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Tema 13

TEMAS DERECHO CIVIL 2 CARRERA 1º CUATRIMESTRE CONTRATOS

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TEMA 13 EL PAGO

I. CAUSAS DE EXTINCION DE LAS OBLIGACIONES


Las obligaciones se extinguen por el pago o cumplimiento, la pérdida de la cosa debida, la
condonación de la deuda, la confusión de los derechos, la compensación y la novación.
Hay otras causas de extinción de las obligaciones; por ejemplo, nulidad, rescisión o resolución
del contrato, la condición resolutoria, el término final, el fallecimiento, el mutuo disenso, la
revocación, el desistimiento unilateral, etc. También extinguen las obligaciones las quitas
obligatorias previstas en la Ley Concursal y en la normativa de protección de los deudores
hipotecarios sin recursos. Por otra parte, no es del todo cierto que las instituciones que se citan
en el artículo 1.156 supongan siempre la extinción de la obligación.
La obligación no se extingue en los casos de pago de un tercero con subrogación o de
novación modificativa.
El pago, es esa exacta ejecución por el deudor de la prestación debida. Las palabras «pago» y
«cumplimiento» se utilizan en el Código como sinónimos. El pago es la forma «normal» de
extinción de las obligaciones, en la medida en que estas nacen para ser cumplidas, atendiendo
así al fin previsto al constituirse la obligación.
No hay pago sin una previa obligación. Y si se ejecuta una prestación sin existir una obligación
previa, el que la ejecuta puede solicitar la restitución de lo entregado. Por otra parte, el deudor
que no cumple está incumpliendo.
3 efectos, (EXTINTIVO, LIBERATORIO Y SATISFACTIVO)
Lo habitual es que el pago tenga simultáneamente estos tres efectos, pero no siempre sucede
así.
Para que el cumplimiento produzca sus efectos debe reunir una serie de requisitos:

1º Gastos del pago. Todos los gastos extrajudiciales que ocasiona el pago serán de cuenta del
deudor (art. 1.168 CC), salvo que se pacte otra cosa. Se trata de todos aquellos desembolsos
que sean necesarios e imprescindibles para ejecutar la prestación en la forma debida y en el
lugar de cumplimiento.
2º Objeto del pago. La prestación ejecutada ha de ser exacta, no se entiende cumplida la
obligación sino cuando se entrega la cosa o se ejecuta la prestación en que la obligación
consiste. La prestación es exacta cuando se respeten las reglas de la integridad, la identidad y la
indivisibilidad del pago.

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Por otra parte, la determinación de si la prestación ha sido correctamente cumplida no puede
dejarse al arbitrio de una de las partes. En particular, en contratos con consumidores es abusiva
la cláusula que atribuye al empresario la facultad de decidir si la obligación es cumplida.
Identidad del pago. La prestación ejecutada ha de ser idéntica a la pactada. Y no es idéntica
cuando se entrega una cosa de distinta naturaleza o sustancia. El deudor de una cosa o una
prestación de hacer no puede obligar a su acreedor a que reciba otra diferente (no idéntica),
aunque sea de igual o superior valor (art. 1.166 CC). En tal caso el acreedor podrá rechazar esa
cosa que se le ofrece como pago.
Si la obligación consiste en entregar una cosa determinada por su pertenencia a un género, y no
se ha pactado la calidad debida, ni puede deducirse de la interpretación del contrato, el deudor
cumplirá entregando bienes de calidad media.
Integridad del pago. Un pago exacto implica el respeto a la regla de la integridad: la cosa o el
servicio deben entregarse o prestarse completamente, el deudor debe ejecutar todo el
contenido de la prestación debida. La integridad en el pago exige que el deudor entregue
también los frutos y accesorios. Si el deudor paga en exceso, y la prestación es divisible, hay
cumplimiento en la cuantía de la cantidad debida, y el deudor podrá exigir la restitución del
exceso al tratarse de un pago indebido.
Indivisibilidad del pago.: La prestación ha de ejecutarse de una sola vez, en un único momento.
Por eso el deudor no puede compeler al acreedor a recibir la prestación por partes (pagos
parciales) en distintos momentos (art. 1.169. I CC). El fundamento de esta regla está en que el
los interés del acreedor no queda igualmente satisfecho recibiendo en momentos distintos y
espaciados diversas sumas pequeñas, que si se le entrega de una sola vez.
Por otra parte, si la deuda tiene una parte liquida y otra ilíquida, el acreedor podrá reclamar (o
el deudor podrá pagar) la primera, sin esperar a que se liquide la segunda (art. 1.169.II CC).
El pago mediante la entrega de títulos-valores. En una deuda pecuniaria el deudor no puede
obligar al acreedor a aceptar títulos valores en pago de la deuda, salvo que así se haya pactado
en el contrato, porque esa entrega no respeta la regla de la identidad en el pago.
Tras la entrega del título el acreedor ve limitado su derecho a exigir el pago de la obligación
dineraria causal.
3º Los sujetos del pago.
El que paga (solvens) puede ser el deudor o un tercero. El deudor está obligado a cumplir, pues
es el sujeto pasivo de la obligación. El deudor puede cumplir o por medio de un representante
(legal o voluntario), siempre que la prestación no tenga un carácter personalísimo (art. 1.161
CC).
En las obligaciones de dar en las que la entrega supone la transmisión de la propiedad o la
constitución de otro derecho real, el deudor ha de tener la capacidad para enajenar el bien y la

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libre disposición sobre el mismo (art. 1.160 CC). Si no, el acto de ejecución de la prestación será
anulable. Si carece del poder de disposición sobre la cosa, pero aun así la entrega, el tercero
(verdadero propietario) podrá reclamarla del accipiens.
Excepción, si la cosa entregada consiste en una cantidad de dinero u otra cosa fungible, y el
acreedor la ha gastado o consumido de buena fe, el deudor no podrá reclamar su devolución.
Eso no significa la consolidación definitiva de esa entrega en el patrimonio del acreedor. Pues si
el negocio constitutivo de la obligación es anulable, el deudor o sus representantes podrán
solicitar la nulidad, con la consiguiente restitución de lo entregado. También podrán ejercitar la
acción de pago de lo indebido.
El pago puede ser realizado por un tercero. Cualquier tercero puede pagar, salvo en las
obligaciones de hacer personalísimas, en las que solamente puede cumplir el deudor.
Para que el pago sea válido es irrelevante la voluntad del deudor y también es irrelevante la
voluntad del acreedor. Solo hay pago por tercero cuando el pago lo hace realmente un tercero
(no lo es el deudor solidario o mancomunado) y este tercero paga una deuda previa y ajena, y
no propia (como sucede cuando paga el fiador).
Por eso, no hay pago por tercero si la relación entre el solvens y el deudor está regulada por un
contrato o por normas específicas, pues en estos casos el pago por el tercero no es voluntario
El tercero ha de pagar con ánimo de extinguir la obligación (animus solvendi), ejecutar la
prestación y tener capacidad y libre disposición sobre el bien.
Efectos del pago por tercero.
Realizado el pago por un tercero, el acreedor, deja de ser acreedor. Pero el deudor no queda
liberado, pues el tercero que pago tiene un derecho de crédito contra él.
El pago por tercero produce los siguientes efectos.
1) Subrogación convencional, cuando existe acuerdo para ella entre el tercero y el acreedor, y al
margen de que el tercero tenga o no interés en el cumplimiento de la obligación y de que el
deudor lo ignore, lo apruebe o lo rechace.
2) Subrogación legal, cuando paga un tercero y así lo establece alguna norma concreta, cuando
paga un tercero interesado en el cumplimiento de la obligación, al margen de que el deudor
apruebe el pago, lo ignore o se manifieste contrario al mismo
3) Acción de reembolso, cuando paga un tercero no interesado, ignorándolo el deudor (art.
1.158.II), lo que significa que el deudor no conoce el pago en el instante en que este se
produce.

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4) Acción de enriquecimiento, cuando paga un tercero no interesado contra la expresa voluntad
del deudor (art. 1.158.I1I), oposición del deudor que debe ser clara, y que tiene que
manifestarse antes o al tiempo del pago
Subrogación legal, acción de reembolso y acción de enriquecimiento del tercero que paga.
En los casos de subrogación legal del tercero que paga la deuda, este tercero se convierte
automáticamente en el nuevo acreedor del crédito preexistente, que conserva sus garantías.
En cuanto a la acción de reembolso del artículo 1.158.II, como su fundamento está en la gestión
de los negocios ajenos, el tercero («gestor») podrá reclamar al deudor (dominus) todo lo que ha
pagado al acreedor, pero solo en la medida en que ese pago haya producido una utilidad
objetiva en el deudor.
Se trata de un crédito nuevo que nace a favor del tercero en el momento del pago, por lo que
no dispone de las garantías (personales o reales) que aseguraban la deuda.
Por último, en la acción de enriquecimiento del artículo, el tercero solvens puede reclamar al
deudor, no el importe de lo pagado por él, sino únicamente el valor en que el pago haya sido
útil para el deudor; esto es, el efectivo enriquecimiento que el pago le ha causado.
El acreedor tiene un derecho de crédito que le permite reclamar al deudor el cumplimiento de
la obligación. Solamente él tiene legitimación activa para pedir el pago.
Sin embargo, destinatarios del pago pueden ser más sujetos.
El pago debe realizarse al acreedor actual (no al que lo era cuando se constituyó la obligación) o
a la persona autorizada por este para recibirlo (un representante legal o convencional, el que
ostenta una autorización no representativa para recibir la prestación, o la persona designada
para recibirla). Por eso. no es válido, y no libera al deudor, el pago realizado a un sujeto
distinto.
Para poder recibir el pago el accipiens ha de tener plena capacidad para administrar sus bienes.
Por eso es inválido (anulable) el pago hecho al menor de edad y a la persona con discapacidad
con medidas de apoyo establecidas para recibirlo y que actúa sin dichos apoyos.
Siempre que, en este último caso, el deudor o la persona que realiza el pago conozca la
existencia de medidas de apoyo el momento de realizar el pago o se haya aprovechado de otro
modo de la situación de discapacidad obteniendo de ello una ventaja injusta.
Pero hay una excepción si el pago ha revertido en utilidad al acreedor, el deudor se libera en la
cuantía de la utilidad. Como el fin de la norma es evitar que el acreedor se empobrezca, al
emplear lo recibido de manera inadecuada, para que el pago le sea útil es necesario que haya
usado adecuadamente la prestación recibida, que la haya invertido prudentemente.

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El acreedor que recibe la prestación ha de tener la libre disponibilidad sobre el crédito (art.
1.165 CC).
Aunque en principio solo es válido, y libera al deudor, el pago realizado al acreedor o a persona
autorizada por este para recibirlo, excepcionalmente también será válido el pago hecho a otro
sujeto (tercero) en cuanto se hubiere convertido en utilidad del acreedor (art. 1.163.II). El pago
al tercero es útil al acreedor cuando le reporta un beneficio equivalente a aquel que tendría de
haber recibido él directamente la prestación.
El pago hecho al acreedor aparente libera al deudor (art. 1.164 CC). Es esta una excepción a la
regla general, según la cual el pago debe hacerse al acreedor o a persona por él autorizada.
Para que el pago libere al deudor es necesario que exista un pago exacto, que el tercero posea
el crédito y que el deudor pague de buena fe. Si se dan estos requisitos el deudor queda
liberado.
4º Tiempo del pago. En las obligaciones puras el pago se debe hacer inmediatamente, tan
pronto se constituya la obligación.
Si la obligación es suspensiva, es exigible cuando se cumpla esa condición, si el deudor paga
antes puede repetir lo pagado.
En la obligación sometida a término inicial el acreedor no puede reclamar el pago hasta que se
produzca el evento que constituye el término, pero cabe un pago anticipado que extingue esa
obligación.
Lugar del pago. El lugar de pago tiene gran importancia, el deudor corre con los gastos
necesarios para que la prestación se ejecute en ese lugar si este ofrece el pago en otro lugar, el
acreedor puede rechazarlo.
Tres criterios para saber dónde se establece el pago.
- En primer lugar, las partes pueden pactar, de forma expresa o tácita, el lugar de
cumplimiento. También pueden pactar un cambio.
- En ausencia de pacto y solamente para la entrega de una cosa específica, esta debe entregarse
en el lugar en el que se encontraba en el momento de constituirse la obligación.
- Cuando no es posible aplicar ninguna de las dos reglas, el lugar de pago será el domicilio del
deudor. Si hay varios deudores, el lugar de pago es el domicilio de cualquiera de ellos. Cuando
es imposible pagar en el domicilio del deudor habrá que fijar el lugar de pago de acuerdo con la
equidad y la buena fe.
La prueba del pago. El pago puede acreditarse por cualquiera de los medios de prueba
admitidos en nuestro derecho, el más importante es el recibo o justificante de pago, que tiene
el valor de una confesión extrajudicial.

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Los gastos de expedición y entrega del recibo corren a cuenta de quien lo pide (el deudor),
salvo que la ley establezca otra cosa. Por último, si el deudor ofrece el pago y el acreedor se
niega a dar recibo, hay que entender que eso equivale al rechazo a recibir la prestación, por lo
que el acreedor se constituye en mora (mora creditoris) y el deudor podrá acudir a la
consignación para liberarse (art. 1.176.I CC).
5º El cobro de lo indebido
Para que la ejecución de una prestación pueda ser calificada como pago es necesario que exista
una relación obligatoria, de la que nace una deuda. Por tanto, si no existe esa obligación, no se
trata de un pago. Y el que ejecutó la prestación (solvens) ha de disponer de una acción para
obtener la restitución de quien lo recibió (accipiens). Es un supuesto de cuasicontrato.
La prestación restitutoria que corresponde al solvens es una pretensión por enriquecimiento
injustificado.
Tres presupuestos para poder apreciar la existencia de cobro de lo indebido.
1º La entrega de una cosa con función solutoria. Es necesario que exista una atribución
patrimonial de un sujeto a otro con la intención de extinguir una obligación, contractual o no,
que consiste en la entrega física de una cosa. La carga de la prueba de que ha habido esa
entrega de la cosa incumbe al solvens. Además, la entrega debe haberse hecho con función
solutoria (solvendi causa).
2º El carácter indebido del pago.
Es esa inexistencia para el solvens de deber de entregar esa cosa en cumplimiento de una
previa obligación. Puede afectar a los sujetos de la obligación, cuando se paga a un tercero
distinto del acreedor, o paga un tercero distinto del deudor, al objeto, o a cualquier otra
circunstancia.
No hay pago indebido cuando se cumple una obligación prescrita o una obligación natural (
En una obligación sometida a condición suspensiva, el pago realizado antes de que la condición
se cumpla y con error del deudor, sobre su exigibilidad es indebido, por lo que puede repetirse.
Pero si estaba sometida a plazo inicial, y se paga antes de la llegada del término, el pago no es
indebido. La prueba del carácter indebido del pago corresponde a quien reclama su restitución
(el solvens). Pero se presume iuris tantum que el pago es indebido si el accipiens niega haber
recibido la cosa, entrega que sin embargo si es probada por el solvens. Esta presunción puede
ser destruida por el accipiens acreditando que lo que se le entregó se le debía (art. 1.900 CC).

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3º El error del solvens.
Significa la creencia equivocada de pagar en cumplimiento de una obligación propia. El error
puede ser de hecho o de derecho y excusable o inexcusable, pues la falta de diligencia del
solvens no justifica que el accipiens pudiera retener un pago indebido. Si no hay error, no hay
cobro de lo indebido, aunque el solvens podrá reclamar al accipiens en la medida en que se ha
enriquecido. Corresponde al solvens la carga de la prueba del error.
Efectos para el accipiens de mala fe y de buena fe.
Es de mala fe cuando conoce que el pago es indebido. La mala fe, que debe ser probada por el
solvens puede ser sobrevenida. El accipiens de mala fe está obligado a restituir lo recibido y si
ello no fuera posible, su equivalente económico.
Debe abonar el interés legal, si lo que recibió era dinero o los frutos percibidos o que ha debido
percibir desde que recibió la cosa si esta produce frutos.
Además, responde de la pérdida y de todos los menoscabos que haya sufrido la cosa, por
cualquier causa. Por último, debe indemnizar los daños y perjuicios que el solvens ha sufrido
por la desposesión de la cosa. En cuanto a los gastos y mejoras, el accipiens es tratado como un
poseedor de mala fe.
La buena fe que se presume implica que el accipiens ignora el carácter indebido del pago. Debe
restituir aquello en que se haya enriquecido. Por eso debe restituir la cosa y sus accesiones en
el estado en que se encuentren, sin tener que abonar los desperfectos o deterioros.
Los frutos percibidos son una excepción, pues el accipiens los hace suyos, sin tener que
restituirlos. Si se entregó dinero, debe restituir los intereses, pero solo desde la fecha de la
sentencia condenatoria. Si el accipiens ha realizado gastos y mejoras en la cosa, tendrá los
mismos derechos que un poseedor de buena fe.
Si ha enajenado a título oneroso a un tercero la cosa indebidamente recibida, bastará con que
entregue al solvens el precio obtenido o le ceda la acción para hacerlo efectivo.
Exención de la obligación de restituir en caso de inefectividad del crédito.
Se exime al accipiens de buena fe de la obligación de restituir el pago indebido cuando se dan
los siguientes requisitos: El accipiens, que tiene un derecho de crédito verdadero y subsistente
contra un tercero, recibe de buena fe el pago (esto es, creyendo que está cobrando lo que se le
debe) de un solvens que paga por error y realiza actos que determinan la inefectividad del
crédito que tiene contra el verdadero deudor.
En tal caso se extingue la obligación de restitución que incumbe al accipiens, y el solvens que
pagó indebidamente podrá dirigirse contra el verdadero deudor. En concreto, se produce una
subrogación del solvens en la posición del accipiens lo que le autoriza a reclamar contra el
verdadero deudor o sus fiadores. El solvens dispone también de la acción de enriquecimiento

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contra el verdadero deudor, quien se ve liberado de responder frente a su acreedor.
Corresponde al solvens optar por una u otra acción.
III. LA IMPUTACION DE PAGOS.
Es una operación mediante la cual se determina qué deuda, de entre las varias que unen al
deudor con ese acreedor, debe considerarse pagada cuando el deudor ejecuta una prestación.
No es necesario que las deudas sean líquidas, pero sí que estén vencidas, pues si solo una de
ellas está vencida, es esa la que ha de entenderse pagada con la ejecución de la prestación.
El deudor quien, al hacer el pago, puede determinar a qué deuda debe aplicarse (art. 1.172.I).
Inspirada en el favor debitoris, el deudor emitirá una declaración de voluntad, unilateral y
recepticia, indicando qué deuda debe considerarse satisfecha. El acreedor solo puede rechazar
la imputación y el pago que con ella se pretende, si la prestación ejecutada no es exacta.
Si no lo hace el deudor, el acreedor, en el recibo que emite tras la recepción de la prestación,
puede imputarla a una determinada deuda. El deudor podrá aceptar o rechazar esa imputación.
Si la acepta, será esa deuda la que se considerará extinguida por cumplimiento. Si la rechaza, se
entenderá como si el acreedor no hubiere realizado imputación alguna.
Por eso, no puede hablarse en realidad de una imputación de pagos efectuada por el acreedor.
La realiza también el deudor, pero con la particularidad de que la efectúa tras la petición que le
hace el acreedor a través del recibo.
Cuando ninguno de estos criterios anteriores permite determinar qué deuda se entiende
pagada, el pago se imputará, a la más onerosa para el deudor, no es la de mayor cuantía, sino la
más perjudicial para el deudor en cualquier sentido.
Por eso, no siempre es más onerosa la que le causa una mayor carga patrimonial.
Por último, si no es posible aplicar la regla de la onerosidad, pues todas las deudas son
igualmente onerosas, la prestación ejecutada se imputará a todas las deudas «a prorrata». Se
trata de un reparto proporcional, en función de la cuantía de las deudas. Como el acreedor no
está obligado a recibir un pago parcial (art. 1.169.I), puede negarse a recibir en concepto de
pago la parte proporcional que para esa deuda corresponda según el prorrateo.
IV. EL OFRECIMIENTO DEL PAGO Y LA CONSIGNACIÓN
Es el intento de pago que se hace al acreedor que, de ser recibido por este, extingue la
obligación por cumplimiento. En este sentido, es la fase inicial del proceso que conduce al pago.
Es una fase previa a la consignación, mediante este el ofrecimiento de pago, el deudor, que está
dispuesto a cumplir su obligación, manifiesta al acreedor su intención de cumplir, realizando
todas las actividades conducentes al cumplimiento justamente hasta el momento en el que es
necesaria la colaboración del acreedor. El deudor ha de ofrecer una prestación que se ajusta a
las exigencias del pago (objetivas, de lugar y de tiempo), y si no acaba en pago es porque el
acreedor se niega injustificadamente a recibir la prestación.

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El ofrecimiento, que solo cabe cuando la deuda es líquida, puede condicionarse a que el
acreedor entregue un documento justificativo del pago y a que el acreedor cancele la garantía
que asegure la obligación (art. 1176.1).
Efectos del ofrecimiento de pago. El ofrecimiento de pago no es un pago, el simple
ofrecimiento de pago no equivale a cumplimiento, pues no se ha realizado la prestación debida.
Si el acreedor rechaza el ofrecimiento, hay que distinguir en función de que el rechazo esté o no
justificado (art. 1.176.1). El rechazo puede consistir en una declaración de voluntad expresa del
acreedor, en la que manifiesta que no recibirá la cosa, o en cualquier conducta del acreedor,
sea del tipo que sea, que impide que el deudor pueda ejecutar debidamente la prestación.
Para valorar si el rechazo está justificado hay que atender a criterios objetivos, y no a la culpa o
diligencia del acreedor. Así, el rechazo está justificado en caso de inexactitud del ofrecimiento
de pago o cuando, teniendo en cuenta las circunstancias del caso, no sea contrario a la buena fe
(art. 1.258). En cuanto a los efectos, si el acreedor rechaza «con razón» el ofrecimiento, el
deudor sigue estando obligado. Pero si lo rechaza «sin razón», el acreedor incurre en mora, y el
deudor podrá consignar el bien y liberarse.
Consignación.
Procedimiento para el deudor para extinguir la obligación, y liberarse de la deuda, ante una
imposibilidad de poder realizar el cumplimiento por una causa a él no imputable.
La consignación es un subrogado del pago, pues tiene para el deudor los mismos efectos que el
pago. En todo caso, los intereses del acreedor quedan plenamente garantizados, pues realizada
válidamente la consignación, el bien consignado está a su disposición ante la autoridad judicial.
Por otra parte, solo son susceptibles de consignación las obligaciones que consisten en la
entrega de una cosa, no cabe consignar una prestación de hacer, que por su propia naturaleza
consiste en ejecutar una actividad no susceptible de depósito.
La consignación puede ser judicial o notarial.
Supuestos en que cabe la consignación.
Cuando el acreedor se niega injustificadamente a recibir la cosa que se le ofrece en pago de la
deuda. Otros cuatro supuestos:
- El acreedor está dispuesto a aceptar el pago ofrecido pero se niega sin razón a entregar recibo o
justificante de pago.

- El acreedor está dispuesto a aceptar el pago pero se niega sin razón a devolver el bien entregado en
garantía o a prestar el consentimiento necesario para cancelar la inscripción de la garantía en el
Registro.

- No hay nadie a quien ofrecer válidamente el pago.

- Casos en que el cumplimiento de la obligación se haga más gravoso al deudor por causas no
imputables a él.

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Consignación sin previo ofrecimiento de pago.
5 supuestos en los que el deudor puede acudir a la consignación sin haber realizado un previo
ofrecimiento de pago.
- Ausencia del acreedor.
- Acreedor impedido física o jurídicamente.
- Cuando haya dos o más personas que se muestren como titulares del derecho de crédito.
- Cuando el acreedor sea desconocido.
- Cuando la presentación es imprescindible para el pago.

El anuncio de la consignación.
El anuncio, que es una declaración de voluntad unilateral y recepticia del deudor, no sometida a
forma alguna, debe realizarse en todos los casos de consignación, haya habido o no un previo
ofrecimiento de pago. Los destinatarios del anuncio son «las personas interesadas en el
cumplimiento de la obligación».
Se trata de todas las personas que tengan un interés cierto en la obligación.
El procedimiento de consignación.
La consignación se hará, por el deudor o por un tercero, poniendo las cosas debidas a
disposición del Juzgado o del Notario (art. 1.178 CC), en los términos previstos en la LJV y en la
legislación notarial. La consignación judicial es un acto de jurisdicción voluntaria, que se rige por
los artículos 98 y 99 LJV.
La consignación extingue la obligación. La consignación no se entiende producida con la puesta
de la cosa a disposición del juez o notario. Es la aceptación por el acreedor de la consignación
(judicial o notarial) o la declaración judicial de que está bien hecha lo que extingue la obligación
y libera al deudor.
El Notario no puede declarar que la consignación está bien hecha, por lo que la consignación
ante Notario es un mecanismo fallido e inútil para el deudor.
La extinción es un efecto propio de la consignación, por lo que no es necesario que la resolución
judicial declare que el crédito se ha extinguido. Lo que sí puede pedir el deudor es que se
expida un documento que acredite la extinción de la deuda y, en su caso, que se mande
cancelar la garantía que lo aseguraba. Además, la extinción de la obligación se produce
retroactivamente, desde el momento en que se realizó el depósito del bien ante el órgano
judicial o notario. Por otra parte, serán de cuenta del acreedor todos los gastos que se han

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originado por tener que haber acudido el deudor a la consignación gastos del depósito, del
ofrecimiento de pago rechazado, del anuncio, etc.
V. DACIÓN EN PAGO
El deudor está obligado a ejecutar una prestación exacta, lo que exige entre otras cosas que la
prestación respete el principio de identidad, que la prestación efectuada sea idéntica a la
programada en el negocio constitutivo de la obligación.
El deudor no puede ejecutar una prestación distinta (aliud pro alio), ni siquiera aunque tenga
mayor valor. Pero nada impide que, llegado el momento del cumplimiento, ofrezca una
prestación distinta a la debida y el acreedor la acepte, dándose por pagado. Puede definirse la
dación en pago como la realización por el solvens de una prestación distinta a la debida que el
acreedor acepta con los mismos efectos que el pago.
Su fundamento está en la autonomía de la voluntad, la dación en pago no es una compraventa,
ni un caso de novación extintiva por cambio de objeto. Supone un acuerdo atípico entre
acreedor y deudor para sustituir la primitiva prestación por otra.
Produce los efectos típicos del pago: la extinción de la obligación y la liberación del deudor
VI PAGO POR CESIÓN DE BIENES
Una operación a través de la cual el deudor cede todos o parte de sus bienes a los acreedores,
para que estos procedan a su administración y liquidación, con el fin de satisfacer sus
respectivos créditos con lo obtenido de las ventas. Su función es la cesión de bienes,
proporcionar al deudor y a los acreedores una vía para lograr la realización de los derechos de
crédito sin tener que acudir a los procedimientos ejecutivos y concursales. La cesión de bienes
puede ser judicial o extrajudicial. La cesión de bienes judicial, que es la regulada en el artículo
tiene lugar con la intervención de los órganos jurisdiccionales.
La cesión extrajudicial se produce fuera de un proceso, su fundamento está en la autonomía de
la voluntad de las partes. Es un contrato atípico en el que el deudor hace a los acreedores un
mandato irrevocable de liquidación de los bienes (y de administración, hasta que se produzca la
venta) y de cobro de los créditos con el dinero obtenido. El deudor solamente puede ceder
bienes patrimoniales, transmisibles y que sean de su propiedad.
Efectos de la cesión de bienes para pago. Este contrato no transmite la propiedad de los bienes
del deudor a los acreedores cesionarios, estos reciben la posesión de los bienes, sobre los que
tienen un poder de gestión (administración). Salvo que en el contrato se disponga otra cosa, la
liquidación se llevará a cabo del modo que los acreedores estimen conveniente para obtener el
máximo rendi. Por otra parte, la cesión de bienes al acreedor no extingue la obligación, pues es
pro solvendo, y no pro soluto. Tras la liquidación de los bienes son los propios acreedores
cesionarios los que aplican el importe obtenido al pago de las deudas contraídas por el cedente.
En ese instante se extingue la obligación.

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