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Hora Santa Señor Tu Eres El Pan de Vida

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«SEÑOR, TÚ ERES EL PAN DE VIDA»...

HORA SANTA

Monitor: Nos hemos reunido porque queremos contemplar a Jesús


Sacramentado y dejarlo entrar a nuestro corazón como Pan de Vida.
Queremos estar con Él, para ser los discípulos misioneros que nuestra
Iglesia necesita. En esta Hora Santa Él vendrá a nuestro encuentro.
Nuestro alimento será contemplarlo en el Sacramento Eucarístico y en
su Palabra para luego salir al encuentro de los hermanos más
necesitados. Nos ponemos de rodillas para entonar el canto y recibir a
Jesús.

CANTO DE ENTRADA:

Ministro: Adoremos y demos gracias en cada instante y momento


Todos: Al Santísimo Sacramento.

Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria. (Se repite todo esto tres veces, según la tradición).

Monitor: Señor, creemos en ti. Creemos que por amor te has quedado
en la Eucaristía para darnos el Pan que nos da la vida. Confiamos en
tu planes divinos y te pedimos en estos momentos de oración una fe
que nos haga ver mucho más allá de las preocupaciones y de las
tristezas de cada día para poder caminar siempre hacia delante.
CANTO PARA MEDITAR:

Monitor: Escuchemos ahora al mismos Jesús que está en la


Eucaristía, hablarnos en su Palabra. Pongámonos en actitud de
escucha:

Lector: Del santo Evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo dijo Jesús: Nadie puede venir a mí, si el Padre que
me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito
en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha
al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre;
sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en
verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida.
Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan
que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan
vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y
el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo. Palabra
del Señor.

Todos: Gloria a Ti Señor Jesús.

CANTO PARA MEDITAR:

Monitor: El Papa Benedicto XVI nos dice lo que escucharemos a


continuación.

Lector: Él, Palabra eterna, es el verdadero maná, es el pan de la vida


y realizar las obras de Dios es creer en Él. En la Última Cena Jesús
resume toda su existencia en un gesto que se inscribe en la gran
bendición pascual a Dios, gesto que Él vive como Hijo como acción de
gracias al Padre por su inmenso amor. Jesús parte el pan y lo
comparte, pero con una profundidad nueva, porque Él se entrega a sí
mismo. [...] Así la muerte de Cristo no se reduce a una ejecución
violenta, sino que es transformada por Él en un acto libre de amor, de
autodonación, que atraviesa victoriosamente la misma muerte y
reafirma la bondad de la creación salida de las manos de Dios,
humillada por el pecado y finalmente redimida. Este inmenso don es
accesible a nosotros en el Sacramento de la Eucaristía: Dios se nos
da, para abrir nuestra existencia a Él, para implicarla en el misterio de
amor de la Cruz, para hacerla partícipe del misterio eterno del que
procedemos y para anticipar la nueva condición de la vida plena en
Dios, en espera de la cual vivimos. (Benedicto XVI, 11 de septiembre
de 2011).

CANTO PARA MEDITAR:

Lector 1: Todos somos cuerpo de Cristo, pues todos comemos de un


mismo pan que es el cuerpo de Cristo muerto y resucitado; todos
somos un mismo Pueblo de Dios, Iglesia, peregrinos en Cristo hacia el
Reino de Dios, alimentados por Cristo con su propia carne. "Este es el
pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre". Sólo
en Cristo y por Cristo constituimos un pueblo, un cuerpo, una Iglesia
comprometida con Cristo en su muerte y resurrección para dar vida al
mundo.

Lector 2: Cuando la comunión se entiende sólo como «mi comunión»,


asunto privado entre Jesús y mi alma, el cuerpo de Cristo que es la
Iglesia se desintegra: cada uno come su propio pan, y éste ya no es
entonces el «pan que partimos y compartimos». La comunión y la
adoración a Jesús Eucaristía, Pan de Vida, sólo son auténticas cuando
no se privatizan y se apropian, cuando comulgar con Cristo significa
también comulgar con los hermanos, más aún, con todos los hombres
y mujeres del mundo entero: recibimos un cuerpo que se entrega por
nosotros y por todos los hombres. El que adora a Jesús Eucaristía y
comulga con Él, se compromete con Cristo y con los que son de
Cristo, como discípulo misionero, en el sacrificio de Cristo, en la
salvación del mundo.

Lector 1: En la Eucaristía reconocemos el significado verdadero de la


palabra donación: Dios nos da algo que está muy por encima de
nuestras posibilidades. Dios se da a Sí mismo. La Eucaristía es un don
del cielo que nos enseña a vivir según la mentalidad divina, a fiarnos
de Dios para alimentar con Él a los demás. ¡Qué importante que
nuestra vida la guíe el hambre del Don del cielo! Vivir y fomentar el
amor a la Eucaristía es el mejor modo de aprender a vivir por un amor
que no pasa.
Lector 2: Sabemos que nuestras acciones son efímeras, tienen fecha
de caducidad. Hacemos algo y enseguida estamos deseando llevar a
cabo un nuevo proyecto. Somos, en la sociedad actual,
incansablemente activos. Eso está bien, si existe un deseo de algo
mayor: el deseo del pan Eucarístico y del mismo cielo.

Lector 1: Cuando contemplamos al Señor y lo recibimos en la


Eucaristía, aprendemos a vivir, como María, al estilo de Dios. Nos
alimentamos de Él para darlo a los demás. Comulgamos… y ya no hay
que pensar ni planificar nada más. En Él abandonamos todas nuestras
cargas; comulgamos y renovamos nuestra confianza en Dios, el Pan
que sacia toda hambre, pacifica todo corazón, aquieta toda alma y nos
hace salir al encuentro de los demás.

Lector 2: Si somos capaces en ese momento de poner nuestra


confianza en Dios como María la puso en la escucha de la Palabra…
¡cuánta paz puede alimentar nuestro corazón! Una paz insustituible,
que sacia y que es imposible encontrar en ninguna realización material
o profesional. ¡Señor –decimos con los discípulos–, danos siempre de
este pan!

Monitor: Jesucristo ha querido permanecer entre nosotros en el


sacramento del amor para hacerse nuestra comida y bebida; nosotros
que estamos ante su presencia alabémosle de todo corazón diciendo
después de cada una de las siguientes invocaciones: ¡Señor, danos
siempre de este pan!

Lectores 1 y 2: Cristo, Maestro y Salvador del hombre... ¡Señor,


danos siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Mesías enviado al mundo... ¡Señor, danos
siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Fuente de la divina sabiduría... ¡Señor, danos
siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Buena Noticia para el pobre... ¡Señor, danos
siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Médico de los enfermos... ¡Señor, danos
siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Palabra de verdad... ¡Señor, danos siempre de
este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Luz de gracia... ¡Señor, danos siempre de este
pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Pan bajado del cielo... ¡Señor, danos siempre
de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Misterio pascual... ¡Señor, danos siempre de
este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Muerto y resucitado por nosotros... ¡Señor,
danos siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Sacramento de nuestra fe... ¡Señor, danos
siempre de este pan!
Lectores 1 y 2: Cristo, Presencia permanente entre
nosotros... ¡Señor, danos siempre de este pan!

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: La fe alimentada por el “Pan de vida” no se cansa de repetir


que Jesús es la verdadera respuesta que pone fin a nuestra
búsqueda, es el sentido de la vida y de su futuro: "El que come este
pan vivirá para siempre”(Juan, 6, 58). Sobre todo, en los momentos en
los cuales el sufrimiento exige una respuesta de amor, debemos
fijarnos que, las palabras de Cristo: “Tomen y Coman”, se dirigen
propiamente a él. El Pan Eucarístico es la fuerza de los débiles, el
apoyo de los enfermos, el bálsamo que sana las heridas, el viático del
que deja este mundo. Es el vigor de los fieles que trabajan, en
ambientes y circunstancias en las cuales es la única posibilidad de
proclamación del Evangelio dando testimonio de Jesucristo, “Camino,
Verdad y Vida”(Jn 14,6). En esta Hora Santa hemos adorado al Pan
de vida. Que esto nos aliente a convencernos en todo momento que
vale la pena venir por este alimento para darlo a los demás.

CANTO PARA LA RESERVA DEL SANTÍSIMO:

Oremos: Oh Dios, que bajo este admirable sacramento nos has


dejado el memorial de tu pasión, concédenos, venerar de tal modo los
sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos
constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos
a Ti que vives y reinas. Por los siglos de los siglos. Amén.
Ultimas oraciones: (Letanías).

Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre, bendito sea Jesucristo
verdadero Dios y verdadero hombre, bendito sea el santo nombre de
Jesús, bendito sea su sacratísimo corazón, bendita sea su
preciosísima sangre, bendito sea Jesucristo en el santísimo
sacramento del altar, bendito sea el Espíritu Santo consolador, bendita
sea la gran madre de Dios María Santísima, bendita sea su santa e
inmaculada concepción, bendita sea su gloriosa asunción, bendito sea
el nombre de María Virgen y Madre, bendito sea san José su
castísimo esposo, bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

CANTO DE SALIDA:

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