Aquí tienes un pequeño relato:
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**La Luz en el Bosque**
Había una vez un pequeño pueblo rodeado por un denso bosque que los lugareños
evitaban al caer la noche. Decían que, entre los árboles, una luz misteriosa aparecía
cuando el sol se ocultaba. Aquella luz no era de fuego ni de lámpara, sino algo más antiguo,
más vivo, que parecía moverse con voluntad propia.
Una joven llamada Lía, valiente y curiosa, decidió que descubriría el origen de esa luz. Los
ancianos del pueblo le advirtieron que muchos que la habían seguido no habían regresado.
Pero Lía, impulsada por su deseo de saber, no se dejó intimidar.
Una noche de luna llena, con su capa oscura y un pequeño farol, se adentró en el bosque.
A medida que caminaba, los sonidos del viento entre las hojas y los crujidos de las ramas
secas le llenaban los oídos. Aún así, su determinación era mayor que su miedo.
Casi en el corazón del bosque, la vio. La luz. Flotaba entre los árboles, pulsando
suavemente como si respirara. No era cálida ni fría, simplemente… estaba allí, llamándola.
Sin pensarlo, Lía avanzó hacia ella. A medida que se acercaba, algo cambió en el aire. Todo
se tornó más silencioso, como si el mismo bosque contuviera la respiración.
La luz se desvaneció lentamente y en su lugar apareció una figura. No era humana ni
tampoco un animal. Era una criatura hecha de la misma luz que había seguido, de ojos
brillantes y forma etérea. Lía no sintió temor, sino una extraña calma. La criatura la observó
en silencio, como esperando algo.
—¿Quién eres? —preguntó Lía en un susurro.
La criatura no respondió con palabras, pero Lía entendió. Aquella luz había estado
esperando a alguien que no temiera lo desconocido, alguien que tuviera el valor de buscar
respuestas donde otros veían solo peligro.
La luz se acercó más y envolvió a Lía. No supo cuánto tiempo pasó, pero cuando volvió en
sí, se encontraba de pie al borde del bosque, a las puertas de su pueblo. La luz había
desaparecido, pero algo en ella había cambiado. Se sentía más en paz, como si la verdad
del bosque ahora fuera suya.
Desde aquella noche, la luz nunca más volvió a aparecer, pero Lía sabía que había sido la
única en comprender su secreto.
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