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RELACIÓN ENTRE LA CALIDAD DEL SUELO Y VARIABLES

ECOFISIOLOGICAS DE LOS CULTIVOS DE TRIGO Y SOJA

Tesis para optar al grado de Doctor en Ciencias Agrarias


de la Universidad Nacional del Litoral

Horacio Omar Imvinkelried


Ingeniero Agrónomo

Director: Dr. Oscar Valentinuz


Co-Directora: Dra. Silvia Imhoff

Lugar de realización: Facultad de Ciencias Agrarias – UNL

Esperanza, Santa Fe
2016
ii

Miembros del Jurado

Dr. Emilio Satorre

Dr. Gieco Jorge Omar

Dr. Salvagiotti Fernando


iii

En memoria a Eugenio ...


iv

Dedicada

A mi familia, Mariana, Lorenzo, Nacho, Pauli y Juli

Agradecimientos
A todas las personas que nombro a continuación por su apoyo y
colaboración para la realización de esta tesis… y a muchas que aún
sin nombrarlas fueron parte importante en distintos momentos en
este camino.

A Silvia por guiarme en esta tarea

A Oscar por compartir su experiencia

A mis compañeros de cátedra, Mario, Ignacio y Marianela por su


apoyo incondicional

A Javier, Celeste, Miguel, Mónica y Julio

A mis tesistas y pasantes por su predisposición y entusiasmo en las


actividades de campo y laboratorio

A la UNL y Facultad de Ciencias Agrarias

A Jorge del INTA Rafaela que facilitó los análisis de suelo

A la Universidad Nacional del Sur, que a través de Juan me


brindaron el acceso a sus laboratorios para completar la tesis.
v

ÍNDICE
Página

LISTA DE ABREVIATURAS viii

LISTA DE FIGURAS xii

LISTA DE TABLAS xv

RESUMEN xviii

SUMMARY xx

Introducción General 1

Antecedentes 2

Hipótesis 14

Objetivo General 14

Objetivos Específicos 15

Metodología General para Capítulos I, II y III 16


-Diseño experimental 16
-Determinaciones químicas de suelo y fertilización 17
-Determinaciones físicas del suelo 19
-Determinación del Rendimiento, materia seca total, tasa de
crecimiento del cultivo, duración e índice de área foliar 21
-Radiación fotosintéticamente activa interceptada y acumulada,
eficiencia uso de la radiación 22
-Evapotranspiración del cultivo, balance y eficiencia uso agua 23
-Índice de días de estrés (WSD) 24
-Eficiencia uso de nutrientes P y N 24
-Productividad de los recursos agua y radiación 26
-Balance de Carbono del suelo 26
-Determinación de la Materia Orgánica Particulada 27
-Mediciones de raíces en Soja 27
vi

-Análisis estadístico 28

Capítulo I: Variables meteorológicas, de suelo y ecofisiológicas


que explican el rendimiento del cultivo de soja
Introducción 29

Resultados y discusión 34

Caracterización agrometeorológica 34

Balance hídrico 38

Condiciones químicas y físicas del suelo 42

Intervalo hídrico óptimo (IHO) e índice de días de estrés (SWD) 50

Variables ecofisiológicas del cultivo de soja 55

Eficiencia en el uso de los recursos: agua, radiación y fósforo 68

Análisis de correlación entre variables de suelo y cultivo para las


diferentes campañas de soja 78
Conclusiones 80

Capítulo II: Variables meteorológicas, de suelo y


ecofisiológicas que explican el rendimiento del cultivo de trigo.
Introducción 81

Resultados y discusión 85

Caracterización agrometeorológica 85

Balance hídrico 90

Condiciones químicas y físicas del suelo 94

Intervalo hídrico optimo (IHO) e índice de días de estrés (SWD) 102

Variables ecofisiológicas del cultivo de trigo 104

Eficiencia en el uso de los recursos: agua, radiación y nitrógeno 112


vii

Análisis de correlación entre variables de suelo y cultivo de trigo 118

Conclusiones 118

Capítulo III: Productividad del agua y de la radiación en la


secuencia de cultivos T/S y balance de la materia orgánica del 119
suelo
Introducción 120

Resultados y discusión 124

Productividad, eficiencia de uso y captura del agua y la radiación 124

Balance de Carbono del suelo 129


Análisis de la Materia Orgánica Particulada 131
Conclusiones 132

Conclusiones finales 133

Especulaciones agronómicas 135

Bibliografía 136
viii

LISTA DE ABREVIATURAS

Ad alta fertilización descompactado

AF área foliar

AFE área foliar específica

Asd alta fertilización sin descompactar

B biomasa

Bd baja fertilización descompactado

Bsd baja fertilización sin descompactar

BT biomasa total

C carbono

C_R carbono rastrojo

C-CO2 carbono de dióxido de carbono

C-MOP carbono de la materia orgánica particulada

COP carbono orgáncio particulado

COS carbono orgánico del suelo

COT carbono orgánico total

CRH curva retención hídrica

CRP curva resistencia mecánica

CV coeficiente de variación

DAF duración del área foliar

Dp densidad de partículas

Ds densidad aparente de suelo

Dsc densidad de suelo crítica

ECA eficiencia captura del agua

ECR eficiencia captura de la radiación


ix

EFN_G eficiencia fisiológica de uso del nitrógeno en grano

EFP eficiencia fisiológica uso fósforo

EFR _P eficiencia recuperación fósforo

EFR_N eficiencia recuperación nitrógeno

ETc evapotranspiración del cultivo

ETcaj evapotranspiración del cultivo ajustada

ETo evapotranspiración del cultivo de referencia o potencial

EUA_B eficiencia uso del agua en biomasa

EUA_G eficiencia uso del agua en grano

EUA eficiencia de uso del agua

EUN_B eficiencia uso del nitrógeno en biomasa

EUN_G eficiencia uso del nitrógeno en grano

EUP eficiencia uso del fósforo

EUR eficiencia de uso de la radiación

EUR_B eficiencia uso de la radiación en biomasa

EUR_G eficiencia uso de la radiación en grano

FAO Food and Agriculture Organization of the United Nations

FBN fijación biológica de nitrógeno

G grano

IAF índice de área foliar

IC índice de cosecha

IHO intervalo hídrico óptimo

ISI índice de intensificación de la secuencia

kc coeficiente del cultivo

kcs coeficiente de cultivo simplificado


x

ks coeficiente del cultivo por estrés hídrico

LLWR least limiting water range

MF madurez fisiológica

MO materia orgánica

MS materia seca

MS A + 7 d materia seca antesis más 7 días

MS I Enc materia seca inicio encañazón

MS M. Enc materia seca mediados encañazón

N nitrógeno

NC nivel de compactación

NF nivel de fertilización

NG número de granos

P abs fósforo absorbido

P fósforo

Pa porosidad de aireación del suelo

PA productividad del agua

PCE período crecimiento de la espiga

Pe precipitación efectiva

pout frecuencia que el contenido de agua del suelo permanece fuera IHO

PR productividad de la radiación

PT porosidad total

%RI porcentaje de interceptación de la radiación

R(T+S) rastrojo trigo más soja

R_S rastrojo soja

R_T rastrojo trigo


xi

RFA radiación fotosintéticamente activa

RFAinc radiación fotositéticamente activa incidente

RFAi radiación fotosintéticamente activa interceptada

RFAi acum radiación fotositeticamente activa interceptada acumulada

RP resistencia del suelo a la penetración

Rdto rendimiento

S soja

SD siembra directa

T trigo

TCC tasa de crecimiento del cultivo

WSD water stress days, días de estrés por agua

ΔAlm variación del almacenamiento de agua en el suelo



 contenido volumétrico de agua

CC contenido hídrico volumétrico en capacidad de campo

PA contenido hídrico volumétrico en 10% de porosidad de aeración

PMP contenido hídrico volumétrico en punto de marchitez permanente

RP contenido hídrico volumétrico en 2,5 MPa de resistencia a la penetración

 altura de tensión de agua; potencial agua
xii

LISTA DE FIGURAS

Capítulo I Página

Figura 1-1. Evolución de la fenología del cultivo, lluvias, temperaturas máximas,


mínimas y medias y radiación fotosintéticamente activa incidente durante los 35
meses de noviembre a abril correspondiente a la campaña 2008/09.
Figura 1-2. Evolución de la fenología del cultivo lluvias, temperaturas máximas,
mínimas y medias y radiación fotosintéticamente activa incidente durante los 36
meses de noviembre a abril correspondiente a la campaña 2009/10.
Figura 1-3. Evolución de la fenología del cultivo lluvias, temperaturas máximas, 37
mínimas y medias y radiación fotosintéticamente activa incidente durante los
meses de noviembre a abril correspondiente a la campaña 2010/11.
Figura 1-4. Variación de almacenaje de agua en el suelo y precipitación efectiva 40
en la campaña 2008/09 (C1) para los distintos tratamientos.
Figura 1-5. Variación de almacenaje de agua en el y precipitación efectiva (Pe, 40
mm) en la campaña 2009/10 (C2) para los distintos tratamientos.
Figura 1-6. Variación de almacenaje de agua en el suelo y precipitación efectiva 41
en la campaña 2010/11 (C3) para los distintos tratamientos.
Figura 1-7. Densidad aparente del suelo a nivel superficial A y sub-superficial B 47
para las campañas de soja 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) Apertura de
la interacción NC*Año.
Figura 1-8. Resistencia a la penetración del suelo superficial A y sub-superficial 48
B para las campañas de soja 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3). Apertura
de la interacción NC*Año
Figura 1-9. Porosidad de aireación del suelo superficial A y subsuperficial B 49
para para las campañas de soja 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3).
Apertura de la interacción NC*Año.
Figura 1-10. Densidad de suelo relativa (Dsr, %) superficial (de 0-7 cm) (A) y 50
subsuperficial (de 8-12 cm) (B) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)]. Apertura de la interacción NC*Año.
Figura 1-11. Variación del contenido hídrico volumétrico en el suelo (θ) con la 51
densidad de suelo (Ds) para θ críticos de (Pa), (CC), (RP) y (PMP) en suelos
descompactados y sin descompactar superficialmente de un cultivo de soja.
Figura 1-12. Variación del contenido hídrico volumétrico en el suelo (θ) con la 52
densidad de suelo (Ds) para θ críticos de (Pa), (CC), (RP) y (PMP) en suelos
descompactados y sin descompactar subsuperficialmente de un cultivo de soja.
Figura 1-13. Porcentaje de radiación interceptada (%RI) en el estado fenológico 57
R1 (inicio de floración) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10
(C2) y 2010/11 (C3)]. Apertura de la interacción NF*Año.
Figura 1-14. Biomasa total (g m-2) en el estado fenológico R4 (plena 58
fructificación) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y
2010/11 (C3). Apertura de la interacción NF*Año
Figura 1-15. Biomasa total (g m-2) en el estado fenológico R6 (máximo tamaño de 58
semillas) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11
(C3)] Apertura de la interacción NF*Año.
Figura 1-16. Tasa de crecimiento del cultivo en el período de crecimiento (R4- 60
R6) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)]
Apertura de la interacción NC*Año
Figura 1-17. Tasa de crecimiento del cultivo en el período de crecimiento (R4- 60
xiii

R6). Apertura de la interacción NC*NF


Figura 1-18. Rendimiento (Rdto. g m-2) para las distintas campañas soja [2008/09 62
(C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)] Apertura de la interacción NC*Año.
Figura 1-19. Peso de mil granos (gramos) [P1000 (g)] para las distintas campañas 64
soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)] Apertura de la interacción
NC*Año.
Figura 1-20. Rendimiento (Rdto) en función del índice de días de estrés hídrico 65
(WSD) para las campañas de soja C1:2008/09 (08), C2:2009/10 (09) y
C3:2010/11 (10) para los tratamientos [Ad (alta fertilización descompactado), Asd
(alta fertilización sin descompactar), Bd (baja fertilización descompactado) y Bsd
(baja fertilización sin descompactar)].
Figura 1-21. Correlación entre el área bajo la curva de la densidad longitudinal de 68
raíces y el rendimiento alcanzado por el cultivo para diferentes profundidades [15
cm (A), 25 cm (B), 35 cm (C) y 0-35 cm de profundidad (D)
Figura 1-22. Radiación fotosintéticamente activa interceptada acumulada durante 70
el ciclo del cultivo de soja [RFAi acum ciclo (MJ)] para las distintas campañas
soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)] Apertura de la interacción
NC*NF*Año.
Figura 1-23. Eficiencia uso de la radiación para el período de crecimiento R4-R6 71
[EUR (R4-R6, g m-2 MJ-1)] para las distintas campañas soja [2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)] Apertura de la interacción NC*Año.
Figura 1-24. Eficiencia uso de la radiación para el período de crecimiento R4-R6 72
[EUR (R4-R6, g m-2 MJ-1)] Apertura de la interacción NC*NF.
Figura 1-25. : Eficiencia fisiológica del P para la producción de grano [EFP_G 76
(kg de grano producido por kg de P absorbido, para las distintas campañas soja
[2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)] Apertura de la interacción NF*Año.
Figura 1-26. Eficiencia de recuperación del P en planta [EFR_P (kg de P 77
absorbido sobre kg de P aplicado] para las distintas campañas soja [2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)]. Apertura de la interacción NF*Año.
Figura 1-27. Balance de P [P aplicado-P exportado en grano] para las distintas 77
campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)] Apertura de la
interacción NC*Año.
Figura 1-28. Balance de P [P aplicado-P exportado en grano] Apertura de la 77
interacción NF*NC.

Capitulo II
Figura 2-1. Cociente fototermal (Q) durante el período crítico y llenado de granos 88
del cultivo de trigo en campañas 2009, 2010 y 2011.
Figura 2-2. Evolución de las temperaturas medias, máximas y mínimas y de las 89
precipitaciones durante el ciclo del cultivo de trigo 2009.
Figura 2-3. Evolución de las temperaturas medias, máximas y mínimas y de las 90
precipitaciones durante el ciclo del cultivo de trigo 2010.
Figura 2-4. Evolución de las temperaturas medias, máximas y mínimas y de las 91
precipitaciones durante el ciclo del cultivo de trigo 2011.
Figura 2-5. Variación del almacenaje de agua total del suelo y precipitación 93
efectiva acumulada (Pe) en función de los intervalos de medición para las
campañas de trigo 2009, 2010 y 2011 según los diferentes tratamientos.
Figura 2-6. Evolución del fósforo extractable (P) en ppm, según nivel de 97
xiv

fertilización A o B en la secuencia de cultivo trigo 2009; soja 2009/10, Trigo


2010, soja 2010/11, trigo 2011 y final ensayo. Profundidad de muestreo: 0-20
cm.
Figura 2-7. Densidad de suelo superficial (Ds sup) (A), porosidad de aireación 100
superficial (Pa sup) (B), densidad de suelo relativa superficial (Dsr sup) (C).
Apertura de la interacción NC*Año.
Figura 2-8. Resistencia a la penetración superficial y profunda (RP sup y RP 101
prof) (A y B). Apertura de la interacción NC*Año.
Figura 2-9. Evolución en el tiempo de la Ds (A), Resistencia a la penetración RP 103
(MPa) (B) y Porosidad de aireación (%Pa) (C) superficial y profunda según nivel
de compactación del suelo, descompactado (d) y sin descompactar (sd)
respectivamente, en la secuencia de cultivos S-T/S-T/S-T.
Figura 2-10. Variación del contenido hídrico volumétrico en el suelo (θ) en 104
función de la densidad de suelo (Ds) según θ críticos de resistencia del suelo a la
penetración (RP), capacidad de campo (CC) y punto de marchitez permanente
(PMP) y porosidad de aeración (Pa) para suelos descompactados y sin
descompactar superficial (A y B) y subsuperficialmente (C y D) en un cultivo de
soja. IHO= intervalo hídrico óptimo. Dsc= Ds crítica (IHO= 0). Líneas representan
la Ds al inicio de las distintas campaña de trigo (C1= 2009 (línea continua), C2=
2010 (línea discontinua) y C3= 2011(línea de puntos).
Figura 2-11. Índice de días de estrés (WSD) en función de los distintos 105
tratamientos [alta fertilización descompactado (Ad), alta fertilización sin
descompactar (Asd), baja fertilización descompactado (Bd) y baja fertilización sin
descompactar (Bsd)].
Figura 2-12. Materia seca total a madurez fisiológica (MS_MF). Apertura de la 107
interacción NF*NC.
Figura 2-13. Porcentaje de radiación interceptada (% RI) en A+7d en trigo: 109
Apertura de la interacción NF*Año
Figura 2-14. Peso de mil granos expresado en gramos (P1000 g) Apertura de la 111
interacción NF*Año.
Figura 2-15.; Número de espigas por metro cuadrado (E m-2) Apertura de la 111
interacción NF*Año.
Figura 2-16. Rendimiento (Rdto) del cultivo de trigo en función del índice de días 113
de estrés (WSD) para las campañas de trigo 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3).
Figura 2-17. Eficiencia de uso de agua en grano (EUA_G) (A) y en biomasa 115
(EUA_B) (B) del cultivo de trigo. Apertura de la interacción NF*NC.
Figura 2-18. Nitrógeno absorbido total (Nabs_total) del cultivo de trigo. Apertura 118
de la interacción NF*NC.
xv

LISTA DE TABLAS

CAPITULO I Página
Tabla 1-1. Lluvias desde noviembre a abril para las campañas de soja 2008/09 35
(C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3).
Tabla 1-2. Fechas de ocurrencia de los distintos estadíos fenológicos reproductivos 38
del cultivo de soja para las campañas 2008/09, 2009/10 y 2010/11.
Tabla 1-3. Precipitación efectiva, evapotranspiración de referencia, coeficiente de 38
cultivo, evapotranspiración de cultivo y balance de agua del cultivo de soja para las
campañas 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (3).
Tabla 1-4. Evapotranspiración ajustada del cultivo de soja para las campañas 42
2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) según los factores fertilización y
compactación.
Tabla 1-5. Fósforo asimilable (P, ppm), materia orgánica (MO, %), nitrógeno total 43
(Nt, %), azufre (S, ppm) y pH del suelo al inicio de cada campaña de soja (0-20 cm
de profundidad) en cada tratamiento.
Tabla 1-6. Análisis de la varianza para las variables densidad aparente, resistencia 44
a la penetración, porosidad de aireación y densidad de suelo relativa según nivel de
fertilización y de compactación, año y sus interacciones.
Tabla 1-7. Variables densidad aparente suelo (Ds, g cm-3), resistencia a la 45
penetración (RP, MPa) y porosidad de aireación (Pa, %) a dos profundidades
[superficial (de 0-7 cm) y subsuperficial (de 8-12cm)] según nivel de fertilización
[NF, alta (A) y baja (B)] al inicio del ensayo C1: 2008-09.
Tabla 1-8. Parámetros de ajuste de la curva de resistencia a la penetración para 53
suelos descompactados (d) y sin descompactar (sd) para la profundidad superficial
(0-7 cm) y sub-superficial (8-13 cm).
Tabla 1-9. Contendio hídrico del suelo (θ) e intervalo hídrico óptimo (IHO) según 53
densidad del suelo (Ds) para los tratamientos descompactados y sin descompactar a
nivel superficial y subsuperficial.
Tabla 1-10. Análisis de la varianza del índice de área foliar (IAF), porcentaje de 56
radiación interceptada (% RI) y biomasa total (g m-2); en diferentes estados
fenológicos del cultivo de soja (R1= inicio de floración; R4= plena fructificación;
R6= máximo tamaño de semilla; R8=plena madurez) según nivel de fertilización
(NF), de compactación (NC), año y sus interacciones.
Tabla 1-11. Tasa de crecimiento del cultivo (TCC, g m-2 día-1) y duración del área 59
foliar (DAF, m2 día-1) en el período de crecimiento R4-R6 de soja, según los niveles
de fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin descompactar
(sd) y descompactado (d)], año y sus interacciones. Análisis de varianza.
Tabla 1-12. Análisis de la varianza para Rendimiento (Rdto) y sus componentes 61
[Nºpl m-2= número de plantas m-2; NºV m-2= número de vainas m-2; NºG m-2=
número de granos m-2; P1000= peso de mil granos]e índice de cosecha (IC%) según
los niveles de fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin
descompactar (sd) y descompactado (d)], años 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010-
11 (C3) y sus interacciones.
Tabla 1-13. Densidad longitudinal radical en el surco (S) y entresurco (ES) (cm cm- 66
3
) del cultivo de soja C1:2008/09 en distintos momentos (V3, R3 y R6) según el
nivel de compactación (NC) sin descompactar (sd) y descompactado (d) y el nivel
de fertilización (NF) alta (A) y baja (B) y la interacción de los factores (NF*NC).
Tabla 1-14. Área bajo la curva de la densidad longitudinal de raíces (ABC δlr cm2) 67
xvi

para los distintos tratamientos [Ad (alta fertilización descompactado), Asd (alta
fertilización sin descompactar), Bd (baja fertilización descompactado) y Bsd (baja
fertilización sin descompactar)] a distintas profundidades (15, 25 y 35 cm) y
profundidad total medida (0-35 cm)
Tabla 1-15. Análisis de la varianza para Radiación fotosintéticamente activa 69
interceptada acumulada durante el ciclo (RFAi acum ciclo) y eficiencia de uso de la
radiación (EUR) [en función de la biomasa acumulada durante el ciclo total (EUR
BT ciclo ), biomasa acumulada en el período R4-R6 (EUR BT R4-R6) y
rendimiento en grano (EUR G)] del cultivo de soja, según los niveles de
fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin descompactar (sd)
y descompactado (d)], años 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010-11 (C3) y sus
interacciones.
Tabla 1-16. Eficiencia en el uso del agua del cultivo de soja en función de la 73
biomasa total (EUA_BT, g m-2 mm-1) y de la producción de granos (EUA_G, g m-2
mm-1) para las campañas 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) según nivel de
fertilización (A= alta y B= baja) y de compactación (d= descompactado y sd= sin
descompactar) y sus interacciones.
Tabla 1-17. Fósforo absorbido total (P_abs total), eficiencia fisiológica (EFP_G) y 75
de uso (EUP_G) del P en grano, eficiencia de recuperación de P en planta (EFR_ P)
y balance de P (P aplicado en fertilizante – P exportado en grano) para las campañas
2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) según nivel de fertilización (A= alta y
B= baja) y de compactación (d= descompactado y sd= sin descompactar) y sus
interacciones.
Tabla 1-18. Análisis de la varianza para concentración en % de P en grano (%P G) 78
y P en rastrojo soja (mg kg-1) para las campañas 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y
2010/11 (C3) según nivel de fertilización (NF A= alta y B= baja) y de compactación
(d= descompactado y sd= sin descompactar) y sus interacciones.
Tabla 1-19. Matriz de correlación: coeficientes de correlación de Spearman entre 79
variables de suelo y cultivo campañas 2008/09, 2009/10 y 2010/11
Tabla 1-20. Matriz de correlación: coeficientes de correlación de Spearman entre
variables de suelo y cultivo campañas 2008/09 y 2010/11. 80

CAPITULO II
Tabla 2-1. Lluvias desde mayo a noviembre para las campañas de trigo 2009 (C1), 87
2010 (C2) y 2011 (C3).
Tabla 2-2. Detalle de fechas de ocurrencia de las distintas etapas fenológicas del 87
cultivo de trigo para las campaña 2009, 2010 y 2011.
Tabla 2-3. Temperatura media y radiación fotosintéticamente activa incidente 88
promedio mensual e histórico para las campañas de trigo 2009, 2010 y 2011.
Tabla 2-4. Condiciones ambientales durante el desarrollo del cultivo de trigo en las 92
campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3).
Tabla 2-5. Evapotranspiración ajustada o real del cultivo de trigo para las campañas 94
2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) según nivel de fertilización, nivel de
compactación y su interacción (NF*NC).
Tabla 2-6: Análisis de la varianza para Materia Orgánica, pH, fósforo asimilable, 97
azufre, nitrógeno de nitratos y nitrógeno total al inicio de cada campaña de trigo
según los distintos tratamientos.
Tabla 2-7 Densidad de suelo, densidad relativa, resistencia a la penetración y 98
porosidad de aireación a dos profundidades para las campañas 2009 (C1), 2010
xvii

(C2) y 2011 (C3) según nivel de fertilización y nivel de compactación.


Tabla 2-8 Materia seca acumulada en diferentes momentos del cultivo de trigo y 106
tasa de crecimiento del cultivo según el nivel de fertilización, nivel de
compactación y su interacción (NF*NC) para las campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y
2011 (C3).
Tabla 2-9 Radiación fotosintéticamente activa interceptada acumulada a lo largo 109
del ciclo, índice de área foliar y porcentaje de interceptación de la radiación
fotosintéticamente activa incidente del cultivo de trigo en diferentes momentos
según el nivel de fertilización, el nivel de compactación y su interacciones, para las
campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3).
Tabla 2-10 Componentes del, rendimiento (Rdto) e índice de cosecha (IC) del 110
cultivo de trigo según el nivel de fertilización, de compactación y su interacción
(NF*NC) para las campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3).
Tabla 2-11 Eficiencia de uso de la radiación en grano y en biomasa total y 114
eficiencia de uso del agua en grano y en biomasa total para el cultivo de trigo según
el nivel de fertilización, de compactación y sus interacciones para las campañas
2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3).
Tabla 2-12 Análisis de la varianza, Nitrógeno total absorbido, eficiencia fisiológica 117
de N en grano, eficiencia de uso del N en grano, eficiencia fisiológica de N en
biomasa total, eficiencia de uso del N en biomasa total y eficiencia de recuperación
de N en biomasa total para el cultivo de trigo según el nivel de fertilización, de
compactación y sus interacciones para las campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011
(C3).
Tabla 2-13. Matriz de correlación, coeficientes y probabilidades para las campañas 119
de trigo 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3). Variables de suelo y variables de cultivo
trigo.

CAPITULO III
Tabla 3-1. Productividad del agua en grano y en biomasa total, eficiencia de uso del
agua en grano y en biomasa total, eficiencia de uso del agua en equivalente glucosa 126
y eficiencia de captura del agua según nivel de fertilización, nivel de compactación
y su interacción (NF*NC) en la secuencia de cultivos soja-trigo/soja-trigo/soja-
trigo.
Tabla 3-2. Productividad de la radiación en grano y en biomasa total), eficiencia de 127
uso de la radiación en grano y en biomasa total, eficiencia uso radiación en
equivalente glucosa y eficiencia de captura de la radiación según nivel de
fertilización, nivel de compactación y su interacción (NF*NC) en la secuencia de
cultivos soja-trigo/soja-trigo/soja-trigo.
Tabla 3-3. Matriz de correlación entre variables de suelo y de cultivo para la 129
secuencia de cultivos en las campañas 2008/09, 2009/10 y 2010/11. Coeficientes de
Spearmann.
Tabla 3-4. Producción de biomasa aérea total de trigo, soja y de trigo-soja, aporte 131
de rastrojos al suelo de trigo, soja y de trigo-soja; aporte de carbono a través de los
rastrojos según nivel de fertilización, nivel de compactación y sus interacciones en
la secuencia de cultivos soja-trigo/soja-trigo/soja-trigo.
Tabla 3-5. Balance de carbono del suelo para la secuencia de cultivo soja- 132
trigo/soja-trigo/soja-trigo según factores principales y sus interacciones.
Tabla 3-6. Carbono orgánico total y carbono asociado a la materia orgánica 133
particulada de la secuencia trigo/soja según el nivel de fertilización y el nivel de
compactación.
xviii

RESUMEN

La degradación de los suelos de la región centro-norte de la provincia de Santa Fe y la


consecuente pérdida de productividad de los sistemas agrícolas se atribuye a dos factores
principales: la compactación producida por el laboreo y tránsito de la maquinaria y la pérdida
de fertilidad química debida a la prolongada extracción de nutrientes por los cultivos sin
reposición. Las prácticas tecnológicas de descompactación del suelo y fertilización estratégica
han sido propuestas para revertir esos problemas, aumentando la eficiencia de uso de los
recursos y, como consecuencia, la producción de materia seca y el rendimiento. El objetivo
general de este trabajo fue evaluar los cambios producidos en la calidad física y química del
suelo y su efecto sobre variables ecofisiológicas de los cultivos de trigo y soja en la secuencia
S-T/S-T/S-T en condiciones de campo con dos niveles de compactación y fertilización, y
detectar posibles interrelaciones entre variables de cultivos y propiedades físicas del suelo.
El ensayo se llevó a cabo en la Unidad Experimental de Cultivos Extensivos ubicado
en Esperanza-Santa Fe-Argentina, sobre la Ruta Nº 70, km 26, durante las campañas
2008/2009 (C1), 2009/2010 (C2) y 2010/2011(C3) en la secuencia soja-trigo/soja-trigo/soja-
trigo sobre un suelo argiudol ácuico. El diseño experimental fue en bloques completos
aleatorizados con arreglo factorial y tres repeticiones. Los tratamientos surgieron de la
combinación de dos factores (fertilización -F- y compactación -C-) y dos niveles F (alta y
baja) y C (descompactado ‘d’ y sin descompactar ‘sd’). Se diferenciaron distintos escenarios
desde el punto de vista hídrico; donde se podrían mencionar como: (i) C1 muy seca para soja
y seca para trigo; (ii) C2 húmeda para soja y con buena reserva de agua en el suelo para el
trigo; (iii) C3 moderadamente seca para soja y húmeda para trigo.
Los resultados indican la persistencia del efecto residual positivo de la
descompactación inicial sobre la resistencia mecánica (RP) y porosidad de aireación del suelo
(Pa) luego de 3 años de realizada la labor. En soja la compactación del suelo fue más
importante como factor limitante del rendimiento y la producción de biomasa que la fertilidad
química del mismo; en suelos d logró un 16,4 %, 21% y 12 % más de biomasa total,
eficiencia en el uso del agua y radiación respectivamente y la respuesta en rendimiento estuvo
condicionada al año.
En trigo la fertilización en altas dosis con respecto a la baja produjo mayores
producciones de biomasa (+ 9,7 %) y de rendimiento (+ 13 %) y aumentó la eficiencia del uso
del agua y la producción de biomasa total. En el nivel d el rendimiento fue un 4,7 % superior
xix

respecto a sd. La fertilización con P logró aumentar el contenido de P en el suelo en un 9,5 y


94 % para bajo y alto nivel de fertilización respectivamente.
En la secuencia de cultivos en su conjunto la EUR_B, EUA_B, ECA y ECR se
asociaron en forma negativa con la variable de suelo RP en profundidad, lo que señala la
fuerte influencia que esta propiedad tiene para reducir la productividad de los cultivos, siendo
estas variables de cultivo las más adecuadas para la detección de cambios en el corto plazo de
las propiedades del suelo. En este estudio se verificó que las parcelas d al inicio del ensayo
lograron incorporar un 3 % más de carbono al suelo con respecto a las sd al cabo de 3 años.

Palabras clave: trigo, soja, propiedades físicas del suelo, fertilización, eficiencia uso recursos
xx

SUMMARY

Soil degradation in central-north region of Santa Fe province and the consequent loss
of productivity of the agricultural systems is attributed to two main factors: soil compation
due to tillage and machinery traffic, and loss of chemical fertility because the extensive
extraction of nutrients by the crops. The technological practices of decompaction and
fertilization has been propoused to revert these problems, to increase the resourses use
efficiency and, consecuently, the dry matter production end crop yields. The aim of this study
was to evaluate changes in soil chemistry and physical quality and in the ecophysiological
variables of wheat and soybean under field conditions due to the application of strategies of
decompaction and fertilization, and to determine whether any of theecophysiological
variables can be used as an indicator of changes in soil quality.
The experiment was conducted in Esperanza, Department Las Colonias, Santa Fe,
Argentina (31º25’35.05’’S 60º59’30.36’’W) during the 2008/2009, 2009/2010 and 2010/
2011) in sequence soybean-wheat/soybean-wheat/soybean-wheat on an aquic argiudoll soil.
The experimental design was randomized complete block factorial arrangement and three
replications. Each treatment resulted from the combination of two factors and two levels: (i)
fertilization (high and low) and (ii) soil compaction (decompacted 'd' and without
decompacted 'sd'). Different scenarios differed from the view point of water; where they
could be mentioned as: (i) C1 for very dry to dry soybeans and wheat; (ii) C2 wet for soybean
and good water reserve in the soil for wheat; (iii) C3 moderately dry to wet to soy and wheat.
The results indicate the persistence of the residual positive effect of the initial
decompaction on soil resistance penetration (SR) and soil aeration porosity (Ap). In soybean
soil compaction was more important as a limiting factor for performance and biomass
production of the chemical fertility; d soils achieved 16,4%, 21% and 12% more total
biomass, water use efficiency and radiation respectively and yield response was conditioned
per year.
In wheat fertilization in high doses relative to the low yields of biomass produced
higher (+ 9,7%) and yield (+13%) and increased tolerance to higher compaction on water use
efficiency and total biomass production. In the level 'd' yield was 4.7% higher than in 'sd'. Soil
fertilization with P increased the P content of the soil by 9.5 and 94% for low and high
fertilization respectively.
In the sequence of crops as a whole SR variable soil depth was associated negatively
and significantly with the variables of crop, radiation use efficiency for biomass production
xxi

(RUE_B), water use efficiency for biomass production (WUE_B), wather capture efficiency
(WCE) and radiation capture efficiency (RCE), indicating the strong influence that this
property has to reduce productivity crop. In this study it was found that the plots d at the
beginning of the trial with high and low fertilization incorporated more carbon to the soil
(+3%) with respect to the sd.
Keywords: wheat, soybean, soil physical properties, fertilization, resources use efficiency.
1

INTRODUCCIÓN GENERAL

La producción vegetal es el resultado de la interacción entre el potencial genético y el


ambiente, entendiendo éste como el conjunto de factores relacionados al clima, suelo y acción
del hombre (manejo). El desafío de hoy es mejorar el ambiente permitiendo la expresión del
potencial genético de los cultivos, para aumentar la cantidad de alimento producido con el
menor impacto ambiental posible, ya sea en términos de deterioro de la calidad del recurso
“suelo” (degradación físico-química) o de la atmósfera (aumento de la emision de gases de
efecto invernadero, reducción en la captura de carbono, balances negativos de nutrientes, etc).

En general, se acepta que el deterioro químico del suelo puede resolverse con prácticas
adecuadas de fertilización, mientras que el deterioro físico no está debidamente solucionado.
Se sabe que dentro de estas limitantes físicas la compactación del suelo es un problema que se
puede intensificar por el sistema de labranza, el tránsito de la maquinaria, el pisoteo de los
animales y el fuego (Jorajuría & Draghi, 1997; Botta et al., 2006) afectando la porosidad, la
densidad, la resistencia mecánica, la conductibilidad hidráulica y la infiltración del agua entre
otros. Estas propiedades impactan directa e indirectamente sobre el crecimiento de las plantas
y, como consecuencia, sobre la productividad y eficiencia de uso de los recursos agua,
radiación y nutrientes. A pesar de que existen algunas opciones de manejo tales como incluir
gramíneas en las rotaciones, aumentar el contenido de materia orgánica, tránsito controlado,
control presión de neumáticos, la descompactación mecánica, entre otras, se requiere mayor
estudio para la región.

Algunos trabajos que aportan conocimientos sobre el tema han sido realizados por
Pilatti et al. (1988) e Imhoff et al. (2004). Sin embargo, todavía se carece de información
sobre la interrelación cultivo-suelo-clima-manejo para el área que comprende el límite norte
de la Región Pampeana y comienzo del Espinal (departamentos Las Colonias, La Capital, San
Justo; provincia de Santa Fe, Argentina), donde las características de suelo (Molisoles, salvo
áreas sódicos-salinos) y clima subhúmedo-húmedo templado con temperaturas promedio
anuales de 19 a 20 ºC y lluvias de 800 a 1000 mm anuales, difieren con respecto a la Región
Pampeana. Durante los últimos años se produjo la transformación de sistemas productivos
mixtos (ganaderos-agrícolas) a sistemas netamente agrícolas que adoptaron el monocultivo de
soja en siembra directa (SD). Este sistema está produciendo una rápida disminución de los
niveles de carbono orgánico del suelo con la consecuente degradación físico-química que se
asocia a dicho proceso.
2

Se sabe que el incremento del contenido de carbono orgánico en el suelo puede ayudar
a mejorar su calidad físico-química y a reducir el impacto del efecto invernadero generado por
el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera. Diversas alternativas de manejo
relacionadas con distintas rotaciones de cultivos y prácticas mecánicas han sido propuestas
para aumentar la calidad productiva de los suelos. Sin embargo, para la región de interés hay
ausencia de conocimiento.

ANTECEDENTES

La degradación de los suelos es actualmente uno de los principales problemas del


mundo, comprometiendo el mantenimiento y aumento de la productividad agropecuaria
(Hakansson & Voorhees, 1998). En Argentina, en las dos últimas décadas, se produjo una
simplificación de los sistemas de producción con predominio del monocultivo de soja. Esto
trajo como resultado, principalmente en la región pampeana, una disminución de la superficie
cultivada con praderas y un incremento del área dedicada a cultivos agrícolas anuales
(Ferreras et al., 2001). Estos sistemas son más proclives a causar un rápido deterioro de los
suelos.
Investigaciones agronómicas han demostrado, en los últimos años, que la degradación
y el deterioro de la calidad del suelo como resultado del uso agrícola está presente,
prácticamente, en la totalidad de las tierras con aptitud de uso agrícola de Argentina
(Michelena et al., 1988; Díaz Zorita et al., 2002a). En Santa Fe, la intensidad de uso de los
recursos naturales, especialmente del suelo, se ha incrementado. Tanto productores como
asesores técnicos y gobernantes presumen que esta situación, a corto o mediano plazo,
conducirá al deterioro de las tierras y, a una menor y más irregular productividad. Como
respuesta a ello se introdujo la siembra directa, se extendió el uso de terrazas para el control
de excesos hídricos y de la erosión, se recurre a la fertilización y, en algunos casos, a las
enmiendas cálcicas y orgánicas (Pilatti et al., 1988).
En la década del ‘80, el Consejo de Tecnología Agropecuaria de la provincia de Santa
Fe, el INTA y las Universidades Nacionales del Litoral y de Rosario no sólo expusieron la
existencia de limitantes físicas en los suelos mencionados, sino que reconocieron el carácter
regional del problema (INTA-MAG, 1981). De hecho, trabajos realizados en la actualidad
muestran que tal situación continúa agravándose (Marano et al., 2006; Marano & D´Elia,
2005).
3

Compactación: causas y consecuencias sobre la calidad del suelo


La compactación del suelo se induce por el sistema de labranza, el tránsito de la
maquinaria y pisoteo de los animales (Jorajuría & Draghi, 1997; Botta et al., 2006). La
compactación afecta propiedades del suelo como la porosidad, la densidad, la resistencia
mecánica, la conductibilidad hidráulica y la infiltración del agua (Pilatti et al., 2006; Ghiberto
et al., 2007) y, potencialmente, puede alterar la morfología y fisiología de las plantas
(Bingham, 2001; Passioura, 2002) y, consecuentemente, reducir el crecimiento y rendimiento
de los cultivos. Reducciones en el rendimiento de grano atribuibles a la compactación del
suelo fueron determinadas para varios cultivos en una amplia gama de suelos, desde arenosos
a arcillosos pesados (Barber & Díaz, 1992; Arvidsson & Hakansson, 1996; Radford et al.,
2001; Dauda & Samari, 2002; Hamza & Anderson, 2002, Montavalli et al., 2003).
La magnitud de la compactación depende de las características intrínsecas del suelo,
especialmente textura, siendo más susceptibles aquellos suelos en que predomina la fracción
fina en la composición granulométrica y poseen reducido tenor de carbono orgánico (Ferry &
Olsen, 1975). El sistema poroso del suelo que se describe por el tamaño, la forma y la
continuidad de los poros (conectividad y tortuosidad) condiciona los procesos físicos,
químicos y biológicos que ocurren en el ambiente edáfico. Éstos, en última instancia, son los
que determinan el desarrollo de las plantas, de los microorganismos y de la fauna edáfica
(Rasiah & Kay, 1998 Dexter et al., 2008).
La entrada de agua en la superficie del suelo está regulada, principalmente, por los
macroporos y la continuidad de los mismos. Estos poros grandes y continuos, que permiten
la conducción del agua gravitacional, se generan por la actividad biológica, la muerte de
raíces y la ausencia de disturbios en el suelo. En general, los macroporos son la fracción que
primero se destruye cuando el suelo se degrada físicamente debido al tránsito de la
maquinaria o al pisoteo de los animales (Botta et al., 2004).
El deterioro de la estructura edáfica se caracteriza, entre otros aspectos, porque
aumenta la proporción de agregados muy pequeños y/o muy grandes, reduciéndose la
macroporosidad. Esto tiene consecuencias negativas directas al aumentar la resistencia
mecánica del suelo (Pilatti et al., 2006; Ghiberto et al., 2007), disminuyendo la captación y
circulación de agua y la disponibilidad de oxígeno. Valores menores al 10 % de aeración son
limitantes para la mayoría de los cultivos (Da Silva et al., 1994, 2004; He et al., 1996). Sin
embargo, Stirzaker et al. (1996) consideró adecuado un valor de 13 % y, más recientemente,
Kay et al. (2006) e Imhoff et al. (2010a) indicaron que valores próximos o mayores a 15 %
4

son necesarios para mantener el flujo de oxígeno en niveles óptimos para las raíces de
especies sensibles, como es el caso de la soja.
A medida que la proporción de agregados de tamaño pequeño y la densidad del suelo
aumentan, el contacto entre las partículas se incrementa. Del mismo modo, el secado del suelo
produce un acercamiento de sus partículas y favorece la formación de nuevas conexiones
entre ellas y entre los microagregados del suelo, lo que incrementa la energía de retención del
agua por la matriz del suelo (potencial mátrico). En estos casos, la resistencia del suelo puede
atribuirse al efecto del potencial mátrico sobre los puentes inter-partículas e inter-agregados,
proceso conocido como estrés efectivo (Mullins & Panayiotopoulos, 1984). El estrés efectivo
para suelos no saturados define la presión con la cual el film de agua une a las partículas del
suelo (Vepraskas, 1984) y es responsable por la mayor resistencia del mismo (Mullins &
Panayiotopoulos, 1984). De esta manera, la densidad del suelo y el contenido hídrico o
potencial mátrico del suelo afectan la resistencia.
Si la contribución de cualquier proceso que afecta la resistencia a la penetración
aumenta o disminuye de forma continua con la actividad del agua del suelo, el contenido
hídrico o potencial mátrico pueden utilizarse en la estimación de la resistencia a la
penetración. Sin embargo, ciertos procesos influenciados por el menisco que liga las
partículas del suelo pueden requerir ambos términos -humedad y potencial- para representar
adecuadamente la resistencia del suelo (To & Kay, 2005). El estrés efectivo presenta relación
lineal positiva con resistencia del suelo y varios autores lo utilizan como indicador de calidad
física del suelo (Vepraskas, 1984; Giarola et al., 2003; To & Kay, 2005; Whalley et al.,
2005).
La impedancia mecánica puede ser la mayor limitación para el crecimiento de las
raíces en suelos tan húmedos como -100 kPa, debido al incremento en estrés efectivo entre las
partículas del suelo resultante de la tensión en los films de agua entre las partículas (Whalley
et al., 2005). Este efecto puede exacerbarse por el incremento de la compactación (Bengough
et al., 2011) asociada al tránsito de la maquinaria y de los animales.
Álvarez et al. (2009) encontraron en suelos de la Pampa ondulada valores de
resistencia mecánica por encima de los umbrales críticos mínimos definidos por la literatura
(Glinski & Lipiec, 1990) que varían de 1,5 a 2,0 MPa medidos a 7 y 20 cm de profundidad.
Estos valores se atribuyen a la organización de partículas finas que resultan del proceso de
endurecimiento (“hardening”) de los suelos (Taboada et al., 2008a). Este proceso es muy
importante en los suelos limosos de la Región Pampeana Argentina por la forma y origen de
las partículas de limo, principalmente fitolitos (“phytoliths”) (Cosentino & Pecorari, 2002).
5

Este material se asoció a la inestabilidad estructural de los Argiudoles (Sasal et al., 2006;
Taboada et al., 2008b).
Los suelos de la región centro-norte de la provincia de Santa Fe tienen
mayoritariamente un horizonte A desarrollado (25-30 cm), en el cual el limo representa 60-
70% de la granulometría y la arcilla 25-35%, con un 2-3% de materia orgánica. Estas
características los tornan muy susceptibles a la compactación (Botta et al., 2004) y poco
resilientes (Cosentino & Pecorari, 2002; Pilatti et al., 2006; Taboada et al., 2008b). Estos
suelos presentan además un límite bastante abrupto con el horizonte B textural (INTA, 1991).
Este horizonte, que posee textura arcillosa u arcillo-limosa con predominio de arcillas
expansivas, presenta fenómenos de expansión y contracción notables, que dan origen a una
estructura tipo prismática o en bloques. Ambas clases de estructura se tornan muy duras
cuando el suelo se seca y pueden limitar drásticamente el crecimiento de los cultivos (Pilatti
& Orellana, 2000; Orellana et al., 1982).

Numerosos estudios concuerdan en indicar que el grado de compactación del suelo,


como forma de degradación, es un proceso común en áreas intensamente pastoreadas o
cultivadas (Harrison et al., 1994; Taboada et al., 1998; Hamza & Anderson, 2005; Costa et
al., 2009; Petean et al., 2010). Por otra parte, en esta región se ha difundido en las últimas
décadas la siembra directa de cultivos. Este sistema tiende a la compactación superficial del
suelo debido a la consolidación natural de las partículas, al tránsito de maquinarias o al
pisoteo de los animales, principalmente cuando el suelo está muy húmedo (Gregorich et al.,
1994).
Los trabajos de Pilatti & Orellana (1993, 2000), Orellana & Pilatti (1994), Orellana et
al. (1997) y Ghiberto et al. (2004) sugieren que los suelos del centro y norte de Santa Fe
poseen baja resiliencia, tornando muy difícil la recuperación de suelos deteriorados. Estas
condiciones determinan que el proceso de compactación pueda ser grave, pudiendo afectar la
captación y eficiencia del uso de los recursos y la productividad de los cultivos en la región. A
pesar de la relevancia del problema, es poco lo que se sabe sobre la influencia de la
compactación, especialmente en la Región Centro Norte de Santa Fe (Ferreras et al., 2000;
Botta et al., 2002, 2004).
6

La descompactación mecánica: efectos directos y residuales sobre el suelo y rendimiento de


los cultivos
La remoción mecánica de capas compactadas mediante el uso de implementos
descompactadores o escarificadores (e.g. paratill, paraplow) ha tomado creciente difusión en
el mundo (Hamza & Anderson, 2005; Spoor, 2006). En nuestro país la experiencia es más
limitada (Botta et al., 2006). En todos estos trabajos se muestran descensos significativos de
la resistencia del suelo a causa de la descompactación, pero se sabe poco acerca de su
perdurabilidad y sobre su impacto sobre el rendimiento de los cultivos (Álvarez et al., 2009).
Sadras et al. (2005) han informado incrementos de hasta un 43 % en el rendimiento de
trigo en respuesta a la reducción de la compactación del suelo y, en algunos casos, aumentos
en el contenido de proteína en grano. Esta respuesta fue dependiente del tipo de suelo,
cantidad y distribución inicial de agua en el perfil del suelo, exceptuándose en años
extremadamente secos o húmedos y cuando el suelo por debajo de la zona de compactación
estaba seco (Sadras et al., 2005). Sin embargo, el efecto de la descompactación mecánica
sobre la producción de materia seca y rendimiento de los cultivos presenta en la bibliografía
datos contradictorios. En soja en suelos argiudoles típicos y vérticos se obtuvieron aumentos
en el rendimiento como efecto directo de la descompactación en un 22 a 28% respecto a los
testigos (Bonel et al. 2005; Bonel & Montico 2007). Mon (2007), Azooz et al. (1995) y
Martino (1998) argumentan aumentos del rendimiento debido a la descompactación profunda
dada por el paratill. Varsa et al. (1997) encontraron resultados positivos sobre el rendimiento
de maíz para el tratamiento de descompactación profunda en un suelo franco limoso.
Busscher et al. (2006) también mostraron incrementos de rendimiento en el cultivo de soja
para los tratamientos realizados con paratill de 0,36 Mg ha-1 en relación con los no trabajados
en profundidad. En otro trabajo Busscher et al. (2000) comprobaron que los efectos del
subsolado fueron de corta duración, solo por una estación de cultivo sobre los rendimientos de
soja y trigo. En los suelos de la Pampa Ondulada, Puricelli & Legasa (1973), en experiencias
de subsolado, mostraron que el efecto en el horizonte B textural no persiste por más de dos
años por el elevado contenido de arcillas expandibles. Por otro lado, Mon (2007) evidenció
que tratamientos de subsolado, aún después de tres años de aplicados, presentan incrementos
productivos importantes. Twomlow et al. (1994) en suelos franco-arcillo-limosos encontraron
residualidad de hasta 3 años en la densidad y resistencia de penetración del suelo luego del
descompactado profundo. Díaz-Zorita & Fernández-Canigia (1999) y Alzugaray et al. (2008)
no observaron diferencias entre siembra directa y paratill en sus ensayos. Además Álvarez &
Steinbach (2006), integrando la información publicada a nivel de la Región Pampeana,
7

encontraron que en promedio los rendimientos del cultivo de soja no se ven modificados por
el sistema de labranza.

Efectos de la compactación del suelo sobre la absorción de nutrientes y sistema radical de los
cultivos
En general se informa acerca de descensos en la absorción de nutrientes en cultivos, en
respuesta a reducciones de enraizamiento a causa de la compactación. La absorción depende
del tipo de nutriente y del modo en que esos elementos son absorbidos. El fósforo y el potasio
llegan a las raíces por difusión, por lo que su absorción depende fuertemente del tamaño del
sistema radical. Por el contrario, nitrógeno y calcio llegan por flujo masal, por lo que su tasa
de absorción depende de su concentración en la solución. Sin embargo, cualquier restricción
del crecimiento radical en suelos compactados que represente una caída en la absorción de los
nutrientes puede ser parcialmente compensada por una mayor absorción en partes de suelo
con menor compactación o por una mayor cantidad de nutrientes aportados por el fertilizante
(Taboada et al., 2008a).
Una buena nutrición mineral es necesaria para que los cultivos alcancen un óptimo
crecimiento y rendimiento (Andrade et al., 2000). Debido a que la siembra directa genera una
menor disponibilidad de nitrógeno para el cultivo y, al efecto que dicho nutriente posee sobre
el índice de área foliar (Novoa & Loomis, 1981; Uhart & Andrade, 1995), la cantidad de
radiación interceptada por el cultivo es menor, en caso de no recibir fertilización nitrogenada.
Por lo tanto, y dado que la tasa de crecimiento de los cultivos está directa y estrechamente
relacionada con la intercepción de la radiación por los mismos (Gardner et al., 1985a), el
rendimiento del cultivo se verá afectado si esta condición persiste durante el período crítico de
determinación del mismo. Las mermas de rendimiento se encontrarán directamente
relacionadas con el estrés de nitrógeno, siendo necesaria la aplicación de fertilizantes para
revertir dicha situación.
La producción de materia seca y grano depende de la habilidad de los cultivos en
capturar y usar los recursos. La captura de recursos es proporcional al tamaño, actividad y
duración del canopeo y del sistema radicular. Este último sistema es muy sensible a cualquier
estrés impuesto por el suelo, pudiendo emitir señales inhibitorias a la conductancia del
cultivo, la expansión de las células, la división celular y a la tasa de aparición hojas de las
plantas (Scott et al., 1994; Sadras & Milroy, 1996; Masle, 1998; Passioura, 2002). Las raíces
que experimentan impedancia mecánica requieren fuerza para desplazar las partículas del
suelo y para su elongación. A medida que aumenta la fuerza que hacen las raíces para
8

desplazar las partículas del suelo y poder crecer, la tasa de elongación de las raíces decrece.
Esto restringe la habilidad del sistema radical en acceder al agua y los nutrientes de las capas
de suelo más profundas (Brown et al., 2006).

Importancia de la materia orgánica en la calidad del suelo


La presencia de materia orgánica en cantidad y calidad adecuada es esencial para que
los suelos sean menos vulnerables a la degradación y presenten elevada resiliencia. La materia
orgánica del suelo es importante en el sostenimiento de la calidad del suelo, debido a su
efecto positivo sobre la retención de agua, mantenimiento de la porosidad y aireación del
suelo, ciclado de nutrientes y crecimiento de las raíces de las plantas (Sainju & Good, 1993),
lo que promueve la producción de los cultivos y protección del ambiente (Bauer & Black,
1994).
El contenido de materia orgánica de un suelo depende en primer lugar de sus
propiedades físico-químicas y del ambiente donde se desarrolló; sin embargo, las prácticas de
uso y de manejo pueden modificar su contenido y calidad (Da Silva et al., 1997). Por ello, el
contenido materia orgánica o el de carbono orgánico son utilizados como indicadores de
sostenibilidad de los sistemas productivos (Gregorich et al., 1994; Quiroga et al., 2006).
El suelo puede funcionar como un sumidero, secuestrando CO2 atmosférico a través
del manejo apropiado del suelo y cultivo. Esto atenúa el incremento del CO2 atmosférico,
inclusive del que se produce debido a pérdidas desde el suelo inducidas por mal manejo
(Paustian et al., 1992; Reicosky et al., 1997).
Actualmente, la agricultura permanente con siembra directa y el doble cultivo por año
con elevada proporción de soja predominan en toda la región. El efecto de estos sistemas
sobre la materia orgánica del suelo y su sustentabilidad es un tema aún de análisis y discusión.
La correcta elección de los cultivos integrantes de las rotaciones es esencial (Tremblay &
Vasseur, 1994; Guy et al., 1995; Astegiano et al., 2003; Villar et al., 2005); debido a que,
incrementos anuales en la producción de los cultivos y sus residuos dentro de un sistema y/o
la disminución de la frecuencias de labranzas ayudan a mantener los niveles de carbono del
suelo o inclusive a incrementarlo con el tiempo, dependiendo de la cantidad y tipo de residuo
que ingresa al suelo (Larson et al., 1972; Rasmussen et al., 1980; Havlin et al., 1990;
Peterson et al., 1998; Rasmussen & Rohde, 1988).
La presencia de residuos en superficie en un suelo bajo siembra directa y la falta de
disturbios del mismo, producen una serie de cambios físicos, químicos y biológicos en el
ambiente edáfico (Doran, 1980). Respecto a estos últimos, quizás el más relevante sea la
9

menor disponibilidad de nitrógeno mineral en dicho sistema de labranza, respecto a labranza


convencional (Lamb et al., 1985). El rastrojo en superficie produce incrementos en el
contenido de carbono y nitrógeno orgánico en los primeros centímetros del suelo respecto a
los sistemas tradicionales (Doran 1980; Campbell et al., 1996); como consecuencia de esto,
han sido determinados incrementos en la actividad microbiana y enzimática del suelo (Doran,
1980; Crespo, 1999). El incremento de la disponibilidad de sustrato para los microorganismos
(Staley et al., 1988; Dalal et al., 1991), disminuye la disponibilidad de nitrógeno inorgánico
para los cultivos por un incremento en la inmovilización microbiana (Lamb et al., 1985;
Crespo 1999), principalmente en regiones templado-húmedas. Por lo tanto, la menor
disponibilidad de nitrógeno en cultivos implantados bajo siembra directa podría ser atribuida
a la menor tasa de mineralización de nitrógeno orgánico (Fox & Bandel, 1986), incrementos
en la inmovilización microbiana (Doran, 1980 ; Mengel et al., 1982; Kitur et al., 1984), o
también a la presencia de un ambiente menos oxidativo en suelos no labrados, que ocasiona
una menor nitrificación y una mayor desnitrificación (Doran & Power, 1983; Picone et al.,
1997), lavado (Thomas et al., 1973; Mc Mahon & Thomas, 1976) o una combinación de
dichos procesos.

Intervalo hídrico óptimo como indicador de la calidad física del suelo


Desde hace muchos años los investigadores cuantifican la resistencia mecánica,
aeración y disponibilidad de agua para caracterizar algunos atributos de la calidad del suelo.
Sin embargo, estas propiedades medidas aisladamente no siempre reflejan si la condición
física es adecuada para el desarrollo de las plantas (Moura et al., 2009). Esta limitación fue
superada cuando dos grupos de investigadores (Pilatti & Orellana, 1993; Da Silva et al.,
1994) propusieron, casi simultáneamente y con algunas diferencias, un indicador de calidad
física del suelo, el intervalo hídrico óptimo, mencionado en la literatura internacional como
least limiting water range. En otras palabras, el intervalo hídrico óptimo es el intervalo o
rango de humedad en el suelo en el que las limitaciones para el crecimiento de las plantas son
mínimas.
Este indicador de calidad estructural de los suelos, se considera eficiente para
identificar las posibles causas -relacionadas con las propiedades físicas de los suelos entre las
mencionadas precedentemente- que restringen el crecimiento y desarrollo de las plantas o que
disminuyen la productividad. Está definido por un límite superior y un límite inferior de agua
en el suelo. El límite superior (más húmedo) es el mínimo valor de humedad en el suelo entre
dos valores: i) la humedad de capacidad de campo y ii) la humedad que corresponde a 10 %
10

de aeración (Pilatti & Orellana, 1993; Da Silva et al., 1994). El límite inferior (más seco) es
definido por el máximo valor de humedad en el suelo entre dos valores: i) humedad en el
punto de marchitez permanente (Da Silva et al., 1994) o en el límite inferior de agua
fácilmente disponible (agua retenida hasta 1 bar) (Pilatti & Orellana, 1993) y ii) humedad que
corresponde a un valor de resistencia mecánica que limita el crecimiento de las raíces (varía
con la especie entre 2 a 4 MPa).
El intervalo hídrico óptimo permite identificar la propiedad física que actúa como
limitante a medida que la compactación del suelo aumenta. Este enfoque distintivo
incorporado por Da Silva et al. (1994) muestra como las distintas variables y el intervalo
hídrico óptimo -resumido en un solo número- cambian con la densidad del suelo a medida que
el mismo se compacta, hasta definir la densidad de suelo crítica para el crecimiento vegetal;
es decir, el valor de densidad del suelo en el que el intervalo hídrico óptimo es cero.
Este indicador es lo suficientemente sensible para ser utilizado como criterio de
evaluación de la calidad estructural del suelo para la producción de cultivos en diferentes
sistemas de manejo, en el campo y en condiciones controladas, para monitoreo de la
compactación y también indirectamente de las emisiones de C-CO2 desde el suelo (Tormena
et al.,1998,1999; Zou et al., 2000; Benjamin et al., 2003; Araujo et al., 2004; Lapen et al.,
2004; Beutler et al., 2005; Bengough et al., 2006; Kay et al., 2006; Leão et al., 2006; Freddi
et al., 2009; Kaiser et al., 2009; Lima et al., 2009; Reichert et al., 2009; Olibone et al., 2010;
Petean et al., 2010; Medeiros et al., 2011).
Sin embargo, Reichert et al. (2009) concluyeron que los valores de densidad crítica
basadas en el intervalo hídrico óptimo no necesariamente restringen el crecimiento de las
raíces en sistemas de siembra directa. Posiblemente, en esos sistemas mejoró la continuidad
de los macroporos y surgió un menor límite crítico de porosidad de aeración. Las redes de
bioporos estables permitieron el crecimiento de la raíz aún en altas resistencias de suelo. Otra
posible explicación es que la raíz crezca en canales by pass (Bengough et al., 2011).
Mohammadi et al. (2010), basados en propiedades físicas del suelo y fisiológicas de la planta,
redefinen el límite superior del intervalo hídrico óptimo. Predicen este límite a partir del
conocimiento de la curva característica de retención hídrica del suelo, la profundidad de las
raíces de las plantas y la tasa de consumo de oxígeno. Por otro lado, el intervalo hídrico
óptimo puede estimarse a partir de funciones de edafotransferencia (Da Silva & Kay, 1997b;
Imhoff et al., 2012). Estos últimos autores, en suelos argiudoles y hapludoles determinaron
que el intervalo hídrico óptimo se relaciona positivamente con el carbono orgánico y,
negativamente con la densidad del suelo y con el contenido de arcilla.
11

El suministro de agua es, a menudo, el factor limitante más crítico para el crecimiento
y rendimiento de los cultivos en las regiones de secano (Abbate et al., 2004). El contenido
hídrico en el suelo en estas regiones depende de la ocurrencia de precipitaciones (McKenzie
et al., 2009); su magnitud y distribución anual determinan, como consecuencia, la ocurrencia
de situaciones de estrés por déficit o exceso de agua.
Los cultivos que crecen en suelos con intervalo hídrico óptimo estrechos son más
vulnerables a las sequías y precipitaciones elevadas que aquellos que crecen en suelos con
intervalo hídrico óptimo más amplios. Esto se comprueba a partir de la estimación de la
frecuencia con que el contenido de agua del suelo permanece fuera del intervalo hídrico
óptimo (pout) (Da Silva & Kay, 1997a). Da Silva & Kay (1996) concluyeron que la tasa de
crecimiento vegetativo del cultivo de maíz fue menos restringida durante dos estaciones de
crecimiento cuando el contenido hídrico del suelo estuvo más frecuentemente dentro de los
límites del intervalo hídrico óptimo. Específicamente, el crecimiento de la parte aérea de las
plantas correlacionó negativamente con pout.
Otro indicador que permite cuantificar los desvíos de la humedad en el suelo respecto
de los límites del intervalo hídrico óptimo es el índice de días de estrés por agua (WSD, water
stress days) (Benjamin et al., 2003). Estos autores demostraron que la correlación entre el
rendimiento de maíz con índice de días de estrés por agua fue mayor que con la densidad del
suelo o con el intervalo hídrico óptimo. Dicho índice (WSD) fue eficiente para evaluar
cambios en el suelo debido a diferentes prácticas de manejo y para detectar los períodos
críticos de estrés por agua ocurridos durante la estación de crecimiento del cultivo que afectan
el rendimiento. El estrés por deficiencia de agua ocurre cuando el sistema radical del cultivo
no es capaz de extraer agua a la tasa que demanda la atmósfera. El cociente entre la
evapotranspiración actual (ETc) y la potencial o demandada por la atmósfera (ETo), es decir
ETc/ETo, cuantifica la magnitud del estrés (Brown et al., 2009). Si dicho cociente es menor
que uno (ETc<ETo) el cultivo estará bajo estrés por deficiencia de agua y, la producción de
MS será menor que la potencial (Texeira et al., 2008).

Productividad y eficiencia en el uso de los recursos


Según la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations) (Allen et
al., 2006) el concepto de evapotranspiración incluye tres definiciones diferentes: i)
evapotranspiración del cultivo de referencia (ETo), ii) evapotranspiración del cultivo bajo
condiciones estándar (ETc) y iii) evapotranspiración del cultivo bajo condiciones no estándar
(ETcaj).
12

La evapotranspiración del cultivo de referencia (ETo) es el parámetro relacionado


con el clima que expresa el poder evaporante de la atmósfera. La superficie de referencia
corresponde a un cultivo hipotético (pastura) con características específicas. En general, la
alfalfa es el cultivo de referencia que se usa como superficie de referencia en el mundo. La
consulta a expertos de la FAO presentó la siguiente definición inequívoca para la superficie
de referencia: “un cultivo hipotético de referencia con una altura asumida de 0,12 m, una
resistencia superficial fija de 70 s m-1 y un albedo de 0,23”, que se asemeja a una superficie
extensa de pasto verde de altura uniforme (asegura que todos los flujos de aire son
ascendentes), creciendo activamente, sombreando totalmente la tierra y con un adecuado
aporte de agua. No se recomienda el uso de otras denominaciones. Los únicos factores que
afectan la ETo son los parámetros climáticos. Por lo tanto, evapotranspiración de referencia
es también un parámetro climático que se calcula a partir de datos meteorológicos. El
método FAO Penman-Monteith se recomienda como el único método de determinación de la
ETo.
La evapotranspiración del cultivo bajo condiciones estándar (ETc) se refiere a la
evapotranspiración en condiciones óptimas presentes en parcelas con un excelente manejo y
adecuado aporte de agua y que logra la máxima producción de acuerdo a las condiciones
climáticas. La relación ETc/ETo, que puede determinarse experimentalmente para diferentes
cultivos, se conoce como ‘coeficiente del cultivo’ (Kc) y se utiliza para relacionar ETc a ETo
de manera que ETc= Kc * ETo.
La evapotranspiración del cultivo bajo condiciones no estándar (ETcaj) o real es la
evapotranspiración de cultivos que crecen bajo condiciones de campo. Esta
evapotranspiración real del cultivo puede desviarse de ETc debido a condiciones no óptimas,
como son la presencia de plagas y enfermedades, la salinidad y la baja fertilidad del suelo y la
limitación o el exceso de agua. Esto puede reducir la tasa de evapotranspiración por debajo de
los valores de ETc debido a un menor crecimiento y densidad de plantas. La ETc requiere
generalmente una corrección que se calcula utilizando un ‘coeficiente de estrés hídrico’ (ks) o
ajustando el Kc a todos tipos de condiciones de estrés y limitaciones ambientales en la
evapotranspiración del cultivo (kcs).
En general los autores coinciden en señalar que mayores tasas de evapotranspiración
están asociadas con mayor producción de los cultivos (Payero et al., 2006; Moura et al.,
2009). Conocer las variaciones de humedad en el perfil requiere la determinación del balance
hídrico, el cual permite conocer la variación del almacenaje de agua en el suelo y la
extracción realizada por el cultivo.
13

La eficiencia de captura de los recursos es definida como la relación entre las salidas –
biomasa (B) y rendimiento- y las entradas anuales de radiación fotosintéticamente activa, las
lluvias o nutrientes que condiciona la productividad. Dentro de la estación de cultivo la pobre
captura y eficiencia en el uso del agua y de la radiación están asociadas con un bajo índice de
área foliar durante las fases tempranas del cultivo (Cooper, 1983).
La productividad estacional o anual del agua (materia seca por unidad de entrada de
agua) puede ser analizada como el producto de la eficiencia de captura del agua y la eficiencia
de uso del agua. La eficiencia de captura del agua es la relación entre la evapotranspiración y
la disponibilidad de agua. La eficiencia en el uso del agua es la producción de materia seca
por unidad agua evapotranspirada. La productividad del agua es similar a la eficiencia del uso
del agua como fue definido por Pierce & Rice (1988).

Por analogía se define la productividad estacional o anual de la radiación, como el


producto entre la eficiencia de captura de la radiación y la eficiencia del uso de la radiación.
La eficiencia de captura de la radiación es la relación entre la acumulación de la radiación
fotosintéticamente activa interceptada por el cultivo y la radiación fotosintéticamente activa
incidente con base anual o estacional. La eficiencia de uso de la radiación es la relación entre
la producción de materia seca y la radiación fotosintéticamente activa interceptada.

La eficiencia en el uso del nitrógeno puede estudiarse a través de componentes


asociados a procesos del suelo y de la planta. Puede definirse como la cantidad de material
vegetal, granos o biomasa total, producida por unidad de nitrógeno total acumulado por el
cultivo (Huggins & Pan, 1993). En general, la eficiencia en el uso del nitrógeno del
fertilizante a nivel mundial es muy baja y se estima entre 0,33 y 0,50%; es decir, menos de la
mitad del fertilizante aplicado es utilizado por el cultivo (Raun & Johnson, 1999; Davis et al.,
2003; Fageria & Baligar, 2005). El resto, será perdido del sistema por las vías de
volatilización, lixiviación, escurrimiento o utilizado por los microorganismos del suelo para
realizar una degradación más rápida de la materia orgánica.
Las eficiencias mencionadas pueden ser cuantificadas. Sin embargo, para poder tener
una apreciación global del efecto de la actividad productiva resulta importante disponer de un
conjunto de indicadores que ayuden a evaluar los cambios de la calidad del suelo inducidos
por los actuales sistemas productivos, especialmente en el corto plazo, de manera que se
pueda evitar su degradación. Éste es un gran desafío para los investigadores en la actualidad.
En este contexto, hay dos perspectivas principales en la investigación de la respuesta
de las plantas a la compactación del suelo: i) estudios agronómicos que enfocan las respuestas
14

en Rdto de los cultivos y, generalmente, no responden a la dinámica de los procesos


involucrados, ii) estudios ecofisiológicos que tratan con las variables de respuesta de las
plantas en niveles de organización bajos (por ejemplo, la conductancia estomática) cuya
integración a nivel de cultivo no es clara (Sadras et al., 2005).
Pocos trabajos combinaron experimentos a campo y modelos para investigar los
niveles de respuestas de los cultivos a la compactación del suelo, estudiando la captura de
recursos y eficiencia en el uso de los mismos. Se sugiere que la eficiencia de captura y de uso
uso de los recursos podrían usarse como indicadores de cultivo para interpretar los diferentes
datos de calidad de suelo como paso fundamental para definir sistemas de producción
sustentables.
Específicamente, en la región centro-norte de Santa Fe, existe todavía la necesidad de
generar conocimiento para poder establecer el nivel de mejora o de degradación de los suelos
luego de un cierto período de adopción de nuevas prácticas productivas. Por lo tanto, disponer
de indicadores que directa o indirectamente puedan reflejar los cambios en la calidad del
suelo y, la participación que tienen las actuales tecnologías en esos cambios, permitirá
contribuir al objetivo de mantener e incrementar la productividad agrícola. En este contexto se
presenta la hipótesis de trabajo y los objetivos perseguidos.

HIPÓTESIS
Este trabajo se sustenta en las siguientes hipótesis:
1- La atenuación de la compactación y la fertilización con nitrógeno y fósforo en los
cultivos de trigo (T) y soja (S) aumenta la captación y eficiencia de uso de nutrientes, agua y
radiación.
2- El aumento en la captación y eficiencia de uso de los recursos por los cultivos de la
secuencia trigo/soja causa un incremento en la producción de biomasa total y el rendimiento,
lo que promueve cambios en las propiedades físicas, químicas y stock de la materia orgánica
del suelo.
3- El análisis de las interrelaciones cultivo-suelo permitirá identificar las variables
ecofisiológicas del cultivo que pueden ser utilizadas como indicadores de cambios que
ocurren en el corto plazo en la calidad del suelo.

OBJETIVO GENERAL
Evaluar las alteraciones producidas por diferentes niveles de fertilización y
compactación del suelo sobre las propiedades físicas y químicas del suelo y sobre las
15

variables ecofisiológicas de los cultivos de trigo (T) y soja (S) para verificar si alguna de esas
variables puede ser utilizada como indicador de los cambios producidos en la calidad del
suelo.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS
 Evaluar propiedades físicas, químicas y contenido de materia orgánica del suelo en
situaciones con diferentes niveles iniciales de compactación y fertilidad química, y
verificar la evolución temporal de esas propiedades en una secuencia S-T/S-T/S-T de
tres años de duración.
 Evaluar variables de crecimiento, rendimiento, captación y eficiencia en el uso del
agua, radiación y nutrientes en los cultivos de trigo y soja según nivel de
compactación y fertilización del suelo.
 Relacionar variables ecofisiológicas del cultivo y las propiedades físicas, químicas y
carbono del suelo para detectar posibles interrelaciones.
16

METODOLOGÍA GENERAL PARA LOS CAPÍTULOS I, II Y III


Diseño experimental
El experimento se realizó en la Unidad Experimental de Cultivos Extensivos ubicado
en Esperanza sobre Ruta Provincial Nº 70, km 26 (31º25’34,93’’S 60º59’29,91’’O) sobre la
secuencia de cultivos Soja-Trigo/Soja-Trigo/Soja-Trigo durante las campañas 2008/2009
(C1), 2009/2010 (C2) y 2010/2011(C3). El suelo está clasificado como Argiudol ácuico (fina-
media-térmica), serie Humboldt, con un índice de productividad de IP= 66. Se trata de un
suelo profundo, moderadamente a bien drenado, desarrollado en una planicie extendida
ligeramente deprimida (INTA, 1991).
Se seleccionó un lote agrícola con 6 años en siembra directa (SD) y monocultivo de
soja, con presencia de compactación, que fue determinada midiendo la resistencia del suelo a
la penetración (RP) con un penetrómetro de campo a la profundidad de 0-20 cm en
condiciones de humedad próxima a capacidad de campo, adoptándose como valor crítico 2,5
MPa (Glinski & Lipiec, 1990; Gupta & Allmaras, 1987). El diseño experimental utilizado fue
en bloques completos aleatorizados con diseño factorial (2*2) y tres repeticiones. Cada
tratamiento surgió de la combinación de dos factores (compactación y fertilización) y dos
niveles (sin descompactar y descompactado para el factor compactación y, alta y baja para el
factor fertilización), haciendo un total de cuatro tratamientos. Los tratamientos fueron: i) alta
fertilización sin descompactar (Asd), ii) baja fertilización sin descompactar (Bsd), iii) alta
fertilización descompactado (Ad) y iv) baja fertilización descompactado (Bd) (Figura 1). En
las parcelas descompactadas (correspondientes a los tratamientos Ad y Bd) se realizó una
labor profunda vertical al inicio del ensayo (mayo de 2008) con el objetivo de disminuir la
compactación. Para ello se utilizó un paratill marca Dolbi a 70 cm entre púas, con una
profundidad de labor de 30-35 cm. La humedad de suelo al momento de realizar dicha labor
fue de 0,32 cm3 cm-3, inferior a la capacidad de campo (0,36 cm3 cm-3). Luego se procedió a
la siembra de los cultivos con el sistema de siembra directa.
17

Figura 1. Diseño experimental del ensayo. Tratamientos: Ad (alta fertilización


descompactado), Bsd (baja fertilización sin descompactar), Asd (alta fertilización sin
descompactar) y Bd (baja fertilización descompactado). Los números dentro de círculos
identifican tubos de acceso para la medición de agua.

Se sembró el cultivar de soja RA 725, grupo de madurez VII, de hábito de crecimiento


determinado, con una sembradora experimental de grano grueso de dos surcos marca ERCA.
Las fechas de siembras fueron 4 de diciembre (C1), 5 de diciembre (C2) y 6 de diciembre
(C3). El espaciamiento entre hileras fue de 52 cm con una densidad de 26 semillas m-2
asegurando un buen control de malezas, insectos y enfermedades.
En cuanto al cultivo de trigo se utilizó la variedad Buck Malevo, de ciclo largo, en
siembra directa a 17,5 cm entre líneas, a razón de 120 kg de semillas por ha con el objetivo de
obtener 280 plantas m-2. Las fechas de siembra fueron 3, 11 y 16 de junio para C1, C2 y C3,
respectivamente. Se mantuvo el cultivo libre de malezas [barbecho químico con glifosato (3 l
ha-1) y metsulfurón (6 g ha-1)] y de enfermedades [aplicación de fungicida (Amistar Xtra) en
hoja bandera].

Determinaciones químicas de suelo y manejo de la fertilización


Se realizó análisis químico del suelo (0-20 y 20-40 cm) antes de la siembra del cultivo
de soja. En la C1: soja 2008/09 al inicio del ensayo se realizó el muestreo de suelo obteniendo
una muestra compuesta representativa de todo el ensayo. Para las campañas C2: soja 2009/10
y C3: soja 2010/11 se obtuvo una muestra compuesta del suelo constituida por 20
submuestras obtenidas con barreno para cada tratamiento y repetición. Se determinó: i) MO
total, por oxidación con dicromato de potasio; ii) pH actual (1:2,5); iii) fósforo extractable
(P), por el método Bray–Kurtz I (Bray & Kurtz, 1945); iv) N total, por método de Kjeldahl; v)
18

azufre de sulfatos (S-SO4) por medio de la técnica turbidimétrica descripta por Maynard et al.
(1987). La misma emplea como extractante una solución ácida de acetato de amonio a pH 5.
En base a los resultados de los análisis químicos de dichas muestras, se realizó una
fertilización fosforada del cultivo de soja a la siembra, ubicando el fertilizante al costado y
debajo de la semilla. Para el cálculo de la dosis de P a agregar se fijó un Rdto objetivo de
4300 kg ha-1 con un 13,5 % humedad de grano. Por lo tanto, la extracción total por la soja
sería de 26 kgP ha-1, siendo necesarios 7 kgP para producir 1000 kg de grano (García &
Correndo, 2013). En los tratamientos de alta fertilización se aportó el fósforo necesario para
cubrir el extraído por el cultivo (criterio de reposición); en tanto que, en los de baja
fertilización se consideró un criterio de suficiencia o de “arranque” (método usado por el
productor medio en la zona de estudio en cuanto al manejo de la fertilización del cultivo de
soja) (Rubio et al., 2008). El fertilizante utilizado fue superfosfato triple de Ca -SPT- [20% P
(46% P2O5) – 13% Ca (CaO)].
El valor inicial de P para los tratamientos de alta fertilización promedio de los
tratamientos descompactados (d) y sin descompactar (sd) fue 7,3, 7,2 y 7,8 ppm para las C1,
C2 y C3, respectivamente. Se aplicaron 130 kg de fertilizante (SPT) por ha, aportando 26 kgP
ha-1. En tanto que, el P inicial en los tratamientos con baja fertilización promedio de los
tratamientos descompactados (d) y sin descompactar (sd) fue de 7,3, 7,1 y 8,8 ppm en C1, C2
y C3 respectivamente. Se fertilizó en la C1 con 80 kg de fertilizante (SPT) por ha y, en C2 y
C3 con 70 kg ha-1, aportando 16 kgP ha-1 en C1 y 14 kgP ha-1 en C2 y C3.
En el cultivo de trigo después de la cosecha de soja se determinó según análisis
químico de suelo i) MO total, por oxidación con dicromato de potasio; ii) pH actual (1:2,5);
iii) fósforo extractable (P), por el método Bray–Kurtz I; iv) N total, por método de Kjeldahl;
v) azufre de sulfatos (S-SO4) por medio de la técnica turbidimétrica descripta por Maynard et
al. (1987) a 20 cm de profundidad. La fertilización se realizó a la siembra, según el método de
balance de N y, se calculó en base a análisis químico a partir de muestras de suelos
disturbadas extraídas a 60 cm de profundidad (divididas en tres submuestras de 0-20 cm, 20-
40 y 40-60 cm). Se determinó la oferta de N-NO3- disponible a la siembra (0-60 cm) y se
estimó el aporte del N mineralizable (Nm) tomando como valor de coeficiente de
mineralización el 1% del N de la materia orgánica, siguiendo lo propuesto por Álvarez
(1998). Se tomó como demanda del cultivo un requerimiento de 30 kgN por cada 1000 kg de
grano producido, siendo el Rdto objetivo de 4000 kg ha-1 para los tratamientos de alta
fertilización. El fertilizante empleado (Nf) fue fosfato diamónico PDA (18-20-0) y urea (46-0-
0) para las C1 y C2 y sólo PDA en la C3.
19

En la C1 se aplicó 46 kgN ha-1 + 14 kgP ha-1 para los tratamientos de alta fertilización
y, 23 kgN ha-1 + 7 kgP ha-1 para los tratamientos de baja fertilización. Este aporte permitió
llevar el nivel de N disponible (N-NO3 + Nm + Nf) a 138 y 110 kgN ha-1 para los tratamientos
de alta y baja fertilización. Durante la C2 se fertilizó con 55 kgN ha-1 + 10 kgP ha-1 y 27,5
kgN ha-1 + 5 kgP ha-1 para los tratamientos de alta y baja fertilización, respectivamente. El
nivel de N disponible (N-N03 + Nm + Nf) en la C2 fue de 125 y 95 kgN ha-1 para los
tratamientos de alta y baja fertilización. Finalmente, en la C3 se aplicó 18 kgN ha-1 + 20 kgP
ha-1 en los tratamientos de alta fertilización y sin fertilizante (Nf= 0) en los tratamientos de
baja, logrando un nivel de N disponible de 130 y 105 kgN ha-1 para los tratamientos de alta y
baja fertilización, respectivamente.

Determinaciones físicas del suelo: densidad de suelo relativa (Dsr), densidad aparente
(Ds), resistencia a la penetración (RP) e intervalo hídrico óptimo (IHO).
El grado de compactación o densidad de suelo relativa (Dsr) después de la aplicación
de los tratamientos se determinó según el método propuesto por Hakansson (1990), siendo
definido como la relación entre la densidad aparente del suelo (Ds) y la densidad de referencia
del mismo. Para cuantificar la densidad de referencia se coloca tierra fina seca al aire
tamizada a 2 mm, en un cilindro de peso y tamaño conocido (7 cm diámetro por 2,5 cm
altura) hasta llenarlo y se pesa. Luego se calcula la Ds de la muestra (Ds= masa de
suelo/volumen cilindro) y la porosidad total [PT= (1-Ds/Dp)*100]; siendo Dp la densidad de
partícula (Dp= 2,58 g cm-3 para el suelo en estudio). A continuación se calcula el 95% de
porosidad total que corresponde a la cantidad de agua que se debe agregar para lograr que
aproximadamente 95 % del espacio poroso quede lleno con agua y 5 % del espacio poroso
quede con aire. La muestra se coloca en un recipiente (caja de petri) y se agrega lentamente el
agua al mismo para que ascienda por capilaridad. Luego, se cierra el recipiente y se deja
estabilizar por 24 horas. Posteriormente se coloca la muestra en un consolidómetro y se la
somete a 200 kPa de presión durante 1 hora. Este equipamiento registra automáticamente el
cambio de altura que sufre la muestra. Una vez que termina el ensayo, la muestra se coloca en
una estufa a 110 C° por 24 horas. A continuación se lleva a desecador donde se deja enfriar y
luego se pesa. A partir de la masa de suelo (en g) y el volumen (cm3) recalculado a partir de la
altura posterior a la compactación se obtiene la densidad de referencia. Para recalcular el
volumen se aplicó la Ecuación 1.
V = (Pi * D2/4) * (A) (1)
20

Donde: V= volumen (cm3); Pi=3,141593; D= diámetro (cm); A=altura (cm) de la muestra


después de la compactación.
En noviembre de 2008 a 6 meses de realizada la labor con paratill (mayo 2008) de
cada repetición según tratamiento se colectaron 10 muestras de suelo con estructura no
perturbada (cilindros) a dos profundidades (0-7 cm y 8-12 cm) para determinar la curva de
retención hídrica (CRH), de resistencia mecánica (CRP), la Ds y el IHO. Las muestras se
saturaron por elevación gradual de una lámina de agua, se pesaron para obtener el contenido
hídrico en saturación (s) y posteriormente se equilibraron en los siguientes potenciales
mátricos (ψ): -0,005; -0,01; -0,03; -0,5 y 1,5 MPa en mesa de tensión por medio de presiones
aplicadas en placas porosas (Klute, 1986). Cuando las muestras llegaron al equilibrio se
pesaron y en cada una se midió la RP del suelo con penetrómetro electrónico, con cono de 60º
de ángulo y 4 mm de diámetro basal. La velocidad de penetración fue de 1 cm min -1 y la
frecuencia de muestreo correspondió al registro de un valor de resistencia cada 0,6767
segundos. Las lecturas obtenidas entre 1-4 cm de profundidad de cada muestra se
promediaron para obtener un único valor de RP. A continuación las muestras se secaron en
estufa a 105 ºC para determinar el contenido gravimétrico de agua y la densidad aparente del
suelo (Blake & Hartge, 1986).
Con esta información se calculó el contenido hídrico volumétrico para elaborar la
curva característica de retención hídrica (CRH) (= fpara las dos profundidades de
muestreo. Los datos de las CRH se ajustaron con el modelo propuesto por Van Genuchten
(1980) (ecuación 2):
= [r + (s - r) / [1 + ()n]1/n] (2)
Donde: =contenido volumétrico de agua (cm3 cm-3), r=contenido volumétrico de agua
residual (cm3 cm-3), s=contenido volumétrico de agua en saturación (cm3 cm-3), = potencial
mátrico (kPa) y , n son los parámetros de ajuste.
La relación funcional entre RP, y Ds se obtuvo ajustando los datos al modelo no
lineal propuesto por Busscher (1990) (ecuación 3):
RP = a * b * Dsc (3)
Donde: RP= resistencia del suelo a la penetración (MPa), = contenido volumétrico de agua
(cm3 cm-3), Ds= densidad del suelo (g cm-3) y a, b, c son los parámetros del ajuste.
El intervalo hídrico óptimo (IHO) se calculó según la metodología propuesta por Da
Silva et al. (1994) para cada Ds medida. Los contenidos hídricos correspondientes a la
capacidad de campo (CC) y al punto de marchitez permanente (PMP) se obtuvieron con la
21

ecuación (2) para = -0,01 MPa y = -1,5 MPa, respectivamente. La ecuación (3) se utilizó
para determinar el contenido hídrico del suelo en que se alcanza un valor de RP= 2,5 MPa
(RP), considerado restrictivo para el normal crecimiento de las raíces de soja y trigo. El
contenido hídrico del suelo en que la porosidad de aeración es 10% (Pa), considerado
adecuado para el cultivo de trigo y soja, se determinó a partir de la ecuación general que se
utiliza para determinar la porosidad total del suelo, sustrayendo a dicho valor que debe
permanecer libre de agua (0,1) (ecuación 4),
Pa = [(1-Ds/Dp) - 0,10] (4)
Donde: Ds= densidad aparente de suelo (g cm-3) y Dp= densidad de partículas (g cm-3).
En este estudio su valor promedio fue Dp= 2,58 g cm-3.
El IHO se obtuvo calculando la diferencia entre el límite superior, definido como el
menor valor entre Pa y CC, y el límite inferior, definido como el mayor valor entre PMP y
RP, para cada valor de Ds. Además se determinó la densidad de suelo crítica (Dsc), es decir
la Ds en que el IHO=0.
La densidad aparente del suelo (Ds) se determinó al inicio y final de cada cultivo en la
secuencia S-T/S-T/S-T, para cada tratamiento y repetición, desde noviembre de 2008 (al
inicio del ensayo antes de la siembra de soja), hasta mayo de 2011 (luego de la cosecha de
soja 2010/11 a 2 años y medio de realizada la primera medición y 3 años de la labor con
paratill), tomando tres muestras de suelo no perturbadas distribuidas aleatoriamente (cilindros
de 5 cm de altura por 5 cm de diámetro) en el horizonte A, a dos profundidades (0-7 cm y 8-
12 cm). Estas muestras se secaron en estufa a 105 °C hasta alcanzar peso constante y, a partir
de la masa seca de suelo y del volumen del cilindro se determinó la densidad aparente del
suelo (Blake & Hartge, 1986).

Determinación del rendimiento, materia seca total, tasa de crecimiento del cultivo,
duración e índice de área foliar
Para la caracterización del crecimiento se determinó la materia seca (MS) total en
cuatro momentos: en soja en los estadíos reproductivos R1, R4, R6 y R8 [según escala de
Fehr & Caviness (1977)] y, en trigo en inicio y en mediados de encañazón, en antesis+7 días
y madurez fisiológica [Z3.1, Z3.4, Z7.05 y Z9.0 según escala de Zadock et al. (1974)], en una
superficie de muestreo de 2 m2 y 0,7 m2 por tratamiento y repetición para soja y trigo
respectivamente. La tasa de crecimiento del cultivo (TCC) se calculó para el período crítico
22

del cultivo (R4 a R6 para soja y Z3.4 a Z7.05 para trigo) mediante la fórmula (MS2-MS1)/(t2-
t1); donde MS es la MS acumulada (g m-2) y t es el tiempo (días).
El área foliar (AF) se determinó como el producto de la MS foliar (g) por el área foliar
específica (AFE, cm2 g-1) en los estadíos R1, R4 y R6 para soja y, Z3.1, Z3.4 y Z7.05 para
trigo. Para ello se defoliaron cinco plantas en soja y las plantas de 1 m lineal para trigo por
cada repetición, considerando sólo las hojas con un área verde mayor al 50 %. El AFE se
determinó dividiendo AF de una alícuota de hojas por su peso seco, para lo cual se obtuvo el
AF de esa alícuota (aproximadamente el 50% del total de hojas) con un medidor de AF
continuo Li-Cor modelo 3000. Para el cálculo del índice de área foliar (IAF) se refirió el AF
en m2 de hoja por unidad de superficie de suelo (m2).
Para relacionar la producción de MS con el IAF, Watson (1947) integró el IAF en el
tiempo y lo llamó ‘duración del área foliar’ (DAF) mediante la fórmula DAF=
[(IAF1+IAF2)*(t2-t1)] / 2, dónde IAF1 y 2 es el índice de área foliar y t es el tiempo (días).
En soja se contaron el número de plantas m-2 en V1 y a cosecha. Se determinó en R8
el rendimiento (Rdto) corregido al 13,5 % de humedad, el número de vainas m-2, el número de
granos m-2 y el peso de 1000 granos (P1000). En trigo se determinó el número de plantas por
m-2 en Z1.4, el número de espigas m-2, el número de espiguillas por espiga, el número y peso
de los granos, el Rdto corregido al 14 % de humedad y el índice de cosecha. El tamaño de la
muestra y el número de muestras utilizado para realizar estas mediciones fue de dos
submuestras por repetición de 2 metros lineales cada una (0,7 m2).

Radiación fotosintéticamente activa interceptada y acumulada, y eficiencia de uso de la


radiación (EUR)

Los valores de radiación fotosintéticamente activa (RFA) interceptada (RFAi) por el


cultivo se obtuvieron utilizando un radiómetro LI-COR modelo LI-250. Se realizaron 5
mediciones por encima de la canopia (I0) y 5 lecturas por debajo del nivel de hojas verdes del
cultivo (I’) entre las 11:30 y 13:00 horas en días soleados, de acuerdo a la metodología
propuesta por Gallo & Daughtry (1986). Las mediciones se realizaron semanalmente,
expresando los resultados en los estadíos fenológicos de soja R1, R4 y R6, ubicando la barra
de medición en forma perpendicular a las hileras (I’) y, en trigo en Z3.1, Z3.4 y Z7.05 en
forma paralela a las líneas de siembra al medio y los costados, promediando las tres
mediciones (I’). El porcentaje de radiación interceptada (%RI) se calculó como 100*[1-
(I'/I0)]. La RFA interceptada acumulada por el cultivo (RFAiacum) se obtuvo mediante la
23

multiplicación de la RFA incidente tomada de una estación meteorológica ubicada a 5 km del


ensayo, por el %RI por el cultivo durante la ontogenia del mismo. Se calculó la eficiencia de
uso de la radiación (EUR) (en g MJ-1) como el cociente entre la biomasa (B) y la RFAi
acumulada para el ciclo total, desde emergencia a madurez fisiológica del cultivo de trigo y
fin de madurez en soja (EUR BT ciclo) y desde R4-R6 en soja (EUR R4-R6). La eficiencia
en el uso de la radiación para la producción de grano (EUR G) se calculó como el cociente
entre el rendimiento y la RFAi acumulada para el ciclo total.

Evapotranspiración del cultivo, balance y eficiencia en el uso del agua


La evapotranspiración de los cultivos (ETc) es la suma de la evaporación desde el
suelo y la transpiración desde las plantas (cuando no hay deficiencias de agua). La
evapotranspiración ajustada (ETcaj) es la cantidad de agua evapotranspirada por el cultivo en
las condiciones ambientales en que se desarrolla; en condiciones de estrés la ETcaj es siempre
menor a la ETc. El producto de la evapotranspiración potencial (ETo) y el coeficiente del
cultivo (Kc) da la ETc que permite cuantificar el requerimiento de agua del cultivo. (Della
Maggiora et al., 2000). El Kc varía en función del estadío del cultivo y es altamente
dependiente de su cobertura (Andriani, 1997). Se calcula la ETo incorporando distintos datos
climáticos. El método de Penman-Monteith permite estimarla, es un método semiempírico
que presenta buen comportamiento para distintas regiones climáticas y combina los
principales factores que gobiernan la pérdida de agua -como la radiación solar, la temperatura,
la humedad del aire y la velocidad del viento- (Allen et al., 1998; Della Maggiora et al.,
2000). Los mismos se registraron desde una estación meteorológica ubicada en la Facultad de
Ciencias Agrarias (UNL), al noroeste de la ciudad de Esperanza (Santa Fe), próxima al
experimento.
La medición del contenido hídrico del suelo se realizó semanalmente y hasta 1,6 m de
profundidad en cada sitio. Para esto se instalaron 12 tubos para acceso de una sonda de
capacitancia (FDR) modelo Diviner 2000 (Sentek Co), que registra valores de humedad
gravimétrica cada 10 cm de profundidad. Estos valores se corrigieron a partir de la curva de
calibración generada con datos locales (Camussi & Marano, 2009). El consumo de agua del
cultivo de soja y trigo ajustado a condiciones de campo (ETcaj) para cada tratamiento se
determinó por el método de balance hídrico simplificado (Marano & D´Elia, 2005; Camussi
& Marano, 2008) en las tres campañas, despejando la ETcaj de la Ecuación 5.

Pt–ETcaj±ΔAlm-Es= 0  Pt–Pe= Es (5)


24

Donde: Pt: precipitación total; Pe: precipitación efectiva, considerada como 0,8 de la
precipitación total cuando ésta supera 20 mm (Critchley et al., 1991); Es: escorrentía
superficial obtenida con el método de la curva número (CN) del Servicio de Conservación de
Suelos (USDA) adaptado por Vischel y Lebel (2007) en condiciones de suelo muy húmedo y
Pt acumulada en cinco días superiores a 100 mm; Etcaj: evapotranspiración ajustada del
cultivo; ΔAlm: variación del almacenamiento de agua en el suelo, estimado a partir del
procedimiento de plano de flujo cero. No se consideró el flujo subsuperficial debido a que la
superficie freática en el área se encuentra por debajo de los 6 m desde la superficie del terreno
(Marano et al., 2009).

La eficiencia del uso del agua para los cultivos de soja y trigo fue calculada como la
producción de B total -medida en R8 en soja (sin hojas) o MF en trigo- o Rdto por unidad de
agua evapotranspirada por el cultivo (ETcaj), según fue definido por Pierce & Rice (1988).

Índice de días de estrés (WSD)


El índice de días de estrés (WSD= water stress days) (Benjamin et al., 2003), surge de
la sumatoria que pondera numéricamente la cantidad de días de estrés por agua que sufrieron
las plantas durante la estación de crecimiento y, se calculó introduciendo una modificación.
En este trabajo la determinación del estrés hídrico tomó como criterio los límites del
promedio del intervalo hídrico óptimo (IHO) y consideró exceso al contenido hídrico que
estuvo por encima del límite superior (Ls) y como deficiencia a aquel que estuvo por debajo
del límite inferior (Li); es decir, los contenidos hídricos de períodos en que el agua en el suelo
se encontró fuera de los límites del IHO. A través de la Ecuación 6 se calculó el WSD durante
el período de crecimiento del cultivo de soja y trigo para cada tratamiento.
WSD= Σ | -  Li|*100 + Σ | -  Ls|*100; si > Li y  < Ls entonces = 0 (6)
Donde: Li= límite inferior del IHO; Ls= límite superior del IHO

Eficiencia de uso de nutrientes P y N


Para la determinación de la eficiencia de uso del nitrógeno (EUN) en trigo y eficiencia
de uso de P (EUP) en soja, de las muestras para las mediciones de B total acumulada en
madurez fisiológica en trigo y R8 en soja y Rdto secadas en estufa, se tomó una alícuota de
planta y de granos. Dichas alícuotas se molieron para determinar la concentración de N en
trigo -por la metodología de microdestilación Kjeldahl- o de P en soja -por la metodología
AOAC (1990)- destrucción de la materia orgánica por calcinación, dejando toda la fracción
25

mineral, la que se disuelve con una solución de ácido clorhídrico, sobre la cual se cuantifica el
fósforo con la reacción de color del fosfomolibdato de amonio.
La biomasa del resto de la planta se estimó como la diferencia entre la B total y el
Rdto. El contenido de N o de P acumulado en grano y el resto de planta se calculó como el
producto de la B de cada fracción y la concentración de N o P; mientras que, el N o P total
acumulado se estimó como la suma de ambas fracciones.
La eficiencia fisiológica de uso de P (EFP) y la de N (EFN) se calcularon como el
cociente entre la B o Rdto y el N o P total absorbido en la planta en R8 sin hojas en soja y MF
en trigo.
Para el cultivo de soja la eficiencia fisiológica de uso de P para la producción de grano
(EFP_G [kg grano kg-1 P absorbido]) se calculó como el cociente entre el Rdto y el P total
absorbido en la planta en R8 (sin hojas); la eficiencia de recuperación del P (EFR_P) se
estimó como el cociente entre el P absorbido por el cultivo y el P aplicado con el fertilizante
(kg P abs kg-1 P apl), en tanto que la eficiencia en el uso del P para la producción de grano
(EUP_G [kg grano kg-1 P apl] ) se calculó como el producto entre la EFP (kg grano kg-1 P
absorbido) por la EFR_P (kg P abs kg-1 P apl) como una medida de productividad.
En trigo la eficiencia fisiológica de N en grano (EFN_G, kg_g kgN_abs -1) y en
biomasa total (EFN_B, kg_B kgN_abs-1) se calculó como el cociente entre el rdto o la
producción de biomasa total y el N total absorbido en MF. La eficiencia de recuperación del
N (ER_ N, kgN_abs kgN_disp-1) se estimó como el cociente entre el N absorbido total en la
planta y el N disponible. La eficiencia de uso del N en grano (EUN_G, kg_g kgN_disp -1) o
biomasa (EUN_B, kg_B kgN_disp-1) se calculó como el cociente entre el Rdto o biomasa
total y el nitrógeno total disponible (N del suelo+ N fertilizante+N mineralizado) como una
medida de productividad.
En este trabajo se priorizó evaluar la eficiencia de uso de P en soja y no la del N,
como una medida del efecto de la fertilización con P, si bien ésta como el nivel de
compactación del suelo pueden afectar los aportes de N por fijación biológica (FBN) y la
productividad del cultivo (Salvagiotti et al., 2013; Gerster & Bacigaluppo, 2004; Fontanetto
et al., 2004). En trigo se evaluó la EUN y no la del P, priorizando la respuesta del cultivo a la
fertilización nitrogenada.

Productividad de los recursos agua y radiación


La productividad del agua (PA) en la secuencia de cultivos S-T/S-T/S-T, (tres años)
se estimó como el producto entre la EUA y la eficiencia de captura de agua (ECA);
26

PA=EUA*ECA. La EUA se calculó como el cociente entre la suma de los rendimientos o B


total del cultivo estival e invernal y, la suma de las ETcaj de los cultivos. La ECA resultó del
cociente entre la suma de las ETcaj de los cultivos y las lluvias caídas desde el 1 de diciembre
de 2008 al 20 de noviembre de 2011. La productividad de la radiación (PR) se calculó como
el producto entre la EUR y la eficiencia de captura de la radiación (ECR); PR= EUR*ECR.
La EUR se calculó como el cociente entre la suma de los rendimientos o B total de los
cultivos en la secuencia S-T/S-T/S-T, y la RFAi. La ECR resultó del cociente entre la RFAi
de los cultivos y la radiación incidente desde el 1 de diciembre de 2008 al 20 de noviembre de
2011.

Balance de carbono del suelo


Para el cálculo del balance de carbono orgánico del suelo (COS) se sumaron las
entradas de rastrojo del trigo y la soja para cada campaña durante los tres años de la secuencia
S-T/S-T/S-T, estimando un aporte de raíces del 20 % y 30 % de la B de rastrojos para trigo y
soja, respectivamente. De los residuos un 40 % es C y solo la mitad pasa a formar humus por
lo cual el aporte del C al humus se calculó tomando una tasa de humificación de los residuos
del cultivo (k1) de 0,20 para trigo y soja (Álvarez, 2005). El stock de C inicial se calculó para
la masa de suelo de los primeros 30 cm, teniendo en cuenta la densidad aparente del mismo
para cada tratamiento y, se afectó el contenido de MO del suelo por el factor propuesto por
Van Bemmelen de 1,724, el cual asume que el 58% de la MO está compuesta por C
(Tabatabai, 1996) para obtener el porcentaje (%) de COS. El resultado final de la estimación
de la evolución anual del COS en cada año se tomó como situación inicial de COS del año
siguiente. Las pérdidas de COS se estimaron como el producto del stock de C al final de cada
campaña por la tasa de mineralización anual de la MO del suelo (k2), cuyo valor es de 0,056
(Andriulo et al., 1999; Álvarez, 2005). El balance se estimó según el modelo de Hénin &
Dupuis (1945), donde la variación anual del contenido de C en el suelo se expreso según la
Ecuación 7.
∆C/∆t= (m * k1) - (C * k2) (7)
Donde: m= B de rastrojo aportada por el cultivo; k1= coeficiente de humificación que
representa el aporte de C de los rastrojos al humus; C= pool de CO total del suelo; k2=
coeficiente de mineralización anual del COS. Los resultados fueron expresados en toneladas
de carbono por ha (tn C ha-1).
27

Determinación de la materia orgánica particulada


La determinación de la Materia Orgánica Particulada (MOP) se llevó a cabo mediante
el método de fraccionamiento físico descripto por Irizar et al. (2010). Para ello se agitan 50 g
de suelo con 200 ml de agua destilada y cinco bolitas de vidrio durante 5 horas a 40 rpm. La
suspensión fue tamizada a través de una malla de 50 µm haciendo movimientos de vaivén
hasta que el agua de salida resultase límpida. El material conservado en el tamiz fue secado a
105 ºC hasta peso constante. Posteriormente, en esa masa de suelo se determinó el contenido
de CO con un analizador automático Leco C632. También se determinó el carbono orgánico
total de la muestra (COT). Los análisis se realizaron en muestras de suelo tomadas a 10 cm de
profundidad en dos momentos -mayo de 2009 y mayo de 2010- que corresponde a un año de
la secuencia T/S, previamente hubo soja de primera con la cual se inició el ensayo en la
campaña 2008/09.

Mediciones de raíces en soja


La densidad de raíces se determinó solo para soja en las C1 y C3. En la C1 se tomaron
muestras perturbadas de suelo (cilindros de 6,4 cm de altura por 6 cm de diámetro) en la línea
de siembra y en el entresurco, a dos profundidades 0-7 y 8-15 cm en 3 momentos V3
(30/12/2008), R3 (24/2/2009) y R6 (7/04/2009), para cada tratamiento y repetición, de las
cuales por lavados sucesivos se separaron las raíces, las mismas fueron fijadas químicamente
en FAA (formaldehido al 40% 5 ml, ácido acético 5 ml y alcohol etílico de 50-70° 90 ml
para preparar 100 ml de fijador) por 48 hs. y conservadas en alcohol 70 %. Se determinó
longitud radicular en cm y densidad de raíces en cm cm-3 a través del análisis de las imágenes
capturadas con el software Image-Pro Plus 6.0. Las imágenes fueron tomadas con una cámara
SONY Cyber-shot con 7.2 megapíxeles de definición.

En la C3, luego de la siembra se procedió a la colocación de tubos de acrílico -uno por


parcela-. Los mismos fueron situados en la línea de siembra con una inclinación de 45° con
respecto al nivel del suelo. La toma de muestras se realizó semanalmente con la utilización de
un medidor de raíces minirizotron a 15, 25 y 35 cm de profundidad. Las imágenes tomadas
fueron analizadas con el software Image-ProPlus 3.0 para la determinación de la densidad
longitudinal de raíces δlr (cm cm-2). Para cada grupo de datos se determinó la función
matemática de las curvas de crecimiento para cada profundidad. A partir de las curvas de
densidad lineal se calculó el área bajo la curva para utilizarlo como base de la comparación
entre tratamientos y profundidades de muestreo. El área bajo la curva se utilizó como base del
28

análisis, ya que sintetiza los valores máximos y mínimos de la longitud lineal radical como así
también su estabilidad en el tiempo. El área debajo de la curva se llegó a partir de la siguiente
fórmula: ∑= [(δlri+ δlri+1)/2] x (ºCdía i+1-ºCdíai)
δlri: densidad longitudinal radical i (cm cm-2); δlr i+1: densidad longitudinal radical i
+1 (cm cm-2); ªC día i+1: Sumas térmicas i+1 ; ºC día i: Sumas térmicas i

Análisis estadístico
En el análisis estadístico de los datos registrados para los diversos tratamientos se
utilizó el programa INFOSTAT/Profesional, versión 2008p (InfoStat, 2008). Los datos de las
variables de cultivo y de suelo se evaluaron mediante ANOVA, las medias se compararon
según el test de mínima diferencia significativa (LSD, según sus siglas en inglés), con un
nivel de significancia del 5% (P ≤ 0.05). Además, se aplicaron técnicas de análisis
multivariado para analizar correlaciones entre variables y explicar interacciones entre
fertilización y compactación, tanto a nivel de crecimiento y Rdto del cultivo como a nivel de
eficiencia en el uso de los recursos (Balzarini et al., 2005).
29

CAPÍTULO I

VARIABLES METEOROLÓGICAS, DE SUELO Y ECOFISIOLÓGICAS


QUE EXPLICAN EL RENDIMIENTO DEL CULTIVO DE SOJA

INTRODUCCIÓN
En los últimos años del siglo pasado y en lo que va del presente se han producido
cambios profundos en el sector agropecuario promovidos, entre otras cosas, por el
crecimiento y la expansión del cultivo de la soja (Glicine max (L.)-Merr.). Entre los
principales países productores y exportadores de grano de soja en el mundo, Argentina ocupa
el tercer lugar y es el principal exportador de aceite y harina derivados de esta oleaginosa, con
un 63 y 44 %, respectivamente (Giancola et al., 2009). El aumento de producción del cultivo
de soja en nuestro país tuvo lugar especialmente a partir del 1991 y se debió básicamente a la
expansión de la superficie sembrada sobre áreas no tradicionales, avanzando hacia las
provincias de Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Chaco, Formosa, Salta y
Jujuy (Ramírez & Porstamann, 2008).
La provincia de Santa Fe, por su naturaleza y tradición agrícola, es una de las
principales productoras de soja con una superficie cosechada (promedio de las últimas
campañas: 2012/13, 2013/14 y 2014/15) de aproximadamente 3167839 has, una producción
de 10757451 tn y un Rdto medio de 3398 kg ha-1 (SiiA, 2015).
Del total de la siembra de soja de primera y segunda, el 89% es realizado bajo el
sistema de SD (Aapresid, 2012). Los suelos manejados con siembra directa suelen presentar
valores de resistencias a la penetración más elevados y, en algunos casos, aumento de la
densidad aparente (Álvarez et al., 2004; Díaz Zorita et al., 2002a). En los últimos años, la
compactación del suelo ha sido indicada como una de las causas más importantes de la
pérdida de productividad de los cultivos (Jorajuria & Draghi, 1997).
En sistemas de SD, con mínima remoción de suelo, se favorece la conservación de la
humedad del perfil y el aumento del contenido de MO, debido a la acumulación de rastrojos,
lo cual es de relevancia para lograr elevadas productividades. Sin embargo, por la ausencia de
remoción, sumado al tránsito sistemático de la maquinaria, puede promoverse la ocurrencia de
compactación excesiva (Tormena & Roloff, 1996), principalmente si se realiza en suelos que
presentan elevados contenidos de agua y de arcilla. La compactación producida puede ser
superficial y/o subsuperficial, siendo provocada por presión excesiva de los neumáticos y/o
30

elevado peso de los tractores, cosechadoras y otras maquinarias agrícolas (tolvas,


pulverizadoras) (Salire et al., 1994; Hakansson & Voorhees, 1998).
La severidad de la compactación depende de las características intrínsecas del suelo,
especialmente la textura, siendo más susceptibles aquellos suelos en que predomina la
fracción fina en la composición granulométrica. En Argentina, el cultivo de soja ha crecido
principalmente en tierras cuya textura es franco-limosa a franco-arcillosa (2,6 millones de ha).
El efecto negativo del limo sobre la estabilidad estructural se relaciona con la
composición y el origen de esta fase sólida del suelo. Por lo menos, la mitad de los limos
están en el rango 2-20 um (i.e. limo fino), cuyo origen son los fitolitos. Estas partículas tienen
porosidad lacunar, que otorga a los suelos baja resistencia a la tracción y alta susceptibilidad a
la degradación por erosión, laboreo o tránsito (Cosentino & Pecorari, 2002).
Como consecuencia de la ampliación de la frontera agrícola y de la intensificación del
uso de la maquinaria, los suelos fueron exponiendo, a través de los años, severos disturbios
sobre sus propiedades estructurales, lo que ha llevado a su compactación. Cabe mencionar
además, que el proceso de compactación puede ocurrir de forma desuniforme en los lotes,
provocando heterogeneidad en las propiedades del suelo. Como consecuencia se pueden
detectar sectores con condiciones físicas más restrictivas, en los que ocurre un secado
acelerado de las plantas por estrés hídrico, dando como resultado retención foliar y tallo verde
(RFTV). Este es un fenómeno fisiológico, disparado por condiciones ambientales estresantes -
altas temperaturas, estrés hídrico-, cuya magnitud parece ser agravada por la compactación
del suelo (Astegiano, 2002; Astegiano et al., 2002) y, que provoca disminución de
rendimientos y calidad de los granos. Por ejemplo, el incremento de porcentaje de grano verde
es castigado por las empresas aceiteras, ya que genera dificultades en la extracción del aceite
y coloraciones no deseadas (Astegiano et al., 2006).
La estructura del suelo es la forma en que están ordenados las partículas sólidas y los
espacios, distribuyéndose el aire, el agua, los nutrientes y sirviendo como anclaje al cultivo.
Al intensificarse el uso continuo de la maquinaria, las partículas que forman dicha estructura,
sufren un “reordenamiento”, aumentando el contacto entre ellas, incrementando la Ds y
disminuyendo el espacio poroso, especialmente los macroporos. Este proceso se ve
acompañado por un aumento en la RP del suelo. Dicho ordenamiento demuestra que los
suelos compactados poseen mayor inestabilidad estructural, comparados con los mismos
suelos con buena estructura, o con distintos tipos de manejo del mismo (Álvarez et al., 2012).
La compactación del suelo es considerada un tipo degradación de la tierra más difícil
de localizar y reconvertir. Esto es así ya que se trata de un suceso que ocurre sub-
31

superficialmente, con respecto a otros fenómenos que aparecen superficialmente como la


erosión y la salinización. Estos fenómenos tienen otras implicancias como es la alteración de
la capacidad de infiltración de agua, su redistribución en el perfil del suelo y la transferencia
de calor. La reducción de la tasa de infiltración aumenta las pérdidas por escurrimiento y
disminuye la reserva disponible para los cultivos, comprometiendo su productividad (Álvarez
et al., 2006).
Si la compactación ocurre en la capa superficial, se producirá un incremento de la
escorrentía y de la erosión; en tanto que, si la capa compactada está a una cierta profundidad,
aparecerán problemas de encharcamiento al disminuir la velocidad de infiltración (Horton et
al., 1994). La mayor escorrentía y la menor tasa de infiltración hacen que una parte del agua
caída no pase a las capas inferiores del suelo cuando éste se encuentra compactado y, como
consecuencia de ello, su reserva de agua será menor, provocando un grave inconveniente para
las plantas.
Las raíces necesitan para poder desarrollarse agua y oxígeno, como también un
espacio poroso adecuado entre las partículas del suelo por el cual crecer. Cuando las raíces se
encuentran con una capa de suelo compactada, en las cuales la densidad es alta y existen
pocos espacios entre las partículas, el crecimiento de las raíces va requiriendo un mayor gasto
de energía, deteniendo su crecimiento o cambiando de dirección, hasta que encuentran una
zona con porosidad adecuada y de menor resistencia (Materechera et al., 1991).
A veces pueden introducirse por grietas existentes entre los terrones endurecidos, por
canales realizados por raíces ya muertas o por canales excavados por las lombrices (Da Silva
et al., 1994; Taboada et al., 2000). Este tipo de distribución radicular, a través de algunas
fisuras existentes en las capas endurecidas, no permite una adecuada exploración del volumen
del suelo. Tradicionalmente, es en la agricultura donde se ha prestado mayor atención a este
problema, debido a la disminución que produce en el Rdto de los cultivos.
Cuando la disponibilidad de agua no es limitante, la cantidad transpirada por el cultivo
depende, fundamentalmente, de la RFAi por su canopeo. La radiación solar es la fuente de
energía utilizada en el proceso transpiratorio y en el de fijación de CO2. La cantidad de RFAi
y acumulada por un cultivo depende de la duración del ciclo y de la dinámica de
interceptación, fuertemente ligada a la evolución del IAF. Éste se genera con la aparición y
expansión de las hojas y, es el producto del número de hojas y del tamaño de las mismas
(Maddonni & Otegui, 1996).
La biomasa total a cosechar de los cultivos resulta de la acumulación neta del CO 2
asimilado durante todo el ciclo de crecimiento. Como consecuencia de ello, este proceso
32

resulta de la absorción de energía solar -radiación- y la actividad de la enzima rubisco. Los


factores primarios que afectan la B total son la radiación solar absorbida y la eficiencia de
utilización de esa energía para la fijación del CO 2 (Gardner et al., 1985a). Para que un cultivo
use eficientemente la radiación solar, gran parte de ésta debe ser absorbida por los tejidos
fotosintéticos. Las hojas son los principales órganos responsables de la fotosíntesis e
intercepción de luz, se desarrollan en el embrión de las semillas y en los tejidos
meristemáticos de los tallos (Gardner et al., 1985a).
En los cultivos anuales el AF inicial se desarrolla de la semilla y ésta al ser pequeña
durante las etapas iniciales de crecimiento provoca que gran parte de la radiación solar sea
absorbida por la superficie del suelo, produciendo calor sensible (Gardner et al., 1985b). Los
cultivos eficientes tienden a invertir la mayor parte de su crecimiento temprano en expandir su
AF, lo que resulta en un mejor aprovechamiento de la radiación incidente. Algunas prácticas
agronómicas tales como fertilización de arranque, altas densidades de siembra y un mejor
arreglo espacial de las plantas (por ejemplo hileras estrechas), son usadas para acelerar la
cobertura del suelo e incrementar la intercepción de luz. La pendiente de la relación entre la
RFAi y la B acumulada es la EUR, la cual se expresa en g m-2 MJ-1. Las diferencias más
marcadas para esta eficiencia están dadas por el metabolismo del C del cultivo (C3 o C4) y
por el tipo de materia seca producida y acumulada (Sinclair & Muchow, 1999).
Watson (1947) concibió el término IAF como la relación del área de hojas (tomada
sobre una sola cara de las mismas) del cultivo con respecto al área de suelo. Debido a que la
radiación solar cubre toda la superficie de suelo, el IAF es una medida robusta de AF por
unidad de radiación solar disponible. Las deficiencias de agua o nutrientes pueden reducir la
tasa de expansión de las hojas y, por lo tanto, el IAF, influyendo directamente sobre la
radiación interceptada (Matthews et al., 1988)
La fertilización es una estrategia para aumentar la producción de MS y el Rdto, siendo
el P uno de los elementos principales y más deficitario en nuestros suelos después de más de
un siglo de explotación. Este elemento y su adecuada disponibilidad es crítica para lograr un
rápido crecimiento y un desarrollo adecuado de las raíces, de los nódulos (número, ubicación
y tamaño), de una eficiente fijación biológica de nitrógeno (FBN) y de la parte aérea (García,
2004; Fontanetto et al., 2004). Las reducciones en los rendimientos como consecuencia de
deficiencias de P se explican por reducciones en el número de los granos, al afectar el AF y
consecuente la captación de la radiación en estadíos tempranos de desarrollo del cultivo
(Gutiérrez Boem & Thomas, 1999).
33

Para un eficiente manejo de la nutrición fosfatada del cultivo es conveniente estimar la


capacidad del suelo para proveer este elemento, recomendándose la determinación del
contenido de P extractable de los suelos (método de Bray-Kurtz 1) en la capa de 0 a 20 cm de
profundidad. El umbral o rango crítico de P extractable del suelo es el nivel por debajo del
cual el cultivo presenta una alta probabilidad de respuesta a la fertilización y, por arriba del
cual, la probabilidad de respuesta es baja a muy baja. Los umbrales críticos de P extractable
para el cultivo de soja en la región Pampeana son entre 9-14 ppm (Echeverría & García, 1998;
Díaz Zorita et al., 2002b; Gutiérrez Boem et al., 2002; Melchiori et al., 2002; Fontanetto,
2004; García et al., 2005).
La respuesta del cultivo a la fertilización con P depende no sólo de la disponibilidad
de P del suelo, sino también de la dosis aplicada. Es esperable una respuesta a la fertilización
fosfatada superior a 200, 300 y 400 kg de grano por ha cuando la disponibilidad de P es
inferior a 12, 10 y 8 ppm, respectivamente (Díaz Zorita et al., 2002b). Otros estudios
realizados en Argentina para relacionar los niveles de P extractable de los suelos con la
respuesta de soja a la fertilización fosfatada, concluyeron que los rendimientos en los
tratamientos testigo (sin fertilización con P) eran cada vez más bajos en la medida que el P del
suelo disminuía. Asimismo, es posible obtener respuestas que varían entre 175 y 690 kg ha-1
con el agregado de 30 kgP ha-1 en suelos con contenidos de P extractable inferiores a las 17
ppm (Fontanetto et al., 2008).
En cuanto a la fertilización azufrada, se han observado respuestas positivas en el
rendimiento al agregado de S, tanto por la fertilización directa de soja como por un efecto
residual cuando el fertilizante fue aplicado al trigo antecesor de una soja de segunda
(Salvagiotti et al., 2004). En el centro sur de Santa Fe, las respuestas se observaron en
especial en suelos con una larga historia agrícola, con bajos contenidos de materia orgánica y
que, en general, habían perdido parte del horizonte superficial por erosión (Martínez &
Cordone, 1998). En el cultivo de soja de primera, la disponibilidad de sulfato (S-sulfato) en el
suelo (0-60 cm) no ha permitido predecir la respuesta a la aplicación de S (Divito &
Echeverría, 2014), de manera similar ocurre con el rendimiento de soja de segunda
(Echeverría et al., 2011). A pesar de ello, dichos autores propusieron un umbral de 40 kg S
ha-1.
Los antecedentes presentados sugieren que los efectos del proceso de compactación
pueden ser observados tanto en la plantas como en el suelo. Sin embargo, todavía es poco lo
que se sabe sobre el efecto de la compactación sobre el cultivo de soja en la Argentina con
diferentes resultados (Ferreras et al., 2000; Botta et al., 2004; Botta et al., 2006).
34

Algunos autores trabajando en suelos argiudoles en siembra directa determinaron que


por encima de un determinado umbral de agua aportada por las lluvias y acumulada en el
suelo, el rendimiento del cultivo de soja se asoció principalmente con las temperaturas medias
durante la fijación y la radiación acumulada durante el llenado de granos y por debajo del
umbral, el rendimiento se explicó en mayor medida por las lluvias durante el período
reproductivo, la presencia de zonas masivas sin macroporos visibles y la conductividad
hidráulica saturada (Ksat), donde los mayores rendimientos se obtuvieron siempre en las
mejores condiciones físicas de suelo (Bacigaluppo et al., 2011). Gerster et al. (2010)
encontraron que la inclusión de gramíneas y la descompactación mecánica mejoraron la
calidad física del suelo, sin efecto sobre el rendimiento del cultivo de soja. Micucci &
Taboada (2006) observaron que la abundancia de raíces en soja en siembra directa y
convencional se correlacionó negativamente con el contenido de arcilla del subsuelo y no con
el tipo de labranza.
La relevancia del problema aumenta si se considera el incremento de la superficie que
se cultiva con SD y con escasas a nulas utilizaciones de criterios de manejo para disminuir la
compactación. Por otra parte, la mayoría de los estudios están concentrados en el proceso
edáfico, con muy pocos trabajos que incluyan estudios sobre aspectos ecofisiológicos del
cultivo y eficiencia en el uso de los recursos.
El presente estudio tiene como objetivo aportar información regional del efecto
residual de la descompactación y la fertilización fosforada sobre parámetros físicos y
químicos del suelo y su relación con la EUR, EUA y EUP y los componentes del Rdto en el
cultivo de soja.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN
1- Caracterización agrometeorológica
Las precipitaciones que caracterizaron cada una de las campañas de soja se encuentran
detalladas en la Tabla 1-1. Si se comparan las lluvias registradas desde un mes antes de la
siembra y durante el ciclo del cultivo hasta el mes de abril, con respecto a la media de los
últimos 15 años para el mismo período, podemos diferenciar distintos escenarios desde el
punto de vista hídrico: i) C1 -2008/09- muy seca; ii) C2 -2009/10- húmeda; iii) C3 -2010/11-
moderadamente seca.
35

Tabla 1-1. Lluvias (mm) desde noviembre a abril para las campañas de soja 2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3). Promedio años (1998 a 2011) y diferencia en mm con respecto
al promedio 1998-2011. (Dif.(+ -) H).

C1 C2 C3 Histórico
Mes lluvias (mm) (1998/2011)
Nov 74 210 55 139
Dic 16 302 100 158
Enero 22 142 185 128
Febrero 139 283 143 134
Marzo 198 133 120 201
Abril 21 77 127 162
Total 471 1147 730 922
Dif.(+-)H -451 224 -192 mm

La C1 presentó un déficit hídrico marcado en gran parte del período vegetativo del
cultivo, registrándose lluvias importantes en la primera semana de marzo a partir del estado
fenológico de R4. Las mismas permitieron la recuperación del cultivo, mostrándose
nuevamente condiciones de estrés térmico e hídrico en pleno llenado de granos (Figura 1-1).

FS R1 R4 R6
40 200
180
Temp.(ºC) RFA (Mj m-2 día-1)

35
160
30
Lluvias (mm)

140
25 120
20 100
15 80
60
10
40
5 20
0 0
30
10
20
30
10
20
30
10
20

10
20
30
10
20
30
10
20
30

nov dic enero febrero marzo abril

Lluvias TMax TMin TMed RFA inc

Figura 1-1. Condiciones meteorológicas y evolución de la fenología del cultivo de soja


durante la campaña 2008/09. Lluvias (mm), temperaturas máximas, mínimas y medias
(TMáx, TMín y TMed, en ºC) y radiación fotosintéticamente activa incidente (RFAinc, en MJ
m-2 día-1) durante los meses de noviembre a abril. Datos correspondientes a décadas (D).
Flechas indican: FS= fecha de siembra (4/12/2008); R1= inicio de floración (10/2/2009);
R4= plena fructificación (5/03/2009); R6= máximo tamaño de semilla (7/04/2009)
36

Durante la C2 las lluvias acumuladas fueron superiores al promedio histórico. A su


vez, la distribución de las precipitaciones fue muy favorable, superando los registros de
referencia en los meses críticos para el desarrollo del cultivo (diciembre, enero y febrero).
Hacia el final del ciclo de la soja, donde los requerimientos son menores, las lluvias fueron
inferiores a las normales para la época, pero ampliamente compensadas por las reservas
hídricas en el perfil del suelo (Figura 1-2).

FS R1 R4 R6
35 180
Temp.(ºC) RFA(Mjm-2 día-1)

30 160
140

Lluvias (mm)
25 120
20 100
15 80
10 60
40
5 20
0 D2 0
D1
D2
D3
D1
D2
D3
D1
D2
D3
D1
D2
D3
D1

D3
D1
D2
D3
nov dic enero febrero marzo abril

Lluvias TMax TMin TMed RFA inc

Figura 1-2. Condiciones meteorológicas y evolución de la fenología del cultivo de soja


durante la campaña 2009/10. Lluvias (mm), temperaturas máximas, mínimas y medias
(TMáx, TMín y TMed, en ºC) y radiación fotosintéticamente activa incidente (RFAinc, en MJ
m-2 día-1) durante los meses de noviembre a abril. Datos correspondientes a décadas (D).
Flechas indican: FS= fecha de siembra (5/12/2009); R1= inicio de floración (5/02/2010);
R4= plena fructificación (1/03/2010); R6= máximo tamaño de semilla (29/03/2010)

En la C3 las precipitaciones durante los meses de noviembre y diciembre fueron


escasas lo que resultó en bajas reservas de agua en el suelo, teniendo muy buenas condiciones
hídricas durante los meses de enero y febrero (Figura 1-3). Esto permitió un buen crecimiento
vegetativo y reproductivo temprano, para luego volver a presentarse en la primera década de
marzo condiciones de estrés hídrico que afectaron el normal crecimiento del cultivo.
37

FS R1 R4 R6

Temp(ºC) RFA Mjm-2 día-1


40 120
35 100
30

Lluvias (mm)
25 80
20 60
15 40
10
5 20
0 D1 0
D2
D3
D1
D2
D3
D1
D2
D3
D1
D2
D3
D1
D2
D3
D1
D2
D3
nov dic enero febrero marzo abril

Lluvias TMax TMin TMed RFA inc

Figura 1-3. Condiciones meteorológicas y evolución de la fenología del cultivo de soja


durante la campaña 2010/11. Lluvias (mm), temperaturas máximas, mínimas y medias
(TMáx, TMín y TMed, en ºC) y radiación fotosintéticamente activa incidente (RFAinc, en MJ
m-2 día-1) durante los meses de noviembre a abril. Datos correspondientes a décadas (D).
Flechas indican: FS= fecha de siembra (6/12/2010); R1= inicio de floración (1/02/2011);
R4= plena fructificación (1/03/2011); R6= máximo tamaño de semilla (2/04/2011).

Condiciones ambientales adversas durante las etapas tempranas del cultivo pueden ser
compensadas si la calidad del ambiente mejora y el número final de granos no resulta
afectado. Sin embargo a medida que avanza el ciclo esta tolerancia disminuye. Por lo tanto es
importante el reconocimiento del período crítico para la definición del número de granos y de
la parcial compensación que pueda realizar el peso de los granos. En el caso del cultivo de
soja el período crítico se encuentra comprendido principalmente entre los estados fenológicos
de R4 y R6 (Board & Tan, 1995). Las fechas de siembra de segunda durante las tres
campañas expusieron al cultivo de soja a un conjunto de factores detrimentales: los
fotoperíodos más inductivos que aceleran el desarrollo acortando principalmente las etapas
reproductivas y condiciones menos favorables de radiación incidente y temperatura (desde los
primeros días de marzo hasta la primera década de abril). Dichos efectos, en conjunto,
disminuyen la intercepción de radiación, el crecimiento durante el período crítico y, por ende,
el Rdto final (Board & Tan, 1995). En la Tabla 1-2 se observa la mayor duración en días en la
C2 del ciclo total y del período R4 a R7 que comprende la fijación de vainas hasta madurez
fisiológica, acortándose marcadamente en las C1 y C3, principalmente la etapa final del
llenado de grano (R6-R7).
38

Tabla 1-2. Fechas de ocurrencia de los distintos estadíos fenológicos reproductivos del
cultivo de soja (R1= inicio de floración, R4= plenitud de fructificación, R6= plenitud de
llenado de granos, R7= inicio de madurez fisiológica), acumulación de sumas térmicas (en
ºC día-1), duración del ciclo y de etapas (en días) para las campañas 2008/09, 2009/10 y
2010/11. Temperatura base= 8 ºC.
Soja 2008/09 Soja 2009/10 Soja 2010/11
E. fenológico R1 R4 R6 R7 R1 R4 R6 R7 R1 R4 R6 R7
Fecha ocurrencia 10-feb 05-mar 07-abr 15-abr 05-feb 01-mar 29-mar 17-abr 01-feb 01-mar 02-abr 08-abr
S.T ºCd-1 (Tb 8ºC) 1054 1431 1926 2041 851 1315 1739 1946 967 1313 1741 1824
Duración ciclo (días) 68 91 124 132 62 89 117 136 56 84 116 120
S-R1 R1-R4 R4-R6 R6-R7 S-R1 R1-R4 R4-R6 R6-R7 S-R1 R1-R4 R4-R6 R6-R7
Duración etapas (días) 68 23 34 8 62 27 28 19 56 28 32 4

2- Balance hídrico
Las características del ambiente general de desarrollo y crecimiento del cultivo se
detallan en la Tabla 1-3. Corresponden al período comprendido entre la siembra (4, 5 y 6 de
diciembre) y madurez fisiológica del cultivo (15, 17 y 8 de abril) para C1, C2 y C3.
El requerimiento hídrico durante el ciclo del cultivo de soja representado por la ETc fue
de 483, 549 y 485 mm, en tanto que, la precipitación efectiva (Pe) fue de 334, 746 y 507 mm
para C1, C2 y C3, respectivamente. El balance de agua para todo el ciclo (Pe-ETc) fue
negativo para C1, positivo para C2 y levemente positivo para C3. Sin embargo, la distribución
de las lluvias y los momentos de ocurrencia del déficit o exceso de agua son los que
impactaron en mayor o menor medida sobre el crecimiento y componentes del Rdto.

Tabla 1- 3. Precipitación efectiva (Pe, mm), evapotranspiración de referencia (Eto, mm),


coeficiente de cultivo (Kc), evapotranspiración de cultivo (Etc, mm) y balance de agua
(déficit –Déf.- ó exceso –Exc.-, mm) durante el crecimiento y desarrollo del cultivo de soja
para las campañas 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (3).
Meses Dic Ene Feb Mar Abr Total
Pe (mm) 16,3 22,3 115 160 21,0 334
ETo (mm) (*) 151 181 154 133 61,1 680
C1
Kc (**) 0,30 0,68 0,93 1,04 0,55
ETc (mm) 45,2 123 143 139 33,6 483
Déf. o Exc. (mm)
-28,9 -101 -28,7 +21,6 -12,6 -147
(***)
39

Meses Dic Ene Feb Mar Abr Total


Pe (mm) 241 113 226 106 59,4 746
ETo (mm) (*) 140 177 128 130 46,3 622
C2
Kc (**) 0,43 0,82 1,15 1,10 0,65
ETc (mm) 60,2 146 148 143 30,1 527
Déf. o Exc. (mm)
+181 -15,2 +120 -11,2 +32,0 +219
(***)

Meses Dic Ene Feb Mar Abr Total


Pe (mm) 80,1 152 114 96,0 64,0 507
ETo (mm) (*) 137 167 119 128 51,6 603
C3
Kc (**) 0,40 0,82 1,10 1,04 0,55
ETc (mm) 54,8 138 131 133 28,3 485
Déf. o Exc. (mm)
+25,3 +14,4 -16,6 -37,0 +35,7 +22,2
(***)
(*) Calculado por el método de Penman-Monteith.
(**) Fuente: Estudio FAO (2000), Riego y Drenaje, 33.
(***) Pe-ETc

La evapotranspiración real del cultivo o ETcaj representa el consumo de agua en las


condiciones del ensayo. La misma se calculó para cada tratamiento como: ETcaj= Pe±Δalm;
donde: ΔAlm= variación del almacenaje de agua en el suelo para los intervalos de medición
de humedad, hasta 1,6 m de profundidad y, Pe= precipitación efectiva acumulada entre
intervalos de medición. La ΔAlm y la Pe la podemos observar en las Figuras 1-4, 1-5 y 1-6.
En la C1 el contenido hídrico del suelo estuvo muy bajo y con poca variación entre
mediciones durante toda la etapa vegetativa y reproductiva temprana del cultivo (enero y
febrero). La reposición del agua del suelo comenzó con las lluvias de marzo, al inicio del
período crítico del cultivo, para luego disminuir nuevamente (Figura 1-4).
Durante la campaña C2 la reposición del agua del suelo fue positiva debido a las
lluvias abundantes (Figura 1-5). Esto reflejó que los requerimientos de agua del cultivo fueron
cubiertos por las lluvias y el agua almacenada en el suelo.
En la C3 las lluvias de diciembre y enero no llegaron a recargar el perfil durante la
etapa vegetativa del cultivo. En febrero, al inicio de floración se recuperan las condiciones
hídricas favoreciendo el crecimiento del cultivo hasta R4, donde nuevamente se observa una
disminución importante de las reservas hídricas del suelo durante la etapa crítica del mismo,
llegando las lluvias al final de la misma en R6 (Figura 1-6).
40

250

Δ Alm. mm (1,6m profundidad) 200


Bsd
150
R1 R4 R6 Asd
100
Pe (mm)

Bd
50
Ad
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9

Pe
9/2 24/2 10/3 17/4
14/1 27/1
-50 30/12 1/4
23/3
-100

-150
Fecha medición

Figura 1-4. Variación de almacenaje de agua en el suelo (Δalm, mm) y precipitación efectiva
(Pe, mm) en la campaña 2008/09 (C1) para los tratamientos alta fertilización descompactado
(Ad), baja fertilización sin descompactar (Bsd), alta fertilización sin descompactar (Asd) y
baja fertilización descompactado (Bd).

150
Δ Alm. mm (1,6 m profundidas) Pe

Ad
100 Bsd
Asd
50 R1 R4 R6 Bd
(mm)

Pe
0

-50

-100
Fecha medición

Figura 1-5. Variación de almacenaje de agua en el suelo (Δalm, mm) y precipitación efectiva
(Pe, mm) en la campaña 2009/10 (C2) para los tratamientos alta fertilización descompactado
(Ad), baja fertilización sin descompactar (Bsd), alta fertilización sin descompactar (Asd) y
baja fertilización descompactado (Bd).
41

120

Δ Alm. mm (1,6m profundidad) Pe


100
80 R1 R4 R6 Ad

60 Bd
40 Asd
20
(mm)

Bsd
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13

-20 28/12 25/1 1/2 9/2 1/3 Pe


11/1 16/3 28/3 14/4
-40 4/1 18/1
16/2
-60 11/3
-80
Fecha medición

Figura 1-6. Variación de almacenaje de agua en el suelo (Δalm, mm) y precipitación efectiva
(Pe, mm) en la campaña 2010/11 (C3) para los tratamientos alta fertilización descompactado
(Ad), baja fertilización sin descompactar (Bsd), alta fertilización sin descompactar (Asd) y
baja fertilización descompactado (Bd).

La ETcaj no resultó modificada por efecto de la fertilización o compactación y


presentó diferencias según el año (P<0,05), tampoco hubo interacciones entre NF, NC y año
(Tabla 1-4).
La ETcaj en el nivel de alta fertilización (A) y descompactado (d) mostró una
tendencia a ser superior en un 4 % y 4,5 % respecto al nivel bajo (B) y sin descompactar (sd)
respectivamente. En la campaña C2 la ETcaj estuvo en promedio un 13% por encima de C1 y
C3 (P<0,05). Los menores valores de Etcaj (mm) se obtuvieron en la C1:2008/09 (432mm) y
los mayores en la C2: 2009/10 (507mm). La C2 se caracterizó por mayores precipitaciones,
generación de área foliar e intercepción de radiación por parte del cultivo (ver sección 5
Caracterización del crecimiento del cultivo de soja) por lo cual evapotranspiró mayor cantidad
de agua por el aumento en su producción de biomasa.
Marano et al. (2006) encontraron para la zona en estudio valores de ETc de 401 mm
para GM V y 409 mm para GM VIII. Andriani (2000) para el área de Oliveros (Santa Fe),
obtuvo un consumo acumulado de 530 y 425 mm en soja de primera y de segunda con
mediciones de agua hasta 2 m de profundidad. Mientras que, Salado Navarro et al. (2006)
estimaron mediante un modelo mecanístico un consumo medio de 560 mm para este cultivo.
42

Tabla 1-4. Evapotranspiración ajustada (ETcaj, mm) del cultivo de soja según los factores
principales fertilización [F, para cada nivel alto (A) o bajo (B)] y compactación [C,
descompactado (d) o sin descompactar (sd)] para las campañas 2008/09 (C1), 2009/10 (C2)
y 2010/11 (C3) y sus interacciones.
ETcaj (mm)
NF A 469,1 a
B 451,1 a
NC d 470,6 a
sd 449,7 a
Año 2008/09 432,2 a
2009/10 507,1 b
2010/11 441,1 a
Análisis de la varianza
NF ns
NC ns
Año <0,0001
NF*NC ns
NF*Año ns
NC*Año ns
NF*NC*Año ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05).

3- Condiciones químicas y físicas del suelo


3-1. Determinaciones químicas
Los resultados de P asimilable, MO, N total, azufre de sulfatos (S-S04) y pH
determinados al inicio de cada campaña de soja pueden observarse en la Tabla 1-5. Ninguna
de estas variables químicas presentó diferencias significativas según NF, NC y entre las
distintas campañas, como interacciones.
Los valores de %MO se ubicaron dentro del rango (1,9-2,9%) obtenidos por Carrizo
et al. (2011), en suelos cultivados del Departamento La Colonias -Santa Fe- considerado
medio-bajo según Conti (2000).
No se realizó fertilización con S, si bien existe evidencia experimental en la zona de
una respuesta positiva en rendimiento del cultivo de soja al agregado de S (Fontanetto et al.,
2003). Los niveles en el suelo de S-SO4 obtenidos, estuvieron por encima de valores críticos
citados en otros países de 10 mg kg-1 S-S04 (Messick, 1992), para su consideración en la
43

región hacen falta más estudios para poder predecir la respuesta de soja basado en el análisis
de suelo. Si bien Divito y Echeverría, (2014) propusieron un umbral de 40 kg S ha-1 (0-60 cm)
El P extractable presentó valores muy por debajo de los críticos para soja -que varían
según los autores entre 13 a 17 ppm-, donde sería esperable una respuesta a la fertilización
fosforada superior a 300 y 400 kg de grano ha -1 cuando la disponibilidad de P es inferior a 10
y 8 ppm, respectivamente (Díaz Zorita et al., 2002b).
El nivel de P Bray se mantuvo en valores similares en C2 y C3, pudiéndose deber al
criterio de fertilización utilizado de reposición (26 kg P ha-1) o arranque (entre 12 a 14 kg P
ha-1) según nivel de fertilización A o B, respectivamente. En el Capítulo II se analizará la
evolución en el tiempo del nivel de P en la secuencia S-T/S-T/S-T.

Tabla 1-5. Materia orgánica (MO, %), fósforo asimilable (P, ppm), azufre (S-S04, ppm),
nitrógeno total (Nt, %) y pH del suelo al inicio del ensayo C1 2008, y en las campañas
siguientes C2 y C3 antes de la siembra de soja a 0-20 cm de profundidad según nivel de
compactación y fertilización y sus interacciones.
MO P S-S04 Nt pH
(%) (ppm) (ppm) (%)
Inicial C1 2008 2,5 7,3 13,1 0,147 6,1
NF A 2,5 a 8,3 a 16,6 a 0,152 a 6,1 a
B 2,6 a 7,4 a 16,9 a 0,154 a 6,2 a
NC d 2,5 a 8,1 a 16,5 a 0,153 a 6,2 a
sd 2,6 a 7,8 a 17 a 0,151 a 6,2 a
Año C2 2009-10 2,6 a 7,5 a 15,9 a 0,152 a 6,2 a
C3 2010-11 2,6 a 8,3 a 17,2 a 0,153 a 6,2 a
Análisis de la varianza
NF ns ns ns ns ns
NC ns ns ns ns ns
Año ns ns ns ns ns
NF*NC ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns
NC*Año ns ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05); *diferencia significativa (P≤ 0,05).

3-2. Cambios en las propiedades físicas del suelo


El análisis de la varianza para las variables de suelo Ds, RP, Pa y Dsr a dos
profundidades se muestra en la Tabla 1-6, donde la interacción NC*Año presentó diferencias
44

significativas (P<0,05), no así las interacciones NF*Año y NF*NC esta última expresa el
efecto de los tratamientos.
En cuanto al NF las variables Ds, RP, Dsr y Pa mostraron diferencias significativas en
ambas profundidades. Del análisis del efecto principal del nivel de fertilización se observan
valores de Ds, RP 1,5 y 6,1% superiores y de Pa 5,9 % inferiores en el nivel de alta
fertilización, con respecto a los de baja fertilización en la capa superficial del suelo, con un
comportamiento similar subsuperficial (Tabla 1-6).
Teniendo en cuenta los valores de las variables de suelo medidas en la situación inicial
en la C1: 2008/09 (Tabla 1-7), el nivel de alta fertilización partió de valores de Ds, RP
mayores y Pa menores, superficial y sub-superficialmente con respecto a los de B fertilización
por lo que no se podría atribuir totalmente al nivel de alta fertilización los cambios en dichas
variables de suelo.
Si analizamos los valores de la tabla 1-6 relativos a la situación de partida o inicial
(Tabla 1-7) en el nivel de alta fertilización el porcentaje de aumento de la Ds, RP con respecto
a los de baja fue menor en un 1,5% vs 3,05% y 6,3% vs 7,8% respectivamente y el porcentaje
de disminución de la Pa un 6,1% vs 7,9%, en la capa superficial del suelo (0-7cm), con un
comportamiento similar subsuperficial (8-12 cm).
Una mayor fertilización de los cultivos puede incrementar la proliferación radicular y el
aporte de rastrojos de los sucesivos cultivos, aumentando la materia orgánica de los
horizontes superficiales y de ese modo la calidad física del suelo, al respecto Gou et al. (2014)
encontraron en experimentos de largo plazo en suelos vertisoles que aplicaciones de NPK más
el aporte de enmiendas orgánicas en cultivos de trigo, soja y maíz mejoraban algunas
propiedades físicas del suelo como Ds y Pa con respecto a la situación inicial. En este trabajo
teniendo en cuenta los valores relativos a la condición de suelo inicial de la Ds, RP y Pa el
efecto de la mayor fertilización con fósforo en soja y nitrógeno en el cultivo antecesor trigo
pudo haber contribuído a mantener una mejor calidad física del suelo.

Tabla 1-6. Análisis de la varianza para las variables densidad aparente suelo (Ds, g cm-3),
resistencia a la penetración (RP, MPa), porosidad de aireación (Pa, %) y densidad de suelo
relativa (Dsr, g cm-3) a dos profundidades [superficial (de 0-7 cm) y subsuperficial (de 8-12
cm)] según nivel de fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin
descompactar (sd) y descompactado (d)], año (2008/09, 2009/10 y 2010/11) y sus
interacciones.
45

Ds (g cm-3) RP (MPa) Pa (%) Dsr (%)

Profundidad (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm)
NF A 1,33 b 1,4 b 1,90 b 2,23 b 18,6 a 12,5 a 87 b 92 b
B 1,31 a 1,38 a 1,79 a 2,08 a 19,7 b 13,7 b 85 a 90 a
NC d 1,28 1,34 1,42 1,68 21,28 15,78 84 88
sd 1,36 1,44 2,27 2,66 17,16 10,53 89 94
Año 2008/09 1,29 1,37 1,72 2,06 20,60 14,10 84 90
2009/10 1,33 1,40 1,90 2,24 18,50 17,30 87 92
2010/11 1,33 1,39 1,93 2,21 18,40 13,00 87 91
Análisis de la varianza
NF 0,0215 0,0093 0,0176 0,0181 0,0206 0,0064 0,0189 0,0093
NC <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001
Año 0,0005 0,0193 0,0007 0,0351 0,0004 0,0083 0,0008 0,0215
NF*NC ns ns ns ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns ns ns ns
NC*Año 0,0001 0,0138 <0,0001 0,0325 <0,0001 0,0061 <0,0001 0,0156
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns ns ns
Valores P obtenidos según el test LSD (P≤ 0,05). ns= diferencias no significativas (P> 0,05).

Tabla 1-7. Variables densidad aparente suelo (Ds, g cm-3), resistencia a la penetración (RP,
MPa) y porosidad de aireación (Pa, %) a dos profundidades [superficial (de 0-7 cm) y
subsuperficial (de 8-12cm)] según nivel de fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] al inicio del
ensayo C1: 2008-09.

-3
Ds (g cm ) RP (MPa) Pa (%)
Profundidad (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm)
NF A 1,31 1,39 1,78 2,20 19,8 13,3
B 1,27 1,35 1,65 1,92 21,4 15,1

En las figuras siguientes se presentan la apertura de la interacción NC*Año o campaña


para cada una de las variables de suelo estudiadas a dos profundidades superficial (0-7 cm) y
subsuperficial (8-12 cm).
En la figura 1-7 se observan los valores promedios para la C1: 2008-09 de Ds
superficial (A) y subsuperficial (B) de 1,21 y 1,31 g cm-3 para suelos d; mientras que, los sd
presentaron valores de 1,36 y 1,44 g cm-3, con coeficientes de variación (CV) de Ds de 3 y 5
% para las profundidades de 0-7 y 8-12 cm, respectivamente, dichos valores se consideran
bajos, siendo similares a los obtenidos por Imhoff et al. (2006). Por lo cual, si comparamos
los tratamientos d y sd, el pasaje de paratill al inicio del ensayo C1 (2008-09) permitió
46

disminuir en un 11 % (P< 0,05) y en un 9 % (P< 0,05) la Ds superficial y subsuperficial


respectivamente. El efecto residual de la descompactación se observó en la C2 (2009-10)
donde la Ds estuvo un 5,1 y 4,8 % por debajo en suelos d con respecto a sd a nivel superficial
y subsuperficial respectivamente, siendo estas diferencias significativas; en tanto que en la C3
(2010-11) sólo se observaron diferencias significativas en la Ds a nivel subsuperficial, siendo
un 7,5% menor en los suelos d (1,34 g cm-3) con respecto a los sd (1,45 g cm-3).

1,4 A 1,5 B
1,36 b 1,37 b 1,34 a 1,44 b 1,44 b 1,45 b
1,30 a 1,32 a 1,37 a

Ds (g cm-3) 8-12 cm
1,4
Ds (g cm-3) 0-7 cm

1,3 1,34 a
1,31 a
1,21a 1,3
1,2 d d
1,2 sd
sd
1,1
1,1
1 1
2008-09 2009-10 2010-11 2008-09 2009-10 2010-11
Año
Año

Figura 1-7. Densidad aparente del suelo (Ds, g cm-3) a nivel superficial (de 0-7 cm) A y
subsuperficial (8-12) B, para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y
2010/11 (C3)] según los niveles de compactación [descompactado (d) y sin descompactar
(sd)]. Apertura de la interacción NC*Año. Letras distintas dentro de cada año indican
diferencias significativas P<0,05.

El establecimiento de niveles críticos de Ds provee una herramienta útil para el


monitoreo de la condición estructural del suelo. Según Daddow & Warrington (1983) la Ds
crítica disminuye al aumentar el contenido de limo+arcilla del suelo, ya que la textura del
suelo tiene un efecto importante sobre el tamaño medio de los poros. Suelos de textura más
finas (limo y arcilla) tendrán diámetros de poros más pequeños y una mayor resistencia a la
penetración de las raíces en una densidad aparente inferior a un suelo de textura más gruesa
con mayor tamaño de poros.
Griffith et al. (1977) determinaron valores críticos de 1,7 Mg m-3 para suelos arenosos,
y de 1,4 a 1,5 Mg m-3 para suelos franco-arcillo-limosos. Considerables investigaciones se
han realizado a nivel nacional y mundial en relación a los efectos de la labranza sobre las
propiedades físicas del suelo y su incidencia en el comportamiento de varios cultivos (Larson,
47

1964; Lal, 1979; Brown et al., 1985; Baker, 1987; Derpsch et al., 1991; Bravo, 1993;
Marcano et al., 1994).
Aunque algunas veces los resultados son contradictorios, muchos investigadores
coinciden que en aquellos sistemas donde se perturba el suelo con labranza convencional se
consiguen mejores propiedades físicas en la capa sometida a laboreo que en la mayoría de los
sistemas conservacionistas (mayor macroporosidad y menor Ds).
En la figura 1-8 A y B se muestra el valor de RP superficial y subsuperficial para las
distintas campañas de soja según el NC. En la C1: 2008-09, la RP fue superior en suelos sd
(2,30 y 2,64 MPa) respecto a los d (1,12 y 1,47 MPa); por lo cual la RP disminuyó luego del
pasaje del paratill en un 51 y 44 %, respectivamente con relación a los suelos sd. Sin
embargo, el efecto de la labranza vertical y profunda sobre dichas variables suele ser
transitorio; ya que, por ejemplo, por impacto de las gotas de lluvia, el suelo puede
recompactarse y disminuir la macroporosidad, lo cual tiene una influencia muy fuerte sobre el
comportamiento del agua del suelo (Adeoye, 1982; Lindstrom & Onstad, 1984).
En este ensayo se observó el efecto residual de la descompactación en las campañas
siguientes con valores de RP menores del suelo con respecto a los tratamientos sd, tanto
superficial y subsuperficial, en la C2: un 36 y 29 % y C3: un 25 y 39 % a un año y medio y
dos años y medio del pasaje del paratill respectivamente, siendo estas diferencias
significativas.

A B
3,0 3,0 2,63 b
2,64 b 2,7 b
2,5 2,3 b 2,32 b 2,2 b 2,5
RP (MPa) 8-12cm
RP (MPa) 0-7 cm

2,0 1,85 a
2,0 1,65 a 1,63 a
1,48 a d 1,47 a d
1,5 1,5
1,12 a sd sd
1,0 1,0

0,5 0,5

0,0 0,0
2008-09 2009-10 2010-11 2008-09 2009-10 2010-11
Año Año

Figura 1-8. Resistencia a la penetración (RP, MPa) del suelo superficial (de 0-7 cm) (A) y
subsuperficial (de 8-12 cm) (B) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10
(C2) y 2010/11 (C3)] según los niveles de compactación [descompactado (d) y sin
descompactar (sd)] Apertura de la interacción NC*Año. Letras distintas dentro de cada año
marcan diferencias significativas P<0,05.
48

Los valores de residualidad encontrados en la bibliografía son reportados por Vilche et


al. (2004), poniendo de manifiesto la funcionalidad del escarificador después de un año y
medio de haber sido efectuado. Busscher et al. (2000) comprobaron que los efectos del
subsolado son de corta duración, solo para una estación de cultivo. Varsa et al., 1997
observaron el incremento de la densidad de raíces de maíz y el aumento de rendimiento, en un
suelo franco limoso. En estos suelos el efecto de descompactación se mantuvo por cuatro años
sin enmiendas químicas adicionales.
La resistencia ofrecida por el suelo que causa limitaciones severas al crecimiento de las
plantas varía con las especies. Al respecto, Threadgill (1982) concluye que valores superiores
a 1,5 MPa comprometen o dificultan el normal desarrollo radicular y por encima de 2,5 MPa
el crecimiento puede detenerse. Para soja, se considera que a 2,5 MPa la tasa de crecimiento
radical es afectada (Materechera et al., 1991). Considerando que la fuerza aplicada por las
raíces varía sólo dentro de un rango limitado (Gill & Bolt, 1955; Misra et al., 1988), la
variabilidad interespecífica en la tolerancia a RP se relacionaría con el diámetro de las raíces
y su interacción con la geometría de los poros del suelo.
Las raíces fibrosas, dado su reducido diámetro, serían más aptas para desarrollarse en
suelos con alta resistencia a la penetración que las raíces pivotantes (Taylor & Ratliff, 1969).
La resistencia a la penetración es más sensible que Ds en la detección de capas compactadas
(Krüger, 1996), aunque la Ds resulta más estable al ser menos afectada por el contenido de
humedad del suelo (Vepraskas, 1984).
En la Figura 1-9 A y B se observa la Pa para los tratamientos d y sd durante las tres
campañas en la capa superficial (0-7cm) y sub-superficial (8-12 cm) del suelo. Los
tratamientos d presentaron durante la C1: 2008-09 los mayores valores de Pa superficial
(24,4%) con diferencias significativas respecto a los tratamientos sd (16,9%); éstas
diferencias se mantuvieron durante la C2 en tanto que en la C3 no fueron significativas, sin
llegar a valores limitantes para el normal crecimiento del cultivo (Figura 1-9 A).
En tanto que, la Pa sub-superficial (Figura 1-9 B) de los tratamientos sd fue un 39, 23 y
35 % menor con respecto a los d para las C1, C2 y C3 respectivamente con diferencias
significativas, encontrándose por debajo de los valores críticos citados por Stirzaker et al.
(1996) que consideró adecuado un valor de 13%. Más recientemente, Kay et al. (2006) e
Imhoff et al. (2010b) indicaron que valores próximos o mayores a 15 % son necesarios para
mantener el flujo de oxígeno en niveles óptimos para las raíces de especies sensibles, como es
el caso de la soja.
49

A B
30 30
24,4 b
25 25
20,3 b

Pa (%) 8-12 cm
19,0 a d
Pa (%) 0-7 cm

20 17,8 a 20 d
16,9 a 16,7 a 17,5 b
sd 15,7 b
13,9 b sd
15 15
10,6 a 10,7 a 10,2 a
10 10
5 5
0 0
2008-09 2009-10 2010-11 2008-09 2009-10 2010-11
Año Año

Figura 1-9. Porosidad de aireación (Pa, %) del suelo superficial (de 0-7 cm) (A) y
subsuperficial (de 8-12 cm) (B) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10
(C2) y 2010/11 (C3)]. según los niveles de compactación [descompactado (d) y sin
descompactar (sd). Apertura de la interacción NC*Año. Letras distintas dentro de cada año
marcan diferencias significativas P<0,05.

El deterioro de la estructura edáfica se caracteriza, entre otros aspectos, porque aumenta


la proporción de agregados muy pequeños y/o muy grandes, reduciéndose fundamentalmente
la macroporosidad. Esto tiene consecuencias negativas directas al aumentar la resistencia
mecánica del suelo (Pilatti et al., 2006; Ghiberto et al., 2007) disminuyendo la captación y
circulación de agua y la disponibilidad de oxígeno. Valores menores a 10 % de aeración son
limitantes para la mayoría de los cultivos (Da Silva et al., 1994, 2004; He et al., 1996),
próximos a los valores obtenidos en los tratamientos sd subsuperficial (Figura 1-9 B).
Cuando la Dsr supera el valor de 90 %, valor considerado como crítico por Lipiec &
Hatano (2003) el rendimiento de los cultivos puede verse afectado, en la figura 1-10 A se
observan los valores de Dsr superficial no llegan a superar ese valor tanto en los tratamientos
d y sd, en tanto que sub-superficialmente sd podría limitar el rendimiento al superar el valor
crítico de 90% en las tres campañas (Figura 1-10 B).
El efecto residual de la descompactación se manifestó en mayor magnitud en la
variable de suelo RP, medida en la última campaña soja C3: 2010-11 al cabo de dos años,
siendo un 25 y 39 % menor con respecto a los tratamientos sd superficial y subsuperficial
respectivamente. En tanto que la Ds, Pa y Dsr superficial la residualidad se mantuvo durante
un menor plazo hasta la C2 (1 año), sin manifestarse diferencias significativas en la C3 con
50

respecto a los tratamientos sd, pero sí en la capa de suelo subsuperficial siendo 7,5 % y 7,3 %
menor la Ds y Dsr y 35 % mayor la Pa medida en la C3 respectivamente.

A B
100 94b 94b 95b
100 90b 90b 90a 88a
85a 87a 88a 85a
79a
80 80

Dsr % (8-12 cm)


Dsr % (0-7 cm)

60 60
d
d
40 40 sd
sd
20 20
0 0
2008-09 2009-10 2010-11 2008-09 2009-10 2010-11
Año Año

Figura 1-10. Densidad de suelo relativa (Dsr, %) superficial (de 0-7 cm) (A) y subsuperficial
(de 8-12 cm) (B) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11
(C3)]. según los niveles de compactación [descompactado (d) y sin descompactar (sd).
Apertura de la interacción NC*Año. Letras distintas dentro de cada año marcan diferencias
significativas P<0,05.

4- Intervalo hídrico óptimo (IHO) e índice de días de estrés (SWD)


El Intervalo Hídrico Óptimo (IHO) es la fracción de agua edáfica fácilmente utilizable
por los cultivos, durante la cual el suelo puede ser penetrado por las raíces sin mayor
resistencia y la aeración no limita la respiración radical.
El IHO ha sido ampliamente utilizado con diferentes fines, por ejemplo para evaluar la
calidad de suelos, el efecto de sistemas de manejo sobre una clase de suelos, para determinar
qué propiedad física restringe la productividad de los cultivos, entre otros (Da Silva et al.,
1994; Benjamín et al., 2003; Lapen et al., 2004).
El IHO está conformado por un límite superior e inferior, el primero es θCC−agua
retenida en capacidad de campo- si garantiza una aceptable capacidad de aire (θPa); de lo
contrario, el límite se alcanza cuando θPa no restringe la respiración radical. El límite inferior
queda determinado por la variable de mayor valor entre θRP (contenido hídrico edáfico por
debajo del cual las raíces restringen su crecimiento), y θPMP (contenido hídrico en el punto
de marchitez permanente).
En nuestro trabajo el área conformada por el IHO determinado a diferentes densidades
al inicio del ensayo fue notoriamente superior en los tratamientos d respecto a los sd, a ambas
51

profundidades (Figura 1-11 y 1-12). La calidad física del suelo en ellos es diferente debido a
que la θPa y la θRP del suelo actúan como limitantes a valores de Ds diferentes.

A
B
0,50
Humedad cm3 cm-3

Rp 0,50
0,45 0,45

Humedad cm 3 cm -3
0,40 Rp
Cc 0,40
0,35
Dsc=1,56 g cm-3 0,35 Cc
0,30
pmp 0,30 Dsc=1,47 g cm-3
0,25
0,25 pmp
0,20
"Pa" 0,20
0,15
0,15 "Pa"
0,10
0,10
1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5
1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5
densidad de suelo g cm -3 densidad de suelo g cm -3

Figura 1-11. Variación del contenido hídrico volumétrico en el suelo (θ) con la densidad de
suelo (Ds) para θ críticos de porosidad de aeración (Pa), capacidad de campo (CC),
resistencia del suelo a la penetración (RP) y punto de marchitez permanente (PMP) en suelos
descompactados (A) y sin descompactar (B) superficialmente (0-7cm). Dsc= Ds crítica [IHO
(intervalo hídrico óptimo) =0]. Las líneas indican la Ds medida antes de la siembra de soja
en las distintas campañas (línea continua C1:2008/09, línea puntos C2: 2009/10 y línea
discontinua C3: 2010/11).

B
A
0,50
0,50 0,45 Rp
Humedad cm3 cm-3

Rp
0,45
Humedad cm 3 cm -3

0,40
0,40 Cc 0,35 Cc
0,35 0,30
0,30 Dsc=1,48 g cm-3 Dsc=1,43 g cm-3 pmp
pmp 0,25
0,25
0,20 "Pa"
0,20 "Pa"
0,15 0,15
0,10 0,10
1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6
densidad de suelo g cm -3 densidad de suelo g cm-3

Figura 1-12. Variación del contenido hídrico volumétrico en el suelo (θ) con la densidad de
suelo (Ds) para θ críticos de porosidad de aereación (Pa), capacidad de campo (CC),
resistencia del suelo a la penetración (RP) y punto de marchitez permanente (PMP) en
suelos descompactados (A) y sin descompactar (B) subsuperficialmente (8-13 cm). Dsc= Ds
52

crítica [IHO (intervalo hídrico óptimo)= 0]. Las líneas indican la Ds medida antes de la
siembra de soja en las distintas campañas (línea continua C1:2008/09, línea puntos C2:
2009/10 y línea discontinua C3: 2010/11).

La mejor calidad física de suelo se observa superficialmente (0-7cm) en los suelos d,


donde la θPa limita (es decir que comienza a reducir el intervalo correspondiente al agua
disponible) a un valor de Ds= 1,37 g cm-3 y la θRP a una Ds= 1,08 g cm-3, siendo la Dsc
(donde el IHO= 0) de 1,56 g cm-3 (Figura 1-13 A). En los tratamientos sd la θPa comienza a
limitar a una Ds= 1,37 g cm-3 igual a d, mientras que la θRP limita en todo el rango de Ds
siendo el valor de Dsc menor que en d = 1,47 g cm-3 (Figura 1-13 B). En ninguna de las tres
campañas la Ds medida antes de la siembra de soja señalada con líneas verticales en la figura
superó los valores de Dsc determinados.
En la zona subsuperficial (8-13cm) de los suelos d la θPa limita a una Ds= 1,35 g cm-3
y la θRP comienza a restringir al IHO desde una Ds= 1,18 g cm-3, siendo la Dsc= 1,48 g cm-3
(Figura 1-14 A), en tanto que en sd la θPa comienza a limitar a una Ds= 1,34 g cm-3, mientras
que la θRP limita en todo el rango de Ds siendo el valor de Dsc= 1,43 g cm-3 (Figura 1-14 B),
en esta situación la Ds medida antes de la siembra de soja fue igual o superior a la Dsc en las
tres campañas.
Valores de Ds mayores o iguales a la Dsc ocurren cuando el suelo presenta
condiciones severas de degradación estructural (Benjamín et al., 2003; Leão et al., 2006;
Reichert et al., 2009), aunque es difícil de predecir el impacto de la Ds debido a que el
crecimiento de las plantas es un proceso dinámico en el que ocurren diferentes adaptaciones
morfológicas y fisiológicas cuando el ambiente se torna estresante. Sin embargo, los autores
coincidieron en señalar que, en última instancia, generalmente se verificó disminución de la
productividad (Da Silva & Kay, 1997a; Benjamín et al., 2003; Da Silva & Kay, 2004;
Wheaton et al., 2008).
El aumento de Ds ocasionó incremento en θRP y disminución de θPa en suelos d y sd,
pero no afectó a θ CC y θ PMP en los suelos sd. Resultados similares encontraron Zou et al.
(2001) e Imhoff et al. (2006) para suelos de textura similar. El límite inferior del IHO en
todos los casos en los suelos sd y en la mayoría de los d fue θRP. Dicha situación indicaría
que el crecimiento del cultivo sería afectado por la elevada RP del suelo antes de que su
contenido hídrico llegue al PMP.
La relación positiva entre RP y Ds se explica porque la compactación del suelo
incrementa el contacto entre las partículas y, por lo tanto, la fricción que se produce entre
53

ellas, y, entre las partículas y la raíz cuando éstas tratan de deformar la matriz del suelo para
penetrarlo (Vepraskas, 1984). Por otro lado, la RP decrece con el incremento de la humedad
del suelo debido a que la película de agua que envuelve las partículas facilita su movimiento
(Camp & Gill, 1969). En suelos muy duros, la absorción de agua y nutrientes puede
convertirse en limitante a causa de la dificultad que las raíces tienen para penetrar en el suelo
(Stirzaker et al., 1996; Brown et al., 2006; Bengough et al., 2011). Con respecto a θ Pa,
reemplazó a θ CC como límite superior del IHO en suelos d y sd, superficial o subsuperficial,
a partir de Ds mayores de 1,37 o 1,35 y 1,34 g cm-3. Estos datos indicaron que la falta de aire
puede, comprometer el normal intercambio gaseoso suelo-atmósfera resultando perjudicial
para el sistema radical, especialmente en suelos sd a mayor profundidad.
El comportamiento de RP con respecto a Ds y θ concuerda con lo reportado por varios
autores (Da Silva et al., 1994; Tormena et al., 1999; Imhoff et al., 2000; Leão et al., 2006). El
modelo ajustado (ecuación 3) explicó 88% y 80% de la variabilidad de los datos de RP para
suelos d y sd (Tabla 1-8).
En la Tabla 1-9 se observa los valores críticos de contenido hídrico del suelo θ para
RP, CC, PMP, Pa e IHO según la densidad aparente del suelo (Ds) al inicio de cada campaña
de soja, correspondientes a las figuras analizadas anteriormente (Figuras 1-13 y 14 A y B). El
θIHO fue mayor en los suelos d respecto a los sd en la capa de suelo superficial y sub-
superficial en un 46 y 90 % en C1; 18 y 88% en C2 y 18 y 100% en C3 respectivamente.

Tabla 1-8. Parámetros de ajuste de la curva de resistencia a la penetración para suelos


descompactados (d) y sin descompactar (sd) para la profundidad superficial (0-7 cm) y sub-
superficial (8-13 cm). RP = a * θ b *Dsc (3).
d sd d sd
Parámetros Sup.(0-7 cm) Sub-sup.(8-13 cm)
a 0,0156 0,2274 0,0212 0,0303
b -2,5269 -1,1692 -2,3844 -2,7443
c 5,6700 2,9330 5,6382 3,9934
r2 0,88 0,80 0,84 0,88

El contenido hídrico del suelo para mantener una RP= 2,5 MPa (θ RP) -por encima de
la cual se restringe el crecimiento radical-, fue mayor en los suelos sd con respecto a los d y
aumentó con la Ds. El indicador IHO permitió establecer que existen dos condiciones físicas
de suelo, un ambiente de mejor calidad física, constituido por los suelos d y, el otro de
inferior calidad física conformado por los tratamientos sd.
54

Tabla 1-9. Contendio hídrico crítico del suelo (θ) cm3 cm-3 [para RP (2,5 MPa)= resistencia
a la penetración, CC (0,01 MPa)= capacidad de campo, PMP(1,5 MPa)= punto de marchitez
permanente, Pa (10%)= porosidad de aireación] e intervalo hídrico óptimo (IHO) según
densidad del suelo (Ds) al inicio de cada campaña de soja (C1:2008/09; C2:2009/10 y
C3:2010/11) según el nivel de compactación (NC) descompactados y sin descompactar,
superficial (0-7 cm) y subsuperficial (8-13 cm).
Campaña C1: 2008/09 C2: 2009/10 C3: 2010/11
Profundidad (0-7 cm) (8-13cm) (0-7 cm) (8-13cm) (0-7 cm) (8-13cm)
NC d sd d sd d sd d sd d sd d sd
Ds 1,21 1,36 1,31 1,44 1,30 1,37 1,37 1,44 1,32 1,34 1,34 1,45
θ RP 0,19 0,28 0,26 0,34 0,24 0,27 0,27 0,34 0,25 0,27 0,27 0,35
θ CC 0,34 0,36 0,36 0,38 0,36 0,36 0,36 0,38 0,36 0,37 0,37 0,38
θ PMP 0,15 0,22 0,22 0,23 0,16 0,16 0,16 0,23 0,16 0,22 0,22 0,22
θ Pa 0,45 0,37 0,39 0,34 0,39 0,37 0,37 0,34 0,38 0,38 0,38 0,33
θ IHO 0,15 0,08 0,10 0,01 0,11 0,09 0,09 0,01 0,11 0,09 0,09 0,00

Da Silva & Kay (1997a) estimaron la frecuencia de permanencia del contenido de


agua del suelo fuera del IHO y concluyeron que el crecimiento del cultivo de maíz fue menos
restringido cuando el θ del suelo estuvo dentro de los límites del IHO medido de 0 - 20 cm de
profundidad en distintas texturas y densidades de suelo. Específicamente, el crecimiento de la
parte aérea de las plantas fue correlacionado negativamente con la frecuencia con que el agua
en el suelo permaneció fuera del intervalo. Da Silva & Kay (1996) también demostraron que
los cultivos que crecen en suelos con IHO estrechos son más vulnerables a las sequías y
precipitaciones elevadas que aquellos que crecen en suelos con IHO más amplios.
En este trabajo, en suelos sd el IHO tuvo menor amplitud que en d, como se mostró
anteriormente, aumentando así la probabilidad de ocurrencia de situaciones de estrés. Con
base en el IHO y en la dinámica hídrica del período en que se desarrollaron los cultivos, se
determinó para la profundidad de suelo de 20 cm el WSD. El valor resultó mayor en las
parcelas Asd y Bsd con respecto a las Ad y Bd (|-72,2| y |-72,6| vs. |-23,3| y |- 20,3|) como
promedio de las tres campañas. Valores absolutos mayores de WSD indican períodos de
mayor estrés por encontrarse el contenido hídrico del suelo fuera de los límites del IHO. Su
relación con el rendimiento será analizado dentro del tema siguiente (ver sección 5
“Variables ecofisiológicas del cultivo”).

5- Variables ecofisiológicas del cultivo


5-1. Caracterización del crecimiento
a) Índice de área foliar (IAF), porcentaje de radiación interceptada (%RI) y biomasa total
55

Los métodos de análisis del crecimiento son herramientas útiles para describir la
respuesta de las plantas a variaciones en el ambiente (Hunt, 1982), principalmente en las
etapas más críticas del cultivo donde se define el rendimiento, durante la fructificación e
inicio del crecimiento de los granos de soja (Jiang & Egli, 1995; Egli, 1997).
En la tabla 1-10 se presenta el análisis de la varianza de las variables de cultivo IAF,
%RI y Biomasa total en los estados fenológicos R1, R4, R6 y R8, en este último solamente
para biomasa. No hubo interacción entre los factores de tratamiento (NF, NC y Año) en la
variable IAF, biomasa total en R1 y R8, %RI en R4 y R6, por lo tanto se analizaron los
efectos puros de cada factor; en tanto que el % RI en R1 y biomasa total en R4 y R6 se
determinó interacción entre NF*Año (P < 0.0001, P 0.0365 y P 0.0301) respectivamente,
analizándose los efectos conjuntos de NF y Año.
Tabla 1-10: Análisis de la varianza del índice de área foliar (IAF), porcentaje de radiación
interceptada (% RI) y biomasa total (g m-2); en diferentes estados fenológicos del cultivo de
soja (R1= inicio de floración; R4= plena fructificación; R6= máximo tamaño de semilla;
R8=plena madurez) según nivel de fertilización (NF), de compactación (NC), año y sus
interacciones.
IAF %RI Biomasa total
R1 R4 R6 R1 R4 R6 R1 R4 R6 R8
NF A 3,5 b 5,1 a 3,2 a 84,3 92,5 a 75,06 b 463,8 b 665,5 915,7 872,3 a
B 3,0 a 5,4 a 3,1 a 75,9 91,5 a 71,2 a 425,7 a 623,9 837,6 842,8 a
NC d 3,2 a 5,4 a 3,4 b 81,9 b 94,7 b 75,18 b 468,6 b 651,3 926,8 b 922,4 b
sd 3,2 a 5,0 a 2,9 a 78,3 a 89,2 a 71,1 a 420,8 a 638,1 826,5 a 792,6 a
Año 2008/09 2,5 a 2,7 a 2,1 a 68,6 82,08 a 60,7 a 283,4 a 484,3 716,5 612,2 a
2009/10 3,3 b 7,5 c 4,6 c 91,1 97,8 b 85,3 c 557,6 c 781,2 1070,9 1195 c
2010/11 3,9 c 5,5 b 2,7 b 80,7 96,1 b 73,4 b 493,2 b 668,5 842,5 765,5 b
Análisis de la varianza
NF 0,0393 ns ns <0,0001 ns <0,0001 0,0334 0,023 0,0009 ns
NC ns ns 0,018 <0,0001 <0,0001 <0,0001 0,0002 ns 0,0001 0,0045
Año <0,0001 <0,0001 0,0001 0,0012 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001
NF*NC ns ns ns ns ns ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns <0,0001 ns ns ns 0,0365 0,0301 ns
NC*Año ns ns ns ns ns ns ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns ns ns ns ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias significativas según el
test LSD (P≤ 0,05). ns: no significativo (P> 0,05).
56

Al inicio de la floración (R1) el IAF fue un 17 % superior en el NF A con respecto a B


y según el NC el IAF en R6 fue un 17 % superior en el nivel d con respecto a sd (P<0,05). En
la C1 se alcanzaron los menores valores de IAF en R1, R4 y R6 con respecto a las C2 y C3,
por debajo del rango de valores críticos (para interceptar el 95 % de la RFAinc) establecidos
para soja de aproximadamente 3 a 4,5 (Kantolic et al., 2004). En la C2 el IAF fue superior en
R4 y R6 un 177% y 120% y un 26% y 70% con respecto a las campañas C1 y C3
respectivamente con diferencias significativas.
El %RI en R1, R4 y R6 fue superior en un 4,6%, 6,1% y 5,6% en el nivel d con
respecto a sd respectivamente (P<0,05). En la C1 2008/09 el %RI en R 4 y R6 fue menor con
respecto a las C2 y C3 (P<0,05), en tanto que en la C2 2009/10 el %RI en R6 fue un 40% y
16% superior a las C1 y C3 respectivamente.
Si analizamos la B total en R1 ésta fue un 9% y 11% superior en el nivel de
fertilización A y compactación d, con respecto a B y sd (P<0,05), resultando en la C2 un 96%
y 13% superior la producción de biomasa respecto a las C1 y C3, respectivamente (Tabla 1-
9). Esta mayor producción de biomasa en R1 para la dosis más alta de P (NF A) se podría
explicar debido a que el cultivo alcanzó antes una mayor tasa de absorción de P respecto a la
dosis baja (NF B), debido a la mayor concentración de P permitiendo una mayor llegada de
este nutriente a la raíz por difusión (Barber, 1984).
Con respecto a la radiación interceptada del análisis de la interacción NF*Año (Figura
1-13) las diferencias fueron significativas para el %RI en R1, a favor del NF A con respecto a
B en un 4,5% y 26% durante las C2 y C3 respectivamente.

100 93 b 89 a 90 b
90
80 70 a 68 a 71 a
70
60
%RI R1

50 A
40 B
30
20
10
0
2008-09 2009-10 2010-11
Año

Figura 1-13: Porcentaje de radiación interceptada (%RI) en el estado fenológico R1 (inicio


de floración) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)],
según los niveles de fertilización NF [alta (A) y baja (B)]. Apertura de la interacción
NF*Año. Letras distintas dentro de cada año indican diferencias significativas P≤0,05.
57

En la C2 la B total en los estados fenológicos R4 y R6 (Figuras 1-14 y 1-15) fue un 14


y 16% superior en el nivel de alta fertilización con respecto a B respectivamente (P<0,05),
respuesta que no se observó en las campañas C1 y C3. En cuanto a la producción de B total
en R8 se observa que en suelos d se logró un 16,4% más de B total, con respecto a los sd;
estos datos concuerdan con lo hallados por Alzugaray et al. (2008) para un cultivo de maíz,
donde encontraron diferencias positivas a favor de la producción de MS aérea en suelos d en
relación a sd.

900 834 b 1400


800 728 a 1151 b
666a671a 1200
Biomasa R4 (g m-2)

700 Biomasa R6 (g m-2) 990 a


600 496a473 a 1000 855 a830 a
500 741a A
800 692 a
400 A
600 B
300 B
400
200
100 200
0 0
2008-09 2009-10 2010-11 2008-09 2009-10 2010-11
Año
Figura 1-14: Biomasa total (g m-2) en Figura 1-15: Biomasa total (g m-2) en
el estado fenológico R4 (plena el estado fenológico R6 (máximo
fructificación) para las distintas tamaño de semillas) para las distintas
campañas soja [2008/09 (C1), campañas soja [2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)], según 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)], según
los niveles de fertilización NF [alta los niveles de fertilización NF [alta
(A) y baja (B)]. Apertura de la (A) y baja (B)]. Apertura de la
interacción NF*Año. Letras distintas interacción NF*Año. Letras distintas
dentro de cada año indican dentro de cada año indican
diferencias significativas P≤0,05. diferencias significativas P≤0,05.

La producción de biomasa en R8 fue diferente entre campañas, C2 95% y C3 25%


superior con respecto a C1 (P<0,05) (Tabla 1-10), sin presentarse interacción entre NF*Año,
donde en la C2 se venían obteniendo mayores producciones de biomasa en R4 y R6 en el NF
A como se mencionó, ya que los tratamientos con baja fertilización en esta última etapa de R6
a R8 acumularon más biomasa debido probablemente a un mayor contenido de agua en el
suelo como se observa en la figura 1-5.
58

b) Tasa de crecimiento del cultivo (TCC) y duración del área foliar (DAF)

En la Tabla 1-11 se presenta el análisis de la varianza de la TCC (en g m-2 día-1) y la


DAF (m2 d-1) para el estadío fenológico R4-R6. No hubo interacción entre los factores de
tratamiento (NF, NC y Año) en la variable DAF, pero en la TCC se determinó interacción
entre NC*Año y NC*NF (P ≤ 0.0271 y P ≤ 0.0278), respectivamente. Por lo tanto, se
analizaron los efectos principales de cada factor en DAF y los efectos conjuntos de NC, NF y
Año en TCC.

La DAF durante R4-R6 fue un 11% superior en el nivel de compactación d con


respecto a los sd (P ≤ 0.0092). En la C2 la DAF fue un 99% y 28 % superior con respecto a
las campañas C1 y C3, respectivamente. Dicha situación permitió determinar una mayor
duración de los niveles máximos de intercepción de la radiación, contrastando con la baja
intercepción en C1 y la marcada caída al final de la etapa de llenado en C3.

-2
Tabla 1-11. Tasa de crecimiento del cultivo (TCC, g m día-1) y duración del área foliar
(DAF, m2 día-1) en el período de crecimiento R4-R6 de soja, según los niveles de fertilización
[NF, alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin descompactar (sd) y descompactado
(d)], año y sus interacciones. Análisis de varianza.
Pe ríodo de cre cimie nto R4-R6
TCC DAF
NF A 8,0 129,8 a
B 6,8 127,3 a
NC d 8,7 135,7 b
sd 6,0 121,4 a
Año 2008/09 6,4 84,8 a
2009/10 10,3 168,9 c
2010/11 5,4 131,9 b
Análisis de la varianza
NF 0,0217 ns
NC <0,0001 0,0092
Año <0,0001 <0,0001
NF*NC 0,0278 ns
NF*Año ns ns
NC*Año 0,0271 ns
NF*NC*Año ns ns
Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias significativas según el
test LSD (P≤ 0,05). ns: no significativo (P> 0,05).
59

En la figura 1-16 se presenta la TCC (R4-R6) para las distintas campañas según NC.
Las mayores tasas de crecimiento durante este período permitirían disponer de un mayor
establecimiento de granos y, por lo tanto, un mayor Rdto de grano.
En la C1: 2008/09 debido a las condiciones climáticas secas durante la mayor parte del
ciclo del cultivo, las TCC estuvieron por debajo de los valores alcanzables en años normales,
donde el nivel d presentó una TCC 53% mayor con respecto al nivel sd. Según Shibles &
Weber (1965, 1966) la TCC está estrechamente relacionada con la intercepción de radiación,
alcanzando su máximo valor cuando el canopeo es capaz de interceptar el 95% de la radiación
incidente (Gardner et al., 1985b). Algunos autores, como Board & Harville (1994), sugirieron
tasas de hasta 15 g m-2 día-1 entre R2-R5 para lograr rendimientos superiores a 4000 kg ha-1.
En la C2: 2009/10 los niveles d y sd presentaron las mayores tasas absolutas (10,8 y
9,9 g m-2 día-1 respectivamente) sin diferencias significativas (P > 0,05). En la C3 el nivel d
presentó una TCC 133% mayor con respecto al nivel sd siendo estas diferencias significativas
(P ≤ 0,05). Esto se debió a las condiciones de deficiencia de agua registradas en este período,
donde los suelos sd presentaron menor contenido hídrico en todo el perfil del suelo (0-1,6 m),
manifestando el cultivo una abrupta pérdida de AF, menor %IR y, por lo tanto, menores TCC.
En la figura 1-17 se presenta el efecto de los tratamientos (NF*NC). Para el NF A la
TCC fue un 62% superior en d respecto a sd, en tanto que, para el NF B no presentó
diferencias significativas según NC (d vs sd).

12 10,8 a 12
9,9 a 9,9 b
TCC ( g m -2 d-1 )

10 10
7,8 b 7,62 b 7,6a
TCC (g m-2 d-1)

8 8 6,1 a 6,1a d
6 5,1 a d
6
4 3,26 a sd 4 sd
2 2
0 0
2008-09 2009-10 2010-11 A B
Año NF
60

Figura 1-16: Tasa de crecimiento del Figura 1-17: Tasa de crecimiento


cultivo en el período de crecimiento del cultivo en el período de
(R4-R6) para las distintas campañas crecimiento (R4-R6) para los niveles
soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y de fertilización [NF, alta (A) y baja
2010/11 (C3)], según los niveles de (B)] según nivel de compactación
compactación [descompactado (d) y sin [NC, descompactado (d) y sin
descompactar (sd)]. Apertura de la descompactar (sd)]. Apertura de la
interacción NC*Año. Letras distintas interacción NF*NC. Letras distintas
dentro de cada año indican diferencias dentro de cada NF indican
significativas P≤0,05. diferencias significativas P≤ 0,05.

c) Rendimiento (Rdto.), componentes del Rdto. e índice de cosecha (IC)

Para Rdto. y P1000 hubo interacción entre NC*Año, sin diferencias significativas
según NF. Las variables Nº G m-2, Nº Vm-2 y Nº plm-2 e IC (%) no presentaron interacciones,
por lo cual se analizaron los efectos principales de los factores NC, NF y entre los diferentes
años (Tabla 1-12).
El rendimiento logrado en C1 fue un 29% superior -53,8 g m-2- en los suelos d con
respeto a los sd, en tanto que en C3 esta diferencia debida al efecto residual de la
descompactación fue del 22% -43,7 g m-2- (Figura 1-20).

Tabla 1-12. Análisis de la varianza para Rendimiento (Rdto) y sus componentes [Nºpl m-2=
número de plantas m-2; NºV m-2= número de vainas m-2; NºG m-2= número de granos m-2;
P1000= peso de mil granos]e índice de cosecha (IC%) según los niveles de fertilización [NF,
alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin descompactar (sd) y descompactado (d)],
años 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010-11 (C3) y sus interacciones.
61

Componentes del Rendimiento Soja (cv RA 725)


-2 -2 -2 -2
Nº pl m Nº V m Nº G m P1000 (g) Rdto (g m ) IC %
NF A 22,7 a 1841,2 a 2520,9 a 109,9 a 296,2 a 34 a
B 21,4 a 1722,2 a 2636,1 a 109,2 a 282,0 a 34 a
NC d 21,7 a 1829,8 a 2689,7 b 111,5 304,6 34 a
sd 22,5 a 1741,5 a 2467,7 a 107,6 273,6 34 a
Año 2008/09 24,1 b 1567,3 a 2014,1 a 105,9 213,5 35 b
2009/10 21,2 a 2399,3 b 3385,1 c 130,1 438,5 37 b
2010/11 20,5 a 1377,8 a 2336,4 b 92,7 215,3 29 a
Análisis de la varianza
NF ns ns ns ns ns ns
NC ns ns 0,0496 ns 0,0078 ns
Año 0,0019 <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001 0,0019
NF*NC ns ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns ns
NC*Año ns ns ns 0,0487 0,0458 ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns
Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05); diferencia significativa (P≤ 0,05).

Estos datos concuerdan con los hallados por Martino (1998); Bonel et al. (2005);
Bonel & Montico (2007) y Mon (2007), quienes argumentaron un aumento del rendimiento
debido a la descompactación profunda dada por el paratill. Terminiello et al. (2007)
determinaron sobre un suelo franco limoso que el pasaje de un descompactador mejoró el
Rdto de un cultivo de soja en un 16,3% conducido en SD, en condiciones de alta impedancia
del suelo.
Busscher et al. (2006) también informaron incrementos de Rdto en soja de 36 g m-2
para tratamientos d en relación a los sd en suelos franco-arenosos, donde la labranza fue más
dominante que el tipo de suelo. Para otros cultivos también se encontraron respuestas en el
Rdto. a la descompactación del suelo, Feldamn & Domier (1970) para maíz del 10-20%,
Botta et al. (2006) para girasol del 13-24%. Álvarez et al. (2009) encontraron que en suelos
franco-limosos la descompactación aumentó el rendimiento de maíz en un 5,5%, logrando
efectos positivos de corto plazo sobre la resistencia a la penetración, sin efecto residual sobre
el rendimiento de los cultivos subsiguientes, por otra parte Mon (2007) evidencia que los
tratamientos de subsolado en dos series de suelo con elevado contenido de limo, aún después
de tres años de aplicados presentan incrementos productivos importantes.
62

En la C2 no se observaron respuestas en Rdto. al efecto residual de la


descompactación realizada en C1 (Figura 1-18). Sadras et al. (2005) concluyeron que los
beneficios sobre el Rdto se esperan que sean menores en estaciones extremadamente secas o
extremadamente húmedas y, cuando el suelo por debajo de la zona de compactación esté seco.
Barber & Díaz (1992) informaron una relación inversa entre la respuesta de soja a suelos d y
lluvias estacionales por encima de 760 mm. La verdadera respuesta al NC dependió de las
condiciones estacionales, cantidad inicial y distribución de agua en el perfil del suelo, que
permitieron mantener el suelo húmedo disminuyendo la RP, debido a que estas variables
están inversamente relacionadas.

500 436,3a 440,9a


450
400
350
Rdto (g m-2)

300 240,4 b 237,2 b


250 d
200 186,6 a 193,5a
sd
150
100
50
0
2008-09 2009-10 2010-11
Año

Figura 1-18: Rendimiento (Rdto. g m-2) para las distintas campañas soja [2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)], según los niveles de compactación [descompactado (d) y sin
descompactar (sd)]. Apertura de la interacción NC*Año. Letras distintas dentro de cada año
indican diferencias significativas P≤0,05, según el test LSD (α= 0,05).

No se observó diferencia en Rdto según el nivel de fertilización con fósforo (P > 0,05)
(Tabla 1-12), por lo cual éstos resultados sugieren que la compactación del suelo fue más
importante como factor limitante del Rdto que la fertilidad fosfórica del mismo.
Por otra parte los niveles de respuesta en rendimiento a la fertilización con P dependen
del nivel inicial de P en el suelo, en este ensayo entre 7,3 a 8,3 mg kg-1, y las dosis aplicadas,
de 12 a 14 kg P ha-1 en baja y 26 kg P ha-1 en alta fertilización suficiente para sostener el nivel
de producción del cultivo en las distintas campañas. Máximas respuestas en rendimiento del
cultivo de soja se observaron con la aplicación de dosis de P entre 5 a 7 kg P ha -1 en suelos
con niveles por debajo de 12 mg kg-1 de P (Salvagiotti et al., 2013).
63

No se observó el efecto de los tratamientos (NF*NC, P > 0,05) sobre el Rdto., por lo
cual la falta de respuesta significativa a la fertilización con P fue independiente del nivel de
compactación del suelo. Esto difiere de lo reportado por otros autores, como Beutler &
Centurion (2004), que encontraron que la fertilización con P incrementó el rendimiento de
soja comparado con un testigo sin fertilizar para un mismo nivel de compactación, debido a
una asociación entre la acción del fertilizante fosforado y la disponibilidad del nutriente para
la planta facilitando la absorción por raíces más cortas.
Si bien el IAF, biomasa total y %RI en R1 fue mayor en el nivel de alta fertilización y
la TCC R4-R6 fue superior para el tratamiento Ad, esto no se tradujo en un mayor
rendimiento, debido principalmente a las condiciones de sequía durante la C1 y al estrés
terminal en C3 que afectó el número y peso de los granos.
El número de granos m-2 (Nºgr m-2) difirió significativamente según los años o
campañas. En la C2 este componente fue un 68% y 45% mayor a las C1 y C3,
respectivamente. El efecto residual de la descompactación se manifestó logrando un 9% más
de granos que los suelos sd, sin presentar diferencias según el NF.
El P1000 no mostró diferencias según el NC en C1 y C2, pero sí en C3, siendo un
16% inferior en los suelos sd con respecto a d (Figura 1-19). Esto se atribuye al estrés hídrico
ocurrido durante el estado de llenado de grano (cuando el número de granos ya se ha fijado),
que acortó la duración de esta fase al acelerar la senescencia foliar y la madurez fisiológica
(Tabla 1-2) reduciendo el peso de los granos y el Rdto. Este hecho se relaciona con la caída
de la TCC R4-R6 en sd (Figura 1-17).

140 129 a 132a


120 106a 106 a 100 b
100 86 a
P 1000 (g)

80
60 d
40 sd
20
0
2008-09 2009-10 2010-11
año

Figura 1-19: Peso de mil granos (gramos) [P1000 (g)] para las distintas campañas soja
[2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)], según los niveles de compactación
[descompactado (d) y sin descompactar (sd)]. Apertura de la interacción NC*Año. Letras
64

distintas dentro de cada año indican diferencias significativas P≤0,05 según el test LSD (α=
0,05).

5.2- Índice de días de estrés (WSD) y crecimiento radical del cultivo de soja
Según Benjamin et al. (2003) conocer la dinámica hídrica en el suelo y algunas
propiedades físicas de los suelos permite mejorar la predicción del Rdto. de los cultivos o
explicar los rendimientos obtenidos con distintas prácticas de manejo. Este autor demostró
que la correlación de Rdto. de maíz con el índice de días de estrés (WSD) fue mayor que con
Ds o IHO.
A través de un análisis de regresión los menores rendimientos se asociaron de manera
lineal a los mayores índices de estrés y a los tratamientos sd en las C1 (R2= 0,95) y C3 (R2=
0,93); en tanto que, los d mostraron menores índices de estrés.
La C2, caracterizada como año húmedo, presentó los mayores rendimientos y baja
relación con el WSD (R2= 0,27), para un rango de estrés similar con respecto a los
tratamientos d de las C1 y C3, esto se debe a que el índice se determinó para evaluar cambios
en el agua del suelo en sólo los primeros 20 cm de profundidad.
Para las tres campañas en su conjunto el valor de R2 fue de 0,53, indicando que
aproximadamente la mitad de la variabilidad del rendimiento es explicado por el índice de
estrés (Figura 1-20). Por los resultados de este estudio, el WSD fue eficiente para evaluar
cambios debido a diferentes prácticas de manejo, ocurrido durante la estación de crecimiento
del cultivo de soja que afectaron el Rdto.
460,5 Bd09 Asd 09
Ad09
Bsd09

345,4
Rdto (g m-2)

Ad10 Ad08
Bd08
230,3 Asd10
Bd10 Bsd10

Asd08
Bsd08
115,1
R2: 0,53

0,0
0,0 28,0 56,0 83,9 111,9
WSD (0-20cm)

Figura 1-20. Rendimiento (Rdto) en función del índice de días de estrés hídrico (WSD) para
las campañas de soja C1:2008/09 (08), C2:2009/10 (09) y C3:2010/11 (10) para los
tratamientos [Ad (alta fertilización descompactado), Asd (alta fertilización sin
65

descompactar), Bd (baja fertilización descompactado) y Bsd (baja fertilización sin


descompactar)].

La diferencia en rendimiento según el NC (d vs sd) podría deberse a una menor


exploración radicular por parte del cultivo, generado por la mayor resistencia mecánica del
suelo. De la medición de la densidad de raíces en la C1 en los primeros 0-7 y 8-15 cm de
suelo en el surco y entresurco del cultivo de soja en los estados fenológicos V3, R3 y R6 se
obtuvieron menores densidades de raíces con diferencias significativas en el NC sd
subsuperficial (8-15 cm) medidas en el surco (S) (Tabla 1-13), sin diferencias a nivel
superficial (0-7cm). Los datos y análisis estadísticos para la profundidad (0-7 cm) no se
presentan en esta tesis.
Dicha situación podría haber determinado una reducción en la captación de nutrientes,
sobre todos en aquellos de menor movilidad edáfica, como el P. Los suelos con mayor
compactación son menos productivos, debido a la reducción de la aireación para el buen
crecimiento de las raíces y la absorción de nutrientes, para lograr el máximo Rdto. del cultivo
(Gil et al., 1993). La reducción del Rdto del cultivo en suelos compactados es consecuencia
de una menor tasa de elongación celular y del aumento del número de células, incrementando
así el diámetro de la raíz de la planta (Benghough & Mullins, 1990). Esta reducción en la
longitud de la raíz provoca la exploración de un volumen de suelo más pequeño,
disminuyendo la absorción de agua y nutrientes, lo que representa la menor productividad en
los suelos compactados.

Tabla 1-13: Densidad longitudinal radical en el surco (S) y entresurco (ES) (cm cm-3) del
cultivo de soja C1:2008/09 en distintos momentos (V3, R3 y R6) según el nivel de
compactación (NC) sin descompactar (sd) y descompactado (d) y el nivel de fertilización
(NF) alta (A) y baja (B) y la interacción de los factores (NF*NC). Análisis de varianza según
el test de LSD de Fisher LSD, *diferencia significativa (P<0,05).
66

S/V3 S/R3 S/R6 ES/V3 ES/R3 ES/R6


sd 0,262 a 0,825 a 0,486 a 0,138 a 0,598 a 0,435 a
NC d 0,553 b 1,203 b 1,072 b 0,135 a 0,671 a 0,459 a
B 0,371 a 0,985 a 0,673 a 0,118 a 0,673 a 0,491 a
NF A 0,33 a 1,032 a 0,887a 0,146 a 0,573 a 0,396 a
Bsd 0,235 0,664 0,445 0,103 0,702 0,503
Asd 0,286 0,973 0,537 0,124 0,496 0,364
Bd 0,395 1,302 0,823 0,136 0,653 0,485
Ad 0,517 1,106 1,328 0,165 0,664 0,427
Análisis varianza
NC * * * ns ns ns
NF ns ns ns ns ns ns
NC*NF ns ns ns ns ns ns

En la C3 el menor IC% con respecto a las C1 y C2 se encuentra correlacionada con la


estratificación del desarrollo radical del cultivo. Las raíces correspondientes a cada
tratamiento no ocuparon el espacio de igual manera, por lo que el efecto residual de la d y el
NF del suelo, modificaron la distribución en profundidad de las raíces. Al comparar el área
bajo la curva de la densidad longitudinal de las raíces en cada tratamiento se observó que los
d presentaron mayor desarrollo radical en el estrato superior del suelo (15 cm), 43% del
desarrollo. En los estratos medios (25 cm) e inferior (35 cm) los porcentajes fueron menores,
20 y 37%; 36 y 21% para Ad y Bd, respectivamente.
Lo contrario se observó con los tratamientos sd. El desarrollo radical en el estrato
superior fue menor dentro de la profundidad total medida, 17 y 24% para Asd y Bsd,
respectivamente. El mayor desarrollo radical en estos tratamientos se encontró en el estrato
medio para Asd (51%) y en el estrato inferior para Bsd (45%) (Tabla 1-14).

Tabla 1-14 Área bajo la curva de la densidad longitudinal de raíces (ABC δlr cm2) para los
distintos tratamientos [Ad (alta fertilización descompactado), Asd (alta fertilización sin
descompactar), Bd (baja fertilización descompactado) y Bsd (baja fertilización sin
descompactar)] a distintas profundidades (15, 25 y 35 cm) y profundidad total medida (0-35
cm)
67

ABC δlr
Tratamientos 15 cm 25 cm 35 cm 0 - 35 cm
Ad 452,33 a 43 % 207,00 a 20 % 392,00 a 37 % 1051,33 a 100 %
Bd 700,00 a 43 % 584,00 ab 36 % 334,67 a 21 % 1618,33 a 100 %
Asd 427,67 a 17 % 1257,67 b 51 % 758,33 a 32 % 2444,67 a 100 %
Bsd 368,33 a 24 % 465,67 ab 31 % 675,37 a 45 % 1509,33 a 100 %

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05); *: diferencia significativa (P≤ 0,05).

Los resultados del ABC δlr mostraron una correlación positiva (R2= 0,84) entre el
Rdto. y el desarrollo radical en el estrato superior del suelo (15 cm); sin embargo, en el estrato
inferior (35 cm), la relación fue negativa (R2= 0,89). En el estrato medio (25 cm) y la
profundidad total medida (0-35 cm), la correlación encontrada fue baja y semejante entre ellas
con valores de R2 de 0,198 y 0,204, respectivamente (Figura 1-21).
2700 3000
Rendimiento (kg/ha)

Rendimiento (kg/ha)

A B
y = 1,5874x + 1359,5
2500 R² = 0,8406 2500 )
2300 2000

2100 1500

1900 1000
y = -0,252x + 2291,1
R² = 0,1987
1700 500

1500 0
300 400 500 600 700 800 0 200 400 600 800 1000 1200 1400
Área debajo de la curva (cm2) Área debajo de la curva (cm 2)

3000
2700 C
Rendimiento (kg/ha)

Rendimiento (kg/ha)

D
2500
R² = 0,8919
)
y = -1,1486x + 2753,1 2500 )
2300 2000

2100 1500
y = -0,1974x + 2459,7
1900 1000 R² = 0,2048

1700 500

1500 0
0 200 400 600 800 0 500 1000 1500 2000 2500 3000
Área debajo de la curva (cm 2) Área debajo de la curva (cm 2)

Figura 1-21 Correlación entre el área bajo la curva de la densidad longitudinal de raíces y el
rendimiento alcanzado por el cultivo para diferentes profundidades [15 cm (A), 25 cm (B), 35
cm (C) y 0-35 cm de profundidad (D).
68

Cuando se compara el desarrollo radical alcanzado en la profundidad total medida


producto de la suma de todos los estratos en cada tratamiento (0-35 cm de profundidad), no
existen diferencias entre tratamientos (Tabla 1-14). Esto se debería a que, aunque los suelos
sd presenten mayor Ds y RP en superficie, las condiciones se compensan por un sistema de
macroporos más extenso a mayores profundidades, que favorece el crecimiento y la
distribución de las raíces (Rasse & Smucker, 1998). De lo expresado anteriormente el mayor
desarrollo radical en los d se debe a la mejor aireación, menor RP y Ds dentro del estrato
superior. Estas nuevas condiciones propician en el ambiente edáfico una mejor condición para
el desarrollo biológico en el mismo (Alzugaray et al., 2008), así como beneficios en las
propiedades físicas del suelo (Swain, 1975).
Por otra parte en suelos de diferentes texturas de la región Pampeana, se encontró que
la abundancia de raíces del cultivo de soja en siembra directa y convencional, estaba
negativamente relacionado con el contenido de arcilla, demostrando que las propiedades del
subsuelo, y no los sistemas de labranza, fueron el principal efecto del crecimiento de las
raíces de la soja (Micucci & Taboada, 2006).

5-3.Eficiencia de uso de los recursos agua, radiación y fósforo


En la Tabla 1-15 del análisis de varianza se observa que para EUR BT ciclo y G no
hubo interacción entre los factores de tratamiento (NC, NF, Año) por lo tanto se analizaron
los efectos principales, en tanto que para la RFAi acumulada durante el ciclo del cultivo y la
EUR en el período (R4-R6) existieron interacciones analizándose la apertura de las mismas.
En cuanto a la EUR_G, no se encontraron diferencias significativas según NC y NF, pero sí
entre años presentando la C2 un valor 70 y 90% superior con respecto a C1 y C3,
respectivamente.
La EUR BT ciclo fue un 12,1% mayor en el NC d con respecto a sd (1,30 vs. 1,16) y,
en la C2 un 48 y 44% superior respecto a C1 y C3, respectivamente (Tabla 1-15). Valores de
EUR BT de 1,17-2,08 g MJ-1 fueron publicados por Caviglia et al. (2004) para dos campañas
de soja de segunda en Balcarce. Por otro lado, es importante destacar que bajo condiciones de
estrés la EUR suele presentar variaciones (Muchow et al., 1993), siendo notablemente menor
que en situaciones sin limitantes hídricas ni nutricionales. Dicha afirmación se reflejó al
comparar los valores obtenidos en las C1 y C3 (seca y levemente seca) con respecto a C2
(húmeda).
69

Tabla 1-15. Análisis de la varianza para Radiación fotosintéticamente activa interceptada


acumulada durante el ciclo (RFAi acum ciclo) y eficiencia de uso de la radiación (EUR) [en
función de la biomasa acumulada durante el ciclo total (EUR BT ciclo ), biomasa acumulada
en el período R4-R6 (EUR BT R4-R6) y rendimiento en grano (EUR G)] del cultivo de soja,
según los niveles de fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] y de compactación [NC, sin
descompactar (sd) y descompactado (d)], años 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010-11 (C3) y
sus interacciones.
RFAi acum EUR BT EUR BT EUR G
(ciclo) (R4-R6) (ciclo)
(MJ) g m-2 MJ-1
NF A 691,2 1,10 1,25 a 0,42 a
B 678,1 0,98 1,22 a 0,41 a
NC d 701,7 1,21 1,3 b 0,43 a
sd 667,6 0,87 1,16 a 0,40 a
Año 2008/09 584,2 1,24 1,05 a 0,36 a
2009/10 764,8 1,10 1,56 b 0,57 b
2010/11 704,9 0,78 1,09 a 0,30 a
Análisis de la varianza
NF 0,0044 ns ns ns
NC <0,0001 <0,0001 0,0239 ns
Año <0,0001 <0,0001 <0,0001 <0,0001
NF*NC ns 0,0175 ns ns
NF*Año 0,0232 ns ns ns
NC*Año <0,0001 0,0204 ns ns
NF*NC*Año <0,0001 ns ns ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P ≤
0,05). ns: no significativo (P > 0,05); diferencia significativa (P ≤ 0,05).

En la figura 1-22 se presenta la interacción NC*NF*año para RFAi acumulada durante


el ciclo del cultivo de soja. Bajo condiciones hídricas limitantes de la C1, la RFAi acum
mejoró en suelos descompactados (d) para los niveles de alta y baja fertilización fosforada, en
un 22 y 11% respectivamente respecto a los suelos sd. En la C2 y C3 los tratamientos con alto
y bajo nivel de fertilización no presentaron diferencias según el NC (d o sd).
Cuando la disponibilidad de agua no es limitante, la cantidad transpirada por el cultivo
depende, fundamentalmente, de la radiación interceptada por su canopeo. La radiación solar
es la fuente de energía utilizada tanto en el proceso transpiratorio como en el de fijación de
CO2. La cantidad de radiación solar interceptada y acumulada por un cultivo depende de la
70

duración del ciclo y de la dinámica de intercepción, fuertemente ligada a la evolución del


IAF. Este se genera con la aparición y expansión de las hojas y es el producto del número de
hojas y del tamaño de las mismas (Maddonni & Otegui, 1996).

900
RFAi acumulada (MJ)

800
700 a a a a a a a a
600 a b b
500
400
300
200
100
0
sd d sd d sd d sd d sd d sd d
A B A B A B
NF NF NF
C1 2008/09 C2 2009/10 C3 2010/11

Figura 1-22: Radiación fotosintéticamente activa interceptada acumulada durante el ciclo


del cultivo de soja [RFAi acum ciclo (MJ)] para las distintas campañas soja [2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3)], según niveles de fertilización [alta (A) y baja (B)] y niveles de
compactación [sin descompactar (sd) y descompactado (d)]. Apertura de la interacción
NC*NF*Año. Letras distintas dentro de cada NF indican diferencias significativas P≤0,05
según el test LSD (α= 0,05).

En la figura 1-23 se compara la EUR_BT (R4-R6) dentro de cada año según el NC (d,
sd) encontrándose diferencias significativas en las C1 y C3, donde la EUR en d con respecto a
sd fue un 31% (1,41 vs. 1,07 g MJ-1) y 131% (1,09 vs. 0,47 g MJ-1) superior respectivamente,
en tanto que para C2 estas diferencias no fueron significativas. Estos valores se encuentran
dentro del rango citado por Andriani et al. (1991) que reportaron EUR_ BT en R4-R6 de
1,07-1,50 g MJ-1 con sequía inducida. Si bien la EUR BT (ciclo) fue más baja en la C1,
debido al estrés hídrico, en el período de crecimiento R4-R6 la EUR en d fue alta (1,41 g m-2
MJ-1 ), debido a la llegada de las lluvias en R4 que permitieron al cultivo recuperarse.
71

1,6
1,41 b
1,4

EUR (R4-R6) g m-2 MJ-1


1,15a 1,09 b
1,2 1,07 a 1,05a
1
d
0,8
sd
0,6 0,47 a
0,4
0,2
0
2008-09 2009-10 2010-11
Año
Figura 1-23: Eficiencia uso de la radiación para el período de crecimiento R4-R6 [EUR (R4-
R6, g m-2 MJ-1)] para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11
(C3)], según los niveles de compactación [descompactado (d) y sin descompactar (sd)].
Apertura de la interacción NC*Año. Letras distintas dentro de cada año indican diferencias
significativas P≤0,05 según el test LSD (α= 0,05).

La EUR_BT (R4-R6) presentó diferencias significativas según los tratamientos


(NF*NC), donde para el NF alta (A) los tratamientos descompactados presentaron un 63%
más de eficiencia que los sd, en tanto que para el NF baja (B) estas diferencias no fueron
significativas (Figura 1-24). La mayor fertilización con P y un suelo en mejores condiciones
físicas, pudo favorecer la nodulación y la fijación biológica de N aumentando el contenido de
N en hoja manteniendo una mayor tasa de fijación de CO 2 con el aumento en la EUR-BT. La
sensibilidad de la tasa de fotosíntesis a cambios en el contenido de N en hoja fueron
estudiados por Sinclair & Horie (1989) como fuente importante de variación en la EUR,
donde ante bajos contenidos de N en hoja una mejora produce aumentos en la EUR.
El agua disponible es, generalmente, el principal factor que limita el crecimiento y
Rdto. de los cultivos en condiciones de secano (Boyer, 1982). Por lo tanto, el factor clave para
alcanzar mejores resultados en la agricultura de secano es tratar de maximizar el uso del agua
por parte de los cultivos (Dardanelli et al., 2003).
72

1,6
1,37 b
1,4

EUR (R4-R6) g m-2 Mj-1


1,2 1,06 a 0,89 a
0,84 a
1
d
0,8
sd
0,6
0,4
0,2
0
A NF B

Figura 1-24: Eficiencia uso de la radiación para el período de crecimiento R4-R6 [EUR (R4-
R6, g m-2 MJ-1)] para los niveles de fertilización [NF, alta (A) y baja (B)] según los niveles de
compactación [NC, descompactado (d) y sin descompactar (sd)]. Apertura de la interacción
NF*NC. Letras distintas dentro de cada NF indican diferencias significativas P≤ 0,05 según
el test LSD (α= 0,05).

En la Tabla 1-16 se detalla la EUA para la producción de grano (EUA_G) y B total


(EUA_BT); no se presentaron interacciones significativas entre los factores de tratamiento
(NF, NC) en los distintos años, por lo cual se analizó el efecto de los factores principales. En
la C2 la EUA_G fue un 67 y 73% superior, al igual que la EUA_BT en un 70 y 35%, con
respecto a C1 y C3 respectivamente, siendo estas diferencias significativas. En cuanto al NC
los tratamientos d presentaron un 21,8% más de EUA_BT respecto a sd (2,01 vs 1,65) (P <
0,05).
El efecto de la descompactación contribuyó al aumento de la EUA con respecto a los
sd, pudiéndose deber a la menor proporción del uso de agua destinada a evaporación (pérdida
improductiva), aumentando la relación transpiración T/ETcaj a través de la reducción de la
evaporación del suelo, dado por la mayor cubertura de la canopia en las etapas iniciales del
cultivo y la mayor duración del área foliar en (R4-R6) como se mencionó anteriormente. La
cantidad absoluta de evaporación depende de la cobertura de la canopia, del humedecimiento
de la superficie del suelo, del tipo de suelo y de la demanda atmosférica (Wallace et al.,
1991).
Se sabe que el P incrementa la EUA y la tolerancia de los cultivos a la sequía a través
del desarrollo temprano del cultivo que reduce la evaporación del agua del suelo favoreciendo
la transpiración del cultivo (Andrade et al., 2000). Esta respuesta no se observó en la EUA_G
y B ya que no presentaron diferencias significativas según el NF.
73

Los valores hallados en este trabajo se encuentran dentro de los estimados por otros
autores. Micucci & Álvarez (2003) reportaron valores de 0,91 g m-2 mm-1 de EUA_G para el
cultivo de soja en Balcarce e intervalos de 0,5 a 1,1 g m-2 mm-1, así como valores entre 0,30 y
0,90 g m-2 mm-1 Kantolic (2009). Valenzuela et al., 2009, hallaron valores de EUA_BT y G
en cultivos de soja para la misma región de 1,8 y 0,55 g m-2 mm-1 respectivamente.

Tabla 1-16. Eficiencia en el uso del agua del cultivo de soja en función de la biomasa total
(EUA_BT, g m-2 mm-1) y de la producción de granos (EUA_G, g m-2 mm-1) para las campañas
2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) según nivel de fertilización (A= alta y B= baja) y
de compactación (d= descompactado y sd= sin descompactar) y sus interacciones.
EUA_G EUA_BT
g m-2 mm-1 g m-2 mm-1
NF A 0,63 a 1,80 a
B 0,63 a 1,86 a
NC d 0,65 a 2,01 b
Sd 0,60 a 1,65 a
Año 2008/09 0,52 a 1,39 a
2009/10 0,87 b 2,36 c
2010/11 0,49 a 1,74 b
Análisis de la varianza
NF ns ns
NC ns 0,0025
Año <0,0001 <0,0001
NF*NC ns ns
NF*Año ns ns
NC*Año ns ns
NF*NC*Año ns ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05).

En la Tabla 1-17 se observa del análisis de la varianza que el fósforo absorbido total
(P_abs total) y la eficiencia de uso del P en grano (EUP_G [kg grano kg-1 P aplicado]) no
presentaron interacciones significativas, por lo cual se analizó el efecto de los factores
principales (NF, NC ); en tanto que la eficiencia de recuperación de P en planta (EFR_ P [kg
P absorbido kg-1 P aplicado]), eficiencia fisiológica de P en grano (EFP_G [kg grano kg-1 P
74

absorbido]) y balance de P (P aplicado en fertilizante – P exportado en grano) presentaron


interacciones significativas analizándose la apertura de las mismas.
El P absorbido total por el cultivo fue un 15,2% mayor en los suelos d con respecto a
sd y un 9,1% mayor para el NF alto (A) con respecto a bajo (B) (P < 0,05). Esto estaría
asociado a la mayor exploración del suelo d por parte de las raíces y, por lo tanto, mayor
superficie de suelo explorada para extraer P. Como el P es relativamente inmóvil, el efecto de
la compactación del suelo en la absorción de P se relaciona, principalmente, con la
configuración del sistema radicular. En general, un sistema de raíces restringido y baja
accesibilidad al P en suelos compactados resulta en una menor cantidad de P total absorbido
(Barraclough & Weir, 1988; Misra et al., 1988; Müller et al., 1990; Lipiec & Stepniewski,
1995). Durante la C2 se dio la mayor absorción de P, siendo en promedio un 84% superior
con respecto a las otras campañas, debido a los altos rendimientos obtenidos y las buenas
condiciones hídricas.
El efecto de la compactación sobre el transporte de nutrientes por las raíces depende
del nivel de compactación del suelo y del suministro de agua y nutrientes. En condiciones de
alta fertilidad y buen contenido de agua del suelo, la compactación moderada puede tener un
efecto beneficioso. Esto puede ser debido a una mayor retención de agua y conductividad
hidráulica en el caso de transporte de flujo de masa (Kemper et al., 1971), al aumento del
coeficiente de difusión de iones (Warncke & Barber, 1972) o a un aumento de la
concentración de iones en el suelo.
Sin embargo, incrementos de la Ds por encima de ciertos valores, pueden conducir a
una disminución del coeficiente de difusión, como resultado de la mayor tortuosidad de los
poros y la restricción de la penetración de las raíces. El flujo masal es un mecanismo
importante en el transporte de N, Ca, Mg, S, B, Cu, Fe, Cl; como la difusión lo es en el
transporte de P, Zn y K. La aireación del suelo, dependiente del contenido de agua y el grado
de compactación (Stepniewski et al., 1994) es otro factor que influye en la transformación de
nutrientes y la absorción.
La EFP_G no presentó diferencias significativas según el NC, obteniéndose valores
entre 148,2 a 163,3 kg de granos por kg P absorbido medido en R8; lo que es igual a una
necesidad de 6,7-6,1 kg P absorbido por tn de grano producido, respectivamente. En tanto
que, los kg P exportados por tn de grano fueron entre 5,05 a 5,45 kgP tn -1. Las tasas de
extracción de P que realiza el cultivo de soja son variables, un trabajo de Bermudez et al.
(2014) cita valores entre 4,0 a 4,2 kgP tn-1 de grano producido para diferentes dosis y
momentos de aplicación de P.
75

Tabla 1-17. Fósforo absorbido total (P_abs total), eficiencia fisiológica (EFP_G) y de uso
(EUP_G) del P en grano, eficiencia de recuperación de P en planta (EFR_ P) y balance de P
(P aplicado en fertilizante – P exportado en grano) para las campañas 2008/09 (C1),
2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) según nivel de fertilización (A= alta y B= baja) y de
compactación (d= descompactado y sd= sin descompactar) y sus interacciones.
P abs total EFP G EFR P EUP G Balance
-1 -1 -1
kg P kg kg Pabs kg Pabs kg Papl kg kg P apl P apl.-P exp. G

NF A 19,2 b 152,7 0,78 120,4 a 10,4


B 17,6 a 159,6 1,47 235,3 b -2,3
NC d 19,7 b 152,5 a 1,16 b 180,2 a 3,2
sd 17,1 a 159,8 a 1,09 a 175,5 a 4,8
Año 2008/09 13,8 a 157,1 0,9 140,3 a 7,8
2009/10 26,5 b 163,3 1,59 260,9 b -3,5
2010/11 14,9 a 148,2 0,88 132,3 a 7,8
Análisis de la varianza
NF 0,0037 ns <0,0001 <0,0001 <0,0001
NC 0,0026 ns 0,0022 ns 0,0102
Año <0,0001 0,0419 <0,0001 <0,0001 <0,0001
NF*NC ns ns ns ns 0,0452
NF*Año ns 0,0395 0,0064 ns ns
NC*Año ns ns ns ns 0,0254
NF*NC*Año ns ns ns ns ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05)

En la C3 la EFP_G fue significativamente mayor para el NF B con respecto a A


produciendo más grano por unidad de P absorbido, en tanto que en C1 y C2 no hubo
diferencias significativas (Figura 1-25). Cuando la EFR_P toma el valor de 1, el P absorbido
por el cultivo es igual que al aplicado con el fertilizante. En las C1, C2 y C3 la EFR_P fue
mayor a 1 en el nivel de baja fertilización, siendo estas diferencias significativas y en una
magnitud del 66, 103 y 81% respectivamente respecto al NF A (Figura 1-26) obteniendo estas
diferencias del P del suelo.
La EUP_G, surge de la EFP_G * EFR_P; donde para el NF B la eficiencia de uso del
P aplicado fue un 95 % superior respecto a NF A como una medida de productividad. En la
C2 se obtuvieron las mayores eficiencias de uso con respecto a C1 y C3 (P<0,05) debido a los
altos rendimientos obtenidos. Para el centro de Santa Fe, en suelos con P Bray1 menores a 10
ppm, la EUP_G fue de 344, 185 y 125 kg grano kg P -1 para dosis de 10, 20 y 30 kg de P
76

respectivamente (Gutiérrez Boem & Salvagiotti, 2014) valores comparables con los de este
ensayo (Tabla 1-17).

180 a b
160 a a a

EFP G ( kg kg Pabs-1)
140 a
120
100 A
80 B
60
40
20
0
2008-09 2009-10 2010-11
Año

Figura 1-25: Eficiencia fisiológica del P para la producción de grano [EFP_G (kg de grano
producido por kg de P absorbido, para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10
(C2) y 2010/11 (C3)], según los niveles de fertilización [NF alto (A) y bajo (B)]. Apertura de
la interacción NF*Año. Letras distintas dentro de cada año indican diferencias significativas
P≤0,05 según el test LSD (α= 0,05).

2,5 2,14 b
EFR P (kg Pabs kg P apl -1)

1,5 A
1,13 b 1,05 a 1,13 b
1 0,68 a B
0,62 a
0,5

0
2008-09 2009-10 2010-11
año

Figura 1-26: Eficiencia de recuperación del P en planta [EFR_P (kg de P absorbido


sobre kg de P aplicado] para las distintas campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 (C2)
y 2010/11 (C3)], según los niveles de fertilización [alta (A) y baja (B)]. Apertura de la
interacción NF*Año. Letras distintas dentro de cada año indican diferencias
significativas P≤0,05 según el test LSD (α= 0,05).

En cuanto al balance P fue positivo en las C1 y C3 por los bajos rendimientos y


negativo en la C2 por los altos rendimientos obtenidos teniendo en cuenta el P aplicado y el
exportado en los granos. En C1 y C3 el balance fue positivo pero inferior en el nivel
77

descompactado (d) en un 32 y 27% respecto a los sd respectivamente, debido al mayor


rendimiento y extracción de P en grano (Figura 1-27).
El balance de P en el NF A fue positivo e inferior en un 15% en los suelos d con
respecto a sd, en tanto que para el NF baja el balance fue negativo en d y sd (P > 0,05) donde
una parte del nutriente que se exportó con los granos provino del propio suelo teniendo en
cuenta los valores deficitarios de P inicial (Figura 1-28).

12,0 14,0 11,8 b


9,4 b
Balance P (P aplicado-P exp.

10,0 9,1 b 12,0

Balance P (P aplicado-
10,0 9,0 a
8,0 6,3 a 6,6 a
6,0 8,0

Pexp. G)
d d
4,0 6,0
G)

sd 4,0 sd
2,0
0,0 2,0
-2,0 2008-09 2009-10 2010-11 0,0
-4,0 -2,0 A B
-3,1 a -3,9 a
-6,0 -4,0 -2,5 a -2,1 a
año NF

Figura 1-27: Balance de P [P aplicado-P Figura 1-28: Balance de P [P aplicado-P


exportado en grano] para las distintas exportado en grano] para los niveles de
campañas soja [2008/09 (C1), 2009/10 fertilización [NF alto (A) y bajo (B)], según
(C2) y 2010/11 (C3)], según los niveles de los niveles de compactación [NC
compactación [descompactado (d) y sin descompactado (d) y sin descompactar
descompactar (sd)]. Apertura de la (sd)]. Apertura de la interacción NF*NC.
interacción NC*Año. Letras distintas Letras distintas dentro de cada NF indican
dentro de cada año indican diferencias diferencias significativas P≤0,05 según el
significativas P≤0,05 según el test LSD test LSD (α= 0,05).
(α= 0,05).

En la tabla 1-18 se presenta el análisis de varianza para la concentración de P en grano


y rastrojo de soja, no presentando diferencias significativas ni interacciones entre los factores
NC, NF y año.
La compactación reduce la concentración de P mucho más en el rastrojo que en el
grano (Lipiec & Stepniewski, 1995). En este trabajo se manifestó dicha tendencia, siendo la
concentración de P en rastrojo un 8,8% (602,3 mg kg-1 vs. 655,5 mg kg-1) y en grano 1,9%
78

menor (0,51% vs. 0,52%) en suelos sd vs. d (P > 0,05). La bibliografía indica concentraciones
de P en grano de soja variables, desde 0,43 a 0,64% (Berardo, 2003).

Tabla 1-18: Análisis de la varianza para concentración en % de P en grano (%P G) y P en


rastrojo soja (mg kg-1) para las campañas 2008/09 (C1), 2009/10 (C2) y 2010/11 (C3) según
nivel de fertilización (NF A= alta y B= baja) y de compactación (d= descompactado y sd=
sin descompactar) y sus interacciones.

%PG P rastrojo
mg kg-1
NF A 0,52 a 650,1 a
B 0,51 a 607,6 a
NC d 0,52 a 655,5 a
sd 0,51 a 602,3 a
Año 2008/09 0,52 a 652,6 a
2009/10 0,52 a 572,4 a
2010/11 0,51 a 661,6 a
Análisis de la varianza
NF ns ns
NC ns ns
Año ns ns
NF*NC ns ns
NF*Año ns ns
NC*Año ns ns
NF*NC*Año ns ns

Letras diferentes, dentro de una misma columna, indican diferencias según el test LSD (P≤
0,05). ns: no significativo (P> 0,05).

6- Análisis de correlación entre variables de suelo y cultivo para las diferentes


campañas de soja

El coeficiente de correlación de Spearman es una medida de la magnitud de la


asociación entre dos variables que no depende de las unidades de medida de las variables
originales. Del análisis para las tres campañas (Tabla 1-19) se manifiesta una correlación
positiva y significativa entre las variables de cultivo como EUA y EUR (G y BT) -cuadrante
superior izquierdo-. Este tipo de asociaciones entre EUR y EUA concuerdan con datos
reportados para girasol y trigo (Sadras et al., 1991; Caviglia & Sadras, 2001) y para soja y el
doble cultivo trigo/soja (Caviglia et al., 2004). La Pa (sup y prof) se correlacionó
negativamente con la Ds y la RP (sup y prof) y éstas se correlacionaron positivamente entre sí
79

en forma significativa -cuadrante inferior derecho-. No se encontraron correlaciones


significativas entre las variables de suelo y cultivo -cuadrante inferior izquierdo- para las tres
campañas en su conjunto.

Tabla 1-19. Matriz de correlación: coeficientes de correlación de Spearman entre variables


de suelo [densidad aparente superficial y profunda (Ds, sup y prof); porosidad de aireación
superficial y profunda (Pa, sup y prof); resistencia a la penetración superficial y profunda
(RP, sup y prof)] y del cultivo de soja [eficiencia de uso de radiación en biomasa total y en
grano (EUR_BT y EUR_G); eficiencia de uso del agua en biomasa total y en grano (EUA_BT
y EUA_G); peso de mil granos (P1000); número de granos por m2 (Nº_G m-2); rendimiento
(Rdto), fósforo absorbido total (Pabs t) y eficiencia uso del P para la producción de grano
(EUP_G)] para las campañas 2008/09, 2009/10 y 2010/11. (*P<0,05: correlación
significativa. ns: correlación no significativa).

Rdto Nº Gm-2 P1000 EUAG EUABT EUR G EUR BT P abs t EUP-G Ds(sup.) Ds (prof) RP (Sup) RP(prof) Pa (sup)
Rdto.
Nº Gm-2 0,87*
P1000 0,75* 0,45*
EUAG 0,92* 0,81* 0,73*
EUABT 0,77* 0,73* 0,51* 0,75*
EUR G 0,88* 0,68* 0,86* 0,91* 0,62*
EUR BT 0,81* 0,73* 0,66* 0,8* 0,91* 0,74*
P abs total 0,93* 0,84* 0,7* 0,81* 0,83* 0,8* 0,89*
EUP-G 0,8* 0,72* 0,66* 0,82* 0,72* 0,75* 0,7* 0,71*
Ds (sup.) -0,28 ns -0,06 ns -0,13 ns -0,27 ns -0,26 ns -0,25 ns -0,23 ns -0,16 ns -0,14 ns
Ds (prof) -0,2 ns -0,11 ns -0,09 ns -0,06 ns -0,32 ns -0,14 ns -0,38 ns -0,34 ns -0,07 ns 0,48*
RP (Sup) -0,33 ns -0,14 ns -0,14 ns -0,26 ns -0,35 ns -0,25 ns -0,26 ns -0,26 ns -0,22 ns 0,96* 0,55*
RP (prof) -0,21 ns -0,02 ns -0,1 ns -0,12 ns -0,32 ns -0,21 ns -0,32 ns -0,26 ns -0,06 ns 0,77* 0,74* 0,84*
Pa (sup) 0,33 ns 0,15 ns 0,12 ns 0,26 ns 0,35 ns 0,24 ns 0,26 ns 0,25 ns 0,2 ns -0,96* -0,54* -1* -0,82
Pa (prof) 0,19 ns 0,01 ns 0,09 ns 0,1 ns 0,31 ns 0,19 ns 0,3 ns 0,25 ns 0,05 ns -0,77* -0,74* -0,84* -1* 0,83*

Sin embargo, analizando las campañas C1 (seca) y C3 (moderadamente seca), donde


las condiciones físicas de suelo limitaron el crecimiento del cultivo, se encontraron
correlaciones significativas (Tabla 1-20). El Rdto, la EUA_G y el P abs t se correlacionaron
significativamente en forma positiva con la Pa (sup y prof) y negativamente con la Ds y RP
(sup y prof). La práctica de descompactación suele presentar mayor impacto sobre el
rendimiento en condiciones de estrés hídrico moderado, siendo este impacto mínimo o nulo
en condiciones de estrés hídrico severo o de alta humedad (Sadras et al., 2005). Los suelos
con mayor Ds y RP disminuyeron la absorción de P por un menor tamaño del sistema radical
restringiendo el acceso al agua de capas de suelo más profundas, afectando el rendimiento y la
eficiencia de uso del agua para la producción de grano.
80

Tabla 1-20: Variables de suelo [densidad de suelo superficial y profunda (Ds , sup y prof);
porosidad de aireación superficial y profunda (Pa, sup y prof); resistencia a la penetración
superficial y profunda (RP, sup y prof)] y del cultivo de soja [eficiencia de uso de radiación
en biomasa total y en grano (EUR_BT y EUR_G); eficiencia de uso del agua en biomasa
total y en grano (EUA_BT y EUA_G); peso de mil granos (P1000); número de granos por m2
(Nº_G m-2); rendimiento (Rdto), fósforo absorbido total (Pabs t) y eficiencia uso del P para
la producción de grano (EUP_G)] para las campañas 2008/09 y 2010/11 (campaña seca y
moderadamente seca, respectivamente). Coeficientes de correlación de Spearman entre
variables de suelo y cultivo, (*P<0,05: correlación significativa ns: correlación no
significativa).

Rdto. Nº Gm-2 P1000 EUAG EUABT EUR G EUR BT P abs t. EUP-G


Ds(sup.) -0,83* -0,35 ns -0,45 ns -0,78* -0,46 ns -0,78* -0,53* -0,62* -0,45 ns
Ds (prof) -0,56* -0,23 ns -0,15 ns -0,74 * -0,52* -0,3 ns -0,59* -0,68* -0,11 ns
RP (sup) -0,82* -0,43 ns -0,36 ns -0,63* -0,63* -0,65* -0,5* -0,69* -0,52*
RP(prof) -0,6* -0,25 ns -0,36 ns -0,54 * -0,63 * -0,64 * -0,67 * -0,76 * -0,34 ns
Pa (sup) 0,83* 0,45 ns 0,33 ns 0,64* 0,64* 0,63* 0,5* 0,7* 0,5*
Pa (prof) 0,61* 0,24 ns 0,36 ns 0,70 * 0,64* 0,62* 0,67* 0,76* 0,35 ns

CONCLUSIONES
Tomando como base el rendimiento como variable de respuesta, el nivel de
compactación del suelo fue más importante como factor limitante que la fertilidad química
del mismo, debido a que la respuesta en Rdto del cultivo de soja fue mayor en los
tratamientos d vs. sd, en tanto que respecto a la dosis de fertilización fosforada, no fue
significativa. En los tratamientos d se verificó que, con el transcurso del tiempo, tanto la Ds
como la RP aumentaron mientras que Pa fue decreciendo, pero sin llegar a valores similares a
los tratamientos sd, destacando la persistencia del efecto residual de la descompactación
inicial sobre la Ds, RP y Pa.
No se encontraron correlaciones significativas entre variables de suelo y cultivo para
las tres campañas en su conjunto, pero sí para C1 (seca) y C3 (moderadamente seca),
poniendo de manifiesto que la limitante compactación estuvo condicionada por el contenido
hídrico del suelo.
81

CAPÍTULO II

VARIABLES METEOROLÓGICAS, DE SUELO Y ECOFISIOLÓGICAS


QUE EXPLICAN EL RENDIMIENTO DEL CULTIVO DE TRIGO

INTRODUCCIÓN
El cultivo de trigo es el cereal invernal de mayor importancia en Argentina, tanto para
la alimentación básica de la población como para la producción. Es un eslabón fundamental
en la conservación del recurso suelo de los sistemas productivos, en los que domina el cultivo
de soja. En las campañas 2012 (C1), 2013 (C2) y 2014 (C3) se sembraron en promedio
4023744 ha de trigo en nuestro país y, 690604 ha en la provincia de Santa Fe, con
rendimientos promedios alcanzados de 2801, 2129 y 2775 kg ha-1, respetivamente (SiiA,
2015). El rendimiento (Rdto.) puede ser explicado por un modelo simple analizando sus
componentes numéricos, como son el número de granos (NG) y el peso final de los mismos,
producto de la tasa y duración del llenado. Numerosas evidencias han mostrado que de estos
dos componentes, el NG producidos es el que mejor explica las variaciones en el Rdto. final,
más que cualquier cambio en el peso individual (Slafer et al., 2003).
El Rdto. potencial del trigo, como el de cualquier otro cultivo, depende primariamente
de la radiación capturada y de la temperatura incidente para un genotipo determinado. En
condiciones de secano está limitado por el consumo de agua durante el ciclo, siempre que los
demás aspectos de manejo hayan sido cubiertos adecuadamente (nutrición, sanidad, siembra y
genética).
Comprender el desarrollo fenológico de un cultivo es un aspecto clave, no sólo para
establecer la adaptabilidad del mismo a distintos ambientes, sino también para identificar los
períodos críticos en los que se define el rendimiento (Miralles et al., 2007) y,
consecuentemente, desarrollar estrategias de manejo tendientes a cubrir los requerimientos de
agua y nutrientes.
Por lo expuesto, el manejo del agua previo a la siembra es de fundamental importancia
y requiere considerar aquellos factores que inciden tanto sobre la captación como sobre la
eficiencia de almacenaje y uso de la misma. Para mejorar la captación de agua debemos evitar
encostramientos superficiales, pisoteos, compactación subsuperficial, que fundamentalmente
limitan y afectan la infiltración de agua y la penetración radical (Glinski & Lipiec, 1990).
82

La calidad física de los suelos se refiere fundamentalmente a parámetros como la


resistencia mecánica, la transmisión y el almacenaje de agua en la zona de exploración de las
raíces. Estas propiedades físicas determinan, en parte, la adaptación de cualquier medio dado
para el crecimiento de las plantas.
Arvidsson & Hakansson (1996), definen la compactación como el aumento de la
densidad aparente del suelo (Ds) como resultado de las cargas o presiones aplicadas al mismo,
expresando su magnitud por el aumento de la Ds y de la resistencia a la penetración de las
raíces (RP). Además, sostienen que las principales causas de la compactación del suelo son
las presiones generadas por el paso de rodados e implementos agrícolas, el pisoteo animal y el
reacomodamiento de las partículas de suelo en planteos de trabajo sin laboreo.
Otros factores que influyen en la compactación de los suelos son: bajos contenidos de
MO, suelos sin residuos en superficie, altas concentraciones de sodio y de otros agentes
dispersantes, tránsito de maquinaria con alta humedad en el suelo, el manejo de los suelos, los
sistemas de cultivo y las condiciones climáticas (Voorhees, 1987). Otros autores afirman
también que cuando el suelo permanece sin ser trabajado, como en el caso de los sistemas
basados en SD, la consolidación natural tiende a incrementar la Ds, lo cual se agrega a la
acción de agentes compactantes como la maquinaria, los animales y las lluvias (Martino,
2003; Gil, 2007).
Con respecto a lo anterior, Martino (2003) sostiene que el aflojamiento del suelo
causado por el laboreo favorece la infiltración de agua, la aireación y el desarrollo de raíces.
Por esta razón, en los sistemas basados en el laboreo del suelo, los problemas de
compactación son en cierta forma disimulados, al menos durante breves períodos de tiempo.
La compactación afecta además otras propiedades del suelo como la porosidad de
aeración (Pa), la conductibilidad hidráulica y la infiltración del agua. Potencialmente puede
alterar la morfología y fisiología de las plantas (Bingham, 2001; Passioura, 2002) y,
consecuentemente, reducir el crecimiento y Rdto de los cultivos.
La presencia del trigo en la secuencia es importante por su capacidad de exploración
radicular. El crecimiento de raíces, en especial de gramíneas, es uno de los principales
factores que contribuyen a regenerar la estructura del suelo (Gerster et al. 2010). Los cultivos
de nuestra región tienen diferentes capacidades para explorar áreas densificadas, estando la
capacidad de exploración de estas áreas condicionada al nivel de humedad del perfil. Cuando
el suelo se encuentra con valores de humedad cercanos a capacidad de campo (CC), la
resistencia que presenta al crecimiento de las raíces es sustancialmente menor que cuando está
seco, permitiendo una mejor exploración radicular (Bennie & Botha, 1986).
83

Por otra parte, por el tipo de cobertura y su distribución, al ser un cultivo que se
implanta en líneas cercanas (17 a 21 cm), presenta características favorables para sistemas de
SD continua por una mejor ocupación del suelo por las raíces.
La implementación de la SD puede mejorar las propiedades físicas, químicas y
biológicas de los suelos puesto que contribuyen, en general, a mantener o incrementar el nivel
de carbono orgánico (CO) del suelo (Franzluebbers et al., 1999; Dexter, 2004). Si bien, estas
labranzas conservacionistas son importantes para reducir la degradación del suelo, en algunas
situaciones pueden también conducir a un exceso de compactación, (Ferreras et al., 2000;
Schjønning & Rasmussen, 2000; Fabrizzi et al., 2005) aumentando la resistencia a la
penetración y en algunos casos la densidad aparente del suelo (Álvarez et al., 2004; Díaz
Zorita et al., 2002a) atribuible a la ausencia de remoción del suelo, sumado al efecto
compactante derivado del pasaje de maquinarias (Botta et al., 2004).
La biomasa producida por unidad de agua consumida expresa la eficiencia con la cual
un órgano o un cultivo fijan carbono en relación con el agua evapotranspirada y, se define
como EUA. En la región centro de la provincia de Santa Fe la EUA promedio para la
producción de grano de trigo fue de 8,5 kg_gr mm-1 de agua consumida o evapotranspirada
(ETc), si bien se pueden alcanzar elevadas eficiencias en el uso del agua que está acumulada
en el suelo (Villar, 2010). Ensayos de variedades de trigo conducidos durante varios años en
campos de productores en el sudeste de Córdoba y sur de Santa Fe, han permitido medir
eficiencias de entre 10 y 15 kg_gr mm-1 de agua total utilizada por el cultivo medida hasta 1,5
m. Para el caso de trigo, tanto el cultivo antecesor como el sistema de labranza modificarán la
acumulación de agua en el suelo durante el final del verano y el otoño y, por lo tanto, la
disponibilidad hídrica inicial del cultivo (Fraschina et al., 2005).
Otra variable importante es el momento en que ocurre un déficit de agua. Si el mismo
ocurre alrededor de floración afectará el NG, mientras que si el déficit se produce después de
floración lo que se afectará es el peso de los mismos (Miralles et al., 2003).
El desarrollo del sistema radical es uno de los factores más importantes en la captación
y EUA al incidir sobre la relación transpiración/evaporación (Amir et al., 1991). Otro factor
tendiente a optimizar esta relación es la cobertura del suelo, que, al reducir las pérdidas por
evaporación incrementa la EUA (Prasad & Power, 1991).
La EUA resulta condicionada por la disponibilidad de N del cultivo durante su ciclo.
El contenido de NO3 a la siembra es un aspecto a considerar, pero no menos importante es el
N que el suelo puede aportar por mineralización durante el período siembra-floración. En
dicha etapa el cultivo normalmente consume el 80% del total del N requerido. Por ello, la
84

estrategia de manejo del agua no puede limitarse sólo a captarla y almacenarla, sino que desde
un manejo estratégico de la nutrición existe la posibilidad de influir sobre la EUA (Quiroga et
al., 2003).
El Nitrógeno (N) es el principal elemento requerido para la producción de los cultivos
de granos. Deficiencias de este nutriente reducen la expansión foliar, provocan su prematura
senescencia y afectan la tasa fotosintética, dando como resultado una menor producción de
MS y grano (Echeverría et al., 2005). Villar (1999) señala que la absorción de N en el cultivo
de trigo es muy baja en sus primeras etapas de desarrollo y que una inadecuada sincronización
entre la oferta (suelo+fertilizante) y la demanda es una de las causas de baja eficiencia de uso.
Esto es particularmente importante en situaciones donde el costo de la aplicación de
fertilizante llega a representar la tercera parte de los costos de producción del cultivo. Este
autor indica además que existen estudios que muestran diferencias genotípicas en la absorción
temprana de N en trigo. La eficiencia más alta está asociada con una B aérea y radical mayor
(Golik & Chidichimo, 2007).

La respuesta a la fertilización se relaciona en forma directa con la demanda del


nutriente, la cual se incrementa al aumentar el Rdto potencial. Por este motivo, aquellos
factores que reducen la expectativa de Rdto, reducen también la eficiencia de uso del N
(EUN) expresado.
Ambos factores, agua y N, condicionarían además la eficiencia de uso de la radiación
(EUR). Al respecto, Castellarín et al. (2007) señalan que son escasos los estudios que
reportan las diferencias en la EUA y la EUR entre distintos genotipos de trigo según la
disponibilidad de N.
Golik y Chidichimo (2007), informan acerca de descensos en la concentración de
nutrientes en los tejidos de los cultivos en respuesta a reducciones de enraizamiento a causa
de la compactación. La menor absorción de nutrientes en un suelo compactado puede ser
compensada por una absorción más alta en otras partes del perfil con condiciones favorables.
En lo que respecta al N se producen modificaciones en su dinámica, entre las que se
destacan la menor tasa de mineralización de N orgánico, alteración de las propiedades
hídricas del suelo y del estado de aireación del suelo, lo cual contribuye a pérdidas de N por
desnitrificación (Rodríguez & Giambiagi, 1995).
La eficiencia de uso del N (EUN) por el cultivo puede ser definida en base a la
producción de la biomasa total (B) o de granos (G). La EUN y sus componentes, la eficiencia
fisiológica (EF) y la eficiencia de recuperación (EFR), constituyen un aspecto clave a
85

considerar en el manejo del N. Novoa y Loomis (1981) definieron a la EUN y sus


componentes de la siguiente manera: (i) EUN_B o G = kg_B o G / kgN disponible (ii) EFN_B o
G = kg_B o G total producido / kgN absorbido (iii) EFR_N B o G = kgN absorbido en B o G /
kgN disponible.

La eficiencia fisiológica con la que las plantas utilizan el N (EFN) depende de las
características de la especie y la disponibilidad de N. Para el trigo la EFN media está
alrededor de 30 kg_gr kgN_abs-1 (kg de granos por kg de N absorbido). Los coeficientes de
requerimientos de N que se utilizan en los modelos de balance son la inversa de esta
eficiencia, lo que da para trigo unos 30 a 35 kgN tn_gr (Echeverría & Videla, 1998). En
cuanto a la eficiencia de absorción o recuperación del N, el otro componente de la EUN, es
muy variable de acuerdo a las condiciones edafo-climáticas, del manejo del suelo, demanda
del cultivo y disponibilidad de N (N del suelo, mineralizado y aplicado con el fertilizante).

En tal sentido, la utilización de prácticas de manejo que permitan mejorar la eficiencia de


uso de N (EUN), producirían un gran impacto en los sistemas productivos con implicancias
sobre la sustentabilidad y la calidad del recurso suelo (Keeney, 1982; Meisinger & Randall,
1991).

Por lo hasta aquí expuesto, el presente trabajo tuvo como objetivo aportar información que
contribuya a entender los efectos residuales de la descompactación del suelo y de la
fertilización nitrogenada sobre la calidad física del suelo y su relación con las variables
eficiencias de uso del agua, radiación y N y el Rdto en el cultivo de trigo.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN
1- Caracterización agrometeorológica
En la Tabla 2-1 se presentan las precipitaciones que caracterizaron cada una de las
campañas de trigo. Si comparamos las lluvias registradas desde un mes antes de la siembra y
durante el ciclo del cultivo hasta el mes de noviembre, si bien durante noviembre las lluvias
no afectan al cultivo por encontrarse próximos a madurez fisiológica, con respecto a la media
de los últimos 15 años -para el mismo período-, podemos diferenciar distintos escenarios
desde el punto de vista hídrico. La C1 y la C3 presentaron valores de precipitaciones por
encima de la media histórica, mientras que la C2 estuvo muy por debajo, indicando
condiciones de escasa oferta hídrica proveniente de las lluvias.
86

Tabla 2-1. Lluvias (mm) desde mayo a noviembre para las campañas de trigo 2009 (C1),
2010 (C2) y 2011 (C3). Promedio histórico (1998 a 2011) y diferencia en mm con respecto al
promedio histórico [Dif.(+ -) H].
C1 C2 C3 Histórico
Mes lluvias (mm) (1998/2011)
mayo 24 56 66 51
junio 13 5 42 39
julio 68 10 13 26
agosto 3 8 32 30
septiembre 90 68 42 55
octubre 87 36 186 105
noviembre 210 54 143 139
Total 495 237 524 446
Dif.(+-)H 49 -209 78

Desde el punto de vista de la generación del Rdto el ciclo del trigo se puede dividir en
tres períodos: i) el de expansión del área foliar, ii) el de crecimiento de las espigas (PCE) y,
iii) el de llenado de granos. El primer período comienza con la emergencia, abarcando el
macollaje del cultivo hasta mediados de encañazón (E-ME). Durante el segundo período las
espigas (sin incluir granos) ganan la mayor parte del peso seco que alcanzan una semana
después de antesis, cuando queda definido el NG m-2 (Abbate & Cantarero, 2007), el cual se
delimitó desde ME (Z3.4) hasta A+7d (antesis más siete días) (Z7.05) y, por último, el
período de llenado de granos donde se define el peso de los mismos (Tabla 2-2).
En cuanto a la caracterización climática (Tabla 2-3) para la C1 podemos decir que las
condiciones fototermales fueron favorables para lograr altos rendimientos. Temperaturas
moderadas para la época durante el PCE y una oferta de radiación un 5 y 25% superior con
respecto al promedio histórico en el mes de septiembre y octubre respectivamente,
determinaron valores de cociente fototermal (Q) [Q= RFAi/(Tm-Tb), donde: RFAi= radiación
fotosintéticamente activa incidente, Tm= temperatura media, Tb= temperatura base] de 0,98
MJ m-2 día-1 ºC-1, tomando una Tb para el intervalo definido como crítico de 4,5 ºC (Fischer,
1985). Sin embargo, los últimos días de octubre se registraron temperaturas máximas por
encima de los 36 ºC que hicieron que el Q disminuya (Figura 2-1 y 2-2), incidiendo en la
etapa de llenado efectivo del grano. Ambientes de menor calidad por menores valores de Q
probablemente resultan en menores rendimientos. Esto ha sido confirmado por varios autores
(Fischer, 1985; Caviglia et al., 2001; Lázaro & Abbate, 2012), que indican que el Q da cuenta
de la mayor parte de las variaciones en el Rdto potencial del trigo.
87

Tabla 2-2. Detalle de fechas de ocurrencia de las distintas etapas fenológicas del cultivo de
trigo para las campaña 2009, 2010 y 2011. Fecha de siembra (FS). DDE: días desde la
emergencia del cultivo. Duración de las etapas en días: desde emergencia a mediados de
encañazón (E-ME), período de crecimiento de la espiga (PCE) y llenado de granos (LL).
Tiempo térmico TT (ºC día-1), temperatura base (Tb, ºC) y sumas térmicas durante el ciclo del
cultivo.
Trigo 2009 FS: 3/06/2009 Trigo 2010 FS: 11/06/2010 Trigo 2011 FS: 16/06/2011
E. fenológico Z3.1 Z3.4 Z6.5 Z 7.05 MF Z3.1 Z3.4 Z6.5 Z 7.05 MF Z3.1 Z3.4 Z6.5 Z 7.05 MF
Fecha ocurrencia 24-ago 18-sep 13-oct 20-oct 13-nov 06-sep 21-sep 15-oct 22-oct 19-nov 09-sep 23-sep 16-oct 21-oct 12-nov
DDE (días) 74 99 122 129 153 79 94 118 123 151 78 89 112 117 139
Etapas E-ME PCE LL E-ME PCE LL E-ME PCE LL
Duración etapas (días) 99 32 24 94 31 28 89 28 22
TT (ºC día) 980 383 313 844 395 309 824 388 270
Tb ºC 3,3 4,5 8,9 3,3 4,5 8,9 3,3 4,5 8,9
Suma térmica ciclo 1676 ºC día 1548 ºC día 1482 ºC día

Tabla 2-3. Temperatura media (Tx, ºC) y radiación fotosintéticamente activa incidente (Rad,
MJ m-2 día-1), promedio mensual e histórico (1934-2009) para las campañas de trigo 2009,
2010 y 2011.
2009 2010 2011 Histórico
Tx Rad Tx Rad Tx Rad Tx Rad
junio 11,6 5,2 12,5 4,4 12,2 3,8 12,9 4,1
julio 10,5 5,4 10,7 5,6 11,8 4,6 12,1 4,4
agosto 16,1 6,9 12,1 8,3 12,5 6,3 13,1 5,8
setiembre 13,6 8,2 15,7 8,6 17,2 9,1 15,6 7,8
octubre 19,2 11,5 17,7 11,2 18,5 9,6 18,7 9,2
noviembre 24 10,6 21,6 12,2 24,4 12,1 21,5 11,0

1,4
Q (Mj m -2 ºC día) Tb 4,5 ºC

1,2
1
0,8 Q 2009
0,6 Q 2010
0,4 Q 2011
0,2
0
10 20 30 10 20 31 10 20 30
Sept Oct Nov

Figura 2-1. Cociente fototermal (Q) durante el período crítico y llenado de granos del cultivo
de trigo en campañas 2009, 2010 y 2011.
88

35 140

Z 65
30 120
25 100

Lluvias (mm)
20 80
Temp. ºC 15 60
10 40
5 20
0 0
102030102031102031102030102031102030
Jun Jul Ago Sept Oct Nov
Lluvias Tmedia Tmax Tmin

Figura 2-2. Evolución de las temperaturas medias, máximas y mínimas (Temp.; Tmedia,
Tmáx y Tmín) y de las precipitaciones (Lluvias) durante el ciclo del cultivo de trigo 2009
(C1). La flecha indica la etapa fenológica de antesis (Z6.5, 50% de anteras visibles).

Las precipitaciones de principios de otoño fueron muy deficitarias (44,7 mm) y la


consecuencia fue la escasa reserva de agua útil en el perfil, con valores dentro del rango de los
165 a 183 mm de agua útil hasta 1,6 m de profundidad -según los tratamientos medidos antes
de la siembra-. En la ‘etapa I’ -el período de expansión foliar- la situación fue algo deficitaria
y promediando la ‘etapa II’ -crítica de encañazón del cultivo- no presentó estrés hídrico hasta
antesis e inicio de llenado de granos; para luego, en la ‘etapa III’ -efectiva de llenado- volver
a condiciones de estrés hídrico y altas temperaturas (Figura 2-2).
En la C2 las lluvias durante el inicio del otoño fueron escasas, pero debido a los
elevados registros estivales las reservas edáficas a la siembra fueron muy buenas (239 a 256
mm de agua útil hasta 1,6 m de profundidad). Esta situación permitió que, a pesar de la
escasez de las lluvias durante los meses de invierno, no se manifiesten síntomas de estrés
hídrico durante el período de crecimiento vegetativo hasta el regreso de las primeras
precipitaciones de comienzos de septiembre (Figura 2-3).
89

35 45

Z 65
30 40
35
25

Lluvias (mm)
Temp. ºC 30
20 25
15 20
10 15
10
5 5
0 0
10 20 30 10 20 31 10 20 31 10 20 30 10 20 31 10 20 30
Jun Jul Ago Sept Oct Nov
Lluvias Tmedia Tmax Tmin

Figura 2-3. Evolución de las temperaturas medias, máximas y mínimas (Temp.; Tmedia,
Tmáx y Tmín) y de las precipitaciones (Lluvias) durante el ciclo del cultivo de trigo 2010
(C2). La flecha indica la etapa fenológica de antesis (Z6.5, 50% de anteras visibles).

El balance general indicó un año con una oferta hídrica escasa, con demandas de agua
del cultivo insatisfechas en el período de llenado de grano. Esta última etapa es de menor
importancia relativa, ya que se define el componente de Rdto menos relevante (peso unitario
de los granos), mientras que el número de granos, que se determina durante el PCE, contó con
una adecuada oferta hídrica.
En la Tabla 2-2 se puede observar que la duración el PCE fue similar entre las C1 y
C2 y, levemente menor en la C3.
La temperatura media alrededor de antesis estuvo entre 15 y 18 °C (Figura 2-3),
valores reportados como óptimos para la definición del NG por espiga (Calderini et al., 1999;
Wardlaw et al., 1989; Ferris et al., 1998). Las condiciones fototermales fueron favorables
para lograr altos rendimientos, con temperaturas moderadas e inferiores a las esperadas para
la época durante el PCE y una oferta de radiación alta. Dicha situación permitió lograr altos
Q, con Q= 0,81 MJ m-2 día-1 ºC-1, al igual que durante la etapa de llenado donde los valores de
Q fueron superiores a las campañas C1 y C3 (Figura 2-1). Por lo tanto, ubicar el período
crítico en el mes de octubre (mes de mayor Q, s peligro de heladas) significó colocar al
cultivo en mejores condiciones para la obtención de altos rendimientos. Sin embargo, no
siempre las variaciones de rendimientos en trigo en condiciones no potenciales (sin riego) se
deben sólo a variaciones en el Q (Magrin, et al., 1993).
90

Durante la C3 se obtuvieron los menores valores de Q (Q= 0,69 MJ m-2 día-1 ºC-1) con
respecto al resto de las campañas para el PCE (Figura 2-1). Este valor coincide con el valor
medio para la zona de Rafaela (distante 50 km al oeste del lugar de realización del ensayo),
informado por Villar & Astegiano (2004) para el período 15/9 al 10/10, donde ocurre el
período crítico del trigo en dicha región.
Las lluvias de fin del verano y otoño permitieron comenzar el ciclo del cultivo con una
buena reserva de agua útil en el perfil (255 a 273 mm hasta 1,6 m de profundidad) (Figura 2-
4). Desde la siembra hasta encañazón las lluvias fueron escasas, aunque la oferta de agua fue
cubierta por las reservas del suelo hasta la etapa inicial del PCE. Desde antesis en adelante las
lluvias fueron buenas, con registros abundantes a fines de octubre las cuales permitieron
recomponer las reservas y llegar al fin del ciclo con buena disponibilidad hídrica. Esto último
no se tradujo en mayores rendimientos con respecto a las campañas anteriores, tema que será
abordado más adelante.

35 140
30 120
Z 65

25 100
Temp °C

Lluvias (mm)
20 80
15 60
10 40
5 20
0 0
10 20 30 10 20 30 10 20 30 10 20 30 10 20 30 10 20 30
Jun Jul Ago Sept Oct Nov

Lluvias T media T mínima T máx

Figura 2-4. Evolución de las temperaturas medias, máximas y mínimas (Temp.; Tmedia,
Tmáx y Tmín) y de las precipitaciones (Lluvias) durante el ciclo del cultivo de trigo 2011
(C3). La flecha indica la etapa fenológica de antesis (Z6.5, 50% de anteras visibles).

2- Balance hídrico
Los datos de la Tabla 2-4 caracterizan el ambiente general de desarrollo y crecimiento
del cultivo. Corresponde al período comprendido entre la siembra (3, 11 y 16 de junio) y la
madurez fisiológica del cultivo (13, 19 y 12 de noviembre) para las C1, C2 y C3,
respectivamente.
91

Tabla 2-4. Condiciones ambientales durante el desarrollo del cultivo de trigo en las
campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3). Precipitación efectiva (Pe); evapotranspiración
de referencia (ETo); coeficiente de cultivo (Kc); evapotranspiración de cultivo (ETc); déficits
o excesos hídricos (Def. o Exc.).
Meses Jun Jul Ag Sept Oct Nov Total
Pe (mm) 19 44,3 0,4 61,9 58,2 109 292
ETo (mm)(*) 43,1 65,6 105 83,6 148 94,1 538
C1 Kc (**) 0,3 0,4 0,75 1 1,15 0,25
ETc (mm) 12,9 26,2 78,9 83,6 170 23,5 376
Déf. o Exc.
6,1 18,0 -78,0 -21,7 -111 86 -100
(mm)(***)

Meses Jun Jul Ag Sept Oct Nov Total


Pe (mm) 5 10 8 68 36 25 158
ETo (mm)(*) 38,2 45,3 62,3 78,9 126 99,4 451
C2 Kc (**) 0,3 0,4 0,75 1,0 1,15 0,25
ETc (mm) 11,4 18,1 46,5 78,9 145 24,8 324
Déf. o Exc.
6,4 -8,1 -38,5 -10,9 -109 0,2 -167
(mm)(***)

Meses Jun Jul Ag Sept Oct Nov Total


Pe (mm) 27 13,1 32 34,4 166 52 324
ETo (mm)(*) 20,6 52,5 79,4 136 131 120 536
C3 Kc (**) 0,3 0,4 0,75 1,0 1,15 0,25
ETc (mm) 6,2 21 59,5 136 150 29,8 403
Déf. o Exc.
21,2 -8 -27 -102 16 22,2 -78
(mm)(***)
(*) Calculado por el método de Penman-Monteith.
(**) Fuente: Estudio FAO (2000), Riego y Drenaje, 33.
(***) Déf. o Exc.= Pe-ETc.

La ETc será máxima cuando el cultivo esté plenamente abastecido de agua y


nutrientes. Su determinación puede ser realizada con métodos indirectos (Allen et al., 2006)
como el producto de la ETo por el Kc único o dual. Estos coeficientes fueron determinados en
una diversidad de ambientes y cultivos.
El requerimiento hídrico durante el ciclo del cultivo de trigo representado por la ETc
fue de 376, 324 y 403 mm en tanto que la Pe fue de 291, 158 y 324 mm para las C1, C2 y C3,
92

respectivamente. El balance de agua para todo el ciclo (Pe-ETc) fue negativo en todas las
campañas, donde la C2 mostró el mayor déficit (-167 mm) (Tabla 2-4). Estimaciones sobre la
evolución de la demanda promedio de consumo para el cultivo con una serie de 22 campañas
(1973/94) mostraron un déficit promedio de 161 mm de lluvias durante el ciclo (Villar, 2010).
El agua almacenada a la siembra en el perfil del suelo, la distribución de las lluvias y
los momentos de ocurrencia de los déficits o excesos de agua son los que impactaron en
mayor o menor medida sobre el crecimiento y componentes del Rdto como se discutirá más
adelante.
La ETcaj representa el consumo de agua en las condiciones del ensayo, la cual se
calculó para cada tratamiento como ETcaj= Pe±ΔAlm; donde: Pe= precipitación efectiva
acumulada entre intervalos de medición y ΔAlm= variación del almacenaje de agua en el
suelo para los intervalos de medición de humedad hasta 1,6 m de profundidad (Figura 2-5).

A
120
100
80
Var. Alm. agua (mm)
1,6 m profundidad

60
40
Pe (mm)

20
0
9/11/09
26/7/09

25/8/09

14/9/09

30/9/09
8/7/09

23/10/09
09 Aug 2009

-20
-40
-60
-80
Fecha medición
Bsd Asd Ad Bd Pe

B
40
Pe (mm) y Dif. alm. agua (mm) 1,6

30
20
10
mts prof.

0
21/06/10

26/07/10

04/09/10

14/09/10

24/09/10

03/10/10

12/10/10

18/10/10

26/10/10

12/11/10

17/11/10
17 Aug 2010

-10
-20
-30
-40
-50
Fecha medición
Bsd Asd Ad Bd Pe
93

C
150
Var. alm. agua (mm)
100
1,6 m profundidad
Pe (mm)

50

23/7/11

17/8/11

26/8/11

20/9/11

29/9/11

5/11/11
7/7/11

9/9/11

14/10/11

21/10/11

27/10/11

17/11/11
-50

-100 Fecha medición

Ad Bsd Asd Bd Pe

Figura 2-5. Variación del almacenaje de agua total del suelo (Var. Alm. Agua) y
precipitación efectiva acumulada (Pe) en función de los intervalos de medición para las
campañas de trigo 2009 (A), 2010 (B) y 2011 (C) según los tratamientos alta fertilización
descompactado (Ad), baja fertilización sin descompactar (Bsd), alta fertilización sin
descompactar (Asd) y baja fertilización descompactado (Bd).

En todas las campañas en general, la ETcaj estimada para cada tratamiento (Tabla 2-5)
fue similar o cercana a los requerimientos de agua del cultivo estimados (ETc) (Tabla 2-4).
Este aspecto también fue señalado por Camussi & Marano (2008), denotando la coincidencia
entre ETcaj y ETc cuando se analiza todo el ciclo del cultivo, debido principalmente al aporte
de agua almacenada en el suelo. El análisis de los datos de ETcaj mostró que no hubo
diferencias significativas según NF y NC ni interacciones significativas; solo diferencias
según el año (P<0,05). En la C3 se lograron los mayores valores de ETcaj, con 370,8 mm y en
la C2 se obtuvieron los menores valores (318,8 mm).
Estos datos concuerdan con los citados por Albarenque et al. (2010), quienes para un
suelo molisol simularon la ETcaj durante el período de crecimiento de un trigo de ciclo largo
calcularon, en promedio, 361 mm de ETcaj. Marano et al. (2004), para trigos de ciclo largo
sembrados en Esperanza Santa Fe, midieron ETcaj de 378 mm y Caviglia et al. (2004) para
trigos de ciclo corto en Paraná, 313 a 334 mm de ETcaj.
94

Tabla 2-5. Evapotranspiración ajustada o real del cultivo de trigo (ETcaj) para las campañas
2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) según nivel de fertilización (A= alta y B= baja), nivel de
compactación (d= descompactado y sd= sin descompactar) y sus interacciones.
Etcaj (mm)
NF A 352,6 a
B 347,5 a
NC d 349,7 a
sd 350,4 a
Año 2009 360,4 b
2010 318,8 a
2011 370,8 c
Análisis de la varianza
NF ns
NC ns
Año <0.0001
NF*NC ns
NF*Año ns
NC*Año ns
NF*NC*Año ns

ns: no significativo (P> 0,05) según el test LSD.

3- Condiciones químicas y físicas del suelo


3-1. Determinaciones químicas
Los resultados de P asimilable, %MO, N total, S-S04, N-NO3 y pH al inicio de cada
campaña de trigo sobre rastrojo del antecesor soja, pueden observarse en la Tabla 2-6.
Los valores de MO fueron medio-bajo para la zona según Conti (2000) sin diferir
entre los niveles de los factores principales (C y F) y años. El contenido de P varió entre 7,3 a
10,6 ppm sin diferencias significativas según NF, NC y entre años, manteniéndose por debajo
de los valores considerados críticos para trigo -entre 14 y 19 ppm- (Barberis et al., 1987;
Echeverria & Garcia, 1998; Ron & Loewy, 2000; Echeverria et al., 2005; García, 2002).
No se realizó fertilización con fuente azufrada. El S presentó valores entre 10 y 11
ppm valores próximos al nivel crítico de 10 mg kg-1definido por Johnson & Fixen (1990), si
bien los niveles de S-sulfatos en suelo en pre-siembra no se han podido asociar con las
respuestas en rendimiento (García et al., 2010).
La disponibilidad de N del suelo en pre-siembra (N-N03-) a 60 cm de profundidad
estuvo por debajo de los niveles citados como críticos, de 92 kg ha-1 para centro y sur de
Santa Fe para trigos de 3500 a 4000 kg ha-1 de rendimiento (Salvagiotti et al. 2004), en ambos
95

niveles de fertilización y compactación del suelo sin diferencias estadísticas. En 2011 la


disponibilidad de N fue mayor con respecto a C1 y C2 (P<0,05) pudiéndose deber a un mayor
aporte de N por mineralización del rastrojo de soja del cultivo antecesor, debido al estrés
hídrico que sufrió el cultivo durante el llenado de grano que pudo afectar la removilización de
N y la calidad del rastrojo con una menor relación C/N.
La oferta de N (N_suelo+N_mineralizado+N aportado como fertilizante) y fósforo, fue
de 138-14, 125-10 y 130-20 kgN o P ha-1 para los tratamientos de alta fertilización; mientras
que en los de baja fertilización la oferta de N y P fue de 110-7, 95-5 y 105-0 kgN o P ha-1
para las C1, C2 y C3, respectivamente.
En la figura 2-6 se presenta la evolución del P en los 20 cm de profundidad del suelo
para la secuencia de cultivos T/S-T/S-T y al final del ensayo luego de la cosecha del trigo
2011.
El valor inicial de P medido antes de la siembra de soja 2008 fue de 7,3 ppm (valor no
representado en la figura ya que corresponde a una muestra de suelo compuesta para todo el
ensayo), en el inicio de la C2: Trigo 2010 se obtuvieron los menores valores de P en el nivel
de baja fertilización debido a los altos rendimientos del cultivo antecesor soja (C2: 2009/10)
donde el fósforo extraído en grano fue mayor que al aplicado con fertilizante, obteniendo el
resto del suelo. Al final del ensayo el nivel de P aumentó un 94% y 9,5% para el nivel de alta
y baja fertilización respectivamente, con respecto al nivel inicial, debido al balance positivo
de P para la campaña de soja C1 y C3 por los bajos rendimientos obtenidos, siendo mayor el
nivel de residualidad del P en el NF A debido al mayor aporte de P a la siembra de soja y la
suma del efecto residual de P aportado a la siembra de trigo, logrando una mayor reposición
de P al suelo. En soja, dosis de 20 kg P ha-1 pueden lograr un balance casi neutro, o positivo
con dosis de 24 a 30 kg P ha-1. Aplicaciones de 40 kg P ha-1 para la región centro de Santa Fe,
mostraron una mayor reposición de P al suelo (Gutiérrez Boem & Salvagiotti, 2014). En el
presente ensayo la suma del aporte de P aplicado a trigo y soja estuvo entre 36 a 46 kg P ha
año-1 para el nivel alto y entre 14 a 20 kg P ha año-1 para el nivel bajo de fertilización,
logrando en ambos casos aumentar el P en el suelo (Figura 2-6).

Tabla 2-6: Análisis de la varianza para Materia orgánica (%MO), fósforo extractable (P),
azufre (S-S04), nitrógeno de nitratos (kg N ha-1), nitrógeno total (Nt%) y pH al inicio de cada
campaña de trigo [2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3)] según los factores principales C
(compactación) y F (fertilización) en sus dos niveles d y sd (descompactado y sin
96

descompactar), alta y baja (A y B) respectivamente y sus interacciones. Profundidad de


muestreo: 0-20 cm, N-N03 - (0- 60 cm).

MO P S-S04 Nt N-NO3 pH
(%) (ppm) (ppm) (%) (kg ha-1)
NF A 2,5 a 9,9 a 11,7 a 0,147 a 59,3 a 6,2 a
B 2,5 a 7,7 a 10,3 a 0,148 a 64,4 a 6,2 a
NC d 2,5 a 9,6 a 10,9 a 0,146 a 61,7 a 6,2 a
sd 2,5 a 7,9 a 11,1 a 0,148 a 62,5 a 6,2 a
Año C1 2009 2,4 a 7,9 a 11,5 a 0,145 a 60,3 a 6,2 a
C2 2010 2,6 a 7,3 a 9,8 a 0,147 a 49,8 a 6,2 a
C3 2011 2,6 a 10,6 a 11,7 a 0,150 a 76,7 b 6,3 a
Análisis de la varianza
NF ns ns ns ns ns ns
NC ns ns ns ns ns ns
Año ns ns ns ns * ns
NF*NC ns ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns ns
NC*Año ns ns ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns

Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias entre tratamientos según el test
LSD (P≤ 0,05).
16,1
14,2
12,8
12,1
P (ppm) 0-20cm

8,8 9,1
8,3 7,9 8,1 8,0
8,1
6,4 7,8
7,6 7,1

4,0
A B

0,0
2009 2009-10 2010 2010-11 2011 Final
Secuencia

Figura 2-6: Evolución del fósforo extractable (P) en ppm, según nivel de fertilización A o B
en la secuencia de cultivo trigo 2009; soja 2009/10, Trigo 2010, soja 2010/11, trigo 2011 y
final ensayo. Profundidad de muestreo: 0-20 cm.

3-2. Cambios en las propiedades físicas del suelo


En la Tabla 2-7 se presenta el análisis de la varianza de Ds, RP, Pa y Dsr a dos
profundidades, superficial (sup, 0-7 cm) y sub-superficial o profunda (prof, 8-13 cm). Los
97

valores de RP corresponden a CC, donde el suelo tiene la máxima capacidad de retención de


agua y los valores de resistencia mecánica son mínimos. Dichos parámetros fueron evaluados
para cada tratamiento durante las tres campañas, antes de la siembra de trigo sobre rastrojo de
soja.

Tabla 2-7. Densidad de suelo (Ds), densidad de suelo relativa (Dsr), resistencia a la
penetración (RP) y porosidad de aireación (Pa) a dos profundidades [superficial (sup, 0-7
cm) y profunda (prof, 8-13 cm)] para las campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) según
nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja) y nivel de compactación (NC, d=
descompactado y sd= sin descompactar) y sus interacciones. ANOVA= análisis de la
varianza.

Ds (g cm-3) RP (MPa) Pa (%) Dsr (%)

Profundidad (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm) (0-7 cm) (8-12 cm)
NF A 1,32 a 1,39 a 1,84 a 2,19 a 18,3 a 12,6 a 0,87 0,91 a
B 1,33 a 1,39 a 1,90 a 2,11 a 18,8 a 12,9 a 0,86 0,91 a
NC d 1,29 1,36 a 1,54 1,80 20,20 14,3 b 0,84 0,89 a
sd 1,35 1,42 b 2,30 2,55 17,00 11,2 a 0,89 0,93 b
Año 2009 1,29 1,40 a 1,73 2,23 20,40 12,6 a 0,85 0,92 a
2010 1,36 1,37 a 2,07 2,25 17,21 12,0 a 0,89 0,92 a
2011 1,31 1,37 a 1,96 2,05 18,14 13,6 a 0,86 0,90 a
Análisis de la varianza
NF ns ns ns ns ns ns ns ns
NC <0,0001 0,0005 <0,0001 <0,0001 <0,0001 0,0002 <0,0001 0,0006
Año <0,0001 ns <0,0001 ns <0,0001 ns 0,0015 ns
NF*NC ns ns ns ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns ns ns ns
NC*Año 0,0004 ns 0,0003 0,0003 <0,0001 ns 0,015 ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns ns ns

Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias según el test LSD (P≤ 0,05). ns=
no significativo (P> 0,05).

La Ds, Pa y Dsr a nivel prof sólo presentaron diferencias por efecto del NC, donde los
tratamientos d lograron mejores condiciones físicas con respecto a los sd, siendo la Ds y Dsr
un 4,3 y 4,2% inferior respectivamente y la Pa un 27% superior (Tabla 2-7).
Se detectaron interacciones significativas entre NC*Año para las variables de suelo
Ds, Pa y Dsr a nivel sup y RP sup y prof. No se manifestó el efecto combinado de los factores
98

(NF*NC), por lo cual la fertilización no modificó significativamente el NC del suelo en las


tres campañas de trigo analizadas.
De la apertura de la interacción NC* Año se observa en las Figuras 2-7 y 2-8 que los
tratamientos d en C1: 2009 presentaron mejor condición física ya que la Ds, RP y Dsr (sup)
fueron un 9.5, 48 y 10% inferiores con respecto sd respectivamente, y la Pa (sup) un 37%
superior, mostrando una respuesta residual a la descompactación significativa y de mayor
magnitud con respecto a C2: 2010 y C3: 2011, donde las variables de suelo Ds, Dsr a nivel
superficial no manifestaron diferencias significativas según el NC; en tanto que la RP -sup y
prof- (Figura 2-8) fue inferior en los tratamientos d con respecto a los sd en un 15 y 20% en la
C2 y al final del ensayo, en la C3 en un 27,6 y 21,7% respectivamente y la Pa (sup) un 11%
superior en d vs sd (19,2 vs 17,1%) (P<0.05).
Aunque algunas veces los resultados son contradictorios, muchos investigadores
coinciden que en aquellos sistemas donde se perturba el suelo se consiguen mejores
propiedades físicas (mayor macroporosidad y menor Ds) en la capa sometida a laboreo, que
en la mayoría de los sistemas conservacionistas. Sin embargo, el efecto de la labranza sobre
dichos parámetros puede ser transitorio, ya que por impacto de las gotas de lluvia el suelo
puede recompactarse y disminuir la macroporosidad, lo cual tiene una influencia muy fuerte
sobre el comportamiento del agua del suelo (Adeoye, 1982; Lindstrom & Onstad, 1984).
Los valores de residualidad reportados por Vilche et al. (2004) ponen de manifiesto la
funcionalidad del escarificador después de un año y medio de haber sido efectuado
permitiendo una mayor infiltración del agua en el suelo, mientras que Busscher et al. (2000)
comprobaron que los efectos del subsolado fueron de corta duración, solo por una estación de
cultivo sobre los rendimientos de soja y trigo.
En los suelos de la Pampa Ondulada, Puricelli & Legasa (1973), en experiencias de
subsolado, mostraron que el efecto en el horizonte B textural no persiste por más de dos años
por el elevado contenido de arcillas expandibles. Por otro lado, Mon (2007) evidenció que
tratamientos de subsolado, aún después de tres años de aplicados, presentan incrementos
productivos importantes. Twomlow et al. (1994) en suelos franco-arcillo-limosos encontraron
residualidad de hasta 3 años en la densidad y resistencia de penetración del suelo luego del
descompactado profundo, Varsa et al. (1997) como resultado de labranzas profundas a 0,4,
0,6 y 0,9 m con un subsolador reportaron residualidades de cuatro años sobre las mismas
variables y suelos franco-limosos con mejoras en el rendimiento de maíz y, Fukunaka (1980)
residualidades sobre el suelo de hasta cinco y seis años.
99

1,4 1,36 b 1,37 a A 25 23,7 b B


1,35 a 1,33 a
1,30a 19,1 b
20 17,3 a 17,9 a
Ds (g cm-3) 0-7 cm

1,3 16,6 a 17,2 a

Pa (%) 0-7 cm
1,23 a
15
1,2 d d
sd 10 sd
1,1 5

1 0
2009 2010 2011 2009 2010 2011
Año
Año
C
1 0,89 b 0,88 a0,90 a 0,87a
0,80 a 0,85 a
0,8
Dsr 0-7cm

0,6 d
0,4 sd

0,2

0
2009 2010 2011
Año

Figura 2-7: Análisis de las interacciones entre nivel de compactación y año (NC*Año).
Densidad de suelo superficial (Ds sup) (A), porosidad de aireación superficial (Pa sup) (B),
densidad de suelo relativa superficial (Dsr sup) (C) en función de las campañas de trigo 2009
(C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) según nivel de compactación (NC, d= descompactado y sd= sin
descompactar). Superficial: de 0-7 cm. Letras diferentes dentro de un mismo año indican
diferencias entre NC según el test LSD (P≤ 0,05)

2,5 2,27 b 2,35 b 2,28 b A 3


B
2,74 b 2,6 b
2 1,79 a 2,5 2,3 b
RP (MPa) 0-7 cm

1,65 a
RP (MPa) 8-13cm

1,9 a 1,8 a
1,5 d 2 1,71 a
1,18 a
sd d
1,5
1 sd
1
0,5
0,5
0
0
2009 2010 2011
Año 2009 2010 2011
Año
100

Figura 2-8: Análisis de las interacciones entre nivel de compactación y año (NC*Año).
Resistencia a la penetración superficial y profunda (RP sup y RP prof) (A y B) en función de
las campañas de trigo 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) según nivel de compactación (NC,
d= descompactado y sd= sin descompactar). Superficial: de 0-7 cm; profundo: de 8-13 cm.
Letras diferentes dentro de un mismo año indican diferencias entre NC según el test LSD (P≤
0,05)

En la figura 2-9 se muestra los cambios a través del tiempo y según la secuencia de
cultivos S-T/S-T/S-T de las variables de suelo Ds, RP y Pa sup y prof. Los suelos que fueron
descompactados con paratill (d) incrementaron con el transcurso del tiempo la Ds y la RP y
disminuyeron el %Pa tanto superficial como en profundidad en forma marcada desde S2008
hasta T2010 (a dos años del pasaje del paratill) para luego a partir de S2010-11 presentar
cierta estabilidad hasta el final del ensayo. En tanto que los suelos sd mostraron estabilidad en
los valores de Ds, RP y Pa sup y prof en los primeros años con tendencia de mejora al final
del ensayo.
La Ds sup y prof en los suelos d aumentó un 7,4 y 3,4% y en sd disminuyó un 2,2 y
4,1% respectivamente desde S2008 hasta el final del ensayo llegando a valores similares a d,
por lo cual la residualidad de la descompactación del suelo con paratill no se manifestó
(Figura 2-8 A).
La RP sup y prof en los suelos d aumentó un 46 y 20% y en sd disminuyó 1,3 y 11,5%
respectivamente desde S2008 hasta al final del ensayo, donde los valores en d (sup y prof)
fueron un 27,3% y 21,7% inferiores con respecto sd respectivamente, manifestándose el
efecto residual de la descompactación (Figura 2-8 B). Esto podría deberse al efecto de las
raíces del trigo sobre el suelo en la secuencia trigo/soja. Gerster et al., (2010) encontraron que
tanto la inclusión de gramíneas en la secuencia como la descompactación mecánica
disminuyeron la RP, manteniéndose el efecto residual hasta 3 años después de realizada la
labor, sin encontrar efectos directos o residuales de la descompactación sobre el rendimiento
del cultivo de soja.
Los tratamientos d presentaron desde S2008 los mayores valores de Pa sup y prof,
para ir disminuyendo a través del tiempo en un 21,7 y 18,1% al final del ensayo
respectivamente, sin llegar a ser limitantes según los valores críticos citados por Stirzaker et
al. (1996), quienes consideraron adecuado un valor de 13% de Pa. En los suelos sd la Pa sup
se mantuvo estable por encima de los valores críticos de 13% citado por Stirzaker et al.
101

(1996) y más recientemente por Kay et al. (2006) e Imhoff et al. (2010a), quienes indicaron
valores cercanos o mayores a 15% de Pa. En tanto que la Pa prof mejoró desde el inicio
(10,6%) hasta el final del ensayo (12,9%) en un 21,6%, siendo estos valores limitantes
teniendo en cuenta los umbrales citados anteriormente (Figura 2-8 C).
El incremento de la Pa juega un papel preponderante para el desarrollo del sistema
radical de los cultivos. La densidad radical del cultivo de trigo pudo determinar la existencia
de bioporos. La formación de estos bioporos en suelos compactados ha sido bien
documentada (Williams & Weis, 2004; Sasal & Andriulo, 2005) y su liberación, al
descomponerse las raíces originarias, explicaría la disminución de la RP y el aumento en la Pa
profunda.

1,47 1,45 1,45


1,39 1,36 1,37 1,37 1,44 1,43 1,43
1,36
A 1,35 1,34 1,33 1,39 1,38
1,32 1,37
1,30 1,30 1,35 1,34
1,35 1,36
Ds (g cm-3) 8-13cm

1,29
Ds(g cm-3) 0-7 cm

1,31
1,23
1,21
1,20 1,24

1,10 1,12

d sd
d sd

1,00 1,00
S2008-9 T2009 S2009-10 T2010 S2010-11 T2011 S2008-09 T2009 S2009-10 T2010 S2010-11 T2011

Secuencia cultivos Secuencia de cultivos

2,32 2,35 2,9 2,8 2,7


B 2,42 2,30 2,25 2,27 2,6 2,6 2,6
2,20
2,3
1,77 2,2
1,82 1,65 1,65 1,8 1,9
RP MPa (8-13cm)

1,8
RP(MPa) (0-7 cm)

1,48 1,7 1,6


1,5
1,13 1,18 1,4
1,21

0,61 0,7
d sd
d sd

0,00 0,0
S2008-09 T2009 S2009-10 T2010 S2010-11 T2011 S2008-09 T2009 S2009-10 T2010 S2010-11 T2011
Secuencia de cultivos
Secuencia de cultivos

18,8 17,6
C 25,8 24,4
23,7
15,2 15,8
20,4 14,0 14,4
19,1 19,1 13,3
19,4 17,9 14,1
16,9 17,3 16,8 12,9
17,8 17,2
10,9
%Pa (8-13 cm)
% Pa (0-7 cm)

16,6 10,6 10,7 10,2


10,0
12,9 9,4

6,5 4,7

d sd d sd

0,0 0,0
S2008-09 T2009 S2009-10 T2010 S2010-11 T2011 S2008-09 T2009 S2009-10 T2010 S2010-11 T2011
Secuencia Secuencia
102

Figura 2-9: Evolución en el tiempo de la Ds (A), Resistencia a la penetración RP (MPa) (B) y


Porosidad de aireación (%Pa) (C) superficial y profunda según nivel de compactación del
suelo, descompactado (d) y sin descompactar (sd) respectivamente, en la secuencia de
cultivos S-T/S-T/S-T.

3-3. Intervalo hídrico óptimo (IHO) e índice de días de estrés (WSD)


En este trabajo el área conformada por el IHO determinado a diferentes Ds fue
notoriamente superior en los tratamientos d respecto a los sd en ambas profundidades como
fue presentado en el capítulo anterior (Figuras 1-13 y 1-14, A y B). En la figura 2-10 se
muestra que los suelos d superficial y subsuperficialmente tuvieron mayor IHO en la C1 (θ =
0,13 y 0,09 cm3 cm-3). Dicho IHO fue variando en las campañas siguientes; siendo en la C2
menor el intervalo (θ= 0,096 y 0,06 cm3 cm-3) y alcanzando una mejor situación en la C3 (θ=
0,11 y 0,09 cm3 cm-3). Por otro lado, los suelos sd mostraron a ambas profundidades mejoras
en el IHO al finalizar el ensayo C3 (θ= 0,10 y 0,04 cm3 cm-3), con respecto a la situación
inicial C1 (θ= 0,08 y 0 cm3 cm-3), sin llegar a igualar los valores de IHO de los suelos
descompactados.

A B
0,50
0,50
Humedad cm3 cm-3

Rp 0,45
Humedad cm 3 cm -3

0,45 Dsc=1,47 g cm-3 Rp


Dsc=1,56 g cm-3 0,40
0,40
Cc 0,35 Cc
0,35
0,30 0,30
0,25 pmp 0,25 pmp
0,20 0,20
0,15 "Pa" 0,15 "Pa"
0,10 0,10
1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5
densidad de suelo g cm -3 densidad de suelo g cm -3

D
C
0,50 Rp
0,50 Dsc=1,43 g cm-3
Humedad cm 3 cm -3

Rp 0,45
0,45 Dsc=1,48 g cm-3
Humedad cm 3 cm -3

0,40 Cc
0,40 Cc 0,35
0,35 0,30 pm
0,30 pmp 0,25 p
0,25 "Pa"
0,20
0,20 "Pa" 0,15
0,15
0,10
0,10
1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6
1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6
densidad de suelo g cm-3
densidad de suelo g cm -3
103

Figura 2-10. Variación del contenido hídrico volumétrico en el suelo (θ) en función de la
densidad de suelo (Ds) según θ críticos de resistencia del suelo a la penetración (RP),
capacidad de campo (CC) y punto de marchitez permanente (PMP) y porosidad de aeración
(Pa) para suelos descompactados y sin descompactar superficial (A y B) y
subsuperficialmente (C y D) en un cultivo de soja. IHO= intervalo hídrico óptimo. Dsc= Ds
crítica (IHO= 0). Líneas representan la Ds al inicio de las distintas campaña de trigo (C1=
2009 (línea continua), C2= 2010 (línea discontinua) y C3= 2011(línea de puntos).

Con base en el IHO y en la dinámica hídrica del período en que se desarrolló el cultivo
de trigo en las diferentes campañas se determinó para la profundidad de suelo de 0-20 cm, el
WSD. El valor resultó estadísticamente mayor en las parcelas Asd y Bsd con respecto a las
Ad y Bd (|-78,8| y |-82,6| vs. |-37,6| y |-38,0|) como promedio de las tres campañas (Figura 2-
12). Valores absolutos mayores de WSD indican períodos de mayor estrés por encontrarse el
contenido hídrico del suelo fuera de los límites del IHO.
Indice de estres segun tratamientos (3 campañas Trigo)

95,94
WSD (indice de días de estres)

B
B
71,95

47,97
A A

23,98

0,00
Bd Ad Asd Bsd
Tratamientos

Figura 2-11. Índice de días de estrés (WSD) en función de los distintos tratamientos [alta
fertilización descompactado (Ad), alta fertilización sin descompactar (Asd), baja fertilización
descompactado (Bd) y baja fertilización sin descompactar (Bsd)]. Letras diferentes entre
columnas indican diferencias significativas entre los tratamientos según el test LSD (P≤
0,05).

4- Variables ecofisiológicas del cultivo


4-1. Caracterización del crecimiento
a) Materia seca acumulada y tasa de crecimiento del cultivo

En la tabla 2-8 se presenta el análisis de la acumulación de MS en diferentes


momentos del ciclo del cultivo y la TCC entre I Enc y A+7d. La acumulación de MS en I Enc
104

y A+7d fueron un 21,6% y 34,5% superiores en el NF A con respecto a B. En C2 la MS


acumulada fue superior a I Enc en un 274% y a M Enc en un 92% y 35% respecto a C1 y C3
respectivamente con diferencias significativas, debido principalmente a las mejores
condiciones hídricas del suelo en ese período en C2, en tanto que la MS en A+7d no presentó
diferencias significativas entre años y a MF fue un 23% y 18% inferior en C1 respecto C2 y
C3 respectivamente. La TCC (I Enc hasta A+7d) en el nivel de alta fertilización A fue un
38% superior con respecto a B. Los valores encontrados de TCC a lo largo del estudio fueron
superiores a los citados por Astegiano et al., (2003), quienes informaron valores entre 8-10 g
m-2 día-1 para la misma zona. Castellarín et al. (2005), trabajando con cultivares distintos,
determinaron en secano valores TCC durante el período espiguilla terminal hasta antesis de
2,3-3,29 g m-2 d-1 y, bajo riego la TCC se incrementó de entre 5,7 y 8,4 veces.
No se observaron diferencias significativas como efecto principal del NC del suelo en
la MS acumulada en los diferentes momentos del ciclo del cultivo. La MS a MF presentó
interacción NF*NC por lo cual se analiza la apertura de la misma.

Tabla 2-8. Materia seca acumulada en diferentes momentos del cultivo de trigo [en inicio de
encañazón (MS I Enc -Z3.1-), en mediados de encañazón (MS M Enc -Z3.4-), en antesis más
siete días (A+7d -Z7.05-) y en madurez fisiológica (MS MF -Z9.0-)] y tasa de crecimiento del
cultivo entre I Enc y A+7d (TCC I Enc-A+7d) según el nivel de fertilización (A= alta y B=
baja), el nivel de compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar), año
(C1:2009, C2: 2010 y C3: 2011) y sus interacciones.
MS I Enc MS M. Enc MS Antesis +7d MS MF TCC g m-1 día -1
(g m-2) (g m-2) (g m-2) (g m-2) I Enc-Antesis +7d
NF A 197 b 454,4 a 1014 b 1084 16,4
B 162 a 421,7 a 753,1 a 988,1 11,8
NC d 190 b 458,6 a 896,9 a 1066,8 14,1
sd 168 a 417,4 a 871,2 a 1005,2 14
Año C1 2009 91,3 a 302,5 a 907,7 a 877,3 a 16,9
C2 2010 352,7 b 581,6 c 902,3 a 1136,1 b 10,7
C3 2011 94,4 a 429,9 b 842,3 a 1094,8 b 14,6
Análisis de la varianza
NF 0,0009 ns <0,0001 0,0012 <0,0001
NC ns ns ns 0,0331 ns
Año <0,0001 <0,0001 ns <0,0001 <0,0001
NF*NC ns ns ns 0,0404 ns
NF*Año ns ns ns ns ns
NC*Año ns ns ns ns 0,0209
NF*NC*Año ns ns ns ns 0,014
105

Letras distintas dentro de cada columna representan diferencias significativas según el test
LSD (P≤ 0,05). ns= no significativo (P> 0,05) y diferencias significativas (P≤ 0,05).

La producción de MS_MF no presentó diferencias entre d y sd cuando la dosis de


fertilización fue alta (Figura 2-12). Sin embargo, la caída por el descompactado es menor con
respecto a sd con bajo N aportado por el fertilizante. Dicha situación puede ser explicada por
una mayor absorción de nitrógeno en planta en suelos descompactados y mayor eficiencia
fisiológica para la producción de biomasa en el nivel de baja fertilización como se discutirá
más adelante al analizar las eficiencias en el uso de los recursos.

1200 1085 a 1083 a 1048 a


1000 928 b
MS MF (g m-2)

800
600 d

400 sd

200
0
A NF B

Figura 2-12. Apertura de la interacción NF*NC; Materia seca total a madurez fisiológica
(MS_MF) en función del nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja) según el nivel de
compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar) [letras diferentes dentro de
un mismo NF indican diferencias significativas entre NC (P≤ 0,05), según el test LSD (α=
0,05)].

b- Índice de área foliar, porcentaje radiación interceptada y acumulada en distintos


momentos del ciclo del cultivo de trigo

A lo largo de las tres campañas se determinó el IAF y el %RI en I Enc, M Enc y


A+7d, además de la RFA interceptada y acumulada en todo el ciclo (Tabla 2-9). Sólo se
encontraron diferencias a favor del NF A en el IAF en A+7d superando en un 14% el valor en
B y para la RFA int acum logrando con alta fertilización acumular un 5% más de radiación
con respecto a B. Esto puede estar asociado con lo propuesto por Calderini et al. (1997)
quienes afirman que mayores disponibilidades de N no sólo determinan una mayor área foliar,
sino también una mayor duración de la misma e intercepción de radiación. La radiación
interceptada por un cultivo depende del AF y del coeficiente de extinción lumínica -k- y, es
106

negativamente afectada por la deficiencia de N a través de la reducción del AF (Massignam et


al., 2009, citados por Sandaña & Pinochet, 2011). El % RI en A+7d presentó interacción
según NF*Año, donde en la C1 el cultivo de trigo no presentó diferencias según el NF, en
tanto que en C2 y C3 el %RI fue un 8 y 12% superior en NF A vs B respectivamente (Figura
2-13).

Tabla 2-9. Radiación fotosintéticamente activa interceptada acumulada a lo largo del ciclo
(RFA int acum), índice de área foliar (IAF) y porcentaje de interceptación de la radiación
fotosintéticamente activa incidente (%RI) del cultivo de trigo en diferentes momentos [en
inicio de encañazón (I Enc -Z3.1-), en mediados de encañazón (M Enc -Z3.4-) y en antesis
más siete días (A+7d -Z7.05-)] según el nivel de fertilización (A= alta y B= baja), el nivel de
compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar) para distintos años 2009
(C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) y sus interacciones.

IAF (m2 m-2) RI (%) RFA int acum


I Enc M Enc A+7d I Enc M Enc A+7d (MJ m-2)
NF A 2,0 a 3,3 a 4,0 b 63 a 72 a 80 536,3 b
B 1,9 a 3,1 a 3,5 a 64 a 70 a 76 511,3 a
NC d 1,9 a 3,3 a 3,9 a 63 a 73 a 80 a 529,1 a
sd 2,0 a 3,0 a 3,6 a 64 a 69 a 76 a 517,3 a
Año C1 2009 1,2 a 2,4 a 2,8 a 58 a 67 a 71 504,5 a
C2 2010 2,9 c 4,1 c 4,5 c 68 b 78 b 83 531,4 b
C3 2011 1,9 b 3,1 b 4,0 b 64 b 68 a 80 535,6 b
Análisis de la varianza
NF ns ns 0,0001 ns ns 0,0067 0,042
NC ns ns ns ns ns ns ns
Año <0,0001 <0,0001 <0,0001 0,0041 0,0001 <0,0001 0,002
NF*NC ns ns ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns 0,0276 ns
NC*Año ns ns ns ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns ns

Letras distintas dentro de cada columna representan diferencias significativas según el test
LSD (P≤ 0,05). ns= no significativo (P> 0,05). *= diferencia significativa (P≤ 0,05).

La C1 presentó los menores valores de IAF y %RI en todos los momentos medidos y
la menor acumulación de RFA interceptada debido a la baja densidad de plantas y a las
condiciones hídricas limitantes de la campaña. Los valores de IAF en I Enc fueron similares a
107

los publicados por Astegiano et al. (2003), quienes han encontrado valores entre 1,5 y 1,8
bajo condiciones de déficit hídrico. Mantener adecuados niveles de área foliar sana y
funcional, a partir de este período en el cual el tallo y la espiga crecen en forma conjunta y en
intensa competencia, es crucial para la determinación del NG por unidad de área. Esto es
fundamental para lograr altas tasas de fotosíntesis, permitiendo así una mayor disponibilidad
y partición de fotoasimilados hacia las espigas y, por lo tanto, un mayor NG (Calderini et al.,
1995).

100
b b
80 a a
a a
60
RI (%)

A
40
B
20

0
2009 2010 2011
Año

Figura 2-13. Porcentaje de radiación interceptada (% RI) en A+7d en trigo: Apertura


de la interacción NF*año; RI (%) en función del nivel de fertilización (NF, A= alta y B=
baja) según años (C1: 2009, C2: 2010 y C3: 2011) [letras diferentes dentro de un mismo año
indican diferencias significativas entre NF (P≤ 0,05), según el test LSD (α= 0,05)].

En forma general, los mayores valores de IAF se alcanzaron en los tratamientos con
alta dosis de fertilizante (a pesar de que sólo en A+7d las diferencias por NF fueron
significativas). Además, en ningún caso se llegó al valor de IAF que intercepta el 95% de la
radiación denominado como IAF crítico por la mayoría de los fisiólogos por dos razones: 1)
la intercepción de radiación se aproxima asintóticamente a un máximo, lo que significa que el
IAF para alcanzar el 100% de intercepción de radiación podría ser imposible de medir; 2) el
95% de intercepción bajo una máxima cantidad de radiación solar de 2300 μmol fotones m-2
seg-1 significa que la radiación en el nivel inferior del canopeo es 115 μmol fotones m-2 seg-1,
siendo éste el punto de compensación lumínica para la mayoría de las especies. Incrementos
del IAF por encima del 95% de intercepción resultaría en incrementos insignificantes de la
TCC. Para el cultivo de trigo el 95% de intercepción de la radiación se alcanza a un valor de
IAF de 4-4,5 (Gardner et al., 1985a). Si bien en la C2 se llegó a valores de IAF de 4,5 la
intercepción fue menor al 95%, la dificultad en lograr el IAF crítico podría deberse al menos
108

en parte, a la estructura de la planta de la variedad utilizada (menores valores k). Sin embargo,
Massaro et al. (2003), en un relevamiento de más de 70 lotes de trigo en espigazón- antesis
para un mismo espaciamiento entre líneas en el centro y sur de Santa Fe, encontraron que solo
el 5% de los cultivos llegaban a interceptar el 95% de la radiación, mientras que el 68% tuvo
valores entre 51 y 90% RI.
c- Componentes del rendimiento y rendimiento del cultivo de trigo
Tanto el NG m-2 como el Rdto presentaron respuestas similares y significativas según
los factores NF, NC y año. El mayor NG m-2 y Rdto se obtuvieron en las dosis altas de N
superando en un 14 y 13% los valores respecto a B, en tanto que según el NC en los suelos d
se incrementaron un 7 y 4,7% respectivamente. Durante la C2: 2010 el Rdto superó en un
31% a las demás campañas. El P1000 y el IC no presentaron diferencias significativas según
el NC del suelo siendo menores en la C3: 2011.

Tabla 2-10. Componentes del rendimiento [número de espigas por m2 (E m-2), número de
granos por m2 (NG m-2), peso de mil granos (P1000)], rendimiento (Rdto) e índice de cosecha
(IC) del cultivo de trigo según el nivel de fertilización (A= alta y B= baja), el nivel de
compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar) años 2009 (C1), 2010 (C2) y
2011 (C3) y su interacciones.
E m-2 Nº G m-2 P 1000 Rdto IC
-2
(g) (g m ) (%)
NF A 508,5 11596 b 29,9 346,2 b 32 a
B 433,3 10162 a 30,0 305,6 a 31 a
NC d 486,9 b 11224 b 29,7 a 333,4 b 32 a
sd 454,8 a 10534 a 30,2 a 318,3 a 32 a
Año C1 2009 363,8 10337 a 28,5 294,2 a 34 b
C2 2010 514,5 11300 b 34,3 385,8 b 34 b
C3 2011 534,3 11001 b 27,1 297,6 a 27 a
Análisis de la varianza
NF <0,0001 <0,0001 ns <0,0001 ns
NC 0,0172 0,0053 ns 0,0257 ns
Año <0,0001 0,0054 <0,0001 <0,0001 <0,0001
NF*NC ns ns ns ns ns
NF*Año 0,0001 ns 0,0424 ns ns
NC*Año ns ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns

Letras distintas dentro de cada columna representan diferencias significativas según el test
LSD (P≤ 0,05). ns= no significativo (P> 0,05), diferencia significativa (P≤ 0,05).
109

El P1000 y el NE m-2 resultaron afectadas por la interacción NF*año. A través de un


análisis de contrastes (Figuras 2-14 y 2-15) se observó en C2:2010 que en las parcelas de baja
fertilización el P1000 aumentó un 6% con respecto a A, sin respuesta en C1 y C3, pudiéndose
deber a una compensación entre el número de granos y el peso de los mismos en dicha
campaña. Las E m-2 fueron un 11 y 37% superiores en el NF A con respecto a B en C2 y C3
respectivamente, sin respuesta en C1 debido principalmente a las condiciones limitantes de
agua durante el período de macollaje.

40 35 b
33 a
700 618 b
29 a 28 a 27 a 27a 600 542 b
30 487a 451 a
P 1000 g

500
A 365 a 363a
20 E m-2 400 A
B
10 300
B
200
0 100
2009 2010 2011
Año 0
2009 2010 2011
Año

Figura 2-14. Apertura de la interacción Figura 2-15. Apertura de la interacción


NF*año; para el peso de mil granos NF*año; para el número de espigas por
expresado en gramos (P1000 g) en metro cuadrado (E m-2) en función del nivel
función del nivel de fertilización (NF, A= de fertilización (NF, A= alta y B= baja)
alta y B= baja) según años (C1: 2009, C2: según años (C1: 2009, C2: 2010 y C3:
2010 y C3: 2011) [letras diferentes dentro 2011) [letras diferentes dentro de un mismo
de un mismo año indican diferencias año indican diferencias significativas entre
significativas entre NF (P≤ 0,05), según el NF (P≤ 0,05), según el test LSD (α= 0,05)].
test LSD (α= 0,05)].

Las variaciones en Rdto. se explicarían principalmente por el NG, coincidiendo con la


bibliografía (Slafer & Rawson; 1994; Miralles & Slafer, 1999; Calderini et al., 1999). Los
valores de E m-2 se encuentran dentro de los rangos presentados en diferentes trabajos.
Astegiano et al. (2003) obtuvieron valores de E m-2 de 250 a 350 para una campaña seca;
mientras que, Imvinkelried et al. (2013) citaron 430 a 540 E m-2 para distintas dosis de
fertilizante en el Departamento Las Colonias. Por otro lado, Oussible et al. (1992)
concluyeron que la reducción del Rdto. en trigo en respuesta a la compactación del subsuelo
era debido a la reducción en las E m-2, respuesta que pudo observarse en el presente ensayo
110

con un 7% menos de E m-2 logradas en sd vs. d. El peso de los granos también fue similar a
los encontrados en la bibliografía, en trabajos como los de Astegiano et al. (2003) y
Imvinkelried et al. (2013) quienes obtuvieron valores entre 25 a 34 g en el P1000.
Para trigos en secano, Van Herwaard & Passioura (2001) y Passioura & Angus (2010)
mencionan un IC alrededor del 40% de la B aérea. En este trabajo el IC estuvo alrededor del
33%, excepto en la C3 donde los valores fueron menores -27%, aproximadamente-. Estos
datos de IC se asemejan a los reportados para esta región por Astegiano et al. (2003) -entre 30
a 40%-. La situación durante la C3 podría deberse a una menor duración del período de
llenado (Tabla 2-2), durante el cual las temperaturas medias de noviembre fueron más altas
(2,9 ºC por encima del promedio histórico) y, que el cultivo estuvo expuesto a 10 días
seguidos de temperaturas máximas superiores a 30 ºC.
Reducciones entre el 3 al 5% en el peso de grano se han reportado por cada grado de
aumento en la temperatura por encima de los 15 ˚C durante el período de llenado de grano, en
experimentos bajo condiciones controladas y a campo (Wardlaw & Wrigley, 1994). También
existe información que indica que los estreses térmicos son más negativos cuando ocurren en
etapas tempranas del período de llenado en comparación con etapas más tardías (Nicolas et
al., 1984; Stone & Nicolas, 1994). Aumentos en la temperatura media durante el período de
llenado determinarán un incremento en la tasa de acumulación de MS en el grano,
acompañada de una reducción más que proporcional en la duración del período de llenado,
disminuyendo el peso final de los granos (Slafer et al., 2003).

d- Índice de días de estrés y rendimiento


Los valores de WSD (estimado para la profundidad de suelo de 0-20 cm) fueron
mayores en Asd y Bsd con respecto a las Ad y Bd como promedio de las tres campañas como
fue mostrado anteriormente. Valores absolutos mayores de WSD indican períodos de mayor
estrés por encontrarse el contenido hídrico del suelo fuera de los límites del IHO, sin embargo
al correlacionar el WSD con el Rdto logrado de trigo la misma fue baja a nula (R2= 0,01) no
explicando la variabilidad total del Rdto. Esto podría deberse a que éste índice contempla la
variación del contenido hídrico fuera de los límites del IHO sólo en los primeros 20 cm del
suelo, y se sabe que el Rdto de trigo tiene una alta relación con el agua acumulada en el perfil
de suelo a mayor profundidad (Figura 2-16).
111

450
400
350

Rdto (g m-2)
300
2009
250
200 2010
150 2011
100 R2 0,01
50
0,00,01
0
0 20 40 60 80 100 120
WSD (0-20cm)

Figura 2-16. Rendimiento (Rdto) del cultivo de trigo en función del índice de días de
estrés (WSD) para las campañas de trigo 2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3).

4-2. Efecto residual de la descompactación, fertilización y campaña sobre la


eficiencia de uso de los recursos: agua, radiación y nitrógeno
Se detectaron interacciones significativas entre los factores NF*NC para la EUA,
tanto en grano como en B total. Además de dichas interacciones, se pudieron determinar
diferencias en las distintas variables por efectos simples de NF y de campaña (Tabla 2-
11).
La EUA_G fue un 45% y 51% mayor en C2 y la EUA_B un 44% y 20% superior
respecto C1 y C3 respectivamente, siendo estas diferencias significativas. Los datos
obtenidos de EUA_G estuvieron dentro de los valores citados para la región centro de la
provincia de Santa Fe, promediando los 0,85 g m-2 mm-1 de agua evapotranspirada
(ETcaj).
Los valores son similares a los publicados por Villar (2001) y Pergolini (2005),
entre 0,79 a 1,22 g m-2 mm-1; en tanto que, Dardanelli et al. (1997) en condiciones de
riego suplementario obtuvieron 1,14 g m-2 mm-1 y Caviglia et al. (2004) hallaron valores
entre 1,18 a 1,34 g m-2 mm-1. Van Herwaarden & Passioura (2001) mencionan un rango
de EUA_B para trigo entre 4,5 a 5,0; en tanto que, Caviglia et al. (2004) valores de 4,27 a
4,38 g m-2 mm-1 superiores a los hallados en este trabajo (2,4 a 3,6 g m-2 mm-1).
La EUR sólo tuvo diferencias por efecto del NF en cuanto a la producción de
granos. La mayor dosis de N permitió incrementar en un 10,5% la EUR_G -0,63 vs. 0,57
g m-2 MJ-1-, obteniéndose las mayores eficiencias en la C2. Esta mejora en la EUR
coincide con un aumento del 5% en la RFA int acum para el NF A (ver Tabla 2-9). La
112

EUR_B fue un 23% superior en la C2 respecto a C1 siendo esta diferencia significativa y


10 % superior con respecto a C3 sin ser significativa.

Tabla 2-11. Eficiencia de uso de la radiación en grano y en biomasa total (EUR_G y


EUR_B) y eficiencia de uso del agua en grano y en biomasa total (EUA_G y EUA_B)
para el cultivo de trigo según el nivel de fertilización (A= alta y B= baja), el nivel de
compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar) para las campañas 2009
(C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) y sus interacciones.

EUR_G EUR_B EUA_G EUA_B


(g m MJ ) (g m MJ ) (g m mm ) (g m-2 mm-1)
-2 -1 -2 -1 -2 -1

NF A 0,63 b 1,9 a 0,9 3,1


B 0,57 a 1,9 a 0,9 2,9
NC d 0,61 a 1,9 a 1,0 3,1
sd 0,56 a 1,9 a 0,9 2,9
Año C1 2009 0,57 a 1,7 a 0,8 a 2,4 a
C2 2010 0,70 b 2,1 b 1,2 b 3,6 c
C3 2011 0,53 a 1,9 ab 0,8 a 2,9 b
Análisis de la varianza
NF 0,0107 ns <0,0001 0,0181
NC ns ns 0,0077 0,0133
Año <0,0001 0,0066 <0,0001 <0,0001
NF*NC ns ns 0,0011 0,0002
NF*Año ns ns ns ns
NC*Año ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns

Letras distintas dentro de cada columna representan diferencias significativas según el


test LSD (P≤ 0,05). ns= no significativo (P> 0,05). diferencia significativa (P≤ 0,05).

La EUR suele ser un atributo menos variable en comparación con el IAF o RFA
int (Kiniry et al., 1989; Sinclair, 1993). Algunos autores demostraron que EUR puede ser
afectada por las condiciones ambientales y factores genéticos (Castellarín et al., 2005),
además de disminuciones en el EUR en respuesta a deficiencia de N (Caviglia & Sadras,
2001). Dicha situación coincide en lo sucedido en este ensayo, ya que los tratamientos
con baja fertilización presentaron una reducción en el IAF, en la RFA int acum y,
finalmente en una menor EUR_G, por lo que podría deberse a que el N disponible limitó
en parte a la expansión foliar, la cual es más sensible a un estrés que la tasa fotosíntesis
113

de la planta (Fitter & Hay, 2002). Según Amir et al. (1991) agua y N son los factores que
condicionan la EUR, ya que cuando son limitantes, el componente más afectado es el
NG por unidad de superficie, ya que el IAF y la EUR se reducen.
Los valores de EUR_B y de EUR_G obtenidos se encuentran dentro de los rangos
reportados en la bibliografía. Gregory et al. (1992) citan valores de EUR_B en Australia
para el período vegetativo de 1,46 g MJ -1. Para Argentina se citan valores, para el mismo
período, de 1,25 g MJ-1 y, para el período reproductivo de 1,02 g MJ -1 (Calderini et al.,
1997). Castellarín et al. (2005), trabajando con dos cultivares distintos, encontraron
valores de EUR_G de 0,6 y 0,9 g MJ -1, valores similares a los estimados por Sinclair &
Muchow (1999), de 0,73 g MJ-1. Caviglia et al. (2004) midieron valores de EUR_B de
2,30 y 2,38 g MJ-1 y de EUR_G de 0,72 y 0,64 g MJ-1 para dos campañas de trigo
diferentes.
Del análisis de la interacción NF*NC (figura 2-17), se observa que la EUA_G y
EUA_B en el NF alto no presentaron diferencias por cambios en el NC; mientras que en
el NF bajo, las mayores EUA se dieron en las parcelas d.

1,2 3,5 3,0 a 3,2 a 3,2 b


1,0 a 1,0 a
A B
1,0 b 0,8 a 3,0 2,6 a
1,0
EUA_B (g m -2 mm)
EUA_G (g m -2 mm)

2,5
0,8
d 2,0 d
0,6
sd 1,5 sd
0,4 1,0
0,2 0,5
0,0 0,0
A NF B A NF B

Figura 2-17: Eficiencia de uso de agua en grano (EUA_G) (A) y en biomasa (EUA_B)
(B) del cultivo de trigo en función del nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja)
según el nivel de compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar).
Apertura de la interacción NF*NC. Letras diferentes dentro de un mismo NF indican
diferencias significativas entre NC según el test LSD (P≤ 0,05).

La disminución en la EUA_G y EUA_B en el tratamiento Bsd con respecto a Bd


podría ser debido a que la Ds, Pa y RP limitaron en mayor medida la EUA, en respuesta
al menor aporte de N y P donde la mayor proximidad entre sí de las partículas del suelo
114

en los tratamientos sd, si bien pudo facilitar la difusión del P, no logró un aumento de la
absorción de iones por las raíces más cortas (Oliveira et al., 1998).
Se sabe que la nutrición del cultivo presenta un impacto positivo sobre la EUA
atribuido a una mejora en el crecimiento y en el Rdto. del cultivo a causa de la mayor
eficiencia fotosintética, como así también por incrementar la transpiración del cultivo y
disminuir la evaporación desde el suelo (Cooper et al., 1987). En contraste con los
efectos atmosféricos fuertes sobre la EUA transpirada no hay evidencia de los efectos
directos del manejo de los cultivos sobre la misma, excepto donde se fomenta un mayor
crecimiento durante épocas de bajo déficit de presión de vapor.

Para el N total absorbido por el cultivo (N_abs total), hubo interacción entre los
factores de tratamiento NF*NC por lo que se analizó en forma conjunta los factores
involucrados en la interacción. La EUN -en B total y en grano- y sus componentes
(EFN_B y ER_N) presentaron diferencias solamente según las distintas campañas, en
tanto que la EFN_G fue mayor en el NF A (Tabla 2-12).

El N_abs total por el cultivo de trigo fue un 18% y 23% inferior en la C1 con
respecto a C2 y C3 respectivamente con diferencias significativas, esto pudo deberse a
que la misma presentó un menor contenido hídrico en el suelo, lo que afectó la absorción
del N. Resultados similares encontraron López et al. (2002) en trigos bajo secano y riego
con distintas dosis de N.

La EUN para la producción de G y B resultaron un 38% y 28% superiores


respectivamente en la C2 respecto a C1 y C3, debido a las mayores producciones de
grano y biomasa en dicha campaña, sin diferencias según NF y NC. Alta disponibilidad
de N varía la EUN por cambios en la capacidad de captura del nutriente (es decir, en la
ER); mientras que a baja disponibilidad de N, la EUN varía por diferencias en la
producción de granos por unidad de N capturado (es decir, en la EF) (Hirel et al., 2001).
La EF_N refleja la habilidad de la planta en transformar el N_abs en MS y en
Rdto. Este parámetro es frecuentemente utilizado para comparar diferentes especies o
cultivares con distintos niveles de fertilidad. De acuerdo a Kanampiu et al. (1997) una
mayor relación de unidad de grano producida por unidad de N_abs, representa una mayor
efectividad de translocación, asimilación y redistribución de N al grano en crecimiento.
En este trabajo, la mayor dosis de N aplicado produjo incrementos significativos en la
EFN_G, aumentando un 13,6% con respecto al nivel bajo de fertilización. Kanampiu et
115

al. (1997) reportaron absorción de 88 kg N ha-1 y EFN_G entre 31-38 kg_ kgN_abs-1, con
160 kgN ha-1 de fertilizante aplicado.
La ER_ N no presentó diferencia según el nivel de fertilización y compactación si
bien se observa una tendencia que a dosis menores de N y en los tratamientos
descompactados la ER_N fue mayor. Uribelarrea et al. (2007) sugirieron que elevadas
ER podrían estar fuertemente relacionadas con el tamaño y la actividad de las raíces y
que altas EF_N podrían estar más vinculadas a los componentes del Rdto del cultivo –NG
y peso de granos-.

Tabla 2-12. Nitrógeno total absorbido (N_abs total, kgN ha-1), eficiencia fisiológica de N
en grano (EFN_G, kg_g kgN_abs-1), eficiencia de uso del N en grano (EUN_G, kg_g
kgN_disp-1), eficiencia fisiológica de N en biomasa total (EFN_B, kg_B kgN_abs-1),
eficiencia de uso del N en biomasa total (EUN_B, kg_B kgN_disp-1) y eficiencia de
recuperación de N en biomasa total (ER_ N, kgN_abs kgN_disp-1) para el cultivo de trigo
según el nivel de fertilización (A= alta y B= baja), el nivel de compactación (NC, d=
descompactado y sd= sin descompactar) para las campañas 2009 (C1), 2010 (C2) y
2011 (C3) y sus interacciones.

N abs total EFN G EUN G EFN B EUN B ER_ N


-1 -1 -1
kg N kg kg Nabs kg kg N dis kg kg Nabs kg kg N dis kg Nabs kg N dis-1
-1

NF A 116,3 31,7 b 25,0 a 93,4 a 76,2 a 0,82 a


B 105,1 27,9 a 25,2 a 93,1 a 84,3 a 0,91 a
NC d 113,5 30,2 a 24,6 a 92,8 a 80,1 a 0,88 a
sd 107,5 29,5 a 25,6 a 94,1 a 80,5 a 0,85 a
Año C1 2009 94,1 a 31,5 b 22,5 a 94,3 b 68,8 a 0,74 a
C2 2010 115,1 b 33,8 b 30,9 b 100,1 c 93,9 b 0,94 b
C3 2011 123,1 c 24,1 a 22,0 a 85,9 a 78,1 a 0,91 b
Análisis de la varianza
NF <0,0001 0,0001 ns ns ns ns
NC 0,022 ns ns ns ns ns
Año <0,0001 <0,0001 <0,0001 0,019 0,0078 0,0123
NF*NC 0,001 ns ns ns ns ns
NF*Año ns ns ns ns ns ns
NC*Año ns ns ns ns ns ns
NF*NC*Año ns ns ns ns ns ns

Letras distintas dentro de cada columna representan diferencias significativas según el


test LSD (P≤ 0,05). ns= no significativo (P> 0,05). diferencia significativa (P≤ 0,05).
116

El Nabs total en el nivel de baja fertilización fue un 10% inferior en los


tratamientos sd (Bsd) con respecto a d (Bd), en tanto que para el NF A no hubo
diferencias significativas según el nivel de compactación del suelo (Figura 2-18). Ahmad
et al. (2009) reportaron que la absorción de los nutrientes puede afectarse como
consecuencia de los efectos de la compactación del suelo.

Por lo general, el tamaño de la raíz y su distribución espacial no suelen ser


factores limitantes para la captura de N bajo suficiente disponibilidad de N debido a su
característica de ser móvil en el suelo y, principalmente, llega rápidamente a la planta por
flujo masal (Sinclair &Vadez, 2002). Sin embargo, cuando la disponibilidad de N no es
suficiente o el movimiento del N es reducido por la escasez de agua, el transporte de N
por flujo masal puede ser insuficiente para satisfacer la demanda del cultivo. En estos
casos, el tamaño y la morfología de la raíz será muy importante para el aprovechamiento
del N (Marschner, 1998). En el tratamiento Bd el efecto residual de la descompactación
pudo favorecer el desarrollo radicular del trigo permitiendo mayor recuperación y
absorción de N.

140
115,0 a 117,7 a 112,2 b
120
98,2 a
N abs total (kg N)

100
80 d

60 sd

40
20
0
A NF B

Figura 2-18: Nitrógeno absorbido total (Nabs_total) del cultivo de trigo en función del
nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja) según el nivel de compactación (NC, d=
descompactado y sd= sin descompactar). Apertura de la interacción NF*NC. Letras
diferentes dentro de un mismo NF indican diferencias significativas entre NC según el
test LSD (P≤ 0,05).

4.3- Análisis de correlación entre variables de suelo y cultivo de trigo


Del análisis de correlación para las tres campañas (Tabla 2-13) se manifestó que el
Rdto y la B total se relacionaron fuerte y positivamente entre sí (P < 0,0001) tanto como
con el N abs. El Rdto estuvo asociado con la EUA_G y EUR_G (P < 0,0001), como así
117

también con la EUN_G y la EFN_G. La EUA_G y la EUR_G estuvieron vinculadas entre


sí (P < 0,0001) y éstas a su vez estuvieron correlacionadas con la EUN_G.

Tabla 2-13. Matriz de correlación: coeficientes de correlación de Spearman entre


variables de suelo: Ds (sup –superficial- o prof –profunda-)= densidad de suelo, RP (sup
–superficial- o prof –profunda-)= resistencia a la penetración, Pa (sup –superficial- o
prof –profunda-)= porosidad de aireación y, variables de cultivo: N abs total= nitrógeno
total absorbido por la planta, %RFAiA= radiación fotosintéticamente activa
interceptada acumulada, B_MF= materia seca acumulada en madurez fisiológica,
P1000= peso de mil granos, Rdto= rendimiento, NE m-2= número de espigas por m2,
EFN_G= eficiencia fisiológica de N en grano, EUN_G= eficiencia uso de nitrógeno
grano, EUA_G= eficiencia uso del agua en grano, EUA_B= eficiencia uso del agua en
biomasa, EUR_G= eficiencia de uso de la radiación en grano, EUR_B= eficiencia de
uso de la radiación en biomasa, %IC= índice de cosecha, para las campañas de trigo
2009 (C1), 2010 (C2) y 2011 (C3) en conjunto.
-2
Dap(sup.) Dap (prof)Pa (sup) Pa (prof) Rp (sup) Rp (prof) N abs %RFAi A B MF P1000 Rdto N E m EF N G EUN G EUA G EUA BT EUR BT EUR G
Dap(sup.)
Dap (prof) 0,62*
Pa (sup) -0,85* -0,55*
Pa (prof) -0,64 -0,95* 0,6*
Rp (sup) 0,81* 0,59* -0,92* -0,59*
Rp (prof) 0,64* 0,90* -0,66* -0,91* 0,83*
N abs total 0,01ns -0,26ns -0,1ns 0,22ns -0,01ns -0,23ns
%RFAi A 0,13ns -0,21ns -0,28ns 0,16ns 0,06ns -0,24ns 0,6*
B MF 0,13ns -0,13ns -0,16ns 0,1ns 0,03ns -0,17ns 0,75* 0,63*
P1000 0,39ns 0,23ns -0,3ns -0,22ns 0,26ns 0,2ns 0,06ns 0,22ns 0,35*
Rdto (g m-2) 0,31ns 0,09ns -0,21ns -0,08ns 0,07ns -0,01ns 0,48* 0,54* 0,72* 0,66*
N E m-2 0,06ns -0,28ns -0,22ns 0,22ns 0,05ns -0,27ns 0,75* 0,68* 0,74* 0,17ns 0,54*
EF N G 0,29ns 0,29ns -0,14ns -0,24ns 0,06ns 0,15ns -0,21ns 0,16ns 0,16ns 0,47* 0,56* -0,07ns
EUN G 0,23ns 0,06ns -0,12ns -0,03ns 0,04ns -0,02ns 0,30ns 0,31ns 0,55* 0,74* 0,83* 0,34* 0,42*
EUA G 0,36ns 0,17ns -0,23ns -0,15ns 0,1ns 0,05ns 0,38* 0,48* 0,65* 0,75* 0,96* 0,39* 0,6* 0,86*
EUA B 0,25ns 0,02ns -0,21ns -0,02ns 0,06ns -0,08ns 0,61* 0,58* 0,92* 0,57* 0,81* 0,56* 0,35* 0,7* 0,84*
EUR B 0,08ns -0,02ns -0,08ns -0,002ns -0,01ns -0,09ns 0,57* 0,44* 0,91* 0,32* 0,69* 0,55* 0,32ns 0,56* 0,65* 0,89*
EUR G 0,26ns 0,21ns -0,13ns -0,18ns 0,05ns 0,09ns 0,26ns 0,32* 0,54* 0,6* 0,92* 0,31ns 0,69* 0,8* 0,91* 0,69* 0,68*
IC % 0,29ns 0,30ns -0,13ns -0,3ns 0,13ns 0,28ns -0,33 -0,14ns -0,4* 0,35* 0,33ns -0,28ns 0,51* 0,3ns 0,36* -0,19ns -0,33ns 0,46*

ns: no significativo (P>0,05). *: diferencia significativa [indican diferencias


significativas según el test LSD (P≤ 0,05)].

El efecto de la fertilización nitrogenada en los cultivos agrícolas sobre la EUA,


EUR y EUN ha sido ya bien documentada (Sinclair & Horie, 1989; Huggins & Pan,
1993; Cooper et al., 1987). En general, se ha encontrado que con un aumento en la
disponibilidad de N la EUA y EUR aumentan, en tanto que, la EUN tiende a disminuir.
118

En este trabajo, debido posiblemente al rango estrecho explorado de N disponible en el


suelo (83 a 138 kgN ha-1), no se observó esta disminución en la EUN.
Experiencias previas demostraron que la EUA estuvo explicada por las
variaciones que se produjeron en la EUR, por efecto de la nutrición nitrogenada (Caviglia
& Sadras, 2001). Mientras que, la EUR y EUN estuvieron negativamente relacionadas
(Hirose & Bazzaz, 1998). Sadras & Roget (2004) sugieren una relación inversa entre la
EUA y la EUN en un ambiente semiárido de Australia; este tipo de relación no se
observó en el cultivo de trigo en el conjunto de las tres campañas.
La producción de biomasa estuvo explicada positivamente por las variaciones en
la EUA_B (P< 0,0001) y EUR_B (P< 0,0001). Por otro lado, el N abs hasta madurez se
correlacionó linealmente con la EUR_B (P< 0,0003, R2= 0,32) y con la EUA_B (P<
0,0001, R2= 0,40). No se encontraron correlaciones significativas entre las variables
físicas del suelo y las ecofisiológicas del cultivo que expliquen el Rdto para las campañas
en su conjunto (cuadrante inferior izquierdo), como respuesta a la fertilización y a la
reducción de la compactación del suelo para los niveles de Ds y RP estudiados.

CONCLUSIONES
La descompactación fue efectiva y se observó el efecto residual a través de la
variable de suelo RP, la cual mantuvo diferencias significativas al final del ensayo con
respecto a los suelos sd. Dichos tratamientos -sd- mostraron una tendencia de mejora
subsuperficial en los valores de Ds y RP, lo que podría deberse al efecto de las raíces del
cultivo de trigo sobre el suelo en la secuencia trigo/soja.
La mayor fertilización del cultivo tuvo un efecto positivo y superior sobre la
eficiencia en el uso de la radiación y rendimiento en relación a la residualidad de la
descompactación del suelo, si bien en condiciones de baja fertilización favoreció la
producción de biomasa total a madurez fisiológica del cultivo.
La fertilización con P en la secuencia de cultivos logró aumentar los valores de P
en el suelo.
119

Capítulo III

PRODUCTIVIDAD DEL AGUA Y DE LA RADIACIÓN EN LA


SECUENCIA DE CULTIVOS Y BALANCE DE MATERIA
ORGÁNICA DEL SUELO

INTRODUCCIÓN
Durante los últimos 200 años el alto crecimiento poblacional aumentó
considerablemente la presión sobre las tierras productivas. La roturación de los suelos, la
disminución de la cobertura vegetal y el escaso retorno de restos vegetales propios de los
suelos agrícolas ha provocado la disminución del carbono orgánico en esos suelos (Lal,
2004). Las emisiones de gases con efecto invernadero provenientes de la agricultura
representan entre el 10 y el 12% de las emisiones totales.
Los suelos son el mayor reservorio de carbono en los ecosistemas terrestres
(Janzen 2004), por lo que existe un gran potencial para acumular carbono dentro de los
suelos como una forma de contrarrestar, al menos en parte, el aumento de las emisiones.
El carbono del suelo puede funcionar como fuente o destino, dependiendo del manejo
(Schimel et al., 2001; Lal, 2004). Para revertir las consecuencias no deseadas de la
producción agrícola se requieren manejos más conservacionistas, como son la reducción
de los laboreos y la siembra directa.
Estos manejos promueven una menor intervención sobre los suelos y permiten que
los rastrojos de la cosecha cubran el suelo, aportando materia orgánica y protegiendo el
suelo de la erosión eólica e hídrica según las características de la región. La adopción de
prácticas de manejo conservadoras en suelos agrícolas puede reducir la tasa de
enriquecimiento de CO2 atmosférico y tener impactos positivos sobre la calidad del
ambiente.
La acumulación de carbono en un agroecosistema, que depende de la diferencia
entre sus entradas y salidas, está correlacionada positivamente a escala regional con la
relación entre la precipitación y la temperatura (Álvarez & Lavado, 1998). A escala local
influyen la especie cultivada, el manejo de los residuos, las fertilizaciones y laboreos
sobre el lote (Viglizo et al., 2004). Además, la reducción de labores y fertilizaciones más
racionales disminuyen el consumo de combustibles y la emisión de óxido nitroso.
Para estimar el balance de carbono de un suelo hace falta determinar la cantidad
de carbono que ingresa con los rastrojos de los cultivos y la emisión de CO 2 a la
atmósfera por respiración microbiana. Por lo tanto, el aumento de la productividad de los
120

cultivos y de los recursos debe ser un objetivo a lograr en los sistemas agrícolas para
incrementar el CO del suelo.
La ausencia de cultivos invernales provoca una pérdida enorme de recursos (agua
y radiación solar) que no son aprovechados para producir B y/o granos (Caviglia et al.,
2008). En efecto, en regiones donde la estación de crecimiento es prolongada y la oferta
de recursos es favorable, se desperdicia una enorme cantidad de recursos que pueden
aprovecharse intensificando las secuencias de manera sustentable. La intensificación
sustentable, tiene por objetivo mantener o incrementar los actuales niveles productivos
con un uso más intenso de los recursos del ambiente (agua y radiación solar) y de las
tierras de mayor aptitud, a través de tecnologías de procesos con un uso racional de los
insumos.
Las propuestas basadas en la intensificación sustentable deben ser
económicamente viables, socialmente aceptables y ambientalmente sostenibles (Caviglia
& Andrade, 2010). Aunque el término intensificación puede asociarse con un incremento
en la productividad a través de un incremento en el uso de insumos, también puede
asociarse a un incremento en la captura de recursos disponibles (como radiación y agua)
y al mejoramiento en el Rdto de cultivos por unidades de tiempo y superficie (Caviglia &
Andrade, 2010).
En este sentido, el índice de intensificación de la secuencia (ISI) depende
básicamente del período del año ocupado por cultivos (con raíces activas) en cada
secuencia. Numerosas variables están implícitamente relacionadas con el ISI; como, por
ejemplo, la agregación, la distribución de poros por tamaño y la orientación o la
estabilidad de la estructura, que están afectadas por la cantidad y la calidad de los
residuos de cultivos, así como por el tipo y la distribución del sistema radical (Domzal et
al., 1991; Sasal et al., 2006).
En trabajos previos se encontró relación negativa entre el ISI y el escurrimiento o
la erosión hídrica y relación positiva con el contenido de C del suelo (Novelli et al. 2009;
Darder et al., 2010; Sasal et al., 2010). Las secuencias más intensificadas, con períodos
de barbecho despreciables, tuvieron los mayores valores de ISI que fueron asociados con
las menores tasas de escurrimiento y erosión hídrica. Por el contrario, el monocultivo de
soja tiene el menor valor de ISI=1. El doble cultivo trigo/soja de segunda es el cultivo
secuencial más difundido y ocupa una mayor proporción de la estación de crecimiento,
obteniendo una mayor y más eficiente captura de recursos con un mayor valor de ISI=2.
121

La producción de MS y grano dependen de la capacidad de los cultivos para


capturar recursos. Para estudiar la eficiencia a nivel de la secuencia de cultivos se define
la productividad de los recursos basada en la cantidad de granos o B producidos por
unidad de recurso (radiación solar o lluvias) disponible durante el año (Caviglia et al.,
2004). Este concepto integra la eficiencia en el uso del recurso (cantidad de grano o B
producida por unidad de recurso capturado) con la eficiencia de captura (cantidad de
recurso capturado por unidad de recurso disponible).
La mejora de la captación de agua y la radiación no sólo puede aumentar la
productividad y la eficiencia de todo el sistema, sino que también contribuir
positivamente a la reducción de los problemas ambientales. De hecho, el aumento de la
captación de la radiación solar por los cultivos podría aumentar el retorno de material
vegetal en el sistema y el ciclado de nutrientes (Reeves, 1997), lo que puede mejorar el
balance de carbono en el suelo (Studdert & Echeverría, 2000) y, como resultado la
agregación del suelo (Novelli et al., 2011).
Lograr en el suelo contenidos elevados de materia orgánica (MO) es clave para
mantener la productividad de los cultivos por su efecto benéfico sobre las propiedades
químicas, físicas y biológicas del suelo (Bullock, 1992; Karlen et al., 1994). Sin embargo,
cuando se evalúa la aplicación de fertilizantes, sólo se contabiliza su efecto sobre el
aumento de producción de los cultivos, dejando de lado el efecto positivo indirecto que
aquellos ejercen a largo plazo sobre el suelo al incrementar la producción de rastrojos
(Haynes & Naidu, 1998).
Tampoco se tiene en cuenta el efecto positivo que ejerce la materia orgánica sobre
las propiedades físicas del suelo, como la densidad aparente (Ds), porosidad total (PT),
macroporosidad y estabilidad estructural, entre otras, que influyen sobre la dinámica
hídrica y del aire en el suelo y sobre la resistencia a la penetración de las raíces de las
plantas, cuyo correcto funcionamiento determina, en última instancia, la producción de
biomasa y rendimiento de los cultivos (Letey, 1985).
El monocultivo de soja y la falta de rotaciones, la erosión, la quema de residuos y
las labranzas convencionales fueron en parte responsables de la reducción del contenido
de MO del suelo en Argentina, con el consecuente aumento de los procesos erosivos y la
pérdida gradual de su potencial productivo. La MO se encuentra en el suelo en un
continuo estado de transformación, sin existir límites definidos. Sin embargo, se pueden
distinguir, al menos, dos fracciones muy diferentes: la compuesta por residuos orgánicos
parcialmente transformados por la actividad biológica (MO joven o particulada-MOP) y
122

la constituida por compuestos orgánicos muy transformados, complejos y estables (MO


vieja o humus) (Galantini & Suñer, 2008).
La cantidad de MOP del suelo es muy variable debido a que es sensible a los
cambios de manejo (Galantini & Suñer, 2008), siendo muy importante por constituir una
reserva de nutrientes para los cultivos. Las fuentes de variación más importantes son el
sistema de labranza, las condiciones climáticas y la rotación de cultivos, especialmente el
cultivo antecesor, debido a que afectan directamente el almacenamiento, el reciclado y la
provisión de esos nutrientes para el adecuado desarrollo de los cultivos.
Durante la descomposición o mineralización de la materia orgánica, los nutrientes
se liberan y pasan a estar en formas disponibles para las plantas. En situaciones donde la
liberación es mayor que el requerimiento del cultivo (en el barbecho, por ejemplo), una
parte de esos nutrientes puede perderse por diversos procesos (lixiviación, volatilización)
ante la falta de cultivos que los absorban. En estas situaciones la fracción orgánica más
estable puede adsorber una parte de esos nutrientes, para liberarlos posteriormente,
cumpliendo así un rol fundamental en el ciclaje de los nutrientes en el suelo.
A pesar que la MO del suelo contribuye para mantener la productividad de los
sistemas, solamente en algunos casos se ha observado una relación cuantitativa fuerte
entre la MO y la productividad. Esto se debe a que, en muchos casos, el efecto es
indirecto y a través de interacciones con otras propiedades del suelo. La pérdida de MO
es un proceso que viene ocurriendo desde el inicio de la actividad agropecuaria y se le ha
dado poca importancia, debido a que la degradación de las propiedades físicas del suelo
dependientes de la MO sólo son afectadas cuando las pérdidas comienzan a ser
importantes.
Sólo en la última década ha comenzado en Argentina el proceso de revalorización
de este elemento constitutivo de los suelos y, asociado con esto, la busca de alternativas
de producción que, además de ser rentables, permitan incrementar la cantidad de MO al
suelo hasta niveles adecuados y, luego, a mantener estable el balance de MOS. En este
sentido, existe un amplio acuerdo sobre las ventajas de realizar rotación de cultivos y
utilizar el sistema de siembra directa para lograrlo, aunque los mecanismos involucrados
son complejos y aún no están suficientemente claros.
El objetivo principal de este trabajo fue evaluar el efecto de cambios en las
propiedades físicas del suelo a través de la descompactación y las químicas a través de la
fertilización con P y N sobre la productividad del agua y la radiación y sobre el balance
123

de carbono del suelo en una secuencia Soja(S)-T/S-T/S-Trigo (T) de tres años de


duración.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

1- Productividad, eficiencia de uso y captura del agua y la radiación


El nivel de fertilización y compactación del suelo afectó significativamente la
productividad y eficiencia en el agua para la producción de grano y B total (PA_G,
PA_B, EUA_G y EUA_B) en la secuencia S-T/S-T/S-T como promedio de los 3 años
(Tabla 3-1).
Se determinaron incrementos en el orden de 9,2 y 7,1% en la PA_G y en PA_B
por aumento en la fertilización; mientras que, por efecto de descompactación se
incrementó en 7,4 y 10,9% respectivamente. La PA_G estuvo dentro del rango reportado
por Caviglia et al. (2013) para el sudeste bonaerense de 0,47 a 0,75 g m-2 mm-1, con
valores simulados de 0,58 g m-2 mm-1 y, menores a los de Paraná (Entre Ríos) de 0,84 g
m-2 mm-1. En tanto que, la PA_B para el doble cultivo trigo/soja osciló entre 1,57 a 1,86 g
m-2 mm-1. Estos valores resultaron inferiores a los encontrados en Balcarce (Buenos
Aires) para dos campañas diferentes 2,22 y 1,83 g m-2 mm-1, si bien estos últimos se
calcularon sumando a la materia seca obtenida en R8, el aporte de hojas y pecíolos que
senecieron del cultivo de soja.
De manera similar, la EUA_G y la EUA_B fueron significativamente superiores
en los suelos descompactados en un 5,4 y 8,0% con respecto a los sd, mientras que en el
nivel de alta fertilización aumentaron en un 6,8 y 4,3% respecto a los de baja. Los valores
obtenidos de EUA_G y la EUA_B en los tratamientos descompactados (0,78 y 2,43 g m-2
mm-1) y, en alta fertilización (0,78 y 2,39 g m-2 mm-1) respectivamente, fueron inferiores
a los informados en Balcarce (Buenos Aires), EUA_B de 3,12 a 3,41 g m-2 mm-1 y de
EUA_G de 0,88 a 1,02 g m-2 mm-1, probablemente a la diferente metodología de cálculo
como se mencionó anteriormente para obtener la EUA_B y al menor déficit de presión de
vapor (DPV) del ambiente explorado por los cultivos en Balcarce y, similares EUA_G en
comparación a 0,79 g m-2 mm-1 reportado por Daniels & Scott (1991) como un promedio
general de varias fuentes de variación incluyendo año, riego y manejo de rastrojos.
Para poder efectuar una comparación de la EUA y la EUR entre cultivos que
resulte equitativa desde el punto de vista de los requerimientos energéticos que presenta
cada especie, resulta importante transformar el producto final de cada uno de ellos en sus
124

equivalentes de glucosa (Eq.gl.). Así se determinó que producir 1 g de soja es más


costoso energéticamente que producir la misma cantidad de trigo (Sinclair & de Wit,
1975). La EUA_Eq.gl. presentó similar comportamiento que la EUA_G.
La eficiencia de captura del agua (ECA) no mostró diferencias según nivel de
compactación y fertilización del suelo (Tabla 3-1), variando entre 74 y 75% según los
tratamientos estos valores fueron inferiores a los obtenidos en Paraná (99%) y están más
próximos a datos del sudeste bonaerense, donde se lograron capturas del 54 al 70% de las
precipitaciones (Caviglia et al., 2004, 2010).
Los valores menores de ECA con respecto a Paraná pueden deberse a las
abundantes lluvias concentradas en la última semana de noviembre de 2009 y 2011;
donde, el cultivo de trigo se encontraba en madurez fisiológica sin absorber agua y en
diciembre de 2009 con el cultivo de soja en los primeros estadíos fenológicos. Otros
autores encontraron que el 66 % de la variabilidad de la PA_G estuvo explicada por los
excesos de agua en el año (Caviglia et al., 2013).

Tabla 3-1. Productividad del agua en grano y en biomasa total (PA_G y PA_B, en g m-2
mm-1), eficiencia de uso del agua en grano y en biomasa total (EUA_G y EUA_B, en g m-
2
mm-1), eficiencia de uso del agua en equivalente glucosa (EUA_Eq.gl) y eficiencia de
captura del agua (ECA, en %) según nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja), nivel
de compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar) y su interacción
(NF*NC) en la secuencia de cultivos soja-trigo/soja-trigo/soja-trigo.

PA_G EUA_G EUA_Eq.gl. PA_B EUA_B ECA


A 0,59 b 0,78 b 1,24 b 1,80 b 2,39 b 75,0 a
NF
B 0,54 a 0,73 a 1,17 a 1,68 a 2,29 a 74,0 a
d 0,58 b 0,78 b 1,25 b 1,83 b 2,43 b 75,0 a
NC
sd 0,54 a 0,74 a 1,17 a 1,65 a 2,25 a 74,0 a
Ad 0,61 0,79 1,26 1,79 2,44 77,0
Bd 0,56 0,77 1,21 1,86 2,42 74,0
NF*NC
Asd 0,57 0,77 1,22 1,73 2,36 74,0
Bsd 0,52 0,7 1,12 1,57 2,14 74,0
Análisis de varianza
NF * * * * * ns
NC * * * * * ns
NC*NC ns ns Ns Ns ns ns
Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias según el test LSD (P≤ 0,05).
ns: no significativo (P> 0,05); *: diferencia significativa (P≤ 0,05).
125

La productividad de la radiación para la producción de biomasa y grano y la


eficiencia de uso de la radiación para la producción de biomasa presentaron diferencias
significativas a favor del suelo descompactado y con alta fertilización, pero sin
interacciones NC*NF significativas (Tabla 3-2).
Se determinaron incrementos en el orden del 13,3 y 8,3% para la PRG y PRB y
del 5,2% en la EURB por aumento en la fertilización, mientras que por efecto de la
descompactación se incrementó en el orden del 4,1 y 11,2% para la PRG y PRB
respectivamente y del 7,5% en la EURB. Los datos obtenidos de PRG variaron entre 0,22
a 0,26 g MJ-1, valores similares a los informados en el sudeste bonaerense (0,27 g MJ -1) y
en Paraná (0,21 g MJ-1). La PRB fue de 0,78 para alta y 0,72 g MJ-1 para bajo nivel de
fertilización, en tanto que en suelos descompactados fue de 0,79 y 0,71g MJ -1 en suelos
sin descompactar, valores inferiores a los encontrados por Caviglia et al. (2004) de 0,8 y
1,02 g MJ-1 en Balcarce y superiores a valores simulados 0,48 gMJ -1 para la misma
región, (Caviglia et al., 2013)

Tabla 3-2. Productividad de la radiación en grano y en biomasa total (PR_G y PR_B, en


g m-2 MJ-1), eficiencia de uso de la radiación en grano y en biomasa total (EUR_G y
EUR_B, en g m-2 MJ-1), eficiencia uso radiación en equivalente glucosa (EUR_Eq.gl.) y
eficiencia de captura de la radiación (ECR, en %) según nivel de fertilización (NF, A=
alta y B= baja), nivel de compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar)
y su interacción (NF*NC) en la secuencia de cultivos soja-trigo/soja-trigo/soja-trigo.

PRG EUR_G EUR_Eq.gl. PR_B EUR_B ECR


A 0,26 b 0,46 a 0,73 b 0,78 b 1,41 b 56,0 b
NF
B 0,23 a 0,44 a 0,68 a 0,72 a 1,34 a 54,0 a
d 0,25 b 0,44 a 0,72 a 0,79 b 1,42 b 56,0 b
NC
sd 0,24 a 0,45 a 0,69 a 0,71 a 1,32 a 54,0 a
Ad 0,26 0,46 0,74 0,81 1,46 57,0
Bd 0,24 0,45 0,70 0,77 1,38 57,0
NF*NC
Asd 0,25 0,45 0,71 0,75 1,37 54,0
Bsd 0,22 0,42 0,67 0,65 1,27 53,0
Análisis de varianza
NF * Ns * * * *
NC * Ns Ns * * *
NF*NC ns Ns Ns ns ns Ns
Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias según el test LSD (P≤ 0,05).
ns: no significativo (P> 0,05); *: diferencia significativa (P≤ 0,05).
126

La ECR también presentó diferencias significativas para el nivel de alta y baja


fertilización y suelo descompactado y sin descompactar, donde pudieron aprovechar el 56
y 54% de la radiación solar incidente anual respectivamente, valores superiores a los
encontrados en Paraná del 44% en el doble cultivo trigo/soja. La EUR Eq. glucosa
presentó diferencias significativas a favor de los cultivos que fueron más fertilizados con
P y N, lo cual no se reflejó estadísticamente en la EUR G, debido principalmente a la
mayor respuesta en rendimiento del trigo a la fertilización nitrogenada y a la composición
del grano de menor costo energético con respecto a soja.
La atenuación de la limitante compactación al inicio de la secuencia y la mayor
fertilización del suelo a lo largo de las tres campañas mejoró la PA_G, la PA_B, la
EUA_G y la EUA_B; principalmente, por una mayor productividad del cultivo de soja
por efecto de la descompactación del suelo y, por efecto de la mayor fertilización
nitrogenada del trigo, siendo la ECA similar según NC o NF (ECA= 74-75%) (Tabla 3-
1). En tanto que, la ECR fue del 56% tanto para el nivel alto de fertilización como para
suelo d y del 54% para baja fertilización y suelo sd, siendo estas diferencias significativas
(Tabla 3-2). Esto refleja una mejor adecuación del ciclo de cultivo con la precipitación y
la diferente naturaleza de los recursos.
El agua puede ser almacenada en el suelo, atenuando así los desbalances entre la
disponibilidad del recurso y la demanda. La captura de la radiación, en cambio, depende
del tamaño y la estructura del canopeo en un momento dado, por lo que no hay
mecanismos compensatorios para la recuperación de la radiación que no fue interceptada
por el cultivo. La diferente respuesta para el agua y la radiación encontradas ofrecen ideas
para el desarrollo de estrategias, basadas en la mejora de la captación de la radiación, para
elevar la productividad anual de agua de la B y el Rdto en grano, ya que el agua puede ser
parcialmente almacenada.
Al calcular la correlación de Spearman (P< 0,05) entre variables de cultivo la
PA_G y PA_B mostraron correlación positiva y significativa con las variables EUA_G y
EUA_B (r= 0,96 y P< 0,0001 y, r= 0,95 y P< 0,0001) y con la ECA (r= 0,74 y P< 0,0057
y, r= 0,64 y P< 0,025). La PR_G y la PR_B también se asociaron fuertemente con la
EUR_G y la EUR_B (r=0,95 y P< 0,0001 y, r= 0,96 y P< 0,0001) y, en menor medida
con al ECR (r= 0,70 y P< 0,0110 y, r= 0,79 y P< 0,0021).
La fuerte correlación entre ECA y ECR (r= 0,69 y P< 0,0110), sumado a que el
agua es un recurso acumulable y la radiación no acumulable, refuerza el concepto de que
el aumento de la productividad requiere mejorar la captura de la radiación. Esta situación
127

se logró a través del efecto residual de la descompactación y una mayor fertilización de la


secuencia de cultivos con N y P.
La EUA_G y la EUR_G se asociaron positiva significativamente (r= 0,92 y P<
0,0001) al igual que la EUA_B y la EUR_B (r= 0,96 y P< 0,0001) para el doble cultivo
como promedio de los tres años de la secuencia. Este tipo de relaciones también fue
encontrado por Caviglia et al. (2004, 2013).

Tabla 3-3. Matriz de correlación entre variables de suelo [densidad de suelo superficial
y profunda (Ds, sup y prof), porosidad de aireación superficial y profunda (Pa, sup y
prof) y resistencia a la penetración superficial y profunda (RP, sup y prof)] y de cultivo
[productividad de la radiación en grano y en biomasa (PR_G y PR_B), productividad del
agua en grano y en biomasa (PA_G y PA_B), eficiencia de uso de la radiación en grano
y en biomasa (EUR_G y EUR_B), eficiencia de uso del agua en grano y en biomasa
(EUA_G y EUA_B), EUA y EUR en equivalente glucosa (EUA_Eq.gl. y EUR_Eq.gl.),
eficiencia de captura del agua (ECA) y eficiencia de captura de la radiación (ECR)]
para la secuencia de cultivos en las campañas 2008/09, 2009/10 y 2010/11. Coeficientes
de Spearman. ns: diferencias no significativas (P> 0,05);*: diferencias significativas (P≤
0,05).
Variables de suelo
RP
Ds (sup) Ds (prof) Pa (sup) Pa (prof) RP (sup)
(prof)
-0,51
PR_G -0,39 ns -0,45 ns 0,42 ns 0,46 ns -0,51 ns
ns
PR_B -0,60 * -0,62 * 0,64 * 0,67 * -0,71 * -0,72 *
-0,56
PA_G -0,43 ns -0,49 ns 0,49 ns 0,50 ns -0,57 ns
ns
PA_B -0,60 * -0,61 * 0,64 * 0,67 * -0,71 * -0,72 *
Variables de cultivo

-0,43
EUR_G -0,34 ns -0,37 ns 0,39 ns 0,37 ns -0,46 ns
ns
EUR_B -0,56 ns -0,53 ns 0,61 * 0,59 * -0,66 * -0,65 *
-0,55
EUA_Eq.gl. -0,42 ns -0,50 ns 0,50 ns 0,51 ns -0,56 ns
ns
-0,46
EUR_Eq.gl. -0,38 ns -0,44 ns 0,44 ns 0,42 ns -0,48 ns
ns
-0,48
EUA_G -0,32 ns -0,41 ns 0,42 ns 0,44 ns -0,49 ns
ns
EUA_B -0,53 ns -0,53 ns 0,59 ns 0,60 * -0,65 ns -0,65 *
ECA -0,50 ns -0,55 ns 0,48 ns 0,52 ns -0,57 ns -0,58 *
ECR -0,52 ns -0,59 * 0,53 ns 0,64 * -0,63 * -0,68 *
128

Del análisis de correlación de las variables de cultivo y suelo para la secuencia S-


T/S-T/S-T (Tabla 3-3) se determinó que todos los parámetros de suelo evaluados se
correlacionaron significativamente con la PR_B y PA_B en forma negativa con la Ds
(sup y prof) y la RP (sup y prof) y, positivamente con la Pa (sup y prof). La RP en
profundidad es la que más asociaciones negativas y significativas tuvo con las variables
de cultivo EUR_B, EUA_B, ECA y ECR, lo que señala la fuerte influencia de esta
propiedad del suelo para reducir la productividad de los cultivos.

3- Balance de carbono del suelo


La producción de B aérea total de trigo (B_T) y los aportes al suelo de su rastrojo
(R_T) acumulado a lo largo de tres años mostraron un efecto positivo y significativo al
agregado de mayores dosis de fertilizante nitrogenado, sin diferencias debido al efecto
residual de la descompactación (Tabla 3-4). Se sabe que la fertilización nitrogenada
aumenta la producción de B de los cultivos, lo que provoca una mayor acumulación de C
en los tejidos vegetales y una elevada devolución de los mismos al suelo (Fabrizzi et al.,
2003; Eiza, 2005).
La soja manifestó mayores producciones de B total medida en R8 sin hojas (B_S)
y aporte de rastrojo (R_S) por efecto de la descompactación del suelo sin diferencias
significativas a la mayor fertilización con fósforo (P). La escasa respuesta al nivel alto de
fertilización (A) con respecto al nivel bajo (B) puede deberse, a un mayor desarrollo de
pelos radicales en situaciones de menor contenido de P, debido a que la densidad de pelos
radicales se encuentra altamente regulada por la disponibilidad de dicho nutriente,
aumentando significativamente en raíces que crecen en suelos con menor disponibilidad
del mismo (Ma et al., 2001).
La mayor densidad longitudinal de pelos radicales facilita la absorción de
nutrientes aumentando la superficie de absorción de la raíz y permiten una mayor
exploración del volumen del suelo (Bates & Lynch, 1996). Si bien como fue mencionado
anteriormente en el rango de dosis exploradas de 14 a 26 kg P ha-1 aplicadas en este
ensayo las respuestas en producción pueden ser menores.
La producción total de B, de trigo y soja [B(T+S)] fue afectado por el nivel de
fertilización y compactación (Tabla 3-4). Se midió un aumento del 6,85 y 10,6% en la
B(T+S) en la dosis alta de fertilizante principalmente por el impacto mayor de la
fertilización con N en trigo y por efecto de d, respectivamente. Si bien el rastrojo de trigo
fue mayor con alta fertilización y aportó mayor cantidad de rastrojo que la soja, la suma
129

de rastrojos acumulados de trigo y soja de la secuencia R(T+S) sólo mostró diferencias


según el NC, con un 12,1% más de aporte en los suelos d (Tabla 3-4).
El aporte de C de rastrojo (C_R) y el C año-1 se calculó estimando que un 40% de
la biomasa total es carbono, dividido por 3 años que duró la secuencia. El rango de
valores de C año-1 determinados en este estudio son levemente inferiores a los reportados
por Álvarez (2005) para suelos de la Pampa Ondulada bajo la secuencia trigo/soja.

Tabla 3-4. Producción de biomasa aérea total de trigo (B T), soja (B S) y de trigo-soja [B
(T+S)], aporte de rastrojos al suelo de trigo [R (T)], soja [R (S)] y de trigo-soja [R
(T+S)]; aporte de carbono a través de los rastrojos [aporte C(R)] y aporte de C por año
(aporte C/Año) según nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja), nivel de
compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar) y su interacción
(NF*NC) en la secuencia de cultivos soja-trigo/soja-trigo/soja-trigo, expresado en g m-2.

B_T B_S B(T+S) R_S R_T R(T+S) C_R C año-1


A 3252 b 2617 a 5869 b 1729 a 2230 b 3959 a 1655 a 552 a
NF
B 2964 a 2529 a 5493 a 1683 a 2047 a 3730 a 1567 a 522 a
d 3201 a 2767 b 5968 b 1854 b 2200 a 4054 b 1703 b 568 b
NC
sd 3016 a 2378 a 5394 a 1557 a 2061 a 3618 a 1519 a 506 a
Asd 3248 2410 5658 1579 2223 3802 1597 532
Bsd 2783 2346 5129 1535 1898 3433 1442 481
NF*NC
Ad 3256 2824 6079 1877 2203 4081 1714 571
Bd 3145 2712 5857 1830 2197 4026 1691 564
Análisis de varianza
NF * ns * ns * ns ns ns
NC ns * * * ns * * *
NF*NC ns ns ns ns ns ns ns ns
Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias según el test LSD (P≤ 0,05).
ns: no significativo (P> 0,05); *: diferencia significativa (P≤ 0,05).

En la Tabla 3-5 se presenta el balance de carbono para la secuencia S-T/S-T/S-T


de 3 años de duración. En la misma se detallan los aportes de CO al humus del rastrojo
más las raíces a la materia orgánica sumados cada uno de los cultivos de la rotación, al
igual que las pérdidas de CO del suelo y el contenido de CO del suelo a 30 cm de
profundidad expresados en unidades de masa (tn C ha-1). Las pérdidas de CO y contenido
de CO suelo no presentaron diferencias significativas, según NF, NC ni interacción
NF*NC.
130

Tabla 3-5. Aporte, Pérdida y Balance de carbono del suelo para la secuencia de cultivo
soja-trigo/soja-trigo/soja-trigo, total 3 años duración (Tn C ha-1), Toneladas de CO del
suelo a 30 cm (Ton COS) promedio de la secuencia y porcentaje de aumento o
disminución del CO respecto Ton CO suelo a 30 cm (%+ -); según NC (nivel de
compactación, d y sd ), NF (nivel de fertilización A y B) y NF*NC (Ad= alta fertilización
descompactado; Asd= alta fertilización sin descompactar; Bd= baja fertilización
descompactado; Bsd= baja fertilización sin descompactar).
Ton COS Aporte C Pérdida C Balance %+ -
NF A 51,8 a 9,81 a 8,87 a 0,93 a 1,79
B 50,9 a 9,29 a 8,72 a 0,57 a 1,11
NC d 50,2 a 10,1 b 8,58 a 1,51 b 3,00
sd 52,6 a 8,99 a 9,02 a -0,01 a 0,00
Asd 52,4 9,44 8,96 0,48 0,90
NF*NC Bsd 52,9 8,55 9,05 -0,5 -0,90
Ad 51,3 10,17 8,78 1,39 3,56
Bd 49,1 10,03 8,39 1,64 2,68
Analisis varianza
NF ns ns ns ns
NC ns * ns *
NF*NC ns ns ns ns

Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias según el test LSD (P≤ 0,05).
ns: no significativo (P> 0,05); *: diferencia significativa (P≤ 0,05).

Si bien la realización de una labor vertical (paratill) incrementa la aireación del


suelo (Balesdent et al., 1998) y rompe los macroagregados (Six et al., 2000; Sotomayor-
Ramírez et al., 2007), resultando en una mayor oxidación de la MO del suelo (Lal, 1989),
en este estudio se verificó que en las parcelas descompactadas (d) al inicio del ensayo
luego de 3 años de la secuencia S-T/S-T/S-T se logró un balance de C positivo
aumentando un 3% el contenido promedio de COS y en las sd el balance fue negativo,
casi nulo, manteniendo el stock de COS (Tabla 3-5).
Los suelos d lograron incorporar más carbono al suelo con respecto a los sd,
debido a la mejor condición física de los mismos en la secuencia de cultivos por efecto
residual de la labor con paratill sobre las variables de suelo RP y Pa (sup y prof) como
fue presentando en el capítulo anterior.
Álvarez (2005) estimó el balance de carbono para distintas rotaciones T/S; T/S-M;
T/S-M-S-S en suelos de la región pampeana, donde la secuencia T/S presentó las
menores caídas de los contenidos de carbono por ser la de mayor nivel de aportes de
131

carbono al humus y en un caso obtuvo un incremento del contenido de carbono del suelo
bajo esta secuencia. A medida que se incrementó la proporción de soja en la rotación fue
más pronunciada la disminución del nivel de carbono del suelo.
En las parcelas con mayor fertilización hubo una pequeña mejora no significativa
con un balance más positivo respecto a B en el contenido de COS (1,79 vs. 1,11%), lo
que coincide con los resultados de otros autores que no siempre pudieron encontrar un
efecto positivo significativo del uso de fertilizantes sobre el balance de C en el suelo
(Gonzalez Montaner et al., 2004; Galantini & Rosell, 2006).
Esto lo atribuyeron a diferencias en la eficiencia en el uso del nutriente
adicionado, la que es determinante de la cantidad de biomasa producida y,
consecuentemente, del carbono que se adiciona al suelo (Galantini & Suñer, 2008),
teniendo en cuenta también el muy corto plazo del presente ensayo.

Análisis de la Materia Orgánica Particulada (MOP)


Los datos de este trabajo de CO total (COT) y de carbono asociado a fracciones
más gruesas > 50 m (C-MOP) a 10 cm de profundidad no mostraron diferencias
significativas al cabo de la secuencia de 2 cultivos Trigo/Soja, según el NF y NC en el
inicio (mayo 2009) y final de la misma (mayo 2010) (Tabla 3-6).

Tabla 3-6. Carbono orgánico total (COT) y carbono asociado a la materia orgánica
particulada a 10 cm de profundidad (C-MOP) al inicio (mayo 2009) y al final (mayo
2010) de la secuencia trigo/soja según el nivel de fertilización (NF, A= alta y B= baja) y
el nivel de compactación (NC, d= descompactado y sd= sin descompactar).
Mayo 2009 Mayo 2010
COT C-MOP COT C-MOP
-1
(%) (g kg ) % (g kg-1)
NF A 1,64 a 0,20 a 1,71 a 0,23 a
B 1,64 a 0,22 a 1,73 a 0,24 a
NC D 1,63 a 0,20 a 1,73 a 0,24 a
Sd 1,65 a 0,22ª 1,71 a 0,23 a
CV (%) 4,1 22 4,5 11
Análisis de varianza
NF ns Ns ns ns
NC ns Ns ns ns
Letras diferentes dentro de una columna indican diferencias según el test LSD (P≤ 0,05).
ns: no significativo (P> 0,05); *: diferencia significativa (P≤ 0,05). CV (%): coeficiente
de variación.
132

El C-MOP puede resultar en un indicador más sensible a los efectos del uso del
suelo que el COT, motivo por el cual puede utilizarse como indicador temprano del
efecto de la rotación de cultivos, de la fertilización o del sistema de labranza sobre la
calidad del suelo (Haynes, 2000; Six et al., 2002). Debido probablemente al muy corto
plazo (1 año) entre mediciones en este ensayo no se detectaron diferencias.

CONCLUSIONES
La productividad y eficiencia de uso del agua para la producción de grano y
biomasa total presentaron diferencias significativas a favor del suelo descompactado y
para el nivel alto de fertilización, principalmente por una mayor productividad del
cultivo de soja por efecto de la descompactación del suelo y del trigo por efecto de la
mayor fertilización nitrogenada.
La eficiencia de captura del agua (ECA) no mostró diferencias según nivel de
compactación y fertilización pero sí la eficiencia de captura de la radiación (ECR); la
diferente respuesta para el agua y la radiación y la correlación positiva entre ECA y la
ECR encontradas ofrecen ideas para el desarrollo de estrategias, basadas en la mejora de
captación de la radiación, para mejorar la productividad anual de agua de la biomasa y el
rendimiento en grano, ya que el agua puede ser parcialmente almacenada.
En la secuencia de cultivos en su conjunto la EUR_B, EUA_B, ECA y ECR, se
asociaron en forma negativa con la variable de suelo RP en profundidad, lo que señala la
fuerte influencia que esta propiedad tiene para reducir la productividad de los cultivos,
resultando ser estas variables de cultivo las más adecuadas para la detección de cambios
en el corto plazo de las propiedades del suelo.
El potencial de la siembra directa se vio limitado por una menor calidad física del
suelo en los horizontes superficiales en los tratamientos sin descompactar, aunque fue
atenuado por una mayor fertilización afectando indirectamente la eficiencia de uso y la
productividad de los recursos del sistema.
La mejora en la calidad física del suelo, debido a la descompactación y a la
persistencia de su efecto positivo, y de su fertilidad química, lograda mediante
fertilización estratégica, permitió incrementar la producción de biomasa y el retorno de
rastrojo al suelo a lo largo de los 3 años de la secuencia. Como consecuencia, ambas
prácticas tecnológicas contribuyeron a elevar el aporte de carbono al suelo y a potenciar
el efecto positivo de la siembra directa.
133

CONCLUSIONES FINALES

La siembra directa es una tecnología que presenta numerosas ventajas


agronómicas, especialmente en lo que respecta a la conservación del recurso suelo, en
comparación con el sistema de labranza y siembra tradicional. Sin embargo, dicho
sistema ha sido asociado a la existencia de compactación en los suelos, especialmente en
los de textura limosa y cuando se realiza la secuencia trigo/soja. Diversos estudios
presentan las curvas de respuesta productiva de estos cultivos a la fertilización. Por el
contrario, trabajos que muestren la respuesta de estos cultivos a la descompactación y
fertilización del suelo en condiciones de campo son escasos; más aún, trabajos que traten
de relacionar el comportamiento de variables ecofisiológicas con atributos del suelo con
el propósito de identificar aquellos que se puedan utilizar como indicadores de cambios
que ocurren en el corto plazo en la calidad del suelo son inexistentes. Este trabajo
contribuye con conocimiento inédito a la temática mencionada.
La fertilización con nitrógeno y fósforo, acorde a la demanda del trigo, permitió
lograr mayor eficiencia del uso del agua y mayor producción de biomasa total, además de
incrementar el aporte de rastrojos y mejorar la calidad física subsuperficial del suelo (8-
13 cm), que se reflejó en la menor resistencia a la penetración y mayor porosidad de
aeración al finalizar el estudio en los tratamientos sin descompactar.
La fertilización con fósforo en el cultivo de soja no modificó significativamente
el nivel de respuesta en rendimiento del cultivo a la compactación del suelo a lo largo de
las tres campañas. La respuesta positiva al efecto de la descompactación sobre las
eficiencias en el uso del agua, radiación y fósforo se manifestaron sólo en condiciones
limitantes de agua.
La práctica de descompactación logró mejorar la productividad y eficiencia en el
uso de los recursos en la secuencia de cultivos. Las fertilizaciones con fósforo realizadas
a la siembra de los cultivos de trigo y soja lograron elevar el contenido de fósforo en el
suelo al finalizar el tercer año de estudio. Las variables ecofisiológicas estudiadas fueron
más sensibles a la compactación en el cultivo de soja respecto a trigo, dependiendo de la
distribución de lluvias durante las distintas campañas. La variable de suelo resistencia a la
penetración en profundidad tuvo una fuerte influencia en la productividad del agua y
radiación, permitiendo identificar a la eficiencia de uso de la radiación y el agua para la
producción de biomasa y la eficiencia de captura de éstos recursos, como variables de
134

cultivo adecuadas para la detección de cambios en el corto plazo de las propiedades


físicas de suelo.
La porosidad de aereación disminuyó y la resistencia a la penetración del suelo se
incrementó con el transcurso del tiempo (3 años), pero en aquellos tratamientos en que el
suelo fue descompactado los valores de porosidad de aereación fueron superiores y los de
resistencia inferiores a los medidos en los tratamientos sin descompactar. Estos resultados
revelan la existencia de un efecto residual de la descompactación inicial, detectable aún
después de tres años de su realización.
El indicador de calidad de suelo intervalo hídrico óptimo permitió establecer que
existieron dos condiciones físicas de suelo en las cuales las plantas exhibieron un
comportamiento productivo diferente. Un ambiente de mejor calidad física, constituido
por los suelos descompactados y, otro de inferior calidad física de suelo, conformado por
los tratamientos sin descompactar, en los que el crecimiento del cultivo de soja y trigo fue
más restringido cuanto mayor fue la frecuencia en que el contenido hídrico del suelo
estuvo fuera de los límites del intervalo hídrico óptimo.
En este estudio se verificó que la aplicación conjunta de las prácticas culturales de
descompactación y fertilización permitieron aumentar la incorporación de carbono al
suelo, especialmente vía el aporte de residuos del cultivo de trigo, aumentando por lo
tanto el secuestro de carbono. Esto es de gran importancia tanto para mantener la
sostenibilidad del recurso suelo y la productividad en el largo plazo, como desde el punto
de vista de disminuir el impacto ambiental que ejerce la agricultura por la liberación de
dióxido de carbono sobre el calentamiento de la atmósfera.
En base a los resultados obtenidos no se encontraron evidencias suficientes para
aceptar la hipótesis 1, donde la atenuación de la compactación y la fertilización con N
no mostró aumentos en la captura y EUN en trigo; y la EUP en soja disminuyó con alto
nivel de P, si bien la EUR y EUA aumentaron en ambos cultivos.
Se acepta la hipótesis 2, ya que se obtuvo una mayor productividad del agua y
radiación para la producción de grano y biomasa debido principalmente a una mayor
EUA y captura de la radiación respectivamente, logrando un mayor aporte de carbono al
suelo, contenido de P y mejores condiciones físicas del suelo en la secuencia de cultivos.
Además, se detectaron inter-relaciones entre variables de productividad,
eficiencia y captura del agua y radiación de los cultivos de la secuencia en su conjunto y
variables físicas de suelo. Estos resultados son el principal hallazgo de esta tesis, ya que
corroboran la tercera hipótesis que establece que existen ciertas variables ecofisiológicas
135

de los cultivos que permiten inferir los cambios que ocurren en la calidad del suelo. Esto
tiene gran importancia dado que midiendo pocas variables, en determinados estados
fenológicos de los cultivos, se puede inferir le evolución de la calidad del suelo.

Especulaciones agronómicas
La elección de cultivares y manejo para el doble cultivo T/S debería incluir
características y prácticas tecnológicas que permitan adaptar la fenología, su período de
crecimiento, con la oferta ambiental de recursos. La implementación de estrategias
productivas que se basen en la mejora de captación de la radiación y de la radiación
fotosintéticamente activa interceptada acumulada permite mejorar la productividad anual
del agua para la producción de biomasa y grano, debido a la asociación positiva entre la
eficiencia de captura de la radiación y el agua, y también aumentar el secuestro de
carbono en el suelo. Los hallazgos de este trabajo demuestran que no sólo la evolución
del rendimiento en el tiempo es un indicador adecuado del manejo de los cultivos y del
suelo; también las variables ecofisiológicas de los cultivos, como la eficiencia en el uso
del agua y la radiación, pueden ser utilizados como indicadores válidos para determinar la
necesidad de introducir correcciones en el sistema de manejo empleado (rotación,
fertilización, descompactación), con la finalidad de potenciar los beneficios de la siembra
directa en suelos limosos como los de centro-norte de la provincia de Santa Fe. Este tipo
de estudios deberían continuarse por más tiempo para ver si los resultados permanecen
estables en el largo plazo y con otras secuencias/rotaciones de cultivos con la finalidad de
establecer que variables ecofisiológicas pueden ser utilizadas como indicadores de la
evolución de la calidad del suelo para otras alternativas productivas.
136

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