FACULTAD DE PSICOLOGÍA Y TRABAJO SOCIAL
TEMA: DEPENDENCIA EMOCIONAL
ALUMNAS: Mabel Katherine Martinez Ayquipa
Jharys Hernández Jiménez
ASESORA: Nelly Rodríguez Valdivia
CURSO: Internado I
Lima 2021
INDICE
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Introducción
Capítulo I: ASPECTOS GENERALES
1.1. Dependencia Emocional
1.1.1 Definición
1.1.2 Grados de Vinculación
1.1.3 Causas de dependencia emocional
1.1.4 Causas de dependencia emocional en niños
1.1.5 Síntomas de dependencia
1.2 Patrón de Dependencia.
Capítulo II: DEPENDECIA EMOCIONAL EN LA PAREJA
2.1 Definición
2.2 Fases de la relación
2.3 Características del dependiente emocional
2.4 Identifica un dependiente emociona
2.5 Identificar rasgo de dependencia emocional
Capítulo III: CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA
3.1 Consecuencia
3.2 Combatir la dependencia
3.2.1 Ejemplo de dependencia
3.2.2 Perfil de la pareja del dependiente
3.3 Abstinencia Emocional
Capitulo IV: INTERVENCIÓN TERAPEUTICA
4.1 Intervención terapéutica emociona
4.2 Intervención terapéutica cognitivo
4.3 Intervención terapéutica nivel interpersonal
Capítulo V: Conclusión
5.1 Bibliografía
INTRODUCCION
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El hecho de que una persona tenga dependencias emocionales es un factor muy
perjudicial para ella misma, ya que el bienestar, la tranquilidad y su felicidad deja de
depender de ella, pasando a depender de otra persona, colocando un obstáculo a la
hora de expresar sus sentimientos o deseos.
La dependencia emocional es aquello que ocurre cuando una persona fomenta un lazo
afectivo desproporcionado que termina en adicción hacia la otra persona, bien sea su
pareja, un familiar, incluso con amigos. En algunos casos es más complicado salir de
esta situación puesto que esa dependencia puede venir alimentada por la otra
persona, volviéndose así un ciclo.
Siempre solemos escuchar aquella frase de “Es mi media naranja”, alegando que una
mitad no es nada sin la otra, cuando la realidad no es así. Si bien es cierto, en las
relaciones de pareja una persona viene a complementar a la otra, pero siempre
habiendo un balance y esto no quiere decir que toda la carga debe recaer sobre una
de las dos, cada persona tiene un sinfín de habilidades, destrezas, conocimientos e
incluso talentos donde de seguro puede valerse por sí misma.
CAPITULO I ASPECTOS GENERALES
1.1 Dependencia emocional
1.1.1 Definición
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La dependencia emocional, recibe diferentes denominaciones en la
literatura, artículos académicos y en los libros de autoayuda. Pese a las discrepancias
en cuanto a la terminología empleada, la mayoría de los autores coinciden en los
supuestos básicos y en las características definitorias de esta problemática.
La dependencia emocional es un patrón psicológico que incluye, necesidad de que
otros asuman la responsabilidad en las principales parcelas de su vida, temor a la
separación de las personas, dificultades para tomar decisiones por sí mismos,
dificultades para expresar el desacuerdo con los demás debido al temor a la pérdida
de apoyo o aprobación, se siente incómodo o desamparado cuando está solo debido a
sus temores exagerados a ser incapaz de cuidar de sí mismo y preocupación no
realista por el miedo a que le abandonen y tenga que cuidar de sí mismo.
Las personas con dependencia emocional suelen tener o iniciar relaciones poco sanas
y tienen sentimientos excesivos y poco adaptativos de temor a que la relación se
acabe en algún momento.
Es común que estas personas no piensen en sus necesidades, que se anulen a sí
mismos a favor de su pareja, familia o amistades y tienden ser muy sensibles a la
aprobación de sus actos por parte de estas personas.
El autor más representativo en la materia es Jorge Castelló. Este autor habla
explícitamente de dependencia emocional, y su manual es uno de los más citados a la
hora de referirse a la dependencia emocional. Walter Riso emplea el término apego
afectivo, haciendo hincapié con este siguiendo la línea de la teoría del apego, el
vínculo afectivo que el dependiente reproduce en sus relaciones de pareja es el de tipo
ansioso-ambivalente, caracterizado por una marcada inseguridad y ansiedad ante la
separación. En las relaciones se evidencia en lo siguiente: continua necesidad de
saber que es amado por su pareja, búsqueda incesante del candidato a pareja y
selección precipitada del mismo, miedo a no ser querido, miedo a la pérdida de su
pareja e ideas contradictorias sobre el amor.
1.1.2 Grados de vinculación
Vinculación afectiva adecuada: amor sano, consistente en dar y recibir.
Vinculación afectiva exagerada (por defecto): la persona es incapaz de establecer
lazos con otras personas, mostrándose fría, distante y hostil.
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Vinculación afectiva exagerada (por exceso): característico de la dependencia
emocional, el vínculo que se establece con la pareja estaría desvirtuado por una
excesiva necesidad de afecto con el fin de compensar sus carencias afectivas.
La dependencia emocional en psicología es la dependencia afectiva o sentimental
que consiste en una serie de comportamientos adictivos que se dan en una relación
interpersonal donde existe una asimetría en el rol que asume cada persona.
La necesidad de afecto básica que todo ser humano necesita se convertirá en
dependencia emocional cuando las conductas que desplegamos para satisfacerla
sean patológicas y desproporcionadas.
Las fortalezas y la autoestima actúan como un factor de protección frente a la
dependencia emocional.
De esta forma, la persona dependiente muestra un patrón persistente de necesidades
emocionales insatisfechas que se intentan cubrir de una forma desadaptativa con otras
personas.
Por tanto, se trata de una necesidad afectiva extrema hacia la pareja sentimental; de
forma similar que un drogadicto necesita su dosis sí o sí, la persona dependiente
necesita a la persona de la que depende y es que en la dependencia emocional
operan similares mecanismos de refuerzo positivo como en otras adicciones, que
acaban generando dependencia psicológica casi incontrolable en el sujeto.
En algunas ocasiones, la dependencia emocional se apoya en los tópicos del amor
romántico que dibujan un intercambio de afecto asimétrico y disfuncional donde se
idealiza al otro miembro de la pareja y aparecen ideas de complementariedad.
Un ejemplo de esto es el mito de la media naranja: pensamos que somos seres
incompletos hasta que aparece nuestra media naranja, la persona que rellena la parte
que nos falta.
Hay autores como Rodríguez-Franco que han observado y relatado que el origen de la
dependencia emocional se podría situar en las etapas del final de la adolescencia y del
inicio de la juventud, período muy crítico en el que se vive el despertar de las
relaciones de pareja. En estos momentos la entrega incondicional a la otra persona y
la influencia de los mitos románticos incrementan la probabilidad de establecer una
relación de dependencia en la pareja.
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En la dependencia emocional se emplea el término objeto, que proviene del
psicoanálisis. Definidos como narcisistas y dominadores. Otras terminologías
utilizadas son las de dependencia sentimental o afectiva: términos que al igual que el
de dependencia emocional ponen de relieve que se trata de una problemática
relacionada con el mundo de los afectos. Todos ellos con un denominador común:
necesidad excesiva de afecto. Dejando a un lado la confusión terminológica, cabe
destacar que la mayoría de las teorías elaboradas, han surgido de la práctica
terapéutica, pero carecen de rigor científico. Los estudios son prácticamente nulos,
esto puede ser debido a la dificultad de abordar un fenómeno tan complejo y
resbaladizo como es el tema de los sentimientos y los afectos. A su vez, vivimos en
una sociedad que mitifica el amor, y hace que veamos como normales
comportamientos que distan de la normalidad, debido al malestar que generan en las
personas que los realizan. Además, la falta de consenso entre los profesionales de la
Psicología, en cuanto a su definición, etiología, o similitud con otros constructos,
dificulta aún más su investigación. Por último, es frecuente encontrar textos en los que
se refieren a la dependencia emocional como un trastorno de personalidad, pero esto
es erróneo, ya que no se encuentra recogido como tal en ningún manual diagnóstico
como el DSM-IV o el CIE-10. Siguiendo la consideración de que no es un trastorno,
etiquetar la dependencia emocional como crónica y estable sería bastante débil, ya
que no hay ninguna prueba ni estudio al respecto; pudiendo perpetuarse el problema
no por su cronicidad, sino porque en muchos casos la persona no es consciente del
problema, y por tanto, no puede poner en marcha los medios necesarios para atajarlo.
Como en otros problemas de índole psicológica, el primer paso para solucionarlo es
pues, ser consciente de ello. La consideración de crónico puede ser peligrosa porque
de ser entendido de esa manera, la persona que lo padezca puede pensar que su
problema se puede paliar, pero no superar, conformándose con relaciones inestables y
destructivas, ya que siempre va a ser así. La palabra crónico cierra la puerta al
cambio, y en este caso de manera injustificada ya que no hay evidencia científica de
que sea así.
Debido a ciertas similitudes que comparten con la dependencia emocional, los
conceptos que se definen a continuación son confundidos y empleados de forma
incorrecta, incluso entre los propios profesionales que atienden en su consulta a los
pacientes. No obstante, son diferentes y hay que saber discriminarlos para poder
tratarlos de forma correcta:
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SOCIOTROPÍA: La dependencia emocional y el intenso temor al rechazo, se dan en
el ámbito de las relaciones interpersonales, no exclusivamente en la relación de
pareja. Son personas con gran predisposición a padecer trastornos depresivos.
BIDEPENDENCIA O DOBLE DEPENDENCIA: la persona presenta dos dependencias
simultáneas. Por ejemplo, a la pareja y a las sustancias tóxicas.
CODEPENDENCIA EMOCIONAL: personas con gran necesidad de agradar. Suelen
buscar por pareja, personas con problemas (como adicciones a sustancias, alcohol,
ludopatía, etc.) o débiles en algún sentido. Tienen una excesiva necesidad de
garantizar el bienestar de su pareja, asumiendo la pesada carga de sus problemas
como suyos y tratando de resolverlos. Priorizan tanto el cuidado del otro, que lo
anteponen a sus propias necesidades. Con lo cual, a lo largo de la relación la falta de
equidad produce en el codependiente malestar y resentimiento. El rol que adopta el
codependiente es el de cuidador/salvador de su pareja.
DEPENDENCIA INSTRUMENTAL: La dependencia se produce en el ámbito
económico o material, no en el de los afectos.
TRASTORNO POR DEPENDENCIA: Necesidad excesiva de cuidado y protección en
varios contextos. Su necesidad no se circunscribe exclusivamente al ámbito de las
relaciones de pareja, pudiendo depender de varias personas significativas. Presentan
características comunes con la dependencia emocional tales como: comportamientos
de sumisión y subordinación, miedo a la soledad y al abandono, adopción de una
posición inferior en las relaciones, y pueden soportar maltrato físico o verbal, con tal
de seguir dependiendo de las personas. Pero en su caso, esto se debe a que son
personas poco autónomas, que se sienten incapaces de valerse por sí mismas en la
vida cotidiana.
Necesitan estar sobreprotegidos y con una ayuda constante de los demás para tomar
decisiones y asumir sus responsabilidades. Carecen de iniciativa y son dóciles. La
diferencia fundamental radica en lo siguiente:
En el trastorno por dependencia: se tiene una personalidad dependiente, y falta de
funcionalidad de manera independiente.
En la dependencia emocional: se depende de la pareja para cubrir carencias afectivas.
Pese al malestar y al sufrimiento que la relación les cause se sienten incapaces de
dejarla, siendo los intentos nulos o fútiles.
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1.1.3 Causas de la dependencia emocional
El desarrollo de la dependencia emocional se debe a la presencia de
diversos factores, se han formulado distintas hipótesis acerca de cómo se origina esta
modalidad de interrelación, algunas hacen hincapié en la presencia de relaciones
afectivas adversas en la historia vincular de estas personas, y otras hacen referencia
al sistema de creencias compartidas por el contexto sociocultural occidental. Todo esto
no significa que una persona dependiente no haga cosas por sí mismo, lo que ocurre
es que necesita el apoyo o la aprobación de otra persona para reforzar su
autoeficacia.
Las causas más destacables del desarrollo de la dependencia emocional se
resumen a continuación.
BAJA AUTOESTIMA Este es el factor fundamental y el más habitual que
observamos como causante en las personas dependientes. Este tipo de persona
se desvaloriza sistemáticamente. Se muestran muy críticos consigo mismos y con
su forma de ser, hasta el punto de sentirse inferiores y culpables, incluso, del
menosprecio que puedan recibir por parte de sus parejas sentimentales. De esta
manera aparece un sentimiento de inferioridad e inutilidad perjudicial para ellos y
para la relación.
MIEDO A LA SOLEDAD Las personas dependientes son personas que no saben,
no quieren y no conciben vivir solas. Para ellos la soledad no tiene cabida y por
eso necesitan estar acompañados en todo momento sin importarles la calidad de la
compañía elegida y por consiguiente la calidad de la relación. La frase “mejor
solos, que mal acompañados” no va con ellos. Empalman una relación sentimental
con otra, sin pasar meses ni años sin pareja sentimental estable. Son los eternos
emparejados. No saben lo que es estar soltera.
ESTADO DE ÁNIMO NEGATIVO. Es habitual encontrar comorbilidad de la
dependencia emocional con cuadros de ansiedad y/o depresión.
TÓPICOS DEL AMOR ROMÁNTICO La dependencia emocional se apoya en los
mitos en torno al amor romántico, que dibujan un intercambio de afecto asimétrico
y disfuncional, donde se idealiza a un miembro de la pareja y las expectativas
acerca de ésta se nutren de creencias irracionales. Algunas de estas ideas
compartidas giran en torno a la unidad total, a la complementariedad o mito de “la
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media naranja”, a la omnipotencia del amor o la justificación de los celos, por
ejemplo.
SOBREPROTECCIÓN PARENTAL Las conductas de sobreprotección por parte de
algunos cuidadores principales constituyen una modalidad de vinculación que no
ofrece a los niños la capacidad de desarrollar su autonomía, una carencia que
interfiere en la construcción de su propia identidad. Y, una vez se han generado
unos patrones de vinculación determinados, éstos tienden a mantenerse a lo largo
del tiempo y a generalizarse a otros tipos de relación. De esta forma, la
dependencia emocional de los progenitores que no ha sido bien tramitada, puede
convertirse en el detonante de una relación de pareja disfuncional.
DIFICULTADES DE REGULACIÓN EMOCIONAL Hay autores que apuntan al
hecho de que se ha producido un claro descenso en la competencia emocional de
los individuos. Un ejemplo de ello es el incremento en la tasa de problemáticas
como la ansiedad, la depresión o profundos sentimientos de aislamiento,
insatisfacción o dependencia, todas ellas vinculadas a un intenso malestar, un “yo”
inestable y un miedo a la introspección que convierten al otro en la fuente de
bienestar e identidad personal.
VULNERABILIDAD COGNITIVA Las representaciones que un individuo ha
elaborado sobre sí mismo y los demás (“Modelos Operativos Internos”) son
desarrolladas a partir de experiencias afectivas repetidas con figuras relevantes, es
decir, están marcados por el estilo de apego. Estos modelos son usados para
predecir el comportamiento del otro, actúan como un filtro que influye en la
interpretación de las interacciones personales y guían dicha interacción de manera
consciente e inconsciente. En sujetos dependientes, los esquemas cognitivos
encontrados evidencian creencias sobre la impredecibilidad a la hora de ver
satisfechas sus necesidades afectivas y la necesidad de evitar el malestar a
expensas de la realización personal.
CUIDADOS NEGLIGENTES Las experiencias vinculares infantiles marcadas por el
abandono, la apatía, el desgano o la indolencia de forma continuada, por parte de
los cuidadores principales, influyen en el desarrollo de esquemas desadaptativos
tempranos de desconfianza o abuso. Estos esquemas cognitivos y emocionales
están relacionados con un pobre autoconcepto, idealización, búsqueda de
necesidades insatisfechas en otras personas y uso de estrategias de sumisión
como forma de evitar el abandono.
1.1.4 Causa de dependencia emocional en niños
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En los niños se detecta porque presentan una actitud inmadura con
relación a los que les cuidan u orientan, ya que necesitan, de forma exagerada, la
presencia y la aprobación de una persona concreta a la que se pueda referir y con la
que se puede identificar.
La dependencia se intensifica por una educación sobreprotectora o que inculque
temor, por ejemplo un hijo puede desarrollar una dependencia emocional con su
madre sobreprotectora. Esta vinculación afectiva tan excesiva se correlaciona con
trastornos de apego.
En el fondo de una dependencia emocional elevada, se encuentra una baja autoestima
y un alto grado de inseguridad También hay un gran miedo a estar emocionalmente
solo, lo que repercute en la calidad de la pareja ya que lo que mantiene el vínculo de
pareja es un miedo persistente a que la relación se acabe.
Se puede identificar a las personas con dependencia emocional por conductas
(síntomas) como:
Baja autoestima y autodesprecio.
Buscan relaciones de pareja teniendo poco criterio, les faltan ser más
asertivos.
Tienen tendencia a depresión o ansiedad.
No asuman responsabilidades.
Dificultad en la toma de decisiones.
Inseguridades
Pueden tener problemas para hacer cosas por si solas.
Dispuesto a obedecer y ser subordinados de forma desproporcionada.
Poco adaptativa a nuevos entornos o situaciones.
Temor al rechazo y dificultad para dar su opinión. (Necesidad de agradar)
Dificultad para iniciar proyectos por su cuenta.
Falta de confianza en su propio juicio y capacidades.
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Dispuestos hacer tareas no deseables por mantener la relación de
dependencia.
Posición inferior en las relaciones
Puede soportar maltrato físico o verbal que puede dar pie al maltrato de
género, pensando que la persona con dependencia emocional consiente cosas
incondicionalmente.
La soledad les hace sentir muy incómodo.
No tienen la capacidad de salir de una relación tóxica.
Sensación de vacío, solo pueden llenar este vacío con otra persona.
Autoanulación, no suele pensar en sus necesidades.
1.1.5 Síntomas de la dependencia.
Existen algunos síntomas y signos que deben ponernos en alerta como
indicadores de una relación de dependencia emocional. Para evaluar la situación de
una pareja, podemos fijarnos en las siguientes características:
Se antepone el bienestar de la pareja y sus deseos
El dependiente actúa como si las necesidades, la comodidad y el placer de la otra
persona estuviesen por encima del suyo propio, y sólo disfruta a través de la otra
persona. Las propias necesidades quedan en un segundo plano y pueden llegar a
desatender sus obligaciones laborales o familiares.
Idealización del otro
La persona dependiente sobrevalora las cualidades de la pareja y no es capaz de ver
los aspectos más negativos, asumiendo que su pareja es maravillosa, perfecta y no se
equivoca nunca. Por ello, puede exigir a los demás un trato privilegiado hacia su
pareja.
Complacencia y evitación del conflicto
Las personas con dependencia emocional suelen pedirle perdón a su pareja cuando
ésta se enfada aun sabiendo que no son responsables del enfado, realizan actividades
displacenteras o inapropiadas sólo para agradar a su pareja, justifican los
enfrentamientos, críticas o infidelidades de su pareja como un mal menor.
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Angustia o miedo exagerado a la separación
El dependiente emocional siente una inmensa tristeza ante la posibilidad de que se
rompa la relación con su pareja, se agobia por la necesidad que tiene de estar
constantemente con ella y aparece un miedo irracional al abandono en forma de
sospecha permanente de que la otra persona está pensando en poner fin a la relación.
Baja autoestima
Las personas dependientes presentan una baja satisfacción con ellos mismos, se
someten a una desvalorización permanente, sienten no estar a la altura de su pareja y
piensan que las relaciones anteriores le resultaban más satisfactorias.
Modificaciones del comportamiento
En las personas dependientes aparecen cambios notables en la forma de ser y de
actuar al estar en pareja, pueden modificar su rutina y sus gustos, y llegar a inhibir
aspectos fundamentales de su personalidad. Así, la identidad puede llegar a diluirse al
adoptar posiciones de sumisión para mantener la cercanía del otro. También alteran
sus hábitos de ocio y organizan todos los planes junto a su pareja, a menudo según
los gustos y apetencias de ésta.
Muestras de afecto continuo
Las personas con dependencia emocional buscan indicios de cariño y necesitan
comprobar permanente el buen estado de la relación de pareja. También sufren
angustia y ansiedad si no reciben la atención que buscan, un elemento que erosiona
mucho la relación ya que esta necesidad es insaciable. Y, a pesar de los esfuerzos de
la pareja por satisfacer sus demandas de atención, pueden sufrir celos exagerados de
forma constante.
Sentimientos de culpa
Los sentimientos de culpa aparecen en la persona dependiente cuando la otra parte
no se siente satisfecha o contenta, no ha logrado agradar permanentemente a su
pareja o después de una discusión con ella. Los dependientes emocionales pueden
llegar a sentirse culpables de las desvalorizaciones recibidas e incluso de
comportamientos de maltrato.
Control del otro
Los dependientes necesitan controlar la vida de su pareja (móvil, WhatsApp, redes
sociales, etc.) para saber continuamente dónde o con quién está, pudiendo llegar a
desarrollar una obsesión, para asegurarse de que no van a perder a esa persona.
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Miedo a la soledad
Las personas dependientes emocionales con frecuencia prefieren sufrir por una
relación tóxica que atravesar una ruptura, ya que no se imaginan su vida sin la otra
persona, aparecen sentimientos de soledad y desamparo al estar sin pareja, y pueden
entrar en un bucle de intentos de recuperar la relación con su expareja. Si el vínculo se
rompe definitivamente, puede aparecer el “síndrome de abstinencia emocional”, un
síndrome asociado a cuadros ansiosos y depresivos ante una ruptura sentimental.
Ruptura con amigos y familiares
El dependiente tiende al aislamiento social, reduce la frecuencia de actividades de ocio
con personas allegadas, desatiende las relaciones personales y es frecuente que se
produzcan enfrentamientos, ya que el entorno sí percibe el sufrimiento y el impacto
psicológico que genera la relación y sus recomendaciones no son bien recibidas por la
persona dependiente.
2.1 Patrón de dependencia
Aunque muchas veces esta situación pueda ser transitoria, lo más habitual es que el
patrón de dependencia emocional en el sujeto se observe a lo largo de su vida y con
las diferentes parejas que tenga. Esta dependencia sentimental no hace referencia a
motivos materiales (como podría ser una dependencia de tipo económico), sino que
alude a la necesidad de amor y vínculo afectivo. Las personas que la sufren tienen un
gran miedo a estar solas y no pueden concebir su vida si no es al lado de una pareja
sentimental.
Resulta significativo que muchas de las personas que son dependientes emocionales
buscan parejas con un carácter dominante, con un perfil psicológico que tiende hacia
el egoísmo y el narcisismo, posesivas, autoritarias y déspotas. En algunos casos, el
dependiente emocional refiere haber sufrido algún tipo de maltrato físico o
psicológico por parte de su pareja, lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta el
perfil que hemos comentado. La persona dependiente tiende a idealizar a su cónyuge,
viviendo en una cierta sumisión hacia él.
La persona afectada es capaz de reconocer el maltrato y el menosprecio que sufre a
diario, pero no tiene la capacidad para dejar de estar ‘enganchada’ a su pareja. Pide
perdón incluso por cosas que no han hecho, con el fin de mostrarse tierno y sumiso
ante su pareja; para ganar su aprobación y amor. También pueden gastarse mucho
dinero en regalos y en general mantendrán una actitud de atenciones y gestos con los
que tener contenta a la pareja y satisfacerla en todo momento
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CAPITULO II: DEPENDECIA EMOCIONAL EN LA PAREJA
2.1 Definición
En la relación de pareja es necesario cierto nivel de dependencia. Si hay una
independencia total, no tenemos una relación equilibrada y nos puede llevar a la falta
de objetivos comunes.
Para que una pareja funcione adecuadamente, es importante un cierto grado de
dependencia emocional sana, pues si se funciona de forma completamente
independiente la relación puede terminar siendo disfuncional.
Sin embargo, si uno de los dos cónyuges tiene un alto grado de dependencia, se
convierte en una relación desequilibrada, pues la persona dependiente puede sentirse
inferior a su pareja sentimental y está dispuesta a obedecer a todo.
Incluso podemos citar que, las personas con alto grado de dependencia emocional,
eligen parejas explotadoras, narcisistas, manipuladoras, poco empáticas y poco
afectuosas, que creen poseer habilidades fuera de lo común y que parecen muy
seguros de sí mismos.
Estas relaciones desequilibradas se pueden tornar poco saludables con el paso del
tiempo, ya que puede pasar que la persona dominante incremente su autoridad hasta
tal punto que anule o maltrate al dependiente.
Cuando la relación llega a un punto de maltrato físico o psicológico, el dependiente
soporta desprecios, humillaciones y está dispuesto a obedecer a todo lo que propone
su pareja por el miedo a ser abandonado.
La persona afectada es capaz de reconocer el maltrato, pero no tiene la capacidad de
terminar la relación por estar “enganchada” emocionalmente a su pareja. La
dependencia puede conducir a una situación extrema de círculo vicioso, es decir, en
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un momento dado la relación termina rompiéndose; pero al poco tiempo el
dependiente intentará a recuperar su expareja incondicionalmente. Si la expareja
genera expectativas de reconciliación, el dependiente emocional reinicia la relación
como si no hubiera pasado nada.
Para el dependiente esta situación afecta de forma negativa a su autoestima, y a su
salud física y/o mental, pasando por síntomas de ansiedad, depresión o pensamientos
obsesivos. Pese al malestar y al sufrimiento que la relación les cause se sienten
incapaces de dejarla.
2.2 Fases de la relación
Inicio de la relación: Cuando conocen a alguien que les interesa sienten una
alegría, ilusión y entusiasmo desmedido. Fantasean y se crean expectativas de un
futuro al lado del otro. Esto ocurre pudiendo haber tenido incluso sólo un par de
citas. Aun así, rápidamente muestran su interés por el otro y sus deseos de
conocerle.
Fase de sumisión: Idealizan a la pareja y se someten a ella, como forma de
preservar la relación y evitar así la temida ruptura. El marcado desequilibrio
comienza aquí a hacerse patente, adoptando la pareja una posición superior y el
dependiente una posición inferior.
Deterioro de la relación: El desequilibrio se acentúa enormemente entre ambos
miembros de la pareja. El maltrato psíquico y/o físico produce en el dependiente un
gran malestar y sufrimiento. Como consecuencia de esto, sus sentimientos de
inferioridad e infravaloración se ven reforzados, por lo que al mismo tiempo que
baja su autoestima aumenta su necesidad extrema de afecto hacia el otro.
Situación que acompañada de un terrible miedo a la soledad, hace que su relación
se convierta en un círculo vicioso del cual les resulta muy difícil salir.
Ruptura: En caso de producirse la ruptura, lo más frecuente es que la iniciativa la
tome la pareja del dependiente. El dependiente tratará de reanudar la relación, a
pesar de lo tormentosa y destructiva que le resultase. Producida la ruptura el
dependiente emocional padece el síndrome de abstinencia, siendo este el
momento en el cual suelen acudir a terapia.
Concatenación de relaciones: Son relaciones intrascendentes, sin mucha
importancia para el dependiente, que sirven para paliar su soledad. Pueden
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concatenar este tipo de relaciones hasta encontrar a alguien que se ajuste a su
perfil de pareja (fría, hostil, distante). A su vez, pueden ser fruto de un intento del
dependiente por suplir la pérdida de su anterior pareja, de la cual no se acordarán
en cuanto tengan a otra persona en mente.
Reinicio del ciclo: En cuanto el dependiente encuentre a una persona que se ajuste
al perfil que busca, el ciclo se iniciará de nuevo. Y con ello, los comportamientos de
sumisión e idealización que no se observan en las relaciones de transición.
2.3 características del dependiente emocional
Baja autoestima: La cual se ve deteriorada en la relación de pareja.
Miedo a la soledad: Les produce incomodidad, malestar e incluso ansiedad. No
conciben la vida sin alguien a su lado. No les gusta la idea de estar a solas consigo
mismos.
Estado de ánimo disfórico: Sujeto al transcurso de la relación de pareja. Los
trastornos más prevalecientes, son la ansiedad y la depresión. Sentimientos
negativos como culpa, preocupaciones y sensación de vacío que solo pueden
llenar con la presencia de su pareja.
Lugar prioritario de la relación: Anteponen su pareja al resto de familiares, amigos,
obligaciones, etc. Dedican su tiempo, esfuerzo e incluso pensamientos a la pareja,
la cual es el centro de importancia, descuidando otros aspectos de su vida.
Necesidad de acceso continuo al compañero: Que se puede traducir en urgencia
por ver a la pareja o deseos de saber de ella, a través de llamadas telefónicas,
correos, etc. Para el dependiente lo ideal sería pasar el mayor tiempo posible con
su pareja. Esta necesidad de acceso tan voraz del dependiente puede resultar
agobiante e incómoda para su pareja.
Autoanulación: Renuncian a ser ellos mismos, con el fin de agradar a su pareja.
Pueden llegar incluso a aceptar realizar determinados actos que les parezcan
denigrantes, o no les reporten ninguna satisfacción.
Deseos de exclusividad: El dependiente deseará una exclusividad recíproca,
donde el centro de la vida del otro sea él. No dudan en aislarse del resto del
mundo para pasar más tiempo con su pareja.
Necesidad de agradar: No solo a su entorno cercano, sino también a los
desconocidos. Les preocupan las críticas y el rechazo del resto. Llevan a cabo
comprobaciones para asegurarse que los demás les acepten.
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Déficit de habilidades sociales: No tienen un adecuado desarrollo de la asertividad.
Sus conversaciones giran en torno al monotema que constituye su relación de
pareja.
Ocupar un papel inferior en la relación de pareja: Esto no excluye que pueda
suceder lo contrario, ya que también existe la dependencia emocional dominante.
2.4 Identificar a un dependiente emocional
Todas las personas tienen cierto nivel de dependencia afectiva y no hay que olvidar
que para relacionarse hay que tener un cierto grado de dependencia sana, si no, la
relación termina siendo disfuncional y terminamos funcionando de forma individualista.
El problema existe cuando una persona se deja controlar por esta necesidad de
aprobación.
2.5 Identificar rasgo de dependencia emocional
Hay algunas características en las que podemos fijarnos para evaluar si somos
propensos a establecer relaciones de dependencia, por ejemplo:
Tendencia a anular nuestros propios deseos al favor de la otra persona.
Necesidad de involucrar a la otra persona en todas nuestras actividades o pedir su
opinión ante cualquier decisión.
Si nuestra felicidad se centra en nuestra pareja.
Si nos resulta complicado defender una opinión opuesta a la opinión de la otra
persona.
Tener un miedo constante a perder a esta persona.
Sensación de malestar y sentimientos de culpabilidad cuando vamos a la contra de
la otra persona.
Dejarnos manipular con facilidad por esta persona.
Tendencia hacia el aislamiento social.
Sensación que las relaciones se convierten en una ‘montaña rusa’ de emociones.
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Los dependientes emocionales, muchas veces, no son capaces de darse cuenta de
los efectos que su dependencia tiene en su vida diaria. Estas personas tienen la
tendencia a buscar una pareja con unas características muy concretas, como:
Una autoestima elevada, ya que compensa la falta de autoestima de la persona
dependiente.
Un rasgo de manipulador, dominante o posesivo. Exigen cosas a su pareja, pero
no aplican estas mismas normas a ellos mismos.
Un rasgo narcisista de personalidad.
Personas frías y distantes.
Hacia el exterior tienen encanto y sentido del humor.
CAPITULO III: CONSECUENCIAS DE LA DEPENDENCIA.
3.1 Consecuencia
Entre las múltiples consecuencias que pueden aparecer ante una relación de
dependencia emocional destacamos estas:
Sentimientos negativos. Y es que la persona dependiente se siente mal y en la
mayoría de las veces es totalmente consciente de que la relación no es
satisfactoria, pero aun así es incapaz de salir del círculo, de romper el vínculo,
de superar el momento, lo que le lleva a sentirse peor.
Ansia por recibir cariño. Aguantar, ceder y justificar a la pareja aun teniendo un
comportamiento desagradable, a veces hasta violento, desconsiderado, poco
afectivo… Todo vale.
Persistencia a la hora de vincularse. Búsqueda desesperada de nuevas relaciones,
a veces como apoyo para salir de la pareja actual (ya hemos dicho antes que
la persona dependiente emocional no soporta la soledad) o como nueva pareja.
Aumento en el desgaste de energía.
Posesividad. Muchas de las personas que son dependientes emocionales tienden
a buscar parejas con un carácter dominante, posesivo, autoritarias, déspotas,
soberbias y con un perfil psicológico que tiende hacia el egoísmo y el narcicismo. Y
es que se sienten atraídos fuertemente por sujetos distantes, poco accesibles,
difíciles, fríos y muy poco afectivos. “Sé que no me conviene, pero no lo puedo
evitar”.
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Preferencia por las relaciones asimétricas. Relaciones basadas en la sumisión y la
subordinación. Las relaciones dependientes son relaciones desequilibradas donde
la persona dependiente acepta el rol de persona sumisa y obediente. Así, es muy
habitual observar que la persona dependiente crea y asuma firmemente y de forma
natural que su pareja es superior.
Ruptura con amigos y familiares. Enfrentamientos continuos con amigos y
familiares. En este tipo de relaciones dependientes es frecuente que el entorno
cercano empiece a aconsejar al dependiente de la situación psicológica en la que
está inmersa y de lo poco adecuado y beneficiosa que ven la relación. Lo habitual
es que el dependiente emocional no haga caso de lo que le dicen e insista en
defender su relación a toda costa, aquí es donde aparecen los enfrentamientos,
llegando incluso a reclamar a sus cercanos un trato especial hacia la otra persona.
Muchas veces, el dependiente quiere que todo su entorno reconozca que su pareja
es superior y que le colmen de alabanzas y respetos, lo que al no ocurrir, hace que
se mantenga el enfrentamiento y los conflictos.
Altruismo patológico. La persona dependiente empieza a abandonar sus
responsabilidades y actividades sociales, laborales y de ocio. El objetivo y la
prioridad de la persona dependiente es tener el tiempo necesario para complacer
las necesidades del cónyuge, lo que lleva a restar tiempo al resto de actividades.
La pareja es el centro del pensamiento de la persona dependiente, todo gira en
torno a ella y se priorizará sobre cualquier otra cosa.
Déficit de habilidades sociales. Al centrarse tanto en su pareja e ir abandonando
otras relaciones de amistad, la persona dependiente empieza a tener cierta
dificultad para relacionarse con otras personas, sus habilidades sociales se ven
mermadas.
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3.2 Combatir la dependencia
El primer paso es conocer y aceptar nuestros rasgos de personalidad y hacernos
conscientes que esta situación emocional no es sana a largo plazo.
Si reconoces que puedes ser una persona emocionalmente dependiente, te
aconsejamos redactar una lista de aquellas cosas que haces por amor o cariño y que
no te perjudican como persona y otro listado de aquellas cosas que haces o aguantas
por el rasgo de dependencia emocional y si influyen muy negativamente en tu salud y
bienestar.
Valora si has dejado de lado otras relaciones o amistades importantes, si has
cambiado tus actividades de forma drástica al favor de la otra persona, etc. También
debes pensar si estás siendo tratado correctamente en esta relación o has
experimentado sufrimiento.
La dependencia emocional se evita cultivando el amor propio y el autoconocimiento.
Ésta es la clave para generar relaciones saludables con uno mismo y con los
demás. Encontrar a la persona adecuada supone también prepararnos nosotros para
una relación.
3.2.1 Ejemplo de dependencia.
María siempre había sido una niña tímida, introvertida y con la
autoestima algo baja. No se sentía muy agraciada físicamente hablando y su forma de
ser tan sensible, callada y dulce no hizo que tuviera muchos amigos en el colegio, ni
fuera la más popular.
Empezó a sentir interés por los chicos a los 14 años de edad, ella siempre había
fantaseado con encontrar a su príncipe azul, la idea de encontrar y vivir el amor
romántico como en las películas que veía y en las novelas que leía era uno de sus
objetivos fundamentales y es que María creía en el amor “verdadero”, en el amor para
toda la vida.
Recién cumplidos los 20 años y mientras estudiaba la carrera de farmacia María
conoció y se sintió profundamente atraída por Luis, Luis era un hombre más mayor
que ella, un abogado amigo de su familia, un hombre que en ese momento le producía
admiración, seguridad, poder y una fascinación hasta ahora jamás experimentada por
ella. Se enamoró profundamente de él.
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Ella pensaba que el destino les había unido, que era una especie de regalo de Dios y
por ello decidió entregarle su vida. Así empezaron una relación sentimental que duró
13 años.
Durante ese tiempo, ella reconoce que fue manipulada, que dejó de ser ella misma
para ser un clon de su pareja o de lo que ella consideraba que su pareja quería, dejó
de salir con sus amigos de manera habitual, ni siquiera acudía a las citas puntuales de
sus grupos de amigos como cumpleaños, cenas de navidad, bodas… no acabó la
carrera que estaba estudiando ya que empezó a trabajar con él y para él, cambió su
estilo de vestir, dejó de escuchar la música que antes oía, empezó a comer diferente,
su ocio cambió… ella adoptó una posición sumisa en la relación con el único objetivo
de mantenerla ya que imaginarse la vida sin él era la desgracia más horrible del
mundo.
Así María se fue alejando de su familia y de sus amigos íntimos y es que sus padres,
sus hermanos y amigos no entendían el cambio tan radical en ella y tras intentar
hacérselo ver, ella no cedía e incluso se sentía incomprendida y abandonada por los
suyos. “¿No queréis que sea feliz?”, “¿es qué no os alegráis por mí?”, “¿acaso será
que os da envidia?”...
Finalmente María y Luis se casaron y antes y después de la boda María fue
consciente de varias infidelidades y comportamientos irrespetuosos que ella aceptó.
María no decidía prácticamente nada en la pareja, viajaban donde él quería, cenaban
en los sitios que él elegía, veían las películas que él decidía… Hasta la decisión de no
tener hijos (algo que ella siempre había querido) la asumió sin quejarse, ni atreverse a
proponer lo contrario.
De esta forma, María se convirtió en una mujer sumisa y triste, lo que le llevaba a
sentirse culpable y avergonzada; pero el miedo a la soledad y a pensar que nadie la
podría querer, hacían que no fuera capaz de romper la relación.
Después de aguantar muchos desprecios y ceder en situaciones importantes de su día
a día, se dio cuenta que no era feliz y que no llevaba la vida que quería llevar.
Vislumbraba una luz al final del túnel, así que tomó la dura decisión de dejar a Luis.
Los meses siguientes fueron un infierno, estuvo sumida en el llanto, el dolor, su cuerpo
temblaba, adelgazó mucho… pero finalmente se encontró con ella misma, pudiendo
empezar de cero, aprendiendo del pasado.
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3.2.2 Perfil de la pareja a la que se vincula el dependiente emocional
Autoestima elevada: Son personas con un autoconcepto positivo, en ocasiones por
encima de lo normal. Se sobrevaloran a sí mismos, y menosprecian al dependiente.
Son egocéntricos, soberbios y arrogantes.
Rol dominante: Adoptan en la relación de pareja una posición superior,
reforzándola a través de comportamientos explotadores, hostiles y despectivos
hacia el dependiente. Se muestran fríos, distantes, y con escaso interés hacia la
pareja. Aprovechan su estatus superior para descargar sus frustraciones sobre el
dependiente, pudiendo incluso recurrir a la violencia física o verbal como
humillaciones, menosprecios y otros comportamientos denigrantes.
Muestran poco afecto por su pareja pudiendo ser manipuladores, mentirosos y
posesivos. Exigen exclusividad y fidelidad por parte de su pareja, pero para ellos
mismos desde su posición dominante no se aplican las mismas normas, siendo
frecuentes los devaneos amorosos con terceros. Son conocedores del intenso
miedo a la ruptura de su pareja, lo cual pueden utilizarlo como una baza a su favor.
Es frecuente que padezcan el trastorno narcisista de la personalidad: caracterizado
por una exageración patológica de la autoestima e infravaloración de los demás.
En el que se utiliza a las personas para alimentar su propio ego.
Habilidades sociales: Tienen un cierto encanto interpersonal, son ingeniosas y
tienen sentido del humor.
Este tipo de personas son consideradas interesantes e idealizadles por el
dependiente emocional. Mientras que las que no son así pueden resultarles
aburridas, con las cuales suelen mantener relaciones de transición, hasta que
encuentran a alguien interesante.
No obstante, no siempre tienen por qué darse estas características en la pareja.
Puede ocurrir que el dependiente emocional con su forma de relacionarse, sus
comportamientos y actitudes, evoque y facilite en el otro la aparición de
comportamientos dominantes, hostilidad y pocas muestras de afecto, entre otras
características. Pudiendo comportarse esa persona de modo completamente
diferente con otras parejas sin dependencia emocional, ya que estas no suscitarían
en él dichas respuestas.
3.3 Abstinencia emocional
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Lo normal sería que el fin de una relación perjudicial fuese como una bendición,
pero para el dependiente emocional se convierte en un auténtico suplicio. Siendo
los siguientes síntomas algunos de los más frecuentes:
Pensamientos obsesivos en torno al antiguo compañero. Recordando los
momentos buenos de la relación y relegando al olvido los momentos
tormentosos.
Pese al dolor, sufrimiento y humillaciones que soportasen en la relación,
sienten una fuerte y compulsiva necesidad de tener contacto con la expareja.
Angustia, desesperación, ansiedad.
Constantes ganas de llorar, tristeza e incluso depresión.
Múltiples intentos de retomar la relación, aunque estos supongan atentar contra
su propia dignidad, siendo lo más importante llenar el vacío y apaciguar la
soledad que la ruptura les ha producido.
Dificultad para conciliar el sueño.
Si la expareja se pone en contacto con el dependiente emocional y le genera
expectativas de reconciliación, aunque sean mínimas, todos estos síntomas
desaparecerán automáticamente.
El dependiente emocional experimenta el síndrome de abstinencia,
independientemente del miembro de la pareja que propiciase la ruptura, lo que
variará, eso sí, será la intensidad. Si este periodo se gestiona de forma
adecuada, los síntomas remiten con el paso del tiempo.
En cuanto a la duración, puede ser de meses o incluso años, depende de la
persona y de la relación. En este sentido, cabe señalar que tanto como para
superar el síndrome de abstinencia, como para que no se produzcan recaídas,
es fundamental evitar cualquier tipo de contacto con la expareja. Esto implica,
que se ha de intentar no verse personalmente, así como evitar las llamadas
telefónicas, correos, mensajes, etc.; lo cual le resulta bastante difícil debido a
sus deseos irresistibles de volver al lado de la expareja.
A causa del malestar que conlleva el síndrome de abstinencia, la persona
puede optar por:
Querer retomar la relación: se puede observar como en estas relaciones son
frecuentes las constantes rupturas y posteriores reconciliaciones.
Encontrar una nueva persona: que llene el vacío que ha dejado la expareja, la
cual pasará al más absoluto olvido.
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A corto plazo, el intenso malestar desaparece, pero de estas dos formas el
problema no se supera, con lo que ello conlleva: vivir el amor no como algo
placentero, sino desde el sufrimiento.
CAPITULO IV: INTERVENCIÓN
Las dependencias emocionales se definen como problemas relacionales reflejados en
comportamientos adictivos en la relación interpersonal. Estas conductas se basan en
una asimetría de rol y en una actitud dependiente en relación a la pareja.
Si el paciente cumple los indicadores señalados previamente,
como psicoterapeutas estamos ante un caso de dependencia emocional. Para ello, la
intervención terapéutica debe centrarse en tres ejes fundamentales del funcionamiento
de la persona.
4.1 Intervención Terapéutica a nivel emocional
Un objetivo primordial de la intervención es que el paciente desarrolle un
suministro emocional interno, es decir; no satisfaga necesidades afectivas
únicamente en focos externos, sino que trabaje con el interior de la persona para
que sea capaz de ver que ella misma puede darse afecto y satisfacer sus
necesidades.
El manejo de emocionalidad negativa como la soledad, el fracaso o el rechazo
serán primordiales para empezar a consolidar un funcionamiento emocional más
adaptativo. Recuperar la sensación de control sobre sus propios estados
afectivos. Generar responsabilidad emocional.
Incrementar la generación de emociones positivas hacia su propio self; tales
como la comprensión, la aceptación o la empatía. Lograr niveles adecuados de
autoestima y reducir los niveles de emocionalidad negativas hacia el yo
4.2 Intervención Terapéutica a nivel cognitivo
Detectar posibles creencias distorsionadas sobre su auto concepto o sobre las
pautas relacionales.
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El autoengaño se presenta como distorsión cognitiva, con idealizaciones y
fantaseo excesivo al comienzo de la relación, generando sobre implicación
emocional, manipulación emocional adaptativa, mecanismos de negación y
estrategias de afrontamiento evasivas.
Para Ellis, (citado por Muñoz, 2002) el sentimiento de insatisfacción en
las relaciones dependientes tiene que ver con expectativas poco realistas sobre
las relaciones o las características que debería tener una pareja.
El trabajo a este nivel a través de la reestructuración cognitiva supone un pilar
fundamental en el abordaje de esta problemática.
4.3 Intervención Terapéutica a nivel interpersonal
Implementar cambios en las pautas de relación generando que el paciente se
relacione en otros ambientes más allá de la pareja.
Entrenamiento en habilidades sociales, focalizado sobre todo en pautas de
comunicación asertivas.
Funcionamiento de la relación en pareja entendida no como una simbiosis, si no
como una complementariedad.
La dependencia emocional está asociada con la forma, la calidad y la capacidad
que tiene una persona para establecer vínculos afectivos con otra.
Este patrón relacional se encuentra estrechamente ligado a situaciones de
apego y a carencias afectivas sufridas desde la infancia, que ya en la edad
adulta lleva a la búsqueda de personas que brinden una sensación de seguridad
y protección. El miedo a perder ese soporte constituye una de las principales
características de la dependencia emocional.
Las personas con dependencia emocional suelen establecer relaciones afectivas
desequilibradas que tienden a convertirse en patológicas llevándolas a asumir
un rol de sumisión frente a la pareja, a la idealización y a la subordinación hacia
los deseos del otro. Los dependientes emocionales establecen relaciones que
no llenan el vacío emocional que sienten, simplemente lo atenúan, por lo que no
resultan relaciones satisfactorias y a la larga se conducen a la ruptura o a la
depresión, y es en este punto donde quienes padecen de dependencia
emocional acuden a terapia psicológica.
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El tratamiento psicológico no resulta sencillo, ya que el dependiente debe tomar
conciencia de su problema, debe enfrentarse al cambio y a las heridas del
pasado como una forma de modificar estructuralmente su concepción de vida.
Debido a esto, el problema debe ser abordado desde una perspectiva biológica,
psicodinámica, interpersonal, afectiva y cognitivo-conductual.
Un tipo de terapia que ha resultado efectivo para el tratamiento de la
dependencia a sustancias y al juego es la terapia breve, la cual también puede
resultar útil para el tratamiento de la dependencia emocional, ya que está
asociada a otro tipo de dependencias.
Dentro de la terapia breve hay dos enfoques psicológicos que pueden ser
utilizados para el abordaje desde las perspectivas ya mencionadas, estos
enfoques son: el centrado en soluciones y el cognitivo – conductual.
Por un lado, un enfoque aporta la búsqueda de soluciones desde la propia
persona y sus recursos, mientras que el otro se enfoca en la modificación de
conductas dependientes, que ya en su combinación ambos aportan una
intervención integral que facilita 3 el alcance de los objetivos terapéuticos y el
cambio en la forma de relacionarse sin que el amor constituya ya una trampa.
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CONCLUSIÓN
o Las relaciones sentimentales que se constituyen a lo largo de la vida permiten
que cada persona establezca vínculos de confianza, comparta las experiencias
de la vida, encuentre la compañía necesaria para sentirse apoyado,
correspondido y lo suficientemente protegido para entablar un plan de vida con
su pareja, el apego a una persona en una relación es una condición inevitable y
usual.
o Sin embargo en algunas ocasiones los seres humanos intentan reemplazar
aquello que les falta con una persona, depositan las inseguridades y sienten la
capacidad de alcanzar metas sólo con una pareja de su lado.
o la dependencia emocional son condiciones psicológicas que orillan a una
relación a conservarse unida a pesar de que ésta ya no satisfaga a alguna de
las partes ni mantenga la tranquilidad y felicidad que proporciona una
pareja. Durante la adolescencia cuando la relación es dependiente,
los jóvenes establecen relaciones irrompibles y tormentosas, donde
constantemente se dañan psicológicamente: son posesivos, celosos, tienen
baja autoestima, no socializan y convierten su romance en el centro de su vida;
en ocasiones la situación llega a agraviarse y se recae en la violencia, aunque
ya está implícita la psicológica o verbal, se puede llegar a la física.
o La mejor manera para evitar este tipo de condiciones es promover
una educación emocional a los jóvenes es común pensar que sólo deben
recibir información académica, o la sexual que tiene poco que se exige, es
importante comunicar que en esta etapa se pueden enfrentar a un sin número
de problemas emocionales que los afectan y que desarrollan problemas
psicológicos a lo largo de su vida. Fomentar que exista comunicación y ayuda
al respecto evita que los adolescentes sean incapaces de sobreponerse ante
las circunstancias y conocer las consecuencias de
una relación dependientemente emocional.
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BIBLIOGRAFIA
Castelló Blasco, J. Dependencia emocional: características y tratamiento.
Castelló Blasco, J. La superación de la dependencia emocional.
Castelló Blasco, J. El miedo al rechazo en la dependencia emocional y en el
trastorno límite de la personalidad.
Congost. S. Manual de dependencia afectiva.
Congost. S. Cuando amar demasiado es depender.
[Link]
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