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Comprendiendo el Maestro Interno

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EL MAESTRO INTERNO

Harvey Spencer Lewis

Enviado por el Dr. Jorge Domínguez 33

Asumiendo por un momento que es dual la conciencia del hombre


en su forma de expresión que hay evidencia de una conciencia
más recóndita y profunda llamada ser interno distinta del ser
externo de mente materializada y de material expresión externa
encontraremos que en varias fuentes autorizadas con
frecuencia se personaliza la conciencia interna a la que por lo
general se designa como Maestro Interno.
Algunos han argüido que la creencia de que existe un alma en el
hombre o una esencia espiritual de naturaleza intangible precedió a
la creencia de la dualidad de conciencia de éste y que fue como una
especie de explicación acerca del funcionamiento del alma en el
hombre lo que dio lugar a que se desarrollara la idea de una
personalidad secundaria o forma de conciencia como evidencia de
que existe un alma en el hombre. En muchas de las creencias y
doctrinas religiosas primitivas encontramos que se ha aceptado el
alma del hombre como un hecho establecido. Algunas de las más
antiguas religiones o ceremonias místicas trataron de dramatizar
esta idea y darle énfasis.

Más tarde vamos hallando a medida que estas antiguas religiones


paganas fueron gradualmente modificándose que la idea de que el
alma se separaba del cuerpo para continuar su vida fue ganando
terreno mientras que la idea de que el mismo cuerpo físico
quedaría ocupado nuevamente por la misma alma fue
descartándose poco a poco por no conceptuársele digna de
consideración. No hay duda de que los sentimientos y
emociones del hombre fueron un factor determinante en la
evolución de estas doctrinas pues al contemplar su cuerpo
envejecido gastado y de pobre apariencia indeseable para una vida
continua le disgustó la idea de que el alma llegara a ocuparlo
nuevamente en vez de tomar un cuerpo más atractivo nuevo viril y
magnético.

Después vino la idea largamente acariciada por los antiguos


filósofos y pensadores de que el hombre podría vivir otra vez en la
Tierra completar su fama mundana y aún gozar de los frutos de sus
proezas terrenales. La idea de la encarnación del alma en la tierra
siempre había tenido la atracción de una fascinante posibilidad para
aquellos cuyo raciocinio se basaba en que era insuficiente un sólo
lapso de corta existencia terrestre para que el hombre consiguiera
los deseos de su corazón o el desarrollo que le era necesario para
cumplir con el propósito divino cuando le fue dada vida en la Tierra.

El cristianismo ha adoptado la creencia de que el estado futuro del


hombre tiene lugar en un mundo espiritual enteramente y varias
otras religiones tienen una idea muy similar. Los místicos de las
escuelas originales de la religión se adhieren a la creencia de la
encarnación aquí en la Tierra y mientras los detalles de esta
doctrina varían en las diferentes religiones orientales se acepta
quizá en forma más universal la idea de la encarnación terrestre en
vez de aquella de una vida futura en un reino puramente espiritual
trascendente y desconocido. En la religión rara vez se refieren al
alma del hombre en los términos místicos.

Los términos Ser Interno, Ser Subconsciente, Ser Secundario o


Maestro Interno no se usan en la religión cristiana ni en otras
considerándose al alma como una forma de conciencia Divina
completamente desligada de cualquier forma de conciencia
mundana y de ninguna manera como fase secundaria o subjetiva de
la conciencia humana. En otras palabras estas religiones consideran
al hombre como dual pero solamente en el sentido de que tiene
cuerpo y alma y no dual en su conciencia siendo el cuerpo una parte
meramente transitoria sin importancia y no esencial en su
verdadero ser. Pero hay doctrinas religiosas que sin ser
esencialmente cristianas tampoco son hostiles a los fundamentos de
la cristiandad y no miran la conciencia interna del hombre como una
conciencia mística que sirve para dirigir su mente e iluminar su
inteligencia en su sentido subconsciente.

De todos los movimientos religiosos del mundo entero el que se


denomina Cuáqueros o dicho en otros términos Sociedad de Amigos
es el que más se aproxima a la verdadera comprensión mística del
ser interno y del funcionamiento que tiene en nuestra vida. La
firme y esencial creencia de los Cuáqueros en la posibilidad de una
comunión inmediata y casi continua entre Dios y el hombre es
altamente significativa desde el punto de vista místico. Ellos
sostienen que hay un entonamiento entre el ser externo y el interno
y entre éste y Dios el cual constituye una condición que sobrepasa a
todas las palabras y a todos los pensamientos mundanos.
Consideran el funcionamiento de la conciencia interna como una
especie de Luz Interior por la cual en forma definida todos los seres
humanos pueden guiar su vida. Evitan todas las definiciones
precisas y doctrinales de las otras denominaciones cristianas porque
en ellos como en todos los místicos parece haber la tendencia de
considerar al pie de la letra más a la materia que al espíritu de ésta.
Por consiguiente ellos sostienen naturalmente que las experiencias
divinas son más importantes que la mera comprensión intelectual
de las doctrinas teológicas.

Se notará sin embargo que esta creencia de que hay una Luz
Interna en cada hombre que realmente lo guía apoya la idea mística
acerca del Maestro Interno o una personalidad secundaria que es
Divina en su esencia omnipotente en su sabiduría e inmortal. Este
ser interno en su funcionamiento como inspiración o voz que guía
puede llamarse “consciencia” en algunas otras religiones pero
nunca llega a ser para sus adeptos lo que es para los místicos
especialmente para los Rosacruces. El propósito de la instrucción y
práctica de los principios Rosacruces es darle mayor libertad a la
expresión del ser interno y ejercitar al ser externo para dar mayor fe
a lo que el ser interno inspira al mismo tiempo que se destruye el
complejo general de superioridad que se ha formado gradualmente
el ser externo con sus falsas creencias en la integridad y seguridad
de las impresiones mundanas y del razonamiento mundano.

Es inexacto que la actitud perfecta que deba tomarse sea la de


esclavizar el ser externo al interno considerando las dos formas de
conciencia como si se tratara de maestro y esclavo. Quizá el término
“Maestro Interno” será responsable por esta idea. El ser externo no
debe ser esclavizado en ninguna ocasión por ningún poder ya sea
de adentro o de fuera. Debería obligársele no obstante a que asuma
su propia posición relativa que atañe a la dualidad de la conciencia
y ser del hombre. En la niñez como en todas las fases normales del
funcionamiento psicológico de la vida es el ser interno el factor que
guía el poder director y el indisputable autócrata de la personalidad
humana. Es en realidad la verdadera base de la personalidad e
individualidad y mientras pensamos que el ser externo no debe ser
esclavo del ser interno sí deberíamos considerar su posición como la
de un sirviente que está feliz y deseoso de llevar a cabo los dictados
del ser interno.
Es por medio de este ser interno y de sus seguros mensajes sus
inspiradores impulsos y sus murmullos de aviso como nos
capacitamos para guiar acertadamente nuestra vida haciéndole
frente a sus problemas con un poder superior de conocimiento y
desvaneciendo los obstáculos con soluciones infalibles para poder
llegar con esa dirección correcta a la meta de nuestros anhelos.
Además de esto el místico descubre que por medio del humilde y
amistoso entonamiento del ser externo con el interno llega a
hacerse posible la comunión inmediata con Dios la estrecha
compañía con el Padre de todas las cosas y la comprensión de todos
los principios Divinos. Para el místico por consiguiente el triángulo
es verdaderamente el símbolo de la Gran Trinidad: Dios, el alma y el
ser externo.

Cuando estos tres guardan un entonamiento perfecto viviendo en


cooperación y comprensión completa el ser humano posee un
poder, una guía, una fuente de información e instrucción para la
consecución de la felicidad y el contento y una hegemonía y
compañía muy superior a todos los métodos mundanos y la Paz
Profunda.

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