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Soria UCERO

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Temas abordados

  • Juan García de Villamayor,
  • Cañón del río Lobos,
  • religión,
  • arqueología,
  • Orden de Santiago,
  • pueblo antiguo,
  • bautismal,
  • arquitectura,
  • comunidad,
  • documentación
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Soria UCERO

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UCERO

Un escarpado paraje, de crestas calizas cortadas a pico, desnudas o pobladas de sabinares,


conforma el entorno de esta villa. Es el estrecho valle del río Ucero, a las puertas del famoso
cañón del río Lobos y a 15 km al norte de El Burgo de Osma, donde el caserío aparece dis-
puesto sobre la solana de una empinada loma, con la iglesia en medio.
La falta de noticias concretas hasta el siglo XII hace que cualquier valoración histórica sobre
la villa y su entorno antes de esa fecha no pase, en el mejor de los casos, de la mera especula-
ción. Aun así, Gonzalo Martínez supone, creemos que acertadamente, que tras la conquista de
Gonzalo Téllez de la plaza de Osma, la repoblación de este corredor del río Lobos-Ucero, que
comunica el Duero con el alfoz de Lara, no es sólo posible sino casi obligada. Las luchas que tie-
nen lugar a lo largo de esa centuria, y sobre todo las campañas de Almanzor entre 977 y 1002,
sin duda afectaron a la estabilidad de la comarca, cuya muestra palpable fue la pérdida de Osma,
San Esteban de Gormaz y Clunia. Defiende también Martínez Díez que es muy posible que la
parte inferior del valle fuera evacuada entonces, tratando de establecer un sistema defensivo en
las cumbres del cañón del río Lobos, evitando el acceso a las tierras del interior de Castilla a tra-
vés de este rápido camino.
Tras la recuperación de esas plazas en 1011 por parte del conde Sancho García y una vez
que Fernando I consolide más o menos el dominio de este sector del valle del Duero en 1060,
tras tomar Gormaz, Vadorrey, Berlanga y Aguilera, la colonización de Ucero tuvo que ser ya

Primitiva ubicación de la villa de Ucero


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definitiva. Pero la ausencia de documentación en esos momentos sigue siendo casi desespe-
rante para conocer la evolución histórica de la comarca y no será hasta mucho después cuando
empecemos a tener las primeras referencias, aunque tampoco demasiado explícitas. Así, la
primera mención conocida de Ucero es de 12 de abril de 1157, figurando ya como sitio de re-
ferencia, pues el documento, un privilegio de Alfonso VII y de su hijo Sancho por el que donan
al obispo de Osma la villa de Soto de Suso (Sotos del Burgo), sitúa el lugar objeto de donación
inter Osma et Ucero. Por estas fechas debía conformar ya cabeza de una pequeña Comunidad de
Villa y Tierra que agrupaba a unas diecisiete aldeas –de las que sólo diez han sobrevivido hasta
hoy– y cuya existencia perdurará hasta la organización provincial del siglo XIX.
Desconocemos también el momento en que Ucero y sus aldeas dejaron de estar bajo rea-
lengo, pues pronto aparece como señorío. Así se muestra en un documento de tiempos de
Alfonso VIII, de fecha desconocida, pero supuestamente de hacia 1212, en el que Gonzalo
Ruiz y su esposa Urraca donan una serie de bienes en río de Luzia (Cantalucia) a la Orden de
Santiago, y donde aparecen el juez, los alcaldes y los señores de esta villa: Ista carta fuit facta
in illo anno quando Belasco Domingo erat iudez in Uzero. Alcaldes Falcón, Sancho, Blasco, Nuño. Sennor
dominante in Uzero dompnus Gonzalvus et domna Urraca seniora. Escasos años después entra en escena
Juan González de Ucero, quien a juicio de Alejandro Aylagas fue el primero en ostentar el
señorío de la villa y en 1270, una descendiente suya, Juana González de Ucero dona algunos
heredamientos que tenía aquí a la iglesia de Osma.
Por estas fechas el señorío cambia de titularidad y al frente del mismo aparece Juan García
de Villamayor, quien testa en 1272, dejando Ucero a su segunda esposa, doña María Alfonso de
Meneses. La viuda mantendrá después relaciones con el rey Sancho IV, de las que nace Vio-
lante Sánchez de Ucero, casada en 1293 con Fernando Ruiz de Castro y obteniendo la villa

Castillo
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en dote. Tras la muerte del rey Sancho en 1295 y los consecuentes problemas suscitados
durante la minoría de edad de Fernando IV, los señores de Ucero apuestan por el bando
perdedor, el de los Infantes de la Cerda, lo que les traerá como consecuencia la pérdida de su
dominio, que será ocupado por Juan García de Villamayor II, nieto del anterior.
Con el inicio del nuevo siglo Ucero pasa a poder del obsipo de Osma, su señor definitivo.
Esto ocurre en 1302, cuando los testamentarios de Juan García de Villamayor II venden al pre-
lado Juan de Ascarón “el castiello e la viella de Utero, con la casa de Ricaposada, e con todas
sus aldeas, que son Valderrubiales, con el Aldegüela, Valdelinares, Valdemaluque, la Laguna,
Valdeavellano, Fuentecantales, Aylagas, la Puebla, Cubiellos, Cantalucia, con entradas e con
salidas, con todos sus términos e heredamientos … con los vasallos que agora hi son e serán de
aquí adelante, con infurciones, e con iantares, con todos los otros pechos confurtibles, con calo-
ñas, e con todos sus derechos, pertenencias, e con todo el Sennorío”. El obispo pagó por todo
ello “trescientas veces mill maravedís desta moneda del rey D. Ferrando, que facen diez dineros
el maravedí”.
Todavía en 1327 doña Violante Sánchez de Ucero, considerándose legítima propietaria de
la villa, la donará a la Orden de Santiago, aunque esta entrega nunca tendrá efecto.
El viejo asentamiento de Ucero se encuentra sobre un cerro, donde se halla el castillo y
donde aún se pueden ver restos del viejo asentamiento medieval, entre ellos la iglesia, de la
que hablaremos más adelante. No sabemos hasta cuándo se mantuvo vigente la habitabilidad
de esa ubicación, aunque cabe suponer que a lo largo de la Baja Edad Media iría sufriendo un
paulatino traslado hacia el valle, junto a la vía de comunicación, donde cabe suponer la exis-
tencia de un pequeño caserío más antiguo, parejo incluso al mismo momento de la primera
fundación de Ucero. La fortaleza es igualmente de desconocido origen, aunque dada su ubi-
cación y los acontecimientos arriba referidos durante la reconquista, bien pudiera remontarse
hasta los siglos altomedievales. Cobos y de Castro suponen que la fábrica actual sería levan-
tada ya por el obispo Juan de Ascarón, complementada con un antemuro realizado por el pre-
lado Pedro de Montoya hacia 1458.
Durante esta segunda mitad del siglo XV Ucero conoce una de sus peores épocas, motivada
por el enfrentamiento que tuvo lugar en los años 1475-1477 entre Luis Hurtado de Mendoza
y Francisco de Santillana, aspirantes ambos al título episcopal. El primero fue nombrado por
el Papa, apoyado por su hermano el comendador de la Orden de Alcántara, y tomó como base
a Ucero; el segundo lo fue por el cabildo y sus apoyos estaban en El Burgo de Osma. Los
enfrentamientos fueron incluso militares, llevando la peor parte Ucero, aunque finalmente
don Francisco sería obispo.
La última reforma del castillo se debe al prelado Honorato Juan (1564-1566), quien a la
entrada de la puerta principal colocó su escudo cuartelado con águilas y escaques. Un siglo
después, en 1668, ya sin más funcionalidad que la de eventual residencia, sufrió un incendio
que fue el comienzo de su abandono y consecuente ruina.
Son cuatro los edificios que mantienen elementos datables en época románica: la iglesia
parroquial de San Juan Bautista, la antigua parroquia ubicada junto al castillo, la ermita de la
Virgen de Villavieja y la famosísima ermita de San Bartolomé de Ucero.

Texto y fotos: JNG

Bibliografía

AYLAGAS MIRÓN, A., 2001; CASA MARTÍNEZ, C. de la, 1992a, pp. 395-399; CASA MARTÍNEZ, C. de la, 2001, pp. 212-
213; COBOS GUERRA, F. y CASTRO FERNÁNDEZ, J. J. de, 1998, pp. 86-87; LOPERRÁEZ CORVALÁN, J., 1788 (1978), t.
I, pp. 273-275, t. II, pp. 27-28, t. III, docs. XXVI y XCVI; MADOZ, P., 1845-1850 (1993), p. 267; MARTÍNEZ DÍEZ,
G., 1983, pp. 81-85; RABAL, N., 1889 (1994), p. 354; SÁENZ GARCÍA, C., 1960; SÁENZ RIDRUEJO, C., 1985, p. 219.
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Iglesia de San Juan Bautista

L
A ACTUAL PARROQUIA DE Ucero es un templo cons-
truido con posterioridad a la Edad Media, quizás
una iglesia creada ex novo tras el abandono de la
vieja población situada junto al castillo. En la construcción
de la capilla que se adosa al muro de la epístola, llamada
del Santo Cristo del Castillo y levantada en 1757, se reu-
tilizaron muchos sillares góticos y románicos. Por otro
lado, la torre, levantada en 1770, muestra en su muro
sur una pequeña figura de piedra que representa a un obis-
po, con detallada vestimenta. Es una pieza de calidad, que
en principio nos parece que puede representar a San Mar-
tín (o quizás a San Nicolás), por lo que su eventual proce-
dencia podría estar en el despoblado de San Martín, situa-
do a poco más de 1 km al sur de Ucero, y que Gonzalo
Martínez identifica con el lugar de La Aldehuela citado en
la venta del año 1302. Sin embargo la figura presenta la
particularidad de que tras la cabeza tiene un almohadón,
por lo que en realidad se trata de un yacente, aunque tam-
poco puede ser de una sepultura ya que la imagen no
medirá más de medio metro. Así las cosas y como mera
hipótesis, quizá trate de representar a San Pedro de Osma,
según la iconografía que entonces tenía en la catedral de
El Burgo, es decir, imitando su imagen sepulcral. En todo
caso creemos que se puede encuadrar más bien dentro de
época gótica.
En el interior del templo se conservan varias piezas de in-
terés, ya plenamente góticas, como son dos imágenes de Relieve de la torre

Pila bautismal
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madera policromada de la Virgen con el Niño, conocida con una altura vista de 83 cm y un diámetro de 117 cm. Su
una como Virgen del Rosario y la otra como Virgen de decoración consiste en un bocel en la embocadura y en dos
Villavieja. A ellas se suma el Cristo del Castillo y otra ima- series de arcos de medio punto, separados por un listel y
gen de la Virgen con el Niño en piedra, en la que María coincidiendo los apoyos de los superiores con las claves de
aparece de pie bajo doselete. Esta llamativa imagen, de los inferiores. De todas las bautismales sorianas la que más
129 cm de altura, debió estar en el parteluz o en las jam- se le parece es una que se conserva en el Museo de la con-
bas de un monumental templo, cuya importancia trans- catedral de San Pedro, de traza bastante distinta pero de
cendería a la que tuvo la villa de Ucero, por lo que sólo forma similar, y semejante distribución de las arcuaciones.
cabe suponer que haya llegado desde la propia catedral de
El Burgo, traída por alguno de los obispos señores de la Texto y fotos: JNG

villa. Hasta hace algunos años estuvo colocada en una


hornacina que hay en la torre. Bibliografía
En el momento de transición de época románica a góti-
ca creemos que se puede situar la pila bautismal, una tosca HERNÁNDEZ ÁLVARO, A. R., 1984, pp. 109, 110, 125-126; MARTÍNEZ
pieza troncocónica, casi cilíndrica, tallada en piedra caliza, DÍEZ, G., 1983, p. 84.

Iglesia de la villa antigua o Ermita del Castillo

Y
A COMENTAMOS ARRIBA cómo la puebla que se dis- tomar por la fuerza dineros, caza y pesca, lo que hizo
ponía en torno al castillo constituye el primer necesario que los de Ucero recurrieran a la Corona en
asentamiento de Ucero, cuya despoblación debió 1489.
consumarse fundamentalmente en los últimos años de la Aún es posible recocer la muralla de esta vieja villa, en
Edad Media, posiblemente en el contexto de los enfren- cuyo interior se levantan las ruinas de un templo románico.
tamientos militares entre Luis Hurtado de Mendoza y En la actual población se asegura que el nombre de ese pri-
Francisco de Santillana, y por los desmanes cometidos mitivo asentamiento era San Juan de Ucero, por lo que
escasos años después por el alcaide del castillo Alfonso cabe deducir que su iglesia estaba bajo la advocación del
de Almona y por el provisor del obispado, Juan de Tor- Bautista, cuya titularidad seguramente se trasladó a la nueva
quemada, quienes llegaron a apresar a varios vecinos y a parroquia.

La puebla antigua de Ucero,


con el castillo y la iglesia
al fondo
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Planta

Alzado sur
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Vista desde el sureste

Los restos que se mantienen en pie están hechos de de las que todavía se ven algunos restos, con un sistema de
encofrado de cal y canto y corresponden a un templo con lajas radiales. En la nave, dos huecos laterales en la parte
ábside semicircular, presbiterio recto y una nave, con una anterior hablan de la existencia de sendas hornacinas, pro-
estructura adosada al mediodía de la que sólo sobrevive el bablemente ya góticas o posteriores.
arranque de uno de los muros, hecho en simple mampos- Con tan menguados restos no es fácil imaginarse la
tería. Los esquinales, a juzgar por las improntas, fueron de estampa que tuvo el templo, aunque su planta es inequívo-
sillería, aunque, como el resto de los elementos nobles, camente románica. Los materiales son pobres pero sólidos,
han desaparecido. y según parece todos los paramentos, tanto los interiores
El templo era de un tamaño considerable, con el hemi- como los exteriores, estuvieron revocados. Sus dimensio-
ciclo presidido por una saetera o ventanal central del que nes (26 × 10 m) evidencia que se trataba de la parroquia de
sólo queda el hueco, además de otro agujero en el lado una importante comunidad.
meridional que seguramente corresponda a la típica ven- Alguna de las campanas que se conservan en la actual
tana posmedieval. El presbiterio, más ancho, tenía un parroquial debe proceder de este templo, cuyo definitivo
hueco a cada lado, mientras que en la nave se conservan abandono se debió ir consumando a lo largo del siglo XVII,
dos saeteras en el muro sur y una en el norte. A mediodía y ya en el XVIII seguramente sus piedras fueron utilizadas
estaba igualmente la portada, desaparecida por completo, para levantar la nueva parroquia.
sobre la que cuatro canzorros dan fe de la existencia de un
pórtico. Texto y fotos: JNG - Planos: PEY
Los extremos de los muros laterales de la nave, así
como todo el hastial se han arruinado, aunque es posible
ver aún la longitud que tuvo el templo. Bibliografía
En el interior se aprecia perfectamente cómo una ancha
roza recorre los muros altos de la cabecera, huella eviden- AYLAGAS MIRÓN, A., 2001, pp. 68, 69, 89, 93-95; COBOS GUERRA, F. y
te del arranque de las bóvedas del ábside y del presbiterio, CASTRO FERNÁNDEZ, J. J. de, 1998, p. 87; HERBOSA, V., 1999, p. 62.
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Ermita de la Virgen de Villavieja

E
STA PEQUEÑA ERMITA SE encuentra en las afueras de la rudimentarias basas de dos anchos toros, con igualmente
localidad, en los arrabales meridionales, sobre una ancha escocia. Basas y fustes están tallados en una misma
ladera de inclinada pendiente hacia oriente. Desde pieza.
aproximadamente 1980 se encuentra en ruinas. Flanqueando la portada, pero ya en la parte alta del
El edificio está construido principalmente en mam- muro, se encuentran dos pequeñas saeteras formadas por
postería, con técnicas variables, a las que deben sumarse tres piezas de caliza, dos para las jambas y una para el
algunos retales de sillería. Su planta es completamente arco, Las superficies están alisadas y todo el hueco está
rectangular, sin que se diferencien cabecera y nave, aun- recercado por acanaladuras, una en el caso de la saetera
que parece que esta planta responde a una reforma pos- oriental y dos paralelas en la occidental. Sobre ellas se dis-
medieval que sustituiría la antigua cabecera románica pone el alero, con quince canecillos de nacela, toscos e
–seguramente arruinada por su ubicación en ladera– por irregulares, soportando una cornisa de lajas planas, aunque
un sencillo cierre como prolongación de la nave. es posible que esté recolocado pues el esquinal oeste porta,
La fachada meridional se nos muestra como un muro en vez de can, una estela discoidal, con laterales acanala-
fundamentalmente de mampuesto, con el esquinal occi- dos y hexapétala, tallada a bisel.
dental de sillería blanca, llegando a verse también la es- Las fachadas oeste y norte, ambas ciegas, son también
quina oriental de la vieja nave, después prolongada, donde de mampostería, con esquinales de sillería, pero aquí el
además aparecen varias hiladas de sillares dispuestos más o mampuesto tiene una disposición distinta, con piezas más
menos a tizón. Así, los dos tercios occidentales correspon- regulares, mejor asentadas, formando hiladas y alternando
den a la fábrica románica, mientras que el resto es posme- a veces con algún sillarejo o sillar. La fachada norte pare-
dieval. Aquí se encuentra la portada, un raro ejemplar que ce además recrecida unos 50 cm, o al menos transformada
nada tiene que ver con una puerta románica al uso, pero en esas hiladas superiores, careciendo de alero románico.
que creemos de esta misma época. Está a ras de muro y Todo el extremo oriental, como hemos dicho, está
consiste en un tosco arco de medio punto, mal trazado, de reconstruido, empleándose piezas de la obra arruinada,
dovelas irregulares, trasdosadas por una línea perimetral entre ellas una imposta ajedrezada. En el esquinal sureste
incisa y con las aristas facetadas en dos o tres planos. Den- se ve además un sillar con un curioso grabado: un cuadra-
tro de este arco se aloja otro de sección semicircular, que do formado por sogueado, dentro del cual hay un círculo
sin solución de continuidad y sin ningún tipo de imposta se hecho a base de zarcillos, una composición en la que cree-
continúa en las jambas, en forma de semicolumnas con mos ver cierto aire musulmán.

Vista desde el suroeste


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también un cambio de utillaje. Esto, unido al hecho de que


en las saeteras también vemos la costumbre altomedieval
de alisar la piedra, de que las basas que flanquean la entrada
son más características de tiempos prerrománicos, y de que
un ajedrezado lo podemos ver incluso en la fábrica prerro-
mánica de la ermita de San Miguel de Gormaz, nos lleva a
considerar a esta ermita como uno de los testimonios que en
tierras sorianas se encuentran en ese momento del cambio
entre ambos estilos, acompañando en el tiempo a la citada
ermita de Gormaz y a San Baudel de Berlanga. Sin embargo
también creemos que el hecho de que el arco sea ya de me-
dio punto y que se empiezan a emplear canecillos de nacela,
es argumento para considerar al edificio como levantado
Relieve en la esquina suroriental dentro de la naciente época románica, aunque impregna-
do de una fuerte tradición. En consecuencia proponemos
El interior, completamente revocado no presenta particu- una fecha que podría rondar también las que suponemos pa-
laridad alguna, ni siquiera se intuyen restos de arco triunfal. ra los anteriores, más o menos en torno a la década de 1060
Verdaderamente estamos ante un edificio bastante ex- o quizá dentro de la siguiente.
traño, con un sistema de construcción y unos elementos Por sí misma la ermita ya merece mejor suerte que la que
que se escapan de la norma general. Estilísticamente sólo tiene, pero si además nuestras hipótesis resultan acertadas,
los canecillos de nacela y el sillar con ajedrezado nos remi- la rehabilitación y estudio en profundidad del conjunto
ten a época románica, aunque muchos de los sillares mues- resultarían absolutamente inexcusables, por ser represen-
tran también las típicas improntas del utillaje de talla de la tante de una época histórica y de un momento artístico tan
época. Sin embargo, el aparejo de sillares, casi a tizón, e desconocidos.
incluso la manera de colocar la mampostería en algunos de
los paramentos nos recuerdan más las formas constructivas Texto y fotos: JNG - Planos: PEY

musulmanas, aunque el único retal de sillería también


evoca los paramentos prerrománicos. Por otro lado
muchos de los sillares muestran también el trabajo a azue- Bibliografía
la característico de las etapas altomedievales, previo al
momento en que los nuevos modos románicos provocaran SORONDO, J.-L. de, 1997, p. 130.

Detalle de la fachada sur


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Planta

Alzado sur
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Ermita de San Bartolomé

S
I HAY UN MONUMENTO soriano que ha provocado Las ingentes páginas escritas sobre esta ermita comien-
admiraciones, controversias, y sobre todo alucina- zan por identificarla con la encomienda templaria de San
ciones, ése es la ermita de San Bartolomé de Ucero. Juan de Otero, una asimilación que nace inducida por los
Su magnífica arquitectura, algunos de los recursos decora- propios nombres de la parroquia, San Juan, y de la villa
tivos que emplea, su ubicación en un paraje natural sobre- donde se ubica, Ucero. Pero sólo es eso, una coincidencia,
cogedor, unidos a una forzada e interesada interpretación que ni siquiera se relaciona con la advocación de la propia
de las fuentes históricas, han dado lugar a que este sitio se ermita, ni mucho menos con su situación sobre un otero,
haya convertido en un centro de peregrinación de “tem- como es evidente.
plaristas”, “esotéricos” y de una legión de curiosos que tra- La encomienda es citada por numerosos autores anti-
tan de encontrar aquí la quintaesencia de la religiosidad guos: Argáiz, Argote de Molina, Mariana, Rodríguez Cam-
medieval, el ombligo de la cristiandad y mil alquimias para pomanes, pero en realidad nadie plantea el debate sobre su
tratar de explicar lo inexplicable. Pero nada de esto hay ubicación exacta y parece que la identificación que tanto
en San Bartolomé, tan sólo un edificio más, levantado en éxito ha alcanzado parte en realidad de Loperráez, quien no
un momento que sembró de templos similares el mundo la pone en duda, aunque, como después ha sido tan habi-
cristiano, a veces magníficos, casi siempre mucho más tual, sin aportar otra documentación histórica que
pobres, y en ocasiones buscando lugares de recónditas la mera opinión. También manifiesta este autor que “está
orografías. agregada esta Iglesia a la Abadía de S. Bartolomé, Dignidad

Vista general
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Planta

Alzado este
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Imagen de la ermita desde la cueva contigua

de la santa Iglesia de Osma, por lo que se puede creer se donde al presente ay una Hermita llamada Sant Iuan, con
dotó con las rentas del dicho Monasterio [de San Juan de cimientos y otras señales de grandes edificios”. Es eviden-
Otero]”, una suposición que, después usada como verdad te que ese autor también fundamente tal localización por
incuestionable, ha sido uno de los argumentos para avalar la la tradición, pero al fin y al cabo es la más antigua. Sin
identificación. embargo el camino de Soria hasta San Bartolomé sobrepa-
La encomienda en realidad es muy desconocida y no sa las diez leguas, aunque este dato se ha invalidado con el
debió ser importante. Su primera noticia estaría en una argumento de que Francisco de Rades escribe 250 años
apócrifa bula de Alejandro III (1159-1181), tal vez el después de la extinción del Temple.
documento a que se refiere Alejandro Aylagas, en la que se En los últimos años Gonzalo Martínez Díez, siempre
nombra una comisión para solucionar el conflicto surgido tan serio y documentado en sus investigaciones, ha pues-
entre templarios y calatravos por los bienes de Fernán to en entredicho la tradicional identificación, proponien-
Núñez de Fuentearmegil, caballero que había profesado do como alternativa el cerro de San Juan que se alza entre
en el Temple, en San Juan de Otero, pero que abandonó Peroniel del Campo, Mazalvete y Tozalmoro, donde la
la orden para ingresar en la de Calatrava, en cuya discipli- tradición recoge la existencia de una ermita, rodeada de
na murió y donde dejó sus bienes, que no obstante fueron algunos edificios y que cree “que era la sucesora del anti-
reclamados por los freires templarios. guo convento templario de San Juan de Otero”.
En 1572 Francisco de Rades y Andrada dice que el con- Sin entrar demasiado en una polémica que tampoco
vento-encomienda “conforme a lo dicho, y a la opinión lleva a otro lugar que a localizar restos de interés arqueo-
que ha venido de tiempo en tiempo, era tres leguas de la lógico, nosotros proponemos una tercera ubicación, no le-
ciudad de Soria, en un cerro muy alto, llamado el Otero, jos de la que apunta Martínez Díez. Se trata de otro cerro
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Alzado sur

Sección longitudinal
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Sección transversal

de San Juan, situado esta vez entre Matute de la Sierra, otras ruinas más reducidas, de un edificio identificable
Portelárbol, Fuentelfresno, La Rubia, Pedraza, Aylloncillo, como una pequeña ermita, dentro de otro recinto, más
Fuentelsaz y Portelrubio, un pico amesetado, de 1359 m amplio y circular. Ambos edificios aparecen en las Relacio-
de altura –de magníficos horizontes–, en cuya cima se nes Geográfico-Históricas de Tomás López, en sendos dibujos
aprecian numeroso restos constructivos, aunque ya some- enviados en enero de 1767 por don Manuel Díez, cura de
ros, formados por un amplio recinto en cuyo extremo Portelrubio y Chevaler, señalados como ermitas, la supe-
oriental hay una amplia estructura y en el occidental una rior dedicada a San Juan y la inferior a La Trinidad, aun-
torrecita circular. En otra plataforma que se halla a media que desde luego lo que hubo en la cima fue un edificio
ladera, hacia oriente, más o menos a 1 km de la cima, hay mayor que una simple ermita. Incluso en el Mapa elaborado

Vista desde el norte


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Cabecera y capillas laterales

por Francisco Coello, en 1860, aparecen de nuevo, con Se asienta sobre la roca natural, en una suave ladera,
sus nombre y una anotación expresa: “La Trinidad: fue ligeramente inclinada hacia el este, en dirección al río.
convento de Templarios”, una afirmación que sin duda el Está construido a base de perfecta sillería de caliza blanca,
cartógrafo recogió de la tradición popular. En apoyo de aunque el paso de los siglos la ha dotado de los mismos
esta propuesta de identificación estaría también el hecho colores de la roca natural del entorno. Las canteras de
de que el cerro se encuentra a las tres leguas de camino donde se extrajo esta piedra, según se nos asegura, se
que decía Francisco de Rades y Andrada. hallan río arriba.
Pero tras este largo debate hora es ya de que abando- Presenta planta de cruz latina, con ábside semicircular,
nemos cuestiones tan resbaladizas para centrarnos en el corto presbiterio, destacado crucero y una nave. Posible-
análisis artístico de la ermita de San Bartolomé. mente sobre los pies se alzó una espadaña, sustituida por
El edificio se halla a unos 4 km al norte de Ucero, un modesto campanario metálico. La puerta se abre al sur,
siguiendo el camino paralelo al río Lobos, dentro de un mientras que al norte, entre el crucero y la cabecera, se ha
espacio natural protegido, comunal de Ucero, Nafría de adosado una casa –con la sacristía en la planta baja–, que
Ucero y Herrera de Soria. La ermita se descubre en el cen- debe datar de 1882. El conjunto apenas si tiene modifica-
tro de un circo kárstico formado por el río, en un entorno ciones respecto a su formato original y prácticamente nin-
salpicado de sabinas. Verdaderamente impresiona el para- guna restauración de importancia.
je e impresiona la visión de la ermita, con el telón de El ábside se asienta en la zona de mayor pendiente, lo
fondo dorado y gris de las paredes calizas, de gran plasti- que hace que la base exterior del mismo y el nivel del pavi-
cidad, onduladas y salpicadas de cuevas, un perfecto com- mento interior estén a muy diferente altura, aunque aquí
plemento a la calidad arquitectónica del templo. puede estar un tanto recrecido. Exteriormente el hemiciclo
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Portada Interior

carece del habitual zócalo que suele acompañar a los edi- geométrica, antropomorfa, animal o vegetal, destacando
ficios de sillería y el muro se divide en tres paños, median- uno con un crismón, un elemento poco habitual en el
te dos pilastrillas que llegan limpiamente hasta la cornisa. románico de Soria pero que ya hemos rastreado en Roma-
Un ventanal ocupa el centro de cada paño –el del norte nillos de Medinaceli, en Alpanseque, Alaló, La Barbolla o
apenas visible–, con una saetera ligeramente abocinada, en San Baudel de Berlanga, en este caso pintado.
enmarcada por un escueto arco de aristas vivas, sin impos- Otras dos pilastrillas, una a cada lado, dan paso al pres-
tas siquiera, sólo trasdosado por una chambrana –el esque- biterio, un cuerpo de la misma altura que el ábside y tam-
ma se repite en La Soledad de Calatañazor, o en San Pedro bién de idéntica anchura, una circunstancia tampoco dema-
de Hontova (Guadalajara)–, con puntas de diamante sobre siado frecuente, pero que nos muestran iglesias como la de
ménsulas de cabecitas, humanas en el ventanal sur, y de fe- Soliedra, Golbán (Atauta), Aylloncillo, Los Campos, Candi-
roces leones en el central. Entre los sillares es frecuente lichera, Borque (Velilla de los Ajos), Derroñadas o Caltojar.
ver una marca de cantero en forma de cruz griega, con los Exteriormente los muros de este corto tramo aparecen
brazos rematados en hoyuelos, forma característica que semiocultos por el crucero y se continúan directamente en
podemos ver también en San Juan de Duero, en la conca- la nave, sin que medie ningún elemento que haga diferen-
tedral de San Pedro, en Nuestra Señora la Mayor, siempre ciar los dos ámbitos. De este modo la nave muestra la misma
en la capital soriana, o en Tozalmoro. anchura y altura que la cabecera, algo que verdaderamente
El alero, con cornisa de nacela, está sostenido por die- es extraño. El muro norte registra dos contrafuertes, aunque
ciocho canecillos con variada pero rústica decoración, el del extremo en realidad es una prolongación del hastial,
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Capilla norte
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En la fachada meridional de la nave no aparecen con-


trafuertes tal vez porque ahí la propia ladera que se alza ya
contrarresta mejor los empujes de los arcos interiores.
Aquí se ubica la portada, precedida por un espacio recor-
tado en la roca natural y flanqueada por dos pilastrillas
laterales que llegan hasta el alero, y aunque también se
cubre con tejaroz, en realidad queda al mismo nivel que el
resto del paramento. El apuntado arco está compuesto por
seis arquivoltas profusamente molduradas a base de boce-
les y medias cañas, aunque ocasionalmente van acompa-
ñados de otros motivos: flores angulosas de seis pétalos,
caladas (tercera arquivolta, contando desde el interior),
doble serie de florecitas de cuatro hojas (en la quinta), o
airosas hojas de vid, en acusado relieve (en la sexta, que en
realidad cumple también la función de chambrana). Los
arcos pares apoyan en columnillas acodilladas y los impa-
res en pilastras, compartiendo todas un mismo podio que-
brado, muy corto y moldurado. Las aristas de las pilastras
portan las rosetillas cuadrangulares de seis pétalos que se
veían en uno de los arcos, mientras que las columnas tie-
nen alto plinto, doble toro, pequeña escocia y fustes casi
perdidos que rematan en capiteles decorados, bajo cima-
cios e impostas que repiten el perfil del podio. De izquier-
da a derecha las cestas reproducen los siguientes motivos:
1. Hojas carnosas, lobuladas, como de higuera, con acusa-
do relieve, dispuestas en dos alturas. 2. Hojas del mismo
tipo, aunque más planas, acompañadas de dos cabecitas,
las dos inferiores cubiertas, con una capucha o capirote y
por una toca, representando posiblemente a un hombre y a
una mujer. 3. Hojas similares a las de la primera cesta. 4.
Arcosolio y sepultura de la capilla sur Hojas como las de la primera y tercera cestas. 5. Similar al
segundo capitel, aunque ahora con cinco cabezas, tres
arriba y dos abajo, unas tocadas y otras no. Está muy dete-
y entre ambos se llega a ver una pequeña puerta cegada, riorado. 6. Más deteriorado aún, nos muestra hojas de
sobre una zona bastante escarpada. Su arco es apuntado y el gran relieve, incluso caladas, que parecen albergar a dos
umbral queda unos 50 cm por encima de la roca. cuadrúpedos muy estropeados. El tejaroz tiene cornisa de
El hastial de la nave creemos que se prolongaba en una amplia nacela con las aristas en bocelillo, sostenida por
espadaña, pues el muro no tiene un remate acabado. En el diez canes, de variada aunque sencilla ejecución, en todo
centro aparece un amplio ventanal que en cierto modo caso distintos a los del alero del templo. Reproducen cilin-
reproduce la morfología de los de la cabecera, aunque en dros o barrilillos, formas geométricas, cabezas humanas,
este caso la chambrana es de doble nacela, un perfil que una cabeza de león, un personaje sentado y vestido con
presentan muchos de los canecillos de la iglesia de Solie- pellote, y una curiosa formación de cuatro cabezas huma-
dra. A su lado meridional se ubica la estrecha puerta que nas, casi cilíndricas, que componen una cruz griega.
comunicaba con el coro interior, con arco de medio punto Las capillas laterales se cubren a dos aguas, con los
y guardapolvos de nacela arrancando de una imposta tam- respectivos hastiales norte y sur rematados con un sobre-
bién de doble nacela, en cuya intersección aparece una saliente piñón coronado, en el del norte por un simple
hojita de cuatro pétalos. Su umbral queda a unos 2 m de pináculo romo, y en el del sur por un acroterio circular,
altura respecto a la cota actual del suelo y parece evidente con cruz calada. Debajo los macizos muros se clarean
que se accedía mediante una escalera de madera que arran- con sendos óculos que repiten el mismo esquema: dobles
caría de dos huecos –ahora tapados– que se abrían bajo la roscas, con aristas en bocel, y chambrana exterior con
losa del umbral. puntas de diamante y bolas, mostrando en el centro un
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cabecera que el que trabajó en la nave, pero ésta es cues-


tión difícil de precisar. Mucho más evidente es la dife-
rencia con el tejaroz de la portada, donde se alcanza una
mayor barroquismo –tampoco excesivo– y muchas veces
con profusas estrías.
Ya en el interior del templo volvemos a encontrar una
arquitectura tan magnifica y limpia como la del exterior.
Aquí el templo se nos muestra casi como un túnel cerrado
por la curva absidal, hoy presidida por un modesto retablo
barroco.
El hemiciclo, sin imposta alguna, se convierte en la
parte alta del muro en un paramento ochavado que da
lugar a una bóveda de tres gallones, con nervios abocela-
dos que convergen en una clave, un sistema muy similar al
empleado en San Juan de Rabanera. Apoyan tales nerva-
duras en dos ménsulas de gran desarrollo, formadas por
columnillas atrofiadas que parten de sendas cabezas, con
el fuste decorado con motivos vegetales y capiteles de
hojas alargadas que se vuelven en los extremos. Los cima-
cios parecen pesados modillones decorados con hojitas
lobuladas superpuestas.
El arquillo central de la bóveda absidal aparece pinta-
do con tonos granates y en el intradós se aprecia un des-
piece de sillares de doble línea, en el mismo color. Los
muros conservan igualmente algunos rastros de pintura en
los mismos tonos.
Los ventanales presentan la misma morfología en el
interior que la vista afuera, aunque ahora las chambranas
son simplemente una nacela, sin las ménsulas de cabecitas
exteriores.
Capitel de la nave El presbiterio casi parece el primer tramo de la nave,
pues tiene su misma morfología. En el interior está delimi-
tado a este y oeste por sendos arcos apuntados simples,
hueco lobulado recorrido por una fina lacería, que se sobre semicolumnas adosadas con capiteles vegetales, a
cruza formando una estrella de cinco puntas o, también, base de hojas enrolladas, con los extremos avolutados y
cinco agudos corazones. Los muros laterales son igual- flanqueadas por tréboles, en las cestas orientales, o las mis-
mente macizos y están coronados por un alero que guar- mas hojas enrolladas con otras apuntadas. Los cimacios,
da la mismas características que el resto de la nave, es de ancho cuarto de bocel, se prolongan en impostas que
decir, una cornisa de nacela con canecillos de distintas recorren la base de la bóveda de cañón apuntado que
formas geométricas y pequeñas figurillas. cubre este tramo y los demás de la nave.
No obstante cabe hacer una reseña a las diferencias que El crucero que se ve en planta consiste en realidad en
muestran los canecillos de la cabecera respecto a los de la dos capillas cuadradas que se abren en el primer tramo de
nave –incluyendo el crucero– y al tejaroz de la portada. la nave mediante un pesado arco apuntado y doblado,
Hay al menos dos manos, una que elabora sencillas pie- bastante cerrado, con su dovelaje exterior apoyando direc-
zas, en la cabecera y nave, con uso muchas veces de la tamente en las jambas, sin que medie imposta alguna, y
simple nacela –muro norte–, con esquemáticas figurillas con el interior descansando en ménsulas de doble cuarto
humanas en diversa actitud (luchadores, músico enseñan- de bocel, como las de los nervios de la cabecera, aunque
do el sexo, cabeza de obispo, cabeza sacando la lengua, ahora lisas. En su interior ambas capillas se cubren con
etc.), o con alguna rareza, como el calamar que aparece bóveda de cañón apuntado, perpendicular al eje de la
en la fachada meridional. Cabe incluso la posibilidad de nave, arrancando del mismo tipo de imposta de cuarto de
que no sea el mismo escultor el que hizo las piezas de la bocel.
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con círculo dentado en el que se inscribe una cruz cuyos


brazos crean intersticios a modo de cuatripétala, una
forma muy común en la decoración de las estelas funera-
rias pero que en este caso, como no podía ser menos, da
lugar a rebuscadas y crípticas interpretaciones.
La capilla meridional, dedicada al Santo Cristo, tiene
exactamente la misma estructura, también con un altar
barroco, aunque en el muro oriental. El arcosolio funerario
queda completamente libre, con la sepultura bien visible,
sostenida por tres arquerías, con cuatro capiteles iguales a
los anteriores, sobre cortas columnas y basas troncopirami-
dales, con dientes de sierra en la parte inferior y pequeño
plinto. La mesa del altar nos parece también románica, con
perfil de nacela, y en la bóveda se aprecian algunos restos
de enlucido, con fondo blanco y despiece de sillares en
líneas rojas y negras.
En cuanto a la nave propiamente dicha –con ciertas
relaciones formales con la de Santo Domingo de Soria–,
se compone de tres tramos, el primero ocupado por las
capillas. Los dos arcos fajones que sostienen la bóveda
apuntada, de perfecta sillería, son como los vistos en el
presbiterio, es decir, simples. Los cuatro capiteles de
nuevo son vegetales, los dos orientales con hojas lanceo-
ladas lisas, con pequeña línea perlada en los ejes de las
mismas y con los extremos enrollados; los occidentales
presentan una decoración geométrica, tosca y mal organi-
zada, formada por rombos en relieve, en varias líneas, con
hojas en las esquinas que rematan en cabezas humanas
–tocadas con casco o cofia– y con bolas. A juzgar por la
forma de las cabezas diríamos que la escultura guarda
Capitel de la nave mucha relación con los canecillos de la cabecera.
En la parte posterior de la nave los sillares apoyan
sobre la roca natural, que ni siquiera ha sido recortada para
La capilla norte, dedicada a la Virgen, tiene altar en el darle verticalidad. En esta zona se eleva un moderno coro
muro septentrional, con retablo barroco, y el pavimento de madera, pero la existencia de varios canzorros en el
está sobreelevado. Retablo, altar y suelo ocultan parcial- muro evidencian que antes hubo otra estructura de ma-
mente un arcosolio funerario, desplazado hacia la mitad dera, contemporánea de la fábrica del templo, para cuyo
oeste del muro y formado por sencillo arco apuntado que acceso estaba la estrecha puerta que se abre en el hastial.
da cabida a un sarcófago dispuesto sobre tres arquerías Uno de los apoyos tiene tallada una tosca cabeza humana
–aunque sólo se ven dos– de medio punto, sobre columni- y, en el mismo coro, se conservan otros dos capitelillos
llas con capiteles vegetales de sencillas hojas alargadas vegetales, muy rudos y maltratados, usados como soporte
rematadas en bolas y, en un caso, con lo que parece la de un banco de madera, y que nada parece que tienen que
esquematización de una cabeza. Este tipo de soportes ver con el resto de la escultura del templo.
columnados suelen ser muy frecuentes en las representa- En el entorno inmediato de la ermita no se aprecian
ciones escultóricas románicas de carácter funerario y restos constructivos, aunque en una de las covachas que se
Loperráez, en referencia a éste y al que se halla en la otra abren en las paredes septentrionales se llega a ver un grue-
capilla, dice que tienen “los bultos de dos Caballeros, pero so muro de mampostería recibida con cal, que en modo
sin epitafio, aunque se conoce los tuvieron”. Finalmente alguno se puede entender como obra de pastores o rela-
cabe hacer una referencia al tablero de alquerque que apa- cionada con algún tipo de actividad agropecuaria. Segura-
rece inciso en la jamba occidental de la capilla –ya en el mente tenga que ver con el conjunto religioso, a pesar de
lado de la nave– y de una losa ante el umbral, decorada que queda bastante separado del edificio.
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Estos restos son también alguno de los argumentos que templo se aprecia claramente la desunión de hiladas entre
han dado pie para pensar en la existencia del reiterado la puerta y el resto de la fábrica, que denota cómo esta
convento templario, sin pararse a pensar que la propia pieza fue lo último que se construyó, cosa en cierto modo
ermita tuvo un carácter abacial, conocido al menos ya bastante normal, pues siempre era necesario un hueco
desde el siglo XIV, lo que posibilitaría la existencia de amplio para poder acceder con materiales y carruajes al
numerosas dependencias en el entorno. Esta misma rela- interior de un templo en construcción, más aún si, como
ción con el obispado y la importancia que suponía tener es el caso, estaba completamente abovedado.
asociados a algunos canónigos fue quizá lo que nos pueda Ciertos rasgos nos permiten buscar una relación entre
explicar la construcción de un edificio tan relevante en este edificio y algunos otros de la cercana provincia de
lugar tan apartado, aunque las razones que indujeron a Guadalajara, además de las arriba señaladas. Así, el sistema
edificar aquí pudieron ser las mismas asociaciones con un de abovedamiento del ábside, con esos nervios sobre co-
ambiente eremítico que generaron la erección de muchos lumnillas cortadas, nos pone en contacto con la iglesia de
templos románicos. Al fin y al cabo el lugar era muy apro- San Gil de Atienza, la portada con la iglesia de San Felipe
piado para que hubiera existido una antigua comunidad de de Brihuega, con San Juan de Córcoles o con el monasterio
esas características, e incluso el hecho de que se creara el de Bonaval, siempre en un ambiente donde las influencias
abadiato de San Bartolomé puede ser una forma de asumir góticas resultan evidentes, como ocurre igualmente con los
tal tradición monástica o semimonástica. Desde luego bus- casos sorianos citados.
car asociaciones con la pretendida encomienda templaria
de San Juan de Otero carece de todo fundamento docu- Texto y fotos: JNG - Planos: CER
mental y más aún queriendo dar un protagonismo a esa
orden que nunca tuvo, ni en Soria ni en toda la Corona de
Castilla, si se compara con el papel que jugaron los hospi- Bibliografía
talarios o las órdenes netamente castellanas, especialmen-
te la de Calatrava, que en cierto modo asumió el papel ALCOLEA, S., 1964, pp. 176-178; ALMAZÁN DE GRACIA, Á., 1997, pp. 238-
245; ALMAZÁN DE GRACIA, Á., 1998, pp. 35-40; ÁLVAREZ GARCÍA, C.
militar rehuido por los propios templarios. (coord.), 1997, p. 47; AYLAGAS MIRÓN, A., 1987; BANGO TORVISO, I. G.,
Por lo que respecta al edificio como tal, cabe decir que 1997, p. 272; CABRÉ AGUILÓ, J., 1916, t. VI, p. 117 y lám. XCVII; CAS-
la excepcional calidad arquitectónica no va acompañada TÁN LANASPA, J., 1983, pp. 52-56; CLERC GONZÁLEZ, G., 1998, pp. 59-62;
por una escultura de similares niveles, ni mucho menos. DEDICACIÓN ROCHA, J. L. de la, 1980, pp. 5-8; ENRÍQUEZ DE SALAMANCA,
Entre la escueta decoración de canecillos y capiteles cree- C., 1986, pp. 121-122; GARCÍA VALENCIANO, J. J., 1986, pp. 81-86; GAYA
NUÑO, J. A., 1946, pp. 92-96; HERBOSA, V., 1999, pp. 62-63; IZQUIERDO
mos que se pueden diferenciar dos manos, aunque traba-
BERTIZ, J. M.ª, 1985, pp. 267, 268, 270, 273, 276, 295; LAMPÉREZ Y
jan a la vez, pues el conjunto del templo, excepto la por- ROMEA, V., 1908-1909, t. I, p. 516; LOPERRÁEZ CORVALÁN, J., 1788
tada, está hecho en un mismo momento, con toda (1978), t. II, p. 27; MARTÍNEZ DÍEZ, G., 1993, pp. 35, 106, 140, 141, 148;
probabilidad ya dentro del siglo XIII, como parece demos- MARTÍNEZ FRÍAS, J. M.ª, 1980, pp. 66-69; MARTÍNEZ FRÍAS, J. M.ª, 1985, p.
trar el abovedamiento del ábside. Por lo que respecta a la 302; MOMPLET MÍGUEZ, A. E., 1995, p. 88; MORENO Y MORENO, M.,
portada puede caracterizarse como obra plenamente góti- 1957, t. I, pp. 90-92; RADES Y ANDRADA, F. de, 1572, fol. 16v.; RAMÍREZ
ROJAS, T., 1894c; RAMÍREZ ROJAS, T., 1907-1908; RODRÍGUEZ CAMPOMA-
ca, tanto por estructura como por decoración, realizada NES, P., 1747, pp. 137-138; RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, J. M., 2001a, p. 44;
quizá ya muy cerca de los años centrales del siglo XIII, aun- SORONDO, J.-L. de, 1997, p. 130; TARACENA AGUIRRE, B. y TUDELA DE LA
que aún se mantienen algunos rasgos tradicionales, espe- ORDEN, J., 1928 (1997), p. 196; TORO-GARLAND, F. de, 1998, pp. 72-74;
cialmente en lo que al tejaroz se refiere. En el interior del ZALAMA RODRÍGUEZ, M. Á., 1995, pp. 130-131.

Common questions

Con tecnología de IA

La ermita de San Bartolomé es notable por su ubicación en un entorno natural impactante y su arquitectura de alta calidad. Presenta un diseño románico robusto, con un presbiterio que equilibra en altura y anchura con el ábside, algo poco frecuente. Los ventanales tienen chambranas de doble nacela y sus arcos fajones son simples, lo que muestra similitudes con la iglesia de San Juan de Rabanera. Sus elementos escultóricos, como las ménsulas y capiteles con motivos vegetales y antropomorfos, destacan la maestría en su construcción .

La nave de la ermita de San Bartolomé comparte características comunes con otras iglesias románicas de la región, como la contigüidad innata entre la nave y la cabecera sin diferenciación visible. Esta continuidad estructural es particularmente visible en otras iglesias como Santo Domingo de Soria. Además, el uso de arcos fajones simples y la presencia de capiteles vegetales son elementos comunes en la arquitectura románica regional .

La identificación de la iglesia de San Bartolomé en Ucero ha estado basada en suposiciones históricas no documentadas, principalmente derivadas de Loperráez, quien no presentó evidencia más allá de su propia opinión. La documentación apócrifa de una bula de Alejandro III sugiere un conflicto relacionado con su ubicación. Francisco de Rades y Andrada sitúa la iglesia aproximadamente a tres leguas de Soria, pero investigaciones recientes por Gonzalo Martínez Díez proponen alternativas, como el cerro de San Juan cerca de Peroniel del Campo, con evidencias de construcciones antiguas que podrían corresponder al antiguo convento templario de San Juan de Otero .

La estructura y ubicación de la ermita de San Bartolomé, incluyendo una plataforma semicircular sobre la ladera y restos de posibles edificaciones mayores en la cima, sugieren un uso anterior diverso. El reconocimiento de nombres y trazados de conventos templarios en mapas y relatos históricos también apoyan la idea de su origen multifuncional, incluyendo posiblemente funciones defensivas o de control en épocas anteriores a su uso exclusivamente religioso .

El análisis artístico de la ermita de San Bartolomé se centra en su estructura románica y las características de sus decoraciones interiores, que incluyen una bóveda de tres gallones en el hemiciclo absidal con nervaduras aboceladas que convergen en una clave. Estudios han revelado presencia de pinturas absidales de tonos granates y restos de policromía en sillares, con decoraciones que incluyen hojas vegetales alargadas y esculturas antropomórficas en capiteles. Estas características ofrecen una visión rica en técnicas y estilos artísticos románicos .

El trabajo escultórico en la ermita de San Bartolomé es diverso y puede atribuirse a varias manos, con diferencias estilísticas significativas. Por ejemplo, figuras esquemáticas y humanas simples contrastan con lo barroco y profusamente detallado de las estrías en el tejaroz de la portada. Estas diferencias sugieren variaciones en el estilo y habilidades de los artesanos, posiblemente debido a diferentes periodos de construcción o restauración, reflejando un patrimonio artístico rico y variado .

Durante los enfrentamientos en los años 1475-1477 por el título episcopal, el castillo de Ucero fue tomado por Luis Hurtado de Mendoza, quien fue nombrado por el Papa y apoyado por su hermano el comendador de la Orden de Alcántara. Estos enfrentamientos, que incluyeron actos militares, resultaron en que Ucero se llevó la peor parte. Finalmente, don Francisco de Santillana, el contrincante, fue eleigido como obispo. Como consecuencia de estos acontecimientos, el castillo quedó afectado y posteriormente sufrió un incendio en 1668 que marcó el inicio de su abandono y ruina .

Inicialmente, el castillo de Ucero sirvió como un bastión estratégico durante la Reconquista y los conflictos episcopales del siglo XV. Durante la segunda mitad del siglo XV, sufrió daños debido a las guerras intestinas. La última reforma significativa fue realizada por el prelado Honorato Juan en el siglo XVI, transformando su función hacia una ocasional residencia. En 1668, un incendio, junto con la falta de utilización significativa posterior, condujeron a su eventual abandono y ruina .

La ermita de San Bartolomé está situada en un entorno de gran belleza natural, lo que realza su percepción cultural e histórica. El entorno cárstico formado por el río Lobos, con sus columnas onduladas y salpicadas de cuevas, proporciona un telón de fondo dramático que complementa la calidad arquitectónica del templo. Este paisaje no solo enmarca visualmente la ermita sino que también puede influir en su interpretación como un lugar de retiro espiritual y relevancia cultural dentro de la región de Ucero .

El conflicto mencionado en la bula apócrifa (1159-1181) implicó a templarios y calatravos en una disputa por los bienes que el caballero Fernán Núñez de Fuentearmegil dejó al unirse a la Orden de Calatrava después de haber estado en el Temple. Esta disputa se reflejó en las tensiones entre las órdenes militares en la región, influyendo su dinámica de poder y probablemente afectando la reorganización de sus propiedades y sus representaciones en estructuras como la encomienda en Ucero .

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