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Arte Prerrománico en Hispania

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ARTE PRERROMÁNICO HISPANO.

CONTEXTO HISTÓRICO (siglos V al X después de Cristo).

Mientras el imperio romano de Oriente (o imperio Bizantino) vivía momentos de cierto


esplendor, la parte Occidental sucumbía ante la invasión sucesiva de diversos pueblos
bárbaros.
En general la cultura de estos momentos es más primitiva que la grecorromana y
técnicamente se experimentó un verdadero retroceso, pues los bárbaros tenían
soluciones mucho más toscas que los antiguos mediterráneos. La economía se ruraliza y
los grandes talleres y artistas desaparecen ante una situación de crisis e inseguridad
constantes. Tampoco habrá grandes clientes que puedan hacer caros encargos.
Además, al romperse la unidad del Imperio, las manifestaciones artísticas prerromanas
de las antiguas provincias afloran de nuevo. De ahí que señalar rasgos comunes sobre
las manifestaciones artísticas de la época resulta muy difícil.
Van a predominar pues las escuelas locales, aunque eso sí, todas subordinadas al ideario
cristiano, ya que la iglesia católica desempeñó un papel capital como trasmisora de la
cultura y los bárbaros van a utilizarla como intermediaria para fortalecer su poder sobre
sus nuevos territorios. Para ello se convierten a esa religión y le entregan grandes
extensiones de tierra.
En general predominará la producción de armas, joyas, vasos, códices, etc. Es decir, de
pequeños objetos muebles sobre grandes obras arquitectónicas que no les resultan
propias como corresponde a gentes con una vieja tradición nómada, que suelen habitar
en tiendas o chozas de madera. El origen de todos estos objetos estaría en fuentes muy
lejanas tanto en el tiempo como en el espacio: al paleolítico, al arte geométrico de los
celtas, a las técnicas de metal de los germanos y a las figuraciones coloristas orientales.

EL PRERROMÁNICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.

Este período reviste en España gran complejidad. En nuestro caso, en el siglo V después
de Cristo, serán los Suevos, Vándalos y Alanos los que se repartirán los territorios de la
antigua Hispania romana. De todos ellos conservamos pocos restos.
Será posteriormente, con los Visigodos, quienes establecerán un poder único en la
península, cuando podamos identificar un primer arte ya diferente al romano, que ocupa
el inicio de este nuevo período histórico denominado Alta Edad Media.
Con todo, este reino Visigodo no durará mucho, apenas tres siglos, pues sucumbe al
empuje de la invasión musulmana que, procedente de África, pone su planta en suelo
ibérico en el año 711, es decir a comienzos del siglo VIII. Surgen entonces núcleos de
resistencia en el norte que darán lugar a una nueva cultura, breve pero intensa, la
Asturiana que comenzará la empresa de la reconquista. Pero antes de que ésta acabe y
la península se incorpore a la Europa Románica, en el siglo X se producirán situaciones
complejas cuyos reflejos culturales hallaremos en otro estilo propio, el tercero,
denominado Arte de Repoblación.

ARTE VISIGODO.

Como ya sabemos, cuando los visigodos llegan a la península traen consigo su propio
arte, cuyas características se manifiestan sobre todo en la orfebrería (placas, hebillas de
cinturón…), el cual se fundirá con la tradición íbera o celta que había perdurado bajo la
dominación romana y con la presencia de la propia cultura imperial, cuyos monumentos
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van a destruir o abandonar, reutilizando en muchos casos diversos elementos (fustes,


capiteles) en sus construcciones posteriores.
Este pueblo bárbaro tendrá igualmente mucho contacto con el norte de África y con el
imperio Bizantino, que ocupa una parte del sureste de España tras los intentos del
Basileus Justiniano por recuperar la parte occidental del imperio.
En el año 567 eligen Toledo como su capital y a partir de ahí realizan su conversión
oficial al catolicismo, lo cual será decisivo para la evolución de su arte, cuyo mayor
esplendor se da en el siglo VII.

Arquitectura visigoda:
Los edificios más importantes serán las iglesias, de pequeño tamaño y situadas en zonas
rurales, como corresponde a una sociedad donde las ciudades tienen poca relevancia. En
general serán más complicadas las construcciones del norte de España y más simples las
del sur.
El elemento característico de esta arquitectura será el
arco de herradura, que posteriormente utilizaran
ampliamente los árabes, si bien el visigodo es más abierto
y con todas las dovelas radiales, a diferencia del islámico,
más cerrado y con las primeras dovelas horizontales.
La planta de los edificios tiene gran influencia bizantina y
puede ser basilical o de cruz griega, terminando en un
ábside rectangular, lo cual es una característica
típicamente hispana. También encontraremos algunos
edificios de cruz latina con añadidos posteriores.
En general, muestran al exterior un juego de volúmenes que viene dado por el distinto
nivel de la zona central con respecto a las laterales y al vestíbulo.
Los sillares de los muros pueden ser irregulares pero en general son grandes y están
bien labrados (no utilizan muros de piedra pequeña o sillarejo como en otros países
europeos sino la sillería grande de origen romano).
Al llegar a la cubierta sin embargo se utiliza piedra más pequeña y de menor peso,
parece como que los arquitectos tuviesen menos confianza que los canteros y temiesen
que el edificio pudiese derrumbarse si se utilizaba piedra grande para techarlo.
En general emplean la bóveda de cañón o la de arista.
También tienen muy pocos vanos, lo que produce oscuridad interior, que podría
favorecer el recogimiento espiritual.
Respecto a los capiteles, a veces son copias de los romanos (Corintio o Compuesto)
pero de peor calidad. Y en otros casos se usan los troncos de cono invertidos con
cimacio típicamente bizantinos. Como vimos, con frecuencia suelen colocarse sobre
columnas romanas reaprovechadas de edificios destruidos.

S. JUAN DE BAÑOS: (Palencia), S. VII.


Se construyó por encargo del rey Recesvinto, tiene tres naves, con columnas y arcos de
herradura. En la actualidad está muy transformada, pero remataba en tres ábsides
rectangulares, de los cuales sólo se conserva el central (esta organización puede tener
cierta influencia bizantina).
Posee un pequeño vestíbulo delantero y la ordenación geométrica de sus volúmenes
anticipa las formas del románico.
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S. PEDRO DE LA NAVE: (Zamora), S. VII.


Es un edificio complejo, de tres naves, la central más alta que las laterales, divididas por
una especie de transepto cuyos brazos se prolongan hacia el exterior con dos pórticos
laterales, que resultan más monumentales que la supuesta entrada principal. Esta
disposición formaba en principio una planta de cruz griega (de brazos iguales), como en
Santa Comba; algo que parece muy frecuente en estos tiempos. Sin embargo, hoy
presenta una cruz latina (de brazos desiguales) después de varios añadidos. La nave
central remata en un ábside rectangular (frecuente en el prerrománico hispano).
Vemos de nuevo los sillares bien labrados, la escasez de vanos y el juego de alturas y
volúmenes entre sus partes.
Si bien el exterior presenta una apariencia austera, el interior tiene una de las
decoraciones más bellas de la época. En él curiosamente sólo la nave central resulta útil
para el seguimiento de la misa, pues el resto no tiene comunicación visual con el altar, y
define unas cámaras que no parecen tener función, aunque quizá deban relacionarse con
los espacios penitenciales de los monasterios. Están separadas por gruesas pilastras, y
no columnas como en el caso anterior.
La cubierta del cimborrio era de bóveda de arista, pero se desplomó después. El
presbiterio, la cabecera de la nave central y los brazos del crucero se cubren con bóveda
de cañón peraltado. El resto, techo plano de madera.

* STA. COMBA DE BANDE: (Ourense) S. VII


Iniciada en época visigoda y abandonada ante la invasión musulmana, fue rematada por
la monarquía astur-leonesa en el siglo IX.
Como en el caso anterior fue ampliada con cámaras anexas, pero en origen era de cruz
griega con ábside rectangular de tamaño muy reducido; una celosía cubre el vano que
perfora su pared, lo que produce una puesta en escena muy efectista durante la liturgia,
pues el oficiante queda enmarcado por la luz solar.
Otro refinamiento visual lo encontramos en la disposición de arcos y ventanas por el
resto del templo, un juego ventana-arco que se repite tres veces. La luz tiene pues una
gran importancia.
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El crucero se apoya en cuatro arcos enjarjados (unos embutidos en los otros) y se cubre
con bóveda de arista dispuesta en espina de pez; lo demás con bóveda de cañón. Aunque
su arranque sea de piedra en el resto se emplea el ladrillo, pues su escaso peso facilitaba
su pervivencia, ya que las pequeñas columnas o pilastras visigodas no pueden sostener
cubiertas más pesadas.

Escultura visigoda:
Conservamos principalmente relieves que decoran las iglesias, en general planos y de
gran ingenuidad. Las proporciones de los personajes son irregulares y exageradas, en
posición frontal y de perfil a la vez. Ojos, manos y nariz se esquematizan.
Además de representaciones de temas bíblicos se esculpen frisos con motivos
decorativos; en el interior de círculos hechos con vegetación estilizada se sitúan temas
vegetales, animales y humanos (rostros, perdices, racimos de uvas, mazorcas...); o
pueden aparecer círculos, la cruz de brazos iguales, y otra decoración geométrica con
gran importancia de la simetría.
El problema de los orígenes de esta decoración ha sido muy discutido, en ella se
mezclan las raíces clásicas del arte de la antigüedad tardía con elementos próximos al
arte persa y los tejidos orientales o incluso la orfebrería bárbara. Pero en cualquier caso
será la base de la imaginería románica.

RELIEVES DE S. PEDRO DE LA NAVE: [Link].


De gran importancia pues muestran como la ornamentación no figurativa, por ejemplo
círculos con una cruz de brazos iguales en su interior (véase el modelo bizantino en S.
Vital) y/o la palmeta clásica, que ahora semeja un racimo de uvas en alusión a la
eucaristía, empieza a combinarse con imágenes humanas (rostros). En general la
ejecución es torpe, pues la decadencia de los grandes talleres antiguos continua pasando
factura; además parece interesarse sólo por las vivencias religiosas de modo didáctico e
inmediato, al servicio de la conversión de una masa de pobladores generalmente
analfabetos.
Varios frisos recorren las paredes a diferentes alturas lo que resulta algo extraño, quizá
fruto de la escasa experiencia del autor. Además, las cuatro columnas del crucero,
innecesarias desde un punto de vista arquitectónico, tienen capiteles decorados con
santos y animales, como dos pavos reales (ya desde antiguo símbolos de la
resurrección), picoteando un racimo de uvas. En sus lados menores hay apóstoles o
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santos (Pedro, Pablo Felipe y Tomás, con la cruz no como motivo geométrico sino ya
como objeto que se lleva al hombro) y en los mayores escenas del antiguo testamento.
CAPITEL CON EL SACRIFICIO DE ISAAC:

Los capiteles son prismáticos, un poco achatados y a imitación del cimacio bizantino
rematan en un tronco de pirámide invertido. Las escenas se esculpen sobre un fondo
liso, sin acumular elementos excesivos que puedan distraer. Hay ingenuidad y
desproporción.
Tema muy frecuente en la imaginería cristiana, cuenta la disposición de Abraham a
sacrificar a su primogénito por mandato divino, aunque en el último momento no llega a
realizarlo pues sólo se trataba de una prueba de su dedicación. La mano entre las nubes
representa a Dios, (imagen de tradición judía que ya vimos en S. Vital, y que permite
evocar lo inefable).
CAPITEL CON DANIEL EN EL FOSO DE LOS LEONES:
Tema veterotestamentario que alude igualmente a la piedad. En este caso el profeta,
vestido con una túnica bizantina y en posición orante, con las manos hacia el cielo, está
flanqueado por las bestias que parecen rendirle pleitesía ante su bondad. Definen una
composición claramente simétrica.

ARTE ASTURIANO.

En el siglo VIII la invasión musulmana de la península termina con el estado visigodo,


que se había formado tras la caída del imperio romano de occidente. Y los hispanos
acogen de buen grado a estos recién llegados, que muestran gran tolerancia, excepto en
las montañas del norte donde perviven zonas de resistencia, en parte debido a su clima
poco atractivo para los invasores. Uno de estos focos, cercado entre la montaña y el mar
y sin apenas contactos con el resto del continente no tiene más remedio que crear una
civilización propia, impregnada sin duda de formas anteriores pero genuina y original al
tiempo. Con unas manifestaciones artísticas vinculadas a la corona, un arte áulico, que
en ocasiones va a anticipar algunas de las soluciones que el románico difundirá
doscientos años más tarde.
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 Elementos de origen visigodo serán por ejemplo los pórticos y bóvedas de cañón,
que ahora se articulan a base de arcos fajones que desde el interior traspasan los
empujes al exterior por medio de contrafuertes.
 Elementos de origen carolingio son los muros de sillarejo (piedras pequeñas y sin
labrar), los arcos de medio punto, los tres altares en lugar de uno y el predominio de
la planta de cruz latina.
 De origen islámico el uso del arco de herradura en algunas ocasiones (el asturiano
utiliza principalmente el peraltado), el alfiz (moldura cuadrada que enmarca el arco)
y las celosías de piedra.

Arco peraltado.
 Algunos elementos proceden de la tradición local, como la decoración a base de
sogueado, propia de la edad de los metales, o las columnas adosadas al muro.

S. JULIÁN DE LOS PRADOS: S. IX


Construida en tiempos de Alfonso II formando parte de un monasterio en el que el
monarca residió con frecuencia. Arco de ingreso peraltado, con dovelas de ladrillo; los
muros son de pequeños sillares excepto en los ángulos, más grandes y labrados. La
simetría es muy importante, el tratamiento de los volúmenes es tan claro que permite
reconstruir desde fuera el espacio interior, a diferencia de los complejos aunque
pequeños edificios anteriores. En la parte superior de la cabecera de la nave central hay
un pequeño espacio sólo accesible desde el exterior, es la cámara del tesoro.
El interior está recubierto de decoración que enmascara la pobreza de los materiales,
con cortinajes y efectos ilusionistas de inspiración romana que evocan estancias de un
palacio imperial, posiblemente vinculadas a la presencia del rey. En cualquier caso
muestra como podría ser el aspecto de muchas iglesias, bastante menos tosco de lo que
hoy creemos.

* SANTA MARÍA DEL NARANCO: S. IX


Posterior a S. Julián, fue mandada construir por Ramiro I en la ladera del monte
Naranco, en las proximidades de Oviedo, siguiendo el ejemplo de su predecesor quien
también promovió un conjunto arquitectónico para residencia real en el interior de un
coto de caza.
Este complejo lo formarían las residencias del rey y sus acompañantes, probablemente
de madera, junto a un aula regia para distintas actividades de gobierno (audiencias,
tribunal...), la actual Sta. María. Su esquema replica las villas pórtico de tradición
romana e influirá en edificios como la Cámara Santa. Tiene dos pisos y una planta
rectangular.
En el piso inferior tres habitaciones: la central se cubre con bóveda de cañón sostenida
por arcos fajones y era el oratorio, mientras que las laterales tienen techumbre de
madera y una de ellas se dedicaba a baño.
Una escalera exterior conduce al segundo piso o planta noble que posee la misma
distribución. La sala central podría ser un lugar de reunión y también tiene bóveda de
cañón con arcos fajones que la ciñen y refuerzan y que a su vez descansan sobre arcos
ciegos que recorren las paredes sobre típicas columnas asturianas, adosadas al muro con
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sus fustes unidos de cuatro en cuatro con basa y capitel común y decoradas con
sogueado.

Los capiteles tienen forma de tronco de pirámide invertido y están divididos en partes
por el sogueado y decorados con aves, animales y figurillas humanas con bastón de una
gran tosquedad. En este siglo nos encontramos probablemente al nivel más bajo de las
artes figurativas de occidente.
Las enjutas de los arcos (espacio entre un arco y otro) se decoran con medallones
enmarcados por sogueado y más animales y figuras humanas.

enjuta

Las paredes interiores están recorridas por arcos de medio punto peraltados, siete en los
lados mayores y tres en los menores, donde no tienen función sustentante sino
decorativa. El central siempre es de mayores dimensiones disminuyendo los restantes
progresivamente conforme se acercan a los extremos, creando una sensación óptica de
perspectiva que agranda el espacio.
A ambos lados de esta cámara central hay dos miradores a los que se accede por tres
vanos adintelados bajo los arcos de los lados menores. Cada mirador tiene tres fachadas
abiertas al exterior con arcos de medio punto peraltados y con medallones en las
enjutas. Sus columnas tienen fustes sogueados y capiteles corintios degenerados.
Todo el conjunto se levanta sobre un zócalo y forma un gran rectángulo en cuyos lados
mayores predomina el macizo y la línea vertical acentuada por los ocho contrafuertes a
cada lado que recogen las presiones de los arcos fajones, definiendo un sistema
estructural que anticipa el Románico doscientos años. Además producen un expresivo
juego de luces y sombras.
En la parte más alta, el edificio tiene unos vanos que simulan la existencia de un tercer
piso y que quizás evoquen una cámara del tesoro.
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S. MIGUEL DE LILLO: S. IX
También en este recinto palaciego del monte Naranco, era una gran iglesia de la cual
sólo conservamos la parte de los pies, en donde se sitúa la tribuna destinada al monarca
y que probablemente estaba comunicada con el resto del palacio. Presenta un juego de
volúmenes, contrafuertes y sillarejo combinado con grandes bloques en las esquinas,
parece que tendría un doble crucero.
Muy importantes son los relieves que decoran las jambas de su entrada (paredes
laterales de la puerta), una de las escasas muestras de decoración no claramente
religiosa que se han conservado, y que derivaría de la iconografía imperial. Una escena
circense flanqueada por una imagen que parece representar la autoridad de un rey

o magistrado; un préstamo directo de la conmemoración de la “autoritas”, o toma de


posesión de su cargo por parte de un cónsul romano o bizantino, ceremonia que solía
tener lugar a principios de año y se enmarcaba en toda una serie de celebraciones y
juegos. Durante mucho tiempo se cuestionó el origen o la razón de que hubieran sido
situados en un edificio religioso, pero hay que recordar que este es el templo que
Ramiro I debía utilizar como iglesia de palacio, y por ello quizá representen al propio
monarca.

ARTE DE REPOBLACIÓN.

El anteriormente denominado arte Mozárabe, hoy un término cuestionado,


corresponde principalmente al siglo X; momento en que los cristianos residentes en
Al-Andalús comienzan a emigrar hacia el norte de la península ante la progresiva
intolerancia que se iba extendiendo en la interpretación del Islam.
En su cultura y arte perviven el estilo romano y visigodo, junto con la obvia influencia
islámica (y a su vez persa y bizantina), por lo que posee una clara personalidad y un
orientalismo, fruto de ese mestizaje, que contrastará con otras obras cristianas del
territorio en que se instalen (principalmente el valle del Duero). También se caracteriza
por su ausencia de decoración.
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S. MIGUEL DE ESCALADA. (León) S.X.


Sillería de bloques grandes y cuidadosamente trabajados al modo romano, a ejemplo de
las obras visigodas y musulmanas. Tiene tres naves y un pórtico lateral de arcos de
herradura sobre columnas. Los ábsides tienen planta también de arco de herradura,
aunque al exterior presentan forma cuadrada formando una cabecera continua a pesar de
ser tres cámaras aisladas. La entrada es lateral, típica de este momento.

* S. MIGUEL DE CELANOVA. (Ourense) S. X.


Un oratorio exterior que formaba parte de un gran monasterio del que nada más se
conserva. Su tamaño es sin embargo muy pequeño (un área de 22 m. y una altura
máxima de 6 m.) aunque presenta muchas sutilezas.
Los sillares son grandes y bien labrados, los arcos de herradura islámicos y abundan los
modillones, típica forma decorativa cordobesa, tanto en los aleros como en el interior.

modillón

La planta, inspirada en un baño romano, consta de tres estancias tratadas de modo


independiente y que configuran un juego de volúmenes al exterior. La primera se cubre
con bóveda de cañón pero no de medio punto sino de herradura, la segunda, el centro
arquitectónico, con bóveda de arista y la tercera con bóveda de cascos (que ya poseía
S. Miguel).

El exterior tiende a lo vertical, lo cerrado y parece pesado con unos contrafuertes que no
tienen verdadera función, mientras el interior es abierto y enfatiza la horizontal. La
entrada lateral nos sitúa también frente a una parte secundaria del edificio, rasgo de
influencia islámica.

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