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Partes de la Inteligencia Emocional

inteligencia emocional

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MÓDULO 2

PARTES DE LA INTELIGENCIA
EMOCIONAL
MÓDULO 2: PARTES DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

INTRODUCCIÓN

Como ya vimos en el módulo anterior, Salovey asume las inteligencias


personales de Gardner y las organiza hasta llegar a abarcar cinco
competencias principales:
Recordamos:

Conocimiento de uno mismo. Autoconocimiento Emocional.

Autocontrol. Autorregulación Emocional.

Motivación. Automotivación.

Empatía. Reconocimiento de Emociones ajenas.

Habilidad Social. Relaciones Interpersonales.

Hemos de decir que no todas las personas manifiestan el mismo grado de


pericia en cada uno de estos dominios. Hay quienes son sumamente diestros
en gobernar su propia ansiedad, por ejemplo, pero en cambio, son
relativamente ineptos cuando se trata de apaciguar los trastornos emocionales
de otros.
Las lagunas en la habilidad emocional pueden remediarse y, en términos
generales, cada uno de estos dominios representa un conjunto de hábitos y de
reacciones que, con el esfuerzo adecuado, pueden llegar a mejorarse.
Vamos a profundizar en cada uno de ellos.

1. CONOCIMIENTO DE UNO MISMO. AUTOCONOCIMIENTO EMOCIONAL.

Según Goleman el autoconocimiento es “la capacidad de reconocer un


sentimiento en el mismo momento en que aparece….”, “las personas que
tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas, ya
que tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales….”.

Saber expresar correctamente qué estamos sintiendo implica conocer e


identificar nuestras emociones, observándose y reconociendo un sentimiento
cuando pasa, pero también sus efectos.

La falta de habilidad para reconocer nuestros propios sentimientos nos deja a


merced de nuestras emociones, reaccionando y actuando de forma
descontrolada.

Goleman en su libro Inteligencia Emocional pone un ejemplo muy clarificador:

“Según cuenta un viejo relato japonés, en cierta ocasión, un belicoso samurai


desafió a un anciano maestro zen a que le explicara los conceptos de cielo e
infierno. Pero el monje replicó con desprecio: — ¡No eres más que un patán y
no puedo malgastar mi tiempo con tus tonterías! El samurai, herido en su
honor, montó en cólera y desenvainando la espada, exclamó: —Tu
impertinencia te costará la vida. — ¡Eso —replicó entonces el maestro— es el
infierno! Conmovido por la exactitud de las palabras del maestro sobre la cólera
que le estaba atenazando, el samurai se calmó, envainó la espada y se postró
ante él, agradecido. — ¡Y eso —concluyó entonces el maestro—, eso es el
cielo! La súbita caída en cuenta del samurai de su propio desasosiego ilustra a
la perfección la diferencia crucial existente entre permanecer atrapado por un
sentimiento y darse cuenta de que uno está siendo arrastrado por él.

La enseñanza de Sócrates «conócete a ti mismo» —darse cuenta de los


propios sentimientos en el mismo momento en que éstos tienen lugar—
constituye la piedra angular de la inteligencia emocional. A primera vista tal vez
pensemos que nuestros sentimientos son evidentes, pero una reflexión más
cuidadosa nos recordará las muchas ocasiones en las que realmente no hemos
reparado —o hemos reparado demasiado tarde— en lo que sentíamos con
respecto a algo…..”.

Según Mayer dependiendo de cómo gestionemos el conocimiento de


nuestras emociones podemos encontrar tres tipos de personalidad:

- Personas que son conscientes de sus propias emociones. Estas


personas conocen qué sienten y por qué lo sienten. Saben cómo
influyen las emociones en su vida. Son capaces de detectar sus
fortalezas y debilidades, están abiertas a la crítica sincera, a la
formación continua, son sensibles hacia otros puntos de vista, gozan de
sentido del humor y se sienten mejor.

- Personas que quedan atrapadas en sus emociones. No son


conscientes de sus sentimientos y se sienten desbordadas por sus
emociones y atrapadas en sus estados de ánimo, siendo incapaces de
controlar su vida emocional. No pueden evitar la negatividad.

- Personas que aceptan sus emociones con resignación. Perciben lo


que sienten y aceptan sus estados de ánimo pero sin embargo no
intentan cambiar o reconducir su estado emocional.

Esto significa que, en casos extremos, la conciencia emocional de algunas


personas es abrumadora mientras que la de otras es casi inexistente.

En resumen:
Cuando eres capaz de conocerte a ti mismo:
- Puedes tomar mejores decisiones que te hagan más feliz.

- Aumentar tu nivel de conciencia y percibir aspectos de tu vida


susceptibles de mejora.
- Detectar tus fortalezas y debilidades, con lo cual mejora tu autoimagen y
autoestima.

- Adquirir un mayor autocontrol emocional.

Y es este aspecto en el que a continuación vamos a centrarnos ahora: El


autocontrol.

2. AUTOCONTROL. AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL

Empezaremos diciendo que de nada sirve reconocer nuestras propias


emociones si no podemos manejarlas de forma adaptativa y en esa línea va la
definición de autocontrol de Goleman.

Según Goleman el autocontrol o autorregulación emocional se basa en que:

“La conciencia de uno mismo es una habilidad básica que nos permite
controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento……… es la
capacidad de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad,
de la tristeza, de la irritabilidad exageradas y de las consecuencias que acarrea
su ausencia. Las personas que carecen de esta habilidad tienen que batallar
constantemente con las tensiones desagradables mientras que, por el
contrario, quienes destacan en el ejercicio de esta capacidad se recuperan
mucho más rápidamente de los reveses y contratiempos de la vida”.

Ese es el fundamento mismo de cualquier autocontrol emocional, puesto que


toda emoción, por su misma naturaleza, implica un impulso para actuar
(recordemos que el mismo significado etimológico de la palabra emoción, es
del de «mover»).

Muchas de las conductas problemáticas que se originan en las personas se


deben a problemas en el proceso de regulación de sus emociones, dando lugar
a un efecto negativo en su salud general.

Resumiendo, podemos decir que se trata de una capacidad compleja ya que


una vez conocida la emoción, positiva o negativa, debemos tratar de saber
manejarla. Para nosotros resulta imposible eliminar los impulsos primarios que
dan lugar a que aparezcan las emociones, pero es posible aprender a
reconocer y controlarlas y no ser esclavo de las mismas perdiendo el control.

El objetivo del autocontrol emocional es ser capaces de reconocer, dirigir y


canalizar las reacciones emocionales para que las emociones no nos
lleven a realizar conductas indeseadas o socialmente no aceptadas.

Esto conlleva ser flexible para poder adaptarnos a cada situación concreta,
para experimentar reacciones espontáneas y para demorar estas reacciones
cuando también sea necesario.

Significa esto ¿bloquear las emociones y ocultar los verdaderos sentimientos?


Tenemos que responder que no. Esto implica esperar el lugar, momento y
forma oportunos para expresarlas adecuadamente. “Pensar antes de actuar”.

Toca pues:

• Tomar conciencia de qué emoción estamos experimentando.

• Dar nombre a la emoción.

• Aceptar el sentimiento sin valoraciones o juicios.

• Integrar ese sentimiento como parte de uno mismo y aprovecharlo para


construir una conducta deseada.

Muchos estudios se han centrado en la investigación de esta autorregulación


por su intervención en el funcionamiento social y educativo, llegando a las
siguientes conclusiones:

Las personas que manejan bien la autorregulación tienden a tener una serie de
ventajas:

- Mayor tolerancia a la frustración y mejor manejo de la ira.


- Menos agresiones verbales, menos peleas y menos interrupciones en
clase.

- Mayor capacidad de expresar el enfado de una manera adecuada, sin


necesidad de llegar a las manos.

- Menor índice de suspensos y expulsiones.

- Conducta menos agresiva y menos autodestructiva.

- Sentimientos más positivos con respecto a uno mismo, la escuela y la


familia.

- Mejor control del estrés.

- Menor sensación de aislamiento y de ansiedad social.

- Más flexibilidad para adaptarse a los cambios. Son buenos en la gestión


de conflictos y en la solución de situaciones tensas o difíciles siendo
capaces de influir en los demás.

La autorregulación emocional se puede ver como un continuo. Por un lado, se


encontrarían las personas con una escasa autorregulación emocional que
desembocaría en una labilidad emocional desmesurada. Y en el lado opuesto
nos encontramos a personas con un excesivo autocontrol emocional que llevan
asociado elevados niveles de ansiedad, reactividad emocional y depresión.

La vida está sembrada de altibajos, pero nosotros debemos aprender a


mantener el equilibrio.

Modelos de autorregulación emocional. Diferentes autores han investigado


en relación al proceso y mecanismos de autorregulación. Veamos sus
diferentes puntos de vista:
Modelo de Gross y Thompson (2007)

Gross y Thompson (2007) definen la autorregulación emocional como un


proceso que puede ser tanto externo como interno y que nos permite evaluar y
modificar nuestras conductas, ejerciendo una influencia sobre las emociones,
sobre cómo y cuándo las experimentamos.

Plantearon un modelo que se basaba en cuatro factores que aparecen a lo


largo del proceso:

- El primero sería la situación relevante que da lugar a la emoción,


pudiendo ser externa debido a sucesos que ocurren en nuestro entorno,
o interna debido a representaciones mentales que realizamos.
- El segundo sería la atención e importancia que damos a los aspectos
más relevantes del evento.
- El tercer factor sería la evaluación que se realiza ante cada situación.
- El cuarto sería la respuesta emocional que surge debido a la situación o
evento que ocurre en nuestro ambiente.

Modelo de Russell Barkley (1998)

Barkley define la autorregulación como las respuestas que alteran la


probabilidad de que se produzca una respuesta esperable ante un
acontecimiento determinado.

Desde este modelo se proponen los déficits en la inhibición de respuestas,


afectando a funciones como la memoria de trabajo no verbal y la verbal, el
autocontrol de la activación, la motivación y el afecto, y la reconstitución o
representación de elementos, características y hechos del entorno.

Modelo autorregulatorio de las experiencias emocionales de Higgins,


Grant & Shah (1999)

La idea principal de este modelo es que las personas preferimos algunos


estados más que otros y que la autorregulación emocional favorece la aparición
de estos. Además, las personas dependiendo del tipo de autorregulación
experimentan un tipo de placer o de malestar.

Indican tres principios fundamentales que se encuentran implicados, que son


la anticipación regulatoria en base a la experiencia previa que se tenga,
referencia regulatoria en base al punto de vista positivo o negativo según el
momento, y el enfoque regulatorio, tratándose de los estados finales a los que
se quiere llegar como son las aspiraciones y las autorrealizaciones.

1. Anticipación regulatoria: Basándose en la experiencia previa, la


persona puede anticipar el placer o malestar futuro. De esta forma,
imaginar un suceso placentero futuro producirá una motivación de
acercamiento, mientras que imaginar un malestar futuro producirá una
motivación de evitación.

2. Referencia regulatoria: Ante una misma situación, se puede adoptar


un punto de referencia positivo o negativo. Por tanto la motivación
sería la misma, pero se puede tener un punto de referencia positivo o
negativo.
3. Enfoque regulatorio: Los autores hacen una distinción entre un
enfoque de promoción y un enfoque de prevención. Por tanto se
distingue entre dos diferentes tipo de estados finales deseados:
aspiraciones y autorrealizaciones (promoción) vs. responsabilidades y
seguridades (prevención).

Modelo secuencial de autorregulación emocional de Bonano (2001)


Bonano expone un modelo de autorregulación emocional basado en que todos
poseemos inteligencia emocional y que para que se utilice de manera efectiva
se debe aprender a autorregularse, proponiendo tres categorías generales:

1. Regulación de Control: es la regulación presentada a través de


comportamientos automáticos e instrumentales dirigidos a la inmediata
regulación de respuestas emocionales que ya habían sido instigadas.
Dentro de esta categoría se incluyen los siguientes mecanismos:
disociación emocional, supresión emocional, expresión emocional y la
risa.

2. Regulación Anticipatoria: Si la homeostasis está satisfecha en el


momento, el siguiente paso es anticipar los futuros desafíos, las
necesidades de control que se puedan presentar. Dentro de esta
categoría se utilizarían los siguientes mecanismos: expresión emocional,
la risa, evitar o buscar personas, sitios o situaciones, adquirir nuevas
habilidades, revaloración, escribir o hablar acerca de sucesos
angustiosos.

3. Regulación Exploratoria: En el caso que no tengamos necesidades


inmediatas o pendientes podemos involucrarnos en actividades
exploratorias que nos permitan conseguir nuevas habilidades o recursos
para mantener nuestra homeostasis emocional por la aparición de
posibles cambios en el futuro. Algunas de estas actividades pueden ser:
entretenimiento, actividades, escribir sobre emociones.

Modelo cibernético de Larsen (2000)


Larsen plantea la aplicación del modelo general de control-regulación
cibernético, el cual empieza según el estado anímico al que se quiera llegar y
en el que se encuentre en ese momento.
Se activan unos procesos que pueden ser automáticos pero también
controlados, para reducir esas diferencias entre ambos estados anímicos, por
medio de mecanismos que pueden ir dirigidos al interior como la distracción, o
dirigidos al exterior como la resolución de problemas.
Modelo de regulación del estado de ánimo basado en la adaptación social
de Erber, Wegner & Therriault (1996)

Se basa en la adaptación del estado anímico al suceso concreto ya sea


positivo o negativo. Afirman que nuestros estados emocionales deseables
varían en función del contexto social en el que nos encontremos.

Modelo de procesos de autorregulación de las experiencias emocionales


de Barret y Gross (2001)

Desde este modelo se entienden las emociones como el resultado de la


interacción producida entre procesos explícitos e implícitos.

Se da importancia a nuestras representaciones mentales acerca de nuestras


propias emociones y por otro lado, a cómo y cuándo regular esas emociones.

En él se describen cinco elementos en los que las personas pueden


intervenir para autorregularse emocionalmente:

1. Selección de la situación: Se refiere a la aproximación o evitación


de cierta gente, lugares u objetos con la finalidad de influenciar las
propias emociones.
2. Modificación de la situación: Una vez seleccionada, la persona se
puede adaptar para modificar su impacto emocional, lo cual podría
verse también como una estrategia de afrontamiento centrada en el
problema.
3. Despliegue atencional: La atención puede ayudar a la persona a
elegir en qué aspecto de la situación se centrará (distraernos si la
conversación nos aburre o tratar de pensar en otra cosa cuando no
preocupa algo).
4. Cambio cognitivo: Se refiere a cual de los posibles significados
elegimos de una situación. El significado es esencial, ya que
determina la respuesta.
5. Modulación de la respuesta: La modulación de la respuesta se
refiere a influenciar estas tendencias de acción, por ejemplo
inhibiendo la expresión emocional.

Como se aprecia en el modelo, las cuatro primeras estrategias estarían


centradas en los antecedentes, mientras que la última de ellas estaría
centrada en la respuesta emocional.

Modelo homeostático de Forgas (2000)

En este modelo se trata de explicar el efecto que los estados de ánimo ejercen
sobre los procesos cognitivos y sociales, proponiendo que el estado anímico
gira en torno a algo concreto que activa mecanismos de regulación conforme
nos vamos alejando de ese punto.
La autorregulación emocional sería un proceso homeostático que se regula de
manera automática.

Para concluir decir que hay autores para los que la autorregulación es un
proceso cognitivo de control al que se puede llegar a través de dos
mecanismos:

• Reevaluación o modificación cognitiva, modificando una experiencia


emocional negativa convirtiéndola en beneficiosa para el individuo. Es
decir, se trata de un proceso transformador.

• Supresión, que es un mecanismo que se encarga de inhibir la respuesta


emocional. Evitamos así la situación que la desencadena. Por ejemplo,
las personas que tienen como estilo de regulación la supresión son más
propensas a padecer de alteraciones debido a la disminución de su
expresividad afectiva, dando lugar a una disminución de la comunicación
de los estados internos de la persona y presentando una activación del
sistema simpático. Además, generan afectos negativos en los demás al
tener una expresión emocional más disminuida, y son percibidos poco
estimulantes a la hora de enfrentar situaciones conflictivas.
3. MOTIVACIÓN. AUTOMOTIVACIÓN.

En el modelo de la inteligencia emocional de Goleman, después de lograr el


“autoconocimiento” y el “autocontrol”, es necesario encontrar fuentes de
inspiración que nos proporcionen energías para la acción, en eso consiste la
automotivación.

La automotivación por lo tanto es la capacidad para dirigir las emociones


hacia unas metas y objetivos en lugar de hacia los obstáculos o problemas. Se
trata de tener una mentalidad emprendedora y positiva ante las adversidades y
contratiempos así como un fuerte optimismo.

La motivación es una cualidad que poseen casi todos los líderes y que les
impulsa a alcanzar logros por encima de las expectativas propias y de los
demás. Hoy en día es una cualidad muy demandada en el ámbito laboral: un
empleado auto-motivado requiere menos control, pierde menos tiempo y suele
ser más productivo.

Según Goleman “el control de la vida emocional y su subordinación a un


objetivo resulta esencial para espolear y mantener la atención, la motivación y
la creatividad. El autocontrol emocional —la capacidad de demorar la
gratificación y sofocar la impulsividad— constituye un imponderable que
subyace a todo logro. Y si somos capaces de sumergimos en el estado de
«flujo» estaremos más capacitados para lograr resultados sobresalientes en
cualquier área. Las personas que tienen esta habilidad suelen ser más
productivas y eficaces en todas las empresas que acometen”.

Algunos autores consideran que la motivación es un proceso que va desde la


necesidad (insatisfacción) al resultado (satisfacción de la necesidad) pasando
por el motivo (objeto con el que satisfacer la necesidad), el estímulo que
puede ser externo o interno (genera la inspiración para la acción) y la acción
(actividad para satisfacer la necesidad):

NECESIDAD – MOTIVO – ESTIMULO – ACCION - RESULTADO


Según Weisinger, aunque cada persona utiliza diferentes formas de motivación,
en general las cuatro fuentes de motivación a las que podemos acudir son:

1. Nosotros mismos: Se trata de la fuente más poderosa de


automotivación: Pensamientos, experiencias previas, comportamiento,
moral, nivel de ansiedad.

Weisinger nos propone que debemos “aprender a pensar de forma positiva”


mediante una serie de técnicas:
a. Utilizar afirmaciones motivadoras. El momento de decirnos a
nosotros mismos estas afirmaciones motivadoras es cuando
tenemos pensamientos negativos (“nunca lograré terminar este
plan”) o la inercia (nos quedamos sentados contemplando la
pared porque nos sentimos abrumados por lo que tenemos que
hacer). “Hoy podré terminar todo lo que tengo pendiente”.
Weisinger dice que estas frases debemos colocarlas al alcance
de nuestra vista y leerlas cada vez que sintamos flaquear nuestra
motivación.
b. Realizar juegos mentales. Propone dos técnicas: “Día Uno”,
enfocando la tarea como si fuera nuestro primer día de trabajo,
abordándola con el mayor entusiasmo. Y el “Mejor día laboral”,
que consiste en proponernos que “ese día” sea el de nuestros
mejores resultados.
c. Centrar nuestros pensamientos, mediante la “Delimitación
Temporal” y “Focal”. ”, es un espacio y período de tiempo que
acotamos para realizar un trabajo intenso.
d. Emplear imágenes mentales. Utilizamos la imagen mental de
nosotros mismos realizando una excelente tarea e imitamos en la
realidad lo que vemos en la representación mental.
e. Hacer autocríticas constructivas. Para Weisinger es la clave de
la automotivación. La crítica constructiva es la mejor manera de
mantener el ímpetu y el optimismo. En la “autocrítica
constructiva”, somos nosotros los que nos hacemos las críticas.
f. Establecer metas significativas. Se trata de fijarnos un objetivo
que nos entusiasme y cuya consecución resulte factible.
Weisinger propone los siguientes consejos para utilizar los
objetivos como instrumento de auto-motivación:

- Reconocer los progresos hechos hasta la fecha. Recordar


algunos de nuestros éxitos.

-Pensar en lo cerca que estamos de nuestro objetivo. Al


preocuparnos por lo mucho que nos falta, es fácil pasar por alto lo
mucho que hemos avanzado.

-Trazar objetivos en términos de resultados que quisiéramos


alcanzar y que se encuentren dentro de nuestra “área de
influencia”, es decir, de las cosas sobre las que podemos actuar.

-Utilizar los objetivos como un estímulo para generar la energía


que necesitamos para alcanzarlos.

Si la causa de nuestra incapacidad para estimularnos es el agotamiento,


necesitamos reservar períodos regulares de relajación, para que nuestros
órganos, células y otros sistemas descansen y se regeneren. Weisinger
recomienda “Cerremos los ojos y eliminemos todos los pensamientos
relacionados con el trabajo”.

2. Amigos comprensivos, familiares y colegas.


Weisinger recomienda que previamente a que se produzca una crisis,
tengamos claro las personas a las que podemos acudir en busca de ayuda y
para qué.

En ocasiones para automotivarnos podemos necesitar ayuda de otros que nos


pueden facilitar un sentido de perspectiva y nuevas ideas para enfocar los
problemas. Es necesario decirles qué está ocurriendo exactamente, qué
pensamos y preguntarles qué opinan.

Por ello, debemos aprender a desarrollar relaciones mutuamente motivadoras:


“Dar para recibir”. Ya que si únicamente nos dedicamos a obtener lo que
necesitamos, entonces la relación no es mutua y probablemente no durará
mucho tiempo. Tenemos que ser capaces de determinar que esperamos de los
demás y cómo les vamos a corresponder. No debemos olvidar que la
reciprocidad es la base de cualquier relación sólida, fortaleciendo las
relaciones y motivándonos mutuamente.

Las relaciones de motivación mutua tienen tres características importantes:


- Confianza: Porque al necesitar ayuda nos hace vulnerables.
- Idoneidad: Tiene que ser una persona capaz de motivarnos, de ayudarnos,
escucharnos, darnos consejos o cariño dependiendo de la situación.
- Disponibilidad: La persona tiene que ser accesible para ayudarnos.

3. “Mentor emocional”: Persona real o ficticia que tomamos como ejemplo,


inspiración o modelo de motivación. Weisinger propone los siguientes
consejos para sacar provecho del “mentor emocional”:

- El mentor debe ser una persona que nos resulte muy motivadora.
- Elegir un momento motivador de la vida de esa persona, y revisarlo a
menudo.
- Recordar a menudo a nuestro mentor.

4. Nuestro entorno: El aire, la luz, los sonidos y otros estímulos en nuestro


entorno de trabajo nos pueden ayudar a automotivarnos. El entusiasmo por hacer
un trabajo puede durar poco si el lugar de trabajo no está orientado a la
comodidad y la accesibilidad.

Weisinger nos propone tres áreas:


- Convertir nuestro lugar de trabajo en un espacio agradable y motivador
que nos permita concentrarnos en la tarea. Hay que cuidar la luz,
ventilación, sonidos y objetos que nos rodean.
- Rodearnos de objetos motivadores que hagan más agradable el lugar y
nos estimulen en momentos complicados: Fotos de familiares, de
“mentores” (deportistas, artistas, líderes, etc.), fotos de situaciones
inspiradoras (paisajes,..), flores naturales o artificiales, peceras u otros
elementos pueden ayudar.
- Organizar nuestro lugar de trabajo de forma que nos beneficie, nos
motive en lugar de perjudicarnos.

Independientemente de la fuente de motivación que se utilice, en cualesquiera


deben estar presentes los siguientes elementos:

- Confianza para llevar a cabo la tarea. Nos la da la certeza de disponer de


la capacidad para llevar a cabo la tarea.
- Optimismo para esperar que el resultado sea positivo.
- Tenacidad para mantenernos centrados en la tarea.
- Entusiasmo para poder disfrutar del proceso.
- Resistencia para empezar otra vez.

A través de este ejemplo que Goleman cita en su libro Inteligencia Emocional


vais a entender mejor el significado del autocontrol y sus repercusiones
futuras a nivel de automotivación. Se trata de una investigación llevada a
cabo por Walter Misehel con preescolares de cuatro años: “Imagine que tiene
cuatro años de edad y que alguien le hace la siguiente propuesta: «ahora debo
marcharme y regresaré en unos veinte minutos. Si lo deseas puedes tomar una
golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré dos». Para un niño de cuatro
años de edad éste es un verdadero desafío, un microcosmos de la eterna lucha
entre el impulso y su represión, entre el id y el ego, entre el deseo y el
autocontrol, entre la gratificación y su demora. Y sea cual fuere la decisión que
tome el niño, constituye un test que no sólo refleja su carácter sino que también
permite determinar la trayectoria probable que seguirá a lo largo de su vida”.
“Tal vez no haya habilidad psicológica más esencial que la de resistir al
impulso.
Algunos de los niños de cuatro años de edad fueron capaces de esperar lo
que seguramente les pareció una verdadera eternidad hasta que volviera el
experimentador. Y fueron muchos los métodos que utilizaron para alcanzar su
propósito y recibir las dos golosinas como recompensa: taparse el rostro para
no ver la tentación, mirar al suelo, hablar consigo mismos, cantar, jugar con
sus manos y sus pies e incluso intentar dormir. Pero otros, más impulsivos,
cogieron la golosina a los pocos segundos de que el experimentador
abandonara la habitación”.

“Catorce años más tarde, cuando la investigación rastreó lo que había sido de
aquellos niños, ahora adolescentes. La diferencia emocional y social existente
entre quienes se apresuraron a coger la golosina y aquéllos otros que
demoraron la gratificación fue contundente. Los que a los cuatro años de edad
habían resistido a la tentación eran socialmente más competentes, mostraban
una mayor eficacia personal, eran más emprendedores y más capaces de
afrontar las frustraciones de la vida. Se trataba de adolescentes poco proclives
a desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante las
situaciones tensas, adolescentes que no se desconcertaban ni se quedaban sin
respuesta cuando se les presionaba, adolescentes que no huían de los riesgos
sino que los afrontaban e incluso los buscaban, adolescentes que confiaban en
sí mismos y en los que también confiaban sus compañeros, adolescentes
honrados y responsables que tomaban la iniciativa y se zambullían en todo tipo
de proyectos. Y, más de una década después, seguían siendo capaces de
demorar la gratificación en la búsqueda de sus objetivos. En cambio, el tercio
aproximado de preescolares que cogió la golosina presentaba una radiografía
psicológica más problemática. Eran adolescentes más temerosos de los
contactos sociales, más testarudos, más indecisos, más perturbados por las
frustraciones, más inclinados a considerarse «malos» poco merecedores, a
caer en la regresión o a quedarse paralizados ante las situaciones tensas, a ser
desconfiados, resentidos, celosos y envidiosos, a reaccionar
desproporcionadamente y a enzarzarse en toda clase de discusiones y peleas.
Y al cabo de todos esos años seguían siendo incapaces de demorar la
gratificación”.

Cuando los niños fueron evaluados de nuevo al terminar el instituto, el


rendimiento académico de quienes habían esperado pacientemente a los
cuatro años de edad era muy superior al de aquéllos otros que se habían
dejado arrastrar por sus impulsos.

Resumiendo, en palabras de Goleman: “las emociones dificultan o favorecen


nuestra capacidad de pensar, de planificar, de acometer el adiestramiento
necesario para alcanzar un objetivo a largo plazo, de solucionar problemas,
etcétera, y, en este mismo sentido, establecen los límites de nuestras
capacidades mentales innatas y determinan así los logros que podremos
alcanzar en nuestra vida. Y en la medida en que estemos motivados por el
entusiasmo y el gusto en lo que hacemos —o incluso por un grado
óptimo de ansiedad— se convierten en excelentes estímulos para el
logro. Es por ello por lo que la inteligencia emocional constituye una aptitud
maestra, una facultad que influye profundamente sobre todas nuestras otras
facultades ya sea favoreciéndolas o dificultándolas”.

4. EMPATÍA. RECONOCIMIENTO DE EMOCIONES AJENAS.

Según Goleman La empatía, es “otra capacidad que se asienta en la


conciencia emocional de uno mismo, constituye la «habilidad popular»
fundamental”.
“Las personas empáticas suelen sintonizar con las señales sociales sutiles que
indican qué necesitan o qué quieren los demás y esta capacidad las hace más
aptas para el desempeño de vocaciones tales como las profesiones sanitarias,
la docencia, las ventas y la dirección de empresas”.
De todos los componentes de la inteligencia emocional, es la más fácil de
distinguir.
Es decir se trata de una capacidad que nos permite percibir, reconocer e
interpretar las emociones ajenas. Saber cómo se sienten los demás a través
de sus expresiones, gestos y señales (expresión de la cara, gesto, mala
repuesta,..) y tener en cuenta esos sentimientos. Esto nos ayudará a mantener
unas buenas relaciones sociales, más reales y duraderas al permitir
identificarnos con las emociones y con las personas creando vínculos más
fuertes. En resumen empatía es ponerse en el lugar del otro y saber tratarlo en
función de los sentimientos que tiene, pero siempre matizando que esto no
quiere decir que compartamos sus opiniones, ni que estemos de acuerdo con
su manera de interpretar la realidad.

Todo este proceso se desarrolla en nuestro cerebro, el cual realiza hábilmente


una intensa lectura emocional a través de:

• Las neuronas espejo, las cuales se encuentran presentes en nuestros


circuitos emocionales. Estas son unas células cerebrales que cumplen
la misión de activarse cuando se ejecuta una acción o cuando se
observa a otro individuo que ejecuta la acción, reflejando en nuestro
cerebro aquello que estamos observando (de sobra es conocido el
efecto que tiene en nosotros ver cómo otra persona bosteza o su estrés,
ansiedad, tristeza, etc.). Dicho proceso nos permite comprender los
estados emocionales de otras personas, ponernos en su lugar y
experimentar un estado emocional similar.

• El sistema límbico que está en la base de nuestro cerebro emocional.


Esta zona cerebral es funcional desde que nacemos e incluso desde el
vientre materno. Engloba el lóbulo temporal, la amígdala, el hipocampo
y la zona orbito frontal. Esta última funciona como estación de
repetición, pues percibe y transmite información al resto del cuerpo
sobre el estado anímico propio y ajeno.

• El lóbulo frontal que es nuestro cerebro ejecutivo, se encarga de


modular y de gestionar las emociones del sistema límbico para que
podamos encajarlas en el ambiente que nos rodea. Es decir, permite
que seamos seres funcionales en la sociedad y nos capacita para
actuar correctamente de acuerdo a las normas sociales, así como para
ser reflexivos con nuestros sentimientos y acciones.
• Los hemisferios cerebrales. En términos generales podemos afirmar
que nuestro hemisferio izquierdo domina la capacidad para reflexionar
sobre las emociones mientras que en el hemisferio derecho el sistema
límbico tiene más peso.

Existen personas que son capaces de identificar rápida y el estado emocional


de otra persona contagiándose de las emociones que le rodean y otras a las
que les cuesta mucho o son incapaces. Se podrían considerar sordos a las
emociones careciendo de la sensibilidad necesaria para percatarse de las
notas y los acordes emocionales que transmiten las palabras y las acciones de
sus semejantes.
En esto influyen variables como: la familiaridad con la otra persona, la
predisposición comunicativa,…

Demostramos empatía cuando:


- Sabemos escuchar y comprender los sentimientos de la otra persona,
siendo ajenos a nuestras palabras y a nosotros. Por lo general, todas
las personas solemos imponer nuestra postura y obviamos que existan
otras realidades. Para demostrar empatía debemos dejar de pensar en
lo que queremos decir o en lo que nosotros haríamos, evitando hablar
sobre nosotros y centrándonos en escuchar. De esta manera,
estaremos fomentando el diálogo y mostrando interés por lo que ha
sucedido. Así, será más fácil que los otros se sientan cómodos para
expresarse con nosotros, y compartir sus problemas y preocupaciones.
Debemos empezar las conversaciones interesándonos por el otro, de
esta forma estaremos dando un primer paso para que esa persona se
abra y nos explique cómo se siente.
- Utilizamos y ofrecemos además de las palabras otros lenguajes (abrazo,
beso, caricia,..).
- Sabemos utilizar el humor para ayudar a alguien.
- Somos delicados al expresarnos.
- No demostramos aburrimiento hacia lo que nos cuenta la otra persona.
- Evitamos comentarios que pueden herir o molestar a la otra persona.
- Evitamos juzgar al otro. Da la oportunidad de ver al otro sin los filtros que
tú mismo te has impuesto con el paso del tiempo.
- Demostramos al otro que entendemos y comprendemos lo que nos dice
o cuenta.
- Somos capaces de ayudar a resolver problemas sin esperar nada a
cambio.
La empatía puede ser entrenada y desarrollada coordinando actuaciones a
nivel cognitivo, conductual y sentimental:

- Poniendo sensibilidad interés y empeño en lograr percibir las emociones


y sentimientos en los demás. En esto nos puede ayudar la simpatía,
que no es lo mismo que la empatía.
- No tratando de adoptar la perspectiva del otro sino viendo el mundo con
otros ojos para entender y comprender por qué una persona actúa o se
siente de una determinada manera.
- Siendo capaces de transmitir al otro que está siendo comprendido.

Una serie de estudios llevados a cabo por Manan Radke Yarrow y Carolyn
Zahn-Waxler demostraron que buena parte de las diferencias existentes en el
grado de empatía se hallan directamente relacionadas con la educación que
los padres proporcionan a sus hijos.
Según ha puesto de relieve esta investigación, los niños se muestran más
empáticos cuando su educación incluye, por ejemplo, la toma de conciencia del
daño que su conducta puede causar a otras personas (decirles, por ejemplo,
«mira qué triste la has puesto», en lugar de «eso ha sido una travesura»).
La investigación también ha puesto de manifiesto que el aprendizaje infantil de
la empatía se halla mediatizado por la forma en que las otras personas
reaccionan ante el sufrimiento ajeno. Así pues, la imitación permite que los
niños desarrollen un amplio repertorio de respuestas empáticas, especialmente
a la hora de brindar ayuda a alguien que lo necesite.

¿Qué ventajas ofrece la empatía?

Las ventajas principales son:


Validación de la experiencia emocional de la otra persona y la de
uno mismo cuando es otro el que empatiza, es decir, se confirma que
se está experimentando una emoción en concreto y se comprende el
por qué.

Refuerza que la persona con la que se está comunicando pueda


transmitir la información de forma relajada y con incremento de la
seguridad. Incrementa la confianza en el interlocutor, ya que fomenta
la expresión de ideas, sentimientos, sentirse rechazado o juzgado.

A su vez, facilita la comunicación, ya que se aumenta la escucha y


la atención hacia la persona que transmite esa empatía.

Fomenta la reciprocidad con los otros, aumentando el


conocimiento de uno mismo y de los demás. Ayuda a la exploración
emocional, la cual es importante para saber identificar y controlar
nuestras propias emociones y las de los demás.

Refuerza el aprendizaje de nuevas conductas, ya que causa


efectos sobre la expresión de emociones frente a la inhibición de
estas, ayudando además al control de las mismas.

Permite que se desarrollen relaciones íntimas a un tiempo adecuado


y dentro de las disposiciones de los implicados en dicha relación.

Desahogo, alivio, motivación, reducción de la tensión emocional y


una respuesta de aceptación producida por la persona que empatiza.

Desarrolla notablemente la sensibilidad social. El individuo se hace


cada vez más consciente del entorno social que le rodea.

Se capacita para incorporar valores de índole proactiva, como la


generosidad, el altruismo o la tolerancia, desencadenando toda la
gama de comportamientos acordes con los referidos valores.

Contribuye a una mayor extensión y riqueza de la competencia social.


Cuanto más abiertos nos hallemos a nuestras propias emociones, mayor será
nuestra destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás.
Hemos de señalar que todos los excesos tienen sus inconvenientes y sus
consecuencias negativas, por lo que se recomienda que este tipo de
capacidad se desarrolle de forma controlada y razonable.

Etapas del desarrollo de la empatía

Hoffman (1987) aborda el desarrollo de la empatía desde la primera infancia,


distinguiendo cuatro etapas:

• Primera etapa (empatía global): Comprende el primer año de vida y


consiste en que el niño todavía no percibe a los demás como distintos
de sí mismo, por lo que el dolor que percibe en otro, se confunde con los
propios sentimientos desagradables, como si les estuviera sucediendo a
ellos.

Pone este ejemplo: “Una niña de un año de edad se alteró cuando vio a otro
niño caerse y comenzar a llorar; su compenetración con él era tan íntima que
inmediatamente se puso el pulgar en la boca y sumergió la cabeza en el regazo
de su madre como si fuera ella misma quien se hubiera hecho daño”.

• Segunda etapa (empatía egocéntrica): Se corresponde con el segundo


año de vida, es consciente de que es otra persona, la que experimenta
la situación desagradable, sin embargo, asume que los estados internos
que experimenta el otro son los que está experimentando él.

Mismo ejemplo pero con dos años: “Tratan de calmar de un modo más activo el
desconsuelo de otro niño ofreciéndole, por ejemplo, su osito de peluche”.

• Tercera etapa (empatía hacia los sentimientos de los demás): Va


desde el segundo al tercer año, el niño tiene conciencia de que los
sentimientos que experimenta son diferentes a los que está vivenciando
la otra persona y responde a ellos de manera no egocéntrica.

Ejemplo: “Pueden reconocer que la mejor forma de ayudar a un niño que llora
es dejarle llorar a solas, sin prestarle atención para no herir su orgullo”.
• Cuarta etapa (empatía hacia la condición de vida del otro): Se
corresponde con el periodo final de la niñez y es un nivel más avanzado
de la empatía. Se perciben los sentimientos de los demás, no sólo como
reacciones del momento, sino como expresiones de su experiencia de
vida general, es decir, responde de manera diferente a los estados de
dolor transitorios y crónicos, ya que tienen en cuenta la condición
general del otro.

Ejemplo.”Suelen comenzar a preocuparse por la suerte de todo un colectivo,


como, por ejemplo, los pobres, los oprimidos o los marginados, una
preocupación que en la adolescencia puede verse reforzada por convicciones
morales centradas en el deseo de aliviar la injusticia y el infortunio ajeno”.

Para terminar me gustaría sugeriros una película “Mejor, ¡Imposible!” donde


Jack Nicolson encarna el papel de Melvin, un escritor excéntrico que sufre un
trastorno obsesivo compulsivo. Su egoísmo extremo le hace incapaz de
atender las necesidades y los sentimientos de aquellos que le rodean. Un viaje
hará que Melvin empiece a entender que sus acciones tienen consecuencias
para los demás. Es una película divertida y genial para trabajar la empatía.

5. HABILIDAD SOCIAL. RELACIONES INTERPERSONALES.

Según Goleman “El arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la


habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas”. “La
competencia o la incompetencia social son las habilidades que subyacen a la
popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal. Las personas que
sobresalen en este tipo de habilidades suelen ser auténticas «estrellas» que
tienen éxito en todas las actividades vinculadas a la relación interpersonal”.
Las habilidades sociales o el dominio del arte de las relaciones son la
culminación o resultado de otras dimensiones de la Inteligencia emocional: el
autocontrol y la empatía. Se podría afirmar que las relaciones interpersonales
proporcionan el contexto para que se desarrolle la inteligencia emocional.

Son las aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato y relación con
los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal
reiterado.

Las relaciones interpersonales o relacionarse bien con los demás, son por lo
tanto clave para el desarrollo personal y profesional, ya que dependiendo de la
calidad de esas relaciones será el clima social y emocional que prevalezca en
los ámbitos familiar, social y laboral. Las personas con altas capacidades
sociales son más eficaces a la hora de liderar cambios o persuadir a otras
personas, por lo que serán buenos gestores de equipos de trabajo, combinan
pues autoconocimiento, autorregulación, motivación y empatía. No se trata de
conocer a mucha gente, no es una cuestión de cantidad, sino de calidad.
Tampoco se trata sólo de ser amistoso sino que la habilidad social es amistad
con un propósito.

Otro aspecto se refiere a la capacidad que tenemos las personas de contagiar


las propias emociones. No es casualidad que la gente prefiera estar con
personas capaces de transmitir energía positiva que con aquellas que
muestran un estado de ánimo deprimido. Esto es una muestra de la influencia
que nuestras emociones y cómo las transmitimos tienen sobre las personas
con las que nos relacionamos. Es por ello que ser capaz de transmitir un
estado de ánimo positivo contagioso denota inteligencia emocional por nuestra
parte.

Como positivo podemos decir de ellas que es posible aprenderlas e ir


desarrollándolas con la práctica. Aunque no siempre será sencillo, debido al
grado de complejidad que tienen algunas o a los aspectos culturales o
sociodemográficos, ya que dependiendo del lugar en el que nos encontremos,
los hábitos y formas de relacionarse son diferentes. Pero tampoco pensemos
que es imposible conseguirlo, hay que ser pacientes y tomarse un tiempo para
desarrollarlas adecuadamente.

Habilidades sociales: Características.

A día de hoy todavía existe gran controversia entre distintos autores en


relación a qué entender por habilidades sociales, y no se dispone aún de una
concepción y una definición consensuadas. Desde algunas concepciones se
definen como conductas observables, tales como el contacto ocular y los
gestos, y como respuestas concretas a estímulos sociales concretos. Otros
investigadores definen las habilidades sociales como aquellas conductas
aprendidas, observables y no observables, que se utilizan en los intercambios
sociales para obtener o mantener refuerzo del ambiente.

Para la comprensión y la adecuada concepción de las habilidades sociales, es


necesario considerar algunas de sus características. Así, entre las
características citadas en los trabajos sobre habilidades sociales se pueden
destacar las siguientes (Monjas, 1992; Caballo, 1993):

1. Son conductas y repertorios de conducta adquiridos a través del


aprendizaje. No son rasgos de personalidad y, por tanto, se pueden
cambiar, enseñar o mejorar mediante los mecanismos del aprendizaje.

2. Constituyen habilidades que ponemos en marcha en contextos


interpersonales, esto es, requieren que se produzca una interacción
con los demás. Constituyen una de las áreas del comportamiento
adaptativo. A lo largo de la vida serán muchas las personas
significativas que influyan en el desarrollo de las habilidades sociales.
Actualmente, se mantiene la importancia de las relaciones tempranas en
los primeros estadios del desarrollo, pero se enfatiza también la
influencia que en el desarrollo social tienen las relaciones con los
iguales.

3. Son recíprocas y dependientes de la conducta de las otras


personas que se encuentren en el contexto. Por ello, requieren la
puesta en marcha de habilidades de iniciación y de respuestas
interdependientes dentro de una reciprocidad e influencia mutuas. Así,
la persona se ve influida por los demás y también influye sobre los otros
para que modifiquen sus conductas.

4. Es lo que la persona dice, hace, piensa y siente. Contienen


componentes manifiestos observables, verbales (preguntas,
autoafirmaciones, alabanzas, peticiones) y no verbales (mirada, gestos,
sonrisa, orientación, expresión facial, expresión corporal, distancia-
proximidad), y otros componentes cognitivos y emocionales
(conocimiento social, capacidad de ponerse en el lugar de otras
personas, capacidad de solucionar problemas sociales, constructos
personales, expectativas, planes y sistemas de autorregulación) y
fisiológicos (tasa cardiaca, respiración, presión sanguínea, …).

5. Aumentan el refuerzo social y la satisfacción mutua. Disponer y


manifestar un repertorio adecuado de habilidades sociales hace que la
persona obtenga más refuerzo de su ambiente, y permite también que la
interacción proporcione satisfacción a quienes forman parte de esta.

6. Son específicas de la situación. Ninguna conducta en sí misma es o


no socialmente habilidosa, sino que depende del contexto, de la
situación y de sus reglas, de las personas con las que se interactúa,
del sexo, de la edad, de los sentimientos de los otros, etc. Por ello,
es necesario que la persona, además de motivación o metas sociales,
tenga capacidad de percibir la información básica de dicho contexto o
situación (percepción de indicadores verbales y no verbales, ambiente
físico). Debe también ser capaz de procesar esa información en base a
la experiencia, la observación, el aprendizaje y la maduración
(interpretación de reglas de la situación, de los sentimientos y los
deseos de los demás). Asimismo, ha de actuar sobre ella poniendo en
acción secuencias adecuadamente ordenadas de conductas verbales y
no verbales apropiadas.

Lee con atención este ejemplo: “Un amigo me contó que, hace unos años, se
hallaba de vacaciones en Inglaterra almorzando en la terraza de un café
ubicado junto a un canal. Luego dio un paseo por la orilla del canal cuando de
pronto, vio a una niña que miraba aterrada el agua. Antes de poder formarse
una idea clara y darse cuenta de lo que pasaba, ya había saltado al canal, sin
quitarse la chaqueta ni los zapatos. Sólo una vez en el agua comprendió que la
chica miraba a un niño que estaba ahogándose y a quien finalmente pudo
terminar rescatando.”

7. Es importante la existencia de metas, propósitos o motivación social


para desarrollar un adecuado repertorio de habilidades sociales.

Mecanismos responsables del aprendizaje de habilidades sociales

No existen datos definitivos sobre cuándo y cómo se aprenden las habilidades


sociales, pero la niñez es sin duda un periodo crítico (Caballo 1995).

A nivel general casi todos los autores coinciden en la la opinión de que, en la


mayoría de las personas, el desarrollo de las habilidades sociales depende
principalmente de la maduración y de las experiencias de aprendizaje y no
es una manifestación de rasgos internos y estables de personalidad.

Los mecanismos de aprendizaje de las habilidades sociales son los mismos


que los responsables del aprendizaje de otras conductas.

Es posible distinguir cuatro mecanismos de aprendizaje principales (Monjas


1993):

1. Aprendizaje por experiencia. La habilidad social que una persona


muestra en una situación determinada está relacionada con la
maduración y las experiencias que el individuo haya tenido en
situaciones similares. Los niños, en sus interacciones con sus iguales y
con los adultos, reciben refuerzos o consecuencias aversivas del
entorno, y de este modo van incluyendo en su repertorio de habilidades
y poniendo en práctica aquellas conductas sociales con las que
obtienen consecuencias reforzantes, y tienden a no realizar conductas
que les suponen consecuencias aversivas
2. Aprendizaje por modelado. Muchas conductas se aprenden
principalmente a través de la observación e imitación de otras personas.
Entre estas conductas se encuentran también las habilidades sociales.
A lo largo de la vida, las personas estamos expuestas a diferentes
modelos gracias a los cuales adquirimos determinadas conductas
sociales (verbales y no verbales) o inhibimos otras.

3. Instrucción directa. Mediante las instrucciones verbales informales o


sistemáticas de los otros aprendemos a llevar a cabo determinadas
habilidades sociales y a reconocer conductas inadecuadas.

4. Feedback de otras personas. La información que los demás nos dan


sobre nuestras conductas es otro de los mecanismos que influyen en el
aprendizaje de las habilidades sociales. En las interacciones sociales
manifestamos, directa o indirectamente, de forma verbal o no verbal (a
través de gestos, expresiones, posturas del cuerpo), nuestra
consideración del comportamiento de la otra persona. Este feedback
ayuda a controlar la conducta, a cambiarla en función del contenido de
la información proporcionada y a servir como reforzamiento social
contingente a las conductas sociales.

Tipos de Habilidades Sociales:

A continuación vamos a exponer algunas habilidades sociales básicas que


ayudan a disfrutar de la experiencia de interactuar y compartir con otras
personas. En la medida que una persona sea más hábil al construir y mantener
relaciones interpersonales, anticipando y reconociendo las preferencias de la
otra persona, apreciándolas y estando dispuesto a satisfacerlas, las otras
personas se sentirán más dispuestas a mantener esa relación.

Debemos decir que no solo es importante tener un buen repertorio de


habilidades sociales que nos ayuden a evitar la ansiedad en situaciones
sociales difíciles o novedosas, sino que además hay que saber cuándo y dónde
ponerlas en práctica, adecuándonos al contexto.
1. Escucha activa

Hay una gran diferencia entre escuchar y oír. Saber escuchar es muy
importante a la hora de comunicarnos de forma efectiva con otras. Escuchar de
forma activa no es solamente prestar atención a las palabras que salen de la
boca del otro interlocutor, sino que consiste en ser plenamente consciente de
las emociones y el lenguaje no verbal que la otra persona intenta comunicar.
Es decir prestar atención a lo que la otra persona siente y expresa
emocionalmente. Esto se consigue con un contacto visual correcto, sin
interrumpir a la otra personas y validando emocionalmente al otro interlocutor
para confirmar que hemos recibido la información verbal y no verbal de
manera correcta.

2. Asertividad

Es una actitud que se manifiesta en cómo expresamos nuestros sentimientos


positivos (elogios, agrado, etc.) y negativos (disconformidad o desagrado),
necesidades, preferencias y opiniones. La persona asertiva expresa su opinión
de manera apropiada y defiende su punto de vista, siempre respetando la
opinión de los demás. Es decir mantiene un comportamiento equilibrado. Son
capaces de decir “no” claramente y mantenerlo y al mismo tiempo aceptar que
el otro nos pueda decir “no”.

Son personas que confían en sí mismas y no tienen miedo a exponerse o a


pensar en lo que los demás piensan de ellos. Hacen frente a la presión de
grupo y evitan situaciones en las cuales uno puede verse coaccionado para
adoptar comportamientos de riesgo.

La asertividad puede aumentar nuestra autoestima, ya que permite conocernos


a nosotros mismos y aceptarnos tal como somos. Pero además son capaces
de conocer y aceptar sus limitaciones.
3. Validación emocional

La validación emocional es imprescindible para crear una buena relación


interpersonal ya que el interlocutor se siente comprendido y reconocido
emocionalmente y su confianza hacia la otra persona aumenta siendo capaz de
abrirse, es decir, verbalizar lo que piensa y siente.
Se trataría de un proceso de aprendizaje, entendimiento y expresión de la
aceptación de la experiencia emocional de la otra persona.

4. Empatía

Ya la hemos explicado con anterioridad. Es necesaria para poder tener


relaciones interpersonales con otros individuos y para saber cómo comportarse
frente a los demás. La empatía, además, es clave para adaptarse a las
situaciones sociales.

5. Capacidad de negociación

Cuando compartimos el día a día con personas es necesario tener una buena
capacidad de negociación. Saber negociar es una competencia necesaria pues
puede evitarnos muchos conflictos. Aprender a manejar los conflictos es una
manera sana y esencial para hacer que las relaciones funcionen.

6. Respeto

Si mostramos respeto hacia las opiniones, creencias, valores e ideas del otro
este estará más predispuesto y receptivo a relacionarse con nosotros. Esto no
quiere decir que las tengamos que compartir.

7. Credibilidad

Mostrarse como una persona creíble es necesario para ganar confianza con
los demás. La credibilidad hace que las personas se muestren tal y como son.
Siempre hay que ser coherente con lo que se dice y hace.
8. Compasión

Ser compasivo es clave para tratar con otros individuos, y la aceptación y el


perdón ayudan a mejorar nuestro bienestar.

9. Pensamiento positivo

Tener una mentalidad positiva y hacer frente a las situaciones con optimismo
es una de las mejores maneras de vivir. Y, además, atrae a otras personas.

10. Regulación emocional

Regular las propias emociones (saber comprender y manejar adecuadamente


nuestros sentimientos), resulta necesario y a la vez nos ayuda a desarrollar
mejor nuestra posibilidad de favorecer el propio bienestar (no experimentando
ansiedad) y el de los demás. Esto nos permite saber qué necesita la otra
persona, y adecuar nuestro tono y mensaje a las circunstancias, afrontar los
conflictos con otros individuos de manera calmada, aprender de los fracasos o
los éxitos porque son parte de la vida.

11. Apertura de mente.

Una mente libre de prejuicios y de estereotipos es una fortaleza que te ayuda a


relacionarte con distintas personas y a adaptarte mejor al entorno. La rigidez
mental y la intolerancia son sin duda una limitación para las relaciones
interpersonales.

12. Paciencia.

Si no dominamos esta habilidad, cualquier cosa puede molestarnos y


convertirse en un gran problema. La paciencia ayuda a estar relajado y a evitar
estar más tenso de lo necesario.
13. Cortesía.

Comportarse con respeto y educadamente con los demás ayuda en las


relaciones interpersonales. Ser gentil y amable, siempre es un plus.

14. Saber expresarse.

Es necesario ser claro y hacer llegar a los demás el mensaje que queremos.
Esto parece fácil, pero no siempre ocurre así. Utilizar ejemplos concretos, tener
una buena capacidad de improvisación, vocalizar correctamente o considerar
los tiempos son estrategias útiles.

¿Qué ventajas ofrece dirigir las relaciones?

• Mayor capacidad de analizar y comprender las relaciones.


• Mejora en la capacidad de resolver conflictos y negociar desacuerdos.
• Mejora en la solución de los problemas de relación.
• Mayor afirmatividad y destreza en la comunicación.
• Mayor popularidad y sociabilidad. Amistad y compromiso con los
compañeros.
• Mayor atractivo social.
• Más preocupación y consideración hacia los demás.
• Más sociables y armoniosos en los grupos.
• Más participativos, cooperadores y solidarios.
• Más democráticos en el trato con los demás.

LA COMPETENCIA SOCIAL Y CÍVICA EN LA LOMCE

Una competencia es una combinación de habilidades prácticas, conocimientos,


motivación, valores éticos, actitudes, emociones, y otros componentes sociales
y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción
eficaz.

La LOMCE distingue siete competencias clave: Comunicación lingüística,


Competencia Matemática y competencias básicas en Ciencia y Tecnología,
Competencia Digital, Aprender a Aprender, Sentido de la Iniciativa y Espíritu
Emprendedor, Conciencia y Expresión Cultural y la que nos ocupa
Competencia Social y Cívica.

La competencia social y cívica se relaciona con el bienestar personal y


colectivo. Exige entender el modo en que las personas pueden procurarse un
estado de salud física y mental óptimo, tanto para ellas mismas como para sus
familias y para su entorno social próximo, y saber cómo un estilo de vida
saludable puede contribuir a ello.

Implica conocimientos que permitan comprender y analizar de manera crítica


los códigos de conducta y los usos generalmente aceptados en las distintas
sociedades y entornos, así como sus tensiones y procesos de cambio. La
misma importancia tiene conocer los conceptos básicos relativos al individuo, al
grupo, a la organización del trabajo, la igualdad y la no discriminación entre
hombres y mujeres y entre diferentes grupos étnicos o culturales, la sociedad y
la cultura. Asimismo, es esencial comprender las dimensiones intercultural y
socioeconómica de las sociedades europeas y percibir las identidades
culturales y nacionales como un proceso sociocultural dinámico y cambiante en
interacción con la europea, en un contexto de creciente globalización.

También se requieren destrezas como la capacidad de comunicarse de una


manera constructiva en distintos entornos sociales y culturales, mostrar
tolerancia, expresar y comprender puntos de vista diferentes, negociar
sabiendo inspirar confianza y sentir empatía. Las personas deben ser capaces
de gestionar un comportamiento de respeto a las diferencias expresado de
manera constructiva.

Y por último se relaciona con actitudes y valores como una forma de


colaboración, la seguridad en uno mismo y la integridad y honestidad. Las
personas deben interesarse por el desarrollo socioeconómico y por su
contribución a un mayor bienestar social de toda la población, así como la
comunicación intercultural, la diversidad de valores y el respeto a las
diferencias, además de estar dispuestas a superar los prejuicios y a
comprometerse en este sentido.
Para terminar este módulo podemos exponer una definición de Inteligencia
Emocional que abarca los cinco partes o características de la Inteligencia
Emocional: Capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el
empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de
diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de
evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último
—pero no por ello, menos importante—, la capacidad de empatizar y confiar en
los demás.

Os voy a exponer algunos supuestos prácticos en los que aparece claramente


una o varias competencias de la Inteligencia Emocional. Vuestra tarea es
averiguar de qué competencia o competencias se trata y justificar la respuesta:

a) Un avión está volando tranquilamente pero se escucha la voz del piloto


advirtiendo: «Señoras y caballeros, estamos a punto de atravesar una zona de
turbulencia atmosférica. Les rogamos que regresen a sus asientos y se
abrochen los cinturones». Luego el avión entra en la turbulencia y se ve
sacudido de arriba a abajo y de un lado al otro.
En este transcurso se observan personas que desconectan de todo y siguen
ensimismadas en un libro, una revista o la película que en aquel momento
estuviera proyectándose.
Otras echan mano rápidamente a la hoja de instrucciones a seguir en caso de
emergencia o miran el rostro de las azafatas y los auxiliares de vuelo en busca
de algún signo de pánico.

b) Un adolescente de trece años, se enzarza en una agria discusión en casa y


sale de ella jurando que jamás regresará. Es un hermoso día de verano y va a
pasear por el campo hasta que la paz y la belleza circundantes le invaden y
gradualmente va tranquilizándose. Al cabo de unas horas regresa a casa
sereno y completamente arrepentido.

c) En el supermercado se oye el tono mesurado y amable de una joven madre


que se dirige a su hijo con un escueto.
—Devuelve... eso... a su sitio.
—Pero yo lo quiero —gimotea el pequeño, aferrándose con más fuerza a una
caja de cereales.
—Ponlo en su sitio —dice la madre con un tono de voz que comienza a
traslucir una cierta irritación.
En ese momento, su hermana pequeña, que va sentada en el asiento del carro,
tira al suelo un tarro de gelatina y se derrama por el suelo.
La madre comienza a vociferar.
—¡Toma! —dice furiosa mientras le da un bofetón.
A continuación arrebata la caja de manos del niño, la arroja al estante más
cercano y, levanta a su hijo velozmente del suelo por la cintura, lo lleva a
rastras pasillo adelante mientras empuja el carro. Entonces la niña llora y el
niño patalea protestando:
—¡Bájame! ¡Bájame!

d) Contesta a este supuesto desde un posicionamiento de Inteligencia


Emocional, justificando el por qué: ¿Qué es lo que harías en el caso de que
acabaras de saber que has suspendido un examen parcial en el que esperabas
sacar un notable?

e) El equipo olímpico Estadounidense de natación tenían muchas esperanzas


de medallas en Matt Biondi. Pero Biondi terminó en un desalentador tercer
puesto en la primera de las prueba, y en la siguiente fue superado por otro
nadador. Los comentaristas deportivos llegaron a decir que aquellos fracasos
desanimarían a Biondi, pero no habían contado con su reacción, una reacción
que le llevó a ganar la medalla de oro en las cinco últimas pruebas.

f) Un delincuente comete un miserable delito. Cuando éste ve la imagen de la


victima en televisión, tiene un súbito arrepentimiento y llama a un amigo para
contarle su secreto, que desemboca en su detención.

g) En el recreo un grupo de niños está corriendo. Uno de ellos tropieza, se


lastima la rodilla y comienza a llorar mientras todos los demás siguen con sus
juegos, excepto otro, que se detiene junto a él. Cuando los sollozos del primero
se acallan, el que se ha interesado se agacha y se frota la rodilla diciendo: «¡yo
también me he lastimado!»

h) Una noche entró en el vagón de un metro un hombre ebrio. El hombre,


tambaleándose, comenzó a asustar a los pasajeros gritando todo tipo de
imprecaciones.
El borracho dio unos cuantos golpes más y en su rabia, cogió la barra de metal
que se hallaba en medio del vagón y. con un rugido, trató de arrancarla.
Alguien gritó en voz muy alta y divertida:
—¡Eh!
El borracho, sorprendido, se dio la vuelta y vio a un diminuto anciano que
sonrió con alegría al borracho y le saludó con un leve movimiento de la mano:
—¡Ven aquí!
El borracho se acercó dando zancadas a él preguntando:
—¿Y por qué diablos debería hablar contigo?
—¿Qué has estado bebiendo? —preguntó el anciano.
—He bebido pero eso no es asunto tuyo —vociferó el borracho.
—¡Oh, muy bien, muy bien! —replicó el anciano— ¿Sabes? A mi también me
gusta beber. Cada noche, mi esposa y yo nos bebemos una botella pequeña
de en el jardín.
A medida que iba escuchando al anciano, el rostro del borracho comenzó a
dulcificarse y sus puños se relajaron:
— Estoy seguro de que tienes una esposa maravillosa.
—¡No! —respondió el hombre—. Mi esposa murió...
Y entonces, sollozando, se lanzó a contar el triste relato de la pérdida de su
esposa, de su hogar y de su trabajo, y se mostró avergonzado de sí mismo.
Cuando el metro llegó a su parada el anciano invito al borracho a ir a su casa
para contarle más detalladamente todo aquello mientras este apoyaba su
cabeza en el regazo del anciano.

Goleman, D. (1995), La Inteligencia Emocional. Buenos Aires: Vergara Editor.

Weisinger, H. (1998), La Inteligencia Emocional en el Trabajo. Buenos Aires:


Vergara Editor

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