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Recuerdos de cristal.

Nací en el departamento de Lima, siendo la menor de mi familia, la pequeña y


la única mujer, el gran deseo de mis padres, tener una bella mujercita. Es así,
que crecí en un cálido, amoroso y tranquilo núcleo familiar, acompañada de mi
madre una mujer encantadora y maravillosa, delicada como una bella rosa, mi
papá, temido por mis amigos ya que parece intimidante, es alguien risueño y
bromista que me alegra todos los días y, por último, mis hermanos, chicos
tranquilos, estudiosos y trabajadores.

Y yo, María, una chica ¿amigable? ¿Infantil? ¿sociable? Es así como me


consideran mis amistades, sin embargo, yo me considero una persona
calmada, risueña y tranquila, completamente enamorada de la música y la cual
ama con todo su corazón a ese grupo de pop coreano llamado twice, soy esa
chica que tiene un perrito llamado Fonsi, la chica que ama bailar, pasar el
tiempo con sus amigos, tomar fotos y dormir, pero con miedos e inseguridades
que la aquejan.

Desde mi punto de vista consolidé mi personalidad desde la primera vez que


puse un pie en mi escuela querida, aún recuerdo cuando entré al colegio Fe y
Alegría por primera vez, estaba muy pequeña en ese entonces con unos cuatro
años de nacida, asistí junto con mi familia a la feria regional que se llevaba a
cabo todos los años en las losas deportivas. He de admitir que concurría el
colegio gracias a mis hermanos que fueron promoción 2009 y 2010.

Amaba ir a ese inmenso colegio rojo, que ahora guarda miles de memorias
mías. Gracias a que mis hermanos eran exalumnos pude ingresar, es así que
desde 2011 comencé el primer año de mi travesía escolar, en inicial, yo me
encontraba en el aula rosada en donde enseñaba la miss Rocío, la recuerdo
con un cariño enorme, siempre fue tan amable y dulce con cada uno de
nosotros, era un ángel caído del cielo que ahora descansa en paz.

Mis recuerdos son escasos cuando se trata de mi primer año de escuela, sin
embargo, no olvidaré aquellos juegos, oxidados y de metal que muchas veces
significaron un gran peligro para nosotros ya que terminábamos todos
lastimados y llorando por las quemaduras, o las piedritas que habían debajo de
los juegos que nos provocaban heridas al caer de los juegos, como fue el caso
de una amiga que se abrió las rodillas cuando cayó del tobogán.

Primaria fue, sin duda mis mejores seis años, donde las preocupaciones por
saber que estudiar, que carrera me convendrá, a que universidad debería
entrar no pasaban por mi mente. Las miradas de inocencia que teníamos todos
al ser pequeños niños que buscaban divertirse con sus amigos en el recreo,
pasándolo risa y risa era mi motivo para ir al colegio todos los días.

Amaba pasar el rato con mis amigos, conocí a varias amistades valiosas en
primaria que me marcaron mucho, una de ellas ya no estudia conmigo, ni sé
dónde estará, simplemente deseo que esté bien, Kiayra era su nombre, la
consideraba mi mejor amiga. Recuerdo que ella tenía una lesión en su pierna
izquierda que no le permitía realizar educación física y jugar futbol, algo que le
gustaba, vivía demasiado lejos, supongo que por eso la cambiaron y nunca
volví a saber más de ella.

Una experiencia que me marcó fue cuando me fracturé mi muñeca izquierda y


tuve que faltar por un mes entero, el mejor mes de mi vida, tirada en mi cama
viendo dibujitos; recuerdo que no quería regresar al colegio y cuando lo hice no
podía salir ni al recreo, tenía que escribir con la mano derecha, una total tortura
para mí, me aburría mucho. Lo peor fue cuando por la culpa de mi caída me
perdí el paseo que tanto había esperado, fue horrible, me sentí muy triste.

A pesar de ello, considero que primaria fue mi mejor etapa, era una niña
pequeña que su única preocupación era sacar buenas notas en las
exposiciones y exámenes, seguramente para la mini María era un total dolor de
estómago y náuseas, sin embargo, aún no sé imaginaba lo que vendría para lo
próximo cinco años.

Mi graduación de primaria es un archivo perdido dentro mis recuerdos, lo único


que resalto es cuando firmaron mi cuadro de graduada con mucho cariño mis
amistades de ese entonces, al salir de vacaciones no podía creer que pasaría a
primero de secundaria, se me hacía tan extraño, no cabía en mi mente que ya
era parte de los chicos grandes, yo no parecía una chica de secundaria ¿o sí?
Me encontraba sumamente nerviosa en el 2020, ya que era mi primer año de
secundaria, mis expectativas estaban sobre los cielos. Mis emociones eran un
completo revuelo, por un lado, me hacía emoción el entrar a secundaria, ir en el
turno de la mañana, hacer nuevas amistades y conocer a mis maestros. Sin
embargo, tenía miedo de que no me toque con mis amistades en el mismo
salón, quedarme sola y aparte siempre me han dado miedo los maestros, sí,
algo contradictorio.

Yo esperaba con emoción el que anuncien las listas deseaba que me toque
con una de mis amigas del 6to “A”, sin embargo, no fue tan así, conocía a una
que otra persona, pero no a todos. Ni bien anunciaron la fecha del primer día
de clases, se anunció el primer caso de coronavirus en nuestro país, me
emocioné ya que tenía dos semanas de descanso, pero no estaba consciente
de lo que pasaría.

Aquellas “dos semanas”, se transformaron en meses, años, primero y segundo


de secundaria perdidos gracias a la pandemia. Rescato los trabajos virtuales y
las reuniones de zoom que teníamos todos los días, siendo sincera no les
prestaba mucha atención a excepción que toque hacer trabajo en grupo, ya
que tenía que hablar para coordinar, en una de esas coordinaciones conocí a
mi mejor amiga hasta ahora, la cual ha sido una de mis confidentes en toda la
secundaria y agradezco por su amistad.

El tiempo pasó rápido y por fin, regresamos a la modalidad presencial, conocí a


mis compañeros en persona y fue muy extraño, tenía estigmatizado a cada uno
así que cuando los conocí me rompieron mi burbuja si lo puedo decir así.
Todos me caían bien, a pesar de ello no sentía una gran confianza hacía ellos,
era algo extraño comparándolo con primaria.

Era muy distinto, tenía un docente distinto para cada materia, aún no me podía
acostumbrar al cambio, relativamente me fui adaptando. Otro aspecto que me
costó aceptar fue el tener taller de educación para el trabajo, yo quería entrar a
costura, el taller más pedido en ese momento, pero me aceptaron en
electricidad.

Durante tercero no hice muchos amigos varones, ya que no estaba interesada


en hacer amigos, pero me molestaban mucho con un chico, el cual en ese
tiempo gustaba de mí, todos me lo decían, pero yo simplemente me hacía la
loca. Hasta que él se confesó y entablamos una relación de finales de año. Sin
darme cuenta pasaba ser pre promoción, era increíble porque me sentía como
de primer grado de secundaria, no me veía ni me sentía como una chica de
cuarto, y sigo sin hacerlo.

Empezó cuarto de secundaria, algunos profesores se fueron, otros entraron, y


nos mezclaron nuevamente. Hice nuevas amistades, pero me alejé un poco ya
que priorizaba pasar tiempo con mi pareja de ese entonces. Me metí en uno
que otro problema interno del cual me disculpo por mi comportamiento
inadecuado. Podría decir que ese año fue uno con experiencias positivas y
negativas.

Ya que al finalizar el último bimestre no me fue bien del todo, tanto


emocionalmente como académicamente, obtuve dos B, lo cual me hizo sentir
mala estudiante. Asimismo, tuve ciertas discusiones con mi ex enamorado lo
que nos llevó a culminar con nuestra relación que iba en declive, felizmente
pudimos concluirla en buenos términos, deseándonos lo mejor.

Podría decir que mi último año comenzó bien, entré a una academia la cual me
ayudo en cierto punto a prepararme para lo que es física, ahí conocí a cuatro
chicas que me acompañaron durante todo ese periodo, las cuales aprecio
hasta el día de hoy.

En marzo, entre al colegio nuevamente. Fue algo extraño ya que es mi último


año y se sentía raro que me mencionen como la promoción 2024, mi mente no
procesaba el hecho que es mi último año. Me siento muy triste ya que no
disfruté mi secundaria como lo debí haber hecho, me cerré mucho en los
últimos dos años, dejándome llevar por la vergüenza la cual me limitó en hacer
varias cosas.

Destaco que a mitad de año comenzó mi crisis por saber qué hacer, quien
seré, que debo seguir y hasta ahora me sigo sintiendo así. No me siento
segura en lo que estudiaré, pero no busco perder el tiempo ni las
oportunidades que me brindan por miedo tal vez. Es así que fui a la psicóloga
para afrontar mis miedos con ayuda de un especialista que me ayudó.
Concluyo que no me siento lista para culminar el año escolar, la verdad me
gustaría pasar un año más al lado de mis compañeros, riéndonos por las
payasadas de otros, hablando con los profesores sobre un tema en específico.
Cada vez me queda menos tiempo para terminar este año escolar y decirle
adiós a aquel colegio que me acogió en sus cálidas aulas y me brindó un gran
apoyo desde pequeña. Mis mejores días los pasé aquí, con mis amistades y
mis maestros queridos a los que solo me queda decir gracias.

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