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mo
REVISTA DE FILOSOFÍA Y TEOLOGÍA
Nueva Serie 2023 Año X / Nº 19
ÍNDICE
ria
Gonzalo Albero Alabort
Memoria et Vita II......................................................................................... 1
Gerardo Sánchez Mielgo
Las apariciones de Jesús resucitado: relato, historia, teología.
Aparición sobre una montaña de Galilea: misión universal
(Mt 28,16-20)................................................................................................. 3
Juan José Garrido Zaragozá
Regenerar España renovando su catolicismo:
et
la posición de Ortega y Gasset.................................................................... 33
Martín Gelabert Ballester
Creación y evolución. La imagen de Dios coherente
con la actual concepción del mundo........................................................... 59
Miguel Payá Andrés
Iglesia universal-Iglesias particulares.
Vit
Estado de la cuestión después del Vaticano II........................................... 81
Enrique Benavent Vidal
Deus caritas est. Una encíclica para nuestro tiempo................................. 121
Juan Miguel Díaz Rodelas
Inspiración y verdad de la Sagrada Escritura. La aportación
del reciente documento de la Pontificia Comisión Bíblica........................ 143
a I
Vicente Botella Cubells
Hazme instrumento de tu paz.
Mística, sacramentalidad y cultura de la paz............................................ 167
Miguel Navarro Sorní
San Vicente Ferrer en la biblioteca y
en los sermones de san Juan de Ribera...................................................... 185
I
José Santiago Pons Doménech
El sujeto ricoeuriano. Entre el todo y la nada........................................... 211
Recensiones ....................................................................................................... 237
Publicaciones recibidas .................................................................................... 255
Presentación de un artículo y normas de edición .......................................... 259
SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA Y EN LOS
SERMONES DE SAN JUAN DE RIBERA
Miguel Navarro Sorní*
RESUMEN ABSTRACT
Objeto del presente artículo es com- The purpose of this article is to verify
probar cómo la devoción que el Patriarca how the devotion that Patriarch Saint John
san Juan de Ribera (1532-1611) sentía of Ribera (1532-1611) felt for the Valen-
por el dominico valenciano san Vicente cian Dominican Saint Vincent Ferrer,
Ferrer, le impulsó a reunir en su bibliote- prompted him to gather in his library a
ca una buena parte de sus obras, de las good part of his works, of which we make
cuales hacemos el elenco, y a dedicarle the cast, and to dedicate a good part of his
buena parte de sus sermones, cuyo conte- sermons to him, the content of which is
nido se estudia. studied.
PALABRAS CLAVE KEYWORDS
Espiritualidad (Valencia, Edad Moder- Spirituality (Valencia, Modern Age),
na), Bibliotecas Religiosas y Predicación Religious Libraries and Preaching (Valen-
(Valencia, Edad Moderna), San Vicente cia, Modern Age), Saint Vincent Ferrer,
Ferrer, San Juan de Ribera Saint John of Ribera
1. LA DEVOCIÓN A SAN VICENTE FERRER DEL PATRIARCA JUAN DE
RIBERA
Mucho antes de venir a Valencia como arzobispo en 15691 san
Juan de Ribera (1532-1611)2 sentía ya un gran interés por la figura de san
Vicente Ferrer. En efecto, nos consta que cuando el nuevo arzobispo llegó
a la diócesis conocía bien la vida y virtudes del dominico valenciano y era
devoto suyo, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que la fama de
__________
*
Vicedecano (2015-2018) de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia
(España).
1
Aunque fue trasladado de la sede episcopal de Badajoz a la arzobispal de Valencia el 3 de
diciembre de 1568, Ribera tomó posesión del arzobispado valentino por procurador el 16 de febrero
de 1569 y no se personó en la ciudad del Turia hasta el 20 de marzo de este año.
2
Una breve biografía de este prelado en M. NAVARRO SORNÍ, “Juan de Ribera, San”, 301-
303. Otra más amplia: R. ROBRES LLUCH, San Juan de Ribera.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
Publicado en San Vicente Ferrer, mensajero del Evangelio. Ayer y hoy, Actas del XVIII Simposio de Teología Histórica (4-6 de marzo
de 2019), Facultad de Teología San Vicente Ferrer, Valencia 2020, 665-688
186 M. NAVARRO
santidad de Vicente estaba muy extendida por todo el orbe católico y que
la mayor parte de los profesores que Ribera tuvo en la Universidad de Sa-
lamanca durante sus estudios de teología eran dominicos, como Domingo
de Soto, Melchor Cano, Pedro de Soto, Domingo de Cuevas o Pedro de
Sotomayor, en cuyo huerto había predicado san Vicente el famoso sermón
en que se identificó con el ángel del Apocalipsis que anuncia el Evangelio
eterno, y el recuerdo de esto estaba muy vivo en la ciudad del Tormes. El
interés del joven Ribera por la figura y la predicación de san Vicente Fe-
rrer se percibe en el hecho de que, en sus años de estudiante salmantino,
adquirió cuatro volúmenes de sermones del predicador dominico, que
llevan en su primera página la firma juvenil de su dueño: “don Juan
de Ribera”, y que todavía se conservan en la biblioteca de su Colegio
Seminario de Corpus Christi. De ellos hablaremos más adelante.
Además, durante su residencia en Salamanca sabemos que Ribera
trabó contacto con una serie de dominicos partidarios de la reforma triden-
tina y empeñados –como san Vicente– en la predicación popular; y poste-
riormente, siendo ya obispo de Badajoz, mantuvo contacto epistolar con
fray Luis de Granada, quien le animó a impulsar las misiones populares
con predicadores reclutados entre las filas de los seguidores de san Juan de
Ávila. De hecho, al igual que Ferrer, el novel obispo ponía mucho empeño
en la predicación, y en un sermón que predicó en el concilio de la provin-
cia eclesiástica de Compostela (a la que pertenecía entonces el obispado de
Badajoz), que se celebró en Salamanca en septiembre de 1565, dirá:
Es necesario que el obispo predique la palabra de Dios, no estando
impedido con enfermedad, teniendo esto por principal intento, acor-
dándose de que Jesucristo Nuestro Señor lo dejó encargado a los após-
toles, queriendo que continuamente se ocupasen en ello, los cuales,
después de la Ascensión del Señor y venida del Espíritu Santo, de todo
lo demás se desocuparon, por ocuparse todos en esto. Pero no se debe
contentar el obispo con su predicación, pues, siendo la mies mucha,
son menester muchos obreros. Y así, conviene que traiga por su obis-
pado predicadores, los cuales sean hombres de ejemplo y doctrina y
lleven instrucción particular de lo que deben hacer, que es predicar doc-
trina llana y necesaria, de manera que todos la entiendan y se puedan
aprovechar de ella. 3
Una vez instalado en Valencia, como Arzobispo, solía visitar a
menudo la celda de san Vicente en el convento de Predicadores de la
__________
3
JUAN DE RIBERA, Sermones, vol. I, 300, líneas 94-104.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 187
Ciudad del Turia, y cuando entraba en ella lo primero que hacía era
postrarse arrodillado y besar la tierra pisada por el santo, como relata
quien fuera su confesor y primer biógrafo, el P. Francisco Escrivá.
Pues quando entrava en algún santuario donde estava o avía estado algún
santo, como [...] en la celda de San Vicente Ferrer [...], cómo entrava?,
cómo estava? Descubierto, de rodillas, besando la tierra que avía pisado
el Santo.4
Tanta era su pía afición al santo que expresó repetidas veces su
voluntad de retirarse a morir en el convento de los dominicos y ser
sepultado allí con el hábito de santo Domingo, a causa del amor que le
inspiraba san Vicente.5 De hecho, el P. Juan Ximénez refiere en la vida
que escribió del Patriarca que este sentía un “piadoso afecto y afec-
tuoso cariño” a nuestro san Vicente, 6 en prueba de lo cual mandó
construir a sus expensas tres preciosas lámparas votivas de plata para
la catedral, una de las cuales ardería día y noche ante el altar de san
Vicente Ferrer.7
No tiene, pues, nada de extraño que el nuevo arzobispo estimulara
la devoción a san Vicente Ferrer que encontró en Valencia y que se ma-
nifestaba en toda una serie de actos piadosos que él apoyó e incremen-
tó, pues no solo participaba del clima general de fervor vicentino que
reinaba en la ciudad del Turia, sino que lo alentaba cuanto podía. Y en
verdad, al Patriarca no le bastaba con la devoción que sentía personal-
mente por san Vicente Ferrer, y quería extenderla a todos sus diocesa-
nos, para lo cual pensó radicarla en el Colegio Seminario de Corpus
Christi que fundó, del que saldría un clero devoto e ilustrado al que
confiar la renovación de la pastoral diocesana.
En efecto, cuando en 1585 comenzó la construcción del Colegio
Seminario encargó al pintor Juan Sariñena diversos cuadros para ornato
del mismo, y entre ellos uno de san Vicente Ferrer, que le representaba
de pie, ligeramente ladeado, con un libro y una azucena en una mano,
mientras con la otra señala a lo alto, donde campea la típica filacteria con
las palabras del libro del Apocalipsis Timete Deum et date illi honorem.
Aunque es obra de regular factura, no deja por ello de ser testimonio de
__________
4
F. ESCRIVÁ, Vida del Illustríssimo y Excellentíssimo..., 240.
5
Así lo refieren S. TOMÁS MIGUEL, Historia de la vida..., 263; y J. XIMÉNEZ, Vida del beato
Juan de Ribera, 193, de quienes lo toma M. CUBÍ, Vida del Beato..., 269-270.
6
J. XIMÉNEZ, Vida del beato Juan de Ribera, 188.
7
Según dice M. C UBÍ, Vida del Beato..., 269.
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188 M. NAVARRO
la veneración que Ribera profesaba al santo dominico, y todavía se
conserva esta pintura en la Biblioteca de su Colegio.8
Más adelante, cuando la obra del Colegio Seminario ya estaba casi
concluida, buscó por todos los medios una reliquia eminente del cuerpo del
santo, con la que honrar la iglesia del mismo, no regateando ningún gasto ni
esfuerzo para conseguirla.9 Y cuando la obtuvo, que fue una canilla, y esta
llegó a sus manos, a finales del año 1601, quiso dedicar al santo valenciano
la tercera de las cuatro capillas laterales de dicho templo –capilla que en un
principio había pensado dedicar a sus patronos, san Juan Bautista y san Juan
Evangelista–, ornándola con un primoroso cuadro que encargó al gran pintor
Francisco Ribalta, donde se representaba la aparición de Jesucristo al santo
en noviembre de 1388, acompañado de los santos Francisco de Asís y
Domingo de Guzmán, cuando estaba enfermo en Aviñón y le curó, orde-
nándole al mismo tiempo abandonar la curia papal y marchar como legado
a latere suyo a predicar la conversión por el mundo. Y mandó decorar los
muros de esta capilla con una representación de la procesión que se orga-
nizó para recibir dicha reliquia en el portal de Serranos y conducirla a la
catedral. Asimismo, mandó que el pintor genovés Bartolomeo Matarana
decorara al fresco los muros del crucero del lado de la epístola del templo
con escenas de la vida de san Vicente Ferrer, mientras que el crucero iz-
quierdo lo reservó para ilustrarlo con historias de san Vicente mártir.10
Además, dispuso que san Vicente Ferrer fuese el tercer patrono de
su Colegio y Capilla, después del Santísimo Sacramento, el milagroso
Crucifijo y Nuestra Señora de la Antigua, que lo eran en primer lugar, y
del glorioso mártir san Mauro, en segundo lugar, disponiendo en el capí-
tulo XXXVIII de las Constituciones de la Capilla: “Item, en tercero lugar
los santos Patrones, conviene a saber, el benditísimo Ángel Custodio, y
los esclarecidos san Vicente Mártir y san Vicente Ferrer”.11
__________
8
En mayo de 1585 el Patriarca pagó al pintor Sariñena por este y otros cuatro cuadros la
cantidad de cuatrocientos reales castellanos. Véase F. BENITO, Pinturas y pintores..., 321, nº 243. El
Colegio posee además una pequeña tabla de Juan de Juanes representando a san Vicente Ferrer de
cuerpo entero, con un amplio paisaje marino de fondo, procedente de la donación Ferrer Estellés,
y un lienzo con san Vicente Ferrer predicando, de medio cuerpo, obra del círculo de Ribalta, que
no aparece documentado en los inventarios del Colegio hasta 1891.
9
Más información sobre el particular en M. NAVARRO SORNÍ – R. RIVERA TORRES, San
Juan de Ribera y la devoción..., en concreto las páginas 21-30.
10
Raquel Rivera lleva a cabo una descripción pormenorizada de estas pinturas al fresco
dedicadas a san Vicente Ferrer, en: M. NAVARRO SORNÍ – R. RIVERA TORRES, San Juan de Ribera y
la devoción..., 74-100.
11
Constituciones de la Capilla..., cap. XXXVIII, nº 2, 61.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 189
También sabemos que en diversas ocasiones pidió al cabildo de la
catedral valentina que le regalara el púlpito desde el que había predicado
san Vicente Ferrer, pero no lo consiguió.12
Podríamos citar más ejemplos de la devoción del Patriarca a san
Vicente Ferrer, mas no podemos detenernos en ello,13 pues lo que nos in-
teresa es estudiar cómo esta devoción vicentina de Ribera se reflejó tam-
bién en los libros de su biblioteca y en los sermones que predicó sobre el
santo. Pero antes de entrar en materia conviene que destaquemos el mo-
tivo al que obedece este interés de Juan de Ribera por san Vicente Ferrer.
¿A qué responde su afán por incrementar su devoción entre el pueblo va-
lenciano y asegurar la celebración de su fiesta? Ante todo, se debe al he-
cho de que consideraba que san Vicente era un ejemplo cercano de
santidad, y por lo tanto muy sentido, de mucho calado entre sus diocesa-
nos y de gran utilidad pastoral para los mismos, tanto clérigos como lai-
cos: por una parte estaba la abundancia y utilidad de la doctrina que el
santo dominico había expuesto al pueblo en sus sermones, la cual podía
seguir siendo propuesta a los fieles con gran provecho espiritual, y por
otra se encontraba el atractivo de sus muchos milagros, que cautivaban a
las gentes y suscitaban el fervor de las mismas, incrementando así la de-
voción al santo, que incidía en la mejora de la vida cristiana. Por otra
parte, en la circunstancia histórica concreta en que el arzobispo Ribera se
encontraba de procurar la conversión de los muchos moriscos de su dió-
cesis, san Vicente, que se había destacado por buscar la conversión de
judíos y moros con sus sermones, era un acicate para ello, que podía ser
propuesto como ejemplo tanto a los clérigos como a los laicos, para que
imitaran su afán evangelizador.
2. SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA DE SAN JUAN DE RIBERA
Además de las muestras de fervor citadas y otras muchas que
hemos omitido, la devoción de Juan de Ribera al santo dominico valen-
ciano se muestra también en que quiso tener sus obras entre los muchos
libros que reunió en su biblioteca, para poder alimentar su espíritu y el
__________
12
Según relata J. PORCAR, Coses evengudes en la ciutat..., I, 108, nº 538: “com sia notori
que dit señor [patriarca] hauía per moltes voltes ymportunat al capitol que lay donas [la trona] peral
collegi”.
13
Sobre este tema véase la obra citada de M. NAVARRO SORNÍ – R. RIVERA TORRES, San
Juan de Ribera y la devoción..., 21-49.
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190 M. NAVARRO
de los colegiales de su Colegio Seminario de Corpus Christi con el exce-
lente pasto de su doctrina.
En efecto, a lo largo de su vida Juan de Ribera fue comprando
numerosos libros, con los que formó una importante colección libraria de
casi tres mil obras que, a su muerte, legó a su Colegio como biblioteca
del mismo, con la intención de que sirviera a la formación de los co-
legiales. Entre otras cosas, el Patriarca deseaba que estos se ejercita-
sen leyendo buenas prédicas, ya que estaban destinados al servicio de la
Palabra divina en las parroquias de la diócesis. Por eso, entre los libros
que reunió, los de oratoria sagrada o de sermones ocupan un lugar no
pequeño, superados únicamente por los de tema bíblico y los de teología
dogmática.14
Y es que la biblioteca de san Juan de Ribera no es una biblioteca
destinada a la conservación del saber contenido en los libros, sino a su
uso de cara a la tarea de teólogo y del pastor. En este sentido, es impor-
tante notar que sus libros le fueron muy útiles a Ribera no sólo a la hora
del estudio, sino también de cara a la acción pastoral, como se evidencia
en sus sermones, todos ellos llenos de la Sagrada Escritura, de citas pa-
trísticas, de buena doctrina teológica, de referencias a filósofos, a teólo-
gos, a autores clásicos que había leído, como se ve en la edición de los
sermones del santo llevada a cabo por Ramón Robres Lluch, quien no
deja de anotar a pie de página cuánto deben estas homilías a los libros
que el Patriarca tenía en su biblioteca. De hecho, entre las obras manus-
critas del santo tenemos un centón o florilegio de citas, al que se le ha
denominado Loci communes, donde Ribera iba anotando, al hilo de sus
lecturas, aquellos pasajes o temas que le parecían útiles para tratar en sus
homilías o que podían suministrarle materia para su meditación o para
las pláticas que dirigía a sus sacerdotes. Gracias a esta recopilación sa-
bemos que en más de una ocasión el Patriarca se sirvió de los sermones
de san Vicente Ferrer para inspirar los suyos. 15 En suma, los sermones de
__________
14
Sobre la biblioteca de Juan de Ribera véase: M. NAVARRO SORNÍ, “La biblioteca de san
Juan de Ribera...”, 219-244, (13-31).
15
En efecto, al tratar de los misterios de la fe, cuyo conocimiento no es concedido a
todos, san Juan de Ribera remite a un sermón de san Vicente, pues anota: “Fidei mysteria non
omnibus concedenda sunt, sed multa perfectioribus concedenda sunt aut satis sit quae necessa-
ria ad salutem omnium esse manifesta. Unde Dominus: Vobis datum est nosse mysterium, etc.
(Mc 4,11) coeteris autem, etc. Unde sumitur occasio parabolarum. Vide in alveolo 4 in quoddam
sermone Sti. Vincentii Ferrer est optimus locus”. J UAN DE RIBERA, Loci communes, manuscrito
en SJR V s/n, f. 112r.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 191
san Juan de Ribera son, en gran medida, fruto de sus lecturas y deben
mucho a su biblioteca.
Y lo mismo quería que hiciesen sus colegiales: que se formasen
con buenos libros de los que pudieran extraer sana doctrina para utilizarla
en las homilías, en el confesionario o en el consejo espiritual de las almas.
Por ello adquirió para su biblioteca varias ediciones de los sermones de
san Vicente Ferrer, veámoslas.
En primer lugar, tenemos un tomo con las Distinctiones beati
Vincentii, divini verbi preconis et predicatoris ad Sacrarum Litterarum
interpretis et professoris subtilissimi, el cual llevaba como subtítulo:
Sancti Vincentii confessoris de Valentia, ordinis fratum predicatorum
aurei sermones fructuossisimi et omni tempore praedicabiles : cunctis di-
vine legis declamatoribus plurimum necessarii per distinctiones litteras
alphabeticas ordinati nusquam hactenus impressi.
Y en la portada se especifica que al final de estas Distinctiones
sigue otro tratado de san Vicente Ferrer: Additus est Tractatus in fine :
in quo continetur alia expositio decem preceptorum. En realidad se tra-
ta de dos trataditos de san Vicente sobre el tema de los diez manda-
mientos: la Expositio decem preceptorum beati Vincentii, que lleva
como subtítulo: Perutilis expositio decem preceptorum Legis per mo-
dum sermonum a beato Vincentio, sacrae Theologiae professore ordinis
fratrum predicatorum, ad omnium sacerdotum utilitatem et instructio-
nem edita, donde se extraen de los sermones del santo los pasajes rela-
tivos a los diez mandamientos, útiles a los sacerdotes para inculcar a
sus feligreses en las homilías la observancia de los divinos preceptos.
Y el De observatione mandatorum decalogi expositio per modum ser-
monum, que es un largo sermón en el que el santo dominico glosó el
tema de los diez mandamientos, explicándolos detenidamente. Las Dis-
tinctiones, en cambio, son una ordenación alfabética de temas para la
predicación extraídos de los sermones de san Vicente por el dominico
Pedro de Tardito.
Ambas obras fueron impresas muy elegantemente por Dionisio
de Harsy en Lyón, el año de 1523. El librito –impreso en 8º menor,
pues mide 17 x 12 cm–, lleva en el verso del folio de la portada un gra-
bado que representa a san Vicente de medio bulto, rodeado de una fi-
lacteria con las palabras del Apocalipsis Timete Devm et date illi
honorem qvia venit hora ivdicii, en actitud de predicar desde un púlpi-
to, en cuya base está escrito con letras rojas: Sanctus Vincentius. A los
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
192 M. NAVARRO
pies del púlpito se encuentran religiosos de una parte y seglares de otra,
escuchando la prédica del santo. Y en el margen inferior de la portada
encontramos la firma del propietario: “don Juan de Ribera”. El reverso
del folio de la portada está ocupado todo él por un grabado que repre-
senta el dominio de Cristo Juez sobre la creación. La letra es gótica y el
texto va a doble columna. Y ocupa un total de 12 folios sin numerar, al
inicio, más 311 numerados en el margen superior derecho. Al final de
las Distinctiones, en lo que sería el folio 312 sin numerar, se encuen-
tra otro grabado que ocupa la página entera, donde, en seis cuadrados
se representan los seis días de la creación. Y en el centro del vuelto
de este folio figura el sello distintivo del impresor: un grabado donde
aparecen los santos apóstoles Pedro y Pablo sosteniendo un paño, la
Verónica, con el rostro de Cristo.
Como ya hemos dicho, al final del volumen se encuentran encua-
dernados juntamente con las Distinctiones dos pequeños tratados de san
Vicente sobre los diez mandamientos. Ambos tienen una portada común,
en la que aparece el mismo grabado de san Vicente Ferrer predicando
que figura en la portada de las Distinctiones, así como aparece también
el mismo grabado del reverso del folio de la portada. La extensión de los
dos tratados es notablemente inferior al volumen de las Distinctiones,
pues solo consta de 30 folios no numerados. El volumen lleva anotada su
antigua colocación en la biblioteca del Patriarca: R 38. Posteriormente
llevó la signatura 978, y la actual es SJR 1351.
Ribera poseía además un sermonario completo de san Vicente,
obra en tres tomos editada en Lyon por los herederos del impresor Jaco-
bo de Junta, en 1558, en formato de 8º menor, donde se contenían los
sermones del santo valenciano ordenados al modo del breviario según
las estaciones del año: Sermones hyemales, que comprendía del sermón
del primer domingo de Adviento al del Viernes santo, y Sermones aesti-
vales, que iba del domingo de Pascua a la dominica XXV post Trinita-
tem. El tercer tomo contenía los sermones dedicados a los santos:
Sermones de Sanctis. Se trataba de la edición de los sermones vicentinos
realizada por el dominico lusitano Damián Diaz, con notas explicativas
en el margen, y a la que precedía una brevísima vida del santo.
Cada uno de estos volúmenes conserva en su primera página la
firma manuscrita juvenil de su dueño: “don Juan de Ribera”, y todavía
se guardan en la Biblioteca de su Colegio. Conservan anotada en la tripa
superior del libro su antigua colocación en la biblioteca del Patriarca:
R 39 (los Sermones hyemales), R 40 (los Sermones aestivales) y R 41
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 193
(los Sermones de Sanctis); más tarde, en una catalogación posterior de
la biblioteca, se les dio una única signatura a los tres volúmenes: la
978. Actualmente les corresponde, respectivamente, las signaturas SJR
1352, SJR 1353 y SJR 1354. A ellos se refiere, sin duda, la anotación
“Sermones beati Vincentii Ferrarii, 8º, cinco tomos”, que encontramos
en el inventario de los bienes del Patriarca realizado tras su fallecimiento,
y por esa misma fuente sabemos que el Patriarca los conservaba “en el
huerto de la calle de Alboraya. En el aposento llamado de los rasos, que
tiene dos ventanas al jardín y la puerta al camarín. En cinco estantes
hechos de nogal”.16
Además, el Patriarca adquirió también dos ejemplares de la Historia
de la vida, milagros, muerte y discípulos del bienaventurado predicador
apostólico valenciano S. Vicente Ferrer, de la Orden de Predicadores,
escrita por el dominico y cronista valenciano Francisco Diago, la cual
había sido impresa en Barcelona, en la imprenta de Gabriel Graells y Gi-
raldo Dotil, el año de 1600. Estos libros no se conservan actualmente en
la Biblioteca de San Juan de Ribera, pero sabemos de su existencia por-
que figuran en el inventario que se realizó de los bienes del Patriarca po-
cos días después de su fallecimiento, donde entre los libros existentes en
el palacio arzobispal, concretamente “en el cuarto del señor Patriarca y
aposento de la chimenea que saca la reixa al terrado de dicho Palacio Ar-
chiepiscopal”, se anotó con el número 84: “Istoria de san Viçente Ferrer,
del padre Diago, en 4º”. Y en el inventario de los libros que tenía san
Juan de Ribera “en el huerto de la calle de Alboraya. En el aposento lla-
mado de los rasos”, encontramos una “Istoria de la vida milagrosa de
sanct Vicent Ferrer, por fray Francisco Diego [sic]”.17 Tampoco queda
rastro de él en el inventario de la Biblioteca que se realizó en 1905.
En cambio, sí que se registra en este último inventario, con la
antigua signatura 974, una Historia de S. Vicente Ferrer, cuyo autor es
“fr. Francisco Vidal”, y que se registró como impresa en Valencia en
1735. Se trata de la Historia de la portentosa vida y milagros del valen-
ciano apóstol de Europa S. Vicente Ferrer, con su misma doctrina refle-
xionada, escrita por el dominico valenciano Francisco Vidal Micó, y que
__________
16
V. C ÁRCEL ORTÍ, “El inventario de las bibliotecas...”, 359 y 360, nº 1306. La diferencia
entre los cuatro volúmenes que tenemos en la actual biblioteca y los cinco citados por el inventario
se explica fácilmente por el hecho de que el ejemplar de las Distinctiones y el de los trataditos sobre
los diez mandamientos se encontraban entonces separados y se unieron al encuadernarse, después de
la muerte del Patriarca.
17
V. C ÁRCEL ORTÍ, “El inventario de las bibliotecas...”, 324 y 373, nº 84 y nº 1791.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
194 M. NAVARRO
se publicó en Valencia, en la imprenta de José Estevan Dolz, el año
1735. Esta obra tampoco se conserva actualmente en la Biblioteca de san
Juan de Ribera.
El Patriarca poseía también la Vida e historia del apostólico
predicador san Vicente Ferrer de la Orden de Santo Domingo, de fray
Vicente Justiniano Antist, O.P., publicada en Valencia en 1575, ya que
aparece en el inventario hecho de sus bienes tras su fallecimiento, donde
leemos: “La vida de sant Vicente Ferrer, por fray Vicente Justiniano
Antist, 8º”,18 aunque actualmente no se conserva en la Biblioteca.
Por el contrario, en la Biblioteca del santo fundador encontramos
en la actualidad otras tres obras de san Vicente Ferrer que no formaban
parte de la biblioteca personal de Ribera, sino que llegaron a la misma
posteriormente, cuando ya se había convertido en biblioteca del Colegio.
Son las siguientes:
- Un tomo de la Opera omnia de san Vicente, en concreto el tomo
primero, parte segunda, que contiene los sermones cuaresmales:
Sancti Vincentii Ferrarii hispani, patria valentini, Ordinis Prae-
dicatorum, Sacri Palatij Magistri et apostolici concionatoris ce-
leberrimi, Opera omnia. Se trata de la edición de las obras de
san Vicente patrocinada por el arzobispo de Valencia fray Juan
Tomás de Rocabertí, O. P., que se imprimió en 1693 en la im-
prenta que en el mismo palacio arzobispal tenía el impresor Jai-
me de Bordazar. Este libro fue regalado a la librería del Colegio
por el prior del Convento de Santo Domingo de Valencia, en
1694, como reza en una nota manuscrita en el reverso del folio
de guarda: “Esta Segunda Parte de el Primer tomo de Sermones
de el fr. San Vicente Ferrer embió al Colegio el M. Rdo. P. Prior
de Santo Domingo en el día jueves 5 de el mes de Agosto de
1694”. Y al pie de la portada del libro, otra nota manuscrita reza:
“Para la librería de Corpus Christi”. Le corresponde actualmente
la signatura SJR 1350.
- La Contemplació molt devota qui compren tota la vida de Jesu-
crist Salvador nostre, ab les proprietats de la Missa, estampada
en Valencia por Joan Jofré el 15 de julio de 1518, donativo del
que fuera rector del Colegio y después obispo de Mallorca,
__________
18
V. C ÁRCEL ORTÍ, “El inventario de las bibliotecas...”, 367, nº 1553.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 195
don Rigoberto Doménech Valls (1870-1955). Su signatura es
SJR V 32.
- El Tractatus vitae spiritualis, impreso, junto con unas medita-
ciones de san Agustín y de san Bernardo, por Jacobo de Junta
en Lyón el año 1570, obra que proviene del fondo del dominico
exclaustrado José Domingo Corbató (1862-1913).
Pero el Patriarca no se conformaba con tener libros impresos de
los sermones de san Vicente, sino que ansiaba tener un manuscrito suyo.
Por eso, cuando tuvo noticia de que el patricio de Morella Francisco
Gavaldá (padre del homónimo dominico que escribiría una vida de nues-
tro san Vicente)19 poseía un volumen manuscrito de sermones del santo
predicador, que había heredado de sus antepasados (pues, según testimo-
nio del donante, san Vicente lo había dejado en Morella, en casa de su
familia, cuando predicó allí), tanto le insistió que en 1594 consiguió que
se lo regalara, para depositarlo en el relicario de la Capilla de su Colegio,
como testimonio y prenda preciosa de la apostólica santidad de san Vi-
cente. El inventario de las reliquias de la Capilla del Colegio de Corpus
Christi, redactado en 1605, da noticia de él en los siguientes términos:
“una caxa de plata en que está un sermonario del glorioso San Vicente
Ferrer, escrito de su mano”, y en posesión del Colegio se encuentra hasta
hoy, aunque sin la caja de plata que lo contenía y que desapareció durante
la invasión francesa a inicios del siglo XIX. 20
Este manuscrito de sermones vicentinos fue estudiado por Josep
Perarnau i Espelt en el año 1998 y sus conclusiones se publicaron en el
volumen 18 de Arxiu de Textos Catalans Antics.21 Se trata de un manuscri-
to sobre papel, en páginas de 150 x 223 mm, escrito en latín con letra góti-
ca cursiva semibastarda, realizado muy probablemente por un copista de la
zona castellana del antiguo Reino de Valencia, pues, como se trata de ser-
mones predicados en Castilla, de cuando en cuando aparecen frases en
castellano, pero con grafía valenciana (por ejemplo, usando siempre “ny”
por “ñ”) y no con la castellana. En contra de la opinión tradicional, que re-
tiene este volumen como un manuscrito autógrafo de san Vicente Ferrer,
Perarnau opina que no lo es, y más bien cabe considerarlo obra de un
acompañante o acompañantes de san Vicente, señalando como posible
__________
19
F. GAVALDÁ, Vida de el ángel...
20
Este manuscrito de sermones vicentinos fue editado de forma facsímil por el Ayuntamiento de
Valencia: Sermonario de san Vicente Ferrer...
21
J. PERARNAU I ESPELT, “Sobre el manuscrit de València...”, 399-453.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
196 M. NAVARRO
autor de la copia al dominico fray Juan de Alcoy.22 De hecho, Francisco
Gimeno Blay admite que “la moderna investigación ha puesto de relieve
argumentos muy sólidos que muestran cómo la materialidad gráfica del
manuscrito no es el resultado de la actuación de un único escribiente”,
sino de varios, por lo que podemos afirmar que con mucha seguridad
los miembros del séquito del santo, sus “socii” [...] tomaron notas de las
exposiciones orales y las reelaboraron a posteriori, tal como muestran las
sucesivas intervenciones gráficas presentes en el manuscrito y que, con
toda seguridad, fueron inspiradas por san Vicente Ferrer.23
En suma, si no estamos ante un texto autógrafo de san Vicente, sí
ante una obra escrita y corregida bajo su supervisión.
El manuscrito contiene ciento ochenta y dos sermones predicados
por el santo durante su campaña evangelizadora en tierras castellanas,
que comenzó en Murcia en febrero de 1411 –ciudad en la que se predica-
ron los primeros sermones que encontramos en el manuscrito–, pasó
después a Libriella, Alhama y a Lorca, de donde regresó a Murcia, per-
maneciendo allí hasta el 14 de abril. Al día siguiente partió para Molina
de Segura, y de allí a Cieza, a Jumilla, a Hellín, a Tobarra, a Chinchilla y
a Albacete, donde está sermonando a mediados del mes de mayo; de Al-
bacete fue a Villaverde y a Alcaraz, allí cayó enfermo el 25 de mayo y
pasó dieciocho días sin poder predicar; tras recuperarse predicó en Ciu-
dad Real (del 14 al 24 de junio), en Malagón, Los Yébenes, Orgaz y
Nambroca. En Toledo estuvo todo el mes de julio de 1411, y acto segui-
do se encaminó a Bienquerencia y a Ocaña (entre el 4 y el 10 de agosto),
y aunque estaba enfermo y muy debilitado pasó a Illescas (el 13 de agos-
to), teniendo que predicar otros por él, pues la enfermedad se lo impidió.
Por el P. Teixidor sabemos que la enfermedad fue de tercianas, y que le
duró seis semanas, “y le dexó tan flaco y quebrantado que no pudo pre-
dicar hasta el Adviento”.24 De la provincia de Toledo pasó a Simancas y
a Valladolid, donde se hospedó en el convento dominico de San Pablo.
De Valladolid se trasladó a Ayllón, donde a finales de 1411 se entrevistó
con el regente de Castilla, el infante Fernando de Antequera, por el
que votaría como rey de Aragón pocos meses después en el famoso
Compromiso de Caspe. Por la octava de Epifanía de 1412 predicó en
__________
22
Véase la razonada argumentación de Perarnau al respecto en J. PERARNAU I ESPELT ,
“Sobre el manuscrit de València...”, 402-406.
23
F. G IMENO BLAY, “Preliminar”, en Sermonario de san Vicente Ferrer..., 17.
24
Cf. J. TEIXIDOR, Vida de San Vicente Ferrer, I, 343-344.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 197
Simancas y en Tordesillas; después en Medina de Rioseco, villa a la que
pertenecen los últimos sermones que encontramos en el manuscrito,
aunque sabemos que después marchó a Zamora y a Salamanca, donde
sermonó en el convento dominico de San Esteban, pero los sermones
predicados en estas últimas ciudades ya no se recogen en el Sermonario
del Colegio del Patriarca.
De dicho manuscrito se hizo una copia también manuscrita sobre
papel, probablemente por mandato de san Juan de Ribera, que lleva por
título: Opera. D[ivus] Vincentius Ferrer. Y en el reverso del folio de
guarda se anotó con letra más reciente, probablemente del siglo XIX:
“Sermones de San Vicente Ferrer. El original se halla en el Relicario de
este Colegio”. El manuscrito consta de 583 folios numerados moderna-
mente, y tiene unas medidas de 16,5 x 24 cm. En él se distinguen varias
manos de copistas. Se custodia en la Biblioteca de san Juan de Ribera
con la signatura SJR 1349.
Tras elenco y descripción de las obras de san Vicente de la Biblio-
teca del Patriarca, debemos destacar que dichas obras ponen de manifiesto
el deseo del celoso pastor que era Ribera de tener como modelo al gran
predicador dominico e inspirar en los sermones de éste su propia predi-
cación. Pero el interés de Ribera por tener en su biblioteca los sermones
de san Vicente Ferrer obedece también al contexto concreto en que se
inscribe su episcopado en Valencia, frente al grave problema de la evan-
gelización de los moriscos; el Patriarca quería que los colegiales-
seminaristas de su Colegio Seminario de Corpus Christi, que posterior-
mente habían de ser párrocos en la diócesis, imitaran el celo apostólico
del santo dominico, quien con su ardorosa predicación había conseguido
la conversión de numerosos moros y judíos, de modo que les incitara a
intentar con todas sus fuerzas la conversión de los moriscos valencianos
con su palabra y con su ejemplo, como había hecho san Vicente en su
tiempo.
3. LOS SERMONES DE SAN JUAN DE RIBERA SOBRE SAN VICENTE FERRER
La devoción que el Patriarca Juan de Ribera sentía por san Vicente
Ferrer le movió a predicar muchos años su fiesta en la catedral de Valen-
cia, pues, como hemos visto, estaba convencido de que su ministerio
episcopal entrañaba el deber de predicar.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
198 M. NAVARRO
En efecto, de acuerdo con las prescripciones del concilio de Trento,
Juan de Ribera no solo se preocupó de que los párrocos predicaran, sino
que desempeñó personalmente tal menester, con admiración de quienes
le oían. Fiel al mandato del concilio y a sus propias convicciones solía
predicar, siempre que le era posible, todos los domingos y fiestas de
guardar, además de muchos días de Adviento y Cuaresma. Los sermones
que se han conservado del santo Patriarca ocupan tres volúmenes en folio,
superando en poco las tres mil páginas, y son sólo una pequeña parte de
los muchos que predicó.25
Pero lo más sobresaliente no es el número de sus sermones, sino la
calidad de estos, pues, siguiendo el ejemplo de san Vicente Ferrer, el
Patriarca Ribera huirá de la retórica vana y buscará en la predicación
más la utilidad y la instrucción del pueblo que el agrado de los oyentes,
adoptando para ello un estilo de predicación que se acomodara a las ne-
cesidades del auditorio. Al igual que san Vicente, su objetivo será instar
a huir de los vicios y a practicar la virtud, formando a sus oyentes en las
obligaciones del cristiano. Como el santo dominico, su lenguaje es fami-
liar, llano, castizo, libre de todo artificio, mas nunca ordinario o rudo, y
consigue a veces cierta gracia literaria; el discurso apunta siempre a lo
fundamental, para no estorbar el entendimiento del mismo, buscando los
ejemplos más adecuados que permitan captar fácilmente la doctrina, tal
como hacía san Vicente. De ese modo logra llegar a las gentes más sen-
cillas sin perder nunca la altura espiritual. El P. Francisco Escrivá define
así la predicación del Patriarca y el impacto que producía:
Desta propia manera predicaba nuestro Predicador, con tanta gracia, tanta
autoridad y espíritu; y predicando a menudo y siendo siempre muy oído,
y nunca cansándose de oírle, era grande el fruto que hacía en las almas de
los que le oían, dejando convencido el entendimiento y movida y rendida
la voluntad. De mí digo que no oí jamás predicador que tanto me enseña-
se y moviese; y no me acuerdo haberle oído vez que no me hiciese saltar
las lágrimas, y estaba diciendo entre mí, ¿cómo es posible que salga al-
guno deste sermón que no vaya determinado de nunca más ofender a
Dios y de servirle perpetuamente?26
Aunque sólo se han conservado los apuntes manuscritos de su
propia mano de cuatro sermones sobre san Vicente Ferrer −uno predicado
en lugar y fecha desconocidos, y los siguientes predicados en Valencia el
__________
25
Estos sermones fueron publicados por Ramón Robres Lluch: JUAN DE RIBERA, Sermones.
26
F. ESCRIVÁ, Vida del Illustríssimo y Excellentíssimo..., 170-172.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 199
día 5 de abril de los años 1578, 1580 y 1586−,27 sin embargo, como ya
hemos dicho, fueron muchas otras las ocasiones en que el Patriarca pre-
dicó la fiesta del santo, y de las que no nos ha llegado esquema ni noticia
de su sermón, como, por ejemplo el sermón que hizo en 1600, con motivo
de la llegada de la reliquia de san Vicente que había obtenido la ciudad,
en el que ponderó los milagros realizados por la reliquia a su llegada a
Valencia y que habían conmocionado a la ciudad, del que nos da noti-
cia el dietarista Juan Porcar en su diario Coses evengudes en la ciutat y
regne de Valencia:
Divendres a 7 de Abril 1600 a les tres hores de la vesprada entra en Valen-
cia vna reliquia del glorios patro nostre sant vicent ferrer y feren gran festa
[... Y el 17 de abril] anaren totes les parrochies ab la seu en companya
del señor patriarcha don joan de ribera vestit de pontifical y en lo pati
primer de la casa [de la ciudad] allí baix prengue dit señor illustrisim la
santa reliquia [...] y la portaren en proceso a la seu y la posaren en lo altar
major [...] y dexada la santa reliquia en la seu se feu solemnisim offici y
predica lo señor illustrisim patriarcha.28
Por otra parte, el P. Ximénez refiere en su vida del santo Patriarca
que el “piadoso afecto y afectuoso cariño” que profesaba a nuestro san
Vicente se mostró, amén de en otros hechos, en “predicar con sumo gus-
to, devoción y afecto el primer sermón que se dixo en alabanza suya en
la Capilla de su Real Colegio en el día del mesmo Santo glorioso, que a
los 18 de Abril se celebró aquel año de 1605”. 29 Sermón del que no nos
ha quedado ninguna traza y debió ser muy importante, dada la significa-
ción que para Ribera tenía haber logrado conseguir una reliquia de san
Vicente para la capilla de su Colegio.
Pero pasemos a analizar los sermones dedicados a san Vicente
Ferrer que han llegado hasta nosotros por escrito del Patriarca Ribera. Lo
primero que sorprende al estudiarlos es observar que en ellos apenas ha-
bla de san Vicente. Ahora bien, esto no significa que el Patriarca no
lo hiciera a la hora de predicarlos. Si apenas aparece san Vicente es
porque el texto que tenemos no contiene el sermón completo, desarro-
llado, que el arzobispo predicaba, sino tan sólo un sencillo esquema de
__________
27
Estos cuatro sermones se encuentran publicados en JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*:
Santoral, 155-173.
28
J. PORCAR, Coses evengudes en la ciutat..., I, 43; cf. también F. VIDAL Y MICÓ, Vida del
valenciano apóstol..., 467, y S. TOMÁS MIGUEL, Historia de la vida..., 260: “predicó el mismo señor
Patriarca, ponderando los milagros sucedidos en estos día, en particular el del mudo tan reciente”.
29
J. XIMÉNEZ, Vida del beato Juan de Ribera, 188.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
200 M. NAVARRO
los puntos más importantes, que le servía para preparar la predicación,
que posteriormente realizaba sin papeles, de memoria. El Patriarca conocía
perfectamente la vida de san Vicente, y citaba en su sermón los pasajes,
acontecimientos o milagros que creía convenientes, como después veremos;
pero su predicación no se centraba tanto en la vida del santo sino en explicar
el evangelio de la fiesta, que comentaba abundantemente, aderezándolo
con los ejemplos de la vida, doctrina y milagros del santo dominico.
A este respecto, cabe advertir que la predicación de san Juan de
Ribera era fundamentalmente bíblica. Y esto por una razón pastoral: en
una época en que los simples fieles tenían cerrado el acceso directo al
texto sagrado en lengua vulgar, el Patriarca se propuso ofrecérselo a tra-
vés de sus sermones, inspirados en la Sagrada Escritura y fundados
siempre en ella, pues estaba convencido de que la Biblia debía exponerse
al pueblo, a fin de que éste alimentase su vida cristiana con ella.
De hecho, las homilías del Patriarca, como las de san Vicente,
comenzaban siempre con un breve versículo bíblico, por lo general to-
mado del evangelio o de la epístola de la misa, cuyo comentario era el
objeto del sermón. En el caso concreto de los sermones dedicados a san
Vicente, el texto es siempre del evangelio propio de su fiesta, correspon-
diente al capítulo 12 (versículos 35-36) del evangelio san Lucas. En tres
de las homilías, Ribera centra su predicación en el comentario del primer
versículo, el 35: “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas en
vuestras manos”; tan sólo en sermón del año 1580 la prédica giró en
torno al segundo versículo, el 36: “Vosotros estad como los que aguar-
dan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame”,
pues reconocía que el anterior versículo lo había declarado ya “en otro
sermón de este sancto”. 30
Así pues, lo principal en las homilías de san Juan de Ribera dedi-
cadas a san Vicente Ferrer es la predicación del evangelio, que se ilustra
con referencias a la vida y milagros del santo en función de la doctrina
propuesta. El sermón predicado en la fiesta de 1586 nos permite ver có-
mo era el inicio de una predicación del Patriarca sobre san Vicente, pues
los demás carecen de preámbulo. Comienza recordando a los fieles va-
lencianos la particular devoción que deben al santo, por los muchos fa-
vores que de él alcanzan, y la especial confianza que en su ayuda han de
tener, por el hecho de que san Vicente es paisano suyo. Dice así:
__________
30
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 169, línea 24.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 201
Celebramos hoy la fiesta del gloriosísimo san Vicente Ferrer, confesor, al
cual por muchas y diversas consideraciones debe esta nuestra tierra
particular obsequio y devoción, porque, allende de los muchos favores
que recebimos ordinariamente de Dios Nuestro Señor por medio de las
oraciones y merecimientos de este sancto, estamos ciertos que hará el
oficio que vio el santo Onías, hablando del celosísimo Jeremías: Hic est
fratrum amator, hic est qui multum orat pro populo et universa sancta
civitate,31 para todo lo cual no sólo le mueve a este gloriosísimo Sancto
[Vicente] la caridad ordinaria que hacen los sanctos, pero la particular
obligación, por ser natural desta ciudad y haber nacido y criádose en ella.
Y de esto nace que debemos tener una grandísima confianza de ser
ayudados y favorecidos deste sancto [...].32
Tras este preámbulo o introducción, pasa a considerar una “obli-
gación nueva” que tienen los valencianos “de reverenciar y venerar a
este nuestro Sancto Patrono, así en las cosas públicas como en las secre-
tas,33 pues –dirá– es mucho mayor en comparación la honra y resplandor
que ganamos por su mediación que todas las demás”, aludiendo de ese
modo tanto a los beneficios espirituales que el santo proporcionó en vida
a su ciudad y paisanos, cuanto al honor que ha supuesto para Valencia y
sus gentes el hecho de que un hijo suyo hiciera memorable el nombre de
su patria por amplias regiones de Europa.
Después de lo cual anota: “demostración”, para indicar que, llegado
a este punto, debe prodigarse en narrar ejemplos de la vida del santo que
muestren esto, los cuales no consigna por escrito en el esquema de su
sermón, pero los dirá en el momento de predicarlo. Que así era lo muestra
la conclusión de este apartado, cuando dice:
Y porque [en] este lugar hemos dicho muncha parte de la vida deste
sancto y todos lo tenéis diligentemente escrito en un libro que anda im-
preso, no pienso detenerme más en esto, sino tractar del Evangelio, el
cual es un pedazo de la historia que hizo San Lucas, donde se refiere que
hallándose el Redentor con un auditorio grandísimo: multis autem turbis
concurrentibus, ita ut se invicem conculcarent.34
El libro impreso al que se refiere es la Vida e historia del apostólico
predicador san Vicente Ferrer de la Orden de Santo Domingo, de
__________
31
“Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo y por toda la ciudad
santa” (2Mac 15,14).
32
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 159-160, líneas 10-23.
33
Privadas, diríamos actualmente.
34
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 160, líneas 29-34.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
202 M. NAVARRO
fray Vicente Justiniano Antist, O.P., publicado en Valencia el año 1575,
y al que remite a sus oyentes, pues había tenido gran difusión en Va-
lencia. Sin duda, el Patriarca se basó en esta biografía del santo parra
glosar la vida y milagros del mismo en sus sermones, pues, como ya
hemos dicho, la poseía, aunque ahora no figure en la Biblioteca.
Después de este amplio preámbulo el Patriarca pasa a comentar el
evangelio del día,
donde se refiere que hallándose el Redentor con un auditorio grandísimo:
multis autem turbis concurrentibus, ita ut se invicem conculcarent.35 Con
tan buena ocasión el Señor, que tan deseoso andaba de sembrar la doctri-
na del Evangelio en el corazón de los hombres, quiso tractar de tres cosas
importantísimas, para que las oyesen todos y que se emplease el mucho
auditorio en materias muy necesarias.36
Estas “tres cosas importantísimas” de que trata el evangelio son,
“lo primero de la simulación de hipocresía”; después, “lo segundo
que les enseña: cómo se han de haber en los bienes del mundo y lo
poco que deben fiar en ellos”; y finalmente, “lo tercero como lo más
necesario, y que es como fundamento y principio de todo esto, es de-
cirles que velen”, siendo esta tercera enseñanza evangélica en donde
se detiene más; y aunque el esquema del sermón acaba aquí, supone-
mos que a la hora de predicarlo haría en esta sección referencia a san
Vicente, pues era el punto central, lo fundamental de la predicación
vicentina, que exhortaba a estar en vela, vigilantes ante la perspectiva
del inminente juicio final, como nos lo da a entender el esquema del
sermón predicado el 5 de abril del año 1578, donde al hablar de la
conveniencia –además de andar ceñidos, es decir preparados, en vela–
de “traer luces y antorchas en las manos”, añade: “mostrándolo así el
glorioso sancto patrón nuestro, cuya fiesta hoy celebra esta sancta
Iglesia”. 37
Pues bien, estos mismos temas del sermón de 1586 son los que
aparecen ampliamente desarrollados en el del año 1578, donde encon-
tramos un borrador más extenso y amplio del sermón, pero sólo en lo re-
ferente al tema evangélico, sin que aparezca ninguna referencia a san
Vicente hasta el final del mismo, como veremos a continuación.
__________
35
Lc 12,1.
36
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 160, líneas 33-39.
37
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 162, líneas 25-28.
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SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 203
Pero antes hemos de tener en cuenta que, para calibrar la in-
fluencia de san Vicente Ferrer sobre la predicación de san Juan de
Ribera no basta fijarnos sólo en las referencias explicitas al santo
dominico que hace, sino también debemos considerar la asimilación
del estilo de la predicación vicentina que se aprecia en Ribera, quien,
al igual que Ferrer, no habla en general, sino que se dirige directa-
mente a sus oyentes en segunda persona, bien sea del singular o del
plural; y al igual que Ferrer aprovecha su sermón para denunciar los
pecados privados y públicos de los oyentes, al hilo del texto evangéli-
co, a fin de moverlos a conversión; y una conversión no solo indivi-
dual, sino colectiva y social, ciudadana, como la que buscaba san
Vicente.
Así, por ejemplo, en el sermón de la fiesta del santo predicado
en 1578 se sirve de la recomendación evangélica de tener ceñida la
cintura para citar un texto de san Gregorio Magno sobre el particular,
que le brinda la oportunidad de denunciar el vicio del adulterio, tan
extendido en Valencia y que tanto criticaba san Vicente Ferrer en sus
sermones:
Pero no se puede dejar decir aquí lo que el bienaventurado San Gregorio
anotó sobre este lugar. Dice él: Tunc enim lumbos praecingimus, cum
carnis luxuriam per poenitentiam coarctamur.
Ceñir, es guardar la castidad. Esto es lo que manda aquí el Redentor. Este
es el Evangelio de Valencia: que guardéis limpieza, que andéis ceñido y
apretado, que no deis lugar a vuestros sentidos ni los traigáis holgados y
flojos, antes apretados y metidos en cintura.
¿Veis cuántos males pasan? Desto nacen todos los males, desto vienen
los castigos de Dios, desto la destrucción de las casas y de las familias y
de las ciudades y de los Reinos: que el casado y el que no lo es, busca la
mujer que no es suya.38
Otro pecado público que denuncia, siguiendo el ejemplo de san
Vicente Ferrer, es el de la violencia que reina en Valencia. Para ello,
echando mano de nuevo de un texto de san Gregorio Magno, presenta las
lámparas encendidas de las que habla el evangelio como un símbolo de
las buenas obras, lo cual aprovecha para criticar la afición tan presente
en Valencia de escuchar sermones en Cuaresma, pero que después no se
plasma en obras, en un cambio de vida:
__________
38
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 166, líneas 170-180.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
204 M. NAVARRO
Bien había aquí que decir, agora que salís de la cuaresma llenos de
sermones: ¿bastará esto? No, por cierto. Non enim auditores legis iusti
sunt apud Deum.
Bien seréis curiosos de sermones, bien podréis hablar en ellos y entrete-
neros con saber la gente que tuvo éste y la que tuvo el otro, si movió o si
enseñó, si fue largo; pero justicia, ésa no se gana con oír, sino con hacer.
Sed factores legis iustificabuntur.
Pues, a su juicio no se aprecia en la ciudad el efecto de tantos
sermones cuaresmales, sino todo lo contrario, ya que abundan las violen-
cias, los asesinatos y las pendencias con el resultado de derramamiento
de sangre:
¿Qué de pecados públicos veis enmendados? El otro mata a su mujer y
vase a oír el sermón, el otro pobrecito en la semana sancta le matan, y no
como quiera, sino como si fuera un toro. ¡Esos son los provechos! [de los
sermones cuaresmales]. ¡Oh Valencia, cuándo dejarás de derramar sangre
humana!
Y con el tono apocalíptico de un nuevo san Vicente Ferrer,
conmina:
Llegado es en esta ciudad el tiempo, y por ella se dijo aquello que [dice]
el profeta: Omnes in sanguine insidiantur, et vir fratrem suum ad mortem
venatur,39 que a caza, en el paso están puestos los ballesteros, para matar
hombres como si matasen conejos o gansos.
Y concluye:
No sé qué remedio para tantos males, sino suplicar a este Sancto Varón y
Patrón nuestro San Vicente Ferrer, cuya fiesta hoy celebramos, que sea in-
tercesor con Jesuchristo Nuestro Señor, para que así como en la vida con
sus palabras y obras convirtió tanta muchedumbre de gente, así agora, con
sus merecimientos y intercessión alcance de Dios que cesen de pecar.
Muy bien la Iglesia canta este Evangelio en su día, porque la principal
arma con que venció a los hombres era con la memoria del Juicio.40
Y con estas palabras concluye su sermón.
En el borrador del sermón manuscrito sobre san Vicente que san
Juan de Ribera predicó en Valencia el 5 de abril del año 1580, tampoco
__________
39
“Todos tienden asechanzas para dar muerte. El hermano acecha al hermano para darle
caza mortal” (Miq 7,2).
40
JUAN DE RIBERA, Sermones..., VI*: Santoral, 167, líneas 209-213.
ANALES VALENTINOS. Nueva Serie X/19 (2023) 185-209 I.S.S.N. 2444-684X
SAN VICENTE FERRER EN LA BIBLIOTECA... 205
encontramos ninguna referencia explícita al santo, aunque gira en torno a
lo que fue el tema central de su predicación: la venida del Señor como
juez al final de los tiempos, pues toma como tema del sermón el versículo
36 del capítulo 12 de san Lucas: “Et vos similes hominibus expectantibus
dominum suum quando revertatur a nuptiis”. Insiste en el estar prepara-
dos para ese día, como “gente de ánimo varonil [...] gente puesta en cui-
dado y de recaudo”, y se detiene presentando el ejemplo de Job y de
Saul, que tiemblan ante la perspectiva del juicio divino, pues “para el
juicio y para aguantar aquel trago tan terrible es menester gran pecho”,
ya que vendrá “sicut ignis conflans, ignis devorans”, es decir como fuego
fundido, fuego devorador, si bien:
Esto es para los malos y enemigos de Dios, para los cuales será fuego
abrasador y devorador y esto es lo que espanta ver qué sosegados viven
los malos, sabiendo que les está aparejado el fuego, y con todo eso, qué
alegres y contentos, qué olvidados de lo que ha de ser. Pues vendrá el día
y verás cuán vanos caminos has llevado.41
En cambio, para los buenos el juicio será “como usar del jabón
los que lavan ropa. [...] Así los buenos purgatorio tendrán para sus im-
perfecciones”. Y pone en guardia frente a la falsa seguridad de los “que
no hallan de qué temer”, invitando a “esperar y con ansias” la venida del
Señor, pues
Ha de venir y no sabemos cuándo, pero sabemos que será presto el juicio
particular, pues ha de seguir inmediatamente a la muerte, que tan presto se
llega. Y pues cada hora puede ser, es menester que cada hora velemos. 42
Las expresiones que emplea el Patriarca para hablar del juicio
final son rotundas, fuertes, y debían impactar a los oyentes, igual como
impactaba la predicación vicentina. Sin embargo dulcifica el tono al final
del sermón para comentar que los siervos de la parábola esperan a su se-
ñor, que viene de unas bodas, por tanto, dirá: “no esperéis al juez, sino al
Señor, y que viene de boda, para hacer mercedes a convivio”. Y nos ha
de juzgar no como juzgan los hombres, “sino como mi Señor, benigna-
mente”; por tanto hemos de esperarlo con alegría y confianza y, sobre
todo, con perseverancia.43
__________
41
Esta cita y las anteriores en J UAN DE R IBERA, Sermones..., VI*: Santoral, 169-170,
líneas 55-59.
42
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 172, líneas 113-116.
43
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 172-173, líneas 128-129 y 131.
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Como ya hemos dicho, no hay ninguna referencia a san Vicente
Ferrer en este sermón, porque san Juan de Ribera daba por supuesto
que sus oyentes conocían al detalle la vida del santo, por lo cual no
consideraba importante gastar en su narración un tiempo precioso que
prefería dedicar al comentario de las palabras del evangelio, renovando
a través de ello a sus fieles la llamada a la conversión y a la vigilancia
que hacía el texto sagrado y de la que fue heraldo san Vicente. La na-
rración de los dichos, hechos o milagros de san Vicente estaba en fun-
ción del mensaje evangélico, y aunque no figuraran en el texto del
borrador de la prédica, el Patriarca los introducía a lo largo de su ser-
món cuando lo consideraba necesario. Así nos lo certifica que, al final
de la primera homilía sobre el santo, la predicada en un lugar y fecha
desconocidos, Ribera anota al final del borrador de la misma una serie
de milagros y algunos datos biográficos de san Vicente, para comentar-
los, resultando evidente que éstos habían sido elegidos por su oportuni-
dad, ya que concordaban a la perfección con el mensaje del evangelio
sobre el que iba a predicar y, por tanto, podían servir perfectamente para
imprimirlo en el ánimo de los oyentes:
Ladraba en el vientre. De diez y ocho años fraile, convirtió veinte y cinco
mil judíos, y ocho mil moros, y cuarenta y cinco mil pecadores. Re-
suscitó veinte y ocho muertos. Vivió setenta y ocho años. Predicando era
entendido de todos.44
Pero a lo que dedica el grueso de este sermón es, como en los
anteriores, a hablar de la necesidad de estar preparados, vigilantes co-
mo advierte el evangelio de la fiesta del santo, centrándose en esta oca-
sión en las virtudes de la castidad, la sobriedad y la obediencia. Por
otra parte, los milagros de san Vicente que el Patriarca recuerda para
comentar a lo largo de su sermón tienen relación con la predicación
como medio para llamar a la conversión y a la vigilancia ante el juicio
final que se acerca.
Así, que “ladraba en el vientre” se refiere al hecho, narrado por
todos los biógrafos de san Vicente, de que estando embarazada su ma-
dre, “sentía muchas veces dentro de sus entrañas y vientre ladridos de
perro”, por lo que consultó el caso con el obispo de Valencia, quien le
respondió que aquello era signo “que pariría un hijo, el qual sería como
un señalado mastín para guardar el rebaño del pueblo Christiano y
__________
44
JUAN DE RIBERA, Sermones, VI*: Santoral, 158, líneas 65-68.
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despertarle con sus ladridos del sueño de los peccados, y ahuyentar del a
los infernales lobos”.45 El mismo san Vicente, en un sermón predicado en
Chinchilla el tercer domingo de Pascua, fiesta del Buen Pastor, comparó
a los predicadores con mastines
que ladran por la predicación para que los demonios no devoren a las
ovejas, cuando predican que os abstengáis de los pecados, como yo, que
voy por todo el mundo ladrando contra los demonios, advirtiendo a las
gentes que hagan vida buena.46
Que “predicando era entendido de todos” hace referencia a la
curiosa circunstancia recogida en el proceso de canonización y narrada
también por todos los biógrafos del santo dominico, que “predicava en
su lenguaje Valenciano, y con todo esso era entendido de todos”; así co-
mo al hecho de que aún siendo miles los que acudían a escuchar sus
sermones “y predicar de ordinario en grandes plaças, todos le oýan y en-
tendían, assí los que estaban cerca del púlpito como los de bien lexos”,
tal como refiere Francisco Diago. 47
Y que en sus últimos dieciocho años de fraile dominico Ferrer
“convirtió veinte y cinco mil judíos, y ocho mil moros, y cuarenta y cin-
co mil pecadores”, le interesaba mucho al Patriarca recordarlo a sus
oyentes, pues su mayor propósito era convertir a los moriscos de su dió-
cesis a través de la predicación, como había hecho san Vicente con tanto
celo con los judíos y moros de entonces. Sabemos que esta noticia la
tomó Ribera del Breviario Valentino, como refiere Fr. Vicente Justi-
niano Antist: “En las liciones del Breviario antiguo de Valencia se es-
cribe que [san Vicente] convirtió con su predicación 25.000 judíos.
Escríbese también que convirtió 8.000 moros”. 48
Concluyo con una anécdota que narra mosén Juan Porcar, el autor
del Dietari del capellà de Sant Martí, y es que el 29 de junio de 1609,
día de san Pedro, el señor Patriarca predicó en la catedral, y no quiso uti-
lizar el púlpito nuevo (la trona nova) “que havien treslladat de la confra-
ria de la Seu a la dita Seu”, ya que se trataba del púlpito que había
__________
45
F. D IAGO, Historia de la vida..., 14-15. Quien lo toma casi al pie de la letra de la
Vida e historia del apostólico predicador san Vicente Ferrer de la Orden de Santo Domin-
go, de fray Justiniano Antist, cf. la edición de esta obra en Biografía y escritos de San Vicente
Ferrer, 99.
46
Sermonario de san Vicente Ferrer..., 198.
47
F. D IAGO, Historia de la vida..., 109-110.
48
En Biografía y escritos de San Vicente Ferrer, 144.
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utilizado san Vicente Ferrer cuando predicaba en la catedral, y que se
había guarnecido de metal para protegerlo, pues “no·s trobava digne de
predicar en la trona que havia predicat sant Vicent Ferrer”.49
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49
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