La patria potestad y los alimentos entre parientes
Concepto y fundamento
El concepto de patria potestad que actualmente se utiliza no se ajusta a la realidad jurídica que
encierra y conlleva. La propia palabra “potestad” no es adecuada si la tomamos en su sentido
literal o etimológico. En efecto, no estamos tanto ante una potestad o poder paternal sobre los
hijos menores no emancipados sino ante un mecanismo de protección y custodia de los mismos,
completando la falta de plena capacidad de obrar de la que adolecen en atención a su corta edad
y sin perder de vista en ningún caso que existen otros criterios normativos vigentes a los que ha
de plegarse; no olvidemos que en todo caso contamos con el imperio del principio de superior
interés del menor.
A tenor del art. 39.2 CE, los poderes públicos aseguran la protección integral de los hijos. Por su
parte, el art. 39.3 CE dispone que “los padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos
habidos dentro o fuera del matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en que
legalmente proceda”. Tenemos que subrayar que esa asistencia supone un deber impuesto
constitucionalmente, lo que modula y orienta teleológicamente qué ha de entenderse por patria
potestad para que se satisfaga el beneficio de los hijos, ese tantas veces latente superior interés
del menor al que aludíamos.
Su régimen jurídico básico se encuentra en los arts. 154 a 171 CC, ambos inclusive. Son dos los
tipos de elementos personales que cabe observar en esta relación jurídica: los padres y los hijos.
Los sujetos de la patria potestad. Contenido personal y patrimonial de la patria potestad
Los hijos no emancipados están bajo la patria potestad de sus padres (art. 154 CC). La patria
potestad constituye una responsabilidad parental y ha de insistirse en que debe ejercerse
siempre en interés de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos,
su integridad física y mental.
En el ejercicio de la patria potestad, los padres pueden recabar el auxilio de la autoridad, si es
que la estimaran necesaria (menores conflictivos, violentos...)
La patria potestad, como función de los padres, encierra en sí un estatuto en el sentido jurídico
de la expresión, esto es, un conjunto de deberes y facultades que enumeramos seguidamente:
1º Velar por los hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una
formación integral
2º Representarlos y administrar sus bienes (dada esa falta de capacidad de obrar aludida)
A su vez, en régimen de reciprocidad, los hijos tienen los siguientes deberes para con sus padres:
1º Obedecerlos mientras permanezcan bajo su autoridad, y respetarlos siempre
2º Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la
familia mientras convivan con ella
El ejercicio de la patria potestad corresponde conjuntamente a ambos progenitores, o a uno solo
con el consentimiento expreso o tácito del otro. El art. 156 CC considera válidos los actos que
realice uno de los progenitores conforme al uso social y a las circunstancias, o en situaciones de
urgente necesidad. Si surgiera desacuerdo, cualquiera de los dos padres podrá acudir al Juez,
quien tras oír a ambos y al hijo si tuviera suficiente madurez y, en todo caso, si fuera mayor de
doce años, atribuirá la facultad de decidir al padre o a la madre. Si los desacuerdos fueran
reiterados, o si concurriera cualquier otra causa que entorpezca gravemente el ejercicio de la
patria potestad, el Juez podrá atribuirla total o parcialmente a uno de los padres o distribuir entre
ellos sus funciones, si bien esta medida será temporal (por el plazo que se fije, que en ningún
caso podrá exceder de dos años).
En defecto o por ausencia, incapacidad o imposibilidad de uno de los padres, la patria potestad
será ejercida exclusivamente por el otro. Si los padres vivieran separados, la patria potestad se
ejercerá por aquel con quien el hijo conviva. En interés del hijo, a solicitud fundada del otro
progenitor, el Juez podrá atribuir al solicitante la patria potestad para que la ejerza conjuntamente
con el otro progenitor o distribuir entre ambos las funciones inherentes a su ejercicio. En cualquier
caso, el Juez deberá resolver siempre en beneficio de los hijos, salvaguardando su superior
interés.
Los hijos menores tienen derecho a relacionarse con sus progenitores, aunque éstos no ejerzan la
patria potestad, a salvo lo que se pueda disponer en contrario por resolución judicial (Poder
Judicial) o por la Entidad Pública competente (Administración, es decir, Poder Ejecutivo).
Tampoco podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del menor con sus
hermanos, abuelos y otros parientes y allegados. En caso de oposición, se prevé que resuelva el
Juez la cuestión atendiendo a las circunstancias en presencia, y a petición del propio menor,
hermanos, abuelos, parientes o allegados. Mantengamos la idea del superior interés del menor,
como criterio rector, y su ductilidad, la necesidad de que se adapte en cada uno de los casos
potencialmente problemáticos que se nos planteen.
A los padres, en ejercicio de la patria potestad, les corresponde la representación legal de sus
hijos menores no emancipados (representantes legales, no voluntarios). El art. 162 CC exceptúa
de esta afirmación
1º Los actos relativos a los derechos de la personalidad que el hijo, de acuerdo con su madurez,
pueda ejercitar por sí mismo (recordemos que uno de los rasgos de los derechos de la
personalidad es su carácter no patrimonial, su no contenido económico directo). No obstante, los
responsables parentales intervendrán en estos casos en virtud de sus deberes de cuidado y
asistencia.
2º Aquellos en que exista conflicto de intereses entre los padres y el hijo.
3º Los relativos a bienes que estén excluidos de la administración de los padres.
Considerando el art. 163 CC, siempre que en algún asunto el padre y la madre tengan un interés
opuesto al de sus hijos no emancipados, se nombrará a éstos un defensor que los represente en
juicio y fuera de él (recordemos el art. 215 CC). Se procederá también a este nombramiento
cuando los padres tengan un interés opuesto al del hijo menor emancipado cuya capacidad
deban completar. Si el conflicto de intereses existiera sólo con uno de los progenitores,
corresponde al otro por Ley y sin necesidad de especial nombramiento representar al menor o
completar su capacidad. Tenemos que retener, para identificar bien esta institución jurídica, que
el cargo de defensor se ciñe a asuntos concretos y puntuales, afectando su representación tanto
a juicio (procesos judiciales) como a otros actos o negocios fuera de él (por ejemplo, la
celebración de un contrato).
Se puede comprobar que la patria potestad, al igual que la tutela, cubre simultáneamente
aspectos personales y patrimoniales del menor. Por eso, el art. 164 CC dispone que los padres
administrarán los bienes de los hijos con la misma diligencia que los suyos propios cumpliendo
las obligaciones generales de todo administrador. Quedan exceptuados de la administración
paterna:
1º. Los bienes adquiridos por título gratuito cuando el disponente lo hubiere ordenado de manera
expresa. Se cumplirá estrictamente la voluntad de éste sobre la administración de estos bienes y
destino de sus frutos.
2º. Los adquiridos por sucesión en que uno o ambos de los que ejerzan la patria potestad
hubieran sido justamente desheredados o no hubieran podido heredar por causa de indignidad,
que serán administrados por la persona designada por el causante y, en su defecto y
sucesivamente, por el otro progenitor o por un administrador judicial especialmente nombrado.
3º. Los que el hijo mayor de dieciséis años hubiera adquirido con su trabajo o industria. Los actos
de administración ordinaria serán realizados por el hijo, que necesitará el consentimiento de los
padres para los que excedan de ella.
Pertenecen siempre al hijo no emancipado los frutos de sus bienes, así como todo lo que
adquiera con su trabajo o industria (puede trabajar legalmente al tener al menos 16 años
cumplidos). No obstante, los padres podrán destinar los del menor que viva con ambos o con
uno sólo de ellos, en la parte que le corresponda, al levantamiento de las cargas familiares, y no
estarán obligados a rendir cuentas de lo que hubiesen consumido en tales atenciones.
Cuando la administración de los progenitores ponga en peligro el patrimonio del hijo, el Juez, a
petición del propio hijo, del Ministerio Fiscal o de cualquier pariente del menor, podrá adoptar las
medidas que estime necesarias para la seguridad y recaudo de los bienes, exigir caución o fianza
para la continuación en la administración o incluso nombrar un Administrador.
Al término de la patria potestad podrán los hijos exigir a los padres la rendición de cuentas de la
administración que ejercieron sobre sus bienes hasta entonces.
La patria potestad se acaba:
1° Por la muerte o la declaración de fallecimiento de los padres o del hijo.
2° Por la emancipación.
3° Por la adopción del hijo.
Igualmente, el padre o la madre podrán ser privados total o parcialmente de su patria potestad
por sentencia fundada en el incumplimiento de los deberes inherentes a la misma o dictada en
causa criminal o matrimonial. Aún así, los Tribunales podrán, en beneficio e interés del hijo,
acordar la recuperación de la patria potestad cuando hubiere cesado la causa que motivó la
privación.
Por último, ex art. 171 CC, la patria potestad sobre los hijos que hubieran sido incapacitados
quedará prorrogada, por ministerio de la Ley, al llegar aquéllos a la mayor edad. Si el hijo mayor
de edad soltero que viviere en compañía de sus padres o de cualquiera de ellos fuere
incapacitado se rehabilitará la patria potestad, que será ejercida por quien correspondiere si el
hijo fuera menor de edad. La patria potestad prorrogada en cualquiera de estas dos formas se
ejercerá con sujeción a lo especialmente dispuesto en la resolución de incapacitación –art. 760.1
LEC, traje a medida y no prêt a porter- y, subsidiariamente, en las reglas generales del Código
sobre la materia.
La patria potestad prorrogada terminará:
1° Por la muerte o declaración de fallecimiento de ambos padres o del hijo.
2° Por la adopción del hijo.
3° Por haberse declarado la cesación de la incapacidad.
4° Por haber contraído matrimonio el incapacitado.
Si al cesar la patria potestad prorrogada subsistiera el estado de incapacitación, se constituirá
tutela o curatela, según corresponda (arts. 215 y ss. CC; representación personal y patrimonial o
solamente para cubrir algunos aspectos económicos en los que el incapaz carezca de capacidad
de obrar plena), por lo que el interesado seguirá gozando de protección exigida por el
Ordenamiento jurídico para completar su capacidad de obrar limitada.
La obligación de alimentos: concepto, naturaleza y caracteres de la obligación alimenticia
Una de las consecuencias de la regulación jurídica del parentesco radica en la institución del
derecho de alimentos entre parientes. Se trata de una obligación que impone la ley en razón de
parentesco, aunque pueda tener un origen último más bien moral o natural, encaminada a
permitir que determinadas personas que carezcan de un mínimo sustento económico por sí
mismas puedan satisfacer sus necesidades vitales esenciales. Sería una obligación legal por venir
así directamente establecida en el Código Civil, que no podrá renunciarse, transmitirse o
disponerse (compruébese que el art. 1814 CC, al regular concretamente el contrato de
transacción, veta expresamente cualquier transacción sobre alimentos futuros).
a) Concepto
El art. 142 CC define el contenido material de estos alimentos: será todo lo que es indispensable
para el sustento, habitación, vestido y asistencia médica. La consideración legal de alimentos no
se ajusta al sentido etimológico o literal de los alimentos, sino que lo extiende a:
- Otros campos como la asistencia médica, el vestido o la habitación (es decir, la vivienda).
- También se comprende dentro de esta categoría jurídica de alimentos la educación e instrucción
del alimentista (persona con derecho a recibirlos) mientras sea menor de edad, “y aun después –
esto es, siendo ya mayor de edad- cuando no haya terminado su formación por causa que no le
sea imputable”. A la inversa, si no culminara sus estudios por causa imputable al alimentista
(pereza, falta de aplicación debida…), su educación no quedaría integrada en el concepto jurídico
de derecho de alimentos.
- Asimismo, se incluirán los gastos de embarazo y parto en cuanto no estén cubiertos de otro
modo. Por tanto, si estuvieran así asegurados, tampoco quedarían amparados por el derecho de
alimentos en esta consideración legal.
El derecho a los alimentos “no es renunciable ni transmisible a un tercero” (art. 151 CC). No podrá
tampoco compensarse con el que el alimentista deba recíprocamente al que ha de prestarlos, si
bien podrán compensarse y renunciarse las pensiones alimenticias atrasadas.
b) Sujetos con obligación de darlos (alimentante)
Con carácter general, la obligación de prestar alimentos tiene carácter recíproco. Al engarzarse a
la mala fortuna de quien resulte acreedor de ellos, es factible que el pariente obligado a prestarlos
(alimentante) pueda en el futuro ser quien los reclame (alimentista), si su situación personal
empeorara y activara los supuestos habilitantes legalmente previstos.
Dado el art. 143 CC, resultan obligados recíprocamente a darse alimentos en toda la extensión
material que hemos visto que contiene el art. 142 CC:
1º Los cónyuges.
2º Los ascendientes y descendientes.
3º Los hermanos, de manera más acotada eso sí, ya que “sólo de deben los auxilios necesarios
para la vida, cuando los necesiten por cualquier causa que no sea imputable al alimentista, y se
extenderán en su caso a los que precisen para su educación”.
Al existir distintas personas que pueden quedar obligadas a la prestación de alimentos
concurriendo simultáneamente, habrá que trazar una prelación, es decir, establecer a quién
acudir en primer término para reclamar este derecho o, en su defecto, a quién sucesivamente con
producción de efecto excluyente de los primeramente llamados respecto a los que lo sean
ulteriormente. El orden a seguir para reclamar alimentos, siendo procedente y resultando ser dos
o más los obligados a prestarlos, lo fija de esta manera el art. 144 CC:
1º Al cónyuge.
2º A los descendientes de grado más próximo (recordemos que por grado entendemos cada
generación).
3º A los ascendientes, también en grado más próximo.
4º A los hermanos, “pero estando obligados en último lugar los que sólo sean uterinos o
consanguíneos” (recordemos la diferenciación ya estudiada entre hermanos de vínculo sencillo y
de doble vínculo, dándola por reproducida aquí).
c) Reparto
Recayendo sobre dos o más personas la obligación de prestar alimentos, el art. 145 CC prevé
que se reparta entre ellas el pago de la correspondiente pensión “en cantidad proporcional a su
caudal respectivo”, léase, a sus medios y capacidades económicas que también se busca
salvaguardar.
“En caso de urgente necesidad y por circunstancias especiales”, excepcionalmente, podrá el Juez
obligar a una sola de esas personas a que los preste “provisionalmente”, y siempre sin perjuicio
de su derecho a reclamar de los demás obligados la parte que les corresponda.
Si dos o más alimentistas reclamasen a la vez alimentos de una misma persona legalmente
obligada a darlos (dos hijos a su madre, por ejemplo), y ésta no tuviera fortuna bastante para
atenderlos a todos, se guardará el orden establecido en el art. 144 CC. Pero si los alimentistas
concurrentes fueran el cónyuge y un hijo sujeto a patria potestad, será preferido el hijo
desplazando al cónyuge.
d) Cuantía
El art. 146 CC dispone que la cuantía de los alimentos deba ser proporcionada tanto al caudal o
medios de quien los da como a las necesidades de quien los recibe. Así, en la concreta fijación
de este derecho haya de buscarse un equilibrio entre la capacidad económica del alimentante
(quien lógicamente ha de seguir manteniendo sus propias necesidades suficientemente cubiertas)
y las necesidades del alimentista.
Los alimentos son susceptibles de modificarse, de aumentar o reducirse, y resultan sujetos a una
variabilidad proporcional “según el aumento o disminución que sufran las necesidades del
alimentista y la fortuna del que hubiere de satisfacerlos” (art. 147 CC). Una vez más, el Código
Civil implementa un mecanismo que requiere un análisis pormenorizado y casuístico, supuesto a
supuesto.
e) Momento en que surge la obligación alimenticia
El art. 148 CC ordena que esa obligación sea exigible “desde que los necesitare para subsistir la
persona que tenga derecho a percibirlos, pero no se abonarán sino desde la fecha en que se
interponga la demanda”. Así pues, la obligación de prestar alimentos surge, es exigible, cuando
se necesiten para cubrir las correlativas necesidades por parte del alimentista que es acreedor y
beneficiario de ellos. Pero el alimentante solamente los abonará desde que se reclamen
efectivamente, o en palabras del CC “desde la fecha en que se interponga la demanda”. Se trata
de dos momentos temporales diferentes que, obviamente, no tienen por qué coincidir.
e) Forma de prestar los alimentos
El Código opta aquí por atribuir amplias facultades al alimentante para el cumplimiento de la
obligación surgida. Conforme al art. 149 CC, “el obligado a prestar alimentos podrá, a su elección,
satisfacerlos o pagando la pensión que se fije o recibiendo y manteniendo en su propia casa al
que tiene derecho a ellos”. Se confiere un derecho subjetivo al alimentante (“a su elección”) para
que cumpla su obligación alternativamente bien mediante el pago de una pensión económica, en
dinero; bien en especie, recibiendo en su casa al alimentista para brindarle el contenido material
apegado a la obligación (recordemos, sustento, vivienda… art. 142 CC). Hay que añadir que el
pago se verificará por meses anticipados y “cuando fallezca el alimentista, sus herederos no
estarán obligados a devolver lo que éste hubiese recibido anticipadamente”, considerando la
manera en la que se consuma el pago (art. 148 CC).
Aun siendo el criterio general del Código que el obligado a prestar alimentos posea ese derecho a
elegir la manera de hacerlo, se matiza como salvedad de que tal elección no será posible “en
cuanto contradiga la situación de convivencia determinada para el alimentista por las normas
aplicables o por resolución judicial” (nuevamente, art. 149 CC). También se implementa otra
significativa modulación con igual efecto de impedir al alimentante la selección de la forma en
que cumplir su obligación “cuando concurra justa causa” (que habrá que valorar caso a caso,
como se comprenderá) “o perjudique el interés del alimentista menor de edad” (nuevamente
detectamos una manifestación del principio general de superior interés del menor, cuyo imperio
haría decaer ese derecho del alimentante que, jurídicamente, presenta una más débi intensidad
en su protección en comparación o si entra en pugna con el primeramente citado).
f) Causas de extinción de la obligación de prestar alimentos
El Código prevé las siguientes causas que extinguen la obligación legal de prestar alimentos en
sus arts. 150 y 152:
1ª La muerte del obligado, del alimentante, aunque los prestara en cumplimiento de una
sentencia judicial firme.
2ª La muerte del alimentista.
3ª Que la fortuna del obligado a darlos se haya reducido hasta el punto de no poder satisfacerlos
sin desatender sus propias necesidades y las de su familia.
4ª Cuando el alimentista pueda ejercer un oficio, profesión o industria, o haya adquirido un
destino o mejorado de fortuna, de forma que no le sea necesaria la pensión alimenticia para su
subsistencia que, lógicamente, ya podrá procurarse por sí mismo.
5ª Cuando el alimentista, sea o no heredero forzoso, hubiera cometido “alguna falta”, es decir,
alguna conducta u omisión, de las que los arts. 852, 853, 854 y 855 CC (en función de los
distintos posibles herederos) tipifican como causas de desheredación.
6ª Cuando el alimentista sea descendiente del obligado a dar alimentos (en sentido contrario, no
si no concurriera en él este tipo de parentesco) y su necesidad de alimentos provenga de mala
conducta o de falta de aplicación al trabajo (displicencia, vagancia que no se corrige por su
propia indolencia…); pero apostilla el Código que “mientras subsista esta causa”, por lo que
parece razonable entender que de desaparecer la misma y mantenerse el alimentista en situación
objetiva de ser acreedor de la pensión alimenticia, habría obligación de prestársela.