevante, la necesidad de reconocerlas.
El enfoque psicoanálisis también considera a la sociedad y sus factores como parte
de la construcción de la moral, pero profundiza aun más. Evidenciando que al nacer no
se es social naturalmente, delimitando la principal contrariedad con el sociologismo, al
no discurrir en que la conciencia moral inicia al descubrir y reconocer normas sociales.
Para Freud, el psicoanálisis razona sobre la historia personal del sujeto, haciendo
énfasis en los primero años de vida, pues estos ayudan a la mayor comprensión de
cómo funciona u opera el sujeto adulto. Por ende, para explicar la génesis y desarrollo
de la moral, el psicoanálisis sostiene que la misma no es una facultad innata de
diferenciar entre el bien y el mal, sino que se origina como algo consecuente arraigado
al desarrollo psicobiológico. De esta manera, se enfoca en la primera etapa de vida
(infancia) del ser humano que supone la dependencia prolongada, con tal relevancia en
el plano psíquico, de las figuras paternas, siendo este el sentido de la conciencia moral,
donde se recibe y se adquiere las influencias externas (fase heterónoma)
representadas por la autoridad de dichas figuras. Sin embargo, con el desarrollo
psicobiológico (maduración) del sujeto se forma un carácter autónomo en el proceso de
moralidad, avanzando, paulatinamente, en el desarrollo moral.
Ahora bien, tomando en cuenta los dos enfoques anteriores, la teoría del
conductismo expresa un carácter pluralista o general de estas teorías, compartiendo un
panorama común. Para mayor comprensión se considera la posición de Skinner sobre
la conducta humana, la cual basa en el condicionamiento operante, donde el
comportamiento del sujeto en determinadas acciones se moldea debido a las
consecuencias que le siguen a las mismas. Las cuales pueden tener efectos positivos o
negativos, y mediante el refuerzo (donde se seleccionan algunos de los efectos) se
logra reducir o mantener aspectos en la conducta o un tipo de conducta, es decir, las
consecuencias del comportamiento determinado, sean positivas o negativas, inciden en
la probabilidad de que esa conducta se repita o no, posteriormente (se modela la
conducta según ellas). Con respecto a la moral, entendida como cualquier otra
conducta, se aprende debido a las eventualidades (contingencias) que ha tenido la
misma en situaciones anteriores. En pocas palabras, la moral se desarrolla de la
interacción constante con el ambiente en el que se desenvuelve el individuo. Y se
moldea gracias al aprendizaje obtenido en dichas interacciones, que se traducen en
reforzar aquellos efectos de lo que está bien o lo que está el mal, en la conducta.
El enfoque cognitivista, postula al igual que psicoanálisis que en el desarrollo moral
primero, se evidencia una moralidad heterónoma (moral de obligación): donde juegan
un papel sustancial las relaciones del sujeto (niño) con los otros, como las figuras
paternas, que ordenan y dan normas. Y es a partir de dichas normas externas, y por
ende, de la autoridad que las impone que se crea un punto de referencia para distinguir
entre el bien y el mal. Es decir, esta etapa se determina por la presión moral de los
adultos que ejercen en el niño, que se configura en el mismo como respeto, siendo las
raíces de la obligación y el sentido del deber. Segundo, se concibe la moralidad
autónoma (la moral de cooperación): en la cual ocurre la internalización del respeto a la
regla en general. Esto supone, la reflexión del propio individuo no de la regla impuesta,
sino de la razón de ser de la misma. Gracias a que la mencionada internalización es
impulsada por el surgimiento de principios de justicia, que son el resultado de las
relaciones sociales, el reconocimiento de los demás, la cooperación propiamente dicha,
y la reciprocidad. Pero estas fases heterónoma y autónoma, se separan por una de
transición que expresa una semiautonomía, y es en la que el niño no solo obedece las
reglas externas, sino que a la regla como tal, manifestando su respeto de una manera
original. Es de esta forma, como desarrolla poco a poco el carácter autónomo de la
conciencia moral.
La vertiente de este enfoque: el cognitivismo-evolucionismo denota un carácter más
estructural, donde se preserva la base del cognitvismo de Piaget ante descrito, pero en
el que Kohlberg afianza el aspecto evolucionista a través de categorías. Las cuales se
presentan en el desarrollo moral debido al cambio que sufre el modo de razonar a
medida que se va creciendo, es decir, toma como relevantes los cambios cualitativos
que se generan en el desarrollo moral del sujeto de acorde como va evolucionando.
Según Triglia (2016) hay una idea básica en ambas teorías, y la define en que el
desarrollo de la manera de pensar, de percibir el entorno pasa de ser centrado,
considerando lo que se vive y se observa en primera persona; a ser abstracto, que no
se percibe de forma directa con los sentidos sino que aquellos conceptos abstractos se
generan en la mente, los pensamientos, y los mismo son utilizados para comprender y
analizar rasgos de la realidad. Para Piaget, esto se define que en la infancia primaria se
piensa solo en aquello que se logra percibir de forma directa o en tiempo real, y que
gradualmente se aprende a discernir sobre aspectos abstractos los cuales no se viven
desde una perspectiva principal (en primera persona). Para Kohlberg, representa que al
grupo de individuos a los que se les puede desear el bien, va aumentado hasta
reconocer aquellas personas que no se ven y se conocen.
Reconocer los rasgos o características que explican el desarrollo del fenómeno
moral, de la instauración y construcción de la conciencia moral, significa mucho más
que adquirir conocimiento del tema. Y es que, al concluir, se evidencia que gracias a
las teorías psicológicas se logra exponer el porqué de las respuestas de la conducta
ante diferenciadas situaciones que resaltan el hecho de elegir entre lo que es correcto y
lo que no, entre lo que está bien y lo que está mal. Debido al carácter que ofrecen las
mismas en explicar la génesis y desarrollo moral. Por otra parte, al escrudiñar estas
teorías, se comprenden aspectos sumamente relevantes que orbitan alrededor del
sujeto moral. Se entiende lo importante que simboliza la infancia primaria del sujeto y el
entorno donde se desenvuelve, en su desarrollo psicológico y moral, pues, es a partir
de esta etapa y de los componentes presentes de su ambiente, que se comienza a
forjar el carácter moral ante los aspectos de la vida. Zapata (2000) expresó: el hombre
es lo que es como resultado de su historia. Y esa es la gran verdad, el punto en común
entre los enfoques que se han tratado en este ensayo. La historia personal de cada ser
esta cargada, sometida a tantas experiencias, aprendizajes, situaciones, actuaciones,
etapas, niveles; así como también de incidencias sociales, culturales, históricas. Los
cuales hacen inevitable la construcción de una perspectiva propia ante el mundo, la
conformación de una postura ante las injusticias, pero también ante la bondad.
Referencias bibliográficas
Triglia, A. (2016, 24 de noviembre). La teoría del desarrollo moral de Lawrence Kohlberg.
Psicología y mente. Recuperado el 3 de marzo de 2024, de:
[Link]
Zapata, R. (2000). Temas de ética. Tema 4: El desarrollo moral. Caracas: Universidad Nacional
Abierta.