Estaba el Cid con los suyos en Valencia la mayor y con él ambos sus
yernos, los infantes de Carrión. Acostado en un escaño dormía
el Campeador, ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció. De su
jaula se ha escapado, y andaba suelto el león, al saberlo por la corte
un gran espanto cundió. Embrazan sus mantos las gentes del
Campeador y rodean el escaño protegiendo a su señor. Pero Fernando
González, el infante de Carrión, no encuentra dónde meterse,
todo cerrado lo halló, metiendo se bajó el escaño, tan grande era su
terror. Se incorpora Mío Cid y presto se levantó, y sin quitarse ni el
manto se dirige hacia el león: la fiera cuando le ve mucho se
atemorizó, baja ante el Cid la cabeza, por tierra la cara hincó. El
Campeador entonces por el cuello le cogió, como quien lleva un
caballo en la jaula lo metió. Maravillando se todos de aquel caso del
león y el grupo de caballeros a la corte se volvió. El rey Buscar de
Marruecos ataca a Valencia se estaban los infantes dolidos de gran
pesar, cuando fuerzas de Marruecos Valencia quieren cercar. Los
infantes temen la batalla El Cid los reprende. Al Cid y a todos
los suyos gran contento les entró, van a tener más ganancias y dan
las gracias a Dios. Entonces los dos hermanos se apartaron a un
rincón “Calculamos las ganancias, pero los peligros no. Ahora aquí en
esta batalla tendremos que entrar los dos, me parece que ya nunca
volveremos a Carrión y que enviudarán las hijas de Mío
Cid Campeador. Aunque hablaban en secreto, los oye Muño Gustioz y
fue a contarlo en seguida a Rodrigo su señor. Mío Cid el de Vivar muy
sonriente salió “Dios os guarde, yernos míos, los infantes de Carrión,
mis hijas en vuestros brazos están, más blancas que el sol. Yo suspiro
por batallas y vosotros por Carrión. Cuando estaban hablando de esto
envió el rey Buscar al Cid que le dejase Valencia y se marchase
en paz; que, si no, le pagaría todo lo que había hecho. El Cid dijo a
aquél que trajera el mensaje:
"Id a decir a Buscar, a aquel hijo de enemigos, que antes de tres días
ya le daré yo lo que pide.”
Al día siguiente mandó el Cid que se armasen todos los suyos y salió
contra los moros. Los infantes de Carrión le pidieron entonces atacar
en primer lugar, y cuando el Cid ya tuvo formadas sus filas, don
Fernando, uno de los infantes, se adelantó para ir a atacar a un moro
llamado Aladraf. El moro, cuando le vio, arrancó también contra él, y
el infante, con el gran miedo que le infundió el moro, volvió riendas y
huyó, y ni siquiera se atrevió a esperarle. por maravilla lo tienen
muchos que aquellos cristianos que nunca vieran tambores
porque son recién llegados.
Oíd ahora lo que habló Mío Cid el bienhadado “Ven acá, Pedro
Bermúdez, tú, mi sobrino tan caro, cuídame tú de don Diego, cuídame
de don Fernando, que los dos son yernos míos y cosa que mucho
amo.
Minaya y don Jerónimo piden el primer puesto en la batalla “Yo os
digo, Mío Cid, y espero esa caridad, que este día los infantes por ayó
no me tendrán, acompáñelos quien quiera, que a mí poco se me dan.
El buen Minaya Alvar Fáñez entonces se fue a acercar "Escuchad lo
que os digo, Cid Campeador leal, esta batalla de ahora el Señor es
quien la hará, vos gozáis de su favor, y con vos ha de luchar. Si he
salido de mi tierra y aquí os vine a buscar es por ganas que tenía
de algunos moros matar, honrar quiero yo mis armas y mi orden
sacerdotal y ser en esta batalla quien primero atacará. El obispo don
Jerónimo hizo una buena arrancada y fue a atacar a los moros allí
donde ellos acampan. A dos mató con la lanza y ahora cinco con
la espada. Pero son muchos los moros y en derredor le cercaban, muy
grandes golpes le dieron, pero la armadura aguanta. Mío Cid el
bienhadado los ojos en él clavaba, por fin embraza el escudo, baja el
astil de la lanza y polea a su Babieca, el caballo que bien anda: ya va
a atacar a los moros con el corazón y el alma. Vierais allí tantos
brazos con sus lorigas cortar, tantas cabezas con yelmo por aquel
campo rodar y los caballos sin amo correr de aquí para allá. Aquella
persecución siete millas fue a durar. Mío Cid a aquel rey Buscar a los
alcances le va Espada tienes en mano y te veo espolear, se me figura
que quieres en mí tu espada ensayar. Mas si no cae mi caballo y
ningún tropiezo da, no te juntarás conmigo como no sea en el mar.
Responde entonces el Cid:
Cid: "Esto no será verdad. Buen caballo tiene Buscar, grandes saltos
le hacen dar”
pero Babieca el del Cid a los alcances le va. Cada cual va recogiendo
lo que encuentra por el campo. La cara trae descubierta, capucha y
yelmo quitados, la cofia a medio poner sobre el pelo descansando. Ya
por todas partes van llegando sus vasallos.
Cid: ¿Sois vosotros, yernos míos? Por hijos os tengo a ambos, ya sé
que estáis muy contentos de lo bien que habéis luchado, a Carrión
mandaré yo mensajeros a contarlo, también dirán que al rey Buscar
la batalla le ganamos.
Gracias a Nuestro Señor, el Padre que está en lo alto, y a vos gracias,
Mío Cid de Vivar el bienhadado. A su rey Buscar matasteis, la batalla
les ganamos, para vos son estos bienes y para vuestros vasallos.
También vuestros yernos, Cid, hoy aquí se han señalado, están hartos
de lidiar con los moros en el campo.
Dijo el Cid: "Contento estoy de que así se hayan portado, si hoy ya
son buenos, mañana aún habrán de ser bravos.
El Cid y Jimena celebran su victoria:
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR (El Cid)
¡Jimena, mi amor! ¡Hemos conquistado Valencia!
JIMENA
¡Eres un héroe, Rodrigo! ¡Tu nombre será recordado para siempre!
García Ordóñez y el Rey Alfonso VI conspiran:
GARCÍA ORDÓÑEZ
Señor, debemos eliminar al Cid. Es un peligro para nuestro reino.
REY ALFONSO VI
Estoy de acuerdo. Llamémoslo a la corte y acabemos con él.
El Cid es llamado a la corte:
REY ALFONSO VI
Rodrigo, te he llamado para recompensarte por tus servicios.
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
Gracias, señor. Estoy listo para servir.
García Ordóñez y sus hombres atacan al Cid:
GARCÍA ORDÓÑEZ
¡Atacad! ¡Matad al Cid!
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
¡Traición! ¡Me han atacado en mi propia tierra!
Acto II: La Traición
El Cid se recupera de sus heridas:
MINAYA
Señor, ¿cómo estás?
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
Estoy vivo, gracias a ti, Minaya.
Jimena y Minaya buscan justicia:
JIMENA
Mi esposo ha sido atacado. ¡Exijo justicia!
REY ALFONSO VI
No puedo hacer nada. No hay pruebas.
El Cid decide tomar justicia por su propia mano:
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
No más palabras. Tomaré justicia por mi propia mano.
Acto III: La Venganza
El Cid y sus hombres preparan su venganza:
MINAYA
Señor, estamos listos.
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
Vamos.
La batalla entre el Cid y García Ordóñez:
GARCÍA ORDÓÑEZ
¡Ríndete!
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
Nunca.
El Cid triunfa:
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
¡Ha sido vengado!
El Rey Alfonso VI se disculpa
REY ALFONSO VI
Rodrigo, te pido perdón. Te ofrezco una nueva oportunidad.
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
Acepto. Pero no olvidaré.
FIN.