Las relaciones parentales y paterno-filiales
La familia y el parentesco
Ya hemos indicado en otros momentos de la exposición que la persona humana, desde su
asegurada individualidad y dignidad, encauza su existencia en estructuras sociales. La primera de
ellas, en la que en realidad surgimos y que nos acompaña a lo largo de la vida, es la estructura
familiar: aquellas personas con las que compartimos vínculos sanguíneos y/o de afectividad y
que constituye la primera organización en la que se desarrolla nuestra vida. La idea o concepto
de familia se encuentra así plenamente asentada y tiene su correspondiente reflejo jurídico. El art.
39.1 CE dispone expresamente que “los poderes públicos aseguran la protección social,
económica y jurídica de la familia”.
Aun juridificado, se trata de un concepto sujeto lógicamente a evolución histórica y sociológica,
abarcando hoy en su tenor no solamente al modelo o paradigma históricamente asentado de
familia (matrimonio heterosexual con un número variable de hijos), sino a otras muchas
modalidades que, asimismo, han de merecer atención y protección por el Derecho (familias
monoparentales, matrimonios entre personas del mismo sexo…), siempre y cuando no subviertan
el orden público establecido, claro está (poligamia, por ejemplo).
Dentro del ámbito familiar, surge la idea de parentesco, asimismo con repercusiones jurídicas. Por
parentesco hay que entender la vinculación que se produce entre determinadas personas que
poseen algún antepasado compartido entre ellas, es decir, que comparten lazos sanguíneos en
atención a poseer un tronco familiar común.
Jurídicamente, el concepto tiene un ámbito de extensión mayor, pues no se ciñe solamente a una
relación sanguínea compartida, más o menos cercana o lejana, sino que se consagra igual
situación para aquellos vínculos no naturales, sino creados y equiparados a ellos por las normas
jurídicas. Así, por ejemplo, el parentesco de un padre con un hijo sanguíneo gozará de idénticos
efectos jurídicos que con un hijo adoptado, aunque evidentemente en este último caso no ha de
concurrir la existencia de un mismo linaje natural.
La repercusión jurídica del parentesco es verdaderamente notable, pues se proyecta a múltiples
sectores y engendra dispares relaciones jurídicas, derechos y obligaciones. El CC lo regula en los
arts. 915 a 923, al tratar de la sucesión intestada (fallecimiento sin haber otorgado testamento, o
haberlo hecho de forma no plenamente válida). Esa ubicación constituye un error sistemático,
precisamente considerando que la teoría del parentesco no reduce sus consecuencias a este
concreto ámbito jurídico. La impronta del parentesco se demuestra también, siendo
considerando como criterio legal para determinar situaciones jurídicas, por ejemplo, a la hora del
llamamiento a ejercer el cargo de tutor, de impedir el matrimonio entre ciertas personas, designar
representantes de los que se hallen ausentes… Entonces, es necesario considerar los referidos
preceptos del CC con un carácter general, que rebasa sobradamente la sede normativa en la que
nuestro legislador ha tenido a bien situarlos. De hecho, dispone el art. 919 CC que el cómputo de
parentesco en quien enseguida nos centraremos “rige en todas las materias”.
Es posible estructurar el fenómeno del parentesco en distintas categorías. Así, junto al
parentesco natural (basado en los vínculos sanguíneos), puede hablarse de un parentesco legal
(determinado por la ley, por ejemplo la filiación adoptiva) o por afinidad (que sería aquél que
exclusivamente une a una persona con los parientes sanguíneos de su cónyuge; en lenguaje
popular, suegros, cuñados…) que en todo caso no liga entre sí a parientes de sangre de cada
cónyuge (de nuevo de manera popular; concuñados, consuegros…).
El cómputo del parentesco
Es muy relevante saber efectuar el cómputo jurídico del parentesco. Ante todo, el art. 915 CC
dispone que la proximidad del parentesco se determina por el número de generaciones entre los
parientes. Y cada generación forma un grado. De esa manera, entre padre e hijo hay una
generación/grado; entre abuelo y nieto, dos generaciones/grados; entre abuelo y bisnieto, tres…
Los distintos grados forman entre sí líneas. Siguiendo con el ejemplo, cada grado de los aludidos,
unidos entre sí, darían lugar a una línea: bisabuelo, abuelo, padre, hijo, nieto, bisnieto…
A su vez, las líneas pueden ser de dos tipos: recta o colateral (art. 916 CC). La línea recta es la
que se forma por la serie de grados entre personas que descienden una de otra. Será una línea
recta la que liga a padre, hijo y nieto, constituyendo cada uno de ellos un grado, una generación.
Mientras tanto, la colateral es la que queda configurada por la serie de grados entre personas que
no descienden unas de otras, pero que proceden de un tronco común. Por ejemplo, la que une a
un tío con un sobrino (hijo de un hermano), pues tienen un ascendiente común (el padre y abuelo
de cada uno de ellos, respectivamente).
Dentro de las líneas rectas, cabe subdividir entre descendente y ascendente. La línea recta
descendente, como su nombre indica, une a una persona con aquéllas que descienden de él (a
un padre con sus hijos, nietos, bisnietos…). Por su parte, la ascendente liga a una persona con
aquéllas de quienes desciende (a una persona respecto a su padre, abuelo, bisabuelo…)
En suma, respecto a las líneas hay que entender que aglomeran en su concepto a las rectas y
colaterales; así como a las ascendentes y descendentes. Ambas podrán combinarse entre sí: por
ejemplo línea recta ascendente (persona, padre, abuelo…), línea recta descendente (persona,
hijo, nieto, bisnieto)…
El art. 918 CC traza las reglas para realizar la computación del parentesco que ligue a dos
personas entre sí. Cabe sistematizarlas de la siguiente manera:
- En las líneas se cuentan tantos grados como generaciones (o personas), descontando la del
progenitor (tantas personas como haya, pero siempre restando una).
- En la recta, el hijo dista del padre un grado (línea recta ascendente), dos del abuelo y tres del
bisabuelo (idem). El padre distará de su hijo un grado, dos de su nieto, tres de su bisnieto (línea
recta descendente).
- En la línea colateral, el criterio legal explica que se habrá de subir al tronco común y después se
baje hasta la persona con quien se efectúe la computación, también restando una. El hermano
dista dos grados de su hermano (hermano, se sube al ascendente común que es el padre y se
vuelve a bajar por línea colateral al otro hermano. Habría tres personas, al descontar la del
progenitor, restarían dos, luego segundo grado), tres del tío hermano de su padre o madre, cuatro
de su primo hermano (primo carnal, popularmente), y así sucesivamente.
Por fin, se dejan apuntadas un par de ideas más respecto al parentesco:
a) Que los cónyuges contraigan matrimonio entre sí no hace que exista parentesco entre ellos,
pues con carácter general esta idea va ligada a un vínculo sanguíneo que, lógicamente, no
concurre en el negocio jurídico matrimonial.
b) En el parentesco por consaguinidad, el Código Civil distingue entre personas ligadas por
vínculo sencillo y por doble vínculo, con singular proyección al refernirnos a hermanos. Son
hermanos de vínculo sencillo los que solamente comparten padre (hermanos germanos) o madre
(hermanos uterinos). Serán hermanos de doble vínculo aquéllos que comparten padre y madre.
La relación paterno-filial. Los efectos de la filiación: los apellidos
La filiación constituye un vínculo que liga a una persona con sus padres. Se trata así de una
ligazón biológica dimanante del hecho del nacimiento. Además de ese enfoque puramente
natural, jurídicamente es asimismo relevante desde el mismo momento en que constituye un
estado civil que conlleva una serie de efectos igualmente jurídicos. Por otro lado, también acarrea
un nexo de parentesco, lo que implica también potenciales repercusiones jurídicas. La filiación
produce sus efectos desde que tiene lugar (art. 112 CC).
Este vínculo creado entre progenitor e hijo, con trascendencia jurídica, da lugar a multitud de
consecuencias: otorgamiento de apellidos, derecho de alimentos, patria potestad con su amplio
contenido, derechos hereditarios…
Pueden distinguirse distintos tipos de filiación:
a) Por naturaleza, centrada en el hecho biológico de engendrar a un hijo. A su vez, ésta puede ser
matrimonial o extramatrimonial, según los padres se hallen o no casados entre sí al tiempo del
nacimiento.
En la filiación por naturaleza matrimonial, el Código no considera solamente inserta la concepción
y nacimiento de un hijo estando vigente el vínculo matrimonial. Extiende esta catalogación a otros
supuestos diferentes e implementa algunas presunciones en este sentido. Por ejemplo, el art. 116
CC estima a un hijo como matrimonial cuando es concebido antes pero nace después de la
celebración del matrimonio; cuando es concebido durante el matrimonio pero nace después de
su disolución o de la separación legal o de hecho de los esposos siempre que el nacimiento se
haya producido antes de los 300 días siguientes a tener lugar estas circunstancias; o incluso
cuando nace después de esos 300 días siguientes a la separación judicial o de hecho de sus
padres si éstos consienten en inscribirlo como matrimonial.
Igualmente, un hijo extramatrimonial adquiere carácter matrimonial desde la fecha de posterior
matrimonio de sus padres (art. 119 CC).
b) Por adopción, si por el contrario la filiación se constituye no mediante ese hecho natural sino a
través de una resolución judicial que así lo establezca. Crea el estado de filiación entre familia
adoptiva e hijo adoptado a la par que destruye de forma prácticamente integral los vínculos
preexistentes entre el adoptado y su familia de origen. Más adelante nos detendremos en ella con
más detalle.
En todo caso, ha de retenerse la previsión del art. 108 CC, a cuya letra “la filiación matrimonial y
la no matrimonial, así como la adoptiva, surten los mismos efectos conforme a las disposiciones
de este Código”, como por otro lado no puede ser de otro modo habida cuenta que el art. 39.2
CE prevé que “los poderes públicos aseguran (…) la protección integral de los hijos, iguales éstos
ante la ley con independencia de su filiación”; máxime si los españoles somos iguales ante la ley
con independencia de las circunstancias a que se refiere el art. 14 CE.
Debe citarse también la existencia de una filiación asistida, regulada por la Ley 14/2006, de 26 de
mayo, sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida; utilizada en aquellos casos en que
surgen dificultades a la gestación natural recurriéndose al apoyo de estos métodos científicos y
médicos para su logro. De todas formas, el nacimiento de la persona así concebida resulta
natural, por lo que se incardinaría a la filiación por naturaleza, con la plenitud de efectos referida
por el art. 108 CC. Destacaremos que la aludida Ley prohíbe expresamente que las
correspondientes inscripciones en el Registro Civil puedan reflejar dato alguno del que quepa
deducir que se han empleado las referidas técnicas.
En otro orden de cosas, contamos actualmente con el fenómeno de la llamada maternidad
subrogada o, en denominación de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, gestación por sustitución. La
norma considera nulo de pleno derecho (sin que pueda surtir efectos jurídicos) el contrato por el
que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación
materna en favor de un contratante o de un tercero. En consecuencia, la filiación de los hijos
nacidos a través de gestación por sustitución será determinada por el parto. El cuerpo de la
mujer no puede ser objeto de un contrato, y conforme recuerda el art. 1271 CC solamente
pueden constituirlo los servicios que no sean contrarios a las leyes (como así sucede en este
caso, vista esa prohibición) o a las buenas costumbres.
En otros países, por el contrario, este fenómeno se acepta pacíficamente.
Es preciso analizar también cómo se determina la filiación. La filiación matrimonial materna y
paterna quedarán legalmente determinadas (art. 115 CC):
- Por la inscripción en el Registro Civil del nacimiento junto a la del matrimonio de los padres,
donde también pueden jugar relevante papel las presunciones a las que anteriormente hemos
hecho sucinta referencia (arts. 116, 118 o 119 CC).
- Por sentencia firme, es decir, aquélla contra la cual no cabe recurso, a la que se llegará tras el
ejercicio de alguna acción de reclamación de filiación o, eventualmente, a raíz de una sentencia
penal condenatoria por delito contra la libertad sexual.
Por su parte, la filiación no matrimonial quedará determinada legalmente (art. 120 CC):
- En el momento de la inscripción del nacimiento, por la declaración conforme realizada por el
padre en el correspondiente formulario oficial a que se refiere la legislación del Registro Civil.
- Por el reconocimiento ante el Encargado del Registro Civil, en testamento o en otro documento
público.
- Por resolución recaída en expediente tramitado con arreglo a la legislación del Registro Civil.
- Por sentencia firme.
- Respecto de la madre, cuando se haga constar la filiación materna en la inscripción de
nacimiento practicada dentro del plazo previsto por la Ley del Registro Civil.
La filiación, aparte de constituir los vínculos de parentesco correspondientes con los efectos y
cómputo que hemos analizado ya, constituye un estado civil, en el sentido que ya hemos
explicado en otra parte de la exposición de esta asignatura, a la que nos remitimos expresamente
y que damos por reproducida aquí.
La filiación determina también un par de efectos más que podemos desarrollar:
*Apellidos
Reflejan el linaje de la persona, tanto natural como legal (adopción). Destacaremos que el art. 194
de la Ley del Registro Civil de 8 de junio de 1957 dispone que Apellido paterno es el primero del
padre; materno el primero de los personales de la madre aunque sea extranjera. Añade el art. 196
que establecida la filiación paterna, materna o en ambas líneas perderán vigencia los apellidos
impuestos por no ser aquélla conocida. Asimismo, se prevé que a petición del interesado y previo
seguimiento del correspondiente expediente se invierta el orden de los apellidos de una persona
(colocando el materno por delante del paterno)
*Alimentos
La filiación también determina el nacimiento de esta obligación o prestación legal. Se estudiará en
otro tema conforme al programa de la asignatura, por lo que solamente dejamos apuntada su
existencia aquí.