MÉXICO ANTIGUO
EL POPOL VUH, EL LIBRO
SAGRADO DE LOS MAYAS
Los mitos existen desde el inicio de la civilización maya como una
herramienta para explicar acontecimientos excepcionales y poder transmitirlos
de generación en generación. A raíz de estas narraciones se ha concedido
importancia a rituales y ceremonias dedicados a conmemorar dichos sucesos
del pasado, especialmente los cambios de ciclos y la renovación del cosmos.
Se produce así la irrupción de lo sobrenatural en el mundo real con el
propósito de fundamentar su existencia, y mediante la repetición del mito y de
su consecuente ritual, todo ello se torna creíble.
El Popol Vuh, pues, es un texto poético compuesto de mitos en el que se relata
la historia del nacimiento del sol y de la fundación del tiempo. Es una obra
anónima escrita en maya, pero con letras latinas sobre el 1554; es decir, unos
treinta años después de la llegada de los conquistadores españoles a la región
maya-quiché de Guatemala, que es donde fue compuesta. Hay teorías que
afirman que es una obra con influencias bíblicas y cristianas o bien que es una
producción cristiano-europea con influencias nativas dado los numerosos
paralelismos que se pueden establecer entre los primeros capítulos y la
creación del tiempo con el Génesis bíblico.
Los principales temas del Popol Vuh son, en primer lugar, el mito de la
renovación del cosmos y las diversas pruebas llevadas a cabo por los dioses
hasta lograr un mundo en el que los hombres los adoren; en segundo lugar, la
creación del tiempo gracias a la aparición de los gemelos divinos y, en tercer
lugar, la creación definitiva de los hombres y la historia del linaje quinché.
Dentro de estos tres grandes temas podemos encontrar también algunos
destacados como el origen de los dioses, la muerte y la resurrección, el culto a
la naturaleza y los ancestros, el poder de la magia, las ofrendas y ritos de
sangre, el rol de la mujer, las jerarquías sociales o la guerra.
Esta obra estaba concebida para ser recitada o representada entre la población
en motivo de celebraciones como medio de representación de unos mitos y
creencias religiosos. Además, las narraciones muestran situaciones lideradas
por unos actores que protagonizan hazañas y aventuras con las que logran las
transformaciones constantes a las que da tanta importancia la civilización
maya como, por ejemplo, la eras del tiempo. A su vez, comunica una noción
de corresponsabilidad humana en la perpetuación del mundo, es decir, según
el Popol Vuh en el momento en el que los hombres creados son sujetos activos
del proyecto de los dioses. Pero estos, con el objetivo de que no pudieran ver
tanto como ellos, les echaron un vaho sobre los ojos, razón por la que el ser
humano solo pueden ver lo que tiene cerca, perdiendo así una sabiduría y
conocimientos que los habrían equiparado a los mismos dioses. Aun así cabe
destacar que, para esta obra, el ser humano es la creación más perfecta de los
dioses.
La herencia del Popol Vuh continúa presente entre los actuales mayas. No son
pocos quienes relatan con añoro los mitos y leyendas del libro sagrado. De
hecho, los valores que el libro transmitía siguen vigentes entre la civilización
maya, que sigue abanderando el respeto a la naturaleza y la tración. Porque, en
definitiva, su cuidado sigue siendo responsabilidad del ser humano, la
creación más perfecta de los dioses.
“Según el libro sagrado del Popol Vuh, el hombre maya fue hecho de maíz surgido de la amarilla
fecundidad de la mazorca, sostenida por la mano del bacab del sur. Ante la mirada de las estrellas
que enjoyan la noche en la mano blanca del bacab del norte. El occidente, tumba del sol y cuna de
los vientos malos, simboliza a la guerra. A los animales de la noche, al hambre y a la muerte, su
bacab es negro. Rojo es le bacab del oriente, de donde vienen las lluvias olorosas para las grandes
cosechas, que dan vida al hombre en las ciencias y las artes”.
El Popol Vuh es sin lugar a dudas el más importante de los textos mayas que se conservan.
Se distingue no sólo por su extraordinario contenido histórico y mitológico, sino por sus
cualidades literarias, las que permiten que se le pueda colocar a la altura de grandes obras
épicas como el Ramayana hindú o la Ilíada y la Odisea griegas. Como éstas, el Popol Vuh no
es un simple registro histórico, es a final de cuentas –como bien ha dicho Alan J. Christenson,
autor de un reciente estudio y una traducción del texto quiché– una declaración universal
sobre la naturaleza del mundo y el papel del hombre en él.
El contenido se puede dividir en los siguientes apartados:
La creación. En la primera parte del Popol Vuh, los dioses hacen surgir del mar primordial
los valles y las montañas, y crean las plantas y los animales. Deciden crear a seres que los
veneren y les hagan ofrendas. Los tres primeros intentos fracasan; en el primero las criaturas
son los animales de cuatro patas y las aves, pero como son incapaces de hablar deciden hacer
un segundo intento. En éste forman una criatura de lodo, pero ésta se disuelve al mojarse. En
el tercer intento hacen hombres de madera, pero éstos son incapaces de venerarlos, por lo que
deciden castigar su soberbia con un huracán y provocan que sus animales, sus herramientas
y las piedras de sus casas se vuelvan contra ellos; los monos son los descendientes de aquellos
hombres de madera. En el cuarto intento logran su propósito y crean al hombre, al que forman
con maíz. Estos hombres, que saben cumplir sus obligaciones con sus creadores, son capaces
de ver todo, en el tiempo y en el espacio, por lo que los dioses deciden nublar su visión. Ésta
es la humanidad que ahora puebla la tierra.
Los héroes divinos. Además del recuento de la creación del mundo y los hombres, en el Popol
Vuh se relatan las aventuras de los héroes divinos, que limpian de obstáculos para el hombre
al mundo y establecen las pautas de conducta adecuada para la humanidad. En esta parte del
libro los protagonistas son varias parejas, comenzando por Xpiyacoc y Xmucané, seguidos
por sus hijos, nueras y nietos. Xpiyacoc y Xmucané fueron los primeros ajq’ij, “guardianes
de los días”, los adivinos que interpretaban los augurios del calendario sagrado de 260 días.
Sus dos hijos, quienes llevaban los nombres de dos de las fechas de ese calendario, fueron
Uno Hunahpú y Siete Hunahpú. Los primeros hijos de Uno Hunahpú, los gemelos Uno Mono
y Uno Artesano, se convirtieron en los patronos de todas las artes, incluida la escritura.
Tiempo después, Uno y Siete Hunahpú procrearon juntos a otra pareja de gemelos llamados
Hunahpú y Xbalanqué, cuya madre fue Xkik’, hija del señor del inframundo. Las aventuras
de estos dos últimos gemelos transcurren en dos escenarios. El primero es la superficie de la
tierra; el segundo, el inframundo, el Xibalbá. Los eventos en cada escenario aparecen
combinados: los héroes pasan de la faz de la tierra al inframundo y viceversa. Esos
movimientos, con los de los otros participantes en las historias, prefiguran los movimientos
del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas. Al final de la saga, Hunahpú se eleva para
convertirse en el Sol y es seguido por Xbalanqué, quien asume el papel de la Luna llena.
Historia del linaje quiché. El resto del libro relata la historia del linaje quiché, cuyos
fundadores se encontraban entre los primeros seres humanos, desde aquellos tiem- pos
inmemoriales hasta después de la conquista española.
FRAGMENTOS
Creación del mundo y los primeros intentos por crear a los hombres
El Popol Vuh relata la inexistencia del mundo hasta que el creador y formador
decidió generar la vida. La intención era que sus propias creaciones le pudieran
hablar y agradecer por la vida. Primero se creó la Tierra, después los animales y
finalmente, los hombres. Estos fueron inicialmente hechos de barro, pero como el
intento fracasó, el gran creador y formador decidió extraerlos de la madera. Una
vez constituidas otras tantas familias, el creador y formador, temeroso de que a sus
criaturas pudiera tentarlas la idea de suplantarlos en sabiduría, disminuyó la vista e
inteligencia de los ocho dioses
LA CREACIÓN
Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio;
todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un
animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni
bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda
su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se
moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera en
pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado
de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el
Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua
rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules.
Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gugumatz, en la oscuridad,
en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gugumatz. Hablaron, pues, consultando
entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su
pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando
amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y
crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la claridad en
acción del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del
Cielo, que se llama Huracán.
El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es
Raxa-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.
Entonces vinieron juntos Tepeu y Gugumatz; entonces conferenciaron sobre la vida
y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca
el alimento y el sustento.
-¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe el espacio,
que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el
cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación
hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la
tierra:
- ¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando
surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas.
Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las
montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la
superficie.
Y así se llenó de alegría Gugumatz, diciendo:
-¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chípi-Caculhá,
Raxa-Caculhá!
-Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron.
Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes
de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas
quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.
Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el
Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando
el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua..
De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y
meditar sobre su feliz terminación.
Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los
bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres,
serpientes, culebras, cantiles (víboras), guardianes de los bejucos.
Y dijeron los Progenitores:
-¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en
lo sucesivo haya quien los guarde.
Así dijeron cuando meditaron y hablaron enseguida. Al punto fueron creados los
venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas los venados y a las aves:
-Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre
la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis
y os tendréis. Y así como se dijo, así se hizo.
Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores:
-Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros
nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los
bejucos. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que
debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.
De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la
tierra.
Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a
los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y Formador y los Progenitores:
-Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la
variedad de cada uno. Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y
serpientes.
-Decid, pues, nuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro
padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá, el Corazón del
Cielo, el Corazón de la Tierra el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad,
ínvocadnos, adoradnos!, les dijeron.
Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban,
cacareaban y graznaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno
gritaba de manera diferente.
Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se
dijeron entre sí:
-No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y
formadores. Esto no está bien, dijeron entre sí los Progenitores. Entonces se les
dijo:
-Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de
parecer: vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los
tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos
adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros seres que
sean obedientes. Vosotros, aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán
trituradas. Así será. Ésta será vuestra suerte. Así dijeron cuando hicieron saber su
voluntad a los animales pequeños y grandes que hay sobre la faz de la tierra.
Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el
Creador, el Formador y los Progenitores.
-¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; ¡hagamos al que nos
sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados para ser recordados
sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras
criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos.
Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y
alimenten. De este modo hicieron a los seres humanos que existen en la tierra.
LOS DIOSES GEMELOS: HUNAHPÚ E IXBALANQUÉ
El Popol Vuh también relata las hazañas de los dioses
gemelos: Hunahpú e Ixbalanqué, que descendieron a Xib'alb'a (inframundo) y
vencieron a los Ajawab, y se convirtieron en el Sol y la Luna. He aquí un fragmento
de la historia de su nacimiento:
Cuando llegó el día de su nacimiento, dio a luz la joven que se llamaba Ixquic; pero
la abuela no los vio cuando nacieron. En un instante fueron dados a luz los dos
muchachos llamados Hunahpú e lxbalanqué. Allá en el monte fueron dados a luz.
Luego llegaron a la casa, pero no podían dormirse.
-¡Anda a botarlos afuera!, dijo la vieja, porque verdaderamente es mucho lo que
gritan. Y en seguida fueron a ponerlos sobre un hormiguero. Allí durmieron
tranquilamente. Luego los quitaron de ese lugar y los pusieron sobre las espinas.
Ahora bien, lo que querían Hunbatz y Hunchouén era que murieran allí mismo en
el hormiguero, o que murieran sobre las espinas. Deseábanlo así a causa del odio y
de la envidia que por ellos sentían Hunbatz y Hunchouén.
Al principio se negaban a recibir en la casa a sus hermanos menores; no los
conocían y así se criaron en el campo. Hunbatz y Hunchouén eran grandes músicos
y cantores; habían crecido en medio de muchos trabajos y necesidades y pasaron
por muchas penas, pero llegaron a ser muy sabios. Eran a un tiempo flautistas,
cantores, pintores y talladores; todo lo sabían hacer.
Tenían noticia de su nacimiento y sabían también que eran los sucesores de sus
padres, los que fueron a Xibalbá y murieron allá. Grandes sabios eran, pues
Hunbatz y Hunchouén y en su interior sabían todo lo relativo al nacimiento de sus
hermanos menores. Sin embargo, no demostraban su sabiduría, por la envidia que
les tenían, pues sus corazones estaban llenos de mala voluntad para ellos, sin que
Hunahpú e lxbalanqué los hubieran ofendido en nada.
Estos últimos se ocupaban solamente de tirar con cerbatana todos los días; no eran
amados de la abuela ni de Hunbatz, ni de Hunchouén. No les daban de comer;
solamente cuando ya estaba terminada la comida y habían comido Hunbatz y
Hunchouén, entonces llegaban ellos, Pero no se enojaban, ni se encolerizaban y
sufrían calladamente, porque sabían su condición y se daban cuenta de todo con
claridad. Traían sus pájaros cuando venían cada día, y Hunbatz y Hunchouén se los
comían, sin darle nada a ninguno de los dos, Hunahpú e lxbalanqué.
La sola ocupación de Hunbatz y Hunchouén era tocar la flauta y cantar.