Diversidad cultural:
La presente cuestión y su expresión más extendida (“somos diferentes somos iguales”) han
sido víctimas de numerosísimas confusiones y malinterpretaciones, generando una serie de
problemas y sucesivos debates en el terreno tanto de la antropología como de la sociología
y la ética. Básicamente, va a ser el Multiculturalismo la postura más representativa y que ha
tenido más acogida en lo referente a la reivindicación del desarrollo de tal rasgo humano. Es
un hecho cultural consistente en proclamar que en un espacio social debe producirse y
extenderse la convivencia entre las diferentes personas pertenecientes a distintas culturas.
No obstante, la materialización de tal proyecto en el campo económico y político, esto es, la
“globalización”, ha suscitado nuevos problemas y conflictos debido a que el desarrollo y
funcionamiento económico que pretende extenderse a nivel mundial es insostenible, pues
este modelo es básicamente el de los países desarrollados (la cultura occidental) el cual
dispone para su crecimiento, entre otras cosas, de la explotación de recursos con los que
subsisten otros países. Estos últimos, desfavorecidos en tal circunstancia, no van a ver
mejorada su situación económica y cultural con la integración en el nuevo orden
globalizante, que en última instancia es la extensión indefinida del modelo socio-cultural
norteamericano. Ante tal hecho, surgen varias tendencias entre las cuales podemos
destacar dos posturas enfrentadas que generan un problema crucial en el contexto de la
antropología cultural: - El Relativismo por su parte de la propuesta consistente en analizar e
interpretar las culturas desde su diferencia radical, ateniéndonos a su código de valores sin
imponerles otros. Pero esto genera un riesgo significativo en la medida en que se obstruye
la posibilidad de diálogo y se paraliza el dinamismo intercultural, ya que cada cultura
quedaría encerrada en su código y sus modos de comprensión, entendiendo todo modo de
apertura hacia “el otro” como una forma de imposición absolutista. Las consecuencias de
llevar este planteamiento a sus últimas consecuencias, podrían desatar: - La caída en la
justificación del racismo y la prohibición de los flujos migratorios - El separatismo y la
indiferencia ante la violación de “derechos fundamentales” - El Universalismo, por su parte
propone analizar las culturas desde una perspectiva “global”, no obstante, dicho enfoque
corre el riesgo de volverse dogmático, ya que podría impulsar prejuicios favorecedores a la
civilización que lo promueve. Es el problema de la Globalización, por cuanto respecta a las
consecuencias desventajosas que esto supondría para otras culturas hasta el punto de ser
olvidadas en la marginalidad y caricaturizadas en sus modos de vida y funcionamiento. - En
este sentido, será el Interculturalismo la postura que se presente como más coherente y
comprometida éticamente con el tema de la diversidad; claro que también precisamente por
ello sea la más difícilmente asimilable. Podemos pues caracterizarla básicamente por el
hecho de que parte del respeto a las otras y sus respectivos contextos, pero superando las
carencias del relativismo apoyándose en estos principios: - Reconocer el carácter plural y
polifacético de la realidad humana, negando la realidad de cualquier idea tipo raza...
basándose para ello en que desde el inicio de la humanidad existe una pertenencia; -
Comprender la complejidad estructural de las relaciones humanas - Proponer ante todo
proyectos éticos fundamentados en la realidad del diálogo intercultural.
Contracultura:
Dentro de cada cultura se hallan manifestaciones contrapuestas al sistema establecido y
consagrado por la tradición. Debe por ello diferenciarse “contracultura” de “anticultura”,
como debe distinguirse la libertad del libertinaje. Más que caracterizarse por ir
deliberadamente y sin criterio propio contra la cultura, la tendencia contracultural con sus
múltiples variantes, que constituirán la “tradición Underground”, definiría su propósito
esencial como un esfuerzo multilateral por equilibrar a contracorriente la cultura occidental,
compensándola en aquellos aspectos cuya carencia ha provocando su declive. En tal
sentido, serían rasgos distintivos del Underground”: - la búsqueda de la solidaridad mundial
- el cortocircuitaje de las líneas de poder, producción e información autoritarias y protectoras
de los sistemas represores. En esta línea de pensamiento y actitud crítica convendrá hacer
referencia a la revolución estudiantil reconocida como “Mayo del 68”; revolución
contracultural acontecida en Paris e impulsada básicamente por el “Situacionismo”, que se
caracterizará como movimiento subversivo de intelectuales surgido por aquellos años en
Francia y a la luz de las aportaciones generadas por el Surrealismo y la vanguardia en
general. Tal tendencia, frente a la por entonces emergente “Sociedad del espectáculo” (y
que hoy muestra su triunfo aplastante a todas luces), reivindicaba una existencia constituida
por modos de vida alternativos mediante la apertura de un horizonte vital no manipulable
por la “pantalla totalizadora”. La crítica viene orientada (y tomando como punto de partida
las filosofías de Marx y Nietzsche) en la idea de que la “Alineación” del trabajador ya no
viene producida por la explotación física del mismo sino por la “expropiación” del tiempo
libre de vida mediante la implantación del “pseudo-ocio” en virtud del cual la idea de
“proletario” es transformada en “masa de consumidores”, de felices y pasivos espectadores
de su propia alineación. El desencadenamiento e influencia de la contracultura en los
diferentes contextos sociales, cristalizó y sigue haciéndolo, en el surgimiento movimientos
sociales alternativos, guiados por el inconformismo y el rechazo al modo de vida ofrecido
por la sociedad del consumo y el espectáculo. Entre ellos y por su repercusión social
podemos destacar el movimiento “hippie”, que personalizando lo más esencial del
underground se posicionó en una actitud marcadamente pacifista con el propósito de
responder mediante alternativas políticas, artísticas y culturales al “vacío vital” provocado
por la sociedad de consumo. De entre los muchos movimientos juveniles y “tribus urbanas”
que comenzaron a proliferar de modo masivo entre los años sesenta y setenta (Rockers,
psicobillies, Mods, skins...), el movimiento Punk merece mención especial por constituir una
de las posturas de confrontación al sistema más provocativas y de mayor impacto (tanto en
su momento como mucho después). Surgiendo en torno 1976 en Londres, dicho
movimiento se manifiesta impulsado por la miseria social y la hipocresía que generaban el
“establishment” y sus estrategias mediáticas para simular un mundo de felicidad y
concordia. El desenmascaramiento de dicha farsa se vio reflejada en una actitud insultante
hacia el sistema, estética provocativa y música desgarrada; factores estos que en su
conjunto generaron una moda (o mejor dicho anti-moda) cuyos máximos representantes
fueron el grupo británico Sex Pistols; y es que en pocas ocasiones ha podido apreciarse en
el contexto de las tendencias subversivas y vanguardistas, un movimiento que haya
mostrado el inconformismo ante las contradicciones de la sociedad con tanto descaro, furia
y energía.