Experiencias laborales docentes en pandemia
Experiencias laborales docentes en pandemia
contexto de pandemia”
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ligados al mundo laboral para comprender las experiencias de trabajo docente en la
universidad y sus gratificaciones, entendiendo dicha institución como un espacio social
capaz de amalgamar al campo laboral con el académico, desarrollo que realizamos en
el marco de los aportes de Burton Clark, Pedro Krostch y los aportes de Pierre Borudieu
sobre el tema.
Así como lo plantea Durkheim que lo social se explica solo con lo social,
Bourdieu explica las acciones sociales desde la sociología partiendo de la idea de una
doble existencia de lo social: estructuras externas y estructuras internalizadas por parte
de los individuos, de aquí que la construcción que los sujetos hacen a través de su
propia historia aporta al entendimiento de las acciones sociales en conjunción con los
condicionamientos del contexto que no dependerá de ellos. La base de su teoría
entonces descansa en el estructuralismo constructivista y se hace presente en la
relación construida entre los social e individual. Esta perspectiva ofrece un camino de
articulación entre el objetivismo y el subjetivismo, estas formas de abordar lo social son
parciales, por lo que considerar la interpretación de ambas permite rescatar los sentidos
objetivos presentes en las relaciones objetivas que condicionan las prácticas, así como
también los sentidos vividos, las percepciones y representaciones de los agentes.
Entendemos entonces que para comprender y analizar las practicas sociales hay que
superar la equivocada dicotomía entre por el objetivismo y el subjetivismo. Con lo
expuesto decimos que hay dos momentos y doble lectura de lo social: la experiencia de
las significaciones para alcanzar la significación de la experiencia.
Esta relación construida entre estos dos modos de existencia de lo social
configura dos conceptos fundantes de esta teoría sobre la comprensión de las acciones
sociales, campos y habitus.
“La construcción del mundo de los agentes se opera bajo condiciones
estructurales, por lo tanto, las representaciones de los agentes varían según su posición
(y los intereses asociados) y según su habitus como sistema de esquemas de
precepción y apreciación, como estructuras cognitivas y evaluativas que adquieren a
través de la experiencia duradera de una posición del mundo social” (Bourdieu, 1987a:
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Este recorrido bibliográfico sienta sus fundamentos teóricos sobre estos
conceptos y por lo tanto es fundamental introducirnos en nuestra investigación a partir
de la conceptualización de estos dos elementos que ofrece la teoría buordiana.
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Entendemos el concepto de campo como espacios sociales de posiciones históricas,
posiciones cuya génesis está en las luchas de interés de los actores que juegan según
las reglas de los propios campos. Lo que el autor define por campo nos permite abordar
cualquier fenómeno social como un entramado de relaciones sobre las cuales se
configuran múltiples intereses en juego y, por lo tanto, situaciones de lucha por alcanzar
posiciones determinadas según sea la acumulación de capital que se detente.
Suasbábar (2001) profundiza el carácter dinámico de este concepto cuando plantea que
en el análisis de Bourdieu sobre campo social no solo cuenta la existencia de lugares o
posiciones diferentes, sino que dicho espacio se estructura y funciona precisamente a
partir de las relaciones que se establecen entre los ocupantes transitorios de estas
posiciones. Asimismo, los componentes de lucha y disputa constituyen un rasgo
esencial de todo campo, que condiciona y determina la acción y las diferentes
estrategias que ponen en juego cada uno de los actores.
La definición que se transcribe ilustra los rasgos generales de esta noción, así:
“...un campo puede definirse como una red o configuración de relaciones objetivas entre
posiciones. Estas posiciones se definen objetivamente en su existencia y en las
determinaciones que imponen a sus ocupantes, ya sean agentes o instituciones, por su
situación (situs) actual y potencial en la estructura de la distribución de las diferentes
especies de poder (o de capital) [...] y, de paso, por sus relaciones objetivas con las
demás posiciones (dominación, subordinación, homología etc.) (Bourdieu, 1995, p. 64,
en Claudio Suasnábar)
El concepto de campo implica, entonces, asumir una perspectiva relacional de
los fenómenos sociales que incluye las dimensiones objetivas y subjetivas y sus
interacciones: relaciones entre las estructuras y los agentes sociales y relaciones entre
éstos. El espacio social que abordamos se articulan lógicas de otros campos: el laboral
y el académico, las lógicas del mundo del trabajo y la vida académica tienen su lugar de
encuentro. Ante la existencia de diferentes campos sociales es nuestro interés entender
cuál es el principio o elemento diferenciador entre cada uno de ellos, según la teoría
adoptada para comprender nuestro objeto de estudio el componente diferenciador es el
capital que se detente, elemento que es objeto de distribución y eje central de
posicionamiento en ese espacio social determinado, en otras palabras, a través del
capital se configura la estructura de los campos. Llegado hasta aquí es relevante definir
capital como el conjunto de bienes que se producen, se distribuyen, se consumen, se
invierten y se pierden (Costa, 1976). Este concepto de capital puede verse ya en Weber
(1974) cuando analiza y distingue tres fenómenos que proporcionan la forma en que se
distribuye el poder entre individuos y grupos, es decir entre la sociedad: clases, grupos
sociales, partidos. En estas tres dimensiones el foco de las pujas y posicionamiento
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serán la ganancia económica, el prestigio social y el poder político. Análogamente
Bourdieu plantea la existencia de tres tipos de capital: el capital económico como aquel
que existen naturalmente en todo intercambio de bienes materiales en el mercado; el
capital cultural y social, estos dos últimos con fuertes lazos con el capital económico,
como puente para alcanzar mayor acumulación de este último. Respecto al capital
cultural decimos que está ligado al conocimiento, al arte, a la ciencia y se presenta bajo
tres formas: capital cultural incorporado, objetivado e institucionalizado; el capital social
está ligado al círculo de relaciones o vinculo del agente en su grupo social, que llevara
a una acumulación mayor de capital no solo de la fuerza, durabilidad y permanencia de
esas relaciones sino también de la cantidad de capital acumulado de los agentes que
pertenecen a la red que el agente moviliza. Finalmente utiliza la noción de capital
simbólico como la acumulación de bienes y recursos no estrictamente económicos que
permitirán -de la misma forma que en los otros tipos de capital- generar
posicionamientos según la distribución de éste, se trata de un sobreañadido de valor
que le otorga -a quien lo detente- una fuerza o riqueza con la cual podrá ejercer
autoridad sobre otros,
“El capital simbólico es una propiedad cualquiera, fuera física, riqueza, valor
guerrero, que percibida por agentes sociales dotados de las categorías de precepción
que permiten percibirla, conocerla y reconocerla, deviene eficiente simbólicamente,
semejante a una verdadera fuerza mágica: una propiedad que, por que responda a
“expectativas colectivas”, socialmente constituidas, a creencias, ejerce una suerte de
acción a distancia, sin contacto físico” (Bourdieu, 1994, 172-173)
Analizar los campos sociales como espacios de intercambio de capitales
específicos implica repensar el concepto de interés el cual se asocia de manera
equivocada al intercambio interesado del capital económico cuyo valor está íntimamente
relacionado con la acumulación de propiedad de bienes económicos, si esto fuese así
deberíamos excluir de todo análisis cualquier otra practica social cuyo estimulo sea el
“desinterés” o la “gratuidad” en términos específicamente económicos.
“Tal pretensión es legítima si el único interés aceptado es el económico, pero
desde el momento que se amplía el concepto de interés a otros campos… las prácticas
en apariencia más desinteresadas comienzan a explicarse por una lógica estricta de
interés.” (Costa, 1976)
No solo abordar el estudio de las practicas sociales con una noción de interés
más amplia permite entender aquel accionar desinteresado, sino que permite explicar
la idea que los agentes son arrancados de un estado de indiferencia por aquellas
motivaciones que puedan generar otros campos. La illusio- termino usado por Bourdieu
para entender la idea de interés por el juego en los diversos campos sociales- significa
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“estar interesado” como un estado en el que los agentes deciden ubicarse para acordar
un juego determinado, decidir acordar que lo que allí ocurre tiene sentido, que vale la
pena luchar por lo que allí se lucha, que existe toda posibilidad de tener interés por el
desinterés y alcanzar beneficios simbólicos a partir de esa lucha. Es importante resaltar
que el comportamiento del agente, que acuerda jugar al juego social de determinado
campo, no llevará adelante un cálculo consciente de esa illusio sino que estará
relacionada con su historia y creencias, no existe un pacto explicito entre el agente y el
espacio social sino que hay un acuerdo implícito (pre) existente entre el campo y el
habitus.
Con lo expuesto hasta aquí es de vital relevancia definir el concepto de habitus
como un concepto fundamental en la teoría de Bourdie así como también para nuestro
estudio. Este concepto permitió a Bourdieu construir su teoría bajo la articulación entre
lo individual y lo social, estructuras internas con aquellas externas que serán
condicionantes de la practicas de los agentes. El concepto es retomando y modificado
por este autor en La Reproducción, donde adapta el análisis de la reproducción de las
estructuras sociales y define habitus como el producto de la interiorización de los
principios de una arbitrariedad cultural capaz de perpetuarse una vez terminada la
acción sobre los sujetos. En trabajos posteriores el autor (Bourdieu, 1980) rescata la
dimensión inventiva y creadora de los actores sociales sobre sus prácticas, es decir,
una capacidad de generar habitus, lo define como:
“…sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras
estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir como
principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden
estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines ni
el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente
regladas y regulares sin ser en nada el producto de la obediencia a reglas y, siendo todo
esto, colectivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un
director de orquesta” (Bourdieu, 1980. Pp92)
Esta existencia de lo social relacionada con la interiorización de las estructuras
externas permite la producción libre de pensamiento y representaciones, pero como dice
Bourdieu es una libertad condicionada por la historia, una libertad situada, la “historia
hecha cuerpo”. El habitus como forma de pensar, percibir y representar engendra, como
elemento condicionante, el sentid común, excluyendo naturalmente las conductas
sancionadas como incompatibles con las condiciones objetivas de las estructuras
externas. Es decir, en tanto estructura estructurante, el habitus se entiende como un
esquema que organiza las practicas, partiendo de la idea que es un generador de
precepciones y apreciaciones de las propias prácticas, así como la de los otros actores
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sociales. Tendrá una dimensión objetiva y subjetiva, es decir, este sentido impulsor
interpreta y sitúa el accionar según las reglas inconsciente y naturalmente incorporadas
y una dimensión subjetiva que permiten que la historia incorporada en el sujeto
condiciones sus prácticas. Comprender los conceptos de campo, habitus e interés abre
luz para entender el concepto de prácticas en términos de estrategia, es decir debemos
entender cómo las practicas obedecen a las reglas de juego -del sentido práctico- que
se obedecen para encausar el producto de las prácticas en aquellos fines implícitamente
expuestos como intereses ligados a la posición que se ocupa en el campo de juego.
“La noción de estrategia es el instrumento de una ruptura con el punto de vista
objetivista y con la acción sin agente que supone el estructuralismo. Pero se puede
rehusar ver en la estrategia el producto de un programa inconsciente sin hacer de él el
producto de un cálculo consciente y racional.” Bourdieu, (1987).
Con lo expuesto hasta aquí podemos comenzar a configurar nuestro marco de
comprensión de las practicas docentes desde la perspectiva de la teoría general de la
acción. A continuación, y respecto a esto último, analizamos que la sociología
económica realiza a los hechos sociales como practicas sociales construidas en el
marco de las estructuras externas.
Mientras que la ciencia económica considera que las relaciones entre los
actores se regían por preceptos universales, propios del pensamiento racional e
individualista, la sociología desarrolló conceptos como relaciones sociales en Weber y
solidaridad orgánica en Durkheim, ambas fundadas en las diferencias que existen entre
los individuos, donde cada uno cumple su rol, estructurando los comportamientos
sociales. Giraud (1997) plantea que conceptos y análisis que surgen de la sociología
dan fundamento para comprender el papel de las instituciones y las relaciones sociales
que se gestan en ellas, estas últimas como la base constructora de la acción de los
individuos, incluyendo la acción económica. Para la economía el estado de equilibrio y
la racionalidad como precepto universal son los principios claves para entender las
decisiones de los individuos, en cambio para la sociología las diferentes motivaciones
de acción en los sujetos llenan de tensión el ámbito donde se concretan las relaciones
sociales, tal es el trabajo.
“…tres aspectos principales: i) la persecución de objetivos económicos va
siempre acompañada de otros objetivos de naturaleza no económica, tales como la
sociabilidad, la aprobación, el estatus social y el poder; ii) la acción económica, como
toda acción, está socialmente “impregnada” y no puede ser explicada a través de los
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móviles individuales, depende de relaciones personales que los individuos entretejen;
iii) las instituciones económicas, como cualquier institución no están automáticamente
determinadas por circunstancias externas, sino que son “socialmente construida”. M.
Granovetter en Villavicencio. (1999)
La organización es una construcción social que se funda sobre la base de las
relaciones entre los actores y sus posiciones en ella, es decir los juegos de poder e
intereses particulares, encuadran de algún modo la existencia de la organización como
una entidad social (M. Crozier y E. Friedberg, 1977). La supervivencia de los sujetos en
la organización es resultado de las estrategias que lleven a cabo, estrategias que
tendrán o se caracterizan -según la sociología- con una racionalidad limitada, ¿limitada
ante quién?: a las oportunidades que le ofrece la organización al individuo y la
representación que se haga él sobre ellas.
“No se trata de una racionalidad universal que defiende un proyecto único… la
distribución de puestos de trabajo y de roles, y la confrontación con los comportamientos
y proyectos de cada uno de los actores que también pone en juego sus estrategias. Es
posible que los actores arriben a la organización con proyectos preconcebidos, pero de
cierta forma, vislumbran proyectos nuevos en la práctica misma de la vida en la
organización.” (Villavicencio, 1999)
R. Swedberg (1994), sugiere que las diferencias entre la sociología y la
economía es tanto metodológica como de interpretación de los fenómenos sociales,
éstas marcaron el camino y condición para la separación de los campos de estudio entre
estas dos ciencias. Discusiones teóricas sobre la incumbencia, alcance y estudio de las
dos disciplinas desde Marshall y Comte llevaron a que la economía centre el monopolio
absoluto del estudio de los fenómenos económicos mientras que la sociología se
ocuparía del resto de los fenómenos que acontecen en una sociedad, entendiéndose
como temáticas fuera de las económicas, es decir aquellas vinculadas con la religión, el
crimen, la pobreza, etc. Schumpeter al respecto pensaba,
“El análisis económico se ocupa de cuestiones relacionadas con el
comportamiento de los individuos en todo instante y a la naturaleza de los efectos
económicos generados por este comportamiento; la sociología económica se ocupa por
conocer la forma en la que llegó a modificar esta conducta. Si definimos la conducta
humana muy ampliamente, incluyendo no sólo las acciones, motivaciones e
inclinaciones…”. SCHUMPETER J., Capitalisme, socialisme, et démocratie, Payot,
Paris, 1990, p. 42
Producto de las separaciones de las disciplinas condujo a que el análisis
económico deje afuera de su interés el contexto social y la realidad situada del accionar
individual, es por esto que para la ciencia económica las decisiones de los individuos se
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realizan en un mercado creado espontáneamente, sin historia y sin contexto, aun mas,
el individuo se rige únicamente por la razón alejando toda posibilidad de que la cultura
y la historia sean los elementos que le otorgan existencia al hombre que toma decisiones
económicas.
Con la aparición de la sociología económica, subdisciplina que atravesó un
largo proceso de desarrollo hasta 1970, surge la importancia de unir y complementar
los conocimientos, sin considerar que, desde mucho antes: finales del siglo XIX- los
fundadores de la sociología clásica Weber, Marx y Durkheim y algunos de los más
renombrados economistas como Jevons, Pareto y Schumpeter se interesaron en
estudiar y comprender los fenómenos económicos de su época. La concepción de los
sujetos y sus prácticas que adopta la sociología económica genera un importante aporte
a la comprensión de la realidad social, con una mirada distinta sobre los fenómenos
económicos alejada de la concepción neoclásica. Esto es así principalmente porque uno
de sus objetivos principales es comprender el comportamiento y las decisiones
económicas de los individuos, pero siempre considerando las relaciones sociales que
construyen esos comportamientos y formas de acción.
“el primer objetivo de la sociología económica es la claridad que la ciencia
social puede aportar sobre los fenómenos estudiado” Steiner P., La sociologie
économique, La découverte, coll. Repères, Paris, 2001, p.5.
La sociología económica parte en su procedimiento científico, novedoso por
cierto, resaltando tres aspectos fundamentales, el primero de ellos parte de la idea que
las relaciones económicas son una construcción social, es decir las relaciones sociales
dan marco a las regularidades económicas; en segundo lugar el carácter analítico que
otorga la sociología, donde los procesos son el camino hacia la comprensión de los
fenómenos sociales; y por ultimo permite visualizar en las practicas económicas los
aspectos culturales subyacentes en las relaciones construidas en sociedad. Con esto
último podemos decir que la economía no es simplemente una práctica vacía de
contenido social, sino que es una representación cultural, entre otras.
La crítica que realiza Bourdiue en sus estudios sobre el análisis de la economía
(neoclásica), demuestran que esta ciencia y la sociología estudian los hechos sociales
y ambas se necesitan para entender y explicar esos hechos. El autor propone extender
la lógica económica al análisis de las practicas sociales, la idea de romper el vínculo
estrecho y único de la explicación económica para el entendimiento de los fenómenos
económico. Esta ruptura se hace presente a través del uso del concepto de capital e
interés, conceptos definidos anteriormente, en otros campos sociales. Habrá un
beneficio pretendido o anhelado en toda practica económica, el cual no debe reducirse
únicamente al beneficio económico y material, sino aquello que se desea alcanzar o
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acumular producto de un desinterés desde la óptica económica (neo)clásica que será
recompensado con la obtención de otros beneficios, especialmente el simbólico. Estos
beneficios no estrictamente económicos que puedes ser alcanzado teniendo interés por
el desinterés, constituye lo que el autor llama beneficios universales de todas las
practicas sociales. Así dentro de esta lógica podemos encontrar diversos intercambios
en el marco de diferentes campos sociales, cada cual, con sus propias reglas de juego
e intereses en juego, inclusive aquellos que no son exclusivamente económicos.
Un elemento importante de la economía de las practicas es el despojo de
intenciones o planificación de los fines u objetivos puestos en juego, es decir no existen
cálculos utilitaristas en las estrategias que condicen el accionar de los sujetos, partiendo
de la noción de estrategias como una línea objetivamente orientada hacia un capital
deseados, buscado como ese bien apreciado, que produzca interés acumularlo. Es decir
consideramos un interés alejado de la idea transhistorica y universal tal como la plantea
la teoría económica, por el contrario, es una construcción histórica e intencionada.
“La teoría de la acción que propongo (con la noción de habitus) equivale a decir
que la mayor parte de las acciones humanas tiene por principio algo completamente
distinto a la intención (…) el jugador, que ha interiorizado profundamente las
regularidades de un juego hace lo que sea necesario hacer en el momento que es
necesario hacerlo, sin tener necesidad de plantear explícitamente por fin lo que hay que
hacer.” (Bourdieu, 1994: 166-167)
En este mismo camino de revisión crítica a la teoría económica, Méda (1998)
asegura que hay dos características que la economía no se despojará. Una de ellas es
su punto de partida: el individuo, a partir del cual y a través de la agregación se procede
a la inclusión de “lo social” como un todo. Es decir, la agregación como métodos de
simplificación de análisis económico elude las relaciones sociales como aquellas
constructoras de los fenómenos sociales. La segunda característica que se platea es
que la ciencia considerará como un principio fundamental que los individuos están
únicamente preocupados por lo individual, esto es, la utilidad es el foco central en las
decisiones de los individuos, tomando como base el “individualismo original y atomístico
de la economía” (Méda [Link].: 161-164). En esta línea y profundizando el análisis crítico,
Méda plantea,
“la economía desgaja a los individuos y a los fenómenos de sus contextos
sociales y temporales para pasar a considerarlo todo como relaciones naturales” (Méda,
1998).
Profundizando nuestro análisis, Elster señala que hay una alternativa a la teoría
de la acción racional y es la teoría de la racionalidad limitada, esta teoría tiene que ver
con entender o dar explicaciones al comportamiento de los sujetos fuera de los alcances
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únicamente económicos con una lente neoclásica. Señala también que los individuos
toman decisiones no en busca de un óptimo, esto es elegir la mejor alternativa entre
tantras posibles, sino se limitan a tomar aquella que parecen lo suficientemente buenas
o satisfactorias. Esta alternativa pone en juego la realidad de cada individuo al momento
de tomar decisiones impidiendo la predicción generalizada/generalizadora sobre el
comportamiento de los sujetos; a través de este camino abrimos toda posibilidad a la
interpretación de los fenómenos sociales en campos culturales o relaciones sociales.
El análisis propuesto hasta aquí, guiado por distintos autores y sus
investigaciones, nos permite pensar las practicas docentes ya no como actos
individuales en un contexto especifico y estáticos, sino como decisiones que se
desprenden de motivaciones propias a una tarea, y que a su vez se encuentran
atravesadas por situaciones o contextos que obligan a re-pensensar decisiones. Los
docentes como actores sociales entenderán que su tarea es un servicio que se ofrece
en el marco de un mercado, pero antes de esto estos agentes/actores analizarán y
evaluarán la disponibilidad de oferta de su servicio a cambio de una retribución. ¿Cuáles
son las motivaciones que responden a las decisiones de un individuo al momento de
ofrecer su trabajo?, ¿Son solo aquellas vinculadas a las retribuciones materiales o hay
otras cuestiones que debemos considerar para poder explicar las decisiones
individuales en contextos sociales específicos?
Repensamos, entonces, el comportamiento de quienes forman parte de un
mercado, y cuestionaremos los postulados económicos como los fundamentos básicos
para explicar las conductas de los individuos frente a sus decisiones de trabajo.
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criterios de la pertenencia y jerarquías asumidas funcionan como el capital necesario
para obtener los beneficios específicos que el campo. Es así como los diferentes
individuos -miembros de la comunidad universitaria- se definen por estos criterios,
constituyen grupos, toman partido en diferentes posiciones, con la intención de ser
reconocidos como una forma de capitalizar el tejido de relaciones sociales. Es decir,
Bourdieu señala que el campo universitario está estructurado en base a dos formas de
jerarquización, opuestas entre sí: aquella jerarquía otorgada por el espacio social más
mundano es decir según el capital heredado que se detenta como punto de partida, esto
es el capital económico y político y, en segundo lugar, aquella jerarquía de tipo
intelectual academicista, que se circunscribe en el espacio científico, basado en el
capital cultural construido, aquello que tiene que ver con las valoraciones según la
notoriedad o los honores intelectuales.
“Los profesores de las diferentes facultades se distribuyen entre el polo del
poder económico y político y el polo del prestigio cultural, según los mismos
principios que las diferentes fracciones de la clase dominante.” (pp56. Homo
Academicus)
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La forma organizacional de las instituciones condicionará la distribución de
posiciones entre los sujetos, la interacción entre los actores y sus disciplinas que
conforman el campo universitario harán de los fines de esta institución un tejido de
propósitos particulares que serán el subproducto del accionar colectivo, cada unidad
incorporará sus intereses y fines particulares. Los trabajos de Suasnabar rescatan la
idea que desarrolla Clark (1983) al respecto, estos aportes describen a las
universidades con un fuerte rasgo distintivo frente a otras instituciones del ámbito
educativo, esta distinción se centra en la capacidad de producir conocimiento, pero de
manera fragmentada respetando intereses y fines con bases disciplinares.
De esta manera, las tendencias que señala como la fragmentación disciplinar,
la ambigüedad de los fines y los intereses de sus actores, no son más que la expresión
de las lógicas que regulan la producción de conocimientos. La idea de “anarquía
organizada” con que define a las universidades resume en buena parte su visión, dando
cuenta a su vez de las tensiones que producen al interior de las instituciones las
tendencias mencionadas… (Resistencia, cambio y adaptación en las universidades
argentinas: problemas conceptuales y tendencias emergentes en el gobierno y la
gestión académica Claudio Suasnábar, 2001)
Para Bourdieu el estudio del campo universitario significa reproducir las
estructuras del mundo en que vivimos, es decir, la inmensa pluralidad de criterios que
se enfrentan en la vida social y cotidiana genera lucha entre los grupos, que se
configuran en los diferentes campos específicos, es una lucha entre dominados y
dominantes. Dentro del campo universitario Bourdieu pone en evidencia las disputas
entre grupos en función de la legitimidad para hablar de la verdad, que tiene base en
las disciplinas.
…las disciplinas son espacios donde se reproducen el poder y las luchas (con
una autonomía que hay que investigar) del campo social y político (Bourdieu, 1989).
Al respecto Krostch (1999) explica que -bajo este análisis- la universidad
constituye un espacio de disputa entre las disciplinas y así como también un campo con
sus propias disputas internas, dentro de cada disciplina existen criterios de apreciación
individual que ponen en tensión las convivencias de los actores. Toma una importante
relevancia esta disociación ya que nos permite realizar el análisis del campo
universitarios desde una visión internista de los campos sociales, así como también
externa, luchas que se darán en y entre los campos, estos serán las disciplinas; así se
dará posiciones a los sujetos según jueguen o no las reglas determinadas en cada uno
de estos campos. Es entonces que el campo de la universidad, como todo otro campo,
es el espacio donde se esgrimen constantes tensiones para determinar las condiciones
y los criterios de jerarquía legítimas. Definir qué lugar o posición ocuparan en el campo
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los diferentes actores asignara el capital capaz de garantizar los beneficios específicos
del campo.
Con lo expuesto hasta aquí, desde esta perspectiva internista de la
organización universitaria, Clark al respecto propone desligar su análisis de una mirada
de la universidad solamente como la reproducción de luchas sociales en el campo
universitario, es decir como luchas entre espacios sociales. Sus estudios tendrán una
dimensión “micro” sobre la temática ya sea abordados a nivel departamental, facultad o
dentro de la cátedra. El autor está interesado en analizar a la universidad como un
campo de luchas, pero las diferencias que surja ya sean sociales, económicas, políticas
dentro de la vida universitaria será interior, una disputa en las facultades. Este análisis
es relevante ya que los aspectos organizacionales serán los puntos de interés según
esta introspección en de las tensiones, en cada unidad que la conforme.
Adoptar una visión internista significa para Clark prestar atención al modo
particular en el que el sistema determina la acción social y el cambio, creando y
recreando prácticas y patrones de acción diferentes al de otros espacios sociales.
(Krotsch, P. 1999)
La universidad es estudiada como una unidad homogénea compuesta por un
conjunto de campos dimensionados por aspectos disciplinares y en consecuencia por
especializaciones de conocimiento. Como toda organización social, la universidad -
campo social bajo estudio- es entendido como agrupamiento de actores que producen
una estructura simbólica, un leguaje que permitirá exponer pensamientos compartidos.
Es en definitiva la construcción de una cultura que se transforma en un elemento
fundamental en la constitución de una identidad con un sendero de acción o practica
social determinado.
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Marx, el hombre se diferencia del animal en cuanto el proceso de transformación y
reproducción de la naturaleza se gestó previamente en la idea o imaginario del sujeto,
el resultado de su trabajo ya existía antes de la transforme concreta de la materia. Es
así como el trabajo del hombre descansa en una característica única y particular que es
la capacidad de ser abstracción y de representación simbólica, donde su origen está en
la naturaleza única del cerebro humano, como señala Braverman, es por la propia
constitución biológica de ser humano que el trabajo puede independizarse de la idea de
ser un acto de supervivencia de cualquier otro animal.
Durante el desarrollo de las economías capitalistas, mitad del SXIX, surge un
nuevo concepto e idea de trabajo, este paso a ser una mercancía más de los mercados
susceptible de ser divisible y, aquí el rasgo más significativo, se realiza no por una
necesidad personal -cuyo producto es el resultado de una obra personal- sino que se
realiza con el fin de obtener un intercambio. Como mercancía el trabajo se realiza por
la existencia de una remuneración, la cual se convierte en el ingreso de quien lo ejecuta
y permite a este acceder a bienes para su subsistencia, pero que finalmente el resultado
del trabajo le es expropiado. En las sociedades modernas el trabajo fue concebido como
un espacio de interrelaciones sociales, construcción de identidad y proyección de la vida
productiva del hombre. Dos caras de una misma moneda se gestaban en las sociedades
industriales, por un lado, el carácter de potencia social que se le adjudicaba al trabajo
humano, por el otro se corporiza en el hombre el instrumento de producción y forma de
negación de su propia vida.
“La división del trabajo condiciona la división de la sociedad en clases, y con
ella, la división del hombre. Además, como la división del trabajo es, en su forma
ampliada, división entre trabajo y no-trabajo, así también el hombre se presenta como
trabajador y no trabajador. (Marx, en Riznik P, 2001)
Es importante presentar, tomando los desarrollos de Neffa (1999) sobre el
tema, el concepto de actividad, este concepto es de gran utilidad para comprender y
ampliar la noción de trabajo y las prácticas de los sujetos en el ámbito (campo) laboral;
si bien encontraremos relación entre ellos, será relevante para este estudio rescatar
aquellas diferencias donde el accionar del hombre se posiciona en diferentes espacios
y con libertades de acción distintas.
Dejando las apreciaciones meramente económicas, en el trabajo la actividad
está presente como el esfuerzo que se despliega para su desarrollo, pero se adiciona
la experiencia como la porción personal que se agrega a la producción material, es decir
no solo hay esfuerzo físico para su obtención, sino que también hay una trayectoria de
aprendizaje tanto a nivel personal como colectivo, se hace presente la capacidad de
creación como obra de un arte propio e individual.
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La actividad pone el centro en la intensión de quien la realiza como el camino
para obtener aquello que se necesita para satisfacer una necesidad material o
inmaterial. La producción o resultado final no es más que aquello que se ideo, a través
del imaginario del hombre, para uso propio frente a una necesidad. (Fouquet, 1998, en
Neffa 1999).
En palabras de Dejours y Molinié es imposible un trabajo bien realizado si no
se hace presente la autonomía, libertad y creatividad del hombre que lo ejecuta, nunca
la ejecución de ese trabajo se realizara de la manera en que fue prescripta. El contexto
abrirá un abanico de situaciones que requerirán de la capacidad de adaptación y
rediseños del actor que desarrolla el trabajo. Así es como las condiciones y el medio
ambiente donde se lleva a cabo el trabajo y el contenido y forma de organización de
este son elementos fundamentales para que el desarrollo del trabajo no provoque
situaciones de malestar y sufrimiento a quien lo ejecuta. El modo circular de este
proceso de trabajo proviene de la idea que el trabajo contiene ingredientes creativos
producto del aprendizaje colectivo y situado, pero a su vez las condiciones en las que
se lleven a cabo los trabajos es que será posible la actividad comprehensiva y la
formación de competencias y el saber que se acumula para luego reproducirse
mediante la actividad realizada. Para la corriente de investigación de Dejours, la
centralidad esta puesta en que el trabajo es visto como mediador, como puente entre lo
individual y lo colectivo, entre la esfera social y la esfera privada, entre las actividades
sociales y las actividades domésticas, entre la persona y la naturaleza. Esa actividad
es, o puede ser, un operador de salud, o por el contrario constituir una restricción
con efectos patológicos y desestabilizantes.
"una actividad coordinada de hombres y mujeres, orientada hacia una finalidad
específica, que es la producción de bienes y servicios que tengan una utilidad social".
(Neffa, Julio 1999)
Para el caso del grupo social objeto de esta investigación, los docentes
universitarios, entendemos que aquello que realizan en el ejercicio de su tarea diaria es
‘trabajo’ (Martínez Bonafé, 1999), una actividad mediadora entre el hombre y la
sociedad, de transformación de la naturaleza exterior y de la propia naturaleza del
hombre (Marx, 1973). Consideramos que por la experiencia de trabajo la subjetividad
crece y se transforma (Dejours, 2000). En este sentido, la categoría de trabajo permite
dar cuenta de las condiciones materiales y simbólicas en las que desarrollan su actividad
los docentes universitarios, al tiempo que invita a analizarla como experiencia
subjetivante y articulador social (Walker, 2017). En particular para este análisis del
trabajo docente, daremos relevancia a la distinción o las dimensiones de trabajo
prescripto y trabajo efectivo. Las prácticas laborales comprenden una parte subjetiva y
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viva de los individuos (Dejours y Gernet, 2012); será esencial la capacidad de los
agentes, el ingenio como algo propio e incorporado, de esta forma distinguimos el
trabajo real. En este trabajo real donde se movilizan elementos subjetivos, el trabajador
se adapta y compensa fallas que existen entre el trabajo prescripto y aquel que
efectivamente realiza, a su vez este adicional adaptativo opera cuando el trabajador le
da un valor subjetivo a esa movilización, vinculada con la realización personal y el
reconocimiento del grupo (Neffa, 1999). Es decir, en nuestro análisis damos relevancia
a aquellos aspectos y dimensiones del trabajo que están pautadas y formalizadas y
suelen implicar procesos burocráticos, así como también a aquellas actividades del
quehacer cotidiano que quizá sin estar previstas forman parte del trabajo real y se
efectivizan como parte del trabajo docente exigiendo esfuerzos extras, creatividad y
disponibilidad de tiempo.
Hasta aquí hemos presentado conceptos, ideas y corrientes que describen el
trabajo como un espacio de creatividad personal y puente para hacer de la producción
alcanzada un valor, no solo individual, sino colectivo. Para finalizar este apartado
analizaremos los alcances de la sociología y la economía sobre el trabajo y su relación
con los sujetos y la sociedad. La economía y la sociología se han preocupado por
estudiar la división de tareas y puestos de trabajo con marcadas diferencias
conceptuales y metodológicas. La primera tradicionalmente trazo el camino hacia el
estudio de las formas en que los actores se manifiestan en los mercados, estos últimos
como espacios de intercambio monetario sin dejar de incorporar a las estructuras
sociales que dan sustento a ese intercambio; por otro lado la sociología centra su
estudio en el carácter y naturaleza de las relaciones entre los sujetos como un marco
general donde los mercado son manifestaciones concretas de dichas relaciones, allí
donde se regulan las formas de intercambio, sin dejar de aclarar que los intercambios
son una forma más y posible de relación en la vida social.
Dese la aparición de taylorismo como la línea de pensamiento que ofrecía un
análisis y entendimiento de la industria, la sociología económica surge como el análisis
de las actividades de producción, intercambio y consumo de bienes y servicios a través
de teorías modelos y elementos determinantes y explicativos propios de la sociología
(Laville, 1997). Así esta disciplina se dedicó estudiar y sobresalir del análisis únicamente
económico del trabajo asalariado aportando el carácter social del mismo; los trabajos
de E. Mayo sacaron a la luz -en el mundo del trabajo- la existencia de relaciones
afectivas engendradas en el trabajo colectivo y la presencia de motivaciones no
pecuniarias como fuente de gratificación para los individuos, estos aportes contradecían
los postulados racionalistas/individualistas de la economía clásica/neoclásica.
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A partir de las sociedades modernas el análisis sobre el valor del trabajo ha
adquirido un giro más psicológico tanto en lo que respecta a su función en el plano
individual, así como para reclamar sus efectos negativos que provocan las malas
condiciones del y en el trabajo. Los trabajos de H. Man (1930) analizan una situación
laboral particular situada en a fabrica, un trabajo de campo con obreros y empleados de
la industria, sus charlas, entrevistas y encuentros con los actores clave manifestaron
que tanto las quejas o reclamos respecto a las condiciones no logran compensarse o
subsanarse por situaciones de placer de motivación y satisfacción, dejando como
conclusión que en el marco o contexto de la fábrica es difícil encontrar fuentes de placer
que compensen situaciones negativas del trabajo, y agrega que el “orgullo” del trabajo
se hace presente solo en trabajos calificados, el trabajo de “los del libro” académicos.
La alegría del trabajo, título que lleva una de las obras de Man, fue motivo de desarrollo
y análisis de autores como Freidmann quien otorga esta cualidad o condición a aquel
trabajo que esté constituido por tareas cuya responsabilidad y organización de quien las
ejecuta, permitiendo entonces la implicancia y compromiso por parte del trabajador.
Surge con esta idea el concepto de complejo afectivo, ese aporte o añadido por parte
de todos los trabajadores inmersos en un contexto determinado, en ese trabajo situado
es donde se harán presentes diversos factores de motivación en el trabajo, como las
condiciones físicas y material, la remuneración, la calidad de las relaciones entre los
trabajadores y con quieres ocupan cargos de mayor jerarquía, conformación de equipos
de trabajo. Todos los trabajadores, inmersos en este espacio laborar donde pueden
darse diversas situaciones entre los factores mencionados, aportarán a la organización
-además de su ejercicio concreto establecido u obligado- su implicancia a través de sus
capacidades y aptitudes individuales (subjetivas), este aporte estará impregnado y no
podrán escapar de su obra. Esta implicación es vista como gratificante desde lo
personal, pero no debemos minimizar su importancia económica ya que el trabajo del
sujeto será productivo para el conjunto.
Boltanski y Chiapello (2000) desde los años 70 analizan estas nuevas
miradas sobre el trabajo, muestran un capitalismo que se libera de la relación mecánica
entre el esfuerzo y recompensa en el trabajo, incorporan al análisis formas más creativas
de motivación, aquellas que no están basadas únicamente en razones económicas y
materiales. La historia, el contexto, la personalidad y la afectividad deben hacerse
presente para valorizar los recursos más íntimos y personales del trabajador, se otorga
vital importancia al sujeto y sus afectos. Estar satisfecho con su trabajo es realizar
rasgos de identidad, es un trabajo constitutivo de la persona,
“Un oficio debe ser interesantes no por los beneficios materiales que procura, sino por
sus beneficios simbólicos: un oficio interesante es un oficio que excita que estimula y
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permite a aquellas y aquellos que lo ejercen crear, innovar, realizarse, inclusive “pasarla
bien”, etc. Se llega así a la felicidad del artista o del escribano.” (Baudelot y Gollac, 2011)
Estudios vinculados con las condiciones laborales ya sean materiales o
simbólicos y la valoración subjetiva que los sujetos le otorgan a su actividad destacan
los motivos como un elemento central en este entramado (Pacenza, Andriotti Romanin
2005). Además del valor económico existen otros elementos o factores que surgen con
alto grado de importancia y allí radican las motivaciones a realizar determinadas tareas
o actividades vinculadas al valor subjetivo y personal que el sujeto considera, como
pueden ser autoestima, realización personal, proceso de aprendizajes continuo, etc.
(Guzman, 2004). Las condiciones de trabajo y el nivel de remuneración monetaria se
relacionan con la valoración social de la profesión e impactan sobre la subjetividad de
los trabajadores generando fuentes de malestar y frustración, pero pese a eso se
sostienen niveles de satisfacción en el ámbito laboral capaces de atemperar posibles
condiciones negativas (Pacenza y Echeverría, 2005). Puntualmente, en investigaciones
sobre trabajo docente universitario y las tensiones que lo atraviesan (Walker, 2016) se
destacan aquellas vinculadas con las fuentes de malestar y placer que proporcionan las
tareas académicas. Dichas investigaciones muestran cómo el trabajo académico tiene
un componente “artesanal” que es amenazado por las actuales formas de organización
y evaluación del trabajo regidas por lógicas de eficiencia y productivismo.
Con lo expuesto en los últimos párrafos queda claro que las
investigaciones recientes profundizan el análisis del trabajo académico como el
desarrollo de una actividad relacional en contexto, que proporcionan fuentes de malestar
y satisfacción tensionando los sentidos del trabajo. Muchos elementos históricamente
valorados por los docentes universitarios respecto de su labor, como el trabajo
autónomo, creativo, comprometido con las propias subjetividades se ven erosionados
por los costos de la inclusión de nuevas lógicas basadas en la realización de prácticas
individualizadoras, atomizadas y hegemónicas en el campo universitario (Gill, 2015).
6. Conclusiones
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otorgan un sentido, un valor, una percepción subjetiva a sus experiencias inscriptas
como prácticas razonables más que racionales.
Es así como el entorno social con sus creencias, dogmas y culturas
diseñaran el escenario donde el docente construye y experimenta su trabajo con el
bagaje de conocimiento que posee a lo largo de su historia. Este capital económico y
político -heredado- según Bourdieu será el punto de partida a partir de cual se configura,
el sentido común. Schutz define el sentido común como aquello que permite identificar
en las prácticas de la vida cotidiana lo bueno y lo malo, el imaginario instruido adoctrina
de alguna forma al individuo a que sus creencias y dogmas juzguen sus propias
prácticas. Este sentido común es, entonces, una construcción social incorporada en los
sujetos de manera arbitraria, casi una imposición, sobre la cual se encausa en favor de
una convivencia en sociedad. Esta idea nos permite encontrar explicaciones a la vida
cotidiana partiendo de la experiencia y acción del individuo, como una construcción
social.
La pandemia COVID-19 ha provocado cambios profundos en toda la
sociedad, este fenómeno inédito expuso nuestras certezas y capacidad de organización
a modo de una constante prueba y error, marco que cada vez se va tornando normal.
Con las medidas de aislamiento todo el sistema educativo y en particular la educación
superior -bajo su modalidad presencial- se vio obligado a sostener los procesos de
enseñanza en espacios virtuales.
Si analizamos esta situación desde las practicas docentes, coincidimos
que se decidió sostener el dictado de clases -tarea principal de los docentes
universitarios- bajo una situación que podemos llamar de emergencia, es por esto que
enfrentar, desarrollar y finalizar el cuatrimestre fue el objetivo a sostener en el tiempo.
Uno de los mayores desafíos se presentó cuando la tarea se realizaría detrás de una
pantalla y en un entorno físico y emocional distinto y como elemento de gran
importancia, no elegido por el docente/trabajador. La improvisación, espontaneidad,
innovación, creatividad y voluntad de que salga bien, caracterizaron el desarrollo del
trabajo docente. A pesar de este contexto de emergencia, y reconociendo cada situación
como particular, hubo profesores que no estaban preparados para este cambio tan
brusco y con poco margen para la planificación. Muchos tuvieron que adquirir
conocimientos sobre el uso de tecnologías y enfoques pedagógicos para llevar adelante
sus actividades, aumentando aún más su carga laboral. El docente estuvo obligado a
armarse y re-inventarse, ya que no solo su metodología debía cambiar, sino que su rol
se vería expuesto a modificaciones. Lo colectivo como practica pedagógica de base en
la tarea docente, es decir el aprender con el otro y construir sentidos compartidos, fue
levemente abandonada ante prácticas que ofrecía un mundo opuesto; la virtualidad se
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caracteriza por la fragmentación, la pérdida de percepción de lo colectivo y la reducción
en los lenguajes de comunicación.
Los profesores han incrementado sustancialmente la cantidad de
actividades que ellos mismos desarrollan y las que plantean a sus estudiantes, lo que
implicó más horas frente a la computadora. Estar expuesto a una continua sobrecarga
señala un desgaste en los docentes y en la forma en que son percibidos por sus
estudiantes; el grupo, tanto docentes como alumnos fue atravesado por el vértigo,
angustia, desgaste.
Este momento que muchas llaman nueva normalidad es trascendental y
marcará una oportunidad de reflexión sobre los nuevas-viejas problemáticas a las que
se enfrentan los docentes y sus prácticas. El componente artesanal, cargado de
creatividad y subjetividad resurge y ocupa un lugar de vital importancia cuando el
contexto se hace incierto y cambiante. Las fuentes de placer y malestar serán otras y
con un alto grado de subjetividad, ya que la nueva modalidad de dictado ofrecerá
oportunidades para algunos y obstáculos para otros. Los colectivos docentes, sin duda,
deben reflexionar sobre cómo abordar con eficiencia las múltiples actividades
planteadas sin llenarse de trabajo extra y sin recargar su jornada con actividades de
poca trascendencia, ya que hay muchas situaciones, espacios y formas que con la
pandemia vinieron para quedarse.
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