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Adoración Al Santísimo Sacramento en La Vigilia de Corpus

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ADORACIÓN EUCARÍSTICA

VIGILIA DE CORPUS

Comencemos este momento de adoración a Jesús Sacramentado con una


oración

ORACIÓN INICIAL.
Señor Jesús, Señor de la paciencia y de la ternura, que nos llamaste
amigos y diste tu vida por nosotros, que te quedaste en este Santísimo
Sacramento para cumplir tu promesa de estar con nosotros hasta el fin
de los tiempos…. Acá estoy con todo mi amor a vos, pero también con
todas mis ansiedades, mis miedos y mis errores…
Sé que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar y vengo a
adorarte y darte gracias…
Gracias por todos los dones que me das, gracias por llamarme a ser parte
de esta familia que es tu iglesia, gracias porque con tu palabra y el pan
de la Eucaristía alimentas mi fe, gracias por dejarme a tu Madre, gracias
por tu eterna paciencia y misericordia que hace que ames hasta mis
miserias, gracias por estar en mi vida Señor…

CANTAMOS

Acto de contrición

En un momento de silencio frente a este Jesús hecho pan, pensemos en


aquellas cosas que podemos haber hecho contrarias a lo que el Señor
quiere para nuestra vida y pidamos perdón por ellas….
Pensemos en nuestras faltas de fe…. en los momentos que nos dejamos
ganar por la desesperanza…. En nuestras faltas de alegría…. Cuando nos
olvidamos de poner ante todo el amor al hermano… cuando nos
olvidamos de escuchar a Dios...
Vamos a pedirle a este Jesús presente en la Eucaristía que interceda para
que el Padre derrame sobre cada uno de nosotros su infinita misericordia
y perdone nuestras faltas…
CANTAMOS

Los invito a que pongamos algunas intenciones en común, respondiendo:


R+/ Jesús, que podamos reconocerte al partir el Pan

+Te pedimos Señor por aquellos hermanos q están alejados de la


Eucaristía comunitaria, para que puedan sentir la necesidad de acercarse
nuevamente a tu mesa. R+/

+Te pedimos también por aquellos hermanos que sienten la necesidad de


recibirte, pero están imposibilitados de concurrir al servicio comunitario,
para que puedan recibir tu visita con mayor frecuencia. R+/

+Te pedimos Señor por los sacerdotes, diáconos y ministros de la


comunión, para que estén siempre dispuestos a celebrarte
comunitariamente, y también llevarte a los hermanos que te necesiten.
R+/

Los invito ahora a que pensemos en el pasaje del Evangelio de Lucas que
nos cuenta sobre lo vivido por los discípulos de Emaús y reflexionemos
sobre algunos pasajes...

Dice la palabra: "el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran"

Yo pensaba… Jesús se acerca a nosotros en muchas ocasiones y con


distinto rostro, sin embargo, muchas veces nos cuesta reconocerlo, como
les paso a los discípulos de Emaús. Estamos tan ocupados y preocupados
con nuestras rutinas y actividades, que solemos pasar por alto el rostro
de Jesús. Por ejemplo: cuando se nos presenta la necesidad de un
hermano. O bien, lo reconocemos, pero buscamos excusarnos… "no
tengo tiempo", "después lo hago" o "ya voy a tener más tiempo libre para
ocuparme".
El evangelio continúa diciendo "los discípulos se detuvieron con el
semblante triste"
Y reflexionaba… uno de los motivos por el que no lo reconocieron, pudo
haber sido su tristeza y desolación, porque habían estado esperando que
Jesús liberara a Israel y habían presenciado su condena y muerte.
Nosotros también, muchas veces sentimos que Dios nos abandona, que
no está con nosotros, o que no le interesa lo que sentimos o deseamos,
es ahí cuando nos sentimos tristes y desolados. Cuantas veces hemos
rezado o pedido con insistencia alguna gracia, que luego no es concedida.

Dice la lectura: "¡Hombres duros de entendimiento, como les cuesta creer


todo lo que anunciaron los profetas!"

Jesús les recrimina su falta de entendimiento, acerca de los Profetas,


Escrituras, y todo lo que debía pasar para que el Hijo de Dios sea elevado
en su gloria. Pero no se queda solo en la queja, sino q comienza a
recordarles y explicarles como se había cumplido todo lo referido a él en
las sagradas escrituras.
También nosotros, muchas veces, somos duros de entendimiento para
aceptar la voluntad de Dios, o al menos tratar de comprender "¿para qué
suceden las cosas?... ¿qué quiere Dios de nosotros cuando sucede algo q
no esperamos?". En cambio, estamos más preocupados en el "¿por
qué?"... "¿por qué me sucede esto a mí? "Yo q rezo... q voy a la Iglesia... y
me pasan estas cosas"

CANTAMOS

Avanzando en el pasaje dice: "Ellos le insistieron: quédate con nosotros"

Los discípulos sintieron algo que los reconfortaba en su pesar, y


valoraban la presencia de este "extraño" que los acompañaba en el
camino, y les enseñaba con la sabiduría de un maestro. Es así que lo
invitaron a quedarse con ellos y cenar.
Nosotros también, luego de renegar contra la voluntad de Dios cuando no
se ajusta a nuestros deseos o proyectos, nos sentimos vacíos. Pero,
acudiendo a nuestra memoria... recordando momentos difíciles donde
Jesús estuvo presente, volvemos a Él y le pedimos: "quédate con nosotros
Señor", "¿a dónde iremos?".
Es así que a través de la oración comenzamos a sentir su presencia... esa
presencia que trae paz y consuelo.

Y la lectura continúa: "Al tomar el pan, bendecirlo, partirlo y compartirlo,


los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron"

Ese fue el momento determinante, en el que los discípulos pudieron


comprender que el "extraño" que los acompañaba era Jesús, "¿acaso no
ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?" decían.
También nosotros buscamos reconocer la presencia de Cristo en cada
Eucaristía compartida, ya sea comunitariamente en la misa, o bien
cuando la llevamos al hogar de algún hermano que la necesita. Y es, en la
comunión cotidiana y frecuente, que nos damos cuenta de la importancia
de Dios en nuestra vida. Algo, que muchas veces para el exterior puede
parecer un mero ritual religioso o costumbrista, con el paso del tiempo y
la perseverancia en la fe, descubrimos que constituye junto con la
Palabra, el alimento espiritual que nos une más a Cristo, y nuestros
hermanos. Nos ayuda a abrir más los ojos y tratar de reconocer a Jesús
en el rostro de los demás.
Por otra parte, percibimos que misteriosamente el Señor va actuando
sobre nosotros, y en quienes reciben la comunión con frecuencia...
transformando el corazón... haciéndolo más dócil y generoso.

CANTAMOS

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6,1 - 13


1
Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades.
2
Le seguía un enorme gentío a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en
los enfermos.
3
Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
4
Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
5
Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a
Felipe: '¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?'
6
Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer.
7
Felipe le respondió: 'Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno
un pedazo.
8
Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo:
9
Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué
es esto para tanta gente?
10
Jesús les dijo: 'Hagan que se siente la gente. Había mucho pasto en aquel lugar, y se
sentaron los hombres en número de unos cinco mil.
11
Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban
sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron.
Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: 'Recojan los pedazos que
12

han sobrado para que no se pierda nada.


13
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido:
eran las sobras de los cinco panes de cebada.
Palabra de Señor.

Los invito a imaginar la escena…. Jesús había cruzado el mar buscando


un lugar alejado y tranquilo y no sólo había cruzado el mar, sino que
además había subido a un monte para conversar, para estar con sus
amigos, sus discípulos más cercanos, los 12…. De pronto se encuentra
con que una multitud lo sigue y lo busca hasta encontrarlo. E imaginando
la escena los invito a pensar…. ¿quién soy yo en esa escena? ¿Estoy ahí?
¿Estoy tan cerca de Jesús como para ser del grupo que subió con él? ¿o
soy del grupo que lo busca hasta encontrarlo? Yo creo que estaría en el
grupo que lo busca…. entonces me surgió otra pregunta… ¿Vos, yo,
nosotros… por qué buscamos a Jesús? ¿Qué esperamos de él? ¿qué
buscamos en Él?
Personalmente en la certeza que lo busco porque quiero ser del grupo
que comparte la vida con él, quiero que Él esté a mi lado todos los días,
sigo imaginándome en esa orilla…
Jesús mira a la multitud e inmediatamente se da cuenta de lo que
necesita y esto me llevaba a pensar en cuantas veces el Señor estuvo
presente en mi vida atendiendo mis necesidades, cuantas veces encontré
en Él el consuelo, o la paz, o la certeza de que lo que iba a pasar era lo
mejor….
Y, volviendo a ese lugar, luego…pide a sus discípulos que resuelvan la
situación, como poniendo a prueba su fe… y pensé…. ¿cómo está mi fe?
¿confío lo suficiente en el Señor como para tener la certeza que Él se va a
hacer cargo de la situación? ¿dejo al Señor la libertad de obrar en mi
vida?
En escena aparecen Felipe, Andrés y el niño con los cinco panes y los dos
peces y Jesús obra el milagro…. y las preguntas siguen…. ¿quién soy ,
ahora, en esta escena…? ¿Soy Felipe que mira sólo el problema tratando
de resolverlo sin tomar en cuenta al Señor? ¿O soy Andrés que lleva al
niño cerca del Señor? ¿O soy el niño que entrega al Señor lo poco que
tiene para que Él obre y lo multiplique? Y acá me detengo en un detalle….
El Señor todo lo ve, todo lo sabe y todo lo puede, pero nunca, nunca va a
obrar si nosotros no ponemos nuestra pequeña cuota de humanidad
entregando lo que tenemos y pidiéndole a él que obre….
Y después otra imagen maravillosa… Jesús dando gracias y partiendo y
compartiendo el pan…. Tal como lo realizara después, en la última cena y
en las veces que se apareció a sus discípulos y comió con ellos luego de
la resurrección. Y esta imagen me lleva a cada misa, cada eucaristía
donde Él mismo es el que se entrega para saciar nuestra hambre, el
mismo es el que se da y si se lo permitimos se da hasta colmar nuestra
vida con su gracia… y pensaba es tan infinitamente grande su amor que
no sólo alcanzó, sino que sobró y mucho…. Y acá una nueva imagen para
reflexionar…. Mandó que juntaran lo que había sobrado para que no se
desperdiciara.
El amor del Señor es infinito, Él toma nuestra pequeñez y obra el milagro,
se hace pan y sacia todas nuestras necesidades, hecho pan nos alimenta,
nos fortalece, nos protege, nos llena de un amor que es infinito pero que
aún siendo infinito debemos cuidarlo y no derrocharlo...

CANTAMOS

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 22, 14 - 20


Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa, y con El los apóstoles,
14

y les dijo: Intensamente he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de
15

padecer;
porque les digo que nunca más volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de
16

Dios.
Y tomando una copa, después de haber dado gracias, dijo: Tomen esto y repártanlo
17

entre ustedes;
porque les digo que de ahora en adelante no beberé del fruto de la vid, hasta que
18

venga el reino de Dios.


Y tomando el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: Esto
19

es Mi cuerpo que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de Mí.


De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el
20

nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes


PALABRA DEL SEÑOR

Una vez participe de una Misa en la que el sacerdote dijo algo en su


homilía que (a pesar que pasaron más de cinco años) siguen resonando
en mi corazón, era algo así: . . .el misterio de la Eucaristía nos bendice
llevándonos en cada Comunión a esa última cena de hace cerca de 2000
años atrás. . .y eso fue muy movilizador. A partir de esa Misa trató de
hacer ese camino y eso es lo que quiero proponerles hacer hoy.
Tener la oportunidad de sentarnos en Esa mesa, frente a frente con quien
se hizo uno de nosotros por amor, que Él nos mire hondo y mirarlo desde
nuestra pequeña humanidad, compartiendo tiempo y lugar con Jesús en
ese instante único, mínimo, eterno . . . y que nos alimente . .
Porque de eso hablamos, al comulgar Él se entrega una y otra vez para
ser ese alimento, para ser El Alimento que nos permite estar de pie frente
a las tormentas de la vida que de otra forma nos derribarían, nos permite
escalar montañas imponentes, de esas que al sólo acto de mirarlas nos
llenan el alma de temor, nos permite tener cada vez más un corazón
semejante al Suyo, con toda la bendición que viene como consecuencia
de al menos intentar identificar nuestra vida con la Suya, nuestros modos
con los Suyos, nuestro limitado y pequeño amor con ese AMOR con
mayúsculas que inflama nuestro espíritu y nos lleva a intentar identificar
nuestra vida con la Suya y así . . . así sigue la rueda de bendición en
bendición. Todo dentro de Su plan de salvación, con el alivio de saber que
ante el problema, ante la necesidad del alma, ante la falta, sabemos que
Él está siempre esperándonos con Sus brazos abiertos para saciar
nuestra hambre. .
CANTAMOS

Cada vez que extendemos nuestras manos para recibir la eucaristía


pongamos en ellas, ofreciéndole al Señor, lo poco que somos y tenemos y
al recibir el milagro de la Eucaristía reconozcamos que es el mismo Jesús
que está en la pequeñez de nuestras manos y que en su infinito amor se
entrega El mismo, entonces hagamos que ese alimento se aproveche
hasta la última miga y llegue hasta el fondo de nuestra alma haciéndola
nueva.
Los invito a proponernos tomar conciencia, en la próxima eucaristía, del
gran milagro que tenemos entre nuestras manos y que dejemos que ese
amor hecho pan colme toda nuestra vida de forma tal que quien nos vea
sepa que el Señor llena todo nuestro ser y aun sobra para compartir con
los demás….

ORACIÓN
Señor Jesús hoy me pongo ante vos dispuesto a entregarte lo que tengo y
lo que soy… te entrego mis manos para trabajar por el reino, por favor
guíalas; te entrego mis pies para seguir tu camino, llévame de tu mano
para que no lo abandone; te entrego mis ojos para ver como vos ves,
ayúdame a encontrar a mis hermanos más necesitados; te entrego mi
boca para hablar de tu evangelio, llevá mi voz a los que necesiten tu
palabra, te entrego mi corazón para que lo moldees y te pido que me
ayudes a que mi vida sea testimonio de lo que has obrado en ella. Amén
CANTAMOS

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