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Conceptos y Acepciones del Derecho

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1.

EL DERECHO: CONCEPTO Y ACEPCIONES

1.1. Concepto
El derecho nace de la convivencia social, con el fin de regular las relaciones entre los individuos de
una misma sociedad entre sí y con el Estado, y de este modo alcanzar un orden que favorezca tanto
al colectivo como al individuo. Por lo tanto, podemos definir el derecho como el conjunto de
normas jurídicas que surgen de la sociedad y que tienen la finalidad de regular la convivencia entre
los miembros de esa sociedad y de estos con el Estado.

1.2. Acepciones
Según el contexto, podemos diferenciar:
Derecho como valor: El derecho lleva implícito un ideal de justicia, manifestando la existencia o
ausencia de determinados valores sociales: “no hay derecho”.
Derecho como ciencia: Hace referencia a la disciplina que tiene por objeto el estudio,
interpretación, integración y sistematización de un determinado ordenamiento jurídico, “aprobé
Derecho romano”.
Derecho positivo: Conjunto de normas jurídicas vigentes en un Estado o en la comunidad
internacional, creadas por la autoridad competente, en un momento determinado, y que, por estar en
vigor, han de aplicarse. Ejemplo: la Constitución española, el Código Penal, etc.
Derecho natural: Conjunto de normas y principios jurídicos que se derivan de la propia naturaleza
humana y que existen como principios inmutables y universales. El derecho natural actúa como
base para la elaboración e interpretación de las normas del derecho positivo. Ejemplo: derecho a la
vida, a la libertad o a la propiedad.
Derecho objetivo: Ordenamiento jurídico, norma o conjunto de normas vigentes aplicables a las
personas y que forman el ordenamiento jurídico vigente de una determinada sociedad. Ejemplo: "el
derecho español no admite la pena de muerte". Dentro del derecho objetivo podemos hablar de:

Derecho público: Regula el ejercicio de los poderes del Estado, tanto en sus funciones soberanas
como en sus relaciones con los particulares. Sus normas son de carácter obligatorio e irrenunciable
y se caracteriza por la especial situación de privilegio o poder del Estado frente a los ciudadanos
(posición de imperium).
Derecho privado: Regula las relaciones de los particulares entre sí, así como las de estos con la
Administración cuando esta no actúa en el ejercicio de sus prerrogativas, sino como un particular
más. Se caracteriza por la situación de igualdad jurídica de los individuos.

Derecho subjetivo : Facultad o poder reconocido a una persona por la ley vigente y que le permite
realizar o no ciertos actos. Ejemplo: "el derecho a la libertad de expresión permite a las personas
manifestar sus ideas y opiniones".
2. NORMAS JURÍDICAS POSITIVAS: CONCEPTO,
ESTRUCTURA,CLASES Y CARACTERES

2.1. Concepto
Por norma jurídica se entiende todo precepto general cuyo fin sea ordenar la convivencia de una
comunidad y cuya observancia puede ser impuesta coactivamente por el Estado. La desobediencia
de las normas jurídicas debe estar prevista por las mismas, estableciéndose en cada caso la adecuada
sanción.

2.2. Estructura

En la estructura de la norma jurídica cabe destacar los siguientes elementos:

Supuesto de hecho: Es el acontecimiento que motiva la aplicación de la norma jurídica; el hecho o


la situación de la vida regulado por ella. Ejemplo del art.138.1 del Código Penal: "El que matare a
otro... ".
Consecuencia jurídica: Cuando se produce el supuesto de hecho contemplado en la norma, se
aplica la consecuencia jurídica. Siguiendo el ejemplo del art.138.1 CP: "... será castigado como reo
de homicidio con la pena de prisión de 10 a 15 años".

2.3. Clases de normas jurídicas positivas

• Rígidas, taxativas o de derecho estricto: Son aquellas normas que obligan siempre a los
destinatarios, independientemente de su voluntad. Ejemplo: art.240 Código Civil (en
adelante CC): la mayor edad empieza a los dieciocho años cumplidos.
• Elásticas o de derecho equitativo: Aquellas normas en las que el supuesto de hecho o la
consecuencia jurídica son flexibles, es decir, no están especificados sino que solo están
indicados, en general, mediante concepto cuyo contenido en cada caso es variable dentro
de unos márgenes de interpretación. Ejemplo: art.160.2 CC: [... ] "no podrán impedirse
sin justa causa las relaciones personales del menor con sus hermanos, abuelos y otros
parientes y allegados". En este caso, la norma no define qué se va a considerar justa
causa por lo que habrá que interpretarlo en cada caso concreto.
• Comunes o generales: Rigen en todo el territorio de un Estado, como por ejemplo, la
Constitución o el Código Penal.
• Particulares, locales, comarcales o regionales: Solo rigen en una parte del territorio,
como por ejemplo, el derecho foral de Navarra.
• Generales: Contienen una norma general, aplicable a todas las personas.
• Especiales: Normas relativas a ciertas clases específicas de personas, cosas o actos, que
se apartan de la norma general. Por ejemplo, los menores de edad podrán ser
incapacitados cuando concurra en ellos causa de incapacitación y se prevea
razonablemente que la misma persistirá después de la mayoría de edad (art.201 CC).
• Regulares: Aquellas que regulan las relaciones de un modo habitual y estable. Por
ejemplo, el régimen que se aplica a las sucesiones testamentarias en el Código Civil.
• Excepcionales: Se oponen a la regla general y se aplican en casos muy concretos.
Ejemplo: art.10.5 CC: "Se aplicará a las obligaciones contractuales la ley a que las partes
se hayan sometido expresamente [... ] (regla general). No obstante, a falta de
sometimiento expreso, se aplicará a los contratos relativos a bienes inmuebles la ley del
lugar donde estén sitos, y a las compraventas de muebles corporales realizadas en
establecimientos mercantiles, la ley del lugar en que estos radiquen". (norma excepcional
para casos concretos).
• Necesarias o Imperativas: Son aquéllas que se imponen de forma absoluta a la voluntad
de los particulares sin que estos puedan modificarlas, como por ejemplo, una
construcción que debe hacerse respetando los parámetros de distancia que establece la
ley de costas.
• Dispositivas o supletorias: Aquellas que pueden dejar de aplicarse por voluntad expresa
de las partes. En estos casos, el ordenamiento jurídico concede a los sujetos la libertad de
establecer normas particulares para regular sus propias conductas y relaciones jurídicas,
de manera que cuando estos no manifiestan libremente la voluntad de establecer normas
particulares para la regulación de sus propios actos, el ordenamiento jurídico establece
una regulación subsidiaria mediante normas de carácter supletorio. Por ejemplo, en el
caso de los contratos de arrendamiento, las partes suelen establecer las cláusulas por las
que han de regirse, pero lo no expresamente pactado por la voluntad de las partes se
regula por la Ley de Arrendamientos Urbanos, el Código Civil, u otras subsidiarias, que
actúan en este caso como normas dispositivas o supletorias.

2.4. Caracteres de la norma jurídica

1. Bilateralidad o alteridad
El derecho hace referencia siempre a una persona con respecto a otra, de ahí que toda norma
jurídica suponga al mismo tiempo la creación de derechos y deberes. Así, no solo impone una
conducta, sino que, al mismo tiempo, autoriza a otra persona para que pueda exigir del obligado el
cumplimiento del deber. Ejemplo: en una compraventa, una de las pa1tes tiene la obligación de
entregar la cosa y el derecho de cobrar el precio, mientras que la otra tiene la obligación de pagar el
precio y el derecho a recibir la cosa.
2. Racionalidad
La ley ha de tener un contenido racional y justo, orientado al bien común.
3. Obligatoriedad o imperatividad.
Toda norma jurídica contiene un mandato o prohibición que es de obligado cumplimiento para sus
destinatarios, si no serán sancionados.
4. Coercitividad o coactividad
Esta característica está en relación con la obligatoriedad o imperatividad, puesto que la observancia
de la norma puede ser impuesta coactivamente si no se cumple voluntariamente, imponiendo el
órgano competente la correspondiente sanción, en caso de incumplimiento.
5. Generalidad o universalidad
Las normas jurídicas obligan a todos los individuos que forman parte de la sociedad, no
dirigiéndose a una persona en particular, sino fijando categorías de sujetos determinados de forma
genérica, en función de una determinada condición. Ej. los funcionarios.
6. Abstracción
La norma recoge categorías de hechos, no casos concretos; esto se debe a la imposibilidad de
prever cada caso concreto que se puede dar en la realidad, por lo que tiene que abstraer de las
diferentes categorías de casos concretos las notas fundamentales con el fin de construir "tipos" que
van a integrar el supuesto normativo.
7. Legitimidad
Para que una norma sea obligatoria debe cumplir con determinados requisitos del ordenamiento
jurídico al que pertenece, que la hacen legitima (requisitos que la sociedad estipula para que sea
válida). La legitimidad debe ir antes de la juricidad; para que la norma sea jurídica, antes tiene que
ser legítima.
8. Publicidad
Siendo obligatoria la ley, para que pueda dársele cumplimiento es necesario que sea
conocida por sus destinatarios, y de ahí que deba ser una norma escrita y suficiente o debidamente
promulgada. De ahí que, una vez aprobada la ley por las Cortes, el rey la sancionará en el plazo de
15 días, la promulgará y ordenará su inmediata publicación (art.91 CE).

Debemos tener claro que...

La sanción es la firma por el rey de las leyes aprobadas por las Cortes Generales, dando su
consentimiento. Este acto será refrendado por el presidente del Gobierno.
La promulgación es el acto formal mediante el cual el rey hace saber a todos los ciudadanos y
autoridades que la ley ha sido aprobada, ordenando su cumplimiento.
La vigencia de las normas jurídicas es el momento a partir del cual una norma despliega toda su
eficacia. Las leyes entrarán en vigor a los 20 días naturales (vacatio legis) de su completa
publicación, si en ellas no se dispone otra cosa (art.2.1 CC). Hay que diferenciar entre vigencia
formal (tiempo desde que se publica una ley hasta que se deroga) y vigencia material (tiempo desde
que la ley entra en vigor hasta que se deja de aplicar).
La derogación es la modificación o abolición de la norma jurídica por otra nueva. Las leyes sólo se
derogan por otras posteriores. La derogación tendrá el alcance que expresamente se disponga y se
extenderá siempre a todo aquello que en la ley nueva, sobre la misma materia sea incompatible con
la anterior. Por la simple derogación de una ley no recobran vigencia las que ésta hubiere derogado
(art.2.2 CC).

2.5. Las fuentes del derecho


Son los medios o maneras de crear y establecer las normas jurídicas. Es decir, las fuentes son la
manera de producirse o ser creadas las normas jurídicas y por qué medios oficialmente admitidos
pueden introducirse cambios en el derecho objetivo. La Constitución española) no hace una
distinción de las fuentes del derecho, por ello hay que recurrir al artículo 1 CC el cual establece que
son:
1. La ley: Es la norma de carácter general dictada por órganos estatales.
2. La costumbre: Es la norma creada por la sociedad a través del uso o práctica seguida por todos
de manera general y duradera. Se aplica en defecto de la ley, siempre y cuando no sea contraria a la
moral ni al orden público y resulte probada.
3. Los principios generales del derecho: Son principios de justicia, ideas fundamentales e
informadoras del ordenamiento jurídico, es decir, los que dan sentido a la ley y las costumbres
existentes en la comunidad. Se aplican en defecto de la ley y la costumbre. Además, su aplicación
directa sirve para interpretar la ley y la costumbre. Son utilizados por jueces, creadores de doctrinas
y juristas para integrar lagunas legales o interpretar normas jurídicas.

Podemos diferenciar las fuentes del derecho en dos sentidos:

1. Fuentes del derecho en SENTIDO MATERIAL: Son aquellas fuerzas sociales o institucionales
con facultad normativa creadora, como las Cortes Generales, las asambleas legislativas de las
comunidades autónomas o los grupos sociales como generadores de costumbres, etc.
2. Fuentes del derecho en SENTIDO FORMAL: Es la forma en la que se manifiesta el derecho: la
ley, los reglamentos, los reales decretos, etc.

2.5.1. Clases de fuentes (art.1 CC)

Las fuentes del ordenamiento jurídico español son la ley, la costumbre y los principios generales del
derecho.
Carecerán de validez las disposiciones que contradigan otra de rango superior (art.9.3 CE).
La costumbre solo regirá en defecto de ley aplicable, siempre que no sea contraria a la moral o al
orden público y que resulte probada.
Los principios generales del derecho se aplicarán en defecto de ley o costumbre, sin perjuicio de su
carácter informador del ordenamiento jurídico.
Las normas jurídicas contenidas en los tratados internacionales no serán de aplicación directa en
España en tanto no hayan pasado a formar parte del ordenamiento jurídico interno mediante su
publicación íntegra en el Boletín Oficial del Estado (BOE).
La jurisprudencia complementará el ordenamiento jurídico con la doctrina que, de modo reiterado,
establezca el Tribunal Supremo al interpretar y aplicar la ley, la costumbre y los principios generales
del derecho.
Los jueces y tribunales tienen el deber inexcusable de resolver en todo caso los asuntos de que
conozcan, ateniéndose al sistema de fuentes establecido.

Del articulo primero del Código Civil podemos establecer la siguiente clasificación:

Son fuentes directas:


• Primarias
◦ La Constitución.
◦ Tratados internacionales (publicados en el BOE ).
◦ Las leyes y sus clases: Leyes orgánicas. Leyes ordinarias. Reales decretos
legislativos y los reales decretos leyes.
◦ Órdenes de las Comisiones Delegadas del Gobierno.
◦ Órdenes ministeriales, instrucciones y circulares.
• Secundarias
◦ La costumbre.
◦ Los principios generales del derecho.

Son fuentes indirectas:

• Los tratados internacionales (no publicados en el BOE).


• La jurisprudencia del Tribunal Supremo.
• La doctrina científica.

No obstante, solamente la ley y la costumbre son fuentes del derecho en sentido técnico, ya que los
principios generales del derecho no son una forma de originarse y manifestarse el derecho objetivo
sino las normas mas generales y fundamentales que inspiran él ordenamiento jurídico y solo puede
decirse que son fuente de derecho en la medida en que actúan como derecho supletorio, en defecto
de norma particular, función que solo pueden desempeñar a través de las decisiones judiciales.

2.5.2. La Constitución como norma jurídica


La CE nace como una norma fundamental de organización para asegurar la libertad individual. Los
textos constitucionales surgen como un pacto para hacer efectivo un control sobre el poder, lo cual
tiene como objetivo último garantizar los derechos fundamentales.
La vinculación (obligatoriedad) de los ciudadanos y de los poderes públicos a la CE significa, por
un lado, que se configura como un límite al poder del Estado al regular la actividad de los poderes
públicos, procurando garantizar o salvaguardar los derechos y libertades de los ciudadanos en el
caso de extralimitación de sus atribuciones de forma que, si un poder público se excediera de los
límites fijados por la CE, su actuación devendría en ilegítima, pues carecería de base y
fundamentación en derecho. Por otro lado tal protección supone que el ciudadano está obligado a
asumir los mandatos constitucionales. Generalmente, las constituciones tienen las siguientes
características:

Son normas dictadas por el poder constituyente, el pueblo.


Son normas superiores a las leyes ordinarias y orgánicas.
Su finalidad es limitar el poder.
Salvo algunas excepciones, están escritas y codificadas (reunidas en un solo texto o código).

En la mayoría de constituciones actuales se pueden distinguir las siguientes partes:

1. Un preámbulo: En el que generalmente, se contienen unos principios muy generales y una


referencia al poder constituyente que, en las constituciones contemporáneas, suele ser el
pueblo.
2. Parte dogmática: Contiene las declaraciones de principios y proclama los derechos
individuales. En la actualidad además de estos (que representan un límite de la actuación
del Estado) se incluyen derechos económicos y sociales, que implican una actuación
positiva del Estado preocupado por el bienestar social.
3. Parte orgánica: Contiene la organización de los poderes públicos, sus competencias y
relaciones.
4. Parte dedicada a reforma: Donde se establece el procedimiento de reforma.

El artículo 9 CE establece que: "Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la
Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.
Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del
individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que
impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida
política, económica, cultural y social.
La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las
normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de
derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad
de los poderes públicos."

De ello se derivan dos consecuencias fundamentales:

1. Las leyes que contradigan la Constitución son declaradas inconstitucionales y anuladas


por el Tribunal Constitucional (en adelante TC).
2. La CE reconoce derechos y garantiza su ejercicio frente a todos los poderes públicos y
dispone que solo por ley, que en todo caso deberá respetar su contenido esencial, podrá
regularse el ejercicio de tales derechos y libertades (art.53.1 CE). Además, establece un
procedimiento judicial directo, preferente y sumario para su tutela ante los tribunales
ordinarios y ante el TC (art.53.2 CE).

2.5.3. La ley
La ley es una norma jurídica de carácter general y obligatorio, dictada por los órganos estatales a los
que el ordenamiento jurídico atribuye el poder legislativo. Definida en un sentido más amplio
podríamos decir que ley es la norma jurídica escrita y solemne emanada del Estado.
En un sentido más estricto, solo se consideran leyes un grupo de normas dictadas por el Estado,
las de superior jerarquía por emanar del poder legislativo y exigir requisitos y solemnidades
especiales, contraponiéndose así a los reglamentos o disposiciones estatales de rango inferior. Solo
pueden ser consideradas leyes aquellas que han sido aprobadas por el Parlamento, es decir, por el
poder legislativo. Aunque otros poderes pueden dictar normas de carácter obligatorio, no pueden
considerarse leyes por no proceder exclusivamente de los órganos legislativos, sino de la potestad
legislativa que tiene el poder ejecutivo.

2.6. Aplicación de las normas jurídicas


Conforme al art.3 CC, las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en
relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, la realidad social del tiempo en
que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas. La
equidad habrá de ponderarse en la aplicación de las normas, si bien las resoluciones de los
Tribunales sólo podrán descansar de manera exclusiva en ella cuando la ley expresamente lo
permita.
Procederá la aplicación analógica de las normas cuando éstas no contemplen un supuesto
específico, pero regulen otro semejante entre los que se aprecie identidad de razón. Las leyes
penales, las excepcionales y las de ámbito temporal no se aplicarán a supuestos ni en momentos
distintos de los comprendidos expresamente en ellas (art.4 CC).

2.7. Eficacia general de las normas jurídicas


De acuerdo con el art.6 del Código Civil, la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento.
El error de derecho producirá únicamente aquellos efectos que las leyes determinen.
La exclusión voluntaria de la ley aplicable y la renuncia a los derechos en ella reconocidos sólo
serán válidas cuando no contraríen el interés o el orden público ni perjudiquen a terceros. Los actos
contrarios a las normas imperativas y a las prohibitivas son nulos de pleno derecho, salvo que en
ellas se establezca un efecto distinto para el caso de contravención. Los actos realizados al amparo
del texto de una norma que persigan un resultado prohibido por el ordenamiento jurídico, o
contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de ley y no impedirán la debida aplicación de la
norma que se hubiere tratado de eludir.
Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe (art.7 CC). La Ley no
ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Todo acto u omisión que por la
intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realice sobrepase
manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño para tercero, dará lugar
a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o administrativas que
impidan la persistencia en el abuso.

3. EL PRINCIPIO DE JERARQUÍA NORMATIVA

Un sistema de fuentes supone la existencia de unas normas a fin de ordenarlas o jerarquizarlas


asignando a cada una su posición o valor dentro del conjunto. Esta función la cumplen los
principios de jerarquía normativa y de competencia o de distribución de materias.
Según el principio de jerarquía, consagrado en el art.9.3 CE, una fuente o norma prevalece sobre
otra en función del rango de la autoridad o del órgano del que emanen de tal forma que las de
inferior rango no pueden contravenir a las superiores, bajo riesgo de nulidad. A su vez, las normas
que poseen el mismo rango poseen idéntica fuerza normativa y en caso de contradicción insalvable
prevalece la posterior, ya que se entenderá que ha derogado a la anterior.
La ordenación vertical de fuentes supone una estricta subordinación entre ellas. Fernando Garrido
Falla, jurista español, establece dos criterios para jerarquizar las normas dentro del ordenamiento
jurídico:
Primacía del orden escrito:quedando las fuentes no escritas en un plano subsidiario, por lo que no
se podrá acudir a la costumbre si no es en defecto de regulación expresa (praeter legem), sin que
pueda admitirse una costumbre que esté en contra de la ley (contra legem). Por ello, los reglamentos
también tendrán preeminencia sobre la costumbre.
Jerarquía del órgano que las dicta:estando subordinadas las disposiciones administrativas a las
emanadas del poder legislativo y una vez dentro de cada una de ellas, se subordinan unas a otras,
según la mayor jerarquía del órgano que las dictó.
Los principios que rigen el sistema de fuentes del ordenamiento español son los siguientes:
1. Primacía absoluta del título preliminar de la CE, relativo a la estructura y organización
del Estado, y de su título I, relativo a los derechos y libertades fundamentales.
2. Primacía del derecho comunitario sobre el derecho interno, incluida la Constitución, con
la salvedad anterior.
3. Finalmente, primacía del derecho estatal sobre el autonómico, o del autonómico sobre el
estatal, según las competencias que se deriven:
◦ De los arts. 148 y 149 CE y de los estatutos de autonomía (competencias
exclusivas del Estado y competencias cedidas a las CC. AA.).
◦ Y de las leyes-marco y las leyes de armonización.

Por otra parte, la Constitución ha creado el llamado principio de competencia o de distribución de


materias, que implica la atribución a un órgano o ente concreto de la potestad de regular
determinadas materias o de dictar cierto tipo de normas con exclusión de los demás. Se diferencian
dos ámbitos: el estatal y el autonómico. Las normas estatales son de aplicación en la comunidad
autónoma cuando no invadan el ámbito de esta. De igual forma, las normas de la comunidad
autónoma son exclusivas en su ámbito, no pudiendo sobrepasarlo.

3.1. Ámbito estatal

3.1.1. La Constitución española


Se explica detalladamente en el siguiente Tema

3.1.2. Las leyes


Existen diferentes tipos de leyes, con el mismo rango, pero con diferente efecto funcional:

3.1.2.1. Leyes orgánicas (artículo 81 CE)


Son leyes orgánicas las relativas al desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades
públicas, las que aprueben los estatutos de autonomía y el régimen electoral general y las demás
previstas en la CE. Hablamos de leyes que regulan materias de especial trascendencia por razón de
la materia, y cuya aprobación, modificación o derogación requiere la mayoría absoluta del
Congreso en una votación final sobre el conjunto del proyecto.

3.1.2.2. Leyes ordinarias (artículo 90 CE)


Son las que se promulgan para las materias no reservadas a las leyes orgánicas. No es que estas
tengan preferencia sobre las ordinarias, sino un ámbito distinto y, en consecuencia, no se relacionan
por el principio de ordenación jerárquica, sino por el de competencia. Estas leyes son aprobadas por
las Cortes Generales por la mayoría simple de ambas Cámaras, pero en ocasiones se pueden aprobar
por las comisiones legislativas permanentes siempre que exista una delegación previa de las
Cámaras en la forma prevista en el art.75 CE.
3.1.2.3. Leyes de comisión (artículo 75 CE)
Son normas con rango de ley aprobadas por las comisiones legislativas permanentes de cada
Cámara, excluyéndose el trámite de debate y votación de totalidad o de toma en consideración. No
obstante, el pleno de la Cámara pueda recabar el debate y votación final del proyecto o proposición
de ley en cualquier momento de su tramitación. No podrán aprobarse como leyes de comisión: la
reforma constitucional, leyes orgánicas, leyes de bases, cuestiones internacionales y presupuestos
generales del Estado.

3.1.2.4. Leyes marco (artículo 150.1 CE)


Las Cortes Generales podrán atribuir a todas o algunas de las Comunidades Autónomas la facultad
de dictar por sí mismas normas legislativas en el marco de los principios, bases y directrices fijados
por una ley estatal. Así, mediante una delegación legislativa, las Cortes autorizan o habilitan a la
Asamblea Legislativa de una C.A. para que pueda dictar normas para sí, sobre una materia de
carácter estatal, que solo afectará dentro de los límites de su Comunidad. Sin perjuicio de la
competencia de los Tribunales, en cada ley marco se establecerá La modalidad de control de las
Cortes Generales sobre la misma.

3.1.2.5. Leyes de transferencia o delegación (artículo 150.2 CE)


El Estado podrá transferir o delegar en las comunidades autónomas, mediante ley orgánica,
facultades correspondientes a materia de titularidad estatal que por su propia naturaleza sean
susceptibles de transferencia o delegación. La ley preverá en cada caso la correspondiente
transferencia de medios financieros, así como las formas de control que se reserve el Estado.
Cuando la cesión se produce por transferencia, se desplaza la titularidad de dicha materia a la C.A.;
en cambio, cuando se produce por delegación, el Estado sigue siendo el titular de dicha
competencia.

3.1.2.6. Leyes de armonización (artículo 150.3 CE)


Son normas ordinarias con rango de ley dictadas por las Cortes Generales para coordinar
disposiciones autonómicas incluso cuando estas últimas hayan sido dictadas en el ejercicio de sus
competencias exclusivas por razones de interés general. Son aprobadas por el Parlamento estatal
cuando su necesidad se acuerde por mayoría absoluta de cada Cámara. Se trata de leyes que el
Estado puede dictar estableciendo los principios necesarios para armonizar las disposiciones
normativas de las comunidades autónomas. Son, por tanto, leyes estatales ordinarias que se
diferencian de las leyes marco en que aquellas, más que incrementar la competencia autonómica,
homogeneizan las disposiciones autonómicas con las estatales.

3.1.2.7. Leyes de bases (artículo 82 CE)


Se trata de normas aprobadas por las CC.GG. por medio de las cuales se delega en el Gobierno la
potestad de dictar un texto articulado con rango de ley que adoptará la forma de decreto legislativo
y que deberá seguir los principios y criterios contenidos en la ley de bases. Conforme al art.83 CE,
las leyes de bases no pueden autorizar la modificación de la propia ley de bases ni facultar para
dictar normas de carácter retroactivo.
3.1.3. Normas del Gobierno con fuerza o rango de ley (artículo 24 Ley
del Gobierno)
Se trata de casos excepcionales en los cuales el Gobierno puede invadir la esfera de lo normativo
del poder legislativo (ampliación en Tema 5). Estos supuestos son los siguientes:

3.1.3.1. Reales decretos legislativos (artículo 85 CE)


Son disposiciones que dicta el Gobierno por expresa delegación del poder legislativo (artículo 82
CE) y adquieren la calificación de "real" porque requieren de la sanción del rey. Se trata de un
instrumento de colaboración entre el Parlamento y el Gobierno. Esta técnica permite que el
Gobierno pueda dictar leyes previa autorización expresa o delegación del Parlamento, sobre
materias concretas no reservadas a ley orgánica. Esta delegación puede hacerse:

• Mediante una ley de bases, que contiene la autorización para elaborar un texto articulado,
con arreglo a los principios y con los límites que se fijan en la misma.
• Mediante una ley ordinaria, cuyo objeto sea elaborar un texto refundido.

De lo anterior se desprenden las dos modalidades que pueden revestir los reales decretos
legislativos:

1. Texto articulado (artículo 82.4 CE): El Gobierno desarrolla un texto nuevo a partir de las
directrices emitidas por el Parlamento en la ley de bases, normalmente en casos de
materias muy técnicas.
2. Texto refundido (artículo 82.5 CE): Comprende la reducción de diversos textos legales a
uno solo a fin de facilitar el conocimiento de la legislación por parte de los ciudadanos.
Puede formarse un texto único o regular varios textos legales.

3.1.3.2. Reales decretos-leyes (artículo 86 CE)


En caso de extraordinaria y urgente necesidad, el Gobierno podrá dictar disposiciones legislativas
provisionales que tomarán la forma de decreto-leyes y deberán reunir las siguientes condiciones:

Que se esté ante un caso de extraordinaria y urgente necesidad, por ejemplo, la pandemia
COVID-19.
Que no afecte al ordenamiento de las instituciones básicas del Estado, a los derechos, deberes y
libertades de los ciudadanos regulados en el título I CE, al régimen de las comunidades autónomas,
ni al régimen electoral general.
Deberá ser ratificado por el Congreso en el plazo de 30 días siguientes a su promulgación en
debate y votación de totalidad.

Lo que diferencia a los reales decretos-leyes de los decretos legislativos es que los primeros son un
poder originario del Gobierno, que utiliza cuando sea oportuno, mientras que los decretos
legislativos solo pueden aprobarse si existe una expresa delegación del poder legislativo.
3.1.4. Reglamentos
No tienen rango de ley pero su elaboración sí es competencia del Gobierno. Son normas
subordinadas a las leyes dictadas por el poder ejecutivo en virtud de la potestad reglamentaria que le
atribuye la Constitución, normalmente con el fin de desarrollar la ley o establecer criterios para su
aplicación. Además, el reglamento no podrá regular materias que deban regularse mediante ley.
El reglamento es toda disposición normativa de carácter general, con carácter inferior a la ley,
dictada por la Administración Pública. Por lo tanto, es consecuencia de las competencias propias
que el ordenamiento jurídico concede a la Administración y de ahí que los reglamentos, al emanar
de la Administración, estén sometidos al principio de legalidad y sean susceptibles, en su caso, de
ser fiscalizados por la jurisdicción contencioso-administrativa.
Dependiendo del órgano que las dicte pueden ser:

1. Reales decretos del presidente del Gobierno.


2. Reales decretos del Consejo de Ministros.
3. Órdenes de las comisiones delegadas del Gobierno.
4. Órdenes ministeriales.

Los reglamentos se ordenarán según la siguiente jerarquía:

• Disposiciones aprobadas por real decreto del presidente del Gobierno o acordado en el
Consejo de Ministros.
• Disposiciones aprobadas por orden ministerial: Aunque nuestro ordenamiento atribuye
potestad reglamentaria originaria de forma expresa únicamente al Gobierno de la nación,
a los gobiernos autonómicos y al pleno de los ayuntamientos y de las diputaciones
provinciales, en la práctica dicha potestad también se ejerce por el presidente del
Gobierno, ministros e incluso autoridades administrativas inferiores.

Los reglamentos se pueden clasificar:

• Por razón del sujeto que los dicta: estatales, autonómicos, locales e institucionales.
• Por razón de su contenido: Jurídicos o normativos. Se ocupan de materias que afectan
directa e inmediatamente a los ciudadanos teniendo por ello carácter general.
Administrativos o de organización. Se dirigen a regular la organización administrativa,
por lo que solo afectan a la propia Administración, sin alcanzar a los ciudadanos.
• Por la relación existente entre los reglamentos y la ley:
◦ Ejecutivos (o "secundum legem"). Se limitan a desarrollar los preceptos de una ley.
◦ Independientes ( o "praeter legem"). Se dictan en ausencia de ley anterior para
regular relaciones o situaciones que la ley no ha previsto.
◦ De necesidad (o "contra legem"). Son los dictados por las autoridades
administrativas en caso de emergencia o necesidad.

3.2. Relación entre las normas jurídicas


La posición del Tribunal Constitucional en cuanto a la relación existente entre ley orgánica y ley
ordinaria, y también entre la ley orgánica y el reglamento puede resumirse en los términos que se
exponen a continuación.
3.2.1. Relación ley orgánica - ley ordinaria
El TC ha reiterado que las leyes orgánicas y las ordinarias no se sitúan en distintos planos
jerárquicos; cada tipo de ley tiene su ámbito, pero ambas se sitúan en el mismo plano jerárquico.
Son leyes orgánicas las relativas al desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades
públicas, las que aprueben los estatutos de autonomía y el régimen electoral general y las demás
previstas en la CE; y leyes ordinarias las que se promulgan para materias no reservadas a las leyes
orgánicas. Así, no es que las orgánicas tengan preferencia sobre las ordinarias, sino un ámbito
distinto; por tanto, no se relacionan por el principio de ordenación jerárquica, sino por el de
competencia. De este modo, ni una ley ordinaria puede invadir materias reservadas a una ley
orgánica, ni viceversa.

3.2.2. Relación ley orgánica - reglamento


La ley orgánica también tiene relación con los reglamentos ya que el legislador de una ley orgánica
puede remitirse al reglamento para completar el desarrollo normativo de las materias reservadas al
mismo. Para que la remisión al reglamento sea constitucionalmente legitima, debe formularse en
condiciones que no contraríen la finalidad de la reserva de Ley Orgánica.

3.3. Ámbito autonómico

3.3.1. Estatutos de autonomía

De acuerdo con el art.147 CE, el estatuto de autonomía es la norma institucional básica de la


comunidad autónoma, esto es, la norma a través de la cual se hace efectivo el principio de
descentralización territorial del poder que informa la CE en su título VIII, y el Estado los
reconocerá y amparará como parte integrante de su ordenamiento jurídico. Las comunidades
autónomas se configuran como entes de naturaleza política dotados de instituciones y poderes
propios y, por tanto, con la capacidad de desarrollar políticas propias en sus ámbitos de
competencia. No obstante, es necesario tener que:

• A pesar de su autonomía y aplicabilidad territorial, deben ser interpretados siempre


dentro de la Constitución y sus preceptos continuarán operativos al realizar la asunción
de competencias por parte de la comunidad autónoma.
• El estatuto no es expresión de soberanía sino de autonomía, que hace referencia a un
poder limitado.
• El principio de autonomía no se puede oponer al de unidad. No se trata de dos
ordenamientos jurídicos aislados, el del Estado y el de las comunidades autónomas,
sino un único ordenamiento de modo que el derecho propio de las comunidades
autónomas se integra dentro del ordenamiento jurídico español.

Contenido.
La CE, tras afirmar que los estatutos de autonomía forman parte del ordenamiento jurídico estatal,
establece que han de ser aprobados mediante ley orgánica (art.81.1 ), especificando en su artículo
14 7.2 un contenido mínimo para ellos. Ese contenido hace referencia a los siguientes aspectos:

La denominación de la comunidad que mejor corresponda a su identidad histórica.


La delimitación de su territorio.
La denominación, organización y sede de las instituciones autónomas propias.
Las competencias asumidas dentro del marco establecido en la Constitución.
Las bases para el traspaso de los servicios correspondientes a las mismas.

Elaboración.
Como norma institucional básica de la comunidad autónoma, su contenido es acordado por la
misma y los representantes del Estado, siendo la norma superior del ordenamiento jurídico de la
comunidad autónoma después de la CE.
El art.146 CE establece el procedimiento general de elaboración de los estatutos de autonomía,
según el cual el proyecto de estatuto será elaborado por una asamblea compuesta por los miembros
de la diputación u órgano interinsular de las provincias afectadas y por los diputados y senadores
elegidos en ellas y será elevado a las Cortes Generales para su tramitación como ley. Esta
regulación debe ser completada con la del art.151, utilizado para la elaboración de los estatutos de
las comunidades autónomas de autonomía plena: el Gobierno convoca a los diputados y senadores
del territorio para que se constituyan en asamblea y elaborar el proyecto de estatuto de autonomía.
Para ello, será necesario acuerdo de la mayoría absoluta de sus miembros.
Una vez aprobado el proyecto, la asamblea lo remite a la comisión constitucional del Congreso
para la formulación definitiva en el plazo de 2 meses. Con referéndum favorable del cuerpo
electoral de las provincias comprendidas en el ámbito territorial del proyectado estatutos, se eleva a
las Cortes y cuando este sea definitivamente aprobado, el rey lo sancionará y promulgará como ley.
En cuanto a su naturaleza jurídica, son normas complejas que no se deben confundir con la ley
orgánica que los aprueba. Se elaboran siguiendo un procedimiento predeterminado, según los casos
como hemos visto, en los artículos 146 y 151.2 CE, para, posteriormente, ser aprobados por las
Cortes Generales mediante ley orgánica. Una vez aprobados pasan a formar parte del llamado
"bloque de constitucionalidad" y constituyen la norma superior dentro de la respectiva comunidad
autónoma, lo que supone que las demás están subordinadas y sometidas jerárquicamente a ellos.

Reforma
Los estatutos regulan su propio mecanismo de reforma. En el procedimiento de reforma intervienen
tanto el legislador autonómico como el estatal: los estatutos prevén una primera fase en el que el
proyecto de reforma es elaborado por el legislador autonómico que lo remite a las Cortes Generales
para que se apruebe por ley orgánica. La CE prevé dos procedimientos:

• El general para las comunidades autónomas que accedieron a la autonomía por la vía
del artículo 143.2 CE ( Tema 3) y que se contiene en el artículo 147.3 CE: la reforma
de los estatutos se ajustará al procedimiento establecido en los mismos y requerirá, en
todo caso, la aprobación por las Cortes Generales, mediante ley orgánica.

• El especial, reservado a los estatutos aprobados por la vía del artículo 151 (Tema 3) y
establecido en el artículo 152. Una vez sancionados y promulgados los respectivos
estatutos, solamente podrán ser modificados mediante los procedimientos en ellos
establecidos y con referéndum entre los electores inscritos en los censos
correspondientes.
3.3.2. Normas de las comunidades autónomas (artículo 150 CE)

Conforme a la Constitución y a los estatutos de autonomía, los parlamentos autonómicos pueden


dictar leyes para su respectivo territorio y dentro del ámbito de sus competencias. La relación entre
estas normas y las estatales se rige conforme al principio de competencia y su constitucionalidad
puede ser controlada por el Tribunal Constitucional. Estas normas son las leyes marco (art.150.1
CE), las leyes de transferencia o delegación (art.150.2 CE ) y las leyes de armonización (art.150.3
CE), que ya hemos estudiado.
En las comunidades autónomas, el poder legislativo lo ejerce la asamblea legislativa (o parlamento)
correspondiente; así, la "ley autonómica" es una norma aprobada por el parlamento autonómico en
el ámbito de sus competencias, que es manifestación de la autonomía política de la comunidad
autónoma. Posee rango, fuerza y valor de ley y se encuentra jerárquicamente sometida a la
Constitución y al estatuto de autonomía correspondiente.
Las leyes autonómicas son promulgadas por el presidente de la comunidad autónoma, en nombre
del rey, y publicadas tanto en el BOE como en el boletín oficial de la comunidad autónoma.
En cuanto a las clases y valor normativo de las disposiciones normativas de las comunidades
autónomas, del art.153 CE se deduce que estas pueden dictar normas con fuerza de ley y otras de
carácter reglamentario que estarán subordinadas a aquellas:

El control relativo a la constitucionalidad de las disposiciones con fuerza de ley será ejercido por el
TC.

Decretos legislativos y decretos-leyes: Las comunidades autónomas pueden producir normas a


través de decretos legislativos y sus disposiciones tendrán aplicación solo en su territorio y siempre
únicamente en el ámbito de sus competencias. No obstante, en caso de extraordinaria y urgente
necesidad, el Consejo de Gobierno de la comunidad autónoma podrá dictar medidas legislativas
provisionales en forma de decretos- leyes, siempre que:

• Esta posibilidad esté prevista en sus respectivos estatutos de autonomía.


• Sean posteriormente convalidados por el parlamento autonómico.
• No afecten a los derechos y libertades de los ciudadanos, a la regulación de las
instituciones autonómicas ni al régimen electoral de la comunidad autónoma.
• Decretos: Dictados por el presidente de la comunidad autónoma, por lo general, a
propuesta del consejero correspondiente y previa deliberación y aprobación del
Consejo de Gobierno.

◦ Normas forales - Dictadas por los diputados forales de diputaciones.


◦ Reglamentos - Dictados por el presidente de la comunidad autónoma y los
consejeros en materias propias de su departamento.
◦ Ordenes - Dictadas por consejeros autonómicos.
◦ Resoluciones - Dictadas autonómicos, directores de agencias, etc. por
viceconsejeros institutos, universidades,
4. LA PERSONA EN SENTIDO JURÍDICO: CONCEPTO Y
CLASES, SU NACIMIENTO Y EXTINCIÓN
Bajo el punto de vista jurídico, se considera persona a todo ser capaz de tener derechos y
obligaciones. En relación con este concepto, debemos definir el término personalidad como la
aptitud legal de una persona para ser titular de derechos y deberes. La personalidad es una cualidad
jurídica; la idea fundamental consiste en reconocer que una persona o una entidad (empresa,
asociación o fundación) tiene unos derechos y unas obligaciones. Al tener la titularidad de los
mismos, la persona o entidad ya puede obrar legalmente.

4.1. Clases de personas

4.1.1 Personas físicas


Se entiende por persona física a todos los seres humanos con capacidad de adquirir derechos y
contraer obligaciones. Las personas físicas gozan de los derechos que la Constitución y las demás
normas le otorgan. Basta con el hecho de existir para que las personas físicas sean protegidas por la
ley ; así, el Código Civil en su art.29 dice que: "El nacimiento determina la personalidad; pero el
concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables". Al concebido no
nacido se le conoce como nasciturus y el ordenamiento jurídico le otorga protección simulando que
ha nacido para todos los efectos que le sean favorables. Así, por ejemplo, cuando una persona al
tiempo de su muerte tiene un hijo concebido pero no nacido, se le considerará heredero si llega a
nacer y reúne los requisitos del art.30 CC (nacimiento con vida + vida extrauterina independiente).
No obstante, hay diversas teorías que tratan de explicar el principio de la existencia de la persona:

Teoría del nacimiento: Según esta teoría, se es persona desde el momento del nacimiento, no
teniendo el feto relevancia ni protección jurídica durante el embarazo.
Teoría de la concepción: Para esta teoría, el feto tiene vida independiente y por lo tanto, antes de
nacer, ha de ser considerado como sujeto de derechos y protección.
Teoría intermedia o ecléctica: Establece el principio de la personalidad en el nacimiento, si bien
reconoce ciertos derechos al feto desde el momento de la concepción. Es la teoría que va en la línea
de nuestra CE.
Teoría de la viabilidad: Esta teoría exige nacer con vida y además, con capacidad para seguir
viviendo de forma independiente fuera del vientre materno.

En nuestro ordenamiento jurídico la adquisición de la personalidad tiene lugar con el nacimiento


(art.29 CC). No obstante, se establecen en el artículo 30 dos requisitos respecto del nacido para que
tal efecto se produzca :

Nacimiento con vida: Entero desprendimiento del seno materno: vida extrauterina independiente
de la madre. Hasta el año 2011, el Código Civil exigía para la adquisición de la personalidad, tener
figura humana y vivir 24 horas enteramente desprendido del seno materno. Sin embargo, a partir de
la Ley 20/2011, del Registro Civil, el art.30 pasa a afirmar que: "la personalidad se adquiere en el
momento del nacimiento con vida una vez producido el entero desprendimiento del seno materno".
Así pues, cualquier ser nacido mediante parto de una mujer, una vez separado de ella, alcanza de
manera inmediata la personalidad.

4.1.2. Persona jurídica


Es toda organización o grupo de personas físicas a la que la ley reconoce personalidad
independiente y diferenciada de la de cada uno de sus miembros o componentes. Las personas
jurídicas suelen clasificarse en corporaciones (sociedades o asociaciones, según tengan ánimo de
lucro o no) y fundaciones, o personas jurídicas de derecho público o derecho privado.

4.2. Capacidad jurídica y capacidad de obrar


El nacimiento de una persona física o la creación de una persona jurídica conlleva inmediatamente
la consecuencia de considerarla como un miembro más de la comunidad en la que se inserta,
originando derechos y obligaciones de inmediato, aun cuando tal persona no pueda saberlo (recién
nacido) o no pueda llevarlos a la práctica (menor o incapaz).

4.2.1. Capacidad jurídica


Es la aptitud o idoneidad necesarias para ser titular de derechos y/ o obligaciones. La capacidad
jurídica se adquiere con el nacimiento y se mantiene durante toda la vida, por lo que no se puede
graduar ni matizar: o se tiene o no se tiene (o se es persona o no). Los términos capacidad jurídica y
personalidad coinciden.

4.2.2. Capacidad de obrar


Es la aptitud para realizar eficazmente actos jurídicos que nos permitan ejercitar los derechos u
obligaciones correspondientes a la persona y que estos surtan los efectos legales previstos. La
capacidad de obrar se obtiene con la mayoría de edad y se mantiene también a lo largo de nuestra
vida, pero no es igual en todos los hombres, puesto que está condicionada por otras facultades como
la inteligencia o la voluntad. Así, podemos distinguir:

La capacidad de obrar general: aptitud de una persona para realizar actos con eficacia jurídica (18
años).
La capacidad de obrar especial: aptitud requerida para realizar con eficacia jurídica un acto
determinado, como por ejemplo adoptar (25 años) o testificar (14 años).
La capacidad plena o limitada: según esté afectada o no por circunstancias que la modifiquen o la
restrinjan (edad e incapacitación).

Al contrario de lo que ocurre con la capacidad jurídica, la capacidad de obrar permite graduaciones
y clasificaciones según el tipo de acto que se pretenda realizar por el sujeto de derecho y así, por
ejemplo, no basta ser mayor de edad para poder adoptar, sino que es necesario haber cumplido 25
años. En consecuencia, la que adquiere relevancia es la capacidad de obrar que, en cada caso
concreto, permitirá dilucidar si el sujeto de derecho puede realizar o no un determinado acto con
eficacia jurídica.
4.3. La mayoría de edad
Según el artículo 12 CE, los españoles son mayores de edad a los 18 años. Asimismo, el artículo
240 CC dispone que la mayoría de edad empieza a los 18 años cumplidos añadiendo que, para el
cómputo de los años de la mayoría de edad, se incluirá completo el día del nacimiento.
Normalmente, la mayoría de edad marca el paso de la incapacidad a la capacidad de obrar, aunque
la ley también establece edades especiales para tener determinados derechos. Al alcanzar la mayoría
de edad, el sujeto se emancipa, se produce la salida de la patria potestad o de la tutela y la persona
adquiere capacidad de obrar plena.
Por contra, la minoría de edad es un estado civil que se caracteriza por la sumisión y dependencia
del menor a las personas que ostentan sobre él la patria potestad, sus padres o sus tutores, al
considerarse que el menor no tiene la suficiente capacidad de entendimiento. La capacidad del
menor de edad se encuentra por tanto limitada con el fin de evitar que la posible responsabilidad
que pueda derivarse de sus actuaciones, le perjudique. No obstante lo anterior, existen otros casos
especiales en los que se concede una capacidad de obrar a menores de edad para actos específicos
como ocurre por ejemplo, con la edad de 14 años para poder testar y testificar:

4.4. La emancipación
La emancipación supone la independencia de la patria potestad o tutela a la que en principio está
sujeto el menor de edad, pese a no haber llegado aún a la mayoría de edad, y permite que el mayor
de 16 y menor de 18 años pueda disponer de su persona y de sus bienes como si fuera mayor de
edad. Sin embargo, la configuración del tema por parte del Código Civil es diferente, pues entiende
que la primera causa de emancipación es alcanzar la mayoría de edad.

4.4.1. Clases de emancipación


La emancipación tiene lugar (art.239 CC):

Por la mayoria de edad.


Por concesión de los que ejerzan la patria potestad, acto que debe formalizarse en escritura pública
o mediante comparecencia ante el encargado del registro. Es requisito inexcusable que el menor
tenga 16 años cumplidos y que preste su consentimiento a la emancipación ante el notario o juez.
Por concesión judicial, a petición del menor mayor de 16 años sometido a patria potestad o tutela,
previa audiencia de los padres cuando concurra alguno de los supuestos de hecho contemplados en
el art.244 CC:

• Cuando quien ejerce la patria potestad contrajere nupcias o conviviere maritalmente con
persona distinta del otro progenitor.
• Cuando los padres vivieren separados.
• Cuando concurra cualquier causa que entorpezca gravemente el ejercicio de la patria
potestad (separación, divorcio,).

Por su parte, en el supuesto contemplado en el art.245 CC (sujeto a tutela mayor de 16 años) se


utiliza el giro “conceder el beneficio de la mayoría de edad al sujeto a tutela mayor de 16 años que
lo solicitare”. Sin embargo, en el fondo, ambas figuras son aspectos de una misma moneda: a
petición de los menores que hayan cumplido 16 años y acrediten la conveniencia de la misma, el
juez podrá conceder la emancipación. En el caso de que el menor se encuentre sujeto a tutela, el
Código Civil no requiere presupuesto complementario alguno, aunque la solicitud debe ser fundada.
Por otra parte, el art.243 CC regula otra modalidad de emancipación al disponer que se considerará
para todos los efectos como emancipado al hijo mayor de 16 años que con el consentimiento de los
padres viviere independientemente de estos, pudiendo los padres revocar este consentimiento. La
nota característica de dicho tipo de emancipación radica en que es revocable, frente al resto de las
clases de emancipación que tienen naturaleza irrevocable. De ahí que, en principio, la legislación
del Registro Civil no haya considerado tradicionalmente oportuna la inscripción de la emancipación
por vida independiente.

4.4.2. Efectos de la emancipación


En general, la emancipación sitúa al menor emancipado en una situación de capacidad intermedia
entre la mayoría y la minoría de edad desde el punto de vista patrimonial. Así, el art.247CC
establece que la emancipación habilita al menor para regir su persona y bienes como si fuera mayor
y podrá comparecer por sí solo en juicio. Lo anterior es aplicable también al menor que hubiere
obtenido judicialmente el beneficio de la mayor edad. No obstante, el mismo precepto dispone
ciertas limitaciones, de modo que, hasta que llegue a la mayoría de edad, el emancipado no podrá:

• Tomar dinero a préstamo (pero sí prestar dinero o recibir en préstamo cualquier otro tipo de
bienes distintos al dinero).
• Gravar o enajenar bienes inmuebles y establecimientos mercantiles o industriales u objetos
de extraordinario valor sin consentimiento de sus padres y, a falta de ambos, sin el de su
defensor judicial.

Con la Ley 15/2015 de Jurisdicción Voluntaria, se eleva la edad mínima para casarse de 14 a 16
años, ello supuso la modificación del artículo 239 CE, donde se suprimió la opción de la obtención
de la emancipación por matrimonio. Por lo tanto, la emancipación se obtiene por la mayor edad, por
concesión de los que ejerzan la patria potestad o por concesión judicial.
El artículo 46 CE determina que no pueden contraer matrimonio los menores de edad no
emancipados ni los que estén ligados con vinculo matrimonial. Por lo tanto, para poder contraer
matrimonio, las dos personas menores de edad deben estar emancipadas.
El Código Civil establece una regla especial, en los supuestos de los menores emancipados que
contraen matrimonio antes de la mayoría de edad ( es decir, entre los 16 y los 18 año): "Para que el
casado menor de edad pueda enajenar o gravar bienes inmuebles, establecimientos mercantiles u
objetos de extraordinario valor que sean comunes, basta si es mayor el otro conyuge, el
consentimiento de los dos; si tambien es menor se necesitara, ademas, el de los padres o curadores
de uno y de otro” (art.324 CC). Por tanto, el menor de edad emancipado casado con una persona
mayor de edad, puede igualmente tomar dinero a préstamo contando con el consentimiento de su
cónyuge.

4.5. Extinción de la personalidad: la declaración de fallecimiento

El art.32 CC establece que la personalidad civil se extingue por la muerte de la persona. Por ello,
entre otras razones, resulta necesario precisar el momento del fallecimiento.

Para casos de muerte simultánea existen dos teorías:


Teoría de la conmorienda:establece que, en el caso de que dos personas llamadas a sucederse
hayan muerto sin poder demostrarse quién falleció antes, por ejemplo en un accidente de automóvil,
se presume que ambas murieron a la vez. Esta es la teoría contemplada por nuestro Código Civil.
Teoría de la premoriencia:establece criterios sobre quién ha muerto antes en determinadas
circunstancias, en las que no es posible acreditarlo fehacientemente y los fallecidos estaban
llamados a sucederse (como en el ejemplo anterior). En este caso, se presume que los de mayor
edad han muerto antes que los de menor edad.

Por otra parte, el art.34 CC regula la presunción de muerte del ausente para aquellos otros supuestos
en los que una persona se encuentra desaparecida sin que se tenga noticia alguna de ella durante un
plazo de tiempo prudencial, o bien aquellas personas que hayan participado en campañas bélicas,
sufrido naufragio o accidente aéreo y de cuya supervivencia no se tenga constancia.
En este sentido, la declaración de fallecimiento es una declaración judicial por la que se considera
como fallecida a una persona desaparecida en determinadas circunstancias y durante los plazos
establecidos en la ley, a fin de que sus familiares puedan disponer de sus bienes y acceder a las
prestaciones que en su caso puedan derivarse de su muerte. Así, según el art.193 cc, procede la
declaración de fallecimiento:

Transcurridos 10 años desde las últimas noticias habidas del ausente, o, a falta de estas, desde su
desaparición. El plazo se computará desde la expiración del año natural del en que ocurrió la
desaparición.
Pasados 5 años desde las ultimas noticias o, en defecto de estas, desde su desaparición, si al expirar
dicho plazo hubiere cumplido el ausente 75 años. El plazo se computará, desde la expiración del
año natural en que se tuvieron las últimas noticias.
Cumplido 1 año, contado de fecha a fecha, de un riesgo inminente de muerte por causa de
violencia contra la vida, en que una persona se hubiese encontrado sin haberse tenido, con
posterioridad a la violencia, noticias suyas. En caso de siniestro este plazo será de 3 meses. Se
presume la violencia si en una subversión de orden político o social hubiese desaparecido una
persona sin volverse a tener noticias suyas durante el tiempo expresado, siempre que hayan pasado
6 meses desde la cesación de la subversión.

Por su parte, en virtud del art.194 CC, procede también la declaración de fallecimiento:

De los que perteneciendo a un contingente armado o unidos a él en calidad de funcionarios


auxiliares voluntarios, o en funciones informativas, hayan tomado parte en operaciones de campaña
y desaparecido en ellas luego que hayan transcurrido 2 años, contados desde la fecha del tratado de
paz, y en caso de no haberse concertado, desde la declaración oficial de fin de la guerra.
De los que resulte acreditado que se encontraban a bordo de una nave cuyo naufragio o desaparición
por inmersión en el mar se haya comprobado, o a bordo de una aeronave cuyo siniestro se haya
verificado y haya evidencias racionales de ausencia de supervivientes.
De los que no se tuvieren noticias después de que resulte acreditado que se encontraban a bordo de
una nave cuyo naufragio o desaparición por inmersión en el mar se haya comprobado o a bordo de
una aeronave cuyo siniestro se haya verificado, o, en caso de haberse encontrado restos humanos en
tales supuestos, y no hubieren podido ser identificados, luego que hayan transcurrido 8 días.
De los que se encuentren a bordo de una nave que se presuma naufragada o desaparecida por
inmersión en el mar; por no llegar a su destino, o si careciendo de punto fijo de arribo, no retornase
y haya evidencias racionales de ausencia de supervivientes, luego que en cualquiera de los casos
haya transcurrido 1 mes contado desde las últimas noticias recibidas o, por falta de estas, desde la
fecha de salida de la nave del puerto inicial del viaje.
De los que se encuentren a bordo de una aeronave que se presuma siniestrada al realizar el viaje
sobre mares, zonas desérticas o inhabitadas, por no llegar a su destino, o si careciendo de punto fijo
de arribo, no retornase, y haya evidencias racionales de ausencia de supervivientes, luego que en
cualquiera de los casos haya transcurrido 1 mes contado desde las últimas noticias de las personas o
de la aeronave y, en su defecto, desde la fecha de inicio del viaje. Si este se hiciere por etapas, el
plazo indicado se computará desde el punto de despegue del que se recibieron las últimas noticias.

5. ADQUISICIÓN, CONSERVACIÓN, Y PERDIDA DE LA


NACIONALIDAD ESPAÑOLA

La nacionalidad es el vínculo que une a un individuo con un Estado determinado. El artículo 11 CE


dispone al respecto:

La nacionalidad española se adquiere, se conserva y se pierde de acuerdo con la ley.


Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad.
El Estado podrá concertar tratados de doble nacionalidad con los países iberoamericanos o con
aquellos que haya tenido o tengan una particular vinculación con España. En estos mismos países,
aun cuando no reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco, podrán naturalizarse los
españoles sin perder su nacionalidad de origen.

5.1. Adquisición originaria y derivativa


Siempre se ha considerado que la nacionalidad de origen era la atribuida desde el nacimiento a una
persona determinada en virtud de los criterios jurídicos-políticos utilizados:

La atribución de nacionalidad por la filiación o pertenencia del nacido a una determinada línea o
estirpe familiar (criterio ius sanguinis o derecho de sangre).
La atribución de la nacionalidad por el lugar de nacimiento, normalmente conocido como ius soli.
La nacionalidad adquirida o atribuida con posterioridad al nacimiento (por carta de naturaleza,
opción, residencia, matrimonio, adopción, etc.) se califica de nacionalidad derivativa.

Así pues, la nacionalidad de origen correspondería de forma natural o subsiguiente al nacimiento


mientras que la derivativa sería aquella adquirida de forma sobrevenida en un momento posterior al
nacimiento. Dicho esto, para referirse a la nacionalidad derivativa, técnicamente, resulta preferible
hablar con carácter general de "naturalización".
Nuestra legislación permite adquirir la nacionalidad de origen de forma sobrevenida o con
posterioridad al nacimiento. No obstante, es necesario seguir distinguiendo entre españoles de
origen y naturalizados a efectos de estudio.

5.1.1. Adquisición originaria (Nacionalidad de origen)


La nacionalidad de origen es aquella atribuida por razón de nacimiento, diferenciándose los
siguientes supuestos de hecho:

5.1.1.1. Por filiación (ius sanguinis - derecho de sangre)

Es el criterio fundamental de atribución de la nacionalidad española de origen: son españoles de


origen los nacidos de padre o madre españoles. En el caso de cónyuges de distinta nacionalidad, el
nacido puede ostentar dos nacionalidades distintas en el caso de que la legislación aplicable al
cónyuge extranjero contenga una regla similar a la española.

Este criterio opera con independencia del lugar de nacimiento, y es aplicable incluso en el caso de
que la nacionalidad española del progenitor o progenitores se encuentre en estado latente o en
suspenso por haberse acogido estos a cualquier tratado de doble nacionalidad. Asimismo, es
indiferente que la filiación sea matrimonial o extramatrimonial.

5.1.1.2. Por lugar de nacimiento (ius soli - derecho de suelo).

Son españoles de origen:

Los nacidos en España de padres extranjeros, si alguno de ellos hubiere nacido también en España.
Supone, pues, la atribución de la nacionalidad española de origen en virtud de ius soli, referido
tanto al nacido como a alguno de sus progenitores. La aplicación de la norma no tiene lugar
respecto a los "hijos de funcionario diplomático o consular acreditado en España", que adquieren la
nacionalidad de origen conforme a la regla general referida a la filiación.
El ius soli se aplica también a los nacidos en España de padres extranjeros, si ambos carecieran de
nacionalidad o si la legislación de ninguno de ellos atribuye al hijo una nacionalidad. La finalidad
de este precepto es clara: evitar los supuestos de apatridia.
Los nacidos en España, cuya filiación no resulte determinada. A estos efectos, se presumen nacidos
en territorio español los menores de edad cuyo primer lugar conocido de estancia sea el territorio
español. Pongamos el ejemplo al recién nacido abandonado en el portal de una casa, del cuál se
desconoce su línea fa miliar, y a quien elCC le atribuye la nacionalidad española por entender que
es la regla más práctica a aplicar.

5.1.1.3. Adopción de menores extranjeros por españoles


Se le otorga asimismo la nacionalidad española de origen al extranjero menor de 18 años adoptado
por un español (art.19.1 CC). En tal caso, la nacionalidad española se adquiere desde el momento de
la adopción, no desde el nacimiento.
5.1.1.4. Consolidación de la nacionalidad o posesión de estado
Puede consolidarse la nacionalidad española de origen en virtud de la "posesión de estado",
contemplada en el art.18 CC, según el cual, la posesión y utilización continuada de la nacionalidad
española durante 10 años, con buena fe y basada en un título inscrito en el Registro Civil, es causa
de consolidación de la nacionalidad, aunque se anule el título que la originó. La consolidación de la
nacionalidad española puede estar referida tanto a la de origen (el supuesto más común o frecuente)
como a la sobrevenida.

5.1.1.5. La descendencia de personas exiliadas o represaliadas (Ley 52/2007)


La Ley de Memoria Histórica (en vigor desde 28 de diciembre de 2007), declara en su exposición
de motivos que "amplía la posibilidad de adquisición de la nacionalidad española a los
descendientes hasta el primer grado de quieres hubiesen sido originalmente españoles. Con ello se
satisface una legitima pretensión de quienes perdieron la nacionalidad española por el exilio a
consecuencia de la Guerra Civil o la Dictadura". En concreto, la disposición adicional séptima,
establece que podrán optar a la nacionalidad española:

• Las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español.


• Los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como
consecuencia del exilio.

Ambos grupos pudieron optar a la nacionalidad española de origen, formalizando su declaración en


el plazo de 2 años desde la entrada en vigor de la disposición. El Consejo de Ministros, en el año
2010, amplió el plazo otro año más, pudiendo solicitarse la nacionalidad española hasta el 2011.

5.1.2 Adquisición derivativa o sobrevenida


Es la nacionalidad que se adquiere cuando voluntariamente se modifica la nacionalidad que
anteriormente se tenía. Es decir; personas que originariamente tenían otra nacionalidad o, en
supuestos excepcionales, carecían de nacionalidad alguna. Tales procedimientos son los siguientes:

5.1.2.1. La opción (artículo 20 CC)


Permite adquirir la nacionalidad española a aquellas personas que, a pesar de encontrarse
conectadas con España, carezcan de los requisitos necesarios para ostentar la nacionalida d española
de origen. Los supuestos de adquisición de la nacionalidad española en virtud de opción son los
siguientes:

• Estar o haber estado el interesado sujeto a la patria potestad de un español.


• Las personas que sean descendientes de padre o madre que hubiera sido originariamente
español y nacido en España. El ejercicio del derecho de opción en este caso no estará sujeto
a límite alguno de edad.
• La filiación o nacimiento en España cuya determinación se produzca después de los 18 años
de edad del interesado (art.17.2 CC). El interesado tiene derecho a optar por la nacionalidad
española de origen en el plazo de 2 años a contar desde aquella determinación.
• La adopción del extranjero mayor de 18 años de edad (que adquiere la nacionalidad
española de origen de conformidad con el segundo apartado de los artículos 17 y 19 CC). En
este caso, el interesado podrá optar por la nacionalidad española de origen en el plazo de 2
años a partir de la constitución de la adopción.

En general, la declaración de optar por la nacionalidad española, deberá ser realizada en el plazo de
2 años, a contar desde el momento en que se da el supuesto de hecho propio de la adquisición de la
nacionalidad española por opción. La declaración de opción se formulará (art.20.2 CC):

• Por el representante legal del optante menor de 14 años. En caso de discrepancia entre los
representantes legales del menor de catorce años sobre la tramitación de la declaración de
opción, se tramitará el expediente de jurisdicción voluntaria previsto al efecto.
• Por el propio interesado, asistido por su representante legal, cuando aquél sea mayor de 14
años.
• Por el interesado, por sí solo, si está emancipado o es mayor de 18 años. La opción caducará
a los 20 años de edad, pero si el optante no estuviera emancipado según su ley personal al
llegar a los 18 años, el plazo para optar se prolongará hasta que transcurran 2 años desde la
emancipación.
• Por el interesado con discapacidad con los apoyos y ajustes de procedimiento que, en su
caso, precise.
• Por el interesado, por sí solo dentro de los 2 años siguientes a la xtu1ci6 n de l a~ medidas d
apoyo que le hubieran impedido ,::; jercitarla con ante rioridad. 26 Los plazos previstos son
de caducidad. Por tanto, una vez transcurridos, el optante pierde todo derecho a utilizar
dicha vía de adquisición derivativa de la nacionalidad española. Dicha consecuencia no es
grave ya que el optante podrá neutralizarla mediante el plazo de residencia de 1 año.

5.1.2.2. La carta de naturaleza (artículo 21 CC)

La nacionalidad española se adquiere por carta de naturaleza otorgada discrecionalmente por el


Consejo de Ministros mediante real decreto, cuando en el interesado concurran circunstancias
excepcionales. Se trata de una forma especial y privilegiada de otorgamiento de la nacionalidad por
parte del poder ejecutivo. La nacionalidad por carta de naturaleza la podrá solicitar:

1. El interesado emancipado o mayor de 18 años.


2. El mayor de 14 años asistido por su representante legal.
3. El representante legal del menor de 14 años. En caso de discrepancia entre los
representantes legales sobre la solicitud de nacionalidad por residencia, se tramitará el
expediente de jurisdicción voluntaria previsto al efecto.
4. El interesado con discapacidad con los apoyos y ajustes de procedimiento que, en su caso,
precise.

En estos dos últimos casos, el representante legal solo podrá formular la solicitud si previamente ha
obtenido autorización conforme al art.20.2 a) CC. Las concesiones por carta de naturaleza o por
residencia caducan a los 180 días siguientes a su notificación si en este plazo no comparece el
interesado ante funcionario competente para:

• Hacer el juramento o promesa.


• Renunciar a su nacionalidad anteror.
• Inscribirse en el Registro Civil.

5.1.2.3. Ley 12/2015. de 24 de junio en materia de concesión de la nacionalidad


española a los sefardíes originarios de España
Se denomina sefardíes a los judíos que vivieron en la península ibérica y a sus descendientes, a los
que tras los Edictos de 1492 se les compelía a la conversión forzosa o a la expulsión. En cuanto a
las circunstancias excepcionales que se exigen para adquirir la nacionalidad española por carta de
naturaleza, se entiende que tales circunstancias concurren en los sefardíes originarios de España que
prueben dicha condición y una especial vinculación con España, aun cuando no tengan residencia
legal en nuestro país.
En todo caso, se deberá aportar un certificado de nacimiento debidamente legalizado o apostillado
y, en su caso, traducido. Asimismo, la acreditación de la especial vinculación con España exigirá la
superación de dos pruebas, diseñadas y administradas por el Instituto Cervantes.
La primera prueba acreditará un conocimiento básico de la lengua española, nivel A2, o superior,
del marco común europeo de referencia para las lenguas del Consejo de Europa, mediante la
superación de un examen para la obtención de un diploma español como lengua extranjera DELE
de nivel A2 o superior.
En la segunda prueba se evaluará el conocimiento de la Constitución española y de la realidad
social y cultural española. Los solicitantes nacionales de países o territorios en los que el español
sea idioma oficial estarán exentos de la prueba de dominio del español pero no de la de
conocimientos constitucionales y socioculturales. Solo deberán realizar el examen DELE y la
prueba de conocimiento de la Constitución española y la realidad social y cultural españolas, los
mayores de 18 años y personas que no tuvieran capacidad modificada judicialmente. Los menores y
personas con capacidad modificada judicialmente quedan exentos, aunque deberán aportar
certificados de sus centros de formación, residencia, acogida, atención o educación especial en los
que, en su caso, hubieran estado inscritos. El procedimiento de concesión de nacionalidad regulado
en esta ley será electrónico y la solicitud será remitida telemáticamente al Consejo General del
Notariado, que le dará curso teniendo en cuenta las preferencias manifestadas por el interesado, y
determinará el notario competente para valorar la documentación aportada.
Los interesados debían formalizar su solicitud en el plazo de 3 años desde la entrada en vigor de la
ley, plazo que fue prorrogado por acuerdo del Consejo de Ministros 1 año más, hasta el 1 de octubre
de 2019. Las solicitudes deberán ser resueltas en el plazo máximo de 12 meses desde su registro de
entrada en la Dirección General de los Registros y del Notariado; transcurrido el plazo sin
respuesta, se entenderán desestimadas.

5.1.2.4. La nacionalización por residencia (artículo 22 CC)


Es el supuesto normal de adquisición de la nacionalidad por nacionales de otros Estados, y exige la
residencia de la persona en España durante 10 años de forma legal, continuada e inmediatamente
anterior a la petición. No obstante, existen casos en los que el período de residencia exigido se
reduce; estos son:

1. 5 años para los que hayan obtenido la condición de refugiado.


2. 2 años, cuando se trate de nacionales de origen de los países iberoamericanos, Andorra,
Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal, o sefardíes.
3. 1 año para:

◦ El que haya nacido en territorio español.


◦ El que no haya ejercitado oportunamente la facultad de optar.
◦ El que haya estado sujeto legalmente a la tutela, curatela con facultades de
representación plena, guarda o acogimiento de un ciudadano o institución españoles
durante 2 años consecutivos, incluso si continuare en esta situación en el momento
de la solicitud.
◦ El que al tiempo de la solicitud llevare 1 año casado con español o española y no
estuviere separado legalmente o de hecho.
◦ El viudo o viuda de española o español, si a la muerte del cónyuge no existiera
separación legal o de hecho.
◦ El nacido fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que originariamente
hubieran sido españoles.

La residencia legal, continuada e inmediatamente anterior a la petición, no es causa de atribución de


la nacionalidad española, sino solo uno de los presupuestos necesarios para la concesión. El
Ministerio de Justicia podrá denegarla por "motivos razonados de orden público o interés nacional"
debiendo justificar el interesado en el expediente, buena conducta cívica y suficiente grado de
integración en la sociedad española.
En 2015, entró en vigor el RD 1004/2015 por el que se aprueba el reglamento por el que se regula el
procedimiento para la adquisición de la nacionalidad española por residencia. Asimismo, en 2016
entró en vigor la Orden JUS/1625/2016. de 30 de septiembre, sobre la tramitación de los
procedimientos de concesión de la nacionalidad española por residencia con el objeto de desarrollar
los preceptos del Real Decreto y establecer las directrices necesarias para su correcta aplicación.
Objeto del reglamento: regular el procedimiento de adquisición de la nacionalidad española por
residencia.
Competencia para la instrucción del procedimiento: Dirección General de los Registros y del
Notariado y tal instrucción será electrónica. El ministro de Justicia concederá la nacionalidad
española por residencia a aquellos extranjeros que, a través del procedimiento regulado en el
Reglamento, acrediten haber residido legalmente en España durante los plazos y con los requisitos
establecidos en el Código Civil.
Tramitación del procedimiento: tendrá carácter electrónico en todas sus fases, sin perjuicio de la
posible presentación de la solicitud en cualquiera de las formas previstas en el Reglamento.
Iniciación del procedimiento: por solicitud del interesado o de su representante legal o voluntario.
En el caso de menores de 14 años o personas con la capacidad modificada judicialmente, la
solicitud de nacionalidad española será formulada por los representantes legales del interesado. Se
requerirá para ello autorización del encargado del Registro Civil del domicilio del menor o persona
con la capacidad modificada judicialmente previo dictamen del Ministerio Fiscal que se concederá
siempre en interés del menor o de la persona con capacidad modificada judicialmente.

Documentos que deben acompañar la solicitud:

• Modelo normalizado de solicitud y, en su caso, mandato o poder del representante


voluntario.
• Certificado de nacimiento del país de origen debidamente legalizado y traducido en su caso,
salvo que el interesado acredite su condición de refugiado o apátrida, en los términos que
determine el Ministerio de Justicia.
• Pasaporte completo y en vigor del país de origen, salvo que el interesado acredite su
condición de refugiado o apátrida, en los términos que determine el Ministerio de Justicia.
Debe coincidir con el del país de origen que conste en la tarjeta de residencia.
• La documentación relativa al grado de integración en la sociedad española (art.6
Reglamento). No obstante, no será necesario aportar la justificación de las pruebas
superadas ante el Instituto Cervantes cuando en el modelo de solicitud se autorice
expresamente la consulta.
• Justificante del pago de la tasa.
• En su caso, la documentación que acredite cuando proceda, en los términos que determine el
Ministerio de Justicia, la concurrencia en el interesado de alguna o varias de las
circunstancias siguientes: falta de ejercicio de la facultad de optar a la nacionalidad
española; condición de refugiado o apátrida; nacimiento en territorio español; condición de
sefardi; matrimonio con español; condición de viudo de español; descendiente de español; o
minoría de edad en régimen de tutela, guarda o acogimiento no provisional por ciudadano o
institución española.

En caso de que el interesado sea menor de 18 años no emancipado o persona con capacidad
modificada judicialmente y sujeta a régimen de representación legal, deberá aportarse además:

• Menor de 14 años o persona con la capacidad modificada judicialmente y sujeta a régimen


de representación legal:

◦ La solicitud deberán firmarla sus representantes legales. En caso de presentación en sede


electrónica se sustituirá por el formulario on-line.
◦ Autorización del encargado del Registro Civil del domicilio del menor o persona con la
capacidad modificada judicialmente, en los términos establecidos en el art.4.3 del
Reglamento. Cuando no proceda dicha autorización deberá acreditarse la representación
legal.
◦ Certificado deCCntro de formación, residencia, acogida, atención o educación especial
que acredite el suficiente grado de integración, obligatorio en el caso de niños en edad
escolar. En el caso de menores en edad preescolar, la presentación de dichoCCrtificado
será voluntaria. En el caso de personas con capacidad modificada judicialmente, se
estará a lo dispuesto en el artículo 6. 6. del Reglamento.

• Mayor de 14 años pero menor de 18 años y no tiene la capacidad judicialmente modificada:

◦ La solicitud deberá firmarla tanto el interesado como su representante legal.


◦ Certificado deCCntro de formación, residencia o acogida que acredite el suficiente grado
de integración.
◦ Documento identificativo de quien ostente la representación cuando esta concurra en
quien tenga la patria potestad. En el caso de representación distinta a la patria potestad,
deberá aportarse auto judicial donde se designe la representación legal.

• Emancipados o mayores de 18 años que no tengan la capacidad judicialmente modificada y


sujeta a un régimen de representación legal o que no sean refugiados o apátridas: deberá
aportarse, además de la documentación general, certificado de antecedentes penales del país
de origen debidamente legalizado y traducido. Si el interesado es nacional de algún Estado
de la UE, dicho certificado se puede sustituir por el Certificado del Registro Central de
Penados español donde conste expresamente que se han consultado los antecedentes con el
país de origen.

Los interesados deberán acreditar la superación de:

• Los exámenes para la obtención del diploma de español como lengua extranjera (DELE)
como minimo de nivel A2.
• La prueba que acredite el conocimiento de los valores históricos, constitucionales y
socioculturales de España (CCSE), derivados de la configuración de España como un Estado
social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento
jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, y del conocimiento y
respeto de los principios de conforman la convivencia en la sociedad española. Esta prueba
estará formada por un 60 % de preguntas relativas a conocimientos sobre la Constitución y
la organización administrativa y territorial de España y un 40 % sobre cuestiones de cultura,
historia y la sociedad española.

NOTA: ambas pruebas serán presenciales, diseñadas y administradas por el Instituto Cervantes.

NOTA: estarán dispensados de la prueba de examen DELE los interesados que hayan obtenido con
anterioridad un diploma de español como lengua extranjera (DELE) como mínimo del nivel A2, así
como los nacionales de:

Argentina
Bolivia
Chile
Colombia
Costa Rica
Cuba
Ecuador
Guatemala
Guinea Ecuatorial
Honduras
Perú
México
Nicaragua
Panamá
Pueno Rico
El Salvador
Rep. Dominicana
Uruguay
Venezuela
Paraguay

Sin perjuicio de que corresponda al interesado la carga de la prueba de los requisitos para adquirir
la nacionalidad, con motivo de la tramitación del expediente se recabarán de oficio de las
Administraciones públicas competentes cuantos informes resulten necesarios y se llevarán a cabo
las comprobaciones oportunas por parte de la Dirección General de los Registros y del Notariado.
La Dirección General de los Registros y del Notariado, a la vista del expediente, elaborará la
correspondiente propuesta de resolución de concesión o denegación de la solicitud de nacionalidad
para su elevación al ministro de justicia.
El ministro de Justicia resolverá a la vista de la mencionada propuesta y, en los supuestos de
personal al servicio de las fuerzas armadas, del informe regulado en el artículo 9 del Reglamento.
La resolución deberá estar motivada y declarará la concesión o denegación de la nacionalidad
española por residencia. En todo caso, se entenderá suficientemente motivada la resolución del
expediente basada en el informe del Centro Nacional de Inteligencia que tendrá presunción de
veracidad. El procedimiento deberá ser resuelto y notificado en el plazo máximo de 1 año desde de
que la solicitud haya tenido entrada en la Dirección General de los Registros y del Notariado.
Transcurrido dicho plazo sin que haya recaído resolución expresa, se entenderán desestimadas por
silencio administrativo las solicitudes formuladas por los interesados. La resolución será notificada
al interesado o su representante, en el lugar y la forma que conste a tal efecto en el expediente, con
expresión de los recursos que sean procedentes, plazo y órgano para su interposición, así como de
las condiciones para que dicha resolución tenga plena eficacia.
La eficacia de la resolución, quedará supeditada a que, en el plazo de 180 días contados a partir del
día siguiente a la notificación de la resolución al interesado o a su representante, se realicen ante el
encargado del Registro Civil las manifestaciones a que se refiere el artículo 23 del Código Civil,
relativas al juramento o promesa de fidelidad al rey y obediencia a la Constitución y a las leyes, la
renuncia a la nacionalidad anterim; cuando proceda, y la solicitud de las inscripciones
correspondientes en el Registro Civil, sin que hasta ese momento haya cometido el interesado actos
incompatibles con el requisito de la buena conducta cívica.
Juramento o promesa:En el plazo de 5 días desde las manifestaciones a que se refiere el párrafo
anterior; el encargado del Registro Civil competente por razón del domicilio del interesado en
España procederá a la inscripción de la adquisición de la nacionalidad española, poniéndose con
ello fin al procedimiento.
Recursos: Frente a la resolución de concesión o denegación podrá interponerse recurso potestativo
de reposición ante el mismo órgano que dictó el acto o directamente recurso contencioso-
administrativo ante la Audiencia Nacional.

5.1.2.5. Requisitos comunes a la adquisición derivativa

El art.23 CC establece los siguientes requisitos que son comunes para la validez de la adquisición
de la nacionalidad española por opción, carta de naturaleza o residencia:

• Que el mayor de 14 años y capaz para prestar una declaración por sí jure o prometa fidelidad
al rey y obediencia a la Constitución y a las leyes.
• Que la misma persona declare que renuncia a su anterior nacionalidad. No deberán cumplir
este requisito los nacionales de origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea
Ecuatorial o Portugal o los sefardíes.
• Que la adquisición se inscriba en el Registro Civil español.

5.2. Pérdida de la nacionalidad española


En primer lugar, es necesario puntualizar que ningún español de origen podrá ser privado de su
nacionalidad; sin embargo, no existe ningún precepto que obligue a los españoles de origen a
mantener indefinidamente la nacionalidad española. Por lo tanto, debemos distinguir entre la
posibilidad que tienen los españoles de origen de perder la nacionalidad española voluntariamente y
la privación de la nacionalidad española a la que se puede someter coactivamente como sanción a
los españoles que no lo sean de origen.

5.2.1. Pérdida voluntaria de la nacionalidad (artículo 24.1 y 47.2 CC)


Esta se puede producir por renuncia expresa a ella según el artículo 24.1 CC el cual dispone que
pierden la nacionalidad española los emancipados que, residiendo habitualmente en el extranjero,
adquieran voluntariamente otra nacionalidad o utilicen exclusivamente la nacionalidad extranjera
que tuvieran atribuida antes de la emancipación. La pérdida se producirá una vez que transcurran 3
años, a contar, respectivamente, desde la adquisición de la nacionalidad extranjera o desde la
emancipación.
No obstante, los interesados podrán evitar la pérdida si dentro del plazo indicado declaran su
voluntad de conservar la nacionalidad española al encargado del Registro Civil. La adquisición de
la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal no es
bastante para producir, conforme a este apartado, la pérdida de la nacionalidad española de origen.
En todo caso, según el art.24.2 CC, pierden la nacionalidad española los españoles emancipados que
renuncien expresamente a ella si tienen otra nacionalidad y residen habitualmente en el extranjero.
Por otra parte, los que habiendo nacido y residiendo en el extranjero ostenten la nacionalidad
española por ser hijos de padre o madre españoles, también nacidos en el extranjero, cuando las
leyes del país donde residan les atribuyan la nacionalidad del mismo, perderán, en todo caso, la
nacionalidad española si no declaran su voluntad de conservarla ante el encargado del Registro
Civil en el plazo de 3 años, a contar desde su mayoría de edad o emancipación.
Por último, no se pierde la nacionalidad española, en virtud de lo dispuesto en el citado art.24 CC si
España estuviera en guerra.

5.2.2. Pérdida de la nacionalidad como sanción (artículo 25 CC)

Los españoles que NO lo sean de origen perderán la nacionalidad:

• Cuando durante 3 años utilicen exclusivamente la nacionalidad a la que hubieren declarado


renunciar al adquirir la nacionalidad española.
• Cuando entren voluntariamente al servicio de las armas o ejerzan cargo político en un
Estado extranjero contra la prohibición expresa del Gobierno español. La sentencia firme
que declare que el interesado ha incurrido en falsedad, ocultación o fraude en la adquisición
de la nacionalidad española produce la nulidad de la adquisición. La acción de nulidad
deberá ejercitarse por el Ministerio Fiscal de oficio o en virtud de denuncia, dentro del plazo
de 15 años.
5.3. Recuperación de la nacionalidad española (art.26 CC)

El español que haya perdido esta condición podrá recuperarla cumpliendo los siguientes requisitos:

• Ser residente legal en España. Este requisito no será de aplicación a los emigrantes ni a los
hijos de emigrantes. En los demás casos podrá ser dispensado por el ministro de Justicia
cuando concurran circunstancias excepcionales.
• Declarar ante el encargado del Registro Civil su voluntad de recuperar la nacionalidad
española.
• Inscribir la recuperación en el Registro Civil.

No podrán recuperar o adquirir la nacionalidad española, sin previa habilitación concedida


discrecionalmente por el Gobierno los que se encuentren incursos en cualquiera de los supuestos
previstos en el punto 5.2.2.

6. EL DOMICILIO

Podemos definir el domicilio como el lugar de residencia habitual, comoCCntro de ejercicio de los
derechos y cumplimiento de las obligaciones. En la Constitución, el domicilio viene recogido en el
artículo 18.2 en el cual garantiza su inviolabilidad. Evidentemente, en tal precepto el domicilio se
identifica con la vivienda en la que reside la persona, para garantizar que nadie pueda entrar o
penetrar en ella, ni siquiera las autoridades o agentes de la autoridad sin resolución judicial o en
caso de flagrante delito o de otra forma, en caso de consentimiento del titular o propio interesado.
El artículo 19 CE, reconoce a los españoles el derecho a elegir libremente su residencia habitual a
circular por el territorio nacional. El Tribunal Constitucional, también estima necesaria la exigencia
de una autorización judicial para la entrada o registro en las habitaciones de hotel. Por su parte, el
Código Civil establece en su artículo 40 que, para el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de
las obligaciones civiles, el domicilio de las personas naturales es el lugar de residencia habitual, y,
en su caso, el que determine la Ley de Enjuiciamiento Civil (en adelante LEC).

6.1. Clases de domicilio

6.1.1. Domicilio real o voluntario

El domicilio real hace referencia a la residencia efectiva, fijada a voluntad de la persona, y presenta
los siguientes caracteres:

• Es un domicilio real, puesto que la base es la residencia efectiva de la persona en un


determinado lugar.
• Es un domicilio voluntario en cuanto su constitución, mantenimiento y extinción dependen
de la voluntad de la persona a quien afecta.
• Es un domicilio de libre elección, en tanto la ley asegura y garantiza la libertad del
interesado para elegir su domicilio y trasladarlo al lugar que quiera.
6.1.2. Domicilio legal o necesario

El domicilio legal es el lugar donde la ley presume que una persona reside de una manera
permanente para el ejercicio de sus derechos y cumplimiento de sus obligaciones, aunque realmente
no esté allí presente. El domicilio legal presenta los siguientes caracteres:

• Es un domicilio forzoso, en cuanto lo impone la ley independientemente de la voluntad del


interesado.
• Es un domicilio ficticio o puede serlo. Se supone la presencia del interesado en ese lugar
pero dicha presencia puede no ser real.
• Es excepcional y de interpretación restrictiva, en el sentido de que funciona solamente en
las hipótesis previstas por la ley, sin que estas situaciones puedan extenderse por analogía
otros supuestos.
• Es único en el sentido de que basta la concurrencia de uno solo de los elementos definidores
del domicilio legal para que se considere el domicilio de una persona. Este es el caso del
domicilio supuesto de los diplomáticos residentes en el extranjero por razón de su cargo y
que gocen del derecho de extraterritorialidad. Para tales casos, la ley establece que su
domicilio en España es el último que hubieran tenido en territorio español.

6.1.3. Domicilio electivo


Se habla de domicilio electivo para identificar el lugar de ejercicio de un derecho o más
frecuentemente del cumplimiento de una obligación, designado por las personas interesadas en
cualquier relación jurídica, con independencia del domicilio real de las mismas.
Así ocurre, por ejemplo, cuando se índica que el pago del alquiler se realizará en el inmueble objeto
de arrendamiento o en la oficina del arrendador. En tales casos, no se toma en consideración el lugar
de residencia habitual de persona alguna, sino la mera utilización instrumental de un lugar
determinado como espacio físico de imputación de una concreta actividad de relevancia jurídica. En
este sentido, el llamado domicilio electivo no es un verdadero domicilio (entendido como domicilio
real y efectivo de la persona).

6.1.4. Domicilio de las personas jurídicas


Cuando ni la ley que las haya creado o reconocido ni los estatutos o las reglas de fundación fijaren
el domicilio de las personas jurídicas, se entenderá que lo tienen en el lugar en que se halle
establecida su representación legal, o dónde ejerzan las principales funciones de su instituto (art.41
CC).

7. LA VECINDAD CIVIL

Al igual que la nacionalidad permite saber cuál es el ordenamiento estatal aplicable a las personas,
la llamada "vecindad civil" es un criterio de determinación de la legislación civil (común o foral)
aplicable a los ciudadanos españoles. Por consiguiente, la consideración de la vecindad civil es una
consecuencia necesaria de la coexistencia de los diversos regímenes jurídico-civiles existentes en
España: el derecho civil común, de una parte, y, de otra, los derechos forales. En este sentido la
Constitución dispone que el derecho estatal será, en todo caso, supletorio del derecho de las
comunidades autónomas. Por tanto, siendo así, es importante determinar si a una persona le es
aplicable el derecho civil común, o por el contrario, el derecho civil foral o especial. Las
comunidades autónomas carecen de competencias para regular la vecindad civil, estando reservada
la regulación de tal materia a la legislación estatal.

7.1. Adquisición de la vecindad civil


La atribución de la vecindad, respecto de los hijos, requiere distinguir entre el caso en que los
padres tengan la misma vecindad o que sea distinta.
En caso de igual vecindad, se tiene en cuenta el criterio ius sanguinis, es decir, la vecindad de sus
progenitores. Por la adopción, el adoptado no emancipado adquiere la vecindad civil de los
adoptantes.
En caso de que la vecindad civil de los padres no coincida, el hijo (natural o adoptado) tendrá la que
corresponda a aquél de los dos respecto del cual la filiación haya sido determinada antes; en su
defecto tendrá la del lugar de nacimiento y, en último término, la vecindad de derecho común.
Sin embargo, los padres, o el que de ellos ejerza o le haya sido atribuida la patria potestad, podrán
atribuir al hijo la vecindad civil de cualquiera de ellos en tanto no transcurran los 6 meses siguientes
al nacimiento o a la adopción. La privación o suspensión en el ejercicio de la patria potestad, o el
cambio de vecindad de los padres, no afectarán a la vecindad civil de los hijos.
En todo caso el hijo desde que cumpla 14 años y hasta que transcurra 1 año después de su
emancipación podrá optar bien por la vecindad civil del lugar de su nacimiento, bien por la última
vecindad de cualquiera de sus padres. Sí no estuviera emancipado, habrá de ser asistido en la opción
por el representante legal.
Por otra parte, el matrimonio no altera la vecindad civil. No obstante, cualquiera de los cónyuges no
separados, ya sea legalmente o de hecho, podrá, en todo momento, optar por la vecindad civil del
otro.
De lo expuesto se deriva que la vecindad civil se adquiere:

1. Por filiación: Tienen vecindad civil en territorio de derecho común o en uno de los de
derecho especial o foral, los nacidos de padres que tengan tal vecindad (en caso de padres
con igual vecindad) o la que corresponda a aquél de los dos respecto del cual la filiación
haya sido determinada antes; en su defecto, tendrá la del lugar del nacimiento y, en último
término, la vecindad de derecho común (en caso de padres con distinta vecindad).
2. Por nacimiento: En caso de duda, prevalecerá la vecindad civil que corresponda al lugar de
nacimiento. Por la adopción, el adoptado no emancipado adquiere la vecindad civil de los
adoptantes.
3. Por matrimonio: Los cónyuges pueden seguir con su vecindad anterior u optar por la del
otro cónyuge ya que el matrimonio no altera la vecindad civil.
4. Por residencia:

◦ Continuada durante 2 años, siempre que manifieste esa voluntad.


◦ Continuada durante 10 años, sin declaración en contrario, durante ese plazo. Ambas
declaraciones se harán constar en el Registro Civil y no necesitan ser reiteradas.
5. Por adquisición de la nacionalidad española : Al inscribir la adquisición de la
nacionalidad, el extranjero deberá optar por cualquiera de las siguientes vecindades:

◦ La correspondiente al lugar de residencia.


◦ La del lugar de nacimiento.
◦ La última vecindad de cualquiera de sus progenitores o adoptantes.
◦ La de su cónyuge.

Esta declaración de opción se formulará, según los casos, por el propio optante, solo o con
los apoyos que la persona con discapacidad, en su caso, precise, o por su representante legal.
Cuando la adquisición de la nacionalidad se haga por declaración o a petición del
representante legal, la autorización necesaria deberá determinar la vecindad civil por la que
se ha de optar. El extranjero que adquiera la nacionalidad por carta de naturaleza, tendrá la
vecindad civil que el real decreto de concesión determine, teniendo en cuenta la opción de
aquel.

6. Por recuperación de la nacionalidad española: La recuperación de la nacionalidad


española lleva consigo la de aquella vecindad civil que ostentara el interesado en el
momento de su pérdida. No obstante, se entiende que semejante consecuencia no tiene
carácter imperativo, ni es obligada para el interesado en recuperar la nacionalidad española.
Puede adquirir por residencia, una vecindad distinta a la que ostentara en el momento de
perder la nacionalidad española.

Por último, cabe mencionar que la vecindad civil se puede perder por:

• Pérdida de la nacionalidad española,


• Adquisición de otra vecindad.

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