Capacidad e Incapacidad de Ejercicio
1. Introducción
El tema de la capacidad e incapacidad de ejercicio es fundamental dentro del derecho
civil, ya que está íntimamente vinculado con la aptitud de las personas para actuar en el
ámbito jurídico. La capacidad de ejercicio, junto con la capacidad de goce, define el
grado de participación que una persona puede tener en las relaciones jurídicas, lo que, a
su vez, incide directamente en su autonomía y en la protección de sus derechos. La
capacidad es un concepto clave para entender las relaciones sociales y legales, ya que
delimita quiénes pueden tomar decisiones de manera autónoma y quiénes requieren de
una representación o tutela en determinadas situaciones.
La capacidad se encuentra regulada en los ordenamientos jurídicos como un medio de
garantizar tanto la equidad como la seguridad en las interacciones legales entre los
individuos. De esta manera, se busca proteger a aquellos que, por razones biológicas,
psicológicas o sociales, no tienen la habilidad suficiente para obrar conforme a derecho.
Esto asegura que el ejercicio de los derechos y las obligaciones de una persona no sea
abusivo ni esté basado en decisiones tomadas de manera negligente o irresponsable. Ya
sea absoluta o relativa, constituye una limitación que el sistema jurídico impone para
proteger tanto a la persona incapacitada como a los terceros que interactúan con ella.
Este mecanismo preventivo evita situaciones que puedan perjudicar los derechos de
quienes no tienen la capacidad para tomar decisiones informadas o para actuar por sí
mismos. En este sentido, el estudio de la capacidad e incapacidad de ejercicio no solo
nos permite entender los límites del actuar individual en el ámbito legal, sino también la
forma en que el Estado y la sociedad intervienen para garantizar la protección de los
derechos de las personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
Además, la capacidad jurídica está íntimamente relacionada con el concepto de
ciudadanía, ya que esta última, en muchas legislaciones, condiciona la posibilidad de
ejercer derechos políticos o civiles, y la capacidad de ejercer actos legales. Esta
monografía busca explorar la interrelación entre la capacidad de ejercicio y la
ciudadanía, así como las distintas formas en que el derecho regula y protege a las
personas incapaces, estableciendo los criterios bajo los cuales una persona puede actuar
por sí misma o necesita de una representación legal. Por tanto, la capacidad de ejercicio
y su contraparte, la incapacidad, son temas esenciales no solo desde un punto de vista
teórico-legal, sino también desde una perspectiva práctica, ya que influyen en el acceso
a la justicia, la participación ciudadana y el ejercicio de los derechos fundamentales. A
continuación, abordaremos de manera detallada los conceptos clave relacionados con la
capacidad de goce, la capacidad de ejercicio, la incapacidad absoluta y relativa, y la
representación legal de los incapaces.
2. La Capacidad de goce. Capacidad de ejercicio.
El concepto de capacidad jurídica es uno de los pilares fundamentales del derecho
civil, ya que regula la aptitud de las personas para actuar y participar en el ámbito
jurídico. Este concepto se articula en torno a dos grandes categorías: la capacidad de
goce y la capacidad de ejercicio, que, si bien están relacionadas, se diferencian
notablemente en su alcance y en las circunstancias en las que se aplican. Ambas
capacidades reflejan el grado en el que una persona puede interactuar en el marco de las
relaciones jurídicas, ya sea como sujeto pasivo (titular de derechos) o como sujeto
activo (actor de esos derechos y obligaciones).
Definición general de capacidad
En términos generales, la capacidad jurídica se refiere a la aptitud legal que tiene una
persona para ser titular de derechos y obligaciones y, al mismo tiempo, para ejercer
estos derechos por sí misma. Desde una perspectiva general, todas las personas tienen
capacidad jurídica desde el momento en que nacen, lo que significa que pueden ser
sujetos de derechos. Sin embargo, no todas las personas tienen la capacidad para ejercer
esos derechos directamente; es aquí donde entra la distinción entre la capacidad de
goce y la capacidad de ejercicio. Ambas capacidades conforman un sistema que busca
regular de manera eficiente la interacción de los individuos con el ordenamiento jurídico
y la sociedad.
La capacidad de goce
La capacidad de goce es la aptitud que tiene una persona para ser titular de derechos y
obligaciones. Esta capacidad es inherente a toda persona por el simple hecho de existir y
es reconocida desde el momento mismo de su nacimiento, incluso en algunos casos
antes de nacer, como ocurre con el no nacido en ciertas legislaciones, donde se protege
su derecho a heredar bajo la condición de nacer vivo. La capacidad de goce es universal,
es decir, toda persona, independientemente de su edad, condición física o mental, tiene
la capacidad de goce. Esto quiere decir que cualquier individuo puede ser titular de
derechos y obligaciones, aunque no necesariamente pueda ejercerlos por sí mismo. Un
ejemplo clásico de capacidad de goce es el derecho a la vida, a la integridad física, o el
derecho a heredar. Un recién nacido, aunque no tiene la capacidad de actuar por sí
mismo ni de tomar decisiones, tiene derechos inherentes que deben ser respetados y
protegidos. La
capacidad de goce, por lo tanto, implica la posibilidad de que una persona sea
beneficiaria de derechos (como la propiedad, la educación o la salud) o que esté sujeta a
obligaciones (como el pago de impuestos o la responsabilidad civil), aun cuando no
tenga la capacidad de actuar por sí misma en estos aspectos. La capacidad de goce es,
además, inalienable e irrevocable: una persona no puede renunciar a su capacidad de
goce, ni esta le puede ser negada, ya que está vinculada a la condición misma de ser
humano. A lo largo de su vida, las personas disfrutan de la titularidad de derechos, que
el ordenamiento jurídico protege de manera activa, independientemente de su capacidad
para actuar.
La capacidad de ejercicio
Por otro lado, la capacidad de ejercicio es la aptitud de una persona para actuar en el
ámbito jurídico por sí misma, sin necesidad de un representante legal. Es decir, es la
facultad de hacer efectivos los derechos de los que se es titular mediante la realización
de actos jurídicos, como la firma de contratos, la disposición de bienes, la aceptación de
herencias, entre otros. La capacidad de ejercicio, a diferencia de la capacidad de goce,
no es automática ni universal, ya que su adquisición depende de factores tales como la
edad y la condición mental del individuo. Por regla general, en la mayoría de los
sistemas jurídicos, una persona adquiere la plena capacidad de ejercicio al alcanzar la
mayoría de edad, que suele estar fijada en los 18 años en muchos países. Antes de
alcanzar la mayoría de edad, las personas son consideradas incapaces de ejercer sus
derechos por sí mismas y requieren de la intervención de sus representantes legales,
generalmente sus padres o tutores. Sin embargo, la capacidad de ejercicio no solo
depende de la edad, ya que existen otras circunstancias que pueden limitarla o anularla,
como las enfermedades mentales, la discapacidad intelectual o las adicciones que
afecten la capacidad de juicio.
La capacidad de ejercicio, a diferencia de la de goce, no es un derecho inalienable.
Puede estar sujeta a restricciones legales en función de la protección de la persona y de
terceros. Por ejemplo, una persona que sufre una enfermedad mental grave puede ser
declarada incapaz por un tribunal, lo que implica la restricción total o parcial de su
capacidad de ejercicio. En este caso, será necesario que un tutor o curador actúe en su
nombre para realizar ciertos actos jurídicos. La ley establece estas restricciones como
medidas de protección, tanto para el propio incapaz, que podría verse perjudicado si
actuara sin supervisión, como para los terceros que interactúan con él. Es importante
señalar que la capacidad de ejercicio es fundamental para la autonomía de la persona en
el ámbito jurídico. Sin ella, las personas no pueden realizar actos como la compra de
propiedades, la celebración de contratos, la gestión de sus bienes o la toma de
decisiones importantes relacionadas con su vida personal, familiar o económica. La
capacidad de ejercicio, entonces, es el reconocimiento jurídico de la madurez y la
autonomía de una persona para decidir por sí misma sobre sus derechos y obligaciones.
Sin embargo, también puede haber personas que, aun alcanzando la mayoría de edad,
vean restringida su capacidad de ejercicio debido a condiciones de incapacidad
permanente o temporal, tales como una discapacidad o una enfermedad que afecte sus
capacidades mentales.
Relación entre la capacidad de goce y la capacidad de ejercicio
La relación entre la capacidad de goce y la capacidad de ejercicio es estrecha, pero
ambas operan de manera independiente. Mientras que la capacidad de goce permite
que una persona sea sujeto de derechos y obligaciones desde el nacimiento, la
capacidad de ejercicio está relacionada con la aptitud para hacer efectivos esos
derechos por cuenta propia. Una persona puede tener plena capacidad de goce sin tener
capacidad de ejercicio.
Por ejemplo, los menores de edad tienen capacidad de goce, pues pueden heredar
bienes, tener derechos familiares y ser titulares de obligaciones (como la
responsabilidad derivada de ciertos actos), pero no pueden ejercer esos derechos sin la
representación de sus padres o tutores. En contraste, cuando una persona alcanza la
mayoría de edad y no presenta impedimentos legales o, de hecho, adquiere tanto la
plena capacidad de goce como la capacidad de ejercicio, lo que le permite actuar
libremente en el ámbito jurídico. Sin embargo, si una persona presenta una condición
que afecta su juicio o capacidad mental, como una discapacidad intelectual o una
enfermedad mental grave, puede seguir teniendo capacidad de goce (ser titular de
derechos y obligaciones), pero su capacidad de ejercicio puede verse limitada o incluso
anulada, dependiendo de la gravedad de su condición.
El ordenamiento jurídico establece estas diferencias para proteger tanto al individuo
como a los terceros con los que interactúa. Mientras la capacidad de goce asegura que
los derechos fundamentales de la persona sean respetados en todo momento, la
capacidad de ejercicio se regula más estrictamente para evitar que una persona que no
tiene plena aptitud jurídica pueda perjudicarse a sí misma o a otros al realizar actos que
no comprende plenamente o cuyas consecuencias no puede prever.
Ejemplos de aplicación de la capacidad de goce y la capacidad de ejercicio
Un ejemplo práctico de la capacidad de goce es el derecho de un menor de edad a
heredar bienes de un familiar fallecido. Aunque el menor no tiene la capacidad de
ejercicio para gestionar esos bienes, sigue siendo el titular de ese derecho y, por lo tanto,
se le reconoce la propiedad. En este caso, sus tutores o representantes legales
administrarán los bienes
en su nombre hasta que el menor alcance la mayoría de edad y adquiera la capacidad de
ejercicio para disponer de ellos. En el caso de la capacidad de ejercicio, un ejemplo
clásico es el de un adulto que adquiere un bien inmueble. Este adulto, al tener capacidad
plena de ejercicio, puede firmar contratos de compraventa, gestionar préstamos
bancarios o alquilar la propiedad sin necesidad de la intervención de un tercero. Sin
embargo, si esta misma persona sufre una enfermedad mental grave que afecte su
capacidad de juicio, puede ser declarada incapaz por un tribunal, lo que limitaría o
anularía su capacidad de ejercicio. En este caso, la administración de sus bienes y la
toma de decisiones sobre ellos recaería en un tutor o curador designado por la autoridad
competente.
3. Diferencia entre capacidad de ejercicio y ciudadanía
Es crucial distinguir entre la capacidad de ejercicio y la ciudadanía, dos conceptos que a
menudo se confunden pero que tienen diferentes significados en el ámbito jurídico. La
capacidad de ejercicio se refiere a la facultad de una persona para actuar por sí misma
en el ámbito privado, realizando actos jurídicos como firmar contratos, gestionar bienes
o tomar decisiones sobre su vida personal. Esta capacidad, como hemos visto, puede
estar limitada por razones de edad o por una discapacidad mental o física que afecte la
capacidad para entender y actuar de manera adecuada en el ámbito legal.
Por su parte, la ciudadanía está relacionada con la pertenencia política de una persona a
un Estado y con la capacidad de ejercer derechos y deberes en el ámbito público, como
votar, ser elegido para cargos públicos o participar en la vida política del país. La
ciudadanía no necesariamente implica la plena capacidad de ejercicio en todos los
ámbitos; por ejemplo, una persona con discapacidad mental podría ser ciudadana de un
país y tener derecho a votar, pero no tener la capacidad para firmar contratos o tomar
decisiones legales sin la intervención de un tutor. Así, mientras la capacidad de ejercicio
se refiere al ámbito privado y personal, la ciudadanía se refiere al ámbito político y
público. Ambos conceptos, aunque distintos, son fundamentales para el ejercicio de los
derechos individuales en una sociedad democrática.
4. Incapacidad absoluta y relativa
La incapacidad absoluta es una restricción total de la capacidad de ejercicio. Se aplica
a las personas que, por razones legales o, de hecho, no pueden realizar ningún tipo de
acto jurídico por sí mismas. Los ejemplos más comunes de incapacidad absoluta son los
menores de edad y las personas declaradas incapaces por razones de discapacidad
mental grave. En estos casos, la ley exige la intervención de un representante legal,
como un tutor o curador, para realizar cualquier tipo de acto jurídico en nombre de la
persona incapaz. Estas personas no pueden, bajo ninguna circunstancia, actuar por sí
mismas en el ámbito jurídico, y cualquier acto realizado sin la intervención de un
representante sería nulo.
En contraste, la incapacidad relativa afecta solo ciertos actos jurídicos o se aplica bajo
determinadas circunstancias. Por ejemplo, los menores emancipados pueden realizar
algunos actos jurídicos por sí mismos, pero necesitan la autorización de sus padres o
tutores para otros actos, como disponer de bienes inmuebles. Del mismo modo, las
personas que padecen de trastornos mentales leves o moderados pueden ser capaces de
realizar algunos actos jurídicos, pero no otros, dependiendo de la evaluación de su
estado mental y de las circunstancias específicas del caso. La incapacidad relativa es,
por lo tanto, una limitación parcial que permite cierta autonomía, pero bajo condiciones
estrictamente reguladas.
Incapacidad absoluta
En términos generales, las personas que se encuentran bajo incapacidad absoluta son:
1. Los menores de edad no emancipados: La mayoría de los sistemas jurídicos
establecen la mayoría de edad en 18 años, lo que significa que los menores de
esta edad son considerados incapaces de ejercer sus derechos por sí mismos.
2. Las personas con discapacidad mental severa: Otro grupo de personas que
puede estar sujeto a la incapacidad absoluta son aquellas que padecen una
discapacidad mental severa que les impide actuar con pleno discernimiento y
voluntad.
3. Las personas declaradas judicialmente incapaces: Además de los menores de
edad y las personas con discapacidad mental, existen otros casos en los que una
persona puede ser declarada judicialmente incapaz.
Incapacidad relativa
1. Menores emancipados: En muchas legislaciones, los menores de edad pueden
ser emancipados mediante diversos procedimientos, lo que les otorga una
capacidad de ejercicio limitada. La emancipación puede ocurrir, por ejemplo, si
el menor contrae matrimonio o si un tribunal así lo determina.
2. Personas con discapacidades mentales leves o moderadas: Las personas con
discapacidades mentales leves o moderadas también pueden estar sujetas a
incapacidad relativa. En estos casos, se reconoce que la persona puede realizar
algunos actos jurídicos, especialmente aquellos que son sencillos o de menor
importancia, pero puede necesitar asistencia o supervisión para otros actos más
complejos.
3. Personas con adicciones o enfermedades degenerativas: Existen otras
situaciones en las que una persona puede estar sujeta a incapacidad relativa,
como es el caso de personas con adicciones severas o enfermedades
degenerativas que afectan su capacidad de discernimiento.
5. Representación legal de incapaz
En el caso de personas con incapacidad absoluta o relativa, la ley prevé mecanismos de
representación legal. Este tipo de representación está a cargo de tutores o curadores,
quienes tienen la responsabilidad de actuar en nombre de la persona incapaz,
protegiendo sus intereses y derechos. Los tutores se encargan de los menores de edad o
de las personas con incapacidad absoluta, mientras que los curadores se designan en
casos de incapacidad relativa. La representación legal implica la administración de los
bienes de la persona incapaz, la toma de decisiones en su nombre, y la defensa de sus
derechos ante situaciones jurídicas que puedan afectarla. La actuación del representante
legal está sujeta a la supervisión de los tribunales, que velan por el interés de la persona
incapaz y aseguran que no se cometan abusos o negligencias.
Personas sujetas a representación legal
Las personas que se encuentran en situaciones de incapacidad, ya sea absoluta o
relativa, son las principales destinatarias de los mecanismos de representación legal.
Estas incluyen:
1. Menores de edad: Los menores de edad, por regla general, son incapaces de
ejercer sus derechos por sí mismos hasta que alcanzan la mayoría de edad, que
suele fijarse en 18 años. En este caso, la representación legal de los menores
corresponde a los padres o tutores, quienes deben actuar en nombre de ellos en
actos jurídicos como la administración de bienes, la aceptación de herencias, la
disposición de su patrimonio, entre otros. Si bien los menores tienen capacidad
de goce (es decir, pueden ser titulares de derechos), su capacidad de ejercicio
está limitada hasta que alcancen la edad legal correspondiente.
2. Personas con discapacidad mental o física: Las personas que presentan alguna
discapacidad mental o física que afecte su capacidad de juicio o de
entendimiento también pueden ser declaradas incapaces y, por lo tanto, sujetas a
representación legal. En estos casos, es el juez quien, a través de un proceso
judicial, evalúa la situación de la persona y determina si requiere de un
representante legal. El tutor o curador será el encargado de tomar decisiones en
nombre de la persona incapacitada, asegurando que sus derechos sean respetados
y que sus intereses sean gestionados adecuadamente.
3. Personas declaradas judicialmente incapaces: Existen casos en los que, por
circunstancias específicas, una persona mayor de edad puede ser declarada
judicialmente incapaz debido a condiciones temporales o permanentes que
impidan el ejercicio autónomo de sus derechos. Estas condiciones pueden
incluir, por ejemplo, enfermedades mentales graves, adicciones que afecten su
capacidad de discernimiento, o situaciones de vulnerabilidad extrema. En estos
casos, el juez designará un representante legal para proteger los intereses del
incapaz, y este representante tendrá la responsabilidad de realizar los actos
jurídicos que sean necesarios en nombre de la persona.
6. Conclusiones
El estudio de la capacidad e incapacidad de ejercicio es de vital importancia en el
derecho civil, ya que delimita la aptitud de las personas para interactuar en el ámbito
jurídico. Mientras que la capacidad de goce es universal e inherente a la persona, la
capacidad de ejercicio se adquiere progresivamente y puede estar sujeta a restricciones.
La incapacidad, tanto absoluta como relativa, busca proteger a aquellas personas que,
debido a su edad o condición mental, no pueden actuar plenamente en el ámbito legal.
La representación legal de los incapaces es una medida de protección que asegura que
sus derechos y bienes estén bajo el cuidado adecuado. En conclusión, el sistema de
capacidad e incapacidad es un mecanismo legal esencial para garantizar la equidad y la
protección en las relaciones jurídicas.
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