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Cap III

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una dialéctica interna, una coherencia necesaria en su~.

resulta- III
dos y conclusi<:mes, y el intelectual para su responsab1hdad so-
71
cial ha de ser bien consciente de ello • ESTADO SOCIAL DE DERECHO

7. DEL ESTADO LIBERAL DE DERECHO


AL ESTADO SOCIAL DE DERECHO

Descartada la solución totalitaria fascista, que en definitiva


no hace sino reunir todos los males de fondo del liberalismo
(por ejemplo. la explotación capitalista) sin poseer ninguna de
sus ventajas (por ejemplo, la pretensión persona lista), los siste-
mas democrático-liberales occidentales han intentado evolucionar
desde sí mismos, pero con presión y estímulo exterior, a fin de
adaptar sus estructuras políticas y jurídicas a las nuevas necesi-
dades del desarrollo técnico, social y económico demandado en
estos ·últimos decenios.
Dicha evolución viene marcada, se dice, por el paso del Es-
tado liberal de Derecho al Estado social de Derecho, concibién-
dose éste como fónnula que, a través de una revisión y reajuste
11 Otras ublicaciones sobre e! tema general d~ este capítulo serían. del sistema, evite los defectos del Estado abstencionista liberal,
· ¡ .p F a cis L. CARSTEN, The Ríse oj Fasc1sm, Londres, Bat:f~rd,
por eiemp o. r nB l ·i:·d B~rral 1971)· Robert PARIS, les origines y sobre todo del individualismo que le servía de base, postulan-
l967 (trad. cast., arce ona, · ~ • • Ed p do planteamientos de carácter «social» que, por otra parte, que-
· Pari"s Ed flarnmarion ' 1968
. (trad. cast., Barcelona. · .. . en·
d u tasc1sme, • · ~ . · .
• 1 1969)- Nicos PouLANTZAS, Fasc1sme et d1ctature: la 1:01~1eme 111 den también perfectamente diferenciados de cualquier otro siste-
msu a, • p . M 0 1970· Karl D1etnch BltA·
temationale /ace au f~scismel.. a~, a~er k' Prae~er 1970· Peter Cor- ma cercano a los totalitarismos fascistas. El Estado social de
c HER The german D1ciators 11p, u eva or ' . '. ' F kf Derecho, «casi» es obvio advertirlo, continúa constituyéndose
. ' M . -TASC H Ko;pcrativism11s und Autor1tat1smus_. ;.~n ~rt
nehus AA\hER .. Verlag 1971 · Ernst NoLTE, Die krise des 11or:ta1eil como auténtico Estado de Derecho. ¡
am M t enaum ' ' t B elona Edi
d
system; und die ¡aschistischen Bewegu11ge11 (tra · cas ·· are d M ; El profesor Lucas Verdú, uno de los primeros que entre
torial Península, 1971 ). Sobre este libro de Nolte, cfr. :a 1
~ot a e . anude.
rb r 0 ,, pn ..¡ Bolet111 m ormat1vo e
nosotros y con más acierto se han ocupado del tema, analiza los
PASTOR, «Fascismo versus i era ism ' V V • 9 45· d 1 .. caracteres fundamentales de este tipo de Estado, que desde Wei-
ciencia política, núm. 8, Madrid, diciembre 197 l, pagsgi,_} -1 ' ~:1~~- mar (1919) y pasando por la crisis económica de 1929 y el New
mo autor y en la misma revista: núm. ?•
agosto de 1 1, clr. su p
Deal logra tras la Segunda Guerra Mundial imponerse como vi·
torio bibliográfico sobre el fasc1snw. pags. 171-186.

82 83
,1·
de la expansión y el desarrollo econom1co como de la acc10n
gente en gran parte de los países desarrol~ados ~ccidentales: ejé'Cuthra y administrativa de los órganos de gobierno. La cultu-
Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, etc.: «El ra de masas, la planificación incluso capitalista, la sociedad de
sozialer Rechtsstaat -escribe Lucas Verdú- se presenta, .por consumo, el constante progreso de la técnica, etc., son hechos
tanto, en medio del Estado liberal de Derecho Y del Nicht- y problemas que no parecen encontrar suficiente solución a tra-
12 vés de los instrumentos y procedimientos típicos del Estado
Rechtsstaat totalitario» • • •
El calificativo social quiere ahí hacer referencia, se dice, a .la liberal.
corrección del individualismo clásico liberal a través de u~a a~ir­ En concreto, son dos los puntos del liberalismo que precisan
mación de los llamados derechos sociales y de una reahza.c1ón someterse a una mayor crítica y revisión: el individualismo y 'el
de objetivos de justicia social: «Al lado de los derechos. de liber- abstencionismo estatal. Frente a ello, lo que se propugna en el
tad -dice Lucas Verdú- aparecen, como en We1mar, los Estado social de Derecho es un Estado decididamente interven-
derechos sociales». y paralelamente actúa como meta la consecu- cionista, un Estado activo, un Estado, se repite, dotado de un
ción de un bienestar social que configura precisamente al Esta- <(ejecutivo fuerte». Esta primacía del ejecutivo dará lugar en
do social de Derecho como W elfare State y como Estado mate- seguida a una cierta crítica del parlamentarismo 74 (insistir en
rial de Derecho frente al carácter meramente formal, que no la ineficacia del Parlamento es habitual en esta concepción),
muy fundadamente, se atribuye a la fórmula institu,cional del y también a una crítica de la función de los partidos políticos y
liberalismo. «Se puede concluir -señala Lucas Verdu- que ~l de otras instituciones consideradas básicas en el sistema liberal.
sozialer Rechtsstaat es una feliz expresión que designa una reali- Puede decirse que las mejores de estas críticas y autocríticas han
dad ya mentada anteriormente cuando la incorpor~ción de l.os contribuido muy poderosamente al perfeccionamiento de la de-
derechos suciales a las constituciones europeas. Tratase ~el ~n­ mocracia en nuestro tiempo.
tento loable de convertir en Derecho positivo viejas a~pir.ac10- Pero en modo alguno cabría, en efecto, confundir y equipa-
nes sociales, elevadas a la categoría de principios constI~c1ona­ rar esas y otras críticas con las que, como hemos visto, se ha-
les protegidos por las garantías del Estado de Derecho» . . . . cían al liberalismo desde Jos totalitarismos fascistas y sistemas
En definitiva, lo que se viene a poner ahora en tela de JUICIO semejantes. El Estado social de Derecho está, como un paso
es la eficacia del liberalismo clásico como sistema capaz de re- más, aunque de cierto alcance, en la línea del Estado liberal de
solver los difíciles y complejos problemas que en el marco de Derecho. A pesar de sus variantes, continúa reuniendo las ca-
una moderna sociedad industrial se plantean tanto con respecto racterísticas y exigencias que anteriormente (1, 3) hemos defini-
do como propias de todo Estado de Derecho: imperio de la ley,
n Pablo LUCAS VERDÚ, Estado liberal de Derecho y Estado social de
formalizada como tal en un órgano popular representativo, se-
Derecho, cit., pág. 68. ·• ¡ D paración y distribución de poderes, legalidad de la Administra-
n LucAS VERDÚ, ob. cit., pág. 70. Cfr. tambíén su Introdu~c1011 a e-
recho político: las transformaciones sociales del Derecho pol1;1co actual, ción y garantía de los derechos y libertades fundamentales 75 •
Barcelona, Studia Albornociana, 1958. especialmente el .cap1t~lo s~~re
«El Estado social de Derecho como estructura de la c?nv1venc'.a poht1~a
occidental»; Ja obra incluye una abundante y sele~c1?nada b1bhog:afia " Sobre este tema es de interés el número monográfico de Tite Poiiti-
sobre el tema del Estado de Derecho. Con postenondad a est~ h~'.º· cal Ouarterly. «The Decline of Parliarnent», vol. 34, núm. 3, julio-sep-
véanse también del profesor LucAs VERDÚ los trabajos «Conslltucwn, tiembre 1963.
Administracíón y Pianííicación: tres princ}pio.s ~á~icos r~guladorcs de la " Sobre el sentido actual del Estado de Derecho en esta orientación,
convivencia política occidental», en Estudws ¡ur1d1co-socrales en t:om~na­ cfr. el trabajo preparado por la COMISIÓN !NTERNACIOl'.'AL DE JURISTAS,
je a L. Legaz, tomo Il, Santiago de Compostela. 1960: <dd~ologrns, ins- The Rule uf Law lll a free Soc1ety, Ginebra, 1959 (versión oficial en
tituciones y sistemas político-sociales eur. '!•COS», en el Boletm !nforma: 1- castellano, El imperio de la ley e11 las sociedades libres. Ginebra. J960).
vo del Seminario de Derecho Político ae la U111vers1d,ad. d.e Salamanca, También de la misma CoMJSlÓN, Aspectos dinámicos del imperio de la
ley en la época moderna, Ginebra. 1965.
nu'm . 28 , marzo 1963 · Asimismo su importante obra Prmc1p1os de crencra
política, 3 vols., Madrid, Ed. Tecnos, 1967-197 !.
85
84
Manteniendo estas exigencias, el «ejecutivo fuerte» del Esta- los medios configurar al Estado social de Derecho en una no-
do social de Derecho queda perfectamente diferenciado del, di- ción tan abstracta, vaga e indefinida que permita ser aplicada
gamos, «ejecutivo absolutamente incontrolado» de :os. Estados a todas las circunstancias imaginables. Por todo ello, decíamos,
totalitarios 76 • El Estado social de Derecho es un autentico Esta- hay que dejar bien en claro que el calificativo «social» no sirve
do de Derecho. Situado en la vía hacia la democracia, puede, ni debe servir para hacer sin más de todo Estado un Estado de
no obstante, decirse que no se alcanza con él todavía la fase Derecho. El Estado social de Derecho, para merecer en rigor
evolutiva que hoy exige una sociedad realmente democrática. esta denominación, deberá responder a las exigencias que se han
El Estado de Derecho, al igual que la democracia, aparecen en considerado propias de todo Estado de Derecho.
esta concepción, como puede verse, no como esencias y con- El problema, veíamos, podía precisamente presentarse en
ceptos cerrados, sino como procesos siempre abiertos a posibles cuanto que alguno de esos mencionados presupuestos del Estado
y necesarios perfeccionamientos. de Derecho parecía encontrar hoy alguna dificultad de adapta-
A pesar de que pueda parecer obvio, conviene insistir en esa ción al tipo de institucionalización político-jurídica que se con-
idea en cuanto que últimamente se· advierte en algunos secto- sidera necesaria para dar cumplimiento a los objetivos econó-
res la tendencia a querer utilizar la expresión Estado social de mico-sociales, que corresponden sin duda en nuestro tiempo a los
Derecho para ser aplicada a Estados que en modo alguno reúnen Estados de países desarrollados o en vías de desarrollo. La situa-
esas características de los Estados de Derecho, sino que más ción de la Administración y del poder ejecutivo, configurándose
bien se aproximan al tipo del Estado. autoritario, y ello aunque como los órganos activos de la dirección tanto política COP10
se interesen por el bienestar social. Parece como si con el cali- económico-social del país, parecen venir así a suscitar algunas
ficativo «social» (y con otros términos similares como «sociali- dudas sobre la viabilidad actual de las exigencias del Estado de
zación», que previamente se vacían de todo contenido claro Derecho: dudas, en concreto, sobre el Parlamento como órgano
y concreto) pretendiera trivializarse aquí la expresión Estado más adecuado, con su composición tradicional, para el control
de Derecho, con la finalidad de poder calificar como tal a todos de la actividad legisladora, y en seguida, claro está, sobre el
los Estados aue al menos verbal y teóricamente proclamen «un principio de la separación de poderes y de la legalidad de la
cierto afán ;etórico por Jo social», con lo que hoy realmente Administración.
ningún Estado quedaría excluido de semejante denominación. El punto central de la polémica incide sobre el tipo de poder
Es, puede decirse, un hecho paralelo al de la ambigüedad y tri- que cabe atribuir a la Administración en esa función de incre-
vialización que interesadamente esos mismos sectores fomentan mentar el desarrollo económico-social con vistas a la consecu-
77
y pretenden crear hoy en torno al término «democracia» • ción de una sociedad del bienestar. Se está de acuerdo por lo
Se admite en esas concepciones autoritarias que el Estado general en admitir la necesidad de un «ejecutivo fuerte», nunca
liberal de Derecho era algo muy concreto y definido. En segui- de un «ejecutivo incontrolado». En este sentido se considera en
da se declara de buen grado superado, y se intenta por todos el Estado social de Derecho que el órgano estatal más adecuado
para llevar a cabo esta función inmediatamente directiva y de
" Para este punto concreto, cfr. mi artículo «Ejecutivo fuerte Y eje- control de la actividad económica y social no es el Parlamento
cutivo incontrolado», en Cuadernos para el Diálogo, núms. 35-36, Madrnl,
~oosto-seotiembre 1966. En los todopoderosos Estados totalitarios el po-
clásico, demasiado lento y poco especializado, se dice, sino más
d~r ejec~tivo es en verdad incontroiado por ios úrgauos rcprcscnt:itivos bien, y aunque no exclusivamente, el poder ejecutivo, o sea, la
de caráctt:r popular y democrático, pero es períectamente controlado. Administración y sus técnicos; con la creciente importancia de
claro está, por tos grandes grupos capitalistas y las élites del poder. ésta se constituye el llamado Estado administrador o Estado de
11 Será muy útil ver para este punto el citado núm. XI l extraordina-

rio de Cuadernos para el Diálogo (Democracia y Derechos humanos).


la Administración 78 •
tvtadrid, diciembre 1968, especialmente en este tema concrfJº los artícu- " En esta problemática admínistrativista incide muy especialmente la
los de Carlos Ollero. E. Tierno Galván, Eduardo Cierco Y Raúl"1v1orodo. obra <le Ernst FoRSTH OFF; y, entre otros, los siguientes trabajos suyos:

86 87
Se expresa con ello una indudable necesidad objetiva de paulatin~. sosjalización ha hecho absolutamente dependiente
nuestro tiempo que, sin embargo (conviene insistir en ello desde la vida de cada hombre del funcionamiento estatal en términos
ahora), puede resultar perfectamente compatible con los princi- incomparables con cualquier otra situación histórica» ( ... ). El in-
pios fundamentales de todo Estado de Derecho. La constante, dividuo «hoy, por diferencia de lo que ha venido pasando en
rápida y eficaz intervención de la Administración en la vida del otras sociedades históricas, no ejerce un verdadero señorío más
país reclama, es cierto, que ésta posea una gran capacidad dis- que sobre una parte mínima de sus condiciones materiales de
positiva y decisoria: la Administración, suele decirse, necesita existencia, estando el resto de su esfera vital a cargo del Estado,
legislar. En ella la legislación se dinamiza extraordinariamente el cual debe subvenir a Jo que los alemanes llaman la Daseins-
como única forma de proveer a las necesidades de esa constante vorsorge 31 , la procuración de la existencia de los ciudadanos,
actividad socioeconómica. y no sólo ya el orden externo. De este modo, la dependencia
Ahora bien, precisamente por este aumento de poder de Ja del ciudadano respecto del Estado se ha agudizado en términos
Administración se exige hoy más perentoriamente el control y extraordinarios. En una organización pública de esta naturaleza
la responsabilidad jurídica del mismo. El respeto al principio de -señala Enterría- no pueden ya aceptarse poderes absolutos,
la legalidad de la Administración, su actuación según ley, signi- o poderes irresponsables, o poderes incontrolados, o poderes in-
fica así la aceptación actualizada del principio de la división de tangibles o perpetuos, que serían tanto como puros arbitrios de
poderes, y con respecto de Ías facultades normativas de aquélla, disposición sobre la vida de los ciudadanos y sus condiciones
también la aceptación esencial del control ejercido por la volun- enteras de existencia».
tad popular como punto central de toda la construcción 79 • En «Son estas nuevas condiciones sociales y políticas -continúa
esta perspectiva, el necesario aumento de poder de la Adminis- García de Enterria- las que imponen como una de las grandes
tración puede y debe seguir funcionando dentro de las exigen- tareas morales de nuestro mundo limitar el poder, hacerlo res-
cias generales del Estado de Derecho. ponsable, arbitrar medidas que permiten su control por criterios
Escribe acertadamente en esta línea el profesor García de En- de justicia.» Y concluye así Enterría, insistiendo en las dos fór-
terría 80 : «En el mundo político y jurídico de hoy, en efecto, la mulas que hoy pueden permitir más eficazmente ese control de
la Administración y, en última instancia, la protección de los
derechos y libertades del ciudadano: «Por una parte -dice-,
«Bcgriff und Wesen der sozialem Rechtsstaates», ponencia en !-as Verof- un derecho de impugnación judicial de los actos del poder pú-
f ent/ich1ur1gen der Vereinigung der Deutschen Staalsrechtslehrer, cuader- blico ante una instancia independiente y neutra capaz de enjui-
no 12, Berlín, 1954; Rechtsfragen der Leistenden Verwaltung, Stuttgart ciar la injusticia de los mismos; por otra, la institucionalización
(Kohlhammer), 1956; «La repubblica federale tedesca come Stato di diritto
e Sta to sociale», en Rivista trimestral e di Dirillo Pubblico, julio-septiem- de la discrepancia de los ciudadanos con el imperante en térmi-
bre 1956, págs. 547 y sigs.; «Der introvertlerte Rechtsstaat und seíne nos que eviten al conflicto otra salida que la violencia; en otras
Verortung», en Der Staat, tomo II, cuaderno 4, Berlín, 1963. Cfr. en cas- palabras: el reconocimiento de un derecho a la oposicíón polí-
tellano (además de su Tratado de Derecho Administrativo) dos confe-
rencias pronunciadas por Forsthoff en el Centro de Formación y Perfec-
cionamiento de Funcionarios y publicadas por dicho centro en 1966 con mentarías civiles a la encíclica «Pacem in terris», cit., Madrid, Tauros,
el títuio di; Pmb!emas actuales del Estado social de Derecho en Ale- 1963, págs. 142 y sigs.
manía. " Véase sobre este punto el trabajo de Lorenzo MARTÍN-RETORTILLO,
" En definitiva, en el perfeccionamiento del efectivo y real control «La coníiguraclóii juridka de la Administración pública y el concepto
del poder por el pueblo radicaría el progresivo afianzamiento y fortale- de 'Daseinsvorsorge'», en Revista de Administración pilblica. mlr!!. 38.
cimiento del proceso siempre abierto en que consisten la <lemo-:racia y el mayo-agosto, J 962. págs. 35-65. Cfr. también en esta misma revista, nú-
Estado de Derecho. mero 47, mayo-agosto 1965, su comentario «'El genio expansivo ele! Es-
"' Eduardo GARCÍA DE ENTERRÍA, «La institucionalización del poder, tado de Derecho'. El principio de igualdad de oportunidades como ins-
una nueva perspectiva de la 'Pacem in terris'», en el libro colectivo Co- pirador de la asistencia oficial docente».

88 89
tica y la institucionalización de la misma para solventar el con- nica, etc., responden a motivaciones muy diferentes alcanzan
i~tensidades diversas y tienen un sentido completamen te opuesto
1

flicto en términos pacíficos» 82 •


Es importante perfeccionar los sistemas de control de la Ad- s1 se hacen desde el marco de un Estado social de Derecho
ministración 83 intentando, por otro lado, no entorpecer innece- o desde el de un Estado autoritario o totalitario 84•
sariamente su acción, que redunda o debe redundar en beneficio Esto no. pue?: ol~idarse, aunque se hable, como aquí se
de todos. Lo que aparece ineludible para la existencia de un Es- hace, de Ia rnsufic1encia del Estado social de Derecho. Los siste-
tado de Derecho es que la fiscalización se realice desde la ley ma~ de. carácter_ autoritario, con verdádera falta de objetividad,
y, además, que la voluntad popular --el electorado-- aparezca estan siempre dispuestos a apropiarse unilateralment;:; y a utili-
como fuente primaria de la legislación y como último y decisivo zar, por lo demás sin excesivo éxito, las críticas internas del Es-
órgano de control político. Estas características y otras a ellas t~do de_ Derecho. ~lvidando que los hechos y los conceptos
vinculadas y ya mencionadas son, debe decirse, exigencias de tienen siempre sentido dentro de un sistema, pero no -al me-
contenido de todo Estado de Derecho. nos el mismo sentido-- fuera de él, su única obsesión es sacar
Dentro de este cuadro ideológico y organizativo, derivado, precipitadamente de esas críticas conclusiones interesadas que.
como se ve, de las conquistas históricas logradas por el liberalis- demuestren la decadencia y definitiva sup¡,ración del Estado
mo, es donde tienen sentido los actuales intentos de corrección de Derecho.
y reforma del sistema con vistas a su adaptación a los datos
objetivos de las actuales sociedades desarrolladas e incluso semi-
desarrolladas. La crítica al parlamentarismo, a los partidos polí- 8. TECNOCRACIA E IDEOLOGÍA EN EL «WELFARE STATE»
ticos, etc., así como la defensa de la Administración, de la téc-
El Estado ,so~ial de D~recho se considera aquí, por tanto,
" Sobre si constituye o no un Estado de Derecho el actual (año 1962) como una autentica conqmsta histórica, como un paso adelante
sistema jurídico-político español, y con respuesta negativa, véase el infor· de carácter positivo, y ello tanto con respectQ a los Estados libe-
me de la COMISIÓN INTERNACIONAL DE JURISTAS sobre El imperio de la rales (de los cuales directamente procede) como sobre todo con
ley c11 España, Ginebra. 1962. En sentido contrarío, redactado por el respecto a los Estados totalitarios negadores de todo Estado de
SERVICIO INFORMATIVO ESPAÑOL, el escrito España, Estado de Derecho Derecho.
(Réplica a un informe de la Comisión fotemacional de Juristas), Madrid,
1964. Finalmente, preparado par la misma COMISIÓN INTERNACIONAL DE .s.in e?1bargo, repetidamente hemos hecho refrrencia a la in-
JURISTAS el trabajo sobre «Aspectos del imperio de la Ley: España desde suf 1c1~ncia actual y futura del Estado social de Derecho y a la
el último informe de la Comisión», en el Boletín de la CJJ, núm. 23, Gi- n.eces1dad de que éste venga superado en la forma más evolu-
nebra. agosto 1965, págs. 15-26.
" En este sentido se insiste hoy en la importancia de nuevas formus
c10nada y comprensiva del que podríamos denominar Estado
de fiscalización de la Administración, como son, por ejemplo, el Ombuds· democrático de Derecho. El proceso interno que se realiza en ci
man en el derecho sueco y la Prokuraiura en el sistema jurídico de la
l.t.,... • •
URSS. Estos modelos se han extendido después a otros países dotados . , J::.n esta, ~erspectiva contraria a los totalitarismos hay que situar las
respectivamente de similares sistemas jurídico-políticos. Puede consultarse rcv1s10nes cnll~as ~ue .con variedad de matices se proponen, por citar
con respecto al primero de ellos el «Repertorio bibliográfico sobre el obras ,de ~mplt~ d1fus16n e:1 :España, entre otros, Maurice DuVERGEll,
Ombudsman o el control parlamentario de la Administración», de Alva· 1
La \ l Repub!ique et le regime présidentiel, París, Librairie Artheme
ro GtL·RDBLES Y GIL-DELGADO, en el Boletín informativo de ciencia po- Fayard, 196! (trad: cast., Fra_ncia: Parlamento o Presidencia, Madrid,
lítica, núm. 6. abril de 1971, págs. 133-144. Cfr. ei estudio compurntlvo Taurus, 1962). o Pierre MENDES·fRANCE, La rép11bliaue moderne Pa ,
de W. GELLH ORN, Ombudsmen and olhers Citizen's proteclors in nine Ed. Gall~mard, Col. '.<ldées»: 1962 (trad. cast. Madrid: Ed. Aguilar: 19;~~:
countries, Cambridge, 1967, En España ha tratado este tema José María En Espana, una, similar actitud está, por ejemplo, presente en los libros
BOQUERA ÜLIVER, Derecho Admi111strativo y Socialización, Centro de de ,Man~cl }!MENE~ DE PARCA', La V Refública Francesa, Madrid, Edi·
Formación y Perfeccionamiento de Funcionarios. Madríd, 1965, especial- tonal T ~cnos, l 958, y los regimenes pol1ticos contemporáneos, Madrid
mente págs. 105 a 131. Ed. Tecnos. 1960 (2." ed .. 1965). '

90 91
Estado de Derecho pasa así consecutivamente por tres etapas y una técnica eficaz, se dirá) son perfectamente suficientes para
diferentes: liberal, social y democrática. lograr ese -0bje_t_ivo del desarrollo económico y, como consecuen-
Con ello no queremos decir que forzosa y necesariamente cia, el bienestar social general. En esta perspectiva, la política
en cada caso histórico concreto haya que recorrer y agotar todas y la ideología constituyen, se afirma, cosas ya completamente
y cada una de esas etapas, de tal modo que resulte absoluta- superadas, estorbos y, además, estorbos anacrónicos.
mente imposible pasar a una sin haber realizado plenamente la Por supuesto, no quiere decirse que este sistema de ideas
anterior. Es posible, sí (aunque no fácil), quemar etapas o abre- sea la tesis oficial, única y absolutamente aceptada en el marco
viarlas. Con todo, en dicho proceso se expresa una vía escalo- del Estado social de Derecho; se trata, como es bien sabido, de
nada para la construcción de la democracia, que, en mi opinión, una tesis debatida, una cuestión disputada. Sin embargo, pueden
puede resultar, y a pesar de todo está ya resultando, practicable muy bien afirmarse dos cosas: primera, que indudablemente
y válida para amplios sectores del mundo contemporáneo. dicha tesis marca la línea ideológica general que corresponde
Dentro de ella conviene examinar ahora el fundamento a las condiciones reales de los EStados del bienestar, y segunda,
ideológico y socioeconómico del Estado social de Derecho para que dentro de éstos, las disensiones con respecto a dicha tesis
comprender desde allí sus insuficiencias y la necesidad del paso proceden por lo general de actitudes favorables a una superación
a un Estado democrático de Derecho. realmente democrática del W el/are State.
Lo característico del Estado social de Derecho es, sin duda Técnica y administración, desarrollo y bienestar --conven-
alguna, el propósito de compatibilizar en un mismo sistema dos drá dejar esto bien claro corno punto de partida- constituyen
elementos: uno, el capitalismo como forma de producción, condiciones y exigencias objetivas de la sociedad industrial de
y otro, la consecución de un bienestar social general. La creen- nuestro tiempo. Constituyen, por así decir, hechos (y valores, si
cia en la posibilidad de semejante compatibilidad constituye pre- se quiere) que se imponen y que hay que aceptar: hechos que
cisamente el elemento psicológico, y al mismo tiempo ideológico, además se configuran con un marcado carácter positivo de pro-
que sirve de base al neocapitalismo típico del W elf are State. greso. En este sentido, nada más fácil, pero también nada más
Neocapitalismo orientado hacia el bienestar, o bienestar logrado inútil; que la crítica reaccionaria, verbalista y retórica contra
en el neocapitalismo, constituye, en efecto, el componente real el bienestar y contra la técnica. Hay grandes tendencias «espiri-
de los sistemas actuales que, como Alemania, Estados Unidos, tualistas» y «humanistas» especializadas en este tipo de crítica:
Francia, Inglaterra, Italia, etc., pueden' ser encuadrados con di- «materialismo» y «deshumanización» son términos que se utili-
versidad de matices en la fórmula del Estado social de Derecho. zan allí airadamente y con frecuencia sospechosa. Afortunada-
El Estado social de Derecho, decíamos, se caracteriza por mente, cada vez son más importantes y aceptadas las concepcio-
ser un Estado administrador (prevalencia en él del poder ejecuti- nes del humanismo que se muestran perfectamente compatibles
vo y administrativo que, de hecho, llega incluso a legislar) y, con la técnica, e incluso firmemente decididas a apoyar sus pos-
a la vez y desde otra perspectiva, un Welfare State, un Estado tulados en ella &S.
del bienestar, en cuanto que éste constituye el objetivo funda- El bienestar aparece, por tanto, como un objeto válido por
mental de aquél. El objetivo del bienestar conexionado al obje- sí. Otros podrán denominarlo, con terminología más tradicional,
tivo del desarrollo económico aparecen así como resortes que bien común; no se discute este punto: el bienestar constituye
movilizan la acción de la técnica y de la burocracia en el marco para todos un bien. El problema que se plantea en el Estado
de las modernas sociedades industriales. 11
Caracteriza al Welfare State, cabría resumir, un predominio La LibHografía sobre este tema es hoy abundantísima. Cfr., entre
otras, las obras de Georges FRIEDMANN, Sept F.tudes sur l'Homme et la
de la administración sobre la política; un predominio de la téc-
teclmique, París. Ed. Gonthier («Bibliotheque Médiations»), 1966: Geor-
nica sobre la ideología, no siendo desde aquí infrecuente la tesis ges ELGOZY. Automation et humanisme. París. Ed. Calmann, 1968, y Um-
de que la administración y la técnica (una buena administración berto CERRONI, Tecníca e liberta, 1970.

92 93
social de Derecho consiste, como decíamos, en analizar las posi- Indudablemente, la técnica (producción en serie, automa-
bilidades de compatibilidad entre. bienestar general y neocapita- ción, mecanismos para el consumo de masas, etc.) nivela. Pero
lismo. La creencia en esa posibilidad, la creencia en que desde no es menos cierto que la nivelación tecnocrática está muy lejos
el neocapitalismo puede llegarse a un bienestar social general de la verdadera democracia. El neocapitalismo, puede decirse,
(y universal), constituye la base de apoyo del W el/are State; produce la nivelación en los aspectos más superficiales de la
éste, en su fase actual, es neocapitalismo para el bienestar. vida social. Aumenta la producción, aumenta el consumo (y ello
Habrá que analizar algunas dudas que se han suscitado sobre es, por supuesto, importante), pero subsisten, entre otras cosas,
ese punto y cuyas razones son precisamente las que permiten decisivas y radicales desigualdades, así como deficiencias estruc-
exigir el paso de un Estado social de Derecho, neocapitalista, turales de fondo que aquél parece incapaz de salvar (sobre
a t;n futuro Estado democrático de Derecho, construido sobre todo si planteamos el problema a escala internacional).
principios de carácter socialista. El «fin de las ideologías» anunciado por los ideólogos de
El W el/are State quiere apoyarse en una prioridad de la téc- Ja sociedad tecnocrática significa también como consecuencia la
nica. Se piensa que es el progreso tecnológico quien puede con- supuesta despolitización de la vida colectiva. La administración
ducir a la «socialización», a la «democratización» y a la «nive- y la burocracia sustituyen a la política, los «expertos en medios»
lación)> socioeconómica, por la que tan ineficaz e inútilmente, sustituyen a los «expertos en fines», dando por sentado que el
se dice, habían suspirado las antiguas ideologías. Si esto es así, fin a lograr -el bienestar- no precisa ya de mayor clarifica-
el control del Estado deberá estar en manos de los técnicos, de ción ni concreción. Hay indudablemente una simplificación inte-
los expertos. Es a éstos, y no a los «políticos ideólogos)), a los resada en la idea tecnocrática y, en este sentido, en el de ser
que corresponde tomar las decisiones: la tecnocracia -entendi- la tecnocracia una ideología profundamente conservadora, cabe
da como poder o gobierno de los técnicos- aparece así inevita- concluir críticamente hablando -como ha hecho Raúl Mora-
blemente vinculada a un aparente proceso de desideologización, do-- de los «ideólogos del fin de las ideologías» ir1.
que aquélla incansablemente predica 116 •
doxe des teclmocrates. París, 1966; Henri LEFEBVRE, Position: contre les
,. El origen de la idea tecnocrática puede situarse en la conocida obra teclmocrates, París, Editions Gonthier, 1966; Philippe LARERE, Une rwu-
de James BuRN H AM, The managerial Revolutio11. publicada en l 94 l; vel/e classe moyenne. L'avenement des teclmicierzs. París, Les Editíons
desde entonces. y sobre todo en los últimos años (1966), debido al indu- Ouvricres (trad. cast. con el título Los técnicos: una nueva clase medía,
dable crecimiento económíco de los países occidentales, donde esta idea Algorta [Vizcaya). Ed. Zero, 197!); cfr. asimismo para una visión de
ha ido alcanzando cierta vigencia, la literatura sobre este tema se ha in- conjunto del problema, Ja obra de W. H. G. AllMYTAGE, Historia social
crementado extraordinariamente. Cfr. por orden cronológico: Ch. BET- de la tecnocracia, trad. casL, Barcelona. Ed. Península, 1970 (ed. inglesa,
TELHEIM (y otros autores), Jndustrialisation et tech11ocratie, París, Edi- The rise o/ the technocra/s. A social history, Londres, Routledge and
torial A. Colín, 1949; Jean BouRDIER. La dictature qui vient: la tecirno- Kegan Paul, 1965).
cratie, París, 1959; jean-Louis CoTT!ER, La Tech11ocratíe, nouveau pou- " Cfr. el trabajo de Raúl MoRono que se cita en la nota 88. Sobre
voir, París, 1959; J. BlLLY, Les Teclmiciens e/ le pouvoir, París, 1960; el problema del fin de las ideologías pueden verse, entre otros, los tra-
lean MEYNAUD. Technocratie et politique, París, 1960 (traducido por Jor- bajos de Edward S H !LS, «The end of ideology•, en Encounler, noviem·
ge DE ESTEBAN, Problemas ideológicos de! siglo XX, Barcelona, Ed. Ariel. bre de 1955, págs. 52-58; Daniel BELL, The end o/ Jdeo/ogy, Glencoe,
1964); I-lermann KUHN. Herrscha/1 der Exper/en. An den Gre11zen der The Free Press, 1960 (trad. cast. Madrid, Ed. Tecnos, 1964); S. M. LIP-
Dcmokratie. Würzburg. Werkhund, 1961; REYlSTA DE ESTUDIOS Po LÍTI- SEP, Political Man: Thc ~·ocia[ Basis of Politics, Nueva York, Doubleday,
COS, trabajos sobre Tecnocracia y Política (por G. VEDEL y otros auto- 1960 {trad. ca:;t .. Büenos 1\ires, Eudeba. 1963~!964); }ePn MEYNAUD . Des~
res) procedentes del Congreso Mundial de la IPSA. núm. 131. septiem- ti11 des idéologies, París, 1961 (traducido por Jorge DE ESTEBAN, Proble-
bre-octubre 1963; H. ¡AH NE (y otros autores), Techníque, dfreloppement mas ideológicos del siglo XX, Barcelona, Ed. Ariel, 1964}; también los
économique et technocratie, Bruselas. Editions de L'lnstitut de Sociolo- trabajos publicados en The American Política! Science Review, LX, mar-
gie, 1963; Raymond Bo1SDE. Technocratie et DémocraJie. París, Ed. Pion, zo 1966. por Joseph LAPALOMBARA, «Decline of ldeology: A Díssent and
1964; Jean MEYNAUD, La tec/111ocratie: mythe ou réai11é, Barís. Ed. Payo!, an lnterpretation», y por Seyrnour Martín LIPSET, «Sornme Further Com-
1964 (trad. cast., Madrid. Ed. Tecnos, 1968); Gcorges E!.GOZY. Le para- ments on 'The End of Idcology'»; Adan ScHAFF, «La définition fonc-

94 95
Quizá sea este carácter conservador el que paradójicamente cuanto respuesta cultural-valorativa a una determinada realidad
ha favorecido Ja difusión de esta tesis desideologizadora en so- e_n ~uanto.,.con~rptualización de un determinado sistema de Jegi~
ciedades que, junto a un cierto desarrollo económico, mantienen t1m1dad, obedece a resortes plenamente vigentes en un mundo
una elevada ideologización y un bajo nivel de evolución polí- co.mo el actual, caracterizado por el pluralismo y eJ fracciona-
tica. Dicha tesis -bajo apariencia neutralista- cumple allí la miento. Por supuesto, las ideologías -como la realidad de la
función de evitar la concurrencia y el pluralismo ideológico, cual proceden- se transforman, algunas pierden su razón de
'.:lyudando a conservar el predominio y el exclusivismo de la ser, su operatividad, su eficacia, los factores tecnológicos influ-
ideología oficialmente implantada, si bien quizá limitando y mo- yen sobre ellas; pero en cuanto interpretaciones y valoraciones
derando parcialmente los excesos últimos del dogmatismo ideo- del mundo y de los fines a realizar, su presencia es efectivamen-
lógico 811 • te incuestionable 89 •
Pero en general, e incluso en el marco de los países más A niveles más inmediatos, el binomio tecnocracia-desideolo-
desarrollados, las connotaciones ideológicas están lejos de haber gización se manifiesta en la zona de la actuación concreta del
perdido su operatividad, positiva o negativa. La ideología, en Estado como burocracia-despolitización: la administración pre-
tende sustituir a la política. Un Estado fuertemente intervencio-
tionnelle de l'idéologie et le probleme de la •fin du siecle de l'idéologie'»,
nista Y_P,lanificador precisa, es cierto, de un aparato organizativo
en la revista l'homme et la société, núm. 4, abril-marzo-junio 1967, pá- burocrat1co de extensión y complejidad considerable; y desde ahí,
ginas 49-59. Cfr. asimismo los trabajos sobre el lema de C. WRIG H T el Estado se constituye, veíamos, corno Estado administrador
MILLS, Da111d IlELL y Robert A. HABER recogidos en el libro Ueader in o burocrático. No obstante, y admitiendo este hecho como una
Political Sociology, preparado por Frank LiNDELFELD, Nueva York, funk
necesidad º?jetiva de la sociedad industrial actual, puede decir-
nnd Wagnalls, 1968, págs. 536 a 577.
" En este sentido ha sido entre nosotros interpretado el conocido libro se que el tipo de razones aducidas para un correcto entendi-
de Gonzalo fERNÁNDEZ DE LA MORA, El crepúsculo de las ideologías, Ma- m,iento ~e la conexión técnica-ideología conservan plena validez
drid, Ed. Rialp, 1965. La crítica de la pretendida desideologización y el en el mvel administración (burocracia)-política 90 •
desvelamiento de su carácter ideológico-conservador ha sido hecha en va-
19
liosos trabajos: Alberto MfcuEZ, «Muerte y resurrección de las ideolo- En relación con el concepto de ideología pueden verse entre otros
gías», en Cuadernos para el Diálogo, núms. 21-22, junio-julio 1965; Raúl Hans BARTH, Wahrheit und ldeologie, Zurich, Manesse Verlag 194S
MoRoDo, «Los ideólogos del fin de las ideologías», en Cuadernos para (trad. cast. Verdad e Ideología, México, Fondo de Cultura EconÓmica,
el Diálogo, núms. 23-24, agosto-septiembre, 1965; Miguel BóYER, «Exper- 1951); Jakob BARION, Was ist ldeologie?, Bonn, Bouvier, 1964; Wladimir
tos en fines y expertos en medíos", en Cuadernos para el Diálogo, nú- WEIDLE, «Sur le concept d'idéologie», en Res Publica vol 2 f 3
mero 27, diciembre 1965; José VIDAL BENEYTO, «Las pobrecitas ideolo- B 1 1960 ' • · • ase. •
~se as, , • n~mero monográfico sobre Les idéo/ogies et leurs app/i-
gías: comentario crflíco», en Indice, núm. 204, enero !966; Carlos María ca~1011s au XX s1ec/e (Lrad. cast. Madrid, Ed. Instituto de Estudios Po-
BRu, «Fin de la ideología: una láctica y una consigna», en Indice, núme- lltlcos, ~adrid, 1962); Donald G, MACRAE, /deology and Society, Lon-
ro 207, Madrid, 1966; Gonzalo PUENTE O¡EA, «De la función y el destino dres, He1mann, 1961; Kurt LENK, ldeo/ogie, Neuwied und Berlín Luch-
de las ideologías», en la re•1ista Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 202, terhand Yerlag, 1964; P. ConnETT, ldeologies, Nueva York, H~rcourt,
Madrid, octubre 1966; en orientación muy diferente que los anteriores, 1966; Mauro FonA, «ldéologies et élites contemporaines» en la revista
Luis GóMEZ DE ARANDA, El tema de las ideologías, Madrid, Ediciones L'homme et la société, núm. 5, julio-septiembre, 1967, págs~ 89-112; John
Europa, 1966, y Juan VALLET DE GOYTISOLO, lcleologia, praxis y mito PLAMENATZ, ldeo/ogy, Londres, Pal! Mal!, 1970.
de la tecnocracia, Madrid, fül. Escelicer, 1971. Cfr. dentro ya de plantea- "' Para el tema burocracia y administración en el contexto del Estado
mientos más generales los libros de Pablo LUCAS VERDÚ, Política e inte- actual, Charles S. HYNEMAN, Bureaucracy in a democracy, Nueva York,
ligencia, Madrid. Ed. Tecnos, 1965, y Principios de Ciencia Política, M<i- 1950; Robert MERTON (y otros), Reader in bureaucracy, lllinois, Glencoe,
drid, Ed. Tecnos, 1967 (especialmente el cap. VI sobre «Ideologías polí- 1952; Peter Bu.u, Bureaucracy in modern society, Nueva York, 1':15ti;
ticas, mitos y tecnocracia»). También el Discurso de Recepción en la A~fred SAUVY, La Bureaucratie, París, PUF, 1956 (trad. cast. Buenos
Academia de Ciencias Morales y Políticas del profesor Carlos ÜLLERO Aires, Ed. Eudeba'. _1961); Joseph LAPALOMDARA (y otros autores). Bu-
sobre Dinámica social, desarrollo econ6mico y forma política, Madrid, re~ucracy and pol1t1cal ;Jevelopment, Princelon University Press, 1963;
1966, especialmente págs. 21 y sigs. Mtchel CROZIER, Le phenomene bureaucratique, París, Aux Editions du

96 97
7
mismo donde existe acuerdo, pero en otros lo que hay es des-
La despolitización, se dice, es un hecho. Pero este hecho acu~r~o ); el se?undo, co;iexionado al anterior, se refiere al pro-
-junto al cual está también el hecho de ~ politización- ne- . eed1m1ento '¡ sistema mas apropiado para alcanzar un determi-
cesita ser explicado al menos con una triple anotación: primera, nado tipo de bienestar. Por supuesto que en ambas zonas la
la politización resurge en seguida cuando hace falta en zonas raz~~ Y la cienci,ª. serán las ll~adas a suministrar las respuestas
que apresuradan:-;nte los ideólogos de la despolitización habían declSl~a~. ~a cnhca a las tesis de la desideologización y de la
declarado definitivamente despolitizadas. Segunda, la despolili- despoht1zac16n lo que pretende, precisamente en nombre de
z.ación no tiene el carácter sinónimo de neutralismo que sus la razón y de la ciencia, es evitar la deificación como ciencia
ideólogos pretenden darle: la despolitización no es sino la con- de lo que en realidad es ideología, e ideología conservadora.
servación del sistema político vigente; la despolitización preten- ~1 profesor Tierno Galván escribe en este sentido 92 : «Se
de suprimir la crítica de carácter político -Y en realidad supri- e;cphca ,ue la p.olémica so?re ~l bienestar sea la polémica que
mir una auténtica oposición- imponiendo una determinada tiene mas actua.ltdad, que sintetiza las cuestiones más importan-
política, obligando al juego dentro de ella y configurando como tes de nuestro tiempo en el orden de la crítica cultural y la toma
técnicas las diferentes respuestas que en este limitado marco de conciencia respecto del pasado.» Y resume del siguiente
pueden darse. Tercera, si la despolitización no significa sino la modo el cuadro de elementos que configuran el contenido de lo
conservación del sistema político vigente, es indudable que aqué- que ho~ p~r~ce entenderse por bienestar en el mundo occidental:
lla tendrá un sentido totalmente diferente en el marco de un «En. pnnc1p10, el retroceso de la enfennedad y las mayores ga-
Estado social de Derecho que en el de Estados de carácter rantlas ante la muerte»; «cuando el occidental dice bienestar
más o menos marcadamente autoritario. Diferenciar esto con-
d~ce tambi.én. ~arantías de buena salud». «En segundo lugar'.
tribuirá a aclarar los equívocos que se producen cuando la ?1enestar s1gmf1ca descenso al mínimo de las dificultades en los
despolitización (como la desideologización) surgida en el ámbito instrumentos»; {<esta actitud, que es al mismo tiempo un elemen-
socioeconómico desarrollado del Estado social de Derecho quiere to básico ~el bienestar, puede llamarse con el nombre genérico
ser trasladada sin más, con fines totalmente interesados, a zonas de comodidad,,. «En tercer lugar, el bienestar significa un nivel
subdesarrolladas con dictaduras políticas o a sistemas autorita- de con.sumo suficiente para que la conciencia de clase no sea
91
rios de sociedades en semidesarrollo • mauvaise conscience. ~l ámbito del bienestar exige que aquello
En definitiva, aun tomando como centro y fin la idea de que en. general se ent~ende que son necesidades primarias y se-
«bienestar» (objetivo propio del Welfare State neocapitalista), c~nda~ias que.den cubiertas para todos con un mismo índice de
a pesar de las concretas connotaciones que aquélla expresa, las eficacia. Todos han de tener nevera, lavadora, coche.»
mayores resistencias a la desideologización y la despolitización Este es precisamente un punto importante: la cultura del
parecen provenir de dos hechos importantes: el primero alude neocapitalismo exige, en efecto, una cierta difusión y extensión
a las diferentes concepciones que del bienestar se manifiestan, del bienestar; la contemplación de la pobreza ajena puede ser
es decir, alude a la polémica sobre el bienestar (hay puntos del
~ Enrique TIERNO ÜALVÁN, Acotaciones a la historia de la cultura
Seuil. 1963: Henri DEROCH E, «Les mylhes administratifs», París, PUF. occ1dental en l~. Edad Moderna. Madrid, Ed. Tecnos, 1964, págs. 318 y
1966. En el número 10 de la revista L'homme et la société. octubre-no· 31?. Cfr. tamb1en sobre el tema del «humanismo del bienestar» su trn-
viembre-diciembre de 1968, cfr. los artículos de Mihailo MA11.Kov1c, «Les ba¡o «Humanisn:~ Y Sociedad>J, en el Boletín Informativo del Semi 11 ario
possibilités de dépassemenl de la bure:mcra!ie dans In société post-capita- de Di;recho Pol111co de la .Universidad áe Salamanca. núms. 29-30, 1963,
liste», págs. 53-64, y de Serge MALLET «Bureaucratie et technocratie daos r~cog1d.o después en el libro de ese mismo título, Barcelona. Edito-
les pays socialistes», págs. 147-172. Más recientemente, Claude LEFORT, nal Se1x-Barral. 1964. Puede verse un interesante unálisis crítico de un
Eléments d'une critique de ·la bureaucratie, París, Librairie Droz. 1972. concreto We/fare Sta/e en los artículos de Carlos MOYA, «La República
91 lean ToucHARD, «Les équivoques de la dépolilisation», en Argu-
F~deral Alemana: una sociedad nivelada», en Cuadernos para el Diá/og
ments, año VI, núms. 27-28, París, 1962; Georges VEDEL (y otros amo- num. 29, febrero. 1966, y nlims. 33-34, junio-julio, 1966. º·
res). La dépolitisation. mythe ou réalité?, París, 1962. ;~ _
99
98
en la actual sensibilidad un obstáculo para el propio bienestar. del consumidor satis/echo es más materialista --dice- que el
Pero no hay que hacerse demasiadas ilusiones: la «mala con- modelo marxista del proletario revolucionario.» Las razones éti-
ciencia» se aplaca relativamente pronto. En este sentid.~ se con- cas áparecen junto a las económicas en esta crítica al Estado
sidera aquí que el modelo del Welfare State, en func10n, de lo neocapitalista del bienestar: «Pero el W elfare State --concluye
que puede racionalmente exigirse hoy, no prod.uce toda~!~ una el profesor Aranguren-, más allá de esas desventajas morales
sociedad suficientemente democrática, una sociedad suficiente- a que acabamos de referirnos, en lo que tiene de positivo, la im-
plantación de un alto nivel de vida, es imposible de extender
mente nivelada.
«En cuarto lugar --continúa Tierno Galván-, bienestar sig- o generalizar, puesto que, como veíamos antes, supone una eco-
nifica un nivel de consumo estético y de ocio semejante, al me- nomía superdesarrollada de plena producción y pleno empleo.»
nos en los niveles mínimos. En quinto lugar, finalmente, bienes- A nivel sobre todo de un bienestar social general y univer-
tar significa confianza en los poderes de este mundo.» Tras esta sal es donde se manifiesta con toda claridad que el bienestar del
descripción de la cultura del bienestar, constata crítica:n.ente: neocapitalismo no es sin más la democracia, que el W el/are
«Apoyándose en el hecho del crecimiento constante del 01en~:­ State (el Estado social de Derecho) no es todavía el Estado de-
tar, se configura un hombre occidental trivializado por la facili- mocrático de Derecho. No se trata de menospreciar e infravalo-
dad v el nivel de consumo. En otras ocasiones lo hemos llamado rar estética y retóricamente al Estado de bienestar. Lo que apa-
el co.nsumidor satisfecho.» rece como necesario es entender democráticamente ese bienestar.
El problema es también el del sentido de ese b~~nestar en Así éste, el bienestar, podrá seguir siendo, por supuesto, obje-
relación con el hombre. Escribe Tierno: «La cuesuon conexa tivo central del Estado democrático de Derecho.
con el crecimiento del bienestar y el derecho al bienestar es la Esta concepción democrática del bienestar ha sido configu-
del porvenir de las humanidades. Los conocimient~s que ,tr.adicio- rada entre nosotros por Raúl Morado cuando, tratando explíci-
nalmente definen las humanidades -los estudios clas1cos-, tamente este tema, escribe 94 : «Bienestar significa algo concreto:
·tienen alguna función eficaz en la sociedad del bienestar? Esta nivelación u homogeneización de los estratos o grupos sociales.
~arece que es la cuestión esencial que explícita o implícitan;iente Sin nivelación socioeconómica no hay libertad, no hay democra-
se discute hoy. El humanismo del bienestar --concluye Tierno cia, no hay paz social. La nivelación exige planificación. Hay
Galván- podría ser el título de uno de los libros fundamenta- bienestar --concluye- cuando afecta a la generalidad.» En este
sentido, a la nota del bienestar se le añade, y esto es decisivo,
les de nuestro tiempo.»
Desde una perspectiva preferentemente humanista Y ética, la cualificación de la democracia. Concluye así Morado en el
el profesor Aranguren se ha referido también críticamente al Es- ámbito de un Estado democrático de Derecho: «Según esto, una
tado del bienestar 93 : «Económicamente, el W el/are Sta te supone legalidad es legítima, un Estado es legítimo, cuando tiene paz,
y significa -dice- la culminación del cap~talismo. De ahí que libertad, bienestar y democracia.»
no sea aplicable sino a los países que, habiendo franqueado ya
las etapas económicas previas del gran desarrollo de la produc-
ción y· del pleno empleo, estén maduros para ~l ingres~ en una 9. NEOCAPITALISMO Y ESTADO SOCIAL DE DERECHO
economía de consumo.» Y añade: «El mayor mconvemente del
Welfare State es el aflojamiento de la tensión moral. El modeio El W el/are State representa, decíamos, el intento de compa-
tibilizar dos elementos, neocapitalismo y bienestar, en el marco

., José Luís L. ARANGUREN, Etica y po/ític~, Mad.rid, Ed. ?uadarra-


ma, \963. págs. 293 y 297; anteriormente en Etzca social y función moral . " Ra~l MoRoDo, «Constitución, legalidad, legitimidad», en el Boletín
del Estado, Colección de conferencias del Ateneo de La Laguna, 1962. zn/ormatzvo del Seminario de Derecho Político de la Universidad de Sa-
lamanca, núm. 26, marzo 1962, págs. 66 y 67
pág. 15.

100 101
de la actual sociedad industrial 95 • Su institucionalización jurídi- social-económica,

logrando así crear una convercrencia
b
hacia el
co-política se lleva a cabo a través de la fórmula del Estado sistema opuesto, convergencia que a la larga modificará las ba-
social de Derecho. Pero así como antes veíamos las dificultades ses fundamentales del sistema. Finalmente, un tercer frente (que
para definir el término «bienestar», añadamos ahora que no es Promos considera como el correcto entendimiento del neocapi-
fácil ni unánime tampoco el acuerdo sobre qué deba entenderse talismo) cree que ciertos aspectos fundamentales del capitalismo
por «neocapitalisrno». h_an permanecido in-variados, mientras que otros han desapare-
La revista Promos recogía, en un número monográfico sobre cido o pueden desaparecer a medida que las propias exicrencias
el tema, los principales sentidos que en la ciencia económica de racionalidad o de competencia lo soliciten. En gene;al, los
actual se atribuyen al neocapitalisrno, haciendo asimismo un partidarios de esta tercera posición estarían de acuerdo en con-
correcto y clarificador análisis critico de los mismos: «Todos siderar que la evolución del propio neocapitalismo puede dar
estarnos de acuerdo -se decía, desde esa actitud, en su artículo lugar a un sistema completamente diferente; pero que, aun ha-
editorial s.s_ en que las características fundamentales del capi- biendo perdido, por ejemplo, caracteres como el de desarrollarse
talismo -propiedad privada de los medios de producción, eco- en el marco institucional del mercado, el de respetar plenamente
nomía de mercado y libre iniciativa en la organización de la ia libre iniciativa en la organización de Ja producción, etc., con-
producción- permanecen en el ne'ocapitalismo. Incluso aspec- servará la característica fundamental que es la de la propie..:ad
tos más concretos como la explotación del trabajo por el capital privada de los medios de producción desigualmente repartida
se manifiestan tanto en el capitalismo originario como en su entre los individuos» <n.
versión actual. También el ánimo de lucro, más o menos des- 1
personalizado, continúa siendo el motor fundamental del sis- • y¡ Para estas diferentes concepciones del neocnpitalismo, veánsc. por

e¡emplo, en pluralidad de actitudes, Albert LAUTERIJAC H, Economic secu-


tema.»
rit~· a11d individual Freedom. Ithaca, Princeton University Press. 1948;
Como resume, en efecto, Promos, tres parecen ser los dife- Jonn STRACH EY, Contemporary Capítalism, l 956 (trad cast. México. Fon-
rentes modos en que viene hoy entendido el neocapitalismo: do de Cultura Económica, 1960); Eugene V. RosTow, Planning for free-
«Uno que opina que la evolución del capitalismo ha dado lugar 1 dom (The public law o/ american capitalism), Yale Universíty Press,
a un sistema de organización fundamentalmente igual al ante- 1959; W. W. RosTow, The Stages o/ Eco110111ic Growth. A non Com-
munist Manifest. Londres, 1960; R. FossAERT, L'avenir du capitalisme,
rior, en el que sólo se han retocado aquellos aspectos que iban Pa:ís, Ed .. du Seuil, 1961; E. E. NAWROTH, Die sozial und Wirtschafts-
en contra del propio perfeccionamiento (en sentido capitalista) 1 ph1Iosoph1e des Neoliberalismus, Heidelberg, F. H. Kerlc, 1961; Pierrc-
del sistema; es decir, el neocapitalismo no es más que el resul- André KuNz. L'expérience néo·liberaíe allemande da11s le contexte inter-
tado de aumentar la eficacia y racionalidad del sistema capita- 1 national des idées. Lausanne, lmprimerie Ccntralc, 1962; Milton FRIED-
lista en beneficio de los que detentan el poder económico. Un ¡ MAN, Capítalism and Frecdom, University of Chicago, 1962 (trad. cast.
M~drid, Ed. Rialp, 1966); Andrew SH ONfIELD, Le capitalisme d'aujourd'
segundo frente tiende a creer que la evolución del sistema lo en-
camina hacia formas más socialízantes de organizar la vida
¡ hui. L'Etat et l'entrcprise, París. Gallimard, 1967. Especial interés ofrecen
en este punto las principales obras de 1ohn Kenneth GALBRAIT H, Ameri-
can capitalism, Bastan. 1952 {trad. cast. Barcelona, Ed. Ariel, 1958); The
" La versión compatibilizadora dd neocapitalismo y el bienestar en Aflue1.1/ society, Boston, 1958 (trad. cast. Barcelona, Ed. Ariel, 1960);
ei marco de ia sociedad úct;Ídental actual encuentra posib!en1ente su más !he liberal Hour, Cambridge, Mass., 1960 (trad. cast. Ed. Aricl, 1961);
inteligente y depurada expresión teórica en la obra de Raymond ARON, 1 J;e New industrial State. Nueva York, l':.lb'/ (trad. cast. Eá. Ariei. i9ó8).
de quien interesan aquí sobre todo sus famosos cursos de la Sorbona 1 Vease sobre esta última obra de GALBRAITH el número 429 (Madrid,
aparecidos en Ed. Gallimard. Col. «Idées»: Dix-huil lefOllS sur la socié- marz? de 1.969) d~ la revista /nf ?~mación Comercia/ Espaiíola (que edita
té industrielle (curso 1955-56), publicado en 1962; La lutte de c/asses: el Mm1steno de L-Omerc10, Serv1c10 de Estudios), dedicado casi íntegra-
nouvelles le~ons sur les sociétés industrielles (curso 1956·57). publicado m~ntc al deb~:e sobre «El nuevo Estado industrial». Asimismo el trabajo
en 1964; Démocratie et totalitarisme (curso 1957-58). public;i.do en 1965. cnt1co de Juhan SANTAMARfA «Industrialismo e Ideología», publicado en
.,. Revista Promos, núm. 31, noviembre de 1964. artículo editÓrial so- el, Boletín Injormativo de Ciencia Polítíca, núm. l, Madrid. junio de 1969,
bre «Neocapitalismo», pág. 2. pags. 56-61.

103
En estas condiciones, y aun admitiendo que el Welfare Sta- En este sentido y radicalizando las cosas se ha llegado a
te -velando más por la seguridad social del ciudadano-- ha plantear la cuestión de saber si, y hasta qué punto, el neocapi-
significado un avance positivo en relación con el capitalismo tal!smci, del· Estado social de Derecho no estaría en realidad
clásico, cabe perfectamente concluir con toda razón que el neo- encubriendo una forma mucho más matizada y sutil de dictadu-
capitalismo no constituye realmente un sistema de bienestar de- ra del gran capital, es decir, algo que en el fondo podría deno-
mocrático. Incluso a nivel interno, pero sobre todo considerado minarse, y se ha denominado, neofascismo (recordemos que se
el probiema a escala internacional, puede afirmarse sin parcí::i- ha definido aquí a! fascismo como dictadura de! capitalismo).
1ismo que tales modelos de organización neocapitalista están Desde luego no pueden hacerse sin más coincidentes los térmi-
lejos de haber creado una sociedad verdaderamente democrática. nos neocapitalismo y neofascismo, como tampoco lo eran en
La cuestión no se resuelve ni se entiende cuando se le da un toda circunstancia los términos capitalismo y fascismo. Este era
enfoque, como digo, exclusivamente nacionalista, referido al un totalitarismo capitalista, pero junto a él -y antes que él-
bienestar interno de un país superdesarrollado (donde, por otra había un capitalismo liberal del cual en principio parece proce-
parte, continúan también presentes con toda su fuerza las con- der el neocapitalismo del Estado social de Derecho. Este, con
tradicciones, tensiones y conflictos del capitalismo), ni tampoco con todas sus insuficiencias, se constituye frente al totalitarismo
tendría un planteamiento correcto hecho desde nacionalismos fascista como auténtico Estado de Derecho.
superiores, como serían, por ejemplo, un «nacionalismo f'••ropeís- Siendo esto cierto, no lo es menos el hecho de que en el in-
ta>> o un «nacionalismo atlántico». La democratización económi- terior de los sistemas ideológicos y económicos del neocapitalis-
ca, social y política debe ser propuesta hoy como meta de alcan- mo operan, a veces con fuerza determinante sobre las decisiones
ce universal, cosa realmente difícil de lograr con el imperialismo estatales, grupos y tendencias políticas que con todo rigor se
económico que parece inevitablemente derivar del neocapitalis- califican de neofascistas. La explicación sería la siguiente: la
mo propio de los más desarrollados Estados del bienestar. última guerra mundial significó la derrota del fascismo italiano
Se ha puesto de manifiesto desde esta perspectiva el para- y del nazismo alemán. Fue la derrota del fascismo en un alto
lelismo existente entre el antiguo capitalismo individualista ope- grado de su evolución y representó indudablemente un freno
rando a nivel nacional y el actual neocapitalismo «social» y un retroceso muy considerable para estos movimientos. Sin
operando a nivel internacional: ia desigualdad y explotación ca- embargo, puede decirse, la guerra y la posguerra no superaron
pitalista del proletariado en el interior de un país -que, por
otra parte, no desaparece, ni mucho menos, con la programación capitalismo, Barcelona, Ed. Seix-Barral, 1962); Shigeto TSURU (y otros
neocapitalista- vendría incrementada hoy en las economías de autores, como STRACHEY, SWEEZY, BETTELHEIM, KRONROD, DOBR, BA-
consumo por una desigualdad y explotación de los países ricos RAN, GALBRAITH), Has capita/ism. changed? Tokio, Ed. Iwanamy Sho-
ten, 1961 (trad. cast. ¿Adónde va el capitalismo?, Barcelona, Ediciones
desarrollados (países capitalistas), es decir, de sus oligarquías de Occidente, 1964); André GORZ, Stratégie ouvriere et néocapitalisme,
dominantes, sobre los países pobres subdesarrollados (países París, Editions du Seuil, 1964; Paul A. BARAN y Paul M. SWEEZY, Mono-
proletarios). Rasgos, actitudes y acciones belicistas y agresoras poly Capital. An Essay on the American Economic and Social Order,
en algunos de estos países de mayor desarrollo neocapitalista Nueva York, Monthly Review Press, 1966 (trad. cast. Méxíco, Ed. Si-
derivan indudablemente de esa posición económica de prepoten- glo XXI, 1968). En España, además de la ya citada revista Promos, de
Barcelona (que desgraciadamente se vio forzada a desaparecer), cfr. para
cia y del sistema ideológico que con ella se corresponde 98 • esa crítica al neocapitalismo los libros de Antoni JuTGLAR, Mitología del
neocapitalismo, Barcelona, Ed. Península, 1966; José María MARAVALL,
" Una acertada crítica del neocapitalismo puede encontrarse, además Trabajo y conflicto social, Madrid, Ed. Cuadernos para el Diálogo, 1967
de en el libro de SWEEZY, The theory o/ capita/ist development (ya cita- (2.' ed. revisada, 1968): José Ramón RECALDE, Integración y lucha de
do en la nota 22), en las obras de Paul A. BARAN, The Po/itical Economy clases en el neocapitalismo, Madrid, Ed. Ciencia Nueva, 1968; A. ABAD
o/ Growth, Nueva York, 1957 (trad cast. México, FCE, 1959): Jacques (y otros colaboradores), Reflexiones ante el neocapitalismo, Barcelona,
GERMAIN, Le capitalisme en question, París, 1960 (trad. cast. Proceso al Ediciones de Cultura Popular, 1968.

104 105
en absoluto el substrato socioeconom1co e ideológico del gran muchos antiguos fascistas y nazis encuadrados en las institucio-
capitalismo, que había posibilitado y apoyado. el nacimiento nes políticas y económicas del Estado social de Derecho, que,
y auge del fascismo. Sólo la progresiva eliminación de esa situa- sin haber cambiado lo más mínimo en su modo de pensar, tra-
ción de base habría ido logrando la desaparición del fascismo bajan y ejercen su influencia en pro de una hipotética vuelta
como fuerza social operativa. atrás por ellos considerada como factible y deseable. Igualmente,
No logrado aquello, el gran capital encontró fácil entrada en cuando se habla de neo fascismo tampoco se quiere hacer refe-
las nuevas estructuras demoliberales, llegando así a constituirse rencia principal a jóvenes nazis o fascistas que se declaran admi-
como pieza clave y central del W el/are State. Aunque institucio- radores incondicionales de Hitler o Mussolini. Todos éstos, viejos
nalizado en el llamado Estado social de Derecho, permanece o jóvenes, más que neofascistas son simple y puramente fascis-
siempre bajo éste -representada por sus grupos políticos y eco- tas y nazis; los neofascistas no son los jóvenes fascistas; el neo-
nómicos más reaccionarios y violentos- esa tendencia y propen- fascismo tampoco es única o fundamentalmente la vuelta de los
sión del capitalismo al control económico monopolista y a la viejos fascistas.
utilización de métodos políticos de carácter totalitario y dicta- Con la expresión «neofascismo» se hace especial referencia
torial, en evitación sobre todo de cualquier eventualidad real- en nuestro tiempo, como vengo diciendo, a un cierto tipo de
mente socialista. En este sentido es en el que suele afirmarse «fascismo tecnificado», dotado de una mucho menor carga ideo-
que en los Estados sociales de Derecho se aloja, en efecto, un lógica y romántica, que quiere sobre todo justificarse por razo-
elevado componente de fuerzas reales y de elementos ideológicos nes de eficacia (y en ello se aproximaría a las tendencias gene-
que configuran con bastante coherencia el hoy denominado rales tecnocrátícas del mundo actual), pero que, en última ins-
neofascismo. tancia, apelaría sin duda al poder totalitario y a la violencia
Lo primero que habría que resaltar en éste es, claro está, para la defensa a toda costa del sistema capitalista y de los «Va-
su íntima conexión con el fascismo; pero en seguida a la vez lores» de él dependientes. Es un fascismo adaptado a las condi-
la explícita diferenciación de ambos: fascismo no es lo mismo ciones de la sociedad del bienestar y a la economía del neocapi-
que neofascismo. No se trata tampoco solamente de una vuelta talismo: de él ha podido decirse (pensando sobre todo en su
al anterior fascismo de una simple y absoluta repetición: no agresiva política internacional) que concibe el W el/are State
habría entonces lugar para el prefijo diferenciador. Uno y otro como un Warfare State; y que con la misma mentalidad -de
con frecuencia aparecen mezclados y en indudable colaboración, absoluto desprecio al ser humano- ha pasado de la dirección
pero ello no impide su necesaria distinción 99 • de los viejos «campos de concentración» del nazismo a la direc-
Cuando se habla, por tanto, de neofascismo no se quiere alu- ción de los nuevos «campos de consumición» del neocapita-
dir directamente con esta expresión a la actual pervivencia de lismo 100 •

100
.. El término neofascismo, casi unánimemente aceptado desde hace Para un análisis de las perspectivas actuales del neofascismo y de
años en la historia de las ideas políticas y en el periodismo político los grupos de extrema derecha con respecto de la Alemania actual pue-
mundial, está siento acogido incluso en sectores antes totalmente reucios den verse, entre otros. Josef HINDELS, Hitler war kein Zufall, cit. en Ja
a utilizar dicha expresión; así, por i;jemplo. en las elecciones administra- nota 20, especialmente el capítulo sobre «I·lítler y la actualidad», págí·
tivas italianas de mayo de 1966, el diario ABC de Madrid, quizá por vez nas 163-193; Harry PRüSS, Va; und r.!!ch Hit/u; zur Deutschen Soúaí-
primera. se refirió al Movimiento Socíale Italiano (MSI) denominándole patlwlogie, Walter Verlag, Olten/Freiburg ím Breisgau, 1962, especial-
justamente como p<Jrtido neofascista. En este punto resultará útil con- mente págs. 143 y sigs.; Gerhard ZWERENZ, Wider die deutschen Tabus:
frontar Henri LEMAJTRE, Les jascísmes da11s l'histoire. París, Les Edí- kritik der reí11en Unvermmft. Munich. Paul List Verlag, 1962; Richard
tions du Cerf, 1959; jean-Píerre FAYE, «Langagcs totalitaires. Fasclstes et S. CnoMWELL. «Rightist Extremism in Pos!war West Germany», en The
nazis», en Cahíers Jnternationaux de Sociologie, núm>36 {Ml64). pági- Western Politlcal Ouarterly, vol. XVII, núm. 2, Salt Lake City, 1964.
nas 75-100; Fram;ois GAUCHER. Les fascisme est-il actuel?, París, Librní- Sobre la situación de los grupos de extrema derecha en Estados Unidos,
ric Fran.;:aise, J96J. cuyo peso es decisivo en la política interior e internacional del gobicr·

107
lista, cuy.o ej~mplo más típico y explícito lo constituyen amplias
Junto a este neofascismo actual, más tecnócrata y neocapi-
zonas de América del Sur, América Central y Oriente Medio.
talista, subsisten y surgen de nuevo otra serie de grupos mucho
E igualmente la Grecia de los coroneles.
más ideologizados, que cabe situar más en la órbita de lo que
Puede decirse que todos estos grupos, junto con esas ten-
es y fue el fascismo clásico. Entre éstos, y sin propósito de hacer
dencias de carácter neofascista, operantes --en íntima vincula-
una enumeración completa, cabría mencionar a los siguientes:
ción- en el interior del Welfare State, constituyen, sin duda,
a) En primer lugar, claro está, a los viejos nazis y fascistas en
un grave peligro para la libertad y el mayor obstáculo para la
países que colaboraron con el Eje en la última guerra, y muy
consecución en el mundo actual de un necesario Estado demo-
especialmente, por supuesto, en Alemania; b) partidos políticos
crático de Derecho. En el seno del Estado social de Derecho se
de extrema derecha reconocidos en los sistemas del Estado social
debaten, en efecto, una serie de fuerzas económicas e ideológi-
de Derecho; así, por ejemplo, en Italia, el MSI (Movimiento
cas, que a través de la imposición de unas u otras pueden aca-
Sociale Italiano), o en Alemania, el NPD (Natíonaldemokra-
bar por hacer de aquél una simple cobertura formal de una
tische Partei Deutschlands) !Ol; e) grupos racistas como el
dictadura capitalista, frustrando así esa vía occidental hacia la
KKK, en Estados Unidos, o los que controlan el poder en la
democracia, o bien pueden conducir en una evolución progresi-
Unión Surafricana 102 y Rhodesia, y grupos anticomunistas tipo
va a la constitución de un auténtico Estado democrático de
John Birch Socíety; d) finalmente, países de dictadura capita-
Derecho 103 •
no, cfr. Ekkchard KRIPPENDORF, «Die amerikanische Rcchte», en Poli-
tisclze Studien, año 13, cuaderno 145, Munich, septiembre-Octubre 1962;
Daniel BELL (y otros autores), The radical right. Nueva York, Doublcday
and Co., 1963; Richard HoFSTAEDTf.R, Anti-inte/lectualism in American
Life, Nueva York, Yintage Books, Random House, 1963; Ramón LuGRIS,
«El anti-intelectualismo en los Estados Unidos», en Boletín Informativo
del Seminario de Derecho Político de la Universidad de Salamanca, nú-
mero 32, octubre 1964; P. ALLEN BROYLES, La Société fohn Birch. Móna-
co, tditions du Rocher. 1964; Arnold FoRSTER y Benjamín R. ErsTEIN,
Danger on tl1e right, Nueva York. Random House, 1964, y Tite radical
rigltt: Report on the fofo1 Dirch Socíety and its Allies, Nueva York,
Yíntage Books, Random House, 1966.
'º' La denominación del grupo «misino» recuerda sin duda la del
régimen que, tras la caída del fascismo, le organizaron los nazis a Mus-
solini en el norte de Italia; la República de Saló se autocalificaba, en
efecto, de Repubb/ica socia/e italiana. Respecto a Alemania, intentando
Cfr. también Tomás MESTRE, Africa como conflicto, Madrid, Ed. Cua-
hacer resaltar gráficamente la conexión entre el actual partído nazi
dernos para el Diálogo, 1968, págs. 385 y sigs. Ultimamente Brian
NPD y el antiguo partido de Hitler, el NSDAP (National-Sozialístiche
BUNTING, The rise of the South African Reich. Penguin African Library
Ueutsche Arbeiterparteij, se ha dicho con ironía que para transformar 1969. •
e! nuevo NPD en el antiguo NSDAP sólo faltan las SA (Sturm-
'"', Entre, la ?ibliografía sobre el tema general de este capítulo, des-
Abteilungen), célebres fuerzas de choque hitlerianas precursoras de las no
tacana aqu1: N1cos PoULANTZAS. Pouvoir politique et c/asses sociales de
menos famosas y siniestras SS (Schutz-Staffeln), tropas del partido nazi.
l'~tat capitaliste, París, Maspero, 1968; Mauríce Dosa, Welfare econo-
l?2 Para un estudio económico ud apa;theid, T. R. LLOBE!'.A V M. SA-
:n:cs a.'!d !he econnmics of socialism, Cambridge University Press, 1969
NA HUTA, «Economía y Apartheid», en Promos, núm. 42, Barcelo~a. 1966,
(trad. casi., Madrid, Ed. Siglo XXI. 2.' ed., 1972); Ralph MILIBAND '[/¡e
págs. 24 y sigs. Aspectos ideológico-culturales dei mismo. Fernando
State in capitalist Society, Londres, Weidenfeld and Nicolson, '1969
MoRÁN, Nación y alienación en la literatura negroafricana, Madrid,
(t~ad. ~ast., Madrid, Ed;· Siglo XXI, 1971); Reinhard KüHNL, Formen
Ed. Taurus, Col. «Cuadernos», núm. 61. 1965; en un planteamiento más
bt1rgerl1cher Herrschaj t: Liberalismus - Faschismus, Hamburgo, Rowohlt,
sociológico y político,_ del mismo autor, El nuevo reino. Ensayo sobre
1971; G. Y. STEINER, The State of Welfare, 1971.
el sentido de la política en A frica negra. Madrid, Ed. Tecnos, 1967.

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