MARIA FERNANDA CALDERON HERNANDEZ 20201004375
Los criptoactivos son un tipo de activo que se genera utilizando la tecnología DLT. Sus
funciones pueden ser variadas e incluyen tanto las de representar un valor, entendido, por
ejemplo, como un derecho sobre el patrimonio de su emisor; como las de intentar ser
utilizados como un medio de pago y servir funciones similares a las del dinero. Esta última
función se relaciona con su común denominación de “criptomonedas” y es la materia
específica de análisis de este Recuadro. El Capítulo IV analiza a los criptoactivos desde una
perspectiva más amplia. Las funciones del dinero son servir como: i) medio de intercambio o
de pago, ii) unidad de cuenta, y iii) depósito de valor. Si los criptoactivos cumplen de manera
adecuada o no con esas funciones, es un tema recurrente en las discusiones internacionales de
política financiera. El consenso en esos círculos es que, por ahora, no es el caso.
Los criptoactivos no son un buen medio de pago, ya que su aceptación es limitada. Ningún país
los ha reconocido como moneda de curso legal, por lo que nadie está obligado a aceptarlas
para extinguir una obligación. Además, su forma de funcionamiento implica que validar una
transacción tome más tiempo que las alternativas tradicionales. Asimismo, la alta volatilidad
que tienen sus precios impide que puedan cumplir adecuadamente un rol de unidad de
cuenta, y ser un buen depósito de valor. Esto ocurre en parte porque no existe un emisor que
vele por la estabilidad del valor de estos activos.
Cuando una entidad centralizada como un banco central emite dinero, esa emisión representa
un pasivo para dicha entidad, la que debe tener en su balance un activo por el mismo valor. A
lo anterior se suma el activo intangible que es la reputación y la confianza con que cuente el
emisor, el que por lo general tiene entre sus objetivos mantener el valor de ese dinero en el
tiempo. Estas propiedades sustentan la fe pública e inducen a los participantes de la economía
a aceptar el dinero legalmente emitido.
Nada de lo anterior ocurre en el caso de los criptoactivos emitidos o puestos a disposición del
público por desarrolladores privados, de manera descentralizada y fuera del ámbito de alguna
jurisdicción.
No cuentan con una gobernanza clara ni un balance contable, y no tienen más respaldo que la
confianza de los usuarios y la expectativa de que otros estarán dispuestos a intercambiarlas
por bienes, servicios o dinero.