Hamlet:
¿Ser o no ser? Esa es la pregunta.
¿Qué es mejor: aguantar todos los problemas y golpes que la vida te lanza,
o levantarte y enfrentarte a todo hasta que los derrotes?
Morir, dormir… nada más.
Y con ese sueño, ponerle fin al dolor
y a todos los problemas que tenemos en la vida.
Eso suena genial, ¿no?
Morir, dormir… dormir, tal vez soñar.
Sí, pero ahí está el truco:
¿Qué pasa si, cuando estemos muertos, soñamos algo peor?
Eso es lo que nos asusta,
y nos hace pensarlo dos veces antes de rendirnos.
¿Quién aguantaría todos los malos ratos,
la injusticia, los abusones,
el desamor, los castigos injustos,
las personas que creen ser mejores que los demás
o los problemas que parecen no tener fin,
si pudiéramos terminar con todo de una vez?
¿Quién soportaría una vida difícil
si no fuera por el miedo
a lo que podría pasar después de la muerte,
ese lugar desconocido del que nadie vuelve?
Ese miedo nos hace pensar,
y por eso preferimos aguantar lo malo que conocemos
en vez de arriesgarnos a algo peor.
Así, el miedo nos hace dudar a todos;
y esos grandes planes que tenemos,
cuando pensamos demasiado,
pierden fuerza y nos quedamos sin hacer nada.
Las mil y una noches
Sherezade:
Cada noche, cuento una historia. Lo hago para salvar mi vida. Suena increíble, pero es verdad.
El rey, después de todo lo que le ha pasado, no confía en nadie, y menos en las mujeres. Cada
noche, se casa con una nueva esposa… y al amanecer, le quita la vida. Pero yo, yo tengo un
plan.
Cuando me tocó a mí, no me asusté. Sabía lo que tenía que hacer: contarle una historia, pero
no cualquier historia. Una tan emocionante que no quisiera que terminara. Así que cuando
llega el amanecer, justo cuando la historia está en su mejor momento, me detengo. Él se queda
intrigado, con ganas de saber qué sigue, y por eso me deja vivir otro día más.
Llevo así muchas noches, y cada historia me ayuda a sobrevivir. Pero no solo quiero salvarme a
mí misma. Quiero que el rey cambie, que vea que no todas las personas son iguales, que aún
hay bondad en el mundo. Y, tal vez, con cada historia, logre tocar su corazón.
Así que cada noche, me preparo, porque sé que con mis palabras puedo cambiar mi destino… y
quizás, también, el del rey.
Corazón delator:
Narrador:
¡Es cierto! Siempre he sido muy nervioso, pero ¿por qué dicen que estoy loco? No lo estoy. Al
contrario, mi mente está más despierta que nunca. Escucho todo, veo todo. ¡Nada se me
escapa! Escucha lo que pasó y verás que no estoy loco.
Todo comenzó con el ojo de ese viejo. Era raro, como el de un buitre, y cada vez que lo miraba
me daba escalofríos. No lo odiaba a él, no… pero ese ojo… ¡Me asustaba tanto! Así que decidí
hacer algo al respecto.
Todas las noches, durante una semana, entraba en su cuarto muy despacio, en completo
silencio. No quería que él se despertara. Cada vez que lo veía durmiendo, con el ojo cerrado,
me tranquilizaba. No podía hacerle nada mientras el ojo no estuviera mirándome.
Pero una noche, cuando entré, hizo un pequeño ruido y se despertó. No se movió, pero yo
sabía que estaba despierto. Sentí que su miedo crecía, igual que el mío. Lentamente, encendí
una luz muy pequeña y la dirigí hacia su rostro. Y ahí estaba… ¡su ojo! Abierto, mirándome,
horrible como siempre. ¡Era el momento!
Mi corazón empezó a latir fuerte. Cada vez más rápido. ¡Boom, boom, boom! Sonaba tan
fuerte que pensé que el viejo podría oírlo. ¡Tenía que hacer algo ya! Y lo hice. Pero no fue el
viejo lo que me preocupó después… no, fue ese sonido.
Después de todo, creí que estaba a salvo, que nadie sabría lo que había hecho. Pero entonces,
escuché un ruido. Primero bajito, apenas un susurro, como un tic-tac. Pero se hizo más fuerte y
más fuerte. ¡Era el corazón! ¡El corazón del viejo! Pensé que me volvería loco. ¡El sonido no
paraba! Tic-tac, tic-tac, cada vez más rápido, cada vez más fuerte. ¡No podía soportarlo!
Al final, ya no aguanté más. Grité, y confesé todo. ¡Sí, lo hice! Porque aunque estaba
escondido, el sonido seguía allí, más fuerte que nunca. ¡El corazón me había delatado!
Divina comedia
Dante:
Nunca imaginé que me perdería de esta forma, pero aquí estoy, en un lugar extraño, oscuro y
aterrador. Todo comenzó cuando me desvié del camino correcto. Es como si la vida me hubiera
puesto una trampa, y ahora me encuentro en este bosque que parece no tener fin.
Mientras caminaba, me encontré con criaturas horribles. Un león, una loba… ¡todas intentaron
detenerme! Pensé que no saldría de ahí. Pero entonces apareció alguien. Era Virgilio, un sabio
que dijo que me guiaría a través de este lugar tan extraño, y que al final encontraría la luz.
Lo que no sabía es que para llegar a esa luz, tendría que pasar por los peores lugares que
existen. Lugares llenos de personas sufriendo por cosas malas que hicieron en vida. Todo es tan
injusto y aterrador, pero sé que no puedo rendirme. Virgilio me dice que tengo que ser
valiente, que aunque el camino sea duro, todo esto me llevará a algo mejor, a un lugar lleno de
paz y felicidad.
Así que sigo adelante, porque al final de este viaje oscuro, sé que me espera la luz. ¡No me
rendiré!
Tom Sawyer:
No sé por qué los adultos piensan que ser niño es fácil. ¡No lo es! Todo el mundo me dice lo
que tengo que hacer, y parece que nadie entiende lo que en verdad quiero. Me mandan a la
escuela, me hacen hacer trabajos aburridos, ¡y encima tengo que pintar una cerca! Eso no es
justo.
Pero yo soy Tom Sawyer, y no voy a pasarme el día trabajando sin encontrar una salida. ¿Por
qué no hacer que pintar la cerca parezca la cosa más divertida del mundo? Así, los otros chicos
querrán hacerlo, y hasta me pagarán por ello. ¡Es perfecto! Ellos pintan, yo descanso y encima
gano algo.
La gente dice que soy un chico travieso, pero no creo que lo sea. Solo me gusta aprovechar las
oportunidades. La vida debería ser más divertida, ¿no? ¿Qué sentido tiene hacer siempre lo
que te mandan? A veces, uno tiene que ser un poco astuto para que las cosas salgan como uno
quiere.
Y al final, lo que importa es pasarlo bien. Si no, ¿qué sentido tiene ser niño?
Don Quijote:
¡Yo sé quién soy! Aunque algunos me llamen loco, no me importa. Soy un caballero, uno de
verdad, de esos que luchan por la justicia, por los débiles y por el honor. En este mundo ya no
hay muchos como yo, pero eso no significa que no haga falta. Es más, creo que soy más
necesario que nunca.
Los demás ven molinos de viento… pero yo, yo veo gigantes. No son imaginaciones mías, es
que tengo una misión más grande que la vida misma: acabar con todo lo malo que hay en este
mundo. Porque si no lucho yo, ¿quién lo hará?
A veces, mi fiel amigo Sancho me dice que debería dejarlo, que no hay nada de lo que yo veo.
Pero yo sé la verdad. ¡El mundo necesita héroes! No importa si otros no lo entienden. Mi
escudo es la justicia, mi espada es la verdad, y mi corazón está lleno de valentía.
Voy a seguir adelante, enfrentando lo que sea. Porque eso es lo que hacen los verdaderos
caballeros. Y mientras haya injusticia en el mundo, Don Quijote de la Mancha seguirá
cabalgando.